Maná y Vivencias Pascuales (8), 23.4.17

abril 22, 2017

Domingo de la Octava de Pascua o Segundo Domingo de Pascua, Ciclo A

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA
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¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto

¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto



Antífona de entrada: 1 Pedro 2, 2

Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura y espiritual que os haga crecer hacia la salvación. Aleluya.


Oración colecta

Dios de misericordia infinita, que reafirmas la fe de tu pueblo con el retorno anual de las fiestas pascuales, acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del espíritu que nos ha hecho renacer y de la sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 2, 42-47:  Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.


SALMO 117, 2-4. 13-15. 22-24

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.


SEGUNDA LECTURA: 1 Pedro 1, 3-9: Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo.

La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo.

No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 20, 29

Porque me has visto, Tomás, has creído, –dice el Señor– . Dichosos los que crean sin haber visto.


EVANGELIO: Juan 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.



Antífona de comunión: Juan 20, 27

Trae tu mano y toca la señal de los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya

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VIVENCIAS PASCUALES (8)

¡Jesús, confío en ti! Llamada a la conversión y a la vida en abundancia

¡Jesús, confío en ti! Llamada a la conversión y a la vida en abundancia

Este domingo es un domingo especial por completar la Octava de Pascua; broche de oro de la gran fiesta de la Iglesia comenzada en la solemne Vigilia Pascual y prolongada, como un solo día, hasta este domingo.

Además, hoy la Iglesia se alegra y bendice a Dios por las obras realizadas en sus elegidos los papas Juan XXIII y Juan Pablo II y presenta su santidad a todo el mundo y ante todo hombre de buena voluntad.

Un día grandioso, histórico. Sólo Dios sabe lo que sus hijos están recibiendo en esta jornada, no sólo en Roma, sino en toda la Iglesia, y en el mundo entero. Bendito sea Jesucristo.

Espiritualidad pascual de la Oración colecta

Dios de misericordia infinita, que reanimas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales; acrecienta en nosotros los dones de tu gracia, para que comprendamos mejor que el bautismo nos ha purificado, que el Espíritu nos ha hecho renacer y que la sangre nos ha redimido. Por nuestro Señor.

NOTA: Nos unimos a todas las personas devotas del Señor de la Divina Misericordia.

Recordamos con cariño al Papa Juan Pablo II, bendecido especialmente en los últimos días de su vida, y que en este día fue canonizado.

El Señor siga estando grande con todos nosotros, que somos pecadores, pero que confiamos en su Divina Misericordia.

Él dijo: Nadie me quita la vida; la entrego libremente; para que vosotros tengáis vida en abundancia. Gracias, Señor Jesús.

Comentario de san Agustín a Jn 20,19-31:

Quería creer con los dedos

Escuchasteis cómo el Señor alaba a los que creen sin haber visto por encima de los que creen porque han visto y hasta han podido tocar.

Cuando el Señor se apareció a sus discípulos, el apóstol Tomás estaba ausente; habiéndole dicho ellos que Cristo había resucitado, les contestó: Si no meto mi mano en su costado, no creeré (Jn 20, 25).

¿Qué hubiese pasado si el Señor hubiese resucitado sin las cicatrices? ¿O es que no podía haber resucitado su carne sin que quedaran en ella rastro de las heridas? Lo podía; pero si no hubiese conservado las cicatrices en su cuerpo, no hubiera sanado las heridas de nuestro corazón. Al tocarle lo reconoció.

Le parecía poco el ver con los ojos; quería creer con los dedos. «Ven -le dijo-, mete aquí tus dedos, no suprimí toda huella, sino que dejé algo para que creyeras; mira también mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (ib., 27).

Tan pronto como le manifestó aquello sobre lo que aún le quedaba duda, exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» (ib., 28). Tocaba la carne y proclamaba la divinidad. ¿Qué tocó? El cuerpo de Cristo. ¿Acaso el cuerpo de Cristo era la divinidad de Cristo?

La divinidad de Cristo era la Palabra; la humanidad, el alma y la carne. Él no podía tocar ni siquiera el alma, pero podía advertir su presencia, puesto que el cuerpo, antes muerto, se movía ahora vivo.

Aquella Palabra, en cambio, ni cambia ni se la toca, ni decrece ni acrece, puesto que en el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (Jn 1, 1).

Esto proclamó Tomás; tocaba la carne e invocaba la Palabra, porque la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14).

(Sermón 145).

Sermón de san Agustín en la octava de Pascua:

La nueva creación en Cristo

Homilía dirigida a los bautizados en la Vigilia Pascual.

Me dirijo a vosotros, niños recién nacidos, párvulos en Cristo, nueva prole de la Iglesia, gracia del Padre, fecundidad de la Madre, retoño santo, muchedumbre renovada, flor de nuestro honor y fruto de nuestro trabajo, mi gozo y mi corona, todos los que perseveráis firmes en el Señor.

Me dirijo a vosotros con las palabras del Apóstol: vestíos del Señor Jesucristo, y que el cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos, para que os revistáis de la vida que se os ha comunicado en el sacramento.

Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo, os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús.

En esto consiste la fuerza del sacramento: en que es el sacramento de la vida nueva, que empieza ahora con la remisión de todos los pecados pasados y que llegará a su plenitud con la resurrección de los muertos.

Por el bautismo fuisteis sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos, así también andéis vosotros en una vida nueva.

Pues ahora, mientras vivís en vuestro cuerpo mortal, desterrados lejos del Señor, camináis por la fe; pero tenéis un camino seguro que es Cristo Jesús en cuanto hombre, el cual es al mismo tiempo el término al que tendéis, quien por nosotros ha querido hacerse hombre.

Él ha reservado una inmensa dulzura para los que le temen y la manifestará y dará con toda plenitud a los que esperan en él, una vez que hayamos recibido la realidad de lo que ahora poseemos sólo en esperanza.

Hoy se cumplen los ocho días de vuestro renacimiento: y hoy se completa en vosotros el sello de la fe, que entre los antiguos padres se llevaba a cabo en la circuncisión de la carne a los ocho días del nacimiento carnal.

Por eso mismo, el Señor al despojarse con su resurrección de la carne mortal y hacer surgir un cuerpo, no ciertamente distinto, pero sí inmortal, consagró con su resurrección el domingo, que es el tercer día después de su pasión y el octavo contado a partir del sábado; y, al mismo tiempo, el primero.

Por esto, también vosotros, ya que habéis resucitado con Cristo –aunque todavía no de hecho, pero sí ya en esperanza cierta, porque habéis recibido el sacramento de ello y las arras del Espíritu–, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis juntamente con él, en gloria (Sermón 8, en la octava de Pascua, 1, 4: PL 46, 838.841).


Maná y Vivencias Pascuales (7), 22.4.17

abril 22, 2017

Sábado de la Octava de Pascua

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¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto

¿Porque me has visto, Tomás, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto…


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS: Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Salmo 104, 43

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de júbilo. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos 4, 13-21 – “No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído”

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, se sorprendieron y descubrieron que habían sido compañeros de Jesús.

Pero, viendo junto a ellos al hombre que habían curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar:

– «¿Qué vamos a hacer con esta gente? Es evidente que han hecho un milagro: lo sabe todo Jerusalén, y no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos que vuelvan a mencionar a nadie ese nombre»

Los llamaron y les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan replicaron:

– «¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído»

Repitiendo la prohibición, los soltaron. No encontraron la manera de castigarlos, porque el pueblo entero daba gloria a Dios por lo sucedido.

SALMO 117, 1.14-15.16-18.19-21

Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. El Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación. Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.

La diestra del Señor es excelsa, la diestra del Señor es poderosa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella. Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Salmo 117, 24

Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Marcos 16, 9-15 – “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.

Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.

Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca.

También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:

– «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Gálatas 3, 27

Todos ustedes al ser bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Aleluya.

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Clave hermenéutica o de interpretación de la lectura evangélica

San Marcos hace una valoración muy crítica de los personajes principales. En este caso de los Once. Les echa en cara su incredulidad y dureza de corazón.

Por el contrario presenta como modelos de fe a los personajes secundarios que, aquí, dan testimonio de Jesús que se les ha aparecido y que está vivo. Los Once no les dan crédito.

Con este recurso, Marcos nos ofrece la posibilidad de identificarnos con las debilidades de los personajes principales, de los Once, para que crezcamos en la fe y nos sintamos acogidos por la misericordia de Dios, y la comprensión del Maestro. Porque éste sigue confiando en ellos.

Más aún: los envía al mundo como testigos, aunque no tienen merecimientos. Se resalta así la total gratuidad de la vida cristiana y de la misión evangelizadora. El protagonista y el actor principal es Dios a través de su Espíritu; los evangelizadores son instrumentos en manos en Dios.

Hermano, agradece a Dios que sigue confiando en ti, que opta por ti, a pesar de tus debilidades y pecados, o precisamente por ellos. Su plan de salvación irá adelante, le pese a quien le pesare.

Pide que tú seas de los más dóciles colaboradores de Cristo Resucitado que sigue salvando a los hombres de hoy con la fuerza de su Espíritu. Amén.

Del comentario de san Beda el Venerable, presbítero,
sobre la primera carta de san Pedro

Raza elegida, Sacerdocio real

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real. Este título honorífico fue dado por Moisés en otro tiempo al antiguo pueblo de Dios, y ahora con todo derecho Pedro lo aplica a los gentiles, puesto que creyeron en Cristo, el cual, como piedra angular, reunió a todos los pueblos en la salvación que, en un principio, había sido destinada a Israel.

Y los llama raza elegida a causa de la fe, para distinguirlos de aquellos que, al rechazar la piedra angular, se hicieron a sí mismos dignos de rechazo.

Y sacerdocio real porque están unidos al cuerpo de aquel que es rey soberano y verdadero sacerdote, capaz de otorgarles su reino como rey, y de limpiar sus pecados como pontífice con la oblación de su sangre.

Los llama sacerdocio real para que no se olviden nunca de esperar el reino eterno y de seguir ofreciendo a Dios el holocausto de una vida intachable.

Se les llama también nación consagrada y pueblo adquirido por Dios, de acuerdo con lo que dice el apóstol Pablo comentando el oráculo del Profeta: Mi justo vivirá de fe, pero, si se arredra, le retiraré mi favor.

Pero nosotros, prosigue, no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma. Y en los Hechos de los apóstoles dice: El Espíritu Santo os ha encargado guardar el rebaño, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Nos hemos convertido, por tanto, en pueblo adquirido por Dios en virtud de la sangre de nuestro Redentor, como en otro tiempo el pueblo de Israel fue redimido de Egipto por la sangre del cordero.

Por esto Pedro recuerda en el versículo siguiente el sentido figurativo del antiguo relato, y nos enseña que éste tiene su cumplimiento pleno en el nuevo pueblo de Dios, cuando dice: Para proclamar sus hazañas.

Porque así como los que fueron liberados por Moisés de la esclavitud egipcia cantaron al Señor un canto triunfal después que pasaron el mar Rojo, y el ejército del Faraón se hundió bajo las aguas, así también nosotros, después de hacer recibido en el bautismo la remisión de los pecados, hemos de dar gracias por estos beneficios celestiales.

En efecto, los egipcios, que afligían al pueblo de Dios, y que por eso eran como un símbolo de las tinieblas y aflicción, representan adecuadamente los pecados que nos perseguían, pero que quedan borrados en el bautismo.

La liberación de los hijos de Israel, lo mismo que su marcha hacia la patria prometida, representa también adecuadamente el misterio de nuestra redención: caminamos hacia la luz de la morada celestial, iluminados y guiados por la gracia de Cristo.

Esta luz de la gracia quedó prefigurada también por la nube y la columna de fuego; la misma que los defendió, durante todo su viaje, de las tinieblas de la noche, y los condujo, por un sendero inefable, hasta la patria prometida (Cap. 2: PL 93, 50-51).

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A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS QUE ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál puede ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué puedo mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién puedo estar lastimando en este día, a quién le estoy haciendo sufrir? ¿A quién puedo estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién puedo ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades?

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarme: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”



Maná y Vivencias Pascuales (2), 17.4.17

abril 17, 2017

Lunes de la Octava de Pascua

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trinidad

Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz

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TEXTO ILUMINADOR: Oración colecta.- La Iglesia, madre fecunda.

¡Oh Dios!, que siempre aumentas tu Iglesia con el nacimiento de nuevos hijos en el bautismo; concédeles ser fieles durante su vida a la fe que han recibido en el sacramento. Por nuestro Señor.

NOTA.- Durante la octava de Pascua se proclaman los relatos de las apariciones del Señor Resucitado narradas por los cuatro evangelios.

En los Hechos de los Apóstoles leemos hoy el primer discurso kerigmático, anuncio o pregón kerigmático de la comunidad apostólica, puesto en boca de Pedro, que habla en nombre de los doce.

Pedro trata de responder a la pregunta “¿Qué es esto?”, pronunciada por los que acaban de ver los prodigios de los apóstoles tras recibir el Espíritu en Pentecostés. Sencillamente se trata del cumplimiento de las promesas hechas por Dios en el Antiguo Testamento:

Vendrán días en que enviaré mi Espíritu sobre toda carne, y todos me conocerán, del mayor al menor; les arrancaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne; entonces ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios; los recogeré de todas las naciones, los sacaré de sus sepulcros, los purificaré de todos sus delitos; cuando envíe mi Espíritu, los ancianos profetizarán y los jóvenes tendrán visiones; mirad que hago nuevas todas las cosas, transformaré el desierto en vergel: ¿es que no lo notáis?

Por eso concluirá Pedro diciendo: “Eso es lo que estáis viendo y escuchando”.

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Antífona de entrada: Éxodo 13, 5.9

Que la alabanza del Señor esté siempre en nuestros labios, porque el Señor nos ha introducido en la tierra prometida, tierra que mana leche y miel. Aleluya

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 2, 14.22-33
A este Jesús, Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas:

Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis.

Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.”

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que “no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción”, hablaba previendo la resurrección del Mesías.

Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, de lo cual todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.»


SALMO 15, 1-2.5.7-8.9-10.11

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.


Aclamación antes del Evangelio: Salmo 117, 24

Aleluya, aleluya. Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. Aleluya.

EVANGELIO: Mateo 28, 8-15
Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos».
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido.

Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

PREFACIO PASCUAL I. Durante la Octava de Pascua se reza así:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; PERO MÁS QUE NUNCA EN ESTE DÍA en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.

Por eso, CON ESTA EFUSIÓN DE GOZO PASCUAL, EL MUNDO ENTERO SE DESBORDA DE ALEGRÍA, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

Antífona de comunión: Romanos 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya


Maná y Vivencias Pascuales (1), 16.4.17

abril 16, 2017

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

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¡Feliz Pascua de Resurrección, estimados amigos! Aleluya. Cristo vive y nosotros somos una criatura nueva en él. Lo anterior ya pasó. Alegrémonos y estrenemos una vida nueva en Cristo. Él ha vencido a la muerte. Nosotros venceremos en él. Aleluya. Amén. Un abrazo y feliz día.

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 Lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta

Lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta

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Antífona de entrada: Salmo 138, 18.5-6

He resucitado y aún estoy contigo, has puesto sobre mí tu mano: tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.


Oración colecta

Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 10, 34a.37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea.

Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero.

Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»


SALMO 117, 1-2.16ab-17.22-23

Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.


SEGUNDA LECTURA: Colosenses 3, 1-4

Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.


Secuencia

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.


Aclamación antes del Evangelio: 1 Cor. 5, 7-8

Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.


Antífona de comunión: 1 Cor 5, 7‑8

Cristo, nuestra víctima pascual, ha sido inmolado; celebremos, pues, la Pascua con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya.



VIVENCIAS PASCUALES (1)

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¡Aleluya, aleluya, el Señor ha resucitado!

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

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COMENZAMOS HOY las Vivencias Pascuales. La Vigilia Pascual nos ha introducido en la gran fiesta de la Resurrección del Señor que se prolongará durante la cincuentena pascual.

Las Vivencias Pascuales nos ayudarán a interiorizar día tras día este misterio central de nuestra fe: La muerte y la resurrección de Cristo y nuestra muerte y resurrección se implican mutuamente. O se dan juntas o no se dan nunca de manera efectiva.

“Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo”.

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TEMA CENTRAL: El Padre glorifica a su Hijo Encarnado, dándole el Espíritu Eterno. Es decir, transforma la naturaleza humana asumida por la Persona del Verbo increado.

Al glorificar a Jesús con su naturaleza humana, el Padre eleva a todos los hombres a una vida nueva y divina: Se acabó el poder del pecado y de la muerte. Los hombres, por gozar de la misma naturaleza que asumió Jesús, ya tienen acceso directo a la misma vida de Dios. Esa vivificación comienza aquí en la tierra y se culminará en el cielo.

A los que crean se les perdonarán los pecados, llegarán a ser hijos de Dios, y ya no podrán pecar, pues han sido marcados por el Espíritu. Han nacido de un germen incorruptible, de Dios mismo.

Ese milagro lo realiza “hoy” el Padre por su Hijo Jesucristo en el poder del Espíritu, mediante la Resurrección: Así Dios hace nuevas todas las cosas en Cristo; de esta forma recrea, por el Espíritu creador, todo lo creado al principio, de la nada.

Cristo ha “pasado” de este mundo al seno de su Padre donde se gozaba ya antes de los siglos; pero vuelve al Cielo llevando consigo a una multitud de hermanos.

Esta obra del poder de Dios, esta nueva creación en Cristo glorificado, muestra mejor que la primera el poder de Dios. De ahí el canto del salmista:

¡ÉSTE ES EL DÍA EN QUE ACTUÓ EL SEÑOR;

SEA NUESTRA ALEGRÍA Y NUESTRO GOZO!

Dios ha trastocado los planes de los impíos: La piedra que desecharon los arquitectos -los que rechazaron y siguen negando a Jesús, los sabios y poderosos de este mundo-, es ahora la piedra angular, Cristo Resucitado. Es el Señor quien lo ha hecho; ha sido un milagro patente.

En este domingo encontramos concentrado el misterio de la Muerte y de la Resurrección del Señor con su Ascensión y el envío del Espíritu en Pentecostés. Todo se ha cumplido. El plan de Dios se ha llevado a cabo.

Dios mismo se ha preparado, por su Espíritu, una ofrenda que le agrada: Cristo mismo; a la vez, el Verbo increado y ahora Cabeza de la Iglesia. Podríamos afirmar que Dios mismo se ha glorificado a sí mismo, y de ello le hace partícipe a todo el que crea: Para alabanza de su Gloria.

Todo está reinstaurado en Cristo: Para que sea alabada la gloria del Padre.

Dejemos ahí las reflexiones y analicemos brevemente los textos de la celebración eucarística.

La celebración eucarística se abre con un grito de victoria. En la Vigilia de anoche la asamblea, después de escuchar el pregón pascual, cantó alborozada el Gloria, como expresión de júbilo por la Resurrección del Señor.

La antífona de entrada de la misa del día manifiesta esa certeza de la resurrección del Señor y no puede menos que aclamarlo por su glorificación: El Padre no lo ha dejado en el sepulcro, sino que le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, le ha dado un nombre sobre todo nombre.

La antífona dice: En verdad ha resucitado el Señor, Aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad.

La oración colecta remarca este espíritu pascual de la glorificación y pide la renovación por el Espíritu para poder resucitar ya desde ahora en el reino de la luz y de la vida que no se acabará. San Juan, 6, 37, aclara que aún no había Espíritu, porque Cristo no había sido glorificado.

Jesús lo reafirma y fundamenta así: Él mismo debe irse para que venga el Espíritu. Es condición que él culmine su obra, que cumpla la voluntad del Padre hasta el final.

Sólo así vendrá el Espíritu, el “otro” Consolador.

En efecto, cuando Cristo expiró en la cruz, cuando entregó el Espíritu y fue abierto su costado, entonces recibió de su Padre el Espíritu eterno, a modo de una nueva efusión, en calidad de Hijo Encarnado.

Al ser glorificada la humanidad de Jesús, todos los hombres hemos recibido la capacidad de ser inundados por el Espíritu que habitaba en Jesús. Así, el Padre Celestial ha pasado el Espíritu de su Hijo a todos los que crean en él como el enviado por el Padre para salvar a los hombres.

Recemos ya esa oración:

Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida.- Por nuestro Señor Jesucristo.

La primera lectura nos conduce a la primera proclamación de Cristo como Salvador. Pedro, en nombre de los apóstoles, da testimonio de Cristo con mucha convicción. Lo hace con el poder que le daba el Espíritu de Cristo derramado sobre él y los demás apóstoles.

¿Cómo sucedió ese bautismo en el Espíritu Santo, en el mismo Espíritu que habitaba en Jesús y que le impulsaba en todo momento a pasar por el mundo haciendo el bien?

María reúne a los discípulos para recordar juntos y rumiar en el corazón las enseñanzas de Jesús, y sobre todo el desenlace de su vida, a la luz de la Palabra de Dios del Antiguo Testamento y en profunda oración hecha en comunidad.

La recepción del Espíritu aconteció en una serie de experiencias humanas y religiosas, siempre compartidas en comunidad. Se contaban unos a otros las manifestaciones del Resucitado en su vida y en las comunidades.

No podían guardar y menos ocultar la presencia gloriosa del Resucitado, pues era él quien animaba por su Espíritu a las comunidades. Las apariciones del Resucitado van modelando y confirmando la fe de los discípulos.

Así se fue gestando todo un proceso de renovación y vivificación por el poder del Resucitado que actuaba en los creyentes por su mismo Espíritu. Mientras oraban, mientras evangelizaban, o sufrían persecución, el Espíritu iba descendiendo sobre ellos a modo de una lluvia de fuego y de santidad, que los iba inundando, bañando o bautizando.

Es la venida del Espíritu. Es el Padre que cumple la promesa glorificando a Jesús y derramando el Espíritu de Cristo en los creyentes, en la nueva comunidad.

Pentecostés tuvo muchos momentos y lugares. No podemos imaginarlo como una ocasión puntual y anecdótica. El Espíritu se derramaba a discreción y sin medida sobre los creyentes anegándolos o inundándolos del poder de lo alto que les capacitaba para testimoniar a Cristo hasta el confín de la tierra.

De manera que no podían callar, no podían dejar de proclamar las maravillas de Dios.

Escuchemos la Lectura de los Hechos, 10, 34-43: Por aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo. Cómo Dios consagró a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, comunicándole su poder. Éste pasó haciendo el bien y sanando a cuantos estaban dominados por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la provincia de los judíos e incluso en Jerusalén. Al final, ellos lo mataron colgándolo de un madero.

Pero Dios lo resucitó el tercer día y le concedió que se dejara ver, no por todo el pueblo, sino por los testigos que Dios había escogido de antemano: por nosotros, que comimos y bebimos con él después de que resucitó de entre los muertos.

Y nos mandó a predicar al pueblo y a dar testimonio de que él fue puesto por Dios como juez de vivos y muertos. A él se refieren todos los profetas, al decir que quien cree en él recibe por su nombre el perdón de los pecados.

Estas palabras de Pedro pronunciadas con ocasión del bautismo del primer pagano, Cornelio, constituyen uno de los discursos de los Hechos, llamados “kerigmáticos”.

Pedro pronunció cinco de los seis discursos kerigmáticos recopilados en Hechos. El presente es el último. Pablo pronunció dos discursos que resumen el kerigma: uno, recogido en Hechos; y otro, en 1 Cor. En Lucas encontramos el octavo.

Los ocho resúmenes del anuncio y proclamación de Cristo, o discursos sobre el kerigma, se consignan a continuación. Pedro (5): Hechos 2,14-39; 3, 12-26; 4, 10-12.20; 5, 29-32; 10, 34-43. Pablo (2): Hechos 13, 16-41; 1 Cor 15, 3-9.45. Lucas (1): Lc 24, 5-48.

Si Jesús había predicado que la salvación se realizaba en el Reino de Dios, los apóstoles predican que el Reino se personifica en Jesús. El “Jesús predicador” de Galilea, después de la resurrección, pasó a ser “Jesús predicado” hasta los confines de la tierra.

El Jesús evangelizador se transformó en Jesús Evangelio, Buena Noticia. La predicación apostólica se centró en la persona y la misión de Jesús.

Se llaman kerigmáticos porque son “el anuncio o la proclamación” de Cristo como “El Señor y Salvador”.

Antes del evangelio, la Liturgia nos trae un himno de la Edad Media llamado “secuencia” porque describe los temas pascuales de Cristo, víctima, alianza y victoria.

En los diferentes evangelios que hoy pueden elegirse, se destaca el amor de los discípulos que no se resignan al fracaso, que no pueden menos que buscar, aunque sea a tientas y con dudas.

Nosotros queremos imitar a María Magdalena que visita el sepulcro a primeras horas de la mañana, muy temprano. El amor sincero no es perezoso ni alocado, sino previsor, delicado y presuroso.

Para despedir a los fieles al final de la celebración elegimos el contenido de la segunda lectura:

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

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Maná y Vivencias Cuaresmales (y 47) – Vigilia Pascual, Triduo Pascual

abril 15, 2017

Vigilia Pascual

La “Madre de todas las vigilias”

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¡Felicidades, hermanos y hermanas, por haber llegado hasta el final de las Vivencias Cuaresmales, pero sobre todo por la fidelidad al Señor!

Mereció la pena seguir día a día la Palabra que ilumina y da plenitud de vida. Gracias, Señor, por poder celebrar en la gran vigilia pascual la victoria de Cristo sobre todo mal. Tú eres digno de toda bendición. Amén.

Pope+Francis+Attends+Easter+Vigil+Mass+Vatican+kVCablNSz_yl

Noche santa en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida



I.- Las siete lecturas de la Vigilia con sus correspondientes salmos responsoriales y oraciones.

Están tomadas del Antiguo Testamento, y relatan las Maravillas realizadas por Dios en favor de la Humanidad y de su pueblo Israel.

PRIMERA LECTURA: Génesis 1, 1-2, 2

Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.
Entonces Dios dijo: “Que exista la luz”. Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el primer día.

Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y éste separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el segundo día.

Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: “Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla, y árboles frutales que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro”.

Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el tercer día.

Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas.

Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el cuarto día.

Dios dijo: “Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo”. Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas.

Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra”. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el quinto día.

Dios dijo: “Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie”. Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”.

Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”.

Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde”. Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el sexto día.

Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido.


SALMO 103, 1-2a.5-6.10.12-14ab.24.35

Señor, envía tu Espíritu y renueva toda la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad y te envuelves con un manto de luz.

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos: ¡no se moverá jamás! El océano la cubría como un manto, las aguas tapaban las montañas.

Haces brotar fuentes en los valles, y corren sus aguas por las quebradas. Las aves del cielo habitan junto a ellas y hacen oír su canto entre las ramas.

Desde lo alto riegas las montañas, y la tierra se sacia con el fruto de tus obras. Haces brotar la hierba para el ganado y las plantas que el hombre cultiva.

¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas! ¡Bendice al Señor, alma mía!

SEGUNDA LECTURA: Génesis 22, 1-18

Dios puso a prueba a Abraham. “¡Abraham!”, le dijo. Él respondió: “Aquí estoy”. Entonces Dios le siguió diciendo: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que Yo te indicaré”.

A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores:

“Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes”. Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos.

Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: “¡Padre!”. Él respondió: “Sí, hijo mío”. “Tenemos el fuego y la leña -continuó Isaac- pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”. “Dios proveerá el cordero para el holocausto”, respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.

Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.

Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!”. “Aquí estoy”, respondió él. Y el Ángel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”.

Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: “El Señor proveerá”, y de allí se origina el siguiente dicho: “En la montaña del Señor se proveerá”.

Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: “Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, Yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”.

SALMO 15, 5.8-11

Protégeme, Dios mío, porque en ti me refugio.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás a la muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.

TERCERA LECTURA: Éxodo 14, 15-15, 1a

El Señor dijo a Moisés: “Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas.

Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy El Señor, cuando Yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”.

El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.

Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.

Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”.

El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar.

Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor. Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:

SALMO: Éxodo 15, 1b-6.17-18

Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: Él hundió en el mar los caballos y los carros. El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. Él es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.

El Señor es un guerrero, su nombre es “El Señor”. Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.

El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar. Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo.

Tú llevas a tu pueblo, y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos. ¡EI Señor reina eternamente!

CUARTA LECTURA: Isaías 54, 5-14

Tu esposo es Aquel que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: Él se llama “Dios de toda la tierra”. Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: “¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?”, dice el Señor.

Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor. Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más.

Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti. ¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu contorno de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande la paz de tus hijos.

Estarás afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará.

SALMO 29, 2.4-6.11-12a.13b

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!

QUINTA LECTURA: Isaías 55, 1-11

Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares. Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán.

Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica.

¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-.

Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes. Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

SALMO: Isaías 12, 2-6

Sacarán aguas con alegría de las fuentes de la salvación.

Éste es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación.

Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra! ¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!

SEXTA LECTURA: Baruc 3, 9-15. 32-4, 4

Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir. ¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera? ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre los que bajan al abismo? ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre.

Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. ¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría, quién ha penetrado en sus tesoros? El que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando.

Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia: Él las llama, y ellas responden: “Aquí estamos”, y brillan alegremente para aquel que las creó. ¡Éste es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! Él penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto.

Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres. La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios y la Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los que la abandonan, morirán. Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero. Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios.

SALMO 18, 8-11

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple.

Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos.

La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos.

Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal.

SÉPTIMA LECTURA: Ezequiel 36, 17a.18-28

La palabra del Señor me llegó en estos términos: “Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones. Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con que lo habían contaminado.

Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países. Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: ‘Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país’.

Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido. Por eso, di al pueblo de Israel: ‘Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido.

Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que Yo soy el Señor -oráculo del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes.

Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.

Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que Yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y Yo seré su Dios’”.

SALMO 41, 3.5bcd; 42, 3-4

Mi alma tiene sed de Dios.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?
¡Cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta!

Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas.

Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara, Señor, Dios mío.

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II.- Lecturas de la Misa

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EPÍSTOLA: Romanos 6, 3-11

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.

Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.

Comprendámoslo: Nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.

Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

SALMO 117, 1-2.16-17.22-23

Aleluya, Aleluya, Aleluya.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor.

La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos.

EVANGELIO: Mateo 28, 1-10 (Ciclo A)

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos.

El ángel habló a las mujeres:

–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.” Mirad, os lo he anunciado.»

Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
–«Alegraos.»

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo:
–«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

Antífona de comunión: 1 Corintios 5, 7-8

Cristo, nuestra Víctima pascual, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, esta fiesta con los panes ácimos de la pureza y la verdad. Aleluya.

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VIVENCIAS CUARESMALES (y 47)

La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu: En ti y en cada hermano



ESTIMADO HERMANO, APRECIADA HERMANA, hemos llegado al final de las Vivencias: Maná y Vivencias Cuaresmales.

Con la Vigilia Pascual ingresamos a la cincuentena de la Pascua, que se consumará en la fiesta de Pentecostés. La Cuaresma se corona en la Pascua, no puede tener un colofón mejor, como lo anunciamos en la primera entrega de las Vivencias.

Te agradezco la atención que te han merecido las Vivencias Cuaresmales como un medio para experimentar la espiritualidad cuaresmal. Y te felicito por la revisión de tu fe que has realizado durante la Cuaresma, día a día, acompañando a Cristo en los misterios de su vida, pasión, muerte y resurrección.

Si no te resulta muy difícil te agradecería cualquier sugerencia o crítica sobre las Vivencias Cuaresmales, para mejorar. Ellas son el fruto de varios años, en los que he ido espigando semillas de espiritualidad cuaresmal y agustiniana.

También podrías enviar algún comentario o testimonio sobre las gracias recibidas en esta Cuaresma, para unirnos a ti en la acción de gracias al Dador de todo bien. No queremos robarle su Gloria. Sólo para Él el poder y la alabanza.

Ésta es la última entrega de las Vivencias Cuaresmales y la primera de las Vivencias Pascuales. La Vigilia Pascual es como la bisagra que cierra el tiempo cuaresmal y abre la cincuentena pascual.

Creo que mereció la pena ejercitarnos en el amor a Cristo para experimentar ahora en la Pascua el gozo de la vida en abundancia que él nos trajo y nos regaló con su pasión, muerte y resurrección. Es bueno cantar y alabar a Dios.

Ahora nos disponemos a celebrar la Vigilia Pascual, la expresión más plena del misterio cristiano, culminación y fuente de toda la vida cristiana. Por eso, pido al Espíritu que te haga saborear el gozo y la alegría de la salvación que nos ha traído Cristo.

Lo que deseábamos y ansiábamos durante la Cuaresma, ahora se hace realidad en la Pascua y lo disfrutamos experimentándolo, en cuanto puede realizarse en este mundo.

Hemos descendido en la Cuaresma, ahora subiremos en Pascua, proporcionalmente. Sólo el pecado que no se reconoce, no puede ser perdonado. Mucho se nos dará, si hemos amado mucho.

Para completar este comentario, te comparto, estimado hermano, apreciada hermana, que, secundando el deseo de algunas personas, voy a acompañarte también en la experiencia pascual ofreciéndote las “Vivencias Pascuales” día a día. Es el cuarto año que lo hago, con la gracia de Dios.

No las tengo tan elaboradas como las Cuaresmales. Por eso, no serán ni tan extensas ni tan logradas seguramente. Será como un reto para un servidor. Por eso, te agradezco tu valoración y también tu comprensión. Muchas gracias por tu aprecio y por tu oración. Dios te bendiga.

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SOLEMNE VIGILIA PASCUAL
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AMBIENTACIÓN.- Bendición del fuego y preparación del cirio. En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan a velar en oración. Si recordamos así la Pascua del Señor oyendo su Palabra y celebrando su misterio, podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él siempre en Dios.


LA NOCHE SANTA: VELADA DE ORACIÓN

Ya desde los comienzos de la Iglesia, esta noche se consideró “la velada” o vigilia en que debe mantenerse despierto y vigilante el cristiano por el gran Paso de Dios. También los judíos debían permanecer atentos al Paso de Dios, a su Pascua: Éxodo 12, 42.

En este día Cristo pasó a su liberación, vencida la muerte. Cruzó el mar Rojo con todos nosotros y quedamos otra vez en posesión de la vida y con derecho al gozo de Dios. Hoy es el día de nuestro bautismo: porque en este sacramento nos unimos a Cristo y él nos comunica su vida divina, la que adquirió hoy al resucitar.

Hoy el creyente cristiano se debe sentir invitado a velar por las palabras de Jesús en el Evangelio: Estén con las luces prendidas, como sirvientes que esperan la llegada del Señor que regresa. Porque si los encuentra así, de servicio, será él quien se pondrá a servirles sentándolos a su mesa.

Liturgia de la luz: Jesús es “luz de luz, Dios de Dios” (Jn 1, 1.4.9). Al resucitar, su vida humana se transfigura por la posesión de su vida divina y se hace luz de los hombres. El simbolismo del fuego que se comunica de cirio en cirio expresa lo anterior mediante una parábola en acción. La procesión y el pregón pascual explican y solemnizan esta verdad de la luz de Dios que se enciende en nosotros y nos transfigura.

Liturgia de la Palabra: Meditamos las maravillas de Dios con nosotros desde los comienzos de la historia. Esta síntesis se parece al temario de las dos primeras lecturas de los cinco domingos de Cuaresma. A cada tema bíblico (lectura y salmo) corresponde una oración final que expresa la experiencia cristiana.

Profesamos fe y confianza en sus palabras y en sus promesas pues con la Resurrección todos estamos “pasando” a la vida de Dios. Hoy es también nuestra Pascua.

1era. Lectura: Génesis 1, 1-31; 2, 1-2:Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno”. En esta velada con Cristo, nuestra primera gratitud se dirige al Padre por habernos llamado a la existencia y por regalarnos todos los seres, que “son muy buenos”.

“Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los reptiles que se arrastran por el suelo. Y creó Dios al hombre a su imagen. Hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho”.

Salmo 103, 1-2. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35: “Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”.

Oremos: Oh Dios, que con acción maravillosa creaste al hombre y con mayor maravilla lo redimiste. Concédenos resistir a los atractivos del pecado guiados por la sabiduría del Espíritu, para llegar a las alegrías del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2da. Lectura: Éxodo 14, 15. 15, 1: “En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los Israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los Israelitas pasen en seco por en medio del mar. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército. Dijo el Señor a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes. Y extendió Moisés su mano.

Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor. Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor…”

3era. Lectura: Ezequiel 36, 16-28: “Yahvé me habló de nuevo diciéndome: Hijo de hombre, los hijos de Israel habitaron en su tierra y la infestaron con sus acciones y sus costumbres. Y descargué sobre ellos mi indignación. Dice Yahvé: No hago esto por teneros lástima, sino para salvar el honor de mi nombre que a causa de vosotros ha sido despreciado en todas las naciones adonde habéis llegado.

Derramaré sobre vosotros agua purificadora y quedaréis purificados. Os purificaré de toda mancha y de todos vuestros ídolos. Os daré un corazón nuevo, y pondré dentro de vosotros un espíritu nuevo. Os quitaré del cuerpo el corazón de piedra y os pondré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros para que viváis según mis mandatos y respetéis mis órdenes. Habitaréis en la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros seréis para mí un pueblo y yo seré para vosotros vuestro Dios”.

Salmo 41, 3. 5; 42, 3-4: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío”.

Oremos: Oh Dios, poder inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad a tu Iglesia, sacramento de la Nueva Alianza, y, según tus eternos designios, lleva a término la obra de la salvación humana; que todo el mundo experimente y vea cómo lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y vuelve a su integridad primera, por medio de nuestro Señor Jesucristo, de quien todo procede. El cual vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

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Terminadas las lecturas y oraciones sobre el Antiguo Testamento, comienza la estructura de la misa ordinaria.

Oración Colecta: Oh Dios, que iluminas esta noche santa con la gloria de la Resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

1era. Lectura: Romanos 6, 3-11: “Hermanos: ¿Acaso no se han dado cuenta de que los que hemos recibido el bautismo de Cristo, hemos sido sumergidos con él para participar de su muerte? Así, pues, por el bautismo fuimos enterrados junto con Cristo para compartir su muerte, para que igual que Cristo, que fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, asimismo nosotros vayamos a vivir una vida nueva.

La muerte de Cristo fue un morir al pecado, y un morir para siempre; su vida ahora es un vivir para Dios. También vosotros consideraos como muertos para el pecado, y vivos para Dios en Cristo Jesús”.

Salmo: 117, 1-2. 16-17. 22-23: “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Aleluya, Aleluya, Aleluya.

El corazón humano de Jesús lo cantó con pleno sentido al entrar al templo de los cielos con su cuerpo resucitado. Hoy tú lo cantas con la esperanza de acompañarlo como te acaba de recordar san Pablo.

Evangelio: Mateo 28, 1-10, Ciclo A: “En la madrugada del sábado al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. El ángel habló a las mujeres:

“Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alegraos”. Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: “No tengáis miedo; id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”.

Liturgia del Bautismo: El bautismo es la resurrección con Cristo, vivificador de nuestra vida. Por el bautismo pasamos a ser luz de Cristo, como él es luz del Padre. La presentación del Cirio pascual en los bautismos simbolizará esta realidad invisible (Jn 8, 12). Renovemos con fe las promesas de nuestro bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras y prometimos servir fielmente a Dios en la santa Iglesia de Dios.

Oremos: Oh Dios, que has iluminado los prodigios de los tiempos antiguos con la luz del Nuevo Testamento; el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal; y el pueblo liberado de la esclavitud, imagen de la familia cristiana; concede que todos los pueblos, elevados por su fe a la dignidad de pueblo elegido, se regeneren por la participación de tu Espíritu. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN



El Papa en Domingo de Ramos: Jesús no es un profeta “new age” sino el Mesías verdadero

abril 9, 2017

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Procesión del Domingo de Ramos en la Plaza San Pedro de Roma

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El Papa en Domingo de Ramos: Jesús no es un profeta “new age” sino el Mesías verdadero

Por Miguel Pérez Pichel

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VATICANO, 09 Abr. 17 / 04:42 am (ACI).- En este Domingo de Ramos, o Domingo de Pasión, el Papa Francisco alentó a los fieles a llevar la cruz con paciencia y no rechazarla, y recordó que Jesús “no es un iluso que siembra falsas ilusiones” o “un profeta ‘new age’” que vende humo; sino el Mesías verdadero.

“Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni deshacerse de ella, sino que, mirándolo a Él, aceptémosla y llevémosla día a día”.

En la Misa celebrada en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Pontífice recordó que Jesús “nunca prometió honores y triunfos. Los Evangelios son muy claros. Siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz”.

“Él lo dijo claramente a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga’”.

La Celebración comenzó con la entrada en procesión, portando ramos y palmas, en la Plaza de San Pedro.

Tras la procesión, el Papa procedió a bendecir los ramos. Se recuerda así la acogida que el pueblo de Jerusalén otorgó a Jesucristo cuando realizó su entrada triunfal en la ciudad santa. En aquella ocasión, una multitud recibió al Señor portando hojas de palma y aclamándolo al grito de “Hossana”, grito de júbilo de profundo significado mesiánico.

Antes de comenzar la procesión, se leyó el fragmento del Evangelio de San Mateo en el que se narra la entrada de Jesús en Jerusalén desde el Monte de los Olivos sobre una borrica que nadie había montado nunca. El Pontífice destacó “el entusiasmo de los discípulos, que acompañan al Maestro con aclamaciones festivas”.

“Podemos imaginarnos con razón cómo los muchachos y jóvenes de la ciudad se dejaron contagiar de este ambiente, uniéndose al cortejo con sus gritos. Jesús mismo ve en esta alegre bienvenida una fuerza irresistible querida por Dios, y a los fariseos escandalizados les responde: ‘Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras’”.

El Obispo de Roma señaló que “esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del evangelio sobre su pasión”.

“Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén”.

Francisco insistió en que Jesús “no es un iluso que siembra falsas ilusiones, un profeta ‘new age’, un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la pasión; es el gran Paciente del dolor humano”.

“Al mismo tiempo que también nosotros festejamos a nuestro Rey –continuó el Santo Padre–, pensamos en el sufrimiento que Él tendrá que sufrir en esta Semana. Pensamos en las calumnias, los ultrajes, los engaños, las traiciones, el abandono, el juicio inicuo, los golpes, los azotes, la corona de espinas…, y en definitiva en el via crucis, hasta la crucifixión”.

En este sentido, el Papa explicó que Jesús “no nos pide que lo contemplemos sólo en los cuadros o en las fotografías, o incluso en los vídeos que circulan por la red. No. Él está presente en muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy, hoy sufren como Él, sufren a causa de un trabajo esclavo, sufren por los dramas familiares, por las enfermedades… Sufren a causa de la guerra y el terrorismo, por culpa de los intereses que mueven las armas y dañan con ellas”.

“Hombres y mujeres engañados, pisoteados en su dignidad, descartados…. Jesús está en ellos, en cada uno de ellos, y con ese rostro desfigurado, con esa voz rota pide que se le mire, que se le reconozca, que se le ame”.

El Papa invitó a reflexionar sobre ese Jesús en la cruz, el mismo Jesús que unos días antes había entrado triunfante en Jerusalén.

“No es otro Jesús: es el mismo que entró en Jerusalén en medio de un ondear de ramos de palmas y de olivos. Es el mismo que fue clavado en la cruz y murió entre dos malhechores. No tenemos otro Señor fuera de Él: Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz”.

Finalmente, el Papa Francisco hizo una referencia a la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra este fin de semana a nivel diocesano.


ISIS ataca iglesias en Domingo de Ramos y mata a decenas de cristianos en Egipto

abril 9, 2017

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Atentados en dos iglesias coptas de Egipto durante la celebración del Domingo de Ramos

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ISIS ataca iglesias en Domingo de Ramos y mata a decenas de cristianos en Egipto

Por Miguel Pérez Pichel

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VATICANO, 09 Abr. 17 / 05:22 am (ACI).- El fundamentalismo islamista ha vuelto a golpear a los cristianos de Egipto luego de que dos atentados contra dos iglesias coptas, una en las cercanías de El Cairo, y otra en Alejandría, dejasen hasta el momento unos 36 muertos y decenas de heridos. Ambos ataques han sido reivindicados por el grupo terrorista Estado Islámico (ISIS).

Un primer artefacto hizo explosión durante la celebración de la Misa del Domingo de Ramos en la iglesia copta de San Jorge, en la localidad egipcia de Tanta, cerca de El Cairo, y ha provocado unas 25 muertes y más de 70 heridos. El templo se encontraba repleto de fieles. Según informaron fuentes de las fuerzas de seguridad egipcias, la bomba estaba colocada debajo de uno de los bancos para los fieles.

Momentos después, una segunda bomba explotó en la iglesia de Morkoseya, en Alejandría.

Según informan medios de comunicación egipcios, en este segundo ataque habrían muerto 11 personas y decenas habrían resultado heridas.

Luego de unas horas, el ISIS reivindicó ambos ataques a través de su agencia Amaq.

Durante el rezo del Ángelus, en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Papa Francisco condenó estos atentados y mostró su solidaridad con las víctimas.

“Confío a la Virgen Santa las víctimas del atentado que tuvo lugar esta mañana en El Cairo en una iglesia copta. A mi querido hermano, Su Santidad el Papa Tawardos II, a la Iglesia Copta y a toda la querida nación egipcia expreso mis condolencias, rezo por las víctimas, por los muertos, por toda la comunidad. Permanezco cercano a ellos. Que el Señor convierta los corazones de los hombres que siembran terror, violencia y muerte; que convierta también el corazón de aquellos que fabrican y trafican con armas”, dijo el Santo Padre.

En su mensaje, Francisco también recordó a las víctimas del reciente atentado terrorista en Estocolmo, Suecia.

Estos ataques se producen pocos días antes del viaje del Papa a Egipto, que tendrá lugar del 28 al 29 de abril. Esta visita tendrá un fuerte contenido ecuménico e interreligioso.

Desde hace meses, la comunidad cristiana de Egipto está siendo víctima de una persecución sin medida por parte del grupo yihadista Estado Islámico.

El pasado 23 de febrero, tres cristianos murieron asesinados por terroristas de esta organización en la península del Sinaí. Aquel acto terrorista provocó el éxodo de cientos de cristianos coptos que huyeron ante la inseguridad reinante en la región.

Antes, el 19 de febrero, el Estado Islámico había amenazado a los cristianos egipcios mediante un vídeo en el que anunciaba nuevos atentados contra iglesias.

Aquel vídeo incluía una reivindicación del atentado suicida con coche bomba que el pasado mes de diciembre provocó la muerte de 27 cristianos en la catedral copta de San Marcos, en El Cairo.

Egipto, con casi 84 millones de habitantes, tiene una de las minorías cristianas más grandes del mundo islámico. Entre el 5 y el 10 % de sus habitantes es cristiano, la mayoría de ellos de la Iglesia Copta Ortodoxa, aunque también hay una minoría católica.

El Estado Islámico, y otros grupos terroristas, han conseguido hacerse fuertes en la península del Sinaí. Los ataques contra la comunidad cristiana son constantes en esta región. Desde el pasado 16 de octubre, el ejército egipcio está desarrollando una gran operación contra el Estado Islámico en la península del Sinaí, sin que de momento hayan conseguido grandes resultados.