Maná de cada día

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1.- JUSTIFICACIÓN DE LA PÁGINA

Cada mañana, el Señor te renueva su amor, te hace nueva, te hace nuevo, te recrea. Alégrate… El Señor te mira con agrado.

Vive y sé feliz en este día. Harás lo que desees con el poder de Dios, serás lo que quieras ser… Dios te entrega, por el Espíritu, una hoja de papel en blanco… Para que escribas en el Libro de la Vida tu respuesta pronta y entusiasta.

Pronúnciate según tu fe y generosidad. Da vida a discreción, a la medida de tu amor y de tu libertad. Di al Señor de todo corazón: Aquí estoy… Hágase en mí.

Vive y sé feliz, bendice a tu Creador y a tus hermanos. Amén.

2.- La santísima Virgen María, después de Jesús, es nuestro modelo para conocer el plan de Dios sobre cada uno de nosotros. María nos enseña la escucha diaria de la Palabra. Por eso traemos a nuestra memoria y consideración la escena de la Anunciación: El ángel anuncia el plan de Dios, María responde positivamente y permite la encarnación de la Palabra. 

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He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra.

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3.- La Palabra de Dios, el pan de cada día: EL MANÁ

Desde el año 2011 estoy publicando en la página de Inicio del blog la Palabra de Dios que se proclama en la celebración de la misa diaria, fiestas y solemnidades.

En esta página sólo aparecerán de vez en cuando algunas lecturas seleccionadas con su correspondiente comentario.

También se publicarán en esta páginas algunas notas y reflexiones sobre la Lectio Divina.

Los israelitas murmuraron contra Dios en el desierto. Entonces Dios ordenó a Moisés decirle al pueblo:

“Al atardecer comeréis carne y por la mañana os hartaréis de pan; y así sabréis que Yo soy Yahvé, vuestro Dios”.

Cuando los israelitas vieron sobre el suelo del desierto una especie de escarcha, “se decían unos a otros: ‘¿qué es esto?’ Pues no sabían lo que era.

Moisés les dijo: ‘Este es el pan que Yahvé os da por alimento’” (Ex 16, 12.15).

Reproduzco la nota de la Biblia de Jerusalén: “¿Qué es esto?”, en hebreo mân hû; la etimología popular de la palabra “maná”. Es la pregunta de los hijos de Israel ante algo asombroso realizado por la mano providente de Dios.

San Millán, noviembre de 2013

4.- Textos motivadores de las entradas del Maná de cada día (Lima, julio 2016).

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         CÓMO PUEDES LEER LA BIBLIA     

Diez reglas

 Lee la Biblia…

  1. … y haz oración.

La Biblia es la Sagrada Escritura. Por eso es bueno que, antes de leer, le pidas a Dios su Espíritu Santo y que, después de haber leído, le des las gracias. ¿Cómo puedes orar? Comienza simplemente con esta breve oración: “Tu Palabra es una lámpara para mis pasos y una luz en mi camino” (Salmo 119,105).

  1. … y déjate sorprender.

 La Biblia es un libro lleno de sorpresas. Aun cuando algunos relatos ya los hayas escuchado en otra ocasión, dales una segunda oportunidad. ¡Y dátela también a ti! La Biblia te muestra la inmensidad y grandeza de Dios, que lo supera todo.

  1. … y alégrate. 

La Biblia es una gran historia de amor con final feliz: la muerte no tiene ninguna chance (oportunidad o posibilidad). La vida sale victoriosa. Esta buena noticia la encuentras en todos los textos bíblicos. Búscala. Y alégrate cuando la hayas encontrado.

  1. … y hazlo periódicamente, con frecuencia.

La Biblia es el libro para tu vida. Si la lees a diario, aunque solo sea un versículo o un pequeño párrafo, podrás darte cuenta de cuánto bien te hace. Es como con el deporte y con la música: solo la práctica constante hace que uno progrese y, cuando se tiene un poco de práctica, resulta bien entretenido.

  1. … y no leas demasiado.

La Biblia es un tesoro enorme. Se te regala gratuitamente. No necesitas desempaquetarlo todo de inmediato. Lee solamente lo que puedas absorber bien. Si algo te llega o te impacta especialmente, escríbetelo y apréndetelo de memoria.

  1. … y tómate tiempo.

La Biblia es un libro antiquísimo que es siempre joven y siempre nuevo. No es para leerla toda de un tirón. Es bueno hacer pausas. De ese modo puedes reflexionar y captar lo que Dios quiere decirte. Y cuando hayas leído ya toda la Biblia, comienza simplemente de nuevo desde el principio.

  1. … y ten paciencia.

La Biblia es un libro lleno de profunda sabiduría, pero en ocasiones parece también enigmática y extraña. No comprenderás siempre todo de inmediato. Y algunas cosas solo pueden comprenderse partiendo de la época o de la situación histórica. Ten paciencia contigo y con la Biblia. Si hay algo que no llegas a entender, mira el contexto u otros pasajes que traten del mismo tema.

  1. … y léela con otros.

Lo que te dice la Biblia puedes compartirlo con otros. Y lo que otros han descubierto en la Biblia puede ayudarte a comprenderla mejor. Cuando hables con otros sobre la Biblia, cuida de que la Palabra de Dios permanezca en el centro y de que no se le añadan asuntos o intereses extraños. La Biblia no es nunca un arma contra otros; es un puente para artífices de paz.

  1. … y abre tu corazón.

La Biblia es un asunto del corazón. Quien lee la Biblia no puede quedarse en la mera lectura. Dios abre tu corazón. Su palabra se escribe en tu vida y puedes celebrarla en la liturgia. A esto se te invita: a leer la Biblia con el corazón abierto.

  1. … y ponte en camino.

La Biblia es la brújula para tu vida. Ella te muestra por dónde va el camino. El camino lo recorres por ti mismo, pero no lo recorres solo. Piensa en los discípulos de Emaús (Lucas 24, 13-35). Primero no reconocieron a Jesús, que los acompañaba en su tristeza. Pero después se preguntaron: “¿No ardía acaso nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lucas 24, 32).

(Autor desconocido; 4 de agosto 2017)

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LECTIO DIVINA, DOMINGO 31º del TIEMPO ORDINARIO, CICLO C

03 de noviembre de 2013

Paso 1. Disponerse: Repite varias veces: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Pide al Espíritu encontrarte con Jesús en las palabras del texto.

Lucas 19, 1-10

Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publícanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». El se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Paso 2. Leer: Fíjate en los personajes del texto: ¿qué hace Zaqueo a lo largo de este pasaje? ¿Qué lleva Jesús a la casa de Zaqueo?

Paso 3. Escuchar: Para que las palabras suenen en tu corazón, guarda silencio. ¿Por qué no pruebas a ser Zaqueo, a tratar de ver a Jesús para que él te vea y te hable? ¿Te crees de verdad que Jesús puede llegar hoy mismo, aquí y ahora, a tu corazón, a tu casa y tranformarte en otra persona? Jesus, sí quiere venir a ti.
Repara cómo Jesus llama a Zaqueo por su nombre. ¿Te gustaría que Jesus pronunciara tu nombre?

Paso 4. Orar: ¿Te ayuda esta lectura a hablar a Jesús con confianza y alegría? Mira cómo Jesús se compromete con Zaqueo: a Jesús le interesa que cambie de vida, que se salve, pues él ha venido a salvar lo que estaba perdido. ¿Tú te sientes perdido? Jesús te está buscando con todas sus fuerzas y su ilusión… ¿Cómo es tu encuentro con Jesús? ¿Qué es lo primero que le dices? ¿Cuáles son tus sentimientos? ¿Qué es lo más importante que, de todas maneras, quieres transmitirle y confiarle a Jesús?

Paso 5. Vivir: ¿Te invita a cambiar de actitud esta lectura? ¿Estás dispuesto a desprenderte de lo que te separa de Dios?

http://semillas-edit.es/
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DOMINGO 29º del TIEMPO ORDINARIO

20 de octubre de 3013

Lectura Orante de la Palabra

Paso 1. Disponerse: Abre tu Biblia y tu corazón a la escucha del Señor. Piénsalo: El Señor habla en la Palabra, porque nos ama. Todos encontramos tiempo para lo que queremos. Pide al Espíritu ganas de conocer más a Jesús en esta Palabra. Entrar en la presencia de Dios es como estar en familia con él, en confianza: Por Jesús en el Espíritu derramado en nuestros corazones. Lee despacio.

DOMINGO 29º del Tiempo Ordinario, Ciclo C.      Lucas 18, 1-8

Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Paso 2. Leer: Pon mucha atención a lo que dice cada palabra del texto. ¿Responde la parábola a lo que Jesús quería enseñar? Fíjate bien en la descripción de los personajes. ¿Qué frase destacarías? ¿Cómo titularías esta parábola? La insistencia en pedir debe ser expresión de la confianza absoluta en Dios que siempre nos escucha, aunque no siempre nos concede lo que le pedimos porque no nos conviene. Como hace la mamá con su hijo cuando le pide un cuchillo o un veneno.

Paso 3. Escuchar: Lo que dice el texto que lees es para tu vida: ¿Por qué hace Jesús alusión a la fe al final del texto? ¿Será que fe y oración se necesitan mutuamente? ¿La historia de la viuda es como tu historia? En tus problemas ¿a quién acudes? Gracias a su insistencia esta pobre mujer consiguió lo que no podía por su desvalimiento. La fe conduce a la oración, y ésta hace crecer la fe. La oración nos ayuda a convertirnos constantemente, a conocer más a Dios y a acoger sus planes. Si tienes esa fe, Cristo vendrá a tu vida. Cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará tu fe sobre la tierra?

Paso 4. Orar: El Espíritu gime dentro de nosotros y nos ayuda a que oremos como conviene, es decir, según los planes de Dios. Pues nosotros no sabemos pedir, porque no sabemos lo que nos conviene. Desde tu indefensión, desde tu necesidad de que se te haga justicia, grita con el salmista: Levanto mis ojos a los montes; ¿de dónde me vendrá el auxilio? Y como él, espera la ayuda de tu Creador y Salvador.

Paso 5. Vivir: La Palabra la vamos haciendo vida poco a poco, por la oración y el compromiso. Hoy vemos claramente cómo la oración es para la vida, para afrontar los problemas de cada día. ¿Has experimentado la fuerza de la oración frente a las contrariedades de la vida y frente a tus “adversarios”? La oración ¿alimenta tu fe y la alegría de vivir como discípulo de Jesús en tus pensamientos, palabras y obras?

San Millán de la Cogolla, octubre de 2013

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 DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO 

Ciclo A, 24 de julio 2011

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Evangelio: Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron: «Sí.»

Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

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Comentario al texto evangélico

En un mundo de competitividad como el nuestro, puede resultar extraño ver a Dios que salta al mercado de las ofertas y pone precio. El Evangelio de hoy culmina esa catequesis sobre el Reino de Dios que Jesús ha ido explicando estos domingos. Las dos primeras imágenes que aparecen muestran el valor de ese Reino: vale la pena venderlo todo para hacerse con un don tan preciado. Tan importante, tan absoluto es ese Reino que es más que todo lo que una persona pueda poseer. Jesús no estaba ante aquella gente, ante sus discípulos, tra­tando de “venderles” su novedad haciéndoles consideraciones pertinentes sobre la exce­lencia de su “mercado”, o indicándoles cuáles eran sus ventajas respecto a otros merca­deres. Más bien, el Señor se presenta con lo más y lo mejor, con lo que no tiene compe­tencia ni rival. ¿De qué se trataba, pues? ¿Cuál era la oferta de Jesús?

Se trataba de eso que de múltiples formas no ha hecho otra cosa que ofrecer, y explicar, e inaugurar: el Reino de Dios, el proyecto de su Padre, el plan de Dios sobre cada hombre y sobre toda la humanidad. Para esto vino Él: para decir a sus hermanos los hombres cuál era y cómo se andaba el camino de la felicidad bienaventurada. Porque en el empeño de ser felices, cuando los hombres han aspirado a ello al margen de Dios o incluso contra Él y a su despecho, el resultado es esa macabra retahíla de desmanes con los que los humanos han llenado demasiadas páginas de su historia: violencias, mentiras, injusticias, traiciones, muertes.

El Reino es algo que tiene que ver con las exigencias de nuestro corazón, con las aspiraciones más nobles y los deseos más hondos del corazón humano. No obstante, y a pesar de la inmensa oferta de Dios, Él nos deja libres para que optemos. Es una vieja tentación la de ser independientes y autónomos respecto de Dios. Pero después de tanto esfuerzo, tanto pago, tanta cosa… no logramos alcanzar la dicha.

El Evangelio de este domingo nos ofrece una meditación sobre nuestro dispendio vital: en qué gastamos nuestro caudal de posibilidades, en dónde apostamos nuestro deseo de felicidad. Dios sale a nuestro paso y nos dice que Él tiene un plan, su Reino, por el que vale la pena arriesgarlo todo. Cuando alguna vez se ha entendido esto, cuando alguna vez se ha intentado, se comprende que Dios no juega con nosotros, que no se aprovecha de nuestra condición, sino que al venderlo todo para adquirir su tesoro escondido o su perla preciosa, es decir, al dejar padre, madre, hijos, tierras… por su Reino, Él nos ha dado cien veces más padres, madres, hijos, tierras… y después la vida eterna. “¿Entendéis bien todo esto? Ellos contestaron: sí” (Mt 13,52). ¿Qué podemos responder cada uno de nosotros?

El Señor os bendiga y os guarde.

Monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo

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Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré?

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DOMINGO XVIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

CICLO C

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1º de agosto de 2010
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¿QUÉ HARÉ?

He ahí la pregunta del millón. ¿Qué haré con tanta “cosecha” que el Señor me ha regalado sin merecerla, sin consultarme; sencillamante, porque le pareció bien.

¿Cuál es tu riqueza? La vida, la fe, la familia, las potencialidades mentales, psicológicas, emocionales, intelectuales, recursos espirituales y capacidades casi infinitas… El bien de la cultura, la educación, las relaciones sociales. Aparte, los bienes físicos, materiales y bienestar.

¿Qué haré? Reconocer que todo lo he recibido, que estoy en deuda con Dios, que mi mayor riqueza es ser amado por él, antes de poderme dar cuenta. Vivir agradecido a Dios y a los hermanos, sobre todo a los familiares. Usar y disfrutar de los bienes recibidos de manera responsable. Administrar todo según la mente de Dios. Soy administrador, no dueño. Por tanto, un día me pedirán cuentas de mi gestión.

¿Qué haré? Muchas personas, al menos por lo que se ve, se creen dueños de cuanto les depara la vida y no se reconocen deudores de nadie. Viven como si Dios no existiera y como si no tuviera nada que ver con ellos. Por lo general y de manera consecuente, también son desagradecidos y descastados con la propia familia. Por ese camino se privan de algo fundamental en la vida: ser agradecidos y vivir reconocidos.

Según el evangelio de hoy, esa actitud es “necedad” y fuente de la perdición del hombre.

¿Qué haré? Examinarme para ver si realmente quiero ser rico ante Dios. ¿Qué busco en la vida? ¿En qué gasto mi tiempo y mis fuerzas?

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Jesús, profeta de Dios

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MIÉRCOLES IV SEMANA DEL T. O.

NO DESPRECIAN A UN PROFETA MÁS QUE EN SU PROPIA TIERRA…

Marcos 6, 1-6


Jesús se pone a predicar en la sinagoga y la gente capta que no habla como los demás maestros de la ley. La gente se pregunta de dónde le viene esa sabiduría y convicción que transmiten sus palabras. Habla con autoridad, con poder. Transmite algo muy especial. De él sale como un poder que a todos transforma. Nadie puede quedar indiferente ante él.

En un primer momento hay sorpresa, y después unos van acogiendo con alegría aquella novedad y otros se resisten y comienzan a rechazar a Jesús. Algunos quizás le envidian, y otros llegan a escandalizarse. ¡No puede ser! Eso es demasiado. Dios no es tan bueno ni tan poderoso, ni tan cercano a los hombres.

Pero para Jesús sí lo es: ha llegado el Reino. El amor de Dios está inundando el mundo. Dios está cumpliendo sus promesas. Está irrumpiendo en el mundo el Amor de Dios.

Los paisanos de Jesús rechazan al que anuncia la llegada del Reino, y se quedan fuera. Jesús se admira de la falta de fe. Creen que su paisano no puede ni debe enseñarles nada nuevo. Lo han despojado de lo más valioso que lleva dentro: su condición de profeta de Dios.

Nosotros también “domesticamos” a nuestros hermanos, por lo general a los más cercanos, y los vaciamos del mensaje que nos traen de parte de Dios. Cada hermano es un profeta de Dios, un regalo suyo: el camino más directo para llegar a Dios.

¿Lo sabremos descubrir en este día, lo sabremos valorar hasta experimentarlo como un profeta de Dios para mí, aquí y ahora? Ojalá.

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MIÉRCOLES II SEMANA DEL T. O.

HACER LO BUENO O HACER LO MALO

SALVARLE LA VIDA A UN HOMBRE

O DEJARLO MORIR

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Marcos 3, 1-6

La meditación de la Palabra es lo que abre normalmente la jornada del discípulo; que lo es precisamente porque cree en la Palabra, porque se alimenta de ella y sólo de ella, según el menú que le ha preparado el Padre para cada día –se alimenta, pues, de la “Palabra-del-día”-; esa Palabra de la que todos los creyentes están invitados a alimentarse en toda la Iglesia (Amedeo Cencini).

En los relatos evangélicos de estos días, Jesús aparece como un hombre totalmente liberado de sus propios intereses; y por tanto, como enajenado en las cosas del Padre. Es un hombre libre, totalmente aplomado, armónico y feliz, que transmite vida por todos sus poros. Plenamente reconciliado con su Padre Dios y con los hombres. Su corazón está en fiesta. Profeta del Dios verdadero, Dios de vivos y no de muertos.

Por eso, sale de él un poder que a todos transforma, esté donde esté: ya sea en la sinagoga, en la casa de Pedro, o en descampado; con los judíos o con los extranjeros. A Jesús le quema el amor del Padre que quiere dar vida a todo hombre y a todo el hombre. El celo de Dios le consume. Su alimento es hacer la voluntad del Padre: dar vida en abundancia a los hombres. Eso es lo que más le quema el alma cuando ora a su Padre, a veces, noches enteras. Eso es lo que más le quema el corazón cuando ve a la gente que andan como ovejas sin pastor. Él no puede permanecer indiferente ante el enfermo, el pecador, el pobre, el marginado.

Y esa compasión se transforma en ira y en pesar cuando constata que los representantes de Dios permanecen ajenos al dolor de los hermanos muy ocupados en cumplir leyes y en realizar servicios religiosos bien remunerados.

En la sinagoga había un hombre con parálisis en un brazo. Jesús lo descubre y se siente impulsado a curarlo. Le duele esa situación. Los dirigentes religiosos están al acecho para poder acusarlo. Ellos quieren que todo siga igual. No tienen la pasión por el Reino de Dios que le hace vibrar a Jesús. Están desconectados de Dios y de los hermanos; viven del negocio de la religión; viven para sí. Como no se dejan cuestionar por Dios, tampoco ellos cuestionan a los demás. Todo es muerte: primero, dentro de ellos; y por eso, dejan a los demás que se mueran en el mal; no les nace en este caso llevar al paralítico a Dios o a Jesús porque ellos mismos no tienen experiencia de Dios; proponerle algo así al paralítico, supondría convertirse ellos mismos… y eso les cuesta mucho, lo ven poco menos que imposible, y prefieren seguir instalados en la mentira de “la religión institucional”.

Jesús les preguntó: “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?”. Ellos se quedaron callados en señal de su renuencia a dar el salto liberador… Entonces Jesús, “echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: ‘Extiende el brazo’. Lo extendió y quedó restablecido”.

Según el relato, “hacer lo malo” consiste en dejar a la gente como está, no provocar el poder de Dios a favor de los necesitados. El mal está en la poca fe que tenemos, en ver las cosas desde nuestro pequeño mundo. Tenemos que abrirnos al horizonte de Dios: Él quiere que todos tengan vida, y vida en abundancia, vida aquí y ahora, y para todos sin excepción. ¿Qué excepción puede anular el infinito poder y amor de Dios demostrado en Cristo? Estamos ya en los últimos tiempos. Todo está hecho por parte de Dios. Lo nuestro es dejar que Cristo nos sirva a la mesa. No hay que esperar a merecer la salvación, pues no se puede comprar; no hay tiempos o momentos malos, todos los tiempos son buenos para Dios.

Si quieres, estimado lector, llenar este día de la gracia de Dios, trata de sintonizar con los sentimientos de Jesús. Déjate cambiar por él, arriésgate a soñar algo diferente para ti: puedes crecer, puedes cambiar. Para animarte, piensa en los cambios que has experimentado en el pasado. Cuando cambies tú, podrás atreverte a proponer a los demás la salvación que Dios tiene reservada para cada persona, para esa persona que conoces y está cerca de ti. No te acostumbres a verla siempre igual. Ama de verdad, y descubre el plan de Dios sobre ti y sobre ella. Tú debes ser profeta de Dios, debes hacer el bien a discreción. No te puedes contentar con menos.

Me atreveré a formular algunas posibles propuestas: Tú eres generoso o entregada, ¿por qué no piensas en consagrarte al Señor como sacerdote, como religiosa? Sabes que estás gravemente enfermo, ¿por qué no arreglas tus cuentas con Dios, por qué no hablas con un sacerdote? Te lamentas de que la gente es injusta contigo, ¿por qué no revisas tus sentimientos y tu conducta con esas personas concretas? ¿Por qué van a tener siempre la culpa los demás? Quizás no eres tan perfecto como te crees…

“¿Qué está permitido en sábado: hacer lo bueno o lo malo?”

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LUNES II SEMANA T. O.

Marcos 2, 18-22

“A vino nuevo, odres nuevos”


MIÉRCOLES I SEMANA DEL T. O.

Jesús cura a la suegra de Pedro

Recorre toda Galilea predicando

Mc 1, 29-39

Jesús se traslada de la sinagoga a la casa de Pedro. La “casa” es la Iglesia, la comunidad para la que Marcos escribe su evangelio. En esa comunidad hay personas que están paralizadas por la fiebre. Jesús quiere acercarse a ellas para curarlas y levantarlas y así transformarlas en verdaderos discípulos suyos y a la vez “servidores” de la comunidad. Parece que este relato, más que de curación, es de vocación: llamada al seguimiento y al servicio.

Jesús se acercó a la enferma porque “se lo dijeron”. ¿Detectas en la Iglesia cristianos postrados que no sirven a los hermanos? ¿Te preocupa que en la Iglesia haya personas que no avanzan en su vida espiritual, que no se comprometen con Cristo de verdad? ¿Cuánto tiempo dedicas a la oración de intercesión por los hermanos?

La fama de Jesús se extiende rápidamente y le traen muchos enfermos. Con las curaciones aumenta el éxito de Jesús. Este triunfalismo les gusta a los discípulos. No tanto a Jesús, pues se levanta de madrugada y huye del pueblo para hacer oración en solitario. Salen los discípulos en su búsqueda y al encontrarlo le dicen: “Todo el mundo te busca”.

Con estas palabras le manifiestan su deseo de que vuelva a recoger el reconocimiento de la gente que ha visto los milagros. Y Jesús se niega a regresar: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”.

¿Qué te llama la atención en este comportamiento de Jesús? Es admirable la conciencia que tiene de su misión. ¿Qué supondría para Jesús la oración personal? ¿Cómo sentiría la presencia de su Padre y su protección? Parece que Jesús vive como “enajenado” por las cosas del Padre. Su alimento es hacer su voluntad. Eso le sostiene y da sentido a toda su vida.

Resumiendo: ¿Qué sientes que te pide Dios para esta nueva jornada? ¿Qué pensamiento, qué sentimiento, qué tipo de oración deberían vertebrar todo este día que Dios te concede como un don?

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MARTES I SEMANA DEL T. O.

Jesús enseña con autoridad

y cura al endemoniado

Mc 1, 21-28

Comenzamos un nuevo tiempo litúrgico llamado “ordinario”. En la Navidad hemos contemplado el misterio de Cristo desde su nacimiento hasta el bautismo. Ahora nos disponemos a seguir sus pasos en la vida pública haciéndonos sus discípulos.

En el evangelio de hoy Jesús se presenta en la sinagoga adonde concurren las personas buscando mejoría en su existencia. En el fondo, buscando a Dios. Traen sus preocupaciones y dolencias. Jesús sintoniza con la gente, toma conciencia de las necesidades de cada persona y, por eso, se pone a enseñar.

La gente inmediatamente percibe algo especial en Jesús: enseña con autoridad, no como los escribas. Las personas captan enseguida quién las toma en serio, quién les habla desde su propia experiencia, quién es hombre de Dios; en definitiva, quién las ama, como pastor no asalariado sino dueño de las ovejas. Quizás no saben expresarlo, pero lo sienten, lo distinguen muy bien. Se huele. A la gente no se le puede engañar tan fácilmente, y menos en las cosas de Dios. Por eso, se quedaban asombrados de su enseñanza.

¿También tú sabes distinguir, tienes esa capacidad para detectar y seguir a los enviados del Señor? Porque, ojo, también es posible que nos busquemos maestros falsos, que siempre nos halaguen, doctores a nuestra medida. Podemos engañarnos a nosotros mismos. ¿Sabes valorar a los profetas aunque te corrijan o tengan defectos? ¿Ayudas a otros a saber distinguir al verdadero enviado por Dios?

Jesús habla con autoridad porque cumple lo que dice, porque busca la gloria de Dios y el bien de sus oyentes, porque vive con coherencia y transparencia. Entre sus palabras y su vida real se da una armonía perfecta: Nadie habló como él. Y sobre todo, habla con autoridad porque está lleno del Espíritu que le descubre la voluntad del Padre quien desea que todos se salven. Su pensamiento y acción discurren en plena correlación con los designios de paz de su Padre Dios. Él trabaja al unísono con el Padre. Por eso no se cansa. Además, apoyado en él, se lanza a realizar milagros en bien de los hombres.

La palabra de Jesús, junto con todo lo que su personalidad implica, automáticamente choca con el mal, con todo mal. La mera presencia de Jesús impone, marca la diferencia, y la maldad sale a flote porque se siente interpelada por el esplendor de la Verdad. Un hombre que tenía un espíritu inmundo se puso a gritar hablando unas veces en singular y otras en plural. Señal de que su identidad estaba desequilibrada. No se posee a sí mismo. Está alienado. Alguien o algo desquiciador habita dentro de él. El demonio conoce a Dios, pero no cree en él, no lo reconoce, por eso teme y grita desesperado.

En nuestra sociedad hay muchos gritos, muchas contradicciones y cinismo, prepotencia y demasiado alboroto; a veces parece que todo vale. ¿No será que la Verdad remueve, y agita los desórdenes internos y externos, personales e institucionales? Y en tu fuero personal puedes preguntarte: ¿Qué es lo que me perturba? ¿Cuándo me domina la compulsión? ¿Qué sucede cuando actúo bajo su influencia?

Es curioso que La Natividad de Dios acontezca en el silencio de la noche, cuando todo estaba en calma. El alboroto debe ser controlado como condición para que pueda llegar la salvación. Jesús manda callar al hombre que gritaba: “Jesús lo increpó: ‘Cállate y sal de él’”. Desde la barca, agitada por la tormenta, Jesús mandó callar al viento y al mar; también mandó callar a las plañideras en la casa de Jairo. ¿Cómo te puede ayudar Jesús a calmar la tempestad que habita en ti y que a veces te domina?

Jesús enseñaba con autoridad y expulsaba a los demonios. Si Jesús vive y sigue hablando en su Iglesia, ¿dónde se manifiesta hoy su autoridad? ¿En qué signos, en qué personas, en qué realidades? Entre nosotros, la Palabra proclamada, por sí misma, conmueve a la gente. A veces la predicación del sacerdote “llega” a las personas. Incluso algunas reconocen que Dios les ha hablado al corazón de manera inequívoca usando a su ministro. Éste habla igual para todos, pero no todos son impactados de la misma forma. Revisa tus disposiciones para ver a Dios más allá de los entretelones de las mediaciones. Pues la oveja dócil siempre encuentra pastos.

Pero me da la impresión de que los sacerdotes no solemos concluir nuestro servicio pastoral “mandando” a los espíritus malos. Faltaría completar la misión con el ejercicio de la autoridad. Nos faltaría fe. San Pablo descubría en la predicación a las personas que tenían fe como para ser curadas, y entonces pedía la acción sanadora de Cristo, el Señor. En la Iglesia y en la sociedad seguramente habrá muchas personas que, como el hombre endemoniado “se retuercen” ante la Verdad, pero ¿quién se atreverá a “mandar y ordenar” a los espíritus malos en nombre del único Señor a quien se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra?

¡Qué lindo sería que tuviéramos más fe, tanto el ministro como el oyente! Porque Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Puedes preguntarte: ¿Dónde están los profetas de Dios en nuestra sociedad, en nuestra Iglesia? ¿O es que Dios ha dejado de enviar profetas porque esta generación no los merece? ¿O se habrá acabado su misericordia?

Creemos que Dios sigue siendo el mismo; y no se cansa de nosotros. Al revés, el recrudecimiento del mal estimula su celo por los hombres. ¿Dónde están, pues, los profetas que Dios envía? ¿Quién habla con autoridad, quién sana, quién permite a Dios realizar milagros en nuestra Iglesia? Y también: ¿qué tipo de personas realmente quedan sanadas en nuestra Iglesia, quiénes experimentan el poder de Dios y a quiénes se les ve felices con su fe?

Y más en concreto, y para ti: ¿Por quién te está hablando Dios aquí y ahora? Porque si tú quieres que te hable, él te hablará sin tardanza. Si tú quieres, los profetas de Dios abundarán “para ti”. Tu fe creará al profeta y éste alimentará tu fe, porque Jesús dijo: Id por todo el mundo, anunciad la buena noticia, curad enfermos, resucitad muertos. Mayores que yo haréis. Amén.

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SE DECÍAN UNOS A OTROS

“¿QUÉ ES ESTO?”


Los israelitas murmuraron contra Dios en el desierto. Entonces Dios ordenó a Moisés decirle al pueblo: “Al atardecer comeréis carne y por la mañana os hartaréis de pan; y así sabréis que Yo soy Yahvé, vuestro Dios”. Cuando los israelitas vieron sobre el suelo del desierto una especie de escarcha, “se decían unos a otros: ‘¿qué es esto?’ Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: ‘Este es el pan que Yahvé os da por alimento’” (Ex 16, 12.15).

Reproduzco la nota de la Biblia de Jerusalén: “¿Qué es esto?”, en hebreo mân hû; la etimología popular de la palabra “maná”. Es la pregunta de los hijos de Israel ante algo asombroso realizado por la mano providente de Dios.

También nosotros, ante el Niño nacido en Belén, nos decimos unos a otros: ¿Qué es esto? ¿Qué está sucediendo, qué nos está revelando Dios en estos hechos a la vez tan sencillos y tan portentosos?

En la Navidad Dios revela a los hombres los misteriosos designios que eternamente ha guardado en la intimidad de la familia trinitaria. El sueño más acariciado por Dios: hacerse hombre para que éste llegue a ser Dios. Nada menos que Dios se ha enamorado de su propia criatura y ha decidido desposarse con la humanidad para siempre, en justicia y santidad.

Por tanto, mientras Dios sea Dios no podrá vivir sin el hombre. Y mientras haya hombres en el mundo no podrán vivir sin Dios. He ahí el misterio de los sagrados desposorios de Dios con el hombre, con cada hombre, contigo. Pero ¿cómo, no es demasiado? ¿Por qué se comporta Dios así, qué busca?

Busca razones, y se te dirá: Porque así le pareció bien; eso fue lo que más le gustó, lo que más le agradó… Porque así es Dios, amor; y así actúa, por puro amor. ¿Con qué finalidad? Para alabanza de su gloria. Todo comienza y acaba en él. Con razón nos preguntamos en Navidad: ¿Qué es esto?

Y como es un misterio tan grande, la fiesta de Navidad la celebramos con octava: la prolongamos por ocho días como si fuese un único “día en que actuó el Señor”. Lo mismo sucederá con la Pascua.

¿Qué nos queda a nosotros? Imitar la actitud de María y de José, la reacción gozosa de los ángeles; sintonizar con la alegría de los pastores, seguir a los reyes de oriente; gozarnos con las palabras de Simeón y de Ana; en fin, unirnos a cuantos bendecían a Dios por lo que habían visto y oído sobre el Niño.
Por su parte, el hombre dará la talla de su valía, demostrará su dignidad y ejercerá su grandeza acogiendo al que viene en el nombre del Señor. Él viene a culminar su obra en el hombre: al que creó, ahora lo recrea; al que pecó ahora lo perdona; al que se desvió ahora lo rehabilita y endereza.

El Niño que nace no es un intruso, pues viene a su propia casa, ya que nada fue creado sino por él. No violenta al hombre, hecho a su imagen y semejanza. No lesiona o altera su dignidad pues el hombre está llamado a ser amigo de Dios y está capacitado para entenderse con Dios. Camina erecto, puede mirar a Dios cara a cara, hablarle y responderle. Es superior a toda la creación. Entre todos los seres creados sólo el hombre es amado por sí mismo: es persona. Por eso Dios lo desposa consigo por pura gracia y para siempre.

Si Dios se ha mostrado tan amoroso y fiel, ¿qué puedes hacer de tu parte? A ti sólo te queda acoger, alabar y agradecer… Dejarte inundar por la ternura de Dios y alegrarte en el Señor, como lo hizo María, como lo hizo José. Pues la alegría que encuentra el marido en su mujer, la encuentra tu Dios contigo. Perteneces al Señor; eres esposa del Señor para siempre, su amigo más íntimo. Alégrate desde lo más profundo de tu ser, y que de esta manera todo florezca en tu vida. Eres hijo del Rey no simple jornalero, llevas anillo real. Vístete de fiesta porque ya llega tu Salvador.

Dios en medio de nosotros, garantía de comunión

Mientras seas persona estás llamado a vivir en íntima comunión con Dios. Cuanto más le dejes entrar en tu ser, más valioso te volverás, más recto será tu proceder y más centrado y feliz te sentirás. Es decir, crecerás en dignidad y valía, en moralidad, en madurez, en la realización de tus posibilidades, en plenitud y felicidad. Cuanto más unido a Dios, más hombre serás, porque él es el mejor amigo que tienes y tendrás.

Ahí está tu felicidad: acoger a Dios que viene a ti con agradecimiento y alegría. Dejarte iluminar por esa gran Luz. ¡Qué menos! Hazlo así, y vive la Navidad en plenitud de gozo y santidad, con toda alegría. Dios ama a los que, como María, le responden pronta y generosamente. Dios es quien más goza con que el hombre llegue a su plenitud y sea feliz. Sólo él colma y realiza todas las potencialidades del hombre. Sólo Dios es la medida del hombre, nada más, pero tampoco nada menos. No te contentes con menos.

La Vida estaba junto a Dios… Vino a los suyos, a su propia casa… y a cuantos la recibieron les dio la posibilidad de hacerse hijos de Dios por el Espíritu. Tú estás llamado a ser un amigo de Dios, y tú quieres ser hijo de Dios; perteneces a su familia. No porque lo entiendas y menos aún porque te lo merezcas; sino porque así le pareció bien a Él, para alabanza de su gloria.

¿Qué es esto que estamos viendo, qué significa lo que hemos escuchado sobre el Niño? Y se admiraban de lo que decían del Niño y daban gloria a Dios… Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que se dejan amar por Dios, que gozan del amor de Dios. Alaba a tu Dios y vive feliz. El gozo en el Señor sea tu fortaleza. Sabrás que has pasado de la muerte a la vida porque amas de verdad, a discreción, a Dios y a tu prójimo. Amén, amén. Enhorabuena, hermano. ¡Gloria a Dios! ¡Es Navidad!

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VIERNES II ADVIENTO

Mt 11, 16-19
“¿A quién se parece esta generación?”
He aquí, la pregunta de Jesús, admirado de la incredulidad del pueblo judío, en particular de sus dirigentes. Dios, siempre fiel, se manifiesta en El Bautista y se revela en Jesús. No pierde la ocasión de expresar su amor y sus designios de paz y bendición. Para Dios no hay tiempos muertos. Es un Dios de vivos. Él habla y actúa de distintas maneras, ciertamente. Pero tanto Juan como Jesús son rechazados por igual, con distinto pretexto: De Juan dicen que está endemoniado, y de Jesús que es un comilón y un borracho… ¿Y qué decimos hoy… nosotros, tú y yo?
Apliquémonos el cuento. ¿Dios sigue hablando hoy a la sociedad, a esta generación? Ciertamente. Porque Dios es puro amor: y no puede negarse a sí mismo. El Padre siempre actúa, decía Jesús. La fe nos asegura que Dios todo lo dispone para nuestro bien. ¿Nos habla a cada uno? Indudablemente, pues somos los preferidos para él. Creemos que todo cuanto sucede es un gesto de Dios hacia nosotros. Cada persona tiene un mensaje para nosotros. Todo nos tendría que hablar de Dios, necesariamente, pues todo lo ha creado para nosotros… “Todo”, hasta lo malo que Dios permite en el mundo, en los demás, y dentro de nosotros. Nada está perdido.
Pero, ¡cómo patinamos cuando se trata de ver a Dios! ¡qué atrevidos somos, qué ligeros para juzgar! Usamos y abusamos del mundo sin reconocer que todo nos viene de Dios. Todo nos parece debido. La sociedad del bienestar y nosotros mismos estamos perdiendo la capacidad de sorpresa, de agradecimiento. Como los niños caprichosos del evangelio rechazamos las innumerables y reiteradas manifestaciones de Dios, cada día. No vemos el sentido de la vida, no palpamos la cercanía de Dios. El Adviento es para aprender a ver en profundidad. Pues corremos el riesgo de mirar al Niño de Belén y no “ver ni sentir” la ternura de Dios. Hay que ver y sentir. “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. Señor, “te conocía de oídas, ahora te están viendo mis ojos”.
Adviento es el tiempo propicio para levantar nuestros ojos, para contemplar la cercanía de Dios: él estaba en Juan, hablaba y actuaba en Jesús. Él sigue hablando y actuando en nuestro mundo, a nuestro lado, en los amigos y en los adversarios, dentro y fuera de nosotros mismos.
Por la fe descubrimos a Dios presente y actuante en todo lo que sucede; las obras de Dios llenan el mundo; su sabiduría todo lo invade: todo está bien. Nuestro mundo, por más que lo dañemos, no está perdido, porque la última palabra la tiene Dios; él gobierna el mundo; estamos en sus manos. Por tanto, descarguemos en él nuestras preocupaciones. Lo nuestro es alegrarnos en el Señor, esperando que él haga su obra con nosotros y a veces como a pesar nuestro, y en nosotros. La alegría en el Señor será nuestra fortaleza; él vendrá, en este mundo, y en el otro: es Adviento, es Navidad. Él vendrá, no lo dudemos ni un momento…
A ver si contemplamos la gloria de Dios; entonces sabremos que todo funciona bien porque tú funcionas bien pues has visto el poder de Dios. Si te abandonas en Dios y le permites que él te conduzca… verás a Dios y descansarás en él. Por fin. ¿Por qué no dejas de buscar tu felicidad a escondidas o al margen de Dios, para dejarte iluminar por su gloria, la gloria del Niño de Belén? Ensaya otra manera de sentir y de creer, y entonces reconocerás que Dios tenía razón cuando envió a Juan a bautizar y cuando envió a Jesús y lo hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Indudablemente, la sabiduría de Dios ha quedado acreditada por sus obras. Todo está bien pues Dios todo lo ve, todo lo cuida. Él sabe todas las cosas. Su sabiduría no tiene medida. Amén.

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Tiempo de Adviento para contemplar y escuchar la Palabra

LA VENIDA INTERMEDIA

Cristo ya vino una primera vez hecho hombre en Belén. Vendrá al final del mundo, a juzgar. Entre esas dos realidades hay una tercera venida, “la intermedia”. En ésta nos lo jugamos todo. Es como el puente entre ambas. Esta venida intermedia merece toda nuestra atención.
Vino la Palabra hecha carne… y algunos no la recibieron, no la escucharon. El Adviento nos invita a mirar hacia arriba. Como creyentes, estamos llamados a vivir siempre atentos a la manifestación de Dios. Lo nuestro es permanecer firmes esperando la victoria de nuestro Dios pues él está con nosotros: atentos y alucinados por su Palabra.
A continuación ofrezco la predicación de san Bernardo:
Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquéllas son visibles, pero ésta no. En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convirivió con los hombres, cuando, como atestigua él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron. La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y, en la última, en gloria y majestad.
Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en ésta, es nuestro descanso y nuestro consuelo.
Y para que nadie piense que es pura invención lo que estamos diciendo de esta venida intermedia, oídle a él mismo: El que me ama, -nos dice- guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. He leído en otra parte: El que teme a Dios obrará el bien; pero pienso que se dice algo más del que ama, porque éste guardará su palabra. ¿Y dónde va a guardarla? En el corazón, sin duda alguna, como dice el profeta: En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.
Así es cómo has de cumplir la palabra de Dios, porque son dichosos los que la cumplen. Es como si la palabra de Dios tuviera que pasar a las entrañas de tu alma, a tus afectos y a tu conducta. Haz del bien tu comida, y tu alma disfrutará con este alimento sustancioso. Y no te olvides de comer tu pan, no sea que tu corazón se vuelva árido: por el contrario, que tu alma rebose completamente satisfecha.
Si es así cómo guardas la palabra de Dios, no cabe duda que ella te guardará a ti. El Hijo vendrá a ti en compañía del Padre, vendrá el gran Profeta, que renovará Jerusalén, el que lo hace todo nuevo. Tal será la eficacia de esta venida, que nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Y así como el viejo Adán se difundió por toda la humanidad y ocupó al hombre entero, así es ahora preciso que Cristo lo posea todo, porque él lo creó todo, lo redimió todo, y lo glorificará todo.
(De los Sermones de san Bernardo, abad; Sermón 5 en el Adviento del Señor, 1-3: miércoles I Adviento).

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Miércoles de la 33 semana del tiempo ordinario

Evangelio, Lc 19, 11-28: “Negociad mientras vuelvo”
Esta parábola nos resulta muy apropiada para captar la intención de la reflexión y meditación de la Palabra para cada día. Dios nos presenta un proyecto para cada día: un plan personal, no impersonal o general; concreto, no vago o difuso; y factible, no imposible de realizar ni inalcanzable.
Cristo nos dice que se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, y nos manda a predicar cada día… Nos manda a negociar la implantación de su Reino en el mundo, cada día. Habrá muchos factores que tratan de impedir ese reinado: unos internos, como la rutina, el miedo al qué dirán, la pereza, la falta de fe, los diferentes complejos y costumbres, actitudes personales, temperamentales… Otros, externos, como la presión ejercida por los medios de comunicación, las normativas de conviencia social, familiar, laboral…
Pero el Señor volverá al final de la jornada para ver cómo hemos trabajado, cómo hemos peleado por él dando la cara, buscando la gloria de Dios antes que la de los hombres… Ojalá que podamos escuchar cada noche su felicitación: Muy bien, eres un empleado cumplidor… Y se nos dará más para tener en abundancia porque hemos arriesgado.
Por el contrario, al que no arriesga, se le despojará de aquello que piensa tener… Moraleja: Donde nos definimos y donde se juega nuestra felicidad es en el ser y quehacer de cada día. Está más en la actitud que en los resultados. Se nos pide nuestro corazón, no tanto nuestras obras… No se nos piden grandes realizaciones sino la perseverancia en el bien obrar, día a día. Es lo real. El presente, el día a día, es lo único real: y a cada día le basta su afán. Si cada noche recibes la felicitación de Dios, ¿qué más puedes pedir? ¿qué puedes temer?

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15 Responses to Maná de cada día

  1. Aura dice:

    Ajà padrecito, ya descubrí su blog.

  2. Mari Carmen dice:

    Buenas noches P.Ismael: Acabo de leerme todo el blog y me anima bastante lo mucho que se puede difundir cada uno de los contenidos. Concretamente”El maná” me puede servir para la oración meditada sobre la Palabra que nos ofrece la liturgia y comentarla en mi grupo de M. Mónicas. Enhorabuena y que el Espíritu le siga iluminando.

  3. ismaelojeda dice:

    Con retraso, Mari Carmen, pero con gusto te respondo. Muchas gracias por tu interés. Me alegra que te sirvan esos materiales. Podemos compartirlos por este medio. Seguiremos en contacto. Gracias por tus buenos deseos. Dios bendita también tus proyectos. Con estima personal, p. Ismael

  4. ismaelojeda dice:

    Te agradezco, Aura, por tu comentario y el interés. Disculpa el retraso en respoderte, más largo. Bien, seguimos en contacto. Dios te bendiga, p. Ismael

  5. Mónica Gallegos - Perú dice:

    P. Ismael, que gusto saber del block que tiene para la información que es muy buena para ayudar, y también poder brindar las oraciones sobre las gestantes y otras.
    Gracias por todo lo que nos enseña, que Dios lo siga iluminando con su Espíritu y así estar llevandonos a todos nosotros hacia Él.
    En estas fechas tan maravillosas que tenga una
    FELIZ NAVIDAD Y UN MUY BENDECIDO AÑO 2010.

  6. ismaelojeda dice:

    Muchas gracias, sra. Mónica, por su saludo y felicitación navideña. Me alegra mucho que le haya gustado el blog y sobre todo que le ayude en su fe y en la vida familiar. Qué bien. Por mi parte, trato de compartir tantos dones como nos da el Señor. Todo lo da él. Como veo que tiene otro comentario, se lo responderé a continuación. Feliz Navidad también y que el próximo año esté lleno de las bendiciones divinas. El Niño Dios sabe mejor que nosotros lo que necesitamos y también Nuestra Señora de la Esperanza. Un abrazo y que Dios la bendiga, p. Ismael

  7. ismaelojeda dice:

    Muchas gracias, Mari Carmen. Disculpa la demora en contestar. Pero me comprenderás, ¿verdad? Pues sí, los contenidos pueblicados aquí pueden servir a mucha gente como tú, deseosa de crecer en la fe. Bien, seguiremos en contacto. Muchas gracias por el apoyo. Feliz Navidad. Que el Espíritu también a ti te llene de alegría en estas fiestas. Dios te bendiga, p. Ismael

  8. ismaelojeda dice:

    Muchas gracias, sra. Mónica, por sus palabras y estímulo. Disculpe la demora en responderle. Ha sido un despiste. Quise responder al otro comentario. Sus palabras me alientan a seguir en esa misión de transmitir la fe. En definitiva de “anunciar a Cristo”. Es nuestra misión. Feliz año 2010. Procuraremos hacerlo, con la bendición de Dios, año de gracia. Con aprecio personal, p. Ismael

  9. MªRosario dice:

    Soy mendiga de oraciones por la conversion mia y de toda la familia.Cuento me tengan en sus oraciones.

  10. ismaelojeda dice:

    Con gusto, sra. María, la incluimos en nuestras oraciones para que el Señor le atienda según sus necesidades, aunque nos las conozcamos con mucho detalle. No importa. Que el Señor la bendiga a ud. y a toda su familia. Atentamente, p. Ismael

  11. hola Padre….hoy he recibido su correo….pero no pude abrirlo: “no se encontró la página”….
    ….esperaré el de mañana….bendiciones…y Dios lo bendiga con generosa abundancia…

  12. Ángeles Casas Montes dice:

    Padre le agradezco todo lo que nos manda, que Dios lo bendiga. Me gustaría que nos enviara la liturgia de las hora,( vísperas ) de cada dia y una explicación sobre que pertenece ese día, tengo inquietudes de aprender a manejar el Diurnal, pues dudo cuando es un santo o papa, la ant del Magnificat, le agradecería su ayuda, pues creo que es interesante. Un abrazo.

  13. ismaelojeda dice:

    Agradezco, Ángeles, tus letras y te felicito por tu interés. Pero lo que pides supera mis posibilidades. Puedes fácilmente bajarte la liturgia de las horas a tu ordenador o teléfono móvil, mediante una aplicación, con o sin internet. Espero que puedas encontrarlo todo, como deseas. Con estima personal, p. Ismael

  14. Anónimo dice:

    1.- TAL VEZ algunos o muchos de nosotros NO SABEMOS,con excelencia disfrutar de las ventajas del INTERNET…Pienso que usted conocerá a varios profesionales MUY DUCHOS en el asunto….COMO una de las obras de MISERICORDIA es enseñar al que NO sabe…Será meritorio,y EFICAZ que nosotros los inexpertos…Por ejemplo lleguemos a dominar…POR EJEMPLO un blog centrado para el mejor conocimiento eficaz del oficial CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA…Para lo cual me siento bien calificado por ser adecuadamente experto por mis 7 años de ser un estudiante muy aplicado en el seminario menor y noviciado de los Salesianos de Don Bosco
    2.- En nuestra parroquia,durante mi estadía se promovieron DOS cursos de catequesis,uno en Santa Rita x mi gran amigo,el padre Juan Cuña.El otro fue en la Parroquia de Pueblo Libre ,donde acudimos a todas las sesiones,con la dificultad superada de la distancia..
    asobenes@yahoo.es Tlfs.: 271 0292 y 988 765 015….
    3.- OTROSÍ :NO RECUERDO YA,cuando inició su nueva responsabilid (Bastante lejana de su misma responsabilidad anterior
    Considero que es responsabilidad de usted y de nosotros laicos comprometidos VELAR por que nuestra responsabilidad conjunta dirigida a hacerle NOTAR de que nuestra parroquia,continuádamente cumpla con la responsabilidad de mantener a todos los fieles….CON MAYOR INTENSIDAD en el conocimiento al CIEN % de la riqueza en lo INTEGR0 de los mensajes evangélcos…
    4.- Por ejemplo,los domingos después de la eucaristía de las 5 de la tarde se reza,tal vez atropelladamente el snto rosario..OPINO que dicha pausa será MÁS ÚTIL para los laicos si se destina a REVISAR
    CON EXCELENCIA el oficial Catecismo d la I católica…NO DUDO que nosotros los catequistas bien formados CUMPLIREMOS NUESTRO COMPROMISO…Por mi condición de librero,al estar conectado con los paulinos/as puedo aportar ejemplares del CDLIC
    a precios convenientes…
    asobenes@yahoo.es catequista católico Tlfs.:271 0292 y
    988 765 015

    2

  15. Anónimo dice:

    MUY PRESENTE Y QUERRIDO PADRE ISMAEL…Sus textos de hoy son demasiado extensos..Sólamente desearle mucha salud en todos los sentidos y a todos sus familiares..
    asobenes@yahoo.es

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