El maná de cada día, 13.11.17

noviembre 13, 2017

Lunes de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

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Día 13 de noviembre, nacimiento de san Agustín, Fiesta de Todos los Santos de la Orden

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Es inevitable que sucedan escandalos, pero ¡ay del que los provoca!



PRIMERA LECTURA: Sabiduría 1, 1-7

Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero.

Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían.

Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, sometido a prueba, pone en evidencia a los necios. La sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado.

El espíritu educador y santo rehúye la estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde ante el asalto de la injusticia.

La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja impune al deslenguado; Dios penetra sus entrañas, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua. Porque el espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido.


SALMO 138,1-3a.3b-6.7-8.9-10

Guíame, Señor, por el camino eterno.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso.

Todas mis sendas te son familiares. No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma. Tanto saber me sobrepasa, es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.

Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha.


Aclamación antes del Evangelio: Flp 2, 15d. 16a

Brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir.


EVANGELIO: Lucas 17,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

«Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Lo siento”, lo perdonarás.»

Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.»

El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar.” Y os obedecería.»

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Del deseo de afectos desordenados e impuros, líbrame Jesús

No vivimos encadenados a un cuerpo que sólo pide desaforos contra la voluntad de Dios. En la medida en que somos hijos de Dios, así es nuestra libertad.

El problema está en cómo ejerzo mi libertad, dónde pongo el corazón y el entendimiento para ser aún más libre. Perdemos de vista que es uno mismo el que elige, el que toma decisiones constantemente, el que, ante una situación concreta, hace un juicio u otro.

Esto ocurre todos los días, y a todas horas. Los demás, las circunstancias, el ambiente, no son excusas que nos impiden realizar actos buenos o responsables. El ambiente influye, y mucho. Pero, en último término, soy yo el que, en mi conciencia y en mi actuación, doy el paso definitivo.

Por tanto, ¿qué medios pongo, en mi día a día, para que lo que me afecte esté dirigido a la gloria de Dios? ¿Hago oración todos los días? ¿Rectifico la intención cuando algo no sale conforme a lo previsto?

¿Acudo con frecuencia al sacramento de la confesión? ¿Hago todas las noches un breve examen, ante la presencia de Dios, de cómo ha sido ese día? ¿Procuro adquirir un pequeño propósito para el día siguiente, aunque sólo se trate de un detalle de convivencia?

He de vivir en esta vela interior, para no dejarme atar por afectos desordenados, o por la impureza interior de los pensamientos, porque el corazón siempre necesitará un asidero en el que depositar sus querencias, aunque no sean las de Dios.

Poner nuestro corazón en sintonía con Dios, nos evitará desperdiciar el tiempo y la cabeza en apegos de los que, tiempo después, nos arrepentiremos.

Así vivió la Virgen, y así llevó hasta las últimas consecuencias aquel «sí» con el que entregó su corazón enteramente a Dios. Pídele cada día su protección materna, para que guarde la pureza de tu corazón y de tus intenciones.

Lañas diarias www.mater-dei.es


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13 de noviembre
Todos los Santos de la Orden

Hoy, cumpleaños de san Agustín, nacido el 13 de noviembre del año 354, celebramos en una sola fiesta, junto con los santos y beatos de las tres Órdenes agustinianas reconocidas por la Iglesia, a todos los hermanos y hermanas justos de toda lengua, tribu, raza y nación, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 20, 12). Es una acción de gracias a Dios por el don de la santidad que copiosamente ha derramado en la historia de nuestras Órdenes, y una invitación a seguir las huellas de tantos hermanos y hermanas que han acogido de corazón el Evangelio y han vivido fielmente su consagración al Señor.

Recordad cómo se han salvado nuestros padres

De la obra Crónica de san Agustín y de los santos, beatos y doctores de su Orden, de san Alonso de Orozco, presbítero

Nosotros, que profesamos los sagrados dogmas de Cristo nuestro salvador, y que veneramos con corazón recto a Dios, sumo en sus santos, enardecidos por el celo de Dios, pregonamos incansablemente los triunfos insignes de los santos.

Será justo estudiar diligentemente y relatar, aunque sea de manera inexperta, las virtudes de los santos y varones ilustres de nuestra Orden. Pues, en verdad, ¿qué cosa más feliz o más sagrada podrá sucedernos que recordar la vida de los padres antiguos después de que ya se extinguió definitivamente? Por lo cual conviene traer a colación lo que, sucedido ha muchos años, está escrito de los macabeos: Recordad cómo fueron salvados nuestros padres. Ahora clamemos al cielo y el Señor se apiadará de nosotros.

Así pues, los padres antiguos de nuestra Orden, habitando los ardientes desiertos, libraron día y noche el buen combate, de modo que no sólo, inflamados por el fuego de la caridad, como intrépidos guerreros despreciaron libremente, con duelo lento, los predios y riquezas pasajeras, sino que vencieron también los embates engañosos y los silbidos de la serpiente astuta. De igual modo superaron plenamente los halagos de la carne con la oración asidua y la rigurosa austeridad en la comida.

Ved aquí con qué género de vida consiguieron los religiosos ilustres de nuestra sagrada Orden la salvación eterna. He aquí, digo, con cuánto trabajo, ignoradas las cosas temporales y pospuestas las riquezas mundanas, alcanzaron nuestros padres el premio del reino celestial.

¿Acaso no son éstos los que, tan bellamente, describe el Vaso de elección con estilo maravilloso, en la carta a los Hebreos, cuando dice: Los santos, con la fe, subyugaron reinos, obraron la justicia y consiguieron las promesas. Ceñidos con la espada de la fe, con ánimo inquebrantable, portaban la enseña de Jesucristo y la cruz del Señor en sus hombros. En verdad que el Señor, óptimo y soberano, nunca privó a nuestra sagrada Orden de su patrocinio, de modo que no le concediese copiosamente la gracia de su liberalidad.

Por lo que tal multitud de santos, nacidos de aquel astro relumbrante, el eximio doctor san Agustín, y colocados como lumbreras en el firmamento, ilustra toda la Orden con los admirables rayos de la virtud. De ahí finalmente brotan de aquel árbol maravilloso como ramas frondosas, y a diario nacen de modo admirable.

Oh bienaventurado varón y extraordinario padre Agustín, a quien Jesucristo engrandeció tanto, que es, por derecho propio, doctor de la Iglesia madre, y padre de muchas órdenes religiosas. Contemplemos, pues, ya con los ojos abiertos la vida de tal padre y las virtudes de sus hijos. Imitemos de todo corazón su humildad admirable, su inquebrantable fortaleza, su firme esperanza y su amor ardiente. Los cándidos ejemplos de los santos son para nosotros refugio seguro, en el que consiguen mucho provecho los que, gustosos, a él se acercan.

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El maná de cada día, 10.11.17

noviembre 10, 2017

Viernes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

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Utilizar nuestra inteligencia también para ganar la vida eterna

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PRIMERA LECTURA: Romanos 15, 14-21

Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convencido de que rebosáis buena voluntad y de que os sobra saber para aconsejaros unos a otros.

A pesar de eso, para traeros a la memoria lo que ya sabéis, os he escrito, a veces propasándome un poco.

Me da pie el don recibido de Dios, que me hace ministro de Cristo Jesús para con los gentiles: mi acción sacra consiste en anunciar la buena noticia de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios.

Como cristiano, pongo mi orgullo en lo que a Dios se refiere. Sería presunción hablar de algo que no fuera lo que Cristo hace por mi medio para que los gentiles respondan a la fe, con mis palabras y acciones, con la fuerza de señales y prodigios, con la fuerza del Espíritu Santo.

Tanto, que en todas direcciones, a partir de Jerusalén y llegando hasta la Iliria, lo he dejado todo lleno del Evangelio de Cristo.

Eso sí, para mí es cuestión de amor propio no anunciar el Evangelio más que donde no se ha pronunciado aún el nombre de Cristo; en vez de construir sobre cimiento ajeno, hago lo que dice la Escritura:

«Los que no tenían noticia lo verán, los que no habían oído hablar comprenderán.»


SALMO 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

El Señor revela a las naciones su victoria.

Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

COMENTARIO PERSONAL Y PRAXIS PASTORAL 

Me encuentro de paso en una comunidad religiosa de Burgos, camino hacia Salamanca. Preparando la misa he sentido la inspiración del Espíritu en la primera lectura y en el salmo. Me he sentido en conexión con la experiencia de Pablo, llamado por Dios, impulsado por su Espíritu, anunciador del Reino. De alguna forma he participado en su pasión por el Reino.

También yo quiero hace tiempo evangelizar a discreción, no quiero conocer a las personas en la carne sino en el Espíritu, pues la carne no sirve de nada. He hablado a las madres mónicas y a las religiosas, desde mi vocación de llamado a evangelizar. Es preciso ejercitarse en la agilidad mental para detectar la obra de Dios y el paso de Dios en la vida personal y en la vida de la comunidad o de las personas… Habría que imitar la astucia de los hijos de las tinieblas, la avaricia, la inspiración, la sagacidad de los malos… para buscar, nosotros, el bien y la salvación.

He pedido la gracia del Espíritu para todos, y en sintonía con la misericordia de Dios he pretendido transmitir el poder del Espíritu imponiendo las manos a todas las personas que así lo han deseado, implorando la alegría del Espíritu y la vida nueva en Cristo: la victoria de Dios, el triunfo de su misericordia…

Ha sido una experiencia linda,  la gente ha salido contenta y agradecida. Algunas lo han vivido como una efusión del Espíriu, del poder de Dios en sus vidas, manifestado en la alegría y la paz.


Aclamación antes del Evangelio: 1 Jn 2, 5

En aquel que cumple la palabra de Cristo, el amor de Dios ha llegado a su plenitud.


EVANGELIO: Lucas 16, 1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

«Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: “¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador.”

Entonces el administrador se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan.”

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: “¿Cuánto le debes a mi amo?” El hombre respondió: “Cien barriles de aceite.” El administrador le dijo: “Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta.”

Luego preguntó al siguiente: “Y tú, ¿cuánto debes?” Éste respondió: “Cien sacos de trigo.” El administrador le dijo: “Toma tu recibo y haz otro por ochenta.”

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz».


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HACEOS AMIGOS CON EL DINERO

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

El Evangelio de hoy nos presenta una parábola en cierto modo bastante actual, la del administrador infiel. El personaje central es el administrador de un propietario de tierras, figura muy popular también en nuestros campos, cuando regían sistemas usufructuarios.

Como las mejores parábolas, ésta es como un drama en miniatura, lleno de movimiento y de cambios de escena. La primera tiene como actores al administrador y a su señor y concluye con un despido tajante: «Ya no puedes ser administrador».

Éste no esboza siquiera una autodefensa. Tiene la conciencia sucia y sabe perfectamente que de lo que se ha enterado el patrón es cierto.

La segunda escena es un soliloquio del administrador que se acaba de quedar solo. No se da por vencido; piensa enseguida en soluciones para garantizarse un futuro.

La tercera escena –el administrador y los campesinos— revela el fraude que ha ideado con ese fin: «“¿Tú cuánto debes?” Respondió: “Cien cargas de trigo”. Le dijo: “Toma tu recibo y escribe ochenta”».

Un caso clásico de corrupción y de falsa contabilidad que nos hace pensar en frecuentes episodios parecidos en nuestra sociedad, si bien a escala mucho mayor.

La conclusión es desconcertante: «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente». ¿Es que Jesús aprueba o alienta la corrupción?

Es necesario recordar la naturaleza del todo especial de la enseñanza en parábolas. La parábola no hay que trasladarla en bloque y con todos sus detalles en el plano de la enseñanza moral, sino sólo en aquel aspecto que el narrador quiere valorar.

Y está claro cuál es la idea que Jesús ha querido inculcar con esta parábola. El señor alaba al administrador por su sagacidad, no por otra cosa.

No se afirma que se vuelva atrás en su decisión de despedir a este hombre. Es más, visto su rigor inicial y la prontitud con la que descubrió la nueva estafa, podemos imaginar fácilmente la continuación, no relatada, de la historia.

Tras haber alabado al administrador por su astucia, el señor debe haberle ordenado que devolviera inmediatamente el fruto de sus transacciones deshonestas, o pagarlas con la cárcel si no podía saldar la deuda.

Esto, o sea, la astucia, es también lo que alaba Jesús, fuera de parábolas. Añade, de hecho, casi como comentario a las palabras de ese señor: «Los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz».

Aquel hombre, frente a una situación de emergencia, cuando estaba en juego su porvenir, dio prueba de dos cosas: de extrema decisión y de gran astucia. Actuó pronta e inteligentemente (si bien no honestamente) para ponerse a salvo.

Esto –viene a decir Jesús a sus discípulos— es lo que debéis hacer también vosotros para poner a salvo no el futuro terreno, que dura algunos años, sino el futuro eterno.

«La vida –decía un filósofo antiguo— a nadie se le da en propiedad, sino a todos en administración» (Séneca).

Somos todos los «administradores»; por ello debemos hacer como el hombre de la parábola. Él no dejó las cosas para mañana, no se durmió. Está en juego algo más importante como para confiarlo al azar.

El Evangelio a menudo hace diversas aplicaciones prácticas de esta enseñanza de Cristo.

En la que se insiste más tiene que ver con el uso de la riqueza y del dinero: «Yo os digo: haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas».

Es como decir: haced como aquel administrador; haceos amigos de quienes un día, cuando os encontréis en necesidad, puedan acogeros. Estos amigos poderosos, se sabe, son los pobres, puesto que Cristo considera dado a Él en persona lo que se da al pobre.

Los pobres, decía San Agustín, son, si lo deseamos, nuestros correos y porteadores: nos permiten transferir, desde ahora, nuestros bienes en la morada que se está construyendo para nosotros en el más allá.

Homiletica.org


El maná de cada día, 8.11.17

noviembre 8, 2017

Miércoles de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

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Amar a Dios sobre todas las cosas

Amar a Dios sobre todas las cosas



PRIMERA LECTURA: Romanos 13, 8-10

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley.

De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.


SALMO 111,1-2.4-5.9

Dichoso el que se apiada y presta.

Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita.

En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos.

Reparte limosna a los pobres; su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad.


Aclamación antes del Evangelio: 1P 4, 14

Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.


EVANGELIO: Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mi no puede ser discípulo mio.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

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NO ANTEPONER NADA AL AMOR POR EL SEÑOR

Papa Francisco
Ángelus del 8 de septiembre de 2013

En el Evangelio de hoy Jesús insiste acerca de las condiciones para ser sus discípulos: no anteponer nada al amor por Él, cargar la propia cruz y seguirle.

En efecto, mucha gente se acercaba a Jesús, quería estar entre sus seguidores; y esto sucedía especialmente tras algún signo prodigioso, que le acreditaba como el Mesías, el Rey de Israel. Pero Jesús no quiere engañar a nadie.

Él sabe bien lo que le espera en Jerusalén, cuál es el camino que el Padre le pide que recorra: es el camino de la cruz, del sacrificio de sí mismo para el perdón de nuestros pecados.

Seguir a Jesús no significa participar en un cortejo triunfal. Significa compartir su amor misericordioso, entrar en su gran obra de misericordia por cada hombre y por todos los hombres.

La obra de Jesús es precisamente una obra de misericordia, de perdón, de amor. ¡Es tan misericordioso Jesús! Y este perdón universal, esta misericordia, pasa a través de la cruz.

Pero Jesús no quiere realizar esta obra solo: quiere implicarnos también a nosotros en la misión que el Padre le ha confiado.

Después de la resurrección dirá a sus discípulos: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo… A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 21.23).

El discípulo de Jesús renuncia a todos los bienes porque ha encontrado en Él el Bien más grande, en el que cualquier bien recibe su pleno valor y significado: los vínculos familiares, las demás relaciones, el trabajo, los bienes culturales y económicos, y así sucesivamente.

El cristiano se desprende de todo y reencuentra todo en la lógica del Evangelio, la lógica del amor y del servicio.

Para explicar esta exigencia, Jesús usa dos parábolas: la de la torre que se ha de construir y la del rey que va a la guerra.

Esta segunda parábola dice así: «¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz» (Lc 14, 31-32).

Aquí, Jesús no quiere afrontar el tema de la guerra, es sólo una parábola. Sin embargo, en este momento en el que estamos rezando fuertemente por la paz, esta palabra del Señor nos toca en lo vivo, y en esencia nos dice: existe una guerra más profunda que todos debemos combatir.

Es la decisión fuerte y valiente de renunciar al mal y a sus seducciones y elegir el bien, dispuestos a pagar en persona: he aquí el seguimiento de Cristo, he aquí el cargar la propia cruz. Esta guerra profunda contra el mal.

¿De qué sirve declarar la guerra, tantas guerras, si tú no eres capaz de declarar esta guerra profunda contra el mal? No sirve para nada. No funciona…

Esto comporta, entre otras cosas, esta guerra contra el mal comporta decir no al odio fratricida y a los engaños de los que se sirve; decir no a la violencia en todas sus formas; decir no a la proliferación de las armas y a su comercio ilegal.

¡Hay tanto de esto! ¡Hay tanto de esto! Y siempre permanece la duda: esta guerra de allá, esta otra de allí —porque por todos lados hay guerras— ¿es de verdad una guerra por problemas o es una guerra comercial para vender estas armas en el comercio ilegal?

Estos son los enemigos que hay que combatir, unidos y con coherencia, no siguiendo otros intereses si no son los de la paz y del bien común.

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El maná de cada día, 7.11.17

noviembre 7, 2017

Martes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

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Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.”

Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.”



PRIMERA LECTURA: Romanos 12, 5-16a

Nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros.

Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado, y se han de ejercer así: si es la profecía, teniendo en cuenta a los creyentes; si es el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a enseñar; el que exhorta, a exhortar; el que se encarga de la distribución, hágalo con generosidad; el que preside, con empeño; el que reparte la limosna, con agrado.

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno.
Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.

En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor.

Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.

Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.


SALMO 130, 1.2.3

Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad.

Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 28

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré -dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 14, 15-24

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»

Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado” Pero ellos se excusaron uno tras otro.

El primero le dijo: “He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.”

Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.”

Otro dijo: “Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.”

El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.”

El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.”

Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.  Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”.


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DIOS NO ME OBLIGA

Si el hombre hubiera sido creado sin libertad no habría podido pecar. Hubiéramos vivido una salvación automática y necesaria, en la que todo habría estado obligatoriamente dirigido y predeterminado al bien y a Dios.

Y, sin embargo, Dios mismo se pilló las manos, aquellas que junto con la carne, dieron al hombre el don de la libertad, pues, con la libertad, el hombre que podía pecar, de hecho, pecó.

Sin embargo, Dios no puede arrepentirse de nuestra libertad. No podemos olvidar que Cristo no quiso imponer a nadie la salvación que nos alcanzó en su encarnación. Esa salvación nunca será obligatoria de parte de Dios, por más que el hombre siga disponiendo de esa libertad para volverse contra Él.

En la Cruz nos alcanzó el Señor la redención, pero no nos la impuso obligatoriamente, pues tenía que redimir aquella libertad primera del hombre del Edén, que se apartó voluntariamente de Dios.

San Agustín lo expresó bellamente: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Has de querer tu salvación, pues nunca la tendrás segura hasta que no la hayas recibido. Has de querer poner todos los medios que te ayuden a vivir esa libertad liberada y redimida que Cristo te alcanzó en la Cruz.

Pero, sólo la gracia te libera, no tus propios esfuerzos, puños y voluntarismos.

Acércate, pues, al trono de la gracia que es la Virgen, Madre de misericordia, y pídele a Ella que te ayude a no flaquear, a no desanimarte, a no renunciar a la subida en tu escalada hacia Dios.

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El maná de cada día, 20.10.17

octubre 20, 2017

Viernes de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

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Fiesta de Santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir
Patrona de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta
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Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de tí.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti



PRIMERA LECTURA: Romanos 4, 1-8

Hermanos:

Veamos el caso de Abrahán, nuestro progenitor según la carne. ¿Quedó Abrahán justificado por sus obras? Si es así, tiene de qué estar orgulloso; pero, de hecho, delante de Dios no tiene de qué.

A ver, ¿qué dice la Escritura?: «Abrahán creyó a Dios, y esto le valió la justificación.»

Pues bien, a uno que hace un trabajo el jornal no se le cuenta como un favor, sino como algo debido; en cambio, a éste que no hace ningún trabajo, pero tiene fe en que Dios hace justo al impío, esa fe se le cuenta en su haber.

También David llama dichoso al hombre a quien Dios otorga la justificación, prescindiendo de sus obras: «Dichoso el hombre que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le cuenta el pecado.»


SALMO 31, 1-2- 5. 11

Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mí culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor; aclamadlo, los de corazón sincero.

ALELUYA: Sal 32, 22

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de tí.


EVANGELIO: Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:

«Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea.

A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os lo digo yo.

¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.»

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COMENTARIO HOMILÉTICO DEL PAPA FRANCISCO, 16 OCT DE 2015

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El Papa en Sta. Marta: la hipocresía juega con las medias tintas

 En la homilía de este viernes, el Santo Padre advierte sobre la actitud farisea que nunca llegará a la luz de Dios

Por Redacción

Ciudad del Vaticano, 16 de octubre de 2015 (ZENIT.org)

Es necesario rezar mucho para no dejarse contagiar por el “virus” de la hipocresía, esa actitud farisea que seduce con las mentiras estando en la sombra. Es la solicitud de Jesús que el papa Francisco ha invitado a acoger, al comentar el Evangelio del día en la homilía de la misa celebrada este viernes por la mañana en Santa Marta.

El Santo Padre ha advertido que la hipocresía no tiene un color porque juega con las medias tintas. Se insinúa y seduce en “claroscuro”, con “la fascinación de la mentira”. De este modo, el Pontífice ha reflexionado sobre la escena del evangelio del día destacando la advertencia de Cristo a los suyos: “Cuidado con la levadura de los fariseos”.

La levadura es una cosa pequeñísima, ha observado, pero tal como habla Jesús es como si quisiera decir “virus”. Como “un médico” que diga “a sus colaboradores”: poned atención a los riesgos de un “contagio”.

Y Francisco lo ha explicado así: “la hipocresía es esa forma de vivir, de actuar, de hablar, que no es claro. Quizá sonríe, quizá está serio… No es luz, no es tiniebla… Se mueve de una forma que parece no amenazar a nadie, como la serpiente, pero tiene el encanto del claroscuro. Tiene ese encanto de no tener las cosas claras, de no decir las cosas claramente; la fascinación de la mentira, de las apariencias”.

El Papa ha recordado que Jesús decía a los fariseos hipócritas que “estaban llenos de sí mismos, de vanidad, que a ellos les gustaba pasear en las plazas haciendo ver que eran importantes, gente culta…”

Tal y como ha explicado el Santo Padre, Jesús aseguró a la multitud: “no tengáis miedo” porque “no hay nada cubierto que no sea desvelado, ni secreto que no sea revelado”. Y ha precisado que esconderse “no ayuda”… “la levadura de los fariseos” llevaba y lleva a “la gente a amar más las tinieblas que la luz”.

Asimismo, el Pontífice ha recordado: “esta levadura es un virus que enferma y te hace morir. ¡Cuidado! Esta levadura te lleva a las tinieblas. ¡Cuidado! Pero hay uno que es más grande que esto: es el Padre que está en el Cielo. ‘¿No se venden cinco gorriones quizá por dos monedas?’ Y ni siquiera uno de ellos es olvidado delante de Dios. También los cabellos de vuestra cabeza están contados’.

Y después, la exhortación final: ‘¡No tengáis miedo! ¡Valéis más que muchos gorriones! Delante de todos estos miedos que nos ponen aquí o allá, y que nos pone el virus, la levadura de la hipocresía farisea, Jesús nos dice: ‘Hay un Padre. Hay un Padre que os ama. Hay un Padre que cuida de vosotros’”.

Y hay solo un modo de evitar el contagio, ha advertido el Papa. Es el camino indicado por Jesús: rezar. Así, ha concluido afirmando que para no caer en esa “actitud farisea que no es ni luz ni tinieblas” sino que está “a mitad” de camino que “nunca llegará a la luz de Dios”.

A propósito, Francisco ha concluido invitando a rezar, “rezar mucho”. “Señor, cuida a tu Iglesia, que somos todos nosotros: cuida a tu pueblo, el que se había reunido y se pisoteaban entre ellos, unos a otros. Cuida a tu pueblo, para que ame la luz, la luz que viene del Padre, que viene de Tu Padre, que te ha enviado para salvarnos. Cuida tu pueblo para que no se haga hipócrita, para que no caiga en el calor de la vida. Cuida a tu pueblo para que tenga la alegría de saber que hay un padre que nos ama mucho”.

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APUNTE BIOGRÁFICO Y

LECTURAS PROPIAS DE LA FIESTA DE

SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI

Patrona de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta

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imagen oficial de santa magdalena, obra de adriano ambrosioni

Señor, que tu fuego arda en nuestros corazones

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Hija de nobles y fervientes cristianos, nació en 1611 en las proximidades de la ciudad japonesa de Nagasaki. Los padres y hermanos de Magdalena habían sido condenados a muerte y martirizados por su fe católica cuando ella era todavía muy joven.

En 1624 conoció a los beatos Fancisco de Jesús y Vicente de san Antonio, agustinos recoletos, y, atraída por su espiritualidad, se consagró a Dios como terciaria de su Orden. Los beatos le encomendaron la enseñanza del catecismo a los niños; y pedía limosnas a los comerciantes portugueses para socorrer a los pobres.

Tuvo que refugiarse en 1628 con los agustinos recoletos y miles de cristianos en las montañas de Nagasaki. Allí siguió ejerciendo su apostolado, primero bajo la coordinación y animación de los dos religiosos recoletos y luego por cuenta propia cuando fueron capturados ambos, en noviembre de 1929.

Vestida con su hábito de terciaria, en septiembre de 1634, se presentó valientemente ante los jueces. Al ver que era una joven de veinte a veintidós años, intentaron conquistarla con halagos que ella rechazó. La sometieron, entonces, a los peores suplicios.

Finalmente, estuvo colgada trece días boca abajo con medio cuerpo metido en una hoya, hasta que una intensa lluvia inundó la fosa y Magdalena pereció ahogada.

Los verdugos quemaron su cuerpo y esparcieron las cenizas en el mar. Sus restos desapareciero, pero, pasados los siglos, el juicio de Dios y de la Iglesia sobre su vida ganó para siempre la partida al olvido.

Fue beatificada en 1981 y canonizada por el Papa Juan Pablo II el 18 de octubre de 1987, coincidiendo con la Jornada Mundial de Oración por las Misiones.

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ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que concediste a la virgen y mártir santa Magdalena predicar con entusiasmo el Evangelio de tu Hijo y derramar su sangre por ti en supremo acto de amor; concédenos, por su intercesión, ser testigos fieles de tu Hijo y conseguir también su gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 51, 1-12

Te alabo, mi Dios y salvador, te doy gracias, Dios de mi padre. Contaré tu fama, refugio de mi vida, porque me has salvado de la muerte, detuviste mi cuerpo ante la fosa, libraste mis pies de las garras del abismo, me salvaste del látigo de la lengua calumniosa y de los labios que se pervierten con la mentira, estuviste conmigo frente a mis rivales.

Me auxiliaste con tu gran misericordia: del lazo de los que acechan mi traspié, del poder de los que me persiguen a muerte; me salvaste de múltiples peligros: del cerco apretado de las llamas, del incendio de un fuego que no ardía, del vientre de un océano sin agua, de labios mentirosos e insinceros, de las flechas de una lengua traidora.

Cuando estaba ya para morir, y casi en lo profundo del abismo, me volvía a todas partes, y nadie me auxiliaba, buscaba un protector, y no lo había. Recordé la compasión del Señor y su misericordia eterna, que libra a los que se acogen a él, y los rescata de todo mal.

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SALMO 123, 2-3.4-5.7b8 (R/.: 7a)

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado la aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

La trampa se rompió y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

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EVANGELIO: Lucas 9, 23-26

En aquel tiempo, dirigiéndose a todos, dijo Jesús: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo? Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, con la del Padre y la de los ángeles santos”.

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El maná de cada día, 11.10.17

octubre 11, 2017

Miércoles de la 27ª semana de Tiempo Ordinario

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El Señor es compasivo y misericordioso


PRIMERA LECTURA: Jonás 4, 1-11

Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: «Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.»

Respondióle el Señor: «¿Y tienes tú derecho a irritarte?»

Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad.

Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino.

Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer.

Deseó Jonás morir, y dijo: «Más me vale morir que vivir.»

Respondió el Señor a Jonás: «¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?»

Contestó él: «Con razón siento un disgusto mortal.»

Respondióle el Señor: «Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?»


SALMO 85, 3-4. 5-6. 9-10

Tú, Señor, eres lento a la cólera y rico en piedad.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.

Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios.»


ALELUYA: Rm 8, 15bc

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «!Abba¡, Padre.»


EVANGELIO: Lucas 11, 1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”»
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NOTA INTRODUCTORIA AL LIBRO DE JONÁS, Biblia Latinoamericana

El libro de Jonás es un cuento, pero su autor mereció haber sido profeta, puesto que enfatizó aquí con mucha claridad algunas verdades que olvidaban los de su tiempo. En la narración graciosa critica, no a los idólatras o a los impíos, sino a los mismos judíos piadosos, que, encerrados en su nacionalismo, olvidan fácilmente que Dios es el Dios de todos los hombres.

Jonás se niega a obedecer el llamado de Yavé: Posiblmente porque no se siente responsable de la salvación de esos  “moros” ninivitas (“perros”, gentiles). Está durmiendo mientras los marineros, paganos bien simpáticos, tratan de salvar el barco (lo cual no es obra religiosa, pero también interesa al piadoso Jonás). Se alegra de pensar en el castigo de Dios que va a caer sobre los pagnas de Nínive. Se queja de la misericordia de Yavé con los ninivitas, porque su propia reputación va a sufrir con ello.

Dios dirige al mundo con visión muy amplia y generosa. Por ser creador de todos se siente responsable de todos y quiere salvar a hombres y animales, sin mirar la raza o la religión. Jonás, en cambio, representa a los creyentes que, aunque conocen a Dios, conservan un espíritu mezquino y rencoroso, y calumnian el bien que hacen los hombres sin religión, porque tienen miedo a que la gente haga una comparación desfavorable para los cristianos.

Esta narración profética era muy conocida de los judíos. Jesús la menciona dos veces en el Evangelio: la conversión de los ninivitas, Lc 11, 30; y la comparación con los tres días que pasó Jonás en el pez, Mt 12, 40.

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El cristiano no es vengativo porque en él triunfa siempre la misericordia, dice el Papa

octubre 10, 2017

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Jonás era un “testarudo” aunque más que eso, “era un rígido”, porque estaba “enfermo de rigidez” y tenía “el alma almidonada”

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El cristiano no es vengativo porque en él triunfa siempre la misericordia, dice el Papa

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 10 Oct. 17 / 05:16 am (ACI).- El Profeta Jonás fue el protagonista de la homilía del Papa Francisco en Santa Marta, donde el Pontífice aprovechó para denunciar a los rígidos de corazón y a los que se vengan cuando alguien les ha hecho mal.

Francisco recordó cómo Dios le pide convertir la ciudad de Nínive, pero la primera vez lo rechaza y la segunda acepta, aunque permanece “indignado”, “enfadado” por el perdón que Dios concede al pueblo.

Jonás era un “testarudo” aunque más que eso, “era un rígido”, porque estaba “enfermo de rigidez” y tenía “el alma almidonada”.

“Los testarudos del alma, los rígidos, no entienden lo que es la misericordia de Dios. Son como Jonás: ‘debemos predicar esto, que estos sean castigados porque han hecho mal y tienen que ir al infierno’. Los rígidos no saben alargar el corazón como el Señor”, señaló.

“Los rígidos son pusilánimes, con el pequeño corazón cerrado, apegados a la justicia desnuda. Y olvidan que la justicia de Dios se ha hecho carne en su Hijo, se ha hecho misericordia, se ha hecho perdón; que el corazón de Dios siempre está abierto al perdón”.

Y lo que olvidan los testarudos es que “la omnipotencia de Dios se hace ver, se manifiesta sobre todo en su misericordia y en el perdón”.

“No es fácil entender la misericordia de Dios, no es fácil. Se necesita mucha oración para entenderla porque es una gracia. Estamos acostumbrados al ‘me has hecho esto, yo te lo devuelvo’; a esa justicia de ‘lo has hecho, lo pagas’. Pero Jesús ha pagado por nosotros y continúa pagando”.

El Papa hizo notar que Dios había podido dejar a Jonás en su testarudez y su rigidez, sin embargo le habló y lo convenció. “Es el Dios de la paciencia, el Dios que da caricias, que sabe alargar los corazones”.

“Este es el mensaje de este libro profético”, aseguró. Es “un diálogo entre la profecía, la penitencia, la misericordia y la pusilanimidad o la testarudez”. Pero “siempre triunfa la misericordia de Dios, porque es su omnipotencia que se manifiesta justo en la misericordia”.

“Me permito aconsejarles que tomen la Biblia y lean este Libro de Jonás –es muy pequeño, son tres páginas– y miren cómo actúa el Señor, cómo es su misericordia, cómo el Señor transforma nuestros corazones”.

Lectura comentada por el Papa:

Primera lectura

Jonás 3:1-10
1 Por segunda vez fue dirigida la palabra de Yahveh a Jonás en estos términos:
2 «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad y proclama el mensaje que yo te diga.»
3 Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra de Yahveh. Nínive era una ciudad grandísima, de un recorrido de tres días.
4 Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.»
5 Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor al menor.
6 La palabra llegó hasta el rey de Nínive, que se levantó de su trono, se quitó su manto, se cubrió de sayal y se sentó en la ceniza.
7 Luego mandó pregonar y decir en Nínive: «Por mandato del rey y de sus grandes, que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado ni pasten ni beban agua.
8 Que se cubran de sayal y clamen a Dios con fuerza; que cada uno se convierta de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos.
9 ¡Quién sabe! Quizás vuelva Dios y se arrepienta, se vuelva del ardor de su cólera, y no perezcamos.»
10 Vio Dios lo que hacían, cómo se convirtieron de su mala conducta, y se arrepintió Dios del mal que había determinado hacerles, y no lo hizo.