El Papa lava los pies a un musulmán que será bautizado: «Esto no es una ceremonia folclórica»

abril 14, 2017

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Francisco visitó a presos con tuberculosis y en régimen de aislamiento en una ceremonia privada

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El Papa lava los pies a un musulmán que será bautizado: «Esto no es una ceremonia folclórica»

Francisco visitó a presos con tuberculosis y en régimen de aislamiento en una ceremonia privada (En la cárcel de Paliano, Italia)

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Este año el Papa Francisco decidió celebrar la “Messa in Coena Domini” con el rito del lavatorio de pies en una cárcel, en este caso la de Paliano, a unos 70 kilómetros de Roma. El Vaticano quiso que esta celebración fuera estrictamente privada por lo que no hubo ni periodistas ni fotógrafos aunque finalmente Radio Vaticano emitió la homilia en diferido.

“Jesús sabía que iba a sería traicionado por Judas. Habiendo amado a los suyos, Dios ama así, hasta el final. Y da la vida por cada uno de nosotros y se orgullece de esto y quiere esto porque Él es amor, amar hasta el final, que no es fácil porque todos nosotros somos pecadores, tenemos defectos, límites… todos sabemos amar, pero no somos como Dios nos ama. Sin mirar las consecuencias, hasta el fin”, dijo el Papa en la breve homilía que pronunció de forma improvisada, que recogió Aciprensa.

Encuentro con presos en aislamiento y tuberculosos

A las 15 horas de Roma, el Papa Francisco dejó su residencia, la Casa Santa Marta, para acudir a esta prisión. A su llegada, una hora más tarde, fue acogido por la directora y por el capellán, el P. Luigi Paoletti y luego se desplazó hasta la Plaza de Armas donde saludó al personal que trabaja en la prisión.

Tras el breve encuentro, el Pontífice se trasladó hasta la sala llamada “Unidad de Italia”, donde se encontró con 58 detenidos “colaboradores de la justicia”, es decir, que en su mayoría han participado en actividades de crimen organizado y han ayudado a esclarecer delitos vinculados usualmente a las mafias. La figura de colaborador de la justicia en Italia no exime a la persona de una pena de cárcel, como sí ocurre en otros países.

Otros dos detenidos, un hombre y una mujer, le encontraron de manera separada ya que se encuentran en régimen de aislamiento, al igual que otras ocho personas enfermas de tuberculosis a los que saludó a continuación.

Lavó los pies a tres mujeres y nueve hombres

Después celebró la Misa y lavó los pies a 12 detenidos, entre ellos tres mujeres y un musulmán que será bautizado el próximo mes de junio, convirtiéndose así al catolicismo. También fueron bautizados un argentino y un albanés, siendo el resto de nacionalidad italiana. Entre ellos, dos están condenados a cadena perpetua y los demás deberán concluir su pena entre los años 2019 y 2073.

Francisco destacó cómo Jesús, siendo “el jefe”, siendo “Dios” lava los pies a sus discípulos. “Eso de lavar los pies era una tradición que se hacía en la época antes de los almuerzos y las comidas, porque era gente que venía del camino y estaba sucia, con polvo del camino. Uno de los gestos para recibir a una persona en casa era lavarle los pies, pero esto lo hacían los esclavos”.

“Jesús lo hizo así. Simón Pedro no quería hacerlo, pero Jesús le explicó que era así, que Él había venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo para nosotros, para dar la vida por nosotros y amar hasta el final”.

“El jefe de la Iglesia es Jesús”

“Cuando venía de camino a esta prisión, había gente que saludaba porque venía el Papa. Pero el jefe de la Iglesia es Jesús. El Papa es la figura de Jesús. Yo quisiera hacer lo mismo que Él ha hecho. En esta ceremonia el párroco lava los pies a los fieles. Siempre el más grande debe hacer el trabajo de esclavo”, dijo a los reclusos.

El Papa comentó también que “para sembrar amor entre nosotros, no os digo que hoy vayáis los unos a los otros a lavaros los pies, pero el símbolo, la figura sí. Pido que si podéis realizar alguna ayuda, un servicio a tu compañero aquí en cárcel, lo hagáis porque esto es amor, esto es como lavar los pies, ser siervo de los otros”.

“Una vez los discípulos discutieron entre ellos sobre quién era el más grande, el más importante. Y Jesús dijo: ‘el que quiera ser más importante debe hacerse el más pequeño y el servidor de todos’. Así hace Él con nosotros. Todos nosotros somos pobres, pero Él es grande, es bueno y nos ama así como somos”.

“Esto no es una ceremonia folclórica”

Al concluir, Francisco pidió pensar “en Dios, en Jesús”. “Esta no es una ceremonia folclórica, es un gesto para recordar lo que ha dado Jesús. Después de esto tomó el pan y nos dio su cuerpo, tomó el vino y nos dio su sangre. Así es el amor de Dios con nosotros.

Los reclusos de la cárcel obsequiaron a Francisco con varios regalos: productos de su huerta biológica, cruces elaboradas con madera de olvido, un mantel de lana blanca y algunos dulces.


Homilía del Papa Francisco en la Misa Crismal del Jueves Santo 2017

abril 13, 2017

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El Papa Francisco durante la Misa Crismal de Jueves Santo, 13 de abril de 2017

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TEXTO COMPLETO: Homilía del Papa Francisco en la Misa Crismal del Jueves Santo 2017

Queridos sacerdotes, que la Buena Noticia tenga en nosotros la plenitud contagiosa que transmite con todo su ser nuestra Señora, la concreción inclusiva del anuncio de la Samaritana, y la integridad mansa con que el Espíritu brota y se derrama, incansablemente, del Corazón traspasado de Jesús nuestro Señor.

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VATICANO, 13 Abr. 17 / 03:23 am (ACI).- El Papa Francisco presidió en la mañana del Jueves Santo la Santa Misa Crismal en la Basílica de San Pedro.

Durante la celebración, los sacerdotes renovaron las promesas hechas en el momento de la Sagrada Ordenación y después se procedió a la bendición del aceite de los enfermos, del aceite de los catecúmenos y a la consagración del santo crisma.

Francisco habló de la Buena Noticia y afirmó que “nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso”.

A continuación, el texto completo:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4, 18).

El Señor, Ungido por el Espíritu, lleva la Buena Noticia a los pobres. Todo lo que Jesús anuncia, y también nosotros, sacerdotes, es Buena Noticia. Alegre con la alegría evangélica: de quien ha sido ungido en sus pecados con el aceite del perdón y ungido en su carisma con el aceite de la misión, para ungir a los demás.

Y, al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre al anuncio con toda su persona. Cuando predica la homilía, —breve en lo posible— lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración.

Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser. Y, por otra parte, son precisamente los detalles más pequeños —todos lo hemos experimentado— los que mejor contienen y comunican la alegría: el detalle del que da un pasito más y hace que la misericordia se desborde en la tierra de nadie. El detalle del que se anima a concretar y pone día y hora al encuentro. El detalle del que deja que le usen su tiempo con mansa disponibilidad…

La Buena Noticia puede parecer una expresión más, entre otras, para decir «Evangelio»: como buena nueva o feliz anuncio. Sin embargo, contiene algo que cohesiona en sí todo lo demás: la alegría del Evangelio. Cohesiona todo porque es alegre en sí mismo.

La Buena Noticia es la perla preciosa del Evangelio. No es un objeto, es una misión. Lo sabe el que experimenta «la dulce y confortadora alegría de anunciar» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 10).

La Buena Noticia nace de la Unción. La primera, la «gran unción sacerdotal» de Jesús, es la que hizo el Espíritu Santo en el seno de María.

En aquellos días, la feliz noticia de la Anunciación hizo cantar el Magníficat a la Madre Virgen, llenó de santo silencio el corazón de José, su esposo, e hizo saltar de gozo a Juan en el seno de su madre Isabel.

Hoy, Jesús regresa a Nazaret, y la alegría del Espíritu renueva la Unción en la pequeña sinagoga del pueblo: el Espíritu se posa y se derrama sobre él ungiéndolo con oleo de alegría (cf. Sal 45,8).

La Buena Noticia. Una sola Palabra —Evangelio— que en el acto de ser anunciado se vuelve alegre y misericordiosa verdad.

Que nadie intente separar estas tres gracias del Evangelio: su Verdad —no negociable—, su Misericordia —incondicional con todos los pecadores— y su Alegría —íntima e inclusiva—.

Nunca la verdad de la Buena Noticia podrá ser sólo una verdad abstracta, de esas que no terminan de encarnarse en la vida de las personas porque se sienten más cómodas en la letra impresa de los libros.

Nunca la misericordia de la Buena Noticia podrá ser una falsa conmiseración, que deja al pecador en su miseria porque no le da la mano para ponerse en pie y no lo acompaña a dar un paso adelante en su compromiso.

Nunca podrá ser triste o neutro el Anuncio, porque es expresión de una alegría enteramente personal: «La alegría de un Padre que no quiere que se pierda ninguno de sus pequeñitos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 237). La alegría de Jesús al ver que los pobres son evangelizados y que los pequeños salen a evangelizar (cf. ibíd., 5).

Las alegrías del Evangelio —lo digo ahora en plural, porque son muchas y variadas, según el Espíritu tiene a bien comunicar en cada época, a cada persona en cada cultura particular— son alegrías especiales. Vienen en odres nuevos, esos de los que habla el Señor para expresar la novedad de su mensaje.

Les comparto, queridos sacerdotes, queridos hermanos, tres íconos de odres nuevos en los que la Buena Noticia cabe bien, no se avinagra y se vierte abundantemente.

Un ícono de la Buena Noticia es el de las tinajas de piedra de las bodas de Caná (cf. Jn 2,6). En un detalle, espejan bien ese Odre perfecto que es —Ella misma, toda entera— Nuestra Señora, la Virgen María. Dice el Evangelio que «las llenaron hasta el borde» (Jn 2,7).

Imagino yo que algún sirviente habrá mirado a María para ver si así ya era suficiente y habrá sido un gesto suyo el que los llevó a echar un balde más. María es el odre nuevo de la plenitud contagiosa. «Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 286), Nuestra Señora de la prontitud, la que apenas ha concebido en su seno inmaculado al Verbo de vida, sale a visitar y a servir a su prima Isabel.

Su plenitud contagiosa nos permite superar la tentación del miedo: ese no animarnos a ser llenados hasta el borde, esa pusilanimidad de no salir a contagiar de gozo a los demás. Nada de eso: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (Ibíd., 1)

El segundo ícono de la Buena Noticia es aquella vasija que —con su cucharón de madera—, al pleno sol del mediodía, portaba sobre su cabeza la Samaritana. Refleja bien una cuestión esencial: la de la concreción. El Señor —que es la Fuente de Agua viva— no tenía «con qué» sacar agua para beber unos sorbos.

Y la Samaritana sacó agua de su vasija con el cucharón y sació la sed del Señor. Y la sació más con la confesión de sus pecados concretos. Agitando el odre de esa alma samaritana, desbordante de misericordia, el Espíritu Santo se derramó en todos los paisanos de aquel pequeño pueblo, que invitaron al Señor a hospedarse entre ellos.

Un odre nuevo con esta concreción inclusiva nos lo regaló el Señor en el alma samaritana que fue Madre Teresa. Él la llamó y le dijo: «Tengo sed», «pequeña mía, ven, llévame a los agujeros de los pobres. Ven, sé mi luz. No puedo ir solo. No me conocen, por eso no me quieren. Llévame hasta ellos».

Y ella, comenzando por uno concreto, con su sonrisa y su modo de tocar con las manos las heridas, llevó la Buena Noticia a todos.

El tercer ícono de la Buena Noticia es el Odre inmenso del Corazón traspasado del Señor: integridad mansa —humilde y pobre— que atrae a todos hacia sí. De él tenemos que aprender que anunciar una gran alegría a los muy pobres no puede hacerse sino de modo respetuoso y humilde hasta la humillación.

No puede ser presuntuosa la evangelización. No puede ser rígida la integridad de la verdad. El Espíritu anuncia y enseña «toda la verdad» (Jn 16,13) y no teme hacerla beber a sorbos. El Espíritu nos dice en cada momento lo que tenemos que decir a nuestros adversarios (cf. Mt 10,19) e ilumina el pasito adelante que podemos dar en ese momento.

Esta mansa integridad da alegría a los pobres, reanima a los pecadores, hace respirar a los oprimidos por el demonio.

Queridos sacerdotes, que contemplando y bebiendo de estos tres odres nuevos, la Buena Noticia tenga en nosotros la plenitud contagiosa que transmite con todo su ser nuestra Señora, la concreción inclusiva del anuncio de la Samaritana, y la integridad mansa con que el Espíritu brota y se derrama, incansablemente, del Corazón traspasado de Jesús nuestro Señor.

(Los subrayados son del editor)


Maná y Vivencias Cuaresmales (24), 24.3.17

marzo 24, 2017

Viernes de la 3ª semana de Cuaresma

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Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios

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Antífona de Entrada: 85 Salmon, 8, 10

Señor, no hay otro dios igual a ti, porque sólo tú eres grande y haces maravillas; porque sólo tú eres Dios.


Oración colecta

Infunde Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos dominar nuestro egoísmo y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Oseas 14, 2-10

Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano”.

Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano.

Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»

SALMO 80, 6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17

Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.

Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y te libré.

Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!: te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.»

Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4, 17

Convertíos, dice el Señor, porque ya está cerca el Reino de los cielos.

EVANGELIO: Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Antífona de comunión: Marcos 12, 33

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios.

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VIVENCIAS CUARESMALES

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!


24. VIERNES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


TEMA: Ayer el Espíritu recriminaba a los incrédulos con claridad y firmeza; hoy, los amonesta con suavidad y ternura. Una prueba más de que Dios busca por todos los medios nuestra salvación, jamás nuestra ruina.

La antífona de la entrada de la misa de hoy es una confesión del poder salvador de Dios frente a toda miseria del hombre en su relación con Dios. Salmo 85, 8-10.- No tienes igual entre los dioses, Señor: “Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios”. Para ti no hay imposibles.

El creyente, de entrada, hace como un esfuerzo por comenzar de nuevo, por penetrar en el santuario, por desperezarse de la rutina y de la incredulidad y elevarse hacia el mundo divino al encuentro del Dios del perdón, de la gratuidad; en fin, para contemplar la magnificencia de la casa del Padre.

¡Qué deseables son tus moradas! ¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor!

Siéntete, hermano, como un mendigo que tiende la mano a Dios, al hermano mayor, Cristo Jesús, para que te introduzca en la casa del Padre. Él es nuestro mediador y está entre nosotros como el que sirve. Él nos da confianza para llamar a Dios “Padre”. Él ha sido constituido “administrador fiel” de todos los bienes preciosos del Padre Bueno y generoso.

Este Administrador goza con ir sacando lo que conviene a cada uno y a su tiempo: de modo que a nadie le sobre ni a nadie le falte. Más todavía: Él es el modelo de todos los agraciados por el Padre; su comportamiento es normativo para cuantos quieran agradar al Padre, ya que él no se tomó nada por su cuenta, sólo tomó lo que el Padre le dio como heredad.

Por eso al Padre le complació sumamente poner todas las cosas en sus manos con infinita confianza y predilección. Para que el Hijo reciba gloria. Y a su vez, el Hijo administra, no tanto según su criterio, sino para que el Padre reciba gloria.

Ambos andan a porfía en esa mutua glorificación en el Espíritu Santo, desde el principio, y por siempre.

Y todo ello para bien del hombre. Pero, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? ¿Cómo podré retribuir al Señor todo el bien que me ha hecho? Elevaré la copa de la salvación, cantaré eternamente las alabanzas del Señor. ¡Dios mío, qué grande eres! Tu poder me sobrepasa.

Adora, hermano, en este día el misterio de la augusta Trinidad. Vete entrenándote para contemplar ese Misterio, ya que es a la vez inmanente y salvífico.

Es decir, eternamente existente y completo en sí, y a la vez proyectado hacia el tiempo y el espacio por la libérrima disposición de nuestro Dios, trino y uno a la vez. Pues no hay más que un único Misterio trinitario: a la vez inmanente, divino y subsistente, y a la vez salvífico y proyectado a los hombres y por éstos al mundo.

El mismo Dios, el de la teología y el de la experiencia religiosa; el de la eternidad, y el de la historia de salvación, la de Israel, la de la Iglesia y la tuya personal. Cuando Dios te llame a su presencia, te encontrarás con el Misterio divino que ya aquí has visto y contemplado como en un espejo; pero será el mismo.

Por eso, debes entrenarte en esta tierra a conocer y adorar al mismo Dios, a quien eternamente servirás y alabarás como tu contento y felicidad para siempre. No habrá nada más.

La lectura de Oseas 14, 2-10 recoge la decisión del creyente de renunciar a sus seguridades y dejarse guiar sólo por Dios, para adherirse sólo a él, como la hiedra a la pared. Atendamos a esta Palabra sanadora.

Ante la súplica de Israel: “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano”… Ante esta súplica, repito, el Señor responde reafirmando su fidelidad y su promesa de salvación:

“Yo sanaré su infidelidad, los amaré de buen grado, pues mi cólera se habrá apartado de ellos. Seré como rocío para Israel, y entonces florecerá como un lirio; echará raíces como el cedro, sus retoños brotarán, tendrá la magnificencia del olivo y el perfume del Líbano”.

Este sometimiento al Señor, esta contrición de corazón, no es algo improcedente ni humillante para el hombre sino su mayor grandeza: arrodillarse ante su Señor para confesar sus pecados y alabar la santidad de Dios: eso es lo más grande que el hombre puede hacer en este mundo.

“¿Quién será el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor, los justos andan por ellos, mientras que los pecadores tropiezan con ellos”.

El salmista mezcla su deseo de servir a Dios y la benevolente condescendencia de Dios que le recuerda las obras antiguas, que le estimula para que se le confíe más plenamente:

“Yo soy el Señor, Dios tuyo, escucha mi voz. Escucha, pueblo mío. Retiré la carga de sus hombros y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción y te libré, te respondí oculto en los truenos. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti: ojalá me escuchases, Israel. No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo que te saqué del país de Egipto”.

Dios se alboroza pensando en la conversión de su pueblo: “Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino, entonces te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre”.

En el Evangelio, Cristo condesciende con el interlocutor sincero y bien intencionado y no tiene secretos con él, pues le enseña la clave más secreta de la felicidad del hombre, la fuente de la mayor bendición y felicidad para el hombre creyente: “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo mandamiento es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

No hay ningún mandamiento más importante que éstos. No hace falta ya hacerle más preguntas, ya nos lo dijo todo si es que realmente queremos escuchar. El que tenga oídos, que oiga.

Solamente resta clamar a Dios mientras seguimos celebrando la Eucaristía a diario si es posible: en el templo y en el trajín de cada día, cada semana.

Oramos sobre las ofrendas diciendo: Mira, Señor, con bondad los dones que te presentamos; que ellos sean gratos a tus ojos y nos alcancen la salvación.

O después de la Comunión: Señor, que la acción de tu Espíritu en nosotros penetre íntimamente nuestro ser para que lleguemos un día a la plena posesión de lo que ahora recibimos en la Eucaristía. La acción del Espíritu Santo es algo que ya se insinúa en estos días de la Cuaresma: así en la oración colecta de hoy decimos:

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, es decir, la acción del Espíritu en nuestros corazones, para que, de manera negativa, sepamos dominar nuestro egoísmo, salir de nosotros mismos, controlar nuestra desconfianza radical; y, de manera positiva, sepamos secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo, secundar las inspiraciones del Espíritu en el alma del creyente. Por nuestro Señor Jesucristo.- Amén.


ORACIÓN SUGERIDA

Señor y Dios mío, enséñame a amarte. Gracias, Padre bueno, por habernos amado tanto que has enviado a tu propio hijo al mundo. Él se juntó a nosotros y asumió nuestra naturaleza, pero él no te ofendió en nada; por eso en él te complaces totalmente.

No mires, Padre Santo, nuestros pecados, mira a Cristo tu Hijo, que es nuestro hermano mayor, y agrádate en él. Él te ha dado toda gloria, todo el poder, toda la bendición de que tú eres digno. Él es nuestra mejor respuesta a tu amor infinito, nuestra única y sobrada respuesta.

Gracias, Señor Jesús, porque tú eres nuestro contento y nuestra gloria, nuestra justificación ante el Padre, nuestra satisfacción plena ante Dios y para Dios. Por ti y en ti recibimos toda gracia y bendición desde lo alto.

Señor Jesús, tú conoces nuestro barro y nos comprendes como nadie. Mira nuestra pobreza y envíanos, desde el Padre, el santo Espíritu para poder parecernos cada día más a ti, y así no ofender ni decepcionar al Padre de los Cielos, que es digno de toda bendición.- Amén.


Anímate, hermano, a formular tu oración personal dirigida a cada una de las tres divinas personas de la Santísima Trinidad, pues tienes el Espíritu derramado en tu corazón. Él te lleva de la mano al conocimiento “sabroso” del Padre y del Hijo. Pues en eso consiste la vida eterna: en que conozcamos al Padre y a su Enviado, su Hijo bendito.

El Espíritu nos conduce a la verdad plena. Permítele al Espíritu fluir en tu interior con esos gemidos inefables, y no lo tengas por más tiempo entristecido.

Ha llegado el tiempo de la liberación, aunque estemos en Cuaresma. Si tú quieres, una liberación siempre mayor te irá invadiendo; pues todo tiempo es bueno para Dios si tú quieres, si tú lo deseas. Que se te cumpla como has creído, decía Jesús a los enfermos que se le acercaban con fe y deseo de ser curados.

Finalmente, recuerda, hermano, hermana, que la cuaresma, por estar proyectada esencialmente hacia la Pascua hasta el punto de no tener sentido en sí misma, es, con plenitud, el tiempo de la primavera de la Iglesia: el más apropiado, o bien para ingresar a ella y conocer a Dios, o bien para volver al primer amor, al amor nupcial.

Por eso, merece la pena vivir la Cuaresma cada día con mayor intensidad hasta llegar a la Pascua, con mayor gozo y felicidad. Además, en estos días toda la Iglesia se une en oración para rogar por la conversión de los pecadores y para discernir los signos de Dios de cara a la evangelización de nuestro mundo, de nuestros hermanos más necesitados.

La meta: Que seamos en plenitud hijos de Dios, y así lo sintamos y experimentemos de verdad, con todo nuestro ser. Amén.


Por décadas Barb Sierra sufrió siendo lesbiana. Hoy agradece a Dios su liberación

marzo 21, 2017

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Barb Sierra, a los 60 años descubrió el infinito amor con que Dios la amaba entrañablemente

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Por décadas Barb Sierra sufrió siendo lesbiana. Hoy agradece a Dios su liberación

“Soy su hija amada y aceptada. La mentira que solía vivir era que Dios no me conocía ni me amaba, así que tenía que conseguir el amor de algún otro lugar”

Portaluz

El sólido informe de los doctores Mayer y McHugh -que basado en más de 200 investigaciones comprueba los daños que a lo largo de su vida padecen las personas homosexuales y lesbianas-, es para Barb Sierra una realidad indiscutible. Ella conoce el peso de esa cruz, de esa soledad, de ese dolor y las consecuencias que detalla aquel informe…

Criada en Connecticut (USA), a medida que iba creciendo se fueron fortaleciendo en ella sentimientos de inseguridad, de no ser especial o realmente digna de ser amada. Todo se complicó aún más en su mente cuando, siendo aún pequeña, surgió la atracción erótica por personas de su mismo sexo.

Confundida e insegura, ya con 19 años de edad, Barb comenzó a beber alcohol en exceso regularmente, a la par que se iniciaba en su primera relación con  alguien del mismo sexo. Ese vínculo terminó abruptamente después de 18 meses y, dolida, intentó enterrar los recuerdos.

En un movimiento desesperado, queriendo negar la atracción sexual que sentía hacia otras mujeres -recuerda Barb-, dio un giro radical contrayendo matrimonio. Un vínculo que se volvió física, emocional y verbalmente violento. Cinco años más tarde, ella y sus dos hijos huyeron a Michigan, arrastrando un equipaje abarrotado de rechazos, abandono, miles de dudas y baja autoestima.

Adicción para ahogar el dolor

En Michigan, la vida de Barb continuó ahogada en más botellas de licor, droga y una compulsiva búsqueda de encuentros sexuales con hombres… “en un intento por confirmar que yo no era lesbiana”, recuerda.

Una noche, desesperada y borracha saliendo de un bar, lanzó un desafío al vacío espacio que la rodeaba: «¡Jesús, si eres real, házmelo saber porque no voy a lograrlo!». Sus ojos se llenan de lágrimas, pero Barb continúa: “En ese momento, yo sólo sabía que Dios era real, y empecé mi nueva vida. Volví a asistir a la iglesia, dejé de fumar droga, reduje la bebida y dejé de salir todo el tiempo. Llamé a Dios y Él me dio el don de la fe. Pero yo seguía siendo una lesbiana…”

La pupila de sus azules ojos parece contraerse cuando habla de su infancia, la crianza católica austera, normada, todo lo que estableció en ella el deber negar sus sentimientos lésbicos. Pasando por períodos de aparente calma, dice, que eran más su evitación y negación del dolor, todo cambió cuando los hijos de Barb crecieron y ya no necesitaban ser protegidos por ella.

Para entonces su adicción al alchol era un problema y comenzó a participar en AA… “Para mantenerme sobria tenía que ser honesta. Sólo logré salir cuando le confié a Dios, a mí y a los demás que era lesbiana. Esto fue un gran alivio después de negarlo y ocultarlo toda mi vida.

La sexualidad es una parte importante de nuestra identidad… Pero entonces tomé un giro equivocado y decidí seguir mis deseos, entrando en otra relación lésbica”, reconoce… Barb dejó de asistir a la Iglesia Católica.

Liberada a los 60

Mantuvo esa relación durante 15 años. “Entonces volví en mis cabales y decidí poner mi confianza en Dios”, declara. Como una intuición espiritual, comenzó a buscar apoyo para vivir la castidad, y fue dirigida a una reunión de un grupo en la Parroquia del Holy Spirit en Brighton.

Fue el párroco John Rocus, quien sabiamente la invitó a participar de una comunidad de padres y madres de “Encourage” (brindan apoyo para que mujeres lesbianas y hombres homosexuales vivan felices en castidad)… “Fue maravilloso el encuentro con los padres de Encourage.

Esos padres me querían. No puedo decirte cuánto amor recibí, y todavía lo hago. Es increíble”. A los 60 años de edad Barb estaba empezando a encontrar la aceptación que anhelaba toda su vida… descubría que era una hija de Dios, amada.

Asistiendo a la Conferencia Anual de la organización Courage en Pennsylvania (USA), Barb conoció a una mujer de Michigan, que también buscaba un grupo Courage de mujeres, y juntas lo comenzaron. Hasta hoy se reúnen mensualmente en la parroquia del Holy Spirit en Brighton.

Cada reunión comienza con la lectura de los cinco objetivos de Courage: vivir vidas castas; para dedicar sus vidas a Cristo mediante la oración y la frecuente recepción de los sacramentos; fortaleciendo la unidad en el compartir pensamientos y experiencias; animando a vivir la amistad casta; viviendo vidas que sean un buen ejemplo para otros.

Lo que implica ser Hija de Dios

“Mi participación en Courage fortalece mi amorosa relación con Dios. El poder de este grupo es que soy aceptada, no por ser ya casta, sino simplemente porque pertenezco. No tienes que ser perfecta para venir. Las mujeres pueden sentarse con nosotras, hablar, compartir sus experiencias y lo que están pensando. No damos consejos; escuchamos. Es un ambiente muy nutritivo. El ministerio de Courage es clave para mantener el precioso don de la castidad dado por Dios. Lo guardo con esmero”.

El alivio de Barb es palpable mientras comparte que sus heridas internas están sanando. Los sentimientos de alienación, alejamiento, rechazo y abandono de toda la vida casi han desaparecido, por su firme conciencia de ser amada, liberada por Dios. Así lo dice ella misma hablando de su retorno a la fe católica que da nuevo sentido a su vida:

“Todas las mañanas, salgo a caminar y hablar con Dios y descubro cómo Él establece una conexión personal conmigo. Siempre quise ser especial y una mañana le dije a Dios que sabía que amaba a todo el mundo, pero no sentía que me incluyera. En oración Dios me dijo: «Yo te hice. Yo te creé para llenar un lugar en mi corazón que nadie más puede llenar». Con Dios, ahora sé que soy especial. Soy su hija amada y aceptada. La mentira que solía vivir era que Dios no me conocía ni me amaba, así que tenía que conseguir el amor de algún otro lugar. He aprendido que Dios me conoce y me ama más de lo que puedo imaginar”.

http://www.portaluz.org/por-decadas-barb-sierra-sufrio-siendo-lesbiana-hoy-agradece-a-dios-2144.htm


El maná de cada día, 28.2.17

febrero 28, 2017

Martes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario


amanecerMontaña

El que os llamó es santo; como él, sed también vosotros santos



PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 35, 1-12

Quien observa la ley multiplica las ofrendas, quien guarda los mandamientos ofrece sacrificios de comunión.

Quien devuelve un favor hace una ofrenda de flor de harina, quien da limosna ofrece sacrificios de alabanza.

Apartarse del mal es complacer al Señor, un sacrificio de expiación es apartarse de la injusticia. No te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues esto es lo que prescriben los mandamientos.

La ofrenda del justo enriquece el altar, su perfume sube hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptable, su memorial no se olvidará.

Glorifica al Señor con generosidad, y no escatimes las primicias de tus manos. Cuando hagas tus ofrendas, pon cara alegre y paga los diezmos de buena gana.

Da al Altísimo como él te ha dado a ti, con generosidad, según tus posibilidades. Porque el Señor sabe recompensar y te devolverá siete veces más.

No trates de sobornar al Señor, porque no lo aceptará; no te apoyes en sacrificio injusto. Porque el Señor es juez, y para él no cuenta el prestigio de las personas.


SALMO 49, 5-6. 7-8. 14 y 23

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios..

«Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio». Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar.

«Escucha, pueblo mío, voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; -yo soy Dios, tu Dios-. No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí».

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo. «El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios».


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


EVANGELIO: Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»
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Espíritu Santo, danos el fruto de la Fidelidad

“Dios es fiel en todas sus palabras, en todas sus obras” (Sal 145). La tónica general de la historia de Dios con el hombre es su fidelidad.

Nada, ni siquiera el pecado, impide a Dios llevar adelante su plan de salvación, aunque el hombre caiga, una y otra vez, en la duda, en la traición, en la desidia o en la negación.

La fidelidad a Dios es un deber que ha de nacer de un profundo y delicado amor. No es cuestión de voluntarismo, ni siquiera de méritos.

Es el juego del amor, que no mide la grandeza o pequeñez de los actos, ni siquiera de los deseos, sino que sólo se preocupa de amar y más amar.

“En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu” (1 Jn 4, 13). La fidelidad, gracias a la acción del Espíritu Santo, nos habla de permanencia.

Permanecer en el amor no es, sin más, soportar con resignación, sino enamorarse de la fidelidad de Dios y corresponder con nuestra entrega concreta y constante.

La fidelidad es fundamento de nuestra existencia cristiana, y garante de una conciencia que sabe actuar en cada momento, considerando qué es lo más adecuado para vivir coherentemente con lo que se ha recibido.

Permanecer, en este sentido, es perpetuarse más allá de la materialidad cansina y rutinaria de las cosas.

La fidelidad hace que el amor admire lo pequeño y hermoso que somos y tenemos, aunque otros no sepan reconocerlo, porque no pone el ejercicio de amar en las cosas sino en Dios mismo, y por Él mismo.

Pedimos al Espíritu Santo que la historia que nos toca vivir, la del día a día, no sea un tiempo más del calendario, sino un gran talento, la oportunidad de volcarnos, definitivamente, en manos del Dios fiel, capaz de amarnos sin que lo merezcamos.

Mater Dei

(Nota: Lo resaltado con negrita es mío)


El maná de cada día, 24.2.17

febrero 24, 2017

Viernes de la 7ª semana del Tiempo Ordinario


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Un amigo fiel es un refugio seguro, y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro



PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 6, 5-17

Una palabra amable multiplica los amigos y aleja a los enemigos, y la lengua afable multiplica los saludos.

Sean muchos los que estén en paz contigo, pero tus confidentes, solo uno entre mil.

Si haces un amigo, ponlo a prueba, y no tengas prisa en confiarte a él. Porque hay amigos de ocasión, que no resisten en el día de la desgracia.

Hay amigos que se convierten en enemigo, y te avergüenzan descubriendo tus litigios. Hay amigos que comparten tu mesa y no resisten en el día de la desgracia.

Cuando las cosas van bien, es como otro tú, e incluso habla libremente con tus familiares. Pero si eres humillado, se pone contra ti y se esconde de tu presencia.

Apártate de tus enemigos y sé cauto incluso con tus amigos.

Un amigo fiel es un refugio seguro, y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio y su valor es incalculable. Un amigo fiel es medicina de vida, y los que temen al Señor lo encontrarán.

El que teme al Señor afianza su amistad, porque, según sea él, así será su amigo.


SALMO 118, 12. 16. 18. 27. 34. 35

Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.

Bendito eres, Señor, enséñame tus decretos.

Tus decretos son mi delicia, no olvidaré tus palabras.

Ábreme los ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley.

Instrúyeme en el camino de tus mandatos, y meditaré tus maravillas.

Enséñame a cumplir tu ley y a guardarla de todo corazón.

Guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 17, 17

Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad.


EVANGELIO: Marcos 10, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.

Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».

Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?».

Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».

Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.

Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».


Papa Francisco: La auténtica revolución cristiana es amar al enemigo

febrero 19, 2017

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Papa Ángelus

El Papa Francisco durante la oración del Ángelus

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Papa Francisco: La auténtica revolución cristiana es amar al enemigo

Por Álvaro de Juana

VATICANO, 19 Feb. 17 / 06:30 am (ACI).- El Papa Francisco invitó, en el Ángelus del domingo, a no devolver mal por mal a nuestros enemigos, sino a responder con amor como Jesús enseñó, porque esta es la auténtica “revolución cristiana”.

“Los enemigos son aquellos que hablan mal de nosotros, que nos calumnian y nos tratan mal. A todos ellos estamos llamados a responder con el bien, que conlleva también sus estrategias inspiradas en el amor”, dijo el Papa.

 

Este pasaje del Evangelio es “una de esas páginas que mejor expresan la ‘revolución’ cristiana” porque “Jesús muestra la vía de la verdadera justicia mediante la ley del amor que supera la ley del talión, es decir, el ‘ojo por ojo y diente por diente’”.

“Lo que Jesús nos quiere enseñar es la distinción que tenemos que hacer entre la justicia y la venganza”. “Nos está permitido pedir justicia, es nuestro deber practicar la justicia” pero “nos está prohibido vengarnos o fomentar de cualquier manera la venganza, en cuanto que es expresión de odio y de violencia”.

Francisco recordó el mandamiento principal de todo cristiano: “amar al enemigo”, y explicó que “también él es una persona humana, creada como tal a imagen de Dios, aunque en el presente esta imagen sea ofuscada por una conducta indigna”.

“Cuando hablamos de ‘enemigos’ –continuó– no debemos pensar en personas diferentes y lejanas de nosotros” sino que “hablamos también de nosotros mismos, que podemos entrar en conflicto con nuestro prójimo, a veces con nuestros familiares”.

Pero también en el Evangelio del día Jesús invita a una serie de actitudes que se contraponen con este mal: “poner la otra mejilla, dar el propio vestido o dinero, y aceptar otros sacrificios”.

“Esta renuncia no quiere decir que las exigencias de la justifica vengan ignoradas o contradecidas”, sino que “el amor cristiano, que se manifiesta de modo especial en la misericordia, representa una realización superior de la justicia”.

Sobre la llamada “Ley del Talión”, Francisco explicó que trataba de “infligir a los transgresores penas equivalentes a los daños cometidos: la muerte a quien había matado, la amputación a quien había herido a alguno, y así sucesivamente”.

“Jesús no pide a sus discípulos sufrir el mal, es más, les pide reaccionar, pero no con otro mal, sino con el bien” ya que “solo así se rompe la cadena del mal y cambian verdaderamente las cosas”.

El Obispo de Roma explicó que el mal es un “vacío de bien que no se puede llenar con otro vacío, sino solo con algo ‘pleno’, es decir, con el bien”. “La represalia no lleva nunca a la resolución de conflictos”, añadió.