¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?

enero 4, 2019

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Franciscanos en Tierra Santa: Una misión que se remonta a los tiempos de las Cruzadas y que han seguido con fidelidad hasta hoy.

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¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?

Una misión que se remonta a los tiempos de las Cruzadas y que han seguido con fidelidad hasta hoy

Por Inma Álvarez

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¿Has ido a la Basilica de la Agonía, en el Huerto de los Olivos? Entonces, quizás te haya sorprendido, en un país tan lejano, conocer al padre Artemio Vitores, un franciscano español, y charlar amistosamente con él. Como él hay otros españoles, pero también franceses, americanos, italianos… Una comunidad religiosa muy singular, procedente de todos los rincones del mundo, que custodian los lugares en los que Cristo vivió.

Para cualquier peregrino a Tierra Santa, la Custodia Franciscana constituye un punto de referencia ineludible: los franciscanos están ligados a los Santos Lugares desde la época de las Cruzadas, ininterrumpidamente hasta hoy.

Poseen en propiedad muchos de los lugares donde transcurrió la vida terrena de Jesucristo, otros los comparten con miembros de otras confesiones, garantizando la presencia y el culto católicos. Pero ¿por qué ellos y no otros? 

El Custodio de Tierra Santa Pierbattista Pizzaballa es el autor de un folleto en el que explica la naturaleza de esta misión de la Orden franciscana.

Una misión que se remonta al propio Francisco de Asís, quien, como es sabido, peregrinó a la Tierra Santa entre 1219 y 1220, en tiempos de las Cruzadas. En este viaje se produjo su famoso encuentro con el sultán Melek el-Kamel, el enemigo acérrimo de los cristianos.

En realidad, la provincia franciscana de Tierra Santa había nacido dos años antes, y era una muestra del inmenso amor que Francisco sentía por Jesucristo y su enorme deseo de peregrinar a los lugares donde transcurrió su vida terrena.

Con este mismo espíritu, después de la muerte de Francisco, la Orden siguió alentando su presencia allí, concibiéndola como una auténtica misión después de la derrota y retirada cristianas.
 
Cuando los Santos Lugares volvieron a manos musulmanas, mantener la presencia cristiana en ellos se convirtió en una auténtica aventura.

Y los franciscanos, apoyados por los diferentes Papas (es de reseñar la Bula de Clemente VI, que sancionó el estatus de la Custodia), permanecieron presentes contra viento y marea desde entonces. Y, muchas veces, solos.

Durante siglos, compraron algunos de los lugares, manteniendo a duras penas los edificios, atendieron a los cristianos locales, bajo el dominio turco, bajo el otomano, en guerras y carestías.

Los franciscanos, en casi 700 años, fueron la única cara de la cristiandad visible en Tierra Santa, cuando todas las demás habían desaparecido. En 1847, la Santa Sede restableció el Patriarcado Latino de Jerusalén.

Un estatus especial

La provincia franciscana de Tierra Santa es la única en el mundo con un carácter internacional: los franciscanos que pertenecen a ella proceden de todo el mundo, y lo hacen voluntariamente, bien de forma permanente, eligiendo prestar sus servicios allí durante una temporada. Actualmente son unos 300 frailes.

Su presencia es especialmente importante en Jerusalén, donde mantienen una presencia en el Santo Sepulcro junto con los greco-ortodoxos y los armenios, y sobre todo custodian la Basílica de la Agonía (Getsemaní). Los otros dos lugares son Belén (Basílica de la Natividad) y Nazaret, en la Basílica de la Anunciación.

Además, la Custodia lleva a cabo trabajo pastoral en 29 parroquias de toda Tierra Santa, donde atienden a los cristianos locales de rito latino.

Mantienen además escuelas cristianas y obras sociales (viviendas, etc.) con las que ayudar a la minoría cristiana, extremamente necesitada a raíz del conflicto palestino.

Otra misión actualísima de los franciscanos es la animación cultural y el diálogo interreligioso. Baste decir que la Orden mantiene una importante actividad de difusión de los hallazgos arqueológicos relacionados con los Santos Lugares.

Para los expertos en el mundo bíblico, el Studium Biblicum Franciscanum no necesita cartas de presentación.

Como dice, a modo de conclusión, el padre Pizzaballa, los franciscanos han sido, durante siglos, un “puente” providencial entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, y una avanzadilla del diálogo interreligioso, así como una fuente de esperanza para los cristianos de Oriente Medio.

“En Tierra Santa, los frailes se encuentran en el corazón de la Iglesia y del mundo”. Y es verdad.

¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?

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El maná de cada día, 30.12.18

diciembre 29, 2018

Domingo Octava de Navidad

La Sagrada Familia: Jesús, María y José

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Bartolomé Esteban Murillo, Doble Trinidad, National Gallery, Londres



Antífona de entrada: Lucas 2, 16

Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en un pesebre


Oración colecta

Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole.

El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.

Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas.

La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.


SALMO 127, 1-2. 3. 4-5

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.


SEGUNDA LECTURA: Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.

Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor.

Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.


ALELUYA

Abre, Señor, nuestro corazón para que entendamos las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Él les contestó: « ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.


Antífona de comunión: Baruc 3, 38

Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres.

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EL EJEMPLO DE NAZARET

De las alocuciones del papa Pablo VI
(Alocución en Nazaret 5 de enero de 1964)

Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimien­to de su Evangelio.

Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sen­cilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá e una manera casi insensible, a imitar esta vida.

Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.

Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de la disciplina espiritual si queremos seguir las enseñan­zas del Evangelio y ser discípulos de Cristo.

¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!

Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret.

Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna.

Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.

Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social.

Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.

Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo, nuestro Señor.

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“Se puede ser piadoso castigando y cruel perdonando”

San Agustín, Sermón 13,9

Tú educas a tu hijo. Y lo primero que haces, si te es posible, es instruirle en el respeto y en la bondad, para que se avergüence de ofender al padre y no le tema como a un juez severo. Te alegras con semejante hijo. Si llegara a despreciar esta educación, le castigas, le azotas, le causas dolor, pero buscas su salvación. Muchos se corrigieron por el amor; otros muchos, por el temor, pero por el pavor del temor llegaron al amor. Instruíos los que juzgáis la tierra. Amad y juzgad. No se busca la inocencia haciendo desaparecer la disciplina.

Está escrito: Desgraciado aquel que se despreocupa de la disciplina. Bien pudiéramos añadir a esta sentencia: así como es desgraciado el que se despreocupa de la disciplina, aquel que la rechaza es cruel. Me he atrevido a deciros algo que, por la dificultad de la materia, me veo obligado a exponerlo con más claridad. Repito lo dicho: el que desprecia o no se preocupa de la disciplina es un desgraciado. Esto es evidente. El que la rechaza, es cruel.

Mantengo y defiendo que un hombre puede ser piadoso castigando y puede ser cruel perdonando. Os presento un ejemplo. ¿Dónde encuentro a un hombre que castigando sea piadoso? No iré a los extraños, iré directamente al padre y al hijo. El padre ama aun cuando castiga. Y el hijo no quiere ser castigado. El padre desprecia la voluntad del hijo, pero atiende a la utilidad.

¿Por qué? Porque es padre, porque le prepara la herencia, porque alimenta al sucesor. En este caso, el padre, castigando, es piadoso; hiriendo, es misericordioso. Preséntame un hombre que perdonando sea cruel. No me alejo de las mismas personas, sigo con ellas ante los ojos.

¿Acaso no es cruel perdonando aquel padre que tiene un hijo indisciplinado y, sin embargo, disimula, perdona y teme ofender con la esperanza (¿aspereza?) de la corrección al hijo perdido? Instruíos los que juzgáis la tierra; y juzgando rectamente no esperéis la recompensa de la tierra, sino de aquel que hizo el cielo y la tierra.


El maná de cada día, 26.12.18

diciembre 26, 2018

San Esteban, protomártir

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Antífona de entrada

Las puertas del cielo se han abierto para Esteban, el primero de los mártires; por eso ha recibido el premio de la corona del triunfo.


Oración colecta

Concédenos, Señor, la gracia de imitar a tu mártir san Esteban y de amar a nuestros enemigos, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 6, 8-10;7,54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.


SALMO 30, 3cd-4.6 y Sab 16bc-17

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirigeme y guíame.

A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. Te has fijado en mi aflicción.

Líbrame de los enemigos que me persiguen; haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.


Aclamación: Salmo 117, 26a y 27a

Bendito el que viene en nombre del Señor, el Señor es Dios, él nos ilumina.


EVANGELIO: Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán.

Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»


Antífona de comunión: Hechos de los apóstoles 7, 58

Se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu.


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San Esteban, protomártir

LAS ARMAS DE LA CARIDAD
De los sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo

Ayer celebramos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el triunfal martirio de su soldado.

Ayer nuestro Rey, revestido con el manto de nuestra carne y saliendo del recinto del seno virginal, se dignó visitar el mundo; hoy el soldado, saliendo del taber­náculo de su cuerpo, triunfador, ha emigrado al cielo.

Nuestro Rey, siendo la excelsitud misma, se humilló por nosotros; su venida no ha sido en vano, pues ha aportado grandes dones a sus soldados, a los que no sólo ha enriquecido abundantemente, sino que también los ha fortalecido para luchar invenciblemente. Ha traí­do el don de la caridad, por la que los hombres se hacen partícipes de la naturaleza divina

Ha repartido el don que nos ha traído, pero no por esto él se ha empobrecido, sino que, de una forma ad­mirable, ha enriquecido la pobreza de sus fieles, mien­tras él conserva sin mengua la plenitud de sus propios tesoros.

Así, pues, la misma caridad que Cristo trajo del cielo a la tierra ha levantado a Esteban de la tierra al cielo. La caridad, que precedió en el Rey, ha brillado a con­tinuación en el soldado.

Esteban, para merecer la corona que significa su nom­bre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el pró­jimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapi­daban, para que no fueran castigados.

Confiado en la fuerza de la caridad, venció la acerba crueldad de Saulo, y mereció tener en el cielo como compañero a quien conoció en la tierra como perseguidor. La santa e inquebrantable caridad de Esteban deseaba conquistar orando a aquellos que no pudo convertir amonestando.

Y ahora Pablo se alegra con Esteban, y con Esteban goza de la caridad de Cristo, triunfa con Esteban, rei­na con Esteban; pues allí donde precedió Esteban, mar­tirizado por las piedras de Pablo, lo ha seguido éste, ayudado por las oraciones de Esteban.

¡Oh vida verdadera, hermanos míos, en la que Pablo no queda confundido de la muerte de Esteban, en la que Esteban se alegra de la compañía de Pablo, porque ambos participan de la misma caridad! La caridad en Esteban triunfó de la crueldad de los judíos, y en Pablo cubrió la multitud de sus pecados, pues en ambos fue la caridad respectiva la que los hizo dignos de poseer el reino de los cielos.

La caridad es la fuente y el origen de todos los bienes, egregia protección, camino que conduce al cielo. Quien camina en la caridad no puede temer ni errar; ella dirige, protege, encamina.

Por todo ello, hermanos, ya que Cristo construyó una escala de caridad, por la que todo cristiano puede ascender al cielo, guardad fielmente la pura caridad, ejercitadla mutuamente unos con otros y, progresando en ella, alcanzad la perfección.


¿Por qué no hubo sexo entre María y José? Responde Fulton Sheen

diciembre 20, 2018

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¿Por qué no hubo sexo entre María y José? No fue necesario; sobraba porque su matrimonio fue consumado con Jesús. María y José se unieron con Jesús.

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¿Por qué no hubo sexo entre María y José?

Responde Fulton Sheen

A continuación una exhortación del arzobispo norteamericano Fulton Sheen (1895-1979) sobre el matrimonio cristiano vivido a ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret. ¡Es una preciosidad!

“Quiero hablarles de un matrimonio que formó una familia: del constituido por la Virgen María y san José.

Para explicar la singularidad de sus bodas, hay que tener presente una verdad: puede haber habido matrimonio aun sin unión física. 

Este caso puede existir por tres motivos: porque los sentidos, satisfechos ya, se hayan vuelto insensibles; porque los esposos, después de haberse unido, hayan hecho voto a Dios de renunciar al placer para dedicarse a los más sublimes éxtasis del espíritu; y, finalmente, porque los esposos, a pesar del matrimonio, hayan hecho voto de virginidad, renunciado a sus recíprocos derechos.

la virginidad resultó ser el centro de atracción de esta unión.

Una cosa es renunciar a los placeres de la vida conyugal por estar hartos de ellos, y otra muy distinta renunciar a esos placeres antes de haberlos probado para formar solamente una unión de corazones, como ocurrió con las bodas de María y José.

Ellos se unieron como dos estrellas que no se enlazan nunca mientras que sus rayos luminosos se entrecruzan en el espacio.

Fue un matrimonio parecido a lo que sucede en la primavera entre las flores que juntan sus perfumes o a dos instrumentos que juntan sus melodías al unísono formando una sola.

Los esposos, al renunciar a sus recíprocos derechos por un móvil más elevado, no destruyen la esencia del matrimonio, pues como dice san Agustín, “la base de un matrimonio de amor es la unión de los corazones”.

Esto nos lleva a una pregunta: ¿Por qué fue necesario el matrimonio habiendo hecho voto de virginidad la Virgen y san José?

El matrimonio era necesario a pesar del voto de virginidad para preservar a la Virgen de cualquier sospecha mientras no le llegase el tiempo de revelar el misterio del nacimiento de Jesús.

Se consideró, en efecto, que Nuestro Señor fuera hijo de san José. De este modo, no quedó expuesto al sarcasmo del pueblo el nacimiento de Cristo y no sirvió de escándalo para los débiles en la fe.

De esta manera, además, pudo tener en José un testigo la pureza de María.

Pero todo privilegio de la gracia debe tener su correspondencia, y María y José hubieron de pagarlo con su mayor dolor.

El Ángel no había dicho a la Virgen que revelase la obra del Espíritu Santo que se había realizado en ella, y por eso se calló María. San José, al no poderse explicar el fenómeno, pensó repudiarla.

Una vez hizo la Virgen la siguiente revelación a un santo: “Nunca experimenté una angustia tan intensa, con excepción de la del Gólgota, como la que sentí al tener que desagradar, mal de mi gusto, a José, que era un hombre justo”.

San José sufría al no poder comprender lo sucedido: sabía que María, lo mismo que él, había hecho el voto de virginidad, y por eso la consideraba fuera de toda sospecha y no se atrevía ni a pensar que tuviese culpa alguna. ¿Cómo debería explicárselo entonces?

La sorpresa del casto José era comparable a la de la Virgen María cuando en el momento de la Anunciación hubo de preguntar: “¿Cómo puede suceder eso si no conozco a hombre alguno?” María deseaba saber cómo podría ser virgen y madre a un mismo tiempo, y san José no sabía cómo podría ser virgen y padre.

Y el Ángel del Señor explicó a ambos que solamente Dios tenía poder para hacer semejante cosa, y no la ciencia humana. Solamente pueden penetrar en estos misterios los que entienden la voz de los ángeles.

Como quiera que san José quería repudiar secretamente a la Virgen, el Ángel le corrió el velo del misterio: efectivamente, tan pronto como tal pensamiento se afianzó en la mente del santo, un ángel se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas de vivir con tu esposa, María, porque lo nacido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, al que le pondrás por nombre Jesús. Él liberará a su pueblo de los pecados” (San Mateo 1, 20-21).

De este modo, conociendo las razones del nacimiento de Jesús, pudo san José volver a encontrar la paz. Su alma se llenó de felicidad al tener noticia de que sería el padre putativo del Salvador del mundo y guardián protector de la Madre de aquel a quien no pueden contener los cielos.

Vayamos ahora a la segunda pregunta: ¿Era san José viejo o joven?

La mayor parte de las esculturas y de los cuadros nos presentan un san José viejo, con una larga barba canosa. No existe, desde luego, ningún dato histórico que nos indique su edad.

Si buscamos las razones por las que el arte nos lo representa viejo, descubrimos que se da ese aspecto por entenderse que es el que más se dice con su papel de custodio de la virginidad de María.

Sin embargo, notamos que el arte ha hecho de san José un esposo puro y casto más por edad que por virtud.

Eso se parece al creer que la mejor manera de representar a un hombre honrado, incapaz de robar, sería pintarlo sin manos.

Ante todo, se olvida que en los viejos pueden arder los mismos malos deseos que en los jóvenes. Tenemos un ejemplo en el caso de Susana, pues viejos eran los que la tentaron en el jardín.

Al representar tan viejo a san José, hasta se da un mérito a la edad de un hombre y no a su virtud.

Juzgar a san José puro, por ser viejo, es como querer ensalzar a un torrente de montaña, carente de agua.

Parece, además, lógico pensar que Nuestro Señor prefiriese escoger para padre putativo a un hombre que sabía y quería sacrificarse, y no a uno que se veía obligado a ello.

¿Es, además, presumible que Dios quisiese dar a un viejo por compañero a una jovencita? Si el Señor no tuvo a menos confiar, desde la Cruz, su madre a un joven como san Juan, ¿por qué había de ligarla a un viejo desde el alborear de la vida?

El amor de la mujer determina al del hombre.

La mujer es educadora silenciosa de la virilidad de su esposo. Siendo María el símbolo de la virginidad y la sublime inspiradora de la pureza para todos, ¿por qué no habría de emplear esa su fascinación de maravilla con su José, el justo?

La Virgen conquistó el corazón de su joven esposo, no con la disminución del amor, sino sublimándolo.

A mi parecer, por tanto, san José debió de ser, al casarse con la Virgen, un hombre joven, fuerte, viril, atlético, bien parecido y casto; un prototipo del hombre que puede verse hoy en una pradera apacentando un rebaño o piloteando un avión, o en el taller de un carpintero.

Y no un impotente, sino, por el contrario, rebosante de vigor varonil; no un fruto secado, sino una flor lozana y llena de promesa; no en el ocaso de la vida, sino en el amanecer, derrochando energía, fuerza y pasión.

¡Cómo se agigantan las figuras de la Virgen y de san José cuando, deteniéndonos en el examen de su vida, descubrimos en ella el Primer Poema de Amor!

El corazón humano no se conmueve ante el amor de un viejo por una joven; pero ¿cómo no admirarse profundamente del amor de dos jóvenes unidos por un vínculo divino?

María y José eran ambos jóvenes, muy bien parecidos y llenos de promesas.

Dios siente predilección, por las impetuosas cataratas y por las turbulentas cascadas, pero estoy seguro de que las prefiere cuando, con la energía desarrollada por ellas, se alumbran las ciudades y con sus aguas se aplaca la sed de un niño, a cuando con su ímpetu tronchan las flores brotadas en la orilla.

En María y José no encontramos una cascada de aguas puras y encauzadas ni un lago desecado, sino dos jóvenes que antes de conocer la hermosura de una y la potente fuerza del otro, renuncian a su disfrute para darse por entero a la “pasión sin pasión” y a la “impetuosa calma” de Jesús.

María y José llevaron a su boda no sólo su voto de virginidad, sino también dos corazones llenos de un gran amor, más grande que cualquier otro amor que corazón humano haya podido nunca contener.

Ninguna pareja de casados se ha querido nunca tanto.

Puedo preguntarles a los que son casados: “¿A qué aspiran después de haberse amado? Al Infinito, a un eterno éxtasis sin fin. Pero no se puede probar en su plenitud porque el Infinito al que aspira su alma está aprisionado por el cuerpo.

Este les obstaculiza la progresión hacia Dios, al que se tiende.

Pero si hoy no les hace gustar una delicia infinita el acto de amor, les será dado gozar de ella en el cielo.

En el cielo no será necesaria la unión de los cuerpos porque su amor será infinito.

He aquí por qué ha dicho Dios que en el cielo no existirán matrimonios. No serán necesarias las apariencias porque tendremos la sustancia.

¿Nos afanaríamos por un rayo de sol reflejado por un espejo pudiendo gozarlo directamente? Pues bien: María y José ya probaron la dicha sin igual que es la posesión del amor eterno del cielo, sin ansiedades, al que tiende vuestro matrimonio en Cristo.

Ustedes los casados tienen ahora necesidad de la unión material porque no poseen la realidad de Dios. Como la Virgen y san José poseían a Jesús, ya no deseaban nada más.

Se tiene necesidad de la comunión física para comprender la unión de Cristo con su Iglesia.

Ellos no tenían esa necesidad porque poseían a la Divinidad.

Como dijo León XIII de modo admirable: “Su matrimonio fue consumado con Jesús”. Ustedes se unen con los cuerpos. María y José se unieron con Jesús.

¿Para qué querían afanarse tras los efímeros goces de la carne, cuando en su amor estaba la Luz del mundo?

En realidad de verdad, Jesús es la voluptuosidad de los corazones, por lo que estando Él presente, todo lo demás sobra.

Del mismo modo que marido y mujer se olvidan de sí mismos al contemplar ambos al hijito recién nacido recostadito en su cuna, así también María y José no pensaron más que en Jesús.

Amor más profundo, ni lo ha habido ni lo habrá ya nunca en esta tierra.

La Virgen y san José no llegaron a Dios a través de su amor recíproco, sino que gustaron del grande y puro amor del uno para el otro después de haberse dirigido antes a Jesús.

José renunció a la paternidad de la sangre, pero la encontró en el espíritu, porque fue padre putativo de Jesús. La Virgen renunció a la maternidad y la encontró en su propia virginidad.

La Virgen María fue como el jardín cerrado en el que sólo penetró la Luz del mundo, que no rompió nada para entrar, de la misma manera que la luz solar atraviesa los cristales y entra en una habitación.

Dedico esta transmisión a los que están casados cristianamente y a todos los que un día serán admitidos en el gran misterio del amor.

Que el ejemplo de María y José les sirva para hacerles comprender que el mayor error de una pareja matrimonial es creer que para el casamiento sólo se precisan dos personas: él y ella.

¡No! Se necesitan tres: él, ella y Dios.

¿Me permiten ustedes, marido, mujer e hijos, que les pida que recen juntos en familia, como homenaje al perfecto amor de la Sagrada Familia, un Rosario todas las noches?

Todas las parejas que he unido en matrimonio podrán atestiguar que mi recomendación de siempre ha sido ésta: recen juntos.

La oración de una familia reunida es más grata a Dios que la hecha por separado, porque la familia representa la unidad de la sociedad.

El cristianismo es la única religión que tiene un carácter familiar, porque tiene su origen en una Madre y un Hijo.

Mientras recen todas las noches el santo Rosario en familia, la Virgen les revelará el secreto del Amor y tal vez susurren el uno al otro: “Te quiero, pero no según mi voluntad, sino conforme a la de Dios.”

Si en su cariño solo buscan el amor terreno, no encontrarán nada, pero si a través de él buscan a Dios, entonces lo tendrán todo, porque, lo repito, para que haya amor verdadero, se necesitan tres: él, ella y Dios.

¡Por el amor de Jesús!”

Por Fulton Sheen

¿Por qué no hubo sexo entre María y José?

 


¿Era san José un anciano o un esposo sin vigor?

diciembre 20, 2018

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En el portal de Belén haya un san José joven, vestido como un israelita, con cara serena y rostro amable.

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¿Era san José un anciano o un esposo sin vigor?

Eso no lo dice el Evangelio, más bien se deduce todo lo contrario

Por Salvador Aragonés

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Estos días las familias preparan la Navidad, y con ella también un Belén con figuritas de pastores, de mujeres que llevan presentes al Niño Jesús que acaba de nacer.

Y también ponen en una cueva las figuras de Jesús, María y José, junto a un buey y un asno. Cerca de la cueva están los tres Reyes Magos que esperan su día para adorar al Niño Dios.

En el Belén o Pesebre lo más importante es el Nacimiento. Hay una multiplicidad de imágenes sobre el portal de Belén, todas con Jesús, María y José.

Esta vez nos vamos a fijar en la imagen de san José. ¿Era José de Nazaret un anciano? ¿Era José de Nazaret un esposo sin vigor? ¿Cómo era san José?

José era un “hombre justo” (Mt, 1, 19), es decir santo, un carpintero que amaba con todo su corazón a una muchacha bella no solo por fuera, sino sobre todo por dentro, porque había nacido sin pecado original (Inmaculada). Conocía tanto la bondad de María que no la quería repudiar.

La imagen de José de Nazaret ha sido presentada a lo largo de los 2.000 años de historia del cristianismo de manera diversa.

Si analizamos los textos de la Escritura, especialmente el comienzo de los evangelios de Mateo y Lucas, no hay ningún signo que indique que José de Nazaret era un hombre entrado en años.

¿Por qué? Por dos razones principales.

La primera: María de Nazaret, una jovencita “llena de gracia” (Lc, 1, 28), no podía enamorarse de un anciano, o un hombre ya entrado en años, mucho mayor que ella. Sería como eclipsar el sentido de la belleza del corazón de la Virgen María.

La segunda: si José -elegido por Dios para cuidar a la Virgen y al hijo de Dios- hubiera sido un anciano, ¿cómo podría haber viajado con la Virgen -encinta del último mes- de Nazaret a Belén? Y después viajar a Egipto y vuelta a Israel y trabajar de carpintero… ¿Hubiera elegido Dios a un anciano?

Entonces ¿cómo pudo mantener su castidad siendo joven? Dios, a través de su Ángel, le anunció a José la virginidad de María y lo eligió esposo de una Virgen y custodio del Hijo de Dios.

O sea que Dios le dio la gracia para llevar a cabo su misión de cuidar tanto del Niño como de su madre con su virginidad. Cuando el amor es tan profundo, la virtud de la castidad supera cualquier obstáculo.

En no pocos pesebres José de Nazaret aparece con rostro envejecido, incluso con barba blanca y calvo.

Esta figura de san José se adueñó de la imaginería religiosa de la Edad Media y Moderna porque creyeron que así se resaltaba la virginidad de María.

En los tiempos actuales, los artistas esculpen, dibujan o representan a san José con barba poblada negra o de color castaño, con todo el pelo de un hombre joven y con un cuerpo bien compuesto, sin curvaturas.

Este es el San José bíblico, el padre del Hijo de Dios según la Ley. Ya no son los tiempos en que para las representaciones teatrales del Nacimiento de Jesús se eligiera al anciano del pueblo para el papel de san José.

Así, pues, en el portal moderno de Belén haya un san José joven, vestido como un israelita, con cara serena y rostro amable.


El maná de cada día, 1.12.18

diciembre 1, 2018

Sábado de la 34ª semana del Tiempo Ordinario


Tercer día de la novena a la Inmaculada Concepción

Dichoso quien hace caso del mensaje profético contenido en este libro

Dichoso quien hace caso del mensaje profético contenido en este libro

 
PRIMERA LECTURA: Apocalipsis 22, 1-7

El ángel del Señor me mostró a mí, Juan, el río de agua viva, luciente como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. A mitad de la calle de la ciudad, a ambos lados del río, crecía un árbol de la vida; da doce cosechas, una cada mes del año, y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones. Allí no habrá ya nada maldito.

En la ciudad estarán el trono de Dios y el del Cordero, y sus siervos le prestarán servicio, lo verán cara a cara y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá más noche, ni necesitarán luz de lámpara o del sol, porque el Señor Dios irradiará luz sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.

Me dijo: «Estas palabras son ciertas y verdaderas. El Señor Dios, que inspira a los profetas, ha enviado su ángel para que mostrase a sus siervos lo que tiene que pasar muy pronto. Mira que estoy para llegar. Dichoso quien hace caso del mensaje profético contenido en este libro.»

SALMO 94

¡Marana tha! Ven, Señor Jesús.

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes; suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Aclamación antes del Evangelio: Lucas 21, 36

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para manteneros en pie ante el Hijo del hombre.

EVANGELIO: Lucas 21, 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»


HACIA LA CASA DEL PADRE

P. Francisco Fernández Carvajal

La gloria accidental. Estar vigilantes.

En el Cielo veremos a Dios y gozaremos en Él con un gozo infinito, según la santidad y los méritos adquiridos aquí en la tierra. Pero la misericordia de Dios es tan grande, y tanta su largueza, que ha querido que sus elegidos encuentren también un nuevo motivo de felicidad en el Cielo a través de los bienes legítimos creados a los que el hombre aspira; es lo que llaman los teólogos gloria accidental.

A esta bienaventuranza pertenecen la compañía de Jesucristo, a quien veremos glorioso, al que reconoceremos después de tantos ratos de conversación con Él, de tantas veces como le recibimos en la Sagrada Comunión…, la compañía de la Virgen, de San José, de los Ángeles, en particular del propio Ángel Custodio, y de todos los santos. Especial alegría nos producirá encontrarnos con los que más amamos en la tierra: padres, hermanos, parientes, amigos…, personas que influyeron de una manera decisiva en nuestra salvación…

Además, como cada hombre, cada mujer, conserva su propia individualidad y sus facultades intelectuales, también en el Cielo es capaz de adquirir otros conocimientos utilizando sus potencias15. Por eso será un motivo de gozo la llegada de nuevas almas al Cielo, el progreso espiritual de las personas queridas que quedaron en la tierra, el fruto de los propios trabajos apostólicos a lo largo del tiempo, la fecundidad sobrenatural de las contrariedades y dificultades padecidas por servir al Maestro… A esto se añadirá, después del juicio universal, la posesión del propio cuerpo, resucitado y glorioso, para el que fue creada el alma. Esta gloria accidental aumentará hasta el día del juicio universal16.

Es bueno y necesario fomentar la esperanza del Cielo; consuela en los momentos más duros y ayuda a mantener firme la virtud de la fidelidad. Es tanto lo que nos espera dentro de poco tiempo que se entienden bien las continuas advertencias del Señor para estar vigilantes y no dejarnos envolver por los asuntos de la tierra de tal manera que olvidemos los del Cielo. En el Evangelio de la Misa de hoy17, el último del año litúrgico, nos advierte Jesús: Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida, la preocupación del dinero y se os eche encima aquel día… Estad siempre despiertos… y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pensemos con frecuencia en aquellas otras palabras de Jesús: Voy a prepararos un lugar18. Allí, en el Cielo, tenemos nuestra casa definitiva, muy cerca de Él y de su Madre Santísima. Aquí solo estamos de paso. «Y cuando llegue el momento de rendir nuestra alma a Dios, no tendremos miedo a la muerte. La muerte será para nosotros un cambio de casa. Vendrá cuando Dios quiera, pero será una liberación, el principio de la Vida con mayúscula. Vita mutatur, non tollitur (Prefacio I de Difuntos) (…). La vida se cambia, no nos la arrebatan. Empezaremos a vivir de un modo nuevo, muy unidos a la Santísima Virgen, para adorar eternamente a la Trinidad Beatísima, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es el premio que nos está reservado»19.

Mañana comienza el Adviento, el tiempo de la espera y de la esperanza; esperemos a Jesús muy cerca de María.

15 Cfr. Santo Tomás, o. c., 1, q. 89, ad 1 ad 3, aa. 5 y 6; 3, q. 67, a. 2. — 16 Cfr. Catecismo Romano, 1, 13, n. 8. — 17 Lc 21, 34-36. — 18 Jn 14, 2. — 19 A. del Portillo, Homilía 15-VIII-1989, en Romana, n. 9, VII-XII-89, p. 243.

 

NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

milagrosa

 

DÍA TERCERO

La Anunciación

Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” (Lc 1,38)

Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Reflexión

Los teólogos sostienen que seguramente María sería una adolescente cuando el Ángel Gabriel le transmitió el anuncio de salvación de parte de Dios. Ese día, Dios reveló a María su vocación y el papel que jugaría en la salvación del mundo. Le reveló que él tenía un Hijo que vendría al mundo para salvar a todos los hombres del pecado, la muerte y el dominio de Satanás.

Dios le pidió a María, la nueva Eva, que fuera la madre virgen de su Hijo eterno. Su plan dependía del “Sí” de María. Dios quería abrir las compuertas de la misericordia a la humanidad a través del consentimiento de María para ser la Madre virgen de Dios hecho hombre. Dios, que no necesita a nadie para hacer lo que se propone, quiso enviarnos a su Hijo a través del asentimiento de fe de María.

María ofició ante Dios de representante del Pueblo de Israel, y más aún, de todo el género humano. En ese momento, todo dependió de su fiat, de su hágase en mí según tu palabra. En el Concilio Vaticano II, la Iglesia enfatizó la idea de la participación activa de María en la redención del mundo. Los Padres conciliares recordaron las palabras de San Ireneo de Lyon, obispo del siglo II.

Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente.

Con razón, pues, piensan los Santos Padres que María no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooperó a la salvación de los hombres con fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, “obedeciendo, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano.” Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con él en su predicación que “el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen María mediante su fe;” y comparándola con Eva, llaman a María «Madre de los vivientes,” afirmando aún con mayor frecuencia que “la muerte vino por Eva, la vida por María” (Lumen Gentium, 56).

A través del poder del Altísimo que la cubrió con su sombra, María abrazó a Cristo, primero con su mente por la fe, luego con su corazón por medio de la esperanza y la caridad, y finalmente con su cuerpo mediante el milagro que sólo Dios podía realizar. Ella consintió con todo su ser su maternidad virginal con la plena conciencia de que su hijo se llamaría Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1,21). Con su fiat, María nos dio a Jesús, por lo cual en los planes de Dios, es la humana causa de nuestra salvación. Todo lo bueno en nuestras vidas, lo debemos a María, la Causa de nuestra alegría.

Oración

Dios, Padre Todopoderoso, cuando María se entregó a tu Palabra, concibió a Cristo primero en su mente por la fe, después en su corazón por la esperanza y el amor, y finalmente en su cuerpo por obra de tu Espíritu Santo. Gracias a su deseo de ser la madre de tu Hijo, María abrió para todos los hombres las compuertas de tu amor misericordioso. Que ella ayude a todos los hombres a vivir en fe, esperanza y caridad, obedeciendo tu voluntad. Que ella nos recuerde siempre que lo que Tú quieres es dar la salvación a nuestros hermanos por medio de nuestra fe y buenas obras. Ayúdanos a aceptar plenamente nuestra responsabilidad en la lucha contra la cultura de la muerte y la promoción de la cultura de la vida en nuestra sociedad. Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

V. Oh María, sin pecado concebida.
R. Ruega por nosotros que recurrimos a Ti.


El maná de cada día, 30.11.18

noviembre 30, 2018

San Andrés, apóstol

Segundo día de la novena a la Inmaculada Concepción

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San Andrés, apóstol

 


Antífona de entrada: Mt 4, 18-19

El Señor, junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Pedro y Andrés, y los llamó: Veníos conmigo y los haré pescadores de hombres.

Oración colecta

Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Romanos 10, 9-18

Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura: «Nadie que cree en él quedará defraudado.»

Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.»

Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían? Lo dice la Escritura: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!»

Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías: «Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?» Así pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo.

Pero yo pregunto: «¿Es que no lo han oído?» Todo lo contrario: «A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje.»

SALMO 18, 2-3.4-5

A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 19

Venid y seguidme -dice el Señor- y os haré pescadores de hombres.

EVANGELIO: Mateo 4, 18-22

En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Antífona de comunión: Jn 1, 41-42

Dijo Andrés a su hermano Simón: Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús.
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San Andrés,  Apóstol

Andrés, nacido en Betsaida, fue primeramente discípulo de Juan Bautista, siguió después a Cristo y le presentó también a su hermano Pedro. Él y Felipe son los que llevaron ante Jesús a unos griegos, y el propio Andrés fue el que hizo saber a Cristo que había un muchacho que tenía unos panes y unos peces. Según la tradición, después de Pentecostés predicó el Evangelio en muchas regiones y fue crucificado en Acaya.

HEMOS ENCONTRADO AL MESÍAS

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo,
sobre el evangelio de san Juan

Andrés, después de permanecer con Jesús y de aprender de él muchas cosas, no escondió el tesoro para sí solo, sino que corrió presuroso en busca de su hermano, para hacerle partícipe de su descubrimiento. Fíjate en lo que dice a su hermano: Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo. ¿Ves de qué manera manifiesta todo lo que había aprendido en tan breve espacio de tiempo?

Pues, por una parte, manifiesta el poder del Maestro, que les ha convencido de esto mismo, y, por otra, el interés y la aplicación de los discípulos, quienes ya desde el principio se preocupaban de estas cosas.

Son las palabras de un alma que desea ardientemente la venida del Señor, que espera al que vendrá del cielo, que exulta de gozo cuando se ha manifestado y que se apresura a comunicar a los demás tan excelsa noticia.

Comunicarse mutuamente las cosas espirituales es señal de amor fraterno, de entrañable parentesco y de sincero afecto.

Pero advierte también, y ya desde el principio, la actitud dócil y sencilla de Pedro. Acude sin tardanza: Y lo llevó a Jesús, afirma el evangelio. Pero que nadie lo acuse de ligereza por aceptar el anuncio sin una detenida consideración. Lo más probable es que su hermano le contase más cosas detalladamente, pues los evangelistas resumen muchas veces los hechos, por razones de brevedad.

Además, no afirma que Pedro creyera al momento, sino que lo llevó a Jesús, y a él se lo confió, para que del mismo Jesús aprendiera todas las cosas. Pues había también otro discípulo que tenía los mismos sentimientos.

Si Juan Bautista, cuando afirma: Éste es el Cordero, y: Bautiza con Espíritu Santo, deja que sea Cristo mismo quien exponga con mayor claridad estas verdades, mucho más hizo Andrés, quien, no juzgándose capaz para explicarlo todo, condujo a su hermano a la misma fuente de la luz, tan contento y presuroso, que su hermano no dudó ni un instante en acudir a ella.



NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

milagrosa


DÍA SEGUNDO

El deseo de virginidad de María

María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? (Lucas 1, 34)

Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Reflexión

Mucho antes de que el Ángel Gabriel diera a María el mensaje de que Dios la había elegido para ser la madre de su Hijo, ella había decidido entregarse entera y exclusivamente a través del don de la virginidad perpetua. María sabía que Dios había establecido una Alianza –un lazo familiar- con el Pueblo de Israel en el Monte Sinaí. El Señor se había mantenido fiel a las promesas de la Alianza, pero Israel había violado esa fidelidad. Con sus repetidas desobediencias a los Mandamientos de Dios, Israel demostró ser una esposa adúltera. María, consciente de la historia de su pueblo y dolida por las infidelidades narradas por los Profetas, anhelaba vivir amando a Dios como su esposa fiel para reparar los pecados de su pueblo.

A continuación, la descripción del Papa Juan Pablo II del deseo de María de permanecer virgen toda su vida:

Ella misma deseaba encarnar en sí la imagen de la esposa completamente fiel y plenamente entregada al Espíritu divino y, por eso, se convierte en el comienzo del nuevo Israel, es decir, del pueblo querido por el Dios de la alianza en su corazón de esposo. María no usa, ni en el diálogo ni en el cántico, términos de la analogía nupcial, pero hace mucho más: confirma y consolida una consagración que ya está viviendo y que resulta su condición habitual de vida. En efecto, replica al Ángel de la anunciación: «No conozco varón» (Lc 1, 34). Es como si dijera: soy virgen consagrada a Dios y no quiero abandonar a este Esposo, porque creo que no lo quiere él, tan celoso de Israel, tan severo con quien lo ha traicionado, tan insistente en su misericordiosa llamada a la reconciliación. María es consciente de la infidelidad de su pueblo y quiere ser una esposa fiel al Esposo divino, tan amado.

Dios envió al Ángel Gabriel a la ciudad de Nazaret a decirle a María que había aceptado su deseo de pertenecerle exclusivamente a él y que, de hecho, él había puesto en ella ese deseo. El deseo de María de permanecer virgen era, en realidad, una respuesta al amor fiel de Dios hacia ella. El Ángel le anuncia a María que ella concebiría al hijo de Dios en su virginidad a través del poder del Espíritu Santo que vendría sobre ella y la cubriría con su sombra. Ella se convierte entonces en virgen, esposa y madre simultáneamente. La elección libre de María de permanecer virgen fue lo que posibilitó su pertenencia completa a Cristo como su madre y a cada uno de nosotros como nuestra madre amorosa. La Santísima Virgen María fue testigo de que el precioso valor de la virginidad existe siempre en orden al amor esponsal y la maternidad.

Oración

Dios Todopoderoso y Eterno, María se entregó a Ti sin reserva a través del don de su virginidad. Así como amó a Jesús con todo el corazón, sigue amando y sirviendo a todos sus hijos en la tierra. Por medio de su ejemplo, infunde en todos los miembros de tu Iglesia un aprecio más profundo del valor de la virginidad. Ayúdanos a comprender que la virginidad es el regalo perfecto que los esposos se entregan el uno al otro el día de su boda. Inspira a muchos jóvenes para que abracen una vida consagrada célibe o virgen en el sacerdocio o la vida religiosa. Enséñanos el significado de las palabras de tu Hijo: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt 5, 8). Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

V. Oh María, sin pecado concebida.
R. Ruega por nosotros que recurrimos a Ti.


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