El maná de cada día, 1.7.12

junio 30, 2012

 

Domingo XIII del Tiempo Ordinario – Ciclo B

 

Hija, tu fe te ha curado


PRIMERA LECTURA: Sabiduría 1, 13-15;2,23-24

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.


SALMO 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

SEGUNDA LECTURA: 2 Corintios 8, 7.9.13-15

Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»


EVANGELIO: Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»

Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda, su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.

Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio le la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»

Los discípulos le contestaron: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿quién me ha tocado?”»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.

Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.
Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).»
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.



LA IGLESIA DE LA GENTILIDAD

San Agustín (Sermón 63 A, 2-3)

Por lo que hemos dicho, hermanos amadísimos, seamos miembros de aquella de quien era figura la hemorroísa. Decimos que era figura de la Iglesia de los gentiles, pues el Señor iba a resucitar a la hija del jefe de la sinagoga. La hija del jefe de la sinagoga simboliza al pueblo judío. Según sus propias palabras, el Señor no vino más que al pueblo judío: No he sido enviado más que a las ovejas que perecieron de la casa de Israel (Mi 15, 24). Vino él como a la hija del jefe de la sinagoga.

Entonces, viniendo de no sé dónde, se interpuso aquella mujer, desconocida, porque ignoraba, y tocó al Señor con fe diciendo: Si tocare la orla de su vestido quedaré sana. La tocó y fue sanada. Sufría una enfermedad detestable: flujo de sangre. Todos aborrecen tanto el oírlo como el padecerlo. Aborrecen el flujo de sangre en el cuerpo; no lo sufran, por tanto, en el corazón. La enfermedad ha de evitarse con mayor motivo en el corazón. Ignoro de qué manera se alejó de ella la maldad del alma, pasando a la morada que habita. El señor, es decir, el alma, quiere que se cure su flujo corporal, o sea, su cuerpo, en vez de preferir que sea curado quien habita la casa, es decir, ella misma.

¿Quién saca provecho de una casa de mármol y artesonados, si el padre de familia no está sano? ¿Qué he dicho? ¿De qué sirve un cuerpo sano e incólume donde está enferma el alma que es quien habita el cuerpo? Traspasado al alma, el flujo de la sangre es la lujuria. Como los avaros son semejantes a los hidrópicos -tienen ansias de beber-, así los pródigos son semejantes al flujo de sangre. Los avaros, en efecto, se fatigan apeteciendo; los pródigos gastando. Allí hay apetito, aquí hay flujo; pero ambas cosas matan.

Es necesario recurrir al médico que vino a sanar las enfermedades de las almas. Por esto mismo quiso sanar las enfermedades de los cuerpos: para manifestarse como salvador del alma, porque de ambas cosas es creador. En efecto, él es creador del alma igual que del cuerpo. Quiso, por tanto, llamar la atención del alma, para que sanase interiormente, por ese motivo curó el cuerpo: en el cuerpo se significaba el alma, de manera que lo que ésta veía que Jesús obraba exteriormente, había de desear que lo obrase interiormente.

¿Cuál fue la obra de Dios? Curó el flujo de sangre, curó al leproso, curó al paralítico. Todas son enfermedades del alma. La cojera y la ceguera: pues todo el que no camina de forma recta por el camino de la vida, cojea. Es ciego asimismo quien no confía en Dios. El pródigo padece flujo de sangre, y todo el que es inconstante y mendaz tiene manchas de lepra. Es necesario que lo sane por dentro aquel que sanó exteriormente, para que se desee la sanación interior.

Esta mujer, pues, padecía flujo de sangre y quedó curada de la enfermedad de la carne por la que perdía todas sus fuerzas. Del mismo modo el alma gasta todas sus energías, buscando los deseos carnales. Esta mujer consumió en médicos todos sus haberes, según está escrito. De idéntica manera, la desdichada iglesia de los gentiles, buscando la felicidad, buscando poseer más fuerzas o buscando la medicina, ¿cuánto no había gastado en falsos médicos: astrólogos, echadores de suertes, poseídos del espíritu maligno y adivinos de los templos?

Todos prometen la salud, pero no pueden otorgarla. Ni ellos la tienen para poder darla. Había gastado toda su fortuna y no había curado. Dijo para sí: «Tocaré su orla». La tocó y quedó curada. Investiguemos qué es la orla del vestido. Esté atenta vuestra caridad. En el vestido del Señor están significados los apóstoles, adheridos a él. Averiguad qué apóstol fue enviado a los gentiles. Hallaréis que el enviado fue el apóstol Pablo, pues la mayor parte de su actividad la constituyó el apostolado entre los gentiles.

Por tanto, la orla del vestido es el apóstol Pablo, el enviado a ellos, porque él fue el último de los apóstoles. ¿No es la orla del vestido lo último y lo más bajo? Una y otra cosa dice de sí el Apóstol: Yo soy el último de los apóstoles (1 Cor 15, 8) y Soy el menor de los apóstoles (1 Cor 15, 9). Es el último, el menor. Tal es la orla del vestido.

Y la Iglesia de los gentiles, al igual que la mujer que tocó la orla, padecía flujo de sangre. La tocó y quedó sana. Toquemos también nosotros, es decir, creamos para poder ser sanados.


El maná de cada día, 30.6.12

junio 30, 2012

Sábado de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.



PRIMERA LECTURA: Lamentaciones 2,2.10-14.18-19

El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá; derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza. Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas; se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la capital de mi pueblo; muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad. Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.

¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén? ¿A quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella? Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.

Grita con toda el alma al Señor, laméntate, Sión; derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche; no te concedas reposo, no descansen tus ojos. Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas.


SALMO 73

No olvides sin remedio la vida de tus pobres.

¿Por qué, oh Dios, nos tienes siempre abandonados, y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño? Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo, de la tribu que rescataste para posesión tuya, del monte Sión donde pusiste tu morada.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio; el enemigo ha arrasado del todo el santuario. Rugían los agresores en medio de tu asamblea, levantaron sus propios estandartes.

En la entrada superior abatieron a hachazos el entramado; después, con martillos y mazas, destrozaron todas las esculturas. Prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país están llenos de violencias. Que el humilde no se marche defraudado, que pobres y afligidos alaben tu nombre.


EVANGELIO: Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»

Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»

Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

Y al centurión le dijo: «Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.» Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»


Desafíos de la evangelización: secularismo y dificultad de inculturación

junio 29, 2012

Mons. Savio Hon Tai Fai

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Entrevista con monseñor Savio Hon Tai Fai, secretario de Propaganda Fide


ROMA, martes 26 junio 2012 (ZENIT.org).- El secularismo que quiere dejar de lado a Dios y la dificultad de inculturación son los dos grandes desafíos de la evangelización. Es una suerte tener un papa como Benedicto XVI que nos explica la fe en términos simples y nos invita a vivir en comunión con la Iglesia. Incluso si Roma está lejos de China, sus palabras son bien recibidas por los fieles, a pesar de que allí existe persecución religiosa. La interiorización de la fe en las vocaciones ha crecido y esto es importante para liberar a los ministros de Dios de los diversos condicionamientos.

Lo indicó en una entrevista con ZENIT el secretario de Propaganda Fide, Savio Hon Tai Fai, obispo salesiano de Hong Kong, actualmente en el Vaticano, tras la ordenación de diez diáconos en la iglesia del Sagrado Corazón de Roma.

¿Cuáles son los desafíos de la evangelización de los pueblos en un mundo globalizado?

–Mons. Savio Hon: El creciente fenómeno de la globalización tiene dos desafíos muy claros: el secularismo que llega incluso en los países menos preparados para enfrentarlo. El secularismo es un sistema de vida que intenta poner de lado la dimensión trascendental, la dimensión de Dios.

El segundo desafío es el de la inculturación: la fe tiene que unirse siempre con la vida cotidiana del pueblo y sobre esto existen grandes dificultades.

Pero también hay grandes posibilidades, pues la globalización facilita los viajes, los contactos y la comunicación. Ahora es posible tener más intercambio en cualquier parte del mundo.

¿Qué significa el testimonio que da el Papa para quien vive lejos y conoce la fe, pero también para quien no la conoce?

–Mons. Savio Hon: El santo padre tiene un rol muy especial pues es el sucesor de Pedro, la roca que el Señor eligió y sobre la cual el mismo Jesucristo edifica su Iglesia. No importa cuál sea el papa, pero se sabe que el papa está y que es el sucesor de san Pedro y esto es muy importante.

¿Y con Benedicto XVI en particular?

–Mons. Savio Hon: Tenemos mucha suerte de contar con este santo padre, con un largo servicio en la Santa Sede. Y si bien vemos que es anciano lo que le produce limitaciones humanas, él hace un servicio fabuloso al explicitar en términos simples la fe y a invitar a la gente a entrar en comunión.

Para nosotros quizás que lo oímos o vemos con una cierta frecuencia quizás es más fácil. ¿Pero qué sucede cuando alguien vive en un país lejano?

–Mons. Savio Hon: Yo vengo desde China y allí la Iglesia tiene una dificultad propia y un camino que no es fácil de recorrer, especialmente si hablamos de libertad religiosa.

El santo padre es el jefe de la Iglesia y por ello los fieles en China lo aceptan con mucho gusto y lo reconocen. Existe en cambio una dificultad de tipo político. E incluso si estamos lejos de Roma sentimos mucho la cercanía del santo padre cuando nos envía sus mensajes, especialmente por su atención particular por la Iglesia en nuestro país. No es porque está lejos que no se le siente

¿Hoy las vocaciones religiosas respecto al pasado cómo son, quizás más auténticas?

–Mons. Savio Hon: No tengo los elementos para dar un juicio sobre el pasado, entretanto hoy en el mundo, especialmente después del Concilio Vaticano II la interiorización de la fe es muy acentuada, particularmente en la formación de los futuros sacerdotes. La interiorización es muy importante porque abre espacio a la libertad, porque permite tener la menor cantidad de condicionamientos posibles. Veo también que en los lugares más pobres esta interiorización, es muy acentuada.

Usted, que es salesiano y se ocupa de la evangelización de los pueblos, ¿cómo ve hoy el carisma de don Bosco?

–Mons. Savio Hon: El había soñado un poco también con China, y veo que el carisma de Don Bosco tiene una frescura increíble, en su modo de relacionarse con los jóvenes, con la familia, ese optimismo y actividad. Se resume todo en esta frase: “Se puede hacer todo excepto pecar”. Es verdaderamente un padre que atrae y toca el corazón de los jóvenes.


El maná de cada día, 29.6.12

junio 29, 2012

San Pedro y san Pablo, apóstoles

San Pedro y San Pablo (El Greco)


PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate.»

Las cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias.»

Obedeció y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme.»

Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel.

Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.»

SALMO 33, 2-3.4-5.6-7.8-9

El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él.


SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 4, 6-8.17-18

Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


EVANGELIO: Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»
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SI ES SÓLO UN HOMBRE Y NADA MÁS, NO ES JESUCRISTO

San Agustín (Sermón 183, 3-4)

¿Quién es Cristo? Preguntémoselo al bienaventurado Pedro. Cuando se leyó ahora el evangelio, oísteis que, habiendo preguntado el mismo Señor Jesucristo quién decían los hombres que era él, el Hijo del hombre, los discípulos respondieron presentando las opiniones de la gente: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.

Quienes esto decían o dicen no han visto en Jesucristo más que un hombre. Y si no han visto en Jesucristo más que un hombre, no hay duda de que no han conocido a Jesucristo. En efecto, si sólo es un hombre y nada más, no es Jesucristo. Vosotros, pues, ¿quién decís que soy yo?, les preguntó. Respondió Pedro, uno por todos, porque en todos está la unidad: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,13-16).

Aquí tienes la confesión verdadera y plena. Debes unir una y otra cosa: lo que Cristo dijo de sí y lo que Pedro dijo de Cristo. ¿Qué dijo Cristo de si? ¿Quién dicen los hombres que soy yo, el Hijo del hombre? Y ¿qué dice Pedro de Cristo? Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo. Une las dos cosas y así viene Cristo en la carne.

Cristo afirma de sí lo menor, y Pedro de Cristo lo mayor. La humildad habla de la verdad, y la verdad de la humildad; es decir, la humildad de la verdad de Dios, y la verdad de la humildad del hombre. ¿Quién -pregunta-dicen los hombres que soy yo, el Hijo del hombre? Yo os digo lo que me hice por vosotros; di tú, Pedro, quién es el que os hizo. Por tanto, quien confiesa que Cristo vino en la carne, automáticamente confiesa que el Hijo de Dios vino en la carne.

Diga ahora el arriano si confiesa que Cristo vino en la carne. Si confiesa que el Hijo de Dios vino en la carne, entonces confiesa que Cristo vino en la carne. Si niega que Cristo es hijo de Dios, desconoce a Cristo; confunde a una persona con otra, no habla de la misma. ¿Qué es, pues, el Hijo de Dios? Como antes preguntábamos qué era Cristo y escuchamos que era el Hijo de Dios, preguntemos ahora qué es el Hijo de Dios. He aquí el Hijo de Dios: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba en Dios y la Palabra era Dios.



Desafíos de la Vida Religiosa a la Nueva Evangelización

junio 28, 2012

Hno. Emili Turú Rofes


Entrevista al superior general de los Hermanos Maristas


Por José Antonio Varela Vidal

ROMA, lunes 25 junio 2012 (ZENIT.org).- Días atrás se presentó en el Vaticano el Instrumentum Laboris para la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos que se celebrará en octubre de este año, y que tendrá como tema principal la Nueva Evangelización. En el documento se hace un énfasis especial sobre el rol que tiene la vida religiosa en este proceso de transmisión de la fe, a la que el santo padre ha convocado a toda la Iglesia.

Con el fin de proseguir con las entrevistas a los superiores generales de las congregaciones religiosas, ZENIT conversó esta vez con el hermano Emili Turú Rofes, sucesor de san Marcelino Champagnat, quien fundara hace casi 200 años la familia de los Hermanos Maristas, cuyo carisma a nivel universal es la educación de niños y jóvenes.

¿Cómo puede seguir aportando la vida religiosa a este llamado de la Nueva Evangelización?

–Hno. Turú: Creo que la vida religiosa va a continuar aportando como ha hecho siempre, porque es fundamental y caracterísitco de su misión: servir y evangelizar. En la vida religiosa nos hemos planteado que la evangelización debe ser siempre nueva. Los que trabajamos con los jóvenes sabemos muy bien que las generaciones cambian y por lo tanto debe haber un aspecto de novedad, ya sea en los planteamientos, en el lenguaje, en la manera de comunicar. Lo que no cambia de ninguna manera es lo esencial, el dejarse evangelizar; en la vida religiosa estamos insistiendo mucho en que debemos ser los primeros en vivir el evangelio y que luego el evangelio se transmita por contagio. Pues cuanto más lo vivamos y más fraternas sean nuestras comunidades, cuanto más llenos estemos de Jesucristo y de su evangelio, seremos más capaces de transmitirlo.

¿Esto cómo se va a reflejar, qué debe cambiar?

–Hno. Turú: Es un proceso continuado de conversión, no es algo que ocurrirá de repente. Nuestro compromiso como religiosos y religiosas es por la radicalidad del evangelio. Hay dos grandes dimensiones que deben acercarse siempre, que son la mística -aquella contemplativa, de profundidad-, y la prófetica, que significa estar en los márgenes, sean estos geográficos, de las culturas, de las religiones, o quizás allí donde peligra la vida; son estos dos polos, el místico y el profético, que siempre hay que equilibrar, aunque no siempre hemos sido capaces de hacerlo…

Lo contrario a la radicalidad es la superficialidad… A veces faltan los testimonios radicales, los ejemplos heroicos de los religiosos…

–Hno. Turú: El peligro de superficialidad es constante y lo es para cualquier cristiano, por lo que la vida religiosa no está lejos de esto. Efectivamente, creo que el peligro de superficialidad hoy en día, tal como está el ritmo de comunicación y las posibilidades que tenemos de dispersión, es un riesgo constante, por lo que la llamada es a la profundización.

A ustedes se les ha considerado siempre como “expertos” en educación dentro y fuera de la Iglesia, ¿cuál es su reflexión y acción por la educación de estos tiempos?

–Hno. Turú: Cada continente tiene una realidad distinta, porque las necesidades y contextos son distintos. En el caso de Europa, sentimos que hay una sed de espiritualidad, hay una búsqueda de sentido, y nos preguntamos cómo podemos dar desde nuestro ámbito educativo una respuesta que pueda abrir las puertas a la trascendencia. En Europa nos encontramos hoy con generaciones que en sus familias no hay educación religiosa, no hay contacto con la parroquia ni nada.

Entonces nuestros ámbitos educativos en muchos casos son el único punto de contacto con algo que tenga que ver con la Iglesia, por lo tanto son espacios privilegiados de evangelización. En algunos casos, será como acompañarlos hasta el lindero, al atrio de la fe; en otros será llevarlos a un descubrimiento de la fe. Y en otros será de evangelización explícita, como por ejemplo a través de una pastoral juvenil organizada, que pueda seguir el acompañamiento personal de los niños y jóvenes; esto tiene futuro, mas allá del ambito escolar, pues se abre a otros momentos y a otras posibilidades.

Muchos políticos y empresarios, tanto de Europa como de América Latina, han salido de colegios católicos y esto seguirá sucediendo… ¿Qué valores se deben subrayar en la formación de las siguientes generaciones, con aquellos que liderarán sus países?

–Hno. Turú: Diría que en primer lugar están los valores que llamamos “humanos”. Lo que nuestro fundador nos decía es que se trata de formar “buenos cristianos y buenos ciudadanos”. Se trata de transmitir valores básicos humanos como la honestidad, la transparencia, la sinceridad y sobre todo la solidaridad, porque nuestra sociedad está muy quebrada y con muchas diferencias, por lo que se trataría de construir puentes de comunicación para que la sociedad sea más igualitaria. Aparte de eso decimos buenos cristianos. En esto no somos los únicos agentes ni todo está en nuestras manos; lo nuestro es sembrar y el crecimiento viene de parte del Espíritu Santo.

Usted como marista propone que la Iglesia asuma un rostro mariano, ¿puede explicarnos esto?

–Hno. Turú: Tanto Juan Pablo II como el actual papa, han hablado en varios momentos de una Iglesia mariana. Y nosotros como instituto mariano hemos adoptado esta idea, lo que significa no sólo una gran devoción o amor a María, sino asumir las actitudes marianas en nuestra propia vida. Somos conscientes que en el ámbito de los jóvenes y en algunos países, la Iglesia no tiene buena prensa y tiene un rostro que no resulta atrayente. Cuando hablamos de un rostro mariano nos referimos a una Iglesia que es cercana, fraterna, una Iglesia que es servidora.

El obispo Tonino Bello usó la imagen de la Iglesia del delantal; este debería ser el único ornamento litúrgico -decía él-, porque fue el único que usó Jesús y lo hizo cuando se puso a lavar los pies. Para nosotros es importante que en ese contacto con los jóvenes, la Iglesia tenga un rostro atrayente, cercano y no lejano, como pueblo de Dios, comunidad de creyentes, una “Iglesia del delantal”.

Muchos casos de pedofilia se dieron en el ámbito educativo décadas atrás, donde los padres confiaron a sus hijos a la Iglesia, ¿cuáles son los pasos que se están dando en la formación de los religiosos para evitar todo esto?

–Hno. Turú: Por nuestra parte, que estamos comprometidos en todo el mundo con niños y jóvenes, hacemos todo lo posible por prevenir. En todos los países donde estamos presentes impulsamos políticas para que las familias tengan la seguridad de que si nos confían la educación de sus niños, el ambiente va a ser seguro y que si hubiera algún tipo de problema, vamos a ser los primeros en responder y de manera adecuada. También estamos apoyando para que no se den situaciones de abuso en ningún ámbito, ni siquiera en las familias, y si así fuera, ayudar a las víctimas en los procesos, en el apoyo personal.

En cuanto a los religiosos, me parece importante ofrecer una adecuada educación a nivel afectivo y sexual, de manera que ellos, que han hecho compromiso de celibato y castidad, sean capaces de comprender sus propias pulsiones y respetarse a sí mismos y a los demás. Y, por otra parte, disponer de un apropiado proceso de selección, estar atentos a situaciones patológicas que mostrarían inhabilidad para estar en contacto con niños y jóvenes.

Hay otro desafío educativo, que es la formación de los niños en un mundo digital, ¿verdad?

–Hno. Turú: Es un desafío enorme, y además va a tal velocidad que me temo que no tengamos la capacidad de respuesta suficiente. Lo considero un tema importante, es decir ¿qué tipo de persona está creando esta cultura digital? No lo digo como algo negativo, sino que algo está cambiando allí y está creando otra manera de relacionarse, de contactar la realidad, otra lógica. No podemos continuar como siempre cuando todo esto ha cambiado; es un reto enorme y va a exigir mucha capacidad de respuesta nuestra para ponernos a la altura de lo que se nos pide, ya que esta progresión va a una velocidad increible.

¿Cómo está la congregación en el mundo, su extensión actual?

–Hno. Turú: Estamos en los 5 continentes, en 79 países. Atendemos a unos 600.000 jóvenes en todos los ámbitos, sean estos de educación formal, desde infantil a universitaria; también en la educación no formal, o en centros sociales. Somos unos 36.000 educadores, de los cuales los hermanos somos un 10% aproximadamente. Tenemos un florecimiento de vocaciones en algunos países de África y América Latina, en las islas del Pacífico y en algunas partes de Asia.

¿Tienen planes de nuevas fundaciones o extensiones?

–Hno. Turú: Estas decisiones se toman más bien a nivel de Provincias, pero como Instituto lanzamos hace 5 años un nuevo proyecto en Asia, invitando a voluntarios de todo el mundo para abrir obras en nuevos países y responder al llamado de la Iglesia en Asia como un continente de esperanza. Ahora mismo hay 50 personas en 6 nuevos países y comienzan a surgir también las vocaciones locales. Esto fue una iniciativa audaz que creo que ha dado mucha vitalidad a la congregación.

¿Qué causas de beatificación tienen iniciadas?

–Hno. Turú: Como santos, tenemos a san Marcelino Champagnat, nuestro fundador, luego está el grupo de 47 beatos, mártires de la fe en España. Hemos introducido la causa del primer superior general, el hermano Francisco Rivat, así como del hermano Alfano que era italiano, ambos ya son venerables. Tenemos también iniciada la causa del hermano Basilio Rueda, que fue superior general en los años del postconcilio; esta causa se encuentra en la fase diocesana. Finalmente, hay un grupo de más de 100 hermanos, también mártires en España, agrupados en varias causas ya introducidas en el Vaticano.

¿Qué mensaje les quiere mandar a los hermanos y educadores maristas, ante el desafío de la nueva evangelización?

–Hno. Turú: Primero quiero agradecer por lo que tantas personas, a menudo de manera anónima, están haciendo. No dejo de admirarme cuando voy por el mundo y me encuentro con hermanos y laicos y laicas, que viven su profesión como una vocación, de manera muy intensa y profunda. Es hermoso ver cómo muchos combinan un alto sentido profesional con una gran capacidad de ternura, de cariño, y eso a veces en situaciones enormemente difíciles, como vivir con salarios de 30 dólares al mes; a pesar de todo, allí están entregándose. O en países donde por educar en una escuela católica se corre el riesgo de la propia vida, pero allí siguen dando lo mejor de ellos mismos.

Una palabra de agradecimiento, porque están haciendo una presencia de Iglesia en un lugar que es de frontera, de encuentro de la fe, de la cultura y de la vida. Creo que la educación hoy es como un nuevo atrio de los gentiles, porque allí tenemos todo tipo de personas. Hay familias que vienen a nosotros sólo por la calidad de la educación: es una ocasión para ofrecer algo más, un espacio de encuentro, de diálogo, de posibilidad de encuentro con el Señor.

Y también quiero dar una palabra de ánimo, de que vale la pena seguir apostando por la educación; cambiarán los métodos, los instrumentos, tendremos nuevas metodologías, habrá más Internet o menos, pero la persona del educador no la podrá sustituir jamás nadie.


El maná de cada día, 28.6.12

junio 28, 2012

Jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre



PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 24, 8-17

Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre.

En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios.

El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos –diez mil deportados–, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe.

Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil deportados–, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.

SALMO 78, 1-2.3-5.8.9

Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas. Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.

Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba. Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.


EVANGELIO: Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?” Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.”

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.



NO BASTAN LOS DONES, SI SE USA DE ELLOS SIN CARIDAD

San Agustín (Comentario al salmo 146, 10)

Y llama a todas (las estrellas) por su nombre (Sal 146). En esto consiste todo el premio: tenemos ciertos nombres ante Dios. Debemos desear, debemos perseguir, debemos cuidar cuanto podamos que Dios conozca nuestros nombres, sin alegrarnos de otras cosas, ni siquiera de ciertos dones espirituales. Preste atención vuestra caridad. Como dice el Apóstol: en la Iglesia hay muchos dones: A uno se le ha dado por el Espíritu Santo el lenguaje de la sabiduría, a otro el lenguaje de la ciencia según el mismo Espíritu, a otro la fe en el mismo Espíritu, a otro don de curaciones, a otro discernimiento de espíritus, es decir, la capacidad de discernir entre los espíritus buenos y los malos; a unos el linaje de las lenguas y a otro la profecía (lCor 12,8-10).

¡Cuántas y cuán grandes cosas ha mencionado! No obstante, muchos, por haber usado mal de esos dones, oirán al final: No os conozco. Y ¿qué replicarán al final cuando oigan que se les dice: No os conozco? Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? (Mt 7,22). Todas esas cosas las hicieron en tu nombre; pero ¿qué les dirá? Nunca os he conocido; apartaos de mí, obradores de iniquidad (Mt 7,23). Luego, ¿qué significa ser luz del cielo, que alivia o atenúa la noche, sin ser vencida por la noche?

Dice el Apóstol: Os voy a mostrar un camino aún más excelso. Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy bronce que suena o címbalo que retiñe (1Cor 12,31-13,1). ¡Qué gran don es hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles! Sin embargo, dice: Si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque conozca -prosigue- todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera todo el don de profecía y toda la fe, de suerte que trasladase los montes -¡cuán grandes son estos dones!-, si no tengo caridad, nada soy.

¡Cuán gran don es el martirio y el distribuir los bienes a los pobres! Y, sin embargo, aunque distribuya mis bienes a los pobres y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, de nada me sirve (1 Cor 13,1-3). Quien no tiene caridad, aunque temporalmente posea esos dones, se le quitarán. Se le quitará lo que tiene, porque le falta alguna otra cosa; le falta esa cosa por la cual tendría todas las cosas y él mismo no perecería.

¿Qué significa lo que dice el Señor: Al que tiene se le dará, y al que no tiene aun lo que tiene se le quitará? Luego al que no tiene ha de quitársele lo que tiene. Tiene la gracia de poseer, pero no la caridad para usarlo; como le falta esto, le será quitado lo que tiene. Por eso, para que tuviesen caridad los discípulos, a los que quería enseñarles el camino excelentísimo y hacerlos estrellas que caminan por el cielo, Aquel que cuenta la multitud de las estrellas y las llama a todas por su nombre, les dijo: No os alegréis porque se os han sometido los espíritus, sino alegraos de que vuestros nombres estén escritos en el cielo.>

Antes le habían dicho ellos, llenos de gozo al volver de la misión que les había confiado: Señor, hasta los espíritus inmundos se nos sometieron en tu nombre. Él, que cuenta la multitud de las estrellas y las llama a todas por su nombre, sabiendo que muchos a los que se dirá al fin: No os conozco, porque no los contó entre la multitud de las estrellas ni los llamó por su nombre: sabiendo -repito- que muchos de ellos le iban a replicar: ¿No arrojamos demonios en tu nombre?, les dijo lo que antes mencionamos.


Se presenta el Instrumentum laboris para el Sínodo sobre La nueva evangelización

junio 27, 2012

Tiempo de nueva evangelización

Jesús Colina. Roma

Alfa y Omega/ Con la gentileza de Zenit.org

El mayor desafío que afronta hoy la Iglesia es la secularización. Y no sólo en Europa. Así lo han señalado Episcopados, Congregaciones o movimientos de todo el mundo, consultados por la Santa Sede, que ha elaborado, a partir de sus respuestas, el Instrumento de trabajo para el próximo Sínodo de los Obispos, en octubre, sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.
Un momento del Sinodo de los Obispos sobre Oriente Medio, en octubre de 2010, en la Sala Sinodal del Vaticano

Un momento del Sinodo de los Obispos sobre Oriente Medio, en octubre de 2010, en la Sala Sinodal del Vaticano

¿Cómo será la Iglesia dentro de cincuenta años? ¿Habrá rostros jóvenes, o sólo quedarán personas ancianas? ¿Será el cristianismo un elemento decisivo de renovación, creatividad y esperanza para las sociedades y culturas? La respuesta que vayan a tener estas preguntas depende de una factor decisivo: la nueva evangelización.

Los dos últimos Papas lo habían comprendido, desde hace bastantes años. Juan Pablo II, quien acuñó el término nueva evangelización, le dedicó buena parte de su pontificado, y ahora Benedicto XVI ha hecho de este desafío su brújula. El 19 de junio, la Santa Sede publicaba un documento en el que se puede constatar cómo ahora la nueva evangelización se ha convertido en la preocupación más grande de los cristianos del planeta, no sólo en la vieja Europa.

Se trata del Instrumentum laboris, es decir, el documento de trabajo, que plantea los temas que deberán afrontar los obispos del mundo, del 7 al 28 de octubre, en el Vaticano, bajo la presidencia de Benedicto XVI, para discutir sobre el tema: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

En algo menos de noventa páginas, el texto recoge las respuestas a una especie de sondeo mundial, realizado por la Santa Sede para preparar esa cumbre episcopal. Ninguna empresa de estudios de opinión realiza una investigación geográficamente tan amplia. Han participado en las respuestas las Conferencias Episcopales de todo el mundo, las Iglesias de Oriente y de Occidente, los organismos de la Curia Romana, las Congregaciones religiosas, así como personas individuales (obispos, sacerdotes, miembros de Institutos de vida consagrada, laicos, asociaciones y movimientos eclesiales…)

¿Un mundo sin Dios?

Las respuestas son claras y convergentes: el mayor desafío actual de la Iglesia católica es la secularización, es decir, el modelo o forma de vida de millones de personas que viven como si Dios no existiera. La novedad más clara de este documento es que este desafío, antes, se circunscribía sobre todo a las sociedades económicamente más desarrolladas de Occidente. Ahora, se constata que la secularización ha penetrado todos los continentes, en países de antigua cristianización y de cristianización más reciente. En cierto sentido, se trata de otro de los efectos de la globalización.

El documento muestra, a partir de la respuesta de las comunidades locales, cómo la secularización ha cambiado, respecto a décadas anteriores: «En estos años, la secularización no tiene tanto la forma pública de discursos directos y fuertes contra Dios, la religión y el cristianismo, aun cuando en algún caso estos tonos anticristianos, antirreligiosos y anticlericales se han hecho escuchar también recientemente.

Como señalan muchas respuestas, la secularización ha asumido más bien un tono débil que ha permitido a esta forma cultural invadir la vida cotidiana de las personas y desarrollar una mentalidad en la cual Dios está, de hecho, ausente, en todo o en parte, de la existencia y de la conciencia humana».

Los efectos de esta mentalidad, descritos por el documento publicado por la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, son evidentes en cualquier parroquia: «Debilidad de la vida de fe de las comunidades cristianas, disminución del reconocimiento de la autoridad del Magisterio, privatización de la pertenencia a la Iglesia, reducción de la práctica religiosa, falta de empeño en la transmisión de la propia fe a las nuevas generaciones». Este fenómeno se explica más fácilmente si se comprende el nuevo escenario mundial, como ilustra el Documento de trabajo del Sínodo.

El nuevo escenario

En primer lugar, el Instrumentum laboris se refiere al escenario cultural de fondo. «La muerte de Dios, anunciada en las décadas pasadas por tantos intelectuales ha cedido paso a una estéril mentalidad hedonista y consumista, que promueve modos muy superficiales de afrontar la vida y las responsabilidades». Y añade el documento: «El influjo de este clima secularizado en la vida de todos los días hace cada vez más ardua la afirmación de la existencia de una verdad. Se asiste, en la práctica, a una eliminación de la cuestión de Dios de entre las preguntas que el hombre se hace. Las respuestas a la necesidad religiosa asumen formas de espiritualidad individualista, o bien formas de neopaganismo, hasta llegar a la imposición de un clima general de relativismo».

Otro elemento que caracteriza el escenario actual es el «el gran fenómeno migratorio, que induce cada vez más a las personas a dejar el propio país de origen para vivir en contextos urbanizados. De esto deriva un encuentro y una mezcla de las culturas. Se están produciendo formas de desmoronamiento de las referencias fundamentales de la vida, de los valores y de los mismos vínculos a través de los cuales los individuos estructuran las propias identidades y acceden al sentido de la vida».

El nuevo escenario político también explica la situación actual, considera el documento: «Con la crisis de la ideología comunista ha terminado la división del mundo occidental en dos bloques. Esto ha favorecido la libertad religiosa y la posibilidad de reorganización de las Iglesias históricas. El surgimiento, en la escena mundial, de nuevos actores económicos, políticos y religiosos, como el mundo islámico, el mundo asiático, ha creado una situación inédita y totalmente desconocida, rica de potencialidades, pero también plena de riesgos y de nuevas tentaciones de dominio y de poder».

Y está también el avance de la secularización en el campo de la investigación científica y tecnológica. «Todos podemos experimentar, en la vida cotidiana, los beneficios ofrecidos por estos progresos», reconoce el texto. «Todos dependemos cada vez más de ellos. Frente a tantos aspectos positivos, existen también peligros de excesivas esperanzas y de manipulaciones. La ciencia y la tecnología corren así el riesgo de transformarse en los nuevos ídolos del presente. Es fácil, en un contexto digitalizado y globalizado, hacer de la ciencia nuestra nueva religión».

Por último, el documento presenta el nuevo escenario de la comunicación, con todos sus aspectos positivos, y sus límites, que está forjando «la cultura de lo efímero, de lo inmediato, de la apariencia, es decir, una sociedad incapaz de memoria y de futuro».

Estos escenarios, por una parte, permiten comprender cómo está teniendo lugar el proceso secularizador, «con la consecuencia en muchas personas de una atrofia espiritual y un vacío del corazón». Sin embargo, se afirma también que «es posible observar en muchas regiones del mundo los signos de un consistente renacimiento religioso».

La respuesta

¿Qué debe hacer la Iglesia, entonces, para afrontar el enorme desafío que plantea la secularización? En realidad, la respuesta a esta pregunta la tendrán que proponer, en detalle, los obispos del mundo, durante el Sínodo. El documento de trabajo, sin embargo, ya presenta las pistas que proceden de todas las Conferencias Episcopales. En realidad, se constata que cada bautizado, cada familia cristiana, cada parroquia, cada comunidad, necesita una conversión: de evangelizado, debe convertirse en evangelizador.

La evangelización no es, como parecía en ocasiones, un trabajo de los misioneros, en África. La evangelización se convierte en el desafío de cada bautizado, sea obispo, sacerdote, religioso, casado o soltero. «El contexto en el cual nos encontramos nos pide que sea explícita y activa la tarea del anuncio y de la transmisión de la fe, que corresponde a cada cristiano», pide el documento preparatorio del Sínodo.

Laicos protagonistas

«La primera urgencia de la Iglesia hoy es el deber de despertar la identidad bautismal de cada uno, para que sepa ser verdadero testigo del Evangelio y para que sepa dar razón de la propia fe».

«A los fieles laicos corresponde, en particular, demostrar, con el propio testimonio, que la fe cristiana constituye una respuesta a los problemas existenciales que la vida plantea en cada tiempo y en cada cultura, y que, por lo tanto, la fe interesa a cada hombre, aunque sea agnóstico o no creyente». Para ello, se considera que hay que superar «la fractura entre Evangelio y vida, recomponiendo en la cotidiana actividad -en la familia, en el trabajo y en la sociedad- la unidad de una vida que en el Evangelio encuentra inspiración y fuerza para realizarse en plenitud».

Nueva evangelización

En definitiva, como concluye el texto, «nueva evangelización no significa nuevo Evangelio, porque Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Nueva evangelización significa dar una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que muestran la cultura, a través de la cual expresamos nuestra identidad y buscamos el sentido de nuestras existencias. Nueva evangelización significa promoción de una cultura más profundamente radicada en el Evangelio. Quiere decir descubrir el hombre nuevo, que está en nosotros gracias al Espíritu que nos ha sido dado por Jesucristo y por el Padre».

El Instrumentum laboris concluye asegurando que «la celebración de la próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos será para la Iglesia como un nuevo Cenáculo, en el cual los sucesores de los Apóstoles, reunidos en oración junto con la Madre de Cristo, que ha sido invocada como Estrella de la nueva evangelización, prepararán los caminos de la nueva evangelización».