Marcos Vera, del centro televisivo Tekton: «Muchas personas han cambiado de vida gracias al canal»

julio 15, 2018

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Marcos Vera (izquierda) y Jesús Sellas (derecha) son los rostros más visibles de Tekton en Youtube.

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E.R. / ReL

Marcos Vera, del centro televisivo Tekton: «Muchas personas han cambiado de vida gracias al canal»

El Centro Televisivo Tekton es una agencia católica de noticias vinculada a los Jóvenes de San José. Su canal en Youtube acaba de recibir la placa acreditativa de los 100.000 suscriptores. Con ese motivo preguntamos a su director, Marcos Vera, algunos detalles sobre la labor evangelizadora que llevan a cabo a través de las redes sociales e internet.

-¿Por qué y para qué nació el Centro Televisivo Tekton en Youtube?

-Nace hace poco más de dos años con la intención de extender la devoción a San José en el mundo, predicar el evangelio, y conseguir medios económicos para la labor caritativa de Jóvenes de San José. Tekton es la herramienta de apostolado online de Jóvenes e Hijos de San José.

 -¿Qué significa Tekton? 

-El nombre de Tekton procede del griego, y es el oficio que tenía San José. Nosotros lo traducimos por carpintero. Tekton también era el oficio que tenía Nuestro Señor Jesucristo. Tekton quiere colaborar con el Corazón de Jesús y el corazón justo de San José en la construcción de un mundo cuyo fundamento sea el Amor de Dios. Nos llamamos Tekton, por tanto, porque somos josefinos.

-¿Han visto ya frutos tangibles? 

-Los frutos son muy diversos, pero son muchas las personas que nos escriben para darnos las gracias, porque gracias al canal han cambiado de vida, tanto a nivel personal como a nivel familiar. Personas que hacía tiempo que no se acercaban al sacramento de la confesión han vuelto a confesarse; personas que no cumplían el precepto dominical han vuelto a la misa de los domingos; otros han empezado a hacer adoración eucarística en su parroquia… y todo gracias a un vídeo. También son muchas las personas que se unen en familia para ver nuestros vídeos.

Lo bueno de los medios de comunicación es que Dios los usa también para acercar almas a la Iglesia, para acercar personas a su Sagrado Corazón. Por tanto, los frutos son muchos, pero superan nuestros medios. Eso nos hace entender que es la gracia de Dios la que actúa a través de este apostolado interactivo.

-¿Qué han aprendido al respecto en estos dos años? 

-Hemos aprendido que debemos estar presentes allí donde se nos deje predicar el Evangelio. Lo malo es que lo hemos aprendido tarde. Evangelistas, testigos de jehová y otras sectas y denominaciones cristianas entendieron esto hace tiempo, y su presencia en Youtube es mucho más grande que la nuestra.

Es por ello que necesitamos trabajar mucho para ganar nuestro espacio en este sector. No podemos quedarnos atrás, debemos luchar incansablemente, como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que es Dios y su gracia los que “construyen la casa”.

La presencia de protestantes en la red es clara, pero cuando se encuentran con un canal como el nuestro, que explica y desarrolla la fe con sentido, la cosa cambia. Nos hemos encontrado casos de protestantes que han empezado un proceso de vuelta a la Iglesia católica, y nos dan las gracias por haber colaborado en esta vuelta a casa.

-¿Cuáles son los “números” de Tekton, que certifican este reconocimiento oficial de Youtube?

-Desde que empezamos el canal hemos tenido más de 20.000.000 de visualizaciones, más de 126.000 suscriptores, más de medio millón de vídeos compartidos en las redes sociales, más de 50.000 comentarios y más de 600.000 likes a nuestros vídeos.

Hoy nos siguen principalmente desde México, Estados Unidos, Colombia, Argentina y España. Estamos trabajando para llegar a tener más presencia en otros países de lengua hispana. La verdad que las cifras son muy esperanzadoras y tienen un crecimiento exponencial.

-¿Desarrollan otros proyectos a través de Tekton?

-Principalmente dos, la web Corazón de Padre, que es una web dedicada a la devoción a San José, y otra web dedicada a la adoración eucarística. Aunque estamos intentando desarrollar tres proyectos más, pero para poder llevarlos a cabo necesitamos ayudas económicas: estamos pensando en empezar una revista digital, una aplicación web, y queremos empezar a retransmitir en directo las 24 horas del día con programación nuestra.

Estos tres proyectos van encaminados a poder constituir con el tiempo una televisión católica, pero debemos usar los medios que están a nuestro alcance, y hacer con ellos todo lo que podamos. Ahora los medios que tenemos no nos permiten llegar a esto, pero nos damos cuenta del bien que hacemos con un canal de Youtube, ¡imagínese usted el bien que podríamos hacer con una televisión católica!

Es cierto que ya existe la televisión EWTN, de Madre Angélica, pero hay que ser generosos con el Señor, y en el momento que esté a nuestro alcance debemos dar el salto. Lo que nos da más confianza es el hecho de ver que no tenemos medios de ningún tipo para poder realizar esto, sabemos que está en las manos de Dios.

También tenemos nuestra página web, donde colgamos artículos muy interesantes. A través de esta página web los que quieran pueden hacernos un donativo mensual o puntual.

-¿Existe un trato cercano con los seguidores? 

-Intentamos establecer una cercanía con nuestros seguidores, esto lo podemos lograr gracias a los directos: cada día rezamos el Santo Rosario en directo y pronto empezaremos las catequesis semanales en directo. Esto nos permite tener un contacto con nuestros seguidores, poder hablar con ellos, y poder contestar las dudas que les puedan surgir sobre temas diversos.

Recuerdo que hace poco en un directo hablé de la misa dominical y expliqué que era obligación de todos los católicos asistir a misa, y que no hacerlo constituía un pecado grave o mortal. Uno de los espectadores del directo se sorprendió, pues no sabía que era obligatorio asistir a la santa misa del domingo.

https://www.religionenlibertad.com/contactar.html?idarticulo=558987179

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El maná de cada día, 15.7.18

julio 14, 2018

Domingo XV del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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 enviando de dos en dos

Los fue enviando de dos en dos



Antífona de entrada: Sal 16, 15

Yo, con mi apelación vengo a tu presencia y al despertar me saciaré de tu semblante.


Oración colecta

Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Amós 7, 12-15

En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amós: «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»

Respondió Amós: «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos.
El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: ‘Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.”»


SALMO 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 1, 3-14

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Por su medio hemos heredado también nosotros.

A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.


ALELUYA: Ef 1, 17-18

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.


EVANGELIO: Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


Antífona de Comunión: Sal 83, 4-5

Hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos; tus altares, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.



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LA IGLESIA, ENVIADA POR CRISTO
Concilio Vaticano II, Decr. Ad Gentes, 5

El Señor Jesús, ya desde el principio “llamó a sí a los que Él quiso, y designó a doce para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13; Mt 10,1-42). De esta forma los Apóstoles fueron los gérmenes del nuevo Israel y al mismo tiempo origen de la sagrada Jerarquía.

Después el Señor, una vez que hubo completado en sí mismo con su muerte y resurrección los misterios de nuestra salvación y de la renovación de todas las cosas, recibió todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18), antes de subir al cielo (Act 1,4-8), fundó su Iglesia como sacramento de salvación, y envió a los Apóstoles a todo el mundo, como El había sido enviado por el Padre (Jn 20,21), ordenándoles: “Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt 28,19s).

“Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvará, mas el que no creyere se condenará” (Mc 16,15-16).

Por ello incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo, tanto en virtud del mandato expreso, que de los Apóstoles heredó el orden de los Obispos con la cooperación de los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que Cristo infundió en sus miembros “de quien todo el cuerpo, coordinado y unido por los ligamentos en virtud del apoyo, según la actividad propia de cada miembro y obra el crecimiento del cuerpo en orden a su edificación en el amor” (Ef 4,16).

La misión, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicación, por los sacramentos y demás medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participación del misterio de Cristo.

Siendo así que esta misión continúa y desarrolla a lo largo de la historia la misión del mismo Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres, la Iglesia debe caminar, por moción del Espíritu Santo, por el mismo camino que Cristo siguió, es decir, por el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio, y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que salió victorioso por su resurrección. Pues así caminaron en la esperanza todos los Apóstoles, que con muchas tribulaciones y sufrimientos completaron lo que falta a la pasión de Cristo en provecho de su Cuerpo, que es la Iglesia. Semilla fue también, muchas veces, la sangre de los cristianos.


Maná y Vivencias Pascuales (6), 6.4.18

abril 6, 2018

Viernes de la Octava de Pascua

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Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis

Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis



ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 77, 53

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 1-12 – “Fuera de Jesús no hay salvación”

En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Les echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente.

Muchos de los que habían oído el discurso, unos cinco mil hombres, abrazaron la fe.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; entre ellos el sumo sacerdote Anás, Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a Pedro y a Juan y los interrogaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?»

Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos».

SALMO 117, 1-2.4.22-24.25-27a – “Este es el día en que actuó el Señor”.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Salmo 117, 24

Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 21, 1-14 – “Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio a sus discípulos, y también el pescado”.

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar».
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No»

Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.

Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua.

Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.

Jesús les dice: «Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Juan 21, 12-13

Jesús dijo a sus discípulos: Vamos, comed. Y tomó el pan y se lo dio. Aleluya.

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Clave interpretativa y aplicación a nuestra vida

El texto refleja las vicisitudes de la comunidad cristiana primitiva que se siente enviada a la misión y a la evangelización de todos los pueblos.

Destaca la figura de Pedro y la colaboración de los demás discípulos, la experiencia de la ausencia de Jesús, “la noche”, el “mar” del mundo, la universalidad de la misión -153 pescados-, la presencia del Resucitado, y la Eucaristía.

Pedro, arropado por sus compañeros, vuelve a sus labores habituales. Está nostálgico de la relación amistosa con Jesús, triste por haberle negado, deseoso de algo, no sabe de qué… Porque ya no es el mismo de antes. No puede borrar a Jesús de su mente, de sus sentidos, de su corazón.

En esto, aparece un personaje extraño, a lo lejos, un fantasma, una señal de que Jesús está vivo… Le ayuda a descubrirlo el discípulo amado.

Pedro, no se lo piensa dos veces, se lanza al agua, nada casi desesperado, se siente atraído como por un imán hacia Jesús, nada hasta la orilla, hacia ese extraño que cree que le está mirando, le está atrayendo, seduciendo.

¡Era cierto, el Maestro estaba vivo, no podía ser de otra manera, era imposible que todo acabara en el sepulcro, no, era verdad, estaba vivo! Se arrojó a sus pies y los besó.

Quería estar a su lado, reencontrarlo, convencerse de que no estaba loco, de que era verdad lo que veía y sentía. Quería tenerlo cerca, besar sus llagas, llorar en su regazo, pedirle perdón de todo corazón, sentir su perdón, una y otra vez.

También tú y yo, queremos estrenar un corazón nuevo en esta Pascua, queremos dejarnos llevar de la corazonada de pensar, creer y sentir que Cristo está vivo, que ya no somos los mismos de antes, que la vida puede y deber ser de otra manera…

Queremos creer, queremos ir más allá del fantasma de la rutina, tocar las heridas de Jesús, pedir perdón, agradecer a Jesús que ha venido al mundo, que nos ha amado hasta el extremo, que ha sido fiel y paciente, que se ha dejado maltratar hasta morir en la cruz para que nosotros entendamos las Escrituras, los planes del Padre, el amor de la Trinidad santísima…

El amor del Padre que nos ha entregado a su propio Hijo; la humildad y sumisión del Hijo que nos ha amado hasta el extremo: ¿qué más podía hacer por nosotros?

Y la inspiración del Espíritu que nos testimonia la bondad del Padre y la solidaridad del Hijo, que nos reanima y consuela con la certeza de que nuestros pecados son perdonados, que nos llena de la santa unción de la alegría y del gozo en Dios.

Y todo esto porque a Dios le pareció bien, para alabanza de su gloria. Aleluya. El gozo en el Señor sea nuestra fortaleza. Aleluya.

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Comentario de Alessandro Pronzato

“Jesús se presenta por la mañana, en la playa. Es el alba de un nuevo día. Pero los discípulos, concentrados en su trabajo, encerrados en su esfuerzo, no le reconocieron.

Muchachos, ¿habéis pescado algo? La llamada interrumpe un trabajo infructuoso, les hace conscientes de su fracaso.

Si no queremos trabajar en vano, es necesario que Jesús nos enseñe continuamente el oficio. Los apóstoles estaban convencidos de que pescar era asunto suyo. Se consideraban expertos.

Pero a través del fracaso descubren que han de dejar que Jesús les indique el estilo y el modo: Echad la red al lado derecho de la barca y encontraréis algo”.

Dios nos libre de creernos que lo sabemos todo, que ya somos expertos. Que la humildad y la llamada constante del Señor nos mantenga siempre en la condición y en la actitud de aprendices.

No llevamos nosotros la parroquia, el colegio, la misión… sino que es Jesús quien lo lleva todo, y nosotros “colaboramos”, nada más. Él diálogo constante con él nos librará del activismo, de la ansiedad y de la rutina y la vaciedad.

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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ÉL ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”

5) ¿Cómo experimentar la infinita misericordia de Dios para poder irme a descansar en paz, abandonado en Dios, mi padre amoroso?


Card. Marc Ouellet: ‘La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia’

abril 3, 2018

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Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL), marzo 2018

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Card. Marc Ouellet: ‘La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia’

Discurso en la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina

Por Card Marc Ouellet

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(ZENIT – 16 marzo 2018).- Del 6 al 9 de marzo, tuvo lugar en el Palacio Apostólico del Vaticano la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) dedicada al tema “La mujer, un pilar en la construcción de la Iglesia y de la sociedad en América Latina”.

Publicamos a continuación el discurso pronunciado durante los trabajos por S.E. el  cardenal Marc Ouellet, PSS, Prefecto de la Congregación de los Obispos y Presidente de la Comisión Pontificia para América Latina.

También pueden leer aquí el discurso que expuso el Profesor Guzmán M. Carraquirry, Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina.

Discurso del Cardenal Mons. Marc Ouellet

La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia

Actualmente se admite de buen grado la necesidad de un reconocimiento teológico y práctico más concreto de la mujer en la Iglesia y en nuestra sociedad[1]. El Papa Francisco lo ha reiterado en numerosas ocasiones siguiendo a sus predecesores, pero la ejecución de prácticas eclesiales más abiertas a su presencia e influencia[2] tarda en realizarse por razones que no son solamente de orden histórico y cultural.

Dejo a otros el análisis sociológico e histórico del problema para concentrarme en la investigación teológica que debe hacer su parte en este tema, con el fin de eliminar cuanto obstaculiza la promoción de la mujer y valorizar su dignidad a partir de las fuentes de la revelación cristiana.

De hecho, siguiendo las brechas abiertas por la exégesis contemporánea y las intuiciones del santo Papa Juan Pablo II, es posible profundizar el “misterio y los ministerios de la mujer”[3] en el designio de Dios, a partir de la persona del Espíritu Santo como Amor recíproco del Padre y del Hijo en la Trinidad, y así fundamentar mejor su dignidad y su papel tanto en la Iglesia como en la sociedad.

La cuestión debatida de la ordenación sacerdotal reservada a los varones ha hecho correr ríos de tinta y continúa suscitando la crítica de los adeptos a una concepción absolutamente paritaria de la igualdad entre el hombre y la mujer, desde el punto de vista de los roles que se les asignan en los diferentes ámbitos culturales.

No discutiré aquí la cuestión concreta del ministerio ordenado para la mujer, para concentrarme en el fundamento teológico del “misterio” de la mujer a la luz de la Trinidad y de la relación nupcial de Cristo y la Iglesia.

De entrada me inclino entonces por un método teológico que parte de la revelación de la Trinidad en Jesucristo, para comprender a la mujer, creada a imagen y semejanza de Dios, con la ayuda de la exégesis contemporánea acerca la Imago Deila cual restaura la legitimidad y el valor de la analogía entre la Trinidad y la familia[4], no obstante una fuerte tradición contraria.

Concedo sin embargo a esta analogía una importancia relativa en relación con el conocimiento de Dios que nos viene fundamentalmente de la Persona de Jesucristo en su misterio de la encarnación redentora. La analogía familiar aporta un complemento nada despreciable a la inteligencia del misterio trinitario, pero su valor estriba más en su significado antropológico.

El Papa Francisco se refiere a esto numerosas veces en su Exhortación Apostólica Amoris laetitia: «El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo vivo. Las palabras de san Juan Pablo II nos iluminan: ‘Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que él lleva en sí mismo la paternidad, la filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo’[5].

La familia, de hecho, no es ajena a la esencia divina misma. Este aspecto trinitario de la pareja encuentra una nueva imagen en la teología paulina cuando el Apóstol la pone en relación con el «misterio » de la unión entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 21-33)»[6].

Añado una última premisa que me parece importante para indicar el centro y el corazón de nuestra reflexión, a saber, el fundamento arquetípico de la mujer en la Trinidad, que es imposible de determinar sin una teología de la Alianza que abarque el entero designio de Dios sobre la humanidad y el cosmos.

A menudo este marco global hace falta en la reflexión teológica. Hans Urs von Balthasar insiste en este punto en su estética teológica, donde describe la manifestación de Dios al hombre en Jesucristo como misterio nupcial: «Hay una relación última esponsal y de alianza entre Dios y el mundo en cuanto tal (cf. la alianza de Noé) y la hay desde el principio en virtud del Logos que media en la obra de la creación, del Espíritu que se cierne sobre las “aguas”, y del Padre que hace al hombre, en la reciprocidad de macho y hembra, a imagen y semejanza de Dios, de un Dios que en su eterno misterio trinitario está ya configurado de un modo esponsal»[7].

Esta última afirmación, bastante audaz e innovadora respecto a la Tradición, representa un desafío para el pensamiento teológico en general y para la teología de la mujer en particular, porque plantea ya indirectamente la cuestión teológica del fundamento trinitario de la diferencia sexual.

¿Qué significa entonces esta relación nupcial interna a la Trinidad? ¿Habría un arquetipo de la mujer en el misterio íntimo de Dios? ¿Podemos apoyarnos en la teología de la Imago Dei para afirmarlo? ¿Cómo no caer entonces en el grosero antropomorfismo, típico de ciertas religiones, que consiste en proyectar en Dios la sexualidad humana?

Estas preguntas son hoy en día más relevantes que nunca y tienen graves implicaciones para el significado de la sexualidad, los valores del amor, la apertura a la fecundidad, el respeto a la vida, la educación y la vida en sociedad.

Porque el ámbito de la sexualidad, a pesar de los avances del conocimiento científico, parece más confuso que nunca y el tabú permanece, más o menos tácito, y se relaciona con Dios solamente desde el punto de vista moral. Razón de más para volver a poner sobre la mesa las cuestiones candentes de la actualidad: la mujer, la diferencia sexual, la familia, la fecundidad, el futuro del cristianismo, en un mundo cada vez más secularizado y antropológicamente incierto y confuso.

La Iglesia católica se ha preocupado intensamente de esto desde el Concilio Vaticano II, consciente de tener que superar algunos retrasos, pero también de servir a un Evangelio profético destinado al mundo.

I. La exégesis contemporánea de la Imago Dei y sus implicaciones para la inteligencia del misterio trinitario y de la dignidad de la mujer

Comencemos por hacer un resumen sobre la doctrina de la Imago Dei, replanteada en nuestra época gracias a los progresos de la exégesis.

El status quaestionis se encuentra bien resumido por Blanca Castilla de Cortázar, quien recurre al pensamiento liberador del papa Juan Pablo II frente a las interpretaciones históricas y culturales de la imagen de Dios en el hombre: «Haciendo un poco de historia, en la tradición judía se consideró que solo el varón era imagen de Dios, mientras que la mujer era derivada. Esto ha justificado la situación subordinada de la mujer en el mundo judío y musulmán en los que (sobre todo en este último) aun hoy se encuentra encerrada»[8].

El cristianismo aportó una liberación de principio a esta subordinación de la mujer, gracias a la actitud innovadora de Jesucristo respecto a las mujeres y a su impacto sobre su papel activo en la Iglesia de los orígenes, como lo atestigua el Nuevo Testamento[9].

Basta mencionar las escenas de la Samaritana, la mujer adúltera, la prostituta en lágrimas a sus pies, la unción de Betania, la primera aparición a María Magdalena, etc., para simbolizar la apertura de una nueva era en el reconocimiento de la dignidad de la mujer y de su igualdad con el hombre.

Los siglos posteriores asimilaron lentamente, y no sin notables resistencias culturales, la revolución de Jesús respecto a la mujer. En el capítulo que trata precisamente de la interpretación de la imagen de Dios, la Carta de Pablo a los Corintios, por ejemplo, permanece condicionada por la cultura circundante, que subordinaba la mujer al hombre: “El hombre… es la imagen y el reflejo de Dios, mientras que la mujer es el reflejo del hombre” (1Cor 11, 7).

De ahí las instrucciones de Pablo para que las mujeres se cubrieran con el velo y permanecieran calladas en la asamblea.

Se superarán poco a poco las influencias culturales que afectan al reconocimiento de la igualdad del hombre y de la mujer, si se desarrolla la idea de que la imagen de Dios está en el alma únicamente cuando se la considera asexuada, en razón de las facultades espirituales de conocimiento y amor, de inteligencia y voluntad, comunes a los dos.

Esto hará progresar la afirmación de que el hombre y la mujer, como miembros de la especie humana, son ambos igualmente imágenes de Dios, pero separadamente e independientemente de su sexo. Habrá que esperar al Siglo XX para que la pareja humana, con la diferencia hombre-mujer, sea incluida en la imagen de Dios.

Juan Pablo II dará a este aspecto un desarrollo magisterial decisivo en sus catequesis sobre la “teología del cuerpo” y en su Encíclica Mulieris Dignitatem, donde habla de la imagen de Dios en el hombre como Imago Trinitatis, “la unidad de dos” siendo contemplada a la luz de “la unidad de tres” de la comunión trinitaria[10]. De esta manera, él dio un impulso fundamental para una teología de la familia.

Al término de su status quaestionis, Castilla de Cortázar señala algunas cuestiones pertinentes para la profundización de la teología de la mujer a la luz de la Trinidad. Ella se pregunta cómo identificar el arquetipo trinitario, no solamente de la mujer, sino más específicamente de su cualidad de esposa y de madre.

Juan Pablo II dio un gran paso adelante, precisando la analogía entre la familia y la Trinidad en términos de communio personarum, pero no especificó, sin embargo, la relación entre las personas divinas y la distinción hombre-mujer. No obstante, él indicó la relación íntima entre el Espíritu Santo como amor que da vida, y la mujer que da la vida.

La obra está entonces abierta a nuevos desarrollos, pero la tarea no es fácil, dado el peso de la tradición y la tendencia, aún fuerte en el mismo Louis Bouyer[11], a descartar toda dimensión nupcial en la Trinidad por temor al antropomorfismo y por respeto a la absoluta trascendencia de Dios.

Superar este temor exige una exégesis rigurosa del texto del Génesis, acompañada por una teología del designio de Dios como misterio de Alianza que compromete la comunión de las Personas trinitarias en la relación nupcial de Cristo y de la Iglesia.

Sobre esta base aún por desarrollar positiva y especulativamente, anticipo un sí sin reserva a la cuestión del arquetipo de la diferencia sexual en Dios mismo, y por lo mismo, a la cuestión del fundamento trinitario de la dignidad de la mujer. La nocion de nupcialidad que guía mi reflexion estriba en tres conceptos que expresan lo esencial del amor: don, reciprocidad, fecundidad.

Esta noción se aplica analógicamente a diversos ordenes de realidad: a la pareja hombre-mujer, a la relación Cristo-Iglesia, y a las Personas divinas[12].

Así se prolonga la visión del santo papa de la familia, que dando un nuevo frescor a la analogía trinitaria de la familia, interpreta la Imago Dei como Imago Trinitatis, completando con ello, de manera feliz y fecunda, la doctrina tradicional de la imagen de Dios.

Hasta el momento, en efecto, esta se limitaba a la semejanza entre la naturaleza racional del hombre con sus facultades espirituales, y la naturaleza divina, eminentemente espiritual por una parte y, por otra, con las procesiones trinitarias: el Hijo procediendo del Padre como Verbo, y el Espíritu Santo procediendo del Padre y del Hijo como Amor.

Evidentemente hablar de analogía no significa hablar de univocidad; por consiguiente la semejanza evocada es matizada por la más grande desemejanza que se impone siempre en toda comparación entre el Creador y su criatura (DS 806)[13].

La cuestión es entonces compleja y delicada e invita a integrar las perspectivas complementarias más que a oponerlas[14]. Consideremos sobretodo que los avances contemporáneos ofrecen perspectivas amplias y fecundas para repensar la persona, la relación hombre-mujer y el misterio de Dios a partir del Amor como Don[15].

Algunas indicaciones exegéticas

Más allá de las interpretaciones clásicas de Gen 1,26-27[16], una mayoría de exégetas ve la semejanza en el hecho «que Adán es el representante real de Dios mismo, encarnando y ejerciendo su autoridad sobre la tierra y sobre todo lo que vive»[17]. Otro grupo sostiene con Claude Westermann que «la imagen de Dios debe encontrarse en la capacidad de relación con Dios que el hombre recibe de él»[18].

Bien comprendida en su contexto, la narración de la creación del hombre expresaría la voluntad de Dios de darse un compañero capaz de dialogar con él. Lo más interesante para nuestro propósito es constatar que la exégesis de Gen 1,26-27, según la tradición sacerdotal, traza los puntos en el sentido de una integración de la relación hombre-mujer al interior de la imagen-semejanza.

En efecto, si en lugar de separar ambos relatos de la creación, se ilumina el primero con el segundo, Gen 2,18-24[19], y con Gen 5,3, se tiene que la reciprocidad varón-hembra, a imagen-semejanza de Dios, le permite al hombre representarlo sobre la tierra e imitarlo, participando de su poder creador.

La insistencia de la tradición sacerdotal sobre la diferencia corporal de los sexos pretende así expresar el carácter fundamentalmente relacional del ser humano, sobre el plano horizontal de la relación entre el hombre y la mujer, así como sobre el plano vertical de la relación con Dios.

Régine Hinschberber llega a la conclusión de que Gen 1,26 sugiere «una relación de semejanza entre Dios que crea y el hombre, varón y hembra, que, bendecido por él, procrea»[20]. Así la expresión “Dios hizo al hombre a su semejanza” significaría que Él lo hizo «para ser fecundo como él»[21].

Está claro que el Génesis no explicita esta analogía en cuanto a la correspondencia de los miembros de la familia en relación con las Personas de la Trinidad. La exégesis de la imagen-semejanza pone solamente en relación dialogal una pareja fecunda y un “nosotros” divino (“Hagamos al hombre…”) indeterminado, manifestando su poder creador en la unión procreativa.

Esta perspectiva dinámica de la imagen que actualiza su semejanza por la vía de la unión procreadora, encaja por otro lado muy bien con la idea de alianza, de la cual la historia de Israel es la expresión privilegiada. El mensaje del Génesis consiste entonces en que esta estructura de alianza se inscribe ya en la complementariedad hombre-mujer, cuya reciprocidad fecunda se asemeja y corresponde al don del Creador.

Cuando Eva dio a luz a su primer hijo, exclamó: «Procreé un hombre con el Señor» (Gen4,1), destacando la intervención creadora de Dios en el don de la vida. Tomada en toda su amplitud, esta historia de alianza, ya inscrita en la creación de Adán y Eva, culmina en Cristo, el nuevo Adán, del cual el primero es la figura.

En efecto, él es por excelencia «la imagen de Dios» (2Cor 4,4), «la imagen del Dios invisible» (Col 1,15). Es entonces en él que la analogía familiar de la Trinidad alcanza su apogeo, y encuentra al mismo tiempo su superación hacia una analogía más profunda, fundada no solamente sobre la acción creadora de Dios, sino sobre el don de la Gracia y de la virginidad, una forma más alta de nupcialidad.

Esbozo de reflexión teológica

En el plano especulativo, si tomamos como punto de partida el Amor como revelación suprema de Dios en Jesucristo, podemos tratar de comprender este Amor a partir de las Personas divinas como «relaciones subsistentes» (Tomás de Aquino), porque coincide con ellas, y no tiene otra realidad aparte de su absoluta y asimétrica reciprocidad.

Tradicionalmente, las Personas divinas se comprenden distinguiéndose por el orden de las procesiones, y por la oposición de relaciones recíprocas en el Amor, según tres formas totalmente distintas en Dios.

Dios es Amor en cuanto Padre que engendra al Hijo consubstancial; es también el Amor engendrado que responde al Padre según su propio modo filial, reconociendo en Él su fuente y su término; es finalmente el Amor que procede de la reciprocidad del Padre y del Hijo, como Tercero que es Amor-comunión, la hipóstasis distinta de la reciprocidad en cuanto tal; no otro hijo o hija en la modalidad de los otros dos, sino un “nosotros” que incluye a los dos, mientras que se distinguen absolutamente.

De ahí los tres modos de amar en la Trinidad que expresan tres Personas completamente distintas y correlativas: el Amor paternal, el Amor filial, y me atrevo a calificar el tercero de Amor nupcial, a partir del hecho de que no es solo una reciprocidad entre dos sino entre tres, siendo el Espíritu un Tercero distinto que procede por modo de fecundidad de la reciprocidad, lo que le da esencial y personalmente derecho de ciudadanía en la triple y divina correlación del Amor.

En la experiencia humana, el niño, como hipóstasis de la reciprocidad de amor, es el fruto del amor conyugal, que es también una reciprocidad de tres ya que, si se hace abstracción del carácter fortuito de la generación y del factor temporal de su desarrollo, el niño pertenece intrínsecamente a la naturaleza misma de la donación mutua de los cónyuges (Balthasar).

Él es un tercero en el intercambio de amor nupcial-conyugal en el seno de una misma naturaleza, lo que no es el caso en ninguna otra relación afectiva. Ni la relación paternal-filial, ni la relación filial-maternal, ni las relaciones fraternales o de amistad hacen nacer un tercero carnal de igual naturaleza.

En cierto modo, el niño es un co-principio del amor de los esposos como fin intrínseco de su entrega mutua, aunque subjetivamente se puedan unir sin la intención explícita de la fecundidad.

Hemos nombrado antes al Espíritu Santo como el arquetipo del amor nupcial en Dios ya que Él es el «Nosotros» distinto en el Amor recíproco del Padre y del Hijo.

Un Nosotros en Quien el Padre y el Hijo se aman con un Amor paternal y filial conforme a su propiedad personal, pero también se aman con un “exceso” (surplus) de Amor que viene del Tercero, que enriquece por consiguiente sus relaciones, y nos permite calificar su fecundidad en Él como Amor nupcial.

La dimensión nupcial, a primera vista ajena a la relación Padre-Hijo, es debida exclusivamente al Espíritu y no puede proceder más que de Él como hipóstasis propia de la reciprocidad. Además de la hipóstasis del don generador y de la hipóstasis de la reciprocidad fecunda, existe la hipóstasis de la reciprocidad-comunión.

Es por esto que podemos decir que la Persona del Espíritu produce (engendra) en cierto modo un exceso de Amor en Dios, que sobre-califica las relaciones Padre-Hijo con otra nueva fecundidad que les es intrínseca, pero que les es irreductible debido a la propiedad personal del Espíritu.

Considero pues perfectamente justificado designar al Espíritu Santo como el Amor nupcial en Dios, retomando y profundizando la intuición de Agustín sobre el Espíritu como amor mutuo. Porque el Espíritu Santo es Amor de una manera que le es única, personal, en Dios que no es más que Amor.

Su papel de «vínculo» de amor entre el Padre y el Hijo, íntimo pero distinto, los enriquece de tal manera que se debe reconocer la fecundidad que le es propia caracterizándola de «nupcial» y «maternal».

En resumen, para concluir, esta manera de distinguir los tres tipos de hipóstasis en Dios a partir del Amor, me parece que va en armonía con su Nombre propio de «Espíritu de Verdad», porque la Verdad es el Amor consubstancial de las Tres Personas divinas que Él confirma en Sí mismo en su calidad de sigilo de la Unidad divina como Amor.

II. La Economía del Misterio nupcial trinitario como misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia

La hipótesis de partida de un arquetipo de la diferencia sexual en Dios supone, habíamos dicho, una teología de la Alianza donde Dios predestina la humanidad en Cristo a llegar a ser «partícipe de la naturaleza divina», que es el Amor eterno de las Personas trinitarias.

Este designio divino se cumple perfectamente en Cristo como «misterio nupcial», porque toda su trayectoria terrestre de encarnación es un connubium entre la divinidad y la humanidad.

Su misión redentora hasta el sacrificio supremo revela en efecto el Amor del Padre hacia la humanidad, y su resurrección de entre los muertos confirma el Amor del Padre hacia su propio Hijo, ascendido a su derecha, y hacia la humanidad reconciliada y santificada, por el Don y efusión del Santo Espíritu.

La resurrección de Cristo y el don del Espíritu son la prueba del éxito del proyecto de Dios como misterio de Alianza; pero la pregunta queda, a saber: ¿Cómo podemos inferir de esto que exista un misterio nupcial interno a la Trinidad?

Podemos lograrlo releyendo en términos más explícitamente nupciales las relaciones intra-trinitarias que se desarrollan en la economía de la salvación.

En efecto, el misterio de la encarnación consiste en la generación del Hijo en la carne por la mediación del Espíritu Santo; esta generacion se expresa de parte del Hijo como obediencia de amor al Padre hasta la muerte de Cruz, de donde Cristo resurge de los infiernos en virtud del Beso de Resurrección que recibe del Espíritu del Padre, como Amor nupcial confirmando su Filiación divina en su carne resucitada (Rom 1,4) y haciéndola capaz de difundir el Espíritu de vida sobre toda carne.

El momento de la procesión del Espíritu en la Trinidad inmanente corresponde al momento de la resurrección en la economía de la salvación: Cristo resucitado es el Esposo humano-divino que sale victorioso de la alcoba nupcial; ya que la generación del Hijo en la carne llega allí a su término, en la fecundidad recíproca del Padre y del Hijo que co-espira el Espíritu de Amor en la economía de la salvación; primero en la carne de Cristo Resucitado y, a través de él, en toda la humanidad redimida, convertida en Él y por Él, en interlocutor fecundo del misterio de la Alianza.

En otras palabras, el acontecimiento de la encarnación como misterio de Alianza es la traducción perfecta, en la economía, del misterio nupcial de la Trinidad inmanente. El orden de las procesiones trinitarias es respetado en el sentido que la generación del Hijo precede y hace posible la procesión del Espíritu, que precisamente se realiza como sello nupcial en el connubium histórico y escatológico de ambas naturalezas de Cristo en su vida-muerte-resurrección.

Esta efusión íntima y fecunda del Amor trinitario en la encarnación del Hijo culmina en la Eucaristía, misterio nupcial por excelencia de Cristo y de la Iglesia.

Después de esta visión general del plan divino, debemos detenernos en la figura del Espíritu que se convierte en el gran protagonista de la encarnación del Amor trinitario después de la resurrección de Cristo, pero de acuerdo con su propio modo de ser que es de comunión. Por eso Él es el gran actor y animador de la respuesta de la Iglesia Cuerpo y Esposa de Cristo al don de la comunión trinitaria.

Como en la Trinidad inmanente, su acción en la economía es comunional y más precisamente nupcial y maternal. Él da la Vida divina, comenzando con la maternidad divina de la Virgen María que acompaña prolongándola en su maternidad espiritual en la Cruz y en Pentecostés[22].

El Espíritu dona también la estructura jerárquica de la Iglesia como la representación de Cristo Cabeza y Esposo al servicio de la comunión del pueblo de Dios, que él enriquece aún con múltiples dones y carismas. Al hacerlo, el Espíritu se manifiesta como Aquel que da la vida divina, uniendo y distinguiendo, salvaguardando siempre las diferencias para que la unión sea de comunión y no de uniformidad.

Como en la Santísima Trinidad donde la Persona del Espíritu corona la unidad divina, la Tri-Unidad, consagrando la diferencia absoluta de las Tres Personas trinitarias. Cada una es Persona según su modo propio pero siempre consubstancial con los Demás en el Amor absoluto.

No hay tres Personas idénticas y uniformes en la Santísima Trinidad, sino tres Personas cuya propiedad personal realiza una manera de ser Amor en Dios completamente diferente, pero en la unidad de la misma naturaleza: el Amor paternal, el Amor filial, y el Amor nupcial.

Detengámonos ahora en el arquetipo de la maternidad en Dios que la Tradición tiende a situar también en el Espíritu Santo. En efecto, Él es confesado en el Credo como aquel que «da la vida», y es descrito en la Santa Escritura como cercano a la Mujer, sea de la Virgen María en todo su misterio, desde la Anunciación hasta Pentecostés y la Asunción, sea de la Esposa del Apocalipsis con la cual aspira el regreso del Señor Jesús (Ap 22,17).

Esta proximidad del Espíritu y de la Mujer no es como la de un Esposo, sino es aún más íntima, como el “Nosotros” en Quien se cumple el misterio nupcial, a pesar de la inadecuada opinión medieval del Espíritu como el Esposo de la Virgen. El Espíritu no es el que desposa, Él es Aquel en Quien y por (para) Quien los esponsales del Verbo de Dios y de la humanidad se realizan en el seno de la Virgen María.

El Espíritu mediatiza estos esponsales en cuanto amor nupcial y maternal que vehicula la semilla del Padre, y que conjuga las dos naturalezas del Verbo encarnado en el seno virginal de María, gratificándola al mismo tiempo de su SÍ inmaculado y sin reservas a la Palabra divina.

Por lo tanto, el Espíritu cumple activamente el misterio de la encarnación como Persona-comunión que actúa al servicio del Padre y del Hijo y persigue esta mediación nupcial a lo largo de la encarnación del Verbo hasta su misterio pascual.

Es maravilloso contemplar esta mediación nupcial del Espíritu que inspira y acompaña, en paralelo asimétrico, la obediencia de Jesús a su Padre y la disponibilidad ilimitada de María a la Palabra de Dios. Esta comunión perfecta en la obediencia de amor se consuma al pie de la Cruz, cuando el Hijo y la madre sufren al unísono la pasión de amor del sacrificio redentor.

Al recoger el último aliento de su Hijo crucificado -preludio de la efusión del Espíritu- la Virgen Inmaculada es elevada por el Espíritu a la dignidad de Esposa del Cordero inmolado y Madre de la Iglesia. Su nueva maternidad eclesial en el Espíritu trasciende entonces la relación Madre-Hijo según la carne, así como en Dios la fecundidad nupcial del Espíritu trasciende la relación Padre-hijo y le confiere una nueva dimensión.

El Espíritu Santo fecunda continuamente esta maternidad de María-Iglesia a través de la economía sacramental, especialmente en la celebración del misterio pascual donde él procede a la efusión eucarística del Verbo encarnado que, acogida en la fe de la Iglesia, la constituye como Cuerpo y Esposa de Cristo. De ahí la denominación Ecclesia Mater que está vinculada a su participación íntima a la propiedad nupcial-maternal del Espíritu del Padre y del Hijo.

Volvamos sin embargo al Espíritu en la Trinidad inmanente para identificar más de cerca esta dimensión materna de su persona y de su acción ad intra y ad extra.

Estando el “Nosotros” constituido por la reciprocidad asimétrica, pero perfectamente consubstancial del Padre y del Hijo, el Espíritu deja entrever su dimensión maternal por el reflujo de Amor nupcial que enriquece activamente a las otras dos Personas (Espiración activa–pasiva), pero en modo subordinado a causa de la primacía de las Otras dos (el orden de las procesiones), lo que no afecta de ninguna manera la igualdad perfecta de los Tres fundada sobre su triple consustancialidad.

De aquí, en el plano del lenguaje, la preposición “en” que habitualmente acompaña la mención del Espíritu Santo, ya sea en la oración litúrgica de la Iglesia o en la expresión teológica de su misterio. De hecho, el Dios Uno y Trino es Amor que declina así su misterio: Amor tri-personal que procede del Padre por el Hijo en el Espíritu, una Vida eterna en perpetuo intercambio cuyo flujo y reflujo constituyen su misterio infinito como Deus semper maior.

Este acontecimiento de Amor paternal, filial y nupcial que es la Trinidad inmanente se puede vislumbrar en la economía de la salvación, donde las Personas divinas revelan su misterio nupcial íntimo en sus relaciones de alianza en Cristo y María-Eclesia, con cada persona humana y con la humanidad en su conjunto.

Esto es así porque el Espíritu Santo posee en Sí mismo la Vida que procede del Padre a través del Hijo. Él la posee como recibida pasivamente-activamente de los otros dos y agregando a eso por su propiedad personal, una nueva fecundidad nupcial y materna que es de comunión, de vida nueva, de libertad cada vez más grande en el Amor.

Esta es la razón por la cual el papel del Espíritu ad intra y su actividad ad extra en la Iglesia y el mundo llevan el signo de la armonía, de la unidad en la diversidad, de la libertad y de la gratuidad, de la fecundidad que merece su título de Gloria como Amor nupcial y maternal. San Ireneo escribe: «Allí dónde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y dónde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y todo tipo de gracias»[23].

Por lo tanto también la obra de santificación y de glorificación que opera en la economía de la salvación aparece en perfecta conformidad con su personalidad trinitaria. De ahí la belleza de la Iglesia-Comunión que procede de la kénosis eucaristica del Verbo encarnado, como personalidad femenina animada por el Espíritu, y su figura de Esposa y madre.

De ahí no resulta que el Espíritu Santo sea su hipóstasis exclusiva, porque él es el “Nosotros” que contiene en sí el Amor del Padre y del Hijo, constituyendo pues juntos, la Iglesia como Sacramentum Trinitatis.

El Espíritu Santo trinitario, kenótico como las otras dos Personas de las que procede, se esconde personalmente en el corazón del misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia, y garantiza que la unidad de la Iglesia esté constituida por la unidad trinitaria del Padre, del Hijo y del Santo Espíritu, como lo expresa acertadamente el Concilio Vaticano II (LG 4)[24].

III. La figura trinitaria de la mujer y sus implicaciones en cuanto a su dignidad y su papel en la Iglesia y la sociedad.

Las anteriores reflexiones han intentado integrar la herencia de Agustín sobre el Espíritu como Amor mutuo y la de Ricardo de San Víctor sobre el condilectus, recurriendo a la analogía nupcial y familiar que se encuentra en Gregorio Nacianceno y Buenaventura, al igual que a la exégesis contemporánea sobre la Imago trinitatis.

La originalidad de nuestra posición se centra sobre esta especificación nupcial que permite a la vez salvaguardar la unidad divina como Amor, y valorizar la imagen de Dios en el hombre y la mujer como don de amor recíproco fecundo en la familia y la sociedad.

En esta perspectiva, la dignidad y el papel de la mujer reaparecen notablemente fortalecidos, a la luz de su fundamento relacional en la Santa Trinidad. Este fundamento está bien establecido, me parece, en la procesión del Espíritu Santo (espiración activa–pasiva) que se manifiesta como Amor nupcial irreductible a la fecundidad propia del Amor paternal y filial.

La novedad del Espíritu de Amor refluye como hemos dicho sobre la fecundidad paternal y filial y le confiere una nueva dimensión que justifica el recurso a la simbología nupcial y familiar para dar cuenta de las riquezas inconmensurables de las relaciones trinitarias, y afirmar en consecuencia la verdad del fundamento arquetípico de la mujer en el Espíritu Santo en su juego de relaciones con el Padre y el Hijo.

Si lo propio de la mujer es dar recibiendo (esposa) para ser activamente fecunda (madre) en la misma medida en que ella recibe, ¿no es ella la imagen y, de cierto modo, la participación, y del Hijo que espira el Espíritu en la recepción de lo que él es del Padre y el don que él le da, y del Espíritu Santo que también “vive y enriquece” este movimiento triple de recepción, regalo, fecundidad?

La manera de amar de la Virgen María, tan íntimamente vinculada al Espíritu, se manifiesta en su disponibilidad inmaculada hacia el Padre (esposa) y en el servicio incondicional al Hijo (madre) al que el Espíritu Santo concibe en su seno virginal y que lo acompaña en todo su trayecto de encarnación[25].

El arquetipo de la mujer como esposa y madre en el Espíritu Santo se fundamenta así en estas relaciones trinitarias recíprocas que conocemos por el misterio de la encarnación. Esta conclusión se basa como hemos visto en la exégesis contemporánea de la imagen de Dios como Imago Trinitatis, y en el designio de Dios como misterio de Alianza interpretado con la simbología nupcial, que es la más evidente y adecuada con la Biblia.

Repercusiones

¿Cuál es la importancia de estos logros para la dignidad de la mujer y para las consecuencias eclesiales y sociales concretas que legítimamente se deberían sacar?

Primero, la identificación del arquetipo relacional de la mujer en la Trinidad confirma de inmediato su dignidad de imagen de Dios como persona, mujer, esposa y madre. Esto también confirma los valores del amor, del matrimonio y de la familia, así como las vocaciones virginales sobrenaturales que reciben un apoyo fuerte teológico y espiritual.

En segundo lugar, su vínculo privilegiado con el Espíritu Santo, y en el Espíritu con el Hijo eterno y encarnado, configura su originalidad relacional y su manera de amar como mujer que acoge, consiente, responde y sorprende por su respuesta doblemente fecunda, natural y sobrenatural, asimétrica, original, procreadora, irreductible a cualquier otro modelo que no sea su modalidad personal de amar como Dios ama.

En tercer lugar, la mujer se confirma poderosamente en su papel de esposa y de madre, sin limitarse a estos roles, ya que su feminidad abierta florece en diversos niveles y tonalidades que sobrepasan el núcleo familiar hacia todos los ámbitos de actividad e influencia, particularmente en el campo de la vida consagrada.

De aquí su aportación única e irreemplazable al mundo del trabajo, de la salud, la actividad social, caritativa y política, en la ciencia, las artes y la filosofía, la teología, la profecía y la mística, etc., donde su personalidad y sus múltiples carismas naturales y sobrenaturales pueden desarrollarse y contribuir al Reino de Dios y al bien común de la sociedad y de la Iglesia.

En cuarto lugar, no hace falta decir que a partir de esta base teológica y señalando la falta de integración de la mujer según su vocación propia y sus potencialidades, a nivel social y eclesial así como a nivel pastoral y misionero, se hace necesaria una vigorosa promoción de la mujer en todos los niveles (incluyendo la confirmación de su vocación de esposa y de madre!) y se requiere una lucha paciente y perseverante para favorecer su libertad de actuar y de vivir según sus carismas, su vocación y su misión, que son irreductibles a los esquemas culturales patriarcales o matriarcales vehiculados en las diferentes sociedades.

En quinto lugar, la teología en general, y la teología de la mujer en particular, requieren una escucha atenta y sin prejuicios de la teología de las mujeres, una contribución desconocida pero ya disponible en la Tradición, que la Iglesia reconoce simbólicamente mediante la declaración de algunas de ellas como “doctoras de la Iglesia[26], con la esperanza de que estos gestos simbólicos fomenten la participación de las mujeres en todos los niveles de la producción filosófica, teológica y mistica.

Por una civilización del amor

En definitiva, la manera de ser y de amar de la mujer comporta cualidades indispensables para el progreso de la Iglesia y de la sociedad. En efecto, su persona se desarrolla de manera ejemplar y fecunda por su disponibilidad nativa a la voluntad del Padre y al servicio de la Palabra de Dios en el Espíritu.

La mujer se pone y se reconoce del lado del Verbo que es segundo, proferido, engendrado, y fecundo a cambio de su amor consubstancial al Padre, que es “más” que filial en virtud del Espíritu que él espira en dependencia del Padre.

De ahí, por consiguiente, la participación de la mujer en la dimensión nupcial y maternal del Verbo y del Espíritu, que se manifiesta en su manera de amar, recibida y “auxiliatrix”, pero igual en dignidad y doblemente fecunda.

Su forma de amar, tierna, compasiva, envolvente y fecunda, es irreductible al modelo masculino del amor, más intrusivo y puntual, esporádico y planificado, así como a la psicología masculina más univoca, particularmente en el modo de administrar las relaciones sociales y la influencia cultural, política o espiritual.

La diferencia femenina no tiene que ser borrada por el modelo masculino, que necesita ser complementado por las cualidades indispensables de la feminidad, de la maternidad y de la fecundidad múltiple y diversificada de la mujer, so pena de caer en una dominación injusta que provoca el antagonismo del hombre y de la mujer mientras que son llamados a la comunión.

Finalmente, a la luz de la Sagrada Familia, imagen por excelencia del misterio de la Trinidad y de la Iglesia, la figura de la mujer accede en María a una realización sin igual de perfección humana y sobrenatural, en virtud de su verdadero matrimonio, vivido en relaciones humanas auténticas y virginales, pero no asexuadas, con Jesús y José.

Esta superación de la sexualidad conyugal natural en ella no implica ningún desprecio de su valor, sino solo su prolongación al nivel superior de la fertilidad sobrenatural de los sexos en el seno de relaciones virginales[27].

José no fue disminuido en su sexualidad por el hecho de no haber engendrado a Jesús, al contrario fue enriquecido y fortificado en su paternidad putativa natural-sobrenatural por una calidad incomparable de relaciones virginales, en humilde correspondencia con el misterio de Jesús y de su madre.

En este sentido, ¿quién no ve la importancia de estas consideraciones para la promoción de la vida consagrada bajo todas sus formas en la Iglesia? Porque las vocaciones sacerdotales y religiosas expresan la fecundidad propia del Espiritu Santo en la Iglesia Esposa dotada por Él de carismas variados al servicio de la comunión y de la misión.

Estas vocaciones gratuitas y virginales vividas en comunión con el Esposo eucarístico, demuestran por su fidelidad y su fecundidad virginal, junto con la familia, iglesia doméstica, que el Evangelio de Dios Amor responde en plenitud a todas las aspiraciones del corazón humano desde el centro de gravedad “sacramental-escatologico” del misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia.

¿No habría en esta profundización teológica un recurso precioso para superar la controversia alrededor del ministerio ordenado reservado a los varones?

Y para reanimar la llama en el corazón de tantas mujeres en busca de una vocación, donde la respuesta no sea solo un servicio social o profesional, una carrera cualquiera, o incluso un servicio desinteresado a los más pobres, sino la fascinación del Amor divino simplemente, un Amor filial, nupcial y maternal, que llene el corazón, el alma y el espíritu de alegría y de pasión para la evangelización del mundo.

Conclusión

¿Qué más podemos añadir como conclusión a estas reflexiones teológicas para remarcar la importancia del “misterio” de la mujer y de su contribución indispensable para la vida social y eclesial?

Dada la cercanía del Espíritu y de la mujer en el designio divino de la creación y de la encarnación de la gracia; dada la participación íntima e insuperable de la Virgen María en las relaciones trinitarias recíprocas del Verbo y del Espíritu, ¿no deberíamos reconocer este “misterio” de la mujer calificando de “ministerios sagrados”, sin connotaciones clericales de ningún tipo, sus múltiples funciones y papeles femeninos en la sociedad y la Iglesia: esposa y madre, inspiradora y mediadora, redentora y reconciliadora, ayuda y compañía indispensable para el hombre en cualquier tarea y responsabilidad social y eclesiástica.

Que sobresalga la escucha, la apertura, la reparación de injusticias y la valoración de los carismas femeninos de parte de todos y de todas, y en particular por parte de las autoridades civiles y religiosas, para que se reconozca e integre más y mejor la diferencia femenina!

Es comprensible entonces que la Iglesia católica, desde la inmensa gracia del Concilio Vaticano II, haya librado una lucha decisiva y permanente por el respeto de la diferencia de los sexos en todas partes y en todos los niveles, ya sea en el ámbito del trabajo, del matrimonio y la familia o en el del ministerio ordenado, y continúa haciéndolo, incluso en solitario, contra toda “colonización ideológica” (Papa Francisco) que pretenda anular la diferencia sexual en la cultura, y por lo tanto la figura original de la mujer, en nombre de una antropología libre de todo vínculo trascendente.

El tema de la mujer es de tal importancia hoy en día que requiere que la Iglesia y la sociedad realicen una inversión colosal de pensamiento y de acción, para iluminar correctamente las elecciones de la sociedad y para permitir que la imagen de Dios en el hombre y la mujer, en dolor y deseo de comunión, alcance la divina semejanza del Amor sin la cual no hay ni felicidad posible para la humanidad ni sociedad digna de este nombre.

[1] Cf. Ruolo delle donne nella Chiesa. Actas del simposio promovido por la Congregación para la Doctrina dela Fe, Roma 26-28 septiembre 2016, LEV.

[2] Papa Francisco: «Estoy convencido de la urgencia de ofrecer espacios a las mujeres en la vida de la Iglesia y de acogerlas, teniendo en cuenta las específicas y cambiadas sensibilidades culturales y sociales. Por lo tanto, es de desear una presencia femenina más amplia e influyente en las comunidades, para que podamos ver a muchas mujeres partícipes en las responsabilidades pastorales, en el acompañamiento de personas, familias y grupos, así como en la reflexión teológica» (Discurso a los participantes en la Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, 7 de febrero de 2015).

[3] Cf. Louis Bouyer, Mystère et ministères de la femme, Aubier Montaigne, 1976 (Trad. esp.: Misterio y ministerios de la mujer, Fundación Maior, 2014). De considerarse como un ensayo de justificación teológica de la posición de la Iglesia sobre la cuestión del ministerio ordenado reservado al hombre, previo a la declaración Inter Insigniores de 1976.

[4] Cf. Marc Ouellet, Divine ressemblance. Le mariage et la famille dans la mission de l’Église, Ed. Anne Sigier, 2006, p. 35-58.

[5] Homilía en la Eucaristía celebrada en Puebla de los Ángeles (28 de enero de 1979): AAS 71, (1979), p.184.

[6] Papa Francisco, Exhortación Apostólica Amoris laetitia, n. 11; ver también, n. 71.

[7] Hans Urs von Balthasar, La Gloire et la Croix. I. Apparition, Aubier 1965, p. 488 (Trad. esp. Gloria. Una estética teológica ILa percepción de la forma, Ed. Encuentro, 1985, p.513). Cf. también Adriana von Speyr, Teología de los sexos, Ed. San Juan, 2018.

[8] Blanca Castilla de Cortázar, «Mujer y teología: la cuestión de la imagen de Dios»en Arbor, vol. 192, n. 778, 2016.

[9] Cf. Mary Healy, Women in Sacred Scriptures: New insights from exegesis, en Ruolo delle donne nella Chiesa, op. cit., 43-54: «The New Testament thus provides abundant evidence that both in the ministry of Jesus and in the early church women were present not only as disciples but also as initiators and leaders who actively participated in the ministry of the gospel in a variety of ways» p. 53.

[10] Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica Mulieris dignitatemn. 6-8. «El ser persona significa tender a su realización, cosa que no puede llevar a cabo si no es “en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. El modelo de esta interpretación de la persona es Dios mismo como Trinidad, como comunión de Personas. Decir que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de este Dios quiere decir también que el hombre está llamado a existir “para” los demás, a convertirse en un don»: n. 7.

[11] L. Bouyer, Mystère et ministères de la femme, op. cit. p. 41-42.

[12] Cf. mi libro Dans la Joie du Christ et de l’Église. Au cœur d’Amoris laetitia : intégrer la fragilité. Parole et Silence, 2018, 119s.

[13] El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa en términos que enfatizan los límites de la analogía: «Dios no es, en modo alguno, a imagen del hombre. No es ni hombre ni mujer. Dios es espíritu puro, en el cual no hay lugar para la diferencia de sexos. Pero las “perfecciones” del hombre y de la mujer reflejan algo de la infinita perfección de Dios: las de una madre (cf. Is 49,14-15; 66,13; Sal 131,2-3) y las de un padre y esposo (cf. Os 11,1-4; Jr 3,4-19)», n. 370.

[14] Ver el excursus «Image et ressemblance de Dieu», en Hans Urs von Balthasar, La Dramatique divineLes personnes du drame. 1. L’homme en Dieu, Lethielleux, 275-290; et 318-334 ; 355-359 (Trad. esp.: «Imagen y semejanza de Dios. Excursus 3», en Teodramática 2. Las personas del drama: El hombre en Dios. Ed. Encuentro, 1992).

[15] Cf. M. Ouellet, Divine ressemblance, op. cit., p. 56-58.

[16] Dijo Dios : «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó».

[17] Francis Martin, «Male and Female He Created Them: A Summary of the Teaching of Genesis Chapter One» en Communio International Review, 20 (1993), 247.

[18] Ib., 258. Ver también: Claus Westermann, Genesis I-II, A Comentary, Minneápolis, Augsburg Publishing House, 1984, p. 147-161 y especialmente p. 157-158.

[19] Y el Señor Dios formó de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán. Adán dijo : «Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre sera ‘mujer’, porque ha salido del varón» (Gn 2, 22-23)

[20] Régine Hinschberber, «Image et ressemblance dans la tradition sacerdotale», en RSR 59 (1985), p. 192.

[21] Para un desarrollo más amplio, cf. M. Ouellet, Divine ressemblance op.cit., p. 43-48.

[22] De aquí la superioridad del “principio mariano” sobre el “principio petrino” en la comunión de la Iglesia que Balthasar desarrolla en: Le Complexe antiromain, Apostolat des éditions, 191-235 (Trad. esp.: El complejo antirromano, BAC, 1971). La estructura ministerial, por importante que sea, se funda sobre la institución por Cristo, y sobre el Amor envolvente de la Madre que constituye, en el Espíritu Santo, la identidad fundamental de la Iglesia como Esposa, en la que se inscribe la representación ministerial-petrina del Esposo, en dependencia y al servicio del “ministerio” más fundamental del amor, que la Virgen Madre y toda mujer encarna en su propia persona.

[23] S. Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, III, 24. 1.

[24] De notar el aspecto inaferrable y kenótico del Espíritu que la Escritura expresa mediante los símbolos universales del agua, el fuego y el viento, lo mismo que por los símbolos sacramentales de la unción, y de la transubstanciación del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de Cristo (epíclesis)Este carácter “fluído” de su Persona parece contrastar con el carácter más definido y preciso del Amor paternal y filial, pero de hecho él lleva a su plenitud la expresión del Amor trinitario común a las Tres Personas como des-asimiento de sí, efusión bienaventurada de sí, como Amor cuya felicidad radica en no ser para sí.

[25] Nos remitimos aquí a cuanto se decía más arriba sobre el misterio de María, madre del Verbo encarnado, que el Espíritu Santo fecunda desde el interior y acompaña hasta elevarla a la dignidad de la Esposa del Cordero inmolado, llegando a ser por él y con él, en su total dependencia, co-espiradora del Espíritu sobre toda la posteridad eclesial y, por lo tanto, Madre de la Iglesia. Lo que la piedad popular expresa en este sentido a través de María, mediadora de todas las gracias, se fundamenta precisamente en este misterio trinitario-nupcial dado en participación.

[26] Pablo VI dio el primer paso declarando en 1970 doctora de la Iglesia a Catalina de Siena y Teresa de Ávila. Luego han seguido Teresa del Niño Jesús (1997) e Hildegarda de Bingen (2012).

[27] Cf. H.U. von Balthasar, La Dramatique divine II. op. cit., p. 361-2.

© Librería Editorial Vaticano

https://es.zenit.org/articles/card-marc-ouellet-la-mujer-a-la-luz-de-la-trinidad-y-de-maria-iglesia/

Ver resumen: https://ismaelojeda.wordpress.com/2018/04/02/mujer-a-imagen-y-semejanza-de-dios/


El Papa pide a Sant’Egidio hacer realidad “una globalización de la solidaridad y del espíritu”

marzo 11, 2018

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“Continuad abriendo nuevos corredores humanitarios para los refugiados de la guerra y el hambre”

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El Papa pide a Sant’Egidio hacer realidad “una globalización de la solidaridad y del espíritu”

Los emplaza a “recoser el tejido humano de las periferias” desgarrado por la violencia.

Por Cameron Doody

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“Una nueva audacia para el Evangelio”. Esto es lo que el Papa ha pedido esta tarde a los miembros de la Comunidad de Sant’Egidio, a quienes Francisco ha visitado en la Basílica de Santa María en Trastevere con ocasión del 50 aniversario de su fundación.

“Todos están llamados a cambiar su corazón, adquiriendo ojos misericordiosos para mirar a los demás, convirtiéndose en artesanos de la paz y profetas de la misericordia”, les ha recordado el Papa en su discurso.

Algunas frases del discurso del Papa:

¡Gracias por vuestra bienvenida! Me complace estar aquí con vosotros por el 50 aniversario de la Comunidad de Sant’Egidio

Desde esta plaza, frente a la basílica de Santa Maria in Trastevere, el corazón de vuestra oración diaria, deseo abrazar a todas vuestras comunidades repartidas por el mundo.

Os saludo a todos, especialmente al profesor Andrea Riccardi, cuya inspirada intuición inició este camino.

No quisisteis hacer de este día una mera celebración del pasado, sino, sobre todo, una expresión alegre de responsabilidad por el futuro.

Esto recuerda a la parábola evangélica de los talentos:

A cada uno de vosotros, también, cualquiera que sea vuestra edad, se os otorga al menos un talento. En este talento está inscrito el carisma de esta Comunidad, que sinteticé con estas palabras cuando vine aquí en 2014: oración, pobreza y paz.

Oración, pobreza y paz: este es el talento de la Comunidad, que ha madurado más de cincuenta años. Con alegría lo recibís de nuevo hoy.

El mundo de hoy a menudo está habitado por el miedo. Es una enfermedad antigua: el llamamiento a no tener miedo a menudo se repite en la Biblia.

Nuestro tiempo experimenta un gran temor al enfrentarse a las enormes dimensiones de la globalización. Y el miedo a menudo se vuelve contra las personas que son extranjeras, diferentes, pobres, como si fueran enemigos.

La atmósfera de miedo también puede contagiar a aquellos cristianos que ocultan el don que han recibido, como el esclavo en la parábola.

Cuando estamos solos, somos fácilmente víctimas del miedo. Pero vuestro camino os dirige a mirar al futuro juntos, no solos.

Vuestra Comunidad, nacida a finales de los años sesenta, es hija del Concilio Vaticano II, de su mensaje y de su espíritu.

El futuro del mundo parece incierto. ¡Mirad cuántas guerras abiertas hay! Soy consciente de que oráis y trabajáis por la paz.

Pensemos en las penas del pueblo sirio, cuyos refugiados habéis acogido en Europa a través de los “corredores humanitarios”. ¿Cómo es posible, después de las tragedias del siglo XX, volver a caer en el mismo esquema alocado?

La Palabra de Dios os ha protegido en el pasado de las tentaciones de la ideología, y hoy os libera de la intimidación del miedo. Por esta razón, os exhorto a amar la Biblia y pasar cada vez más tiempo con ella.

Desde que nació vuestra Comunidad, el mundo se ha vuelto “global”: la economía y las comunicaciones se han, por así decirlo, “unificado”. Pero para muchas personas, especialmente los pobres, se han levantado nuevos muros.

La diversidad se ha vuelto una ocasión para la animosidad y el conflicto; una globalización de la solidaridad y del espíritu aún está por construir.

El futuro del mundo global es la convivencia: este ideal exige el compromiso de construir puentes, mantener el diálogo abierto, continuar reuniéndose unos con otros.

Todos están llamados a cambiar su corazón, adquiriendo ojos misericordiosos para mirar a los demás, convirtiéndose en artesanos de la paz y profetas de la misericordia.

Los cristianos, por su propia vocación, son hermanos y hermanas de todas las personas, especialmente los pobres, aunque una persona sea su enemiga. Nunca digas “No tengo nada que ver con esto”.

Los ojos misericordiosos nos comprometen a vivir la audacia creativa del amor, ¡y hay tanta necesidad de ello!

Somos hermanos y hermanas de todos, y por esta razón somos profetas de un mundo nuevo.

La Iglesia es un signo de la unidad de la raza humana, entre naciones, familias y culturas.

Deseo que este aniversario sea un aniversario cristiano.

No es un momento para evaluar los resultados o las dificultades; no es un tiempo de hacer balances, sino un momento en el que se le reta a nuestra fe a convertirse en una nueva audacia para el Evangelio.

La audacia… es una misión para unir pacientemente de nuevo el tejido humano de las periferias que la violencia y el empobrecimiento han desgarrado… Es la misión de cruzar fronteras y muros, para unirnos.

Hoy, más que nunca, continuad audazmente en este camino. Continuad al lado de los niños de las periferias, con las Escuelas de Paz que he visitado; seguid al lado de los ancianos: a veces se descartan, pero para vosotros son amigos.

Continuad abriendo nuevos corredores humanitarios para los refugiados de la guerra y el hambre. ¡Los pobres son vuestro tesoro!

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/03/11/religion-iglesia-vaticano-papa-francisco-visita-sant-egidio-globalizacion-solidaridad-espiritu-basilica-santa-maria-trastevere.shtml?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

«Las parroquias ya no funcionan»

marzo 11, 2018

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El cardenal Aguiar, durante su toma de posesión en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, el pasado 5 de febrero. 

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 Resultan inviables para megalópolis multifacéticas y hostiles. 

Las parroquias, como se conocen hoy, ya no funcionan. Sus estructuras son propias de otros tiempos. Para comunidades pequeñas y rurales. Resultan inviables para megalópolis multifacéticas y hostiles. Por eso, el flamante pastor de la diócesis más poblada del mundo tiene un plan: abatir las fronteras parroquiales y unir recursos humanos y materiales. Una minirreforma de la Iglesia en la Ciudad de México. Un ambicioso plan que cuenta con la bendición del Papa. «Hay que dar respuestas a la gente», resume su arzobispo, Carlos Aguiar

 

A pocas semanas de haber iniciado su ministerio episcopal, el cardenal Carlos Aguiar Retes tiene las cosas claras. Le urge revitalizar una estructura pesada. Debe velar por nueve millones de fieles, y cuenta con poco más de 2.000 sacerdotes. Por eso decidió afrontar su misión con indicaciones muy precisas.

Su nombramiento como arzobispo de la capital mexicana fue todo un signo. Eclesiástico y político. Él mismo eligió el 5 de febrero, fecha simbólica en el calendario litúrgico y civil. Fiesta del primer mártir del país, san Felipe de Jesús y, a la vez, día de la Constitución Nacional, emblemático texto, laico y laicista. «Fue un gesto de diálogo, el mensaje de que la Iglesia debe entrar en relación con las autoridades respectivas y, al mismo tiempo, la petición de ayuda al primer santo mexicano», explica el cardenal, de 68 años, en entrevista con Alfa y Omega.

Meses antes de su nombramiento, el 7 de diciembre, en México daban por seguro que sería sustituto de Norberto Rivera Carrera. Los medios lo indicaban como el «tapado del Papa», por su cercanía a Francisco, a quien conoció en sus tiempos como secretario y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

El cardenal Aguiar forma parte de una generación de purpurados querida especialmente por el Pontífice. No es casual que, para su toma de posesión, hayan viajado a México algunos obispos que recibieron el birrete colorado de manos del Papa argentino: entre otros Blase Cupich, de Chicago; José Luis Lacunza, de Ciudad David, y Gregorio Rosa Chávez, salvadoreño y el primer obispo auxiliar del mundo en ser elevado al cardenalato.

Una revolución en Ciudad de México

«Para tener una Iglesia muy viva y coordinada debemos hacer un replanteamiento de las parroquias, que están organizadas habitualmente para una población pequeña. Así nacieron, son más para el campo, cuando el mundo vivía de otra manera. Pero no son útiles para estas aglomeraciones. Las parroquias ya no funcionan en sus estructuras, como estaban diseñadas». Con esas palabras, el cardenal explica su programa más inmediato.

Y prosigue: «El Concilio y el Derecho Canónico prevén una nueva estructura de las parroquias in solidum: se hace equipo sacerdotal, se incorporan dos, tres o cuatro parroquias en una unidad pastoral y se levantan los límites territoriales, que a veces generan conflictos entre los sacerdotes y deterioro para el servicio de los fieles».

Se le iluminan los ojos cuando reseña el proyecto. El entusiasmo de los primeros pasos, quizás. Su apuesta, dice, es identificar estas unidades pastorales con unidades sociales. Así, la gente podrá identificarse con su territorio y ya no tendrá una sola parroquia de pertenencia, sino dos, tres o cuatro.

Más compañía para los sacerdotes

Los párrocos ya no vivirán en sus templos sino en casas comunes sacerdotales. ¿Los beneficios? No solo ahorro económico, sino también la garantía de una casa digna y segura para los clérigos. Pero, sobre todo, la contención de una comunidad.

«Con la soledad muchas veces vienen las tentaciones; en cambio cuando estás acompañado de otros que dan la vida igual que tú se comparten experiencias, dudas, situaciones. Todo confluye para bien, la clave es cambiar la mentalidad clerical que está en el modelo anterior», precisa Aguiar Retes.

Ya funciona en las diócesis vecinas

La iniciativa no es nueva. El mismo cardenal la puso en práctica en sus anteriores diócesis, todas colindantes con Ciudad de México. Primero en Texcoco y después en Tlalnepantla, donde actualmente funcionan nueve unidades pastorales, siete de las cuales ya cuentan con casa común. Él es consciente de que no será fácil, porque se trata de romper con dinámicas añejas y arraigadas. «Les costará más a los mayores», considera. Por eso se concentrará en los seminaristas, a quienes se les preparará en el nuevo modelo, ya desde su formación.

El objetivo del plan es salir al paso de la gran ciudad. Él mismo identificó los más graves problemas de la megalópolis. «La enorme movilidad» es el primero de ellos. «Muchos trabajadores, casi el 50 % de la población, tardan de dos a cuatro horas diarias para ir de casa a su lugar de empleo. Es un desgaste físico y emocional enorme», constata.

A esto se suman una sofocante espiral de consumismo e individualismo. Y, en el caso de los católicos, una falta de formación y conciencia del propio rol de cristiano, en más del 80 % de los fieles.

Tolerancia cero frente a los abusos

A estas grandes prioridades, el arzobispo suma otras urgencias más inmediatas. Como la crisis por abusos sexuales. Apenas diez días después de su toma de posesión se presentó una denuncia judicial contra un sacerdote. El cardenal debió responder de inmediato y lo hizo afrontando el problema.

«Aprendí que lo mejor es la transparencia y dar testimonio claro de tolerancia cero. Lo había anunciado desde el primer momento, pero no pensé que iba a tener necesidad de aplicar estos criterios tan rápidamente. Es algo que no se puede ni prever ni programar.

Ahora me queda plenamente confirmado que no debemos tener miedo a decir lo que pasa, porque eso nos ayudará a que cada vez sean menos los casos. Debemos tomar conciencia que la ayuda mayor es afrontar las situaciones y conducirnos conforme a la ley para hacer las denuncias», explica.

Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano


Cinco años de Pontificado: «Siempre habrá resistencias»

A pocos días de cumplirse cinco años de la elección de Francisco como Papa, el cardenal Aguiar Retes destaca que el Pontífice argentino ha llevado a la práctica las propuestas del Concilio Vaticano II, aunque él jamás participó en esa asamblea episcopal.

«El Papa representa una nueva generación de gente que, sin haber estado dentro de las decisiones y reflexiones conciliares, las ha asumido y las pone en práctica. En el tiempo anterior se visualizaron, ahora toca aplicarlas. Uno de los ejes del Concilio es que la Iglesia no solo se sirva a sí misma y cuide de su institución, sino que cumpla su misión, que es transformar la sociedad», asegura.

Juan Pablo II y Benedicto XVI habían aplicado ya muchos de los postulados del Concilio, afrontando incluso «mucha resistencia», de la cual –dice– «todavía existen resabios». Sobre esas resistencias que aún perduran en la Iglesia, incluso aquellas que se manifiestan directamente contra el Papa, el cardenal ofrece una sugerente explicación:

«Cada quien tiene, por naturaleza, un enamoramiento de su propia ideología, las maneras en que ha dado camino a sus propias convicciones y las ha explicado. Cuando he caminado mucho tiempo de una determinada manera y siento que así he cumplido mi ser cristiano ante Dios, que me vengan a decir que ya no es así, que mi pensamiento no es exacto y que Dios quiere otra cosa, me pone en crisis y de ahí surgen las resistencias».

Y apunta: «Es necesario reflexionar, emprender un cambio que no solo es una conversión personal sino, también, una conversión pastoral. Es poner en comunidad tu propia interpretación de la realidad e interrogarte. El discípulo no es individual, tú no te puedes dar solo la respuesta sobre lo que Dios quiere, la necesitas confrontar con los otros que quieren seguir a Jesús. Cuando no se puede lograr esto, ahí está la raíz de las resistencias. Pero son naturales, no deben asustarnos, se dan y se seguirán dando».

Fecha de Publicación: 08 de Marzo de 2018

http://www.alfayomega.es/144006/las-parroquias-ya-no-funcionan


Antonio Spadaro: “Las reacciones de los resistentes no son contra Francisco, sino contra el espíritu del Concilio”

marzo 3, 2018

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Presentación del libro “En tus ojos está mi Palabra”

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Antonio Spadaro: “Las reacciones de los resistentes no son contra Francisco, sino contra el espíritu del Concilio”

Presentación del libro del Papa ‘En tus ojos está mi palabra’ (Claretianas)

Cardenal Osoro: “La tentación de la Iglesia española en estos momentos es ser reactiva” 

Por José M. Vidal

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El Papa Francisco lleva cinco años empeñado en la reforma titánica de la Iglesia. ¿De qué reforma se trata? ¿Está siendo un éxito o, más bien, un fracaso, como dicen algunos? ¿Quiénes son los enemigos del Papa? ¿Por qué se oponen a sus reformas? ¿Qué argumentos utilizan?

A éstas y otras preguntas de calado respondieron a dúo un cardenal y un periodista, en la presentación del libro del Papa, titulado ‘En tus ojos está mi Palabra’ (Publicaciones Claretianas).

Mano a mano, primero el cardenal Osoro y, después, Antonio Spadaro, el director de La Civiltá Cattolica, la revista de cabecera de la Compañía de Jesús, centraron la figura del Papa, yendo a sus raíces.

Porque el libro, un grueso tomo de 1.176 páginas, que pesa 1,5 kilos, recoge más de doscientas intervenciones públicas (homilías, discursos y mensajes) del entonces arzobispo de Buenos Aires. Con un prólogo, en forma de entrevista del propio Spadaro.

No es de extrañar que el cardenal Osoro se declarase “cogido por el libro” desde el primer momento, porque “no sólo es un libro de cabecera, sino que, además, convierte”. Un libro que, a juicio del cardenal que mejor representa el espíritu de Francisco en España, “parte de una totalidad: la oración total de su vida; su vida entera puesta en su palabra”.

Por eso, sus homilías tienen “estructura de diálogo y unen los corazones del que habla con los de los que escuchan”. Y es que, según Osoro, “el Papa, en las homilías, predica con todo su ser y une manos, corazón y vida en un marco de una Iglesia madre”.

Porque el arzobispo de Madrid está convencido de que eso (madre) es lo que tiene que ser la Iglesia. Por eso, dice “no a la Iglesia que riñe o a la Iglesia que anda a la caza para coger a alguien en un renuncio”. La Iglesia debe ser, por el contrario una madre que atrae y que, al igual que los discípulos de Emaús, consigue cambiar la dirección de las vidas de las personas.

A la luz de las homilías del Papa, Osoro extrae lo que considera elementos constitutivos de una auténtica acción pastoral y de un buen pastor. El primero es “tener mansedumbre pastoral”. No maltratar al pueblo, sino tratarlo con la “mansedumbre, que implica constancia y fortaleza”.

El segundo elemento del buen pastor es, para Osoro, “el saber estar”. Un elemento que el Papa explica a través de la figura de María, la que está, la que se pasa la vida estando al lado de Jesús en la cruz, en las bodas de Caná, en el Gólgota, en el Cenáculo… “La Virgen está y consuela”.

“¿Los pastores somos consoladores?”, se preguntó el arzobispo de Madrid, del que dicen que llega tarde a las citas, porque le engancha la gente, se detiene con ella y trata de darles consuelo y esperanza ante sus heridas, problemas y desencantos.

El tercer elemento del buen pastor consiste precisamente en “entregar propuestas de justicia y amor en un mundo desencantado, con gestos y palabras que marquen rumbo y dirección”. Y eso implica ser “provocadores del cambio, en vez de ser llorones y negativos, como solemos ser en ocasiones”.

Un cambio que se concreta en “construir parroquias y familias que sean centros de amor solidarios, cálidos y participativos. Eso es lo que el Papa llama construir sobre roca y con una sabiduría que engloba tres características: Conocer más, gustar más y elegir un rumbo“.

De ahí que, según Osoro, “en este momento de la historia, para el Papa, evangelizar es construir la cultura del encuentro y ser proactivos”.

Y el cardenal de Madrid se aplicó el cuento o lo aplicó a la Iglesia española. “La tentación de la Iglesia española en estos momentos es ser reactiva. El Papa, en cambio, nos pide que seamos proactivos y que abracemos de verdad la cultura del encuentro”.

Spadaro, “uno de los más finos analistas del pontificado de Francisco”

El jesuita Antonio Spadaro, director de la Civilta Cattolica, se ha convertido no sólo en el primer periodista y en el que más veces ha entrevistado al Papa, sino también en su observador y “uno de los grandes analistas de su pontificado”, como resaltó, en su presentación, el director de Publicaciones Claretianas, Fernando Prado.

Porque no sólo le observa y le acompaña en todos sus viajes, sino porque, además, “comparte con el Papa la misma raíz ignaciana”. Los dos son jesuitas y tienen “sintonía vital”. Por eso, algunos le llaman “el oráculo” y otros, “el portavoz oficioso de Francisco”.

Desde esa sintonía y desde el privilegio del contacto estrecho y continuado con la fuente papal, el jesuita italiano dictó una conferencia magistral en el fondo y en la forma. Dice mucho y lo dice bien, incorporando, incluso, el formato del diálogo con el público durante su exposición.

Como prologuista, asegura que la importancia del libro reside en que “el período de Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires es el laboratorio de su pontificado” y, de hecho, Spadaro, al leer dos veces seguidas todos los documentos del pastor bonaerense, descubre con facilidad que “los temas que narra como Papa nacen hace muchos años”.

Es decir, se palpa la continuidad en las ideas y propuestas de Francisco, pero también su maduración. Una maduración que, a juicio de Spadaro, se debe a que “el Papa está en continuo contacto con la gente”. Por eso, el libro “es como una película cuyas fotografías estaban hechas desde hace mucho tiempo”.

-¿Querrá el Papa publicar este libro o no?, se preguntaba Spadaro, antes de acometerlo, y, como tiene acceso a la fuente, se lo preguntó directamente.

-Santidad, hace falta publicar el flujo de su inspiración pastoral. Tenemos que hacerlo.
-Veremos, contestó entonces.

Al poco tiempo le llamó y le dijo:

-Pensé lo que me dijiste. Lo puedes hacer libro.

-Entonces, tenemos que conseguir que la gente entienda el contexto.

Y de ahí nació la conversación de Spadaro con el Papa sobre su vivencia del ministerio pastoral de Bergoglio como párroco y como obispo.

Porque, nuestro pasado contiene el paso de Dios en nuestras vidas y, a través de él, podemos ver cómo Dios nos ha guiado” y “cómo se fue formando el pensamiento del Papa a la luz de los grandes desafíos de la fe y de la sociedad”.

De ahí que el libro “ayude a interpretar al Francisco pontífice y las claves para entender los grandes temas que propone”.

5 años de pontificado

En contra de los que sostienen que todos los Papas son iguales y hay una continuidad lineal entre ellos, Spadaro asegura que la Iglesia de Pablo VI era distinta de la de Juan Pablo II y la de Francisco, diferente de la de Benedicto.

¿Qué diferencia a la Iglesia de Francisco de las de épocas anteriores?

Primero, que “la Iglesia está viviendo un cambio profundo”.

Segundo, que “francisco es el primer papa que no vivió el Concilio en primera persona, pero sintió la necesidad de recuperar el espíritu del Vaticano II y ponerlo en práctica”. Porque, a su juicio, “el Vaticano II no ha sido bien digerido”.

Además, hace 50 años que se celebró y, en este tiempo, tanto la sociedad como la Iglesia han cambiado y mucho.

¿Está cambiando Francisco la Iglesia y cómo?

Según Spadaro, en profundidad. En contra de los que examinan los cambios solo desde la óptica sociológica y reducen la reforma de Francisco a la de la Curia, el jesuita se lo preguntó al Papa:

-¿Quiere hacer la reforma de la Curia?
– La reforma de la Curia sólo puede ser la expresión de una reforma más interior de la Iglesia.
-¿Quiere hacer la reforma de la Iglesia?
-No. Sólo quiero poner a Cristo en el centro de la Iglesia. Y si Él está en el centro, el Espíritu Santo reformará la Iglesia.

De hecho, si Bergoglio elige el nombre de Francisco no es sólo por la pobreza del santo de Asís, sino también por su reforma espiritual de la Iglesia. “Francisco quiere ser el albañil de la Iglesia. Quiere una reforma espiritual de la Iglesia, porque eso es lo que va al fondo”.

Para esa reforma en profundidad, Francisco “ha convertido a la Iglesia en un gran laboratorio teológico y eso, a veces, se plasma en una áspera confrontación y, otras veces, no”.

La consecuencia es que en la Iglesia actual “hay tensiones eléctricas positivas y negativas”. Y, por eso, el pontificado de Francisco, según Spadaro, “no es ni ‘light’ ni ‘nice’, sino dramático”.

Los cardenales ‘resistentes’

En medio de estas tensiones eléctricas, los cardenales están llamados a defender al Papa. Muchos lo hacen. Entre ellos, Osoro, que “todos sabemos bien que lo hace”.

Pero, añadió el jesuita, “hay otros que no lo defienden ni tienen con él una relación de confianza”. De hecho, el propio Francisco “tuvo que desmentir a varios cardenales”, que no sólo expresan opiniones personales, sino que, ademas, le hacen decir al Papa lo que él no dijo.

¿En qué se basan las críticas a Francisco?

El fondo de la cuestión es teológico y depende de la respuesta que se le dé a la pregunta de “si Dios está activo y actuando en el mundo”. Ante esta cuestión, algunos cardenales “creen que el mundo es malo y que Dios se ha retirado de él y, por lo tanto, la Iglesia también debe retirarse, para no mancharse y mantenerse pura”.

En esta óptica, “el cristianismo estaría conformado por pequeños grupos de personas puras y convencidas, que defienden la verdad”.

Pues bien, “esto es lo contrario de lo que piensa Francisco, que quiere una Iglesia “de puertas abiertas” y unos creyentes “siempre en contacto con las plazas y con las calles”.

¿Por qué?, pregunta Spadaro al público.

Hay diversas respuestas y el jesuita concluye: “Para que el Jesús que está dentro pueda salir fuera. La Iglesia debe estar en la calle”. Y para explicar qué es la Iglesia de Francisco y cómo debe actuar, utiliza dos metáforas: el faro y la antorcha.

“La Iglesia más que un faro, que da luz pero permanece estático y siempre en el mismo lugar, es una antorcha, que se mueve y acompaña a las personas”.

Conclusión: “Las resistencias a Francisco proceden de los que creen que la Iglesia debe estar quieta como un faro y no debe posicionarse en diálogo profundo con la realidad”. Por eso, Spadaro asegura que “las reacciones de los resistentes no son contra Francisco, sino contra el espíritu del Concilio”

Excepto algunos eclesiásticos ‘resistentes’ a las reformas, la verdad es que Francisco actúa sobre las personas en general como un imán.

“Francisco es un Papa eléctrico, que genera campos magnéticos de atracción y destrucción, pero sobre todo es un catalizador de energía positiva”. Un Papa que “suscita energías positivas”. Y Spadaro pone algunos ejemplos: Laudato Sii, Colombia, Cuba, Bangladesh…

¿Cuál es el programa del Papa?

“No existe la Iglesia de Francisco. El Papa es el jefe y, a la vez, el hijo de la Iglesia. La Iglesia está en salida y cambian algunas perspectivas”.

Por ejemplo, el que los cristianos están llamados a ser “levadura en la masa”. O la simplificación del centro romano, para “eliminar los elementos del imperialismo que el pontificado había heredado del emperador romano”.

Una vez más en contra de los lugares comunes, Spadaro sostiene que “el Papa no tiene un programa” y “toma las decisiones por discernimiento”, lo cual “elimina cualquier programa rígido”. Y “tampoco tiene despacho; toma sus decisiones en la capilla”.

Dicho con otro símil muy hispano: “Francisco no es el Don Quijote de la reforma de la Curia”. Más bien, la imagen que el propio Papa utilizó, para referirse a la reforma curial, fue la de limpiar una esfinge con un cepillo de dientes.

En esta tarea, “el Papa sabe que puede cometer errores, al fiarse de sus colaboradores, pero no le duelen prendas a la hora de rectificar y admitir que se ha equivocado”.

Porque, en definitiva, lo que le importa al Papa es poner en marcha procesos. Y “los procesos cuanto más profundos más lentos son, porque la lentitud es proporcional a la profundidad”.

¿Cuáles son los éxitos de este pontificado?

“El éxito no forma parte del programa del Papa”, dice Spadaro, porque “su modelo es Cristo y el gran éxito de Cristo fue morir en la cruz”. Pero sí hay cosas que está aportando a la Iglesia. Y el jesuita cita tres.

La primera es la reforma del papado, porque reinterpreta su propio papel en el seno de la Iglesia y del ecumenismo. “Antes, el papado era un obstáculo para el ecumenismo; ahora, es la motivación. Todos los líderes cristianos quieren reunirse con él y sienten que, con suma naturalidad, Francisco es un primado de la caridad y un referente para todos los cristianos”.

La segunda aportación exitosa de Francisco es “colocar la sinodalidad en el centro de la Iglesia”.

Y la tercera es “haberse convertido en el único líder moral del mundo”.

De todas formas, a juicio de Spadaro, “el pontificado de Francisco no es un pontificado de frutos, sino de semillas”, concluye el ponente, que recibe una ovación de gala. Se puede explicar el pontificado de Francisco más alto, pero no más claro.

http://www.periodistadigital.com/religion/libros/2018/02/28/antonio-spadaro-las-reacciones-de-los-resistentes-iglesia-religion-dios-jesus-papa-obispo-osoro-spadaro.shtml


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