Guiar a los prometidos en el camino de preparación al matrimonio, según Amoris laetitia, 205-216, (19)

julio 31, 2018

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La liturgia nupcial es un evento único, que se vive en el contexto familiar y social de una fiesta. Jesús inició sus milagros en el banquete de bodas de Caná de Galilea.

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Guiar a los prometidos en el camino de preparación al matrimonio

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Los Padres sinodales han dicho de diversas maneras que necesitamos ayudar a los jóvenes a descubrir el valor y la riqueza del matrimonio.

Deben poder percibir el atractivo de una unión plena que eleva y perfecciona la dimensión social de la existencia, otorga a la sexualidad su mayor sentido, a la vez que promueve el bien de los hijos y les ofrece el mejor contexto para su maduración y educación.

«La compleja realidad social y los desafíos que la familia está llamada a afrontar hoy requieren un compromiso mayor de toda la comunidad cristiana en la preparación de los prometidos al matrimonio.

Es preciso recordar la importancia de las virtudes. Entre estas, la castidad resulta condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal.

Respecto a esta necesidad, los Padres sinodales eran concordes en subrayar la exigencia de una mayor implicación de toda la comunidad, privilegiando el testimonio de las familias, además de un arraigo de la preparación al matrimonio en el camino de iniciación cristiana, haciendo hincapié en el nexo del matrimonio con el bautismo y los otros sacramentos.

Del mismo modo, se puso de relieve la necesidad de programas específicos para la preparación próxima al matrimonio que sean una auténtica experiencia de participación en la vida eclesial y profundicen en los diversos aspectos de la vida familiar».

Invito a las comunidades cristianas a reconocer que acompañar el camino de amor de los novios es un bien para ellas mismas.

Como bien dijeron los Obispos de Italia, los que se casan son para su comunidad cristiana «un precioso recurso, porque, empeñándose con sinceridad para crecer en el amor y en el don recíproco, pueden contribuir a renovar el tejido mismo de todo el cuerpo eclesial: la particular forma de amistad que ellos viven puede volverse contagiosa, y hacer crecer en la amistad y en la fraternidad a la comunidad cristiana de la cual forman parte».

Hay diversas maneras legítimas de organizar la preparación próxima al matrimonio, y cada Iglesia local discernirá lo que sea mejor, procurando una formación adecuada que al mismo tiempo no aleje a los jóvenes del sacramento.

No se trata de darles todo el Catecismo ni de saturarlos con demasiados temas. Porque aquí también vale que «no el mucho saber harta y satisface al alma, sino el sentir y gustar de las cosas interiormente».

Interesa más la calidad que la cantidad, y hay que dar prioridad —junto con un renovado anuncio del kerygma— a aquellos contenidos que, comunicados de manera atractiva y cordial, les ayuden a comprometerse en un camino de toda la vida «con gran ánimo y liberalidad».

Se trata de una suerte de «iniciación» al sacramento del matrimonio que les aporte los elementos necesarios para poder recibirlo con las mejores disposiciones y comenzar con cierta solidez la vida familiar.

Conviene encontrar además las maneras, a través de las familias misioneras, de las propias familias de los novios y de diversos recursos pastorales, de ofrecer una preparación remota que haga madurar el amor que se tienen, con un acompañamiento cercano y testimonial.

Suelen ser muy útiles los grupos de novios y las ofertas de charlas opcionales sobre una variedad de temas que interesan realmente a los jóvenes. No obstante, son indispensables algunos momentos personalizados, porque el principal objetivo es ayudar a cada uno para que aprenda a amar a esta persona concreta con la que pretende compartir toda la vida.

Aprender a amar a alguien no es algo que se improvisa ni puede ser el objetivo de un breve curso previo a la celebración del matrimonio. En realidad, cada persona se prepara para el matrimonio desde su nacimiento. Todo lo que su familia le aportó debería permitirle aprender de la propia historia y capacitarle para un compromiso pleno y definitivo.

Probablemente quienes llegan mejor preparados al casamiento son quienes han aprendido de sus propios padres lo que es un matrimonio cristiano, donde ambos se han elegido sin condiciones, y siguen renovando esa decisión. En ese sentido, todas las acciones pastorales tendientes a ayudar a los matrimonios a crecer en el amor y a vivir el Evangelio en la familia, son una ayuda inestimable para que sus hijos se preparen para su futura vida matrimonial.

Tampoco hay que olvidar los valiosos recursos de la pastoral popular. Para dar un sencillo ejemplo, recuerdo el día de san Valentín, que en algunos países es mejor aprovechado por los comerciantes que por la creatividad de los pastores.

La preparación de los que ya formalizaron un noviazgo, cuando la comunidad parroquial logra acompañarlos con un buen tiempo de anticipación, también debe darles la posibilidad de reconocer incompatibilidades o riesgos. De este modo se puede llegar a advertir que no es razonable apostar por esa relación, para no exponerse a un fracaso previsible que tendrá consecuencias muy dolorosas.

El problema es que el deslumbramiento inicial lleva a tratar de ocultar o de relativizar muchas cosas, se evita discrepar, y así sólo se patean las dificultades para adelante. Los novios deberían ser estimulados y ayudados para que puedan hablar de lo que cada uno espera de un eventual matrimonio, de su modo de entender lo que es el amor y el compromiso, de lo que se desea del otro, del tipo de vida en común que se quisiera proyectar.

Estas conversaciones pueden ayudar a ver que en realidad los puntos de contacto son escasos, y que la mera atracción mutua no será suficiente para sostener la unión.

Nada es más volátil, precario e imprevisible que el deseo, y nunca hay que alentar una decisión de contraer matrimonio si no se han ahondado otras motivaciones que otorguen a ese compromiso posibilidades reales de estabilidad.

En todo caso, si se reconocen con claridad los puntos débiles del otro, es necesario que haya una confianza realista en la posibilidad de ayudarle a desarrollar lo mejor de su persona para contrarrestar el peso de sus fragilidades, con un firme interés en promoverlo como ser humano.

Esto implica aceptar con sólida voluntad la posibilidad de afrontar algunas renuncias, momentos difíciles y situaciones conflictivas, y la decisión firme de prepararse para ello. Se deben detectar las señales de peligro que podría tener la relación, para encontrar antes del casamiento recursos que permitan afrontarlas con éxito.

Lamentablemente, muchos llegan a las nupcias sin conocerse. Sólo se han distraído juntos, han hecho experiencias juntos, pero no han enfrentado el desafío de mostrarse a sí mismos y de aprender quién es en realidad el otro.

Tanto la preparación próxima como el acompañamiento más prolongado, deben asegurar que los novios no vean el casamiento como el final del camino, sino que asuman el matrimonio como una vocación que los lanza hacia adelante, con la firme y realista decisión de atravesar juntos todas las pruebas y momentos difíciles.

La pastoral prematrimonial y la pastoral matrimonial deben ser ante todo una pastoral del vínculo, donde se aporten elementos que ayuden tanto a madurar el amor como a superar los momentos duros.

Estos aportes no son únicamente convicciones doctrinales, ni siquiera pueden reducirse a los preciosos recursos espirituales que siempre ofrece la Iglesia, sino que también deben ser caminos prácticos, consejos bien encarnados, tácticas tomadas de la experiencia, orientaciones psicológicas.

Todo esto configura una pedagogía del amor que no puede ignorar la sensibilidad actual de los jóvenes, en orden a movilizarlos interiormente. A su vez, en la preparación de los novios, debe ser posible indicarles lugares y personas, consultorías o familias disponibles, donde puedan acudir en busca de ayuda cuando surjan dificultades.

Pero nunca hay que olvidar la propuesta de la Reconciliación sacramental, que permite colocar los pecados y los errores de la vida pasada, y de la misma relación, bajo el influjo del perdón misericordioso de Dios y de su fuerza sanadora.

Preparación de la celebración

La preparación próxima al matrimonio tiende a concentrarse en las invitaciones, la vestimenta, la fiesta y los innumerables detalles que consumen tanto el presupuesto como las energías y la alegría.

Los novios llegan agobiados y agotados al casamiento, en lugar de dedicar las mejores fuerzas a prepararse como pareja para el gran paso que van a dar juntos. Esta mentalidad se refleja también en algunas uniones de hecho que nunca llegan al casamiento porque piensan en festejos demasiado costosos, en lugar de dar prioridad al amor mutuo y a su formalización ante los demás.

Queridos novios: «Tened la valentía de ser diferentes, no os dejéis devorar por la sociedad del consumo y de la apariencia. Lo que importa es el amor que os une, fortalecido y santificado por la gracia. Vosotros sois capaces de optar por un festejo austero y sencillo, para colocar el amor por encima de todo».

Los agentes de pastoral y la comunidad entera pueden ayudar a que esta prioridad se convierta en lo normal y no en la excepción.

En la preparación más inmediata es importante iluminar a los novios para vivir con mucha hondura la celebración litúrgica, ayudándoles a percibir y vivir el sentido de cada gesto.

Recordemos que un compromiso tan grande como el que expresa el consentimiento matrimonial, y la unión de los cuerpos que consuma el matrimonio, cuando se trata de dos bautizados, sólo pueden interpretarse como signos del amor del Hijo de Dios hecho carne y unido con su Iglesia en alianza de amor.

En los bautizados, las palabras y los gestos se convierten en un lenguaje elocuente de la fe. El cuerpo, con los significados que Dios ha querido infundirle al crearlo «se convierte en el lenguaje de los ministros del sacramento, conscientes de que en el pacto conyugal se manifiesta y se realiza el misterio».

A veces, los novios no perciben el peso teológico y espiritual del consentimiento, que ilumina el significado de todos los gestos posteriores. Hace falta destacar que esas palabras no pueden ser reducidas al presente; implican una totalidad que incluye el futuro: «hasta que la muerte los separe».

El sentido del consentimiento muestra que «libertad y fidelidad no se oponen, más bien se sostienen mutuamente, tanto en las relaciones interpersonales, como en las sociales. Efectivamente, pensemos en los daños que producen, en la civilización de la comunicación global, la inflación de promesas incumplidas […] El honor de la palabra dada, la fidelidad a la promesa, no se pueden comprar ni vender. No se pueden imponer con la fuerza, pero tampoco custodiar sin sacrificio».

Los obispos de Kenia advirtieron que, «demasiado centrados en el día de la boda, los futuros esposos se olvidan de que están preparándose para un compromiso que dura toda la vida». Hay que ayudar a advertir que el sacramento no es sólo un momento que luego pasa a formar parte del pasado y de los recuerdos, porque ejerce su influencia sobre toda la vida matrimonial, de manera permanente.

El significado procreativo de la sexualidad, el lenguaje del cuerpo, y los gestos de amor vividos en la historia de un matrimonio, se convierten en una «ininterrumpida continuidad del lenguaje litúrgico» y «la vida conyugal viene a ser, en algún sentido, liturgia».

También se puede meditar con las lecturas bíblicas y enriquecer la comprensión de los anillos que se intercambian, o de otros signos que formen parte del rito.

Pero no sería bueno que se llegue al casamiento sin haber orado juntos, el uno por el otro, pidiendo ayuda a Dios para ser fieles y generosos, preguntándole juntos a Dios qué es lo que él espera de ellos, e incluso consagrando su amor ante una imagen de María.

Quienes los acompañen en la preparación del matrimonio deberían orientarlos para que sepan vivir esos momentos de oración que pueden hacerles mucho bien.

«La liturgia nupcial es un evento único, que se vive en el contexto familiar y social de una fiesta. Jesús inició sus milagros en el banquete de bodas de Caná: el vino bueno del milagro del Señor, que anima el nacimiento de una nueva familia, es el vino nuevo de la Alianza de Cristo con los hombres y mujeres de todos los tiempos […] Generalmente, el celebrante tiene la oportunidad de dirigirse a una asamblea compuesta de personas que participan poco en la vida eclesial o que pertenecen a otra confesión cristiana o comunidad religiosa. Por lo tanto, se trata de una ocasión imperdible para anunciar el Evangelio de Cristo».


Las Confesiones de san Agustín. IV, 4.7-9

julio 31, 2018

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Bautismo y muerte del amigo anónimo (Conf. IV, 4.7-9)

7. En aquellos años, en el tiempo en que por vez primera abrí cátedra en mi ciudad natal, adquirí un amigo, a quien amé con exceso por ser condiscípulo mío, de mi misma edad y hallarnos ambos en la flor de la juventud. Juntos nos habíamos criado de niños, juntos habíamos ido a la escuela y juntos habíamos jugado.

Pero entonces no era tan amigo como lo fue después, aunque tampoco después lo fue tanto como exige la verdadera amistad, puesto que no hay amistad verdadera sino entre aquellos a quienes tú aglutinas entre sí por medio de la caridad, derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado12.

Con todo, era para mí aquella amistad —amasada con el calor de estudios semejantes— dulce sobremanera. Hasta había logrado apartarle de la verdadera fe, no muy bien hermanada y arraigada todavía en su adolescencia, inclinándole hacia aquellas fábulas supersticiosas y perjudiciales, por las que me lloraba mi madre. Conmigo erraba ya aquel hombre en espíritu, sin que mi alma pudiera vivir sin él.

Mas he aquí que, siguiendo tú la pista de tus siervos fugitivos, ¡oh Dios de las venganzas13 y fuente de las misericordias a un tiempo, que nos conviertes a ti14 por modos maravillosos!, he aquí que tú le arrebataste de esta vida cuando apenas había gozado un año de su amistad, más dulce para mí que todas las dulzuras de aquella mi vida.

8. ¿Quién hay que pueda contar tus alabanzas, aun reducido únicamente a lo que uno ha experimentado en sí solo? ¿Qué hiciste entonces, Dios mío? ¡Oh, y cuán impenetrable es el abismo de tus juicios!

Porque como fuese atacado aquél de unas calenturas y quedara mucho tiempo sin sentido bañado en sudor de muerte, como se desesperara de su vida, se le bautizó sin él conocerlo, lo que no me importó, por presumir que retendría mejor su alma lo que había recibido de mí, que no lo que había recibido en el cuerpo, sin él saberlo.

La realidad, sin embargo, fue muy otra. Porque habiendo mejorado y ya puesto a salvo, tan pronto como le pude hablar —y lo pude tan pronto como lo pudo él, pues no me separaba un momento de su lado y mutuamente pendíamos el uno del otro—, tenté de reírme en su presencia del bautismo, creyendo que también él se reiría del mismo, recibido sin conocimiento ni sentido, pero que, sin embargo, sabía que lo había recibido.

Pero él, mirándome con horror como a un enemigo, me amonestó con admirable y repentina libertad, diciéndome que, si quería ser su amigo, cesase de decir tales cosas. Yo, estupefacto y turbado, reprimí todos mis ímpetus para que convaleciera primero y, recobradas las fuerzas de la salud, estuviese en disposición de poder discutir conmigo en lo que fuera de mi gusto.

Mas tú, Señor, le libraste de mi locura, a fin de ser guardado en ti para mi consuelo, pues pocos días después, estando yo ausente, le repitieron las calenturas y murió.

9. ¡Con qué dolor se entenebreció mi corazón! Cuanto miraba era muerte para mí. La patria me era un suplicio, y la casa paterna un tormento insufrible, y cuanto había comunicado con él se me volvía sin él crudelísimo suplicio. Le buscaban por todas partes mis ojos y no parecía. Y llegué a odiar todas las cosas, porque no le tenían ni podían decirme ya como antes, cuando venía después de una ausencia: «He aquí que ya viene».

Me había hecho a mí mismo un gran lío y preguntaba a mi alma por qué estaba triste y me conturbaba tanto, y no sabía qué responderme. Y si yo le decía: «Espera en Dios», ella no me hacía caso, y con razón; porque más real y mejor era aquel amigo queridísimo que yo había perdido que no aquel fantasma en que se le ordenaba que esperase.

Sólo el llanto me era dulce y ocupaba el lugar de mi amigo en las delicias de mi corazón.

http://www.augustinus.it/


El maná de cada día, 31.7.18

julio 31, 2018

Martes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

La buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del Maligno

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PRIMERA LECTURA: Jeremías 14, 17-22

Mis ojos se deshacen en lágrimas, día y noche no cesan: por la terrible desgracia de la Doncella de mi pueblo, una herida de fuertes dolores. Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad: desfallecidos de hambre; tanto el profeta como el sacerdote vagan sin sentido por el país.

«¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿Tiene asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación. Señor, reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso; recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

¿Existe entre los ídolos de los gentiles quien dé la lluvia? ¿Soltarán los cielos aguas torrenciales? ¿No eres, Señor Dios nuestro, nuestra esperanza, porque tú lo hiciste todo?»


SALMO 78

Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu nombre.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso salva a los condenados a muerte. Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación.

 

EVANGELIO: Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema: así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»


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SAN AGUSTÍN (Enarr. Ps. 25,5: PL 36,190-191)

En este tiempo, la Iglesia es como una era, en la que se hallan a la vez la paja y el trigo. Que nadie tenga la pretensión de eliminar toda la paja antes que llegue la hora de aventar. Que nadie abandone la era antes de esta hora, aunque sea con el pretexto de evitar el daño que le pueden hacer los pecadores…

Si uno mira la era desde lejos, uno diría que no hay en ella más que paja. Hay que revolverla con la mano y soplar con la boca para echar fuera el tamo y descubrir el grano. Si no es así, el grano no se ve. Y a veces aun a los mismos granos les sucede algo de este género: se encuentran separados unos de otros y sin contacto entre sí, y puede incluso llegar a pensar cada uno que está enteramente solo”.


LA  ADOLESCENCIA Y LA JUVENTUD ACTUALES

pueden considerarse un campo donde podemos colaborar con Dios para sembrar la buena semilla y también el campo donde crecen el trigo y la cizaña. La Iglesia no se cansa de recordarnos que no debemos abandonar la escuela, la educación de las nuevas generaciones. He aquí un ejemplo de cómo puede concretarse la apuesta por la formación de las futuras generaciones. Nos lo da la Compañía de Jesús.

Empezó la primera reunión de la Red Mundial de colegios jesuitas de secundaria

Con la participación de 370 personas de 61 países

MADRID, Lunes 30 julio 2012 (ZENIT.org – http://www.zenit.org/article-42902?l=spanish).- Por primera vez en la historia de la Compañía de Jesús, los líderes de la red global de colegios se reunen en un Coloquio Internacional de la Educación Secundaria Jesuita (ICJSE), que bajo el lema “El mundo es nuestra casa”, se celebra desde el 29 de julio en el colegio Boston College High School, y cuya duración está prevista hasta el 2 de agosto.

En el evento participan más de 370 personas, de 61 países de los 5 continentes, que unidos hablan más de 25 idiomas. Para la organización se cuenta con más de 70 voluntarios y 14 escuelas patrocinadoras, dando vida así a una gran red de educación que se reúne por primera vez.

Durante la última Congregación General de la Compañía de Jesús, la C.G. 35 instaba a los jesuitas sobre la necesidad de trabajar en redes globales por lo que, según los organizadores, “el ICJSE permitirá lograr que ese potencial se convierta en realidad”. Los objetivos del encuentro son, entre otros: incrementar y fortalecer la red global de escuelas secundarias Jesuitas y celebrar y resaltar la Misión Jesuita, su influencia y el cómo influye particularmente en los sistemas de escuelas secundarias en la sociedad moderna de hoy en día

El Padre General de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, en una carta a los organizadores del mismo, decía: “Espero que este Coloquio pueda conducir a las escuelas jesuitas del mundo entero a profundizar aún más en el servicio de fe, la promoción de la justicia y el cuidado del medio ambiente. Las iniciativas que fortalezcan programas en estos ámbitos pueden infundir más eficacia a nuestro apostolado en la educación secundaria, al dar a los estudiantes las herramientas que necesitan para hacer del mundo una morada digna para el pueblo de Dios”.

Las sesiones plenarias del Coloquio abordarán temas como: Comunidades mundiales; Identidad; Tecnología; Misión; Red global y colaboración. Entre los conferenciantes principales se encuentran:  Federico Lombardi, SJ, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede; José Alberto Mesa, SJ, Doctor en Filosofía y secretario para la Educación Secundaria y pre-secundaria de la Compañía de Jesús; Daniel Patrick Huang, SJ, Doctor en Filosofía y consejero general y asistente regional para Asia-Pacífico de la Compañía de Jesús, así como el escritor y conferenciante, Chris Lowney. Además, habrá mesas redondas, más de 40 talleres y debates grupales; liturgias diarias y se contará con la presencia del Cardenal Sean O’Malley,de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, en la celebración de la Fiesta de San Ignacio del 31 de julio.

Mayor información, en: http://www.icjse.org/es/


Anunciar el Evangelio de la familia hoy, según Amoris laetitia, 199-204, (18)

julio 30, 2018

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La pastoral familiar hace experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana.

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Perspectivas pastorales 

El diálogo del camino sinodal llevaron a plantear la necesidad de desarrollar nuevos caminos pastorales, que procuraré recoger ahora de manera general. Serán las distintas comunidades quienes deberán elaborar propuestas más prácticas y eficaces, que tengan en cuenta tanto las enseñanzas de la Iglesia como las necesidades y los desafíos locales.

Sin pretender presentar aquí una pastoral de la familia, quiero detenerme sólo a recoger algunos de los grandes desafíos pastorales.

Anunciar el Evangelio de la familia hoy

Los Padres sinodales insistieron en que las familias cristianas, por la gracia del sacramento nupcial, son los principales sujetos de la pastoral familiar, sobre todo aportando «el testimonio gozoso de los cónyuges y de las familias, iglesias domésticas».

Por ello, remarcaron que «se trata de hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que “llena el corazón y la vida entera”, porque en Cristo somos “liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento” (Evangelii gaudium, 1).

A la luz de la parábola del sembrador (cf. Mt 13,3-9), nuestra tarea es cooperar en la siembra: lo demás es obra de Dios. Tampoco hay que olvidar que la Iglesia que predica sobre la familia es signo de contradicción», pero los matrimonios agradecen que los pastores les ofrezcan motivaciones para una valiente apuesta por un amor fuerte, sólido, duradero, capaz de hacer frente a todo lo que se le cruce por delante.

La Iglesia quiere llegar a las familias con humilde comprensión, y su deseo «es acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino».

No basta incorporar una genérica preocupación por la familia en los grandes proyectos pastorales. Para que las familias puedan ser cada vez más sujetos activos de la pastoral familiar, se requiere «un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a la familia», que la oriente en este sentido.

«Esto exige a toda la Iglesia una conversión misionera: es necesario no quedarse en un anuncio meramente teórico y desvinculado de los problemas reales de las personas».

La pastoral familiar «debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad que se constata hoy, incluso en los países más secularizados, de tales valores».

También «se ha subrayado la necesidad de una evangelización que denuncie con franqueza los condicionamientos culturales, sociales, políticos y económicos, como el espacio excesivo concedido a la lógica de mercado, que impiden una auténtica vida familiar, determinando discriminaciones, pobreza, exclusiones y violencia.

Para ello, hay que entablar un diálogo y una cooperación con las estructuras sociales, así como alentar y sostener a los laicos que se comprometen, como cristianos, en el ámbito cultural y sociopolítico».

«La principal contribución a la pastoral familiar la ofrece la parroquia, que es una familia de familias, donde se armonizan los aportes de las pequeñas comunidades, movimientos y asociaciones eclesiales».

Junto con una pastoral específicamente orientada a las familias, se nos plantea la necesidad de «una formación más adecuada de los presbíteros, los diáconos, los religiosos y las religiosas, los catequistas y otros agentes pastorales».

En las respuestas a las consultas enviadas a todo el mundo, se ha destacado que a los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas actuales de las familias. En este sentido, también puede ser útil la experiencia de la larga tradición oriental de los sacerdotes casados.

Los seminaristas deberían acceder a una formación interdisciplinaria más amplia sobre noviazgo y matrimonio, y no sólo en cuanto a la doctrina. Además, la formación no siempre les permite desplegar su mundo psicoafectivo. Algunos llevan sobre sus vidas la experiencia de su propia familia herida, con ausencia de padres y con inestabilidad emocional.

Habrá que garantizar durante la formación una maduración para que los futuros ministros posean el equilibrio psíquico que su tarea les exige. Los vínculos familiares son fundamentales para fortalecer la sana autoestima de los seminaristas. Por ello es importante que las familias acompañen todo el proceso del seminario y del sacerdocio, ya que ayudan a fortalecerlo de un modo realista.

En ese sentido, es saludable la combinación de algún tiempo de vida en el seminario con otro de vida en parroquias, que permita tomar mayor contacto con la realidad concreta de las familias. En efecto, a lo largo de su vida pastoral el sacerdote se encuentra sobre todo con familias.

«La presencia de los laicos y de las familias, en particular la presencia femenina, en la formación sacerdotal, favorece el aprecio por la variedad y complementariedad de las diversas vocaciones en la Iglesia».

Las respuestas a las consultas también expresan con insistencia la necesidad de la formación de agentes laicos de pastoral familiar con ayuda de psicopedagogos, médicos de familia, médicos comunitarios, asistentes sociales, abogados de minoridad y familia, con apertura a recibir los aportes de la psicología, la sociología, la sexología, e incluso el counseling.

Los profesionales, en especial quienes tienen experiencia de acompañamiento, ayudan a encarnar las propuestas pastorales en las situaciones reales y en las inquietudes concretas de las familias. «Los caminos y cursos de formación destinados específicamente a los agentes de pastoral podrán hacerles idóneos para inserir el mismo camino de preparación al matrimonio en la dinámica más amplia de la vida eclesial».

Una buena capacitación pastoral es importante «sobre todo a la vista de las situaciones particulares de emergencia derivadas de los casos de violencia doméstica y el abuso sexual».

Todo esto de ninguna manera disminuye, sino que complementa, el valor fundamental de la dirección espiritual, de los inestimables recursos espirituales de la Iglesia y de la Reconciliación sacramental.

 


Récord de ordenados y boom vocacional en Fort Wayne: 4 factores y un hecho impresionante lo explican

julio 30, 2018

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El Obispo de Fort Wayne, en el Estado de Indiana, aplaude a los cinco jóvenes ordenandos.

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Esta pequeña diócesis tiene sólo 160.000 católicos pero ya es fecunda en vocaciones

Récord de ordenados y boom vocacional en Fort Wayne: 4 factores y un hecho impresionante lo explican

Por Javier Lozano / ReL

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La pequeña Diócesis estadounidense de Fort-Wayne está de enhorabuena pues el pasado sábado 2 de junio se ordenaron sacerdotes cinco jóvenes, lo que supone la mayor ordenación en 43 años, cifra que seguirá manteniendo y mejorando en los próximos años.

Al igual que está ocurriendo en otras diócesis de EEUU se está produciendo un boom vocacional importante tras décadas en las que el desplome fue tremendo. Muchos de estos lugares que están viendo un renacer destacan por ser los católicos una minoría, pero también por cuidar la fidelidad evangélica, lo que ha provocado frutos evidentes en el presente.

Una diócesis pequeña pero con mucha vitalidad

La Diócesis de Fort Wayne, en el Estado de Indiana, tiene una población de más de 1,2 millones de personas pero los católicos apenas llegan al 13%, es decir, unos 160.000. Así, de las 191 diócesis estadounidenses, aparece en el puesto 97 en el número de católicos y en el 120 en porcentaje de católicos.

En este curso, en el seminario de Fort Wayne ha habido 33 seminaristas. Una cifra bastante alta para una diócesis con apenas 160.000 católicos, que en número de habitantes se asemeja a las de Palencia, Zamora, Urgel o Ávila en España, y cuyo número de seminaristas es infinitamente menor a la de EEUU.

Un lugar con Adoración y zona provida

Pero este hecho está relacionado con otro suceso importante para la diócesis, el repunte también de la vida religiosa femenina y de la adoración al Santísimo.

Durante los últimos años jóvenes de la Diócesis se han unido a las hermanas franciscanas de la Adoración Perpetua, y en las próximas semanas, aseguró el obispo Kevin Rhoades, cuatro jóvenes realizarán los votos perpetuos, la más grande también en 43 años.

“Hay mucha alegría y acción de gracias en toda nuestra diócesis”, afirmó orgulloso el prelado, que destacó también la ayuda imprescindible que estas religiosas están dando a los seminaristas y a las vocaciones a través de la adoración.

Casualidad o no, la ciudad de Fort Wayne ha aparecido además en un estudio realizado por dos universidades de California como la segunda ciudad de Estados Unidos más grande libre de abortos. Ni en la ciudad ni a cien millas alrededor hay ya ningún centro abortista. Es una ciudad provida. Tan sólo es superada en este ránking por otra ciudad con un nombre muy llamativo en este caso: la texana Corpus Christi.

Un impulsó que comenzó hace 15 años

Para explicar este número de vocaciones en un lugar como Fort Wayne, el sacerdote Andrew Budzinski, director de vocaciones de la diócesis, da algunas claves. Porque no siempre fue así. De hecho, recuerda cómo cuando él ingresó en el seminario el número de aspirantes era mucho menor.

En News Sentinel, este sacerdote afirma que estos cinco jóvenes recién ordenados representan el renovado interés en la vida religiosa que están experimentando muchos jóvenes católicos en Estados Unidos.

Budzinski asegura que este éxito no ha sido repentino ni cosa de un día sino que empezó hace unos 15 años, y el número de seminaristas se ha mantenido por encima de los 30 durante los últimos años.

Cuatro factores que ayudan a entender este fenómeno

Según su experiencia como director de vocaciones, habla de cuatro factores para este aumento de la llamada a la vida religiosa:

1. Muchos, aunque no todos, han llegado de parroquias donde el sacerdote ha estado en la parroquia durante mucho tiempo. Cuando un joven crece con el mismo sacerdote, el sacerdote puede tener un mayor impacto como modelo y mentor.

2. “Vienen de familias que practican su fe, van a misa juntos, rezan juntos”, asegura este religioso.

3. Muchos han estado involucrados en grupos de jóvenes de la Iglesia Católica, donde reciben apoyo de otros jóvenes sobre una posible llamada a la vida religiosa. Estos grupos destacan, afirma el sacerdote, porque sus miembros son jóvenes que quieren conocer a Jesús y hacer su voluntad.

4. Las actitudes de muchos católicos, sobre todo estos jóvenes, sobre las vocaciones religiosas han cambiado, y ya no consideran “raro” ser sacerdote. Esto se debe principalmente a que conocen a estos sacerdotes, generalmente jóvenes, que les ayudan a derribar los prejuicios que en la sociedad occidental hay en muchas ocasiones contra los curas.

Una escuela católica fecunda

Aunque el padre Budzinski no lo nombró en los cuatro puntos anteriores, hay un aspecto también clave para las vocaciones, y que en esta última ordenación sacerdotal en Fort Wayne ha sido decisiva: La importancia de una escuela católica volcada en la evangelización.

Precisamente, cuatro de los cinco nuevos sacerdotes eran compañeros del mismo instituto, el Bishop Dwenger High School. Este centro católico tiene una pastoral muy potente e incluso un ministerio centrado en las vocaciones.

Resulta impresionante cómo, a través de la página web, el Instituto pide rezar por los exalumnos que ahora son sacerdotes o seminaristas. En lo que va de siglo XXI, se han ordenado nueve sacerdotes diocesanos y uno religioso. También hay dos monjas. Y en este momento 10 exalumnos son seminaristas.

Sacerdotes entrenados y en continua formación

También existe mucho trabajo detrás para conseguir que los jóvenes se sientan atraídos por la vida religiosa. Aquí entra también la formación y especialización de los propios sacerdotes. El obispo de Fort Wayne ha iniciado un programa de tutoría para trabajar con los nuevos sacerdotes durante sus primeros cinco años desde la ordenación.

Estos nuevos sacerdotes se reúnen con compañeros suyos tres o cuatro veces al año para recibir entrenamiento y formación. Además, se reúnen otras tantas veces con un sacerdote mentor y una vez al mes con un consejero espiritual.


El maná de cada día, 30.7.18

julio 30, 2018

Lunes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

 

amarsar

La levadura paulatinamente va inyectando su virtualidad a toda la masa



PRIMERA LECTURA: Jeremías 13, 1-11

Así me dijo el Señor: «Vete y cómprate un cinturón de lino, y rodéate con él la cintura; pero que no toque el agua.»

Me compré el cinturón, según me lo mandó el Señor, y me lo ceñí.

Me volvió a hablar el Señor: «Torna el cinturón que has comprado y llevas ceñido, levántate y ve al río Éufrates, y escóndelo allí, entre las hendiduras de las piedras.»

Fui y lo escondí en el Éufrates, según me había mandado el Señor.

Pasados muchos días, me dijo el Señor: «Levántate, vete al río Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder allí.»

Fui al Éufrates, cavé, y recogí el cinturón del sitio donde lo había escondido: estaba estropeado, no servía para nada.

Entonces me vino la siguiente palabra del Señor: «Así dice el Señor: De este modo consumiré la soberbia de Judá, la gran soberbia de Jerusalén. Este pueblo malvado que se niega a escuchar mis palabras, que se comporta con corazón obstinado y sigue a dioses extranjeros, para rendirles culto y adoración, será como ese cinturón, que ya no sirve para nada. Como se adhiere el cinturón a la cintura del hombre, así me adherí la casa de Judá y la casa de Israel –oráculo del Señor–, para que ellas fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, mi ornamento; pero no me escucharon.»


SALMO: Deuteronomio 32, 18-19.20.21

Despreciaste a la Roca que te engendró.

Despreciaste a la Roca que te engendró, y olvidaste al Dios que te dio a luz. Lo vio el Señor, e irritado rechazó a sus hijos e hijas.

Pensando: «Les esconderé mi rostro y veré en qué acaban, porque son una generación depravada, unos hijos desleales.»

«Ellos me han dado celos con un dios ilusorio, me han irritado con ídolos vacíos; pues yo les daré celos con un pueblo ilusorio, los irritaré con una nación fatua.»


Aclamación antes del Evangelio: St 1, 18

El Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.


EVANGELIO: Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»


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LO MISMO QUE LA LEVADURA HACE FERMENTAR TODA LA MASA,
ASÍ VOSOTROS CONVERTIRÉIS EL MUNDO ENTERO

San Juan Crisóstomo – Homilía 46 sobre el evangelio de san Mateo

El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Lo mismo que la levadura hace fermentar toda la masa, así vosotros convertiréis el mundo entero. Y no me digas: ¿Qué podemos hacer doce hombres perdidos entre una tan gran muchedumbre?

Pues precisamente el mero hecho de que no rehuyáis mezclaros con las multitudes hace inmensamente más espléndida vuestra eficacia. Y lo mismo que la levadura hace fermentar la masa cuando se la aproxima a la harina -y no cuando tan sólo se la aproxima, sino cuando se la aproxima tanto que se mezcla con ella, pues no dijo simplemente puso, sino amasó-, así también vosotros, aglutinados y unidos con vuestros impugnadores, acabaréis por superarlos.

Y lo mismo que la levadura queda envuelta en la masa, pero no perdida en ella, sino que paulatinamente va inyectando su virtualidad a toda la masa, exactamente igual sucederá en la predicación. Así pues, no tenéis por qué temer si os he predicho muchas tribulaciones: de esta forma resaltará más vuestro temple y acabaréis superándolo todo.

Pues es Cristo el que da a la levadura esa virtud. Por eso a los que creían en él los mezcló con la multitud, para que comuniquemos a los demás nuestra comprensión. Que nadie se queje, pues, de su pequeñez, pues el dinamismo de la predicación es enorme, y lo que una vez ha fermentado, se convierte en fermento para los demás.

Y así como una chispa que cae sobre la leña prende en ella y la convierte en llamas, que a su vez prenden fuego a otros troncos, exactamente ocurre con la predicación. Sin embargo, Jesús no habló de fuego, sino de levadura. ¿Por qué? Pues porque en el primer caso no todo procede del fuego, sino también de la leña que arde; en cambio, en el segundo ejemplo la levadura lo hace todo por su misma virtualidad.

Ahora bien, si doce hombres hicieron fermentar toda la tierra, piensa cuán grande no será nuestra maldad, pues siendo tan numerosos, no conseguimos convertir a los que todavía quedan, siendo así que debiéramos estar en situación de hacer fermentar a mil mundos.

Pero ellos -me dirás- eran apóstoles. ¿Y eso qué significa? ¿Es que ellos no participaban de tu misma condición? ¿No vivían en las ciudades? ¿Es que disfrutaron de las mismas cosas que tú? ¿No ejercieron sus oficios? ¿Eran acaso ángeles? ¿Acaso bajaron del cielo? Pero me replicarás: ellos hicieron milagros. ¿Hasta cuándo echaremos mano del pretexto de los milagros para encubrir nuestra apatía? ¿Qué milagros hizo Juan que tuvo pendientes de sí a tantas ciudades? Ninguno, como atestigua el evangelista: Juan no hizo ningún milagro.

Y el mismo Cristo, ¿qué es lo que decía al dar normas a sus discípulos? ¿Haced milagros para que los hombres los vean? En absoluto. Entonces, ¿qué es lo que les decía? Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestra Padre que está en el cielo.

¿Ves cómo es necesario en todas partes que la vida sea buena y esté llena de buenas obras? Pues por sus frutos -dice- los conoceréis.

 

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Las Confesiones de san Agustín. IV, 3.4-6

julio 29, 2018

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Un médico le cura de su afición a la astrología (Conf. IV, 3.4-6)

4. Así, pues, no cesaba yo de consultar a aquellos embusteros llamados matemáticos, porque en sus adivinaciones no sacrificaban vidas ni dirigían conjuro alguno a ningún espíritu, lo que también, sin embargo, condena y rechaza con razón la piedad cristiana y verdadera.

Porque lo bueno es confesarte a ti, Señor, y decirte: Ten misericordia de mí y sana mi alma, porque he pecado contra ti7y no abusar de tu indulgencia para pecar más libremente, sino tener presente la sentencia del Señor: He aquí que has sido ya sanado; no quieras más pecar, no sea que te suceda algo peor8.

Palabras cuya eficacia pretenden destruir los astrólogos diciendo: «De los cielos viene la necesidad de pecar», y «esto lo hizo Venus, Saturno o Marte», y todo para que el hombre, que es carne y sangre y soberbia podredumbre, quede sin culpa y sea atribuida al creador y ordenador del cielo y las estrellas.

¿Y quién es éste, sino tú, Dios nuestro, suavidad y fuente de justicia, que das a cada uno según sus obras9 y no desprecias al corazón contrito y humillado?10

5. Había por aquel tiempo un sabio varón, peritísimo en el arte médica y muy celebrado en ella, quien, siendo procónsul, puso con su propia mano sobre mi cabeza insana aquella corona agonística, aunque no como médico, pues de aquella debilidad mía sólo podías sanarme tú, que resistes a los soberbios y das gracias a los humildes11.

No obstante, ¿dejaste por ventura de mirar por mí por medio de aquel anciano o desististe tal vez de curar mi alma? Lo digo porque, habiéndome familiarizado mucho con él y asistiendo asiduo y como colgado de sus discursos, que eran agradables y graves no por la elegancia de su lenguaje, sino por la vivacidad de sus sentencias, como coligiese de mi conversación que estaba dado a los libros de los genetlíacos o astrólogos, me amonestó benigna y paternalmente que los dejase y no gastara inútilmente en tal vanidad mis cuidados y trabajo, que debía emplear en cosas útiles, añadiendo que también él se había aprendido aquel arte, hasta el punto de querer tomarla en los primeros años de su edad como una profesión para ganarse la vida, puesto que, si había entendido a Hipócrates, lo mismo podía entender aquellos libros; pero que al fin había dejado aquellos estudios por los de la medicina, no por otra causa que por haberlos descubierto falsísimos y no querer, a fuer de hombre serio, buscar su sustento engañando a los demás.

«Pero tú —me decía—, que tienes de qué vivir entre los hombres con tu clase de retórica, sigues este engaño no por apremios de dinero sino por libre curiosidad. Razón de más para que me creas lo que te he dicho, pues cuidé de aprenderla tan perfectamente que quise vivir de su ejercicio solamente».

Pero como yo le preguntara por qué causa muchas de las cosas que pronostica dicha ciencia resultan verdaderas, me respondió como pudo que la fuerza de la suerte está dispersa por las cosas de la Naturaleza.

«Porque —decía él— si a veces, consultando uno las páginas de un poeta cualquiera, se encuentra con un verso que, no obstante pensar el poeta en cosas muy distintas cuando lo compuso, responde, sin embargo, de modo admirable al asunto que trae entre manos, tampoco tiene nada de extraño que el alma humana, movida de superior instinto, sin saber ella lo que pasa en sí, diga no por arte sino por suerte, alguna cosa que responda a los hechos y negocios del que pregunta».

6. Y esto, Señor, me lo procuró aquél [Vindiciano], o más bien me lo procuraste tú por medio de él y delineaste en mi memoria lo que yo mismo más tarde debía buscar. Pero entonces ni éste ni mi carísimo Nebridio, joven adolescente muy bueno y muy casto, que se burlaba de todo aquel arte de adivinación, pudieron persuadirme a que desechara tales cosas, porque me movía más la autoridad de aquellos autores y no había hallado aún un argumento cierto, cual yo lo deseaba, que me demostrara sin ambigüedad que las cosas que salen verdaderas a los astrólogos les salen así por suerte o casualidad y no por arte de la observación de los astros.

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El maná de cada día, 29.7.18

julio 28, 2018

Domingo XVII del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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Así dice el Señor: Comerán y sobrará

Así dice el Señor: Comerán y sobrará

 

Antífona de entrada: Sal 67, 6-7. 36

Dios vive en su santa morada. Dios que prepara casa a los desvalidos, da fuerza y poder a su pueblo.


Oración colecta

Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin tí nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 4, 42-44

En aquellos días, uno de Baal-Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja.

Eliseo dijo: «Dáselos a la gente, que coman.»

El criado replicó: «¿Qué hago yo con esto para cien personas?»

Eliseo insistió: «Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará.»

Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor.

SALMO 144, 10-11.15-16.17-18

Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos, cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 4, 1-6

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.

Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.


ALELUYA: Lc 7, 16

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

EVANGELIO: Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»

Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.»

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.

La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»

Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.


Antífona de comunión: Sal 102, 2

Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios.

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COMENTARIO DOMINICAL DEL PAPA FRANCISCO

EN EL ÁNGELUS DEL 26 DE JULIO DE 2015

.VATICANO, 26 Jul. 15 / 09:03 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco reflexionó sobre la importancia de la Eucaristía hoy, en sus palabras previas al rezo del Ángelus, y señaló que “tomando la Comunión nos encontramos con Jesús, realmente vivo y resucitado” y esto significa “entrar en la lógica de Jesús, la lógica de la gratuidad, de la participación”.

Al comentar el Evangelio del día, recordó que se trata de la multiplicación de los panes ante una gran multitud que rodeaba a Jesús. “En Él actúa el poder misericordioso de Dios, que cura todo mal del cuerpo y del espíritu”, dijo.

“Pero Jesús no es solo sanador, es también maestro: en efecto sube al monte y se sienta, en la típica actitud del maestro cuando enseña: sube sobre aquella ‘cátedra’ natural creada por su Padre celestial. Llegado a este punto, Jesús, que sabe bien lo que está por hacer, pone a la prueba a sus discípulos”.

Francisco aclaró que “los discípulos razonan en términos de ‘mercado’, pero Jesús, a la lógica del comprar sustituye aquella otra lógica, la lógica del dar”.

Jesús entonces “ordena a los discípulos que hagan sentar a la gente, después tomó aquellos panes y aquellos pescados, dio gracias al Padre y los distribuyó”.

“Estos gestos anticipan aquellos de la Última Cena, que dan al pan de Jesús su significado más verdadero”, indicó.

Francisco señaló que “el pan de Dios es Jesús mismo. Tomando la Comunión con Él, recibimos su vida en nosotros y llegamos a ser hijos del Padre celestial y hermanos entre nosotros. Tomando la Comunión nos encontramos con Jesús, realmente vivo y resucitado”.

“Participar en la Eucaristía significa entrar en la lógica de Jesús, la lógica de la gratuidad, de la participación. Y por más pobres que seamos, todos podemos dar algo”.

Además, destacó, “tomar la Comunión también significa tomar de Cristo la gracia que nos hace capaces de compartir con los demás lo que somos y lo que tenemos”.

“El don que Jesús ofrece es plenitud de vida para el hombre hambriento”, por lo que “Jesús sacia no solo el hambre material, sino aquella más profunda, el hambre de sentido de la vida, el hambre de Dios”.

“Frente al sufrimiento, a la soledad, a la pobreza y a las dificultades de tanta gente, ¿qué podemos hacer nosotros? Lamentarse no resuelve nada, pero podemos ofrecer lo poco que tenemos. Como aquel muchacho”, dijo el Papa.

El Santo Padre indicó que “ciertamente tenemos alguna hora de tiempo, algún talento, alguna competencia… ¿Quién de nosotros no tiene sus ‘cinco panes y dos pescados’? Todos tenemos”.

“Si estamos dispuestos a ponerlos en las manos del Señor, bastarán para que en el mundo haya un poco más de amor, de paz, de justicia y, sobre todo, de alegría”, aseguró.

“¡Cuán necesaria es la alegría en el mundo! Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos. Gestos de solidaridad y hacernos partícipes de su don”, añadió.

El Papa expresó su deseo de que “nuestra oración sostenga el empeño común para que jamás falte a nadie el Pan del cielo que da la vida eterna y lo necesario para una vida digna, y para que se afirme la lógica del compartir y del amor”.

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BENEDICTO XVI. Ángelus del Domingo 29 de julio de 2012

Este domingo hemos iniciado la lectura del capítulo 6 del Evangelio de san Juan. El capítulo se abre con la escena de la multiplicación de los panes, que después Jesús comenta en la sinagoga de Cafarnaúm, afirmando que él mismo es el «pan» que da la vida.

Las acciones realizadas por Jesús son paralelas a las de la última Cena: «Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados», como dice el Evangelio (Jn 6, 11). La insistencia en el tema del «pan», que es compartido, y en la acción de gracias (v. 11, eucharistesas en griego), recuerda la Eucaristía, el sacrificio de Cristo para la salvación del mundo.

El evangelista señala que la Pascua, la fiesta, ya estaba cerca (cf. v. 4). La mirada se dirige hacia la cruz, el don de amor, y hacia la Eucaristía, la perpetuación de este don: Cristo se hace pan de vida para los hombres. San Agustín lo comenta así: «¿Quién, sino Cristo, es el pan del cielo? Pero para que el hombre pudiera comer el pan de los ángeles, el Señor de los ángeles se hizo hombre. Si no se hubiera hecho hombre, no tendríamos su cuerpo; y si no tuviéramos su cuerpo, no comeríamos el pan del altar» (Sermón 130, 2). La Eucaristía es el gran encuentro permanente del hombre con Dios, en el que el Señor se hace nuestro alimento, se da a sí mismo para transformarnos en él mismo.

En la escena de la multiplicación se señala también la presencia de un muchacho que, ante la dificultad de dar de comer a tantas personas, comparte lo poco que tiene: cinco panes y dos peces (cf. Jn 6, 8).

El milagro no se produce de la nada, sino de la modesta aportación de un muchacho sencillo que comparte lo que tenía consigo. Jesús no nos pide lo que no tenemos, sino que nos hace ver que si cada uno ofrece lo poco que tiene, puede realizarse siempre de nuevo el milagro: Dios es capaz de multiplicar nuestro pequeño gesto de amor y hacernos partícipes de su don.

La multitud queda asombrada por el prodigio: ve en Jesús al nuevo Moisés, digno del poder, y en el nuevo maná, el futuro asegurado; pero se queda en el elemento material, en lo que había comido, y el Señor, «sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo» (Jn 6, 15).

Jesús no es un rey terrenal que ejerce su dominio, sino un rey que sirve, que se acerca al hombre para saciar no sólo el hambre material, sino sobre todo el hambre más profunda, el hambre de orientación, de sentido, de verdad, el hambre de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que nos ayude a redescubrir la importancia de alimentarnos no sólo de pan, sino de verdad, de amor, de Cristo, del cuerpo de Cristo, participando fielmente y con gran conciencia en la Eucaristía, para estar cada vez más íntimamente unidos a él.

En efecto, «no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; “nos atrae hacia sí”» (Exhort. apost. Sacramentum caritatis, 70). Al mismo tiempo, oremos para que nunca le falte a nadie el pan necesario para una vida digna, y para que se acaben las desigualdades no con las armas de la violencia, sino con el compartir y el amor.
Nos encomendamos a la Virgen María, a la vez que invocamos sobre nosotros y sobre nuestros seres queridos su maternal intercesión.



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UNA ACCIÓN DE LA PALABRA ES PALABRA PARA NOSOTROS

San Agustín (Comentario al evangelio de San Juan 24,1-3)

Los milagros que realizó nuestro Señor Jesucristo son, en verdad, obras divinas que invitan a la mente humana a elevarse a la inteligencia de Dios por el espectáculo de las cosas visibles. Dios no es un ser que pueda ser visto con los ojos. Y los milagros con los que rige el mundo y gobierna toda criatura han perdido su valor por su repetición continua, hasta el punto de que nadie mira con atención las maravillosas y estupendas obras de Dios en el grano de una semilla cualquiera.

Por eso se reservó en su misericordia el realizar algunas en un momento oportuno, fuera del curso habitual y leyes de la naturaleza, con el fin de que viendo, no obras mayores, sino nuevas, se asombrasen quienes no se sienten impresionados ya por las de cada día. Porque mayor milagro es el gobierno del mundo que la acción de saciar a cinco mil hombres con cinco panes.

No obstante, en aquél nadie se fija, ni nadie lo admira; en esto último, en cambio, se fijan todos con admiración, no porque sea algo mayor, sino porque es más raro, porque es insólito.

¿Quién alimenta también ahora al mundo sino el mismo que hace que de pocos granos broten mieses abundantes? Dios, pues se comportó como Dios. Del mismo modo que con pocos granos multiplica las mieses, así multiplicó en sus manos los cinco panes. El poder estaba en las manos de Cristo; aquellos cinco panes eran como semillas que sin ser sembradas en la tierra eran multiplicadas por quien hizo la tierra.

Esto se ha presentado a los sentidos para levantar nuestro espíritu y se ha mostrado a los ojos para ejercitar nuestra inteligencia, para que de esta manera admiremos al Dios invisible a través de las obras visibles; y así, elevados hasta la fe y purificados por la misma fe, lleguemos a desear ver invisiblemente al mismo Invisible, a quien ya conocíamos por las cosas visibles.

Sin embargo, no basta con considerar este aspecto en los milagros de Cristo. Preguntemos a los mismos milagros qué nos dicen de Cristo. Si se les comprende, ellos tienen su propio lenguaje. Dado que Cristo es la Palabra de Dios, una acción de la Palabra es palabra para nosotros. Por tanto, después de haber oído la grandeza del milagro, investiguemos también su profundidad. No nos deleitemos solamente con lo que aparece en la superficie, penetremos también en su profundidad.

Esto mismo que exteriormente nos produce admiración, encierra algo dentro. Hemos visto, hemos contemplado algo grande, excelso, algo enteramente divino que sólo Dios puede realizar; y la obra nos ha hecho romper en alabanzas al Creador.

Supongamos que vemos un códice escrito con letras muy bien dibujadas. No nos satisfaría sólo el alabar la perfección de la mano del escritor que las hizo tan parecidas, iguales y hermosas, si no llegamos, mediante la lectura, a entender lo que con ellas nos quiso decir. Lo mismo sucede aquí: quienes contemplan el hecho exteriormente, se deleitan con su belleza hasta admirar al artífice; mas quien lo entiende es como si lo leyese.

Una pintura se ve de manera distinta que un escrito. Cuando ves una pintura, te basta ver para alabar; pero cuando ves un escrito, no te basta ver, pues te está invitando a que lo leas. Incluso tú mismo, cuando ves un escrito que quizá no sabes leer, te expresas así: «¿Qué estará escrito aquí?» Después de haber visto el escrito, te preguntas por lo allí contenido.

Aquel a quien pides la explicación de lo que has visto, te mostrará otra cosa. Él tiene unos ojos y tú tienes otros. ¿No veis los dos igualmente el escrito? Sí, pero no conocéis igualmente los signos. Tú ves y alabas; el otro ve y alaba, lee y entiende. Puesto que lo hemos visto y lo hemos alabado, leámoslo y entendámoslo.

El Señor está en una montaña. Vaya más allá nuestra inteligencia: el Señor en la montaña es la Palabra que está en lo alto. Lo que aconteció en la montaña, no es por tanto cosa sin importancia ni se ha de pasar por alto, sino que se debe considerar con atención. Vio las turbas; se dio cuenta de que tenían hambre, y misericordiosamente les dio de comer hasta saciarlas, no sólo con su bondad, sino también con su poder.

¿De qué sirve la bondad sola cuando falta el pan con que alimentar a la turba hambrienta? La bondad sin el poder hubiera dejado en ayunas y hambrienta a aquella multitud inmensa.

También los discípulos que estaban con el Señor se dieron cuenta del hambre de la multitud y querían alimentarla para que no desfalleciese; pero no tenían con qué. El Señor pregunta dónde se podría comprar pan para darle de comer. La Escritura añade: Hablaba así para probarle. Se refiere al discípulo Felipe a quien había hecho la pregunta. Porque él sabía bien lo que iba a hacer. ¿Por qué lo ponía a prueba, sino para mostrar la ignorancia del discípulo? Y quizá también quiso indicar algo al descubrir su ignorancia.

Aparecerá luego, cuando comience a revelarnos el misterio y significado de los cinco panes. Entonces se verá por qué el Señor quiso mostrar en este hecho la ignorancia del discípulo, al preguntar lo que él tan bien sabía. A veces se pregunta lo que no se sabe con la intención de oírlo, para saberlo; y otras se pregunta lo que se sabe para averiguar si lo sabe aquel a quien se hace la pregunta.

El Señor sabía las dos cosas: sabía lo que preguntaba, porque sabía bien lo que iba a hacer, y sabía igualmente que Felipe lo ignoraba. ¿Por qué le pregunta, sino para poner de manifiesto su ignorancia? Como ya dije, luego sabremos por qué obró así.


El maná de cada día, 28.7.18

julio 28, 2018

Sábado de la 16ª semana del Tiempo Ordinario

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Dejadlos crecer juntos hasta la siega



PRIMERA LECTURA: Jeremías 7, 1-11

Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Ponte a la puerta del templo, y grita allí esta palabra: “¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por esas puertas para adorar al Señor!

Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré con vosotros en este lugar. No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: ‘Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.’

Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo, si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre.

Mirad: Vosotros os fiáis de palabras engañosas que no sirven de nada. ¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos, y después entráis a presentaros ante mí en este templo, que lleva mi nombre, y os decís: ‘Estamos salvos’, para seguir cometiendo esas abominaciones?

¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo que lleva mi nombre? Atención, que yo lo he visto.”» Oráculo del Señor.


SALMO 83, 3.4.5-6a.8a.11

¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa; y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; caminan de baluarte en baluarte.

Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.


EVANGELIO: Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó.

Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”

Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»


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SI SIEMPRE FUISTE BUENO, TEN MISERICORDIA;
SI ALGUNA VEZ FUISTE MALO, NO LO OLVIDES

San Agustín (Sermón 47, 6)

Y vosotras, ovejas mías -dijo- esto dice el Señor Dios: He aquí que yo juzgo entre oveja y oveja, y entre los carneros y los machos cabríos (Ez 34,17). ¿Qué hacen los machos cabríos aquí, en el rebaño de Dios? Están en los mismos pastos, en las mismas fuentes; esos machos cabríos, destinados a estar a la izquierda, están con las ovejas destinadas a la derecha; pero luego serán separados los que hasta entonces habían sido tolerados.

De este modo se ejercita la paciencia de las ovejas, igual que la paciencia de Dios. Llegará el momento en que él haga la separación: los unos a la izquierda; los otros a la derecha. Ahora él calla, mientras tú quieres hablar. ¿Por qué quieres hablar? Porque él calla. Tú alegas la venganza del juicio, no la palabra de corrección. Él aún no separa y tú ya quieres hacerlo. El que sembró tolera la amalgama. Si quieres que el trigo esté limpio antes de la bielda, mal lo aventarás, si lo haces con tu viento.

Hubiese sido lícito a los siervos decir: ¿Quieres que vayamos y arranquemos la cizaña? Se les revolvió el estómago al ver la cizaña y lamentaron hallarla mezclada con tan buena cosecha. Dijeron: ¿No sembraste buena semilla? ¿A qué se debe el que haya aparecido la cizaña? Él les explicó de dónde procedía. Sin embargo, no permitió que la arrancasen antes de tiempo.

Aunque los siervos mismos estaban airados contra la cizaña, con todo pidieron el consejo y la orden del dueño. Les disgustaba el ver la cizaña entre el trigo; pero veían que si hacían algo por su propia cuenta aun en el arrancar la cizaña, ellos mismos iban a ser contados entre la cizaña. Esperaron que el dueño se lo mandase; esperaron la orden del rey: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Él respondió: No, y les dio la razón: No sea que, al querer arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo.

Tranquilizó su indignación y no los dejó en el dolor. A los siervos les parecía cosa grave el que hubiese cizaña entre el trigo, y lo era en verdad. Pero una es la condición del campo y otra la tranquilidad que reina en el granero. Tolera, para eso has nacido. Tolera, pues tal vez eres tolerado tú.

Si siempre fuiste bueno, ten misericordia; si alguna vez fuiste malo, no lo olvides. ¿Y quién es siempre bueno? Si Dios te examinara atentamente, más fácilmente descubriría una maldad presente que esa bondad perenne que te atribuyes. Por lo tanto, ha de tolerarse la cizaña en medio del trigo, los machos cabríos en medio de las ovejas.

¿Qué dice acerca del trigo? En el tiempo de la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, atadla en haces para quemarla; mi trigo, en cambio, guardadlo en el granero. Pasará la promiscuidad del campo; vendrá la separación de la mies.

El Señor exige ahora de nosotros, la paciencia que presenta en sí mismo, al decirte: «Si yo quisiera juzgar ahora, ¿sería injusto mi juicio? Si yo quisiera juzgar ahora, ¿podría equivocarme, acaso? Si, pues, yo que siempre juzgo rectamente y no puedo equivocarme, retardo mi juicio, ¿te atreves a juzgar antes de tiempo, tú que ignoras cómo serás juzgado?».

Ved, hermanos, cómo el dueño no permitió a aquellos siervos que querían arrancar la cizaña antes de tiempo que lo hicieran ni siquiera en la siega. Dice, en efecto: En el tiempo de la siega diré a los segadores: No dice: «Os diré a vosotros». Pero, ¿qué ocurrirá, si los mismos siervos han de ser los segadores? No. Expuso todo detalladamente y dijo: Los segadores son los ángeles (Mt 13, 24-30; 37-43). Tú, hombre limitado por la carne, que llevas la carne, o que, tal vez, no eres más que carne, es decir, carne en el cuerpo y carne en el espíritu, ¿te atreves a usurpar antes de tiempo un oficio ajeno, que ni siquiera en la siega será tuyo?

Esto respecto a la separación de la cizaña. ¿Qué dice de los machos cabríos? Cuando venga el Hijo del hombre y todos los ángeles de Dios con él, se sentará en el trono de su gloria, congregará en su presentía a todos los pueblos y los separará como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos (Mt 25, 31-32). Vendrá y los separará. Llegará la siega y ellos serán separados. Ahora, pues, no es el tiempo de la separación, sino el de la tolerancia.

Y no decimos esto, hermanos, para que dormite el afán de corregir. Al contrario, para no llegar como incautos a aquel juicio, o como ciegos que descuidaron su ceguera; para que no nos encontremos repentinamente a la izquierda: con esta finalidad, impóngase la disciplina, pero no se anticipe el juicio.


La vida en la familia grande o ampliada, según Amoris laetitia, 187-198, (17)

julio 27, 2018

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Además del círculo pequeño que conforman los cónyuges y sus hijos, está la familia grande: parientes, familiares, amigos, familias amigas…

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La vida en la familia grande o ampliada

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El pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos. En esa familia grande puede haber algunos necesitados de ayuda, o al menos de compañía y de gestos de afecto, o puede haber grandes sufrimientos que necesitan un consuelo.

El individualismo de estos tiempos a veces lleva a encerrarse en un pequeño nido de seguridad y a sentir a los otros como un peligro molesto. Sin embargo, ese aislamiento no brinda más paz y felicidad, sino que cierra el corazón de la familia y la priva de la amplitud de la existencia.

Ser hijos

En primer lugar, hablemos de los propios padres. Jesús recordaba a los fariseos que el abandono de los padres está en contra de la Ley de Dios (cf. Mc 7,8-13). A nadie le hace bien perder la conciencia de ser hijo.

En cada persona, «incluso cuando se llega a la edad de adulto o anciano, también si se convierte en padre, si ocupa un sitio de responsabilidad, por debajo de todo esto permanece la identidad de hijo. Todos somos hijos. Y esto nos reconduce siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado nosotros mismos sino que la hemos recibido. El gran don de la vida es el primer regalo que nos ha sido dado».

Por eso, «el cuarto mandamiento pide a los hijos […] que honren al padre y a la madre (cf Ex 20,12). Este mandamiento viene inmediatamente después de los que se refieren a Dios mismo. En efecto, encierra algo sagrado, algo divino, algo que está en la raíz de cualquier otro tipo de respeto entre los hombres.

Y en la formulación bíblica del cuarto mandamiento se añade: “para que se prolonguen tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar”.

El vínculo virtuoso entre las generaciones es garantía de futuro, y es garantía de una historia verdaderamente humana. Una sociedad de hijos que no honran a sus padres es una sociedad sin honor […] Es una sociedad destinada a poblarse de jóvenes desapacibles y ávidos».

Pero la moneda tiene otra cara: «Abandonará el hombre a su padre y a su madre» (Gn 2,24), dice la Palabra de Dios. Esto a veces no se cumple, y el matrimonio no termina de asumirse porque no se ha hecho esa renuncia y esa entrega.

Los padres no deben ser abandonados ni descuidados, pero para unirse en matrimonio hay que dejarlos, de manera que el nuevo hogar sea la morada, la protección, la plataforma y el proyecto, y sea posible convertirse de verdad en «una sola carne» (ibíd.).

En algunos matrimonios ocurre que se ocultan muchas cosas al propio cónyuge que, en cambio se hablan con los propios padres, hasta el punto que importan más las opiniones de los padres que los sentimientos y las opiniones del cónyuge. No es fácil sostener esta situación por mucho tiempo, y sólo cabe de manera provisoria, mientras se crean las condiciones para crecer en la confianza y en la comunicación.

El matrimonio desafía a encontrar una nueva manera de ser hijos.

Los ancianos

«No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones» (Sal 71,9). Es el clamor del anciano, que teme el olvido y el desprecio. Así como Dios nos invita a ser sus instrumentos para escuchar la súplica de los pobres, también espera que escuchemos el grito de los ancianos.

Esto interpela a las familias y a las comunidades, porque «la Iglesia no puede y no quiere conformarse a una mentalidad de intolerancia, y mucho menos de indiferencia y desprecio, respecto a la vejez. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de hospitalidad, que hagan sentir al anciano parte viva de su comunidad. Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra diaria batalla por una vida digna».

Por eso, «¡cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos!».

San Juan Pablo II nos invitó a prestar atención al lugar del anciano en la familia, porque hay culturas que, «como consecuencia de un desordenado desarrollo industrial y urbanístico, han llevado y siguen llevando a los ancianos a formas inaceptables de marginación».

Los ancianos ayudan a percibir «la continuidad de las generaciones», con «el carisma de servir de puente». Muchas veces son los abuelos quienes aseguran la transmisión de los grandes valores a sus nietos, y «muchas personas pueden reconocer que deben precisamente a sus abuelos la iniciación a la vida cristiana».

Sus palabras, sus caricias o su sola presencia, ayudan a los niños a reconocer que la historia no comienza con ellos, que son herederos de un viejo camino y que es necesario respetar el trasfondo que nos antecede. Quienes rompen lazos con la historia tendrán dificultades para tejer relaciones estables y para reconocer que no son los dueños de la realidad.

Entonces, «la atención a los ancianos habla de la calidad de una civilización. ¿Se presta atención al anciano en una civilización? ¿Hay sitio para el anciano? Esta civilización seguirá adelante si sabe respetar la sabiduría, la sabiduría de los ancianos».

La ausencia de memoria histórica es un serio defecto de nuestra sociedad. Es la mentalidad inmadura del «ya fue». Conocer y poder tomar posición frente a los acontecimientos pasados es la única posibilidad de construir un futuro con sentido. No se puede educar sin memoria: «Recordad aquellos días primeros» (Hb 10,32).

Las narraciones de los ancianos hacen mucho bien a los niños y jóvenes, ya que los conectan con la historia vivida tanto de la familia como del barrio y del país. Una familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una familia desintegrada; pero una familia que recuerda es una familia con porvenir.

Por lo tanto, «en una civilización en la que no hay sitio para los ancianos o se los descarta porque crean problemas, esta sociedad lleva consigo el virus de la muerte», ya que «se arranca de sus propias raíces».

El fenómeno de la orfandad contemporánea, en términos de discontinuidad, desarraigo y caída de las certezas que dan forma a la vida, nos desafía a hacer de nuestras familias un lugar donde los niños puedan arraigarse en el suelo de una historia colectiva.

Ser hermanos

La relación entre los hermanos se profundiza con el paso del tiempo, y «el vínculo de fraternidad que se forma en la familia entre los hijos, si se da en un clima de educación abierto a los demás, es una gran escuela de libertad y de paz. En la familia, entre hermanos, se aprende la convivencia humana […]

Tal vez no siempre somos conscientes de ello, pero es precisamente la familia la que introduce la fraternidad en el mundo. A partir de esta primera experiencia de hermandad, nutrida por los afectos y por la educación familiar, el estilo de la fraternidad se irradia como una promesa sobre toda la sociedad».

Crecer entre hermanos brinda la hermosa experiencia de cuidarnos, de ayudar y de ser ayudados. Por eso, «la fraternidad en la familia resplandece de modo especial cuando vemos el cuidado, la paciencia, el afecto con los cuales se rodea al hermanito o a la hermanita más débiles, enfermos, o con discapacidad».

Hay que reconocer que «tener un hermano, una hermana que te quiere, es una experiencia fuerte, impagable, insustituible», pero hay que enseñar con paciencia a los hijos a tratarse como hermanos. Ese aprendizaje, a veces costoso, es una verdadera escuela de sociabilidad.

En algunos países existe una fuerte tendencia a tener un solo hijo, con lo cual la experiencia de ser hermano comienza a ser poco común. En los casos en que no se haya podido tener más de un hijo, habrá que encontrar las maneras de que el niño no crezca solo o aislado.

Un corazón grande

Además del círculo pequeño que conforman los cónyuges y sus hijos, está la familia grande que no puede ser ignorada.

Porque «el amor entre el hombre y la mujer en el matrimonio y, de forma derivada y más amplia, el amor entre los miembros de la misma familia —entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, entre parientes y familiares— está animado e impulsado por un dinamismo interior e incesante que conduce la familia a una comunión cada vez más profunda e intensa, fundamento y alma de la comunidad conyugal y familiar».

Allí también se integran los amigos y las familias amigas, e incluso las comunidades de familias que se apoyan mutuamente en sus dificultades, en su compromiso social y en su fe.

Esta familia grande debería integrar con mucho amor a las madres adolescentes, a los niños sin padres, a las mujeres solas que deben llevar adelante la educación de sus hijos, a las personas con alguna discapacidad que requieren mucho afecto y cercanía, a los jóvenes que luchan contra una adicción, a los solteros, separados o viudos que sufren la soledad, a los ancianos y enfermos que no reciben el apoyo de sus hijos, y en su seno tienen cabida «incluso los más desastrosos en las conductas de su vida».

También puede ayudar a compensar las fragilidades de los padres, o detectar y denunciar a tiempo posibles situaciones de violencia o incluso de abuso sufridas por los niños, dándoles un amor sano y una tutela familiar cuando sus padres no pueden asegurarla.

Finalmente, no se puede olvidar que en esta familia grande están también el suegro, la suegra y todos los parientes del cónyuge. Una delicadeza propia del amor consiste en evitar verlos como competidores, como seres peligrosos, como invasores.

La unión conyugal reclama respetar sus tradiciones y costumbres, tratar de comprender su lenguaje, contener las críticas, cuidarlos e integrarlos de alguna manera en el propio corazón, aun cuando haya que preservar la legítima autonomía y la intimidad de la pareja.

Estas actitudes son también un modo exquisito de expresar la generosidad de la entrega amorosa al propio cónyuge.

 

 


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