El llamado a la santidad, según Gaudete et exsultate, 19-34, (2)

agosto 30, 2018

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En el fondo la santidad es vivir en unión con Cristo los misterios de su vida. A eso somos llamados en Cristo, como hijos amados.

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Tu misión en Cristo

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Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque «esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1Ts 4,3). Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio.

Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida. Consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una manera única y personal, en morir y resucitar constantemente con él.

Pero también puede implicar reproducir en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor.

La contemplación de estos misterios, como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes.

Porque «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio», «toda la vida de Cristo es Revelación del Padre», «toda la vida de Cristo es misterio de Redención», «toda la vida de Cristo es misterio de Recapitulación», y «todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en él y que él lo viva en nosotros».

El designio del Padre es Cristo, y nosotros en él. En último término, es Cristo amando en nosotros, porque «la santidad no es sino la caridad plenamente vivida».

Por lo tanto, «la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya». Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo.

Para reconocer cuál es esa palabra que el Señor quiere decir a través de un santo, no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas. No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto.

Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona.

Esto es un fuerte llamado de atención para todos nosotros. Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión.

Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión.

Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy.

Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará.

El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.

La actividad que santifica

Como no puedes entender a Cristo sin el reino que él vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese reino: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt 6,33).

Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos o renuncias que implique, y también en las alegrías y en la fecundidad que te ofrezca.

Por lo tanto, no te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño.

No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio.

Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.

¿Acaso el Espíritu Santo puede lanzarnos a cumplir una misión y al mismo tiempo pedirnos que escapemos de ella, o que evitemos entregarnos totalmente para preservar la paz interior?

Sin embargo, a veces tenemos la tentación de relegar la entrega pastoral o el compromiso en el mundo a un lugar secundario, como si fueran «distracciones» en el camino de la santificación y de la paz interior. Se olvida que «no es que la vida tenga una misión, sino que es misión».

Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora.

El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo. De ahí que suela hablarse, por ejemplo, de una espiritualidad del catequista, de una espiritualidad del clero diocesano, de una espiritualidad del trabajo.

Por la misma razón, en Evangelii gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’  con una espiritualidad ecológica y en Amoris laetitia con una espiritualidad de la vida familiar.

Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor.

Allí no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive. ¿Cómo no reconocer entonces que necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios?

En algún momento tendremos que percibir de frente la propia verdad, para dejarla invadir por el Señor, y no siempre se logra esto si uno «no se ve al borde del abismo de la tentación más agobiante, si no siente el vértigo del precipicio del más desesperado abandono, si no se encuentra absolutamente solo, en la cima de la soledad más radical».

Así encontramos las grandes motivaciones que nos impulsan a vivir a fondo las propias tareas.

Los mismos recursos de distracción que invaden la vida actual nos llevan también a absolutizar el tiempo libre, en el cual podemos utilizar sin límites esos dispositivos que nos brindan entretenimiento o placeres efímeros.

Como consecuencia, es la propia misión la que se resiente, es el compromiso el que se debilita, es el servicio generoso y disponible el que comienza a retacearse. Eso desnaturaliza la experiencia espiritual.

¿Puede ser sano un fervor espiritual que conviva con una acedia en la acción evangelizadora o en el servicio a los otros?

Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación.

Más vivos, más humanos

No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. Depender de él nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad.

Esto se refleja en santa Josefina Bakhita, quien fue «secuestrada y vendida como esclava a la tierna edad de siete años, sufrió mucho en manos de amos crueles. Pero llegó a comprender la profunda verdad de que Dios, y no el hombre, es el verdadero Señor de todo ser humano, de toda vida humana. Esta experiencia se transformó en una fuente de gran sabiduría para esta humilde hija de África».

En la medida en que se santifica, cada cristiano se vuelve más fecundo para el mundo.

Los Obispos de África occidental nos enseñaron: «Estamos siendo llamados, en el espíritu de la nueva evangelización, a ser evangelizados y a evangelizar a través del empoderamiento de todos los bautizados para que asumáis vuestros roles como sal de la tierra y luz del mundo donde quiera que os encontréis».

No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia.

En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos».

(NOTA: Lo resaltado con letra cursiva es iniciativa de un servidor)

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Espiritualidad matrimonial y familiar, según Amoris laetitia, 313-325 (y 30)

agosto 24, 2018

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Una comunión familiar bien vivida es un verdadero camino de santificación en la vida ordinaria y de crecimiento místico, un medio para la unión íntima con Dios.

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ESPIRITUALIDAD MATRIMONIAL Y FAMILIAR

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La caridad adquiere matices diferentes, según el estado de vida al cual cada uno haya sido llamado.

Hace ya varias décadas, cuando el Concilio Vaticano II se refería al apostolado de los laicos, destacaba la espiritualidad que brota de la vida familiar. Decía que la espiritualidad de los laicos «debe asumir características peculiares por razón del estado de matrimonio y de familia» y que las preocupaciones familiares no deben ser algo ajeno «a su estilo de vida espiritual».

Entonces vale la pena que nos detengamos brevemente a describir algunas notas fundamentales de esta espiritualidad específica que se desarrolla en el dinamismo de las relaciones de la vida familiar.

Espiritualidad de la comunión sobrenatural

Siempre hemos hablado de la inhabitación divina en el corazón de la persona que vive en gracia. Hoy podemos decir también que la Trinidad está presente en el templo de la comunión matrimonial. Así como habita en las alabanzas de su pueblo (cf. Sal 22,4), vive íntimamente en el amor conyugal que le da gloria.

La presencia del Señor habita en la familia real y concreta, con todos sus sufrimientos, luchas, alegrías e intentos cotidianos. Cuando se vive en familia, allí es difícil fingir y mentir, no podemos mostrar una máscara. Si el amor anima esa autenticidad, el Señor reina allí con su gozo y su paz.

La espiritualidad del amor familiar está hecha de miles de gestos reales y concretos. En esa variedad de dones y de encuentros que maduran la comunión, Dios tiene su morada. Esa entrega asocia «a la vez lo humano y lo divino», porque está llena del amor de Dios.

En definitiva, la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino.

Una comunión familiar bien vivida es un verdadero camino de santificación en la vida ordinaria y de crecimiento místico, un medio para la unión íntima con Dios. Porque las exigencias fraternas y comunitarias de la vida en familia son una ocasión para abrir más y más el corazón, y eso hace posible un encuentro con el Señor cada vez más pleno.

Dice la Palabra de Dios que «quien aborrece a su hermano está en las tinieblas» (1 Jn 2,11), «permanece en la muerte» (1 Jn 3,14) y «no ha conocido a Dios» (1 Jn 4,8).

Mi predecesor Benedicto XVI ha dicho que «cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios», y que el amor es en el fondo la única luz que «ilumina constantemente a un mundo oscuro». Sólo «si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud» (1 Jn 4,12).

Puesto que «la persona humana tiene una innata y estructural dimensión social», y «la expresión primera y originaria de la dimensión social de la persona es el matrimonio y la familia», la espiritualidad se encarna en la comunión familiar.

Entonces, quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del Espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística.

Juntos en oración a la luz de la Pascua

Si la familia logra concentrarse en Cristo, él unifica e ilumina toda la vida familiar. Los dolores y las angustias se experimentan en comunión con la cruz del Señor, y el abrazo con él permite sobrellevar los peores momentos. En los días amargos de la familia hay una unión con Jesús abandonado que puede evitar una ruptura.

Las familias alcanzan poco a poco, «con la gracia del Espíritu Santo, su santidad a través de la vida matrimonial, participando también en el misterio de la cruz de Cristo, que transforma las dificultades y sufrimientos en una ofrenda de amor».

Por otra parte, los momentos de gozo, el descanso o la fiesta, y aun la sexualidad, se experimentan como una participación en la vida plena de su Resurrección. Los cónyuges conforman con diversos gestos cotidianos ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado».

La oración en familia es un medio privilegiado para expresar y fortalecer esta fe pascual. Se pueden encontrar unos minutos cada día para estar unidos ante el Señor vivo, decirle las cosas que preocupan, rogar por las necesidades familiares, orar por alguno que esté pasando un momento difícil, pedirle ayuda para amar, darle gracias por la vida y por las cosas buenas, pedirle a la Virgen que proteja con su manto de madre.

Con palabras sencillas, ese momento de oración puede hacer muchísimo bien a la familia. Las diversas expresiones de la piedad popular son un tesoro de espiritualidad para muchas familias. El camino comunitario de oración alcanza su culminación participando juntos de la Eucaristía, especialmente en medio del reposo dominical.

Jesús llama a la puerta de la familia para compartir con ella la cena eucarística (cf. Ap 3,20). Allí, los esposos pueden volver siempre a sellar la alianza pascual que los ha unido y que refleja la Alianza que Dios selló con la humanidad en la Cruz.

La Eucaristía es el sacramento de la nueva Alianza donde se actualiza la acción redentora de Cristo (cf. Lc 22,20). Así se advierten los lazos íntimos que existen entre la vida matrimonial y la Eucaristía. El alimento de la Eucaristía es fuerza y estímulo para vivir cada día la alianza matrimonial como «iglesia doméstica».

Espiritualidad del amor exclusivo y libre

En el matrimonio se vive también el sentido de pertenecer por completo sólo a una persona. Los esposos asumen el desafío y el anhelo de envejecer y desgastarse juntos y así reflejan la fidelidad de Dios. Esta firme decisión, que marca un estilo de vida, es una «exigencia interior del pacto de amor conyugal», porque «quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de veras un solo día».

Pero esto no tendría sentido espiritual si se tratara sólo de una ley vivida con resignación. Es una pertenencia del corazón, allí donde sólo Dios ve (cf. Mt 5,28). Cada mañana, al levantarse, se vuelve a tomar ante Dios esta decisión de fidelidad, pase lo que pase a lo largo de la jornada. Y cada uno, cuando va a dormir, espera levantarse para continuar esta aventura, confiando en la ayuda del Señor.

Así, cada cónyuge es para el otro signo e instrumento de la cercanía del Señor, que no nos deja solos: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Hay un punto donde el amor de la pareja alcanza su mayor liberación y se convierte en un espacio de sana autonomía: cuando cada uno descubre que el otro no es suyo, sino que tiene un dueño mucho más importante, su único Señor. Nadie más puede pretender tomar posesión de la intimidad más personal y secreta del ser amado y sólo él puede ocupar el centro de su vida.

Al mismo tiempo, el principio de realismo espiritual hace que el cónyuge ya no pretenda que el otro sacie completamente sus necesidades. Es preciso que el camino espiritual de cada uno —como bien indicaba Dietrich Bonhoeffer— le ayude a «desilusionarse» del otro, a dejar de esperar de esa persona lo que sólo es propio del amor de Dios. Esto exige un despojo interior.

El espacio exclusivo que cada uno de los cónyuges reserva a su trato solitario con Dios, no sólo permite sanar las heridas de la convivencia, sino que posibilita encontrar en el amor de Dios el sentido de la propia existencia. Necesitamos invocar cada día la acción del Espíritu para que esta libertad interior sea posible.

Espiritualidad del cuidado, del consuelo y del estímulo

«Los esposos cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y para los restantes familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe». Dios los llama a engendrar y a cuidar.

Por eso mismo, la familia «ha sido siempre el “hospital” más cercano». Curémonos, contengámonos y estimulémonos unos a otros, y vivámoslo como parte de nuestra espiritualidad familiar. La vida en pareja es una participación en la obra fecunda de Dios, y cada uno es para el otro una permanente provocación del Espíritu. El amor de Dios se expresa «a través de las palabras vivas y concretas con que el hombre y la mujer se declaran su amor conyugal».

Así, los dos son entre sí reflejos del amor divino que consuela con la palabra, la mirada, la ayuda, la caricia, el abrazo. Por eso, «querer formar una familia es animarse a ser parte del sueño de Dios, es animarse a soñar con él, es animarse a construir con él, es animarse a jugarse con él esta historia de construir un mundo donde nadie se sienta solo».

Toda la vida de la familia es un «pastoreo» misericordioso. Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro: «Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones […] no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo» (2 Co 3,2-3). Cada uno es un «pescador de hombres» (Lc 5,10) que, en el nombre de Jesús, «echa las redes» (cf. Lc 5,5) en los demás, o un labrador que trabaja en esa tierra fresca que son sus seres amados, estimulando lo mejor de ellos.

La fecundidad matrimonial implica promover, porque «amar a un ser es esperar de él algo indefinible e imprevisible; y es, al mismo tiempo, proporcionarle de alguna manera el medio de responder a esta espera». Esto es un culto a Dios, porque es él quien sembró muchas cosas buenas en los demás esperando que las hagamos crecer.

Es una honda experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él. Esto reclama una disponibilidad gratuita que permita valorar su dignidad. Se puede estar plenamente presente ante el otro si uno se entrega «porque sí», olvidando todo lo que hay alrededor. El ser amado merece toda la atención.

Jesús era un modelo porque, cuando alguien se acercaba a conversar con él, detenía su mirada, miraba con amor (cf. Mc 10,21). Nadie se sentía desatendido en su presencia, ya que sus palabras y gestos eran expresión de esta pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti?» (Mc 10,51).

Eso se vive en medio de la vida cotidiana de la familia. Allí recordamos que esa persona que vive con nosotros lo merece todo, ya que posee una dignidad infinita por ser objeto del amor inmenso del Padre. Así brota la ternura, capaz de «suscitar en el otro el gozo de sentirse amado. Se expresa, en particular, al dirigirse con atención exquisita a los límites del otro, especialmente cuando se presentan de manera evidente».

Bajo el impulso del Espíritu, el núcleo familiar no sólo acoge la vida generándola en su propio seno, sino que se abre, sale de sí para derramar su bien en otros, para cuidarlos y buscar su felicidad. Esta apertura se expresa particularmente en la hospitalidad, alentada por la Palabra de Dios de un modo sugestivo: «no olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles» (Hb 13,2).

Cuando la familia acoge y sale hacia los demás, especialmente hacia los pobres y abandonados, es «símbolo, testimonio y participación de la maternidad de la Iglesia».

El amor social, reflejo de la Trinidad, es en realidad lo que unifica el sentido espiritual de la familia y su misión fuera de sí, porque hace presente el kerygma con todas sus exigencias comunitarias. La familia vive su espiritualidad propia siendo al mismo tiempo una iglesia doméstica y una célula vital para transformar el mundo.

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Las palabras del Maestro (cf. Mt 22,30) y las de san Pablo (cf. 1 Co 7,29-31) sobre el matrimonio, están insertas —no casualmente— en la dimensión última y definitiva de nuestra existencia, que necesitamos recuperar. De ese modo, los matrimonios podrán reconocer el sentido del camino que están recorriendo.

Porque, como recordamos varias veces en esta Exhortación, ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar. Hay un llamado constante que viene de la comunión plena de la Trinidad, de la unión preciosa entre Cristo y su Iglesia, de esa comunidad tan bella que es la familia de Nazaret y de la fraternidad sin manchas que existe entre los santos del cielo.

Pero además, contemplar la plenitud que todavía no alcanzamos, nos permite relativizar el recorrido histórico que estamos haciendo como familias, para dejar de exigir a las relaciones interpersonales una perfección, una pureza de intenciones y una coherencia que sólo podremos encontrar en el Reino definitivo.

También nos impide juzgar con dureza a quienes viven en condiciones de mucha fragilidad. Todos estamos llamados a mantener viva la tensión hacia un más allá de nosotros mismos y de nuestros límites, y cada familia debe vivir en ese estímulo constante.

Caminemos, familias, sigamos caminando. Lo que se nos promete es siempre más. No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido.

Oración a la Sagrada Familia

Jesús, María y José,
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Amén.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en el Jubileo extraordinario de la Misericordia, el 19 de marzo, Solemnidad de San José, del año 2016, cuarto de mi Pontificado.

Franciscus


Anunciar el Evangelio de la familia hoy, según Amoris laetitia, 199-204, (18)

julio 30, 2018

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La pastoral familiar hace experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana.

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Perspectivas pastorales 

El diálogo del camino sinodal llevaron a plantear la necesidad de desarrollar nuevos caminos pastorales, que procuraré recoger ahora de manera general. Serán las distintas comunidades quienes deberán elaborar propuestas más prácticas y eficaces, que tengan en cuenta tanto las enseñanzas de la Iglesia como las necesidades y los desafíos locales.

Sin pretender presentar aquí una pastoral de la familia, quiero detenerme sólo a recoger algunos de los grandes desafíos pastorales.

Anunciar el Evangelio de la familia hoy

Los Padres sinodales insistieron en que las familias cristianas, por la gracia del sacramento nupcial, son los principales sujetos de la pastoral familiar, sobre todo aportando «el testimonio gozoso de los cónyuges y de las familias, iglesias domésticas».

Por ello, remarcaron que «se trata de hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que “llena el corazón y la vida entera”, porque en Cristo somos “liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento” (Evangelii gaudium, 1).

A la luz de la parábola del sembrador (cf. Mt 13,3-9), nuestra tarea es cooperar en la siembra: lo demás es obra de Dios. Tampoco hay que olvidar que la Iglesia que predica sobre la familia es signo de contradicción», pero los matrimonios agradecen que los pastores les ofrezcan motivaciones para una valiente apuesta por un amor fuerte, sólido, duradero, capaz de hacer frente a todo lo que se le cruce por delante.

La Iglesia quiere llegar a las familias con humilde comprensión, y su deseo «es acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino».

No basta incorporar una genérica preocupación por la familia en los grandes proyectos pastorales. Para que las familias puedan ser cada vez más sujetos activos de la pastoral familiar, se requiere «un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a la familia», que la oriente en este sentido.

«Esto exige a toda la Iglesia una conversión misionera: es necesario no quedarse en un anuncio meramente teórico y desvinculado de los problemas reales de las personas».

La pastoral familiar «debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad que se constata hoy, incluso en los países más secularizados, de tales valores».

También «se ha subrayado la necesidad de una evangelización que denuncie con franqueza los condicionamientos culturales, sociales, políticos y económicos, como el espacio excesivo concedido a la lógica de mercado, que impiden una auténtica vida familiar, determinando discriminaciones, pobreza, exclusiones y violencia.

Para ello, hay que entablar un diálogo y una cooperación con las estructuras sociales, así como alentar y sostener a los laicos que se comprometen, como cristianos, en el ámbito cultural y sociopolítico».

«La principal contribución a la pastoral familiar la ofrece la parroquia, que es una familia de familias, donde se armonizan los aportes de las pequeñas comunidades, movimientos y asociaciones eclesiales».

Junto con una pastoral específicamente orientada a las familias, se nos plantea la necesidad de «una formación más adecuada de los presbíteros, los diáconos, los religiosos y las religiosas, los catequistas y otros agentes pastorales».

En las respuestas a las consultas enviadas a todo el mundo, se ha destacado que a los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas actuales de las familias. En este sentido, también puede ser útil la experiencia de la larga tradición oriental de los sacerdotes casados.

Los seminaristas deberían acceder a una formación interdisciplinaria más amplia sobre noviazgo y matrimonio, y no sólo en cuanto a la doctrina. Además, la formación no siempre les permite desplegar su mundo psicoafectivo. Algunos llevan sobre sus vidas la experiencia de su propia familia herida, con ausencia de padres y con inestabilidad emocional.

Habrá que garantizar durante la formación una maduración para que los futuros ministros posean el equilibrio psíquico que su tarea les exige. Los vínculos familiares son fundamentales para fortalecer la sana autoestima de los seminaristas. Por ello es importante que las familias acompañen todo el proceso del seminario y del sacerdocio, ya que ayudan a fortalecerlo de un modo realista.

En ese sentido, es saludable la combinación de algún tiempo de vida en el seminario con otro de vida en parroquias, que permita tomar mayor contacto con la realidad concreta de las familias. En efecto, a lo largo de su vida pastoral el sacerdote se encuentra sobre todo con familias.

«La presencia de los laicos y de las familias, en particular la presencia femenina, en la formación sacerdotal, favorece el aprecio por la variedad y complementariedad de las diversas vocaciones en la Iglesia».

Las respuestas a las consultas también expresan con insistencia la necesidad de la formación de agentes laicos de pastoral familiar con ayuda de psicopedagogos, médicos de familia, médicos comunitarios, asistentes sociales, abogados de minoridad y familia, con apertura a recibir los aportes de la psicología, la sociología, la sexología, e incluso el counseling.

Los profesionales, en especial quienes tienen experiencia de acompañamiento, ayudan a encarnar las propuestas pastorales en las situaciones reales y en las inquietudes concretas de las familias. «Los caminos y cursos de formación destinados específicamente a los agentes de pastoral podrán hacerles idóneos para inserir el mismo camino de preparación al matrimonio en la dinámica más amplia de la vida eclesial».

Una buena capacitación pastoral es importante «sobre todo a la vista de las situaciones particulares de emergencia derivadas de los casos de violencia doméstica y el abuso sexual».

Todo esto de ninguna manera disminuye, sino que complementa, el valor fundamental de la dirección espiritual, de los inestimables recursos espirituales de la Iglesia y de la Reconciliación sacramental.

 


Récord de ordenados y boom vocacional en Fort Wayne: 4 factores y un hecho impresionante lo explican

julio 30, 2018

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El Obispo de Fort Wayne, en el Estado de Indiana, aplaude a los cinco jóvenes ordenandos.

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Esta pequeña diócesis tiene sólo 160.000 católicos pero ya es fecunda en vocaciones

Récord de ordenados y boom vocacional en Fort Wayne: 4 factores y un hecho impresionante lo explican

Por Javier Lozano / ReL

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La pequeña Diócesis estadounidense de Fort-Wayne está de enhorabuena pues el pasado sábado 2 de junio se ordenaron sacerdotes cinco jóvenes, lo que supone la mayor ordenación en 43 años, cifra que seguirá manteniendo y mejorando en los próximos años.

Al igual que está ocurriendo en otras diócesis de EEUU se está produciendo un boom vocacional importante tras décadas en las que el desplome fue tremendo. Muchos de estos lugares que están viendo un renacer destacan por ser los católicos una minoría, pero también por cuidar la fidelidad evangélica, lo que ha provocado frutos evidentes en el presente.

Una diócesis pequeña pero con mucha vitalidad

La Diócesis de Fort Wayne, en el Estado de Indiana, tiene una población de más de 1,2 millones de personas pero los católicos apenas llegan al 13%, es decir, unos 160.000. Así, de las 191 diócesis estadounidenses, aparece en el puesto 97 en el número de católicos y en el 120 en porcentaje de católicos.

En este curso, en el seminario de Fort Wayne ha habido 33 seminaristas. Una cifra bastante alta para una diócesis con apenas 160.000 católicos, que en número de habitantes se asemeja a las de Palencia, Zamora, Urgel o Ávila en España, y cuyo número de seminaristas es infinitamente menor a la de EEUU.

Un lugar con Adoración y zona provida

Pero este hecho está relacionado con otro suceso importante para la diócesis, el repunte también de la vida religiosa femenina y de la adoración al Santísimo.

Durante los últimos años jóvenes de la Diócesis se han unido a las hermanas franciscanas de la Adoración Perpetua, y en las próximas semanas, aseguró el obispo Kevin Rhoades, cuatro jóvenes realizarán los votos perpetuos, la más grande también en 43 años.

“Hay mucha alegría y acción de gracias en toda nuestra diócesis”, afirmó orgulloso el prelado, que destacó también la ayuda imprescindible que estas religiosas están dando a los seminaristas y a las vocaciones a través de la adoración.

Casualidad o no, la ciudad de Fort Wayne ha aparecido además en un estudio realizado por dos universidades de California como la segunda ciudad de Estados Unidos más grande libre de abortos. Ni en la ciudad ni a cien millas alrededor hay ya ningún centro abortista. Es una ciudad provida. Tan sólo es superada en este ránking por otra ciudad con un nombre muy llamativo en este caso: la texana Corpus Christi.

Un impulsó que comenzó hace 15 años

Para explicar este número de vocaciones en un lugar como Fort Wayne, el sacerdote Andrew Budzinski, director de vocaciones de la diócesis, da algunas claves. Porque no siempre fue así. De hecho, recuerda cómo cuando él ingresó en el seminario el número de aspirantes era mucho menor.

En News Sentinel, este sacerdote afirma que estos cinco jóvenes recién ordenados representan el renovado interés en la vida religiosa que están experimentando muchos jóvenes católicos en Estados Unidos.

Budzinski asegura que este éxito no ha sido repentino ni cosa de un día sino que empezó hace unos 15 años, y el número de seminaristas se ha mantenido por encima de los 30 durante los últimos años.

Cuatro factores que ayudan a entender este fenómeno

Según su experiencia como director de vocaciones, habla de cuatro factores para este aumento de la llamada a la vida religiosa:

1. Muchos, aunque no todos, han llegado de parroquias donde el sacerdote ha estado en la parroquia durante mucho tiempo. Cuando un joven crece con el mismo sacerdote, el sacerdote puede tener un mayor impacto como modelo y mentor.

2. “Vienen de familias que practican su fe, van a misa juntos, rezan juntos”, asegura este religioso.

3. Muchos han estado involucrados en grupos de jóvenes de la Iglesia Católica, donde reciben apoyo de otros jóvenes sobre una posible llamada a la vida religiosa. Estos grupos destacan, afirma el sacerdote, porque sus miembros son jóvenes que quieren conocer a Jesús y hacer su voluntad.

4. Las actitudes de muchos católicos, sobre todo estos jóvenes, sobre las vocaciones religiosas han cambiado, y ya no consideran “raro” ser sacerdote. Esto se debe principalmente a que conocen a estos sacerdotes, generalmente jóvenes, que les ayudan a derribar los prejuicios que en la sociedad occidental hay en muchas ocasiones contra los curas.

Una escuela católica fecunda

Aunque el padre Budzinski no lo nombró en los cuatro puntos anteriores, hay un aspecto también clave para las vocaciones, y que en esta última ordenación sacerdotal en Fort Wayne ha sido decisiva: La importancia de una escuela católica volcada en la evangelización.

Precisamente, cuatro de los cinco nuevos sacerdotes eran compañeros del mismo instituto, el Bishop Dwenger High School. Este centro católico tiene una pastoral muy potente e incluso un ministerio centrado en las vocaciones.

Resulta impresionante cómo, a través de la página web, el Instituto pide rezar por los exalumnos que ahora son sacerdotes o seminaristas. En lo que va de siglo XXI, se han ordenado nueve sacerdotes diocesanos y uno religioso. También hay dos monjas. Y en este momento 10 exalumnos son seminaristas.

Sacerdotes entrenados y en continua formación

También existe mucho trabajo detrás para conseguir que los jóvenes se sientan atraídos por la vida religiosa. Aquí entra también la formación y especialización de los propios sacerdotes. El obispo de Fort Wayne ha iniciado un programa de tutoría para trabajar con los nuevos sacerdotes durante sus primeros cinco años desde la ordenación.

Estos nuevos sacerdotes se reúnen con compañeros suyos tres o cuatro veces al año para recibir entrenamiento y formación. Además, se reúnen otras tantas veces con un sacerdote mentor y una vez al mes con un consejero espiritual.


Una parroquia móvil: el cura itinerante que evangeliza en una caravana donde la Iglesia apenas llega

julio 25, 2018

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El padre Antonie Reneaut decidió lanzarse a la carretera tras escuchar al Papa su celebre: “¡Salgan, salgan fuera!”.

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Antoine Reneaut lleva a cabo una doble misión en la zona de los Pirineos

Una parroquia móvil: el cura itinerante que evangeliza en una caravana donde la Iglesia apenas llega

Por J. Lozano, ReL

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Ariège es un departamento francés que hace frontera con España y que pertenece a la región de Occitania. Es un lugar muy bello pero poco poblado, y en el que se inserta la Diócesis de Pamiers, la segunda más pequeña en habitantes y número de católicos de toda Francia.

Los desafíos de una diócesis rural son numerosos, con numerosos pueblos y escasamente habitados, unido al hecho de la orografía, marcada por los Pirineos, lo que complica el transporte entre un lugar y otro. Pero también aquí es necesaria la Nueva Evangelización y la creatividad para hacer llegar el Evangelio a su gente.

La “caravana de la misericordia”

Lo vio muy claro el sacerdote Antoine Reneaut, que a sus 40 años, se ha convertido en un cura itinerante por toda esta región. Aunque la mayor peculiaridad es que viaja con una vieja caravana y  se instala varios días en cada pueblo que visita. Él la llama la “caravana de la misericordia” y es ya famosa en toda esta zona pirenaica.

“¡Salgan afuera, salgan!”. Esta llamada del Papa Francisco penetró en el corazón de este joven sacerdote francés, que no paraba de darle vueltas a cómo podía ponerla en práctica. Hasta que en 2015 decidió con el permiso y bendición de su obispo iniciar esta curiosa misión, que además está resultando bastante exitosa.

Él no tenía ni idea de cómo funcionaba el mundo de las caravanas, pero en cuanto pensó que sería la mejor manera de llevar a cabo esta evangelización de pueblo en pueblo le llegó providencialmente una. Es vieja, pero cumple perfectamente con su parte de la misión.

Acompañado con matrimonios o familias

El padre Reneaut es además el delegado episcopal de Misiones, aunque una parte importante de su tiempo lo dedica a la evangelización pueblo a pueblo a través de su caravana. En una entrevista para Famille Chretienne, este religioso asegura que “ser sacerdote no significa para mí otra cosa que permitir que las personas se encuentren con Cristo y hablen con Él”.

Al principio realizaba solo esta misión pero desde hace un tiempo suele ir acompañado por algún matrimonio o familia. Estas personas pertenecen a Anuncio, un movimiento creado en 2008 y centrado en la evangelización callejera y directa.

Juntos comparten la urgencia de llevar el mensaje de Cristo a todos los rincones, tanto donde no es conocido como en donde la Iglesia tiene dificultad de atender a sus fieles. Y esto es especialmente importante en las áreas rurales.

“Si no lo hacemos, ¿quién lo hará?”, se preguntan Emmanuel y Anne-Lise, uno de los matrimonios que habitualmente acompaña a este sacerdote. “Nuestra vida es la misión y no hay mayor alegría que anunciar juntos la misericordia de Dios”, agregan.

La crisis que le hizo ganar impulso evangelizador

El padre Antoine fue ordenado en 2006. Nació en una familia cristiana practicante, pero como pasa con muchos jóvenes se alejó de la Iglesia en la adolescencia hasta que descubrió fuertemente el amor de Dios ante el Santísimo durante una vigilia de oración.

Una vez ordenado sacerdote fue enviado como vicario a una parroquia de Pamiers, el pueblo más habitado de la diócesis, y gracias a su talento como guitarrista pronto se convirtió en un elemento clave en la pastoral juvenil de la diócesis.

Sin embargo, en un momento dado vivió una especie de crisis. “Me sentía –explica- como una especie de proveedor de servicios”, como un funcionario más que como un sacerdote.

“Una conversión pastoral”

En 2012 decidió con permiso del obispo tomarse un año sabático en Quebec donde acudió a una escuela de evangelización. El padre Reneaut  afirma que “en el otro lado del Atlántico experimenté una conversión pastoral. Aprendí a aceptar mis debilidades y ser únicamente yo mismo”.

Así fue como se lanzó a esta evangelización llevando esta Puerta a la Misericordia pero con ruedas y transportable.

Una misión con una doble vertiente

Una vez que llega a cada pueblo donde antes ha sido invitado previamente por su párroco, que en muchas ocasiones sólo puede ir algunas veces al mes, aparca su caravana cerca de la iglesia. Allí saca un tenderete con imágenes religiosas y se pone al servicio de las necesidades espirituales, y a veces simplemente personales, de los que allí viven.

“Al principio, algunas personas se preguntaban si yo era un verdadero sacerdote”, cuenta este sacerdote, que suele quedarse en cada lugar entre cinco y siete días. Su misión allí tiene una doble vertiente: vivificar la fe y la esperanza del puñado de cristianos que viven en el lugar, y hablar de Dios a todos aquellos que no lo conocen”.

Durante todo este tiempo, el sacerdote se convierte en un vecino más durante las 24 horas y permite que muchos se abran y acudan a él. Para unos supone una pastoral de mantenimiento, pero para otros es un primer anuncio o un nuevo anuncio tras vivir alejados de la fe durante mucho tiempo.

https://www.religionenlibertad.com/nueva_evangelizacion/577665383/Una-parroquia-movil-el-cura-itinerante-que-evangeliza-en-una-caravana-donde-la-Iglesia-apenas-llega.html


Marcos Vera, del centro televisivo Tekton: «Muchas personas han cambiado de vida gracias al canal»

julio 15, 2018

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Marcos Vera (izquierda) y Jesús Sellas (derecha) son los rostros más visibles de Tekton en Youtube.

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E.R. / ReL

Marcos Vera, del centro televisivo Tekton: «Muchas personas han cambiado de vida gracias al canal»

El Centro Televisivo Tekton es una agencia católica de noticias vinculada a los Jóvenes de San José. Su canal en Youtube acaba de recibir la placa acreditativa de los 100.000 suscriptores. Con ese motivo preguntamos a su director, Marcos Vera, algunos detalles sobre la labor evangelizadora que llevan a cabo a través de las redes sociales e internet.

-¿Por qué y para qué nació el Centro Televisivo Tekton en Youtube?

-Nace hace poco más de dos años con la intención de extender la devoción a San José en el mundo, predicar el evangelio, y conseguir medios económicos para la labor caritativa de Jóvenes de San José. Tekton es la herramienta de apostolado online de Jóvenes e Hijos de San José.

 -¿Qué significa Tekton? 

-El nombre de Tekton procede del griego, y es el oficio que tenía San José. Nosotros lo traducimos por carpintero. Tekton también era el oficio que tenía Nuestro Señor Jesucristo. Tekton quiere colaborar con el Corazón de Jesús y el corazón justo de San José en la construcción de un mundo cuyo fundamento sea el Amor de Dios. Nos llamamos Tekton, por tanto, porque somos josefinos.

-¿Han visto ya frutos tangibles? 

-Los frutos son muy diversos, pero son muchas las personas que nos escriben para darnos las gracias, porque gracias al canal han cambiado de vida, tanto a nivel personal como a nivel familiar. Personas que hacía tiempo que no se acercaban al sacramento de la confesión han vuelto a confesarse; personas que no cumplían el precepto dominical han vuelto a la misa de los domingos; otros han empezado a hacer adoración eucarística en su parroquia… y todo gracias a un vídeo. También son muchas las personas que se unen en familia para ver nuestros vídeos.

Lo bueno de los medios de comunicación es que Dios los usa también para acercar almas a la Iglesia, para acercar personas a su Sagrado Corazón. Por tanto, los frutos son muchos, pero superan nuestros medios. Eso nos hace entender que es la gracia de Dios la que actúa a través de este apostolado interactivo.

-¿Qué han aprendido al respecto en estos dos años? 

-Hemos aprendido que debemos estar presentes allí donde se nos deje predicar el Evangelio. Lo malo es que lo hemos aprendido tarde. Evangelistas, testigos de jehová y otras sectas y denominaciones cristianas entendieron esto hace tiempo, y su presencia en Youtube es mucho más grande que la nuestra.

Es por ello que necesitamos trabajar mucho para ganar nuestro espacio en este sector. No podemos quedarnos atrás, debemos luchar incansablemente, como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que es Dios y su gracia los que “construyen la casa”.

La presencia de protestantes en la red es clara, pero cuando se encuentran con un canal como el nuestro, que explica y desarrolla la fe con sentido, la cosa cambia. Nos hemos encontrado casos de protestantes que han empezado un proceso de vuelta a la Iglesia católica, y nos dan las gracias por haber colaborado en esta vuelta a casa.

-¿Cuáles son los “números” de Tekton, que certifican este reconocimiento oficial de Youtube?

-Desde que empezamos el canal hemos tenido más de 20.000.000 de visualizaciones, más de 126.000 suscriptores, más de medio millón de vídeos compartidos en las redes sociales, más de 50.000 comentarios y más de 600.000 likes a nuestros vídeos.

Hoy nos siguen principalmente desde México, Estados Unidos, Colombia, Argentina y España. Estamos trabajando para llegar a tener más presencia en otros países de lengua hispana. La verdad que las cifras son muy esperanzadoras y tienen un crecimiento exponencial.

-¿Desarrollan otros proyectos a través de Tekton?

-Principalmente dos, la web Corazón de Padre, que es una web dedicada a la devoción a San José, y otra web dedicada a la adoración eucarística. Aunque estamos intentando desarrollar tres proyectos más, pero para poder llevarlos a cabo necesitamos ayudas económicas: estamos pensando en empezar una revista digital, una aplicación web, y queremos empezar a retransmitir en directo las 24 horas del día con programación nuestra.

Estos tres proyectos van encaminados a poder constituir con el tiempo una televisión católica, pero debemos usar los medios que están a nuestro alcance, y hacer con ellos todo lo que podamos. Ahora los medios que tenemos no nos permiten llegar a esto, pero nos damos cuenta del bien que hacemos con un canal de Youtube, ¡imagínese usted el bien que podríamos hacer con una televisión católica!

Es cierto que ya existe la televisión EWTN, de Madre Angélica, pero hay que ser generosos con el Señor, y en el momento que esté a nuestro alcance debemos dar el salto. Lo que nos da más confianza es el hecho de ver que no tenemos medios de ningún tipo para poder realizar esto, sabemos que está en las manos de Dios.

También tenemos nuestra página web, donde colgamos artículos muy interesantes. A través de esta página web los que quieran pueden hacernos un donativo mensual o puntual.

-¿Existe un trato cercano con los seguidores? 

-Intentamos establecer una cercanía con nuestros seguidores, esto lo podemos lograr gracias a los directos: cada día rezamos el Santo Rosario en directo y pronto empezaremos las catequesis semanales en directo. Esto nos permite tener un contacto con nuestros seguidores, poder hablar con ellos, y poder contestar las dudas que les puedan surgir sobre temas diversos.

Recuerdo que hace poco en un directo hablé de la misa dominical y expliqué que era obligación de todos los católicos asistir a misa, y que no hacerlo constituía un pecado grave o mortal. Uno de los espectadores del directo se sorprendió, pues no sabía que era obligatorio asistir a la santa misa del domingo.

https://www.religionenlibertad.com/contactar.html?idarticulo=558987179


El maná de cada día, 15.7.18

julio 14, 2018

Domingo XV del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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 enviando de dos en dos

Los fue enviando de dos en dos



Antífona de entrada: Sal 16, 15

Yo, con mi apelación vengo a tu presencia y al despertar me saciaré de tu semblante.


Oración colecta

Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Amós 7, 12-15

En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»

Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos.
El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: ‘Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.”»


SALMO 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 1, 3-14

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Por su medio hemos heredado también nosotros.

A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.


ALELUYA: Ef 1, 17-18

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.


EVANGELIO: Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


Antífona de Comunión: Sal 83, 4-5

Hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos; tus altares, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.



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LA IGLESIA, ENVIADA POR CRISTO
Concilio Vaticano II, Decr. Ad Gentes, 5

El Señor Jesús, ya desde el principio “llamó a sí a los que Él quiso, y designó a doce para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13; Mt 10,1-42). De esta forma los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y al mismo tiempo origen de la sagrada Jerarquía.

Después el Señor, una vez que hubo completado en sí mismo con su muerte y resurrección los misterios de nuestra salvación y de la renovación de todas las cosas, recibió todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18), antes de subir al cielo (Act 1,4-8), fundó su Iglesia como sacramento de salvación, y envió a los Apóstoles a todo el mundo, como El había sido enviado por el Padre (Jn 20,21), ordenándoles: “Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt 28,19s).

“Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará” (Mc 16,15-16).

Por ello incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo, tanto en virtud del mandato expreso, que de los Apóstoles heredó el orden de los Obispos con la cooperación de los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que Cristo infundió en sus miembros “de quien todo el cuerpo, coordinado y unido por los ligamentos en virtud del apoyo, según la actividad propia de cada miembro y obra el crecimiento del cuerpo en orden a su edificación en el amor” (Ef 4,16).

La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación del misterio de Cristo.

Siendo así que esta misión continúa y desarrolla a lo largo de la historia la misión del mismo Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres, la Iglesia debe caminar, por moción del Espíritu Santo, por el mismo camino que Cristo siguió, es decir, por el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio, y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que salió victorioso por su resurrección. Pues así caminaron en la esperanza todos los Apóstoles, que con muchas tribulaciones y sufrimientos completaron lo que falta a la pasión de Cristo en provecho de su Cuerpo, que es la Iglesia. Semilla fue también, muchas veces, la sangre de los cristianos.


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