Maná y Vivencias Cuaresmales (8), 4.3.20

marzo 4, 2020

Miércoles de la 1ª semana de Cuaresma

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Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.


Antífona de entrada: Salmo 24, 6.3.22

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.

Oración colecta

Señor, mira complacido a tu pueblo, que desea entregarse a ti con una vida santa; y a los que dominan su cuerpo con la penitencia transfórmalos interiormente mediante el fruto de las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Jonás 3, 1-10

Vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»

Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»

Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.

Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive:

«Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos.»

Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

SALMO 50, 3-4.12-13.18-19

Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 18, 31

Arrojad lejos de vosotros todo el mal y estrenad un corazón nuevo, y vivid con ánimo renovado.

EVANGELIO: Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás.

Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Antífona de comunión: Salmo 5, 12

Que se alegren, Señor, cuantos en ti confían, que se regocijen eternamente porque tú estás con ellos.


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VIVENCIAS CUARESMALES

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San Agustín, maestro de la conversión cristiana

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8. MIÉRCOLES

PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

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Esta generación es una generación perversa, porque los habitantes de Nínive se convirtieron con la predicación de Jonás; y aquí hay uno que es más que Jonás.

TEMA: La conversión, “la determinada determinación” de cambio. Intransigencia con toda forma de mal. Transformación del corazón.

La conversión es para todos sin excepción y no podemos excusarnos ni exigir demasiadas pruebas. Cristo ya ha venido, Dios ya no tiene más que hacer por nosotros; ahora se pone en acción nuestra respuesta generosa, nuestra creatividad, la hora de la Iglesia, la hora de la imaginación. ¿Sientes, hermano, celos y fuego por la gloria de Dios en ti y en los demás?

Deberías pedir a Dios con toda sinceridad que te purifique sin miramientos, deberías ponerte en sus manos cada día, pues él es un experto cirujano. El Espíritu intervendría en toda tu persona para que reprodujeras la imagen de Cristo.

Como solícito hortelano, Cristo podaría tus ramas muertas para que dieses más fruto aunque la poda te doliera. ¿Vives con deportividad tu entrega al Señor y a los hermanos? No busques muchas pruebas del amor de Dios hacia ti, ni de sus exigencias, para que seas verdaderamente libre.

La conversión de los bautizados supera la conversión de los ninivitas porque se abren a un Dios “siempre mayor”. Nuestra conversión consistirá en acoger todo el plan de Dios, pues llegaron los últimos tiempos. Esa acogida exige matar de raíz toda negligencia ante el advenimiento del reino de Dios pues se ha cumplido el plazo…

Por eso, Ezequiel 18, 31 nos pide: “Arrojad lejos de vosotros todo el mal y estrenad un corazón nuevo, y vivid con ánimo renovado” (Aclamación del Evangelio).

Nuestra conversión se traducirá en una auténtica renuncia al mal en todas sus formas, con total determinación, de manera absoluta. Renunciar a todo lo que Dios llama pecado aunque nosotros no lo percibamos del todo así, o no nos parezca tan malo; sólo de esta manera llegaremos a la verdad total y la libertad de los hijos de Dios.

Reza el salmo 50 una y otra vez, en esta cuaresma, porque es el salmo penitencial por excelencia. Tu oración cuaresmal, por excelencia. ¿Si no lo rezas ahora de verdad, cuándo lo harías? Además, ahora toda la Iglesia te acompaña, de manera especial.

¿No lo notas? Trata de sentirlo: La Iglesia es tu familia, no la sientas en modo alguno ajena. Tú rezas por la conversión de los otros y, al rezar, los comienzas a perdonar y pides que sus pecados les sean perdonados. Y los demás rezan por ti. Tus pecados, de alguna manera, son de los otros o afectan a todos. Lo que hacen los demás, lo haces tú con ellos. En la Cuaresma puedes sentir más intensamente la unidad de la Iglesia.

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Oración:

Misericordia, Dios mío; por tu bondad, por tu inmensa compasión, borra mi culpa. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. Y mi boca cantará tu alabanza. Amén.

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Amable lector, apreciada lectora, hace ocho días comenzamos el itinerario cuaresmal, con la imposición de la ceniza. Me alegra pensar que sigues con renovado amor el día a día de la Cuaresma. Pero nadie está libre de caer en la rutina.

Por eso, hermano, hermana, te invito a echar un vistazo atrás y preguntarte cómo has aprovechado estos ocho días: ¿Has encontrado algo nuevo que te ha impactado, que te hace vibrar, has avanzado en tu vida espiritual?

Da gracias a Dios por lo conseguido, y pide la gracia de una conversión sincera. San Agustín, el gran convertido, te recuerda: No necesitas escuchar novedades, sino ser nuevo tú mismo por el afán de aprender, de superarte, de conocer más a Dios y de hacer más felices a tus hermanos.

Pensando en los hermanos terciarios oar., pero sin excluir a nadie, a continuación te ofrezco un resumen de cómo entendía y sentía san Agustín la Cuaresma, y cómo la predicaba a sus fieles.

A ver si sus palabras siguen teniendo inspiración y fuerza para ti. Suerte, con la gracia de Dios, y con el obsequio de tu actitud humilde. Hasta mañana, si Dios quiere.
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SAN AGUSTÍN EN VIVO, para la Cuaresma

El ciclo litúrgico de los misterios del Señor significa para la Iglesia una consagración y santificación del tiempo, totalmente opuesto a los ciclos cósmicos de la filosofía antigua. Contra el perpetuo rodar de los siglos sin esperanza, la Iglesia introdujo la Pascua, cuyo hecho central es la resurrección del Señor, y en esperanza la resurrección de todos los hombres.

Tal ha sido la máxima revolución de la historia, que ya ordena y encabeza los tiempos en Cristo dándoles un contenido espiritual que nunca tuvieron los paganos, ni tiene el tiempo entre los musulmanes o entre los hindúes.

Nuestro tiempo está lleno de Cristo, y por eso lo llamamos cristiano. Situándose, pues, San Agustín en medio de este acontecimiento cósmico, divide o acoge la división del tiempo en dos secciones: antes y después de Pascua.

El primero es de tentación, lucha y tristeza; el segundo, de triunfo y de gozo. “Este tiempo de miseria y gemido nuestro significa la cuaresma antes de la Pascua, y los cincuenta días posteriores dedicados a la alabanza divina representan el tiempo de alegría, del reposo en la felicidad, de la vida eterna, del reino sin fin que todavía no ha llegado.

Hay, pues, dos tiempos; uno, antes de la resurrección del Señor; otro, después de la misma; uno, en el que estamos ahora; otro, en el que esperamos estar. El tiempo cuaresmal, que es nuestro tiempo actual, es de tristeza. El aleluya pascual significa el tiempo de gozo, del descanso y del reino que poseeremos. Son frecuentes en la Iglesia las alabanzas de Dios -el canto del aleluya- para significar la vida de alabanzas incesantes del reino futuro.

La pasión del Señor significa nuestro tiempo, en que estamos. Los azotes, las ataduras, injurias, salivazos, corona de espinas, el vino con hiel, el vinagre en la esponja, los insultos, los oprobios y, finalmente, la cruz con el cuerpo pendiente en ella, ¿qué significan sino el tiempo en que vivimos, que es de tristeza, mortalidad, tentación?

Por eso es un tiempo feo… Tiempo feo; pero, si lo usamos bien, tiempo fiel. ¿Qué cosa más fea que un campo estercolado? Más hermoso estaba antes de recibir el estiércol; mas fue abonado para que diese fruto. La fealdad, pues, de este tiempo es un signo; ella sea para nosotros tiempo de fertilidad” (Sermón 254,5).

Aunque todo el tiempo cristiano, mientras vivimos en este mundo, tiene un rasgo cuaresmal en el sentido mencionado, la cuaresma cristiana comprende un espacio limitado de días para prepararse a la fiesta de la Pascua.

Este tiempo se celebraba muy solemnemente en la época del Obispo de Hipona: “Ya llega el tiempo solemne que debo recomendarles para que reflexionen más seriamente sobre su alma y sobre la penitencia corporal. Porque éstos son los cuarenta días sacratísimos en todo el orbe de la tierra en que, al acercarse la Pascua, todo el mundo, que Dios reconcilia consigo en Cristo, celebra con loable devoción” (Sermón 209, 1).

Este exordio solemne de un sermón cuaresmal indica bien la seriedad con que la Iglesia promovía la reconciliación de los cristianos con Dios. Pensamiento central de la cuaresma era el misterio de la redención humana obrada por Cristo, y que debía ser actuada por los cristianos con una cooperación espiritual y corporal.

En la raíz misma de la espiritualidad cuaresmal pone el Santo la humildad: “Porque este tiempo de humildad significado por estos días es la misma vida de este mundo en que Cristo, nuestro Señor, que murió una vez por nosotros, en cierto modo vuelve a padecer todos los años con el retorno de esta solemnidad. Pues lo que se realizó una vez en el tiempo para que fuese renovada nuestra vida, se celebra todos los años para traerlo a nuestra memoria.

Si, pues, durante todo el tiempo de nuestra peregrinación, viviendo en medio de tentaciones, debemos ser humildes de corazón, ¡cuánto más en estos días, en que no sólo se vive, sino que también se simboliza en la celebración este tiempo de nuestra humillación!

Humildes nos enseñó a ser la humildad de Cristo, pues se entregó a la muerte por los impíos; grandes nos hace la grandeza de Cristo, porque, resucitando, se adelantó a nuestra piedad” (Sermón 206, 1).

El cristiano, pues, ha de participar de la pasión y resurrección de Cristo. Por la humildad de la pasión, a la gloria de la resurrección: he aquí el itinerario espiritual de la cuaresma cristiana. Por eso la cruz se alza en medio de este tiempo, no sólo como signo de redención, sino también como bandera de la milicia cristiana: “Y en esta cruz, durante toda esta vida que se lleva en medio de tentaciones, debe estar siempre clavado el cristiano” (Sermón 205, 1).

¿Cuál es el programa espiritual de este tiempo? El de una más copiosa alimentación espiritual por la meditación de la palabra de Dios, o digamos de las verdades eternas; y el de la crucifixión o mortificación corporal, significada, sobre todo, por el ayuno.

Tres tipos de penitencia cuaresmal nos ofrece la Escritura en otros tres personajes de la historia de la salvación: Moisés, Elías y Cristo. Ellos nos enseñan que “no hemos de conformarnos y apegarnos a este mundo, sino crucificar al hombre viejo, no andando en comilonas y embriagueces, en los placeres carnales e impurezas, ni en discordias o envidias, sino que debemos revestirnos de Jesucristo, sin preocuparnos de las pasiones del cuerpo (Rom. 13,13-14).

Vive así siempre, ¡oh cristiano! Si no quieres sumergirte en el fango de la tierra, no desciendas de esta cruz. Y así se debe vivir, sobre todo en este tiempo cuaresmal, en espera de la vida nueva” (Sermón 205, 1).

La cuaresma tiene una significación total para la vida cristiana: la de renuncia a los deseos desordenados del mundo. Es la misma exigencia bautismal con su abnegación de las vanidades mundanas: “Se nos recomienda en nuestra conducta, mientras vivimos en este mundo, abstenernos de las codicias del siglo; esto indica el ayuno de este tiempo conocido de todos con el nombre de cuaresma” (Sermón 270, 3).

La ocupación de este tiempo se resume en la meditación de la palabra de Dios, en la penitencia corporal -significada particularmente por el ayuno- y en las obras de misericordia. La Iglesia recomienda más oración para este tiempo: “Durante estos días dedíquense a más frecuentes y fervorosas oraciones” (Sermón 205, 2). El fin es conseguir humildad y contrición de los pecados, o lo que llama el Santo “afanarse gimiendo” (in gemitu laborare).

El gemido de la oración reconoce dos causas: el sentimiento de los pecados y la ausencia de la patria durante la peregrinación. Reflexionar sobre la miseria del pecado y de la ausencia de Dios y de los grandes bienes que esperamos en la vida futura da a la cuaresma su sello de austeridad.

Por eso la memoria de la pasión de Cristo impregna todo este programa, porque el aniversario de los trabajos de Cristo en la pasión nos recuerda la condición temporal de la existencia cristiana, sujeta a tantas tentaciones, y nos confirma en la esperanza del perdón.

San Agustín da también una gran importancia al ejercicio de las obras de misericordia, y dedica un sermón cuaresmal al perdón de las ofensas. El hombre que odia es una cárcel tenebrosa para sí mismo; su corazón es su cárcel. Con este motivo comenta las palabras de san Juan: El que no ama a su hermano está en las tinieblas todavía (Jn 3, 15).

Este ejercicio es necesario para los cristianos durante su vida, pero en la cuaresma es cuando debe purificarse el corazón, y Agustín no se cansa de repetir que es uno de los ejercicios cuaresmales que más deben tenerse en cuenta:

“Atención todos, hombres y mujeres, pequeños y grandes, laicos y clérigos; y yo también me dirijo a mí mismo. Oigamos todos, temamos todos. Si hemos faltado contra los hermanos, hagamos lo que manda el Padre, que también será nuestro juez; pidamos perdón a todos, a los que tal vez hemos ofendido y dañado con nuestras faltas” (Sermón 211, 5).

El ejercicio del perdón mutuo era muy necesario en la diócesis de Hipona, porque los africanos eran vengativos. Ya se sabe también que el ayuno corporal era práctica universal de la Iglesia, con privación de cosas lícitas e ilícitas: “Castiguemos nuestro cuerpo y reduzcámoslo a servidumbre; y, a fin de que las pasiones insumisas no nos arrastren a cosas ilícitas, para dominarlas privémonos también de cosas lícitas” (Sermón 207, 2).

Pero lo que se le niega al cuerpo debe distribuirse a los necesitados, porque el ayuno no aprovecha al que lo guarda sin practicar la misericordia. Constantemente une el Santo las tres cosas -ayunos, oraciones y limosnas-, como medio de prepararse para la Pascua: “Hay que dar limosna, ayunar y orar para vencer las tentaciones del mundo, las insidias del diablo, los trabajos de la vida, las sugestiones de la carne, las turbulencias temporales y toda clase de adversidad corporal y espiritual” (Sermón 207, 1).

Toda esta ascética cuaresmal es propia de cualquier tiempo. Por eso san Agustín asemeja la cuaresma a la misma peregrinación humana, que avanza en este mundo entre contradicciones, fatigas y combates que sólo acabarán con el descanso de la Pascua. “Los pobres a quienes damos limosna, ¿qué otra cosa son sino nuestros portaequipajes, que nos ayudan a transportar nuestros bienes de la tierra al cielo? Los entregas al portaequipajes, y él lleva al cielo lo que le das” (Sermón 97 A, 1).

“Mi exhortación, hermanos, sería ésta: den del pan terreno y llamen a las puertas del Pan celeste. El Señor es ese Pan. Yo soy -dice- el pan de la vida (Jn 5, 35). ¿Cómo te lo va a dar a ti, cuando tú no se lo ofreces al necesitado? Ante ti está un necesitado, y tú mismo estás como necesitado ante otro. Pero aquél está como necesitado ante otro necesitado, mientras que aquél ante quien tú estás no necesita de nadie. Haz tú lo que quieres que se haga contigo (Sermón 389, 6).

(Del libro del P. Víctor Capánaga Agustín de Hipona, Maestro de la conversión cristiana, Madrid 1974, pp. 417-420; resumen del P. Pablo Panedas, oar).


¿Quieres orar por tu hijo como Santa Mónica? Este libro enseña cómo.

febrero 23, 2020

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Santa Mónica y San Agustín. Crédito: Wikipedia.

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¿Quieres orar por tu hijo como Santa Mónica? Este libro enseña cómo.

Redacción ACI Prensa

El P. Manolo Morales es el autor del libro “Tus hijos volverán. Un ‘Viaje’ apasionante con Mónica y Agustín”, que relata la experiencia de varias mujeres pertenecientes a los Grupos de Madres Mónica que se reúnen para rezar por sus hijos siguiendo el ejemplo de la Santa Madre de San Agustín.

La idea de escribir este libro nació “en Cádiz. Al celebrar los 400 años de la permanencia de los agustinos en esta ciudad, (1617-2017), relanzamos esta idea de las comunidades. Fue una chispa que prendió enseguida asombrosamente. Las madres querían conocer mejor la vida de Santa Mónica. Su hijo Agustín, en realidad, es quien lo ha contado todo”.

En el libro “Tus hijos volverán”, las integrantes de estos grupos de oración exponen situaciones o dificultades que han vivido con sus hijos; se explica cómo Santa Mónica vivió problemas similares con San Agustín; y qué nos enseña a los padres de hoy.

“Me di cuenta de que, quienes mejor que nadie podían entender lo que Mónica vivió y sufrió, eran ellas, las propias madres de hoy. Y me imaginé el acompañamiento que vive Mónica con su hijo, como una especie de ‘viaje’ con varias estaciones: momentos, situaciones, sentimientos, que viven hoy como entonces muchas madres viendo al hijo, la hija, alejarse de la fe de la Iglesia. Y esta es la primera parte, la más original, del libro”, precisa el P. Morales a ACI Prensa.

Además, recuerda que “la oración dolorida de las madres tiene una fuerza, propia solo de un amor tan fuerte. En el libro aparecen experiencias y testimonios alentadores de madres que luchan y superan dificultades de todo tipo con sus hijos. La adolescencia de ellos, explicada en el libro también con aportaciones de expertos, es una crisis necesaria que exige de las madres lo que hemos llamado ‘un segundo parto’, una maternidad nueva espiritual con otro tipo de dolores, pero fecundísima”.

Mientras que la segunda parte es una biografía resumida de la vida de San Agustín y Santa Mónica que, según precisa el autor, “ayuda a ‘situar’ las estaciones de ese ‘viaje’”.

El P. Morales explicó que el título del libro es un “mensaje de esperanza”, porque “son palabras, llenas de emoción, que el profeta Jeremías dirige al pueblo de Israel, infundiéndole la esperanza de una vuelta a casa y un tiempo nuevo. Refiere el grito y el llanto de una madre, Raquel, mujer del pueblo, ‘la gran matriarca de su tribu’, que llora a sus hijos y no quiere ser consolada. Y Dios responde a la madre”.

“La historia se ha ido repitiendo. Santa Mónica, concretamente, escuchó del obispo palabras muy parecidas cuando lloraba la suerte de su hijo, que, apartado de la Iglesia, se había metido en una secta absurda, los maniqueos: ‘Anda, le dijo el obispo, y que vivas muchos años, mujer. Es imposible que se pierda el hijo de esas lágrimas’”, explica el P. Morales.

Aunque el origen de los grupos de Madres Mónica no está muy claro, “porque donde ha habido Agustinos o Agustinas en conventos, parroquias, colegios… ha sido muy normal que aparecieran estos grupos”. En España se tiene constancia por “los Padres Agustinos Recoletos quienes en los años 80, desde la parroquia de Santa Rita de Madrid, consiguieron dar forma a estas comunidades que se han extendido por todo el mundo”.

Algunas Madres Mónica aseguran que estos grupos son “la respuesta de Dios a mi súplica en busca de amor, confiesa una Madre Mónica. Necesitaba yo ese acompañamiento como el aire que respiro. Es tangible el Amor de Dios”.

Sor Patricia Lázaro, religiosa agustina, explicó a ACI Prensa que el esquema de oración que siguen los grupos de Madres Mónica “es muy sencillo. Son grupos de siete madres y cada día de la semana una se compromete a rezar por sus hijos y los de las demás y sus maridos”.

“Una vez a la semana o cuando puedan reunirse se juntan para tener un encuentro de formación, compartir sus vivencias e intenciones. Son grupos en los que se garantiza la confidencialidad de lo que se cuenta y el apoyo no tanto físico como espiritual”.

Sor Patricia también aseguró que “no es que los problemas dejan de estar ahí. Pero hay una frase que dice, que aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia; y poco a poco se va cambiando la perspectiva y el horizonte. Los problemas a veces no se solucionan y otras veces sí, porque la oración abre las puertas a la acción de Dios. Y allí donde hay gente que  reza hay ventanas que se abren a la acción de Dios”.

https://www.aciprensa.com/noticias/quieres-orar-por-tu-hijo-como-santa-monica-este-libro-ensena-como-80399?fbclid=IwAR0SrrD06RpkfUSbzAcx5A2gZ-dgBee4OV1SQArG4UMuOf5x1J0Mwc6VUEw


Tus hijos volverán

enero 14, 2020

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Prólogo de Carmen Castiella

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Tus hijos volverán

por Carmen Castiella

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El padre agustino Manuel Morales acaba de publicar “Tus hijos volverán”, un libro precioso que enciende la esperanza de madres y familias enteras. No es un manual de educación ni de autoayuda.

No hay recetas, sino maternidades vividas en circunstancias muy distintas, acompañadas por la crónica del viaje que recorrieron San Agustín y Santa Mónica.

El autor me pidió un prólogo y me salió solo después de leer el libro. Me contagió su pasión por Santa Mónica, la mujer de la mirada alta, que acompañó a su hijo sin impacientarse, respetando sus tiempos, pero firme en la oración y confiada en que “es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”.

Fue una mujer paciente pero no resignada, con profunda vida interior pero también intrépida, valiente y activa.

Sus hijos, como los nuestros, crecieron en un mundo hostil para la fe, en una cultura tóxica, en  plena caída del imperio romano y degradación de las costumbres.

Además, Mónica no contaba con un matrimonio sólido en el que apoyarse sino con un marido iracundo e infiel, al que se fue ganando y suavizando poco a poco.

El título está extraído de la Escritura. Jeremías 31, 16-17: “Deja de llorar y enjúgate las lágrimas. Todo lo que has hecho por tus hijos te será recompensado.

Volverán de la tierra del enemigo. Hay esperanza en su porvenir. Tus hijos volverán al hogar. Lo digo Yo, el Señor”.

Aquí transcribo el prólogo, para quien tenga tiempo y ganas:

En la educación de nuestros hijos, hay un momento en el que tomamos conciencia de nuestros límites y asumimos que no podemos abarcar el universo de un hijo, ni conocer su alma en toda su complejidad y profundidad.

Nuestra acción es muy limitada. No solo no podemos controlarlo todo, sino que dudamos de si podemos controlar algo. Así, vamos descubriendo que no se trata tanto de controlar y dirigir como de acoger y acompañar. Los hijos no nos pertenecen y, aunque los queremos con locura, no siempre acertamos con ellos.

Las teorías educativas y la psicología pueden ser útiles pero lo que caracteriza el amor de una madre no es la perfección, la inteligencia, la capacidad de acertar y de elegir el método educativo correcto, sino la ternura y el amor desinteresado. La mansedumbre y la paciencia, siempre dispuestas a esperar y acoger.

Es un amor que ensancha el corazón de modo que empiezan a caber en él amigos de nuestros hijos, sobrinos, ahijados, adultos heridos, etc. No es ingenuidad ni buenismo.

Somos plenamente conscientes de la enorme complejidad de las relaciones humanas, pero también del poder sanador del amor de una madre y de la realidad de esa maternidad ampliada que el autor llama “maternidad espiritual”.

El ejército de las madres orantes no solo batalla por sus propios hijos sino por cualquier niño, adolescente, joven o adulto herido en su alma de niño que el Señor quiera bendecir a través de nuestra oración de intercesión.

La oración de una madre es silenciosa, respetuosa, no es invasiva ni obsesivamente controladora, pero de una enorme eficacia. A veces inmediata y a veces lenta y fatigosa, por eso es más fácil perseverar en la oración cuando hay una comunidad que acompaña.

Es, además, el mejor modo de velar por nuestra máxima aspiración como educadoras: el Cielo.

Santa Mónica se presenta como un modelo totalmente actual para las madres de hoy. Sus hijos, como los nuestros, crecieron en un mundo hostil para la fe, en una cultura tóxica, en plena caída del imperio romano y degradación de las costumbres.

San Agustín creció y vivió su adolescencia en el ambiente pagano del África romana y luego se fue a estudiar a Cartago, “sartén de amores depravados”.

En un ambiente intelectual donde el cristianismo era ridiculizado, ella transmitió a su hijo Agustín la pasión por la verdad y la sabiduría.

Pasión que en el caso de Agustín le condujo durante años a una búsqueda intelectual desgarrada, que le llevó a sucumbir ante el esnobismo de los maniqueos, pero que desembocó finalmente en Cristo y en su Iglesia.

Fue, para Agustín y para Mónica, un proceso doloroso y dilatado en el tiempo. La madre acompañó al hijo sin impacientarse, respetando sus tiempos, pero firme en la oración y confiada en que “es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”.

Como Santa Mónica, queremos transformar nuestra preocupación en oración. Y acompañar a nuestros hijos más allá de los mares. Ella fue una mujer paciente pero no resignada, con profunda vida interior pero también intrépida, valiente y activa.

Una mujer de mirada altísima a quien le gustaba intervenir en las tertulias filosóficas que organizaba su hijo con sus amigos. Empleó todos sus recursos para “salvar” a su hijo: se embarcó rumbo a Roma, después de que Agustín la dejara en tierra mintiéndole.

Una vez en Roma, embarcó hacia Milán porque Agustín ya había partido sin esperarla. Una vez allí, va a hablar con el obispo San Ambrosio para que oriente a su hijo. No se arredra ni se viene abajo ante los desplantes y mentiras de Agustín, que la deja en tierra una y otra vez.

El libro entero es una invitación a transformar la preocupación en oración y, solo en ocasiones, en acción. A dejar a nuestros hijos al cuidado del Señor, en brazos de la Virgen, bajo su manto. A vivir la maternidad con más serenidad.

La oración de las madres no es un recurso psicológico para quitarnos presión y relajarnos. No se trata de distanciarnos de nuestros hijos y así sufrir menos, sino de gestarlos y dar a la luz de nuevo con nuestra oración. Es un modo de combatir por ellos, no de desentendernos.

El autor insiste en que son tiempos difíciles y debemos batallar “codo con codo”. Nada de “prudentes distancias” sino familia con familia y grupo con grupo. Familias que abren sus puertas, sin miedo a mostrar sus fragilidades, y se hacen prójimo de otras familias.

Igual que Santa Mónica vivió finalmente su noche de Pascua, en la que San Ambrosio bautizó a Agustín y a varios de sus amigos, nosotras viviremos nuestras particulares pascuas como madres.

Cumulatius”, “Sobreabundantemente”, “Dios me lo ha dado con creces” (Confesiones IX, 10, 26), decía Santa Mónica poco antes de morir al recordar la conversión de su hijo.

El Señor a veces se hace esperar, pero es magnánimo al dar y le dio “con creces” lo que le pidió durante toda una vida: un hijo santo con un designio altísimo del Cielo, que ella desconocía.

San Agustín tenía un espíritu tan grande y con tal capacidad de acogida como el corazón de su madre, que gestó de nuevo a aquel niño con el dolor de su corazón. Un espíritu del que se han alimentado generaciones posteriores, un modelo para todo hombre que busca la verdad.

Por algo dijo Benedicto XVI que “todos los caminos de la literatura cristiana latina llevan a Hipona”. El Señor tiene sus tiempos pero es fiel a sus promesas y magnánimo al dar. Si somos fieles a la oración por nuestros hijos, veremos cosas más grandes y bellas de las que nos atrevemos a pedir.

El libro entero rezuma esperanza. Pues eso, madres, soñemos y nos quedaremos cortas porque la victoria final es de Cristo.  En palabras de Agustín: “Si el mundo envejece, Cristo es siempre joven”. Y si estás unida a Cristo, “tu juventud se renovará como la del águila”.

Damos un paso más en la fe, que no es solo creer que Dios lo puede todo, sino saber que Dios lo hará. Nos asaltan las dudas, pero levantando la mirada al Cielo volvemos a dar el “salto” de fe: “Creo Señor, aumenta mi fe”.

https://www.religionenlibertad.com/opinion/822839321/Tus-hijos-volveran.html


El P. Manolo Morales muestra a Santa Mónica como maestra de maternidad en “Tus hijos volverán”Santa Mónica

enero 13, 2020

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Padre Manuel Morales, osa

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El P. Manolo Morales muestra a Santa Mónica como maestra de maternidad en “Tus hijos volverán”

El P. Manolo Morales, autor de este libro por la Editorial Ciudad Nueva, tiene una amplia experiencia en el acompañamiento a familias.

En el Espejo presentamos el libro “Tus hijos volverán. Un viaje apasionante con Mónica y Agustín”, publicado recientemente por la Editorial Ciudad Nueva.

Su autor, el agustino P. Manuel Morales, tiene una larga experiencia en el acompañamiento a familias, y en este libro deja hablar a las madres, en concreto las “madres-Mónica”, que pertenecen a comunidades de mujeres que se inspiran en la madre de san Agustín como modelo a la hora de afrontar el desafío de la educación de sus hijos.

“Santa Mónica es una maestra de maternidad. Una mujer inteligente y sensible, de quien podemos aprender mucho”, ha afirmado el P. Manolo Morales.

El autor del libro ha explicado en ‘El Espejo’ que la vida de las familias es un camino hacia la plenitud en el que los padres tienen la difícil tarea de dejar que sus hijos sean los protagonistas de sus propias vidas, aunque eso signifique en algunos casos que se alejen. En este sentido, se ha referido a la vida de Santa Mónica que fue detrás de su hijo hasta que consiguió volver a la Iglesia.

El título del libro procede de una cita del Libro  de Jeremías, que hace referencia a este viaje de ida y vuelta que hacen muchos hijos.

https://www.cope.es/programas/el-espejo/noticias/manolo-morales-muestra-santa-monica-como-maestra-maternidad-tus-hijos-volveran-20200108_588809


Y la Recolección nació en torno a una hoguera

diciembre 5, 2019

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Felipe II

El Emperador Felipe II, promotor de la Recolección Agustiniana

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La Recolección Agustiniana nació en un encuentro en torno a “la lumbre” de una celda fría 
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05-12-2015 España
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El 5 de diciembre de 1588, hace 427 años, un Capítulo Provincial de la provincia de Castilla de la Orden de San Agustín marcó el inicio de la Recolección Agustiniana. La espiritualidad recoleta ha sido una rama fecunda dentro del estilo agustiniano de vida hasta hoy.

Desde el año 1556, el reinado de Felipe II significó la exploración global y la expansión territorial a través de los océanos Atlántico y Pacífico, llevando a la monarquía hispánica a ser la primera potencia de Europa ya que, por primera vez en la historia, un imperio integraba territorios de todos los continentes habitados del planeta. La Recolección agustiniana vivió los últimos diez años muy apoyada por este reinado, que acabó con la muerte del monarca en 1598.

A pocos kilómetros de Madrid, recorriendo hacia el norte 58 kilómetros, se puede hoy visitar el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, cuyas obras habían acabado en 1584 y que es uno de los escenarios del nacimiento de la Recolección. Hoy, curiosamente, está habitado por los Agustinos, y los Agustinos Recoletos marcan presencia en el majestuoso edificio al haber sido una de las sedes del Centro Teológico San Agustín, donde religiosos de varias provincias recoletas estudian la Teología.

En cuanto a la Iglesia, en 1585 el papa Sixto V sucede al fallecido Gregorio XIII. Este último había tenido un papado de 13 años centrado en la renovación moral. Ya en su primer consistorio comunicó a los cardenales su intención de hacer cumplir estrictamente el Concilio de Trento. Después incentivó los colegios y seminarios para los sacerdotes y en 1584 había fundado la Pontificia Universidad Gregoriana, lugar donde también muchos recoletos han estudiado a lo largo de la historia. A él se debe, a su vez, el llamado Calendario Gregoriano, que hoy sigue el mundo occidental.

Su sucesor, Sixto V, en cuyo papado nace propiamente la Recolección, era franciscano, italiano de familia de origen serbio, y tan solo estuvo en la cabeza de la Iglesia cinco años, hasta 1590. Le dio tiempo a finalizar la cúpula de San Pedro en el Vaticano. En el mismo año del nacimiento de la Recolección, en 1588, bendijo la salida de la Armada Invencible de Felipe II contra Inglaterra.

En 1588, el mismo año que la Recolección, nacieron el filósofo inglés Thomas Hobbes, el matemático francés Étienne Pascal o el mexicano estado de Zacatecas.

CUANDO LA RECOLECCIÓN ERA UN “TRENDING TOPIC”

Eran tiempos en los que la reforma católica estaba en alza. Los franciscanos y los carmelitas habían iniciado sus reformas unos años antes. En San Millán de la Cogolla, hoy también casa de Agustinos Recoletos, dos benedictinos se retiran en 1585 para “cumplir la Regla de San Benito en toda su pureza” y son llamados “recoletos”.

Era un trending topic en esos finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII en el que se vieron involucrados mercedarios, trinitarios, dominicos, carmelitas, bernardas, concepcionistas, jerónimas, trinitarias, clarisas, dominicas, carmelitas calzadas, brígidas…

El asunto “suena” en la Familia Agustiniana desde 1540, cuando algunos misioneros mexicanos agustinos ven cómo sus usos empapados de espíritu recoleto son aprobados en el capítulo de su Provincia de Castilla. En 1581 el Capítulo General autoriza a las Provincias a promulgar estatutos más rigurosos para los religiosos que “quisieran y pudieran”.

Lo cierto es que la Provincia de Castilla estaba en ese momento entre inquieta y dividida. Por un lado, los que tenían una vida llamada entonces “relajada” y llena de exenciones a las normas, que incluso habían entrado habitualmente en negocios de censos y rentas; por otro, quienes pedían una reforma para mantener una vida más espiritual y pobre.

Sixto V había nombrado general de la Orden de San Agustín a Gregorio Petrocchini, al que también concedió ser visitador y comisario apostólico de la Orden. Antes de dirigirse al Capítulo, visitó al monarca en El Escorial y recibió instrucciones de favorecer la presencia de casas de recoletos, así de frailes como de monjas, porque en este artículo ha sido muchos días ha su Majestad advertido que lo desean muchos religiosos, y así gustaría que el generalísimo lo tratase con hombres de religión y consejo y prudencia y, si pareciese, se pusiese en ejecución”.

Luis de León y Pedro de Rojas habían pedido a Felipe II su intervención. Eran tiempos que religión y gobierno estaban unidos, y el monarca era cercano a los movimientos de reforma, consciente del importante papel de las congregaciones religiosas en aquella sociedad.

Petrocchini llama a diez religiosos de especial peso dentro de la Provincia y decide adelantar el Capítulo de la Provincia de Castilla de la primavera de 1589 al 30 de noviembre de 1588. Deciden que se celebre en Toledo por ser el lugar “más accesible” a la mayoría de los vocales, situado en el centro geográfico de la península Ibérica. Tras visitar las comunidades más importantes de la Provincia, llega a Toledo el 28 de noviembre de 1588, donde ya estaban recién llegados los vocales del Capítulo.

EL CAPÍTULO DE TOLEDO

El encuentro de los 68 vocales para la celebración del Capítulo de la Provincia de Castilla comenzó con un ambiente tenso y dividido. El 2 de diciembre les llegan dos mensajes de Felipe II a través del Corregidor de la ciudad y de Andrés Fernández. Se recuerda a los Capitulares la necesidad de establecer casas recoletas.

El 3 de diciembre se dan a la tarea de escoger al nuevo provincial. Los votos indican la división: 31 votan a Pedro de Rojas, prior del convento de Madrid y partidario de la reforma; el resto de votos se dispersan entre Gaspar de Saona (26), Gabriel de Goldáraz (6), Gaspar de Melo (3), Luis de León (1) y Martín de Perea (1). Rojas no logrará la mayoría tampoco en segunda votación (33), así que el prior general hace uso de su facultad para nombrarle prior provincial electo para que cesase el alboroto y la discusión no siguiera hasta el infinito”.

Por fin, el 5 de diciembre, el definitorio pleno, constituido por nueve religiosos, promulga las 18 actas o determinaciones surgidas en el Capítulo. La quinta será el acta fundacional de la Recolección Agustiniana:

“Porque hay entre nosotros o, al menos, puede haber, algunos tan amantes de la perfección monástica que desean seguir un plan de vida más austero, cuyo legítimo deseo debemos favorecer para no poner obstáculos al Espíritu Santo, consultado previamente nuestro reverendísimo padre general e implorada su venia, determinamos que en esta nuestra provincia se señalen o se levanten de nueva planta tres o más monasterios de varones y otros tantos de mujeres, en los que se practique una forma de vida más austera, la que, tras madura reflexión, prescriba el padre provincial con su definitorio”.

Algunas otras decisiones del Capítulo parecen casi contrarias al acta quinta. La séptima legitima el uso privado de dinero por los religiosos; la octava aprueba juegos de cartas y representaciones; la decimotercera defiende los títulos honoríficos

Todo parece indicar que la quinta fue fruto de un limitado grupo de religiosos que aprovechan el favor del rey que, por cierto, el mismo día 5 fue informado de la aprobación de las casas de recoletos y del nuevo provincial, proclive a la reforma.

EL ENCUENTRO EN UNA CELDA FRÍA DEL CONVENTO

Lo cierto es que podemos poner nombre a los principales impulsores de la reforma en la provincia de Castilla. Poco antes de comenzar el Capítulo se reunieron, los tres, para preparar la defensa de sus argumentos ante el resto de los reunidos. Se trata de Jerónimo de Guevara (1554-1589), Luis de León (1528-1591) y Pedro de Rojas (†1602).

Contamos con un documento de gran valor para nuestra Recolección de hoy; se trata de las memorias de Juan Quijano, que en 1588 tenía 16 años, estaba recién profeso (dos días antes de aquella reunión) y que estuvo en aquella habitación donde se producía la reunión. Y lo contó así:

Séame permitido decir lo que me aconteció cuando estando una noche en la celda del padre fray Pedro de Rojas, entonces prior de San Felipe, y el padre maestro Fray Luis de León y nuestro padre Fray Jerónimo de Guevara a la lumbre. Yo era recién profeso, había dos días. […] Hacíanme todos tres mucha merced, aunque era bien niño, pero por diferentes respetos […] hiciéronme sentar a los pies del uno para que me calentase.

Empezaron a tratar de cómo y de qué manera habían de fundar el monasterio, cuán pobre, cuán apartado de bullicio, qué constituciones y modo habría de tener en hábito y en todo. Al fin, allí se decía una como idea del primer monasterio, cierto bien trazado y observante, al fin, como de tan grandes ingenios como eran los tres.

Yo, aunque criatura, estábamelos mirando u oyendo con mucha atención, y acuérdome que leía yo y pasaba la vida de la santa madre Teresa de Jesús, que ella había escrito: lo que le acaeció también cuando era niña y hacía ermitas y querían ser ella y su hermano ermitaños.

Levantóme con la mano el padre maestro fray Luis de León la cabeza, como que le mirase, y díjome:
— “Fray Juan, ¿y vos queréis ir con nosotros a ese monasterio?”.
— Díjele: “sí, por cierto, pero vuestra paternidad no ha de ir allá”.
— “Pues, ¿cómo lo veis?”, me dijo.
— “Porque no; no me parece que vuestra paternidad ha de ir, ni es para tan áspera vida. Déjela para el padre fray Jerónimo”.

Hoguera de leña

Y el chico tuvo razón. Luis de León favoreció, apoyó y dotó a la Recolección de sus primeras normas de vida. En 1589 se le encomendó la fundación de una casa recoleta en Salamanca; en 1590 asistió a la instalación del nuevo convento recoleto de Portillo (Valladolid); presentó diversas instancias de ausencia avaladas por Felipe II a la Universidad de Salamanca, donde dictaba lecciones, para poder dedicarse al nacimiento de la Recolección Agustiniana.

Pero la muerte le sorprendió el 23 de agosto de 1591 en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) cuando preparaba una biografía de santa Teresa de Jesús, cuyos escritos había revisado para la publicación. Tras su muerte sus restos fueron llevados a Salamanca, en cuya universidad descansan.

http://www.agustinosrecoletos.org/noticia.php?id_noticia=15378&id_seccion=5&idioma=1

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Para conocer más de los orígenes de la Recolección Agustiniana: https://www.dropbox.com/sh/vfzcqa5blss5txc/AADYtJakcT-HyCl9-XUALGzVa?dl=0

Primicia del 5 de diciembre de 2019: https://www.youtube.com/watch?v=_d6epGZ58bY&feature=emb_share&fbclid=IwAR3AMEScFoonKKo3FB_UBTv-U2kEzvLbX2npXUqddf19NNAYsjDK7Dm4JGI


El maná de cada día, 13.11.19

noviembre 13, 2019

Miércoles de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

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Día 13 de noviembre, nacimiento de san Agustín, Fiesta de Todos los Santos de la Orden

Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado

Dad gracias al Señor en toda ocasión, pues ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros

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PRIMERA LECTURA: Sabiduría 6, 1-11

Escuchad, reyes, y entended; aprendedlo, gobernantes del orbe hasta sus confines; prestad atención, los que domináis los pueblos y alardeáis de multitud de súbditos; el poder os viene del Señor, y el mando, del Altísimo:

Él indagará vuestras obras y explorará vuestras intenciones; siendo ministros de su reino, no gobernasteis rectamente, ni guardasteis la ley, ni procedisteis según la voluntad de Dios.

Repentino y estremecedor vendrá sobre vosotros, porque a los encumbrados se les juzga implacablemente.

A los más humildes se les compadece y perdona, pero los fuertes sufrirán una severa pena; el Dueño de todos no se arredra, no le impone la grandeza:

Él creó al pobre y al rico y se preocupa por igual de todos, pero a los poderosos les aguarda un control riguroso.

Os lo digo a vosotros, soberanos, a ver si aprendéis a ser sabios y no pecáis; los que observan santamente su santa voluntad serán declarados santos; los que se la aprendan encontrarán quien los defienda.

Ansiad, pues, mis palabras; anheladlas, y recibiréis instrucción.


SALMO 81,3-4.6-7

Levántate, oh Dios, y juzga la tierra.

«Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado, defended al pobre y al indigente, sacándolos de las manos del culpable.»

Yo declaro: «Aunque seáis dioses, e hijos del Altísimo todos, moriréis como cualquier hombre, caeréis, príncipes, como uno de tantos.»


Aclamación antes del Evangelio: 1Ts 5, 18

Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.


EVANGELIO: Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

Al verlos, les dijo: «ld a presentaros a los sacerdotes.»

Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»

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CULTIVAR LA GRATITUD

Al afán desmedido y desordenado de tener cosas y las mejores cosas, suelen acompañar otras ambiciones: tener buena opinión ante los demás, no perder cargos y títulos, aparentar, ser valorado y reconocido, influir, creerse imprescindible, estar informado de chismes y curiosidades, tener siempre la última palabra y el mejor criterio.

La ambición de poseer se alía fácilmente con el afán de poder y de ahí nace esa mentalidad tan utilitarista y pragmática que es capaz de servirse de las personas como de peones de ajedrez. ¿De qué te sirve ganar todo el mundo si pierdes tu alma?

La gratuidad habla mucho de Dios. No es injusta y boba ingenuidad sino una generosidad magnánima que, si quiere ser verdadera y constante, requiere de un ánimo fuerte y prudente.

Sé generoso con tu tiempo, con tus cualidades, con tu simpatía, con tus bienes, con tus favores, al escuchar, al cumplir tus deberes laborales y familiares.

No te limites a cumplir los mínimos de cortesía. Cultiva a tu alrededor la gratuidad, sabiendo que tendrás que poner muchas veces a disposición de otros tus dos mejillas, tu túnica y tus sandalias.

Tú ganarás mucho en desprendimiento y libertad interior, y los demás estarán recibiendo, a través de ti, un poco de Dios.

Pero, por encima de todo y de todos, hay que tener corazón generoso y gratuito con Dios. Con Él no seas un frío y cumplidor contable. ¿Qué tienes que no hayas recibido de Él?

Mira cuánta salvación te trajo aquel generoso sí de María, que no hubiera existido jamás si nuestra Madre se hubiera detenido a explicarle al ángel todas sus pegas, sus intereses, sus planes de vida y hasta lo que podrían pensar de ella todas sus vecinas.

 Lañas diarias  www.mater-dei.es


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13 de noviembre
Todos los Santos de la Orden

Hoy, cumpleaños de san Agustín, nacido el 13 de noviembre del año 354, celebramos en una sola fiesta, junto con los santos y beatos de las tres Órdenes agustinianas reconocidas por la Iglesia, a todos los hermanos y hermanas justos de toda lengua, tribu, raza y nación, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 20, 12). Es una acción de gracias a Dios por el don de la santidad que copiosamente ha derramado en la historia de nuestras Órdenes, y una invitación a seguir las huellas de tantos hermanos y hermanas que han acogido de corazón el Evangelio y han vivido fielmente su consagración al Señor.

Recordad cómo se han salvado nuestros padres

De la obra Crónica de san Agustín y de los santos, beatos y doctores de su Orden,

de san Alonso de Orozco, presbítero

Nosotros, que profesamos los sagrados dogmas de Cristo nuestro salvador, y que veneramos con corazón recto a Dios, sumo en sus santos, enardecidos por el celo de Dios, pregonamos incansablemente los triunfos insignes de los santos.

Será justo estudiar diligentemente y relatar, aunque sea de manera inexperta, las virtudes de los santos y varones ilustres de nuestra Orden. Pues, en verdad, ¿qué cosa más feliz o más sagrada podrá sucedernos que recordar la vida de los padres antiguos después de que ya se extinguió definitivamente? Por lo cual conviene traer a colación lo que, sucedido ha muchos años, está escrito de los macabeos: Recordad cómo fueron salvados nuestros padres. Ahora clamemos al cielo y el Señor se apiadará de nosotros.

Así pues, los padres antiguos de nuestra Orden, habitando los ardientes desiertos, libraron día y noche el buen combate, de modo que no sólo, inflamados por el fuego de la caridad, como intrépidos guerreros despreciaron libremente, con duelo lento, los predios y riquezas pasajeras, sino que vencieron también los embates engañosos y los silbidos de la serpiente astuta. De igual modo superaron plenamente los halagos de la carne con la oración asidua y la rigurosa austeridad en la comida.

Ved aquí con qué género de vida consiguieron los religiosos ilustres de nuestra sagrada Orden la salvación eterna. He aquí, digo, con cuánto trabajo, ignoradas las cosas temporales y pospuestas las riquezas mundanas, alcanzaron nuestros padres el premio del reino celestial.

¿Acaso no son éstos los que, tan bellamente, describe el Vaso de elección con estilo maravilloso, en la carta a los Hebreos, cuando dice: Los santos, con la fe, subyugaron reinos, obraron la justicia y consiguieron las promesas. Ceñidos con la espada de la fe, con ánimo inquebrantable, portaban la enseña de Jesucristo y la cruz del Señor en sus hombros. En verdad que el Señor, óptimo y soberano, nunca privó a nuestra sagrada Orden de su patrocinio, de modo que no le concediese copiosamente la gracia de su liberalidad.

Por lo que tal multitud de santos, nacidos de aquel astro relumbrante, el eximio doctor san Agustín, y colocados como lumbreras en el firmamento, ilustra toda la Orden con los admirables rayos de la virtud. De ahí finalmente brotan de aquel árbol maravilloso como ramas frondosas, y a diario nacen de modo admirable.

Oh bienaventurado varón y extraordinario padre Agustín, a quien Jesucristo engrandeció tanto, que es, por derecho propio, doctor de la Iglesia madre, y padre de muchas órdenes religiosas. Contemplemos, pues, ya con los ojos abiertos la vida de tal padre y las virtudes de sus hijos. Imitemos de todo corazón su humildad admirable, su inquebrantable fortaleza, su firme esperanza y su amor ardiente. Los cándidos ejemplos de los santos son para nosotros refugio seguro, en el que consiguen mucho provecho los que, gustosos, a él se acercan.


Oración de la Madre Viuda por su familia. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica

septiembre 10, 2019

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El estado de viudez no es el ocaso fatalista y destructor de la persona, sino un estado de plenitud y satisfacción por lo realizado en la vida con ayuda del esposo y de Dios, sobre todo en la propia familia.

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Oración de la madre-abuela Viuda. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica

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Esta Oración de la madre-abuela Viuda completa la secuencia de cuatro oraciones que son las más usadas entre las madres afiliadas a la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

El orden en que han sido presentadas y publicadas en este blog, https://ismaelojeda.wordpress.com/, refleja el orden de importancia de las distintas etapas y experiencias que vive la mujer en el desarrollo de su vocación humana y cristina, personal y familiar, sobre todo.

La primera, Oración de la Madre por la fe de los hijos, es la oración primera y fundamental que despierta y afirma la vocación de la madre cristiana. La madre desarrolla una función fundamental en el matrimonio. Y la oración expresa el común denominador de las madres cristianas: preocupación por trasmitir a los hijos la vida y la fe. Por eso, es la más usada, la oración básica de todas las madres pertenecientes a la Asociación; la programática. Vale para todas las madres sin excepción, ya sean solteras o casadas, separadas, viudas…

Pero para llegar a ser madre debe ser, antes y a la vez o simultáneamente, esposa. Primero madre, en cuanto a la pedagogía de la evangelización de la familia, comenzamos por la madre; pero no en cuanto al orden de prioridad o importancia. Primero y principalmente, “esposa”. La vida no se engendra, no se trasmite ni llega a plenitud sino dentro de una comunidad de amor. El individuo no puede generar ese tipo de vida plena, ni acompañarla integralmente. De ahí la conveniencia de recurrir a la Oración de los Padres por la fe de los hijos, cuando los esposos y padres quieren orar juntos y consolidar así su mutua relación y su amor a los hijos.

La tercera oración, Oración de la madre gestante y de los padres que esperan prole, incide en el misterio de la generación y trasmisión de la vida y de la fe a la nueva criatura, regalo de Dios a los esposos que los convierte en padres. En la medida en que sean buenos esposos serán buenos padres. Los hijos son fruto del amor matrimonial y tienen valor por sí mismos. No vienen a solucionar los problemas de los padres, no pueden ser “utilizados” por ellos.

Esta oración ayudará a los esposos y padres a vivir mejor una experiencia única en su vida personal y conyugal: la maternidad y paternidad, experiencia de plenitud humana. Ya no habrá más sorpresas fundamentales en su vida, sino amar y dejarse amar, querer a fondo perdido, incondicionalmente: sin reclamar nada ni al cónyuge ni a los hijos. Hacer de la dicha y felicidad de estos su propio contento, hasta desaparecer de escena, quedándose con lo que uno mismo es o con lo que comparten en santa convivencia matrimonial, siempre en Dios.

Y para concluir, la cuarta oración, Oración de la madre-abuela Viuda. Fue solicitada por algunas madres “mónicas” que vivían su condición de viudez y querían saber más sobre los planes de Dios en esa situación. Porque no se resignaban a que su convivencia conyugal, forjada a lo largo de tantos años, cayera al vacío. Teniendo en cuenta esta inquietud y atendiendo al hecho de que las esposas viven por lo general más que sus maridos y suelen sobrepasarlos en varios años… preparamos esta oración para las madres mónicas viudas que publicamos hoy.

Adelantando el contenido, partimos de que nuestra fe nos asegura que a pesar de las “pérdidas” que sufren las viudas, las penurias, la soledad… Dios no las abandona jamás, y menos a ellas que, a veces pueden sentir que sólo él las atiende de verdad. La Biblia suele presentar a Dios como el padre de los pobres y los huérfanos, y defensor de las viudas. Son las personas preferidas del amor, la ternura y la justicia de Dios.

Para concluir, afirmamos que Dios quiere que el estado de viudez, no sea el ocaso fatalista y destructor de la persona, sino más bien un estado de plenitud y satisfacción por lo realizado en la vida con ayuda del esposo y de Dios, sobre todo en la propia familia. Plenitud de vida por la serenidad, madurez de los años y la experiencia acumulada en los avatares de la existencia. Plenitud de alegría y disfrute al confiar a sus hijos, nietos y aun biznietos, al cuidado de Dios. En fin, una vida en el Espíritu gozosa al sentir la misericordia y el perdón de Dios que todo lo cubre, abandonándose cada vez más en las manos del Padre.

Santa Mónica, viuda

            Santa Mónica enviudó a los 41 años. Un año antes su esposo Patricio había recibido el bautismo. El gozo de Mónica fue extraordinario, pues Dios le había concedido uno de sus anhelos, probablemente el mayor de su vida, desde que conoció y se enamoró de Patricio. Sin embargo, poco le duró a Mónica la dicha de compartir plenamente con su esposo la misma fe.

Santa Mónica queda sola, con tres hijos. El mayor, Agustín, con dieciocho años, está cursando estudios superiores en Cartago. Con ella quedan en Tagaste los dos menores, Perpetua y Navigio.

Cuando Agustín concluye la carrera, vuelve a Tagaste con su mujer y su hijo Adeodato. Su intención es ayudar a la familia y ejercer su profesión. En Cartago se había afiliado a la secta maniquea con bastante entusiasmo. Ahora quiere convencer a sus amigos y familiares para que dejen la fe católica y se hagan maniqueos. Santa Mónica lo recibe en casa.

Pero cuando descubre que peligra la fe católica de sus familiares por el proselitismo de Agustín, lo echa de la casa. Un amigo de la familia, Romaniano, acoge en su casa al joven Agustín y a los suyos. Sólo cuando Santa Mónica recibe una señal divina de la futura conversión de su hijo, lo recibirá de nuevo en la casa.

Santa Mónica reza por la conversión de su hijo con lágrimas abundantes hasta recibir otra señal del cielo por medio de un obispo que le aseguró: “No puede perderse el hijo de tantas lágrimas”. Agustín decide volver a Cartago. Santa Mónica deja Tagaste y se va a Cartago porque quiere estar cerca de su hijo. Después se embarca y lo sigue hasta Roma y Milán, y no descansa hasta verlo convertido y bautizado en la fe católica.

Cuando se disponía a regresar al África con Agustín y toda la familia, la muerte le sorprende en el puerto de Ostia Tiberina, a los 56 años. Santa Mónica renuncia a descansar en la tumba que había reservado junto a su esposo en Tagaste. Piensa que es secundario estar enterrada en uno u otro lugar, y encarga a su hijo Agustín que rece a Dios por ella en la celebración de la eucaristía.

Por estos hechos y por otros muchísimos más detalles, santa Mónica es ejemplo para las madres cristianas viudas y modelo en las diversas circunstancias de la vida hasta que Dios las llame a reunirse con el esposo en la gloria eterna.

Oración de las Madre Viuda por su familia.  

Padre y Señor nuestro, somos madres cristianas viudas. Creemos que tú eres padre de los pobres, defensor de las viudas y protector de los huérfanos. De ahí que, con toda confianza, recurrimos a ti buscando consuelo y fortaleza, pues con frecuencia nos sentimos tristes y abandonadas. Creemos que tú eres el único que nos puede comprender plenamente.

Por ello te damos gracias, y en especial te agradecemos el esposo que nos diste. Queremos aceptar con resignación y alegría que ya descanse en ti. Tú sabrás tratarlo con misericordia. A tus manos lo confiamos. De ti lo recibimos, a ti lo devolvemos, y en ti esperamos encontrarlo para siempre.

Ahora reconocemos agradecidas que nuestros esposos fueron un don y sacramento de tu amor para nosotras y nuestros hijos. Te pedimos perdón porque no siempre supimos verlos y tratarlos según tus planes. Aunque nos falta ahora su presencia física, sentimos, sin embargo, cada día más que nos acompañan espiritualmente en todas nuestras preocupaciones.

Te bendecimos porque tú, Señor y Padre nuestro, todo lo dispones para nuestro bien. Deseamos cumplir tu voluntad, y queremos darte gracias siempre y por todo lo que permites que nos suceda.

Finalmente, te damos gracias porque en nuestro desvalimiento nos ofreces el ejemplo maravilloso de santa Mónica, que hizo felices a los suyos llevándolos a ti y alcanzando ella misma la plena felicidad en ti.

Al amparo de tan admirable intercesora, te presentamos nuestras necesidades repitiendo esta plegaria: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como santa Mónica ya viuda, saquemos fuerza de la debilidad y seamos padre y madre de nuestros hijos en todas sus necesidades, sobre todo espirituales. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que sintamos la compañía de nuestros esposos, que nos contemplan desde el cielo y ruegan por nosotras, y así podamos perseverar en nuestra vocación hasta el final. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que sepamos perdonar y olvidar las ingratitudes y ofensas causadas por nuestros maridos ya difuntos.¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o nietos el germen de una consagración religiosa o sacerdotal, seamos generosas colaboradoras de su vocación. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que seamos respetuosas con nuestros hijos y nietos en sus asuntos personales y familiares, sin renunciar a nuestra colaboración a fin de que puedan construir verdaderos hogares cristianos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, en nuestra condición de viudas, Dios sea nuestro consuelo y fortaleza, que nos permita experimentar la plenitud de vida: continuación e incluso superación de la dicha que gozamos con nuestros maridos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como viudas cristianas, cultivemos con más ahínco la vida espiritual y el compromiso en las tareas apostólicas de la parroquia y de la Iglesia. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que busquemos, con verdadero celo apostólico, a las madres viudas como nosotras, que se sienten solas o deprimidas, y logremos acercarlas a Dios. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, en el trato con otras madres viudas, nos interesemos por sus necesidades, las acompañemos con prudencia y solidaridad hasta despertar en ellas su vocación cristiana, y logremos integrarlas a la vida de la Iglesia ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre de la Consolación, que te mostraste a santa Mónica ya viuda, y la consolaste dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos y nietos firmes en la fe cristiana que en ellos sembramos desde su más tierna infancia, y felices por la sincera práctica religiosa. Amén.

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Asociación Madres Cristianas Santa Mónica. Agustinos Recoletos. Provincia Santo Tomás de Villanueva

ismaelojeda.wordpress.comhttps://www.facebook.com/ismael.ojedalozanowww.agustinosrecoletos.com

P. Ismael Ojeda Lozano


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