El maná de cada día, 12.9.19

septiembre 12, 2019

Jueves de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

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Amad a vuestros enemigos

Amad a vuestros enemigos



PRIMERA LECTURA: Colosenses 3, 12-17

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos.

La palabra de Cristo habite en vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.


SALMO 150, 1-2. 3-4. 5

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas.

Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo ser que alienta alabe al Señor.


Aclamación antes del Evangelio: 1 Jn 4, 12

Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su caridad llega en nosotros a su plenitud.


EVANGELIO: Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»


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ROGAD POR LOS QUE OS PERSIGUEN

Hay mucho odio y violencia en el mundo. No es algo ajeno a nosotros. En nuestros ambientes cercanos somos testigos de cómo familias y amistades se destruyen a causa de resentimientos que tienen su origen, en la mayoría de las ocasiones, en esa falta de pequeños detalles de cariño y convivencia.

Decimos que el amor se ha enfriado, que ya no hay motivos para querer… y, de ahí, pasamos a construir “fabulosas” excusas para destruir lo que, en un principio, tenía tanto sentido y en lo que habíamos depositado tanta esperanza.

Si esto ocurre entre los que supuestamente nos queremos, cuánta mayor distancia con aquellos que nos juzgan, critican nuestra conducta, o, simplemente, nos persiguen.

Hay una bienaventuranza del Señor dedicada a aquellos que nos atenazan porque queremos vivir con fidelidad nuestra vocación y nuestra entrega. Jesús se dirige a cada uno de nosotros no sólo para que recemos por los que nos persiguen, sino para que, incluso, los amemos.

Aquí se encuentra el quicio del cristianismo, el signo distintivo de los que nos llamamos y presumimos de seguir a Jesucristo.

A continuación de este mandato, el Señor nos propone ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. ¿Que dónde está esa perfección? Ama a tus enemigos, no de palabra sino con el mismo corazón de Cristo, y verás la gloria de Dios en tu vida.

Entenderás, ya por fin, por qué Jesús gritó desde la Cruz: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. También a ti, como a mí, Dios nos perdona ¡tantas veces!, porque Él es perfecto en el amor.

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El maná de cada día, 8.8.19

agosto 8, 2019

Jueves de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

 

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Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor



PRIMERA LECTURA: Números 20, 1-13

En aquellos días, la comunidad entera de los israelitas llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron.

Faltó agua al pueblo, y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él, nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas ni granados ni agua para beber?»

Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la tienda del encuentro, y, delante de ella, se echaron rostro en tierra. La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés: «Coge el bastón, reúne la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y, en presencia de ellos, ordenad a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.»

Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba; ayudado de Aarón, reunió la asamblea delante de la roca, y les dijo: «Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?»

Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundantemente que bebió toda la gente y las bestias.

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los israelitas, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar.»

(Ésta es la fuente de Meribá, donde los israelitas disputaron con el Señor, y él les mostró su santidad.)



SALMO 94, 1-2.6-7.8-9

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»


Aclamación antes del Evangelio: Mt 16, 18

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.


EVANGELIO: Mateo 16, 13-23

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

El les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»

Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»
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“¡De ningún modo te sucederá eso, Señor!”

La autocompasión parece ser algo muy humano pero, quizás, tiene poco de divino. Cuando el Señor habla a sus discípulos de lo que le va a ocurrir cuando suba a Jerusalén, que habrá de ser ajusticiado y morir en la cruz, el bienintencionado Pedro le reprende.

Incluso, lleva al Maestro a un lugar aparte para intentar “razonarle” la locura que supone esa muerte anunciada.

“¡Quítate de mi vista, Satanás!”, le responderá Jesús. Y será entonces cuando el Señor explique a los suyos que la única manera de seguirle es negarse a sí mismo y tomar la cruz.

¿Cómo puede ser que, poco antes de esta reprimenda, el Señor llamara a Pedro bienaventurado por reconocerle su divinidad y, ante un detalle por evitar una muerte infame al Hijo de Dios, sea comparado con el mismo Diablo?

Por una sencilla razón: para que tú y yo nunca olvidemos que, ¡por muy “santas” que sean nuestras intenciones!, si nos apartan de la voluntad de Dios habremos dejado de lado a Cristo y habremos emprendido el seguimiento del padre de la mentira, Satanás.

¿Cómo descubrir la voluntad de Dios? Mira a María, junto a la Cruz de su Hijo, y deja de hacer más preguntas. Todas las respuestas están en ese abandono de Cristo en las manos, no de los hombres, sino de Dios Padre, que desde la eternidad ama al Hijo; de ambos procede, además, el amor del Espíritu Santo.

Si supiéramos explicar semejante misterio ya no estaríamos hablando del Amor de Dios sino de la palidez de cualquier sentimiento de autocompasión al que nos abrazamos.

A ese fugaz sentimiento llamamos amor, porque somos incapaces de participar de la intimidad divina a la que hemos sido llamados: vivir el Amor abrazados a la Cruz de Cristo.

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Santo Domingo de Guzmán

 

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8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán, presbítero

Nació en Caleruega (España), alrededor del año 1170. Estudió teología en Palencia y fue nombrado canónigo de la Iglesia de Osma. Con su predicación y con su vida ejemplar, combatió con éxito la herejía albigense. Con los compañeros que se le adhirieron en esta empresa, fundó la Orden de Predicadores. Murió en Bolonia el día 6 de agosto del año 1221.

Hablaba con Dios o de Dios
De varios escritos de la Historia de la Orden de Predicadores

La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido para la gloria divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo lograban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.

En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.

Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.

Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.

Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: «Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles».


El maná de cada día, 5.8.19

agosto 5, 2019

Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

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Solo cinco panes y dos peces

Solo cinco panes y dos peces



PRIMERA LECTURA: Números 11, 4-15

En aquellos días, los israelitas dijeron: «¡Quién pudiera comer carne! Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos.

Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná.»

El maná se parecía a semilla de coriandro con color de bedelio; el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite. Por la noche caía el rocío en el campamento y, encima de él, el maná.

Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor; y disgustado, dijo al Señor: «¿Por qué tratas mal a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo? ¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: “Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres”?

¿De dónde sacaré pan para repartirlo a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: “Danos de comer carne.” Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.»


SALMO 80,12-13.14-15.16-17

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino! En un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios.

Los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada; te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO: Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.

Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»

Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.»

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.

Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
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“MAESTRO, DESPIDE A LA GENTE”

Aquel día había sido agotador. Era tal la cantidad de gente que se agolpaba para oír su predicación, para ser curada de sus enfermedades, que los Apóstoles no llegaban a todo. Así que, aprovechando la hora del atardecer, insistieron prudentemente al Maestro para que fuera ya despidiendo a la gente.

Estaban en un descampado, muchos de ellos tenían que hacer una larga jornada de camino para volver a sus casas, y no habían traído nada para comer. También el Maestro estaba muy cansado y, además, la noche podía caer muy pronto. No era conveniente prolongar más aquello…

Tú y yo, como aquellos cansados Apóstoles, tendemos a un cristianismo suficiente y cumplidor, nada exagerado, acorde con el patrón y la opinión del mundo.

Y todo, quizá, en nombre de la sabia prudencia humana. Por eso, el Señor siempre descoloca nuestros planes y, como aquel día a los Apóstoles, no cesa de invitarnos a más: “No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer”.

Si el Maestro hubiera cedido a las exigencias de la comodidad mediocre y cumplidora de aquellos Apóstoles, no habría podido hacer el milagro grandioso de la multiplicación de los cinco panes y dos peces.

Bastó sólo ese poco de pan, eso poco que en aquel momento podían darle al Señor, para que Él multiplicara con abundancia el esfuerzo de aquellas gentes cansadas.

Todos se saciaron, y no sólo de pan, al ver aquel poder magnífico del Señor inclinándose ante la necesidad y miseria de los hombres.

Mira si tu comodidad, tus excusas, tus intereses egoístas, no están haciendo de tu fe un pan desabrido y seco que ni sacia, ni gusta, ni es capaz de abrirse y acoger la acción de Dios.

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El maná de cada día, 14.7.19

julio 13, 2019

Domingo XV del Tiempo Ordinario

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Haz tú lo mismo

Haz tú lo mismo



Antífona de entrada: Sal 16, 15

Yo, con mi apelación vengo a tu presencia y al despertar me saciaré de tu semblante.


Oración colecta

Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 30, 10-14

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.

Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: “¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos? “; ni está más allá del mar, no vale decir: “¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos? ”

El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.»


SALMO 68, 14 y 17. 30-31. 33-34. 36ab y 37

Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.

Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias.

Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos.

El Señor salvará a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá. La estirpe de sus siervos la heredará, los que aman su nombre vivirán en ella.


SEGUNDA LECTURA: Colosenses 1, 15-20

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 6, 63c. 68c

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.

EVANGELIO: Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo .»

Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» Jesús dijo:

«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.”

¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»

Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo. »


Antífona de la Comunión: Sal 83, 4-5

Hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos; tus altares, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.


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NOS LLEVÓ A LA POSADA, ES DECIR, A LA IGLESIA

San Agustín (Comentario al salmo 125,15)

Comentando este salmo os he exhortado encarecidamente al ejercicio de la misericordia, porque el ascenso comienza con ella, y, como bien sabéis, sólo quien asciende canta el cántico de los peldaños. Recordad. No améis el bajar olvidando el subir; antes bien, pensad siempre en subir, puesto que quien bajaba de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones. Si no hubiera bajado no hubiese ido a parar en ellos.

Adán descendió y cayó en sus manos. Todos nosotros somos Adán. Pero pasó el sacerdote y no se preocupó de él, como tampoco el levita, puesto que la ley no podía sanar. Pasó también cierto samaritano, es decir, Jesucristo nuestro Señor. A él se le dijo: ¿No decimos en verdad que eres samaritano y tienes el demonio? (Jn 8,48). Él no respondió: «No soy samaritano», sino: Yo no tengo demonio. En efecto, samaritano quiere decir guardián. Si hubiera dicho que no era samaritano hubiese negado ser guardián. ¿Y quién otro nos custodiaría?

Luego presentó la parábola, como sabéis: Pasó un samaritano y obró con él misericordia (Lc 10,33). Yacía herido en el camino porque bajó. El samaritano no nos abandonó al pasar; nos curó, nos subió al jumento, es decir, a su carne; nos llevó a la posada, esto es, a la Iglesia, y nos encomendó al mesonero, que es el Apóstol, y le entregó dos denarios para curarnos, a saber, el amor a Dios y al prójimo, puesto que toda la ley y los profetas se encierran en estos dos mandamientos. Y dijo al mesonero: Si gastas algo más, te lo daré al volver (Lc 10,35).

Efectivamente, el Apóstol gastó más, en cuanto que estando permitido a los apóstoles, como soldados de Cristo, el ser alimentados de parte de la hueste de Cristo, sin embargo, él trabajó con sus manos y condonó a las huestes sus provisiones.

Son cosas que han sucedido: por haber descendido hemos sido heridos. Ascendamos, cantemos, y avancemos para llegar.

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¡AHORA… O NUNCA!

Ningún minuto de tu tiempo vuelve jamás a repetirse. Pero hay encuentros, conversaciones, llamadas de teléfono, circunstancias y situaciones que, porque sabes que tienen un valor especialmente único, intentas vivir con la mayor intensidad posible y hasta grabarlas en tu memoria para poder recordarlas con detalle.

Cuántas veces te has encontrado con una persona a la que hacía años que no veías, has recibido un correo electrónico de alguien de quien habías perdido el contacto o te han llamado por teléfono después de tanto tiempo, y todo sin que lo hayas previsto ni esperado. Cómo valoramos, entonces, esos momentos que sabemos puede que no vuelvan a repetirse quizá nunca más. Piensa que, en el orden del bien, todas y cada una de las oportunidades y situaciones son aún más valiosas y únicas.

Quién sabe si la conversión o la entrega a Dios de una persona depende de ese pequeño bien que has hecho en ese momento, no más tarde, o de esa pequeña entrega, esa renuncia, ese detalle que no dejaste pasar. No desaproveches ninguna ocasión de hacer el bien, porque quizá nunca vuelvas a tener otra oportunidad con esa persona o nunca vuelvan a darse esas circunstancias tan propicias.

Piensa que ese momento, cada momento, es el momento de Dios, no el tuyo, para hacer ese bien concreto que se te presenta delante. Cada persona es única, cada momento es único, la vida es sólo una. No la llenes de omisiones, de tiempos vacíos, de oportunidades perdidas, porque nunca sabes si el Señor te concederá el siguiente minuto de vida.

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El maná de cada día, 26.2.19

febrero 26, 2019

Martes de la 7ª semana del Tiempo Ordinario

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Madre Teresa

El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí



PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 2, 1-11

Hijo, si te acercas a servir al Señor, permanece firme en la justicia y en el temor, y prepárate para la prueba. Endereza tu corazón, mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad.

Pégate a él y no te separes, para que al final seas enaltecido. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y sé paciente en la adversidad y en la humillación.

Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. Confía en él y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él.

Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia y no os desviéis, no sea que caigáis. Los que teméis al Señor, confiad en él, y no se retrasará vuestra recompensa.

Los que teméis al Señor, esperad bienes, gozo eterno y misericordia. Los que teméis al Señor, amadlo y vuestros corazones se llenarán de luz.

Fijaos en las generaciones antiguas y ved: ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?, o ¿quién perseveró en su temor y fue abandonado?, o ¿quién lo invocó y fue desatendido?

Porque el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en tiempo de desgracia, y protege a aquellos que lo buscan sinceramente.


SALMO 36, 3-4. 18-19. 27-28. 39-40

Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Confía en el Señor y haz el bien, habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad;sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre; no se agostarán en tiempo de sequía, en tiempo de hambre se saciarán.

Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles. Los inicuos son exterminados, la estirpe de los malvados se extinguirá.

El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él.


ALELUYA: Ga 6, 14

Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz del Señor, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.


EVANGELIO: Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.

Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».


El maná de cada día, 24.2.19

febrero 23, 2019

Domingo VII del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Sean misericordiosos como su Padre del cielo es misericordioso



Antífona de entrada: Sal 12, 6

Señor, yo confío en tu misericordia: mi alma gozará con tu salvación, y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.


Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, que, meditando siempre las realidades espirituales, cumplamos, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Samuel 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23

En aquellos días, Saúl emprendió la bajada al desierto de Zif, llevando tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David allí.

David y Abisay llegaron de noche junto a la tropa. Saúl dormía, acostado en el cercado, con la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa dormían en torno a él.

Abisay dijo a David: «Dios pone hoy al enemigo en tu mano. Déjame que lo clave de un golpe con la lanza en la tierra. No tendré que repetir».

David respondió: «No acabes con él, pues ¿quién ha extendido su mano contra el ungido del Señor y ha quedado impune?».

David cogió la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl, y se marcharon. Nadie los vio, ni se dio cuenta, ni se despertó. Todos dormían, porque el Señor había hecho caer sobre ellos un sueño profundo.

David cruzó al otro lado y se puso en pie sobre la cima de la montaña, lejos, manteniendo una gran distancia entre ellos, y gritó: «Aquí está la lanza del rey. Venga por ella uno de sus servidores, y que el Señor pague a cada uno según su justicia y su fidelidad. Él te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender mi mano contra el ungido del Señor».

SALMO 102, 1-2. 3-4. 8 et 10. 12-13

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.

Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por los que lo temen.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 15, 45-49

Hermanos: El primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante.

Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material y después lo espiritual. El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo.

Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo. Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.

ALELUYA: Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo —dice el Señor— : que os améis unos a otros, como yo os he amado.

EVANGELIO: Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.

Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.

Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.

Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Antífona de comunión: Sal 9, 2-3

Proclamo todas tus maravillas, me alegro y exulto contigo, y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.



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EL ESTILO DEL CRISTIANO
Papa Francisco en la Capilla de Casa Santa Marta
Jueves, 13 de septiembre de 2018

Según la lógica del mundo «amar a los enemigos» es una «locura». Pero es precisamente la «locura de la cruz» lo que debe guiar el comportamiento de cada cristiano, porque si queremos vivir «como hijos» tenemos que ser «misericordiosos como el Padre» y no dejarnos guiar por la «lógica de Satanás», el gran acusador que busca siempre «hacer el mal al otro».

Es el «estilo del cristiano» el centro de la meditación que el Papa Francisco desarrolló durante la misa celebrada en Santa Marta la mañana del jueves 13 de septiembre. Un tema, recordó en su homilía, que se repite «muchas veces en el Evangelio», en muchos pasajes en los que el Señor «nos dice cómo debería ser la vida de un discípulo, la vida de un cristiano. Nos da señales para avanzar en el camino».

Sucede, por ejemplo, en el discurso de las Bienaventuranzas, del cual, dijo el Papa, «surge algo revolucionario, porque parece la lógica de lo opuesto»: es «la lógica de lo contrario con respecto al espíritu del mundo». En esa ocasión «el Señor nos enseña cómo debe ser un cristiano». Y en el capítulo XXV de Mateo, donde se habla de las obras de misericordia, «el Señor nos enseña lo que una persona debe hacer para ser cristiano».

Se describe un «estilo», frente al cual, como subrayó Francisco, «decimos: “Ser cristiano no es fácil”. No. Pero nos hace felices. Es el camino de la felicidad, de la paz interior».

También la liturgia del día se basó en un pasaje evangélico (Lucas 6, 27-38) dedicado a este tema. Este es un pasaje en el que «el Señor entra en detalles y nos ofrece cuatro para vivir la vida cristiana». Las palabras de Jesús son claras: «A vosotros que escucháis, os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os tratan mal».

Son, dijo el Pontífice, «cuatro “mandamientos”» frente a los cuales el hombre normalmente se queda perplejo: «¿Cómo puedo amar a quien me hace daño? No vengarse, pero al menos defenderse».

La respuesta es: «Ama a tus enemigos». A lo que se podría rebatir, agregó el Papa: «¿Pero no puedo odiarlos? Tengo derecho a odiarlos, porque ellos me odian y yo debo odiarlos… ». Y la respuesta siempre es clara: «No. Amad. A los enemigos, a los que quieren destruiros: amad. “Haced bien a los que os odian”».

Hay un contraste entre lo que parece ser «normal» —«Si sé que una persona me odia, les diré a todos los amigos: “Este me odia. Este quiere destruirme”. Entro en el cotilleo»— y lo que se le pide al cristiano: «No. “Haz el bien”. Si sabes que alguien te odia y está en necesidad, tiene alguna necesidad o atraviesa una situación difícil, haz el bien».

La tercera indicación de Jesús es: «Bendecid a los que os maldicen». Aquí entramos, señaló el Papa, en la «lógica de la respuesta. Uno te dice una maldición y tú respondes con una más fuerte; el otro eleva el nivel de la maldición y el odio crece y termina en la guerra. Es la lógica de los insultos. Insultándose se acaba en guerra». En cambio, el Señor dice: «No. Detente, “bendice”. ¿Te maldijo? Tú, bendícelo».

Luego está «lo más difícil, lo que viene ahora: “Rezad por quienes os tratan mal”». En este sentido, Francisco preguntó: «¿Cuánto tiempo de oración dedico a pedirle al Señor por las personas que me molestan, o incluso me tratan mal?». Es bueno hacer «un examen de conciencia».

Todo esto, resumió el Pontífice, «es el estilo cristiano, esta es la forma de vida cristiana». Uno podría preguntar: «Pero si no hago estas cuatro cosas —amar a los enemigos, hacer el bien a los que me odian, bendecir a los que me maldicen y rezar por los que me tratan mal— ¿no soy cristiano?».

También en este caso la respuesta es clara: «Sí, eres cristiano porque has recibido el bautismo, pero no vives como un cristiano. Vives como un pagano, con el espíritu de mundanalidad». Y, agregó, «estas no son figuras poéticas: esto es lo que el Señor quiere que hagamos. Así, directo».

Estas son indicaciones concretas, porque «es muy fácil reunirse para hablar sobre los enemigos o aquellos que son de una parte diferente o incluso aquellos que no cuentan con nuestra simpatía. En cambio, la lógica cristiana es lo contrario».

Y no hay excepciones: «”Pero, padre, ¿es esto algo que siempre se debe seguir?”. Sí. “¿Pero esto es una locura?” Sí. Pablo claramente dice esto: “la locura de la Cruz”. Si tú, como cristiano, no estás apasionado por esta “locura de la Cruz”, no has entendido lo que significa ser cristiano».

Para confirmar lo que ha dicho, el Papa retomó el texto del Evangelio y subrayó la diferencia que Jesús mismo hace entre cristianos y paganos: «Usa la palabra “pecadores”. “Paganos”, “pecadores”, “mundanos”».

La síntesis de este razonamiento es ofrecida por la Escritura misma, donde el Señor, como en un «resumen», explica la razón de ciertas indicaciones: «Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio […], y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos. Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso».

El propósito de todo esto, explicó Francisco, es por lo tanto «llegar a comportarse como hijos, hijos de nuestro Padre, que siempre hace el bien, que es “misericordioso”: esta es la palabra clave».

Por eso, agregó, «al leer, escuchar estas cosas que dice Jesús, podemos hacernos la pregunta: ¿Soy misericordioso?». Podemos «entrar en el misterio de la misericordia» y preguntarnos: «¿Ha usado el Señor misericordia conmigo? ¿Escuché la misericordia del Señor? Si soy misericordioso, soy hijo del Padre».

Y como a veces se dice de un niño: «¡Pero cómo se parece al padre!», igualmente «solo los misericordiosos se parecen a Dios Padre» porque este «es el estilo del Padre».

Este camino, sin embargo, advirtió al Pontífice, va en contra de la corriente, «no acusa a los demás» y «va en contra del espíritu del mundo».

De hecho, explicó, «entre nosotros está el gran acusador, el que siempre nos acusa ante Dios, para destruirnos. Satanás: él es el gran acusador. Y cuando entro en esta lógica de acusar, maldecir, tratar de hacer daño a otro, entro en la lógica del gran acusador que es destructivo, que no conoce la palabra “misericordia”, no la conoce, no la ha vivido nunca».

Por lo tanto, dijo Francisco, el camino del cristiano siempre está ante una encrucijada: por un lado, «la invitación del Señor» a «ser misericordioso, una invitación que es una gracia, una gracia de filiación, para parecerse al Padre».

Por otro lado, está «el gran acusador, Satanás, que nos insta a acusar a otros, a destruirlos». No se puede, concluyó el Pontífice, «entrar en la lógica del acusador» y, de hecho, «la única acusación legítima que tenemos los cristianos es acusarnos a nosotros mismos. Para los demás solo misericordia, porque somos hijos del Padre que es misericordioso».

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Aplicando lo discernido en el Sínodo de los Jóvenes


El maná de cada día, 16.2.19

febrero 16, 2019

Sábado 5ª semana del Tiempo Ordinario

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La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas

La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas



PRIMERA LECTURA: Génesis 3, 9-24

El Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»

Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»

El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»

Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»

El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»

Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.»

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»

A la mujer le dijo: «Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.»

Al hombre le dijo: «Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.»

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo pellizas para el hombre y su mujer, y se las vistió.

Y el Señor Dios dijo: «Mirad, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre.»

Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde lo habían sacado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.


SALMO 89, 2.3-4.5-6.12-13

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes, o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tu reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO: Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.»

Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?»

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»

Ellos contestaron: «Siete.»

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también.

La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil.

Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discipulos y se fue a la región de Dalmanuta.


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