El maná de cada día, 27.9.16

septiembre 27, 2016

Martes de la 26ª semana de Tiempo Ordinario

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No lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén



PRIMERA LECTURA: Job 3, 1-3. 11-17. 20-23

Job abrió la boca y maldijo su día diciendo:

«¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: “Se ha concebido un varón”!
¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas?
¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar?

Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios.

Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz.
Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos.

¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»


SALMO 87, 2-3. 4-5. 6. 7-8

Llegue hasta ti mi súplica, Señor.

Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia; llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo; ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido.

Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano.

Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo; tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 10, 45

El Hijo del hombre ha venido para servir y a dar su vida en rescate por todos.


EVANGELIO: Lucas 9, 51-56

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?»

Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.


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Del orgullo de no perdonar siempre y todo, líbrame Jesús

Jugamos al falso perdón, cuando decimos que perdonamos pero no olvidamos. No perdonó así el Señor a tantos que se le acercaron pidiéndole un milagro. Tampoco así te perdona el Señor a ti, cada vez que tú reconoces ante Él tus caídas y pecados.

Si no sabes olvidar las ofensas de los demás, es que no has conocido todavía el perdón y la misericordia que Dios te tiene a ti. El rencor y el recuerdo de los agravios ajenos termina endureciendo el alma, hasta llenarla de un descontento e insatisfacción que aleja de Dios y de los demás.

El orgullo nos hace creer que, si no perdonamos el daño que nos hacen, dejamos que el error o el mal que hacen los demás campen a sus anchas. Pero, no pienses que ese mal podrás vencerlo a fuerza de rencor o de venganza.

El Señor pudo utilizar la fuerza de su omnipotencia divina para vencer el pecado y la injusticia de los hombres y, sin embargo, quiso vencer el mal sólo con la mansedumbre y la humildad de la Cruz.

No quieras ir tú por otro camino, ni inventar otros modos de redención más acordes con los torpes esquemas humanos y con los razonamientos de tu soberbia.

El mal se vence con el bien, y el orgullo se destrona sólo a base de mucha humildad.

El verdadero perdón cristiano nada sabe de la avaricia de uno mismo. No excluye la astucia y la sagacidad de las serpientes, pero tampoco la sencillez de las palomas.

Otros podrán aprovecharse y hasta abusar de tu perdón, pero ante tu Padre, que ve en lo escondido, quedará patente esa grandeza de alma que tanto te asemeja a Cristo.

Has de contemplar mucho la Cruz, si quieres que el perdón nazca en ti del poder de Dios, y no del poder de tu voluntarismo. Perdona siempre, todo, porque es la medida que utiliza siempre contigo el corazón de Dios.

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EL PAPA FRANCISCO PREDICA EN SANTA MARTA E INTERPRETA LECTURA DE JOB

Si te sientes triste, deprimido y sin ganas de vivir Papa Francisco dice que hagas esto

Por Álvaro de Juana

VATICANO, 27 Sep. 16 / 05:03 am (ACI).- El Papa Francisco desarrolló la homilía de la Misa de la mañana en la Capilla de la Casa Santa Marta –en la fiesta de San Vicente de Paúl– sobre la primera lectura que cuenta la historia de Job, quien vivía una gran “desolación espiritual” y “había perdido todo”, y ofreció algunos consejos para todo aquel que se siente triste y deprimido.

“La desolación espiritual es algo que nos sucede a todos nosotros: puede ser más fuerte, más débil, pero es un estado del alma oscuro, sin esperanza, cauteloso, que hace no tener ganas de vivir, sin ver el final del túnel, con mucha agitación en el corazón y también en los pensamientos”.

Pero también, “la desolación espiritual nos hace sentir como si tuviésemos el alma dura: falla, falla y no se quiere vivir: ‘¡Es mejor morir’!, añadió el Papa.

Esto mismo es lo que le ocurre a Job, “mejor morir que vivir así”. “Tenemos que entender cuándo nuestro espíritu se encuentra en este estado de tristeza grande, con el que casi no se puede respirar: a todos nos pasa esto. Fuerte o no fuerte, pero a todos nos sucede. Hay que entender qué pasa en nuestro corazón”, aconsejó.

Francisco invitó entonces a preguntarse las razones de esta situación. “Qué debemos hacer cuando vivimos estos momentos oscuros, por una tragedia familiar, una enfermedad, o cualquier cosa que nos lleva a estar hacia abajo”. Quizás –continuó– alguno piensa “tomar una pastilla para dormir”  y huir “de los acontecimientos”, o “tomar dos, tres, cuatro copas de alcohol”. Pero esto “no ayuda”, aseguró el Papa.

En cambio, la liturgia del día “nos hace ver qué hacer con esta desolación espiritual, cuando somos tibios, cuando estamos deprimidos, sin esperanza”.

Francisco reveló que la respuesta está en el salmo 87: “Llegue hasta ti mi oración, Señor”. Por tanto, se necesita orar: “Es una oración de llamar a la puerta, ¡pero con fuerza!”, exclamó. “Señor, estoy harto de aflicciones. Mi vida está al borde del infierno. Estoy entre aquellos que descienden a la fosa, soy como un hombre que no tiene fuerzas”, dijo el Papa.

“Cuántas veces nos sentimos así, sin fuerzas. Esta es la oración. El mismo Señor nos enseña cómo orar en estos momentos tan feos. ‘Señor, me has arrojado a la fosa más profunda. Pesa sobre mí tu furor. Llegue hasta ti mi oración’”.

Francisco dijo de nuevo que “así tenemos que rezar en los momentos más feos, oscuros, de desolación, más duros, que nos endurecen. Esto es orar con autenticidad, es también desahogarse, como ha hecho Job con los hijos. Como un hijo”.

El Pontífice destacó que el personaje de la Biblia vivió también el silencio de los amigos en esta situación. Ante una persona que sufre, “las palabras pueden hacer mal” y por eso lo importante es estar con él, mostrar cariño y “no hacer discursos”.

“Cuando una persona sufre, cuando una persona está en la desolación espiritual se debe hablar lo menos posible y se debe ayudar con el silencio, la cercanía, las caricias, con la oración ante el Padre”.

A continuación, el Santo Padre dijo que se deben hacer tres cosas:

“Primero, reconocer en nosotros momentos de desolación espiritual, cuando estamos en la oscuridad, sin esperanza, y preguntarnos por qué. Segundo, rezar al Señor como lo hace hoy la liturgia con este salmo 87 que nos enseña a orar en el momento de oscuridad”, prosiguió el Papa.

“Y tercero, cuando yo me acerco a una persona que sufre, sea por una enfermedad, por cualquier sufrimiento, pero que está en la desolación, silencio; pero silencio con mucho amor, cercanía, con caricias. Y no hacer discursos que al final no ayudan e incluso hacen mal”.

Francisco concluyó orando a Dios “para que nos dé estas tres gracias: la gracia de reconocer la desolación espiritual, la gracia de orar cuando seamos sometidos a este estado, y también la gracia de saber acompañar a las personas que sufren momentos feos de tristeza y de desolación espiritual”.

Lectura y salmo comentados por el Papa

Job 3:1-3, 11-17, 20-23
1 Después de esto, abrió Job la boca y maldijo su día.
2 Tomó Job la palabra y dijo:
3 ¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!»
11 ¿Por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre?
12 ¿Por qué me acogieron dos rodillas? ¿por qué hubo dos pechos para que mamara?
13 Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz,
14 con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades;
15 o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas.
16 O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz.
17 Allí acaba la agitación de los malvados, allí descansan los exhaustos.
20 ¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma,
21 a los que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda más que por un tesoro,
22 a los que se alegran ante el túmulo y exultan cuando alcanzan la tumba,
23 a un hombre que ve cerrado su camino, y a quien Dios tiene cercado?

Salmo responsorial

Salmo 88:2-8
2 Yahveh, Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche;
3 llegue hasta ti mi súplica, presta oído a mi clamor.
4 Porque mi alma de males está ahíta, y mi vida está al borde del seol;
5 contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado:
6 relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano.
7 Me has echado en lo profundo de la fosa, en las tinieblas, en los abismos;
8 sobre mí pesa tu furor, con todas tus olas me hundes.


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El maná de cada día, 26.9.16

septiembre 26, 2016

Lunes de la 26ª Semana del Tiempo Ordinario

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El más pequeño de vosotros es el más importante



PRIMERA LECTURA: Job 1, 6-22

Un día, fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás.

El Señor le preguntó: «¿De dónde vienes?»

Él respondió: «De dar vueltas por la tierra.»

El Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal.»

Satanás le respondió: «¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara.»

El Señor le dijo: «Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques.»
Y Satanás se marchó.

Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: «Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a ¡os mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: «Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo.»

Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor.»

A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.


SALMO 16, 1.2-3.6-7

Inclina el oído y escucha mis palabras.

Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño.

Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha.


ALELUYA: Mc 10,45

Jesucristo vino a servir y a dar la vida por la salvación de todos.


EVANGELIO: Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.

Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»

Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»

Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»


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26 de septiembre
San Cosme y san Damián, mártires

Una tradición muy antigua atestigua la existencia de su sepulcro en Ciro (Siria), donde se erigió asimismo una basílica en su honor. Desde allí, su culto pasó a Roma y, más tarde, se propagó por toda la Iglesia.

Preciosa es la muerte de los mártires,
comprada con el precio de la muerte de Cristo

De los sermones de san Agustín, obispo

Por los hechos tan excelsos de los santos mártires, en los que florece la Iglesia por todas partes, comprobamos con nuestros propios ojos cuán verdad sea aquello que hemos cantado: Mucho le place al Señor la muerte de sus fieles, pues nos place a nosotros y a aquel en cuyo honor ha sido ofrecida.

Pero el precio de todas estas muertes es la muerte de uno solo. ¿Cuántas muertes no habrá comprado la muerte única de aquel sin cuya muerte no se hubieran multiplicado los granos de trigo? Habéis escuchado sus palabras cuando se acercaba al momento de nuestra redención: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

En la cruz se realizó un excelso trueque: allí se liquidó toda nuestra deuda, cuando del costado de Cristo, traspasado por la lanza del soldado, manó la sangre, que fue el precio de todo el mundo.

Fueron comprados los fieles y los mártires: pero la fe de los mártires ha sido ya comprobada; su sangre es testimonio de ello. Lo que se les confió, lo han devuelto, y han realizado así aquello que afirma Juan: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

Y también, en otro lugar, se afirma: Has sido invitado a un gran banquete: considera atentamente qué manjares te ofrecen, pues también tú debes preparar lo que a ti te han ofrecido. Es realmente sublime el banquete donde se sirve, como alimento, el mismo Señor que invita al banquete. Nadie, en efecto, alimenta de sí mismo a los que invita, pero el Señor Jesucristo ha hecho precisamente esto: él, que es quien invita, se da a sí mismo como comida y bebida. Y los mártires, entendiendo bien lo que habían comido y bebido, devolvieron al Señor lo mismo que de él habían recibido.

Pero, ¿cómo podrían devolver tales dones si no fuera por concesión de aquel que fue el primero en concedérselos? ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación.

¿De qué copa se trata? Sin duda de la copa de la pasión, copa amarga y saludable, copa que debe beber primero el médico para quitar las aprensiones del enfermo. Es ésta la copa: la reconocemos por las palabras de Cristo, cuando dice: Padre, si es posible, que se aleje de mi ese cáliz.

De este mismo cáliz, afirmaron, pues, los mártires: Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. «¿Tienes miedo de no poder resistir?» «No», dice el mártir. «¿Por qué?» «Porque he invocado el nombre del Señor». ¿Cómo podrían haber triunfado los mártires si en ellos no hubiera vencido aquel que afirmó: Tened valor: yo he vencido al mundo? El que reina en el cielo regía la mente y la lengua de sus mártires, y por medio de ellos, en la tierra, vencía al diablo y, en el cielo, coronaba a sus mártires. ¡Dichosos los que así bebieron este cáliz! Se acabaron los dolores y han recibido el honor.

Oración

Proclamamos, Señor, tu grandeza al celebrar la memoria de tus mártires Cosme y Damián, porque a ellos les diste el premio de la gloria y a nosotros nos proteges con tu maravillosa providencia. Por nuestro Señor Jesucristo.


El maná de cada día, 25.9.16

septiembre 24, 2016

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Antífona de entrada: Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42

Lo que has hecho con nosotros, Señor, es un castigo merecido, porque hemos pecado contra ti y no pusimos por obra lo que nos habías mandado; pero da gloria a tu nombre y trátanos según tu abundante misericordia.


Oración colecta

Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia, derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Amós 6, 1a.4-7

Así dice el Señor todopoderoso: «¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaría!

Os acostáis en lechos de marfil; arrellenados en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José.

Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgía de los disolutos.»



SALMO 145, 7.8-9a.9bc-10

Alaba, alma mía, al Señor.

Él mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.


SEGUNDA LECTURA: Timoteo 6, 11-16

Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos.

En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión:

te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.

A él honor e imperio eterno. Amén.


Aclamación antes del Evangelio: 2 Co 8, 9

Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza.


EVANGELIO: Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.

Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.”

Pero Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.”

El rico insistió: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.”

Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.”

El rico contestó: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.”

Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»


Antífona de comunión: Sal 118, 49-50

Recuerda la palabra que diste a tu siervo, Señor, de la que hiciste mi esperanza. Este es mi consuelo en la aflicción.


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Un hombre rico vestía de púrpura y lino

P. Raniero Cantalamessa/Homilética.org

El tema principal que hay que sacar a la luz, a propósito de la parábola del rico epulón que se lee en el Evangelio del próximo domingo, es su actualidad, esto es, cómo la situación se repite hoy, entre nosotros, tanto a nivel mundial como a nivel local.

A nivel mundial los dos personajes son los dos hemisferios: el rico epulón representa el hemisferio norte (Europa occidental, América, Japón); el pobre Lázaro, con pocas excepciones, el hemisferio sur. Dos personajes, dos mundos: el primer mundo y el «tercer mundo».

Dos mundos de desigual tamaño: el que llamamos «tercer mundo» representa de hecho «dos tercios del mundo». Se está afirmando la costumbre de llamarlo precisamente así: no «tercer mundo» (third world), sino «dos tercios del mundo» (two-third world).

El mismo contraste entre el rico epulón y el pobre Lázaro se repite dentro de cada una de las dos agrupaciones.

Hay ricos epulones que viven codo a codo con pobres Lázaros en los países del tercer mundo (aquí, de hecho, su lujo solitario resulta todavía más estridente en medio de la miseria general de las masas), y hay pobres Lázaros que viven codo a codo con ricos epulones en los países del primer mundo.

En todas las sociedades llamadas «del bienestar» algunas personas del espectáculo, del deporte, del sector financiero, de la industria, del comercio, cuentan sus ingresos y sus contratos de trabajo sólo en miles de millones (hoy en millones de euros), y todo esto ante la mirada de millones de personas que no saben cómo llegar con su escuálido sueldo o subsidio de desempleo a pagar el alquiler, las medicinas, los estudios de sus hijos.

La cosa más odiosa, en la historia relatada por Jesús, es la ostentación del rico, que éste haga alarde de su riqueza sin miramiento hacia el pobre. Su lujo se manifestaba sobre todo en dos ámbitos, la comida y la ropa: el rico celebraba opíparos banquetes y vestía de púrpura y lino, que eran, en aquel tiempo, telas de rey.

El contraste no existe sólo entre quien revienta de comida y quien muere de hambre, sino también entre quien cambia de ropa a diario y quien no tiene un harapo que ponerse. Aquí, en un desfile de modas, se presentó una vez un vestido hecho de láminas de oro; costaba mil millones de las antiguas liras.

Tenemos que decirlo sin reticencias: el éxito mundial de la moda italiana y el negocio que determina nos han afectado; ya no prestamos atención a nada. Todo lo que se hace en este sector, también los excesos más evidentes, gozan de una especie de trato especial.

Los desfiles de moda que en ciertos períodos llenan los telediarios vespertinos a costa de noticias mucho más importantes, son como representaciones escénicas de la parábola del rico epulón.

Pero hasta aquí no hay, en el fondo, nada de nuevo. La novedad y aspecto único de la denuncia evangélica depende del todo desde el punto de vista de observación del suceso.

Todo, en la parábola del rico epulón, se contempla retrospectivamente, desde el epílogo de la historia: «Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado».

Si se quisiera llevar la historia a la pantalla, bien se podría partir (como se hace frecuentemente en las películas) de este final de ultratumba y mostrar toda la historia en flashback.

Se han hecho muchas denuncias similares de la riqueza y del lujo a lo largo de los siglos, pero hoy todas suenan retóricas o superficiales, pietistas o anacrónicas. Esta denuncia, después de dos mil años, conserva intacta su carga negativa.

El motivo es que quien la pronuncia no es un hombre que esté de parte de ricos o pobres, sino uno que está por encima de las partes y se preocupa tanto de los ricos como de los pobres, incluso tal vez más de los primeros que de los segundos (¡a estos les sabe menos expuestos al peligro!).

La parábola del rico epulón no se sugiere por el hastío hacia los ricos o por el deseo de ocupar su lugar, como tantas denuncias humanas, sino por una preocupación sincera de su salvación. Dios quiere salvar a los ricos de su riqueza.


El maná de cada día, 24.9.16

septiembre 24, 2016

Sábado de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

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Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

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PRIMERA LECTURA: Eclesiastés 11, 9–12,8

Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón, de lo que atrae a los ojos; y sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo. Rechaza las penas del corazón y rehuye los dolores del cuerpo: niñez y juventud son efímeras.

Acuérdate de tu Hacedor durante tu juventud, antes de que lleguen los días aciagos y alcances los años en que dirás: «No les saco gusto.» Antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y a la lluvia siga el nublado.

Ese día temblarán los guardianes de casa y los robustos se encorvarán, las que muelen serán pocas y se pararán, las que miran por las ventanas se ofuscarán, las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino se apagará, se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán callando, darán miedo las alturas y rondarán los terrores.

Cuando florezca el almendro, y se arrastre la langosta, y no dé gusto la alcaparra, porque el hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles. Antes de que se rompa el hilo de planta, y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente, y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva a Dios, que lo dio.

Vanidad de vanidades, dice Qohelet, todo es vanidad.


SALMO 89, 3-4.5-6.12-13.14.17

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.


Aclamación antes del Evangelio: 2Tm 1, 10

Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio.


EVANGELIO: Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos: «Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.»

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.


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MIRAR AL CIELO

Nos cuesta mucho pensar en el «más allá», quizá porque no vivimos el «más acá» con un verdadero sentido trascendente. Estamos pegados a las cosas, a nuestras ambiciones, a nuestras necesidades, como si fueran la única razón, o la más importante, de nuestra existencia, buscando sustitutivos que nos motiven, aunque sepamos que nunca nos darán la felicidad plena que buscamos.

Muchas veces habla Jesús del Cielo. Incluso levanta los ojos para implorar al Padre, cuando le da gracias, cuando realiza un milagro, cuando busca la intercesión del Todopoderoso para que cuide a esos discípulos que deja en el mundo. Todos esos momentos tienen sentido en ese hogar definitivo que es el Cielo.

Las Bienaventuranzas, por ejemplo, alcanzan su plenitud cuando, después de relatar los innumerables condicionamientos a los que estamos sujetos en esta tierra de sinsabores y limitaciones, anuncia que todo sufrimiento presente se transformará en un derroche de felicidad y una diche eterna, cuando lleguemos allá, a la patria del consuelo: el Cielo.

Sí, nos cuesta mirar a lo alto. No es una invitación a evadirnos de la desabrida realidad, sino a darle su pleno y verdadero sentido.

Nuestra vida ha de levantarse teniendo los pies firmes en el suelo y el corazón abierto, de par en par, a la misericordia de Dios. Él nos convida a rectificar constantemente nuestra intención, sabiendo que la esperanza, además de virtud cristiana, es el alimento permanente que nos sitúa en lo que somos: hijos de un Dios que busca nuestra salvación eterna. Has de desear y gustar el Cielo, ya ahora, aun en medio de tus sinsabores y disgustos, pues sólo la Cruz es camino hacia la Gloria.

La vida nos ha de ir acostumbrando a esa gloria que nos espera para siempre junto a Dios.

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Ntra. Sra. de la Merced

 

24 de septiembre
Nuestra Señora de la Merced

Nuestra Madre Santa María, eficaz intercesora para librarnos de todas las ataduras

P. Francisco Fernández Carvajal

Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres1.

A la Virgen Santísima se la venera con el título de la Merced en muchos lugares de Aragón, Cataluña y del resto de España y de América latina. Bajo esta advocación nació una Orden religiosa, que tuvo como misión rescatar cautivos cristianos en poder de los musulmanes. «Todos los símbolos de las imágenes de la Merced nos recuerdan su función liberadora: cadenas rotas y grilletes abiertos, como sus brazos y manos extendidas ofreciendo la libertad…, su Hijo Redentor»2. Hoy, la Orden dedica sus afanes principalmente a librar a las almas de los cristianos de las cadenas del pecado, más fuertes y más duras que las de la peor de las prisiones.

En la fiesta de nuestra Madre, debemos acordarnos de nuestros hermanos que de diferentes modos sufren cautiverio o son marginados a causa de su fe, o padecen en un ambiente hostil a sus creencias. Se trata en ocasiones de una persecución sin sangre, la de la calumnia y la maledicencia, que los cristianos tuvieron ya ocasión de conocer desde los orígenes de la Iglesia y que no es extraña en nuestros días, incluso en países de fuerte tradición cristiana.

Dios padece, también hoy, en sus miembros. Naturalmente, «no llora en los cielos, donde habita en una luz inaccesible y donde goza eternamente de una felicidad infinita. Dios llora en la tierra. Las lágrimas se deslizan ininterrumpidamente por el rostro divino de Jesús, que, aun siendo uno con el Padre celestial, aquí en la tierra sobrevive y sufre (…). Y las lágrimas de Cristo son lágrimas de Dios.

»De este modo, Dios llora en todos los afligidos, en todos los que sufren, en todos los que lloran en nuestro tiempo. No podemos amarlo si no enjugamos sus lágrimas»3. La Pasión de Cristo, en cierto modo, continúa en nuestros días. Sigue pasando con la Cruz a cuestas por nuestras calles y plazas. Y nosotros no podemos quedar indiferentes, como meros espectadores.

Hemos de tener un corazón misericordioso para todos aquellos que sufren la enfermedad o se encuentran necesitados. Debemos pedir unidos en la Comunión de los Santos por todos aquellos que de algún modo sufren a causa de su fe, para que sean fuertes y den testimonio de Cristo. Y de modo muy particular hemos de vivir la misericordia con aquellos que experimentan el mayor de los males y de las opresiones: la del pecado.

1 Antífona de entrada. Lc 1, 46. 54-55. — 2 A. Vázquez, Santa María de la Merced, Madrid 1988, p. 86. — 3 W. Van Straten, Dios llora en la tierra, BAC, 5.ª ed., Madrid 1981, pp. 7-8.

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El maná de cada día, 23.9.16

septiembre 23, 2016

Viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

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Tiempo para Dios, el más importante

Tiempo para Dios, el más importante



PRIMERA LECTURA: Eclesiastés 3,1 -11

Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol:

tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz.

¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.


SALMO 143, 1a.2abc.3-4

Bendito el Señor, mi Roca

Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo, mi escudo y mi refugio.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 10, 45

El Hijo del hombre ha venido para servir y a dar su vida en rescate por todos.


EVANGELIO: Lucas 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»


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¿CUÁNTO TIEMPO LE DEDICO A DIOS?

Sería bueno acabar cada jornada preguntándonos, en nuestro examen del día, cuánto tiempo hemos dedicado a Dios. Compara cuánto tiempo dedicas cada día al trabajo, al descanso, a los amigos, a la familia, a tus asuntos, y cuánto tiempo dedicas, también cada día, a Dios, al apostolado, a los demás.

Solemos dar la prioridad a las cosas urgentes, que pocas veces son las cosas de Dios, porque vivimos en un permanente estado de egocentrismo. Nos esforzamos, a veces, por hacer un hueco a nuestra oración diaria, o a la Eucaristía, pero tan apretado y ajustado que más parece que lo hacemos por obligación que por amor. Y, por la noche, estamos tan cansados y es tan tarde, que ni siquiera nos acordamos de ofrecer al Señor ni los últimos momentos del día ni el descanso de la noche.

Cuántas jornadas dejamos pasar, llenas de cosas y actividades en las que no ha estado Dios presente. Las adornamos, sí, con unas cuantas oraciones rezadas quizá rutinariamente, pero se acaban, una y otra vez, vacías de lo más esencial: Dios.

Y, sin darnos cuenta, se va ensanchando la distancia entre nuestra vida y nuestra fe, entre nuestro día a día, embarrado en el tráfago del activismo, y ese Dios que no se cansa de esperarte a la puerta de cada jornada.

Dios no se merece sólo unos minutos. A Él hay que dárselo todo. Todo el día debería ser para Él, porque “en Él vivimos, nos movemos y existimos”. Un corazón cumplidor y medidor se contenta con medir el amor por minutos. El corazón de Dios, en cambio, no mide, se entrega. Has de ir educando el sentido sobrenatural de las cosas y personas, para ir sazonando con el sabor de lo divino ese día a día sin Dios, en el que vives enredado y desperdigado.

Tu fe se vuelve insípida y estéril, si no empapas con ella cada instante de tus jornadas, y tus jornadas serán semillas vanas, si no están fuertemente arraigadas en la tierra del amor y de la presencia de Dios. El tiempo no es tuyo, es de Dios; no lo malgastes en infidelidades y mediocridades, pues es un talento precioso llamado a fructificar en obras y en vida interior.

www.mater-dei.es

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El Vaticano estrena la secretaría de Comunicación más avanzada del mundo

septiembre 22, 2016

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Dario Edoardo Viganò, un sacerdote milanés, Director de la Secretaría de Comunión

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El Vaticano estrena la secretaría de Comunicación más avanzada del mundo

Un portal único multimedia integrará la «galaxia» de la Oficina de Prensa, la Radio Vaticana, L’Osservatore Romano y la editorial

Por Juan Vicente Boo/ABC

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El Vaticano, que fue pionero en las emisiones de radio gracias al trabajo del mismísimo Guillermo Marconi, acaba de dotarse de una estructura multimedia unificada y avanzada para el siglo XXI, que ha entrado en vigor este jueves con la publicación de los estatutos de la Secretaría de Comunicación, dirigida por su prefecto, Dario Edoardo Viganò, un sacerdote milanés de 54 años, experto en cinematografía y profesor en la Pontificia Universidad Lateranense.

En un encuentro con periodistas italianos, el Santo Padre ha afirmado que «ante los cambios en el mundo de los medios, la Santa Sede está realizando una renovación del sistema comunicativo de la que os beneficiaréis: la Secretaría de Comunicación será el cauce natural para vuestro valioso trabajo».

El Papa Francisco, que es un gran comunicador, ha supervisado personalmente el trabajo realizado a lo largo de quince meses por un equipo muy amplio de directores de medios, juristas, expertos en comunicación y consultores externos coordinado por monseñor Viganó con el apoyo de la secretaría de Estado y en contacto directo con el consejo de nueve cardenales que asesoran al Papa.

La operación de unificar la «galaxia de medios» del Vaticano era más compleja y afecta a muchas más personas que la reforma de las estructuras económicas llevada a cabo hace dos años, pero se ha llevado a cabo con una gran suavidad. Se pasa de los «reinos de taifas» al portal único prácticamente sin hacer ruido.

Como ha sido una verdadera «tarea de Hércules», el ambiente que se respira en la secretaría de Comunicación es de agradecimiento a la secretaría de Estado, a los redactores de los nuevos estatutos, al Pontificio Consejo de Textos Legislativos y a los directores de los nueve medios de comunicación independientes hasta ahora, pues se ha conseguido llegar, paso a paso, a una estructura muy sólida, capaz de funcionar con eficacia a largo plazo.

El reajuste afecta nada menos que a 600 profesionales de la comunicación, que trabajan para la Radio Vaticana (creada en 1931), L’Osservatore Romano (nacido en 1861), la Librería Editorial Vaticana (que viene nada menos que de 1587), el Centro Televisivo Vaticano, el Servicio Fotográfico, el servicio de Internet, etc.

Cada una de esas entidades funcionaba por separado, con su propio personal, su propio estilo y su propio tipo de contratos. A ellas se han sumado recientemente las redes sociales, otra especialidad del Papa Francisco, que el pasado mes de julio superó los 30 millones de seguidores en Twitter y goza de la mayor reputación en Internet.

Como la mayor parte de estas 600 personas -el 12 por ciento de la plantilla total del Vaticano- son padres y madres de familia que dedican sus mejores esfuerzos a difundir en último término el mensaje del Papa, no habrá despidos sino recapacitación profesional muy intensa en las nuevas áreas de actividad.

Cinco departamentos

Los estatutos publicados hoy encomiendan a la secretaría de Comunicación «unificar todas las entidades de comunicación de la Santa Sede para que todo el sistema responda de modo coherente a las necesidades de la misión evangelizadora de la Iglesia».

La secretaría de Comunicación queda estructurada en cinco departamentos: Dirección de Asuntos Generales, Dirección Editorial, Dirección de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Dirección Tecnológica y Dirección Teológica-Pastoral.

El «corazón» del nuevo organismo es su Consejo de 12 personas, presidido por el prefecto, Dario Edoardo Viganò, e integrado por el «número dos» del departamento junto con los cinco directores y cinco subdirectores de cada departamento.

El más conocido para el gran público es, naturalmente, la Oficina de Prensa de la Santa Sede que, desde el pasado mes de julio, tiene como director al periodista norteamericano Greg Burke y como subdirectora a la periodista española Paloma García Ovejero.

La ex corresponsal de la COPE no es la única mujer en los niveles altos, pues la responsabilidad de la Dirección Teológico-Pastoral fue encomendada hace unos meses a la teóloga eslovena Natasa Govekar, especialista en misionología y comunicación de la fe a través de imágenes.

Modelo multimedia

Además de los directivos, la secretaría de Comunicación cuenta, como todos los dicasterios del Vaticano, con miembros y consultores de todo el mundo, entre los que hay eclesiásticos y laicos de gran valía profesional.

En estos quince meses de «ensamblaje» del nuevo organismo y elaboración de sus estatutos, el prefecto Vigaò ha coordinado un centenar y medio de reuniones con más de 400 personas hasta llegar, poco a poco, a un modelo multimedia que integra la actividad de todos los periodistas y técnicos en un portal informativo único con todos los formatos de la comunicación –textos, fotografías, radio, video, etc.- en los cuarenta idiomas utilizados hasta ahora por la Radio Vaticana.

Aparte del reajuste organizativo, monseñor Viganò ha adelantado un cambio de mentalidad «para asumir una perspectiva que yo llamo ‘user first’, es decir, dejar de mirar el propio ombligo con la seguridad de que los demás nos escuchan y nos miran. La actitud será buscar a nuestros interlocutores y escucharlos: escuchar sus preguntas, entender el modo en que usan los medios -hoy el 85 por ciento es ya en movilidad-, dejando atrás la arrogancia de una comunicación unidireccional».

Si todo va bien, el nuevo portal único entrará en funcionamiento hacia fin de año y facilitará a millones de personas de todo el mundo encontrar con facilidad las noticias del Papa y del Vaticano en el propio idioma y en el soporte elegido: ordenador, tableta, teléfono móvil, etc.

De ese modo, el presupuesto anual que ronda en torno a los 70 millones de euros, consumidos hasta ahora sobre todo por la radio y el diario, podrá dedicarse más equilibradamente a servicios multimedia en Internet y redes sociales, las áreas en donde crece la audiencia. Y las únicas que permiten llegar con eficacia a la próxima generación de ciudadanos de todo el planeta.

Juan Vicente Boo/ABC

El Vaticano estrena la secretaría de Comunicación más avanzada del mundo

Fecha de Publicación: 22 de Septiembre de 2016

 


El maná de cada día, 22.9.16

septiembre 22, 2016

Jueves de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

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Querer ver a Jesús



PRIMERA LECTURA: Eclesiastés 1,2-11

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol?

Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre está quieta. Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento. Todos los ríos caminan al mar, y el mar no se llena; llegados al sitio adonde caminan, desde allí vuelven a caminar.

Todas las cosas cansan y nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver ni se hartan los oídos de oír. Lo que pasó, eso pasará; lo que sucedió, eso sucederá: nada hay nuevo bajo el sol.

Si de algo se dice: «Mira, esto es nuevo», ya sucedió en otros tiempos mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores.


SALMO 89,

3-4.5-6.12-13.14.17

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 6

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida -dice el Señor-; nadie va al Padre sino por mí.


EVANGELIO: Lucas 9, 7-9

En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía: «A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?» Y tenía ganas de ver a Jesús.


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QUERER VER A JESUS

P. Francisco Fernández Carvajal

La Santísima Humanidad del Señor, fuente de amor y de fortaleza.

Quien busca, halla13. La Virgen y San José buscaron a Jesús durante tres días, y lo encontraron14. Zaqueo, que también deseaba verlo, puso los medios y el Maestro se le adelantó invitándose a su casa15. Las multitudes que salieron en su busca tuvieron luego la dicha de estar con Él16.

Nadie que de verdad haya buscado a Cristo ha quedado defraudado. Herodes, como se verá más tarde en la Pasión, solo trataba de ver al Señor por curiosidad, por capricho…, y así no se le encuentra. Cuando se lo remitió Pilato, al ver a Jesús, se alegró mucho, pues deseaba verlo hacía mucho tiempo, porque había oído muchas cosas acerca de Él y esperaba verle hacer algún milagro. Le preguntó con muchas palabras, pero Él no le respondió nada17.

Jesús no le dijo nada, porque el Amor nada tiene que decir ante la frivolidad. Él viene a nuestro encuentro para que nos entreguemos, para que correspondamos a su Amor infinito.

A Jesús, presente en el Sagrario, ¡y tan cercano a nuestras vidas!, le vemos cuando deseamos purificar el alma en el sacramento de la Confesión, cuando no dejamos que los bienes pasajeros –incluso los lícitos– llenen nuestro corazón como si fueran definitivos, pues –como enseña San Agustín– «el amor a las sombras hace a los ojos del alma más débiles e incapaces para llegar a ver el rostro de Dios.

Por eso, el hombre mientras más gusto da a su debilidad más se introduce en la oscuridad»18.

Vultum tuum, Domine, requiram..., buscaré, Señor, tu rostro… La contemplación de la Humanidad Santísima del Señor es inagotable fuente de amor y de fortaleza en medio de las dificultades de la vida. Muchas veces nos acercaremos a las escenas del Evangelio; consideraremos despacio que el mismo Jesús de Betania, de Cafarnaún, el que recibe bien a todos… es el que tenemos, quizá a pocos metros, en el Sagrario.

En otras ocasiones nos servirán las imágenes que lo representan para tener como un recuerdo vivo de su presencia, como hicieron los santos. «Entrando un día en el oratorio –escribe Santa Teresa de Jesús–, vi una imagen que habían traído allí a guardar (…).

Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle»19.

Este amor, que de alguna manera necesita nutrirse de los sentidos, es fortaleza para la vida y un enorme bien para el alma. ¡Qué cosa más natural que buscar en un retrato, en una imagen, el rostro de quien tanto se ama! La misma Santa exclamaba: «¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran, holgáranse de ver su retrato, como acá aun da contento ver el de quien se quiere bien»20.

13 Mt 7, 8. — 14 Cfr. Lc 2, 48. — 15 Cfr. Lc 19, 1 ss. — 16 Cfr. Lc 6, 9 ss. — 17 Lc 23, 8-9. — 18 San Agustín, Del libre albedrío, 1, 16, 43. — 19 Santa Teresa, Vida, 9, 1. — 20 Ibídem, 6.

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