El maná de cada día, 14.12.19

diciembre 14, 2019

Sábado de la 2ª semana de Adviento

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Los discípulos entendieron que se refería a Juan el Bautista

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PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 48, 1-4.9-11

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido.

Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego.

¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo.

Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel.

Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.


SALMO: 79

Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa.

Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre.


Aclamación antes del Evangelio: Lucas 3, 4. 6

Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Todos verán la salvación de Dios.


EVANGELIO: Mateo 17, 10-13

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»

Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»

Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

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Las promesas de Dios se nos conceden por su Hijo

San Agustín. Comentario sobre los salmos 109, 1-3

Dios estableció el tiempo de sus promesas y el momento de su cumplimiento.

El período de las promesas se extiende desde los profe­tas hasta Juan Bautista. El del cumplimiento, desde éste hasta el fin de los tiempos.

Fiel es Dios, que se ha constituido en deudor nuestro, no porque haya recibido nada de nosotros, sino por lo mucho que nos ha prometido. La promesa le pareció poco, incluso; por eso, quiso obligarse mediante escritura, ha­ciéndonos, por decirlo así, un documento de sus promesas para que, cuando empezara a cumplir lo que prometió, viésemos en el escrito el orden sucesivo de su cumplimiento. El tiempo profético era, como he dicho muchas veces, el del anuncio de las promesas.

Prometió la salud eterna, la vida bienaventurada en la compañía eterna de los ángeles, la herencia inmar­cesible, la gloria eterna, la dulzura de su rostro, la casa de su santidad en los cielos y la liberación del miedo a la muerte, gracias a la resurrección de los muertos. Esta última es como su promesa final, a la cual se enderezan todos nuestros esfuerzos y que, una vez alcanzada, hará que no deseemos ni busquemos ya cosa alguna. Pero tam­poco silenció en qué orden va a suceder todo lo relativo al final, sino que lo ha anunciado y prometido.

Prometió a los hombres la divinidad, a los mortales la inmortalidad, a los pecadores la justificación, a los mise­rables la glorificación.

Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecía increíble lo prometido por Dios –a saber, que los hombres habían de igualarse a los ángeles de Dios, saliendo de esta mortalidad, corrupción, bajeza, debilidad, polvo y ceni­za–, no sólo entregó la escritura a los hombres para que creyesen, sino que también puso un mediador de su fide­lidad. Y no a cualquier príncipe, o a un ángel o arcángel sino a su Hijo único. Por medio de éste había de mostrarnos y ofrecernos el camino por donde nos llevaría al fin prometido.

Poco hubiera sido para Dios haber hecho a su Hijo manifestador del camino. Por eso, le hizo camino, para que, bajo su guía, pudieras caminar por él.

Debía, pues, ser anunciado el unigénito Hijo de Dios en todos sus detalles: en que había de venir a los hombres y asumir lo humano, y, por lo asumido, ser hombre, morir y resucitar, subir al cielo, sentarse a la derecha del Padre y cumplir entre las gentes lo que prometió. Y, después del cumplimiento de sus promesas, también cumpliría su anuncio de una segunda venida, para pedir cuentas de sus dones, discernir los vasos de ira de los de misericordia, y dar a los impíos las penas con que amenazó, y a los justos los premios que ofreció.

Todo esto debió ser profetizado, anunciado, encomia­do como venidero, para que no asustase si acontecía de repente, sino que fuera esperado porque primero fue creído.


El maná de cada día, 28.10.19

octubre 28, 2019

San Simón y san Judas, Apóstoles

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San Simón y San Judas Tadeo



Antífona de entrada

Éstos son los santos varones, a quienes eligió el Señor amorosamente y les dio una gloria eterna.


Oración colecta

Señor Dios nuestro, que nos llevaste al conocimiento de tu nombre por la predicación de los apóstoles, te rogamos que, por intercesión de san Simón y san Judas, tu Iglesia siga siempre creciendo con la conversión incesante de los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Efesios 2,19-22

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular.

Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.


SALMO 18,2-3.4-5

A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.


Aclamación antes del Evangelio

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles.


EVANGELIO: Lucas 6,12-19

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.


Antífona de comunión: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra, dice el Señor; y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él.

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28 de octubre
San Simón y San Judas, apóstoles

El nombre de Simón figura en undécimo lugar en la lista de los apóstoles. Lo único que sabemos de él es que nació en Caná y que se le daba el apodo de «Zelotes». Judas, por sobrenombre Tadeo, es aquel apóstol que en la última cena preguntó al Señor por qué se manifestaba a sus discípulos y no al mundo (Jn 14, 22). La liturgia romana, a diferencia de la de los orientales, conmemora el mismo día, juntamente, a estos dos apóstoles.

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo

Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan

Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y administradores de sus divinos misterios, y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera.

Es verdad lo que afirma la Escritura: Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama. Fue, en efecto, nuestro Señor Jesucristo el que llamó a sus discípulos a la gloria del apostolado, con preferencia a todos los demás.

Aquellos bienaventurados discípulos fueron columnas y fundamento de la verdad; de ellos afirma el Señor que los envía como el Padre lo ha enviado a él, con las cuales palabras, al mismo tiempo que muestra la dignidad del apostolado y la gloria incomparable de la potestad que les ha sido conferida, insinúa también, según parece, cuál ha de ser su estilo de obrar.

En efecto, si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él, era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo.

Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Y también: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

De este modo, resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido.

Leyendo los Hechos de los apóstoles o los escritos de san Pablo, nos damos cuenta fácilmente del empeño que pusieron los apóstoles en obrar según estas consignas recibidas.


El maná de cada día, 20.10.19

octubre 19, 2019

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?



Antífona de entrada: Sal 16, 6. 8

Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos; a la sombra de tus alas escóndeme.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Éxodo 17, 8-13

En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué: «Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano»

Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec.

Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.

Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.


SALMO 120,1-2.3-4.5-6.7-8

El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.


SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 3, 14–4,2

Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación.

Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.



Aclamación antes del Evangelio: Hb 4, 12

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.


EVANGELIO:  Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”»

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»


Antífona de comunión: Sal 32, 18-19

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

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DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO. Comentario

16 de octubre de 2016

Estimados lectores: La Palabra de este domingo ilumina el sentido de nuestro peregrinar por el mundo, camino de oscuridad y valle de lágrimas, como rezamos en la Salve. Por eso, oramos con el salmista: Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio?

El ansia de felicidad que Dios ha sembrado en lo más hondo de nuestro ser nos hace clamar como Moisés en esta lectura. Sorprende que no se consigne ningún texto oracional. ¿Por qué? Pues porque la oración, más que formulación verbal o escrita, es sobre todo una actitud: Levantar las manos a Dios, como lo expresa el mendigo.

Esta actitud no comienza ni se termina en el seno de un individuo. Es gemido de una comunidad. El profeta que suplica, presenta a Dios las necesidades personales y las del pueblo. El orante nunca está solo, incluso cuando dice “yo”.

Moisés representa al entero pueblo elegido, a todos los que a lo largo de la historia han suplicado y siguen pidiendo a Dios que fortalezca a todos los “Josué” que luchan a campo abierto contra los enemigos del pueblo y de Dios.

Hoy, Moisés representa a los contemplativos en la Iglesia que claman a Dios en el silencio de los claustros por la santidad de la Iglesia y la salvación del mundo entero. Esta súplica alcanza su máxima expresión en la intercesión de Cristo, sumo y eterno Sacerdote.

La viuda del evangelio personifica la fragilidad humana y la penuria más radical. Tanto Moisés como ella perseveran en la súplica más necesaria y principal: Se pide la vida bienaventurada. Nada más ni nada menos que la plena posesión de Dios. Lo más inimaginable o lo último, pero a la vez lo más importante que le gustó al Padre darnos, para alabanza de su gloria.

La precariedad del orante y la fe de que Dios quiere lo mejor para nosotros espolean la oración hasta convertirla en insistente y agradecida. Afirma san Pablo: Crean que ya han recibido lo que están pidiendo, y así será. La fe nos asegura que Dios siempre escucha nuestra oración pero no siempre nos da exactamente lo que solicitamos, porque no nos conviene.

El principal efecto de la oración es acoplar nuestra mente a la mente de Dios, para orar según el Espíritu; de forma gradual y sin pausa; con la firme esperanza de que Dios hará que todo contribuya para nuestro bien, que suceda cuanto nos conduzca a la vida eterna.

Pero, ¿cómo permanecer en esa fe y en esa espera? ¿Quién podrá alentar en el orante esa esperanza de la gloria? El mismo Espíritu de Dios que habla en las Escrituras, nos recuerda el Apóstol. Pablo, como si fuera parte de su testamento, exhorta a Timoteo a permanecer fiel y bien equipado con la Palabra, y a salir animoso al encuentro de Cristo, el juez de vivos y muertos.

Una gozosa despedida al finalizar la celebración del Día del Señor, queridos hermanos, que nos espolea a crecer como discípulos y misioneros de Jesús, el Señor de la gloria.

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EL HORARIO DE DIOS

Por Monseñor Jesús Sanz Montes, ofm

OVIEDO, viernes, 15 octubre 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario al Evangelio del domingo, 17 de octubre, XXIX del tiempo ordinario (Lucas 18,1-8), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.

La enseñanza de Jesús sobre la oración no era una cuestión banal. Él quería enseñar a sus discípulos a orar de tal manera que permanentemente pudieran estar hablando-con y escuchando-a Quien permanentemente está dispuesto a acoger nuestras palabras y a dirigirnos las suyas.

El Maestro les propone una parábola con dos personajes curiosos: un juez y una viuda. La persona más desprotegida que demanda ayuda al juez menos indicado. Hasta aquí los personajes de la parábola de Jesús que podríamos llamar pintoresca, y adivinamos los ojos de los discípulos mirando a Jesús mientras les exponía la parábola. ¿En qué quedaría toda la escena? ¿Cómo se resolvería la importunidad de la pobre mujer ante la inmisericordia del injusto juez?

Dice Jesús que aquel juez de mucha ley y poco corazón, terminó por ceder ante la viuda y determinó hacer justicia ante el adversario de ésta. Pero no porque hubiera cambiado en sus adentros, sino simplemente por proteger sus afueras, es decir, por puro temor y para que le dejasen en paz: por si la viuda le pegaba en la cara y para que no lo siguiera fastidiando.

Aquí se pararía el Señor y les diría a los discípulos: ¿os dais cuenta qué ha hecho este juez injusto? Al final ha hecho justicia ante una pobre mujer que suplicaba. Un hombre que no ha sido capaz de hacerlo por la verdadera razón: el servicio al otro, el derecho del otro, el amor al otro, lo hizo por egoísmo, por amor a sí mismo… pero lo hizo.

¿Y Dios? ¿Qué hará Dios? ¿Cómo se comportará ante sus elegidos que día y noche le gritan y suplican?

El cristiano es el que precisamente aprende a vivir desde la inagotable relación con su Dios y Señor, en un continuo cara a cara ante su bendito Rostro, con un constante saberse mirado por los ojos de Otro.

Esta Presencia que es siempre compañía y jamás se escurre como fugitiva, no nos ahorra a los cristianos la fatiga apasionante del vivir de cada día con todas sus luces y sus sombras, pero sí que nos permite vivirlo de otro modo, desde otros Ojos que nos ven, desde otro Corazón que nos ama y por nosotros palpita y desde otra Vida que nos acoge regalándonos la dicha.

La oración, como certeza de una compañía de aquel que nos habla y nos mira, es una educación para la vida: también nosotros cristianos podemos sufrir todas las pruebas, pero nunca con tristeza y desesperanza. La circunstancia puede que no cambie, pero sí nuestro modo de mirarla y de vivirla, porque sabemos que Dios nos acompaña sin interrupción, en horario abierto y sin declino.


COMENTARIO

EL PASAJE evangélico de hoy nos trae a la mente y al corazón la oración que realizan diariamente muchos cristianos, sobre todo madres cristianas que rezan por la fe de sus esposos y de sus hijos, y en algunos casos por su conversión.

A la vez las esposas y madres pueden sentirse de alguna manera defraudadas e injustamente tratadas por sus propios familiares. Su oración puede ser un grito a Dios pidiendo “justicia”, que no venganza. Se implora la justicia de Dios que es misericordia para todos, que es paz interior que nadie nos puede arrebatar.

Que el Señor escuche a tantas personas que claman a Dios como “la viuda” del evangelio, día y noche, y que se identifican con ella. Que nuestra oración sea sincera y perseverante y que nos transforme a nosotros mismos en primer lugar.

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»
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APUNTE BIOGRÁFICO Y

LECTURAS PROPIAS DE LA FIESTA DE

SANTA MAGDALENA DE NAGASAKI

Patrona de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta

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Imagen oficial de Santa Magdalena de Nagasaki, obra de Adriano Ambrosioni

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Hija de nobles y fervientes cristianos, nació en 1611 en las proximidades de la ciudad japonesa de Nagasaki. Los padres y hermanos de Magdalena habían sido condenados a muerte y martirizados por su fe católica cuando ella era todavía muy joven.

En 1624 conoció a los beatos Fancisco de Jesús y Vicente de san Antonio, agustinos recoletos, y, atraída por su espiritualidad, se consagró a Dios como terciaria de su Orden. Los beatos le encomendaron la enseñanza del catecismo a los niños; y pedía limosnas a los comerciantes portugueses para socorrer a los pobres.

Tuvo que refugiarse en 1628 con los agustinos recoletos y miles de cristianos en las montañas de Nagasaki. Allí siguió ejerciendo su apostolado, primero bajo la coordinación y animación de los dos religiosos recoletos y luego por cuenta propia cuando fueron capturados ambos, en noviembre de 1929.

Vestida con su hábito de terciaria, en septiembre de 1634, se presentó valientemente ante los jueces. Al ver que era una joven de veinte a veintidós años, intentaron conquistarla con halagos que ella rechazó. La sometieron, entonces, a los peores suplicios.

Finalmente, estuvo colgada trece días boca abajo con medio cuerpo metido en una hoya, hasta que una intensa lluvia inundó la fosa y Magdalena pereció ahogada.

Los verdugos quemaron su cuerpo y esparcieron las cenizas en el mar. Sus restos desaparecieron, pero, pasados los siglos, el juicio de Dios y de la Iglesia sobre su vida ganó para siempre la partida al olvido.

Fue beatificada en 1981 y canonizada por el Papa Juan Pablo II el 18 de octubre de 1987, coincidiendo con la Jornada Mundial de Oración por las Misiones.

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ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que concediste a la virgen y mártir santa Magdalena predicar con entusiasmo el Evangelio de tu Hijo y derramar su sangre por ti en supremo acto de amor; concédenos, por su intercesión, ser testigos fieles de tu Hijo y conseguir también su gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 51, 1-12

Te alabo, mi Dios y salvador, te doy gracias, Dios de mi padre. Contaré tu fama, refugio de mi vida, porque me has salvado de la muerte, detuviste mi cuerpo ante la fosa, libraste mis pies de las garras del abismo, me salvaste del látigo de la lengua calumniosa y de los labios que se pervierten con la mentira, estuviste conmigo frente a mis rivales.

Me auxiliaste con tu gran misericordia: del lazo de los que acechan mi traspié, del poder de los que me persiguen a muerte; me salvaste de múltiples peligros: del cerco apretado de las llamas, del incendio de un fuego que no ardía, del vientre de un océano sin agua, de labios mentirosos e insinceros, de las flechas de una lengua traidora.

Cuando estaba ya para morir, y casi en lo profundo del abismo, me volvía a todas partes, y nadie me auxiliaba, buscaba un protector, y no lo había. Recordé la compasión del Señor y su misericordia eterna, que libra a los que se acogen a él, y los rescata de todo mal.

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SALMO 123, 2-3.4-5.7b8 (R/.: 7a)

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado la aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

La trampa se rompió y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

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EVANGELIO: Lucas 9, 23-26

En aquel tiempo, dirigiéndose a todos, dijo Jesús: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo? Pues si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en su gloria, con la del Padre y la de los ángeles santos”.

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El maná de cada día, 19.10.19

octubre 19, 2019

Sábado de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

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Noveno y último día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Si uno me niega ante los hombres, lo negarán a él ante los ángeles de Dios



PRIMERA LECTURA: Romanos 4, 13.16-18

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo.

Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó.

Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»



SALMO 104,6-7.8-9.42-43

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.

Porque se acordaba de la palabra sagrada qué había dado a su siervo Abrahán, sacó a su pueblo con alegría, a sus escogidos con gritos de triunfo.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 26b. 27a

El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí -dice el Señor-; y también vosotros daréis testimonio.

EVANGELIO: Lucas 12, 8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios.

Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»

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El pecado contra el Espíritu Santo

Juan Pablo II – Encíclica “Dominum et vivificantem”, No. 46

¿Por qué la blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable? ¿Cómo se entiende esta blasfemia? Responde Santo Tomás de Aquino que se trata de un pecado «irremisible según su naturaleza, en cuanto excluye aquellos elementos, gracias a los cuales se da la remisión de los pecados».183

Según esta exégesis la «blasfemia» no consiste en el hecho de ofender con palabras al Espíritu Santo; consiste, por el contrario, en el rechazo de aceptar la salvación que Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo, que actúa en virtud del sacrificio de la Cruz. Si el hombre rechaza aquel «convencer sobre el pecado», que proviene del Espíritu Santo y tiene un carácter salvífico, rechaza a la vez la «venida» del Paráclito aquella «venida» que se ha realizado en el misterio pascual, en la unidad mediante la fuerza redentora de la Sangre de Cristo. La Sangre que « purifica de las obras muertas nuestra conciencia ».

Sabemos que un fruto de esta purificación es la remisión de los pecados. Por tanto, el que rechaza el Espíritu y la Sangre permanece en las «obras muertas», o sea en el pecado. Y la blasfemia contra el Espíritu Santo consiste precisamente en el rechazo radical de aceptar esta remisión, de la que el mismo Espíritu es el íntimo dispensador y que presupone la verdadera conversión obrada por él en la conciencia. Si Jesús afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada ni en esta vida ni en la futura, es porque esta «no-remisión» está unida, como causa suya, a la no-penitencia, es decir al rechazo radical del convertirse.

Lo que significa el rechazo de acudir a las fuentes de la Redención, las cuales, sin embargo, quedan «siempre» abiertas en la economía de la salvación, en la que se realiza la misión del Espíritu Santo. El Paráclito tiene el poder infinito de sacar de estas fuentes: «recibirá de lo mío», dijo Jesús. De este modo el Espíritu completa en las almas la obra de la Redención realizada por Cristo, distribuyendo sus frutos.

Ahora bien la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre, que reivindica un pretendido derecho de perseverar en el mal en cualquier pecado— y rechaza así la Redención del hombre encerrado en el pecado, haciendo imposible por su parte la conversión y, por consiguiente, también la remisión de sus pecados, que considera no esencial o sin importancia para su vida.

Esta es una condición de ruina espiritual, dado que la blasfemia contra el Espíritu Santo no permite al hombre salir de su autoprisión y abrirse a las fuentes divinas de la purificación de las conciencias y remisión de los pecados.

47. La acción del Espíritu de la verdad, que tiende al salvífico «convencer en lo referente al pecado», encuentra en el hombre que se halla en esta condición una resistencia interior, como una impermeabilidad de la conciencia, un estado de ánimo que podría decirse consolidado en razón de una libre elección: es lo que la Sagrada Escritura suele llamar «dureza de corazón».184

En nuestro tiempo a esta actitud de mente y corazón corresponde quizás la pérdida del sentido del pecado, a la que dedica muchas páginas la Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia.185 Anteriormente el Papa Pío XII había afirmado que «el pecado de nuestro siglo es la pérdida del sentido del pecado» 186 y esta pérdida está acompañada por la «pérdida del sentido de Dios».

En la citada Exhortación leemos: «En realidad, Dios es la raíz y el fin supremo del hombre y éste lleva en sí un germen divino. Por ello, es la realidad de Dios la que descubre e ilumina el misterio del hombre. Es vano, por lo tanto, esperar que tenga consistencia un sentido del pecado respecto al hombre y a los valores humanos, si falta el sentido de la ofensa cometida contra Dios, o sea, el verdadero sentido del pecado».187

La Iglesia, por consiguiente, no cesa de implorar a Dios la gracia de que no disminuya la rectitud en las conciencias humanas, que no se atenúe su sanasensibilidad ante el bien y el mal. Esta rectitud y sensibilidad están profundamente unidas a la acción íntima del Espíritu de la verdad. Con esta luz adquieren un significado particular las exhortaciones del Apóstol: «No extingáis el Espíritu », « no entristezcáis al Espíritu Santo».188

Pero la Iglesia, sobre todo, no cesa de suplicar con gran fervor que no aumente en el mundo aquel pecado llamado por el Evangelio blasfemia contra el Espíritu Santo; antes bien que retroceda en las almas de los hombres y también en los mismos ambientes y en las distintas formas de la sociedad, dando lugar a la apertura de las conciencias, necesaria para la acción salvífica del Espíritu Santo. La Iglesia ruega que el peligroso pecado contra el Espíritu deje lugar a una santa disponibilidad a aceptar su misión de Paráclito, cuando viene para «convencer al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio».

48. Jesús en su discurso de despedida ha unido estos tres ámbitos del convencer como componentes de la misión del Paráclito: el pecado, la justicia y el juicio. Ellos señalan la dimensión de aquel misterio de la piedad, que en la historia del hombre se opone al pecado, es decir al misterio de la impiedad.189Por un lado, como se expresa San Agustín, existe el «amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios»; por el otro, existe el «amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo».190

La Iglesia eleva sin cesar su oración y ejerce su ministerio para que la historia de las conciencias y la historia de las sociedades en la gran familia humana no se abajen al polo del pecado con el rechazo de los mandamientos de Dios «hasta el desprecio de Dios», sino que, por el contrario, se eleven hacia el amor en el que se manifiesta el Espíritu que da la vida.

Los que se dejan «convencer en lo referente al pecado» por el Espíritu Santo, se dejan convencer también en lo referente a «la justicia y al juicio». EL Espíritu de la verdad que ayuda a los hombres, a las conciencias humanas, a conocer la verdad del pecado, a la vez hace que conozcan la verdad de aquella justicia que entró en la historia del hombre con Jesucristo. De este modo, los que «convencidos en lo referente al pecado» se convierten bajo la acción del Paráclito, son conducidos, en cierto modo, fuera del ámbito del « juicio »: de aquel «juicio» mediante el cual « el Príncipe de este mundo está juzgado ».191

La conversión, en la profundidad de su misterio divino-humano, significa la ruptura de todo vínculo mediante el cual el pecado ata al hombre en el conjunto del misterio de la impiedad. Los que se convierten, pues, son conducidos por el Espíritu Santo fuera del ámbito del «juicio» e introducidos en aquella justicia, que está en Cristo Jesús, porque la «recibe» del Padre,192 como un reflejo de la santidad trinitaria. Esta es la justicia del Evangelio y de la Redención, la justicia del Sermón de la montaña y de la Cruz, que realiza la purificación de la conciencia por medio de la Sangre del Cordero. Es la justicia que el Padre da al Hijo y a todos aquellos, que se han unido a él en la verdad y en el amor.

En esta justicia el Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, que « convence al mundo en lo referente al pecado » se manifiesta y se hace presente al hombre como Espíritu de vida eterna.

183 S. Tomás De Aquino, Summa Theol. IIa-IIae, q. 14, a. 3; cf. S. Agustín, Epist. 185, 11, 48-49: PL 33, 814 s.; S. Buenaventura, Comment. in Evang. S. Lucae cap. XIV, 15-16: Ad Claras Aquas, VII, pp. 314 s. 184 Cf. Sal 81 [80], 13; Jer 7, 24, Mc 3, 5. 185 Juan Pablo II, Exhort. Apost. postsinodal Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984), 18: AAS 77 (1985), pp. 224-228. 186 Pío XII, Radiomensaje al Congreso Catequístico Nacional de los Estados Unidos de América en Boston (26 de octubre de 1946): Discursos y radiomensajes, VIII (1946), 288. 187 Juan Pablo II, Exhort. Apost. postsinodal Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984), 18: AAS 77 (1985), pp. 225 s. 188 1 Tes 5, 19; Ef 4, 30. 189 Juan Pablo II, Exhort. Apost. postsinodal Reconcitiatio et paenitentia (2 de didembre de 1984), 14-22: AAS 77 (1985), pp. 211-233. 190 Cf. S. Agustín, De Civitate Dei, XIV, 28: CCL 48, 451. 191 Cf. Jn 16, 11. 192 Cf. Jn 16,15.

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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki, y (9)

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Magdalena, testimonio ejemplar de fortaleza y de valor cristiano

Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe, concédenos, por su intercesión, que sepamos ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día noveno:

Martirio de santa Magdalena

A primeros de octubre de 1634 comunican a Magdalena la condena a muerte. Debe morir en el terrible tormento de la horca y hoya. Con ella, han condenado a la misma pena a diez compañeros de prisión. Los condenados son conducidos al lugar del suplicio.

Abre la marcha un alguacil, que proclama a voz en grito el bando de la sentencia de muerte. Sigue Magdalena, encabezando el grupo, como una capitana. Va vestida con su hábito negro y la correa de las terciarias agustinas recoletas. Lleva a la espalda un letrero con la motivación de su condena a muerte: “por no querer renegar de la ley de Cristo”.

Por su juventud y belleza, por su intrépido valor, por sus encendidos discursos a los verdugos y a los cristianos, que ven pasar la comitiva, atrae las miradas de todos. Ve entre la gente a varios de sus amigos portugueses, que tantas veces la han ayudado con sus limosnas cuando andaba escondida por los montes, y a otros muchos conocidos. Serán testigos maravillosos en su proceso de canonización.

Llegados al lugar del tormento, los verdugos cuelgan en la horca a Magdalena cabeza abajo y con los brazos atados contra el cuerpo. Medio cuerpo, hasta la cintura, ha quedado introducido en el pozo que está debajo de la horca… Los verdugos esperan inútilmente alguna señal. No se oyen sino los débiles suspiros de la víctima, que habla con el Señor e invoca, dice un testigo, a la Virgen María, Madre de Dios, y a Jesús…

Sumida en altísima contemplación, como a Jesús en la cruz, se la oyó exclamar, dice un testigo: “Tengo sed”. Los soldados, compadecidos, le ofrecen un vaso de agua. Pero ella dice “que su sed no era de esa agua, y que Cristo Nuestro Señor le daría del agua que ella deseaba”.

Trece días duró el suplicio. Todos estaban admirados de la resistencia de la joven: los paganos no se lo explicaban; los cristianos veían en ello un prodigio de Dios.

Al fin, el cielo se llenó de densos nubarrones, y una lluvia abundante cayó sobre la tierra; el pozo se inundó, y la joven Magdalena murió ahogada. Los soldados quemaron el cuerpo y esparcieron sus cenizas en el mar para que no cayesen en manos de los cristianos.

La muerte de Magdalena causó una profunda impresión tanto en los cristianos de Nagasaki como en los paganos, al punto que los soldados que la vigilaron durante el martirio contaban a los portugueses, llenos de estupor, el comportamiento prodigioso de la joven. Los cristianos recordarán durante mucho tiempo el martirio y los ejemplos de la joven terciaria agustino-recoleta.

Y pocos años después, en el proceso de beatificación de Macao, testificarán numerosas personas sobre la sencilla heroicidad hasta el martirio de la joven Magdalena, que supo sacrificar su hermosura por amor a Cristo y dio a todos un estupendo ejemplo de fortaleza y de valor cristiano.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por todos los difuntos de las fraternidades seglares agustino-recoletas, para que gocen do la eterna felicidad junto con Magdalena en la Casa del Padre. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


El maná de cada día, 18.10.19

octubre 18, 2019

San Lucas, evangelista

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Día octavo de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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San Lucas

Antífona de entrada: Is 52, 7

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria!


Oración colecta

Señor y Dios nuestro, que elegiste a san Lucas para que nos revelara con su predicación y sus escritos tu amor a los pobres, concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 2 Timoteo 4, 9-17a

Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso.

El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone.

Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.


SALMO 144, 10-11.12-13ab.17-18

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 16

Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto perdure –dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 10, 1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.

No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»


Antífona de comunión: Lc 10, 1. 9

Envió el Señor a sus discípulos a anunciar por los pueblos: Está cerca de vosotros el Reino de Dios.

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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (8)

Dibujo de Gonzalo Tassier

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe, concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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Reflexión para el día octavo:

Magdalena se entrega voluntariamente

Magdalena quiere dar su vida por Cristo, y dar ejemplo a los cristianos vacilantes en su fe. Pero si quiere ser arrestada y condenada a muerte, tendrá que autodenunciarse, ya que los guardias han tenido tantas ocasiones de apresarla y no lo han hecho. Ella lo ha pensado mucho y decide entregarse. Sus amigos le suplican que no los abandone.

Pero su espíritu victimal, sus ansias de ser como Jesús, hostia propiciatoria, sus anhelos de ir a gozar de la compañía de sus familiares y de sus padres espirituales, pueden más que los ruegos de los amigos.

Un buen día de septiembre de 1634 se viste con el hábito de terciaria, y se arregla como quien va a una fiesta, y, después de despedirse de los terciarios y cristianos, baja decidida a la ciudad. En su mano lleva un hatillo. La valerosa catequista se presenta a los guardias, vestida de terciaria. Un verdadero desafío.

Pero los guardias, dice un cronista, “le dicen que es mujer moza y flaca y no podrá sufrir tan terribles tormentos… Y aunque ella replicó que quisiera quedar presa, no la oyeron y ni la quisieron prender”.

No se da por vencida Magdalena y decide presentarse directamente a los jueces. Alega que es cristiana, que los guardias no la han querido apresar y que quiere ser juzgada. Los jueces registran su misterioso hatillo: hay en él un libro espiritual en japonés de Fr. Luis de Granada -¿La Guía de Pecadores?- y un calendario para seguir las fiestas de precepto. Son el cuerpo del delito.

Los jueces mandan meterla en una de las jaulas-prisión. Las autoridades demuestran sumo interés en hacer apostatar a la joven. Sus padres eran nobles y ella tenía mucha fama en Nagasaki. Le dicen que es joven, que es hermosa, le ofrecen riquezas, le prometen casarla con uno de los principales señores del Japón.

Pero ella responde que ya estaba casada, que era esposa de Cristo Nuestro Señor, que nadie la apartará de su Amado. De las promesas pasan a las amenazas y a las torturas. Esperan doblegar a Magdalena, aplicándole los tormentos que ya han doblegado a otros. La cuelgan de los brazos, dejándola varias horas suspendida en el aire.

Parecióles a los jueces, sigue el testigo, que con el dolor, descoyuntados los brazos, habría mudado su intento, y volviéronla a preguntar si quería dejar la ley de los cristianos… Respondió “que estuvieran ciertos que ni por éste, ni por otros favores mucho mayores que la diesen, dejaría la ley cristiana”.

Intensifican el tormento: “le meten cañas tostadas entre las uñas de los dedos de las manos y le ordenan que con los dedos así clavados y acañaverados arase y arañase la tierra…” Después de otros variados y refinados tormentos, vuelven a Magdalena a la jaula.

Durante todo ese mes, Magdalena se dedica a prepararse para el martirio. Los amigos que la visitan, la ven: “alabando al Señor”, “llena de alegría por sus tribulaciones”.
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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por todas nuestras fraternidades seglares agustino-recoletas, para que imiten la intrepidez de santa Magdalena en testificar su fe. Oremos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


El maná de cada día, 16.10.19

octubre 16, 2019

Miércoles de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

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Sexto día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Ojo

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida



PRIMERA LECTURA: Gálatas 5, 18-25

Hermanos: Si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la ley.

Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que así obran no heredarán el reino de Dios.

En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la ley.

Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.


SALMO 1, 1-2. 3. 4 y 6

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor- y yo las conozco, y ellas me siguen.


EVANGELIO: Lucas 11, 42-46

En aquel tiempo, dijo el Señor:

-«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

Esto habría que practicar, sin descuidar aquello.

¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle!

¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! »

Un maestro de la Ley intervino y le dijo:

-«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»

Jesús replicó:

-«¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo! »
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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (6)

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Magdalena, como las santas mujeres al pie de la Cruz, acompaña a sus padres espirituales el día de su martirio

Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe, concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día sexto:

Magdalena presencia el martirio de sus padres espirituales

Día 18 de noviembre de 1629. Los esbirros de Unemedono buscan a los misioneros escondidos en los montes cercanos a Nagasaki y sorprenden al padre Francisco, postrado en tierra, que en fervorosa oración ofrecía alegre al Señor su vida. Lo ataron cruelmente y lo condujeron a las cárceles del mismo palacio del gobernador, donde encuentra al agustino padre Bartolomé Gutiérrez y al jesuita japonés Antonio Ishida. Magdalena asiste impotente y llorosa a la captura de todos estos misioneros, que ella conocía y, sobretodo, a la de su padre Francisco.

Pocos días después es capturado en una isla cercana a Nagasaki el padre Vicente, su padre espiritual, su inseparable compañero de tan tos trabajos y fatigas. Todas estas noticias llenan de infinita amargura a Magdalena. Recuerda el día en que apresaron a sur padres y hermanos y, como entonces, derrama lágrimas amargas. Su primera preocupación es visitar a sus padres espirituales, que se han juntado en la cárcel.

Los encuentra encerrados en jaulas estrechas y bajas, atenazados sus pies con cepos de hierro. A pesar de todo, están contentos y cantan himnos al Señor. Esto levanta el ánimo de Magdalena. Después, fueron trasladados a las cárceles de Omura. Escriben a Magdalena, y le dicen que están contentos y le dan consejos para que prosiga su trabajo de apostolado.

Después de dos años, vuelven, siempre aprisionados, a Nagasaki. Magdalena puede visitarlos, recibir sus consejos personalmente y contarles tantas cosas. Poco después, Magdalena ve sacar a los prisioneros de sus jaulas para atormentarlos en las hirvientes aguas de Unzen. “Los llevaban, dice un testigo, en caballos, amarradas las manos, y les iban siguiendo muchas mujeres, hombres y niños…, a los cuales ellos predicaban la fe cristiana”.

Entre las mujeres estaba Magdalena, que también está junto a ellos cuando regresan del martirio de las aguas sulfurosas. Y los visita varias veces en la prisión. Los encuentra demacrados, pero alegres en medio de sus sufrimientos. Ella se siente confortada cuando va a visitarlos. Es su mensajera, su mano derecha, el mejor enlace con los cristianos que todavía resisten y andan escondidos por los montes.

Y cuando el 3 de septiembre de 1632 son quemados vivos en el “Monte de los Mártires”, Magdalena, como las santas mujeres al pie de la Cruz, asiste llorosa al supremo sacrificio. También aquel día era viernes. Seis columnas (eran seis los quemados ese día) de humo negro y denso van a unirse en las alturas, como único holocausto ofrecido al Señor.

Y Magdalena se volverá a los montes a seguir siendo el aliento y la consolación de los cristianos.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por los pobres, los afligidos, los desesperados, para que encuentren en la fe la fuente de la esperanza y de la verdadera vida. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


El maná de cada día, 15.10.19

octubre 15, 2019

Martes de la 28ª semana de Tiempo Ordinario

Santa Teresa de Ávila

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Quinto día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista

Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista



PRIMERA LECTURA: Romanos 1, 16-25

Hermanos:

Yo no me avergüenzo del Evangelio: es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por fe».

Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante.

Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras.

Realmente no tienen disculpa, porque, conociendo a Dios, no le han dado la gloria y las gracias que Dios se merecía, al contrario, su razonar acabó en vaciedades, y su mente insensata se sumergió en tinieblas.

Alardeando de sabios, resultaron unos necios que cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.

Por esa razón, abandonándolos a los deseos de su corazón, los ha entregado Dios a la inmoralidad, con la que degradan ellos mismos sus propios cuerpos; por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén.


SALMO 18, 2-3. 4-5

El cielo proclama la gloria de Dios.

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los limites del orbe su lenguaje.


ALELUYA: Heb 4, 12

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.


EVANGELIO: Lucas 11, 37-41

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa.

Él entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.»

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15 de octubre
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

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Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios

Nace Teresa en Ávila el 28 de marzo de 1515. A los dieciocho años, entra en el Carmelo. A los cuarenta y cinco años, para responder a las gracias extraordinarias del Señor, emprende una nueva vida cuya divisa será: «O sufrir o morir».

Es entonces cuando funda el convento de San José de Ávila, primero de los quince Carmelos que establecerá en España. Con san Juan de la Cruz, introdujo la gran reforma carmelitana.

Sus escritos son un modelo seguro en los caminos de la plegaria y de la perfección. Murió en Alba de Tormes, al anochecer del 4 de octubre de 1582. Pablo VI la declaró doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.

ACORDÉMONOS DEL AMOR DE CRISTO

Del Libro de su vida, de santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

Con tan buen amigo presente –nuestro Señor Jesucris­to–, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Hu­manidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.

Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majes­tad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros.

Este Señor nuestro es por quien nos vie­nen todos los bienes. Él lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.

¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí.

Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús­, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.

Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.

Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor.

Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón de este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.
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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (5)

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Catequista y mensajera de paz

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día quinto:

Magdalena, colaboradora eficaz de los misioneros.

Magdalena es desde el principio el brazo derecho de los padres Francisco y Vicente. Vive en su casa, formando una familia, les sirve con amor casto y se une a sus rezos. Es el enlace de los padres con los cristianos. Los conduce de noche a casa de de los enfermos y moribundos, o de los que tienen necesidad de sacramentos. Su buena formación religiosa, su natural simpatía, su ardiente amor a Cristo, su afán por dar a conocer a su Amado, le convierten en una catequista sin igual, en una mensajera de paz.

Su vida y la vida de los padres, no está exenta de peligros, sino todo lo contrario. Son tiempos de persecución, y de martirio de cuantos caen en las manos de los esbirros de los gobernadores de Nagasaki. Los padres y la misma Magdalena se ven envueltos en continuos peligros. Cambian continuamente de casa y no saben dónde poner los pies.

En 1626, deciden separarse los padres: Francisco va al norte del Japón; Vicente queda en Nagasaki. Y junto a él, Magdalena. Y con él continúa su misión de apostolado. El abundante trabajo y la desolación que se abate sobre los cristianos no logran abatir el ánimo de Magdalena y de su padre espiritual.

El 8 de septiembre de 1628 Magdalena asiste a un nuevo espectáculo horrible: plantada una hilera de 12 columnas rodeadas de leña húmeda, atan en ellas a otros tantos cristianos. Delante de las columnas, otra hilera de 12 víctimas. A un golpe de espada, las cabezas ensangrentadas caen a los pies de los que después son quemados vivos.

En estas circunstancias, hay cabezas de familia, que momentáneamente reniegan de la fe. Pero pronto, bajo la acción de los misioneros y catequistas, la proclaman de nuevo. Es ésta la principal ocupación de Magdalena. Conoce a todos los cristianos y todos la respetan. Recorre ansiosa los hogares, anima a los caídos a levantarse, les echa en cara su traición, les hace ver la brevedad de la vida, la gloria que les espera si perseveran en la fe aun a costa de su sangre. Sus palabras son fuego que encienden los ánimos, y a la vez bálsamo que cura las heridas e infunde fuerza y serenidad.

El padre Francisco vuelve a Nagasaki, y los dos misioneros, con la preciosa ayuda de la incansable Magdalena, logran sostener a la dispersa cristiandad de Nagasaki. Atraen, además, a cientos, a terciarios y cofrades de la correa de la Consolación.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por el aumento y perseverancia de los catequistas, sobre todo en los territorios de misión, para que colaboren asiduamente a la extensión del reino de Cristo. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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