Panamá 2019: Los jóvenes

enero 22, 2019

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La Jornada Mundial de la Juventud tiene como misión impulsar la vocación de los miles de jóvenes que se darán cita en Panamá con el Papa Francisco.

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Panamá 2019: Los jóvenes

La Jornada Mundial de la Juventud tiene como misión impulsar la vocación de los miles de jóvenes que se darán cita en Panamá con el Papa Francisco.

Por Antonio Maza Pereda

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“Los ancianos soñarán sueños y los jóvenes verán visiones” Joel, 1, 3

“Les escribo a ustedes, jóvenes, porque son valientes, permanecen fieles a la palabra de Dios y han vencido al maligno”. 1 Juan, 2, 14

Como cada tres años, en algún país católico, se celebra la Jornada Mundial de la Juventud. Este 2019 toca el turno a Panamá. Bajo el lema muy mariano: “He aquí a la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, centenares de miles de jóvenes de todo el mundo se reunirán con el Papa Francisco y los unos con los otros.

No es un tema menor. Ellos son el presente y el futuro de la Iglesia. Ellos, bajo el ataque del mal, vencen cada día al maligno. Tienen visiones, ven lo que otros, con nuestros ojos ya cansados, no podemos ver. Ven, como dice el poeta lo que puede ser, mientras otros vemos lo que es.

Nosotros, la Iglesia, a veces, vemos con miedo a los jóvenes. Y hacemos mal. Ellos no son solo nuestro futuro. Son nuestro presente. De ellos sacamos valentía y la visión de lo que debemos construir. Pero a veces nos negamos a aprender de ellos.

Claro, hablamos de los jóvenes en años, pero también hay viejos con espíritu joven como a veces hay jóvenes con espíritu avejentado. Pero, por supuesto, esos casos son excepciones. La valentía, la visión está mayormente presente en los jóvenes.

La sociedad, los países, víctimas de un invierno demográfico y una ancianidad del espíritu están buscando cómo recuperar a los hijos de sus migrantes, para renovar sus poblaciones avejentadas. Ofreciendo dobles nacionalidades a los descendientes de aquellos que emigraron de sus países.

Los motivos pueden ser muy diferentes: los israelitas tratando de atraer a los jóvenes de la Diáspora; los españoles, en nombre de la memoria histórica, tratando de atraer a jóvenes de Latinoamérica; los franceses y alemanes atrayendo a jóvenes con apellidos propios de sus naciones.

Así podría analizarse esta situación de la Iglesia. Ante la escasez de vocaciones, se trata de atraer a los jóvenes. Y funciona: de las jornadas mundiales de la juventud surgen vocaciones abundantes. Me consta de primera mano: uno de mis hijos encontró su vocación en la Jornada de Cracovia.

Pero eso no es todo. No es solo el interés, legítimo por otro lado, de renovar las filas del clero. Las Jornadas son más profundas. Proceden de un auténtico amor y aprecio por los jóvenes por el mero hecho de serlo, no por la renovación que pueden ofrecer.

Por otro lado, el Papa al hablar a los jóvenes, está dirigiéndose al cuerpo místico de Cristo, el siempre joven. Nos habla a todos. Nos habla al joven católico que está dentro de nosotros, no importa nuestra edad. Y por ello tenemos que estar muy atentos. Lo que les diga a los jóvenes, nos lo estará diciendo a todos.

La jornada durará del 22 al 27 de enero de 2019 y consta de 15 actividades anunciadas hasta la fecha, en muchas de las cuales habrá discursos, alocuciones y mensajes de diversos tipos. Como ha ocurrido en otras jornadas, serán comunicaciones particularmente cuidadas, profundas, con un mensaje para todos. Para los jóvenes, en primer lugar, pero también para los no tan jóvenes. Para los católicos, pero también para los no católicos.

Los medios mundiales los difundirán y los medios católicos los comentarán y verán las aplicaciones y las consecuencias de esos mensajes. Una oportunidad que no se da frecuentemente. Hay que estar muy atentos y presentes: el Espíritu nos estará hablando a través del Papa.

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El “cambio de época” en América Latina según el Papa Francisco

enero 17, 2019

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Urge poder definir y emprender grandes objetivos nacionales y latinoamericanos, con consensos fuertes y movilizaciones populares (Papa Francisco)

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El “cambio de época” en América Latina según el Papa Francisco

Una reflexión de Guzmán Carriquiry en las vísperas del viaje del Papa a Panamá

Por Guzmán Carriquiry Lecour (secretario encargado de la vicepresidencia de la Pontificia Comisión para América Latina).

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“¿Qué es lo que está pasando en América Latina?”, se preguntaba el papa Francisco en la presentación de mi libro “Memoria, coraje y esperanza a la luz del bicentenario de los países latinoamericanos”.

Es una pregunta que tenemos que hacérnosla todos los latinoamericanos preocupados por la situación actual. Es una pregunta que tienen que hacérsela las comunidades cristianas y especialmente sus Pastores, porque importa mucho para situar la misión de la Iglesia.

No estamos en tiempos aptos para sesudos análisis que tengan la pretensión de ser respuesta exhaustiva, pero no podemos no intentar iluminar, aunque sea en breves “flashes”, algunas situaciones que nos toca vivir, sufrir y afrontar con realismo esperanzador.

Comienzo por señalar que el papa Francisco ha repetido a menudo que más que en una época de cambios hemos entrado en un “cambio de época” (cfr. Aparecida, 33 y ss.). El mundo entero parece abocado a una convulsa y muy ardua transición epocal.
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¿Quién no puede reconocer esto después del derrumbe de los regímenes totalitarios del mesianismo ateo, de la conclusión del mundo bi-polar, de la impresionante aceleración de las innovaciones tecnológicas, del despliegue de la globalización –dato mayor de nuestro tiempo- con toda su carga de ambivalencias, de un cambio cultural marcado por tendencias relativistas e individualistas que toca todas las dimensiones de la vida de las personas, familias, pueblos y naciones?
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El desmoronamiento de las narraciones ideológicas –primero del marxismo leninismo y, después de un breve resurgimiento, de la utopía liberal-capitalista de la auto-regulación del mercado– dejó obsoletos a muchos marcos mentales de juicio histórico e incrementó las dificultades para darse parámetros y criterios para juzgar y orientar la política en nuestro tiempo, a menudo reducida al ámbito de la lucha cotidiana por el poder, del pragmatismo cortoplacista, si no de la confusión.
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Parece muy claro que ahora estamos pasando sorprendentemente por una coyuntura histórica mundial de repliegue reactivo, es decir reaccionario, ante las más variadas situaciones de incertidumbre y de miedo.

Son situaciones provocadas por el terrorismo, las migraciones de masa, los numerosos focos de la “tercera guerra mundial a pedazos”, el incremento de la violencia por doquier.

Son también provocadas por las aceleradas transformaciones, por la tremenda depresión económica desatada por las crisis bancarias y financieras y por todas las penosas consecuencias sociales que arrastra una globalización que deja multitudes de excluidos, pero que también son sentidas como amenazas para vastos sectores de clases medias de países de alto y medio nivel de desarrollo.

Esas situaciones de incertidumbre y de miedo se acrecientan y agudizan en poblaciones enteras que no encuentran sólidos pilares de referencia para la construcción de la propia existencia personal y colectiva.

El desfibramiento de los tejidos familiares y sociales y, con ello, la gradual disolución de los vínculos de pertenencia y socialización, dificultan toda cohesión social y van dejando a la gente en vacíos y orfandades, en “todos contra todos” o “sálvese quien pueda”.

La potente máquina de distracción (“divertissement”) y censura que opera por medio de la sociedad del consumo y del espectáculo ya no puede ocultar la confusión y la rabia que emergen por doquier.

Incluso las democracias se viven en un tembladeral, desprovistas de fundamentos y virtudes, cada vez más sometidas a los influjos determinantes de poderes económicos y mediáticos, muy frecuentemente caracterizadas por corrupciones de todo tipo y, por eso, cada vez más erosionadas.

No es de extrañar, pues, que mucha gente reaccione emotivamente, casi instintivamente, a veces con exuberancia irracional, dejándose guiar por el miedo y la rabia, y se aferre a las presuntas seguridades de nacionalismos estrechos, a las imágenes de los hombres (y mujeres) “fuertes”, a políticas autoritarias de orden y control social, a promesas ilusorias de regeneración social.

Así descuellan la aventuras inciertas de las presidencias de Trump y Bolsonaro, entre otras.

Hay quienes engloban toda esta coyuntura bajo el rótulo del “populismo”. Hay, sí, dosis de populismo cuando se cae en demagogia irresponsable, en la facilonería en afrontar los problemas y en el mero asistencialismo a los necesitados como clientelas políticas. Esta es una realidad de hoy, de ayer y de siempre.

Sin embargo, como interpretación general de la situación actual está tan usada y desgastada últimamente, por pereza intelectual, que ya ha ido perdiendo sentido. Muy cierta es la distinción que el Papa Francisco plantea sobre “populismos” y “políticas populares”.

En este sentido, se puede afirmar que hay populismos que se alimentan de las zozobras, los miedos, las rabias e incluso de tendencias xenofóbicas que sacuden al cuerpo social; y hay “políticas populares” cuando apuntan a promover la soberanía participativa de los pueblos, desde las entrañas de sus culturas, hacia la consecución de un bien común de inclusión y mayor justicia para todos.

Muchas veces se ha usado ideológicamente el mote de “populista” para desvirtuar estas políticas populares, sobre todo por parte de quienes temen toda irrupción del pueblo en la escena pública que ponga en jaque los intereses de los potentados del “establishment”.

La actual coyuntura expresa también el agotamiento de las izquierdas políticas e intelectuales, muy desconcertadas, mientras provoca la reacción contra sus tradicionales y “modernos” ideologismos. La crisis de credibilidad del marxismo-leninismo, por una parte, y el arrastrarse cansino y empobrecido de la social-democracia recostada en las sociedades de alto consumo, por otra, las han dejado huérfanas.

En general, las izquierdas tradicionales han ido perdiendo toda inteligencia y capacidad reales de transformación social, no han sabido imaginar nuevos caminos para esa transformación en las condiciones económicas, tecnológicas y sociales de nuestro tiempo.

Además, han ido sustituyendo u ofuscando, o también mezclando, cada vez más raídas proclamas e intenciones de transformación social con la aceptación acrítica de sub-productos culturales de las sociedades de alto consumo, con su relativismo hedonista, con sus formas de colonización cultural.

No extraña, pues, que los “establihments” bienpensantes de la izquierda se hayan convertido en propagadores de discursos sobre la liberalización del aborto, los matrimonios homosexuales, el alquiler de los vientres femeninos, la facilonería para el divorcio, considerando todo ello como signos de “progreso” (“progreso” por cierto lanzado y sostenido por grandes agencias y corporaciones internacionales y convertido en mentalidad común).

Es grave que las izquierdas se demuestren bastante incapaces de mirar la realidad con los ojos de los excluidos, “desechados y sobrantes”, y, a la vez, de proponer un proyecto nacional para el bien común de todos.

Incluso la sacrosanta lucha por la dignidad de los pueblos indígenas, especialmente vulnerables y hoy muy amenazados, se ha reducido a menudo a un indigenismo ideológico, de pura denuncia, sin repensar y alentar grandes proyectos de realización efectiva de esa dignidad, condiciones materiales, económicas y espirituales para hacerla posible y una gradual integración de estos pueblos, respetuosa de sus tierras y culturas, en las sociedades nacionales a la altura del siglo XXI.

La idolatría del poder y su ejercicio centralista y verticalista ha alejado las izquierdas políticas de los movimientos sociales y de la multiplicidad de modalidades de emergencia de la llamada “sociedad civil” y las ha mezclado en frecuentes situaciones de corrupción.

Es sorprendente que los gobiernos de izquierda desalojados del poder en varios países de América Latina, y en otros subsistiendo en medio del fracaso, no hayan elaborado una severa autocrítica de los motivos de su derrota y, al contrario, queden encerrados en una apología engañosa y en una espera de su revancha.

Dos pueden ser consideradas como excepciones. La primera es la de la Bolivia de Evo Morales, quien en sus sucesivos mandatos de gobierno, más allá de una retórica ideológica más bien anacrónica, de no pocos excesos autoritarios y desplantes arbitrarios, ha sabido generar un crecimiento sostenido de la economía nacional, una modernización del país, una mejoría sustancial en las condiciones de vida de vastos sectores de población y una mayor autoestima del pueblo boliviano en su dignidad. (Lamentablemente, la tentación presente de querer “eternizarse” en el poder le ha jugado una mala pasada).

La otra es la de Andrés Manuel López Obrador, que cuenta actualmente con un enorme consenso popular en México y el control de gran parte de los poderes del Estado. Cierto es que hay que juzgarlo por sus hechos, y aún es demasiado pronto para hacerlo.

Amlo hereda una situación “imposible”: un país violentado por una criminalidad que parece incontrolable (sobre todo por las redes del narcotráfico, la difusión de armamentos y una cultura de violencia), una economía que ve puntas de alta tecnología y productividad con un enorme atraso en zonas rurales, una desigualdad social escandalosa entre las más grandes fortunas del mundo y grandísimos bolsones de pobreza, incluso de miseria y exclusión (sobre todo en algunas zonas indígenas).

Además, tiene que vérselas con la vecindad, por una parte, con el gigante del Norte y sus muros y, por otra, con el volcán centroamericano. López Obrador tiene la posibilidad de liderar un gran movimiento nacional y popular de regeneración y reconstrucción del país o puede sufrir la amenaza de reducirse poco a poco a una nueva versión del “ogro filantrópico” de la “revolución institucionalizada”.

Puede movilizar lo mejor del “orgullo” nacional del pueblo mexicano, confiado en la “Morenita”, o dejarse llevar por colonizaciones ideológicas o culturales de conventículos elitistas.

En todo caso, ante la obsesión de la administración norteamericana por el muro divisorio, las imágenes caricaturales que se propagan en Estados Unidos sobre los hispanos acusados de ser focos de delincuencia y las discriminaciones, persecuciones y deportaciones que sufren los hispanos en ese país, todo honesto latinoamericano tendría que repetirse: “somos todos mexicanos”.

México juega su destino en su capacidad de seria y firme negociación con el gigante del Norte y en su solidaridad e integración más estrechas con sus países hermanos de América Latina, y en especial con los centroamericanos.

¡Qué lamentable que la consigna y utopía de un “socialismo del siglo XXI” queden degeneradas por el régimen autocrático y cada vez más liberticida del presidente Maduro, en total fracaso económico y miseria social! No obstante ello, las élites opositoras se demuestran cada vez más divididas en su mezquindad e incapaces de proponer un gran proyecto alternativo de reconstrucción nacional y movilización popular.

Cuba importa para toda América Latina: la solidaridad latinoamericana, de sus pueblos, de su destino, es importante más allá de los regímenes y gobiernos en que se realiza. Por eso, muchas y variadas voces latinoamericanas manifestaron su disgusto y reprobación por el hecho de que la promisoria normalización de sus relaciones con los Estados Unidos, después de décadas en que se fue arrastrando una suerte de guerra fría, haya quedado suspendida y vuelvan a prospectarse pasos atrás amenazadores.

Sin embargo, ¿cómo no reconocer que el “socialismo real” cubano conlleva el límite congénito y las consecuencias muy pesadas de su régimen leninista y colectivista, y, por eso, no ha logrado dar mejores respuestas a las notorias limitaciones a las libertades públicas y sobrevive económicamente, sin poder ya poner como excusa el asedio y el odioso embargo del gigante del Norte?

Por cierto, no se advierten otros caminos alternativos en curso en los diversos países latinoamericanos. Reaccionando contra mucha corrupción, Argentina no logra zafarse de su pantano; el país continúa sumido en una crisis más que amenazadora, aferrada a políticas neoliberales que no dan otro fruto que la zozobra permanente y la dependencia del Fondo Monetario Internacional, con una pobreza creciente, en medio de una conflictualidad agresiva, permanente e incontrolable –concentrada sobre todo en el gran Buenos Aires-, una sociedad desfibrada y sin caminos alternativos, por el momento, que abran horizontes de razonable esperanza.

Perú ha vivido muchos años de fuerte y sostenido crecimiento económico, pero la mezquindad y corrupción de sus cúpulas políticas lo han sumido en la confusión. Y Colombia arrastra un necesario proceso de pacificación, en medio de fuertes resistencias; es país gobernado por la red de familias de sus “notables” sobre muy vastas muchedumbres de pobres y excluidos que pueden llegar a ser una bomba de tiempo. La ya tradicional cultura de la violencia que azota Colombia está alimentada por la presencia capilar del narcotráfico y de sus virus de corrupción.

Queda Chile, único país más bien exitoso en su política económica neoliberal –interior y exteriormente– mantenida con cierta continuidad, sin cambios sustanciales, entre los “Chicago boys” del régimen de Pinochet, los gobiernos de la concertación social-democrática y el actual del presidente Piñera, con grandes disparidades sociales.

La importante reconquista y consolidación democráticas dejando atrás los tiempos de dictadura deja paso ahora a una profunda crisis de las mayores instituciones del país.

El papa Francisco mantiene en alto la perspectiva y utopía de la “Patria Grande”. La integración latinoamericana es una necesidad y una prioridad ineludible y urgente, que está inscrita en nuestra vocación y destino.

Así lo reconocía Juan Pablo II cuando, inaugurando la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Santo Domingo, el 12 de octubre de 1992, señalaba: “Es grave responsabilidad (de los gobernantes) el favorecer el ya iniciado proceso de integración de unos pueblos a quienes la misma geografía, la fe cristiana, la lengua y la cultura han unido definitivamente en el camino de la historia”.

“No hay por cierto otra región que cuente con tantos factores de unidad como América Latina (…) –escribieron los Obispos latinoamericanos en el documento de Aparecida, n. 527-, pero se trata de una unidad desgarrada porque, atravesada por profundas dominaciones y contradicciones, todavía es incapaz de incorporar en sí ‘todas las sangres’ y de superar la brecha de estridentes desigualdades y marginaciones”.

Obviamente, estos factores de unidad están lejos de reducir la realidad latinoamericana a la uniformidad, sino que se conjugan y enriquecen con muchas diversidades locales, nacionales y culturales. No hay otro camino que la integración para ampliar los mercados y concertar una economía de escala que favorezca la industrialización, especialización, innovación tecnológica, los “tradings” productivos y un crecimiento auto-sostenido.

Es condición indispensable para enfrentar las exigencias impostergables de la lucha contra la pobreza, de la dignidad del trabajo para todos y de mayores condiciones de equidad en un sub-continente que tiene el lamentable récord de albergar abismales desigualdades sociales.

La integración política y económica es la única posibilidad de contar con un peso propio en el concierto internacional, con un mínimo de audiencia y de capacidad de imponer respeto. Helio Jaguaribe y Methol Ferré, entre otros, supieron evidenciar con clarividencia todos los desafíos y alternativas de la integración latinoamericana en los emergentes escenarios globales.

Lamentablemente el Mercosur, proyecto histórico fundamental desde una alianza argentino-brasileña-chilena, se ha ido empantanando desde hace demasiado tiempo y está sumamente desfibrado. Hoy es apenas una tenue zona de limitado libre comercio, sometido a las presiones e intereses de corporaciones de los diversos países.

Los gobiernos de centro-izquierda de Brasil y Argentina se interesaron sólo por un Mercosur político, que quedaba “flotando” sin dar pasos importantes de integración económica, de gobierno supranacional y participación popular.

Hoy parece que los gobiernos de los grandes países implicados, más que refundar y relanzar el Mercosur, prefieren irlo sepultando o reduciéndolo a mínima expresión; ¡sin embargo, está destinado a resurgir de sus cenizas cuando se afronte con inteligencia y valentía el bien común de nuestros pueblos y naciones!

Sólo la Alianza para el Pacífico ha emprendido un camino de integración que habrá que seguir con atención.

La integración centroamericana marcha adelante, pero se necesitan líderes clarividentes y audaces que tengan presente que los 6 países que la componen, por separado, están como condenados a ciclos periódicos de depresión y violencia. Las actuales migraciones centroamericanas son un signo muy claro de ello. Se necesita apuntar a la creación de una Confederación centroamericana.

Se está requiriendo una vasta obra de educación y movilización de modo que la integración latinoamericana no se reduzca a los humores y veleidades de las élites sino que arraigue en los pueblos y que vayan formándose grandes consensos populares, transversales a todos los países en pos de esa integración.

Importantísimo es educar, conmover y movilizar las juventudes latinoamericanas con el ideario de construcción de su “Patria Grande”. Mientras tanto, quedamos a la espera de líderes y voluntades políticas más inteligentes, determinadas y apasionadas para dar nuevo ímpetu regional, nuevas realizaciones concretas y nuevos horizontes a la integración y unidad latinoamericanas.

En el Bicentenario de la Independencia de los países latinoamericanos tengamos bien presente que esa integración es condición necesaria para reafirmar hoy nuestra independencia contra todas las amenazas de nuevas modalidades de colonizaciones económicas, culturales e ideológicas que ya mismo atentan contra el bien de nuestros pueblos.

Si la mirada de un atento observador recorre y recapitula las pasadas décadas de América Latina, se queda asombrado de cómo la región podría continuar dependiendo de las variables políticas y económicas del concierto internacional y de cómo podría fluctuar en su conjunto de virajes periódicos.

Los horizontes que aparecen como cerrados, de golpe van abriéndose en forma reactiva al período anterior, pero poco se aprende de lo ensayado y vivido en cada coyuntura mundial y latinoamericana. No es para quedarse sentados esperando que pase la actual “racha” y soñando con un mañana mejor.

¡No! Se trata de empeñarse para ir animando, a través de las más numerosas y variadas acciones, convergentes en lo posible, procesos y experiencias de una convivencia en la que el pueblo pueda ejercer la fraternidad, sin desesperar, aguardando “confiadamente y con astucia los momentos oportunos para avanzar en la liberación tan ansiada” (Documento de Puebla, n. 452).

“Los pueblos, especialmente los pobres y sencillos –escribió el papa Francisco en la presentación de mi libro “Memoria, coraje y esperanza a la luz del Bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos”– custodian sus buenas razones para vivir y convivir, para amar y sacrificarse, para rezar y mantener viva la esperanza. Y también para luchar por grandes causas”.

“Necesitamos cultivar y debatir –prosigue el Papa– proyectos históricos que apunten con realismo hacia una esperanza de vida más digna para las personas, familias y pueblos latinoamericanos. Urge poder definir y emprender grandes objetivos nacionales y latinoamericanos, con consensos fuertes y movilizaciones populares, más allá de ambiciones e intereses mundanos y lejos de maniqueísmos y exasperaciones, de aventuras peligrosas y explosiones incontrolables”.

https://www.lastampa.it/2019/01/17/vaticaninsider/el-cambio-de-pocaen-amrica-latina-segn-el-papa-francisco-LjLLeO4zBpkeKziAU1z93J/pagina.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook


¿Qué respondería hoy San Agustín a la New Age? Diría estas 10 cosas

enero 16, 2019

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¿Qué diría hoy San Agustín a los seguidores de la Nueva Era? Miremos en sus escritos, donde encontraremos estas diez respuestas.

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¿Qué respondería hoy San Agustín a la New Age? Diría estas 10 cosas

Ambos, cristianismo y new age, proponen una perspectiva espiritual de la vida, pero ¿qué tiene uno que el otro no tiene?

Por Luis Santamaría

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La Nueva Era (New Age) es una corriente espiritual contemporánea, pero no deja de ser una nueva manifestación del pensamiento gnóstico clásico. Por eso, no resulta descabellado buscar en las enseñanzas del gran pensador y obispo San Agustín de Hipona (354-430) una respuesta cristiana a la Nueva Era.

Tres tipos de personas

Allá por los años 413 ó 414, en uno de sus sermones pronunciados en la ciudad de Cartago (en el norte de África), hizo una curiosa clasificación de los seres humanos en tres grupos, fijándose en las grandes corrientes filosóficas de entonces. Así, decía el obispo de Hipona, los hombres se dividirían en epicúreos, estoicos y cristianos. 

Los epicúreos pensaban que la muerte termina con toda opción de vivir, así que la vida del hombre ha de centrarse en el disfrute y el placer. Los estoicos se fijaban en las cosas del espíritu. Pero los cristianos iban más allá, proponiendo al Dios revelado en Cristo como sentido de la historia y del universo, Señor de todo, salvador de todos. 

Esta triple división de San Agustín nos vale para entender el mundo de hoy, sin contar a los que pertenecen a las religiones no cristianas: por un lado, las personas que viven en el materialismo, sin plantearse un horizonte de sentido que vaya más allá de lo que se puede ver y tocar; por otro lado, tantos que profesan una difusa espiritualidad que denominamos “New Age” o Nueva Era. En tercer lugar, los cristianos.

Y aquí viene la pregunta: si bien es cierto que los nuevos estoicos, los que defienden una religiosidad holística o una transformación de la conciencia universal, comparten con los cristianos una perspectiva espiritual de la vida… ¿qué es lo peculiar del cristianismo? ¿Es válida la propuesta cristiana de sentido para el hombre y la mujer de hoy? Es más, ¿hay alguna posibilidad de fusionar fe cristiana y New Age, como muchos pretenden ahora?

¿Qué diría San Agustín hoy? Miremos en sus escritos, donde encontraremos estas diez respuestas.

1. La salvación es un don, no fruto de mi esfuerzo

Los antiguos estoicos se esforzaban por dominar sus pasiones, ser insensibles al sufrimiento y encontrar la armonía interior. Así podrían ser iguales a los dioses, arrebatándoles su plácida existencia.

Lo mismo propone hoy la New Age, invitándonos a desarrollar todas nuestras potencialidades internas, ya que dentro de nosotros se encuentra el secreto de la existencia, la solución a todos los problemas. Para ello, se nos presenta una gran diversidad de técnicas que podemos aprender.

Frente a esto, San Agustín deja claro que la salvación es un don de Dios, no un fruto del esfuerzo humano. Su misma experiencia de conversión fue obra de la gracia. Después de muchas vueltas, después de una intensa búsqueda de la verdad, pudo escribir: “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

2. La humildad de la fe frente a la soberbia del conocimiento

En su fase neoplatónica, San Agustín había experimentado la arrogancia de creerse poseedor de una verdad que lo hacía superior al resto de los hombres.

La New Age tiene mucho de sentimiento elitista, que ejerce una gran fuerza de atracción sobre un gran número de personas que se sienten depositarias de un conocimiento exclusivo, sólo apto para iniciados y elegidos. 

Frente a esto, San Agustín subraya la humildad de la fe, el asentimiento de la confianza en un Dios que es mayor que el conocimiento humano. Una fe que puede llegar a todos, y que no se limita a unos pocos que son especiales. La humildad es una característica fundamental de la espiritualidad cristiana, que tiene en su centro a un Dios que se ha humillado, como señala Agustín, que pone en labios del Señor estas palabras: “yo desciendo hacia ti porque tú no puedes ascender hacia mí”.

3. Un Dios personal, más allá de nosotros

Los defensores de la New Age utilizan a los grandes místicos y santos cristianos para pretender justificar su propia doctrina, que en el fondo supone la inmanencia de Dios, su confusión con este mundo, con nuestra realidad, cayendo en una postura panteísta: todo es Dios o, más bien, todo es divino. Y así pueden tomar, por ejemplo, y malinterpretar esta frase de San Agustín: “no salgas fuera, vuélvete a ti mismo; la verdad habita en el hombre interior”.

Eso dice nuestro autor, sí. Pero algo es fundamental en Agustín: hay una radical distinción entre Dios y nosotros, entre el Creador y la criatura. En la introspección, en la meditación, en la contemplación… no nos descubrimos a nosotros mismos como divinos, sino que hallamos a Dios dentro de nosotros como alguien distinto. Y en esta clave hablamos de divinización. Así dice el obispo de Hipona:

“Nosotros, por su gracia, fuimos hechos lo que no éramos, esto es, hijos de Dios; éramos ciertamente algo, pero mucho menos, es decir, hijos de hombres. Descendió, pues, Él, para que nosotros ascendiésemos”. Así, deja claro que “uno solo es el Hijo de Dios y con el Padre único Dios. Los demás que son divinizados, lo son por gracia, no nacen de su sustancia”.

4. Jesucristo, Dios hecho carne

La New Age habla de Cristo. O, más bien, de “el Cristo”, y de la conciencia crística o la energía crística. Hay que aclarar que tras esta calculada ambigüedad terminológica se esconde una ideología muy distante de la fe cristiana.

Para la Nueva Era, el Cristo sería un maestro ascendido, un sabio, un ser divino… que se habría encarnado en Jesús de Nazaret, y también en otros seres humanos a lo largo de la historia, y que ahora regresará como Maitreya, el Mesías de la Nueva Era. Por lo tanto, lo importante es el Cristo espiritual.

San Agustín tuvo que luchar contra la doctrina de los maniqueos, muy parecida. Para ellos, Cristo fue un ser celestial enviado al mundo para enseñar a las almas el retorno a su origen divino, y su crucifixión tenía un sentido meramente simbólico. Agustín contesta subrayando la humanidad de Cristo, la verdad de la encarnación y, por lo tanto, la realidad de la pasión y muerte de Jesús, que no fue un suceso simbólico, sino un hecho histórico.

5. Un combate espiritual, frente a una falsa armonía

La New Age, en sus muchas prácticas y técnicas, busca la armonía integral del ser humano, la paz interior, la iluminación, la ascensión en el nivel de conciencia o de vibración, la unificación de la persona…

Y todo lo negativo, todo lo que suponga sufrimiento, todo lo oscuro, debe dejarse de lado, con una actitud casi mágica que ha cristalizado en la popular “ley de atracción”, según la cual las personas atraemos lo que pensamos, y basta con desterrar de nosotros los pensamientos negativos para que se aleje el mal de nuestra vida. 

Sin embargo, San Agustín entiende la existencia cristiana como una “pugna interior”, una lucha contra las fuerzas del mal, que acechan al hombre por fuera y por dentro: “nuestro corazón es continuo campo de batalla. Un solo hombre pelea con una multitud en su interior”. En este sentido, afirma: “imitemos a Cristo si queremos vencer al mundo”. 

6. Frente al determinismo, la libertad

En la New Age se cae con mucha frecuencia en el determinismo. Toda postura mágica o esotérica es determinista en el fondo. Pensemos, por ejemplo, en el eneagrama y su distribución de los seres humanos en nueve tipos de personalidad con sus correspondientes características, valores y carencias, posibilidades de relación y de desarrollo, etc.

Lo mismo en tantas propuestas que predestinan al hombre o lo contemplan, al final, como una marioneta en manos del universo, de una inteligencia divina, de los astros…

Frente al determinismo y al fatalismo, San Agustín habla del “espíritu de libertad” como propio del cristiano. Y no la entiende como una simple “libertad de” condicionamientos, sino como una “libertad para” alcanzar el fin propio del hombre, que no es otro que Dios, el bien supremo.

Así, habría dos niveles de libertad: uno mínimo (el libre albedrío o capacidad de elección) y otro máximo (la posibilidad de elegir la plenitud de vida). Y en el fondo, para poder ser libres de verdad, heridos como estamos por el orgullo y el pecado, necesitamos ser liberados por Jesucristo.

7. Resurrección, no reencarnación

Si hay algo fundamental en la New Age, si hay alguna doctrina común a todas las corrientes enmarañadas y confusas en esta galaxia compleja, es la idea de la reencarnación de las almas, que se difunde a pasos agigantados en Occidente.

Todo es revisable, nada es permanente, porque en una concepción cíclica de la historia general y de la vida de cada uno, la muerte no supone más que el fin de una de las múltiples posibilidades de existencia.

Estas ideas ya las conocía el obispo de Hipona, que llega a escribir: “en ningún artículo la fe cristiana es tan rechazada como en la resurrección de la carne”.

“Nuestra esperanza es la resurrección de los muertos, nuestra fe es la resurrección de los muertos”, afirma San Agustín, quien también dice con claridad: “Cristo ha muerto una sola vez por nuestros pecados; resucitado de entre los muertos, no muere ya y la muerte no tiene dominio sobre él. También nosotros después de la resurrección, estaremos siempre con el Señor”. 

8. La necesidad de la Iglesia, frente al individualismo espiritual

La popularidad de la New Age se debe, entre otras cosas, a una concepción de la espiritualidad que huye de cualquier pertenencia institucional.

En la propia filosofía de la Nueva Era se habla del signo astrológico de Acuario como superación de Piscis, lo que supondría pasar de una preponderancia del cristianismo a una superación de las divisiones religiosas, manifestando lo divino y espiritual que hay común a todos los hombres.

El protagonismo lo toma cada uno, y no se acepta una tradición en la que insertarse ni una comunidad normativa. Uno podría ser cristiano, por ejemplo, sin pertenecer a la Iglesia, sin sujetarse a un grupo humano, y mucho menos si es dogmático y jerárquico.

Pero para San Agustín, la espiritualidad cristiana es profundamente eclesial. No se trata de un simple sentimiento de pertenencia a una comunidad espiritual, ni algo puramente interior. La Iglesia es mediación necesaria de la acción de Cristo, y por eso el obispo de Hipona exhorta: “ama a la Iglesia, que te ha engendrado para la vida eterna”.

9. La oración, mucho más que meditación

En la Nueva Era, la oración no es más que introspección, diálogo con uno mismo, descubrimiento de la propia divinidad interna, contemplación del yo divino. “No hay nadie a quien contemplar… tú te conviertes en Dios”, como dice el popular Osho.

La meditación encierra al hombre en sí mismo, porque no hay alteridad, y por tanto, no puede haber encuentro ni diálogo con el Otro divino.

San Agustín, por el contrario, insiste en que la oración es un diálogo con aquel que habita en nosotros, pero que es distinto de nosotros… es decir, que en la oración no estamos hablando con nosotros mismos: “háblenos Dios en sus lecciones, y hablemos nosotros a Dios con nuestras plegarias. Si escuchamos con sumisión al que nos habla, en nosotros habita aquel a quien va dirigida nuestra oración”.

En muchos momentos vuelve a la misma idea o realidad, como cuando dice: “tu oración es tu conversación con Dios. Cuando lees, Dios te habla a ti; cuando tú oras, hablas con Dios”.

10. Una caridad hecha real, no una buena vibración

La espiritualidad de la New Age es profundamente individualista. Es cierto que muchas de sus propuestas buscan hacer el bien a los demás, compartir con ellos la sanación, las energías… Pero al final lo que se busca es la propia ascensión en nivel de conciencia, el sentirse bien uno mismo, llegar al propio fin. 

San Agustín lo tiene claro: “mi amor es mi peso; por él soy llevado adondequiera que soy llevado”. El amor, que es un don de Dios, es, en primer lugar, amor a Dios. Y sólo así puede ser, de verdad, amor a los demás.

Cuando San Agustín explica el doble mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, escribe: “dos son los preceptos y una la caridad… No ama al prójimo sino la caridad que ama a Dios. Y con la caridad con que se ama al prójimo, se ama también a Dios”.

¿Qué respondería hoy San Agustín a la New Age? Diría estas 10 cosas


¡Religión Digital les desea feliz año 2019!

enero 1, 2019

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Dios ha llegado a la Red. Para quedarse. La información religiosa, ha encontrado acomodo, espacio y libertad en la Red de redes.

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¡Religión Digital les desea feliz año 2019!

LES DESEAMOS DE CORAZÓN UN AÑO DE GRACIA, MISERICORDIA Y AMOR

Nuestro portal seguirá apostando por las reformas eclesiales y defendiendo la primavera del Papa Francisco

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¡Feliz año 2019! El deseo no por repetido deja de ser sincero. Un año de gracia, esperanza, misericordia y amor les deseamos, de corazón, a todos nuestros lectores, colaboradores y anunciantes. Sin ustedes, RD no sería lo que es: la página de referencia en la información religiosa en español en todo el mundo. Con cinco millones de visitas mensuales y más de 1 millón de usuarios únicos.

Y una extraordinaria penetración tanto entre el público en general como entre los decisores. Gracias a todos y por todo. Especialmente a nuestros corresponsales y a nuestros blogueros-columnistas que, con sus análisis, marcan muchas veces la diferencia.

El año que termina hemos seguido creciendo. Con nuevos anunciantes y con sonadas incorporaciones. Y con el viento a favor, en Roma y en España, del pontificado de Francisco que, a pesar de las resistencias, consolida una nueva primavera en la Iglesia. Y, desde aquí, queremos contribuir decididamente a ella. Porque, como reza nuestra letanía, nadie puede parar la primavera en primavera.

A la confianza de nuestros lectores seguiremos respondiendo en el 2019 con nuestra fidelidad sincera y sentida a los principios básicos que rigen nuestra labor: profesionalidad, independencia y pluralidad. Se cuenta todo y se dice todo. La información sólo pasa por el tamiz de los criterios periodísticos de profesionales independientes.

Aquí no se silencia a nadie ni de la derecha ni de la izquierda eclesial. Hay cabida para todos, incluso para los que se sitúan más en la frontera. Por ambos lados. Porque Iglesia católica somos todos. Y aquí nos lo creemos y lo practicamos desde hace ya más de 19 años.

Y abiertos también (y esperamos que cada vez más) a las demás religiones. Sobre todo, el protestantismo, el Islam y el judaísmo. Porque ésas son también las claves de nuestro éxito. Y, porque, además, estamos convencidos de que, sólo así, podremos prestar un buen servicio a la profesión periodística, a nuestros lectores, al universo religioso y a la propia Iglesia católica.

RD ha supuesto para nosotros durante el año que termina un sinfín de satisfacciones y algunos problemas. El más doloroso, ver cómo algunos comentaristas de las noticias, escudados en el anonimato, realizan comentarios ofensivos y llenos de odio y rencor contra los católicos que defienden otras ideas.

Son los ‘haters’ u odiadores profesionales online, que, por desgracia, proliferan en España, donde la derecha eclesiástica se ha unido a la política, para intentar acabar con el pontificado de Francisco y sus reformas evangélicas. Y lo peor es que cuentan con la ayuda y la ‘bendición’ de unos 30 obispos, que se retrataron en las votaciones para la elección del nuevo secretario general del episcopado.

Los talibanes de la Red no tienen piedad y destilan odio hacia sus correligionarios más comprometidos. Ellos solos se descalifican e iremos afinando los sistemas de control de esos comentaristas-basura, conscientes, al mismo tiempo, de que el trigo y la cizaña crecen juntos.

Si ni siquiera respetan al Papa (ellos que se decían tan papistas), ¿cómo van a respetar a los demás? Con su proceder dejan en evidencia que su catolicismo es pura y simplemente ideología neocon disfrazada de seguridad doctrinal.

Entre las satisfacciones, una de las mayores ha sido la incorporación al equipo de RD, de Hernán Reyes, un vaticanista de prestigio, que oficia como nuestro corresponsal en el Vaticano. Argentino, con varios libros en su haber sobre el papado de Francisco, Hernán es un ‘fichaje’ muy especial, que añade valor a nuestra web.

También nos satisfacen la múltiples llamadas y correos de eminentes purpurados, obispos, sacerdotes, misioneros, monjas o simples ciudadanos, para dar las gracias por una información o pedir un favor. O incluso, trabajo. Y sobre todo, consejos espirituales.

Ésta es una especie de enorme parroquia virtual de más de cinco millones de personas, que, con nosotros, se alimentan informativa y espiritualmente. Así lo reflejan cientos de correos que nos llegan a diario. Para muestra, un botón: el correo del ex rector de la Universidad ecuatoriana de Guayaquil, Anastasio Gallegos:

“José Manuel, estaba leyendo RD, como todos los días, y me he preguntado en un momento: ¿He dado alguna vez las gracias a José Manuel por su trabajo pastoral de hacernos sentir el latir de la iglesia, con sus ritmos y sus arritmias? Bueno, pues quería hacer esto: darte las gracias, a ti y a todo tu equipo, por el servicio que nos hacéis a todos. Te lo digo como lo siento. No os canséis nunca. Os necesitamos”.

Dios ha llegado a la Red. Para quedarse. La información religiosa, que cada vez tiene menos espacio en los grandes medios tradicionales, ha encontrado acomodo, espacio y libertad en la Red de redes.

Feliz Año y que Dios los bendiga.

La Redacción de Religion Digital

https://www.periodistadigital.com/religion/espana/2019/01/01/religion-digital-les-desea-feliz-ano-2017-iglesia-religion-digital-papa-dios.shtml


12 mensajes del papa Francisco para el nuevo año

diciembre 31, 2018

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Mensajes del Papa Francisco para empezar con buen pie el año 2019

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Viaja por un año entre misericordia, perdón, amor, desapego de lo material…

Por Ary Waldir Ramos Díaz

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Querido lector, hemos seleccionado doce reflexiones del papa Francisco para emprender un viaje anual entre misericordia, perdón, amor, desapego de lo material…

Para ello, nos hemos servido de los mensajes del Pontífice presentes en las meditaciones matutinas en la capilla de la Casa de Santa Marta, las audiencias generales de los miércoles y las homilías en general.

Lógicamente, es un trabajo de selección. Pero esperamos que encuentre útiles los enlaces a las fuentes oficiales para seguir profundizando y compartiendo estos contenidos. Además se acompañan de una serie de fotos con frases alusivas para difundir en redes sociales.

1. Constructores de puentes y no de muros 

En el año que empieza seamos hombres y mujeres constructores de puentes. “Cada cristiano construya siempre puentes de diálogo con los demás, no muros de rencor. El cristiano debe buscar siempre el camino para escuchar, el camino de la reconciliación, con humildad y mansedumbre, porque es lo que nos ha enseñado el Hijo de Dios”.

Homilía de la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta 23 de enero de 2015.

2. Aprender a conmovernos por el dolor de los demás en silencio pero transformando el sufrimiento en acción concreta…

Lejos de hipocresías en este nuevo año: “Sabed, hermanos, que los hipócritas no saben llorar, se han olvidado de cómo se llora, no piden el don de las lágrimas”, nos enseña el Papa.

“Cuando se hace algo bueno, casi instintivamente nace en nosotros el deseo de ser estimados y admirados por esta buena acción, para tener una satisfacción. Jesús nos invita a hacer estas obras sin ninguna ostentación, y a confiar únicamente en la recompensa del Padre “que ve en lo secreto (Mt 6, 4. 6. 18)”.

Lo expresó en la homilía de la misa de bendición e imposición de la ceniza, Basílica de Santa Sabina, 18 febrero de 2015.

3. La capacidad de avergonzarse y acusarse a sí mismo

La capacidad de avergonzarse y acusarse a sí mismo, sin descargar la culpa siempre en los demás para juzgarlos y condenarlos, es el primer paso en el camino de la vida cristiana que conduce a pedir al Señor el don de la misericordia.

Es este el examen de conciencia sugerido por el Papa en la misa que celebró el lunes 2 de marzo, en la capilla de la Casa Santa Marta.

4. Soñar para encontrar el amor…

En este año nuevo vivir la reciprocidad del amor y soñar el encuentro con ella o él. “Hombre y mujer son de la misma sustancia y son complementarios”.

En la Biblia, cuando Dios plasma a la mujer mientras el hombre duerme, el Papa sugiere también otra cosa: “para encontrar a la mujer —y podemos decir para encontrar el amor en la mujer—, el hombre primero tiene que soñarla y luego la encuentra”.

Lo sostuvo en la alocución en la audiencia general en plaza San Pedro, miércoles 22 de abril de 2015.

5. En este año evitar el apego a las riquezas que llevan solo a la corrupción del corazón, de la mente, de nuestro negocio

Es necesario hacer de tal modo que, si se poseyeran riquezas, estas sirvan al “bien común”. Porque la abundancia que se vive de manera egoísta es “triste”, quita “esperanza” y genera “todo tipo de corrupción”, grande o pequeña.

Así podremos tener el propósito en este año nuevo de salir del ‘apego a las riquezas’ que nos “hace creer que todo está bien” y nos quita el horizonte. “Y vivir sin horizonte es una vida estéril, vivir sin esperanza es una vida triste”.

Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

6. La oración cotidiana por nuestra salud y por la de los seres queridos afectados por el mal

“La Iglesia invita a la oración continua por los propios seres queridos afectados por el mal. La oración por los enfermos no debe faltar nunca. Es más, debemos rezar aún más, tanto personalmente como en comunidad. Pensemos en el episodio evangélico de la mujer cananea (cf. Mt 15, 21-28).

Lo expresó el Papa Francisco durante la predicación en la audiencia general en la plaza San Pedro, miércoles 10 de junio de 2015.

7. Fuertes y revolucionarios en la fe para superar divisiones e individualismo

El nuevo año es un espacio para emprender “la revolución” de la “alegría de la Evangelización”, que significa imitar el amor de Cristo que libera y da verdadera felicidad para superar las divisiones, los personalismos y el individualismo.

¿Cómo? El Papa explica: “Donándose, el hombre vuelve a encontrarse a sí mismo con su verdadera identidad de hijo de Dios, semejante al Padre y, como Él, dador de vida, hermano de Jesús, del cual da testimonio.

Eso es evangelizar, esa es nuestra revolución –porque nuestra fe siempre es revolucionaria–, ese es nuestro más profundo y constante grito”, sostuvo el Papa Francisco el 7 de julio en el parque Bicentenario de Quito, la última misa en su visita a Ecuador.

8. Trabajo para darse dignidad a sí mismos y a la propia familia

Se necesita fe y astucia. Que Dios nos conceda acoger su llamada con alegría y esperanza, en este momento difícil de nuestra historia, la llamada al trabajo para darse dignidad a sí mismos y a la propia familia”. El Pontífice explica que la primera escuela que enseña a ser buenos trabajadores es la familia y, asimismo destaca el trabajo de las amas de casa.

“La fiesta y el trabajo forman parte del designio de Dios” para las familias. Lo expresó el Papa Francisco en la audiencia general celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano el pasado miércoles 19 de agosto 2015.

9. Soñar para no dejarte robar la esperanza

Esa es una frase que el papa repite mucho a los jóvenes: soñar para no dejarse robar la esperanza. En este año las cosas pueden ser duras, pero la esperanza nos abre a nuevos caminos de creatividad, pasión, deseos de construir.

“Cada uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder, pero suéñalas, deséalas, busca horizontes, ábrete, ábrete a cosas grandes”.

Lo aseveró el Papa durante el saludo a los jóvenes del Centro Cultural Padre Félix Varela en La Habana, el domingo 20 de septiembre de 201.

10. Dios nunca abandona a quien confía en Él

Escribieron al Papa preguntándole por qué los malvados parecen ser felices mientras que a los justos las cosas les van mal, a veces en el sentido equivocado.

El Pontífice recuerda el salmo 1, «Feliz el hombre que confía en el Señor». Y asegura que Dios nunca abandona a quien confía en Él.

Lo explicó en la Homilía de la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta jueves 8 de octubre de 2015.

11. Para ser felices hay que incluir y crear armonía en nuestros hogares, puestos de trabajo, en suma en lo cotidiano

Jesús nos pide incluir a todos con gestos concretos, porque como cristianos “no tenemos derecho” a excluir a los demás, juzgarlos y cerrarles las puertas.

También porque “la actitud de excluir” está en la raíz de todas las guerras, grandes o pequeñas.

Lo afirmó el Papa Francisco en la misa celebrada el jueves 5 de noviembre, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.

12. Sentirnos amados para amar y perdonar

Un papá o una mamá que dice a su hijo: “No tengas miedo, estoy yo” y lo mima con una caricia, es la imagen de la condición privilegiada del hombre: pequeño, débil, pero tranquilizado, sostenido y perdonado por un Dios que está enamorado de él.

Lo dijo al inicio del camino jubilar el Papa Francisco, en la misa celebrada en Santa Marta el jueves 10 de diciembre.

Y la regla de Oro que vale en cualquier mes del año:


La revitalización de la Recolección: el reto de los Agustinos Recoletos, 430 años después

diciembre 5, 2018

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La Recolección Agustiniana en los colajes de Fray Esteban Peña

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La revitalización de la Recolección: el reto de los Agustinos Recoletos, 430 años después

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Los Agustinos Recoletos celebran su 430 aniversario inmersos en el proceso de revitalización de su carisma y reestructuración de su organización, pasando de ocho a cuatro provincias. Como en sus inicios, los religiosos agustinos recoletos siguen deseando vivir su carisma de forma intensa

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El 5 de diciembre de 1588 comenzaba en Toledo el histórico capítulo de la Provincia de Castilla de la Orden de San Agustín. Meses atrás, un nutrido grupo de religiosos agustinos había sentido la inquietud de vivir el carisma agustiniano de una forma más intensa. Deseaban vivir su vocación con más autenticidad y radicalidad, desde la interioridad y una mayor cercanía a los pobres y necesitados.

El capítulo agustino delegó en Fray Luis de León para la creación de las reglas propias de estos religiosos, que comenzarían a llamarse Recoletos y cuyo renovado carisma comenzó pronto a expandirse por Sudamérica y Asia.

Como entonces, la Orden de Agustinos Recoletos celebra su 430 aniversario inmersa en el proceso de revitalización de su carisma y reestructuración de su organización. Llamados por el Espíritu Santo, los religiosos agustinos recoletos entendieron en 2010 y ratificaron en 2016 que era necesaria una renovación del ser agustino recoletos y una reorganización de su estructura, con el objetivo de no perder su identidad y seguir viviendo, como en sus inicios, el carisma surgido de la Recolección agustiniana de 1588.

Así, en 2010 comenzó a gestarse un proceso que tomó forma definitivamente en el Capítulo general de 2016 celebrado en Roma. ¿Por qué era necesaria una revitalización? El Proyecto de Vida y Misión de los Agustinos Recoletos tiene la respuesta: “Para lograr una auténtica vivencia agustino recoleta, impulsar la vida fraterna en comunidad, realizar la misión que la Iglesia nos encomienda y estar donde seamos más necesarios”.

Como mencionó el Prior general, Miguel Miró, este proceso “nos ofrece nuevas posibilidades, pero no es el objetivo final; es el comienzo de una nueva etapa, exigente y esperanzadora, en la que habrá que establecer prioridades y estar abiertos a nuevas iniciativas para reavivar el carisma y la misión de la Orden”.

Entendieron los religiosos agustinos recoletos que, 430 años después, continúan siendo profetas del mundo actual, evangelizadores de la sociedad a través de la forma de vida de San Agustín. Por ello, era necesario construir comunidades fraternas e interiores, capaces de ser “creadores de comunión” en su vida cotidiana, en el estudio y en la labor pastoral con el pueblo.

De ocho a cuatro provincias

Fruto de este proceso de revitalización, los agustinos recoletos –cerca de 1.000 en todo el mundo– pasaron de organizarse de ocho a cuatro provincias. La histórica Provincia San Nicolás de Tolentino quedó unida con la de San Agustín; la de Santo Tomás de Villanueva a la de Santa Rita y San José, y la Provincia Nuestra Señora de la Candelaria con la de Nuestra Señora de la Consolación.

Así, la Orden celebra en 2018 un nuevo aniversario de la Recolección con cuatro renovadas provincias: San Nicolás de Tolentino, Santo Tomás de Villanueva, Nuestra Señora de la Candelaria y San Ezequiel Moreno.

Aunque con menos religiosos, los Agustinos Recoletos tienen una meta clara: ser más fieles a la llamada que les hace el Señor. Para ello, este proceso no se refiere solo a una cuestión organizativa sino también interior de cada fraile agustino recoleto y de la forma de evangelizar de la Orden.

Es por eso que esta revitalización ha renovado el Itinerario Formativo Agustino Recoleto (IFAR), el Itinerario Vocacional Agustino Recoleto (IVAR), así como impulsado la vida comunitaria y de oración.

Renovación de la misión en el mundo

La misión sigue siendo un pilar básico del carisma agustino recoleto. Cuba e Indonesia han sido los dos nuevos países a los que la Recolección agustiniana llegó en 2018. El objetivo es continuar consolidando y expandiendo el carisma,  evangelizando a través de la Palabra de Dios y las enseñanzas de San Agustín.

La revitalización del carisma incluye también la labor solidaria y educativa de la Orden de Agustinos Recoletos. Desde hace un año, con la idea de trabajar más unidos y fortalecidos, la familia agustino recoleta se unió en red para trabajar por la solidaridad y la educación a través de ARCORES –Red Solidaria Internacional Agustino Recoleta– y EDUCAR –Red Educativa Internacional Agustino Recoleta–.

Como en 1588, la Orden de Agustinos Recoletos atraviesa un proceso esperanzador, ungidos por el Espíritu Santo, para seguir llevando a cabo su misión en la Iglesia.

http://www.agustinosrecoletos.com/revitalizacion-recoleccion-agustinos-recoletos-430-anos/


Vaticano lanza Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa para 2019

diciembre 2, 2018

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El Papa Francisco promueve las Misiones en la Iglesia Católica

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Vaticano lanza Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa para 2019

Por  Mercedes de la Torre

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El Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Cardenal Fernando Filoni, fue el encargado de presentar el Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa Francisco y que se celebrará en octubre de 2019.

En la Oficina de Prensa de la Santa Sede este viernes 30 de noviembre, el Cardenal resaltó que los misioneros deben ser “embajadores de Cristo” al tener siempre como referencia Jesús y la Iglesia y no los países de procedencia.

El Cardenal Filoni destacó la importancia de la decisión del Santo Padre de haber convocado este Mes Misionero Extraordinario con el objetivo de “despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral”.

En esta línea, el Cardenal Filoni citó al Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en donde anima a la Iglesia a no tener miedo a realizar “una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual”.

Además, recordó importantes documentos magisteriales en este ámbito como los publicados por San Pablo VI como el decreto Ad Gentes de 1965 sobre la actividad misionera de la Iglesia y la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi sobre la evangelización en el mundo contemporáneo, del 8 de diciembre de 1975.

El Purpurado italiano recordó además que este viernes es el aniversario de la promulgación de la carta apostólica Maximum Illud sobre la propagación de la fe católica en el mundo entero, en la que en 1919 el Papa Benedicto XV pidió a los misioneros evitar los nacionalismos.

Por su parte, el Presidente de las Obras Misionales Pontificias (OMP) y secretario adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Mons. Giampietro Dal Toso, destacó el tema de este Mes Misionero Extraordinario: “Bautizados y enviados. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo” que destaca que están llamados a la misión “no solo los vértices de la Iglesia, sino todos los bautizados”.

“El bautizado es profeta porque se hace palabra de Dios”, insistió Mons. Dal Toso quien subrayó la importancia del contenido de la misión que es “el anuncio de Cristo que salva”. “La Iglesia es enviada al mundo para ayudarlo, para transformarlo, porque también el mundo necesita de este anuncio”, reiteró.

Lanzamiento de la web oficial

Por último, el director de la agencia vaticana Fides, P. Fabrizio Meroni presentó la web oficial del Mes Misionero Extraordinario http://www.october2019.va, que por el momento está en inglés e italiano, pero que a fines de este año estará disponible también en español, francés y portugués.

Esta iniciativa es un movimiento misionero que a través de este instrumento podrá motivar también a las iglesias locales para que ellas mismas estén en permanente estado misionero “que la misión sea el paradigma de la Iglesia misma”, dijo el sacerdote.

Por último, estará a disposición una guía de preparación a este Mes Misionero Extraordinario en el que se presentan diferentes testigos de la misión así como también diferentes temas como los laicos y las familias en misión en el mundo, los consagrados, los movimientos eclesiales, las religiones y las culturas en diálogo, la pobreza y la justicia social.


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