El maná de cada día, 11.10.19

octubre 11, 2019

Viernes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Primer día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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El que no recoge conmigo desparrama

 

PRIMERA LECTURA: Joel 1, 13-15;2, 1-2

Vestíos de luto y haced duelo, sacerdotes; llorad, ministros del altar; venid a dormir en esteras, ministros de Dios, porque faltan en el templo del Señor ofrenda y libación.

Proclamad el ayuno, congregad la asamblea, reunid a los ancianos, a todos los habitantes de la tierra, en el templo del Señor, nuestro Dios, y clamad al Señor.

¡Ay de este día! Que está cerca el día del Señor, vendrá como azote del Dios de las montañas. Tocad la trompeta en Sión, gritad en mi monte santo, tiemblen los habitantes del país, que viene, ya está cerca, el día del Señor.

Día de oscuridad y tinieblas, día de nube y nubarrón; como negrura extendida sobre los montes, una horda numerosa y espesa; como ella no la hubo jamás, después de ella no se repetirá, por muchas generaciones.


SALMO 9, 2-3.6.16.8-9

El Señor juzgará el orbe con justicia.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, proclamando todas tus maravillas; me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.

Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío y borraste para siempre su apellido. Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron, su pie quedó prendido en la red que escondieron.

Dios está sentado por siempre en el trono que ha colocado para juzgar. Él juzgará el orbe con justicia y regirá las naciones con rectitud.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 12, 31b-32

Ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera -dice el Señor-. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.


EVANGELIO: Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí”. Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»

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CÓMO SE VENCE AL DEMONIO
Papa Francisco en Casa Santa Marta
Viernes 11 de octubre de 2013

«Por favor, no hagamos tratos con el demonio» y tomemos en serio los peligros que se derivan de su presencia en el mundo. Lo recomendó el Papa Francisco el viernes 11 de octubre por la mañana, en su homilía en la misa en Santa Marta.

«La presencia del demonio —recordó— está en la primera página de la Biblia y la Biblia acaba también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio». Pero éste —advirtió— vuelve siempre con sus tentaciones. Nos corresponde a nosotros «no ser ingenuos».

El Pontífice comentó el episodio en el que Lucas (11, 15-26) cuenta de Jesús que expulsa a los demonios. El evangelista refiere también los comentarios de cuantos asisten perplejos y acusan a Jesús de magia o, como mucho, le reconocen que es sólo un sanador de personas afectadas por epilepsia.

También hoy —observó el Papa— «hay sacerdotes que cuando leen este pasaje y otros pasajes del Evangelio, dicen: Jesús curó a una persona de una enfermedad psíquica». Ciertamente «es verdad que en aquel tiempo se podía confundir la epilepsia con la posesión del demonio —reconoció—, pero también es verdad que estaba el demonio. Y nosotros no tenemos derecho a hacer el asunto tan sencillo», liquidándolo como si se tratara de enfermos psíquicos y no de endemoniados.

Volviendo al Evangelio, el Papa observó que Jesús nos ofrece algunos criterios para entender esta presencia y reaccionar. «¿Cómo ir por nuestro camino cristiano cuando existen las tentaciones? ¿Cuándo entra el diablo para turbarnos?», se preguntó.

El primero de los criterios sugeridos por el pasaje evangélico «es que no se puede obtener la victoria de Jesús sobre el mal, sobre el diablo, a medias». Para explicarlo, el Santo Padre citó las palabras de Jesús referidas por Lucas: «El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama».

Y refiriéndose a la acción de Jesús respecto a los poseídos por el diablo, dijo que se trata sólo de una pequeña parte «de lo que vino a hacer por toda la humanidad»: destruir la obra del diablo para liberarnos de su esclavitud.

No se puede seguir creyendo que sea una exageración: «O estás con Jesús o estás contra Jesús. Y sobre este punto no hay matices. Hay una lucha, una lucha en la que está en juego la salvación eterna de todos nosotros». Y no hay alternativas, aunque a veces oigamos «algunas propuestas pastorales» que parecen más acomodadoras. «¡No! O estás con Jesús —repitió el Obispo de Roma— o estás en contra. Esto es así. Y éste es uno de los criterios».

Último criterio es el de la vigilancia. «Debemos siempre velar, velar contra el engaño, contra la seducción del maligno», exhortó el Pontífice. Y volvió a citar el Evangelio: «Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros.

Y nosotros podemos hacernos la pregunta: ¿yo vigilo sobre mí? ¿Sobre mi corazón? ¿Sobre mis sentimientos? ¿Sobre mis pensamientos? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí?». Si no se custodia —añadió, cintando otra vez el Evangelio—, «llega otro que es más fuerte y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín».

Son estos, por lo tanto, los criterios para responder a los desafíos planteados por la presencia del diablo en el mundo: la certeza de que «Jesús lucha contra el diablo»; «quien no está con Jesús está contra Jesús»; y «la vigilancia».

Hay que tener presente —dijo también el Papa— que «el demonio es astuto: jamás es expulsado para siempre, sólo lo será el último día». Porque cuando «el espíritu inmundo sale del hombre —recordó, citando el Evangelio—, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y al no encontrarlo dice: volveré a mi casa de donde salí. Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio».

He aquí por qué es necesario velar. «Su estrategia es ésta —advirtió el Papa Francisco—: tú te has hecho cristiano, vas adelante con tu fe, y yo te dejo, te dejo tranquilo. Pero después, cuando te has acostumbrado y no estás muy alerta y te sientes seguro, yo vuelvo. El Evangelio de hoy comienza con el demonio expulsado y acaba con el demonio que vuelve. San Pedro lo decía: es como un león feroz que ronda a nuestro alrededor». Y esto no son mentiras: «es la Palabra del Señor».

«Pidamos al Señor —fue su oración conclusiva— la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación, Él ha vencido al demonio».

http://www.vatican.va

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HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO EN SANTA MARTA, 9 de octubre de 2015

(RV).- Interpretar mal a quien hace el bien, calumniar por envidia, tender trampas para hacer caer, todo esto no viene de Dios sino del diablo.

El Papa Francisco comentó el Evangelio del día al celebrar la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta exhortando al discernimiento y a la vigilancia.

Rigideces doctrinales

Refiriéndose al Evangelio del día, en el que Jesús echa a un demonio, hace el bien, está entre la gente que lo escucha y reconoce su autoridad, pero está quien lo acusa.

El Santo Padre subrayó: “Había otro grupo de personas que no lo amaba y siempre trataba de interpretar las palabras de Jesús y también las actitudes de Jesús de modo diverso, contra Jesús.

Algunos por envidia, otros por rigideces doctrinales, otros porque tenían miedo de que fueran los romanos e hicieran una matanza; por tantos motivos trataban de alejar del pueblo la autoridad de Jesús, incluso con la calumnia, como en este caso.

‘Él echa a los demonios por medio de Belcebú. Él es un endemoniado. Él hace magias, es un brujo. Y continuamente lo ponían a prueba, le ponían delante una trampa, para ver si caía”.

Discernimiento y vigilancia

El Papa Bergoglio invitó al discernimiento y a la vigilancia. “Saber discernir las situaciones”: lo que viene de Dios y lo que viene del maligno que “siempre trata de engañar”, “de hacernos elegir un camino equivocado”.

“El cristiano no puede estar tranquilo, pensar que todo va bien, debe discernir las cosas y mirar bien de dónde vienen, cuál es su raíz”.

El diablo anestesia la conciencia

Y después está la vigilancia, porque en un camino de fe “las tentaciones vuelven siempre, el mal espíritu jamás se cansa”. Si “ha sido expulsado” tiene “paciencia, y espera para volver”, y si se lo deja entrar se cae en una situación peor.

En efecto, antes se sabía que era “el demonio el que atormentaba”. Después, “el maligno está escondido, viene con sus amigos muy educados, llama a la puerta, pide permiso, entra y convive con aquel hombre, su vida cotidiana y, gota a gota, da las instrucciones”.

Con “esta modalidad educada” el diablo convence a “hacer las cosas con relativismo”, tranquilizando la conciencia: “Tranquilizar la conciencia. Anestesiar la conciencia. Y esto es un gran mal.

Cuando el mal espíritu logra anestesiar la conciencia se puede hablar de una verdadera victoria suya, se convierte en el dueño de aquella conciencia: ‘¡Y esto sucede por doquier!

Sí, pero todos, todos tenemos problemas, todos somos pecadores, todos…’. Y en el ‘todos’ está el ‘ninguno. ‘Todos, pero yo no’. Y así se vive esta mundanidad que es hija del mal espíritu”.

Hacer siempre un examen de conciencia

Al final de su homilía el Papa Francisco reafirmó las dos palabras iniciales, vigilancia y discernimiento:

“Vigilancia. La Iglesia nos aconseja siempre el ejercicio del examen de conciencia: ¿qué ha sucedido hoy en mi corazón, hoy, por esto? ¿Ha venido a mí este demonio educado con sus amigos?

Discernimiento. De dónde vienen los comentarios, las palabras, las enseñanzas, ¿quién dice esto?

Discernir y vigilancia, para no dejar entrar a aquel que engaña, que seduce, que fascina. Pidamos al Señor esta gracia, la gracia del discernimiento y la gracia de la vigilancia”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

(from Vatican Radio)


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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (1)

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Rito de entrada para todos los días

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día primero

Comienzo del cristianismo en el Japón. Persecución.

El 15 de agosto de 1549 desembarcaba san Francisco Javier en las costas del Japón. Además del padre Cosme de Torres, le acompañaban tres jóvenes japoneses, que había convertido en Malaca. Javier comenzó a predicar el Evangelio y a bautizar a los primeros cristianos de las islas. Estuvo en Japón dos años escasos.

Pero el surco abierto por él fue fecundado por los misioneros jesuitas hasta fines del siglo XVI. Después, se unieron misioneros de otras órdenes: franciscanos, dominicos, agustinos. Y pudieron predicar con relativa paz y tranquilidad el Evangelio hasta la segunda década del siglo XVII.

En torno al 1613, se desencadenó la terrible persecución contra los católicos y contra los misioneros españoles y portugueses. Es difícil describir sucintamente la historia del largo calvario que sufrió la naciente Cristiandad del Japón durante unos cincuenta años.

Los historiadores están de acuerdo en afirmar que la persecución japonesa fue mucho más sistemática, refinada y cruel que la persecución de los primeros siglos de la Iglesia.

Los japoneses no deseaban crear mártires. Hubieran quedado despobladas diversas ciudades. Les interesaba hacer apóstatas. El edicto del Shogun Ieyashu de 1614 ordenaba eliminar “sin pérdida de tiempo a todos los cristianos, de tal manera que no tengan lugar donde poner los pies”.

Cuantos se negaran a apostatar del cristianismo, serían condenados a muerte. Los misioneros extranjeros debían abandonar inmediatamente el país. Había en Japón en aquel entonces unos 150 misioneros. Casi todos fueron concentrados en Nagasaki y después expulsados del país.

Quedaron escondidos en Japón unos 42 misioneros. A la expulsión siguió la destrucción de las iglesias, cruces, cementerios y de toda clase de símbolos cristianos. Y la iglesia del Japón escribió una de las más gloriosas páginas de la historia de martirio de la Iglesia católica.

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Oración de los fieles para todos los días

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.

R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos…

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos...

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos...

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos...

Para añadir a la oración comunitaria

Por todos los agustinos recoletos seglares, para que sepamos vivir con autenticidad nuestra consagración y para que nuestra vida atraiga a muchos a seguir a Cristo más de cerca. Oremos...

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y poder participar con ella de tu gloria por la eternidad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.



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Oración de la Madre Viuda por su familia. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica

septiembre 10, 2019

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El estado de viudez no es el ocaso fatalista y destructor de la persona, sino un estado de plenitud y satisfacción por lo realizado en la vida con ayuda del esposo y de Dios, sobre todo en la propia familia.

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Oración de la madre-abuela Viuda. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica

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Esta Oración de la madre-abuela Viuda completa la secuencia de cuatro oraciones que son las más usadas entre las madres afiliadas a la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

El orden en que han sido presentadas y publicadas en este blog, https://ismaelojeda.wordpress.com/, refleja el orden de importancia de las distintas etapas y experiencias que vive la mujer en el desarrollo de su vocación humana y cristina, personal y familiar, sobre todo.

La primera, Oración de la Madre por la fe de los hijos, es la oración primera y fundamental que despierta y afirma la vocación de la madre cristiana. La madre desarrolla una función fundamental en el matrimonio. Y la oración expresa el común denominador de las madres cristianas: preocupación por trasmitir a los hijos la vida y la fe. Por eso, es la más usada, la oración básica de todas las madres pertenecientes a la Asociación; la programática. Vale para todas las madres sin excepción, ya sean solteras o casadas, separadas, viudas…

Pero para llegar a ser madre debe ser, antes y a la vez o simultáneamente, esposa. Primero madre, en cuanto a la pedagogía de la evangelización de la familia, comenzamos por la madre; pero no en cuanto al orden de prioridad o importancia. Primero y principalmente, “esposa”. La vida no se engendra, no se trasmite ni llega a plenitud sino dentro de una comunidad de amor. El individuo no puede generar ese tipo de vida plena, ni acompañarla integralmente. De ahí la conveniencia de recurrir a la Oración de los Padres por la fe de los hijos, cuando los esposos y padres quieren orar juntos y consolidar así su mutua relación y su amor a los hijos.

La tercera oración, Oración de la madre gestante y de los padres que esperan prole, incide en el misterio de la generación y trasmisión de la vida y de la fe a la nueva criatura, regalo de Dios a los esposos que los convierte en padres. En la medida en que sean buenos esposos serán buenos padres. Los hijos son fruto del amor matrimonial y tienen valor por sí mismos. No vienen a solucionar los problemas de los padres, no pueden ser “utilizados” por ellos.

Esta oración ayudará a los esposos y padres a vivir mejor una experiencia única en su vida personal y conyugal: la maternidad y paternidad, experiencia de plenitud humana. Ya no habrá más sorpresas fundamentales en su vida, sino amar y dejarse amar, querer a fondo perdido, incondicionalmente: sin reclamar nada ni al cónyuge ni a los hijos. Hacer de la dicha y felicidad de estos su propio contento, hasta desaparecer de escena, quedándose con lo que uno mismo es o con lo que comparten en santa convivencia matrimonial, siempre en Dios.

Y para concluir, la cuarta oración, Oración de la madre-abuela Viuda. Fue solicitada por algunas madres “mónicas” que vivían su condición de viudez y querían saber más sobre los planes de Dios en esa situación. Porque no se resignaban a que su convivencia conyugal, forjada a lo largo de tantos años, cayera al vacío. Teniendo en cuenta esta inquietud y atendiendo al hecho de que las esposas viven por lo general más que sus maridos y suelen sobrepasarlos en varios años… preparamos esta oración para las madres mónicas viudas que publicamos hoy.

Adelantando el contenido, partimos de que nuestra fe nos asegura que a pesar de las “pérdidas” que sufren las viudas, las penurias, la soledad… Dios no las abandona jamás, y menos a ellas que, a veces pueden sentir que sólo él las atiende de verdad. La Biblia suele presentar a Dios como el padre de los pobres y los huérfanos, y defensor de las viudas. Son las personas preferidas del amor, la ternura y la justicia de Dios.

Para concluir, afirmamos que Dios quiere que el estado de viudez, no sea el ocaso fatalista y destructor de la persona, sino más bien un estado de plenitud y satisfacción por lo realizado en la vida con ayuda del esposo y de Dios, sobre todo en la propia familia. Plenitud de vida por la serenidad, madurez de los años y la experiencia acumulada en los avatares de la existencia. Plenitud de alegría y disfrute al confiar a sus hijos, nietos y aun biznietos, al cuidado de Dios. En fin, una vida en el Espíritu gozosa al sentir la misericordia y el perdón de Dios que todo lo cubre, abandonándose cada vez más en las manos del Padre.

Santa Mónica, viuda

            Santa Mónica enviudó a los 41 años. Un año antes su esposo Patricio había recibido el bautismo. El gozo de Mónica fue extraordinario, pues Dios le había concedido uno de sus anhelos, probablemente el mayor de su vida, desde que conoció y se enamoró de Patricio. Sin embargo, poco le duró a Mónica la dicha de compartir plenamente con su esposo la misma fe.

Santa Mónica queda sola, con tres hijos. El mayor, Agustín, con dieciocho años, está cursando estudios superiores en Cartago. Con ella quedan en Tagaste los dos menores, Perpetua y Navigio.

Cuando Agustín concluye la carrera, vuelve a Tagaste con su mujer y su hijo Adeodato. Su intención es ayudar a la familia y ejercer su profesión. En Cartago se había afiliado a la secta maniquea con bastante entusiasmo. Ahora quiere convencer a sus amigos y familiares para que dejen la fe católica y se hagan maniqueos. Santa Mónica lo recibe en casa.

Pero cuando descubre que peligra la fe católica de sus familiares por el proselitismo de Agustín, lo echa de la casa. Un amigo de la familia, Romaniano, acoge en su casa al joven Agustín y a los suyos. Sólo cuando Santa Mónica recibe una señal divina de la futura conversión de su hijo, lo recibirá de nuevo en la casa.

Santa Mónica reza por la conversión de su hijo con lágrimas abundantes hasta recibir otra señal del cielo por medio de un obispo que le aseguró: “No puede perderse el hijo de tantas lágrimas”. Agustín decide volver a Cartago. Santa Mónica deja Tagaste y se va a Cartago porque quiere estar cerca de su hijo. Después se embarca y lo sigue hasta Roma y Milán, y no descansa hasta verlo convertido y bautizado en la fe católica.

Cuando se disponía a regresar al África con Agustín y toda la familia, la muerte le sorprende en el puerto de Ostia Tiberina, a los 56 años. Santa Mónica renuncia a descansar en la tumba que había reservado junto a su esposo en Tagaste. Piensa que es secundario estar enterrada en uno u otro lugar, y encarga a su hijo Agustín que rece a Dios por ella en la celebración de la eucaristía.

Por estos hechos y por otros muchísimos más detalles, santa Mónica es ejemplo para las madres cristianas viudas y modelo en las diversas circunstancias de la vida hasta que Dios las llame a reunirse con el esposo en la gloria eterna.

Oración de las Madre Viuda por su familia.  

Padre y Señor nuestro, somos madres cristianas viudas. Creemos que tú eres padre de los pobres, defensor de las viudas y protector de los huérfanos. De ahí que, con toda confianza, recurrimos a ti buscando consuelo y fortaleza, pues con frecuencia nos sentimos tristes y abandonadas. Creemos que tú eres el único que nos puede comprender plenamente.

Por ello te damos gracias, y en especial te agradecemos el esposo que nos diste. Queremos aceptar con resignación y alegría que ya descanse en ti. Tú sabrás tratarlo con misericordia. A tus manos lo confiamos. De ti lo recibimos, a ti lo devolvemos, y en ti esperamos encontrarlo para siempre.

Ahora reconocemos agradecidas que nuestros esposos fueron un don y sacramento de tu amor para nosotras y nuestros hijos. Te pedimos perdón porque no siempre supimos verlos y tratarlos según tus planes. Aunque nos falta ahora su presencia física, sentimos, sin embargo, cada día más que nos acompañan espiritualmente en todas nuestras preocupaciones.

Te bendecimos porque tú, Señor y Padre nuestro, todo lo dispones para nuestro bien. Deseamos cumplir tu voluntad, y queremos darte gracias siempre y por todo lo que permites que nos suceda.

Finalmente, te damos gracias porque en nuestro desvalimiento nos ofreces el ejemplo maravilloso de santa Mónica, que hizo felices a los suyos llevándolos a ti y alcanzando ella misma la plena felicidad en ti.

Al amparo de tan admirable intercesora, te presentamos nuestras necesidades repitiendo esta plegaria: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como santa Mónica ya viuda, saquemos fuerza de la debilidad y seamos padre y madre de nuestros hijos en todas sus necesidades, sobre todo espirituales. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que sintamos la compañía de nuestros esposos, que nos contemplan desde el cielo y ruegan por nosotras, y así podamos perseverar en nuestra vocación hasta el final. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que sepamos perdonar y olvidar las ingratitudes y ofensas causadas por nuestros maridos ya difuntos.¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o nietos el germen de una consagración religiosa o sacerdotal, seamos generosas colaboradoras de su vocación. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que seamos respetuosas con nuestros hijos y nietos en sus asuntos personales y familiares, sin renunciar a nuestra colaboración a fin de que puedan construir verdaderos hogares cristianos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, en nuestra condición de viudas, Dios sea nuestro consuelo y fortaleza, que nos permita experimentar la plenitud de vida: continuación e incluso superación de la dicha que gozamos con nuestros maridos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como viudas cristianas, cultivemos con más ahínco la vida espiritual y el compromiso en las tareas apostólicas de la parroquia y de la Iglesia. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que busquemos, con verdadero celo apostólico, a las madres viudas como nosotras, que se sienten solas o deprimidas, y logremos acercarlas a Dios. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, en el trato con otras madres viudas, nos interesemos por sus necesidades, las acompañemos con prudencia y solidaridad hasta despertar en ellas su vocación cristiana, y logremos integrarlas a la vida de la Iglesia ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre de la Consolación, que te mostraste a santa Mónica ya viuda, y la consolaste dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos y nietos firmes en la fe cristiana que en ellos sembramos desde su más tierna infancia, y felices por la sincera práctica religiosa. Amén.

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Asociación Madres Cristianas Santa Mónica. Agustinos Recoletos. Provincia Santo Tomás de Villanueva

ismaelojeda.wordpress.comhttps://www.facebook.com/ismael.ojedalozanowww.agustinosrecoletos.com

P. Ismael Ojeda Lozano


El maná de cada día, 4.9.19

septiembre 4, 2019

Miércoles de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

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Familia Agustiniana:

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN, PATRONA DE LA ORDEN
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Nuestra Señora, Madre de la Consolación

Nuestra Señora, Madre de la Consolación

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PRIMERA LECTURA: Colosenses 1, 1-8

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos que viven en Colosas, hermanos fieles en Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre.

En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos.

Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad.

Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad la gracia de Dios.

Fue Epafras quien os lo enseñó, nuestro querido compañero de servicio, fiel ministro de Cristo para con vosotros, el cual nos ha informado de vuestro amor en el Espíritu.


SALMO 51, 10. 11

Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás.

Pero yo, como verde olivo, en la casa de Dios, confío en la misericordia de Dios por siempre jamás.

Te daré siempre gracias porque has actuado; proclamaré delante de tus fieles: «Tu nombre es bueno.»


ALELUYA: Lc 4, 18

El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad.


EVANGELIO: Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón.

La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.

Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles.

Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.

De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.

Al hacerse de día, salió a un lugar solitario.

La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.

Pero él les dijo: «También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»

Y predicaba en las sinagogas de Judea.


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4 de septiembre

Solemnnidad de Nuestra Señora, Madre de la Consolación
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Nuestra Señora de la Consolación, con san Agustín, san Nicolás de Tolentino, santa Mónica y santa Rita. De Juan Simón Gutiérrez (1645-1724). Agustinas Recoletas de Carmona (Sevilla).

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Primera Lectura: Is 49, 8-11. 13. 15 El Señor consuela a su pueblo.
Salmo 29: Para toda la vida la misericordia del Señor.
Segunda Lectura: 2 Co 1, 3-7 Nos alienta en todas nuestras luchas.
Evangelio: Jn 19, 25-27 Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.

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Oración de las Madres Cristianas Santa Mónica a Nuestra Señora de la Consolación por la fe de los hijos:

Virgen María, Madre de la Consolación, que consolaste a santa Mónica dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos firmes y felices en la práctica de la fe que en sus almas sembramos desde que los concebimos en nuestro ser.

Y si alguno se ha desviado, danos, Madre nuestra, la alegría de verlo retornar a la fe; y así poder gozarnos en la realización plena de nuestra vocación como madres cristianas. Amén.
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Reina y Madre de la Recolección Agustiniana

Nuestra Señora de la Consolación es la principal advocación recoleta de la Virgen. A ella consagró la Orden el beato Vicente Soler en 1926. Su imagen está en todas nuestras iglesias. De ella toma nombre una de las ocho provincias recoletas, así como muchas de sus casas y fraternidades seglares.

Pero no todos conocerán el significado de su nombre, o el de la correa que tanto ella como el Niño tienen en sus manos, o su relación con san Agustín y santa Mónica, que suelen flanquearla.

Todo ello lo explica con sencillez el padre Javier Guerra, ex prior General de la Orden, en una carta circular publicada hace un tiempo:

Con la bula Licet Ecclesiae del papa Alejandro IV, promulgada el 9 de abril de 1256, nacía la Orden de Ermitaños de San Agustín, compuesta por varios grupos. Este acontecimiento es conocido en la historia como la Gran Unión Agustiniana.

Los primeros frailes, al proceder de diversos lugares y costumbres, vestían cada uno a su modo, si bien la mayoría se cubría con el típico sayal pardo con capucha y un ceñidor de cuerda. La bula terminó con estas diferencias y mandó que todos vistieran «hábito de color negro, con exclusión de cualquier otro, para que la uniformidad del vestido manifieste también la uniformidad de vuestra profesión».

En los decenios siguientes y con el fin, quizá inconsciente, de justificar su forma de vivir y vestir, los agustinos fueron perfilando una leyenda, según la cual san Agustín habría vestido primeramente, a raíz de su bautismo, de blanco, según estaba ordenado para los neófitos en la Iglesia primitiva.

Después, por consejo de santa Mónica, san Ambrosio le habría impuesto el hábito negro sobre el blanco.

Según la tradición, santa Mónica, angustiada por la pérdida de su esposo Patricio y el descarrío de su hijo Agustín, habría recurrido a la Virgen pidiéndole ayuda y solicitándole que le revelase cómo vestía Ella después de la muerte de su esposo san José.

La Virgen María la consoló con una aparición, en la que le mostró un vestido de color negro, ceñido con un cinturón de cuero, le entregó su correa y le prometió proteger a todo aquel que vistiese como Ella y se ciñese su correa.

La leyenda se fraguó durante los siglos XIV y XV, y alcanzó su apogeo en los dos siguientes.

Paralelamente los agustinos atribuyeron a la correa valores taumatúrgicos y le dieron un significado místico. La correa pasó a ser símbolo de mortificación, disponibilidad y pureza.

Lógicamente, la leyenda carece de base histórica y nos conduce a un mundo abierto a lo irreal y maravilloso, que ya no es el nuestro.

Pero no es menos cierto que refleja un hecho que, de un modo u otro, tuvo que acaecer en el corazón de Mónica, y funde en una única realidad tres devociones de todo agustino a la Madre de Dios, a San Agustín y a Santa Mónica.

La Consolación recuerda la alegría de Mónica por la conversión de su hijo y aviva en nuestros corazones la esperanza de que María no dejará nunca de velar por nosotros y nuestros seres queridos.

Canta y Camina No. 63

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La Consolación

NUESTRA SEÑORA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN

Patrona de la Orden

La bienaventurada Virgen María es venerada como Madre de Consolación, porque a través de ella “Dios mandó al mundo al Consolador”, Cristo Jesús.

La participación en los dolores de la pasión de su Hijo y en las alegrías de su resurrección la ponen en condición de consolar a sus hijos en cualquier aflicción en que se encuentren.

Después de la ascensión de Jesucristo, en unión con los apóstoles imploró con ardor y esperó con confianza al Espíritu Consolador.

Ahora, elevada al cielo, “brilla ante el pueblo peregrino de Dios como signo de segura esperanza y consolación” (LG 69).

Al menos desde el siglo XVII, “Madre de Consolación” o “Madre de la Correa” es el título principal con que la Orden Agustiniana honra a la Virgen. En 1439 obtuvo la facultad de erigir para los laicos la “Cofradía de la Correa”.

Una piadosa leyenda, nacida en el seno de la Orden, narraba que la Virgen se había aparecido a santa Mónica, afligida por la suerte de Agustín, consolándola y dándole una correa, la misma con que después se ciñeron Agustín y sus frailes.

De ordinario, la iconografía representa a la Virgen y al Niño en el acto de entregar sendas correas, respectivamente, a santa Mónica y a san Agustín.

En 1495 surgió en la iglesia agustiniana de Bolonia la “Cofradía de Santa María de la Consolación. En 1575 ambas cofradías se fusionaron en una única “Archicofradía de la Correa”, a la que la Sede Apostólica enriqueció con abundancia de indulgencias (Tomado de la Liturgia de las Horas de la Orden).
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El maná de cada día, 28.8.19

agosto 28, 2019

San Agustín, Nuestro Padre, obispo y doctor de la Iglesia

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¡Felicidades a la familia agustino-recoleta y a todas las comunidades agustinianas del mundo. Seamos lo que somos por gracia: Hijos del gran Agustín!
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Claudio Coello. Triunfo de San Agustín. Óleo sobre lienzo. 1664. Museo del Prado. Madrid

Claudio Coello. Triunfo de San Agustín. 1664. Museo del Prado. Madrid

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Antífona de entrada: Re 4, 29.31c

Dios le concedió sabiduría e inteligencia muy grandes y un corazón dilatado; su nombre se extendió por todos los pueblos.


Oración colecta

Renueva, Señor, en tu Iglesia el espíritu que infundiste en san Agustín, obispo, y así también nosotros, sedientos de la verdadera sabiduría nunca cesemos de buscarte, fuente viva de amor eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 2, 42-47

Después del día de Pentecostés, los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.


SALMO 83, 2-6.11

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.

Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.


SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 4, 1-8

Querido hermano: Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.

Tú estate siempre alerta; soporta lo adverso, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.


Secuencia (Ad libitum)

De un abismo de tinieblas
brota una luz esplendente
que hoy para el mundo fulgura.

Agustín, el que había sido
presa del error, es dado
como un honor a la Iglesia.

A la llamada divina,
abraza la fe, y se acerca
a la fuente del bautismo.

Con elocuencia combate,
y en sus escritos condena
sus pasados extravíos.

Confirma la fe; modela
las costumbres; su palabra
destruye el error y el vicio.

Enmudece Fortunato,
deden Manes y Donato
al fulgor de su palabra.

Aquel mundo en decadencia,
ebrio de opiniones vanas
y turgente de herejías,

Fruto abundante comienza
a producir, cuando esparce
la fe, Agustín, por el orbe.

Según norma de los fieles
de Jerusalén, ajusta
la vida del monacato.

Pues sus hermanos vivían
en común, sin nada propio
que considerasen suyo.

Para salvación del hombre
él cultivó de por vida
las virtudes: murió anciano,
y reposó con sus padres.

Nada dejó en testamento
quien nada propio tenía,
pues los bienes reputaba
comunes con sus hermanos.

Salve, modelo de sabios,
de Cristo luz, voz celeste,
pregonero de la vida,
lumbrera de los doctores.

Los que Padre te proclaman,
teniéndote como guía,
consigan la vida eterna
en la gloria de los santos.
Amén.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 14

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí.


EVANGELIO: Juan 10, 7-18

En aquel tiempo dijo Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí, se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».


Antífona de comunión: 1 Cor 10, 17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.


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¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste.

Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud.

Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hech­o por ella. La conoce el que conoce la verdad.

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo.

Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba:

«Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».

Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía:

Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.

¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.


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El maná de cada día, 26.8.19

agosto 26, 2019

Lunes de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

Noveno y último día de la Novena a Santa Mónica

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amanecerMontaña

El Señor ama a su pueblo

 

PRIMERA LECTURA: Tesalonicenses 1,1-5.8b-10

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.

Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.

Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.

Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis:

cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.


SALMO 149, 1-2.3-4.5-6a.9b

El Señor ama a su pueblo.

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor, yo las conozco y ellas me siguen.


EVANGELIO: Mateo 23, 13-22

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo:

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito y, cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros!

¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga!” ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga.” ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda?

Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.»

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LA SINCERIDAD NOS SALVA

El pecado nos acostumbra a vivir blindados detrás de una falsa imagen de nosotros mismos, constantemente alimentada por nuestra soberbia y vanidad. Detrás de esa careta escondemos la basura de nuestros pecados, defectos y limitaciones, procurando disimularlos para que se vean lo menos posible, y hasta terminamos creyéndonos que, en realidad, todo esa basura no existe.

Cuánto nos cuesta, entonces, vivir la sinceridad con Dios en el sacramento de la reconciliación y la sinceridad con uno mismo en la dirección espiritual.

Y, sin embargo, esa sinceridad te libera del pesado lastre de tu propia egolatría, te desata los nudos que atan en ti la acción de la gracia, te salva del duro cascarón de tu soberbio egoísmo en el que fácilmente te enrocas cuando caes.

Confía tu alma a Dios, sin miedos de ningún tipo. Confíala también, sin ocultar nada por vergüenza, a aquellos que, a través de la dirección espiritual, te ayudan en tu camino de entrega a Dios.

Y, sobre todo, sé sincero contigo mismo, mirándote en el espejo de tu imagen real, nada ficticia, hecha de mucho barro, sí, pero barro tocado y traspasado por la gracia divina.

La vitalidad de tu fe, el atractivo de tu apostolado, el testimonio de tu vida cristiana y hasta el crecimiento interior de tu alma dependen, y mucho, de la sinceridad con que, a diario, al final de la jornada, hagas tu examen de conciencia.

Lañas diarias www.mater-dei.es



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NOVENA A SANTA MÓNICA (y 9)
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Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

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NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén.

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el noveno día

El éxtasis de Ostia Tiberina de Mónica y Agustín

1.- Textos bíblicos para la misa

• Romanos, 8, 26-39.
• Salmo 83, 2-6.11. Dichosos los que viven en tu casa. M. Ag. pág. 79.
• San Juan, 17, 1-8.21-24.

2.- Textos agustinianos

“Estando ya cercano el día de su partida de esta vida, aconteció, por tus disposiciones misteriosas, según creo, (Dios mío), que ella y yo nos hallábamos asomados a una ventana que daba al jardín de la casa donde nos hospedábamos. Era en las cercanías de Ostia Tiberina. Allí, apartados de la gente, tras las fatigas de un viaje pesado, reponíamos fuerzas para la navegación.

Conversábamos, pues, solos los dos, con gran dulzura. Olvidándonos de lo pasado y proyectándonos hasta las realidades que teníamos delante, buscábamos juntos, en presencia de la verdad que eres tú, cuál sería la vida eterna de los santos, que ni el ojo vio, ni el oído oyó ni llegó al corazón del hombre.

Abríamos con avidez la boca del corazón al elevado chorro de tu fuente, de la fuente de la vida que hay en ti, para que, rociados por ella según nuestra capacidad, pudiéramos en cierto modo imaginarnos una realidad tan maravillosa.

Y cuando nuestra reflexión llegó a la conclusión de que, frente al gozo de aquella vida, el placer de los sentidos carnales, por grande que sea y aunque esté revestido del máximo brillo corporal, no tiene punto de comparación y ni siquiera es digno de que se le mencione, tras elevarnos con afecto amoroso, más ardiente hacia él mismo, recorrimos gradualmente todas las realidades corporales, incluyendo el cielo desde donde el sol, la luna y las estrellas mandan sus destellos sobre la tierra.

Tú sabes, Señor, que aquel día, mientras hablábamos de estas cosas y, mientras al filo de nuestra conversación sobre estos temas, nos parecía más vil este mundo con todos sus atractivos, ella añadió: Hijo, por lo que a mi respecta, nada en esta vida tiene ya atractivo para mí. No sé qué hago aquí ni por qué estoy aquí, agotadas ya mis expectativas en este mundo. Una sola razón y deseo me retenían un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Dios me lo ha dado con creces, puesto que, tras decir adiós a la felicidad terrena, te veo siervo suyo. ¿Qué hago aquí?” (Confesiones 9, 10).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las vocaciones a la vida contemplativa, sobre todo entre las monjas agustinas recoletoas, y por la fidelidad de cuantas viven este santo propósito por amor a Dios. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.
V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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El maná de cada día, 25.8.19

agosto 24, 2019

Domingo XXI del Tiempo Ordinario, Ciclo C

Octavo día de la Novena a Santa Mónica
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puerta_abierta_192

Esforzaos por entrar por la puerta estrecha



Antífona de entrada Sal 85, 1-3

Inclina tu oído, Señor, escúchame. Salva a tu siervo que confía en ti. Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día.


Oración colecta

Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 66, 18-21

Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones.

Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén -dice el Señor-, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas» -dice el Señor-.


SALMO 116, 1.2

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.


SEGUNDA LECTURA: Hebreos 12, 5-7. 11-13

Hermanos:

Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:
– «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.»

Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?

Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz.

Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 6

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida –dice el Señor–; nadie va al Padre, sino por mí.


EVANGELIO: Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó:
– «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»

Jesús les dijo:

– «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; y él os replicará: “No sé quiénes sois.”

Entonces comenzaréis a decir. “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.” Pero él os replicará: “No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.”

Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, lsaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»


Antífona de comunión: Sal 103, 13. 14-15

La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor, para sacar pan de los campos y vino que alegre el corazón del hombre.


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LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO XXI TO. CICLO C. Lc 13, 22-30

Empieza por disponerte, procura entrar en la onda del Señor…

Paso 1. Disponerse: Pide a María de forma sencilla que te acompañe en esta lectura. Abre tu corazón a las cosas buenas de Dios, porque es Él quien quiere hablarnos en el texto que se lee:

Y pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén. Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?».

Él les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; pero él os dirá: “No sé quiénes sois”. Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

Paso 2. Leer: En tu Biblia hay notas y ayudas para comprender qué dice el texto. ¿Qué caracteriza a cada grupo de personas que aparece en el texto? ¿Qué significa “los primeros serán últimos”?

Paso 3. Escuchar: ¿Qué te ha impactado de esta lectura? ¿No es desconcertante el Reino que anuncia Jesús? Para escuchar guarda silencio.

Paso 4. Orar: Ora con lo que suscita en tu corazón esta lectura. Vuelve tu mirada al Señor y Él te dará lo que pide tu corazón. Entrégale tu confianza.

Paso 5. Vivir: ¿Dónde pones tus seguridades de salvación? ¿Te alegras, hoy, de ser de los que vendrán de lejos? ¿Vives como invitado a construir el Reino?


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ENTRAR POR LA PUERTA ESTRECHA

P. Raniero Cantalamessa, ofm
Homilética.org

Existe un interrogante que siempre ha agobiado a los creyentes: ¿son muchos o pocos los que se salvan? En ciertas épocas, este problema se hizo tan agudo que sumergió a algunas personas en una angustia terrible.

El Evangelio de este domingo nos informa de que un día se planteó a Jesús este problema: «Mientras caminaba hacia Jerusalén, uno le dijo: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?”».

La pregunta, como se ve, trata sobre el número, sobre cuántos se salvan: ¿muchos o pocos? Jesús, en su respuesta, traslada el centro de atención de cuántos se salvan a cómo salvarse, esto es, entrando «por la puerta estrecha».

Es la misma actitud que observamos respecto al retorno final de Cristo. Los discípulos preguntan cuándo sucederá el regreso del Hijo del hombre, y Jesús responde indicando cómo prepararse para esa venida, qué hacer en la espera (Mt 24, 3-4).

Esta forma de actuar de Jesús no es extraña o descortés. Sencillamente es la manera de obrar de alguien que quiere educar a sus discípulos para que pasen del plano de la curiosidad al de la verdadera sabiduría; de las cuestiones ociosas que apasionan a la gente, a los verdaderos problemas que importan en la vida.

En este punto ya podemos entender lo absurdo de aquellos que, como los Testigos de Jehová, creen saber hasta el número preciso de los salvados: ciento cuarenta y cuatro mil.

Este número, que se encuentra en el Apocalipsis, tiene un valor puramente simbólico (12 al cuadrado, el número de las tribus de Israel, multiplicado por mil) y se explica inmediatamente con la expresión que le sigue: «una muchedumbre inmensa que nadie podría contar» (Ap 7, 4.9).

Además, si ese fuera de verdad el número de los salvados, entonces ya podemos cerrar la tienda, nosotros y ellos. En la puerta del paraíso debe estar colgado, desde hace tiempo, como en la entrada de los aparcamientos, el cartel de «Completo».

Por lo tanto, si a Jesús no le interesa tanto revelarnos el número de los salvados como el modo de salvarse, veamos qué nos dice al respecto.

Dos cosas sustancialmente: una negativa, una positiva; primero, lo que no es necesario, después lo que sí lo es para salvarse. No es necesario, o en cualquier caso no basta, el hecho de pertenecer a un determinado pueblo, a una determinada raza, tradición o institución, aunque fuera el pueblo elegido del que proviene el Salvador.

Lo que sitúa en el camino de la salvación no es un cierto título de propiedad («Hemos comido y bebido en tu presencia…»), sino una decisión personal seguida de una coherente conducta de vida. Esto está más claro aún en el texto de Mateo, que contrapone dos caminos y dos entradas, una estrecha y otra ancha (Mateo 7, 13-14).

¿Por qué a estos dos caminos se les llama respectivamente el camino «ancho» y el «estrecho»? ¿Es tal vez el camino del mal siempre fácil y agradable de recorrer y el camino del bien siempre duro y fatigoso?

Aquí hay que estar atentos para no caer en la frecuente tentación de creer que todo les va magníficamente bien, aquí abajo, a los malvados, y sin embargo todo les va siempre mal a los buenos.

El camino de los impíos es ancho, sí, pero sólo al principio; a medida que se adentran en él, se hace estrecho y amargo. Y en todo caso es estrechísimo al final, porque se llega a un callejón sin salida. El disfrute que en este camino se experimenta tiene como característica que disminuye a medida que se prueba, hasta generar náusea y tristeza.

Ello se ve en ciertos tipos de ebriedades, como la droga, el alcohol, el sexo. Se necesita una dosis o un estímulo cada vez mayor para lograr un placer de la misma intensidad. Hasta que el organismo ya no responde y llega la ruina, frecuentemente también física.

El camino de los justos en cambio es estrecho al comienzo, cuando se emprende, pero después se transforma en una vía espaciosa, porque en ella se encuentra esperanza, alegría y paz en el corazón.
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NOVENA A SANTA MÓNICA (8)

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Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en la familia, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el octavo día.

Santa Mónica en Casiciaco, con Agustín y sus compañeros

1.- Textos bíblicos para la misa

• Romanos, 12, 9-16b. M. Ag. p. 72.
• Salmo 72, 25-28. Para mí lo bueno es estar junto a Dios. M. Ag. pág. 61.
• San Juan, 15, 1-14.

2.- Textos agustinianos

“Estábamos en aquel silvestre apartamiento en compañía de mi madre, que se había asociado a nosotros con atuendo femenino, fe varonil, seguridad de anciana, amor de madre y piedad cristiana” (Confesiones 9, 4).

Uno de los días, mientras se discute al estilo de los filósofos, llega Mónica, y Agustín quiere se tome nota de su entrada en escena. Ella se opone. Sin embargo, Agustín, entre otras cosas, le dice: “En estos escritos míos te expondría, pues, al ridículo si tú no amaras la sabiduría; no te despreciarías si la amases solamente un poco, y mucho menos, si la amases como yo mismo.

Pero tú la amas mucho más de lo que me amas a mí, y bien sé cuánto me amas, y has progresado tanto en ella que no te dejas asustar por el temor de una posible desgracia e incluso de la muerte. Esta tal disposición fue difícil de encontrar incluso en filósofos eminentes, y es, por unánime acuerdo de todos, la cumbre del amor de la sabiduría. Y yo, ¿no debería ser discípulo?

A este punto, con expresión dulce y caritativa, me respondió que jamás había dicho yo tantas mentiras” (Del orden 2, 33).

“Dios escucha largamente a quien vive bien. Oremos, pues, no para que nos dé riquezas, honores o bienes semejantes caducos e inciertos, a pesar de cualquier esfuerzo, sino aquellos bienes que nos hacen buenos y felices.

A ti, sobre todo, madre mía, confiamos el cometido de que nuestros deseos se cumplan en la fe. Yo creo sin duda ninguna y afirmo que por tus oraciones Dios me ha concedido la intención de no proponer, no querer, no pensar, no amar otra cosa que la con-secución de la verdad.

Y continúo creyendo que por tus peticiones conseguiremos un bien tan grande, al que hemos aspirado por tus méritos” (Del Orden, 2, 20, 53).


3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por los profesores y los hombres de ciencia, para que siempre se dejen guiar en sus enseñanzas e investigaciones por la luz del Evangelio. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa)

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.
V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.


Oración de la Madre por la fe de los hijos. Asociación Madres Cristianas Sta. Mónica

agosto 23, 2019

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María enseña a su hijo Jesús a rezar.

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Oración de la Madre por la fe de los hijos. Asociación Madres Cristianas Santa Mónica.

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Una vez conocidos los orígenes, espiritualidad y desarrollo de la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica, https://ismaelojeda.wordpress.com/2019/08/16/asociacion-madres-cristianas-santa-monica-que-es/, me parece conveniente publicar la oración que rezan las madres por la fe de los hijos.

Es la oración que hace la madre de manera personal. Los estatutos de la Asociación no excluyen a los esposos, pero se prefiere comenzar por la esposa y madre, siguiendo el ejemplo de santa Mónica. Si el esposo quiere acompañar a su mujer en la plegaria, lo puede hacer libremente. En ese caso, disponemos de una oración específica para esa situación.

Esta oración de las madres por la fe de los hijos es una oración ya fija, institucional podríamos decir, y normativa que rezan las madres afiliadas a la Asociación en cualquier parte donde se encuentren, de manera individual casi siempre, como integrantes de un coro de oración.

El coro está formado por siete madres. Ellas rezan diariamente esa oración de manera particular. ¿Qué madre no reza por sus hijos? Pero cada día de la semana una se hace responsable de que se rece esa oración de una manera especial, a ser posible ante el Santísimo Sacramento Expuesto, y lo hace en nombre de todas las madres del coro y por los hijos de todas y sus necesidades.

De esta manera la oración de la madre por la fe de los hijos se hace en cadena, de manera ininterrumpida, es personal y comunitaria a la vez porque las siete madres forman un coro de oración; oración de súplica y de intercesión ante Dios a través de santa Mónica, y también de solidaridad humana y cristiana entre las madres de fe, fieles a su vocación.

Es una oración por la fe de los hijos: Específicamente para asegurar la transmisión de la fe a las nuevas generaciones; para que los hijos, en medio del mundo y de la sociedad, no pierdan la fe que los padres, y particularmente las madres, sembraron en ellos desde que los concibieron para la vida, y también para la fe, para Dios.

Por supuesto que las madres siempre pedirán salud para sus hijos, éxito en la vida, armonía familiar… pero nada sin la fe; y con ella, todo lo demás. Son madres cristianas que valoran su misión en la Iglesia, en la familia y en la sociedad, y están felices con su vocación. Su meta es ser fieles a Dios para poder así amar de verdad a sus esposos y a sus hijos y ser para ellos una bendición.

Oración de las Madres Cristianas por la fe de los hijos

Padre y Señor nuestro, fuente de toda vida, somos madres cristianas. Con tu bendición y la cooperación de nuestros maridos, hemos concebido para esta vida temporal a nuestros hijos. Pero nuestra misión no termina con el nacimiento de los hijos: queremos también concebirlos para la vida eterna.

Para lograrlo, insistimos con igual devoción y constancia que santa Mónica en estas peticiones, repitiendo esta súplica: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como santa Mónica, guiemos a nuestros hijos hacia ti con nuestra propia vida, más cristiana cada día. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que nos esmeremos en lograr la plena cooperación de nuestros esposos en sembrar y consolidar la fe de los hijos. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, como santa Mónica, tratemos bien a nuestros hijos, y procedamos en todas las circunstancias con dulce serenidad, autoridad y amor. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que estemos pendientes de la evolución del carácter de nuestros hijos, y atentas a los diversos ambientes en que se desenvuelve su vida. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que de tal modo comuniquemos la fe a nuestros hijos, que ellos se preocupen de vivirla y trasmitirla a los demás. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o hijas el germen de una consagración religiosa o sacerdotal, seamos generosas colaboradoras de su vocación. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que trasmitamos a nuestros hijos el conocimiento y amor a la diócesis y a la parroquia en que vivimos, y les enseñemos a colaborar con ellas. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, si algún hijo nuestro se desvía del buen camino, los padres sepamos rodearlo de amor, oraciones y consejos, hasta conseguir su retorno a la fe y a la práctica religiosa. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Para que, en el trato con otras madres, nos interesemos por sus necesidades, despertemos en ellas su vocación cristiana y logremos integrarlas a la vida de la parroquia y de la Iglesia. ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre de la Consolación, que consolaste a santa Mónica dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo trasformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín dándole la fe cristiana; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos firmes y felices en la práctica de la fe que en sus almas sembramos desde que los concebimos en nuestro ser.

Y si alguno se ha desviado, danos, Madre nuestra, la alegría de verlo retornar a la fe; y así poder gozarnos en la realización plena de nuestra vocación como madres cristianas. Amén.

Oración conclusiva

Señor Dios nuestro, fuente de toda familia, concédenos que, imitando a santa Mónica, vivamos nuestra fe con dedicación y alegría en el seno de nuestros hogares.

Y que, como ella, sepamos acompañar y promover la vida cristiana de nuestros hijos, de tal modo que algún día tengamos el gozo inmenso de verlos junto a nosotras en tu gloria, por toda la eternidad. Así sea.

¿Puedes hacer algo más por la fe de tus hijos?  

Sí, algo muy importante: lograr que tu marido comparta contigo la preocupación por la fe de los hijos. Procura que, diariamente o al menos en fechas señaladas, rece contigo por esta intención. Tenemos preparada una versión de esa oración, para cuando los dos la recen juntos. Son muchas las madres que ya lo han conseguido. Así fortalecerás el amor conyugal y alcanzarás más fácilmente el bien integral de la familia.

Todavía puedes hacer algo más: en tu familia y entorno social, entre tus amistades, tratas a muchas madres a las que fácilmente podrías atraer a nuestra comunidad, despertando en ellas un renovado amor a los hijos y un aprecio mayor de la maravillosa vocación de esposas y madres cristianas.

Si deseas organizar nuevos coros de oración, comunícanos tus inquietudes. Dios te bendiga en todas tus necesidades y proyectos.

Asociación Madres Cristianas Santa Mónica. Agustinos Recoletos. Provincia Santo Tomás de Villanueva

ismaelojeda.wordpress.com; www.agustinosrecoletos.com

P. Ismael Ojeda Lozano


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