El maná de cada día, 15.10.18

octubre 15, 2018

Lunes de la 28ª semana de Tiempo Ordinario

Santa Teresa de Ávila

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Quinto día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Manos al cielo

Cristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado



PRIMERA LECTURA: Gálatas 4, 22-24. 26-27. 31-5, 1

Hermanos:

En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios.

Esto tiene un significado: Las dos mujeres representan dos alianzas.

Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí.

La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura: «Alégrate, estéril, que no das a luz, rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el marido.»

Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre.

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.

Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.


SALMO 112, 1-2. 3-4. 5-7

Bendito sea el nombre del Señor por siempre.

Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.

De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO: Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:

«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»


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Recuerda con agradecimiento tu Bautismo

Nos acostumbramos con tanta facilidad a los dones de Dios que podemos llegar a olvidar que vivimos en ellos y de ellos. Nos llegan de forma tan habitual, tan sencilla, tan imperceptible, que nuestra mirada superficial nos hace creer que, en realidad, no son tan reales como decimos.

Continuamente estamos respirando sin que nos paremos a considerar la importancia que tiene para nuestra vida un acto tan mecánico y sencillo como es inspirar el aire exterior en nuestros pulmones. Algo así pasa con nuestro bautismo, sin el que el alma ni siquiera podría respirar la vida divina de Dios.

Piensa que, por tu bautismo, fuiste arrancado del reino y del poder del maligno y consagrado para siempre a Dios, fuiste hecho hijo en el Hijo, fuiste consagrado como templo del Espíritu Santo, fuiste hecho sacerdote y liturgo para ofrecer a Dios el culto de tu propia vida, fuiste unido como miembro a la cabeza en un cuerpo místico que es la Iglesia Madre, fuiste sentado a la mesa de los hijos para participar en el banquete de esta vida divina que corre por las venas de tu alma.

Piensa que el mayor de todos los males o el mayor cúmulo de desgracias, tragedias y condenaciones que pudieran acaecerte en tu vida es muy poco, o incluso nada, en comparación con el mal infinitamente más grave del que te salva el bautismo.

Aviva, con delicada gratitud y veneración, la gracia de ese insondable misterio de Dios que te comunicó tu bautismo y cuya huella indeleble nada ni nadie te pueden quitar.

Aviva esa presencia activa y viva del Espíritu Santo que recibiste en el bautismo y cuyos dinamismos van imprimiendo en ti, de forma cada vez más nítida y transparente, la imagen, el rostro, la forma de ese Cristo en quien fuiste sepultado y crucificado una vez para siempre.

Tu bautismo es un don, pero también una tarea. Vive ese don con la responsabilidad grave de quien guarda en sus manos un talento único y precioso. Vive tu bautismo con coherencia y unidad de vida, para que en ella irradies la belleza y el atractivo de esa gracia bautismal que tanto te asemeja a tu Dios.

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15 de octubre
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

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Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios

Nace Teresa en Ávila el 28 de marzo de 1515. A los dieciocho años, entra en el Carmelo. A los cuarenta y cinco años, para responder a las gracias extraordinarias del Señor, emprende una nueva vida cuya divisa será: «O sufrir o morir».

Es entonces cuando funda el convento de San José de Ávila, primero de los quince Carmelos que establecerá en España. Con san Juan de la Cruz, introdujo la gran reforma carmelitana.

Sus escritos son un modelo seguro en los caminos de la plegaria y de la perfección. Murió en Alba de Tormes, al anochecer del 4 de octubre de 1582. Pablo VI la declaró doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.

ACORDÉMONOS DEL AMOR DE CRISTO

Del Libro de su vida, de santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

Con tan buen amigo presente –nuestro Señor Jesucris­to–, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Hu­manidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.

Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majes­tad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros.

Este Señor nuestro es por quien nos vie­nen todos los bienes. Él lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.

¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí.

Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús­, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.

Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.

Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor.

Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón de este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.
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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (5)

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Catequista y mensajera de paz

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día quinto:

Magdalena, colaboradora eficaz de los misioneros.

Magdalena es desde el principio el brazo derecho de los padres Francisco y Vicente. Vive en su casa, formando una familia, les sirve con amor casto y se une a sus rezos. Es el enlace de los padres con los cristianos. Los conduce de noche a casa de de los enfermos y moribundos, o de los que tienen necesidad de sacramentos. Su buena formación religiosa, su natural simpatía, su ardiente amor a Cristo, su afán por dar a conocer a su Amado, le convierten en una catequista sin igual, en una mensajera de paz.

Su vida y la vida de los padres, no está exenta de peligros, sino todo lo contrario. Son tiempos de persecución, y de martirio de cuantos caen en las manos de los esbirros de los gobernadores de Nagasaki. Los padres y la misma Magdalena se ven envueltos en continuos peligros. Cambian continuamente de casa y no saben dónde poner los pies.

En 1626, deciden separarse los padres: Francisco va al norte del Japón; Vicente queda en Nagasaki. Y junto a él, Magdalena. Y con él continúa su misión de apostolado. El abundante trabajo y la desolación que se abate sobre los cristianos no logran abatir el ánimo de Magdalena y de su padre espiritual.

El 8 de septiembre de 1628 Magdalena asiste a un nuevo espectáculo horrible: plantada una hilera de 12 columnas rodeadas de leña húmeda, atan en ellas a otros tantos cristianos. Delante de las columnas, otra hilera de 12 víctimas. A un golpe de espada, las cabezas ensangrentadas caen a los pies de los que después son quemados vivos.

En estas circunstancias, hay cabezas de familia, que momentáneamente reniegan de la fe. Pero pronto, bajo la acción de los misioneros y catequistas, la proclaman de nuevo. Es ésta la principal ocupación de Magdalena. Conoce a todos los cristianos y todos la respetan. Recorre ansiosa los hogares, anima a los caídos a levantarse, les echa en cara su traición, les hace ver la brevedad de la vida, la gloria que les espera si perseveran en la fe aun a costa de su sangre. Sus palabras son fuego que encienden los ánimos, y a la vez bálsamo que cura las heridas e infunde fuerza y serenidad.

El padre Francisco vuelve a Nagasaki, y los dos misioneros, con la preciosa ayuda de la incansable Magdalena, logran sostener a la dispersa cristiandad de Nagasaki. Atraen, además, a cientos, a terciarios y cofrades de la correa de la Consolación.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por el aumento y perseverancia de los catequistas, sobre todo en los territorios de misión, para que colaboren asiduamente a la extensión del reino de Cristo. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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Novena al Señor de los Milagros, día segundo

octubre 14, 2018

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Procesión del Señor de los Milagros en su paso por la Plaza Mayor de Lima

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NOVENA AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Con reflexiones sobre la Santísima Trinidad

  1. Señal de la cruz

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

  1. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

  1. Oración preparatoria para todos los días: Postrados ante el Señor de los Milagros. Adoración y petición.

Señor de los Milagros, me postro a tus pies y te reconozco como mi Salvador y mi Dios. Te adoro y te pido la gracia de hacer devotamente esta Novena en tu honor.

Te doy gracias, Señor Jesús, porque tú bajaste del cielo y viniste al mundo para demostrarnos cuánto nos ama el Padre, Dios invisible. Divino Jesús, tú sabías que el Padre desea que todos sus hijos se salven y tengan vida en abundancia.

Por eso, te ofreciste voluntariamente para cumplir la misión de Mesías y Salvador de todos los hombres. Eso fue lo que más te gustó. Nadie te obligó, a no ser tu amor incondicional y fiel a tu Padre Dios.

Señor Jesús, desde lo más íntimo de mi corazón te agradezco que te encarnaras y te hicieras hombre como uno de nosotros, igual en todo a nosotros, menos en el pecado. Te reconozco como mi Señor y mi Dios y te admiro por tu generosidad y tu solidaridad con los hombres.

Señor de los Milagros, mi Redentor, te bendigo y te alabo por tu bondad y tierna compasión hacia los hombres. Tú eres el puente entre Dios y los hombres. A través de ti, Señor Jesús, todos tenemos acceso seguro y directo al Padre Dios.

Por eso, Padre Santo, yo me postro en tu presencia, te adoro y te bendigo pues tú eres digno de toda bendición en el cielo y en la tierra. A ti la gloria y el poder porque gobiernas el mundo con sabiduría y misericordia. Tú eres el Creador, el Amo y Señor: Todo está en tus manos y nada está perdido.

Gracias, Padre, por enviarnos a tu propio Hijo y también al Espíritu Santo derramado en nuestros corazones. Este Espíritu nos conduce a la Verdad total que nos trajo Jesucristo. El Espíritu Santo habla con suavidad y poder a nuestro espíritu asegurándonos que somos hijos amados del Padre y hermanos entrañables de Cristo. Él nos hace clamar ¡Abba, Padre!

Por eso, Padre de bondad, como hijos tuyos que somos en tu Hijo bendito, te pedimos que nos envíes el Espíritu. Ven, pues, Espíritu Santo, y llénanos del amor del Padre y del Hijo. Ven, dulce huésped del alma. Ven, Padre amoroso del pobre, y no pases de largo en esta Novena. Déjanos la huella de la santa unción que nos da fe, vida y salud.

Te pedimos, Espíritu Vivificador, que durante estos días podamos saborear el amor personal e incondicional del Padre Dios y la dulzura inefable de su bendito hijo Jesucristo, el Señor de los Milagros. Amén.

  1. Consideraciones bíblico-teológicas para cada día de la Novena:

DÍA SEGUNDO: El Hijo de Dios, el Verbo increado

Ayer contemplamos la Imagen del Señor de los Milagros en su referencia al Misterio de la Santísima Trinidad. Hoy deseamos acercarnos al misterio de la identidad del Nazareno clavado en la cruz. ¿Quién es?

La fe nos asegura que “El Crucificado” es Dios y hombre a la vez, es el Verbo, la Palabra, el Hijo de Dios, y también en él adoramos a Jesucristo, el nuevo Adán que ha resucitado, ha subido al cielo, se ha sentado a la derecha de Dios Padre y nos ha enviado el Espíritu Santo.

Según esto, en Dios Hijo distinguimos tres estados de existencia, sin detrimento de su única Personalidad e Identidad divina:

– El Verbo increado o eterno que vive junto al Padre desde siempre y por siempre.

– El Verbo encarnado, Dios y hombre a la vez: Jesús de Nazaret

– El Señor Jesucristo, Cristo Resucitado, Cabeza de la nueva creación.

1.- El dato bíblico de la relación de Jesús con su Padre Dios

Podemos hablar del Verbo eterno porque Jesús, un hombre como nosotros, con una historia personal y familiar bien concreta, se presentó en el mundo asegurando que él conocía a Dios eternamente, porque venía del cielo y había sido enviado por Dios a quien llamaba con toda su alma y verdad “Padre”.

Los discípulos de Jesús fueron testigos de esta experiencia única, la creyeron y la predicaron a la Iglesia; también la pusieron por escrito, sobre todo Juan evangelista, como patrimonio espiritual de la comunidad cristiana.

Escribe, en efecto: Al principio existía el Verbo, la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Vino a este mundo a dar testimonio de la verdad. Nosotros hemos conocido la Palabra, la hemos visto y oído, la hemos tocado con nuestras propias manos. Y damos testimonio de la misma. Y sabemos que decimos la verdad. Damos testimonio para que ustedes crean lo mismo que nosotros… y sabemos que decimos la verdad (Jn 1, 1 ss.; 1 Jn 1, 1 ss.)

Desde la experiencia del Jesús histórico que los discípulos recordaban y guardaban celosamente y con la ayuda de la vivencia pascual nos remontamos hasta la vida intratrinitaria de “ese Nazareno”, vida escondida en Dios antes de los siglos.

Jesús vivió en constante comunicación con su Padre Dios. Se sentía enviado por él para salvar a todos los hombres. No tenía un proyecto ni un mensaje propio, sino el mismo del Padre. Sólo hablaba de lo que había visto y oído junto al Padre, sólo predicaba lo que el Padre le había revelado, sin aumentarle ni quitarle nada. Su doctrina no era suya. Su alimento era cumplir la voluntad de su Padre, porque sólo él es bueno, lo sabe todo y lo gobierna todo con sabiduría y amor.

Esta familiaridad de Jesús con su Padre Dios tenía tan impactados a los discípulos que un buen día, Felipe le dijo a Jesús: Muéstranos al Padre y eso nos basta, no te preguntaremos más cosas, seguro que eso será suficiente para nosotros.

Jesús le respondió: ¿No te has dado cuenta, Felipe, de que el Padre y yo somos uno? Quien me ve a mí, ve al Padre, quien me conoce, conoce al Padre. Jesús y el Padre están íntimamente unidos, viven en plena comunión (Jn 14, 8, ss.)

2.- Formulación eclesial y teológica de esa relación “misteriosa”

Acogiendo estos elementos bíblicos y las enseñanzas de la primitiva Iglesia los teólogos nos han ayudado a comprender mejor el misterio de la Santísima Trinidad, y más en concreto la relación entre el Padre y el Hijo. Gracias a eso creemos en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo.

Así, afirmamos que nuestro Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Dios uno y trino a la vez no es un individuo o una personalidad única, sino una familia, una comunidad: Un solo Dios, sí, pero en tres personas distintas iguales en su ser y dignidad. Dios es comunión o intercomunicación de las tres divinas personas.

En Dios, ser y existir es a la vez, es lo mismo, desde siempre e infinitamente. Dios Padre existe porque tiene un Hijo. No existe primero como Dios y después se hace Padre. No. El Padre, desde siempre engendra al Hijo, y a él le da todo, sin reservarse nada, excepto su relación o referencia al Hijo. No tiene nombre propio. Su nombre como su entidad personal es esencialmente referencial. Si no tuviera al Hijo, no existiría.

Y ese Padre es Dios porque no existen más formas de ser “padre”, otras maneras de ser origen, amor, dador de vida, que engendra, que afirma, que protege, que sostiene… El Padre es Dios porque genera toda forma de “paternidad”, realiza todas las formas de paternidad y acaba, agota, todas las posibles maneras de ser “padre”, origen, dador de vida… Por eso, es “Dios” porque no queda ninguna “paternidad” fuera de él… Todo lo da al Hijo, esencialmente, desde siempre y, por siempre, eterna e infinitamente, sólo hace eso, y nada más… de una manera simplicísima y purísima: Es la “paternidad en persona, en esencia y eternamente”.

Respecto de Dios Hijo, afirmamos algo parecido: Dios Hijo existe porque tiene un Padre. No existe primero como Dios y después se hace Hijo. No. El Hijo, el Verbo, la Palabra, desde siempre es engendrado por Dios Padre y desde siempre está vuelto al Padre, adorándolo, glorificándolo, dándole todo su amor y ternura, sin reservarse nada, excepto su relación o referencia al Padre, o su relación filial. No tiene nombre propio, es decir, existir primero como algo consistente, sólido y autosuficiente en sí, y después “darse” al Padre, no; tiene nombre común, “hijo” o engendrado. Si no tuviera al Padre, no existiría. Si no tuviera una referencia esencial al Padre, no existiría.

Y ese Hijo es Dios porque no existen más formas de ser “hijo”, engendrado, amado, respetuoso, obediente, que glorifica, que cumple la voluntad del Padre… El Hijo es Dios porque genera toda forma de “filiación”, de sumisión obsequiosa y libre, dependiente esencialmente, porque realiza todas las formas posibles de obediencia y acaba, agota, todas las formas de ser “hijo bien nacido y agradecido”, fiel, amoroso, entregado, tierno…

Por eso, el Hijo es “Dios” porque no queda ninguna “forma de filiación” fuera de él… Todo lo agradece al Padre, está esencial y totalmente vuelto al Padre, adorándolo, desde siempre y, por siempre, eterna e infinitamente, sólo hace eso, y nada más… de una manera simplicísima y purísima: Es la “filiación en persona, en esencia y eternamente”.

Escribe el P. Nereo Silanes: “Si el Padre es sólo Padre, el Hijo es sólo Hijo. Ser Hijo, en la segunda persona de la Trinidad es el mismo ser divino en su plenitud infinita, en entrega filial. El Padre es sólo Padre, pero el Hijo, de igual forma, es sólo Hijo, constitutivamente Hijo. Todo su ser divino es filial. ¿Y qué es ser Hijo? Estar recibiendo constantemente la divinidad del Padre, ser engendrado ininterrumpidamente por el Padre… El Hijo… nunca sale del Padre. Ser Padre y ser Hijo en la Trinidad se corresponden…” (El don de Dios, La Trinidad en nuestra vida; págs. 136 y 137).

3.- Teología trinitaria

El Padre da todo lo que es, se autodona desde siempre… El Hijo devuelve todo lo recibido, toda su sustancia, filialmente. “Ser Padre constitutiva y esencialmente es comunicar toda su riqueza infinita al Hijo; y ser Hijo constitutiva y sustancialmente es eso: no ser nada más que Hijo: entregarse plena y totalmente al Padre” (Ibíd., pág. 137).

Tanto el Padre como el Hijo descansan en esa comunión, son un don mutuo y gratuito en el Espíritu Santo sin distracción, sin fluctuación, sin dispersión, sin egoísmo ni rivalidad… de manera simplicísima y recíproca, plena, generosa y amorosa, total, desde siempre y para siempre.

Así, en Dios Hijo todo su ser filial es estar vuelto, estar volviendo, estar contemplando, agradeciendo al Padre… diciéndole “tú eres mi Padre”, soy tu Hijo amado, sólo tu Hijo… Es lo que más me gusta. Todo es poco para agradecerte suficientemente, por eso te obedezco en todo, es mi delicia cumplir tu voluntad, me ofrezco totalmente, qué quieres de mí, en qué te puedo agradar… Aquí estoy para hacer tu voluntad… (Is 6, 8 ss.).

Eternamente el Padre Dios se dirige al Hijo para expresarle todo su amor hacia dentro de la Santísima Trinidad, y también hacia fuera. Y el Hijo también eternamente responde al Padre. Por tanto “dialogan” entre ellos o mejor “trialogan” porque se comunican en el Espíritu. Y así el Padre le expresa al Hijo que todo lo que él pueda imaginar y crear lo hará siempre a través del Hijo, contando con él, por medio de él, según su peculiaridad filial… y asegurándole que por él y en él encontrarán entidad y consistencia todas las cosas… y que sólo aceptará gloria de parte de la creación a través de él y por él, pues en él ha fundado todas las cosas y les da consistencia (Jn 14, 10 y ss.; 17, 1 y ss.).

Todo cuanto existe fuera de la Trinidad ha sido creado en el Hijo, a través del Verbo, de la Palabra. Por tanto, de alguna manera tiene relación estrecha con el Hijo, es como una prolongación del Verbo ya que nada ha sido creado fuera de él. El Verbo, por ser horma o molde de la creación, es causa ejemplar de la misma, y también causa final pues todo debe volver al Padre por medio de él y en la medida en que se parezca a él será salvo y grato a Dios Padre.

Y cuando el hombre se aparta del proyecto de Dios por el pecado, el Padre le confía al Hijo su preocupación: ¿A quién enviaré, quién irá por mí, cómo hacerle entender al hombre su gran equivocación, cómo hacerle volver a la casa paterna? (Is 6, 8. Salmo 11).

Y el Hijo se ofrece y responde inmediatamente: Aquí estoy, yo iré, dame un cuerpo y mándame a mí, yo iré y les hablaré de ti y te los devolveré para que tu casa se llene de invitados y tu banquete no sea despreciado (Hebreos, 10, 5-7. Salmo 40; Jn 17, 1-5).

En la Biblia, la segunda persona de la Trinidad toma diversos nombres que nos ayudan a comprender y gustar la realidad bendita del Hijo de Dios, el engendrado por el Padre desde siempre. Los enumeramos someramente: Palabra del Padre, Verbo, del latín, o Logos en griego. Es la mente o inteligencia del Padre, el lenguaje del Padre, su gesto o su rostro. Es impronta de su sustancia. Imagen, manifestación o esplendor del Padre.

El Hijo del Padre es conocido como la sabiduría divina en persona, es amable, pacífica, dulce, paciente, humilde, amante de los hombres, casta, noble… (Prov 8, 22; Eclesiástico, 24, 1 y ss.; Sab 7, 21 y ss.; Prov. 9, 1-6).

La Palabra de Dios es revelación del Padre, proyección y sacramento, icono del Padre, es el amén al Padre y el amén de los hombres a Dios. Es también la bendición descendente desde el Padre y bendición ascendente desde los hombres al Creador.

  1. Peticiones o plegaria universal 
  • Dios Padre todopoderoso y eterno, a quien nadie ha visto jamás, te damos gracias porque te ha parecido bien revelarte a nosotros a través de tu propio Hijo Jesucristo; haz que sepamos agradecerte esta condescendencia admirable. Roguemos al Señor. Te lo pedimos, Señor.
  • Gracias, Padre santo, porque enviaste a tu Hijo al mundo para darnos a conocer tu misterio inefable. Concédenos acoger a tu Hijo con amor y creer en su palabra y testimonio. Roguemos al Señor…
  • Padre todopoderoso, que todos los hombres reconozcan que tú, con el Hijo y el Espíritu Santo eres uno, para que crean, esperen y amen al Dios único y verdadero, Roguemos al Señor…
  • Padre eterno, que a través de tu Hijo has creado todas las cosas y con el Espíritu Santo todo lo gobiernas y diriges, haz que sepamos cuidar del mundo en que vivimos, Roguemos al Señor…
  • Señor de los Milagros, honrado, venerado y adorado por generaciones de peruanos dentro y fuera del territorio patrio, bendice al Perú y al mundo entero, para que todos los hombres se salven. Roguemos al Señor…
  • Señor Jesús, te adoramos y te bendecimos porque con tu santa cruz has redimido el mundo. Ayúdanos a colaborar con los sacerdotes para que todos lleguemos al conocimiento de la verdad. Roguemos al Señor…
  • Espíritu Santo, don del Padre y del Hijo, ven a iluminar a todos los que estamos rezando esta novena a fin de que conozcamos mejor el amor del Padre y del Hijo, Roguemos al Señor…
  • Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener en esta Novena (Pausa) Roguemos al Señor…
  1. Padre nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).
  2. Oración final para todos los días

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro y te bendigo como mi único Señor y mi Dios. Me postro ante tu divina majestad y me rindo totalmente en tu presencia como criatura tuya que soy y también como hijo tuyo en tu bendito Hijo Jesucristo.

Te adoro, mi único Dios y Señor, y te entrego toda mi libertad. Quiero pertenecerte en cuerpo y alma y me consagro íntegramente a tu divina voluntad y misericordia. Te entrego todas mis facultades y pongo ante ti todas mis posibilidades: Deseo hacer siempre tu santa voluntad, pues te confieso como mi único amo y señor. Quiero andar en tu presencia toda mi vida. No quiero vivir dividido, disperso, y renuncio a toda actitud o conducta que me separe y me aparte de ti.

Padre de bondad infinita, te consagro mi memoria y quiero recordar y considerar siempre lo que tú esperas de mí. Deseo vivir, Padre Santo, según las expectativas, planes y proyectos que, desde toda la eternidad, has acariciado, soñado y pensado sobre mí. Que nada me distraiga y me aparte de ese proyecto misterioso. Quiero que estés orgulloso de mí como lo estás de tu amado Hijo, Jesús.

A ti, Señor Jesús, Señor de los Milagros, te consagro mi entendimiento y toda mi capacidad de pensar, discurrir y soñar. Tú eres mi sabiduría y mi ciencia. En ti, divino Maestro, quiero aprender todos los secretos y todo el saber. En ti encuentro el sentido más pleno de mi vida y de mi existencia. No quiero saber ni entender nada fuera de ti. Tú eres mi luz, vida y esperanza. Renuncio a buscar al margen de ti razones para vivir y esperar.

A ti, Espíritu Consolador, te entrego toda mi voluntad. Te consagro toda mi capacidad de gozo y felicidad. Que sólo en ti encuentre alegría y contento. Dame, Espíritu Santo, gusto en las cosas santas. Dame la vida eterna, que es conocer de verdad y saborear el amor del Padre y del Hijo. Hazme sentir la belleza y la bondad de la vida cristiana, y valorar la sabiduría de la Cruz. Líbrame de la mentira y de la vanidad del mundo presente.

Ven, Espíritu Vivificador, y mira mi pequeñez, ten compasión de mí, Padre amoroso del pobre: Ven a iluminar lo que está oscuro en mí, ven a enderezar lo torcido, a calentar lo frío, a endulzar lo amargo, en fin a sanar mis heridas. Ven, Espíritu Santo, a pacificar a los violentos, a reconciliar a los enemistados, a robustecer a los débiles, a vivificar lo que languidece, y finalmente, a resucitar a los que están muertos.

Padre Santo, por tu bendito Jesús, derrama el Santo Espíritu sobre toda carne, sobre tu santa Iglesia, sobre el Perú y de manera especial sobre todos los devotos del Señor de los Milagros, y sobre los que estamos haciendo esta Novena en su honor. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

  1. Himno al Señor de los Milagros

Señor de los Milagros, a ti venimos en procesión
tus fieles devotos, a implorar tu bendición (bis)

Faro que guía, da a nuestras almas
la fe, esperanza, la caridad;
tu amor divino nos ilumine,
nos haga dignos de tu bondad.

Señor de los Milagros, a ti venimos en procesión
tus fieles devotos, a implorar tu bendición (bis)

Con paso firme de buen cristiano
hagamos grande nuestro Perú,
y unidos todos como una fuerza
te suplicamos nos des tu luz.

Señor de los Milagros, a ti venimos en procesión
tus fieles devotos, a implorar tu bendición (bis)

Letra y música: Isabel Rodríguez Larraín

 

 


El maná de cada día, 14.10.18

octubre 13, 2018

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, Ciclo B

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Cuarto día de la Novena a Santa Magdalena de Nagasaki 
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Una cosa te falta

Mirándolo con cariño le dijo: Una cosa te falta…

 

Antífona de entrada: Sal 129, 3-4

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, Dios de Israel.

Oración colecta

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Sabiduría 7, 7 11

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espiritu de sabiduria.

La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.

No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.

La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.


SALMO 89, 12-13. 14-15. 16-17

Sácianos de tu misericordia, Señor. Y toda nuestra vida será alegría.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando? Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Danos alegría, por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas..

Que tus siervos vean tu acción, y sus hijos tu gloria. Baje a nosostros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.


SEGUNDA LECTURA: Hebreos 4, 12-13

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. juzga los deseos e intenciones del corazón.

No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.


ALELUYA: Mt 5, 3

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

EVANGELIO: Marcos 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.

Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego síguerne.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

Los discípulos se extrañaron de estas palabras.

Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando. y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»


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ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO, 11 Oct. 2015

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VATICANO, 11 Oct. 15 / 07:02 am (ACI/EWTN Noticias).- Antes del rezo del Ángelus dominical en la Plaza de San Pedro hoy, el Papa Francisco lanzó un especial reto a los jóvenes a partir de la meditación del pasaje del Evangelio de Marcos en el que el joven rico se marcha entristecido porque no fue capaz de dejarlo todo para seguir a Jesús.

En medio de una mañana soleada en Roma luego de un sábado muy lluvioso, el Papa se dirigió a los jóvenes presentes y con ellos a los de todo el mundo para lanzarles el siguiente desafío: “yo les pregunto a ustedes, jóvenes, chicos y chicas, que están en la plaza: ¿han percibido la mirada de Jesús sobre ustedes? ¿Qué le quieren responder? ¿Prefieren dejar esta plaza con la alegría que nos da Jesús o con la tristeza en el corazón que la mundanidad nos ofrece?

Para responder a este reto, dijo el Pontífice, es importante recordar que “el dinero, el placer, el éxito deslumbran, pero luego desilusionan: prometen vida, pero causan muerte. El Señor nos pide el desapego de estas falsas riquezas para entrar en la vida verdadera, la vida plena, auténtica, luminosa”.

En este pasaje, explicó el Santo Padre, “el joven no se ha dejado conquistar por la mirada de Jesús y así no ha podido cambiar. Solo acogiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de la seducción de los ídolos y de la ceguera de nuestras ilusiones”.

Francisco refirió luego que el joven rico le pregunta al Maestro por lo que debe hacer para alcanzar la vida eterna. “La respuesta de Jesús resume los mandamientos que se refieren al amor al prójimo. En este contexto, ese joven no tiene nada que reprocharse; pero evidentemente la observancia de los preceptos no le basta, no satisface su deseo de plenitud”.

Jesús intuye esta realidad en el joven, lo mira con gran amor y lo desafía a dejarlo todo, “pero el joven tiene el corazón dividido en dos patrones: Dios y el dinero, y se marcha triste. Esto demuestra que no pueden convivir la fe y el apego a las riquezas. Así, al final, el impulso inicial del joven se apaga en la infelicidad de un seguimiento que naufraga”, que no prospera.

El Papa dijo luego que el reto es grande. Sin embargo, “la salvación en sí misma ‘es imposible para los hombres, ¡pero no para Dios!’”.

“Si nos confiamos al Señor, podemos superar todos los obstáculos que no dejan seguirlo en el camino de la fe. Encomendarse al Señor. Él nos dará la fuerza, él nos dará la salvación, él nos acompaña en el camino”, afirmó Francisco.

Para concluir el Papa hizo votos para que “la Virgen María nos ayude a abrir el corazón al amor de Jesús, a la mirada de Jesús, el único que puede saciar nuestra sed de felicidad”.

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Mucho dejó quien no sólo dejó lo que poseía,
sino también lo que deseaba poseer

San Agustín, Comentario al salmo 103 111,16

Allí anidarán los pájaros. La casa de la gallina de río es guía para ellos (Sal 103, 17). ¿Dónde anidarán los pájaros? En los cedros del Líbano. Ya hemos oído qué son los cedros del Líbano: los nobles del mundo, los preclaros por su linaje, riquezas u honores. También esos cedros se sacian, pero los que plantó el Señor. En ellos anidarán los pájaros. ¿Quiénes son los pájaros? A decir verdad, son pájaros las aves y los animales que vuelan por el cielo; pero se suelen llamar pájaros a los voladores pequeños.

Hay, pues, ciertos espirituales que anidan en los cedros del Líbano; es decir, hay ciertos siervos de Dios que escuchan las palabras del evangelio: Deja todas tus cosas, o vende todos tus bienes y dalos a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; y ven y sígueme (Mt 19, 21).

Esto lo oyeron no sólo los grandes; lo han escuchado también los pequeños; y también los pequeños quisieron cumplirlo y hacerse espirituales: no se unen en matrimonio, no se consumen con la preocupación de los hijos, no tienen morada propia que les ligue, sino que eligen una forma de vida común. Pero ¿qué abandonaron estos pájaros? En efecto, los pájaros parecen los seres más pequeños del mundo. ¿Qué abandonaron? ¿Qué dejaron que fuera grande?

Un hombre se convirtió, dejó la pobre casa paterna, apenas un lecho y un arca. Pero se convirtió, se hizo pájaro, buscó los bienes espirituales. Bien, muy bien; no le insultemos ni le digamos: «No has abandonado nada». Sabemos que Pedro era pescador; cuando siguió al Señor, ¿qué pudo abandonar? Dígase lo mismo de su hermano Andrés, de los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, también ellos eran pescadores (Mt 4,18.21).

Y, con todo, ¿qué le dijeron? He aquí que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido (Mt 19, 27). El Señor no les replicó: «¿Has olvidado tu pobreza? ¿Qué dejaste a cambio de recibir el mundo entero?». Mucho dejó, hermanos míos, mucho dejó, quien no sólo dejó lo que poseía, sino también todo lo que deseaba poseer. ¿Qué pobre, en efecto, no se exalta con sus esperanzas mundanas? ¿Quién no desea a diario aumentar lo que posee?

Tal ambición ha sido cortada: crecía desmesuradamente y se la ha contenido dentro de unos límites, ¿y no ha dejado nada? En verdad, Pedro dejó el mundo entero y el mundo entero recibió. Como quien nada tiene y lo posee todo (2 Cor 5, 10). Son muchos los que lo hacen; lo hacen quienes tienen poco, y vienen y se convierten en pájaros útiles. Parecen pequeños porque no poseen la altura de las dignidades seculares, pero hacen sus nidos en los cedros del Líbano.

Mas he aquí que también los cedros del Líbano, los nobles y los ricos y los encumbrados en este mundo oyen con temor: Dichoso quien mira por el necesitado y el pobre (Sal 40, 2); ponen la mirada en sus bienes, sus posesiones, todas sus riquezas superfluas que les hacen parecer encumbrados y las entregan a los siervos de Dios: donan campos, donan huertos, edifican iglesias, monasterios, recogen pájaros, para que éstos aniden en los cedros del Líbano.

Así, pues, se sacian los cedros del Libano que plantó el Señor y en ellos anidan los pájaros. Echad una mirada a la tierra entera y ved si no es así. Al decir todo esto, no me guiaba sólo por lo oído sino también por lo visto: la experiencia me lo ha hecho comprender. Preguntad a las extensas fincas que poseéis y considerad en cuántos cedros del Líbano anidan aquellos pájaros de que he hablado.

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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (4)

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Con humildad y lágrimas pidió vestir el hábito de terciaria

Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día cuarto:

Magdalena en la escuela de los beatos Francisco de Jesús y Vicente de san Antonio

El 20 de junio de 1623, un grupo de once misioneros, procedentes de Filipinas, consigue burlar la estrecha vigilancia japonesa y desembarcar en el puerto puerto de Ichiki. Entre ellos van dos agustinos recoletos; uno español, Francisco de Jesús, y otro portugués, Vicente de san Antonio.

Ambos tienen 33 años y se distinguen por la austeridad de su vida, por su pobreza, por su ardor apostólico. El ardor y el ímpetu que nace de su carisma, de su íntima unión con Dios, les hará producir muchos frutos. Vicente se queda en Nagasaki; Francisco sigue hasta la isla de Hiroshima para aprender la lengua, y volverá a Nagasaki al año siguiente.

La joven Magdalena se siente atraída por la austeridad de la vida, por el celo apostólico y por el aura de espiritualidad que emana de los dos frailes recoletos. Así había concebido ella la vida de una persona consagrada a Dios. Desea asemejarse a ellos, unirse a su labor apostólica, aprender de sus labios el secreto de su espiritualidad. Ha hablado muchas veces con el padre Vicente y le ha expuesto sus inquietudes y sus deseos.

El buen misionero la ha comprendido y la ha animado a vestir el hábito de terciaria agustina recoleta. Es lo que deseaba la joven Magdalena. “Con humildad y lágrimas, dice su biógrafo, pidió al santo Fray Francisco de Jesús, Vicario Provincial…, le diese el hábito de religiosa”. Era probablemente el año 1624. Y un año más tarde, emitiría los votos de obediencia y de virginidad.

Magdalena no es propiamente una religiosa. Es una terciaria seglar agustina recoleta; una persona consagrada que vive el ideal agustino recoleto trabajando en el mundo. Desde el día de la profesión, forma parte de la familia agustino-recoleta. Ha perdido a sus padres, pero ha encontrado otros padres que la aman en Cristo y la dirigen en el camino de la vida hacia la santidad. Y encuentra pronto también una numerosa familia que la arropa.

No está ya sola. Otros hermanos terciarios y terciarias van engrosando en Nagasaki la familia. Ella, Magdalena, joven en años, es sin embargo la primogénita, la hermana mayor, la que da a todos ejemplo de austeridad y de celo apostólico.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

Por todos nuestros amigos y compañeros, para que encuentren en nosotros el ejemplo de vida entregada a Cristo y de fidelidad a nuestro compromiso bautismal. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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El maná de cada día, 13.10.18

octubre 13, 2018

Sábado de la 27ª semana de Tiempo Ordinario

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Tercer día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 3, 22-29

Hermanos:

La Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que lo prometido se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree.

Antes de que llegara la fe estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase.

Así, la ley fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos justificara por la fe.

Una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sometidos al pedagogo, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis vestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.


SALMO 104, 2-3. 4-5. 6-7

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 11, 28

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»

Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. »


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DIO FE AL MENSAJE DIVINO Y CONCIBIÓ POR SU FE

De los sermones de san Agustín, obispo

Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella?

Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.

Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el vientre que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.

De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que lleva en el seno.

María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo.

Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.

Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuer­po de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.

Oración

Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión, participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.


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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (3)

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Pasaba muchas horas en devociones, penitencias y en alta contemplación.

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Día tercero

Reflexión: Martirio de los padres y hermanos de santa Magdalena.

Los años de 1615 a 1622 han sido años de numerosos martirios entre los cristianos de Nagasaki. Magdalena acompaña, si bien pequeñita, a sus padres, que siguen a esos cristianos condenados a muerte hasta el lugar del suplicio.

El acceso es libre, y asisten muchísimos cristianos, entonando a una con los mártires cantos al Señor, mientras las víctimas eran decapitadas, crucificadas o quemadas a fuego lento. El espíritu de los cristianos se enardece y se prepara a derramar a su vez la sangre por Cristo.

Un día (¿del año 1622?) los esbirros rodean la casa de los padres de Magdalena. El padre es una persona importante, un cabeza de familia, y como tal, tiene que abjurar ante los jueces de su fe cristiana. Pero los padres y los hermanos de Magdalena tienen una fe recia. Están dispuestos a dar mil veces su vida por Cristo, antes que renegar de la fe. Los esbirros se llevan a toda la familia: los padres y los hermanos. Atados como malhechores, los conducen a las angostas y sucias jaulas de la ciudad, donde esperarán la muerte.

¿Y Magdalena? Es todavía una niña de unos once años, y los esbirros no se atreven a poner las manos sobre ella. La jovencita se queda llorando. No quiere ser separada de su familia. Ignoramos la fecha en que fueron sacrificados.

Quizá formaron parte del grupo de víctimas del Gran Martirio de Nagasaki, de agosto y septiembre de 1622. Aquella escena no la olvidará Magdalena jamás. En el aire han quedado flotando la sonrisa de sus padres y hermanos y la melodía de los cánticos que entonaban mientras los conducían al patíbulo.

Magdalena ha perdido lo único que estimaba en su vida. Huérfana, con el pensamiento en el cielo, solo abriga ahora un deseo: consagrarse al Señor y poder derramar un día su sangre por Cristo, su Amado. Libre ya de los cuidados terrenos, sola en el mundo, se dedica a la penitencia, a la oración y al apostolado.

“Gastaba muchas horas, dice su biógrafo, día y noche, no solamente en devociones y penitencias, sino también en alta contemplación de la pasión de Cristo, redentor nuestro, y de la gloria de los bienaventurado sacando de tales cosas tales afectos que sus ojos eran fuentes de lágrimas”.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

Por todos los huérfanos y todos los niños abandonados, para que encuentren en nuestro Padre Dios consuelo, fortaleza y ayuda eficaz. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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El maná de cada día, 12.10.18

octubre 12, 2018

Viernes de la 27ª semana de Tiempo Ordinario

Nuestra Señora del Pilar

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Segundo día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado



PRIMERA LECTURA: Gálatas 3, 7-14

Hermanos:

Comprended de una vez que hijos de Abrahán son los hombres de fe.

Además, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia: «Por ti serán benditas todas las naciones.»

Así que son los hombres de fe los que reciben la bendición con Abrahán, el fiel.

En cambio, los que se apoyan en la observancia de la ley tienen encima una maldición, porque dice la Escritura: «Maldito el que no cumple todo lo escrito en el libro de la ley.»

Que en base a la ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque lo que está dicho es que «el justo vivirá por su fe», y la ley no arranca de la fe, sino que «el que la cumple vivirá por ella.»

Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: «Maldito todo el que cuelga de un árbol.»

Esto sucedió para que, por medio de Jesucristo, la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles, y por la fe recibiéramos el Espíritu prometido.


SALMO 110, 1-2. 3-4. 5-6

El Señor recuerda siempre su alianza.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra, su generosidad, dura por siempre; ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza; mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 12, 31b-32

Ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera -dice el Señor-. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.


EVANGELIO: Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:

«Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?

Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí.”

Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»


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12 de octubre
Nuestra Señora del Pilar

Nuestra Señora del Pilar

Nuestra Señora del Pilar

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en el Oficio que, para toda España, decretó Clemente XII. Pío VII elevó la categoría litúrgica de la fiesta. Pío XII otorgó a todas las naciones sudamericanas la posibilidad de celebrar la misma misa que se celebraba en España.

El Pilar, lugar privilegiado de oración y de gracia
Elogio de nuestra Señora del Pilar

Según una piadosa y antigua tradición, ya desde los albores de su conversión, los primitivos cristianos levantaron una ermita en honor de la Virgen María a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza. La primitiva y pequeña capilla, con el correr de los siglos, se ha convertido hoy en una basílica grandiosa que acoge, como centro vivo y permanente de peregrinaciones, a innumerables fieles que, desde todas las partes del mundo, vienen a rezar a Virgen y a venerar su Pilar.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles: difícilmente podrá encontrarse en el amplio territorio patrio un pueblo que no guarde con amor la pequeña imagen sobre la santa columna. Muchas instituciones la verán también como patrona.

Muy por encima de milagros espectaculares, de manifestaciones clamorosas y de organizaciones masivas, la virgen del Pilar es invocada como refugio de pecadores, consoladora de los afligidos, madre de España. Su quehacer es, sobre todo, espiritual. Y su basílica, en Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de su continente el día doce de octubre, es decir, el mismo día del Pilar. Como prueba de su devoción a la Virgen, los numerosos mantos que cubren la sagrada imagen y las banderas que hacen guardia de honor a la Señora ante su santa capilla testimonian la vinculación fraterna que Iberoamérica tiene, por el Pilar, con la patria española.

Abierta la basílica durante todo el día, jamás faltan fieles que llegan al Pilar en busca de reconciliación, gracia y diálogo con Dios.
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Eficacia pastoral del culto tributado a la Virgen

De la exhortación apostólica Marialis cultus del papa Pablo VI, sobre el culto a la Virgen María

La piedad de la Iglesia hacia la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar –desde el saludo y la bendición de Dios hasta las expresiones de alabanza y súplica de nuestro tiempo– constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar el conciencias su lex credendi.

Y viceversa: la lex credendi de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su lex orandi en relación con la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada de sólidos fundamentos dogmáticos.

La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acoger sus peticiones con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso los cristianos la invocan desde antiguo como «Consoladora de los afligidos», «Salud de los enfermos», «Refugio de los pecadores», para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora de la esclavitud del pecado; porque ella, libre de toda mancha de pecado, conduce a sus hijos a vencer con enérgica determinación el pecado.

Y, hay que afirmarlo una y otra vez, esta liberación del mal y de la esclavitud del pecado es la condición previa y necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.

La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar los ojos hacia María, «que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes».

Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la palabra de Dios; la obediencia generosa; la humildad sincera; la caridad solícita; la sabiduría reflexiva; la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos, agradecida por los bienes recibidos, que ofrece en el templo, que ora en la comunidad apostólica; la fortaleza en el destierro, en el sufrimiento; la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor; el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza previsora; la castidad virginal; el fuerte y casto amor conyugal.

De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella eficacia pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (2)

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día segundo:

Nacimiento e infancia de Magdalena de Nagasaki

La vida de toda persona se desarrolla en un determinado ambiente y queda marcada por el lugar y las circunstancias en que ha vivido. No comprenderemos la figura de la joven Magdalena sin tener presentes los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en Nagasaki durante su corta existencia y que le tocaban en primera persona. Allí vivió casi toda su vida.

Nagasaki, situada en la parte occidental de la isla de Kyushu, se desarrolló enormemente en las últimas décadas del siglo XVI. Y se convirtió en una ciudad-refugio a la que afluían los cristianos desterrados, en un centro cultural y, sobre todo, en un centro de expansión misionera.

La llamaban “la pequeña Roma”. Por sus calles, alegres y bulliciosas, pululaban comerciantes portugueses, españoles, japoneses. Se celebraban matrimonios entre europeos y japoneses.

Hacia el 1587, Nagasaki pierde su independencia y pasa a depender de la administración central. Y comienzan las trabas contra los cristianos. Cuando nace Magdalena, de padres cristianos, en 1611, Nagasaki cuenta con más de 50.000 católicos.

Un padre agustino recoleto escribe así a los seis años del martirio de Magdalena: “Hubo en la ciudad de Nagasaki una doncella hermosísima, llamada Magdalena, hija de padres nobles cristianos y virtuosos que, como tales, a ella y a otros hijos que tuvieron, los criaron en el temor de Dios, inclinándoles a huir de todo lo malo”.

En efecto, sus padres, de alto linaje, se desvelaron por dar a la niña una esmerada educación. No les faltan los medios para hacerla estudiar, pues poseen grandes extensiones de tierra en Arima. La niña responde a los afanes de sus padres. Es una niña bella, afectuosa, de mirada dulce, de inteligencia precoz, y le gusta rezar y asistir a los actos de culto.

Magdalena pasa su primera niñez en el ambiente sereno de la familia. Sus padres se han refugiado en Nagasaki, donde reina todavía la tranquilidad y pueden dar una buena educación a sus hijos. Cristianos de vieja estampa, llevan a Magdalena a los actos de culto. Pero su tranquilidad durará poco.

Sin embargo, al destierro de los misioneros, en 1614, sigue en Nagasaki un período de relativa calma, que aprovechan los familiares de Magdalena para instruir cristianamente a los hijos y prepararlos a afrontar los períodos de persecución que están en el aire.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por todos los padres y madres católicos, para que eduquen cristianamente a sus hijos y los preparen a vivir una vida de fidelidad a Cristo y amor a los demás. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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El maná de cada día, 11.10.18

octubre 11, 2018

Jueves de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Primer día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Llama con tu oración, el Señor quiere dar

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 3, 1-5

¡Insensatos gálatas! ¿Quién os ha embrujado? ¡Y pensar que ante vuestros ojos presentamos la figura de Jesucristo en la cruz!

Contestadme a una sola pregunta: ¿recibisteis el Espíritu por observar la ley o por haber respondido a la fe?

¿Tan estúpidos sois? ¡Empezasteis por el espíritu para terminar con la carne!

¡Tantas magníficas experiencias en vano! Si es que han sido en vano.

Vamos a ver: Cuando Dios os concede el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿por qué lo hace? ¿Porque observáis la ley o porque respondéis a la fe?


SALMO: Lucas 1, 69-70.71-72.73-75

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.


Aclamación antes del Evangelio: Hch 16, 14b

Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Lucas 11, 5-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos:

«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.”

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

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No nos exhortaría tan insistentemente a pedir, si no quisiera dar

San Agustín, Sermón 105, 1-4

Hemos oído la exhortación de nuestro Señor, maestro celeste y fidelísimo consejero, que nos exhorta a que le pidamos y nos da cuando le pedimos. Le hemos escuchado en el evangelio, donde nos exhortaba a pedir con insistencia y a llamar hasta parecer impertinentes. En esa dirección nos puso un ejemplo.

«Si uno de vosotros tuviese un amigo a quien pidiese tres panes por habérsele presentado en casa otro amigo que viene de viaje, y hallarse sin nada que ofrecerle, si aquél le respondiera que ya está descansando y con él sus criados y que por tanto, no ha de molestarle; si, con todo, él insiste y persevera llamando, sin acobardarse por la indelicadeza, al contrario, forzado por la necesidad, el otro se levantará, sino por la amistad, al menos por su tozudez y le dará cuantos panes quisiere»

¿Cuántos quiso? Solamente tres. El Señor añadió una exhortación a la parábola; en ella nos estimuló ardientemente a pedir, buscar y llamar hasta conseguir lo que pedimos, lo que buscamos y aquello por lo que llamamos, sirviéndose de un ejemplo, por contraste: El del juez que, a pesar de no temer a Dios ni sentir respeto alguno por los hombres, ante la insistencia cotidiana de cierta viuda, vencido por el cansancio, le dio refunfuñando lo que no supo otorgar como favor.

Nuestro Señor Jesucristo, que con nosotros pide y con el Padre da, no nos exhortaría tan insistentemente a pedir si no quisiera dar. Avergüéncese la desidia humana: está más dispuesto él a dar que nosotros a recibir; más ganas tiene él de hacernos misericordia que nosotros de vernos libres de nuestras miserias. Y quede bien claro: si nos exhorta, lo hace para nuestro bien.

Estemos vigilantes y demos fe a quien nos exhorta. Cumplamos con quien promete y alegrémonos con quien da. Quizá también a nosotros se nos presentó un amigo que venía de viaje y no teníamos qué darle; en nuestra necesidad, recibimos para él y para nosotros. Es casi imposible que uno no haya topado con un amigo que le pregunta algo a lo cual no sabe responder. La necesidad de dar le mostró su carencia.

Se te presenta un amigo que está de viaje, es decir, de viaje por esta vida, por la que todos pasamos como peregrinos, pues ninguno permanece en ella como dueño, sino que a todo hombre se le dice: Reparaste tus fuerzas, sigue, ponte en camino y deja tu sitio al que viene detrás (Eclo 29, 33). O quizá es otro amigo tuyo que viene de un mal viaje, es decir, de una mala vida, fatigado por no haber encontrado la verdad, oída y conocida la cual alcance la felicidad, y cansado y extenuado en medio de toda la concupiscencia y carestía del mundo, quien viene a ti y te dice: «Dame razón de tu fe; hazme cristiano».

Quizás te pregunta lo que ignoras debido a la simplicidad de tu fe; no tienes, por tanto, con qué reparar las fuerzas del hambriento y su demanda te sirvió de toque de atención para conocer tu indigencia. Y por ello, al querer enseñarle, te ves obligado a aprender. Y la confusión en que te pone quien no encontró en ti lo que esperaba, te fuerza a buscar para merecer encontrar.

¿Y dónde buscarás? ¿Dónde sino en los libros del Señor? Quizá lo que te preguntó se halla en el libro, pero está oscuro. Quizá lo dijo el Apóstol en alguna de sus cartas, pero, aunque puedes leerlo, no consigues entenderlo; no se te permite, pues, pasar adelante.

Pero quien te pregunta, sigue urgiendo; a ti, en cambio, no se te permite preguntar directamente a Pablo o a Pedro o a algún otro profeta. Esta familia descansa con su Señor. La ignorancia de este siglo es grande, es decir, es la medianoche y el amigo hambriento apremia. Quizá a ti te bastaba una fe sencilla, pero no a él. ¿Por ventura, hay que abandonarlo? ¿Hay que arrojarlo, acaso, de casa?

Llama con tu oración al Señor mismo con quien descansa su familia; pide, insiste. No necesita ser vencido por la importunidad, como el amigo aquél, para levantarse y darte. Él quiere dar. Si, aun llamando, no has recibido nada, sigue llamando, pues desea dar. Difiere el dar lo que desea dar para que al diferirlo lo desees más ardientemente, no sea que otorgándotelo luego, te parezca vil.

Cuando hayas conseguido los tres panes, es decir, el alimento que es el conocimiento de la Trinidad, tendrás con qué vivir tú y con qué alimentar al otro. No tengas miedo de que venga un peregrino de viaje; al contrario, hazle miembro de tu familia recibiéndolo. No temas tampoco que se te acaben las provisiones.

Ese pan no se termina; antes bien, terminará él con tu indigencia. Es pan, y es pan, y es pan: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espiritu Santo. Inmutable el Padre, inmutable el Hijo e inmutable el Espíritu Santo; eterno el Padre, coeterno el Hijo y coeterno el Espíritu Santo; Creador tanto el Padre, como el Hijo, como el Espíritu Santo; pastor y dador de vida tanto el Padre, como el Hijo, como el Espíritu Santo. Alimento y pan eterno el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Aprende esto tú y enséñalo. Vive de él tú y alimenta al otro. Dios, que es quien da, no puede darte otra cosa mejor que a sí mismo. ¡Avaro! ¿Qué otra cosa deseas? Si pides algo más, ¿qué te ha de bastar, si Dios no te basta? Mas, para que pueda serte dulce lo que te da, es necesario que poseas caridad, que tengas fe, que tengas esperanza. Son dones también de Dios.


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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (1)

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Rito de entrada para todos los días

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día primero

Comienzo del cristianismo en el Japón. Persecución.

El 15 de agosto de 1549 desembarcaba san Francisco Javier en las costas del Japón. Además del padre Cosme de Torres, le acompañaban tres jóvenes japoneses, que había convertido en Malaca. Javier comenzó a predicar el Evangelio y a bautizar a los primeros cristianos de las islas. Estuvo en Japón dos años escasos.

Pero el surco abierto por él fue fecundado por los misioneros jesuitas hasta fines del siglo XVI. Después, se unieron misioneros de otras órdenes: franciscanos, dominicos, agustinos. Y pudieron predicar con relativa paz y tranquilidad el Evangelio hasta la segunda década del siglo XVII.

En torno al 1613, se desencadenó la terrible persecución contra los católicos y contra los misioneros españoles y portugueses. Es difícil describir sucintamente la historia del largo calvario que sufrió la naciente Cristiandad del Japón durante unos cincuenta años.

Los historiadores están de acuerdo en afirmar que la persecución japonesa fue mucho más sistemática, refinada y cruel que la persecución de los primeros siglos de la Iglesia.

Los japoneses no deseaban crear mártires. Hubieran quedado despobladas diversas ciudades. Les interesaba hacer apóstatas. El edicto del Shogun Ieyashu de 1614 ordenaba eliminar “sin pérdida de tiempo a todos los cristianos, de tal manera que no tengan lugar donde poner los pies”.

Cuantos se negaran a apostatar del cristianismo, serían condenados a muerte. Los misioneros extranjeros debían abandonar inmediatamente el país. Había en Japón en aquel entonces unos 150 misioneros. Casi todos fueron concentrados en Nagasaki y después expulsados del país.

Quedaron escondidos en Japón unos 42 misioneros. A la expulsión siguió la destrucción de las iglesias, cruces, cementerios y de toda clase de símbolos cristianos. Y la iglesia del Japón escribió una de las más gloriosas páginas de la historia de martirio de la Iglesia católica.

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Oración de los fieles para todos los días

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.

R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos…

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos...

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos...

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos...

Para añadir a la oración comunitaria

Por todos los agustinos recoletos seglares, para que sepamos vivir con autenticidad nuestra consagración y para que nuestra vida atraiga a muchos a seguir a Cristo más de cerca. Oremos...

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y poder participar con ella de tu gloria por la eternidad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.



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El maná de cada día, 10.10.18

octubre 10, 2018

Miércoles de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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Santo Tomás de Villanueva, obispo

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La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 2, 1-2.7-14

Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén en compañía de Bernabé, llevando también a Tito. Subí por una revelación. Les expuse el Evangelio que predico a los gentiles, aunque en privado, a los más representativos, por si acaso mis afanes de entonces o de antes eran vanos.

Al contrario, vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles, como a Pedro de anunciarlo a los judíos; el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos me capacita a mí para la mía entre los gentiles.

Reconociendo, pues, el don que he recibido, Santiago, Pedro y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de solidaridad, de acuerdo en que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos. Una sola cosa nos pidieron: que nos acordáramos de sus pobres, esto lo he tomado muy a pecho.

Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible. Antes de que llegaran ciertos individuos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquéllos, se retrajo y se puso aparte, temiendo a los partidarios de la circuncisión. Los demás judíos lo imitaron en esta simulación, tanto que el mismo Bernabé se vio arrastrado con ellos a la simulación.

Ahora que cuando yo vi que su conducta no cuadraba con la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos: «Si tú, siendo judío, vives a lo gentil y no a lo judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías?»


SALMO 116, 1.2

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Rm 8, 15bc

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «!Abba¡, Padre.»


EVANGELIO: Lucas 11, 1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Él les dijo: «Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”»


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PADRE NUESTRO

P. Francisco Fernández Carvajal

Oración y fraternidad

La oración es personal, pero de ella participan nuestros hermanos. El recogimiento y la soledad interior no son obstáculo para que, de algún modo, los demás hombres estén presentes mientras oramos. El Señor nos enseñó a decir Padre nuestro, porque compartimos la dignidad de hijos con todos nuestros hermanos.

Padre nuestro. Y el Señor ya nos había dicho28 que si en el momento de orar nos acordáramos de que uno de nuestros hermanos tenía alguna queja contra nosotros, debíamos primero hacer las paces con él. Entonces aceptaría nuestra ofrenda.

Tenemos derecho a llamar Padre a Dios si tratamos a los demás como hermanos, especialmente a aquellos con quienes nos unen lazos más estrechos, con los que más nos relacionamos, con los más necesitados…, con todos. Porque si alguno dice: amo a Dios, pero aborrece a su hermano, escribe San Juan, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve29.

«No podéis llamar Padre nuestro al Dios de toda bondad –señala San Juan Crisóstomo–, si conserváis un corazón duro y poco humano, pues, en tal caso, ya no tenéis en vosotros la marca de bondad del Padre celestial»30.

Cuando decimos a Dios: Padre nuestro no le presentamos solamente nuestra pobre oración, sino también la adoración de toda la tierra. Por la Comunión de los Santos sube ante Dios una oración permanente en nombre de la humanidad. Oramos por todos los hombres, por los que nunca supieron orar, o ya no saben, o no quieren hacerlo.

Prestamos nuestra voz a quienes ignoran o han olvidado que tienen un Padre todopoderoso en los Cielos. Damos gracias por aquellos que se olvidan de darlas. Pedimos por los necesitados que no saben que tienen tan cerca la fuente de las gracias.

En nuestra oración vamos cargados con las inmensas necesidades del mundo entero. En nuestro recogimiento interior, mientras nos dirigimos a nuestro Padre Dios, nos sentimos como delegados de todos los que padecen necesidad, especialmente de aquellos que Dios puso a nuestro lado o a nuestro cuidado.

También nos será de gran consuelo considerar que cada uno de nosotros participa de la oración de todos los hermanos. En el Cielo tendremos la alegría de conocer a todos aquellos que intercedieron por nosotros, y también la cantidad incontable de cristianos que ocupaban nuestro lugar cuando nos olvidábamos de hacerlo, y que de este modo nos han obtenido gracias que no hemos pedido. ¡Cuántas deudas por saldar!

La oración del cristiano, aunque es personal, nunca es aislada. Decimos Padre nuestro, e inmediatamente esta invocación crece y se amplifica en la Comunión de los Santos.

Nuestra oración se funde con la de todos los justos: con la de aquella madre de familia que pide por su hijito enfermo, con la de aquel estudiante que reclama un poco de ayuda para su examen, con la de aquella chica que desea ayudar a su amiga para que haga una buena Confesión, con la de aquel que ofrece su trabajo, con la del que ofrece precisamente su falta de trabajo.

En la Santa Misa, el sacerdote reza con los fieles las palabras del Padrenuestro. Y consideramos que, con las diferencias horarias de los distintos países, se está celebrando continuamente la Santa Misa y la Iglesia recita sin cesar esta oración por sus hijos y por todos los hombres. La tierra se presenta así como un gran altar de alabanza continua a nuestro Padre Dios por su Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo.

28 Cfr. Mt 5, 23. — 29 1 Jn 4, 20. — 30 San Juan Crisóstomo, Homilía sobre la puerta estrecha.

http://www.homiletica.org


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10 de octubre
Santo Tomás de Villanueva, obispo

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Santo Tomás de Villanueva. Luca Giordano, Museo di Capodimonte, Nápoles



Aun cuando sus padres vivieron en Villanueva de los Infantes, Tomás nació en Fuenllana, el año 1486. Estudió en la universidad de Alcalá, de la que, más tarde, fue maestro preclaro, dada su gran preparación en las ciencias humanas y sagradas.

Nombrado arzobispo de Valencia, fue un verdadero modelo de buen pastor, sobresaliendo por su caridad, pobreza, prudencia y celo apostólico. Murió el 8 de septiembre de 1555, y fue canonizado el año 1658.

Santidad e integridad de vida,
virtudes indispensables del buen prelado

De un sermón de santo Tomás de Villanueva, obispo, sobre el evangelio del buen Pastor

Nuestro Redentor, viendo la excelencia de las almas y el precio de su propia sangre, no quiso dejar el cuidado de los hombres, que tantos sufrimientos le causaron, al solo cuidado de nuestra prudencia, sino que quiere actuar con nosotros.

Por eso, dio a los fieles unos pastores, revistiéndolos de unos méritos que no tenían: entre ellos me encuentro yo, sostenido en mi indignidad por su infinita misericordia.

Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor.

En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño.

Luego, la vigilancia, para estar atento a las necesidades de las ovejas.

En tercer lugar, la doctrina, con el fin de poder alimentar a los hombres, hasta llevarlos a la salvación.

Y, finalmente, la santidad e integridad de vida. Ésta es la principal de las virtudes. En efecto, un prelado, por su inocencia, debe tratar con los justos y con los pecadores, aumentando con sus oraciones la santidad de unos y solicitando con lágrimas el perdón de los otros.

En cualquier caso, por los frutos se descubrirán siempre las condiciones indispensables del buen pastor.

Oración

Oh Dios, que quisiste asociar a santo Tomás de Villanueva, insigne por su doctrina y caridad, al número de los santos pastores de tu Iglesia, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer continuamente entre los miembros de tu familia santa. Por nuestro Señor Jesucristo.


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