26 sacerdotes han muerto ya en Italia por el coronavirus: «Una punzada, un golpe», clama un obispo

marzo 18, 2020

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Enrico Solmi, obispo de Parma, ha perdido a cinco sacerdotes de su clero

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26 sacerdotes han muerto ya en Italia por el coronavirus: «Una punzada, un golpe», clama un obispo

ReL

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La Iglesia Católica en Italia sufre junto a su pueblo y vive los mismos padecimientos en esta pandemia del coronavirus. Cada día mueren sacerdotes y otros tantos dan positivo y tienen que ser ingresados o atendidos en cuidados intensivos.

Así lo recoge el diario Avvenire, propiedad de los obispos italianos, que ha hecho un recuento de los curas fallecidos con este virus que ha acabado con la vida en aquel país de más de 2.500 personas.

La peor parte se la está llevando el norte de Italia y son también las diócesis de estas regiones las que están perdiendo más sacerdotes. Son ya al menos 26 los fallecidos por el virus. Su misión ha estado entre su gente, y están muriendo con ellos y como ellos.

Sacerdotes de 55 años y también ancianos de más de 100

El caso más desgarrador es el de Bérgamo, una diócesis de Lombardía algo más pequeña en habitantes que la de Getafe en habitantes y que ha perdido ya a un total de diez sacerdotes. El más mayor de ellos tenía 84 años y el más joven 59. Precisamente, esta ciudad es junto a Brescia uno de los principales focos del virus en todo el país.

La diócesis de Parma, al sur de Milán, también ha perdido ya a cinco sacerdotes. El más mayor de ellos tiene 94 años y el más joven tenía 55 años, contagiado por su madre también enferma. Cada día es un goteo en el que algún sacerdote pierde la vida por esta pandemia.

Diócesis como la de Piacenza ven también cómo se les han muerto tres sacerdotes, dos de ellos hermanos gemelos.  En Cremona, otro de los focos, falleció el sacerdote y periodista Vincenzo Rini, con 75 años y un muy anciano Mario Cavalleri, de 104 años, que dedicó su vida a los pobres y drogadictos.

En Milán, don Marco Barbetta, 82 años, capellán del Politécnico, una figura conocida en el movimiento de Comunión y Liberación, ha sido el primer sacerdote ambrosiano víctima del virus.

De la diócesis de Lodi aparece en esta lista Don Carlo Patti, de 66 años, quien también murió este martes. En Brescia ha muerto Don Giovanni Girelli, de 72 años; y en el Piamonte han muerto otros dos sacerdotes.

Mientras tanto, decenas de sacerdotes han dado positivo, algunos de ellos se encuentran en estado grave por lo que la cifra seguramente se vaya ampliando en breve.

Una “punzada”

Los sacerdotes que murieron en estos días han sido enterrados sin ritos funerarios, como el resto de víctimas del virus. Al igual que el resto de obispos de las diócesis involucradas, el obispo de Parma, Enrico Solmi, también pospuso una misa de sufragio para los sacerdotes que pagaron con su vida su exposición al virus.

“Es doloroso ver que también los sacerdotes se enferman, a veces por celo pastoral, y van más allá de la puerta de triaje donde, comprensiblemente, nadie puede entrar. Luego, alternando esperanzas y recaídas, nos dejan. Cinco sacerdotes de la diócesis han muerto desde el comienzo de esta epidemia. Ellos también compartieron este via crucis y el Obispo sigue sintiendo una punzada por su muerte, como un golpe que hace doblar las rodillas, el dolor que me invade a mí y al presbiterio, a las comunidades”, cuenta el obispo de Parma.

Además, añade que “el sufragio tiene lugar en la oración, en la celebración eucarística y también se plantean preguntas pastorales sobre las secuelas. Yo como obispo y muy pocos más esperamos el cuerpo en el cementerio. La breve oración, como el penúltimo acto de un acompañamiento hecho de signos y sufragio, esperando poder celebrar adecuadamente la Santa Misa en sufragio, cuando sea posible, dando la ocasión a los fieles y a aquellos que han compartido años de compañía y cercanía”.

https://www.religionenlibertad.com/europa/436332215/26-sacerdotes-han-muerto-ya-en-Italia-por-el-coronavirus-Una-punzada-un-golpe-clama-un-obispo.html?fbclid=IwAR2ShZ3v77GEh7zUmeotrNm-GZZH-bvPXx8a-9q4t6Y_AAAoOTMUD2JezdI


El maná de cada día, 6.2.20

febrero 6, 2020

Jueves de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

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San Pablo Miki y compañeros mártires
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Tú eres Señor del universo.

Tú eres Señor del universo.



PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 2, 1-4.10-12

Estando ya próximo a morir, David hizo estas recomendaciones a su hijo Salomón:

«Yo emprendo el viaje de todos. ¡Ánimo, sé un hombre! Guarda las consignas del Señor, tu Dios, caminando por sus sendas, guardando sus preceptos, mandatos, decretos y normas, como están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todas tus empresas, dondequiera que vayas; para que el Señor cumpla la promesa que me hizo: “Si tus hijos saben comportarse, caminando sinceramente en mi presencia, con todo el corazón y con toda el alma, no te faltará un descendiente en el trono de Israel.”»

David fue a reunirse con sus antepasados y lo enterraron en la Ciudad de David. Reinó en Israel cuarenta años: siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. Salomón le sucedió en el trono, y su reino se consolidó.


SALMO 1 Cro 29,10.11ab.11d-12a.12bcd

Tú eres Señor del universo.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestro padre Israel, por los siglos de los siglos.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, el esplendor, la majestad, porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra.

Tú eres rey y soberano de todo. De ti viene la riqueza y la gloria.

Tú eres Señor del universo, en tu mano está el poder y la fuerza, tú engrandeces y confortas a todos.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 1, 15

Está cerca el reino de Dios -dice el Señor- : convertíos y creed en el Evangelio.


EVANGELIO: Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


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LO QUE DEJAMOS A LOS DEMÁS

Papa Francisco en Casa Santa Marta
Jueves 6 de febrero de 2014

Vivir durante toda la vida en el seno de la Iglesia, como pecadores pero no como traidores corruptos, con una actitud de esperanza que nos lleva a dejar una herencia, hecha no de riqueza material, sino de testimonio de santidad.

Son las «grandes gracias» que el Papa Francisco indicó durante la misa celebrada el jueves 6 de febrero, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.

El obispo de Roma centró su reflexión en el misterio de la muerte, partiendo de la primera lectura —tomada del primer libro de los Reyes (2, 1-4.10-12)— en la que, dijo, «hemos escuchado el relato de la muerte de David».

Y «recordamos el inicio de su vida, cuando fue elegido por el Señor, ungido por el Señor». Era un «jovencito»; y «después de algunos años comenzó a reinar», pero era siempre «un muchacho, tenía veintidós o veintitrés años».

Por lo tanto, toda la vida de David es «un recorrido, un camino al servicio de su pueblo». Y «así como comenzó, así terminó». Sucede lo mismo en nuestra vida, señaló el Papa, que «comienza, camina, sigue adelante y termina».

El relato de la muerte de David sugirió al Pontífice tres reflexiones surgidas «del corazón».

En primer lugar puso en evidencia que «David muere en el seno de la Iglesia, en el seno de su pueblo. Su muerte no lo encuentra fuera de su pueblo» sino «dentro». Y así vive «su pertenencia al pueblo de Dios».

Sin embargo David «había pecado: él mismo se llama pecador». Pero «jamás se apartó del pueblo de Dios: pecador sí, traidor no».

Ésta, dijo el Papa, «es una gracia»: la gracia de «permanecer hasta el final en el pueblo de Dios» y «morir en el seno de la Iglesia, precisamente en el seno del pueblo de Dios».

Al subrayar dicho aspecto, el Papa invitó «a pedir la gracia de morir en casa: morir en casa, en la Iglesia». Y remarcó que «ésta es una gracia» y «no se compra», porque «es un regalo de Dios».

Nosotros «debemos pedirlo: Señor, dame el regalo de morir en casa, en la Iglesia». Aunque fuésemos «todos pecadores», no debemos ser ni «traidores» ni «corruptos».

La Iglesia, precisó el Pontífice, es «madre y nos quiere también así», quizás incluso «muchas veces sucios». Porque es ella quien «nos limpia: es madre, sabe cómo hacerlo». Pero está «en nosotros pedir esta gracia: morir en casa».

El Papa Francisco propuso luego una segunda reflexión sobre la muerte de David. «En este relato —apuntó— se ve que David está tranquilo, en paz, sereno». Hasta el punto que «llama a su hijo y le dice: yo emprendo el camino de todo hombre sobre la tierra». En otras palabras David reconoce: «¡Ahora me toca a mí!».

Y después, se lee en la Escritura, «David se durmió con sus padres». He aquí, explicó el Pontífice, el rey que «acepta su muerte con esperanza, con paz». Y «ésta es otra gracia: la gracia de morir con esperanza», con la «consciencia de que esto es un paso» y que «del otro lado nos esperan».

Incluso después de la muerte, en efecto, «continúa la casa, continúa la familia: no estaré solo». Se trata de una gracia que hay que pedir sobre todo «en los últimos momentos de la vida: nosotros sabemos que la vida es una lucha y el espíritu del mal quiere el botín».

El obispo de Roma recordó también el testimonio de santa Teresita del Niño Jesús, quien «decía que, en sus últimos momentos, había en su alma una lucha y cuando pensaba en el futuro, a lo que le esperaba después de la muerte, en el cielo, sentía como una voz que le decía: pero no, no seas tonta, te espera la oscuridad, te espera sólo la oscuridad de la nada».

Ese, precisó el Papa, «era el demonio que no quería que se confiara a Dios». De aquí la importancia de «pedir la gracia de morir con esperanza y morir confiándose a Dios».

Pero el «confiarse a Dios —afirmó el Pontífice— comienza ahora, en las pequeñas cosas de la vida y también en los grandes problemas: confiarse siempre al Señor.

De esta manera uno coge este hábito de confiarse al Señor y crece la esperanza». Por lo tanto, explicó, «morir en casa, morir con esperanza» son «dos cosas que nos enseña la muerte de David».

La tercera idea sugerida por el Papa fue «el problema de la herencia».

Al respecto «la Biblia —precisó— no nos dice que cuando murió David vinieron todos los nietos y bisnietos a pedir la herencia». A menudo existen «muchos escándalos sobre la herencia, muchos escándalos que dividen en las familias».

Pero no es la riqueza la herencia que deja David. Se lee, de hecho, en la Escritura: «Y el reino quedó establecido sólidamente». David, más bien, «deja la herencia de cuarenta años de gobierno por su pueblo y el pueblo consolidado, fuerte».

Al respecto el Pontífice recordó «un dicho popular» según el cual «cada hombre debe dejar en la vida un hijo, debe plantar un árbol y debe escribir un libro: y ésta es la mejor herencia».

El Papa invitó a cada uno a preguntarse: «¿Qué herencia dejo yo a los que vienen detrás de mí? ¿Una herencia de vida? ¿He hecho tanto bien que la gente me quiere como padre o como madre?». Tal vez no «planté un árbol» o «escribí un libro», «pero ¿he dado vida, sabiduría?».

La auténtica «herencia es la que David» revela, dirigiéndose ya a las puertas de la muerte, a su hijo Salomón con estas palabras: «Ten valor y sé hombre. Guarda lo que el Señor tu Dios manda guardar siguiendo sus caminos, observando sus preceptos».

Así las palabras de David ayudan a entender que la verdadera «herencia es nuestro testimonio de cristianos que dejamos a los demás».

Existen, en efecto, algunas personas que «dejan una gran herencia: pensemos en los santos que vivieron el Evangelio con tanta fuerza» y precisamente por esto «nos dejan un camino de vida, un modo de vivir como herencia».

Al concluir, el Papa resumió los tres puntos de su reflexión transformándolos en una oración a san David, a fin de que «nos conceda a todos estas tres gracias: pedir la gracia de morir en casa, morir en la Iglesia; pedir la gracia de morir en esperanza, con esperanza; y pedir la gracia de dejar una hermosa herencia, una herencia humana, una herencia hecha con el testimonio de nuestra vida cristiana».

http://www.vatican.va

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6 de febrero
San Pablo Miki y compañeros mártires

Pablo nació en Japón entre los años 1564 y 1566. Ingresó la Compañía de Jesús y predicó con mucho fruto el Evan­gelio entre sus conciudadanos. Al arreciar la persecución con­tra los católicos, fue encarcelado junto con otros veinticinco, entre ellos san Pedro Bautista, franciscano español, con cinco hermanos de hábito. Después de soportar graves ultrajes, fueron crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597.

SERÉIS MIS TESTIGOS

De la Historia del martirio de san Pablo Miki y compañeros, escrita por un contemporáneo.

Clavados en la cruz, era admirable ver la constancia de todos, a la que les exhortaban el padre Pasio y el padre Rodríguez. El Padre Comisario estaba casi rígido, los ojos fijos en el cielo. El hermano Martín daba gracias a la bondad divina entonando algunos salmos y añadiendo el verso: A tus manos, Señor.

También el hermano Francisco Blanco daba gracias a Dios con voz clara. El hermano Gonzalo recitaba también en alta voz la oración dominical y la salutación angélica.

Pablo Miki, nuestro hermano, al verse en el púlpito más honorable de los que hasta entonces había ocupado, declaró en primer lugar a los circunstantes que era japonés y jesuita, y que moría por anunciar el Evangelio, dando gracias a Dios por haberle hecho beneficio tan inestimable. Después añadió estas palabras:

«Al llegar este momento no creerá ninguno de vosotros que me voy a apartar de la verdad. Pues bien, os aseguro que no hay más camino de salvación que el de los cristianos. Y como quiera que el cristianismo me enseña a perdonar a mis enemigos y a cuantos me han ofendido, perdono sinceramente al rey y a los causantes de mi muerte, y les pido que reciban el bautismo».

Y, volviendo la mirada a los compañeros, comenzó a animarles para el trance supremo. Los rostros de todos tenían un aspecto alegre, pero el de Luis era singular. Un cristiano le gritó que estaría en seguida en el paraíso. Luis hizo un gesto con sus dedos y con todo su cuerpo, atrayendo las miradas de todos.

Antonio, que estaba al lado de Luis, fijos los ojos en el cielo, y después de invocar los nombres de Jesús y María, entonó el salmo: Alabad, siervos del Señor, que había aprendido en la catequesis de Nagasaki, pues en ella se les hace aprender a los niños ciertos salmos.

Otros repetían: «¡Jesús! ¡María!», con rostro sereno. Algunos exhortaban a los circunstantes a llevar una vida digna de cristianos. Con estas y semejantes acciones mos­traban su prontitud para morir.

Entonces los verdugos desenvainaron cuatro lanzas como las que se usan en Japón. Al verlas, los fieles excla­maron: «¡Jesús! ¡María!», y se echaron a llorar con gemi­dos que llegaban al cielo. Los verdugos remataron en pocos instantes a cada uno de los mártires.

Oración

Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a san Pablo Miki y a sus compañeros a la vida eterna por medio de la cruz; concédenos, por su intercesión, mante­ner con vigor, hasta la muerte, la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo.


El castrismo redobla los ataques contra los creyentes

febrero 4, 2020

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«Informe del Instituto Patmos sobre la Situación de las Libertades Religiosas en Cuba en 2019», que ABC revela en exclusiva.

 

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El castrismo redobla los ataques contra los creyentes

ABC revela las conclusiones del Informe Patmos sobre Libertad Religiosa de 2019: se intensifica el acoso de baja intensidad, pero constante, a los fieles de todas las confesiones que, sin embargo, se reafirman cada vez más en sus convicciones

Por José María Ballesteres

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La mayor parte de las confesiones con presencia en Cuba apelaron a votar en contra o a no acudir a las urnas en el simulacro de referéndum –no fue posible hacer campaña para el no- que el régimen organizó el 24 de febrero de 2019 para aprobar la nueva Constitución del país.

Entre los motivos alegados figuraba, obviamente, la ausencia de cualquier pluralismo político pero también la presencia de una disposición que les afectaba directamente: el texto contempla la separación de la libertad religiosa de la libertad de conciencia.

El precio de esta oposición ha sido una intensificación del acoso hacia las confesiones y una diversificación de las modalidades represivas.

Así se deprende del «Informe del Instituto Patmos sobre la Situación de las Libertades Religiosas en Cuba en 2019», que ABC revela en exclusiva. Una precisión: desde Patmos advierten que el Informe no es exhaustivo, debido a la «limitada capacidad para monitorear e identificar» las violaciones a la libertad religiosa o por el deseo de ciertas víctimas de permanecer en silencio.

Aun con estas limitaciones, el contenido -todos los datos están verificados- es una clara muestra de las dificultades que conlleva practicar su fe en una dictadura que no tiene la más mínima intención de facilitar la vida a los creyentes más allá del ejercicio básico del culto, siempre que se respete a sus lugares.

No fue el caso de dos iglesias católicas. En la noche del sábado 8 al domingo 9 de junio de 2019 -día de Pentecostés-, la parroquia «La Cruz de Mayo», ubicada en Camajuaní (provincia de Villa Clara) padeció un sacrilegio plasmado en el robo de un campanario de bronce, del vino de comunión, de un cáliz y de varios copones de plata. A modo de crueldad, una sotana apareció desgarrada a pocos metros el templo.

Una situación similar vivió dos meses más tarde Nuestra Señora de La Guardia, del barrio habanero de Luyanó. Según el informe, los profanadores forzaron las tablas del portón, dañado a consecuencia del tornado del 27 de enero, y se llevaron otra serie de objetos de culto.

Varios meses después, los párrocos de ambos templos siguen sin tener noticias acerca de la autoría y motivación de las profanaciones. Lo achacan a la desidia de la Policía, pese a las denuncias presentadas.

Preso de conciencia

El informe también resalta el hostigamiento al que son sometidos los fieles católicos y da fe del refinamiento represivo del régimen, como se pudo comprobar el 8 de septiembre, festividad de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba.

La tradición establece honrar a la Virgen con girasoles. Pues bien, pocos días antes, esa planta dejó de venderse en los mercados. Este episodio se sumó a otros en los que se usaron métodos más clásicos, como las trabas que se pusieron a varios fieles para que no asistieran a las exequias del cardenal Jaime Ortega -que no era, ni mucho menos, el principal opositor del régimen-, o, cuatro días después, la cancelación en el último minuto de actos públicos relacionados con la Jornada Nacional de la Juventud Católica.

Respecto a las personas, es necesario subrayar la situación del intelectual católico Roberto Quiñones, reconocido como preso de conciencia por Amnistía Internacional, encarcelado desde el 11 de septiembre en Guantánamo y cuya salud se ha deteriorado en los últimos días.

Quiñones es preso católico de larga duración, si bien no hay que olvidar a sus correligionarios que padecen arrestos cortos, pero constantes: el informe recuerda que cada domingo de 2019, un promedio de treinta ciudadanos afirmó haber sufrido arrestos en su domicilio antes de iniciar el trayecto para asistir a misa, o durante el mismo.

La práctica habitual consiste en llevarles a unidades militares, donde se les amenaza, se les multa y suelen ser retenidos durante un día, a veces más.

Unas técnicas de acoso que se hacen extensivas a fieles de otras confesiones; de modo especial a las protestantes, la mayor parte de las cuales están adscritas al Consejo de Iglesias de Cuba (Cic). Al igual que las católicas, no se libran de las profanaciones, mezquindad incluida, como bien pudieron comprobar, el pasado 2 de noviembre, los feligreses de la Iglesia Episcopal de Los Arabos, en Matanzas.

Además de las profanaciones clásicas, les robaron parte del aparato hidráulico que suministra agua potable en una zona donde ésta es a menudo de pésima calidad. El aparato en cuestión fue donado por iglesias protestantes estadounidenses.

El detalle no es baladí, pues una de las novedades del informe es el acoso al que la Seguridad del Estado somete a los religiosos extranjeros que viajan a Cuba para tareas de ayuda y de formación, ya sea negando visados religiosos o vigilando estrechamente y amenazando con la expulsión a los que lograron entrar en la isla con un visado turístico.

Sin ir más lejos, el pastor nicuaragüense-americano Edgar Santana tuvo que enfrentarse a un interrogatorio policial al día siguiente de su llegada a Cuba, estando «acompañado» durante el resto de su estancia. El sistema de limitación de movimientos de clérigos y demás agentes religiosos funciona también en dirección contraria con proverbial y sádica eficacia:

a mediados de julio, el régimen canceló de golpe el viaje a Estados Unidos de una decena de pastores que habían sido invitados a la Segunda Conferencia Ministerial para el Avance de las Libertades Religiosas.

A algunos les impidieron abandonar su domicilio; a otros, les informaron de la imposibilidad de viajar en el mismísimo aeropuerto de La Habana, al que algunos de los afectados habían llegado tras recorrer cientos de kilómetros desde sus respectivas provincias.

La dictadura comunista extiende asimismo sus tentáculos en dirección de otras confesiones no cristianas, con los que ponen en práctica otros métodos de acoso. Dairón Pérez Hernández, hijo de un matrimonio de activistas yorubas -creencia derivada de la santería- se declaró, fiel a sus principios, objetor de conciencia de cara al servicio militar, que sigue siendo obligatorio en Cuba.

En este caso, el régimen ha optado por ejercer presiones constantes sobre el joven para lograr su alistamiento. Tal y como advierte el Informe, el alistamiento de Dairón podría significar «colocar su vida a disposición de un Estado totalitario (…) que no desaprovechará la oportunidad para maltratarlo».

Maltrato, aunque esta vez de tipo colectivo, es lo que el castrismo inflige a la comunidad judía Bnei Anusim, a través de la temida Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista. El informe denuncia que esta entidad se arroga el derecho de determinar quién es o no judío.

«Es un medio de presión hacia la diezmada comunidad de judíos ortodoxos, muy radicada en La Habana, para que no brinden su apoyo a las comunidades de los Bnei Anusim». Dicho de otra forma, se les permite su existencia, pero no coordinarse entre ellos aunque profesen la misma fe.

Así las cosas, el panorama de la libertad religiosa que describe esta nueva edición del Informe Patmos es preocupante, pese a los esfuerzos de la dictadura para proyectar otra imagen de Cuba, incluso en el ámbito religioso: baste recordar el regocijo de Raúl Castro hace cuatro años al ejercer de anfitrión durante el histórico encuentro, celebrado hace cuatro años, entre el Papa Francisco y el Patriarca Ortodoxo Kiril.

La realidad que exhibe el informe es muy distinta. Y sin embargo, hay un halo de esperanza. Como señala a ABC uno de los impulsores del informe, el pastor bautista Mario Félix Lleonart, «la esperanza nace, por un lado, de la evidente desesperación del Sistema al reprimir: es una señal de que el sistema hace aguas y se hunde; solo sistemas en decadencia, que ven aproximarse su final, actúan con tal nerviosismo».

Por otro lado, «nace también de que pese a la represión los creyentes cubanos crecen no solo en cuanto a número de fieles, sino en cuanto a firmeza y madurez en sus principios, que en buena medida moldea precisamente esa represión del sistema».

https://www.abc.es/internacional/abci-castrismo-redobla-ataques-contra-creyentes-202002041611_noticia.html


Lea aquí, íntegramente, el manifiesto a favor de la Vida de VOX

diciembre 28, 2019

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Hace 34 años, el gobierno del PSOE nos vendió la primera ley del aborto como una despenalización excepcional de casos extremos.

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Lea aquí, íntegramente, el manifiesto a favor de la Vida de VOX

Por su interés, reproducimos el manifiesto leído este mediodía en Sevilla, en la festividad de los Santos Inocentes, en el marco de la campaña #VOXPorLaVida

El aborto es el peor atentado contra los derechos humanos que tiene lugar en la sociedad actual. Cada año son destruidos en el seno materno 55 millones de pequeños humanos en todo el mundo. En España fueron 95.917 en 2018.

La cifra supone un récord histórico, en proporción al número de nacimientos. Uno de cada cinco concebidos termina en la trituradora. Desde 1985 han sido abortados en España dos millones y medio de bebés. Es uno de los factores que explican nuestra natalidad raquítica, que pone en peligro la sostenibilidad del país.

Hace 34 años, el gobierno del PSOE nos vendió la primera ley del aborto como una despenalización excepcional de casos extremos. Pero la ley desplegó su efecto pedagógico, anestesiando las conciencias de millones de españoles.

El coladero de la “salud psicológica de la madre” convirtió la ley de supuestos en una ley de aborto libre, consolidada por la nueva reforma socialista de 2010. Con mayoría absoluta, Mariano Rajoy incumplió su promesa de recuperar la protección legal del no nacido.

Tras ese engaño del Partido Popular, VOX es ya el único partido pro-vida del Parlamento español. En el número 75 de sus Cien Propuestas, VOX se comprometió a “defender la vida desde la concepción a la muerte natural”.

Existe un nuevo individuo humano desde el momento de la concepción. El cigoto posee la información genética necesaria para convertirse en un bebé: lo único que necesita es no ser destruido.

Su desarrollo es muy rápido: el corazón empieza a latir a los 24 días de gestación. A los 35 días están tomando forma boca, oídos y nariz. A las ocho semanas, las manos y pies están formados, y aparecen sensores nerviosos del dolor. A las doce, el nasciturus da patadas, cierra el puño, frunce el ceño.

En todas esas etapas –hasta las catorce semanas- puede ser destruido por simple voluntad de la mujer, según la ley española. Es una ley injusta que legitima el exterminio de inocentes.

Los abortistas hablan con eufemismos, para escamotear el horror del aborto. Por eso, es importante revelar los detalles materiales del procedimiento.

Hasta las once semanas, el embrión es aspirado y muere en un depósito adosado al succionador. Entre las 12 y las 16, se despedaza al feto con un pequeño cuchillo y se aspiran los trozos. A partir de las 16 semanas, se provoca un parto prematuro y se deja morir en el quirófano al feto nacido vivo (o bien se le aplica una inyección intra-amniótica que le envenena lentamente, causándole antes terribles quemaduras).

El aborto es legal en España hasta la semana 22 en casos de “grave peligro para la salud del feto”; el síndrome de Down, por ejemplo, se cuenta entre tales “peligros”, y el 90% de los Down son exterminados en el seno materno. Engañamos nuestra conciencia entregando el Premio Goya a alguno de los escasos supervivientes.

Los argumentos que justifican el aborto son falacias. No es cierto que un embarazo inesperado hipoteque definitivamente la vida de la mujer, pues puede entregar al niño en adopción.

No es cierto que tengamos derecho a matar al feto solo porque es pequeño: la dignidad humana no depende del tamaño, ni de la edad, ni del grado de desarrollo.

Si podemos matarle porque carece por el momento de inteligencia y voluntad, deberíamos poder matar a los niños de un año, que tampoco la tienen, así como a los enfermos en coma o los aquejados de Alzheimer.

No es cierto que el aborto sea inevitable, y que con una ley restrictiva solo se consiga su paso a una clandestinidad insalubre: en Polonia, una ley restrictiva consiguió que el número de abortos anuales pasase de más de 60.000 a menos de mil.

No es cierto que el aborto sea una conquista democrática: el primer país en legalizarlo fue la Rusia comunista en 1918. Le siguió la Alemania nazi, que lo permitía para las mujeres no arias.

Los países democráticos no legalizaron el aborto hasta la década de los 70. Y perdieron legitimidad cuando lo hicieron, porque negaron el derecho a la vida a los miembros más débiles de la sociedad.

Hoy día, el lugar más peligroso para un español es el vientre materno: 20% de probabilidad de muerte.

El bebé no es la única víctima del aborto: también lo es la mujer. La intervención presenta riesgos físicos como la perforación uterina. Y, sobre todo, su mente quedará herida para siempre con el síndrome post-aborto; por eso tantas mujeres que abortaron requieren después atención psicológica.

El aborto masivo nos envilece como sociedad y nos condena a una muerte lenta por falta de niños. Un país civilizado no destruye a los niños en el vientre materno.

No es cierto que el futuro pertenezca a la cultura de la muerte. Muchos Estados norteamericanos han adoptado recientemente importantes restricciones al aborto; también se ha hecho en Polonia, Hungría y otros lugares. En un horizonte de invierno demográfico, solo sobrevivirán los países que vuelvan a respetar la vida.

En el futuro, la humanidad se asombrará de que matásemos a los niños en el vientre de sus madres, de la misma forma que ahora nos horrorizan la esclavitud o los sacrificios humanos practicados en otros tiempos.

En VOX luchamos para que ese futuro llegue cuanto antes.

SÍ A LA VIDA, NO AL ABORTO

https://www.voxespana.es/noticias/lea-aqui-integramente-el-manifiesto-a-favor-de-la-vida-de-vox-20191228


El maná de cada día, 28.12.19

diciembre 28, 2019

Los Santos Inocentes

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santos inocentes 1

Quienes ofrecen su dolor son corredentores con Cristo.



Antífona de entrada

Los niños inocentes murieron por Cristo, son el cortejo del Cordero sin mancha, a quien alaban diciendo: Gloria a ti, Señor.


Oración colecta

Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 1, 5–2,2

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras.

Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.


SALMO 123, 2-3.4-5.7b-8

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

La trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

ALELUYA

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti te ensalza el blanco ejército de los mártires.


EVANGELIO: Mateo 2, 13-18

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.

Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»


Antífona de comunión: Apocalipsis 14, 4

Ellos son los rescatados como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero; ellos son el cortejo del Cordero adondequiera que vaya.

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EL MARTIRIO “NECESARIO” DE LOS SANTOS INOCENTES

Herodes rechazó la visita de Dios

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Vino a los suyos, a su propia casa…

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La Navidad junto con la Pascua constituyen el centro de nuestra fe. La Navidad, el comienzo; y la Pascua, la culminación.

En la Navidad, la Iglesia rebosa de gozo y admiración ante la manifestación plena de los designios divinos, guardados en la intimidad de la familia divina durante toda la eternidad.

Es un acontecimiento que sobrecoge totalmente a la criatura, al sentirse y verse anegada por el Amor de Dios.

El Creador se desposa con la criatura. Dios se hace hombre para que éste llegue a ser Dios. Se trata de un “admirable intercambio”, algo totalmente impensable para la mente del hombre.

Por eso la Iglesia exulta de gozo, canta y danza para su Señor: como una novia se viste de fiesta y se adorna con sus joyas. Y celebra este desposorio en “el día que hizo el Señor”, prolongado por el espacio de una octava. ¡Qué menos! También la Pascua tiene su octava.

La Navidad permite al creyente renovar su amor al Señor desde lo más profundo de su ser. La contemplación de la pequeñez del Niño de Belén y la ternura de María y de José no pueden menos de avivar las ascuas del primer amor en cada creyente. Dios mismo por su Palabra invita a la Iglesia entera a despojarse del velo de tristeza y a vestirse de fiesta.

Todos los hombres y la creación entera deben saltar de júbilo y felicidad ante la maravillosa aparición del amor de Dios: algo que ni ojo vio, ni oído escuchó ni pudo imaginar jamás mente humana. Por si hacía falta, el Padre Dios acredita a su Hijo de manera inapelable: Y se oye la voz del Padre que grita: “Tratadlo bien; escuchadle, es el Maestro, mi hijo querido es”.

Adviento, desear a Dios

Muchos lo recibieron con alegría: Comenzando por su madre la Virgen María, y san José; y siguiendo por Isabel, los ángeles, los pastores, los sabios de Oriente, el anciano Simeón y la profetisa Ana en el templo.

Y una multitud de creyentes de todos los tiempos hasta nuestros días. Algunos dando la vida por él, como los Niños Inocentes, o como testigos suyos hasta derramar su sangre como san Esteban protomártir, y tantos y tantos, hasta hoy.

Pero otros, tristemente, rechazaron la visita de Dios y su amistad, comenzando por Herodes y siguiendo por otros contemporáneos suyos hasta llegar a nuestros días. Según el evangelio de Juan, La Palabra de Dios, que era la Vida de los hombres, vino a su propia casa, pues todo fue pensado en ella y por ella realizado.

El Creador visitó a su criatura, pero ésta “no lo reconoció” como su Hacedor. Incomprensiblemente el hombre no se dejó seducir por la ternura y la debilidad de Dios, no se admiró de su humildad, se resistió, y, finalmente no adoró a su Señor. Hasta intentó matarlo. Y al no alcanzarlo, se ensañó con sus testigos. He ahí “la cara trágica” de la Navidad, que también se prolonga hasta nuestros días.

Dios en la persona del Verbo vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. ¿Por qué?

Por las sinrazones del libre albedrío del hombre: porque rehuyeron que sus vidas fueran iluminadas por La Luz; porque temían que sus obras malas fueran descubiertas y reprobadas, al igual que sus mentiras y desnudez; porque estaban ocupados en sus cosas; porque no querían cambiar y menos perder su poder y sus placeres; porque los dominó la pereza y la cobardía, y se hicieron los desentendidos; porque tenían sus riquezas y creían no necesitar de Dios.

En fin, porque pensaron que Dios era su enemigo y temieron perder lo que tenían.

Cuando Herodes escuchó de los sabios de Oriente que había nacido “el rey de los judíos”, se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Tanto le perturbó la noticia que decidió matar al niño anunciado como rey. Pero al sentirse burlado por los sabios, se enfureció mucho y mandó matar a todos los niños de Belén y alrededores que tuvieran menos de dos años.

He aquí cómo la Navidad, la noticia gozosa de la llegada de aquel que trae la Vida al mundo, se convierte en terrible noticia y trágica realidad cuando algunos hombres prefieren seguir en las tinieblas y se niegan a venir a la Luz. Los que no reconocen a su Señor prefieren vivir al margen de Dios menospreciando su invitación y entonces, no sólo se lastiman a sí mismos, sino que necesariamente dañarán también a los demás, aunque sólo en el cuerpo, por más que los masacren.

De esta manera, el Niño de Belén provoca contradictorias reacciones y actitudes radicales entre los hombres. El anciano Simeón, tomando al Niño en sus brazos, dijo a María, su madre: “Mira, este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón: así quedarán al descubierto las intenciones de todos” (Lc 2, 34-35).

Con esta actitud de rechazo el hombre se autocondena a vivir radicalmente desequilibrado, se daña a sí mismo en el núcleo de su ser: que es su condición de “religado” con Dios su Creador, condición “religiosa”. Consiguientemente, al romper este vínculo sagrado y sustancial, todo queda desordenado y violentado.

Lamentable constatación del autor sagrado: Conoce el burro el pesebre de su señor; el perro distingue la mano de su dueño; pero el hombre no reconoce a su Señor. 

La increencia y el laicismo constituyen, objetivamente considerados, la mayor desgracia del hombre y su mayor empobrecimiento en el orden del ser: que se proyectará de manera negativa en el orden moral y en el orden afectivo y trascendental. Por el contrario, la mayor riqueza del hombre será conocer y adorar a Dios entrando en una relación gozosa con él, comenzada en el tiempo y prolongada en la eternidad.

Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, y su mayor dignidad y valía radican en la “capacidad de relacionarse con Dios” entrando a su misma familia. El hombre está llamado a ser hijo del Padre Dios, hermano de Cristo y templo del Espíritu Santo. No será más, pero tampoco menos que eso. Así lo determinó Dios porque sí, porque le pareció bien. No nos consultó. No obró buscando de manera egoísta su provecho. Él es amor. Espetarle a Dios que se ha equivocado amándonos demasiado constituye nuestra mayor osadía y “letal” equivocación.

Por el contrario, agradecer ese designio santo es entrar en la vida para siempre. San Agustín lo reconoció agradecido: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta descansar en ti”. Lo confesó con humildad y alabó a Dios diciendo “tarde te amé, hermosura, tan antigua y tan nueva, tarde te amé”.

Si no os hacéis como niños…

La liturgia de la Madre Iglesia nos enseña que para llegar a la Navidad hay que pasar por el Adviento. Es decir, por un ejercicio del deseo de Dios. Toda persona en el fondo aspira a Dios y busca a Dios siempre, aunque a tientas.

Ante la increencia, nosotros, como creyentes agradecidos, deberíamos especializarnos en el arte del deseo, primero en nuestra propia casa y después ofreciendo nuestra experiencia al entorno laicista y ateo que nos envuelve.

Podríamos preguntarnos: ¿Qué buscan nuestros coetáneos cuando hacen turismo y viajan a veces de manera compulsiva, cuando juegan la lotería, luchan por el poder en las finanzas y en la política, vibran con el deporte y recurren con avidez a todo género de experiencias placenteras y gratificantes? Quizás han elegido mal el objeto de su satisfacción, buscando la felicidad allá donde no está.

Cuando uno observa cómo muchos hombres de nuestro tiempo, aparentemente al menos, se alejan de Dios y no les interesa conocerlo y menos adorarlo, no puede quedar indiferente.

¿Quedará Dios indiferente ante este fenómeno del ateísmo y del laicismo? ¿Cómo verá Dios nuestro mundo, qué sentirá?

Quizás decepción infinita… pero a la vez compasión infinita, porque, de hecho, cada año, cada Navidad, vuelve a repetir su apuesta por el hombre, y sigue viniendo en debilidad e indefensión. Pongo ante ti, la vida y la muerte, elige la vida y vivirás. ¿Cuál es tu respuesta, cuál está siendo tu respuesta por los hechos de tu vida? “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, recuerda san Agustín.

Es tu oportunidad. Aprovéchala y compra tu felicidad de una vez por todas. ¡Sería tu mejor Navidad, la que no pasaría, la definitiva y feliz! Ánimo, tu Dios te espera. 


El maná de cada día, 26.12.19

diciembre 26, 2019

San Esteban, protomártir

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Antífona de entrada

Las puertas del cielo se han abierto para Esteban, el primero de los mártires; por eso ha recibido el premio de la corona del triunfo.


Oración colecta

Concédenos, Señor, la gracia de imitar a tu mártir san Esteban y de amar a nuestros enemigos, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 6, 8-10;7,54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.


SALMO 30, 3cd-4.6 y Sab 16bc-17

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirigeme y guíame.

A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción.

Líbrame de los enemigos que me persiguen; haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.


Aclamación: Salmo 117, 26a y 27a

Bendito el que viene en nombre del Señor, el Señor es Dios, él nos ilumina.


EVANGELIO: Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.

Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

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Notas para la homilía, reflexión y oración:

La fiesta de san Esteban protomártir, nos invita a celebrar el “mundo nuevo” que el Niño Dios de Belén ha traído a la humanidad. Se trata de la revolución del amor, o de la ternura, como prefiere alguno. En el Amor se resume todo lo que le falta al mundo y le sobra a Dios, valga la expresión. San Juan definirá la esencia divina: Dios es Amor. Dios es comunión, es Trinidad, familia: amor de paternidad, amor de filiación, amor de comunión, de amistad, de intimidad, de intercomunión personal.

El Amor es el primer “regalo” que nos trae el Niño Dios. Es fundamental, básico: Tanto nos amó el Padre que nos envío lo mejor que tenía, a su único Hijo, en la envoltura dorada del Espíritu Santo. Nosotros agradecemos ese don, dejamos al Espíritu que nos inunde de esa Vida. Y entonces experimentamos el cambio sustancial de nuestra relación con Dios y con todo lo creado: “Sabemos y saboreamos” que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos; de las tinieblas a la luz, porque vemos; del temor y del miedo al amor, a la alabanza y a la libertad.

Por tanto hay que recibir el Amor de Dios, de todas todas; prueba de vida o muerte. Es lo que más quiere darnos el Padre por el Hijo en el Espíritu. Sintiéndonos amados por Dios: Podremos valorarnos y querernos a nosotros mismos; seremos dignos de ser amados, amables; seremos tiernos con nosotros mismos y cariñosos con los demás; finalmente, podremos amar a Dios como él se merece. Y todas estas consecuencias porque estamos recibiendo por pura gracia de Dios su Amor, la primera virtud teologal, por la que “de forma espontánea y expedita” podemos amar a Dios como él espera de nosotros.

Por el contrario, las deficiencias que encontramos en nosotros o en los demás se deben, básicamente, al hecho de no haber experimentado de manera satisfactoria y suficiente el infinito amor de Dios. De ahí, nuestros egocentrismos, nuestra agresividad, nuestras envidias y sentimientos miserables de todo tipo… Nos falta recibir el amor de Dios, que es el “peso” suficiente y necesario para adquirir solidez, fundamento y consistencia humana y divina en nuestro ser y actuar. San Agustín: “Amor meus, pondus meum”. Mi amor, mi valía; el amor que recibo, primero; y segundo, el amor que doy.

Antífona de comunión: Hechos de los apóstoles 7, 58

Se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu.


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San Esteban, protomártir

LAS ARMAS DE LA CARIDAD
De los sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo

Ayer celebramos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el triunfal martirio de su soldado.

Ayer nuestro Rey, revestido con el manto de nuestra carne y saliendo del recinto del seno virginal, se dignó visitar el mundo; hoy el soldado, saliendo del taber­náculo de su cuerpo, triunfador, ha emigrado al cielo.

Nuestro Rey, siendo la excelsitud misma, se humilló por nosotros; su venida no ha sido en vano, pues ha aportado grandes dones a sus soldados, a los que no sólo ha enriquecido abundantemente, sino que también los ha fortalecido para luchar invenciblemente. Ha traí­do el don de la caridad, por la que los hombres se hacen partícipes de la naturaleza divina

Ha repartido el don que nos ha traído, pero no por esto él se ha empobrecido, sino que, de una forma ad­mirable, ha enriquecido la pobreza de sus fieles, mien­tras él conserva sin mengua la plenitud de sus propios tesoros.

Así, pues, la misma caridad que Cristo trajo del cielo a la tierra ha levantado a Esteban de la tierra al cielo. La caridad, que precedió en el Rey, ha brillado a con­tinuación en el soldado.

Esteban, para merecer la corona que significa su nom­bre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el pró­jimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapi­daban, para que no fueran castigados.

Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando.

Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, rei­na con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, mar­tirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban.

¡Oh vida verdadera, hermanos míos, en la que Pablo no queda confundido de la muerte de Esteban, en la que Esteban se alegra de la compañía de Pablo, porque ambos participan de la misma caridad! La caridad en Esteban triunfó de la crueldad de los judíos, y en Pablo cubrió la multitud de sus pecados, pues en ambos fue la caridad respectiva la que los hizo dignos de poseer el reino de los cielos.

La caridad es la fuente y el origen de todos los bienes, egregia protección, camino que conduce al cielo. Quien camina en la caridad no puede temer ni errar; ella dirige, protege, encamina.

Por todo ello, hermanos, ya que Cristo construyó una escala de caridad, por la que todo cristiano puede ascender al cielo, guardad fielmente la pura caridad, ejercitadla mutuamente unos con otros y, progresando en ella, alcanzad la perfección.


El maná de cada día, 19.11.19

noviembre 19, 2019

Martes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

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Coherentes también en la la tribulación

Coherentes también en la la tribulación



PRIMERA LECTURA: 2 Macabeos 6, 18-31

En aquellos días, a Eleazar, uno de los principales escribas, hombre de edad avanzada y semblante muy digno, le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo.

Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.

Los que presidían aquel sacrificio ¡legal, viejos amigos de Eleazar, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera, haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración.

Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la Ley santa dada por Dios, respondió todo seguido:

«iEnviadme al sepulcro! Que no es digno de mi edad ese engaño. Van a creer muchos jóvenes que Eleazar, a los noventa años, ha apostatado, y, si miento por un poco de vida que me queda, se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez.

Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no escaparía de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable Ley.»

Dicho esto, se dirigió en seguida al suplicio. Los que lo llevaban, poco antes deferentes con él, se endurecieron, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar.

Él, a punto de morir a fuerza de golpes, dijo entre suspiros: «Bien sabe el Señor, que posee la santa sabiduría, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y los sufro con gusto en mi alma por respeto a él.»

Así terminó su vida, dejando, no sólo a los jóvenes, sino a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.


SALMO 3, 2-3.4-5.6-7

El Señor me sostiene.

Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí: «Ya no lo protege Dios.»

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. Si grito invocando al Señor, él me escucha desde su monte santo.

Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor.


Aclamación antes del Evangelio: 1Jn 4, 10b

Dios nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.


EVANGELIO: Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»
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LA FIDELIDAD DE ELEAZAR

P. Francisco Fernández Carvajal

Lealtad a la palabra dada y a los compromisos adquiridos.

La lealtad de Eleazar a la fe de sus mayores sirvió además para que otros muchos del pueblo escogido permanecieran firmes en sus creencias y costumbres. Nunca queda aislada la fidelidad de un hombre, de una mujer. Son muchos los que, quizá sin saberlo expresamente, se apoyan en ella. Una de las grandes alegrías que el Señor nos hará gustar será el poder contemplar a todos aquellos que permanecieron firmes en su fe y en su vocación porque se apoyaron en nuestra sólida coherencia.

La virtud humana que corresponde a la fidelidad es la lealtad, esencial para toda convivencia. Sin un clima de lealtad, las relaciones y vínculos entre los hombres degenerarían a lo sumo en una mera coexistencia, con su cortejo inseparable de inseguridad y desconfianza. La vida propiamente social no sería posible si no se diera «aquella observancia de los pactos sin la que no es posible una tranquila convivencia entre los pueblos»8: un clima de confianza mutua, de honradez, de lealtad.

No es infrecuente que en la sociedad, en la empresa, en los negocios… parezca perdida esta virtud tan esencial. La mentira, la manipulación de la verdad, es un arma más que algunos utilizan como si fuera normal en los medios de la opinión pública, en la política, en los negocios… Muchas veces se echa de menos la honradez para cumplir la palabra dada y los compromisos libremente adquiridos.

Es más, en ocasiones se comenta la infidelidad matrimonial, como si los compromisos adquiridos delante de Dios y delante de los hombres tuvieran poco valor. Otros, con el fin de aumentar su disponibilidad económica, o para satisfacer su ansia desordenada de placeres, de figurar en la vida social, incumplen sus deberes religiosos, familiares, sociales o profesionales traicionando los compromisos más nobles y santos.

En estos momentos urge que los cristianos –luz del mundo y sal de la tierra– procuremos ser ejemplo de fidelidad y de lealtad a los compromisos contraídos. San Agustín recordaba a los cristianos de su tiempo: «El marido debe ser fiel a la mujer, y la mujer al marido, y ambos a Dios. Los que habéis prometido continencia, cumplid lo prometido, puesto que no se os exigiría si no lo hubieseis prometido (…). Guardaos de hacer trampas en vuestros negocios. Guardaos de la mentira y del perjurio»9. Son palabras que conservan plena actualidad.

Perseverando, con la ayuda del Señor, en lo poco de cada día, lograremos oír al final de nuestra vida, con gozosísima dicha, aquellas palabras del Señor: Muy bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho; entra en el gozo de tu Señor10.

 8 Pío XII, Alocución 24-XII-1940, 26. — 9 San Agustín, Sermón 260. — 10Mt 25, 21-23.

www.homiletica.org


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