Reza por mí

febrero 14, 2020

.

Rezar es buscar las fuerzas si no se tienen y confiar en que las cosas van a ser como deberían ser.

.

Reza por mí

Por Miguel Ángel Robles

.

No es habitual que un artículo dedicado estrictamente a la oración tenga una página entera en la sección de opinión de un gran periódico. Esto ha ocurrido con el texto que firma Miguel Ángel Robles y que sale publicado en ABC Sevilla bajo el título “Reza por mí” que se volvió viral.

Reza por mí

Rezar es una conversación con Dios. Es el momento de más calma del día, y, en mi caso, el de primera hora de la mañana, poco más de las seis, y el agua de la ducha caliente cayendo despacio sobre los hombros.

Rezar es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia.

Es un Padre Nuestro platicando con Dios para que te ayude en los exámenes. Es el refugio del frío, y el silencio acogedor. Rezar es tener memoria.

Rezar es lo que va antes del trabajo o después del trabajo, y lo que nunca lo suplanta.

Es lo único que puedes hacer cuando ya no puedes hacer más, y es la forma de comprometerse de quien no tiene otro medio de hacerlo, como cuando rezamos por un enfermo que se va a operar y ya está todo en manos del cirujano (y de Dios).

Rezar hace milagros, ofrece consuelo al que reza y a aquel por quien se reza. Rezar nunca es inútil, porque siempre conforta.

Rezar es decir rezaré por ti y, también, reza por mí. Y es, por tanto, lo contrario a la vanidad.

Rezar es la aceptación de tus limitaciones. Es aprender a resignarse cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad.

Rezar es buscar las fuerzas si no se tienen y confiar en que las cosas van a ser como deberían ser.

Rezar es optimismo, no dar nada por perdido, luchar y resistir. Rezar es fragilidad y entereza.

Rezar es desconectar y apagar el móvil. Es introspección en la sociedad del exhibicionismo. Es relajarse y calmar los nervios. Y prepararse mentalmente para lo que ha de venir. No es solo buscar el coraje, sino también la inspiración, la idea, el enfoque, la luz, el claro en medio de la espesura.

Rezar es razonar, aunque parezca lo más irracional que haya. Es la mente funcionando como cuando juegas un partido de tenis. Es planificar y anticipar las jugadas. Es abstracción en los tiempos de lo concreto y lo material. Es pausa en un mundo excitado. Es calma cuando todo es ansiedad. Y es aburrido en la dictadura de lo divertido.

Rezar es una forma extrema de independencia.

Rezar es un placer oculto, que se reserva para la intimidad. Un acto privado, y casi a escondidas, que, cuando se hace acompañado, necesita mucha confianza.

Rezar es una declaración de amor por la persona que tienes en tus rezos. Es derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de los que rezan por ti.

Rezar es tener a otros en tus oraciones y estar en las oraciones de otros, que es mucho más que estar solo en su memoria.

Rezar, y sobre todo que recen por ti, es la mayor aspiración que uno puede tener en la vida. Un privilegio inmenso. Es querer tanto a alguien como para rezar por él, y que alguien te quiera tanto como para rezar por ti.

¿Cabe mayor orgullo? ¿Existe mayor plenitud que la de saber que hay una madre, un hermano, un hijo o un amigo que quiere que Dios te proteja, y te dé salud, y te ilumine, y te ayude, y te acompañe, y esté siempre contigo?

Rezar es tener fe. Tener fe en la vida, en las personas, en tus amigos, en tus hijos, en tus padres, en Dios.

Rezar es un superpoder que nos predispone al bien.

Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.

ABC, de Sevilla. «REZA POR MI». Un texto que firma Miguel Ángel Robles y que ha tenido gran difusión en los «medios»

 


El obispo Rolando va de autobús en autobús, predica a los pasajeros y los pone a orar con él

enero 21, 2020

.

Como parte de la Fiesta Misionera Diocesana, el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, subió a varias unidades de buses urbanos para predicar el Evangelio. LA PRENSA/ L.E. MARTÍNEZ M.

.

El obispo Rolando va de autobús en autobús, predica a los pasajeros y los pone a orar con él

.

Rolando José Álvarez Lagos es el obispo de Matagalpa (diocesisdematagalpa.org), una diócesis nicaragüense de 600.000 habitantes, de los que 250.000 viven en su capital. 

La diócesis cuenta solo con unos 40 sacerdotes, pero al obispo no le faltan colaboradores laicos: organizó una semana misionera con 1.500 misioneros laicos que fueron por las casas y las calles anunciando el amor de Dios.

El mismo obispo, para dar ejemplo, empezó el pasado miércoles 18 de octubre a subir a distintas líneas de autobús del transporte público y a predicar a los pasajeros. También subió a líneas de autocares. Le acompañaban un par de sacerdotes y de seminaristas con sotana.

«No palabras mías, sino la Palabra de Dios»

«Discúlpenme unas palabras, no mías, que se las lleva el viento, sino de la Palabra de Dios, porque Dios tiene poder para mejorar nuestra vida, en lo físico, en lo espiritual, en lo familiar… La Iglesia es como un hospital, que está llena de enfermos, y todos tenemos nuestras dolencias, y por eso les invito a orar a Dios», dijo en distintas ocasiones.

Dios es misericordia y ha venido a llamar a los pecadores”, repitió. Exhortó a «que dejemos la idolatría, que son todas las cosas que nos apartan del Señor».

Oración en directo en pleno autobús en marcha

El obispo no solo predicó, sino que puso a orar a los pasajeros con él, mientras el autobús continuaba su ruta. Eran oraciones espontáneas de agradecimiento, petición e intercesión al estilo carismático.

En algún caso, al orar por la salud de los pasajeros, el obispo anunciaba: «Siento en fe que una persona en este autobús se está curando ahora de una enfermedad física». Muchos pasajeros se emocionaban, lloraban o rezaban con los ojos cerrados.

Un pasajero llamado Armando Zamora se levantó de su asiento para dar gracias públicamente al obispo «porque esto es un alimento para nuestras vidas, que Dios le bendiga por evangelizarnos a todos”.

El obispo anima así a sus 1.500 misioneros callejeros, que de miércoles a sábado deben visitar unas 20.000 casas, cubriendo barrios enteros de la ciudad de Matagalpa. Este sábado 21 de octubre termina esta misión popular con una serie de festejos y la presencia de otros obispos nicaragüenses que acuden a la ciudad.

“Estamos viendo muchos prodigios, muchos milagros”, aseguró el obispo, agradeciendo además a todo el pueblo de Matagalpa y en particular a los no católicos, de quienes dijo “han escuchado con mucho cariño a los misioneros, la palabra de Dios, nos han recibido muy bien”.

El obispo Rolando, como muchos otros obispos de Centroamérica, también realiza cada año viajes en canoa y luego en mula o caballo para visitar las parroquias de zonas inaccesibles de su diócesis, como se ve en este vídeo de 1 hora en YouTube.

El obispo Rolando va de autobús en autobús, predica a los pasajeros y los pone a orar con él


Futura religiosa relató al Papa cómo María le ayudó a pasar del budismo al catolicismo

noviembre 22, 2019

.

Entré en la iglesia y vi la estatua de una mujer. No sabía quién era, pero era muy hermosa. Me impresionó el modo como me miraba.

.

Futura religiosa relató al Papa cómo María le ayudó a pasar del budismo al catolicismo

Redacción ACI Prensa

Este viernes 22 de noviembre, en su tercer día de visita en Tailandia, el Papa Francisco tuvo un encuentro con sacerdotes, catequistas y la vida consagrada, en el que escuchó el testimonio de Benedetta Donoran, una postulante de las javerianas que le relató cómo conocer a la Virgen María le impulsó a convertirse del budismo al catolicismo y descubrir su vocación religiosa.

Benedetta, que nació en 1975, compartió su testimonio en la parroquia San Pedro, en la capital Bangkok, y relató que se bautizó en el 2012 “y ahora soy una postulante en la Congregación de las Misioneras de María o las Javerianas”.

“Todos los miembros de mi familia son budistas y practican las enseñanzas de Buda, como las practicaba yo cuando era joven. El hacer el bien es lo que nos hace libres y lo que nos conduce al cielo”, empezó Benedetta.

“Aquellos que hacen el bien recibirán una recompensa. ¿Por qué tiene Jesús que sufrir las consecuencias de nuestros pecados? Cuando era niña tuve la oportunidad de ir al colegio de mi pueblo, de la Inmaculada Concepción de María. Entonces tenía 15 años. Las hermanas Hijas de la Caridad nos invitaron a las niñas a ir a la misa del domingo. Entré en la iglesia con algunas de mis amigas y vi la estatua de una mujer. No sabía quién era, pero era muy hermosa. Me impresionó el modo como me miraba. Luego vi la imagen de un hombre crucificado. Me asustó”, relató.

Sin embargo, “desde aquel día empecé a ir a Misa todos los domingos sin sentirme obligada a ello. Tenía una gran confianza en María. Así empecé a conocer a María y a Jesús mejor. No creía que Jesús fuera Dios y me preguntaba cómo puede un hombre borrar los pecados de otros hombres. Recitaba el rosario que las hermanas me habían enseñado a rezar y asistía a la Misa con otra gente católica”.

Indicó que siguió “estudiando y trabajando en la misma escuela. Cuando tenía 33 años decidí proseguir mi ideal, que era el dedicarme a trabajar por el bien de la sociedad como una maestra voluntaria trabajando en pequeños pueblos. Un día iba camino de Chiangmai cuando me encontré con el P. Raffaele Manenti, un misionero del PIME. Decidí ir con él a la Casa de Los Ángeles, una casa que acoge a niños discapacitados, y está bajo el cuidado de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced en la provincia de Nonthaburi. Al cabo de algún tiempo, y por simple curiosidad, fui a visitar a un grupo de catecúmenos”.

Benedetta dijo que “quería saber qué hacían. Aprendí algo sobre Jesús y tuve oportunidad de escuchar el Evangelio. Sentí que su palabra estaba actuando dentro de mi corazón como un bisturí. Me sentí confusa por las exigencias de su palabra”.

“No quería echarme para atrás. Pero sentía que el seguir escuchando sus palabras era como jugar con fuego. El sentimiento de inquietud e incomodidad siguieron creciendo. Una noche, mientras estaba medio dormida, oí una voz que me dijo: ‘¡Vete a buscar trabajo en otra parte! ¡Aléjate de esta gente!’ Pero también oí otra voz que me dijo: ‘¡Te, te quiero!’ Esta última voz llenó mi corazón de serenidad y de paz”, afirmó.

Relató que “al cabo de un año pedí recibir el Bautismo. El sacerdote me lo negó y me dijo que tenía que esperar más tiempo. La verdad es que no estaba todavía preparada para recibir el sacramento del Bautismo. Sólo quería deshacerme del sentimiento de inquietud. No estaba pidiendo la misericordia de Dios. Poco a poco me fui dando cuenta de que el Bautismo no es fruto de nuestros méritos. Lo recibimos como un don de Dios”.

La mujer siguió “estudiando catecismo un año más. Solo entonces, de rodillas, pedí a Dios que tuviera misericordia de mí. Recibí la gracia de la conversión de corazón. Gracias al bautismo morí a mí misma y renací de nuevo en nuestro Señor Jesucristo. Me dejé vencer por el amor de Dios y por su paciencia que esperaban a que su hija retornara a Él”.

“No hubiera creído nunca si no es por la experiencia que tuve de ser amada por Dios. Dios es amor y se ha manifestado a nosotros en Jesucristo. Yo le he encontrado. Esta es la Buena Nueva en mi vida. La misma Buena Nueva que Pablo, el apóstol de los gentiles, nos dice: “Por la gracia que Dios me ha dado, para ser ministro de Jesucristo para los gentiles, en el ministerio del evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles sea acepta y santificada por el Espíritu Santo”.

Benedetta aseguró que “esta es la misma Buena Nueva a la que ahora quiero dedicar mi vida. Continuaré buscando la voluntad de Dios. Le doy gracias por el gran don de su Hijo y del Espíritu Santo que ha iluminado mi vida, y por los misioneros que ha enviado para ser testigos de su amor aquí en Tailandia. En verdad la Palabra de Dios no es una simple palabra escrita en un libro sino que es la Palabra llena de vida y portadora de vida”.

El testimonio de Benedetta fue recogido por el Papa Francisco en su discurso para elevar “un sentimiento de acción de gracias por la vida de tantos misioneros y misioneras” que fueron marcando la vida y dejando su huella en la futura religiosa.

“¿Cómo cultivar la fecundidad apostólica? Benedetta, tú nos hablaste de cómo el Señor te atrajo por medio de la belleza. Fue la belleza de una imagen de la Virgen que con su mirada particular entró en tu corazón y suscitó el deseo de conocerla más: ¿Quién es esta mujer? No fueron las palabras, ideas abstractas o fríos silogismos”, dijo el Papa.

Francisco destacó que en la ahora conversa al catolicismo “todo comenzó por una mirada bella que te cautivó. Cuánta sabiduría esconden tus palabras. Despertar a la belleza, al asombro, al estupor, capaz de abrir nuevos horizontes y sembrar cuestionamientos”.

En ese sentido, el Papa agradeció a los sacerdotes y religiosos de Tailandia por su “vida, testimonio y entrega generosa”, sobre todo en un país donde los católicos son solo el 0,59% de los 65 millones de habitantes.

“Les pido que, por favor, no cedan a la tentación de pensar que son pocos, piensen más bien que son pequeños instrumentos en las manos creadoras del Señor. Él irá escribiendo con sus vidas las mejores páginas de la historia de salvación en estas tierras”, les aseguró el Pontífice.

https://www.aciprensa.com/noticias/futura-religiosa-relato-al-papa-como-maria-le-ayudo-a-pasar-del-budismo-al-catolicismo-64148

 


El maná de cada día, 19.11.19

noviembre 19, 2019

Martes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

.

Coherentes también en la la tribulación

Coherentes también en la la tribulación



PRIMERA LECTURA: 2 Macabeos 6, 18-31

En aquellos días, a Eleazar, uno de los principales escribas, hombre de edad avanzada y semblante muy digno, le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo.

Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.

Los que presidían aquel sacrificio ¡legal, viejos amigos de Eleazar, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera, haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración.

Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la Ley santa dada por Dios, respondió todo seguido:

«iEnviadme al sepulcro! Que no es digno de mi edad ese engaño. Van a creer muchos jóvenes que Eleazar, a los noventa años, ha apostatado, y, si miento por un poco de vida que me queda, se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez.

Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no escaparía de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable Ley.»

Dicho esto, se dirigió en seguida al suplicio. Los que lo llevaban, poco antes deferentes con él, se endurecieron, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar.

Él, a punto de morir a fuerza de golpes, dijo entre suspiros: «Bien sabe el Señor, que posee la santa sabiduría, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y los sufro con gusto en mi alma por respeto a él.»

Así terminó su vida, dejando, no sólo a los jóvenes, sino a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.


SALMO 3, 2-3.4-5.6-7

El Señor me sostiene.

Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí: «Ya no lo protege Dios.»

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. Si grito invocando al Señor, él me escucha desde su monte santo.

Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor.


Aclamación antes del Evangelio: 1Jn 4, 10b

Dios nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.


EVANGELIO: Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»
.
.

LA FIDELIDAD DE ELEAZAR

P. Francisco Fernández Carvajal

Lealtad a la palabra dada y a los compromisos adquiridos.

La lealtad de Eleazar a la fe de sus mayores sirvió además para que otros muchos del pueblo escogido permanecieran firmes en sus creencias y costumbres. Nunca queda aislada la fidelidad de un hombre, de una mujer. Son muchos los que, quizá sin saberlo expresamente, se apoyan en ella. Una de las grandes alegrías que el Señor nos hará gustar será el poder contemplar a todos aquellos que permanecieron firmes en su fe y en su vocación porque se apoyaron en nuestra sólida coherencia.

La virtud humana que corresponde a la fidelidad es la lealtad, esencial para toda convivencia. Sin un clima de lealtad, las relaciones y vínculos entre los hombres degenerarían a lo sumo en una mera coexistencia, con su cortejo inseparable de inseguridad y desconfianza. La vida propiamente social no sería posible si no se diera «aquella observancia de los pactos sin la que no es posible una tranquila convivencia entre los pueblos»8: un clima de confianza mutua, de honradez, de lealtad.

No es infrecuente que en la sociedad, en la empresa, en los negocios… parezca perdida esta virtud tan esencial. La mentira, la manipulación de la verdad, es un arma más que algunos utilizan como si fuera normal en los medios de la opinión pública, en la política, en los negocios… Muchas veces se echa de menos la honradez para cumplir la palabra dada y los compromisos libremente adquiridos.

Es más, en ocasiones se comenta la infidelidad matrimonial, como si los compromisos adquiridos delante de Dios y delante de los hombres tuvieran poco valor. Otros, con el fin de aumentar su disponibilidad económica, o para satisfacer su ansia desordenada de placeres, de figurar en la vida social, incumplen sus deberes religiosos, familiares, sociales o profesionales traicionando los compromisos más nobles y santos.

En estos momentos urge que los cristianos –luz del mundo y sal de la tierra– procuremos ser ejemplo de fidelidad y de lealtad a los compromisos contraídos. San Agustín recordaba a los cristianos de su tiempo: «El marido debe ser fiel a la mujer, y la mujer al marido, y ambos a Dios. Los que habéis prometido continencia, cumplid lo prometido, puesto que no se os exigiría si no lo hubieseis prometido (…). Guardaos de hacer trampas en vuestros negocios. Guardaos de la mentira y del perjurio»9. Son palabras que conservan plena actualidad.

Perseverando, con la ayuda del Señor, en lo poco de cada día, lograremos oír al final de nuestra vida, con gozosísima dicha, aquellas palabras del Señor: Muy bien, siervo bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho; entra en el gozo de tu Señor10.

 8 Pío XII, Alocución 24-XII-1940, 26. — 9 San Agustín, Sermón 260. — 10Mt 25, 21-23.

www.homiletica.org


El maná de cada día, 23.9.19

septiembre 23, 2019

Lunes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

.

el-candil-candil---

Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama



PRIMERA LECTURA: Esdras 1, 1-6

El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para cumplir lo que había anunciado por boca de Jeremías, movió a Ciro, rey de Persia, a promulgar de palabra y por escrito en todo su reino:

«Ciro, rey de Persia, decreta: “El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá.

Los que entre vosotros pertenezcan a ese pueblo, que su Dios los acompañe, y suban a Jerusalén de Judá para reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que habita en Jerusalén.

Y a todos los supervivientes, dondequiera que residan, la gente del lugar proporcionará plata, oro, hacienda y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios de Jerusalén.”»

Entonces, todos los que se sintieron movidos por Dios, cabezas de familia de Judá y Benjamín, sacerdotes y levitas, se pusieron en marcha y subieron a reedificar el templo de Jerusalén. Sus vecinos les proporcionaron de todo: plata, oro, hacienda, ganado y otros muchos regalos de las ofrendas voluntarias.


SALMO 125, 1-2ab.2cd-3.4-5.6

El Señor ha estado grande con nosotros

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar:la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 16

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.


EVANGELIO: Lucas 8, 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»



Los cristianos están para iluminar el ambiente en el que viven

P. Francisco Fernández Carvajal/Homilética.org

En el Evangelio de la Misa leemos esta enseñanza del Señor: Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entren tengan luz.

Quien sigue a Cristo –quien enciende un candil– no solo ha de trabajar por su propia santificación, sino también por la de los demás. El Señor lo ilustra con diversas imágenes muy expresivas y asequibles al pueblo sencillo que le escucha.

En todas las casas alumbraba el candil al caer la tarde, y todos conocían dónde se colocaba y por qué. El candil está para iluminar y había de colocarse bien alto, quizá colgaba de un soporte fijo puesto solo para ese fin. A nadie se le ocurría esconderlo de tal manera que su luz quedara oculta. ¿Para qué iba a servir entonces?

Vosotros sois la luz del mundo, había dicho en otra ocasión a sus discípulos. La luz del discípulo es la misma del Maestro. Sin este resplandor de Cristo, la sociedad queda en las más espesas tinieblas. Y cuando se camina en la oscuridad se tropieza y se cae. Sin Cristo, el mundo se vuelve difícil y poco habitable.

Los cristianos están para iluminar el ambiente en el que viven y trabajan. No se comprende a un discípulo de Cristo sin luz: sería como un candil que se escondiera debajo de una vasija o se metiera debajo de la cama. ¡Qué bien le entenderían quienes le escuchaban!

El Concilio Vaticano II puso de relieve la obligación del apostolado, derecho y deber que nacen del Bautismo y de la Confirmación, hasta el punto de que, formando el cristiano parte del Cuerpo Místico, «el miembro que no contribuye según su medida al aumento de este Cuerpo, hay que decir que no aprovecha ni a la Iglesia ni a sí mismo».

Este apostolado, que tiene tan diversas formas, es continuo, como es continua la luz que alumbra a los que están en la casa. «El mismo testimonio de vida cristiana y las obras hechas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios».

También los que aún no creen en Cristo han de ver iluminado su camino con el brillo de las obras de los que siguen al Maestro.

«Porque todos los cristianos, donde quiera que vivan, por el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra, están obligados a manifestar el hombre nuevo de que se han revestido por el Bautismo, y en el que se han robustecido por la Confirmación, de tal forma que los demás, al reparar en sus obras, glorifiquen al Padre y descubran el genuino sentido de la vida y el vínculo universal de todos los hombres»6.

Examinemos hoy nosotros si aquellos que trabajan codo a codo con nosotros, quienes viven en el mismo hogar, los que nos tratan por motivos profesionales o sociales… reciben esa luz que señala el camino amable que conduce a Dios. Pensemos si esos mismos se sienten movidos a ser mejores.


El maná de cada día, 31.7.19

julio 31, 2019

Miércoles de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

.

Is-it-crazy-to-buy-gold-coins-for-investments-Medium

El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo



PRIMERA LECTURA: Éxodo 34, 29-35

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor.

Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él.

Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló.

Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí.

Y, cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo por la cara.

Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía, comunicaba a los israelitas lo que le habían mandado. Los israelitas veían la piel de su cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo por la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.


SALMO 98

Santo eres, Señor, Dios nuestro.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía.

Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo: Santo es el Señor, nuestro Dios.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 15b

A vosotros os llamo amigos -dice el Señor-, porque todo lo que oído a mi Padre os lo he dado a conocer.


EVANGELIO: Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»


.

San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola

31 de julio

San Ignacio de Loyola, Presbítero

Nació el año 1491 en Loyola, en las provincias vascongadas; su vida transcurrió primero entre la corte real y la milicia; luego se convirtió y estudió teología en París, donde se le juntaron los primeros compañeros con los que había de fundar más tarde, en Roma, la Compañía de Jesús.

Ejerció un fecundo apostolado con sus escritos y con la formación de discípulos, que habían de trabajar intensamente por la reforma de la Iglesia. Murió en Roma el año 1556.

EXAMINAD SI LOS ESPÍRITUS PROVIENEN DE DIOS

De los Hechos de san Ignacio recibidos por Luis Gonçalves de Cámara de labios del mismo santo

Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballerías, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido, pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que te por título Flos sanctórum, escritos en su lengua materna.

Con la frecuente lectura de estas obras, empezó a sentir algún interés por las cosas que en ellas se trataban. A intervalos volvía su pensamiento a lo que había leído en tiempos pasados y entretenía su imaginación con el recuerdo de las vanidades que habitualmente retenían su atención durante su vida anterior.

Pero, entretanto, iba actuando también la misericordia divina, inspirando en su ánimo otros pensamientos, además de los que suscitaba en su mente lo que acababa de leer. En efecto, al leer la vida de Jesucristo o de los santos, a veces se ponía a pensar y se preguntaba a sí mismo:
«¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco o que santo Domingo?»

Y, así, su mente estaba siempre activa. Estos pensamientos duraban mucho tiempo, hasta que, distraído por cualquier motivo, volvía a pensar, también por largo tiempo, en las cosas vanas y mundanas. Esta sucesión de pensamientos duró bastante tiempo.

Pero había una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello le producía de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volvía a la realidad, se sentía triste y árido de espíritu; por el contrario, cuando pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades de los santos, no sólo entonces experimentaba un intenso gozo, sino que además tales pensamientos lo dejaban lleno de alegría.

De esta diferencia él no se daba cuenta ni le daba importancia, hasta que un día se le abrieron los ojos del alma y comenzó a admirarse de esta diferencia que experimentaba en sí mismo, que, mientras una clase de pensamientos lo dejaban triste, otros, en cambio, alegre.

Y así fue como empezó a reflexionar seriamente en las cosas de Dios. Más tarde, cuando se dedicó a las prácticas espirituales, esta experiencia suya le ayudó mucho a comprender lo que sobre la discreción de espíritus enseñaría luego a los suyos.

Oración

Señor, Dios nuestro, que has suscitado en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para extender la gloria de tu nombre, concédenos que después de combatir en la tierra, bajo su protección y siguiendo su ejemplo, merezcamos compartir con él la gloria del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


El maná de cada día, 22.7.19

julio 22, 2019

Santa María Magdalena

.

«Mujer, ¿por qué lloras?»

«Mujer, ¿por qué lloras?»



Antífona de entrada: Jn 20, 17

Dijo el Señor a María Magdalena: Anda, ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, Cristo, tu Unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por intercesión y el ejemplo de aquella cuya fiesta celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el Reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Cant 3, 1-4

Esto dice la esposa:

«En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo buscaba, y no lo encontraba.

“Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma”.

Lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad. “Habéis visto al amor de mi alma?”.

En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma».


SALMO Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabaran mis labios.

Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabaran jubilosos.

Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene.



ALELUYA

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja.»


EVANGELIO: Juan 20, 1. 11-18

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde habla estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice: «¡María!»

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»


Antífona de comunión: 2 Co 5, 14-15

Nos apremia el amor de Cristo para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
.


SANTA MARÍA MAGDALENA

Formó parte de los discípulos de Cristo, estuvo presente en el momento de su muerte y, en la madrugada del día de Pascua, tuvo el privilegio de ser la primera en ver al Redentor resucitado de entre los muertos (Mc 16, 9). Fue sobre todo dura­nte el siglo XII cuando su culto se difundió en la Iglesia occidental.

Ardía en deseos de Cristo,
a quien pensaba que se lo habían llevado

De las homilías de san Gregorio Magno, Papa, sobre los evangelios

María Magdalena, cuando llegó al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho.

Y dice el evangelio acerca de ellos: Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade, a continuación: Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando.

Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado.

Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el final se salvará.

Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación, iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba.

Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría, es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor.

Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Estoy enferma de amor; y también: Mi alma se derrite.

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Se le preg­unta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.

Jesús le dice: «¡María!» Después de haberla llamado con el nombre genérico de «mujer», sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio. Es como si le dijera:

«Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en es­pecial».

María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama: «Rabboni», es decir: «Maestro», ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.

 


A %d blogueros les gusta esto: