Vivencias Cuaresmales 2011 (20)

marzo 31, 2011

A medida que avanza la Cuaresma vaya creciendo en intensidad mi entrega al Señor

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23. JUEVES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

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Entrada: Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.

Textos bíblico-litúrgicos:

1era. lectura: Jeremías 7, 23-28

Salmo: 94, 1-2. 6-7-8-9.

Aclamación: Joel 2, 12-13

Evangelio: Lucas 11, 14-23

Comunión: Salmo 118, 4-5

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TEMA: El pecado contra el Espíritu: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios”.

Tanto en la primera lectura como en el Evangelio, topamos con la incredulidad del hombre para fiarse de Dios, para obedecer la palabra de Dios. Terrible tragedia para el hombre, amarga desilusión para Dios. A pesar de los errores ajenos y propios, no queremos aprender ni en cabeza ajena, no damos con el camino recto.

Ante este peligro que nos amenaza a cada instante, rezamos hoy la oración colecta de todo corazónTe pedimos humildemente, Señor, que, a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el misterio Pascual. Por nuestro Señor Jesucristo…

Escuchemos el relato evangélico de hoy: Lucas 11, 14-23.- La multitud se quedó admirada por la curación que hizo Jesús, pero algunos de ellos dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Jesús les decía: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros… El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”.

El Evangelio, refleja el atrevimiento de algunos testigos del milagro del endemoniado. La resistencia del hombre a las inspiraciones del Espíritu puede crecer y desarrollarse hasta su última expresión: atribuirle al demonio las obras que son, a todas luces, obras de Dios: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú”. Atrevimiento terrible.

Pero Jesús no se da por vencido y arremete contra los incrédulos. “Los amigos de ustedes ¿con ayuda de quién los expulsan?”. El hombre no puede quedar sin salvación: si rechaza la divina, busca otra, la de los “amigos a la medida”. Pero esa salvación que preferimos a la de Dios, ¿tiene consistencia, es verdadera, quién la ofrece y asegura?

En ambas lecturas, Dios echa en cara la incredulidad de los pecadores, la resistencia a escuchar al Señor. Tomemos conciencia del “primer” mandamiento de Dios: escucharle; “Escucha, Israel”. Si lo quebrantamos, todo se desordena en nuestra vida; todo queda viciado.

Nos lo recuerda Jeremías 7, 23-28: “Esto dice el Señor: Ésta fue la orden que di a mi pueblo: escuchad mi voz… Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente… Les envié a mis siervos los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres”.

Palabras graves por su misma expresividad y por la autoridad y dignidad de quien las pronuncia: el mismo Dios, su Espíritu que habla por los profetas. Sin embargo, hay que advertir que con estas quejas, lamentos y reproches, Dios no pretende aplastarnos y dejarnos para siempre hundidos en nuestra propia debilidad y aun maldad, sino que su Espíritu pretende suscitar nuestra toma de conciencia y la posterior vuelta al buen camino y conversión. Así, por obra del Espíritu el hijo pródigo recapacitó sobre su situación y reaccionó: volveré adonde mi padre y le confesaré mi pecado.

Oremos a Dios con estas o parecidas palabras:

Señor, ten misericordia de mí y dame la suficiente sinceridad para reconocer que me estoy auto-engañando y la necesaria valentía para renunciar a los falsos dioses a quienes me someto.

¿Hasta cuándo buscaré lejos de Ti? ¿Cuándo me convenceré de que son pozos secos sin agua viva, que son fantasmas, que son dioses muertos que no pueden salvar? Señor, ten compasión de mí; que vea; conviérteme a ti para que vaya a ti.- Amén.

Cristo es el único que nos da la victoria sobre el mal. A su lado hay que luchar. A él debemos someter todo nuestro ser, sólo así haremos la obra de Dios, edificaremos con él, cosecharemos con él. Cristo es tajante: “Quien no está conmigo, está contra mí”.

No hay término medio: hay que estar con el único Señor, explícita o implícitamente. Algunos realizan las obras buenas de Dios sin conocer del todo a Jesús, ni contarse entre sus inmediatos seguidores. No hagamos partidismos como los apóstoles: “Ésos no son de los nuestros; por tanto, prohíbeles hacer milagros en tu nombre”. Jesús, en ese caso, defiende a los que son suyos implícitamente: “No se lo prohíban, les dice; uno que actúa en mi nombre no puede hablar mal de mí”. Una cosa es el señorío de Jesús y otra muy distinta es el partidismo fanático y exclusivista.

Jesús aquí plantea la radicalidad que debe practicar todo discípulo suyo: “No se puede servir a dos señores”. Jesús exige coherencia y radicalidad; no se pueden juntar las tinieblas con la luz. En ese campo no hay pequeñas cosas o insignificancias. Nada de ambigüedades: “Quien no recoge conmigo, desparrama”. No se trata sólo de no hacer cosas malas; se trata de hacer muchas cosas positivamente buenas.

El Salmista nos invita a aprender en cabeza ajena: No endurezcáis el corazón como en Meribá, no sea que os pase algo peor. Si después de conocer tanto, nos echamos atrás o no somos del todo íntegros, grande será nuestro pecado. Pues al que mucho se le dio, mucho se le pedirá. Desparramamos, no servimos para el Reino que padece violencia, que exige que nos definamos. El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no vale para el Reino.

Por tanto, debemos pedir a Dios la sencillez confiada del auténtico creyente. Nos lo enseña la oración sobre las ofrendas: “Señor, preserva de toda maldad a tu pueblo…”.

HIMNO

Te damos gracias, Señor, porque has depuesto la ira y has detenido ante el pueblo la mano que lo castiga. Tú eres el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene y el techo que nos cobija.




Rafael Nieto Lerena, un artista agustino recoleto al servicio de la transmisión de la “buena nueva”

marzo 30, 2011

Vidriera: San José y Virgen de la Consolación, en Salamanca

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“El románico me fascina por la capacidad expresiva que consigue sólo con los ojos y las manos. Es un estilo al servicio de la transmisión de la buena noticia”, afirma Rafael Nieto, nacido en San Millán de la Cogolla (La Rioja, España) en 1972, formado con los agustinos recoletos en Logroño, Monteagudo y Salamanca, y ordenado sacerdote en 1997.

Rafa –así se le conoce familiarmente– después de haber terminado la formación previa a la ordenación sacerdotal, obtiene la licenciatura en teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y durante dos años se especializa en teología pastoral en Madrid, donde termina sus estudios con el trabajo que lleva por título “Imagen de la cruz y del crucificado. Lectura iconológica y uso pastoral. Exposición Las Edades del Hombre”, título que apunta claramente a la querencia que sentía por el arte. Después de terminados sus estudios universitarios, Rafa ha dedicado parte de sus energías a la pastoral en España, parte a su formación artística. La parroquia madrileña de Santa Florentina es su lugar de residencia actual.

Dado el relieve y abundancia de las obras de este todavía joven agustino recoleto, esta página web ha querido dar a conocer a sus visitantes la personalidad del artista y algunas de sus obras para que gocen con ellas.

Rafa, ¿de dónde te viene la afición al dibujo-diseño, al arte en general?

Todos tenemos la necesidad de expresarnos. En mi caso siempre me ha gustado dibujar, pintar, modelar… Es algo espontáneo que después hay que trabajar y educar. Creo que todo empezó en el seminario menor de los Agustinos Recoletos en Logroño. El padre Ricardo Rebolleda enseguida me fichó para ilustrar la revista que hacíamos los estudiantes. Más tarde pasé a maquetar e ilustrar otras publicaciones y vinieron otros encargos como diseñar logotipos, hacer carteles, trípticos, portadas de libros, bocetos para vidrieras… Casi todo lo que he hecho ha sido al servicio de la Provincia agustino-recoleta de San José y de la Orden de Agustinos Recoletos.

Santa Mónica, dibujo 2008

¿En qué centro o escuela has estudiado o aprendido “tu” arte?

Puedo decir que he tenido la suerte de conocer a otros frailes artistas como el padre Esteban Peña, excelente poeta y pintor, o las esculturas en piedra de Salamanca del padre Alfonso Lozano, ambos agustinos recoletos. Esta ha sido mi primera escuela, la de casa. Más tarde he tenido oportunidad de asistir unos meses a clases de pintura de iconos con Chordi Cortés. El año pasado hice un máster en diseño gráfico, animación de páginas web y dirección de arte en CICE. Lo importante es ser un poco esponja y absorber de todo lo que te rodea.

Quizá se te conoce principalmente por tus bocetos-dibujos para vidrieras. ¿Cuál es el proceso de producción de una vidriera en la actualidad?

Las vidrieras se forman con trozos de vidrio plano coloreado que se unen mediante tiras de plomo. Lo único que tiene color son las piezas de vidrio; lo demás se ve negro, con lo cual se acentúan los efectos del color. Se procede con base en un boceto. De acuerdo con éste se cortan tantos trozos de vidrio como sean necesarios. Después se aplica a cada uno el esmalte o la grisalla correspondiente y se fija al vidrio sometiéndolo a la acción del calor en un horno. Hecho esto, se colocan los trozos de vidrio en el lugar requerido y se unen con plomo. Finalmente se aplican al panel el empaste y la pátina y así queda lista la vidriera para ser instalada en la estructura de soporte.

Inicialmente se diseña el vitral en un boceto a escala en el que se definen la composición, los colores y los cortes del vidrio. Las técnicas pictóricas que más se aproximan a los matices y efectos del vidrio son la acuarela y el pastel, aunque no es posible en un boceto mostrar exactamente el aspecto definitivo que tendrá el vitral.

Dibujo: San Agustín

¿Difiere la forma actual de hacer vidrieras de la empleada en siglos atrás?

Las vidrieras más antiguas que conocemos son del siglo IX, aunque con seguridad su empleo sea anterior. Posiblemente en Bizancio empezó a sustituirse en los mosaicos el mármol y la piedra natural por pequeños trozos de vidrio unidos por plomo. Los primeros vitrales artísticos conservados no se relacionan con la arquitectura, sino con las artes suntuarias y más concretamente con la orfebrería.

Durante el románico y el gótico este arte se desarrolló y evolucionó notablemente gracias al desarrollo tecnológico (descubrimiento del esmalte y el amarillo de plata), aunque los grandes artesanos siguen aplicando las técnicas tradicionales. En el siglo XVI sufre un declive del que se sale en el XIX.

La vidriera emplomada es la técnica más antigua de elaboración de vidrieras artísticas. Desde su aparición hasta finales del s. XIX fue la única técnica empleada para la elaboración de vidrieras y ha llegado hasta nuestros días sin apenas variaciones en cuanto a su realización.

Más tarde aparecen otras técnicas como el emplomado sobre cobre o la vidriera de hormigón. En el tratamiento del vidrio pueden usarse la grisalla, el esmalte, el amarillo de plata, el ácido o la vitrofusión.

¿Cuáles son los caracteres típicos de las vidrieras?

León en piedra

La luz, que se convierte en el elemento principal de belleza y en la manifestación de la presencia divina. El paso de la luz a través de los cristales produce unos colores que no podemos contemplar en ningún otro soporte. No vemos colores, sino luz. La luz siempre es distinta, por eso la vidriera también es siempre distinta. Ofrece además inmejorables posibilidades decorativas, simbólicas, didácticas y propagandísticas aún hoy en día.

La luz simboliza a Dios. Por eso tal vez sea uno de los soportes más indicados para transmitir valores espirituales.La luz que atraviesa el vitral es el origen de toda belleza.

¿Qué rasgos tienen tus propias obras?

Reconozco que el románico me fascina por la capacidad expresiva que consigue sólo con los ojos y las manos. Es un estilo al servicio de la transmisión de la Buena Noticia. Mi estilo tiene mucho de él. Soy figurativo, aunque influenciado por el cubismo y el arte abstracto. Mi dibujo es duro y busca transmitir, decir algo.

¿Se puede hablar de evolución en tu proceso creativo?

Claro que sí. Cualquiera que contemple algunas de las obras realizadas se percatará al punto de las diferencias entre las primeras y las de última creación.

Santo Tomás de Villanueva: vidriera en Barajas (Madrid)

¿Qué temas son los más comunes en tu obra?

Mi temática es religiosa, y más concretamente agustiniana. He dibujado a san Agustín cientos de veces; y a sus frailes, también.

¿Con qué obra iniciaste tu proceso creativo?

Pues no me acuerdo. Pienso que un artista lo que necesita es expresarse, pero una vez que ha dado salida a su “creatura”, ésta pertenece ya a todos. Nunca me he sentido “propietario” de mis obras.

¿En qué lugares pueden contemplarse tus vidrieras más importantes?

En el claustro del convento de los Agustinos Recoletos de Marcilla (Navarra, España), en el templo de la residencia de la Curia provincial agustino-recoleta de Santo Tomás de Villanueva de Barajas (Madrid) y en la nueva capilla del colegio Santo Tomás de Villanueva, en Salamanca.

¿Has cultivado algún otro género artístico o te encuentras cómodo y das salida a tu ‘genio’ e inspiración con el diseño de dibujos-pinturas para vidrieras?

He pintado algo con pigmentos naturales y pan de oro aprendiendo la técnica de los iconos, alguna tabla con acrílicos, y un mural. He diseñado distintos materiales gráficos, logotipos. He aprendido fotografía. En mis tiempos de estudiante en Salamanca hice algo de talla en piedra. Últimamente me piden diseños heráldicos… El que quiera ver un poco de mi trabajo puede encontrarlo en mi web www.rafaelnieto.com. También puede descargarse lo que quiera y utilizarlo con todos los permisos.

Sello de la Orden de Agustinos Recoletos, 2008

¿Qué planes de creaciones nuevas tienes para tu futuro próximo?

En estos momentos están haciendo las vidrieras para dos ventanales en el oratorio de San Millán, en el monasterio de Yuso (La Rioja, España) y acabo de entregar los bocetos para unas vidrieras en la capilla de la nueva casa que van a construir los agustinos recoletos en Pamplona (Navarra). Este verano espero poder pintar con murales agustinianos una ermita en un pueblo de Guadalajara, España.

¿Piensas que el cultivo de este arte es una válida forma de apostolado?

Por lo que llevo dicho no cabe la menor duda, pues la temática es principalmente religiosa; pero es que además a lo largo de la historia de la Iglesia ha sido el arte una de las formas principales de anunciar el evangelio y las verdades de fe. Hoy día, en que tantas dificultades se sienten para entrar en ciertos ambientes sociales a través de la palabra, la imagen, la imagen bella se convierte en una forma válida de ‘predicación’. El arte, la belleza artística es un magnífico trampolín para anunciar el evangelio.

El arte de Rafael Nieto Lerena está rompiendo las fronteras de la familia agustino-recoleta para adentrarse y hacerse sitio en ámbitos más universales. Y lo logrará día a día, porque la riqueza expresiva y espiritual de sus obras terminará imponiéndose. Se lo deseamos de veras.

www.agustinosrecoletos.org


Vivencias Cuaresmales 2011 (19)

marzo 30, 2011

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá

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22. MIÉRCOLES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


Textos bíblico-litúrgicos

Entrada: Salmo 118, 133

1era. Lectura: Deuteronomio 4, 1. 5-9

Salmo: 147, 12-13. 15-16. 19-20

Aclamación: Juan 6, 63. 68

Evangelio: Mateo 5, 17-19

Comunión: Salmo 15, 11

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TEMA.- La vida cristiana se alimenta de la renovada escucha de la Palabra y su fiel cumplimiento, por amor.

ORACIÓN COLECTA.- Penetrados del sentido cristiano de la Cuaresma y alimentados con tu Palabra, te pedimos, Señor, que te sirvamos fielmente con nuestras penitencias, y perseveremos unidos en la plegaria. Por nuestro Señor Jesucristo…

Deuteronomio 4, 1.5-9: “Y ahora, Israel, escucha las normas y las leyes que yo te enseño, para que las pongas en práctica… Si las guardáis y las practicáis seréis sabios e inteligentes ante los demás pueblos”

Los mandamientos, dados por Dios a su pueblo, son expresión de la sabiduría y del amor de Dios; por eso, el cumplimiento de los mismos dará vida al pueblo, y Dios cumplirá sus promesas, dándoles posesión de la tierra que mana leche y miel. El cumplimiento de la ley proporcionará al pueblo una superioridad sobre los demás pueblos. Ningún pueblo tuvo leyes tan justas y sabias.

Israel no debe olvidar estas normas, y debe transmitirlas a las futuras generaciones, de padres a hijos. Puedes repasar el salmo 119, el salmo de la Ley por excelencia.

Lectura evangélica tomada de Mateo 5, 17-19.- Jesús viene a llevar todo a la plenitud; todo lo bueno del Antiguo Testamento tiene vigencia, pues la ley externa será ahora interiorizada por el Espíritu Santo de tal forma que el cumplimiento de la ley resulte no sólo fácil sino hasta placentero.

Será como algo connatural a la nueva criatura, al hombre espiritual, nacido de arriba, creado a la medida de Cristo. Se trata de una “plenitud de amor”; no de un perfeccionismo legalista. Más todavía: será Cristo mismo quien obra en nosotros por medio de su Santo Espíritu. Más que hacer, hay que dejarse hacer, dejarse moldear: todo de Dios y todo mío.

Antífona de entrada: Salmo 18, 133: “Asegura mis pasos con tu promesa, Señor;que ninguna maldad me domine”.

Como remedio a la incredulidad que siempre nos amenaza y como una forma de crecer en la sensibilidad para captar la Palabra y seguir la voluntad de Dios, puedes servirte de la siguiente oración sálmica.

Salmo 26.- El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca; y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor.

Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: “Busca mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio. No me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos. No me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, te ánimo, espera en el Señor.

PREFACIO V DE CUARESMA: El camino del éxodo en el desierto cuaresmal.

En verdad es justo bendecir tu nombre, Padre rico en misericordia, ahora que, en nuestro itinerario hacia la luz pascual, seguimos los pasos de Cristo, maestro y modelo de la humanidad reconciliada en el amor.

Tú abres a la Iglesia el camino de un nuevo éxodo a través del desierto cuaresmal, para que, llegados a la montaña santa, reavivemos nuestra vocación de pueblo de la alianza, convocado para bendecir tu nombre, escuchar tu Palabra, y experimentar con gozo tus maravillas.

Por estos signos de salvación, unidos a los ángeles, ministros de tu gloria, proclamamos el canto de tu alabanza: Santo, Santo, Santo…


Vivencias Cuaresmales 2011 (18)

marzo 29, 2011

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Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; éste sea hoy nuestro sacrificio

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21. MARTES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

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Textos bíblico-litúrgicos

Entrada: Salmo 16, 6-8

1era. lectura: Daniel 3, 25. 34-43

Salmo: 24, 4-5. 6-7-8-9

Aclamación: Joel 2, 12-13

Evangelio: Mateo 18, 21-35

Comunión: Salmo 14, 1-2

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TEMA.- Pedir perdón a Dios, sin imitarle en su compasión, equivale a un autoengaño fatal, nefasto, definitivamente suicida.

El capítulo 18 de Mateo es denominado capítulo “eclesial” porque trata de las relaciones entre creyentes al interior de la Iglesia. El evangelio de hoy se refiere al perdón. ¿Cuántas veces debo perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús responde que debemos perdonar siempre –setenta veces siete-, porque el perdón nos permite ser hijos de Dios. Si no perdonamos no podemos disfrutar de la salvación.

Pues no se perdona para que el otro cambie sino para cambiar yo: El perdón implica un amor incondicional a Dios y al hermano que es lo único que todos podemos y debemos cultivar siempre. Lo demás no depende de nosotros. El amor es lo que único que permanece; lo único que da vida. Además, el amor contiene en sí mismo el premio, él mismo es la recompensa, pues no está sino en función de sí mismo, porque nos hace semejantes a Dios que es amor. Al amar y perdonar nos hacemos verdaderos hijos de Dios.

Lectura del Evangelio según san Mateo 18, 21-35.

La parábola pone de relieve la gran diferencia entre el perdón que recibimos de Dios y el que nosotros damos normalmente. “Siervo malvado, malo, ¿no debías compadecerte de tu compañero como yo me compadecí de ti?” Perdonar de corazón significa olvidar la ofensa, renunciar de una vez por todas a llevar la razón, a que nos hagan justicia los hombres; renunciar a comentar, a vengarse, a desear mal a quien nos ofendió; renunciar a todo eso… para siempre, y así alcanzar la libertad, la despreocupación, el descanso en Dios. Perdonar de corazón implica recibir el amor de Dios que proporciona una paz que nada ni nadie nos podrán arrebatar.

Pero ¡ojo! que este perdón es imposible para los hombres, pero posible para Dios. Y él lo ofrece a todos porque desea que todos tengamos vida en abundancia, que llevemos mucho fruto. Él quiere que todos podamos darlo sin medida, pues sólo así tendremos vida, y permitiremos a Dios repartirla a discreción. Por eso, nos puede mandar perdonar siempre.

Lectura del profeta Daniel 3, 25.34-43.

“No nos abandones para siempre, por amor de tu nombre, no rechaces tu alianza. No nos retires tu misericordia, por Abraham, tu amigo, por Isaac, tu siervo, por Israel, tu santo… Señor, hemos pasado a ser la nación más pequeña de toda la tierra, a causa de nuestros pecados. En esta hora ya no tenemos rey, ni profeta, ni jefe… No tenemos un lugar en que presentarte las primicias de nuestras cosechas… Pero, a lo menos, que al presentarnos con alma contrita y espíritu humillado te seamos agradables…

Que éste sea hoy nuestro sacrificio y nos consiga tu favor… Porque ahora sí te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro… Líbranos de acuerdo a tus maravillas, y da, Señor, gloria a tu nombre”.

Ante la conciencia de nuestras faltas de perdón por la soberbia, por la falta de fe, por la sinrazón, debemos entonar el canto de arrepentimiento de Daniel: Hoy te presentamos un alma contrita y un espíritu humillado. No tenemos merecimientos. Si no podemos perdonar es porque no le dejamos a Dios actuar en nosotros, porque contrarrestamos la acción del Espíritu Santo, es decir, el Espíritu de la comunión, el Espíritu del perdón derramado de una vez para siempre en nuestros corazones desde el bautismo.

Con el salmo 24 oramos:  .“Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad”.

El Señor enseña el camino a los pecadores, hace caminar a los humildes con rectitud. Él nos permite imitarlo en el amor, el perdón y la paciencia con los hermanos: No sólo siete veces, sino hasta setenta veces siete. Ese comportamiento es fruto de una vida nueva; imposible para el hombre que por naturaleza es débil, rencoroso, egoísta, incapaz de olvidar, vengativo… Para perdonar como quiere el Señor, por nuestro bien, hay que nacer de arriba, de nuevo, de lo alto; hay que ser una criatura nueva en Cristo.

Durante la Cuaresma vamos disponiéndonos día a día para este alumbramiento maravilloso a una vida nueva en Cristo Resucitado, El Señor de la gloria. Ánimo, hermano, que merece la pena hacer con perseverancia y con deportividad el itinerario cuaresmal que culmina en Pascua.

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DE LOS SERMONES DE SAN AGUSTÍN, OBISPO

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado.

Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijase en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón.

¿Quieres aplacar a Dios? Conoce lo que has de hacer contigo mismo para que Dios te sea propicio. Atiende a lo que dice el mismo salmo: Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Pero continúa y verás qué dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Dios rechaza los antiguos sacrificios, pero te enseña qué es lo que has de ofrecer. Nuestros padres ofrecían víctimas de sus rebaños, y éste era su sacrificio. Los sacrificios no te satisfacen, pero quieres otra clase de sacrificios.

Si te ofreciera un holocausto –dice- , no lo querrías. Si no quieres, pues, holocaustos, ¿vas a quedar sin sacrificios? De ningún modo. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Éste es el sacrificio que has de ofrecer. No busques en el rebaño, no prepares navíos para navegar hasta las más lejanas tierras a buscar perfumes. Busca en tu corazón la ofrenda grata a Dios. El corazón es lo que hay que quebrantar. Y no temas perder el corazón al quebrantarlo, pues dice también el salmo: Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Para que sea creado ese corazón puro, hay que quebrantar antes el impuro.

Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto por lo que a él le disgusta. Así tu voluntad coincide en algo con la de Dios, en cuanto que te disgusta lo mismo que odia tu Hacedor Sermón 19, 2-3, CCL 41, 252-254

Finalmente, como nadie está libre de pecado, hoy puedes rezar el salmo penitencial por excelencia, el salmo 50:

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa;lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

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Vivencias Cuaresmales 2011 (17)

marzo 28, 2011

Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra

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20. LUNES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

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Textos bíblico-litúrgicos

Entrada: Salmo 83, 3

1era. lectura: 2 Reyes 5, 1-5

Salmo: 41, 2-3. 42,3-4

Aclamación: Salmo 129, 5-7

Evangelio: Lucas 4, 24-30

Comunión: Salmo 116, 1-2

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TEMA: La fe ilumina y sana: conduce al bautismo.

Los caminos de Dios no son nuestros caminos. En la liturgia eucarística de este día nos encontramos con las mediaciones por las que Dios quiere llegar a los hombres. Pero si el creyente no tiene mucho deseo de Dios y humildad, tropieza con la tentación del escándalo y el rechazo de la mediación dispuesta por Dios. Los personajes de las lecturas de hoy se indignan, protestan, se rasgan las vestiduras, se enojan, se enfurecen.

Lectura del segundo libro de los Reyes: 5, 1-15.

Así el rey de Israel se indigna porque le piden un milagro. ¿”Acaso soy yo dios para dar muerte o vida”? ¿Para qué me mandó Dios este problema? Evidentemente, le falta la luz de la fe y la humildad necesarias y suficientes como para tantear los planes de Dios en los que no hay azar ni mucho menos despropósito ni injusticia. El hombre de Dios hará frente al problema desde la fe.

Naamán el sirio se escandaliza, se decepciona, se molesta. Naamán se enojó y se retiró. Había pensado: ¿no podría bañarme en los ríos de Damasco? ¿no son mucho más grandes y cristalinos que todos los ríos de Israel? Los servidores de Naamán tienen más fe y más sentido común, y le sugieren obedecer. Él lo hace y así puede experimentar que no hay en el mundo otro Dios que el de Israel.

Lectura del Evangelio según san Lucas 4, 24-30.

Los paisanos de Jesús se resisten a aceptar que Jesús, a quien todos conocen desde niño, tenga algo importante que decirles a ellos. No le creen, no le tienen fe. ¿Acaso no es el hijo de José? ¿No conocemos a todos sus familiares que viven en nuestro pueblo desde siempre? Y se resistían a creer. Jesús les increpa su incredulidad: ningún profeta es bien recibido en su propia tierra o entre los suyos. Ellos reaccionan con mayor virulencia y hasta desprecio: “Se enojaron mucho, se amotinaron y lo arrastraron fuera de la ciudad”.

La incredulidad nos daña, pero también daña al hermano a quien se le despoja del “misterio” que esconde su persona, pues cada hermano, no sólo tiene un mensaje para nosotros de parte de Dios, sino que toda su persona es un mensaje del amor de Dios. En realidad en ello consiste su mayor riqueza y valor: ser imagen de Dios, regalo de Dios para todo el que así lo quiera recibir y agradecer. Cada hermano es un don y una interpelación de Dios: acogido, se transforma en bendición; rechazado, en tropiezo, en maldición y desgracia, como les sucedió a los nazarenos y después a los judíos que lo negaron ante Pilatos y lo crucificaron.

Por eso el salmista nos invita a fomentar el deseo de Dios, la búsqueda de Dios, el ansia de ver su rostro en cada persona; y a ver su mano providente en cada circunstancia de la vida. Salmo 41, 2-3. 42, 3-4Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿Cuándo entraré a ver el rostro el Dios?

ORACIÓN SUGERIDA

Mi alma tiene sed del Dios vivo, no de un dios muerto, domesticado y a mi medida. Tú, mi Dios eres siempre un Dios sorpresivo, siempre mayor. Como busca la cierva sedienta, así te ansío, mi Dios. Líbrame, Señor, de saber demasiado. Envíame tu luz y tu verdad; envíame la Palabra y el Espíritu: ellos me guiarán.

Señor, que yo te descubra detrás de todo cuanto sucede a mi alrededor: que la mirada de fe traspase los telones de las apariencias humanas, terrenas. Si pudiera comprender de una vez que no hay casualidad, que todo es providencia. Ten paciencia conmigo, Señor, y enséñame tus caminos. Amén.

EJERCICIO ESPIRITUAL

Para habituarte a ver la disposición de Dios en todo, absolutamente en todo cuanto sucede, podrías hoy, especialmente al acabar el día, dar gracias a Dios por todo lo que has vivido y te ha sucedido, en particular por las cosas adversas. Si lo haces así, seguramente tu mente y tu corazón se harán más capaces de descubrir la voluntad de Dios y se irán haciendo más dóciles para seguir los planes de Dios sobre ti y sobre los demás. Experimentarás una mayor liberación al no tener que entenderlo todo; ya no serás tú el único protagonista y responsable de todo. Los padres de Jesús no entendieron algún comportamiento de Jesús, pero María guardaba todo en su corazón.

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De los tratados morales de San Gregorio Magno, papa,
sobre el libro de Job:

Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

El apóstol Pablo, considerando en sí mismo las riquezas de la sabiduría interior y viendo al mismo tiempo que en lo exterior no es más que un cuerpo corruptible, dice: Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro.

En el bienaventurado Job, la vasija de barro experimenta exteriormente las desgarraduras de sus úlceras, pero el tesoro interior permanece intacto. En lo exterior crujen sus heridas, pero del tesoro de sabiduría que nace sin cesar en su interior emanan estas palabras llenas de santas enseñanzas: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

Entendiendo por bienes los dones de Dios, tanto temporales como eternos, y por males las calamidades presentes, acerca de las cuales dice el Señor por boca del profeta: Yo soy el Señor, y no hay otro; artífice de la luz, creador de las tinieblas; autor de la paz, creador de la desgracia.

Artífice de la luz, creador de las tinieblas, porque, cuando por las calamidades exteriores son creadas las tinieblas del sufrimiento, en lo interior se enciende la luz del conocimiento espiritual.

Autor de la paz, creador de la desgracia, porque precisamente entonces se nos devuelve la paz con Dios, cuando las cosas creadas, que son buenas en sí, pero que no siempre son rectamente deseadas, se nos convierten en calamidades y causa de desgracia. Por el pecado perdemos la unión con Dios; es justo, por tanto, que volvamos a la paz con él a través de las calamidades; de este modo, cuando cualquier cosa creada, buena en sí misma, se nos convierte en causa de sufrimiento, ello nos sirve de corrección, para que volvamos humildemente al autor de la paz.

Pero, en estas palabras de Job, con las que responde a las imprecaciones de su esposa, debemos considerar principalmente lo llenas que están de buen sentido. Dice, en efecto: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

Es un gran consuelo en medio de la tribulación acordarnos, cuando llega la adversidad, de los dones recibidos de nuestro Creador. Si acude en seguida a nuestra mente el recuerdo reconfortante de los dones divinos, no nos dejaremos doblegar por el dolor. Por esto, dice la Escritura: En el día dichoso no te olvides de la desgracia, en el día desgraciado no te olvides de la dicha.

En efecto, aquel que en el tiempo de los favores se olvida del temor de la calamidad cae en la arrogancia por su actual satisfacción. Y el que en el tiempo de la calamidad no se consuela con el recuerdo de los favores recibidos es llevado a la más completa desesperación por el estado mental. Hay que juntar, pues, lo uno y lo otro, para que se apoyen mutuamente; así, el recuerdo de los favores templará el sufrimiento de la calamidad, y la previsión y temor de la calamidad moderará la alegría de los favores. Por esto, aquel santo varón, en medio de los sufrimientos causados por sus calamidades, calmaba su mente angustiada por tantas heridas con el recuerdo de los favores pasados, diciendo: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? (Libro 3, 15-16: PL 75, 606-608).

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Saludo a las Madres Mónicas – 27 de marzo de 2011

marzo 27, 2011

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La flor del cerezo anuncia la primavera

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Estimadas Madres Mónicas:

De nuevo las saludo con cariño; un mes más, esta vez comenzando la primavera en Europa, y también, cuando estamos a la mitad del ejercicio cuaresmal. Siempre hay motivos para desearnos la superación de la rutina y para motivarnos en la carrera hacia metas más altas.

En este caso son dos las metas: La Cuaresma y el III Encuentro de las Madres Mónicas en España.

En primer lugar, deseo que estén ejercitándose en la renovación de su vida cristiana con motivo de la Cuaresma. Merece la pena hacer algo por formarnos más en la fe y por crecer en el amor del Señor, aprovechando este tiempo santo. Les recuerdo que la Cuaresma junto con la Pascua constituyen un todo de 90 días, que son un trimestre del año litúrgico: Es la “oportunidad” del año litúrgico y espiritual. Si perdemos esta “ocasión”, ya hemos perdido el año, podríamos decir.

Pues bien, las animo a no desfallecer en este camino cuaresmal. Sé que muchas de ustedes utilizan las Vivencias Cuaresmales que tienen por escrito o que visitan diariamente en el blog. Las felicito por ello y pido al Señor que él sea su Maestro interior. Les deseo una gran liberación espiritual en este tiempo y rezo por ustedes con afecto. La paz que el nos da, nada ni nadie nos la pueden quitar. Y además, podemos ayudar a otras personas para que se acerquen más a Dios y experimenten una vida nueva. Dios se la quiere conceder. Colaboremos con Dios en la extensión del Reino.

Y en segundo lugar, quiero anunciarles que el III Encuentro de Madres Mónicas para España ya está programado: Lo tendremos, Dios mediante, en la Casa de Espiritualidad del Monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla los días 24, 25 y 26 de junio de 2011. Es un fin de semana. La novedad de este año es que, además de las inscritas en régimen de internado como otros años, también participarán otras madres de las parroquias cercanas, en régimen de externado. Es decir, éstas asistirán a las actividades del sábado y del domingo, mañana y tarde, y comerán en el monasterio con todas las participantes en el Encuentro; pero saldrán a dormir a sus casas.

De esta manera pretendemos hacer partícipes a más personas de esta experiencia única del encuentro anual de las Madres Cristianas Santa Mónica en España. Es un reto que compartimos con todas ustedes, madres mónicas de Venezuela, para que, desde hoy mismo, oren intensamente al Dador de todo bien, para que su nombre sea glorificado en este Encuentro y sean muchas las madres cristianas bendecidas en su vida y misión evangelizadora.

Bien, y nada más por hoy. Dios siga bendiciéndolas conforme a las necesidades de cada una. Con estima personal, p. Ismael


Vivencias Cuaresmales 2011 – III Domingo

marzo 27, 2011

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¡Si conocieras el don de Dios!

19. DOMINGO TERCERO

DE CUARESMA CICLO A

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Textos bíblico-litúrgicos

Entrada: Salmo 24, 15-16

1era. lectura: Éxodo 17, 3-7

Salmo: 94, 1-2. 6-7-8-9

2da. lectura: Romanos 5, 1-2. 5-8

Aclamación: Juan 4, 42. 15.

Evangelio: Juan 4, 5-42

Comunión: Juan 4, 13-14

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TEMA: El Agua viva o el agua de la Vida.

Como en el desierto (A.T.), ahora Dios da vida; pero una vida superior. Es el mismo respirar del Espíritu Santo con nosotros (2da. Lectura) que en nuestro interior viene a ser como un manantial que siempre refresca y vitaliza nuestro obrar (Evangelio).

En la Eucaristía te alimentas del Cuerpo y de la Sangre de Cristo para robustecer la presencia de Dios en ti y en todas tus actitudes y comportamientos. Acude a conversar con Dios utilizando las oraciones y lecturas bíblicas de la liturgia eucarística.

En la primera lectura y en el Evangelio encontramos a los israelitas y a la mujer samaritana, representante de los no judíos, buscando y reclamando agua para apagar la sed. Esto nos indica que todo hombre, de cualquier raza, cultura y tiempo, desea satisfacer unas necesidades básicas. En una palabra: busca felicidad, placer, realización personal, plenitud, descanso. Todos los hombres sienten sed, aspiran a algo más, son eternos buscadores. En realidad, no sólo tienen sed, sino que son sed. Están hechos a la medida de Dios y sólo para Dios. No podía ser otro modo si Dios es el único Señor, único Dios.

Esta sed la ha puesto Dios mismo como la necesidad más elemental del hombre: ser feliz. Esa felicidad sólo la alcanzará en Dios. San Agustín después de muchos años de búsqueda, de tanteos y errores, encontró a Dios, se convirtió y se bautizó. Su experiencia de Dios la formuló y la resumió así para nosotros: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará siempre inquieto hasta que descanse en ti”. En un sentido complementario, también solía confesar humildemente: “Sólo sé una cosa: que fuera de ti me va muy mal”.

En la primera lectura, los israelitas se sienten agobiados por la necesidad inmediata, se olvidan de los prodigios obrados por Dios en su favor, se desesperan y se rebelan contra Dios y su profeta Moisés. Hasta dudan de la buena intención de Dios: los habría sacado de Egipto para exterminarlos en un inhóspito desierto. Como si dijeran: Si nos está dejando morir de sed, quiere decir que Dios ha tenido mala intención desde el principio, nos ha engañado. De ahí la pregunta: ¿Acaso está Yahvé en medio de nosotros, lo experimentamos como nuestro Dios poderoso y providente? Concluyen: No lo está porque no nos auxilia. Nos ha abandonado.

He ahí el pecado del pueblo contra Dios: paradigma de nuestro pecado, de nuestro pecado más frecuente y del que ahora en Cuaresma debemos arrepentirnos.

El salmista nos invita a superar la tentación de desesperación en la que cayeron los israelitas en el desierto: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón”(Salmo 94).

Más todavía: Nos insta a que aprendamos a vencer la tentación con toda determinación. Nos exhorta vivamente a que escarmentemos en cabeza ajena: “No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras”.

En el Evangelio aparece Jesús cansado de tanto buscar a la oveja perdida para ofrecerle el agua viva. El Camino se ha cansado buscando a los hombres. Y se ha sentado para esperarlos en aquel lugar preciso adonde vendrán torturados por la sed buscando salvación. Así espera Jesús a la samaritana. Veámoslo en el evangelio de hoy: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.

Nos fijamos en una frase de Jesús que puede despertar nuestra conciencia en esta Cuaresma: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. Si conociéramos, si sospecháramos siquiera la bondad y la belleza del plan de Dios sobre nosotros, sobre cada uno de nosotros. Si conociéramos con cuánta delicadeza y paciencia Jesús nos espera en este tiempo cuaresmal para entrar en nuestras vidas por la fe, por una sincera conversión y renovación de nuestra experiencia de Dios…

Como a los apóstoles en la última cena, Jesús nos dice en esta Cuaresma: He esperado con ansia este tiempo, esta oportunidad, para encontrarme contigo, para cenar contigo. Dichoso tú si le abres, porque él tiene reservado para ti algo tan especial que ningún ojo ha visto y ningún oído ha escuchado, ni nadie se lo ha podido imaginar. Si conocieras el don de Dios y quién es el que habla contigo, tú le pedirías y él no te defraudaría. ¿Cuál será tu respuesta?

Y para ser prácticos y no divagar, permíteme preguntarte:¿cuál está siendo tu respuesta a Jesús que, cansado de buscarte, te espera en el brocal del pozo de esta Cuaresma, día tras día, con una palabra nueva y liberadora para ti? Al principio de estas Vivencias quedamos en que esta Cuaresma podía ser la mejor de tu vida, hasta el presente. ¡Y esa meta está en tus manos! ¡Ánimo, merece la pena intentarlo! No estás solo en el intento. Permanecemos unidos en la oración a toda la Iglesia, esposa de Cristo, que se adorna para su Esposo.

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De los tratados de san Agustín, obispo,
sobre el evangelio de san Juan

Llega una mujer de Samaria a sacar agua

Llega una mujer. Se trata aquí de una figura de la Iglesia, no santa aún, pero sí a punto de serlo; de esto, habla nuestra lectura. La mujer llegó sin saber nada, encontró a Jesús, y él se puso a hablar con ella. Veamos cómo y por qué. Llega una mujer a Samaria a sacar agua. Los samaritanos no tenían nada que ver con los judíos; no eran del pueblo elegido. Y esto ya significa algo: aquella mujer, que representaba a la Iglesia, era una extranjera, porque la Iglesia iba a ser constituida por gente extraña al pueblo de Israel.

Pensemos, pues, que aquí se está hablando ya de nosotros: reconozcámonos en la mujer, y, como incluidos en ella, demos gracias a Dios. La mujer no era más que una figura, no era la realidad; sin embargo, ella sirvió de figura, y luego vino la realidad. Creyó, efectivamente en aquel que quiso darnos en ella una figura. Llega, pues, a sacar agua. Jesús le dice: “Dame de beber”. Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Ved cómo se trata aquí de extranjeros: los judíos no querían ni siquiera usar sus vasijas. Y como aquella mujer llevaba una vasija para sacar el agua, se asombró de que un judío le pidiera de beber, pues no acostumbraban a hacer esto los judíos. Pero aquel que le pedía de beber tenía sed, en realidad, de la fe de aquella mujer. Fíjate en quién era aquel que le pedía de beber. Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. Le pedía de beber, y fue él mismo quien prometió darle el agua. Se presenta como quien tiene indigencia, como quien espera algo, y le promete abundancia, como quien está dispuesto a dar hasta la saciedad. Si conocieras -dice- el don de Dios. El don de Dios es el Espíritu Santo.

A pesar de que no habla aún claramente a la mujer, ya va penetrando poco a poco, en su corazón y ya la está adoctrinando. ¿Podría encontrarse algo más suave y más bondadoso que esta exhortación? Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva. ¿De qué agua iba a darle, sino de aquella de la que está escrito: En ti está la fuente viva? Y ¿cómo podrían tener sed los que se nutren de lo sabroso de tu casa?

De manera que le estaba ofreciendo un manjar apetitoso y la saciedad del Espíritu Santo, pero ella no lo acababa de entender, y como no lo entendía, ¿qué respondió? La mujer le dice: “Señor, dame esa agua, así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”. Por una parte, su indigencia la forzaba al trabajo, pero, por otra, su debilidad rehuía el trabajo. Ojalá hubiera podido escuchar: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Esto era precisamente lo que Jesús quería darle a entender, para que no se sintiera ya agobiada; pero la mujer aún no lo entendía (Tratado 15, 10-12. 16-17: CCL 36, 154-156).

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ES DOMINGO, Día del Señor

Es domingo: una luz nueva resucita la mañana con su mirada inocente, llena de gozo y de gracia. Es domingo: la alegría del mensaje de Pascua es la noticia que llega siempre y que nunca se gasta.

Es domingo: la pureza no sólo la tierra baña, que ha penetrado en la vida por las ventanas del alma. Es domingo: la presencia de Cristo llena la casa; la Iglesia, misterio y fiesta, por él y en él convocada.

Es domingo: “Este es el día que hizo el Señor”, es la Pascua, día de la creación nueva y siempre renovada. Es domingo: de su hoguera brilla toda la semana y vence oscuras tinieblas en jornadas de esperanza.

Es domingo: un canto nuevo toda la tierra le canta al Padre, al Hijo, al Espíritu, único Dios que nos salva. Amén.

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TEXTO ILUMINADOR para la semana

Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: “En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda”; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación (2 Co 6, 1-3).

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Vivencias Cuaresmales 2011 (16)

marzo 26, 2011


Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.

18. SÁBADO

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

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Textos bíblico-litúrgicos

Entrada: Salmo 144, 8-9

1era. lectura: Miqueas 7, 14-15. 18-20

Salmo: 102, 1-2-3-4. 9-10-11-12

Aclamación: Lucas 15, 18

Evangelio: Lucas 15, 1-3. 11-32

Comunión: Lucas 15, 32

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TEMA.- El hijo pródigo, paradigma de la confesión sacramental.

En la antífona de entrada una vez más se resalta la bondad de Dios. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas” (Salmo 144, 8-9).

Una y otra vez, consideramos a Dios en lo específico suyo: la misericordia. ¿Cuándo nos convenceremos de ello? Él es Dios, no hombre. Nuestros parámetros no son apropiados para captar a Dios en su originalidad. En efecto, ninguno de los dos hijos llegó a conocer a su padre, aunque vivían en su casa día y noche. El mayor era egoísta y había reducido su relación filial a un cumplimiento legalista y frío, él obedecía para que le premiaran. El menor era también egoísta y se entusiasmó con la idea de hacer su voluntad, de liberarse del padre, del “viejo”. La relación con él era rutinaria y le aburría esa vida. Quería romper la dependencia y emanciparse.

Los dos hijos vivían afectivamente lejos de su padre aunque convivieran con él, no lo conocían bien, no lo apreciaban, no lo amaban. Eran ingratos, desagradecidos y hasta injustos con un padre cuyo delito fue el haberles dado lo mejor que podía darles, y buscar lo mejor para ellos.

Si muchos se identifican con el hijo pródigo, no son menos los que podemos identificarnos con el hijo mayor. Él no amaba a su padre, y se constata que tampoco amaba a su hermano. No ama a su hermano y, por tanto, no lo puede excusar y menos aún perdonar. Teme que, si lo perdona, su hermano seguirá en lo mismo, que no le va a doler lo que ha hecho. Piensa que si no se le aplica un correctivo a su hermano, éste no escarmentará y en el futuro será capaz de abusar de la bondad del padre y de toda la familia; por eso critica la actitud indulgente del padre como excesivamente generosa hasta rayar en ingenua: le parece tonta, incomprensible y hasta injusta.

Nosotros, por lo general, igual que el hijo mayor, creemos que a la gente hay que cambiarla a como dé lugar; y eso se consigue cuadrando a la gente, ajustando cuentas, reprochando, humillando si es necesario, castigando, vengándose, y obligando a los demás a pagar en justicia todo lo adeudado. En fin, haciendo que el pecador pruebe lo amargo de las consecuencias de su falta. Nos da miedo dejar libre al otro, decirle que no importa lo que ha hecho, que le comprendemos, que no ha pasado nada, que lo seguimos amando igual o más que antes, que le seguimos esperando y que confiamos en él, que le damos una nueva oportunidad, que sufrimos con él lo mal que se siente por lo que ha hecho, que quizás es él precisamente el que más lamenta lo sucedido y sufre por el pecado cometido, que él es más grande que su propio pecado, que no puede identificarse para siempre con lo que ha hecho. Todo eso nos cuesta practicarlo porque no nos fiamos del hermano y creemos en la capacidad regenerativa del hombre.

En fin, nos cuesta aceptar a los hermanos en su proceso de crecimiento en libertad, en la “libertad de hijo” que nos ha dado el Padre, nuestro Padre, como un derecho a todos sus hijos sin excepción. Querríamos a nuestros prójimos más perfectos, más disciplinados, más agradecidos, pero es a Dios a quien deben dar cuentas, no a nosotros. Eso es lo que nos cuesta: aceptar que Dios es el soberano y dueño de todo y de todos, y no nosotros. Querríamos poner nosotros la medida y las reglas de juego; pero eso, felizmente para todos, pertenece a Dios. Tanto nos atrae esa pretensión, que nos atrevemos a juzgar a Dios como el hijo mayor tachándole de ingenuo y aun de injusto. Sin embargo, el Padre, el único bueno, a los operarios que le reclamaban, les dijo: ¿Por qué veis con malos ojos que yo sea bueno? ¿Quiénes sois vosotros para imponerme determinados comportamientos y para decirme lo que debo hacer y cómo tengo que amar y hacer justicia?

Porque es Dios, puede confiar sin medida en nosotros. Él es el Amor que todo lo espera, todo lo cree, todo lo soporta. Nosotros somos limitados: nosotros estamos invitados a imitar a nuestro Padre en esa característica tan propia y exclusiva de Dios. Es mucho lo que se nos pide: es algo imposible para el hombre pero posible para Dios.

Deberíamos alegrarnos de que Dios sea tan bueno; y porque mucho se nos perdona, mucho queremos alabarlo. Dios cree que el amor y el perdón es el mejor antídoto al abuso y a la ingratitud del hombre pecador. Sólo el amor le hace salir de sí mismo y le cambia. Pues “amor saca amor”, sobre todo considerando el ejemplo de Cristo interpretado e interiorizado en nosotros por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones como prenda de vida eterna. Esa vida eterna que consiste en conocer el amor del Padre y del Hijo; en disponerse a vivir en correspondencia a su Amor ingresando a la misma familia divina.

Con el salmista agradecemos el infinito amor y perdón de Dios. Que nuestra alabanza llene la tierra, que llene la Iglesia, como llenó el perfume de la Magdalena toda la casa: ella pudo amar mucho, porque mucho se le perdonó; y también, mucho se le pudo perdonar porque mucho amó. A quien poco se le perdona, poco ama. Quien no permite que se le perdone mucho, poco puede amar.

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ORACIÓN COLECTA

Señor, Dios nuestro, que, por medio de los sacramentos, nos permites participar de los bienes de tu reino ya en nuestra vida mortal; dirígenos tú mismo en el camino de la vida,para que lleguemos a alcanzar la luz en la que habitas con tus santos.

ORACIÓN DE LA COMUNIÓN

Señor, que la gracia de tus sacramentos llegue a lo más hondo de nuestro corazón y nos comunique su fuerza divina.

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PREFACIO DE LA PLEGARIA EUCARÍSTICA SOBRE LA RECONCILIACIÓN I. La reconciliación como retorno al Padre.

En verdad es justo y necesario darte gracias, Señor Padre santo, porque no dejas de llamarnos a una vida plenamente feliz.

Tú, Dios de bondad y misericordia, ofreces siempre tu perdón e invitas a los pecadores a recurrir confiadamente a tu clemencia. Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza; pero tú, en vez de abandonarnos, has sellado de nuevo con la familia humana, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, un pacto tan sólido, que ya nada lo podrá romper.

Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación, lo alientas en Cristo para que vuelva a ti, obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo, y se entregue al servicio de todos los hombres.

Por eso, llenos de admiración y agradecimiento, unimos nuestras voces a las de los coros celestiales para cantar la grandeza de tu amor y proclamar la alegría de nuestra salvación.

Santo, Santo, Santo es el Señor…

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HIMNO

Éste es el día en que actuó el Señor. Éste es el tiempo de la misericordia. ¡Exulten mis entrañas! ¡Alégrese mi pueblo! Porque el Señor que es justo revoca sus decretos: La salvación se anuncia donde acechó el infierno, porque el Señor habita en medio de su pueblo.

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Vivencias Cuaresmales 2011 (15)

marzo 25, 2011

Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo"


 

17. VIERNES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA


*** LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR***

Hoy, 25 de marzo, celebramos la Solemnidad de la Anunciación del Señor. Es la fiesta de la Encarnación del Señor. La Virgen María es la criatura que más plenamente ha vivido la relación con la Trinidad, con cada una de las tres divinas personas. Ella es la más agraciada de parte de Dios y la más dócil a los planes de Dios sobre la humanidad.

El Padre Dios, fuente de vida, la llamó a la existencia y la destinó a lo más grande que puede alcanzar una criatura. Dios Hijo le concede ser fiel a todo lo soñado por el Padre. María no frustra ninguna posibilidad imaginada por el Padre. Para eso, el mismo Verbo de Dios se hace su hijo, visceral y vitamente unido a ella:  Así María es modelada por su propio hijo que es a la vez Dios y hombre. Finalmente, el Espíritu habita en María y la fecunda para habituarla a ser “divina” sintonizando perfectamente con el misterio divino.

María es la criatura más excelsa. Bendita entre las mujeres por esta familiaridad con Dios Trinidad, que da vida. Y bendita por el bendito fruto de su viente: La más fecunda al dar a luz a Cristo, fuente de vida y salvación para todos los hombres. Por eso, María encaja perfectamente en la espiritualidad cuaresmal, y se convierte en modelo para todos cuantos tratamos de vivir la experiencia cuaresmal: reasunción del ser y del existir del cristiano.

En efecto, ella permitió a Dios realizar la obra maravillosa de la salvación a favor de toda la humanidad. Y María fue la primera beneficiaria, la primera redimida. Nosotros, durante la Cuaresma, queremos vivir con mayor plenitud esa misma salvación que María experimentó en toda su persona, en cuerpo y alma, como nadie: Vitalmente unida al Padre como hija, al Hijo como su madre, y al Espíritu como su esposa. Verdaderamente ¡Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

Les recuerdo que en este mismo blog, en la página “Oración y Sanación”, encontrarán un comentario breve a la Oración del Ángelus y del Avemaría. Está a su disposición. Creo que merece la pena profundizar en esas oraciones que recogen los misterios centrales de la salvación y que alimentan el espíritu y la devoción a la Virgen María, nuestra madre en la fe.

Esta fiesta la vivimos en España como la Jornada por la Vida. En muchas iglesias, dentro de la Eucaristía, se suele impartir una bendición especial a las madres embarazadas. En la página de las Madres Mónicas de este blog ofrecemos la oración de las madres gestantes y de los padres que esperan un hijo.

Desde aquí, felicitamos a los padres que engendran hijos y los traen al mundo para hacerlos hijos de Dios, dándoles así la plenitud de la vida humana. Que sus hijos sean su honra y su gloria ante Dios y ante los hombres.

Ahora seguimos la secuencia del itinerario cuaresmal de la mano de la liturgia correspondiente al viernes de la segunda semana.

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Textos bíblico-litúrgicos:

Entrada: Salmo 30, 2. 5

1era. lectura: Génesis 37, 3-4. 12-13. 17-28

Salmo: 104, 16-17-18-19. 20-21

Aclamación: Juan 3,16

Evangelio: Mateo 21, 33-43. 45-46

Comunión: 1 Juan 4, 10

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TEMA

La muerte de Jesús es obra de los hombres. José vendido por sus propios hermanos.

El rico ignoró a su mendigo Lázaro. Los hermanos de José consintieron y fomentaron en su interior los sentimientos de antipatía, fastidio, celo, envidia… y comenzaron a odiarlo, llegando hasta no querer conversar con él. Viven junto a él, en la misma casa, pero lo aborrecen hasta negarle el habla. La palabra expresa el don de la persona, el interés por el otro, la intercomunión. Las vidas, las personas, se unen por la palabra, la comunicación. Mediante ella ofrecemos el don de nuestra persona.

Por el contrario, cuando se niega el habla, se abre un abismo entre las personas, se distancian de manera radical y creciente, porque aumenta el desprecio interior, la sospecha, la ira contenida, el deseo de venganza. Negando el habla, matamos al hermano y nos matamos a nosotros mismos porque perdemos la paz, estamos tensos, “cuidando nuestro muerto o nuestro preso”, pues necesitamos constatar a cada momento que está muerto y bien muerto o preso y bien atado. Y eso no nos deja vivir, nos consume la energía vital.

José vendido por sus hermanos es figura de Cristo, negado por cada uno de nosotros. Vendido y llevado a Egipto para que auxilie más tarde a sus propios hermanos. Jesús, llevado a la cruz, se convierte en salvador de sus propios verdugos. Dios siempre devuelve bien por mal, es capaz de transformarlo todo en bendición. Él es paciente, nadie le puede impedir ser bueno. Nadie puede quebrar radical y definitivamente sus planes de paz y salvación para con los hombres.

En la Cuaresma el Padre sale al encuentro de cada uno de nosotros que durante el año hemos vendido a muchos hermanos y en ellos hemos negado a Cristo con nuestra tibieza. De hecho muchos hombres no cuentan para nosotros, no nos interesan, los desconocemos, los despreciamos, no esperamos nada de ellos, estamos resentidos con ellos, incluso no esperamos que cambien, ni lo queremos. A veces nos interesa que no cambien, pues así tenemos excusas para muchas actitudes nuestras. Quizás nos sentimos vencedores y superiores respecto de los ignorantes, maleados, equivocados: como si fuéramos dueños los hemos vendido; les hemos dado un destino más o menos ignominioso; y ellos están sufriendo por nuestras actitudes.

Pero podemos caer en la cuenta y arrepentirnos, y entonces ellos se convertirían en causa de salvación para nosotros a través de Cristo que hace de los dos pueblos uno solo, en quien todos somos hermanos, hijos del mismo Padre. José vendido por sus hermanos, interpretó los sueños del Faraón y fue nombrado administrador de todos sus bienes, y así pudo auxiliar a sus hermanos cuando bajaron a Egipto en los años de hambre buscando provisiones para sobrevivir. La confesión de nuestros errores y pecados nos traerá la salvación: una relación nueva con Dios y con los hermanos. Que éste sea uno de los frutos más logrados de nuestra Cuaresma.

Durante la Cuaresma debe producirse en nuestro interior una profunda transformación: sanación por el perdón, reconciliación y renovación en el Espíritu. En la Trinidad, el Espíritu personaliza la comunión del Padre y del Hijo. Entre nosotros hace posible toda verdadera comunión y reconciliación. El Espíritu nos hace sentir alegría por la recuperación del hermano: “la caridad no es egoísta no tiene envidia, no se alegra del mal del otro, se alegra con la verdad”.

Por tanto, si tu hermano es bendecido, debes aprender a alegrarte por ello. Es posible que el éxito del hermano produzca en ti tristeza, pesar, incomodidad, perturbación, confusión: después, incluso envidia o rabia. Acoge esos sentimientos, que no te gustan, en paz; necesitas ser sanado. Puedes identificarte con los jornaleros atrevidos que protestan ante el patrón, pero escucha la voz de tu Padre amoroso y paciente: “¿Por qué ves con malos ojos que yo sea bueno, no puedo hacer lo que quiero con mi dinero, me vas a prohibir ser generoso con tu hermano, acaso lo que doy a otro te lo robo a ti, acaso te falta algo a ti, acaso te he perjudicado en algo?”

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ORACIÓN SUGERIDA

Señor Jesús, tú eres humano como yo, tú me comprendes, el éxito del hermano me entristece, me perturba, o, al menos, no logro alegrarme de corazón con mi hermano.

Te entrego este sentimiento malo o esa incapacidad para festejar, no quiero acoger ese sentimiento malo en mi interior: pon tu Espíritu en mi corazón para que pueda sentir alegría, libertad y amor por mi hermano; así como tú mismo sentías agrado y felicidad cuando confiabas en los discípulos enviándolos a predicar, y cuando los veías contentos al regresar de su misión.

Que pueda alegrarme con la felicidad de los demás. Hazme abierto y feliz.- Amén

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El Evangelio de los viñadores injustos

En los comportamientos anómalos con el hermano hay un mal de fondo. Pretendemos ser propietarios, siendo en realidad sólo administradores, no respetamos la soberanía absoluta de Dios sobre nuestros hermanos y causamos desorden, sufrimiento, injusticia… y eso necesariamente.

Los viñadores se adueñan de la propiedad, se atreven con los empleados del patrón, y aun con el mismo hijo de su Señor. ¡Qué temeridad, qué desfachatez, qué atrevimiento, qué despropósito! Líbranos, Señor, de atrevernos a juzgarte.

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ORACIÓN COLECTA.- Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos a las fiestas de Pascua limpios de pecado.

ORACIÓN DE LA COMUNIÓN.- Señor, después de recibir la prenda de la eterna salvación, haz que de tal modo la deseemos y busquemos que podamos conseguirla por tu misericordia.

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De los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo

Sirvamos a Cristo en los pobres

Dichosos los misericordiosos -dice la Escritura-, porque ellos alcanzarán misericordia. No es, por cierto, la misericordia una de las últimas bienaventuranzas. Dice el salmo: Dichoso el que cuida del pobre y desvalido. Y de nuevo: Dichoso el que se apiada y presta. Y en otro lugar: El justo a diario se compadece y da prestado. Tratemos de alcanzar la bendición, de merecer que nos llamen dichosos: seamos benignos.

Que ni siquiera la noche interrumpa tus quehaceres de misericordia. No digas: Vuelve, que mañana te ayudaré. Que nada se interponga entre tu propósito y su realización. Porque las obras de caridad son las únicas que no admiten demora.

Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, y no dejes de hacerlo con jovialidad y presteza.

Quien reparte la limosna -dice el Apóstol- que lo haga con agrado, pues todo lo que sea prontitud hace que se te doble la gracia del beneficio que has hecho. Porque lo que se lleva a cabo con una disposición de ánimo triste y forzada no merece gratitud ni tiene nobleza. De manera que, cuando hacemos el bien, hemos de hacerlo, no tristes, sino con alegría.

Si dejas libres a los oprimidos y rompes todos los cepos, dice la Escritura, o sea, si procuras alejar de tu prójimo sus sufrimientos, sus pruebas, la incertidumbre de su futuro, toda murmuración contra él, ¿qué piensas que va a ocurrir? Algo grande y admirable. Un espléndido premio. Escucha: Entonces romperá tu luz como la aurora, te abrirá camino la justicia. ¿Y quién no anhela la luz y la justicia?

Por lo cual, si pensáis escucharme, siervos de Cristo, hermanos y coherederos, visitemos a Cristo mientras nos sea posible, curémoslo, no dejemos de alimentarlo o de vestirlo; acojamos y honremos a Cristo, no en la mesa solamente, como algunos, no con ungüentos, como María, ni con el sepulcro, como José de Arimatea, ni con lo necesario para la sepultura, como aquel mediocre amigo, Nicodemo, ni, en fin, con oro, incienso y mirra, como los Magos, antes que todos los mencionados; sino que, puesto que el Señor de todas las cosas lo que quiere es misericordia y no sacrificio, y la compasión supera en valor a todos los rebaños imaginables, presentémosle ésta mediante la solicitud para con los pobres y humillados, de modo que, cuando nos vayamos de aquí, nos reciban en los eternos tabernáculos, por el mismo Cristo, nuestro Señor, a quien sea dada la gloria por los siglos. Amén (Sermón 14, sobre el amor a los pobres, 38. 40: PG 35, 907, 910)

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Vivencias Cuaresmales 2011 (14)

marzo 24, 2011

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

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16. JUEVES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

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Textos bíblico-litúrgicos

Entrada: Salmo 138, 23-24

1era. lectura: Jeremías 17, 5-10

Salmo: 1, 1-2. 3. 4 y 6

Aclamación: Lucas 8, 15

Evangelio: Lucas 16, 19-31

Comunión: Salmo 118, 1

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TEMA: Al final, habrá un juicio definitivo, inapelable… y será el de Dios. ¿Lo sabemos, nos interesa recordarlo?

El camino de la Cuaresma es un camino de rectificación: el creyente se deja interpelar por Dios, y valientemente se somete a una revisión profunda de los fundamentos de su fe y de su práctica religiosa.

Por eso asume decididamente la oración del salmista en la antífona de entrada de la misa de hoy: Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino recto (Salmo 138).

Pero sabiendo que somos arcos falsos que podemos ceder en cualquier momento a la mentira, a la cobardía, a la autojustificación, rezamos en la Oración colecta: Atrae hacia ti nuestros corazones y abrásalos en el fuego de tu Espíritu, para que permanezcamos firmes en la fe y eficaces en el bien obrar.

No es fácil conseguir lo que se pide; en realidad, es imposible para nosotros, pero posible para Dios y su acción misericordiosa, en especial durante el tiempo cuaresmal.

La verdad de Dios es pura y total. En Dios no hay sombra de oscuridad, por eso cuestiona constantemente nuestra vida tejida de luces y de sombras. Cuestiona y afronta crudamente nuestras convicciones. Así habla Yahvé:“Maldito el hombre que confía en otro hombre, que busca su apoyo en un mortal y aparta su corazón de Yahvé”.Texto bíblico: Jeremías 17, 5-10. “Maldito el hombre que confía en otro hombre y busca en él su apoyo”.

Podrá parecernos durísimo e inhumano ese término “maldito”, impropio de un Dios Padre, tierno y paciente. Maldito, “desdichado”: porque se perdería para siempre. No se puede andar con ambigüedades y rodeos en esta verdad fundamental: Sólo Dios es la medida del hombre. Éste no puede contentarse con menos; pues negaría la sabiduría y la bondad infinita de Dios.

“Nos hiciste, Señor, para ti”, confiesa agradecido san Agustín. Porque así, Señor, te pareció bien, para alabanza de tu gloria. Sería gravísimo negar a Dios en su misma esencia, relativizar lo divino, lo único absoluto: su santidad, bondad, sabiduría y generosidad. Sin embargo, se comprende este atrevimiento, porque nada hay tan enfermo y voluble como el corazón del hombre. ¿Quién lo entenderá? Pero Dios sí lo entiende, porque él lo ha creado; su Espíritu penetra hasta el espíritu del hombre.

Por eso lee y saborea de forma sosegada la oración del salmista: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón, no se marchitan sus hojas. Cuanto emprende tiene buen fin” (Salmo 1, 1-2-3-4-y 6).

Dios, que desea nuestro mayor bien, quiere ahorrarnos sufrimientos inútiles y amargas decepciones y nos manda descansar sólo en él. Él es nuestra roca y fundamento esencial y existencial: en él, todo lo demás; y sin él, nada. Dice el Evangelio que Jesús no se fiaba de nadie, de ninguno de aquellos que le querían hacer rey, porque él sabía lo que hay dentro de cada uno. Y no lo hace de manera despectiva, pues él sabe valorar al hombre como nadie, pero no se fiaba, no se dormía en los laureles, en las alabanzas del hombre; no sólo porque por su volubilidad, sino sobre todo por su fragilidad creatural, porque no puede proporcionar la felicidad total de nadie. Eso pertenece al Creador.

Evangelio, por lo demás elocuente, el del rico Epulón y el pobre Lázaro, tomado de Lucas 16, 19-31. El rico -que no tiene nombre en el evangelio: por tanto, un ser vacío, sin misión ni sentido, como animal de engorde- encarna la ignorancia culpable del hombre y la vaciedad de la autosuficiencia. En la tierra caben las mayores perversiones e injusticias, pero un día la tortilla se volteará: Tú recibiste bienes, y ahora sufres; él recibió males, justo es que él ahora goce porque permaneció fiel.

Estas palabras, lamentablemente, son actuales pues muchos contemporáneos nuestros no reconocen sus raíces religiosas y cristianas. La mayor pobreza del hombre actual consiste en pretender negar sus propios orígenes y tratar de vivir como si Dios no existiera, como ni no tuviera ni principio ni fin. Un hombre sin vocación, a quien nadie ha llamado a la vida y a la fe, cuyo nombre nadie ha pronunciado. ¿Será el hombre fruto del azar, un estorbo para los demás, y sus afanes existenciales una pasión inútil?

Otra lección de esta parábola: cada uno responderá por sí mismo, nadie podrá suplantar a nadie. Nadie puede responder por otro: el encuentro con Dios es personal. Cada uno tiene que “mojarse” y dar el paso de la fe sin exigir a Dios excesivas pruebas de su llamada. Pues si no se convierten con los medios ordinarios, ni aunque resucite un muerto se convertirán. No hay milagros que puedan forzar la libertad del hombre. Aparte de que el amor forzado no vale, no sirve. Sólo creerá el que, de verdad, quiera creer. El que tenga oídos, que oiga.

Otra verdad: lo que se hizo, hecho está: con la muerte se acabó la hora de cambiar o de corregir; se pasó la oportunidad; las respuestas que se dan al rico indican que se vive sólo una sola vez, no hay reencarnación que valga. ¿No será esa pretendida segunda oportunidad una veleidad gratuita? Somos, o no somos; si somos, valemos; si no valemos, ¿para qué repetir la experiencia de una inutilidad mediante una reencarnación? ¿Quién nos aseguraría que a la segunda acertaríamos? A veces nos admira la destreza y terquedad del hombre en buscar subterfugios para esconderse de Dios, para rechazar el camino recto y reinventar caminos torcidos y rodeos. Pero nadie está libre, ojo. Busquemos la sencillez de los niños. De los que son como ellos es el Reino de los cielos.

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De las homilías de san Basilio Magno

El que se gloríe, que se gloríe en el Señor

No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza. Entonces, ¿en qué puede gloriarse con verdad el hombre? ¿Dónde halla su grandeza? Quien se gloría -continúa el texto sagrado-, que se gloríe de esto: de conocerme y comprender que soy el Señor.

En esto consiste la sublimidad del hombre, su gloria y su dignidad: en conocer dónde se halla la verdadera grandeza y adherirse a ella con todas sus fuerzas; en buscar la gloria que procede del Señor de la gloria. Dice, en efecto, el Apóstol: El que se gloríe, que se gloríe en el Señor, afirmación que se halla en aquel texto: Cristo, que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención; y así, como dice la Escritura: “El que se gloríe, que se gloríe en el Señor”. Por tanto, lo que hemos de hacer para gloriarnos de un modo perfecto e irreprochable en el Señor es no enorgullecernos de nuestra propia justicia, sino reconocer que en verdad carecemos de ella y que lo único que nos justifica es la fe en Cristo.

En esto precisamente se gloría Pablo, en despreciar su propia justicia y en buscar la que se obtiene por la fe y que procede de Dios, para así tener íntima experiencia de Cristo, del poder de su resurrección y de la comunión en sus padecimientos, muriendo su misma muerte, con la esperanza de alcanzar la resurrección de entre los muertos.

Así caen por tierra toda altivez y orgullo. El único motivo que te queda para gloriarte, oh hombre, y el único motivo de esperanza consiste en hacer morir todo lo tuyo y buscar la vida futura en Cristo; de esta vida poseemos ya las primicias, es algo ya incoado en nosotros, puesto que vivimos en la gracia y en el don de Dios.

Y, es el mismo Dios quien activa en nosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor. Y es Dios también el que, por su Espíritu, nos revela su sabiduría, la que de antemano destinó para nuestra gloria. Dios nos da fuerzas y resistencia en nuestros trabajos. He trabajado más que todos, dice Pablo; aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Dios saca del peligro más allá de toda esperanza humana. En nuestro interior, dice también el Apóstol, dimos por descontada la sentencia de muerte; así aprendimos a no confiar en nosotros, sino en Dios que resucita a los muertos. Él nos salvó y nos salva de esas muertes terribles, en él está nuestra esperanza, y nos seguirá salvando (Homilía 20, sobre la humildad, 3: PG 31, 530-531).

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