Oración de la Madre Viuda por su familia. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica

septiembre 10, 2019

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El estado de viudez no es el ocaso fatalista y destructor de la persona, sino un estado de plenitud y satisfacción por lo realizado en la vida con ayuda del esposo y de Dios, sobre todo en la propia familia.

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Oración de la madre-abuela Viuda. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica

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Esta Oración de la madre-abuela Viuda completa la secuencia de cuatro oraciones que son las más usadas entre las madres afiliadas a la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

El orden en que han sido presentadas y publicadas en este blog, https://ismaelojeda.wordpress.com/, refleja el orden de importancia de las distintas etapas y experiencias que vive la mujer en el desarrollo de su vocación humana y cristina, personal y familiar, sobre todo.

La primera, Oración de la Madre por la fe de los hijos, es la oración primera y fundamental que despierta y afirma la vocación de la madre cristiana. La madre desarrolla una función fundamental en el matrimonio. Y la oración expresa el común denominador de las madres cristianas: preocupación por trasmitir a los hijos la vida y la fe. Por eso, es la más usada, la oración básica de todas las madres pertenecientes a la Asociación; la programática. Vale para todas las madres sin excepción, ya sean solteras o casadas, separadas, viudas…

Pero para llegar a ser madre debe ser, antes y a la vez o simultáneamente, esposa. Primero madre, en cuanto a la pedagogía de la evangelización de la familia, comenzamos por la madre; pero no en cuanto al orden de prioridad o importancia. Primero y principalmente, “esposa”. La vida no se engendra, no se trasmite ni llega a plenitud sino dentro de una comunidad de amor. El individuo no puede generar ese tipo de vida plena, ni acompañarla integralmente. De ahí la conveniencia de recurrir a la Oración de los Padres por la fe de los hijos, cuando los esposos y padres quieren orar juntos y consolidar así su mutua relación y su amor a los hijos.

La tercera oración, Oración de la madre gestante y de los padres que esperan prole, incide en el misterio de la generación y trasmisión de la vida y de la fe a la nueva criatura, regalo de Dios a los esposos que los convierte en padres. En la medida en que sean buenos esposos serán buenos padres. Los hijos son fruto del amor matrimonial y tienen valor por sí mismos. No vienen a solucionar los problemas de los padres, no pueden ser “utilizados” por ellos.

Esta oración ayudará a los esposos y padres a vivir mejor una experiencia única en su vida personal y conyugal: la maternidad y paternidad, experiencia de plenitud humana. Ya no habrá más sorpresas fundamentales en su vida, sino amar y dejarse amar, querer a fondo perdido, incondicionalmente: sin reclamar nada ni al cónyuge ni a los hijos. Hacer de la dicha y felicidad de estos su propio contento, hasta desaparecer de escena, quedándose con lo que uno mismo es o con lo que comparten en santa convivencia matrimonial, siempre en Dios.

Y para concluir, la cuarta oración, Oración de la madre-abuela Viuda. Fue solicitada por algunas madres “mónicas” que vivían su condición de viudez y querían saber más sobre los planes de Dios en esa situación. Porque no se resignaban a que su convivencia conyugal, forjada a lo largo de tantos años, cayera al vacío. Teniendo en cuenta esta inquietud y atendiendo al hecho de que las esposas viven por lo general más que sus maridos y suelen sobrepasarlos en varios años… preparamos esta oración para las madres mónicas viudas que publicamos hoy.

Adelantando el contenido, partimos de que nuestra fe nos asegura que a pesar de las “pérdidas” que sufren las viudas, las penurias, la soledad… Dios no las abandona jamás, y menos a ellas que, a veces pueden sentir que sólo él las atiende de verdad. La Biblia suele presentar a Dios como el padre de los pobres y los huérfanos, y defensor de las viudas. Son las personas preferidas del amor, la ternura y la justicia de Dios.

Para concluir, afirmamos que Dios quiere que el estado de viudez, no sea el ocaso fatalista y destructor de la persona, sino más bien un estado de plenitud y satisfacción por lo realizado en la vida con ayuda del esposo y de Dios, sobre todo en la propia familia. Plenitud de vida por la serenidad, madurez de los años y la experiencia acumulada en los avatares de la existencia. Plenitud de alegría y disfrute al confiar a sus hijos, nietos y aun biznietos, al cuidado de Dios. En fin, una vida en el Espíritu gozosa al sentir la misericordia y el perdón de Dios que todo lo cubre, abandonándose cada vez más en las manos del Padre.

Santa Mónica, viuda

            Santa Mónica enviudó a los 41 años. Un año antes su esposo Patricio había recibido el bautismo. El gozo de Mónica fue extraordinario, pues Dios le había concedido uno de sus anhelos, probablemente el mayor de su vida, desde que conoció y se enamoró de Patricio. Sin embargo, poco le duró a Mónica la dicha de compartir plenamente con su esposo la misma fe.

Santa Mónica queda sola, con tres hijos. El mayor, Agustín, con dieciocho años, está cursando estudios superiores en Cartago. Con ella quedan en Tagaste los dos menores, Perpetua y Navigio.

Cuando Agustín concluye la carrera, vuelve a Tagaste con su mujer y su hijo Adeodato. Su intención es ayudar a la familia y ejercer su profesión. En Cartago se había afiliado a la secta maniquea con bastante entusiasmo. Ahora quiere convencer a sus amigos y familiares para que dejen la fe católica y se hagan maniqueos. Santa Mónica lo recibe en casa.

Pero cuando descubre que peligra la fe católica de sus familiares por el proselitismo de Agustín, lo echa de la casa. Un amigo de la familia, Romaniano, acoge en su casa al joven Agustín y a los suyos. Sólo cuando Santa Mónica recibe una señal divina de la futura conversión de su hijo, lo recibirá de nuevo en la casa.

Santa Mónica reza por la conversión de su hijo con lágrimas abundantes hasta recibir otra señal del cielo por medio de un obispo que le aseguró: “No puede perderse el hijo de tantas lágrimas”. Agustín decide volver a Cartago. Santa Mónica deja Tagaste y se va a Cartago porque quiere estar cerca de su hijo. Después se embarca y lo sigue hasta Roma y Milán, y no descansa hasta verlo convertido y bautizado en la fe católica.

Cuando se disponía a regresar al África con Agustín y toda la familia, la muerte le sorprende en el puerto de Ostia Tiberina, a los 56 años. Santa Mónica renuncia a descansar en la tumba que había reservado junto a su esposo en Tagaste. Piensa que es secundario estar enterrada en uno u otro lugar, y encarga a su hijo Agustín que rece a Dios por ella en la celebración de la eucaristía.

Por estos hechos y por otros muchísimos más detalles, santa Mónica es ejemplo para las madres cristianas viudas y modelo en las diversas circunstancias de la vida hasta que Dios las llame a reunirse con el esposo en la gloria eterna.

Oración de las Madre Viuda por su familia.  

Padre y Señor nuestro, somos madres cristianas viudas. Creemos que tú eres padre de los pobres, defensor de las viudas y protector de los huérfanos. De ahí que, con toda confianza, recurrimos a ti buscando consuelo y fortaleza, pues con frecuencia nos sentimos tristes y abandonadas. Creemos que tú eres el único que nos puede comprender plenamente.

Por ello te damos gracias, y en especial te agradecemos el esposo que nos diste. Queremos aceptar con resignación y alegría que ya descanse en ti. Tú sabrás tratarlo con misericordia. A tus manos lo confiamos. De ti lo recibimos, a ti lo devolvemos, y en ti esperamos encontrarlo para siempre.

Ahora reconocemos agradecidas que nuestros esposos fueron un don y sacramento de tu amor para nosotras y nuestros hijos. Te pedimos perdón porque no siempre supimos verlos y tratarlos según tus planes. Aunque nos falta ahora su presencia física, sentimos, sin embargo, cada día más que nos acompañan espiritualmente en todas nuestras preocupaciones.

Te bendecimos porque tú, Señor y Padre nuestro, todo lo dispones para nuestro bien. Deseamos cumplir tu voluntad, y queremos darte gracias siempre y por todo lo que permites que nos suceda.

Finalmente, te damos gracias porque en nuestro desvalimiento nos ofreces el ejemplo maravilloso de santa Mónica, que hizo felices a los suyos llevándolos a ti y alcanzando ella misma la plena felicidad en ti.

Al amparo de tan admirable intercesora, te presentamos nuestras necesidades repitiendo esta plegaria: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como santa Mónica ya viuda, saquemos fuerza de la debilidad y seamos padre y madre de nuestros hijos en todas sus necesidades, sobre todo espirituales. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que sintamos la compañía de nuestros esposos, que nos contemplan desde el cielo y ruegan por nosotras, y así podamos perseverar en nuestra vocación hasta el final. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que sepamos perdonar y olvidar las ingratitudes y ofensas causadas por nuestros maridos ya difuntos.¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o nietos el germen de una consagración religiosa o sacerdotal, seamos generosas colaboradoras de su vocación. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que seamos respetuosas con nuestros hijos y nietos en sus asuntos personales y familiares, sin renunciar a nuestra colaboración a fin de que puedan construir verdaderos hogares cristianos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, en nuestra condición de viudas, Dios sea nuestro consuelo y fortaleza, que nos permita experimentar la plenitud de vida: continuación e incluso superación de la dicha que gozamos con nuestros maridos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como viudas cristianas, cultivemos con más ahínco la vida espiritual y el compromiso en las tareas apostólicas de la parroquia y de la Iglesia. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que busquemos, con verdadero celo apostólico, a las madres viudas como nosotras, que se sienten solas o deprimidas, y logremos acercarlas a Dios. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, en el trato con otras madres viudas, nos interesemos por sus necesidades, las acompañemos con prudencia y solidaridad hasta despertar en ellas su vocación cristiana, y logremos integrarlas a la vida de la Iglesia ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre de la Consolación, que te mostraste a santa Mónica ya viuda, y la consolaste dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos y nietos firmes en la fe cristiana que en ellos sembramos desde su más tierna infancia, y felices por la sincera práctica religiosa. Amén.

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Asociación Madres Cristianas Santa Mónica. Agustinos Recoletos. Provincia Santo Tomás de Villanueva

ismaelojeda.wordpress.comhttps://www.facebook.com/ismael.ojedalozanowww.agustinosrecoletos.com

P. Ismael Ojeda Lozano


El maná de cada día, 28.8.19

agosto 28, 2019

San Agustín, Nuestro Padre, obispo y doctor de la Iglesia

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¡Felicidades a la familia agustino-recoleta y a todas las comunidades agustinianas del mundo. Seamos lo que somos por gracia: Hijos del gran Agustín!
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Claudio Coello. Triunfo de San Agustín. Óleo sobre lienzo. 1664. Museo del Prado. Madrid

Claudio Coello. Triunfo de San Agustín. 1664. Museo del Prado. Madrid

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Antífona de entrada: Re 4, 29.31c

Dios le concedió sabiduría e inteligencia muy grandes y un corazón dilatado; su nombre se extendió por todos los pueblos.


Oración colecta

Renueva, Señor, en tu Iglesia el espíritu que infundiste en san Agustín, obispo, y así también nosotros, sedientos de la verdadera sabiduría nunca cesemos de buscarte, fuente viva de amor eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 2, 42-47

Después del día de Pentecostés, los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.


SALMO 83, 2-6.11

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.

Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.


SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 4, 1-8

Querido hermano: Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.

Tú estate siempre alerta; soporta lo adverso, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.


Secuencia (Ad libitum)

De un abismo de tinieblas
brota una luz esplendente
que hoy para el mundo fulgura.

Agustín, el que había sido
presa del error, es dado
como un honor a la Iglesia.

A la llamada divina,
abraza la fe, y se acerca
a la fuente del bautismo.

Con elocuencia combate,
y en sus escritos condena
sus pasados extravíos.

Confirma la fe; modela
las costumbres; su palabra
destruye el error y el vicio.

Enmudece Fortunato,
deden Manes y Donato
al fulgor de su palabra.

Aquel mundo en decadencia,
ebrio de opiniones vanas
y turgente de herejías,

Fruto abundante comienza
a producir, cuando esparce
la fe, Agustín, por el orbe.

Según norma de los fieles
de Jerusalén, ajusta
la vida del monacato.

Pues sus hermanos vivían
en común, sin nada propio
que considerasen suyo.

Para salvación del hombre
él cultivó de por vida
las virtudes: murió anciano,
y reposó con sus padres.

Nada dejó en testamento
quien nada propio tenía,
pues los bienes reputaba
comunes con sus hermanos.

Salve, modelo de sabios,
de Cristo luz, voz celeste,
pregonero de la vida,
lumbrera de los doctores.

Los que Padre te proclaman,
teniéndote como guía,
consigan la vida eterna
en la gloria de los santos.
Amén.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 14

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí.


EVANGELIO: Juan 10, 7-18

En aquel tiempo dijo Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí, se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».


Antífona de comunión: 1 Cor 10, 17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.


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¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste.

Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud.

Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hech­o por ella. La conoce el que conoce la verdad.

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo.

Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba:

«Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».

Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía:

Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.

¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.


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Textos de la Misa de Santa Rita de Casia (Misal agustiniano)

mayo 22, 2019

 

22 DE MAYO 2019

SANTA RITA DE CASIA, RELIGIOSA

MEMORIA, FIESTA Y HASTA SOLEMNIDAD (según los lugares)

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RITA-OVAL2
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Nació en Roccaporrena (Casia) hacia el año 1380. Según la tradición, era hija única y desde su juventud deseó consagrarse a Dios, pero ante la insistencia de sus padres, a la edad de 14 años se casó con un joven de buena voluntad pero de carácter violento. Con su bondad logró limar las asperezas del marido viviendo con él en armonía.

Tras 18 años de matrimonio, su marido fue asesinado. Rita no sólo perdonó a los asesinos, sino que en la oración llegó a confiar al Señor que prefería ver a sus hijos muertos antes que sumidos en el abismo de la venganza. Los dos murieron poco después del asesinato del padre.

Sin obligaciones en esta vida y con el corazón rebosante de amor, Rita se esforzó por llevar a la práctica el deseo de su juventud. Tuvo que luchar para convencer a su familia, a la de su marido y a la del asesino para llegar a una reconciliación pública.

Sólo entonces pudo traspasar las puertas del monasterio agustino de Santa María Magdalena de Casia. En él vivió durante 40 años dedicada a las prácticas de la vida monástica y durante los últimos 15 años llevó en la frente la señal de una espina de la Pasión del Señor.

Murió en la noche de sábado 22 de mayo de 1457 del calendario pisano, equivalente al 1456 del calendario actual. Rasgo peculiar de la santa es su paso por todos los estados de la vida: doncella, esposa, viuda y religiosa; y en todos ellos dio abundantes pruebas de abnegación y generosidad, siendo siempre mensajera de paz y reconciliación.

Su cuerpo se venera en el santuario de Casia, donde continúa atrayendo a multitud de devotos.


RITO INICIALES

ANTÍFONA Y MONICIÓN DE ENTRADA

Celebramos con alegría la fiesta de santa Rita de Casia. Es, sin duda, una de las santas más populares de la Iglesia y su culto se ha extendido por todo el mundo. Nació hacia el año 1380 y murió el 22 de mayo de 1456. Fue esposa, madre, viuda y, finalmente, religiosa después de haber visto morir a sus dos hijos.

Durante cuarenta años vivió en el convento agustiniano de Santa María Magdalena de Casia. En todo tiempo dio pruebas de una generosidad sin límite, siendo siempre mensajera de paz y reconciliación. Su cuerpo se venera en el santuario agustiniano de Casia.

Unidos a nuestra Santa decimos, con el apóstol san Pablo (Ga 6, 14): Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo (T. P. Aleluya).

Al celebrar la fiesta de santa Rita, nos acogemos a su intercesión, para que nos consiga la gracia de ser fieles imitadores de Cristo, como ella lo fue.


ACTO PENITENCIAL

Iniciamos la celebración eucarística pidiendo a Dios nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y aumentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Se dice: GLORIA


ORACIÓN COLECTA

Señor, te rogamos nos concedas la sabiduría y fortaleza de la cruz, con que enriqueciste a santa Rita, para que, compartiendo las tribulaciones con Cristo, podamos asociarnos más íntimamente a su misterio pascual. Él, que vive y reina…
R/. Amén.


LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Rita se esforzaba en enseñar a sus hijos con todas sus fuerzas las buenas costumbres.
(De la vida de Santa Rita, escrita por CAVALLUCCI, cap. 1. Siena, 1610, p. 6.)

Lectura del libro de los Proverbios 2, 1 15

Hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandamientos, prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, entonces tendrás el temor del Señor y la ciencia de Dios encontrarás.

Porque el Señor es el que da la sabiduría, de su bondad nacen la ciencia y la prudencia. Reserva para los rectos el auxilio, que es escudo para quienes proceden con entereza, vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos.

Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud, todos los senderos del bien. Cuando entre la sabiduría en tu corazón y la ciencia sea dulce para tu alma, velará sobre ti la reflexión, y la prudencia te guardará, apartándote del mal camino, del hombre que propone planes perversos, de los que abandonan el recto sendero para ir por caminos tenebrosos, de los que se gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad, cuyos senderos son tortuosos y sus sendas llenas de revueltas.

PALABRA DE DIOS

O bien:

No te dejes vencer por el mal; vence al mal a fuerza de bien

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 12, 9 21

Hermanos: Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu manteneos ardientes.

Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Contribuid en las necesidades del Pueblo de Dios; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.

Con los que ríen estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde. No presumáis de listos. No devolváis mal por mal. Procurad la buena reputación entre la gente.

En cuanto sea posible, por vuestra parte, estad en paz con todo el mundo. Amigos, no os toméis la venganza; dejad lugar al castigo divino; porque está escrito: «La venganza es mía, yo daré lo merecido», dice el Señor.

Más aún si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; y así lo abrasarás de remordimiento. No te dejes vencer por el mal; vence el mal a fuerza de bien.

PALABRA DE DIOS


SALMO RESPONSORIAL Sal 26, 1. 3. 4. 5. 11. 13 (R/. 14a)

R/. ESPERA EN EL SEÑOR, SÉ VALIENTE.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

R/.
Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

R/.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor contemplando tu templo.

R/.
El me protegerá en su tienda el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca.

R/.
Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

R/.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. R/.


ALELUYA 1 Jn 4, 16b

R/. Aleluya, aleluya.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
R/. Aleluya.


EVANGELIO

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 1 14

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto, lo arranca; y a todo el que da fruto, lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera como el sarmiento, y se seca: luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

PALABRA DEL SEÑOR


ORACIÓN DE LOS FIELES

R/. Presentemos ahora al Padre nuestras súplicas y peticiones por medio de santa Rita de Casia intercesora y abogada nuestra.

—Por la santa Iglesia de Dios; para que sus hijos logren la perfección en todos los estados de vida, y, a ejemplo de santa Rita, sean signos de perdón y reconciliación: roguemos al Señor.

—Por las madres de familia; para que desempeñen con entusiasmo su tarea educadora y logren que reine en el hogar el amor y la comprensión: roguemos al Señor.

—Por las viudas que viven en soledad, por los matrimonios separados, por las familias que sufren, por los que viven atribulados por las dificultades de esta vida; para que experimenten la protección de Dios: roguemos al Señor.

—Por nuestros familiares y amigos difuntos; para que gocen de la Pascua eterna: roguemos al Señor.

—Por los que celebramos con gozo la fiesta de santa Rita; para que, siguiendo sus ejemplos, vivamos con autenticidad el Evangelio, amándonos y perdonándonos mutuamente: roguemos al Señor.
(se pueden añadir otras intenciones)

Oh Dios, escucha benignamente las oraciones de los que te suplican y, por intercesión de santa Rita de Casia, extiende sobre nosotros tu mano protectora. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.


LITURGIA EUCARÍSTICA

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Traspasa, Señor, nuestro corazón con la espina de un dolor saludable, para que, libres de todo pecado, podamos ofrecerte con alma pura este sacrificio de alabanza. Por Jesucristo.
R/. Amén.

PREFACIO

El peso de Santa Rita era su amor

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

V/. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque nos has dado en Santa Rita
un modelo insigne de amor a Ti,
y en Ti y por Ti a toda la humanidad.

El amor fue el peso de su vida
y por él fue llevada a través de todos los estados
de su peregrinación por este mundo,
meditando continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo.

Convertida en ejemplo de penitencia y caridad,
Rita experimentó con gozo la exigencia sublime del amor,
que lleva a los hombres por la cruz del sufrimiento
a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

Por eso, con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria.

R/. Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.


RITO DE LA COMUNIÓN

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Jn 15, 5
El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, dice el Señor, aleluya.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

R/. Alimentados con los sacramentos celestiales, te rogamos suplicantes, Padre, que llevemos impresos en nuestra mente los signos de caridad y pasión de tu Hijo, y gocemos continuamente del fruto de una paz perpetua. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.


RITO DE CONCLUSIÓN

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO

R/. Vuelve, Señor, hacia ti el corazón de tu pueblo;
y tú que le concedes tan grandes intercesores
no dejes de orientarle con tu continua protección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

APUNTE BIOGRÁFICO

Pocos santos han calado tanto en la devoción del pueblo como Rita de Casia. Modelo de esposa, madre, viuda y religiosa, nació en Roccaporena (Italia), a pocos kilómetros de Casia, el 22 de mayo del año 1380 ó 1381.

A los dieciséis años se unió en matrimonio con Fernando Manzini y fueron padres de dos hijos varones. Contribuyó de forma decisiva a la conversión de su esposo. El odio generado por las luchas políticas entre grupos, segó la vida de su marido.

Supo perdonar a los asesinos, pero descubrió con dolor que sus hijos preparaban la venganza. Sin dudarlo un instante, manifestó a Dios que prefería verlos muertos a manchados de sangre homicida. Ambos hijos enfermaron y murieron muy jóvenes.

Rita viuda y sin hijos ingresó entonces en el monasterio agustiniano de santa María Magdalena de Casia, donde vivió cuarenta años sirviendo a Dios fielmente y a la comunidad con dedicación y generosidad exquisitas.

“¿Cuál es el mensaje que nos transmite esta santa?”, se preguntaba san Juan Pablo II ante los peregrinos devotos de Santa Rita llegados a Roma el sábado 20 de mayo del año 2000.

El Papa respondía: “La santa de Casia es una de las numerosas mujeres cristianas que ‘han incidido significativamente tanto en la vida de la Iglesia como en la sociedad’ (Mulieris dignitatem, 27). Rita interpretó bien el ‘genio femenino’: lo vivió intensamente, tanto en la maternidad física como espiritual”.

Y, con motivo del VII Centenario del nacimiento de santa Rita, escribía el Papa que Rita es santa “no tanto por la fama de los prodigios que la devoción popular atribuye a la eficacia de su intercesión ante Dios omnipotente, cuanto por su sorprendente ‘normalidad’ en la vida cotidiana, vivida por ella como esposa y madre, después como viuda y, por fin, como monja Agustina”.

Fue beatificada en 1628 por Urbano VIII y proclamada santa por León XIII el 24 de mayo de 1900.

 


Novena a Santa Rita de Casia (3), 15.5.19

mayo 15, 2019

DÍA TERCERO
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RITA, ESPOSA ENAMORADA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que Rita se desposó con el joven que le proponían sus padres, bien dispuesto aunque de carácter impulsivo. Rita pasó, sin duda, por un proceso de enamoramiento, a la vez sinceramente humano y libre, y a la vez, profundamente creyente, voluntarioso. En ello buscaba no tanto sus conveniencias egoístas sino la mayor gloria de Dios.

Rita, pues, se fue enamorando de Fernando, consciente y libremente; lo consideraba como un regalo maravilloso de Dios para ella: la prueba más palpable, después de sus padres, de que Dios la amaba, la valoraba, y quería verla feliz. Pues le regalaba un hombre que le perteneciera en exclusiva y de por vida.

Y Rita así aceptaba a Fernando. Por tanto se desposó tiernamente enamorada de Fernando y dando gracias a Dios por ese don inmerecido que le entregaba para siempre. Por su parte, ella se comprometió a quererlo, también para siempre, en el amor del Señor.

Por eso, dicen los biógrafos, que, como esposa, Rita procuraba conocer los deseos y necesidades de su esposo para complacerlo en todo lo que no se opusiera a la ley de Dios.

En este proceso entró el sentimiento y la voluntad debidamente balanceados que garantizan un amor maduro, verdadero: que involucra a toda la persona y para siempre.

Su esposo Pablo Fernando, dicen los biógrafos, era un hombre difícil, de carácter violento; por lo cual, además de hacer sufrir a Rita en el hogar, le acarreaba sin duda conflictos en la vida pública: enredos con malas compañías en diversiones peligrosas y juegos de azar, lo cual levantaba comentarios que comprometían a Rita y a los hijos.

Esta dificultad en la relación con su esposo, mal ejemplo a los hijos y escándalos en la sociedad, lejos de desanimar a Rita, la espoleaban para acoger a su esposo con mayor ternura, tratando de comprenderlo y perdonarlo, devolviendo bien por mal. Trataba además de reconciliar a las partes enemistadas como lo había aprendido de sus padres.

Como la mujer fuerte de la Escritura, no cedía a los lamentos depresivos, ni a la autoconmiseración. También sabía vencer la tentación de mendigar la justicia humana y las falsas compasiones, ya que le había tocado en suerte un mal esposo, le había salido malo…

Por supuesto que Rita tampoco hacía caso de las insinuaciones de la gente para que respondiera devolviendo mal por mal. Aunque le costaba entender y sobre todo practicar el perdón y la misericordia, Rita quería creer que Dios permitía todo aquello para bien. Él le daría fuerzas para llevarlo todo a buen puerto.

Buscaba en Dios, más que nunca, la fortaleza necesaria para devolver bien por mal, para no quejarse, ni acusar, ni maldecir, ni buscar ávidamente compasiones humanas.

Al revés, de su debilidad sacaba fuerzas para consolar y animar a sus hijos, para visitar a los enfermos llevándoles consuelo: ayudaba a los pobres y necesitados cuanto se lo permitían los deberes del hogar.

De esta manera, Rita aprendió a ser y a sentirse plena y feliz, aunque no fuera correspondida por su esposo Fernando. En la oración y en la vida diaria de servicio y fidelidad, Dios le fue enseñando que su felicidad no dependía de la correspondencia de su esposo y de sus hijos.

Si así fuera, debería sentirse fatalmente infeliz para siempre. Así se sentían algunas mujeres que estaban fracasando en su matrimonio y que se compadecían de Rita por los extravíos de su marido, y por su mala suerte en el matrimonio.

¿Pero no sería Dios capaz de hacerla feliz aun en medio de esas circunstancias que ella no podía cambiar ni había buscado?

Si la felicidad de Rita dependía irremediablemente de la correspondencia de su esposo y de sus hijos, Dios sería injusto. La condenaría a ser infeliz y desdichada en su vida. Pero no, Rita entendió que su felicidad dependía sólo de ella y de Dios. Al casarse se había unido a su esposo por amor a Dios, y a Dios le había prometido hacer feliz a su esposo y a llevarlo por el camino del bien. Y eso nadie se lo podía prohibir ni tampoco impedir.

Por otra parte, Dios sería el más interesado en darle esa posibilidad, porque para los hombres es imposible devolver bien por mal y ahogar el mal a fuerza de bien. Y ese amor divino derramado en ella sería fuente de felicidad. Más feliz es el que más ama…

Así, Rita aprendió a tener en Dios al mejor de los esposos y al mejor padre de sus hijos. Y al amar a Dios y por su amor hacer el bien a discreción, Rita se llenaba de felicidad y de satisfacción al sentirse creadora y redentora de los suyos en Dios, colaborando con Dios de manera incondicional como esposa y madre, desarrollando al máximo toda su feminidad y su maternidad, como mujer transformada por el Espíritu.

Pero lo que más le preocupaba a Rita era la conversión de su esposo, y por esta intención oraba sin interrupción. Al fin, Dios le concedió la gracia de la conversión y cambio de su esposo.

Esto le causó una inmensa alegría, que apenas pudo disfrutar, porque al poco tiempo su esposo Pablo Fernando, según dicen las crónicas, murió asesinado en una emboscada que le tendieron de noche cuando regresaba a casa. No sabemos el motivo.

Rita supo encajar este duro golpe de la vida con dignidad y entereza. Le arrebataban lo que más amaba de la vida, después de Dios. Su sufrimiento fue sereno, dando ejemplo a sus hijos, perturbados por la muerte cruel e injusta de su padre.

Lamentablemente, los dos hijos, entre desconcertados y dolidos, son instigados a la venganza y al odio. Rita tendrá que ayudarlos a perdonar, a olvidar y a amar a los asesinos de su propio padre.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

El primer relato bíblico de un matrimonio ritual entre judíos lo encontramos en Génesis 24, 1-53. Del texto se desprende que el matrimonio entre creyentes judíos está en función del cumplimiento de la Promesa. Leamos:

Abraham era ya muy viejo. Yahvé le había favorecido en todo. Abraham dijo a su servidor más antiguo, que era su mayordomo: “Te ruego pongas tu mano bajo mi muslo. Me vas a jurar por Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer entre las hijas de los cananeos que nos rodean. Sino que tú irás a mi país a buscar, entre mi parentela, una mujer para mi hijo Isaac”.

El servidor respondió: “Y si la mujer no quisiera venir conmigo a esta tierra, ¿deberé llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?”

Abraham contestó: “Por ningún motivo llevarás para allá a mi hijo, pues Yahvé, Dios del cielo y de la tierra, que me sacó de la familia de mi padre y del país donde nací, me prometió con juramento que entregará este país a mi descendientes.

Yahvé enviará a su ángel delante de ti y tú tomarás allá una mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, estarás libre de este juramento; pero tú, en ningún caso lleves para allá a mi hijo”.

El mayordomo oró así: “Yahvé, Dios de mi patrón Abraham, haz que me vaya bien hoy y muestra tu benevolencia para con mi patrón Abraham. Voy a quedarme junto a la fuente, ahora que las muchachas de la ciudad vienen a buscar agua.

La joven a quien yo le dijere que incline su cántaro para que yo pueda tomar agua y ella me respondiere: ‘Toma y voy también a dar de beber a tus camellos’, haz que sea ella la que tú has destinado a tu servidor Isaac. Dame a conocer de este modo tu cariño para con mi patrón”.

Y más adelante, en los versículos 50 al 53, leemos:

Labán y Batuel dijeron al mayordomo de Abraham: “Se ve que la mano de Yahvé está en todo esto. No podemos oponernos. Ahí está Rebeca, llévatela y que sea la esposa del hijo de tu patrón como lo ha mandado Yahvé”.

Cuando el servidor de Abraham oyó lo que decían, se echó a tierra para adorar a Yahvé. Luego sacó joyas de oro y plata y vestidos, los que dio a Rebeca. Hizo también buenos regalos a su hermano y a su madre y familiares. Llamaron a Rebeca y le preguntaron: “¿Quieres irte con este hombre?” “Sí, me voy”, contestó.

Entonces dejaron partir a su hermana Rebeca y a su nodriza con el servidor de Abraham y con sus hombres.

En Tobías 7, 9-16, encontramos los detalles ceremoniales de la celebración del matrimonio:

Entonces Ragüel llamó a su hija Sara, le tomó la mano, se la entregó a Tobías, diciendo: “recíbela por esposa, según la ley y lo que está escrito en el libro de Moisés. Llévala a la casa de tu padre. El Dios del cielo los guíe por los caminos de la paz”.

Luego dijo a la madre que trajera una hoja de papiro, en ella escribió el contrato matrimonial, y lo firmaron. Terminado esto, se pusieron a comer y beber. Ragüel llamó a su esposa y le dijo: “Hermana, prepara otro dormitorio para Sara”.

Ella preparó la habitación y llevó a Sara, que se puso a llorar. La madre secó las lágrimas de su hija y le dijo: “Hija mía, ten confianza; que el Señor del Cielo te dé alegría en lugar de tristeza. Confianza, hija”. Y salió.

En el capítulo 8, 1 y siguientes, leemos:

Después de la cena, hablaron de acostarse y acompañaron al joven de la sala donde había comido a su habitación… Mientras tanto, los padres habían salido de la habitación.

Entonces Tobías dijo a Sara: “Levántate, hermana, y oremos para que el Señor tenga piedad de nosotros”. Luego dijo Tobías: “Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu nombre santo y glorioso por los siglos de los siglos; que los cielos y todas las criaturas te bendigan.

Tú creaste a Adán y le diste a Eva su mujer, como ayuda y compañera, para que de los dos naciera la raza humana. Tú dijiste: No está bien que el hombre esté solo, démosle una compañera semejante a él.

Ahora, Señor, tomo a mi hermana con recta intención y no buscando el puro placer. Ten piedad de nosotros y que podamos llegar juntos a nuestra ancianidad”. Ella respondió: “Amén”. Y se acostaron los dos para pasar la noche.

En el Nuevo Testamento encontramos maravillosas exhortaciones que, sin duda, Rita meditó y siguió ejemplarmente. Así, por ejemplo, en Efesios, 5, 22-33:

Que las esposas se sometan a sus maridos como al Señor. En efecto, el marido es cabeza de su esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo Salvador. Y así como la Iglesia se somete a Cristo, así también la esposa debe someterse en todo a su marido.

En otro lugar, el mismo san Pablo insiste: A los casados les ordeno, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe de su marido… Lo mismo que el marido no despida a su mujer.

Si alguna mujer tiene un esposo que, sin compartir su fe, está conforme en vivir con ella, no se divorcie, pues el esposo no creyente es santificado por su esposa, y la esposa no creyente es santificada por el marido que tiene fe… y los hijos también están consagrados a Dios (1 Corintios 7, 10-14).

Por su parte, san Pedro completa esta espiritualidad matrimonial: Que las mujeres obedezcan a sus maridos, y con eso seguramente ganarán a aquellos que se resisten a la predicación. Al verlas castas y serias en su conducta, esa misma conducta hará las veces de predicación.

No se preocupen tanto por lucir peinados rebuscados, collares de oro, vestidos lujosos, todas cosas exteriores. Sino que más bien, irradien de lo íntimo del corazón la belleza de un espíritu suave y tranquilo; eso sí que es muy precioso ante Dios (1 Pedro 3, 1-3).

Estas enseñanzas bíblicas sobre la familia se reflejan en la tradición agustiniana, de una manera específica, porque san Agustín tuvo una madre santa, Mónica. Es decir, Agustín forma parte de una familia de santos. Eso marca de manera especial el carisma que trasmite a sus hijos espirituales. La Orden agustiniana no surge de un individuo sino de una comunidad de santos: Agustín y Mónica.

De ahí que la Orden siempre ha presentado a la madre con el hijo, o al hijo con la madre; y así, necesariamente, ha iluminado el misterio de la familia humana. No es casualidad que santa Mónica haya sido presentada siempre en la Iglesia como modelo de esposa y de madre cristiana; y haya sido propuesta de manera especial por los agustinos.

Pues bien, desde niña, santa Rita estuvo en contacto con la espiritualidad agustiniana y debió de abrevarse en sus fuentes. El texto que vamos a reproducir enseguida refleja un paralelo providencial: Mónica y Rita, unidas en una vocación muy parecida, casi idéntica. Designios de Dios… San Agustín nos describe así el ejemplo de su madre:

“No callaré ninguno de los sentimientos que brotan en mi alma, inspirados por aquella sierva tuya que me alumbró en la carne para la vida temporal y me dio a la luz según su corazón para que renaciese a la vida eterna. No diré sus dones, sino tus dones en ella.

Educada en honestidad y templanza, y sujeta más por ti a sus padres que por sus padres a ti, llegada a la pubertad y entregada a su marido, sirvióle como a su señor y se afanó en ganarlo para ti. Hablándole de ti con sus costumbres, con las que la embellecías y hermoseabas haciéndola digna del respeto, del amor y de la admiración de su marido.

Y de tal manera soportó sus infidelidades que nunca tuvo por ello contienda con él; esperaba que tu misericordia descendiese sobre él, dándole al mismo tiempo la fe y la fidelidad.

Por otra parte, él era extremoso en el afecto, pero también fulmíneo en la ira. Pero ella tenía la prudencia de no enfurecerlo cuando estaba enojado, ni con obras, ni con palabras, y así, pasado el desahogo de la cólera y ya quieto y sosegado, aprovechaba ella la primera oportunidad para explicarle lo que había hecho, si él se había desmandado en la cólera…

Las amigas, sabedoras de lo feroz que era el marido de Mónica, se admiraban de cómo podía sobrellevarlo, hasta el punto de que no hubiera el menor indicio de que Patricio le hubiera puesto alguna vez las manos encima y hubiese tenido con ella alguna reyerta doméstica. Así era mi madre, siendo Tú su maestro íntimo en la escuela de su corazón.

Finalmente, ya en lo postrero de su vida temporal, ganó a su marido para ti y en él, fiel ya, no tuvo que llorar lo que había tenido que tolerar cuando era infiel” (Confesiones, Lib. 9, 8-9).

6. Consideraciones bíblico-teológicas

El relato del Génesis 24, enseña que el matrimonio está en función de la promesa de Dios, pues a Abraham se le prohíbe casar a su hijo con una mujer pagana, no judía, que anularía la realización de la promesa de Dios. Abraham quiere asegurar la descendencia a través de Isaac según la promesa del Señor y busca mujer para su hijo, pero una mujer que no aparte a su hijo de la fe recibida ni de la promesa de Dios.

El matrimonio, pues, no está en primer lugar en función de las conveniencias naturales o egoístas o familiares, sino que está siempre y en primer lugar en función de la gloria de Dios; no en función de los esposos, de sus gustos, realizaciones personales, sino en función de la realización del plan de salvación de Dios sobre los hombres.

Por otro lado, la felicidad de los esposos y la descendencia no sufrirán menoscabo por esa prioridad, sino al revés, quedarán garantizadas y perfeccionadas plenamente esas expectativas. Primero es la fidelidad al plan de Dios. La fe orienta al matrimonio y los hijos: antes que esposos y padres son creyentes.

El Antiguo Testamento ya nos proporciona la consistencia religiosa de la vida familiar. Cristo lo elevará a sacramento de su amor tierno y fiel a su propio Cuerpo, la Iglesia.

Por tanto, la fe entra de lleno en una experiencia tan fundamental en la vida humana como es la convivencia familiar. Los creyentes, por la fe se hacen esposos y padres. La fe constituye el fundamento suficiente y necesario para el matrimonio. Perfecciona cualquier otra motivación o fundamento.

Por tanto, la recepción del sacramento del matrimonio y la vivencia del mismo no constituyen algo opcional, sino algo necesario, para aquellos creyentes que deseen vivir esa experiencia como Dios lo ha dispuesto. El sacramento del matrimonio capacita a los que se casan ante Dios para superar lo que es imposible humanamente y amarse en toda la belleza y felicidad que Dios ha dispuesto sólo para sus hijos.

En la vida familiar, la relación constitutiva y fontal es la esponsal: ser y hacerse constantemente esposos, cada día más enamorados. Es la tarea más estimulante y la más difícil del matrimonio, la más fecunda y santificadora.

En el orden de importancia y de los principios aventaja a la relación de padres. La relación esponsal constituye la fuente de la felicidad de los esposos y padres. Por lo tanto, también para los hijos.

Por otra parte, solamente el amor de Dios puede garantizar la estabilidad y plena realización del matrimonio. En el matrimonio se comprometen tres: los esposos y Dios. La experiencia religiosa garantiza la fidelidad de los esposos, pues la alimenta constantemente.

Si falla una parte, Dios permanece fiel, dispuesto siempre a restaurar la unidad. Él consolará a la parte fiel, la robustecerá espiritualmente y además utilizará su dolor y sacrificio para salvar, tarde o temprano, pero de manera indefectible creemos, a la parte infiel.

Estamos seguros en la fe de que la parte equivocada no se puede perder para siempre, mientras haya fidelidad por la otra parte, pues Dios amontonará ascuas de remordimiento en el corazón del cónyuge infiel.

Y creemos que no se perderá por la misericordia de Dios expresada en la fidelidad de la parte creyente y santa.

El cónyuge fiel es el camino ordinario, poco menos que único, para que Dios actúe en la parte infiel. Porque nadie como él puede entender a su pareja y comprenderla mejor, y, por tanto, perdonar con el amor del Señor. Y ésta será la gran misión del cónyuge fiel: salvar, redimir a su pareja.

Una misión que merece la pena, y que le llenará de satisfacción humana y religiosa. Así sucedió en el caso de santa Mónica y en el caso de santa Rita: lograron la conversión de sus esposos, el primero pagano y el segundo inconsecuente con la fe recibida.

Esos ejemplos son normativos para las familias cristianas si es que se sienten como tales y como tales quieren conducirse.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para el día tercero

9. Oh Dios, que concediste a las santas mujeres de la Biblia, y a Rita en particular, conocer y amar a sus futuros esposos y novios en la fe y el amor a ti,
– concede a los jóvenes que se preparan para el matrimonio poder formar verdaderos hogares cimentados en las afinidades humanas, y sobre todo en la fe y el amor cristianos.

10. Oh Dios, siempre fiel a tu alianza y que no quieres que nadie se pierda,
– bendice a los esposos, santificados por tu gracia, para que se rediman el uno al otro, precisamente en el amor de Cristo y así aumenten con sus hijos tu familia en el mundo.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Novena a Santa Rita de Casia (2), 14.5.19

mayo 14, 2019

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DÍA SEGUNDO

RITA, NIÑA Y JOVEN


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que la niña Rita se distinguió por su respeto y especial veneración hacia sus padres. En ellos veía al mismo Dios que le cuidaba y orientaba. Por eso, vivía sumisa a ellos y trataba de agradarles en todo.

A la vez, Rita se distinguía por su piedad religiosa y espíritu de oración. Tanto, que a los doce años consiguió permiso de sus padres para recluirse en un apartado aposento de la casa para orar y hacer memoria de los padecimientos del Señor. A la vez, transmitía a sus amigas y amigos la devoción a la pasión de Cristo.

Además de este apostolado catequístico, ayudaba a las personas necesitadas, compartiendo con ellas su propio alimento y el vestido, en unos gestos de verdadero desprendimiento.

Cuenta la tradición que la niña y adolescente Rita, acariciaba en su interior un gran deseo de consagrar a Dios su virginidad, ingresando al convento de las agustinas de Casia. Pero las intenciones de los padres eran otras: querían que se casara para asegurar su felicidad como hija única.

Rita accede gustosa a cumplir la voluntad de sus padres después de entender que ésa misma era la voluntad de Dios, y lo más conveniente para ella. Paradójicamente, Dios le concederá llevar a cabo sus deseos juveniles, pero después de muchos años y por muy diferentes caminos de los que ella imaginaba.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Lucas 2, 39-52

Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía, se desarrollaba y estaba lleno de sabiduría. Y la gracia de Dios estaba en Él. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y cuando cumplió doce años, fue también con ellos para cumplir con este precepto.

Al terminar los días de la fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo un día y, después, se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos. Pero, como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén.

Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”.

Él les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que estar donde mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente en su corazón todos estos recuerdos. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, tanto para Dios como para los hombres.

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Los padres cristianos y la familia constituyen la primera instancia, y la más segura, que tienen los hijos para encontrarse con Dios. Para conocer su voluntad y agradarle. Es la instancia inmediata y más rica. El hogar es como el principal sacramento que orienta toda la vida.

A la vez, los hijos deben madurar en la familia: es la mejor tierra para cultivar su personalidad humana y cristiana. Si los hijos logran su plena integración en la familia, estarán capacitados para afrontar todos los demás problemas que se les presenten en la vida, y triunfarán fácilmente en todo.

Por el contrario, las dificultades o fracasos en las relaciones familiares se multiplicarán fuera del hogar, y se arrastrarán seguramente de por vida. ¡Pobres los hijos que se avergüencen o renieguen de sus orígenes! Dañarían la consistencia de su propia raíz vital y existencial.

La vida de oración es posible en todas las edades y en todas las circunstancias de la vida. Pero eso sí, de manera distinta. La experiencia religiosa se desarrolla en el marco de la evolución sicológica y afectiva de la persona. En este caso, del niño y adolescente.

Por tanto, los niños deben integrarse en la comunidad eclesial gradual y decididamente, en forma participativa según sus posibilidades.

Los niños constituyen la mayor riqueza de los padres. A la vez representan un reto de permanente renovación para ellos, ya que los padres deben asumir y sentir en carne propia todo aquello que los hijos van experimentando en su crecimiento integral. De esta forma, los hijos garantizan la permanente juventud e ilusión de los padres, aunque pasen los años.

Dios se revela a los padres a través de los propios hijos y los padres deben gozar con los hijos. A los verdaderos padres, sus hijos no los aburren, ni les resultan insoportables y tampoco se resignan a aguantarlos de una forma fatalista. Más bien los hijos constituyen para los verdaderos padres su honra, su gloria, su mejor carta de presentación ante la sociedad y ante Dios.

Así los padres van forjando la personalidad de sus hijos. Van modelándolos de una u otra forma, según quieren, o según pueden. En este sentido hay que decir que, por regla general, los padres tienen a los hijos que se merecen, los que ellos mismos van educando día a día con alegrías y penas.

Los padres tienen, más pronto que tarde, los hijos de los cuales se han hecho dignos. Los hijos que ellos mismos han creado y han conformado, con su amor y sacrificio o también con su cobardía e irresponsabilidad. Sin embargo, también los padres han de aprender a deslindar responsabilidades porque los hijos, conforme van creciendo, van tomando su propio protagonismo.

Para los adolescentes y jóvenes, la determinación de la propia vocación es un asunto relativamente fácil y se va perfilando de manera progresiva y espontánea.

Sin embargo, pueden surgir conflictos, como en el caso de Rita, entre la propia inclinación y las instancias externas, concretamente, los propios padres. Entonces se aconseja el diálogo sincero como instrumento para detectar la voluntad de Dios.

Esta actitud, por supuesto, supone una gran madurez, y a la vez la forja o fortalece. El que obedece adquiere gran madurez humana y cristiana, y se prepara así para cualquier eventualidad de la vida y para triunfar en el estado de vida o profesión que elija.

Esto nos indica que los padres deben forjar personalidades maduras, dueñas de sí mismas; que lleven la felicidad consigo, dentro de sí. Eso es lo importante; lo relativo es lo que profesen o hagan en la vida.

Si creamos personas así, hemos conseguido lo más importante y decisivo. Hagan lo que hagan los hijos, lo harán bien, llevarán la felicidad consigo mismos; además valdrán para todo, en todo triunfarán. Porque para toda profesión o estado de vida, básicamente se necesitan las mismas actitudes personales. Quien tropieza en algún trabajo o con alguna persona, tropezará necesariamente, más pronto que tarde, con todo y con todos, a no ser que cambie él mismo.

El crecimiento de la personalidad de los hijos hay que situarlo dentro de un proceso educativo y vocacional; de obediencia filial y de autonomía personal; de equilibrio entre la fidelidad a los orígenes y la creatividad. La fe y la obediencia jugarán un papel importante en la maduración de la personalidad, superando los conflictos que, necesariamente, deben producirse.

Pensamos que ciertos relatos exageran la nota dramática del matrimonio de Rita. Porque ninguna instancia humana puede imponer un consentimiento matrimonial contra la voluntad del interesado. Sería quebrantar un derecho natural y hacer nulo el matrimonio. El desarrollo de los acontecimientos debió de ser mucho más armónico y espontáneo, sin minimizar la originalidad de la experiencia de fe.

Por eso, parece oportuno describir, brevemente siquiera, las señales que orientan el discernimiento de la propia vocación.

En primer lugar, debe existir en el adolescente o joven una natural inclinación o gusto por cierta profesión o estado de vida. Esta inclinación debe persistir cuando el joven pretende conscientemente buscar la voluntad de Dios sobre él, de una forma desinteresada. Es decir, cuando busca cumplir la voluntad de Dios en función de las necesidades reales de la comunidad o de sus hermanos. La voz interior lo confirma. La comunidad y el bien común se lo reclaman.

Además, los propios padres y las personas que conocen al joven y buscan su bien de forma desinteresada, deben expresar su aprobación y considerar un acierto la elección de aquella profesión o de la persona con que desea formar una familia.

Finalmente, la comunidad de fe, a través de sus representantes, debe poner a prueba y examinar la idoneidad del candidato, por ejemplo para el matrimonio o para el sacerdocio. Por tanto, es necesaria la aprobación de la autoridad legítima para tener vocación. Por más que uno quiera, si no es aceptado, definitivamente no tiene vocación.

Por lo demás, esta elección es progresiva y se realiza sobre el terreno de un compromiso sincero y consecuente. En este sentido, nadie “tiene” vocación para siempre, de manera vitalicia, nadie está obligado o predestinado a nada. Se exige la colaboración. Y la vocación se merece también, se va haciendo día a día. Se va confirmando.

La vocación, por tanto, va deviniendo al ritmo de la fidelidad a Dios y a los hermanos, en obediencia a la Iglesia y dentro de ella. Así, el joven se iría haciendo poco a poco sacerdote; se iría haciendo poco a poco y de forma consciente, esposo y padre por su enamoramiento y el noviazgo.

En el caso de Rita, la contradicción entre sus legítimas aspiraciones y la decisión de sus propios padres fue, desde el punto de vista de la fe, sólo aparente, porque Rita fue creciendo de fe en fe. Ella fue adquiriendo tal madurez humana y cristiana que, hablando de manera absoluta, podría vivir feliz, tanto en la vida religiosa como en el matrimonio, o donde Dios la colocara según conviniera a su mayor gloria.

Lo más grande y decisivo ya estaba edificado: su santidad, su actitud creyente, en radicalidad. Lo otro vendría como añadidura… El amueblamiento de la casa constituiría algo accidental: podría vivir como casada, podría vivir como religiosa… siempre en Dios, por Él y para Él, y después por todos y para todos.

Antes que ser esposo, profesional o religioso uno es creyente: no se pertenece a sí mismo, está llevado por la fuerza del Espíritu, está comprado para servir a la gloria de Dios. No se pertenece a sí mismo. Es una criatura nueva en Cristo. Eso es lo importante y definitivo. Sobre esa base se puede construir cualquier modelo de casa. En ese terreno cualquier semilla germinará y fructificará.


7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones propias para el segundo día

9. Oh Dios, fuente de toda paternidad y siempre fiel,
– concédenos guardar celosamente el patrimonio espiritual recibido de nuestros padres y desarrollarlo con generosidad sintiéndonos orgullosos de nuestras propias raíces vitales.

10. Oh Dios, principio de orden, que das consistencia a todas las cosas,
– concédeles a los esposos y sacerdotes la fidelidad a su compromiso ante la Iglesia y ante ti.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


Maná y Vivencias Cuaresmales (8), 13.3.19

marzo 13, 2019

Miércoles de la 1ª semana de Cuaresma

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Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias



Antífona de entrada: Salmo 24, 6.3.22

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.


Oración colecta

Señor, mira complacido a tu pueblo, que desea entregarse a ti con una vida santa; y a los que dominan su cuerpo con la penitencia transfórmales interiormente mediante el fruto de las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jonás 3, 1-10

Vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»

Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»

Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.

Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive:

«Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos.»

Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.


SALMO 50, 3-4.12-13.18-19

Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.


Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 18, 31

Arrojad lejos de vosotros todo el mal y estrenad un corazón nuevo, y vivid con ánimo renovado.


EVANGELIO: Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.

Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»


Antífona de comunión: Salmo 5, 12

Que se alegren, Señor, cuantos en ti confían, que se regocijen eternamente porque tú estás con ellos.


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VIVENCIAS CUARESMALES

San Agustín, maestro de la conversión cristiana

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8. MIÉRCOLES

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

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Esta generación es una generación perversa, porque los habitantes de Nínive se convirtieron con la predicación de Jonás; y aquí hay uno que es más que Jonás.

 

TEMA: La conversión, “la determinada determinación” de cambio. Intransigencia con toda forma de mal. Transformación del corazón.

La conversión es para todos sin excepción y no podemos excusarnos ni exigir demasiadas pruebas. Cristo ya ha venido, Dios ya no tiene más que hacer por nosotros; ahora se pone en acción nuestra respuesta generosa, nuestra creatividad, la hora de la Iglesia, la hora de la imaginación. ¿Sientes, hermano, celos y fuego por la gloria de Dios en ti y en los demás?

Deberías pedir a Dios con toda sinceridad que te purifique sin miramientos, deberías ponerte en sus manos cada día, pues él es un experto cirujano. El Espíritu intervendría en toda tu persona para que reprodujeras la imagen de Cristo.

Como solícito hortelano, Cristo podaría tus ramas muertas para que dieses más fruto aunque la poda te doliera. ¿Vives con deportividad tu entrega al Señor y a los hermanos? No busques muchas pruebas del amor de Dios hacia ti, ni de sus exigencias, para que seas verdaderamente libre.

La conversión de los bautizados supera la conversión de los ninivitas porque se abren a un Dios “siempre mayor”. Nuestra conversión consistirá en acoger todo el plan de Dios, pues llegaron los últimos tiempos. Esa acogida exige matar de raíz toda negligencia ante el advenimiento del reino de Dios pues se ha cumplido el plazo…

Por eso, Ezequiel 18, 31 nos pide: “Arrojad lejos de vosotros todo el mal y estrenad un corazón nuevo, y vivid con ánimo renovado” (Aclamación del Evangelio).

Nuestra conversión se traducirá en una auténtica renuncia al mal en todas sus formas, con total determinación, de manera absoluta. Renunciar a todo lo que Dios llama pecado aunque nosotros no lo percibamos del todo así, o no nos parezca tan malo; sólo de esta manera llegaremos a la verdad total y la libertad de los hijos de Dios.

Reza el salmo 50 una y otra vez, en esta cuaresma, porque es el salmo penitencial por excelencia. Tu oración cuaresmal, por excelencia. ¿Si no lo rezas ahora de verdad, cuándo lo harías? Además, ahora toda la Iglesia te acompaña, de manera especial.

¿No lo notas? Trata de sentirlo: La Iglesia es tu familia, no la sientas en modo alguno ajena. Tú rezas por la conversión de los otros y, al rezar, los comienzas a perdonar y pides que sus pecados les sean perdonados. Y los demás rezan por ti. Tus pecados, de alguna manera, son de los otros o afectan a todos. Lo que hacen los demás, lo haces tú con ellos. En la Cuaresma puedes sentir más intensamente la unidad de la Iglesia.

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Oración:

Misericordia, Dios mío; por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. Y mi boca cantará tu alabanza. Amén.

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Amable lector, apreciada lectora, hace ocho días comenzamos el itinerario cuaresmal, con la imposición de la ceniza. Me alegra pensar que sigues con renovado amor el día a día de la Cuaresma. Pero nadie está libre de caer en la rutina.

Por eso, hermano, hermana, te invito a echar un vistazo atrás y preguntarte cómo has aprovechado estos ocho días: ¿Has encontrado algo nuevo que te ha impactado, que te hace vibrar, has avanzado en tu vida espiritual?

Da gracias a Dios por lo conseguido, y pide la gracia de una conversión sincera. San Agustín, el gran convertido, te recuerda: No necesitas escuchar novedades, sino ser nuevo tú mismo por el afán de aprender, de superarte, de conocer más a Dios y de hacer más felices a tus hermanos.

Pensando en los hermanos terciarios oar., pero sin excluir a nadie, a continuación te ofrezco un resumen de cómo entendía y sentía san Agustín la Cuaresma, y cómo la predicaba a sus fieles.

A ver si sus palabras siguen teniendo inspiración y fuerza para ti. Suerte, con la gracia de Dios, y con el obsequio de tu actitud humilde. Hasta mañana, si Dios quiere.



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SAN AGUSTÍN EN VIVO, para la Cuaresma

El ciclo litúrgico de los misterios del Señor significa para la Iglesia una consagración y santificación del tiempo, totalmente opuesto a los ciclos cósmicos de la filosofía antigua. Contra el perpetuo rodar de los siglos sin esperanza, la Iglesia introdujo la Pascua, cuyo hecho central es la resurrección del Señor, y en esperanza la resurrección de todos los hombres.

Tal ha sido la máxima revolución de la historia, que ya ordena y encabeza los tiempos en Cristo dándoles un contenido espiritual que nunca tuvieron los paganos, ni tiene el tiempo entre los musulmanes o entre los hindúes.

Nuestro tiempo está lleno de Cristo, y por eso lo llamamos cristiano. Situándose, pues, San Agustín en medio de este acontecimiento cósmico, divide o acoge la división del tiempo en dos secciones: antes y después de Pascua.

El primero es de tentación, lucha y tristeza; el segundo, de triunfo y de gozo. “Este tiempo de miseria y gemido nuestro significa la cuaresma antes de la Pascua, y los cincuenta días posteriores dedicados a la alabanza divina representan el tiempo de alegría, del reposo en la felicidad, de la vida eterna, del reino sin fin que todavía no ha llegado.

Hay, pues, dos tiempos; uno, antes de la resurrección del Señor; otro, después de la misma; uno, en el que estamos ahora; otro, en el que esperamos estar. El tiempo cuaresmal, que es nuestro tiempo actual, es de tristeza. El aleluya pascual significa el tiempo de gozo, del descanso y del reino que poseeremos. Son frecuentes en la Iglesia las alabanzas de Dios -el canto del aleluya- para significar la vida de alabanzas incesantes del reino futuro.

La pasión del Señor significa nuestro tiempo, en que estamos. Los azotes, las ataduras, injurias, salivazos, corona de espinas, el vino con hiel, el vinagre en la esponja, los insultos, los oprobios y, finalmente, la cruz con el cuerpo pendiente en ella, ¿qué significan sino el tiempo en que vivimos, que es de tristeza, mortalidad, tentación?

Por eso es un tiempo feo… Tiempo feo; pero, si lo usamos bien, tiempo fiel. ¿Qué cosa más fea que un campo estercolado? Más hermoso estaba antes de recibir el estiércol; mas fue abonado para que diese fruto. La fealdad, pues, de este tiempo es un signo; ella sea para nosotros tiempo de fertilidad” (Sermón 254,5).

Aunque todo el tiempo cristiano, mientras vivimos en este mundo, tiene un rasgo cuaresmal en el sentido mencionado, la cuaresma cristiana comprende un espacio limitado de días para prepararse a la fiesta de la Pascua.

Este tiempo se celebraba muy solemnemente en la época del Obispo de Hipona: “Ya llega el tiempo solemne que debo recomendarles para que reflexionen más seriamente sobre su alma y sobre la penitencia corporal. Porque éstos son los cuarenta días sacratísimos en todo el orbe de la tierra en que, al acercarse la Pascua, todo el mundo, que Dios reconcilia consigo en Cristo, celebra con loable devoción” (Sermón 209, 1).

Este exordio solemne de un sermón cuaresmal indica bien la seriedad con que la Iglesia promovía la reconciliación de los cristianos con Dios. Pensamiento central de la cuaresma era el misterio de la redención humana obrada por Cristo, y que debía ser actuada por los cristianos con una cooperación espiritual y corporal.

En la raíz misma de la espiritualidad cuaresmal pone el Santo la humildad: “Porque este tiempo de humildad significado por estos días es la misma vida de este mundo en que Cristo, nuestro Señor, que murió una vez por nosotros, en cierto modo vuelve a padecer todos los años con el retorno de esta solemnidad. Pues lo que se realizó una vez en el tiempo para que fuese renovada nuestra vida, se celebra todos los años para traerlo a nuestra memoria.

Si, pues, durante todo el tiempo de nuestra peregrinación, viviendo en medio de tentaciones, debemos ser humildes de corazón, ¡cuánto más en estos días, en que no sólo se vive, sino que también se simboliza en la celebración este tiempo de nuestra humillación!

Humildes nos enseñó a ser la humildad de Cristo, pues se entregó a la muerte por los impíos; grandes nos hace la grandeza de Cristo, porque, resucitando, se adelantó a nuestra piedad” (Sermón 206, 1).

El cristiano, pues, ha de participar de la pasión y resurrección de Cristo. Por la humildad de la pasión, a la gloria de la resurrección: he aquí el itinerario espiritual de la cuaresma cristiana. Por eso la cruz se alza en medio de este tiempo, no sólo como signo de redención, sino también como bandera de la milicia cristiana: “Y en esta cruz, durante toda esta vida que se lleva en medio de tentaciones, debe estar siempre clavado el cristiano” (Sermón 205, 1).

¿Cuál es el programa espiritual de este tiempo? El de una más copiosa alimentación espiritual por la meditación de la palabra de Dios, o digamos de las verdades eternas; y el de la crucifixión o mortificación corporal, significada, sobre todo, por el ayuno.

Tres tipos de penitencia cuaresmal nos ofrece la Escritura en otros tres personajes de la historia de la salvación: Moisés, Elías y Cristo. Ellos nos enseñan que “no hemos de conformarnos y apegarnos a este mundo, sino crucificar al hombre viejo, no andando en comilonas y embriagueces, en los placeres carnales e impurezas, ni en discordias o envidias, sino que debemos revestirnos de Jesucristo, sin preocuparnos de las pasiones del cuerpo (Rom. 13,13-14).

Vive así siempre, ¡oh cristiano! Si no quieres sumergirte en el fango de la tierra, no desciendas de esta cruz. Y así se debe vivir, sobre todo en este tiempo cuaresmal, en espera de la vida nueva” (Sermón 205, 1).

La cuaresma tiene una significación total para la vida cristiana: la de renuncia a los deseos desordenados del mundo. Es la misma exigencia bautismal con su abnegación de las vanidades mundanas: “Se nos recomienda en nuestra conducta, mientras vivimos en este mundo, abstenernos de las codicias del siglo; esto indica el ayuno de este tiempo conocido de todos con el nombre de cuaresma” (Sermón 270, 3).

La ocupación de este tiempo se resume en la meditación de la palabra de Dios, en la penitencia corporal -significada particularmente por el ayuno- y en las obras de misericordia. La Iglesia recomienda más oración para este tiempo: “Durante estos días dedíquense a más frecuentes y fervorosas oraciones” (Sermón 205, 2). El fin es conseguir humildad y contrición de los pecados, o lo que llama el Santo “afanarse gimiendo” (in gemitu laborare).

El gemido de la oración reconoce dos causas: el sentimiento de los pecados y la ausencia de la patria durante la peregrinación. Reflexionar sobre la miseria del pecado y de la ausencia de Dios y de los grandes bienes que esperamos en la vida futura da a la cuaresma su sello de austeridad.

Por eso la memoria de la pasión de Cristo impregna todo este programa, porque el aniversario de los trabajos de Cristo en la pasión nos recuerda la condición temporal de la existencia cristiana, sujeta a tantas tentaciones, y nos confirma en la esperanza del perdón.

San Agustín da también una gran importancia al ejercicio de las obras de misericordia, y dedica un sermón cuaresmal al perdón de las ofensas. El hombre que odia es una cárcel tenebrosa para sí mismo; su corazón es su cárcel. Con este motivo comenta las palabras de san Juan: El que no ama a su hermano está en las tinieblas todavía (Jn 3, 15).

Este ejercicio es necesario para los cristianos durante su vida, pero en la cuaresma es cuando debe purificarse el corazón, y Agustín no se cansa de repetir que es uno de los ejercicios cuaresmales que más deben tenerse en cuenta:

“Atención todos, hombres y mujeres, pequeños y grandes, laicos y clérigos; y yo también me dirijo a mí mismo. Oigamos todos, temamos todos. Si hemos faltado contra los hermanos, hagamos lo que manda el Padre, que también será nuestro juez; pidamos perdón a todos, a los que tal vez hemos ofendido y dañado con nuestras faltas” (Sermón 211, 5).

El ejercicio del perdón mutuo era muy necesario en la diócesis de Hipona, porque los africanos eran vengativos. Ya se sabe también que el ayuno corporal era práctica universal de la Iglesia, con privación de cosas lícitas e ilícitas: “Castiguemos nuestro cuerpo y reduzcámoslo a servidumbre; y, a fin de que las pasiones insumisas no nos arrastren a cosas ilícitas, para dominarlas privémonos también de cosas lícitas” (Sermón 207, 2).

Pero lo que se le niega al cuerpo debe distribuirse a los necesitados, porque el ayuno no aprovecha al que lo guarda sin practicar la misericordia. Constantemente une el Santo las tres cosas -ayunos, oraciones y limosnas-, como medio de prepararse para la Pascua: “Hay que dar limosna, ayunar y orar para vencer las tentaciones del mundo, las insidias del diablo, los trabajos de la vida, las sugestiones de la carne, las turbulencias temporales y toda clase de adversidad corporal y espiritual” (Sermón 207, 1).

Toda esta ascética cuaresmal es propia de cualquier tiempo. Por eso san Agustín asemeja la cuaresma a la misma peregrinación humana, que avanza en este mundo entre contradicciones, fatigas y combates que sólo acabarán con el descanso de la Pascua. “Los pobres a quienes damos limosna, ¿qué otra cosa son sino nuestros portaequipajes, que nos ayudan a transportar nuestros bienes de la tierra al cielo? Los entregas al portaequipajes, y él lleva al cielo lo que le das” (Sermón 97 A, 1).

“Mi exhortación, hermanos, sería ésta: den del pan terreno y llamen a las puertas del Pan celeste. El Señor es ese Pan. Yo soy -dice- el pan de la vida (Jn 5, 35). ¿Cómo te lo va a dar a ti, cuando tú no se lo ofreces al necesitado? Ante ti está un necesitado, y tú mismo estás como necesitado ante otro. Pero aquél está como necesitado ante otro necesitado, mientras que aquél ante quien tú estás no necesita de nadie. Haz tú lo que quieres que se haga contigo (Sermón 389, 6).

(Del libro del P. Víctor Capánaga Agustín de Hipona, Maestro de la conversión cristiana, Madrid 1974, pp. 417-420; resumen del P. Pablo Panedas, oar).


Las Confesiones de san Agustín. V, 1.1

febrero 19, 2019

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Profesor en Cartago y Roma y su duda académica

Ofrece a Dios sus Confesiones (Conf. V, 1.1)

1. Recibe, Señor, el sacrificio de mis Confesiones de la mano de mi lengua, que tú formaste y moviste para que confesase tu nombre, y sana todos mis huesos y digan: Señor, ¿quién semejante a ti?1

Nada, en verdad, te enseña de lo que pasa en él quien se confiesa a ti, porque no hay corazón cerrado que pueda sustraerse a tu mirada ni hay dureza humana que pueda repeler tu mano, antes la abres cuando quieres, o para compadecerte o para castigar y no hay nadie que se esconda de tu calor2.

Pero te alaba mi alma para amarte, y confiese tus misericordias3 para alabarte.

No cesan ni callan tus alabanzas las criaturas todas del universo, ni los espíritus todos con su boca vuelta hacia ti, ni los animales y cosas corporales por boca de los que las contemplan, a fin de que, apoyándose en estas cosas que tú has hecho, se levante hacia ti nuestra alma de su laxitud y pase a ti, su hacedor admirable, donde está la energía y verdadera fortaleza.

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