II Predicación de Adviento del P. Cantalamessa: Dios vivo es la Trinidad viviente (2018)

diciembre 14, 2018

.

El Papa asiste a la segunda predicación de Adviento del Padre Cantalamessa (Vatican Media)

.

.

II Predicación de Adviento del P. Cantalamessa: Dios vivo es la Trinidad viviente

“El Dios vivo es la Trinidad viviente”. Es el tema general de esta segunda predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, a cuyos miembros se dirigió esta mañana en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico y ante la presencia del Papa Francisco

Por María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

.

Al igual que el viernes pasado, el Santo Padre asistió esta mañana a las 9.00, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico a la segunda predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, junto a los demás miembros de la Casa Pontificia.

Todas las gracias pertenecen a la Iglesia

“Cuando se trata del conocimiento del Dios vivo –comenzó diciendo el Predicador– una experiencia vale más que muchos razonamientos”.

Por esta razón comenzó su segunda meditación de Adviento relatando la experiencia de una persona a la que seguía espiritualmente, una mujer casada y fallecida hace algunos años, de la que dijo que “la autenticidad de sus experiencias está confirmada por el hecho de que se las ha llevado consigo a la tumba, sin hablar nunca a nadie, excepto a su padre espiritual”. A lo que añadió que “todas las gracias pertenecen a la Iglesia”.

Dios es amor y por eso es Trinidad

El Padre Cantalamessa tras referirse a la “experiencia del Dios vivo”, ahondó en el tema de Dios que “es amor y por eso es Trinidad”.

Y comenzó preguntándose: “¿A quién nos dirigimos, nosotros los cristianos, cuando pronunciamos la palabra ‘Dios’, sin otra especificación? ¿A quién se refiere ese ‘tú’, cuando, con las palabras del Salmo, decimos: ‘Oh Dios, tú eres mi Dios’ (Sal 63,2)? ¿Quién responde a ello, por así decirlo, del otro lado del cable?”.

Dios comunión de amor forma una “Tri-unidad”

Y explicó que “ese ‘tú” no es simplemente Dios Padre, la primera persona divina, como si hubiera existido o fuera pensable, un solo instante, sin las otras dos. Tampoco es la esencia divina indeterminada, como si existiera una esencia divina que sólo en un segundo momento se especifica en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Sino que el “único Dios, aquel que en la Biblia dice: ‘¡Yo Soy!’, es el Padre que engendra al Hijo y que, con él, espira el Espíritu, comunicándoles toda su divinidad. Es el Dios comunión de amor, en el que unidad y trinidad proceden de la misma raíz y del mismo acto y forman una ‘Tri-unidad’, en la que ninguna de las dos cosas –unidad y pluralidad– precede a la otra, o existe sin la otra, ninguno de los dos niveles es superior al otro o más ‘profundo’ que el otro”.

Dios es amor desde siempre

En conclusión, dijo el Predicador, el Dios vivo de los cristianos no es otra cosa “que la Trinidad viviente”. Y tras aludir a los pensadores griegos y, en general, a las filosofías religiosas de todos los tiempos, al concebir a Dios, sobre todo como ‘pensamiento’, se refirió a la respuesta de la revelación, expuesta por la Iglesia.

“Dios –dijo el Padre Cantalamessa– es amor desde siempre, ab aeterno, porque antes de que existiera un objeto fuera de sí para ser amado, tenía en sí mismo al Verbo, el Hijo que amaba con amor infinito, es decir, ‘en el Espíritu Santo’”.

Contemplar a la Trinidad

También abordó el tema de “contemplar a la Trinidad para vencer la odiosa división del mundo”. Y a modo de ejemplo afirmó que “una cosa impacta sobre todo al contemplar el icono de Rublev: la paz profunda y la unidad que emana del conjunto. Del icono se desprende un silencioso grito: ‘Sean una sola cosa, como nosotros somos una sola cosa’”.

Llamamiento a la unidad

De esta visión de la Trinidad añadió el Predicador que recogemos sobre todo el llamamiento a la unidad. Unidad que todos queremos. Sí porque “después de la palabra felicidad, no hay ninguna otra que responda a una necesidad tan apremiante del corazón humano como la palabra unidad”.

Y recordó que “nosotros somos ‘seres finitos, capaces de infinito’”, lo que significa que “somos criaturas limitadas que aspiramos a superar nuestro límite, para ser ‘todo de alguna manera’”. De modo que “no nos resignamos a ser sólo lo que somos”.

Entrar en la Trinidad

“Entrar en la Trinidad” fue el último punto que abordó el Predicador de la Casa Pontificia en esta segunda meditación de Adviento.

Y explicó que “hay algo todavía más dichoso que podemos hacer respecto a la Trinidad que contemplarla e imitarla, y es ¡entrar en ella!”. Y si bien “no podemos abrazar el océano”, podemos “entrar en él”; de modo que “no podemos abrazar el misterio de la Trinidad con nuestra mente, pero ¡podemos entrar en él!”.

Y  Cristo “nos ha dejado un medio concreto para hacerlo, la Eucaristía”.

“La Trinidad –concluyó diciendo el Padre Raniero Cantalamessa– no es sólo un misterio y un artículo de nuestra fe, es una realidad viva y palpitante.

Como decía al principio, el Dios vivo de la Biblia al que estamos buscando no es otro que la Trinidad viviente. Que el Espíritu nos introduzca también a nosotros en ella y nos haga gustar su dulce compañía”.

Escuche el informe: https://media.vaticannews.va/media/audio/s1/2018/12/14/13/134775315_F134775315.mp3
Anuncios

Primera predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa: ¡Dios existe! (2018)

diciembre 14, 2018

.

“Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito que es Dios”. O sea, “hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada de trabajo”.

.

Primera predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa: ¡Dios existe!

Dios está entre nosotros. El Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, ofreció su primera predicación de Adviento en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico, ante la presencia del Santo Padre y los demás miembros de la Casa Pontificia.
El tema de sus reflexiones en preparación a la Navidad fue el versículo del Salmo que reza: “Mi alma tiene sed del Dios vivo”

Por María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

.

¡Dios existe!

Tras saludar al Santo Padre, a los Venerables Padres, hermanos y hermanas, que asistieron a la Primera predicación de Adviento, el Padre Raniero Cantalamessa destacó ante todo que “en la Iglesia estamos tan presionados por tareas, problemas que afrontar, retos a los que hay que responder”, que hace que se corra el riesgo de perder de vista nuestra relación personal con Dios.

Por eso reafirmó que “una relación personal y auténtica con Dios es la primera condición para abordar todas las situaciones y problemas que se presentan, sin perder la paz y la paciencia”.

De manera que, tal como el mismo Predicador de la Casa Pontificia explicó, ha querido dejar de lado en estas predicaciones toda referencia a problemas de actualidad, para tratar de hacer lo que Santa Ángela de Foligno recomendaba a sus hijos espirituales, a saber:

“Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito que es Dios”. O dicho de otro modo, “hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada de trabajo”.

Por esta razón, el tema de las predicaciones de Adviento será el versículo del Salmo: “Mi alma tiene sed del Dios vivo”.

A lo que el Predicador añadió que “los hombres de nuestro tiempo se apasionan buscando señales de la existencia de seres vivos e inteligentes en otros planetas. Es una búsqueda legítima y comprensible –dijo– aunque muy incierta. Pocos, sin embargo, buscan y estudian señales del Ser vivo que ha creado el universo, que entró en él, en su historia, y vive en él”.

Sí, porque, como prosiguió diciendo, “en Él vivimos, nos movemos y existimos” y, sin embargo, “no nos damos cuenta. Tenemos al Viviente real en medio de nosotros y lo descuidamos para buscar seres vivientes hipotéticos que, en el mejor de los casos, podrían hacer muy poco por nosotros, y ciertamente no salvarnos de la muerte”.

¡Volver a las cosas!

El Padre Cantalamessa recordó asimismo que la Biblia está salpicada de textos que hablan de Dios como del “Dios vivo”, como dice Jeremías, por ejemplo. O “Yo soy el viviente”, como dice el mismo Dios en Ezequiel.

Se trata de uno de los salmos más bellos del salterio, escrito durante el exilio, en el que el orante exclama: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”. Y también: “Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo”. A la vez que Pedro, en Cesarea de Filipo, proclama a Jesús “Hijo del Dios vivo”.

Dios, sentimiento de una presencia

El Predicador se preguntó “¿qué significa y cómo se define al Dios vivo?”. A lo que respondió que querer describir al Dios vivo, trazar su perfil, aun basándose en la Biblia, es recaer en el intento de reducir al Dios vivo a una idea del Dios vivo.

Mientras lo que podemos hacer, incluso respecto del Dios vivo, es superar “los tenues signos de reconocimiento que los hombres han trazado sobre su superficie”, romper las pequeñas cáscaras de nuestras ideas de Dios, o las “vasijas de alabastro” en las que lo tenemos encerrado, de modo que su perfume se expanda y “llene la casa”.

Lo divino es una categoría absolutamente distinta

Y añadió que “lo divino es una categoría absolutamente distinta de cualquier otra”, que no puede ser definida, sino sólo aludida; se puede hablar de ella sólo por analogías y contraposiciones. Una imagen que en la Biblia nos habla así de Dios es la roca. Pocos títulos bíblicos son capaces de crear en nosotros un sentimiento tan vivo de Dios –sobre  todo de lo que Dios es para nosotros– como este de Dios-roca.

¡Dios existe y eso basta!

Hacia el final de su predicación, el Padre Raniero Cantalamessa aludió a la fase atormentada de la vida de San Francisco de Asís, que dice que el santo se sintió tan reanimado por las palabras de Cristo que iba repitiendo dentro de sí una exclamación: “¡Francisco, Dios existe y eso basta! ¡Dios existe y eso basta!” .

Por eso concluyó diciendo: “Aprendamos a repetir también nosotros estas sencillas palabras cuando, en la Iglesia o en nuestra vida, nos encontremos con situaciones similares a las de Francisco y muchas nubes se desvanecerán”.

https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2018-12/primera-predicacion-adviento-padre-cantalamessa-papa-adviento.html


El maná de cada día, 14.12.18

diciembre 14, 2018

 

Viernes de la 2ª semana de Adviento

.

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida



PRIMERA LECTURA: Isaías 48, 17-19

Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues.

Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»


SALMO 1, 1-2.3.4.6

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


Aclamación antes del Evangelio

El Señor llega, salid a su encuentro; él es el Príncipe de la paz.


EVANGELIO: Mateo 11, 16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.”

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»


.

NO OS CANSÉIS DE HACER EL BIEN

Es difícil no hacer el bien cuando sabemos que, en el fondo, algo conseguiremos a cambio. Aunque sean unas migajas de reconocimiento, de valoración personal, de subir puestos o de caer bien a los demás.

Pero, las personas somos tan volubles en nuestros sentimientos y estados de ánimo que, al final, ese buen actuar puede quedar a merced de la simpatía o antipatía que tengamos hacia los demás.

No, un bien así, apoyado en motivaciones humanas tan frágiles, a la larga no se sostiene.

Sólo la gracia es capaz de sostener, hasta lo inimaginable, esa caridad que debe impregnar tus gestos, palabras, actitudes, criterios, todo el entramado de tu día a día.

Y sólo la gracia es capaz de animar infatigablemente ese afán de hacer el bien en el que el alma encuentra su verdadero descanso.

Hace falta un corazón muy puro y desprendido, muy empapado de amor a Dios, para buscar siempre el bien y hacerlo sin cálculos ni reservas, sin reparar en si me dijo o no me dijo, si me hizo una vez o no me hizo, si me lo sabrá agradecer o no…

¿Crees que el Señor se dedicó en aquella oración de Getsemaní a sopesar y valorar si le convenía o no, si le compensaba o no abrazar la Cruz? ¿Crees que el Señor se dejó crucificar sólo porque tú y yo le caímos bien o íbamos a corresponder a su entrega?

Has de pedirle muchas veces al Señor que te sostenga en el bien. No te canses de repartirlo a manos llenas, aunque caiga, como aquella semilla, a lo largo del camino, en terreno pedregoso o entre abrojos.

http://www.mater-dei.es



.


El maná de cada día, 13.12.18

diciembre 13, 2018

 

Jueves de la 2ª semana de Adviento

.

No temas, yo mismo te auxilio

No temas, yo mismo te auxilio



PRIMERA LECTURA: Isaías 41, 13-20

Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.» No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio –oráculo del Señor–.

Tu redentor es el Santo de Israel.

Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.

Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.

Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos.

Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.


SALMO 144, 1.9.10-11.12-13ab

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que té bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas;

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.


ACLAMACIÓN: Isaías 45, 8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo. Ábrase la tierra y brote la salvación.


EVANGELIO: Mateo 11, 11-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo.

Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»
.

EL DIVINO IMPERTINENTE

Vivir desde los parámetros de Dios implica abrazar todas las cosas, personas y acontecimientos desde la confianza en esa solicitud con que la providencia divina viste los lirios del campo y la hierba que hoy crece y mañana se seca. No hay nada que se escape a la presencia y al amor de Dios.

Nosotros, en cambio, con nuestra cortedad de miras, nos atrevemos a clasificar los acontecimientos en nimios e importantes, y a distinguir entre las personas que valen la pena y las que no.

¿Crees, acaso, que tienes la suficiente perspectiva humana como para dar su justo valor a esas cosas y personas? Y aunque la tuvieras, ¿crees, acaso, que tienes la suficiente perspectiva sobrenatural para conocer y amar las cosas como Dios las conoce y las ama?

Acostúmbrate a valorar todo lo que te parece humanamente pequeño, eso que otros desprecian por su inutilidad e insignificancia, o que nunca te hará triunfar.

Aprende también a ver y a amar desde los parámetros de Dios esos imprevistos, esos cambios de planes, eso tan inoportuno que te sucede de repente, eso que no viene al caso y que te molesta, esa llamada inesperada, esa persona que te resulta impertinente porque te interrumpe, retrasa o cambia tus planes.

Todo eso vale mucho más que los lirios del campo y está revestido, como ellos, de esa belleza de la providencia de Dios que ni siquiera Salomón, con todo su fasto, pudo alcanzar.
.

Adviento es el tiempo del Espíritu y de María

Adviento es el tiempo de la maternidad de María por obra del Espíritu Santo. Tiempo de gestación expectante en el alma ante el próximo nacimiento del Verbo encarnado.

Al compás del amor, brotan en el corazón deseos callados de contemplar asombrados el rostro niño de Dios. Deseos que nacen del Espíritu Santo, Aquel que ora y clama en nosotros pidiendo la venida de Cristo: ¡Ven, Amado! ¡Ven, Nacido! ¡Ven, Esperado!

Y es la Virgen Madre quien acompaña en el seno del Adviento el nacimiento del Verbo, como acompaña en el seno de Pentecostés el nacimiento de la Iglesia. Paralelismos sostenidos por el Espíritu, Aquel por quien toda virginidad se hace fecunda y materna.

Prepara tu alma con aires de hogar para acoger en ella al Verbo que se hace carne de tu carne. Embellécela con más silencio contemplativo, con oración más intensa, para que resuene en ella la voz de ese Espíritu Santo que clama enamorado al Verbo.

Empapa tu Adviento de mucho Espíritu Santo. Pídele que se haga presente en tu vida, en tu actividad, en tu trabajo, en tus afanes y preocupaciones, en todos los momentos y circunstancias de tu día a día; invócalo sobre las personas que te rodean o sobre las que están lejos, en las situaciones difíciles, en los momentos más duros.

Pídele que cubra con su gracia tu persona y tu vida, la Iglesia toda, el mundo entero, como cubrió y fecundó el seno virginal de María, para que en todo y en todos crezca ese cuerpo niño del Verbo que es la Iglesia.

Adviento es el tiempo que el Espíritu guía y conduce hacia el Verbo de Belén. Allí contemplas también a la Virgen, siempre Madre, que se anonada de humildad adorando esa carne de Dios. Ponte quieto junto a Ella, y calla. Adora y calla.

No quieras romper ese silencio contenido que, en las frías noches de Belén, envuelve con ecos del Espíritu el resonar de esta Palabra del Padre.


El Discernimiento, según Gaudete et exsultate, 166-177, (y 14)

diciembre 12, 2018

.

Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio.

.

El discernimiento

.

¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo?

La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.

Una necesidad imperiosa

Hoy día, el hábito del discernimiento se ha vuelto particularmente necesario. Porque la vida actual ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción, y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante.

Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento.

Esto resulta especialmente importante cuando aparece una novedad en la propia vida, y entonces hay que discernir si es el vino nuevo que viene de Dios o es una novedad engañosa del espíritu del mundo o del espíritu del diablo. En otras ocasiones sucede lo contrario, porque las fuerzas del mal nos inducen a no cambiar, a dejar las cosas como están, a optar por el inmovilismo o la rigidez. Entonces impedimos que actúe el soplo del Espíritu.

Somos libres, con la libertad de Jesucristo, pero él nos llama a examinar lo que hay dentro de nosotros ―deseos, angustias, temores, búsquedas― y lo que sucede fuera de nosotros —los «signos de los tiempos»— para reconocer los caminos de la libertad plena: «Examinadlo todo; quedaos con lo bueno» (Ts 5,21).

Siempre a la luz del Señor

El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial.

Es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y en lo cotidiano.

Se trata de no tener límites para lo grande, para lo mejor y más bello, pero al mismo tiempo concentrados en lo pequeño, en la entrega de hoy. Por tanto, pido a todos los cristianos que no dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero «examen de conciencia».

Al mismo tiempo, el discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones.

Un don sobrenatural

Es verdad que el discernimiento espiritual no excluye los aportes de sabidurías humanas, existenciales, psicológicas, sociológicas o morales. Pero las trasciende. Ni siquiera le bastan las sabias normas de la Iglesia. Recordemos siempre que el discernimiento es una gracia.

Aunque incluya la razón y la prudencia, las supera, porque se trata de entrever el misterio del proyecto único e irrepetible que Dios tiene para cada uno y que se realiza en medio de los más variados contextos y límites. No está en juego solo un bienestar temporal, ni la satisfacción de hacer algo útil, ni siquiera el deseo de tener la conciencia tranquila.

Está en juego el sentido de mi vida ante el Padre que me conoce y me ama, el verdadero para qué de mi existencia que nadie conoce mejor que él. El discernimiento, en definitiva, conduce a la fuente misma de la vida que no muere, es decir, conocer al Padre, el único Dios verdadero, y al que ha enviado: Jesucristo (cf. Jn 17,3).

No requiere de capacidades especiales ni está reservado a los más inteligentes o instruidos, y el Padre se manifiesta con gusto a los humildes (cf. Mt 11,25).

Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir, para calmar las ansiedades y recomponer el conjunto de la propia existencia a la luz de Dios.

Así podemos dejar nacer esa nueva síntesis que brota de la vida iluminada por el Espíritu.

Habla, Señor

Sin embargo, podría ocurrir que en la misma oración evitemos dejarnos confrontar por la libertad del Espíritu, que actúa como quiere. Hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas.

Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas.

Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor, porque no basta que todo vaya bien, que todo esté tranquilo. Dios puede estar ofreciendo algo más, y en nuestra distracción cómoda no lo reconocemos.

Tal actitud de escucha implica, por cierto, obediencia al Evangelio como último criterio, pero también al Magisterio que lo custodia, intentando encontrar en el tesoro de la Iglesia lo que sea más fecundo para el hoy de la salvación.

No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado, ya que las mismas soluciones no son válidas en toda circunstancia y lo que era útil en un contexto puede no serlo en otro. El discernimiento de espíritus nos libera de la rigidez, que no tiene lugar ante el perenne hoy del Resucitado.

Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio.

La lógica del don y de la cruz

Una condición esencial para el progreso en el discernimiento es educarse en la paciencia de Dios y en sus tiempos, que nunca son los nuestros. Él no hace caer fuego sobre los infieles (cf. Lc 9,54), ni permite a los celosos «arrancar la cizaña» que crece junto al trigo (cf. Mt 13,29). También se requiere generosidad, porque «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35).

No se discierne para descubrir qué más le podemos sacar a esta vida, sino para reconocer cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo, y eso implica estar dispuestos a renuncias hasta darlo todo. Porque la felicidad es paradójica y nos regala las mejores experiencias cuando aceptamos esa lógica misteriosa que no es de este mundo, como decía san Buenaventura refiriéndose a la cruz: «Esta es nuestra lógica».

Si uno asume esta dinámica, entonces no deja anestesiar su conciencia y se abre generosamente al discernimiento.

Cuando escrutamos ante Dios los caminos de la vida, no hay espacios que queden excluidos. En todos los aspectos de la existencia podemos seguir creciendo y entregarle algo más a Dios, aun en aquellos donde experimentamos las dificultades más fuertes.

Pero hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. El que lo pide todo también lo da todo, y no quiere entrar en nosotros para mutilar o debilitar sino para plenificar.

Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos.

***

Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña.

Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…».

Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 19 de marzo, Solemnidad de San José, del año 2018, sexto de mi Pontificado.

Francisco


Fernando Prado: “Al libro de James Martin sobre homosexualidad le falta algo más de teología”

diciembre 12, 2018

.

 

Fernando Prado muestra su libro “La fuerza de la vocación” al Papa Francisco.

.

Fernando Prado: “Al libro de James Martin sobre homosexualidad le falta algo más de teología”

El claretiano, autor del libro “La fuerza de la vocación” afirma que el Papa es claro sobre la cultura gay: “A ciertos lobbies y sectores no les han gustado las declaraciones de Francisco”

.

El libro escrito por el claretiano Fernando Prado “La fuerza de la vocación” ha producido un tsunami, todo un maremoto. Y es que el Papa Francisco, aunque habla claro de muchos aspectos, el que ha causado más polémica ha sido su dictamen sobre la homosexualidad y la ordenación de sacerdotes. 

“Francisco es tradicional y católico, pero tiene que dialogar con el mundo. A unos cuantos sectores sociales y a determinados lobbies, no les han gustado sus afirmaciones”, explica el sacerdote claretiano a Religión Confidencial. 

El libro se presentó en Madrid el pasado 3 de diciembre y se ha agotado en Italia y Francia y una de las razones es la polémica que encierra. Se trata de un largo y vivo encuentro mantenido entre el director de la editorial claretiana de Madrid, padre Fernando Prado y el Papa Francisco.

Durante más de cuatro horas, el Santo Padre contestó a más de sesenta preguntas y cuestiones que aparecen plasmadas en el libro, de 120 páginas, todo realizado en las estancias papales de la casa Santa Marta.

Candidatos al sacerdocio 

Cuestiones como la selección de candidatos al ministerio ordenado y a la vida consagrada, la formación en los seminarios y en las casas de formación de los religiosos y religiosas; el clericalismo, la homosexualidad del clero y de las personas consagradas, así como muchas otras cuestiones de viva actualidad, son abordadas con claridad y valentía por Francisco.

El Papa es claro sobre los candidatos al sacerdocio y la vida consagrada homosexuales: “El ministerio o la vida consagrada no es su lugar”, afirma en el libro.

También señala que “a los curas, religiosos o religiosas homosexuales hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato o que sean exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca. Es mejor que dejen el ministerio o su vida consagrada antes que vivir una doble vida”.

Aún así, el claretiano advierte que algunos clérigos homosexuales están viviendo el celibato perfectamente, y otros no, así como que hay religiosos heterosexuales que están también viviendo una doble vida. “No podemos afirmar que un clérigo homosexual no pueda vivir el celibato, porque no sería cierto”, aclara.

Sobre los abusos sexuales, aunque si bien es cierto que la mayoría se han producido de sacerdotes a niños varones, Fernando Prado aclara que no se puede achacar este problema tan terrible de la Iglesia solo a curas homosexuales.

Sobre el jesuíta James Martín 

En “La Fuerza de la vocación”, el Papa indica a Fernando Prado que en nuestras sociedades parece que la homosexualidad está de moda y esa mentalidad también influye en la vida de la Iglesia.

Asimismo, alerta de que en los seminarios y noviciados hay que “cuidar mucho la madurez humana afectiva”, porque de lo contrario, los problemas “en el momento quizá no dan la cara, pero después aparecen”. En esta línea repite que “este tipo de afecto” no cabe en la vida consagrada o sacerdotal.

Sectores de la Iglesia han interpretado estas palabras como contrarias a las que proclama el jesuita nortemericano, James Martín en su libro “Tender un puente. Cómo la Iglesia Católica y la comunidad LGBTI pueden entablar una relación de respeto, compasión y sensibilidad”.

El claretiano explica que el libro del P. James Martín, que es de gran compasión, está escrito fundamentalmente en clave pastoral pero “me hubiera gustado que el padre James hubiera profundizado más en los aspectos teológicos“, señala Fernando Prado a RC.

En su opinión, el libro del jesuita “cojea” en varias cosas. Primera, que como ha mencionado, echa de menos más profundización teológica sobre la creación y la antropología cristiana y quizás “le faltan matices importantes más allá del sentimiento”.

En segundo lugar, para Fernando Prado, que confiesa en una iglesia cercana al madrileño barrio de Chueca y que conoce a muchos homosexuales y transexuales “hay que diferenciar entre unos y otros. No tienen los mismos problemas un gay que un transexual. La mayoría de los gays hacen vida normal, mientras que el 98% de los transexuales viven en la prostitución y eso requiere una ayuda urgente y especial de la Iglesia y de las instituciones públicas”.

Y en tercer lugar, para el claretiano, el P. Martín hace afirmaciones sin el matiz suficiente sobre la santidad de cientos o miles de sacerdotes gays. “Se trata de una generalización que no se ajusta a la realidad y convendría matizar. Es cierto que muchos curas quieren vivir su vida de una forma correcta y en santidad, pero hay otros muchos que, por desgracia, viven una doble vida. La santidad de una vida no la proclama la Iglesia, si es el caso, no nosotros con nuestras afirmaciones”, subraya.

El Papa, claro y tradicional 

En este sentido, subraya que la Iglesia, además de ofrecer compasión y respeto también debe ayudar. En cualquier caso, asegura que ni el jesuita, ni él, son la voz de la Iglesia en este tema. “El Papa es claro y tradicional en este asunto”, remarca. Y esta claridad del Papa, “parece que no ha gustado a ciertos sectores sociales y ciertos lobbies”.

“Muchos de estos sectores quieren dividir a la Iglesia, tanto en el tema de la homosexualidad como en otros. Y vuelvo a repetir, el Papa habla claro”, subraya Fernando Prado.

La editorial está sorprendida por el interés que ha adquirido la obra, que será traducida incluso al chino. A fecha de hoy, comunica la editorial claretiana, “son al menos catorce sellos editoriales de diferentes países los que han adquirido los derechos de traducción y publicación”.

Sobre el Papa Francisco, Fernando Prado ha dicho que “es un hombre con un sano sentido del humor”. En el transcurso de la conversación, no obstante, “Francisco no rehusó abordar algunas cuestiones candentes y quizá algo incómodas que le fui planteando”. Según Fernando Prado, la conversación tiene un estilo muy vivo y cree que suscitará interés en el lector.

El libro presenta también una serie de consejos para los religiosos a quienes les da una clave fundamental: vivir alegres la propia consagración. “Cuando un joven ve esa alegría, se apunta. Francisco nos quiere alegres a los religiosos, pero también que vivamos nuestra vocación con exigencia”, remarca.

https://religion.elconfidencialdigital.com/articulo/catolicos/fernando-prado-libro-p-james-homosexualidad-falta-teologia/20181211174755026696.html


El maná de cada día, 12.12.18

diciembre 12, 2018

Miércoles de la 2ª semana de Adviento

.
12 de diciembre, Fiesta de la Virgen de Guadalupe, Patrona de México y de toda América Latina:
“La aparición de la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego fue un signo profético de un abrazo, el abrazo de María a todos los habitantes de las vastas tierras americanas, a los que ya estaban allí y a los que llegarían después” (Papa Francisco, 11 dic. 2013)
.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré



PRIMERA LECTURA: Isaías 40, 25-31

«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello?

El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno.

Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?

El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia.

Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.


SALMO 102,1-2.3-4.8.10

Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.


Aclamación antes del Evangelio

Mirad que llega el Señor para salvar a su pueblo; dichosos los que están preparados para salir a su encuentro.

EVANGELIO: Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

.

JESÚS, MODELO DE MANSEDUMBRE

P. Francisco Fernández Carvajal

El texto del profeta Isaías en la Primera lectura de la Misa (1), como el Salmo responsorial (2), nos invitan a contemplar la grandeza de Dios, frente a esa debilidad nuestra que conocemos por la experiencia de repetidas caídas.

Y nos dicen que el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia (3), y quienes esperan en Él renuevan sus fuerzas, les nacen alas como de águila, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse (4).

El Mesías trae a la humanidad un yugo y una carga, pero ese yugo es llevadero porque es liberado y la carga no es pesada, porque Él lleva la parte más dura. Nunca nos agobia el Señor con sus preceptos y mandatos; al contrario, ellos nos hacen más libres y nos facilitan siempre la existencia.

Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré, nos dice Jesús en el Evangelio de la Misa. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera (5).

Se propone a Sí mismo el Señor como modelo de mansedumbre y de humildad, virtudes y actitudes del corazón que irán siempre juntas.

Se dirige Jesús a aquellas gentes que le siguen, maltratadas y abatidas como ovejas sin pastor (6), y se gana su confianza con la mansedumbre de su corazón, siempre acogedor y comprensivo.

La liturgia de Adviento nos propone a Cristo manso y humilde para que vayamos a Él con sencillez, y también para que procuremos imitarle como preparación de la Navidad. Sólo así podremos comprender los sucesos de Belén; sólo así podremos hacer que quienes caminan junto a nosotros nos acompañen hasta el Niño Dios.

A un corazón manso y humilde, como el de Cristo, se abren las almas de par en par. Allí, en su Corazón amabilísimo, encontraban refugio y descanso las multitudes; y también ahora se sienten fuertemente atraídas por Él, y en Él hallan la paz.

El Señor nos ha dicho que aprendamos de Él. La fecundidad de todo apostolado estará siempre muy relacionada con esta virtud de la mansedumbre.

Si observamos de cerca a Jesús, le vemos paciente con los defectos de sus discípulos, y no tendrá inconveniente en repetir una y otra vez las mismas enseñanzas, explicándolas detalladamente, para que sus íntimos, lentos y distraídos, conozcan la doctrina de la salvación.

No se impacienta con sus tosquedades y faltas de correspondencia. Verdaderamente, Jesús, “que es Maestro y Señor nuestro, manso y humilde de corazón, atrajo e invitó pacientemente a sus discípulos” (7).

Imitar a Jesús en su mansedumbre es la medicina para nuestros enfados, impaciencias y faltas de cordialidad y de comprensión. Ese espíritu sereno y acogedor nacerá y crecerá en nosotros en la medida en que tengamos más presencia de Dios y consideremos con más frecuencia la vida de Nuestro Señor.

“Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación, que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo” (8). Especialmente la contemplación de Jesús nos ayudará a no ser altivos y a no impacientarnos ante las contrariedades.

No cometamos el error de pensar que ese “mal carácter” nuestro, manifestado en ocasiones y circunstancias bien determinadas, depende de la forma de ser de quienes nos rodean.

“La paz de nuestro espíritu no depende del buen carácter y benevolencia de los demás. Ese carácter bueno y esa benignidad de nuestros prójimos no están sometidos en modo alguno a nuestro poder y a nuestro arbitrio. Esto sería absurdo.

La tranquilidad de nuestro corazón depende de nosotros mismos. El evitar los efectos ridículos de la ira debe estar en nosotros, y no supeditarlo a la manera de ser de los demás. El poder de superar nuestro mal carácter no ha de depender de la perfección ajena, sino de nuestra virtud” (9).

La mansedumbre se ha de poner especialmente de manifiesto en aquellas circunstancias en las que la convivencia puede resultar más dificultosa.

(1) Cfr. Is 40, 25-31.- (2) Sal 102, 1-2. 8. 10.- (3) Sal 102, 8.- (4) Is 40-31.- (5) Mt 11, 28-30.- (6) Mt 9, 36.- (7) CONC. VAT. II, Decl. Dignitatis humanae, 11.- (8) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 2.- (9) CASIANO, Constituciones, 8.-

http://www.homilética.org

.

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

P. Francisco Fernández Carvajal
.

Nuestra Señora de Guadalupe

— La aparición de la Virgen a Juan Diego.
— Nuestra Señora precede a todo apostolado y prepara las almas.
— La nueva evangelización. El Señor cuenta con nosotros. No desaprovechar las ocasiones.


I. La devoción a la Virgen de Guadalupe en México tiene su origen en los comienzos de su evangelización, cuando los creyentes eran aún muy pocos. Nuestra Señora se apareció en aquellos primeros años a un indio campesino, Juan Diego, y lo envió al Obispo del lugar para manifestarle el deseo de tener un templo dedicado a Ella en una colina próxima, llamada Tepeyac.

Le dijo la Virgen en la primera aparición: «en este santuario le daré a las gentes todo mi amor personal, mi mirada compasiva, mi auxilio, mi salvación: porque Yo, en verdad, soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos los hombres… Allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores»1.

El Obispo del lugar, antes de acceder a esta petición, pidió una señal. Y Juan Diego, por encargo de la Señora de los Cielos, fue a cortar un ramo de rosas, en el mes de diciembre, sobre la árida colina, a más de dos mil metros de altura. Habiendo encontrado, con la consiguiente sorpresa, las rosas, las llevó al Obispo.

Juan Diego extendió su blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores. Y cuando cayeron en el suelo «apareció de repente la Amada Imagen de la Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura que ahora se encuentra»2. Esa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe quedó impresa en la rústica tilma del indio, tejida con fibras vegetales. Representa a la Virgen como una joven mujer de rostro moreno, rodeada por una luz radiante.

María dijo a Juan Diego, y lo repite a todos los cristianos: «¿No estoy Yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás por ventura en mi regazo?». ¿Por qué hemos de temer, si Ella es Madre de Jesús y Madre de los hombres?

Con la aparición de María en el cerro del Tepeyac comenzó en todo el antiguo territorio azteca un movimiento excepcional de conversiones, que se extendió a toda América Centro-Meridional y llegó hasta el lejano archipiélago de Filipinas.

«La Virgen de Guadalupe sigue siendo aún hoy el gran signo de la cercanía de Cristo, al invitar a todos los hombres a entrar en comunión con Él, para tener acceso al Padre. Al mismo tiempo, María es la voz que invita a los hombres a la comunión entre ellos…»3.

La Virgen ha ido siempre por delante en la evangelización de los pueblos. No se entiende el apostolado sin María. Por eso, cuando el Papa, Vicario de Cristo en la tierra, pide a los fieles la recristianización de Europa y del mundo acudimos a Ella para que «indique a la Iglesia los caminos mejores que hay que recorrer para realizar una nueva evangelización.

Le imploramos la gracia de servir a esta causa sublime con renovado espíritu misionero»4. Le suplicamos que nos señale a nosotros el modo de acercar a nuestros amigos a Dios y que Ella misma prepare sus almas para recibir la gracia.


II. «Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas… mira cuán grande es la mies, e intercede junto al Señor para que infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios…»5, que los fieles «caminen por los senderos de una intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas»6. Solo así –con una intensa vida cristiana, con amor y deseos de servir– podremos llevar a cabo esa nueva evangelización en todo el mundo, empezando por los más cercanos.

¡Cuánta mies sin brazos que la recojan!, gentes hambrientas de la verdad que no tienen quienes se la enseñen, personas de todo tipo y condición que desearían acercarse a Dios y no encuentran el camino. Cada uno de nosotros debe ser un indicador claro que señale, con el ejemplo y con la palabra, el camino derecho que, a través de María, termina en Cristo.

De Europa partió la primera llamarada que encendió la fe en el continente americano. ¡Cuántos hombres y mujeres, de razas tan diversas, han encontrado la puerta del Cielo, por la fe heroica y sacrificada de aquellos primeros evangelizadores! La Virgen les fue abriendo camino y, a pesar de las dificultades, con tesón, paciencia y sentido sobrenatural enseñaron por todas partes los misterios más profundos de la fe.

«Ahora nos encontramos en una Europa en la que se hace cada vez más fuerte la tentación del ateísmo y del escepticismo; en la que arraiga una penosa incertidumbre moral con la disgregación de la familia y la degeneración de las costumbres; en la que domina un peligroso conflicto de ideas y movimientos»7.

De estos países que fueron profundamente cristianos, algunos dan la impresión de estar en camino de volver al paganismo del que fueron sacados, muchas veces con la sangre del martirio y siempre con la ayuda eficaz de la Virgen.

Toda una civilización cimentada sobre ideas cristianas parece encontrarse sin recursos para reaccionar. Y desde estas naciones, de donde salió en otros tiempos la luz de la fe para propalarse por todo el mundo, desgraciadamente «se envía al mundo entero la cizaña de un nuevo paganismo»8.

Los cristianos seguimos siendo fermento en medio del mundo. La fuerza de la levadura no ha perdido su vigor en estos veinte siglos, porque es sobrenatural y es siempre joven, nueva y eficaz. Por eso nosotros no nos quedaremos parados, como si nada pudiéramos hacer o como si las dimensiones del mal pudieran ahogar la pequeña simiente que somos cada uno de los que queremos seguir a Cristo.

Si los primeros que llevaron la fe a tantos lugares se hubieran quedado paralizados ante la tarea ingente que se les presentaba, si solo hubieran confiado en sus fuerzas humanas, nada habrían llevado a cabo. El Señor nos alienta continuamente a no quedar rezagados en esta labor, que se presenta «fascinadora desde el punto sobrenatural y humano»9.

Pensemos hoy ante Nuestra Señora de Guadalupe, una vez más, qué estamos haciendo a nuestro alrededor: el interés por acercar a Cristo a nuestros familiares y amigos, si aprovechamos todas las ocasiones, sin dejar ninguna, para hablar con valentía de la fe que llevamos en el corazón, si nos tomamos en serio nuestra propia formación, de la que depende la formación de otros, si prestamos nuestro tiempo, siempre escaso, en catequesis o en otras obras buenas, si colaboramos también económicamente en el sostenimiento de alguna tarea que tenga como fin la mejora sobrenatural y humana de las personas.

No nos debe detener el pensar que en ocasiones es poco lo que tenemos a nuestro alcance, en medio de un trabajo profesional que llena el día y aún le faltan horas. Dios multiplica ese poco; y, además, muchos pocos cambian un país entero.


III. Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a todas las criaturas10. Estas palabras del Señor son actuales en cada época y en todo tiempo, y no excluyen a ningún pueblo o civilización, a ninguna persona. Los Apóstoles recibieron este mandato de Jesucristo, y ahora lo recibimos nosotros.

En un mundo que muchas veces se muestra como pagano en sus costumbres y modos de pensar, «se impone a los cristianos la dulcísima obligación de trabajar para que el mensaje divino de la revelación sea conocido por todos los hombres de cualquier lugar de la tierra»11.

Contamos con la asistencia siempre eficaz del Señor: Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos12.

Dios actúa directamente en el alma de cada persona por medio de la gracia, pero es voluntad del Señor, afirmada en muchos pasajes del Evangelio, que los hombres sean instrumento o vehículo de salvación para los demás hombres. Id, pues, a los caminos, y a cuantos encontréis llamadlos a las bodas13.

Y comenta San Juan Crisóstomo: «Son caminos también todos los conocimientos humanos, como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: id a la salida de todos los caminos, para que llamen a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición»14.

Los mismos viajes, de negocios o de descanso, son ocasiones que Dios pone muchas veces a nuestro alcance para dar a conocer a Cristo15. También los lazos familiares, la enfermedad, una visita de cortesía a casa de unos amigos, una felicitación de Navidad, una carta a un periódico…

«Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación»16.

Nosotros, cada uno, tendríamos que decir con Santa Teresa de Lisieux: «No podré descansar hasta el fin del mundo mientras haya almas que salvar»17. ¿Y cómo vamos a descansar, si además esas almas están en el mismo hogar, en el mismo trabajo, en la misma Facultad, en el vecindario?

Hemos de pedir a la Virgen el deseo vivo y eficaz de ser almas valientes, audaces, atrevidas para sembrar el bien, procurando, sin respetos humanos, que no haya rincones de la sociedad en los que no se conozca a Cristo18.

Es preciso desterrar el pesimismo de pensar que no se puede hacer nada, como si hubiera una predeterminación hacia el mal. Con la gracia del Señor, seremos como la piedra caída en el lago, que produce una onda, y esta otra más grande19, y no para hasta el fin de los tiempos. El Señor da una eficacia sobrenatural a nuestras palabras y obras que nosotros desconocemos la mayor parte de las veces.

Hoy pedimos a Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe que se muestre como Madre compasiva con nosotros, que nos haga anunciadores del Evangelio, que sepamos comprender a todos, participando de sus gozos y esperanzas, de todo lo que inquieta su vida, para que, siendo muy humanos, podamos elevar a nuestros amigos al plano sobrenatural de la fe.

«¡Reina de los Apóstoles! Acepta nuestra prontitud para servir sin reserva a la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos»20.

1 Nican Mopohua, según la traducción de M. Rojas, México 1981, nn. 28-32. — 2 Ibídem, nn. 181-183. — 3 Juan Pablo II, Ángelus 13-XII-1987. — 4 Ibídem. — 5 Cfr. ídem, Oración a la Virgen de Guadalupe, México 27-I-1979. — 6 Ibídem. —7 ídem, Discurso 6-XI-1981. — 8 A. del Portillo, Carta pastoral 25-XII-1985. — 9 Ibídem. — 10 Mc 16, 1. — 11 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 3. — 12 Mt 28, 18. — 13 Mt 22. 9. — 14 San Juan Crisóstomo, en Catena Aurea, vol. III, p. 63. — 15 Cfr. Conc. Vat. II, loc. cit., 14. — 16 Ibídem, 6. — 17 Santa Teresa de Lisieux, Novissima verba, en Obras completas, Monte Carmelo, 5ª ed., Burgos 1980. — 18 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 716. — 19 Cfr. ídem, Camino, n. 831. — 20 Juan Pablo II, Homilía en Guadalupe, 27-I-1979.

http://www.homiletica.org


A %d blogueros les gusta esto: