Maná y Vivencias Pascuales (12), 27.4.17

abril 27, 2017

Jueves de la 2ª semana de Pascua

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No he venido a abolir la Ley o los Profetas sino a dar plenitud. El que viene del cielo es superior a todos.

No he venido a abolir la Ley o los Profetas sino a dar plenitud. El que viene del cielo es superior a todos.

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TEMA, VIVENCIA: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, pues el Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús y lo ha constituido Jefe y Salvador para dar la conversión y el perdón de los pecados a todo el que crea.

ORACIÓN COLECTA: Te pedimos, Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 5, 27-33.

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín. El jefe de los sacerdotes los interrogó y declaró: “Les prohibimos estrictamente enseñar en ese nombre y, sin embargo, ustedes han difundido por toda Jerusalén su doctrina y quieren hacernos culpables de la sangre de ese hombre”.

Pedro y los apóstoles respondieron: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de un madero. Dios lo ha puesto en el cielo a su derecha, haciéndolo Jefe y Salvador para dar a Israel la conversión y el perdón de los pecados.

De esto nosotros somos testigos y también es testigo el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen”.

Cuando oyeron esto se indignaron y querían matarlos.

SALMO 33, 2 y 9. 17-18. 19-20.

Bendigo al Señor en todo momento.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.

El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca de los que sufren y salva a los que están desconsolados. Muchas son las desgracias del justo, pero de todas lo libra el Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 20, 29

Jesús le dijo: “Tú crees porque has visto. Felices los que creen sin haber visto”. Aleluya.

Evangelio: Juan 3, 31-36.

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: El que viene de lo alto es superior a todos. Si alguien viene de la tierra, no es más que hombre terrenal y sus palabras también vienen de la tierra.

Mas el que viene del cielo es más grande que cualquiera, y puede hablar de lo que allá ha visto y oído. Sin embargo, nadie hace caso de lo que dice. Pero quien recibe su mensaje hace suya la verdad misma de Dios.

Este fue enviado por Dios y dice las palabras de Dios que le comunica su Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y pone todas las cosas en sus manos. El que cree al Hijo tiene la Vida; pero el que no quiere creerle no conocerá la vida, sino que pesa sobre él la cólera de Dios”.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Mateo 28, 20

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

Comentario a Juan 3, 1-36

Hoy concluye la proclamación del capítulo tercero del evangelio de san Juan. Como se ha podido observar, el autor pretende confrontar a Jesús con el Antiguo Testamento que viene representado por dos personajes contrapuestos: Nicodemo y Juan Bautista.

Nicodemo busca “de noche” a Jesús porque lo reconoce como un verdadero profeta, un hombre de Dios. Sus milagros así lo prueban sin dejar lugar a duda. Nicodemo dialoga con Jesús y le pregunta, pero lamentablemente viene con prejuicios y seguridades incuestionables, que le impedirán a la larga el salto cualitativo de la fe. Al fin, Nicodemo no podrá confesar a Jesús como Hijo de Dios.

El otro personaje es Juan Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento. En contraposición a Nicodemo, Juan Bautista, apoyado en lo más granado del Antiguo Testamento, sobre todo en los profetas que prometen la nueva alianza del Espíritu, va más allá de “las cosas de la tierra” y acepta “las cosas que vienen del cielo, de lo alto”.

Es decir, acoge la novedad de Jesús como Hijo de Dios porque su doctrina y testimonio vital no contradicen ni a la Ley ni a los Profetas, sino más bien los completan y llevan a plenitud.

Sólo Jesús ha bajado del cielo. Él habla de lo que ha visto y oído. Por eso tiene autoridad y la acreditación del Padre ratificada por los signos y prodigios. A Jesús, pues, hay que creerle, por encima de todo.

Así, Juan Bautista se reconoce como el amigo del Novio, y su alegría es colmada. Confiesa con honestidad y con gozo: Él tiene que crecer y yo tengo que menguar, y se contenta con oír la voz del Novio, a quien pertenece la novia.

Diríamos que Nicodemo ha ideologizado la revelación del Antiguo Testamento considerándolo como un sistema cerrado en sí mismo y perfecto: ritualismo en las expresiones religiosas y legalismo en el comportamiento moral.

En fin, el Dios creador y dador de vida, siempre nuevo, ha quedado reducido a un “objeto”, a una “cosa” manejable: ritos, normas morales, cultura y teorías “religiosas”, tradiciones rabínicas que no pueden salvar.

Nosotros debemos imitar a Juan Bautista superando las mediaciones para llegar al verdadero Dios, a las verdaderas nupcias realizadas en Cristo. La falta de “experiencia” de Dios es una grave carencia, la fundamental seguramente, de nuestra Iglesia, también hoy.

Es la tentación más peligrosa que afrontamos, todos sin excepción: ideologizar y domesticar a Dios para recortarlo a nuestra medida. Hacer una caricatura de Dios para utilizarla según nuestros intereses.

Pero, reiteremos la advertencia, en la vida espiritual nadie puede vivir de rentas. El Amor verdadero exige frescura, relación y comunicación permanentes. Como sucede entre amigos verdaderos y enamorados. Eso no cansa.

Por eso, todos los días hay que procurar el encuentro directo y gozoso con Dios. Todos los días necesitamos, el Espíritu exige renovar la vocación, nuestra condición de llamados pues Dios no se repite. La vocación esencialmente es dinámica y viva como Dios mismo, no estática. Es preciso ir a la Luz verdadera y dejarse iluminar por el que ha bajado del cielo. Eso es el descanso y la fruición en el Amor de Dios.


Pide, hermano, al Señor Jesús te conceda nacer de arriba, de lo alto. Ser una persona nueva, tal como el Padre ha soñado hacerte, de acuerdo con el modelo que es su propio Hijo mediante la acción del Espíritu creador que hace nuevas todas las cosas.


Maná y Vivencias Pascuales (11), 26.4.17

abril 26, 2017

Miércoles de la 2ª semana de Pascua

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La adoración del Cordero de Dios

La adoración del Cordero de Dios



TEMA: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna.

ORACIÓN COLECTA: Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrección futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Sal 17, 50; 21.23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 5, 17- 26

El jefe de los sacerdotes y todos los suyos que formaban el partido de los saduceos se pusieron muy envidiosos, y tomando presos a los apóstoles los metieron en la cárcel pública.

Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles: “Preséntense en el Templo y anuncien al pueblo todo el Mensaje de Vida”. Obedecieron y entrando en el Templo al amanecer se pusieron a enseñar.

Mientras tanto, llegó el jefe de los sacerdotes con sus partidarios, reunieron al Sanedrín y a todo el Senado israelita, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando los guardias llegaron allá, no los encontraron.

Volvieron y contaron: “Encontramos la cárcel cuidadosamente cerrada y los centinelas montando guardia en las puertas, pero cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro”.

El jefe de la guardia y los jefes de los sacerdotes, al oír esto, quedaron desconcertados, preguntándose qué podría haber sucedido. En esto llegó uno que les dijo: “Los hombres que encarcelaron están en el Templo enseñando al pueblo”.

Entonces el jefe de la guardia fue con sus ayudantes y los trajeron, pero sin violencia, porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo.

SALMO 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.

Bendigo al Señor, en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Mi ser se gloría en el Señor, que los humildes lo oigan y se alegren.

Engrandezcan conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre. Busqué al Señor y él me respondió, me libró de todos mis temores. Miren hacia él: quedarán radiantes, y la vergüenza no cubrirá sus rostros.

Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus angustias. El Ángel del Señor viene a acampar en torno a sus fieles y los protege. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que el que crea en él tenga vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 3, 16-21

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna.

Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo sino para salvarlo. El que cree en él no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado, por no creerle al Hijo Único de Dios.

La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas: Ahí está la condenación. El que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, no sea que su maldad sea descubierta y condenada.

Pero el que camina en la verdad busca la luz para que se vea claramente que sus obras son hechas según Dios”.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Juan 15, 16.19

Ustedes no me escogieron a mí. Soy yo quien los escogí a ustedes y los he puesto para que produzcan fruto, y ese fruto permanezca. Entonces todo lo que pidan al Padre en mi nombre, se lo dará. Aleluya.


De la homilía de Melitón de Sardes, obispo, sobre la Pascua

El cordero inmaculado nos sacó de la muerte a la vida

Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo; a Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Él vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida.

Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, como en otro tiempo libró a los Israelitas de Egipto y nos salvó de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio Espíritu, y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Éste es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.

Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua de nuestra salvación.

Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo que fue asesinado en Abel y atado de pies y manos en Isaac, el mismo que peregrinó en Jacob y fue vendido en José, expuesto en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los profetas.

Éste es el que se encarnó en la Virgen, fue colgado del madero y fue sepultado en tierra, y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo.

Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en la tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro (Núms. 65-71: SCh 123, 94-100).

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PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL

Podríamos arriesgarnos a centrar la espiritualidad pascual en esta exclamación de fe: ¡Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

La Pascua es la recreación de todas las cosas en Cristo; la restauración total y definitiva de los planes de Dios sobre la humanidad. Podemos decir que en la Pascua Dios ha dado la talla: se ha remangado los brazos para hacer algo nuevo, inaudito y para siempre, definitivo.

En efecto, la Trinidad culmina su obra común de las tres personas divinas: la creación, atribuida sin embargo a Dios Padre; culmina la redención realizada por Cristo, pero con la colaboración del Padre y del Espíritu.

Y comienza la obra específica del Espíritu, la santificación o divinización definitiva del hombre en Cristo de acuerdo con los designios inescrutables del Padre; porque a él le pareció bien; es lo que más le gustó.

La Pascua es la manifestación palpable de la Trinidad. El hijo del carpintero ha resultado ser en verdad el Hijo de Dios, igual al Yahvé del Antiguo Testamento.

El Espíritu eterno, del que ha sido revestido Cristo, de manera singular y plena en su glorificación, ha sido derramado sobre los discípulos a manos llenas: ellos han sido bautizados, bañados, anegados… hasta ser tenidos por borrachos; es decir, embriagados del poder de Dios, llevados de acá para allá por una energía poderosa y santa, no caprichosa, loca o arbitraria.

¡Éste es el día en que actuó el Señor! Dios, uno y trino, nos ha mostrado todo su amor poderoso, maravilloso. Nos ha dado el nuevo Adán, el nuevo Mesías y Salvador. No hay otro.

Los creyentes han recibido sin medida el Espíritu de Cristo, que los capacita para hablar, vivir, sentir y actuar como habló, vivió, sintió y actuó el Señor. Son otros Cristo. Han llegado los últimos tiempos. La hora del Espíritu, creador y renovador, que hace nuevas todas las cosas. Cristo les aseguró: mayores cosas que yo haréis.

Por eso, Jesús había dicho también respecto al Espíritu: Os conviene que me vaya, pues si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu Santo, el Consolador, paráclito, abogado defensor, intérprete. Cuando me vaya os lo enviaré; o le pediré al Padre que lo envíe en mi nombre. Cuando él venga os lo enseñará todo. Y se quedará siempre con vosotros.

Ahora os digo: todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id por todo el mundo, y dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. Son los últimos tiempos. El Reino padece violencia. Sólo los esforzados lo arrebatan.

El Reino no puede esperar más. Buscadlo por encima de todo; y el resto se os dará por añadidura. No tengáis miedo, pues yo he vencido al mundo. Todo me lo ha entregado el Padre.

El Apóstol nos lo recordará: todo es vuestro; vosotros, de Cristo; y Cristo, de Dios. Id, os doy este mandato. No llevéis túnica de repuesto, no os detengáis… El mundo no puede esperar.

Es tiempo de sembrar a discreción. Ha llegado la hora de Dios. El Banquete está preparado. No se puede desairar a Dios; es lo que ha preparado desde toda la eternidad, ha volcado todo lo suyo, lo ha empeñado todo.

La primitiva Iglesia vive estas realidades últimas con sorpresa, con fe, con alegría, con creatividad y total abandono en manos de Dios Padre, que todo lo dispone para nuestro bien; viven confiados en el poder de Dios y sintiéndose discípulos de Cristo y testigos de su resurrección, de que está vivo y es Señor; se sienten arrebatados e impulsados por el Espíritu para realizar las obras de Dios en Cristo Jesús.

Los apóstoles y los primeros cristianos dan testimonio de Jesús públicamente y con mucha seguridad, convicción y valentía, “parresía”. Todos quedaban admirados… Dios iba agregando a la comunidad a todos los que creían y se bautizaban en el nombre del Señor Jesús.

Tres, podríamos decir, son los protagonistas de la fundación de la Iglesia y de su crecimiento y desarrollo imparable: Los planes de Dios, la comunidad eclesial y los personajes concretos y animadores de la comunidad.

El encarcelamiento de Pedro y Juan y la persecución contra la Iglesia son ocasión para que ésta se ponga en manos de Dios, relea las Escrituras, las interprete en función de las nuevas circunstancias, y experimente el poder de Dios que le envía su Espíritu: retembló la casa, y todos fueron llenos del Espíritu. Estaban alegres y daban gloria a Dios; y el pueblo estaba de su parte.

La persecución contra Esteban provoca la diáspora de los discípulos; éstos se ven obligados a salir de Jerusalén; pero no pueden dejar de anunciar el Evangelio de Cristo a cuantos encuentran en el camino. Muchos se convierten. Van surgiendo personas con nombre y rostro definidos, como el diácono Felipe, como Bernabé, hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe.

El Espíritu está vivo y suelto: los discípulos sienten su acción, perciben claramente que les habla, siguen sus avisos y pasan de una aventura de fe a otra y a otra… La Palabra no está encadenada.

Pedro sale de Jerusalén, visita las comunidades, hace milagros porque vive en sintonía con el celo de Cristo manifestado ahora por el Espíritu. Oro y plata no tengo, pero te doy lo que tengo, la fe en Cristo: en su nombre levántate y anda; se levantó y glorificaba a Dios.

La presencia del Espíritu es tan real y perceptible para la primera comunidad como lo era la humanidad de Cristo cuando caminaba por Palestina. Casi podríamos decir que el Espíritu tiene más influencia, más fuerza persuasiva que el mismo Jesús en carne mortal.

El Espíritu es el testigo interior. Él se junta a nuestro espíritu hasta confundirse. Dirá san Pablo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, es el Espíritu de Cristo quien vive en mí, quien me inspira, me mueve, me consuela, me dirige, me confirma en todo lo que siento y hago, me plenifica, me hace feliz en Dios.

Qué bueno es el Seño. Cómo no alabarlo… Es digno de toda bendición.

El Espíritu transforma a los discípulos según el modelo del Maestro. Así, Bernabé, persona acogedora, fiel a Dios, descubre la acción de Dios en la comunidad, incluso en los paganos, y se alegra por ello, acoge a los nuevos convertidos, los acompaña, los impulsa a que se sometan a la acción del Espíritu…

Es lo que hace con Pablo: lo acoge, valora la gracia de Dios en él, lo busca, lo inicia en el seguimiento del Señor, le socorre en la integración en la comunidad y en la proclamación del Evangelio.

Admiramos los planes de Dios sobre la comunidad y sobre cuantos creen en Cristo, pues él no hace acepción de personas. Quiere que todos tengan vida, pues son sus hijos. Y lo dispone todo sobre algunas personas “elegidas” por él para ser sus testigos, como Pablo. Nada es casual. Nada es desperdiciable.

De esta manera, según los Hechos de los Apóstoles, Dios va cumpliendo sus designios de salvación acompañando a los apóstoles, a la primitiva comunidad, a judíos y gestiles para que experimenten el poder de Dios.

Han llegado los últimos tiempos. Es la hora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas; ahora todos serán enseñados por el Señor; ellos serán su pueblo, y el Señor será su Dios; y lo verán todas las naciones.

Está brotando el desierto, lo imposible se hace posible. Dichosos los que oyen. Dios está actuando con todo su poder, porque Dios es Dios. Está abriendo nuestra mente para que todos entendamos, por fin.

Nos asegura: Yo no soy como los humanos. Yo lo digo y pongo por obra. Está brotando, se siente… ¿Es que no lo notáis?

Oremos: Ah, Señor, ten paciencia conmigo. Habla, Señor, que tu siervo escucha. No pases de largo. Quédate con nosotros, pues atardece. Alabado seas, Señor, en tus santos designios. Amén.



Maná y Vivencias Pascuales (10a), 25.4.17

abril 25, 2017

25 de Abril

San Marcos, evangelista

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San Marcos

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Antífona de entrada: Mc 16, 15

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. Aleluya.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos fielmente las huellas de Cristo. Él, que vive y reina contigo.


PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 5, 5b-14

Queridos hermanos:
Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.

Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén.

Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella.

Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno.

Paz a todos vosotros, los cristianos.

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SALMO 88, 2-3. 6-7. 16-17

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad»

El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles. ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.


Aclamación antes del Evangelio: 1Co 1, 23-24

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.


EVANGELIO: Marcos 16, 15-20 – “Proclamad el Evangelio a toda la creación”

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:

-«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos»

Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.


Antífona de comunión: Mt 28, 20

Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo -dice el Señor-. Aleluya.


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SAN MARCOS, EVANGELISTA

Primo de Bernabé, acompañó a san Pablo en su primer viaje; también le acompañó en Roma. Fue discípulo de san Pedro e intérprete del mismo en su evangelio. Se le atribuye la fundación de la Iglesia de Alejandría.

LA PREDICACIÓN DE LA VERDAD
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre todopoderoso, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen; y en un solo Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó por nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, que por los profeta­s anunció los planes de Dios, el advenimiento de Cristo, su nacimiento de la Virgen, su pasión, su resurrección de entre los muertos, su ascensión corporal a los cielos, su venida de los cielos, en la gloria del Padre, para recapitu­lar todas las cosas y resucitar a todo el linaje humano, ­a fin de que ante Cristo Jesús, nuestro Señor, Dios y Salvador y Rey, por voluntad del Padre invisible, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame a quien hará justo juicio en todas las cosas.

La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Pues, aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.

Las Iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los iberos o de los celtas, de Oriente, Egipto o Libia o del centro del mundo. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren llegar al conocimiento de la verdad.

En las Iglesias no dirán cosas distintas los que son buenos oradores, entre los dirigentes de la comunidad (pues nadie está por encima del Maestro), ni la escasa oratoria de otros debilitará la fuerza de la tradición, pues siendo la fe una y la misma, ni la amplía el que habla mucho ni la disminuye el que habla poco.


Maná y Vivencias Pascuales (10b), 25.4.17

abril 25, 2017

Martes de la 2ª semana de Pascua


Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre



TEMA:

Cuando Cristo se entrega a sí mismo hasta la muerte y muerte de cruz es “elevado” y se le concede todo poder; es constituido Señor y Salvador.

A su vez, cuando el creyente nace de “lo alto” recibe el Espíritu del Resucitado que le capacita para crear la nueva comunidad con sus hermanos y para anunciar la victoria de Cristo con valentía.


ORACIÓN COLECTA: Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Apocalipsis 19, 7.6

Alegrémonos, regocigjémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.


PRIMERA LECTURA: Hechos: 4, 32-37 – “Los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo”.

La asamblea de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo lo tenían en común. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho poder; y Dios les daba su gracia abundantemente.

No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que tenían campos o casas los vendían y entregaban el dinero a los apóstoles, quienes repartían a cada uno según sus necesidades.

Así lo hizo José, llamado por los apóstoles Bernabé (que quiere decir “nuestro permanente consuelo), levita, nacido en Chipre, quien vendió el campo que tenía y entregó el dinero a los apóstoles.

SALMO 92, 1ab. 1c. 2-5

El Señor reina vestido de grandeza.

¡Reina el Señor! Se viste de grandeza; el Señor, de poder va revestido, y del mismo se ha hecho un cinturón.Desde el principio fijaste ya tu trono; tú existes desde siempre.

Desatan los ríos, Señor, desatan sus clamores, desatan sus fragores, pero más que las aguas tumultuosas, más grande que las olas de los mares, es grandioso el Señor en las alturas.

Tus mandatos, Señor, son inmutables; la Santidad es propia de tu casa, oh Señor, por los siglos de los siglos.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 3, 15

El Hijo del hombre debe ser levantado en la cruz, para que los que creen en él tengan vida eterna. Aleluya.


EVANGELIO: Juan 3, 11-15 – Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre”.

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Te lo aseguro: de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.


ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Lucas 24, 46.26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así, entrara luego en su gloria. Aleluya.

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Del tratado de san Fulgencio de Ruspe, obispo,
sobre la regla de la verdadera fe a Pedro

Él mismo se ofreció a nosotros

En los sacrificios de víctimas carnales que la Santa Trinidad, que es el mismo Dios del Antiguo y Nuevo Testamento, había exigido que le fueran ofrecidos por nuestros padres, se significaba ya el don gratísimo de aquel sacrificio con el que el Hijo único de Dios, hecho hombre, había de inmolarse a sí mismo misericordiosamente por nosotros.

Pues, según la doctrina apostólica, se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Él, como Dios verdadero y verdadero sumo sacerdote que era, penetró por nosotros una sola vez en el santuario, no con la sangre de los becerros y los machos cabríos, sino con la suya propia. Esto era precisamente lo que significaba aquel sumo sacerdote que entraba cada año con la sangre en el santuario.

Él es quien, en sí mismo, poseía todo lo que era necesario para que se efectuara nuestra redención, es decir, él mismo fue el sacerdote y el sacrificio, él mismo fue Dios y templo: el sacerdote por cuyo medio nos reconciliamos, el sacrificio que nos reconcilia, el templo en el que nos reconciliamos, el Dios con quien nos hemos reconciliado.

Como sacerdote, sacrificio y templo, actuó solo, porque aunque era Dios quien realizaba estas cosas, no obstante las realizaba en su forma de siervo; en cambio, en lo que realizó como Dios, en la forma de Dios, lo realizó conjuntamente con el Padre y el Espíritu Santo.

Ten, pues, por absolutamente seguro, y no dudes en modo alguno, que el mismo Dios unigénito, Verbo hecho carne, se ofreció a Dios como oblación y víctima de suave olor, el mismo en cuyo honor, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, los patriarcas, profetas y sacerdotes ofrecían, en tiempos del Antiguo Testamento, sacrificios de animales; y a quien ahora, o sea, en el tiempo del Testamento Nuevo, en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, con quienes comparte la misma y única divinidad, la santa Iglesia Católica no deja de ofrecer, por todo el universo de la tierra, el sacrificio del pan y el vino, con fe y caridad.

Así, pues, en aquellas víctimas carnales se significaba la carne y la sangre de Cristo; la carne que él mismo, sin pecado como se hallaba, había de ofrecer por nuestros pecados, y la sangre que había de derramar en remisión también de nuestros pecados; en cambio, en este sacrificio se trata de la acción de gracias y del memorial de la carne de Cristo, que él ofreció por nosotros, y de la sangre, que, siendo como era Dios, derramó por nosotros.

Sobre esto afirma el bienaventurado Pablo en los Hechos de los Apóstoles: Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.

Por tanto, aquellos sacrificios eran figura y signo de lo que se nos daría en el futuro; en este sacrificio, en cambio, se nos muestra de modo evidente lo que ya nos ha sido dado.

En aquellos sacrificios se anunciaba de antemano al Hijo de Dios, que había de morir a manos de los impíos en este sacrificio, en cambio, se le anuncia ya muerto por ellos, como atestigua el Apóstol al decir: Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; y añade: Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo (Cap. 22, 62: CCL 91 A, 726. 750-751).

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LAS MUJERES Y LA FE EN LA RESURRECCIÓN, según el Papa Benedicto

Ciudad del Vaticano, 9 de abril de 2012 (VIS).-

Benedicto XVI… rezó a mediodía el Regina Coeli, la oración que sustituye al Ángelus durante el tiempo pascual…

“El hecho de la resurrección, en sí mismo, no lo describen los evangelistas: permanece misterioso, no en el sentido de menos real, sino de escondido, de algo que está más allá de nuestro conocimiento: como una luz tan fuerte que no se puede mirar, porque nos quedaríamos ciegos. Los relatos comienzan, en cambio, al alba del día siguiente al sábado, cuando las mujeres fueron al sepulcro y lo encontraron abierto y vacío (…)

Después de escuchar al ángel que les da la noticia de la resurrección, las mujeres, llenas de temor y alegría, se encontraron con Jesús, se postraron a sus pies y lo adoraron; y Él les dijo: ‘No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán’”.

“En todos los evangelios -comentó el Santo Padre- las mujeres ocupan un gran espacio en los relatos de las apariciones de Jesús resucitado como, por otra parte, en los de su pasión y su muerte.

En aquellos tiempos, en Israel, el testimonio de las mujeres no podía tener valor oficial, jurídico, pero las mujeres tuvieron unos lazos especiales con el Señor, lo que constituye una experiencia fundamental para la vida concreta de la comunidad cristiana, y esto siempre, en cualquier época, no solamente al principio del camino de la Iglesia”.

El Papa concluyó recordando que el modelo de esta relación con Jesús, sobre todo en el misterio pascual, fue María, la Madre del Señor.

“A través de la experiencia transformadora de la Pascua de su Hijo, la Virgen María, se convierte también en Madre de la Iglesia, es decir de cada uno de los creyentes y de toda la comunidad”



Papa Francisco: La fe se basa en hechos concretos, no en teorías

abril 24, 2017

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El Papa Francisco predica en la misa celebrada en Santa Marta

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Papa Francisco: La fe se basa en hechos concretos, no en teorías

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 24 Abr. 17 / 04:14 am (ACI).- El Papa Francisco retomó la Misa de la mañana en la capilla de la residencia Santa Marta y explicó que la fe se sostiene sobre hechos concretos, como que Dios se hizo carne.

Para su homilía, tomó el relato del encuentro de Nicodemo con Jesús y el testimonio de Pedro y Juan después de la curación del lisiado. Esto es “un hecho concreto”, “lo concreto de la fe” en contraposición a los doctores de la ley que “quieren negociar para llegar a compromisos”, explicó.

 

Sin embargo, Pedro y Juan “tienen el coraje, tienen la franqueza, la franqueza del Espíritu” que “significa hablar abiertamente, con valentía, la verdad sin compromisos”.

“A veces olvidamos que nuestra fe es concreta: el Verbo se ha hecho carne, no se ha hecho idea: se ha hecho carne. Y cuando recitamos el Credo, decimos todos cosas concretas: ‘Creo en Dios Padre, que ha hecho el cielo y la tierra, creo en Jesucristo que ha nacido, que ha muerto…’ son todo cosas concretas”.

Por eso el Credo no dice ‘creo que debo hacer esto, que tengo que hacer esto otro, que tengo que hacer esto o que las cosas son por esto…’ ¡no! Son cosas concretas. La concreción de la fe que lleva a la franqueza, al testimonio hasta el martirio, que está contra los compromisos o la idealización de la fe”.

Francisco reconoció que a veces la Iglesia ha caído también en una “teología del ‘sí se puede’ o del ‘no se puede”. Y para estos doctores de la ley, el Verbo “no se ha hecho carne, sino que se ha hecho ley: y se debe hacer esto hasta aquí y no más allá”.

“Y así estaban atrapados en esta mentalidad racionalista, que no ha terminado con ellos, ¿eh?, porque en la historia de la Iglesia muchas veces –la Iglesia misma que ha condenado el racionalismo, el iluminismo– después tantas veces ha caído en una teología del ‘sí se puede y no se puede’, ‘hasta aquí, hasta ahí’, y ha olvidado la fuerza, la libertad del Espíritu, este renacer del Espíritu que te da la libertad, la franqueza de la predicación, el anuncio de que Jesucristo es el Señor”.

Por tanto, “pidamos al Señor esta experiencia del Espíritu que va y viene y nos lleva adelante, del Espíritu que nos da la unción de la fe, la unción de la concreción de la fe”.

“El viento sopla donde quiere y escuchas su sonido, pero no sabes de dónde viene y a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu: siente su voz, sigue el viento, sigue la voz del Espíritu sin saber dónde terminará, porque ha tomado opción por la concreción de la fe y el renacer en el Espíritu”, manifestó el Papa.

“Que el Señor –pidió para concluir– nos dé a todos este Espíritu pascual, de ir sobre los caminos del Espíritu sin compromisos, sin rigidez, sino con la libertad de anunciar a Jesucristo como Él ha venido: haciéndose carne”.

 


Papa Francisco en Divina Misericordia: El fundamento de nuestra fe es el perdón

abril 24, 2017

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Una imagen de la Divina Misericordia en la Plaza de San Pedro.

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Papa Francisco en Divina Misericordia: El fundamento de nuestra fe es el perdón

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 23 Abr. 17 / 05:12 am (ACI).- El Papa Francisco presidió el Regina Coeli desde la ventana del estudio pontificio y recordó que hoy se celebra el día de la Divina Misericordia que es la “piedra angular” de la fe y es un instrumento contra la violencia y el rencor.

“La misericordia abre la puerta de la mente para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal. Hace entender que la violencia, el rencor y la venganza no tienen ningún sentido, y la primera víctima es quien vive de estos sentimientos porque se priva de la propia dignidad”.

Francisco explicó que “cada domingo hacemos memoria de la resurrección del Señor Jesús, pero en este tiempo después de Pascua el domingo se viste de un significado todavía más luminoso”.

“No olvidemos nunca que la misericordia es la piedra angular en la vida de la fe, y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús”.

El Pontífice señaló que la misión de la Iglesia es “llevar el anuncio concreto del perdón” y este signo “lleva consigo la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado con el Señor”.

Francisco recordó que “en el Jubileo del año 2000, San Juan Pablo II estableció que este domingo fuese dedicado a la Divina Misericordia” lo que fue “¡una hermosa intuición!”.

“La misericordia abre también la puerta del corazón y le permite expresar la cercanía, sobre todo con los que están solos y son marginados, porque allí le hace sentir hermanos e hijos de un solo Padre”.

El Papa añadió que la misericordia “calienta el corazón o lo hace más sensible a la necesidad de los hermanos con el compartir y la participación”. En definitiva, hace a todos “instrumentos de justicia, reconciliación y de paz”.

“En la tradición de la Iglesia, este domingo se llamaba ‘in albis’ y hacía referencia al rito que realizaban los que habían recibido el bautismo en la Vigilia de Pascua”. “A cada uno de ellos le era entregada una vestidura blanca –alba– para indicar la nueva dignidad de los hijos de Dios”.

“Y todavía hoy –continuó– a los recién nacidos se les da una pequeña vestidura simbólica, mientras los adultos se ponen una verdadera. Esa vestidura blanca, en el pasado, se llevaba durante una semana, hasta el domingo in albis, cuando los neófitos iniciaban su nueva vida en Cristo y en la Iglesia”.

“Este domingo nos invita a retomar con fuerza la gracia que proviene de la misericordia de Dios”, subrayó al hablar de nuevo de la misericordia.

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VIDEO: Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia http://bit.ly/1nwnfir


Maná y Vivencias Pascuales (9), 24.4.17

abril 24, 2017

Lunes de la 2ª semana de Pascua

El día 24 de abril, en la familia agustino-recoleta, Fiesta de la Conversión de nuestro padre San Agustín. 

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Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

Tenéis que nacer de nuevo, de arriba

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TEMA CENTRAL: El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre, aumenta en nuestros corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por nuestro Señor Jesucristo.


ANTÍFONA DE ENTRADA: Romanos 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.


PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 23-31

En aquellos días, puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los Jefes de los sacerdotes y los Ancianos.

Cuando lo oyeron, todos a una voz oraron a Dios diciendo: “Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. Tú por el Espíritu Santo pusiste en boca de David, tu siervo, estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos traman planes vanos? Los reyes de la tierra se reúnen y los jefes se unen en alianza contra el Señor y contra su Mesías.

Porque verdaderamente en esta ciudad se unieron Herodes y Poncio Pilato con las naciones y la muchedumbre de Israel contra Jesús, tu santo siervo, a quien ungiste; realizando así lo que en tu poder y sabiduría habías dispuesto en tus planes.

Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu palabra con toda valentía. Manifiesta tu poder, realizando curaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús”.

Cuando terminaron su oración tembló el lugar donde estaban reunidos y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la palabra de Dios.

SALMO 2, 1-3. 4-6. 7-9

¿Para qué meten ruido las naciones, y los pueblos se quejan sin motivo? Se levantan los reyes de la tierra, y sus jefes conspiran en contra del Señor y su elegido. ¡Vamos, rompamos sus cadenas y su yugo quebremos!

Aquel que es rey del cielo sonríe, mi Dios se burla de ellos. Luego les habla con enojo, y los asusta con su rabia: “Ya tengo consagrado yo a mi rey en Sión, mi monte santo”.

Anunciaré el decreto del Señor pues él me ha dicho: “Tú eres hijo mío; hoy te he dado a la vida. Pídeme y serán tu herencia las naciones, tu propiedad los confines de la tierra. Las podrás aplastar con vara de hierro y romperlas como cántaro de greda”.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Colosenses 3, 1

Así pues, si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha de Dios; piensen en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Aleluya.

Nota: A partir de hoy, durante todo el tiempo pascual, se proclamará el evangelio de san Juan. Todos los días, exceptuando algunos evangelios de los domingos. A los interesados me atrevería a recomendarles el comentario del P. Secundino Castro Sánchez, ocd., profesor de la Universidad Pontificia Comillas: Evangelio de Juan. DDB, 2008.

EVANGELIO: Juan 3, 1-8

Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Éste fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Rabbí, nosotros sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él”.

Jesús le contestó: “En verdad te digo, nadie puede ver el reino Dios si no nace de nuevo, de arriba”. Nicodemo le dijo: “¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre para nacer de nuevo?”

Jesús le contestó: “En verdad te digo; el que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu.

No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo, de arriba. El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido; pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu”.


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ESTIMADO HERMANO, APRECIADA HERMANA,

tómate un tiempo hoy para orar el mensaje precedente: Hay que nacer de nuevo. En efecto, gracias al bautismo hemos nacido de arriba: Desde entonces somos una nueva criatura en Cristo.

El Padre nos ha recreado en Cristo, el nuevo Adán, por el poder del Espíritu creador y vivificador. Somos, por tanto, una creación nueva en Cristo, para alabanza de su gloria. Nos ha hecho hijos suyos, nos ha marcado en la frente; ya no podemos pecar.

Somos nación santa, pueblo de su propiedad, pueblo sacerdotal. Tenemos que ser sal de la tierra y luz del mundo. Nada más, pero tampoco nada menos que eso. Porque así lo dispuso Dios.

¿Qué podemos hacer para que se cumplan los planes de Dios manifestados en Cristo en los últimos tiempos?

Sencillamente creer en Cristo y dejar actuar a Dios en nosotros. Ofrecerle nuestro barro para que él lo moldee, entregarle nuestra vasija para que la rompa si es necesario y la haga nueva. Dejarnos empapar del agua viva como tierra reseca que recibe agradecida la lluvia del Espíritu.

¿Qué más?

Disponernos para ver las obras que Dios quiere realizar en nosotros, y bendecirlo por los prodigios que ha hecho, por los que hace y por lo que hará. El gozo en Dios y la alabanza a su gloria serán nuestra fortaleza. Vino nuevo, en odres nuevos. Debemos permanecer en la espera contemplativa de Dios para ver cómo el desierto se transforma en vergel.

¿No lo notáis? Mirad que hago nuevas todas las cosas.

Ven, Señor Jesús. Ven, Espíritu divino, padre amoroso del pobre; ven, en tus dones espléndido. Mira nuestra poquedad si tú nos dejas. Ven, dulce huésped del alma. Ven, y habita en nosotros. Amén. Aleluya.

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De los sermones de san Agustín, obispo
Cantemos al Señor el cántico del amor

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Se nos ha exhortado a cantar al Señor un cántico nuevo. El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. Cantar es expresión de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de amor.

De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico nuevo. De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida nueva.

El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo, porque pertenece al Testamento nuevo.

Todo hombre ama; nadie hay que no ame; pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a que elijamos lo que hemos de amar. ¿Pero, cómo vamos a elegir si no somos primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero?

Oíd al apóstol Juan: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Trata de averiguar de dónde le viene al hombre poder amar a Dios, y no encuentras otra razón sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle.

Escuchad al apóstol Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de Dios, dice, ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues ¿de quién? Del Espíritu Santo que se nos ha dado.

Por tanto, teniendo una gran confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado. Oíd a Juan que dice más claramente aún: Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. No basta con decir: El amor es de Dios. ¿Quién de vosotros sería capaz de decir: Dios es amor? Y lo dijo quien sabía lo que se traía entre manos.

Dios se nos ofrece como objeto total y nos dice: “Amadme, y me poseeréis, porque no os será posible amarme si antes no me poseéis”.

¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los regenerados y nacidos en Cristo! Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico nuevo. “Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí cantáis. Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta.

Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: Cantad al Señor un cántico nuevo. ¿Preguntáis qué es lo que vais a cantar de aquel a quién amáis? Porque sin duda queréis cantar en honor de aquel a quien amáis; preguntáis qué alabanzas vais a cantar de él. Ya lo habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo.

¿Preguntáis qué alabanzas debéis cantar? Resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. La alabanza del canto reside en el mismo cantor.

¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente.

(Sermón 34, 1-3, 5-6: CCL 41, 424-426)