¿Qué sentido tiene imponer las manos? ¿Cómo se hace?

abril 30, 2018

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Jesús empleó la imposición de manos como signo de misericordia, perdón y salvación

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¿Qué sentido tiene imponer las manos? ¿Cómo se hace?

Jesús empleó la imposición de manos como signo de misericordia, perdón y salvación

Por Henry Vargas Holguín

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Unas manos que se extienden sobre la cabeza de una persona o sobre una cosa, a ser posible con contacto físico, es el gesto litúrgico más común en la administración de los sacramentos, el más rico en significado y, por tanto, más expresivo.

No es de extrañar que este signo haya sido valorado y usado por Jesús y que su deseo fuera que se mantuviera en el tiempo: “Y estas señales seguirán a los que creen: (…) impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Marcos 16, 17-18). De manera que esta posibilidad está al alcance de todo aquel que crea.

Este texto no dice que estas señales acompañen sólo a aquellos designados como apóstoles, pues en Hch. 9, 17 vemos que Ananías, un fiel corriente con una función eclesial que hoy podríamos comparar con la función de catequista, fue conducido por el Espíritu Santo para imponer sus manos sobre Saulo para que pudiera recuperarse de la ceguera y quedara lleno del mismo Espíritu.

Este rito es muy antiguo y ha tenido tanto un uso profano como un uso sagrado.

En la Biblia podemos ver que la imposición de manos se hizo para impartir bendición y autoridad, sobre todo en el Antiguo Testamento; e impartir salud y conferir el Espíritu Santo, sobre todo en el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento es riquísimo de momentos en que hay imposición de manos. Jesús empleó la imposición de manos como signo de misericordia, perdón y salvación; así como también lo empleó para restaurarle la vida a la hija de Jairo (Mt. 9, 18). También Cristo Jesús imponía las manos sobre los niños, orando por ellos (Mt 19, 13-15) y para dar salud al enfermo (Lc 6, 19) entre tantos otros ejemplos.

Es por esto que una de las funciones de este gesto hoy es servir de puente para que Jesús transfiera su amor y compasión.

Y los apóstoles lo emplearon sobre todo para comunicar el don del Espíritu Santo; signo que por tanto la Iglesia usa hoy en la administración de todos los sacramentos.

Uno de los gestos más repetidos en la celebración de todos los sacramentos es precisamente la imposición de manos tocando o no al fiel.

Aunque hay un solo Espíritu Santo, el sentido y la finalidad de la epíclesis, su invocación, tiene diferentes connotaciones, según el contexto.

En la misa vemos la imposición de manos en el momento de la consagración. También es el gesto que expresa mejor la bendición solemne, al final de la misa. También en el matrimonio se aplica la imposición de las manos, porque después del Padrenuestro, el sacerdote extiende sobre los novios sus manos y dice su oración de bendición. La imposición de manos se usa incluso en las oraciones de liberación.

Desde el punto de vista sacramental, quien tiene el poder de imponer las manos solo es el ministro ordenado que tiene la  potestad de Cristo.

De manera pues que la imposición de las manos es un gesto que la Iglesia usa en los sacramentos. Pero también fuera de los sacramentos, para bendecir, pedir la intercesión de Dios, pedir la sanación de un enfermo o un avivamiento del Espíritu Santo en una persona.

Una de las mejores aportaciones del Concilio Vaticano II, litúrgicamente hablando, es la de llamar la atención sobre el papel del Espíritu Santo en los actos sacramentales de la Iglesia. Y lo ha hecho mediante una formulación cuidadosa de textos y con un acentuado énfasis en el gesto de la imposición de las manos.

La palabra imposición viene del griego Epi (colocar, poner) Thesis (sobre); que significa “poner sobre”; poner algo sobre algo o alguien con el objetivo de agregar algo: envío, bendición, sanidad. Es permitirle al Señor usar nuestras manos como un medio especial de contacto para la bendición.

Es el poder de Dios que se refleja en lo físico (Rom. 1, 20).

Hoy en día parece que este gesto para bendecir esté reservado sólo a la acción de un superior sobre un inferior, por ejemplo de padre a hijo; pero no es así pues también se puede dar entre iguales, por ejemplo entre esposos, e incluso se da también de inferior a superior, como es el caso que últimamente vimos cuando el Papa Francisco, en su visita a Croacia, quiso que un sacerdote que fue torturado le impusiese las manos.

Lastimosamente esta acción se usó y se usa poco por parte de sacerdotes y fieles; y digo lastimosamente porque donde la Iglesia deja un vacío, luego es llenado por otras ofertas “pseudoespirituales” que sí lo harán y en efecto lo hacen, como es el caso del reiki. Eso sí, la imposición de las manos en el reiki no tiene nada que ver con la forma cristiana y su eficacia.

El sacramento del orden sacerdotal faculta para unas funciones específicas, pero esto no implica necesariamente acaparar todas las acciones y funciones eclesiales.

Algunos sacramentales pueden ser administrados también por laicos (Can 1168) (Sc, 79). Los laicos también pueden realizar todo aquello que, por esencia, no corresponde a un ministro ordenado. Una de estas acciones son algunos sacramentales.

Y la imposición de las manos, fuera de su uso en los sacramentos, se puede considerar también como un sacramental. Obviamente que el efecto varía si este gesto lo hace un ministro ordenado o un fiel.

Es lícito que un fiel rece por otro también con este gesto de intercesión. No hay razón alguna para prohibir que los fieles impongan las manos, mientras se ora para pedir a Dios que devuelva la salud a alguien o para pedir cualquier otra cosa. Tampoco hay ningún peligro en hacerlo. La fe del que lo usa es importante para su eficacia.

No existe en ningún ordenamiento eclesiástico alguna prohibición explícita en este sentido ni norma alguna en la Iglesia que impida aunque sea implícitamente a cualquier laico imponer las manos.

¿Qué se recomienda para hacer una imposición de manos?

1. Es importante que el fiel laico tenga pureza de intención. Esta pureza de intención es pedir actuar a Cristo al imponer las manos, recibir la misericordia de Cristo cuando pides la imposición.

2. El laico que hace ese gesto debe hacerlo sin solemnidad, sin ánimo de protagonismo, sin alguna pretensión, sino más bien con sencillez e informalidad.

3. El laico debe ser ejemplo de sana vida cristiana, muy vinculado a la vida de la Iglesia; que goce de buena fama. Las personas que imponen las manos tienen que ser personas entregadas a Dios.

4. Estas imposiciones de manos deben conducir a los sacramentos y a una mejor y más auténtica vida eclesial, porque hay gente que recuperando la salud se podría contentar con esto y abandone la vida sacramental y no vuelva a misa. La imposición de manos no debe ser un sustituto de los sacramentos. Si Dios sana con este gesto es para que mejoren su vida cristiana como signo de vida nueva.

5. Conocer bien a aquella persona a quien se le va imponer las manos (1ª Timoteo 3,1-13; Tito 1,5-16).

6. No debe usarse el gesto en nadie que se niegue a él; como tampoco a enfermos inconscientes o moribundos si consta que no lo habrían querido recibir.

7. Quitarle a este gesto todo lo que pudiera quitarle su carácter cristiano y sagrado. No darle un carácter de magia o esotérico o algo por el estilo. Conviene despojar este gesto de fantasías y divagaciones que buscan la sugestión en la gente. Así como tampoco imitar estilos y formas ajenos a la Iglesia.

8. En el caso de la imposición de manos durante las misas de sanación hay que tener en cuenta e insistir en que todas las misas son santas y sanan. No se puede aceptar que los fieles vayan sólo a las misas de sanación y no acudan después a la misa parroquial el domingo.

9. Fuera de la misa cuando se imponen las manos es bueno que sea la comunidad misma la que imponga las manos, y no solo una persona, para evitar malos entendidos.

10. No dogmatizar con los detalles en cuanto a formas, tiempos, y lugares. Hay diferentes opiniones sobre, por ejemplo, si tocar o no tocar la cabeza, etc.

11. Tener presente que imponer la mano no confiere -automática y mágicamente- más poder a la oración, porque se puede orar por una persona igualmente, con igual o mayor eficacia, desde la distancia física.

12. Este gesto, si lo hace un fiel, se ha de hacer en silencio; no conviene hacer oraciones de ningún tipo de oración que hagan pensar que la persona que impone manos tenga algún poder.


Maná y Vivencias Pascuales (30), 30.4.18

abril 30, 2018

Lunes de la 5ª semana de Pascua

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Vendremos al él y haremos morada en él

Vendremos al él y haremos morada en él

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Antífona de entrada

Ha resucitado el buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya.


Oración colecta

¡Oh Dios!, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo; inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Hechos 14, 5-17

En aquellos días, al producirse en Iconio conatos de parte de los paganos y de los judíos, a sabiendas de las autoridades, empezaron a moverse con intención de maltratar y apedrear a Pablo y Bernabé; ellos se dieron cuenta de la situación y se escaparon a Licaonia, a las ciudades de Listra, Derbe y alrededores, donde predicaron el Evangelio.

Había en Listra un hombre lisiado y cojo de nacimiento, que nunca había podido andar y estaba siempre sentado. Escuchaba las palabras de Pablo, y Pablo viendo que tenía una fe capaz de curarlo, le gritó mirándolo: «Levántate, ponte derecho» El hombre dio un salto y echó a andar.

Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos». A Bernabé lo llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar.

El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad, trajo a las puertas toros adornados con guirnaldas, y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.

Al darse cuenta los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío gritando: Hombres, ¿qué hacen? Nosotros somos mortales como ustedes, les predicamos la Buena Noticia para que dejen los dioses falsos y se conviertan al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contiene.

En el pasado dejó que cada pueblo siguiera su camino; aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandando la lluvia y las cosechas a su tiempo, dándoles comida y alegría en abundancia.

Con estas palabras disuadieron al gentío, aunque a duras penas, de que les ofrecieran sacrificios.


SALMO: 113

No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria.

No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria: Por tu amor, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones: “Dónde está, pues, su Dios”?

Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas.

Benditos sean del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres.


Aclamación antes del Evangelio: Juan 14, 26

El Espíritu Santo será quien les enseñará todo y les recordará lo que yo les he dicho.


EVANGELIO: Juan 14, 21-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que sabe mis mandamientos y los guarda, ése me ama: y al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me mostraré a él. Le dijo Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué ha sucedido para que te muestres a nosotros y no al mundo?

Respondió Jesús y les dijo: El que me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho.


Antífona de comunión: Jn 14, 27

La paz os dejo, mi paz os doy; No os la doy como la da el mundo -dice el Señor-. Aleluya.


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COMENTARIO A LA PRIMERA LECTURA

Es admirable la capacidad de san Pablo para proclamar el Evangelio partiendo de las experiencias de sus destinatarios: básicamente judíos y paganos.

Cuando se dirige a los judíos parte de la historia de Israel, de los patriarcas o los profetas, y trata de presentar a Jesús como el cumplimiento de las promesas del antiguo Testamento.

Cuando se dirige a los paganos, como sucede en el pasaje anterior, parte del Dios creador presente en el mundo y providente para con los hombres.

En ambos casos se valoran las experiencias religiosas y humanas de los oyentes para llevarlos hacia la plena manifestación de Dios.

Aprendamos a evangelizar desde los valores y experiencias de nuestros interlocutores. ¿Cuáles son los valores o las experiencias que hacen vibrar a nuestros contemporáneos?

¿Cómo llevarlos hasta el Dios verdadero que de alguna forma están buscando, aunque sea a tientas y a oscuras?


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COMENTARIO AL EVANGELIO

En el discurso de despedida, Jesús va presentando cada vez con mayor claridad su vinculación con el Padre y con el Espíritu Santo. Así nos va introduciendo en la comprensión y también en la comunión con las tres divinas personas.

La comunidad cristiana aparece como una proyección de la comunión que existe en la Trinidad. El Padre y el Hijo son uno. El Padre actúa en el Hijo, y éste hace la voluntad del Padre. El Hijo es un reflejo del Padre. Poco a poco Jesús habla con más claridad también del Espíritu Santo.

En primer lugar, Jesús confiesa que el Espíritu será como una prolongación de su persona. Les dice que él tiene que irse, pero que no los dejará huérfanos, pues les enviará “otro” consolador que estará siempre con ellos; otro abogado, o defensor.

Sin embargo, no les traerá novedades ni nada extraño, sino que tomará de lo dicho por Jesús y se lo hará comprender: será su intérprete. Les recordará todo lo experimentado con Jesús. Será la memoria de Jesús. Será el maestro interior que los conducirá hasta la verdad plena.

De esta manera, las tres personas divinas viven y se manifiestan totalmente relacionadas entre sí y viviendo la una para la otra, o mejor para las otras dos. Andan a porfía buscando el bien de los demás. Es la intercomunión trinitaria: modelo para toda persona y para toda comunidad.

Vayamos, por tanto, aprendiendo a vivir en comunión con estas divinas personas de la mano de Jesús, pues sólo él se ha manifestado en la debilidad de nuestra carne, y nos lo ha enseñado todo.

Porque Jesús vivía en constante comunión con Dios, sabemos que existe el Padre Dios. Porque Jesús se sentía llevado por el Poder de Dios en sus obras y palabras, sabemos que existe el Espíritu Santo. Lo sabemos, y podemos hacer lo que hacía Jesús porque nos ha dado su mismo Espíritu. Aleluya.


Maná y Vivencias Pascuales (29), 29.4.18

abril 28, 2018

Domingo V de Pascua, Ciclo B

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El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

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Antífona de entrada: Salmo 97, 1-2

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; revela a las naciones su justicia. Aleluya


Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos 9,26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo.

Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.

La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

SALMO 21, 26b-27.28.30.31-32

El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.

SEGUNDA LECTURA: 1 Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.

Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.

Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 15, 4.5

Permaneced en mí, y yo en vosotros –dice el Señor–; el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Antífona de comunión: Juan 15, 1.5

Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos -dice el Señor-; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. Aleluya.

De los sermones de san Máximo de Turín, obispo

Cristo, día sin ocaso

La resurrección de Cristo destruye el poder del abismo, los recién bautizados renuevan la tierra, el Espíritu Santo abre las puertas del cielo. Porque el abismo, al ver sus puer­tas destruidas, devuelve los muertos, la tierra, renovada, germina resucitados y el cielo, abier­to, acoge a los que ascienden.

El ladrón es admitido en el paraíso, los cuer­pos de los santos entran en la ciudad santa y los muertos vuelven a tener su morada en­tre los vivos. Así, como si la resurrección de Cristo fuera germinando en el mundo, todos los elementos de la creación se ven arrebata­dos a lo alto.

El abismo devuelve sus cautivos al paraíso, la tierra envía al cielo a los que estaban se­pultados en su seno, y el cielo presenta al Señor a los que han subido desde la tierra: así, con un solo y único acto, la pasión del Salvador nos extrae del abismo, nos eleva por encima de lo terreno y nos coloca en lo más alto de los cielos.

La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos. Por esto el salmista invita a toda la creación a celebrar la resurrección de Cristo, al decir que hay que alegrarse y llenarse de gozo en este día en que actuó el Señor.

La luz de Cristo es día sin noche, día sin ocaso. Escucha al Apóstol que nos dice lo que sea este día: La noche está avanzada, el día se echa encima. La noche está avanzando, dice, porque no volverá más. Entiéndelo bien: una vez que ha amanecido la luz de Cristo, huyen las tinieblas del diablo y desaparece la ne­grura del pecado, porque el resplandor de Cristo destruye la tenebrosidad de las culpas pasadas.

Porque Cristo es aquel Día a quien el Día, su Padre, comunica el íntimo ser de la divi­nidad. Él es aquel Día, que dice por boca de Salomón: Yo hice nacer en el cielo una luz inextinguible.

Así como no hay noche que siga al día ce­leste, del mismo modo las tinieblas no pueden seguir la santidad de Cristo. El día ce­leste resplandece, brilla, fulgura sin cesar y no hay oscuridad que pueda con él. La luz de Cristo luce, ilumina, destella continuamente y las tinieblas del pecado no pueden recibirla: por ello dice el evangelista Juan: La luz brilló en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Por ello, hermanos, hemos de alegrarnos en este día santo. Que nadie se sustraiga del gozo común a causa de la conciencia de sus peca­dos, que nadie deje de participar en la oración del pueblo de Dios, a causa del peso de sus faltas. Que nadie, por pecador que se sienta, deje de esperar el perdón en un día tan santo. Porque si el ladrón obtuvo el paraíso, ¿cómo no va a obtener el perdón el cristiano? (Sermón 53, 1-2).

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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA EN ESTE DOMINGO,

EN EL DÍA DE LA RESURRECIÓN DEL SEÑOR:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, consagrado al culto de Dios y a la familia, a vivir en comunidad de hermanos en la familia, en la parroquia, en la sociedad?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Cómo quiero vivir hoy la Eucaristía, encuentro con Dios y los hermanos? ¿Cómo compartir la fe y la experiencia de Dios en este domingo?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando, comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día domingo? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa podría cultivar hoy: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?

6) ¿Cómo hacer hoy más felices a mi cónyuge y a mis hijos? ¿Podría visitar a algún familiar o a algún enfermo, o dar una limosna significativa para algún necesitado?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

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PALABRA DEL PAPA EN EL ÁNGELUS DE HOY

Queridos hermanos y hermanas:El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en la Última Cena, en el momento en el cual sabe que la muerte está cerca. Es ahora su “hora”. Por última vez, él está con sus discípulos, y quiere impresionar bien en sus mentes una verdad fundamental: aun cuando él ya no estará físicamente entre ellos, ellos podrán mantenerse unidos con él en un modo nuevo, y así dar mucho fruto. Si al contrario alguno perdiera la comunión con Él, se convertiría en estéril, es decir, dañino para la comunidad.
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Y para expresar esta realidad Jesús utiliza la imagen de la vid y los sarmientos: “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos “(Jn 15, 4-5).
Jesús es la vid, y a través de Él -como la savia en el árbol- pasa a las ramas el amor de Dios, el Espíritu Santo. He aquí, nosotros somos las ramas, y a través de esta parábola Jesús quiere que entendamos la importancia de permanecer unidos a Él.
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Las ramas no son autosuficientes, dependen totalmente de la vid, que es la fuente de su vida. De la misma manera es para nosotros los cristianos. Injertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva; y gracias a la Iglesia podemos permanecer en comunión vital con Cristo.
Debemos permanecer fieles al bautismo, y crecer en la intimidad con el Señor mediante la oración, la escucha y la obediencia a su Palabra, la participación en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación.
Si uno está íntimamente unido a Jesús, disfruta de los dones del Espíritu Santo, que -como nos dice San Pablo- son “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí mismo” (Gálatas 5:22 ); y por consecuencia hace tanto bien al prójimo y a la sociedad como verdadero cristiano.

Por estas actitudes se reconoce que uno es cristiano, como de los frutos se reconoce el árbol. Los frutos de esta profunda unión con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona viene transformada por la gracia del Espíritu, alma, inteligencia, voluntad, afectos, e incluso el cuerpo, porque somos una sola unidad de espíritu y el cuerpo.

Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se convierte en nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. En consecuencia, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y los que sufren, con su corazón y llevar así en el mundo frutos de bondad, de caridad y de paz.

Cada uno de nosotros es una rama de la única vid; y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de esta pertenencia común a Cristo y a la Iglesia. Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que seamos ramas de vida en la Iglesia y testimonios coherentes de nuestra fe, conscientes de que todos, según nuestras vocaciones particulares, participamos a la única misión salvífica de Jesucristo, el Señor.

Queridos hermanos y hermanas provenientes de Italia y de muchas partes del mundo, a todos dirijo un cordial saludo!

Ayer en Turín fue proclamado Beato Luigi Bordino, laico consagrado de la Congregación de los Hermanos de San José Benito Cottolengo. Él ha dedicado su vida a los enfermos y dolientes, y se ha dedicado sin descanso a favor de los más pobres, medicando y lavando sus heridas. Damos gracias al Señor por su discípulo humilde y generoso.

Un saludo especial va hoy Asociación Meter, en el Día de los niños víctimas de la violencia. Les doy las gracias por su compromiso para tratar de prevenir estos crímenes. Todos debemos trabajar para asegurar que cada persona humana, especialmente los niños, estén siempre defendidos y protegidos.

Saludo con afecto a los peregrinos presentes, ¡demasiados para nombrar cada grupo! Saludo a aquellos provenientes de Amsterdam, Zagreb, Litija (Eslovenia), Madrid y Lugo, también en España. Doy la bienvenida con alegría a tantísimos italianos: las parroquias, las asociaciones y las escuelas. Un pensamiento especial para los niños y niñas que han recibido o van a recibir la Confirmación.

Les deseo a todos un buen domingo. Por favor no se olviden de rezar por mí. ¡Buena almuerzo y adiós!

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Maná y Vivencias Pascuales (28), 28.4.18

abril 28, 2018

Sábado de la 4ª semana de Pascua

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Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre


Antífona de entrada: 1 Pedro 2, 9

Pueblo adquirido por Dios, proclamad las hazañas del que os llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa. Aleluya.

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TEXTOS ILUMINADORES

El sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para escuchar la palabra de Dios. Y creyeron todos los que estaban dispuestos para la vida eterna. La palabra de Dios se difundía por toda la región.

Pablo y Bernabé se fueron a la ciudad de Iconio dejando a los discípulos llenos de gozo y del Espíritu Santo.

Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús respondió: El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí? Las Palabras que yo les he dicho no vienen de mí mismo. El Padre que está en mí obra por mí.

Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos créanmelo por mis obras.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, concédenos vivir siempre en plenitud el misterio pascual, para que, renacidos en el bautismo, demos fruto abundante de vida cristiana y alcancemos, finalmente, las alegrías eternas. Por nuestro Señor Jesucristo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Santifica, Señor, con tu bondad estos dones, acepta la ofrenda de este sacrificio espiritual y a nosotros transfórmanos en oblación perenne. Por Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Hechos 13, 44-52

El sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para escuchar la palabra de Dios. Los judíos al ver tal gentío se llenaron de envidia y se pusieron a contradecir con insultos lo que Pablo decía.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con firmeza: Ustedes eran los primeros a quienes debíamos anunciar el mensaje de Dios. Pero ahora, rechazándolo, se condenan a no recibir la vida eterna y nosotros nos dirigimos a los que no son judíos, ya que así nos ordenó el Señor: “Te puse como luz de las naciones para que lleves la salvación hasta los extremos del mundo”.

Los que no eran judíos, cuando oyeron esto, se alegraron, comenzaron a alabar el mensaje del Señor, y creyeron todos los que estaban dispuestos para la vida eterna. Mientras tanto la palabra de Dios se difundía por toda la región.

Los judíos entonces incitaron a mujeres distinguidas y devotas y también a los hombres importantes de la ciudad; organizaron una persecución contra Pablo y Bernabé y lograron que los echaran de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de sus pies, como protesta contra ellos, y se fueron a la ciudad de Iconio, dejando a los discípulos llenos de gozo y del Espíritu Santo.

SALMO 97, 1-4

Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación, ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.

Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios. ¡Aclamen al Señor, habitantes de toda la tierra, estallen de gozo, griten de alegría, canten!

Aclamación: Juan 8, 31b-32.– Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos y conoceréis la verdad, dice el Señor.

EVANGELIO: Juan 14, 7-14.- Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si me conocieran a mí, también conocerían al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto.

Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta” Jesús respondió: Hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí?

Las Palabras que yo les he dicho no vienen de mí mismo. El Padre que está en mí obra por mí. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos créanmelo por mis obras.

En verdad el que cree en mí hará las mismas cosas que yo hago, y aún hará cosas mayores que éstas; pues ahora me toca irme al Padre. Pero lo que ustedes pidan en mi nombre, lo haré yo para que den gloria al Padre a través de su Hijo. Y también, si me lo piden a mí en mi nombre, yo se lo daré.

Comunión: Juan 17, 24

Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Aleluya.


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SALUDO PASCUAL A LA VIRGEN MARÍA (4)

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La Iglesia tiene dos formas de saludar a la Virgen María durante el año litúrgico: el propio del tiempo pascual, el “Regina Coeli”, y el “Ángelus” para el resto del año. En su momento hicimos un comentario al Ángelus. Ahora vamos a comentar muy brevemente el saludo pascual: ¡Reina del cielo, alégrate! ¡Aleluya!

La Virgen María estuvo particularmente cercana a Jesús en los misterios de su muerte y resurrección, en el nacimiento de la Iglesia y en venida del Espíritu Santo. Cumplida su misión terrena fue llevada al Cielo y coronada de gloria junto a su Hijo, esperando que Cristo recapitule todas las cosas y las entregue al Padre.

María es la perfecta discípula del Señor que colaboró como nadie, y de manera totalmente excepcional, en la obra de la redención: comenzando por el misterio de la Encarnación y culminando su misión participando en la muerte y resurrección de su Hijo.

Recordemos que ella permaneció firme, fiel e íntegra ante el misterio de la muerte y sepultura de su hijo Jesús. Ella, la “mujer”, la nueva Eva, recibe el testamento del Crucificado: “Ahí tienes a tu hijo”.

Ella sabe en fe que Jesús no puede morir. Por eso, la Iglesia siempre ha creído que la Virgen María fue la primera que creyó en la resurrección, la primera que “vio” a Jesús como Resucitado y constituido Señor y Salvador. No le hacían falta apariciones. Ningún evangelista narra esas posibles apariciones.

De ahí que la Virgen María es la que mejor puede iniciarnos en la fe pascual, en la experiencia de la salvación plena en Cristo el Señor. Ella es la Madre del Resucitado.

De hecho María, rodeada de otras mujeres testigos de la resurrección, acompañó a los discípulos en el proceso pascual del alumbramiento del nuevo Israel, la Iglesia, hasta recibir la plenitud del Espíritu en Pentecostés, como la verdadera y única madre de los creyentes. Ella es la llena del Espíritu Santo.

Nadie mejor que ella nos puede acompañar en este tiempo pascual hasta que experimentemos la plena salvación en Cristo. Por eso, la Iglesia la saluda con especial devoción, alegría y esperanza durante el tiempo pascual.

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REINA DEL CIELO, ALÉGRATE, ALELUYA

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Alégrate, María, porque Dios está definitivamente prendado de tu belleza y santidad: Amándote con predilección, va forjando tu personalidad única. Eres su obra maravillosa, la llena de gracia.

Dios Padre bendice y corona a María porque todas las expectativas que proyectaba sobre ella han sido plenamente cumplidas. No le ha defraudado en lo más mínimo. Alégrate, María, aleluya. Y alaba a tu Dios porque ha hecho obras grandes en ti.

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PORQUE EL SEÑOR, A QUIEN HAS MERECIDO LLEVAR, ALELUYA

Vive el Señor a quien has merecido llevar, aleluya

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Vive el Señor, a quien has merecido llevar: primero por la fe en tu mente, y después en tu seno, Virgen María. Aleluya.

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María ha vivido la intimidad más delicada y tierna con el Hijo de Dios concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.

Una experiencia inimaginable, que ni ojo puede ver, ni oído oír, ni puede venir a mente humana algo parecido.

El Hijo unigénito de Dios ha concedido a María -llena de gracia- la facilidad y el gozo de cumplir la voluntad del Padre creador, de una manera espontánea, querida de corazón, alegre y plena; por ello gratificante, pues colabora con el plan de Dios como si se tratara de algo soñado por ella misma.

Ninguna posibilidad de gracia venida del Padre ha sido despreciada o frustrada en María, gracias a la comunión que se le ha concedido experimentar con el que habita en el seno del Padre “comiendo” su voluntad, con el que es el Rostro de Dios, la Imagen del Padre.

En definitiva, con el que es su propio hijo. Un hijo al que la Virgen María da vida y conforma en su seno, pero a la vez, él conforma a su madre, la modela y perfecciona en una vida totalmente sumisa a la voluntad del Padre.

Por eso, ahora en el cielo, el Hijo de María corona a su Madre como Reina y Señora del universo, de cuanto fue creado y recreado en Cristo.

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El Señor ha resucitado, según su palabra. Aleluya

HA RESUCITADO, SEGÚN SU PALABRA, ALELUYA

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La Virgen María ha sido habitada por el Poder de Dios. El Espíritu de Dios ha venido sobre toda su persona, sobre todo su ser hasta hacer su morada en ella.

El Espíritu ha estado guiando sus pensamientos y acciones durante toda su existencia. Gracias al Espíritu María ha colaborado en la obra de la salvación como nadie.

Verdaderamente Dios, por su Espíritu, ha estado grande con ella: ha concebido al Hijo de Dios, y lo ha acompañado en toda la gesta de la salvación, pasando por su muerte y resurrección.

Ella, llena del Espíritu, ha mantenido la fe de los discípulos hasta el día de Pentecostés. Ella es Madre de la Iglesia. Y su misión continúa en el cielo intercediendo por los hijos de la Iglesia.

Así su maternidad llega a plenitud, según los designios de Dios; de un Dios que es comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu. María entra de lleno en la vida íntima de la Trinidad.

Por eso, en verdad, la Virgen María es honrada como Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, y Esposa del Espíritu Santo. ¡Dichosa tú que has creído!

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RUEGA AL SEÑOR POR NOSOTROS, ALELUYA

– GOZA Y ALÉGRATE, VIRGEN MARÍA, ALELUYA

– PORQUE VERDADERAMENTE HA RESUCITADO EL SEÑOR, ALELUYA

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OREMOS

Oh Dios, que mediante la resurrección de tu Hijo Jesucristo, te has dignado alegrar al mundo; concédenos, por la intercesión de la Virgen María, alcanzar los gozos de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (27), 27.4.18

abril 27, 2018

Viernes de la 4ª semana de Pascua

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¿No sentíamos que nos ardía el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?

¿No sentíamos que nos ardía el corazón mientras nos explicaba las Escrituras?

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Antífona de entrada: Apocalipsis 5, 9-10

Con tu sangre, Señor, has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; has hecho de ellos una dinastía sacerdotal que sirva a Dios. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, origen de nuestra libertad y de nuestra salvación, escucha las súplicas de quienes te invocamos; y pues nos has salvado por la sangre de tu Hijo, haz que vivamos siempre en ti y en ti encontremos la felicidad eterna. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hechos 13, 26-33

En aquellos días, habiendo llegado Pablo a Antioquía, decía en la sinagoga: Hermanos, hijos y descendientes de Abrahán y también ustedes que temen a Dios: A nosotros nos dirigió Dios este mensaje de salvación.

Bien es cierto que los habitantes de Jerusalén y sus jefes lo desconocieron, como también desoyeron los llamados de los profetas que se leen cada sábado. Condenaron a Jesús y con eso cumplieron las profecías.

Aunque no encontraron en él ningún motivo para condenarlo a muerte, pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar.

Y cuando cumplieron todo lo que sobre él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en el sepulcro.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días se apareció a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén, los que ahora son sus testigos ante el pueblo.

Nosotros les venimos a anunciar lo mismo que Dios prometió a nuestros padres. Dios lo ha cumplido con sus hijos, es decir, con nosotros, al resucitar a Jesús, tal como está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”.


SALMO 2, 6-7. 8-9. 10-11

Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo. Voy a proclamar el decreto del Señor, él me ha dicho: “Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy”

Pídemelo y te daré las naciones en herencia, en propiedad todos los países del mundo. Los romperás con cetro de hierro, los quebrarás como vasija de barro.

Y ahora, reyes, reflexionen, aprendan, gobernantes de la tierra. Sirvan al Señor con temor, denle culto temblando.

Aclamación: Juan 14, 6

Yo soy el camino, y la verdad y la vida, dice el Señor. Nadie va al Padre, sino por mí.
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EVANGELIO: Juan 14, 1-6.- Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio?

Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino”.

Tomás le dice: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”.

Antífona de comunión: Romanos 4, 25

Cristo, nuestro Señor Jesús fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra santificación. Aleluya.
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LA TRANSFORMACIÓN DE LOS APÓSTOLES Y DE LOS DISCÍPULOS

A RAÍZ DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE SU MAESTRO

Y DE LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO (3)

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Los días pasados, analizábamos algunas características de la espiritualidad pascual: del modo de pensar y de vivir que experimentaron los discípulos de Jesús a raíz de la muerte y resurrección de su Señor.

¿Qué experimentaron ellos en su vida personal y comunitaria? Pues nos interesa conocerlo, porque creemos que lo que ellos recibieron, nos pertenece también a nosotros.

Y lo resumimos en estos puntos:

1.- Se les concedió un conocimiento verdadero de la persona y de la misión de Jesús, a la luz de la Sagrada Escritura.

Pudieron “releer” la Palabra de Dios e interpretar integralmente todo lo vivido al lado de Jesús. Fueron iluminados por Dios, como nosotros por el santo bautismo. Les quedó todo mucho más claro y cercano y experimentaron una gran alegría interior y seguridad.

“Conocieron” a Dios. Se cumplió la promesa del antiguo Testamento. Fueron enseñados por Dios.

2.- El Espíritu trasformó su corazón dándoles la mente de Cristo y el sentir de Cristo, su mismo corazón y espíritu.

Lograron una plena identificación con los ideales de Cristo. Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, aclara el apóstol Pablo.

El mismo confiesa: Cristo me amó y se entregó por mí; ¡ay de mí, si no evangelizare! He sido alcanzado por el Amor de Cristo. Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir.

3.- El misterio de la persona y de la misión salvífica de Jesús vino a ocupar el centro de su vida.

Experimentaron una pasión por la causa de Jesús. Sólo querían conocer a Cristo y darlo a conocer a todo el mundo. Todo lo demás pasó a segundo lugar. Más todavía: Todo lo que no fuera Cristo lo consideraban pérdida y basura… En fin, despreciable.

4.- Los apóstoles comenzaron a testificar con palabras poderosas.

Experimentan una fuerza extraordinaria que los empujaba a testimoniar con valentía -parresía-, con mucha convicción, seguridad y aplomo que Jesús estaba vivo.

No pueden dejar de hablar de Jesús. Prefieren la gloria de Dios a la de los hombres. No hay quien los pueda acallar.

5.- El pueblo estaba admirado no sólo por las palabras sino también por las obras que las acompañaban: por los milagros que realizaban en nombre de Jesús “el Señor”.

El pueblo se hacía lenguas hablando de los apóstoles y de la comunidad de creyentes.

6.- De esta forma nació la iglesia: la “ecclesía” o reunión de los que son convocados por Dios mismo.

Los que creen, son bautizados en el nombre de Jesús, se les perdonan los pecados y reciben el Espíritu Santo. La nueva vida encontrada constituye el mayor tesoro de los hermanos: Dios mismo. Lo demás es relativizado.

7.- Por eso, muchos hermanos venden lo que tienen y lo depositan ante los responsables de la Iglesia, para que sirva a los necesitados.

Todo lo tenían en común, y nadie pasaba necesidad. Tenían una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios.

En el corazón de la Iglesia nacen los primeros ensayos de vida en comunidad, de hermanos que viven en pobreza y disponibilidad para practicar las bienaventuranzas y predicar el Reino.

Estas formas de vida cristiana después evolucionarán, se organizarán y serán llamadas “vida consagrada” o práctica de los consejos evangélicos.

8.- La Iglesia crecía y se multiplicaba con la aprobación de todo el pueblo.

La gente quedaba gratamente impresionada y ansiaba ingresar a la comunidad eclesial.

Los apóstoles, junto con los discípulos que iban conformando las comunidades por todas partes, glorificaban a Dios siempre y por todo, de tal modo que en la alabanza de Dios encontraban la fuerza para superar todas las dificultades.

Eran en verdad, inexpugnables. La gracia de Dios les bastaba. Se gloriaban en sus debilidades para que así apareciera más claramente que todo se debía al Señor.

9.- Se les dio un Espíritu sin medida en Pentecostés: Dios Padre cumplió su promesa enviándoles a través de Cristo el Espíritu Santo.

El Resucitado los había enviado a predicar por todo el mundo y a realizar las mismas obras que él hacía en su vida mortal, y aun mayores. Pero les advirtió que permanecieran en Jerusalén hasta que fueran revestidos de lo alto, del Espíritu Santo.

Sólo después de recibir la plenitud del Espíritu, salieron a predicar. Daban de manera generosa y gratuita lo que habían recibido gratuitamente de Dios por Cristo el Señor.

Glorificaban a Dios en todo momento por las maravillas realizadas en los que creían, fueran judíos o gentiles, pues Dios no hace distinción de personas.

Los apóstoles comprendieron que los últimos tiempos habían llegado: la hora del Espíritu y de la Iglesia. Por eso, el Espíritu y la esposa dicen: “Ven, Señor Jesús”.

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Estimada hermana, amable hermano: Estas maravillas obradas por Dios en los apóstoles y discípulos del Señor quiere realizarlas también en ti, en cada uno de nosotros.

Por el bautismo se nos dio la salvación: fuimos sepultados con Cristo para resucitar con él a una vida nueva gracias a la acción del Espíritu.

Si tu vida no es tan “esplendorosa” y evangélicamente correcta como la de los apóstoles, todavía te falta algo importante, aún no eres, del todo, gloria de Dios en el mundo.

Pero no te preocupes, a lo largo de esta Pascua el Señor quiere darte la “vida en abundancia”; la que nos prometió Jesús y mereció para nosotros, con su pasión y muerte, con su resurrección.

Por tu parte, vete disponiéndote y créetelo, y así al final de este tiempo pascual recibirás una nueva efusión del Espíritu en Pentecostés que te cambiará notablemente la mente y el corazón, tu personalidad integralmente tomada.

Es cierto que ya tienes el Espíritu Santo, desde el Bautismo. Pero la cuestión es “cómo lo tienes”. Es decir, la manera como te está transformando día a día en otro Cristo. Si está activo y dinámico el Espíritu en ti, o está apagado, ignorado, mortecino.

Eso es lo que vas a pedir y agradecer, ya desde ahora, cada jornada de este tiempo precioso de Pascua: Que tengas vida nueva y en abundancia por la fuerza del Espíritu de Cristo resucitado.

Que Dios te bendiga en todas tus necesidades, según su gran misericordia. ¡Amén!

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Maná y Vivencias Pascuales (26), 26.4.18

abril 26, 2018

Jueves de la 4ª semana de Pascua

En España, San Isidoro de Sevilla, doctor. Fiesta.


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Cuando venga el Espíritu Santo les recordará todo lo que yo les he dicho



OBSERVACIÓN

A partir de hoy, y hasta el final del tiempo pascual, se proclaman los relatos del evangelio de san Juan sobre la última Cena del Señor con sus discípulos, los discursos de su despedida y su oración sacerdotal.

TEXTO ILUMINADOR

Después que Jesús lavó los pies a sus discípulos, les dijo: El esclavo no es más que su amo y el que es enviado no es más que el que lo envía. Ahora que ustedes saben esto, serán felices si lo ponen en práctica.


Antífona de entrada: Sal 68, 8-9.20

Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo, y acampabas con ellos y llevabas sus cargas, la tierra tembló, el cielo destiló. Aleluya.


ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que has restaurado la naturaleza humana elevándola sobre su condición original; no olvides tus inefables designios de amor y conserva en quienes han renacido por el bautismo los dones que tan generosamente han recibido. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hechos 13, 13-25

En aquellos días, Pablo y sus compañeros navegaron desde Pafos hasta Perge de Panfilia. Ahí Juan se separó de ellos y regresó a Jerusalén, mientras que ellos, partiendo de Perge, llegaban hasta Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: “Hermanos, si tienen una palabra de aliento para los presentes, hablen”.

Pablo, pues, se levantó, hizo la señal con la mano y dijo: “Hijos de Israel y también ustedes que temen a Dios, escuchen: El Dios de Israel, nuestro pueblo, eligió a nuestros padres, y después que hizo prosperar a sus hijos durante su permanencia en Egipto, los sacó de allí triunfalmente. Durante unos cuarenta años los alimentó en el desierto. Y después de destruir siete naciones en la tierra de Canaán les dio en herencia su tierra, al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años.

Después les dio Jueces hasta el profeta Samuel. Entonces pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. Pero después Dios rechazó a éste y les dio por rey a David, de quien dio este testimonio: Encontré a David, hijo de Jesé, un hombre a mi gusto, que actuará en todo según mis planes.

Ahora bien, de la familia de David, Dios ha hecho salir un Salvador para Israel, como lo había prometido, ése es Jesús. Antes que se manifestara, Juan proclamó a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión. Y cuando Juan terminaba su carrera decía: ”No soy lo que ustedes piensan, pero sepan que detrás de mí viene aquel a quien no soy digno de desatarle el calzado”.

SALMO 88, 2-3. 21-22. 25 y 27

Cantaré eternamente la misericordia del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad»

Encontré a David, mi siervo, y lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga valeroso.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, por mi nombre crecerá su poder. Él me invocará: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora”.


Aclamación: Apocalipsis 1, 5ab

Jesucristo, tú eres el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos; tú nos amaste y nos has librado de nuestros pecados por tu sangre.

EVANGELIO: Juan 13, 16-20.- El que recibe a mi enviado, me recibe a mí.

Después que Jesús lavó los pies a sus discípulos, les dijo: El esclavo no es más que su amo y el que es enviado no es más que el que lo envía. Ahora que ustedes saben esto, serán felices si lo ponen en práctica.

No lo digo por todos ustedes, porque conozco a los que he escogido. Yo sé que se va a cumplir lo dicho por el Salmo: “El que come el pan conmigo se levantará contra mí”. Se lo digo de antemano para que cuando suceda, ustedes crean que yo soy.

En verdad les digo: El que recibe al que yo envío, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.


Antífona de Comunión: Mateo 28, 20

Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

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PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL (2)

Apreciada hermana, estimado hermano: Día a día tratamos de interiorizar los misterios de la muerte y resurrección del Señor. Después de la purificación cuaresmal, la Iglesia está más abierta a la acción del Espíritu para asimilar la victoria de Cristo.

Toda la Iglesia se viste de fiesta para salir al encuentro del Señor, como esposa que se adorna para su esposo. La salvación está ya realizada en Cristo. Sólo queda asimilarla. Como si dijéramos: La mesa está servida, acercaos y servíos.

En la Pascua se inaugura el tiempo del Espíritu, el tiempo de la Iglesia. Cristo ya ha culminado su carrera, obedeciendo hasta la muerte, y muerte en cruz. Jesús nos amó hasta el extremo, entregando su vida por nosotros libremente: Nadie me quita la vida, dijo, yo la entrego.

El Padre nos había confiado al amor redentor de su Hijo y éste no defraudó. De esa manera ha glorificado al Padre. Ahora éste lo ha glorificado haciéndolo “Señor y Salvador” de los hombres.

¿Cómo? Derramando el Espíritu de su Hijo sobre todos los que creen en él. Ya en el antiguo Testamento el Padre había prometido el Espíritu, y Jesús lo había prometido antes de morir: Os habéis entristecido porque os he dicho que me voy; pero no os dejaré huérfanos. En verdad, os conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu. Pero si me voy, os lo enviaré. El Padre os lo dará.

El Espíritu se encargará de hacerles recordar a los discípulos toda la existencia de Jesús, releyéndola a la luz de la muerte y resurrección. Toda la Escritura alcanza así un sentido pleno en la fe de los discípulos. Nace la Iglesia, lentamente, pero con una fuerza arrolladora. No hay marcha atrás. Id por todo el mundo y hablad a todas las gentes.

Y los discípulos comienzan a dar testimonio de que Jesús está vivo. Tan vivo que ellos poseen el mismo poder de Jesús en sus palabras y también en sus obras, pues realizan milagros y hechos portentosos en su nombre. Toda la gente quedaba admirada y se convertían al Señor los que se iban salvando de esta generación incrédula y perversa.

La fe en el Resucitado era tan manifiesta como profunda. No podía ser contenida ni mucho menos retenida en el templo interior de la conciencia de los discípulos. Éstos daban testimonio inequívoco sobre Jesús con mucha valentía, aplomo, convicción, esperanza y poder: con la seguridad de la victoria definitiva. No les importaban los sufrimientos.

Estaban en el mundo, se consideraban ciudadanos de la sociedad, pero no eran del mundo, su patria y su felicidad estaban en otra parte. Lo que importaba era anunciar a Cristo, y además anunciarlo a todas las gentes.

Lo más granado de Israel, gracias al Espíritu, daba a luz al nuevo Israel que abarcaba a todos los pueblos. Dios daba el Espíritu a todos, sin distinción: a todo el que crea.

El Espíritu transforma a la persona y anima a la comunidad repartiendo carismas para el crecimiento de la misma. Él está haciendo nuevas todas las cosas en Cristo.

Por eso, en Pascua no hay lecturas del antiguo Testamento. Se lee el libro de los Hechos de los Apóstoles, la historia de las primeras comunidades, su nacimiento y su desarrollo por virtud de la animación del Espíritu de Cristo presente en ellas y en cada creyente.

Se proclama el evangelio de san Juan, el más “pascual”, porque Dios es quien dirige los destinos del mundo y nada está perdido. Se abre paso con toda justicia el Reino de la luz, de la verdad y del amor. La gloria de Dios abraza al mundo entero.

La comunidad evangelizada, evangeliza y celebra. La Iglesia hace la eucaristía y ésta hace a la Iglesia. La constituye como signo de salvación para todos los hombres. La eucaristía es culmen de la Iglesia, todo se orienta hacia ella y en ella desemboca.

Y de la cena del Señor la Iglesia extrae las fuerzas para evangelizar, ella misma es recreada y se hace Evangelio vivo prestándole a Cristo un rostro transfigurado y esplendoroso.

Según esto, hermana, hermano, conforme va avanzando el tiempo pascual debes ir creciendo en la fe en Cristo, siendo un testigo más convencido y valiente.

Segundo, deberías apreciar más la eucaristía y tratar de experimentarla como el centro de tu vida.

Tercero, debes abrirte a la acción del Espíritu para secundar sus inspiraciones. Irás recibiendo, casi sin darte cuenta, una experiencia más viva de su poder transformador.

Y finalmente, irás notando mayor capacidad para comprender el misterio de la Santísima Trinidad y mayor experiencia del papel y de la acción de cada una de las tres divinas personas en tu vida.

Ánimo, hermanos, pues hay que llegar hasta el final de este tiempo y completar esta experiencia pascual, porque mayores cosas veréis, dice el Señor. Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (25a), 25.4.18

abril 25, 2018

 

25 de abril

San Marcos, evangelista

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San Marcos

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Antífona de entrada: Mc 16, 15

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. Aleluya.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos fielmente las huellas de Cristo. Él, que vive y reina contigo.


PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 5, 5b-14

Queridos hermanos:
Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros.

Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén.

Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella.

Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno.

Paz a todos vosotros, los cristianos.

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SALMO 88, 2-3. 6-7. 16-17

Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad»

El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles. ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo.


Aclamación antes del Evangelio: 1Co 1, 23-24

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.


EVANGELIO: Marcos 16, 15-20 – “Proclamad el Evangelio a toda la creación”

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:

-«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos»

Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.


Antífona de comunión: Mt 28, 20

Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo -dice el Señor-. Aleluya.


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SAN MARCOS, EVANGELISTA

Primo de Bernabé, acompañó a san Pablo en su primer viaje; también le acompañó en Roma. Fue discípulo de san Pedro e intérprete del mismo en su evangelio. Se le atribuye la fundación de la Iglesia de Alejandría.

LA PREDICACIÓN DE LA VERDAD
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los apóstoles y de sus discípulos la fe en un solo Dios Padre todopoderoso, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen; y en un solo Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó por nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, que por los profeta­s anunció los planes de Dios, el advenimiento de Cristo, su nacimiento de la Virgen, su pasión, su resurrección de entre los muertos, su ascensión corporal a los cielos, su venida de los cielos, en la gloria del Padre, para recapitu­lar todas las cosas y resucitar a todo el linaje humano, ­a fin de que ante Cristo Jesús, nuestro Señor, Dios y Salvador y Rey, por voluntad del Padre invisible, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame a quien hará justo juicio en todas las cosas.

La Iglesia, pues, diseminada, como hemos dicho, por el mundo entero, guarda diligentemente la predicación y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca. Pues, aunque en el mundo haya muchas lenguas distintas, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.

Las Iglesias de Germania creen y transmiten lo mismo que las otras de los iberos o de los celtas, de Oriente, Egipto o Libia o del centro del mundo. Al igual que el sol, criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la predicación de la verdad resplandece por doquier e ilumina a todos aquellos que quieren llegar al conocimiento de la verdad.

En las Iglesias no dirán cosas distintas los que son buenos oradores, entre los dirigentes de la comunidad (pues nadie está por encima del Maestro), ni la escasa oratoria de otros debilitará la fuerza de la tradición, pues siendo la fe una y la misma, ni la amplía el que habla mucho ni la disminuye el que habla poco.


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