El maná de cada día, 19.2.19

febrero 19, 2019

Martes de la 6ª semana del Tiempo Ordinario

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¿Y no acabáis de comprender?



PRIMERA LECTURA: Gén 6, 5-8; 7, 1-5. 10

Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra y que todos los pensamientos de su corazón tienden siempre y únicamente al mal, el Señor se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra y le pesó de corazón.

Dijo, pues, el Señor: «Voy a borrar de la superficie de la tierra al hombre que he hecho, junto con los cuadrúpedos, reptiles y aves del cielo, pues me pesa haberlos hecho». Pero Noé obtuvo el favor del Señor.

El Señor dijo a Noé: «Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación. De cada animal puro toma siete parejas, macho y hembra; de los no puros, una pareja, macho y hembra; y lo mismo de los pájaros, siete parejas, macho y hembra, para que conserven la especie en la tierra. Dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie del suelo a todos los vivientes que he hecho».

Noé hizo todo lo que le mandó el Señor. Pasados siete días, las aguas del diluvio cubrieron la tierra.


SALMO 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10

El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica.

El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» El Señor se sienta por sobre las aguas del diluvio, el Señor se sienta como rey eterno.


Aleluya Cf. Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor- y mi Padre lo amará, y vendremos a él.


EVANGELIO: Mc 8, 14-21

En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan y no tenían más que un pan en la barca. Y Jesús les ordenaba diciendo: «Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes». Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.

Dándose cuenta, les dijo Jesús: «Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?».

Ellos contestaron: «Doce». «¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?». Le respondieron: «Siete».

Él les dijo: «¿Y no acabáis de comprender?».

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El maná de cada día, 18.2.19

febrero 18, 2019

Lunes de la 6ª semana del Tiempo Ordinario

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«Dónde está Abel, tu hermano?»

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PRIMERA LECTURA: Gén 4, 1-15. 25

EL hombre conoció a Eva, su mujer, que concibió y dio a luz a Caín. Y ella dijo: «He adquirido un hombre con la ayuda del Señor».

Después dio a luz a Abel, su hermano. Abel era pastor de ovejas, y Caín cultivaba el suelo.

Pasado un tiempo, Caín ofreció al Señor dones de los frutos del suelo; también Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas.

El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, pero no se fijó en Caín ni en su ofrenda; Caín se enfureció y andaba abatido.

El Señor dijo a Caín: «Por qué te enfureces y andas abatido? ¿No estarías animado si obraras bien?; pero, si no obras bien, el pecado acecha a la puerta y te codicia, aunque tú podrás dominarlo».

Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos al campo». Y, cuando estaban en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.

El Señor dijo a Caín: «Dónde está Abel, tu hermano?».

Respondió Caín: «No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano?».

El Señor le replicó: «¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde el suelo. Por eso te maldice ese suelo que ha abierto sus fauces para recibir de tus manos la sangre de tu hermano. Cuando cultives el suelo, no volverá a darte sus productos. Andarás errante y perdido por la tierra».

Caín contestó al Señor: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Puesto que me expulsas hoy de este suelo, tendré que ocultarme de ti, andar errante y perdido por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará».

El Señor le dijo: «El que mate a Caín lo pagará siete veces».

Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien lo encontraba, no lo matase.

Adán conoció otra vez a su mujer, que dio a luz un hijo y lo llamó Set, pues dijo: «Dios me ha dado otro descendiente en lugar de Abel, asesinado por Caín».


SALMO 49, 1bc y 8. 16bc-17. 20-21

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente. «No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.

¿Por qué recitas mis preceptos, y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?

Te sientas a hablar contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre; Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara».


Aleluya: Jn 14, 6bc

Yo soy el camino y la verdad y la vida -dice el Señor-; nadie va al Padre, sino por mí.


EVANGELIO: Mc 8, 11-13

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.

Jesús dio un profundo suspiro y dijo: «Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».

Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.


El maná de cada día, 17.2.19

febrero 17, 2019

Domingo VI del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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BIENAVENTURANZAS

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres por causa del Hijo del hombre



Antífona de entrada:  Sal 30, 3-4

Sé la roca de mi refugio, oh, Dios, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y aliméntame.


Oración colecta

Oh, Dios, que prometiste permanecer en los rectos y sencillos de corazón, concédenos, por tu gracia, vivir de tal manera que te dignes habitar en nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jer 17, 5-8

Esto dice el Señor:

«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto».


SALMO 1, 1-2. 3. 4 y 6

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


SEGUNDA LECTURA: 1 Cor 15, 12. 16-20

Hermanos:

Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?

Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados; de modo que incluso los que murieron en Cristo han perecido.

Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad.

Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.


Aleluya: Lc 6, 23ab

Alegraos y saltad de gozo —dice el Señor—, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


EVANGELIO: Lc 6, 17. 20-26

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».


Antífona de comunión:  SaI 77, 29-30

Comieron y se hartaron, así el Señor satisfizo su avidez; no los defraudó según su deseo.


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¡Bienaventurados vosotros, los pobres! ¡Ay de vosotros, los ricos!

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

La página del Evangelio de este domingo, las Bienaventuranzas, nos permite verificar algunas cosas que dijimos, con anterioridad, acerca de la historicidad de los evangelios [Zenit, 19 enero 2007. Ndt]. Decíamos en aquella ocasión que, al referir las palabras de Jesús, cada uno de los cuatro evangelistas, sin traicionar su sentido fundamental, desarrolló un aspecto en lugar de otro, adaptándolas a las exigencias de la comunidad para la que escribía.

Mientras Mateo refiere ocho Bienaventuranzas pronunciadas por Jesús, Lucas refiere sólo cuatro. En compensación, sin embargo, Lucas refuerza las cuatro Bienaventuranzas, oponiendo a cada una de ellas una maldición, introducida por un «¡ay!».

Más aún: mientras el discurso de Mateo es indirecto: «¡Bienaventurados los pobres!», el de Lucas es directo: «¡Bienaventurados vosotros, los pobres!». Mateo acentúa la pobreza espiritual («bienaventurados los pobres de espíritu»), Lucas acentúa la pobreza material («bienaventurados vosotros, los pobres»).

Pero son detalles que no cambian en lo más mínimo, como se ve, la sustancia de las cosas. Cada uno de los dos evangelistas, con su modo particular de referir la enseñanza de Jesús, subraya un aspecto nuevo, que de otra forma habría quedado en la sombra. Lucas es menos completo en el número de las Bienaventuranzas, pero recoge perfectamente su significado de fondo.

Cuando se habla de las Bienaventuranzas, el pensamiento va inmediatamente a la primera de ellas: «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios». Pero en realidad el horizonte es mucho más amplio. Jesús traza, en esta página, dos modos de concebir la vida: o «por el reino de Dios» o «por la propia consolación», esto es, o en función exclusivamente de esta vida o en función de la vida eterna.

Esto es lo que evidencia el esquema de Lucas: «Bienaventurados vosotros – Ay de vosotros»: «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios… ¡Ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo».

Dos categorías, dos mundos. A la categoría de los bienaventurados pertenecen los pobres, los hambrientos, los que ahora lloran y los que son perseguidos y proscritos a causa del Evangelio. A la categoría de los desventurados pertenecen los ricos, los saciados, los que ahora ríen y los que son llevados en la palma de la mano por todos.

Jesús no canoniza sencillamente a todos los pobres, los que padecen hambre, los que lloran y son perseguidos, como no demoniza simplemente a todos los ricos, los saciados, los que ríen y son aplaudidos. La distinción es más profunda; se trata de saber sobre qué cosa uno fundamenta su propia seguridad, sobre qué terreno está construyendo el edificio de su vida: si sobre aquél que pasa o sobre aquél que no pasa.

La página de hoy del Evangelio es verdaderamente una espada de doble filo: separa, traza dos destinos diametralmente opuestos. Es como el meridiano de Greenwich que divide el este del oeste del mundo. Pero por fortuna con una diferencia esencial. El meridiano de Greenwich está fijo: las tierras que están al este no pueden pasar al oeste, igual que está fijo el ecuador que divide el sur pobre del mundo del norte rico y opulento.

La línea que divide, en nuestro Evangelio, a los «bienaventurados» de los «desventurados» no es así; es una barrera móvil, absolutamente posible de atravesar. No sólo se puede pasar de un sector a otro, sino que toda esta página del Evangelio fue pronunciada por Jesús para invitarnos y animarnos a pasar de una a otra esfera.

La suya no es una invitación a hacernos pobres, ¡sino a hacernos ricos! «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios». Pensemos: pobres que poseen un reino, ¡y lo poseen ya desde ahora!

Aquellos que deciden entrar en este reino son, en efecto, desde ahora hijos de Dios, son libres, son hermanos, están llenos de esperanza de inmortalidad. ¿Quién no desearía ser pobre de esta forma?

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El maná de cada día, 16.2.19

febrero 16, 2019

Sábado 5ª semana del Tiempo Ordinario

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La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas

La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas



PRIMERA LECTURA: Génesis 3, 9-24

El Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»

Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»

El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»

Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»

El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»

Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.»

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»

A la mujer le dijo: «Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.»

Al hombre le dijo: «Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.»

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo pellizas para el hombre y su mujer, y se las vistió.

Y el Señor Dios dijo: «Mirad, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre.»

Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde lo habían sacado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.


SALMO 89, 2.3-4.5-6.12-13

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes, o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tu reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO: Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.»

Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?»

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»

Ellos contestaron: «Siete.»

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también.

La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil.

Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discipulos y se fue a la región de Dalmanuta.


El maná de cada día,15.2.19

febrero 15, 2019

Viernes de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

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Effetá

Effetá



PRIMERA LECTURA: Génesis 3, 1-8

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?»

La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.”»

La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.»

La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.

Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.


SALMO 31, 1-2.5.6.7

Dichoso el que está absuelto de su culpa.

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa,» y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia: la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación.


Aclamación antes del Evangelio: Hch 16, 14b

Abre, Señor, nuestros corazones, para que atendamos a las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.»

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

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S.S. Benedicto XVI. Angelus del domingo 9 de septiembre de 2012

En el centro del Evangelio de hoy (Mc 7, 31-37) hay una pequeña palabra, muy importante. Una palabra que —en su sentido profundo— resume todo el mensaje y toda la obra de Cristo. El evangelista san Marcos la menciona en la misma lengua de Jesús, en la que Jesús la pronunció, y de esta manera la sentimos aún más viva. Esta palabra es «Effetá», que significa: «ábrete». Veamos el contexto en el que está situada.

Jesús estaba atravesando la región llamada «Decápolis», entre el litoral de Tiro y Sidón y Galilea; una zona, por tanto, no judía. Le llevaron a un sordomudo, para que lo curara: evidentemente la fama de Jesús se había difundido hasta allí. Jesús, apartándolo de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua; después, mirando al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que significa precisamente: «Ábrete». Y al momento aquel hombre comenzó a oír y a hablar correctamente (cf. Mc 7, 35).

He aquí el significado histórico, literal, de esta palabra: aquel sordomudo, gracias a la intervención de Jesús, «se abrió»; antes estaba cerrado, aislado; para él era muy difícil comunicar; la curación fue para él una «apertura» a los demás y al mundo, una apertura que, partiendo de los órganos del oído y de la palabra, involucraba toda su persona y su vida: por fin podía comunicar y, por tanto, relacionarse de modo nuevo.

Pero todos sabemos que la cerrazón del hombre, su aislamiento, no depende sólo de sus órganos sensoriales. Existe una cerrazón interior, que concierne al núcleo profundo de la persona, al que la Biblia llama el «corazón». Esto es lo que Jesús vino a «abrir», a liberar, para hacernos capaces de vivir en plenitud la relación con Dios y con los demás.

Por eso decía que esta pequeña palabra, «Effetá» —«ábrete»— resume en sí toda la misión de Cristo. Él se hizo hombre para que el hombre, que por el pecado se volvió interiormente sordo y mudo, sea capaz de escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y de esta manera aprenda a su vez a hablar el lenguaje del amor, a comunicar con Dios y con los demás.

Por este motivo la palabra y el gesto del «Effetá» han sido insertados en el rito del Bautismo, como uno de los signos que explican su significado: el sacerdote, tocando la boca y los oídos del recién bautizado, dice: «Effetá», orando para que pronto pueda escuchar la Palabra de Dios y profesar la fe.

Por el Bautismo, la persona humana comienza, por decirlo así, a «respirar» el Espíritu Santo, aquel que Jesús había invocado del Padre con un profundo suspiro, para curar al sordomudo.

http://www.vatican.va

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Papa Francisco predica en Santa Marta: Ante la tentación no se dialoga, se reza

Por Miguel Pérez Pichel

VATICANO, 10 Feb. 17 / 06:28 am (ACI).- “Ante la tentación no se dialoga, se reza”, afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, en el Vaticano.

En este sentido, el Santo Padre propuso esta breve jaculatoria para hacer frente a las tentaciones: “Ayúdame Señor, soy débil. No quiero esconderme de ti”. Rezar de esta manera, señaló, supone un acto de “valentía” que permitirá “vencer” al diablo.

A partir de la lectura del Libro del Génesis, el Papa comparó las tentaciones de Adán y Eva con las sufridas por Jesús en el desierto. El Santo Padre explicó que el diablo, en forma de serpiente, se hizo atractivo a Adán y Eva y, con su astucia, consiguió engañarles. El diablo, “es el padre de la mentira. Es un traidor”, aseguró.

Francisco detalló los peligros de dialogar con el diablo. A Eva la hizo sentirse bien para empezar a hablar con ella. Después, paso a paso, la llevó a su terreno.

Por el contrario, con Jesús esa estrategia no le funcionó. El demonio también intentó hablar con Jesús, “porque cuando el diablo engaña a una persona lo hace con el diálogo”. Así, intentó engañar al Señor, pero Él no cedió.

El Santo Padre contrapuso la desnudez de Adán y Eva, fruto del pecado, con la desnudez de Cristo en la cruz, fruto de la obediencia a Dios: “también Jesús terminó desnudo en la cruz, pero por obediencia al Padre. Es un camino diferente”.

El Papa lamentó la corrupción que hay en el mundo por culpa del pecado, por culpa del diálogo de los hombres con el diablo.

“Hay muchos corruptos, muchos ‘peces gordos’ corruptos que están en el mundo y de los cuales sólo nos enteramos por los periódicos. Quizás comenzaron con pequeñas cosas. La corrupción comienza con poco, como aquel diálogo: ‘No, no es verdad que te hará daño este fruto. Cómelo. ¡Es bueno! Es poca cosa, nadie se dará cuenta. ¡Hazlo, hazlo!’”, dijo en referencia a la tentación del diablo a Eva.

“Y poco a poco, se cae en el pecado, se cae en la corrupción”, lamentó.

“El diablo es un mal pagador, ¡no paga bien! ¡Es un estafador! Te promete todo y te deja sin nada. La serpiente, el diablo, es astuto: no se puede dialogar con el diablo. Todos nosotros sabemos qué son las tentaciones, todos lo sabemos porque todos las padecemos. Tentaciones de vanidad, de soberbia, de codicia, de avaricia”.

“¡Con el diablo no se dialoga!”, fue la conclusión del Pontífice.

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Lectura comentada por el Papa Francisco:

Génesis 3:1-8
1 La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahveh Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?»
2 Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín.
3 Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.»
4 Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis.
5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.»
6 Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió.
7 Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores.
8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín.


El maná de cada día, 14.2.19

febrero 14, 2019

Jueves de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

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Fe, humildad y perseverancia



PRIMERA LECTURA: Génesis 2, 18-25

El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.»

Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver que nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase.

Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.

El hombre dijo: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre.» Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.

SALMO 127, 1-2.3.4-5

Dichosos los que temen al Señor.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.


Aclamación antes del Evangelio: St 1, 21bc

Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros.


EVANGELIO: Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.

Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.»

Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.»

Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.


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ORACIÓN HUMILDE Y PERSEVERANTE

P. Francisco Fernández Carvajal

La curación de la hija de la mujer cananea. Condiciones de la verdadera oración.

Nos dice San Marcos en el Evangelio de la Misa que llegó Jesús con sus discípulos a la región de Tiro y de Sidón1. Allí se acercó a ellos una mujer gentil, sirofenicia de origen, perteneciente a la primitiva población de Palestina. Se echó a sus pies y le pidió la curación de su hija, que estaba poseída por el demonio.

Jesús no decía nada, y los discípulos, cansados de la insistencia de la mujer, le pedían que la despachara2.

El Señor trata de explicar a la mujer que el Mesías ha de darse a conocer en primer lugar a los judíos, a los hijos. Y, con una expresión difícil de comprender sin ver sus gestos amables, le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.

La mujer no se sintió herida ni humillada, sino que insiste más, con profunda humildad: Señor, también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos. Ante tantas virtudes, Jesús, conmovido, no retrasó más el milagro que se le pedía, y la despidió así: Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija.

Dios, que resiste a los soberbios, da su gracia a los humildes3; aquella mujer alcanzó lo que quería y se ganó el corazón del Maestro.

Es el ejemplo acabado para todos aquellos que se cansan de rezar porque creen que no son escuchados. En su oración se hallan resumidas las condiciones de toda petición: fe, humildad, perseverancia y confianza.

El intenso amor que muestra hacia su hija poseída por el demonio debió de agradar mucho a Cristo. Quizá los Apóstoles se acordaron de esta mujer cuando oyeron más tarde la parábola de la viuda inoportuna4, que también consiguió lo que quería por su tozudez, por su insistencia.

Enseña Santo Tomás que la verdadera oración es infaliblemente eficaz, porque Dios, que nunca se vuelve atrás, ha decretado que así sea5.

Y para que no dejáramos de pedir, el Señor nos mostró con ejemplos sencillos y claros, para que lo entendiéramos bien, que siempre y en todo lugar nuestras oraciones hechas con rectitud llegan hasta Él y las atiende: si entre vosotros un hijo pide pan a su padre, ¿acaso le dará una piedra?; o si pide un pez, ¿le dará en lugar de un pez una serpiente?… ¡Cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos…!6.

«Jamás Dios ha negado ni denegará nada a los que piden sus gracias debidamente. La oración es el gran recurso que nos queda para salir del pecado, para perseverar en la gracia, para mover el corazón de Dios y atraer sobre nosotros toda suerte de bendiciones del cielo, ya para el alma, o por lo que se refiere a nuestras necesidades temporales»7.

Cuando pidamos algún don, hemos de pensar que somos hijos de Dios, y Él está infinitamente más atento hacia nosotros que el mejor padre de la tierra hacia su hijo más necesitado.

1 Mc 7, 24-30. — 2 Mt 15, 23. — 3 1 Pdr 5, 5. — 4 Lc 18, 3 ss. — 5 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 83, a. 2. — 6 Cfr. Lc 11, 11-13. — 7 Santo Cura de Ars, Sermón para el Quinto Domingo después de Pascua.

El maná de cada día, 13.2.19

febrero 13, 2019

Miércoles de la 5ª semana de Tiempo Ordinario

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Crea en mí, Señor, un corazón puro



PRIMERA LECTURA: Génesis 2, 4b-9. 15-17

Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo. Sólo un manantial salta del suelo y regaba la superficie del campo.

Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.

El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.

El Señor Dios dio este mandato al hombre: “Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.”


SALMO 103, 1-2a. 27-28. 29be-30

Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor, ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.

Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes.

Les retiras el aliento, y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 17, 17b.a

Tu palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad.


EVANGELIO: Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.

Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»

Con esto declaraba puros todos los alimentos.

Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»


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De la frivolidad en el hablar, líbrame Jesús

Cuánta superficialidad en nuestro hablar. Cuánta apariencia, y hasta mentira, escondemos, a veces, detrás de la amabilidad de nuestras palabras o de la cortesía en nuestro trato. No es cuestión de buena educación; es, sobre todo, cuestión de cuidar la caridad con el otro en aquello que decimos, opinamos o pensamos de él, por respeto a su dignidad y por amor a Cristo, que está presente en él.

No tenemos reparo en desplumar la gallina, en dejar títere sin cabeza, en indagar en la vida del otro hasta llegar a su primera papilla, con tal de dar cuerda al desorden de la curiosidad. Podemos convertir nuestros ambientes de trabajo, de apostolado, de parroquia, en patios de corralas, en los que todos saben todo de todos. Parece que, en nombre del Evangelio, tenemos derecho a saber y contar la última novedad en cotilleo y en chismes, por el cierto prestigio que eso parece darnos ante los demás.

Hemos de contemplar más el silencio de Jesús. Silencio de la Palabra hecha carne en Belén. Silencio en los largos años de la vida oculta de Nazaret. Silencio, sobre todo, en la Cruz, en donde sólo habló su amor al Padre y a todos los hombres.

Pero hemos de contemplar también su modo de hablar. Algo había en su palabra que atraía irresistiblemente a las multitudes. Aquel trato tan exquisito en detalles de caridad, aquella cercanía tan respetuosa con todos, aquella mirada tan veraz y sincera, que envolvía a los que se le acercaban, hacía creíble su mensaje de misericordia incondicional a todo hombre.

No quieras ser tú de los que entretienen su entrega a Dios con el trajín de dímes y diretes que a todos gusta. No caigas en la sutil tentación de halagar inútilmente tu curiosidad con el ruido de los chismes y cotilleos que otros te cuentan, porque cualquier día recogerás tú las plumas que otro te quitó.

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