El maná de cada día, 26.1.20

enero 25, 2020

Domingo III del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Con las notas oportunas para hacer lectio divina del Evangelio.

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Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades.



Antífona de entrada: Sal 95, 1. 6

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Honor y majestad le preceden, fuerza y esplendor están en su templo.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Él, que vive y reina contigo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 8, 23b-9, 3

En otro tiempo, el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.


SALMO 26, 1. 4. 13-14

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 1, 10-13.17

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir.

Hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos, diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo».

¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?

Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 23

Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo.


EVANGELIO: Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y NeftalÍ.

Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, al que llaman Pedro, y Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.

Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.»

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.


Antífona de comunión: Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor. El que me sigue no caminará en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

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LECTIO DIVINA, DOMINGO III del TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

Antes de abrir tu Biblia, abre tu corazón a la acción del Espíritu Santo.

Paso 1. Disponerse: Ponte en la presencia del Señor. Él te ha llamado, te espera. Míralo así: “Es Dios quien quiere hablar conmigo en la lectura”. Ponte a la escucha del Señor. El Espíritu te guía. Confíate a su acción y agradécele. María te acompaña…

Mateo 4, 12-23.-

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Paso 2. Leer: Busca el sentido de cada frase. ¿Distingues cinco tareas que Jesús comenzó en Galilea: predicar la conversión, llamar a los discípulos, enseñar, proclamar el Evangelio del reino y curar las enfermedades del pueblo. Jesús empieza su misión no en Jerusalén, ni en Judea, sino en territorio de paganos, en Galilea. Comienza por los alejados. Mateo ve a los galileos sumidos en la oscuridad y en la muerte. De repente Jesús les trae la luz inmensa del Evangelio, elige a los discípulos de entre su gente y con ellos recorre Galilea anunciando el reino de Dios y repartiendo salud y vida al pueblo.

Paso 3. Escuchar: Busca un mensaje del texto para tu vida, tal como estás ahora. Libérate de prejuicios. Estrena una mente amplia, acogedora, dócil. ¿Cómo suenan en tu corazón estas palabras: conviértete, ven, sígueme, curando las enfermedades…? Jesús vive, pasa a tu lado y se acomoda a tu realidad y a tus necesidades: ¿Qué sientes que te dice? ¿Qué estás necesitando de él? Ábrete a la acción del Espíritu de Jesús.

Él transformó a los pescadores de oficio en pescadores de hombres. El Espíritu respeta nuestro ser original y lo hace moldeable según la vocación recibida. Sé dócil y colabora con el Espíritu en esa operación de transformación, de reorientación vital de toda tu persona…

Jesús predica el reino de Dios: Estamos en los últimos tiempos; no hay tiempo que perder. El justo vive de fe. Hay que dejarlo todo, o someterlo todo a la nueva ley del Espíritu…

Paso 4. Orar: ¿Qué te hace decir al Señor esta lectura? ¿Te llega la luz de la que habla el texto? Acerca tu corazón al Señor, su reino está muy cerca, dentro de ti. En esta irrupción de Dios en tu vida puedes distinguir la acción específica de cada persona trinitaria. Por tanto, tu oración puede también diversificase, pues todo lo hacen los tres divinos, pero a su manera, su modo personal.

Así, puedes agradecer a Dios Padre el don de tu existencia, pues él te ha creado. Además, cree en ti y se goza con hacerte nuevo en cada momento de tu vida. Él te recrea constantemente para que tu vida sea plena.

El que te revela esa voluntad salvífica del Padre es el Hijo, y éste vive esa salvación personalmente como Dios en la eternidad, y ahora como hombre, y te la hace posible a ti con su ejemplo y su misterio pascual. Por tanto, agradece a Jesús que te ha traído la salvación, adóralo, siéntelo cercano, hermano, pues él es el único que ha bajado del cielo, el único acreditado por el Padre.

Y en tercer lugar, déjate llevar del impulso del Espíritu, permite que el amor del Padre y del Hijo te envuelva, te sane, te encienda, te caliente, te plenifique… y goza con la salvación. Trata de sentir cómo el Espíritu te acoge y consuela en tu debilidad, te sana y te hace crecer a la estatura de Cristo: Te cristifica.

Entra ahora en la intimidad de la Santísima Trinidad: gózate como hijo del Padre, como hermano de Cristo y templo del Espíritu. Ahora puedes sentir y experimentar que el reino de Dios está dentro de ti.

Paso 5. Vivir: ¿Tú, cómo respondes hoy a la llamada de Jesús: ¡ven y sígueme!? ¿Tú, cómo trabajas en el reino de Dios? ¿Qué haces en la Iglesia?

Más en concreto y en clave trinitaria: ¿Cómo estás llevando al Padre a tus hermanos? El Padre quiere que su Casa se llene de invitados, que nadie desprecie el banquete de las bodas del Cordero.

¿Estará Jesús orgulloso de tu trabajo por el Reino? Aviva el celo que a él le embargaba, le quemaba dentro de su ser. Confíale a Cristo tu voluntad incondicional de extender su Reino hasta los confines del mundo. ¿Qué más podrías hacer en tu vida personal, familiar, laboral, social? Que los que te ven, descubran a Cristo presente, vivo, real y glorioso en ti.

¿Qué te sugiere el Espíritu en esta oportunidad? ¿Sueles sentir el poder inspirador del Espíritu, su chispa de alegría y la fuente de tu gozo espiritual en todo lo que haces? Pídele al Espíritu que te haga otro Cristo en el mundo. Que esa luz la lleves en lo más nuclear de tu ser y actuar.

Inspirado en: http://semillas-edit.es/

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Del Papa Benedicto XVI
Ángelus del domingo 27 de enero de 2008

Queridos hermanos y hermanas:

En la liturgia de hoy el evangelista san Mateo, que nos acompañará durante todo este año litúrgico, presenta el inicio de la misión pública de Cristo. Consiste esencialmente en el anuncio del reino de Dios y en la curación de los enfermos, para demostrar que este reino ya está cerca, más aún, ya ha venido a nosotros.

Jesús comienza a predicar en Galilea, la región en la que creció, un territorio de “periferia” con respecto al centro de la nación judía, que es Judea, y en ella, Jerusalén. Pero el profeta Isaías había anunciado que esa tierra, asignada a las tribus de Zabulón y Neftalí, conocería un futuro glorioso: el pueblo que caminaba en tinieblas vería una gran luz (cf. Is 8, 23-9, 1), la luz de Cristo y de su Evangelio (cf. Mt 4, 12-16).

El término “evangelio”, en tiempos de Jesús, lo usaban los emperadores romanos para sus proclamas. Independientemente de su contenido, se definían “buenas nuevas”, es decir, anuncios de salvación, porque el emperador era considerado el señor del mundo, y sus edictos, buenos presagios.

Por eso, aplicar esta palabra a la predicación de Jesús asumió un sentido fuertemente crítico, como para decir: Dios, y no el emperador, es el Señor del mundo, y el verdadero Evangelio es el de Jesucristo.

La “buena nueva” que Jesús proclama se resume en estas palabras: “El reino de Dios —o reino de los cielos— está cerca” (Mt 4, 17; Mc 1, 15). ¿Qué significa esta expresión? Ciertamente, no indica un reino terreno, delimitado en el espacio y en el tiempo; anuncia que Dios es quien reina, que Dios es el Señor, y que su señorío está presente, es actual, se está realizando.

Por tanto, la novedad del mensaje de Cristo es que en él Dios se ha hecho cercano, que ya reina en medio de nosotros, como lo demuestran los milagros y las curaciones que realiza. Dios reina en el mundo mediante su Hijo hecho hombre y con la fuerza del Espíritu Santo, al que se le llama “dedo de Dios” (cf. Lc 11, 20).

El Espíritu creador infunde vida donde llega Jesús, y los hombres quedan curados de las enfermedades del cuerpo y del espíritu. El señorío de Dios se manifiesta entonces en la curación integral del hombre.

De este modo, Jesús quiere revelar el rostro del verdadero Dios, el Dios cercano, lleno de misericordia hacia todo ser humano; el Dios que nos da la vida en abundancia, su misma vida. En consecuencia, el reino de Dios es la vida que triunfa sobre la muerte, la luz de la verdad que disipa las tinieblas de la ignorancia y de la mentira.

Pidamos a María santísima que obtenga siempre para la Iglesia la misma pasión por el reino de Dios que animó la misión de Jesucristo: pasión por Dios, por su señorío de amor y de vida; pasión por el hombre, encontrándolo de verdad con el deseo de darle el tesoro más valioso: el amor de Dios, su Creador y Padre.


El maná de cada día, 6.1.20

enero 5, 2020

Epifanía del Señor

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Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

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Antífona de entrada: Mal 3, 1; 1 Cro 19, 12

Mirad que llega el Señor del señorío: en su mano está el reino y la potestad y el imperio.


Oración colecta

Señor, tú que este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 60,1-6

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti.

Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.

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SALMO 71

Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan.

Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 3, 2-3a.5-6

Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.

Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.


Aclamación antes del Evangelio: Mateo 2, 2

Hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor.


EVANGELIO: Mateo 2,1-12

Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella, y venimos a adorarlo.»

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.”»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Antífona de comunión: Mateo 2, 2

Hemos visto salir la estrella del Señor y venimos con regalos a adorarlo.

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EL MANÁ DE LA NAVIDAD

La Natividad

SE DECÍAN UNOS A OTROS: “QUÉ ES ESTO”

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Los israelitas murmuraron contra Dios en el desierto. Entonces Dios ordenó a Moisés decirle al pueblo: “Al atardecer comeréis carne y por la mañana os hartaréis de pan; y así sabréis que Yo soy Yahvé, vuestro Dios”.

Cuando los israelitas vieron sobre el suelo del desierto una especie de escarcha, “se decían unos a otros: ‘¿qué es esto?’ Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: ‘Este es el pan que Yahvé os da por alimento’” (Ex 16, 12.15).

Reproduzco la nota de la Biblia de Jerusalén: “¿Qué es esto?”, en hebreo mân hû; la etimología popular de la palabra “maná”. Es la pregunta de los hijos de Israel ante algo asombroso realizado por la mano providente de Dios.

También nosotros, ante el Niño nacido en Belén, nos decimos unos a otros: ¿Qué es esto? ¿Qué está sucediendo, qué nos está revelando Dios en estos hechos a la vez tan sencillos y tan portentosos?

En la Navidad Dios revela a los hombres los misteriosos designios que eternamente ha guardado en la intimidad de la familia trinitaria.

El sueño más acariciado por Dios: hacerse hombre para que éste llegue a ser Dios. Nada menos que Dios se ha enamorado de su propia criatura y ha decidido desposarse con la humanidad para siempre, en justicia y santidad.

Por tanto, mientras Dios sea Dios no podrá vivir sin el hombre. Y mientras haya hombres en el mundo no podrán vivir sin Dios.

He ahí el misterio de los sagrados desposorios de Dios con el hombre, con cada hombre, contigo, conmigo. Pero ¿cómo, no es demasiado? ¿Por qué se comporta Dios así, qué busca?

Busca razones, y se te dirá: Porque así le pareció bien; eso fue lo que más le gustó, lo que más le agradó… Porque así es Dios, amor sin medida; y así actúa, por puro amor.

¿Con qué finalidad? Para alabanza de su gloria. Todo comienza y acaba en él. Con razón nos preguntamos en Navidad: ¿Qué es esto?

Y como es un misterio tan grande, la fiesta de Navidad la celebramos con octava: la prolongamos por ocho días como si fuese un único “día en que actuó el Señor”. Lo mismo sucederá con la Pascua.

¿Qué nos queda a nosotros? Imitar la actitud de María y de José, la reacción gozosa de los ángeles; sintonizar con la alegría de los pastores, seguir a los reyes de oriente; gozarnos con las palabras de Simeón y de Ana; en fin, unirnos a cuantos bendecían a Dios por lo que habían visto y oído sobre el Niño.

Por su parte, el hombre dará la talla de su valía, demostrará su dignidad y ejercerá su grandeza acogiendo al que viene en el nombre del Señor. Él viene a culminar su obra en el hombre: al que creó, ahora lo recrea; al que pecó ahora lo perdona; al que se desvió ahora lo rehabilita y endereza.

El Niño que nace no es un intruso, pues viene a su propia casa, ya que nada fue creado sino por medio de él. No violenta al hombre, hecho a su imagen y semejanza. No lesiona o altera su dignidad pues el hombre está llamado a ser “amigo” de Dios y está capacitado para “entenderse” con Dios.

El hombre camina erecto, puede mirar a Dios cara a cara, hablarle y responderle de manera correcta. Es superior a toda la creación. Entre todos los seres creados solo el hombre es amado por sí mismo: solo él es “persona”. Por eso Dios lo desposa consigo por pura gracia y para siempre.

Si Dios se ha mostrado tan amoroso y fiel, ¿qué puedes hacer de tu parte? A ti solo te queda acoger, alabar y agradecer… Dejarte inundar por la ternura de Dios y alegrarte en el Señor, como lo hizo María, como lo hizo José. Pues la alegría que encuentra el marido con su mujer, la encuentra tu Dios contigo.

Perteneces al Señor; eres esposa del Señor para siempre, su amigo más íntimo. Alégrate desde lo más profundo de tu ser, y que de esta manera todo florezca en tu vida. Eres hijo del Rey, no simple jornalero, llevas anillo real. Vístete de fiesta porque ya llega tu Salvador.

Mientras seas persona estás llamado a vivir en íntima comunión con Dios. Cuanto más le dejes entrar en tu ser, más valioso te volverás, más recto será tu proceder y más centrado y feliz te sentirás.

Es decir, crecerás en dignidad y valía, en moralidad, en madurez, en la realización de tus posibilidades, en plenitud y felicidad. Cuanto más unido a Dios, más hombre serás, porque él es el mejor amigo que tienes y tendrás.

Ahí está la razón y la fuente de tu felicidad: en acoger a Dios que viene a ti, y realizarlo con agradecimiento y alegría. Dejarte iluminar por esa gran Luz. ¡Qué menos! Hazlo así, y vive la Navidad en plenitud de gozo y santidad, con toda alegría, sintiéndote mimado por el mismo Dios.

Dios ama a los que, como María, le responden pronta y generosamente. Dios es quien más goza con que el hombre llegue a su plenitud y sea feliz. Solo él colma y realiza todas las potencialidades del hombre. Solo Dios es la medida del hombre, nada más, pero tampoco nada menos. No te contentes con menos.

La Vida estaba junto a Dios… Vino a los suyos, a su propia casa… y a cuantos la recibieron les dio la posibilidad de hacerse hijos de Dios por el Espíritu.

Tú estás llamado a ser un “amigo de Dios”, y tú quieres ser hijo de Dios; perteneces a su familia. No porque lo entiendas y menos aún porque te lo merezcas; sino porque así le pareció bien a Él, para alabanza de su gloria.

¿Qué es esto que estamos viendo, qué significa lo que hemos escuchado sobre el Niño? Y se admiraban de lo que decían del Niño y daban gloria a Dios… Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que se dejan amar por Dios, que gozan del amor de Dios.

Alaba a tu Dios y vive feliz. El gozo en el Señor sea tu fortaleza. Sabrás que has pasado de la muerte a la vida porque amas de verdad, a discreción, a Dios y a tu prójimo. Amén, amén. Enhorabuena, hermano. ¡Gloria a Dios! ¡Es Navidad!

(P. Ismael Ojeda L., 2017)


El maná de cada día, 5.1.20

enero 4, 2020

Domingo II de Navidad

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Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros



Antífona de entrada: Sb 18, 14-15

Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, luz de los que en ti creen, que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el esplendor de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría se alaba a sí misma, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. En medio de su pueblo será ensalzada, y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos.

El Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: -«Habita en Jacob, sea Israel tu heredad». Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás.

En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto, y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.


SALMO 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: Jn 1, 14)

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.


Aclamación antes del Evangelio: 1Tm 3, 16

Gloria a ti, Cristo, proclamado a los paganos. Gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.


EVANGELIO: Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.


Antífona de la comunión: Jn 1, 12

A cuantos lo recibieron les da poder para ser hijos de Dios.


Y LA PALABRA SE HIZO CARNE

Card. Joseph Ratzinger (después, Benedicto XVI)
EL ROSTRO DE DIOS, Ed. Sígueme. Salamanca 1983

En el evangelio de la tercera misa de navidad (Jn 1, 1-18) parece que todo lo que nos es amable y familiar del nacimiento de Jesucristo en el establo se ha alejado a la extraña dimensión del misterio. Aquí no se habla ya del niño ni de la madre, no se dice nada de pastores y de sus ovejas, nada del cántico de los ángeles, que anuncian al hombre la paz partiendo de la gloria de Dios.

Sin embargo, hay algo en común con todo eso: también el evangelio de hoy habla de una luz que ilumina en las tinieblas; habla de la gloria de Dios que nosotros podemos contemplar, como gracia, en la Palabra hecha carne, y habla del Señor que no fue aceptado en su propiedad o en los que eran los suyos (1).

Pero en medio de estas grandilocuentes palabras de misterio, aparece de repente el establo en el que el hijo de David debía nacer, puesto que no había lugar para él en la ciudad.

Así, si se examinan con profundidad las cosas, se reconoce sin duda que el evangelio del día no habla de otra cosa que de lo que hablan los evangelios de las misas de la nochebuena. Sólo que parten de distintos puntos de vista.

Lucas y, de un modo semejante, Mateo cuentan la historia terrena y nos descubren, a partir de ahí, el acceso a la actuación misteriosa de Dios. Juan, el águila, contempla todo a partir del misterio de Dios y muestra cómo llega ese misterio hasta el establo, hasta la carne y la sangre del hombre. Así, pues, ¿de qué se trata propiamente?

¿Qué es lo que pretende decirnos la iglesia para el día de navidad y, partiendo de ahí, para todo el año, y, en fin de cuentas, para nuestra vida, al presentarnos este texto tan solemne y serio donde nosotros deberíamos esperar las palabras cálidas del relato del nacimiento?

I.

Este evangelio corresponde, desde los tiempos más antiguos, a la liturgia de la navidad, porque contiene la frase que nos ofrece la causa y el motivo de nuestra alegría, el contenido propio de la fiesta: el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14).

En la navidad no celebramos el día natalicio de un hombre grande cualquiera, como los hay muchos. Tampoco celebramos simplemente el misterio de la infancia o de la condición de niño.

Ciertamente que lo puro y lo abierto del niño nos hace esperar, nos proporciona esperanza. Nos da ánimos para contar con nuevas posibilidades del hombre. Pero si nosotros nos aferramos demasiado a eso solo, al nuevo comienzo de la vida que se da en el niño, entonces lo único que podría quedar en definitiva sería la tristeza: porque también esto «nuevo» acaba por hacerse algo viejo y usado.

También el niño entrará en el campo de concurrencia y de rivalidad de la vida, participará en sus compromisos y en sus humillaciones, y, como remate de todo, acabará siendo, igual que todos, presa y botín de la muerte.

Si nosotros no tuviéramos otra cosa que celebrar que sólo el idilio del nacimiento de un ser humano y de la infancia, entonces en último extremo no quedaría nada de tal idilio. Entonces nada tendríamos que contemplar más que el morir y el volver a ser; entonces cabría preguntarse si el nacer no es algo triste, puesto que sólo lleva a la muerte. Por eso es tan importante observar que aquí ha ocurrido algo más: el Verbo se hizo carne.

«Este niño es hijo de Dios», nos dice uno de nuestros villancicos navideños más antiguos. Aquí sucedió lo tremendo, lo impensable y, sin embargo, también lo siempre esperado: Dios vino a habitar entre nosotros.

Él se unió tan inseparablemente con el hombre, que este hombre es en efecto Dios de Dios, luz de luz y a la vez sigue siendo verdadero hombre.

Así vino a nosotros efectivamente el eterno sentido (2) del mundo de tal forma que se le puede contemplar e incluso tocar (cf. 1 Jn 1,1). Pues lo que Juan denomina «la Palabra» o «el Verbo», significa en griego al mismo tiempo algo así como “el sentido”. Según eso, podemos también traducir nosotros: el sentido se ha hecho carne.

Pero este sentido no es simplemente una idea corriente que penetra en el mundo. El sentido se ha aplicado a nosotros y ha vuelto a nosotros. El sentido es una palabra, una alocución que se nos dirige.

El sentido nos conoce, nos llama, nos conduce. El sentido no es una ley común, en la que nosotros desempeñamos algún papel. Está pensado para cada uno de una manera totalmente personal. Él mismo es una persona: el Hijo del Dios vivo, que nació en el establo de Belén.

A muchos hombres, tal vez nos parece esto demasiado hermoso para que sea verdadero. Aquí se nos dice: sí, existe un sentido. Y el sentido no es una protesta impotente contra lo que carece de sentido. El sentido tiene poder. Es Dios. Y Dios es bueno.

Dios no es un ser sublime y alejado, al cual nunca se puede llegar. Se halla totalmente próximo, al alcance de la voz, y se le puede alcanzar siempre. Él tiene tiempo para mí, tanto tiempo que hubo de yacer en un portal y que permanece siempre como hombre.

Pero nos volvemos a preguntar: ¿puede ser esto verdad? ¿se amolda efectivamente a Dios el ser o hacerse niño? No queremos creer que la verdad es hermosa; según nuestra experiencia, la verdad es, en fin de cuentas, por lo general cruel y sucia: y cuando alguna vez parece que no lo es, entonces horadamos y cavamos en torno a ella hasta confirmar nuevamente nuestra sospecha.

Del arte se dijo una vez que servía a lo bello y que esta belleza era, a su vez, splendor veritatis, el esplendor o el brillo de la verdad, su resplandor interior. Pero hoy día, el arte cree que su misión o tarea más alta consiste en desenmascarar al hombre como algo sucio y repugnante.

Si nosotros pensamos en los dramas de B. Brecht, toda la genialidad del poeta se aplica también aquí al descubrimiento de la verdad, pero no ya para mostrar sus luces, sino para demostrar que la verdad es sucia y que la suciedad es la verdad. El encuentro con la verdad no ennoblece, sino que envilece. De ahí que surja la mofa contra la navidad y la burla contra nuestra alegría.

Pero, de hecho, si no hay Dios, entonces no hay ninguna luz, sino que sólo nos queda la sucia tierra. Ahí radica la realmente trágica verdad de tal «Poesía».

II.

«Los suyos no lo recibieron» (Jn 1, 11). En fin de cuentas, nosotros preferimos nuestra terca desesperación a la bondad de Dios, la cual, partiendo de Belén, podría tocar a nuestro corazón. En fin de cuentas, somos demasiado soberbios para dejarnos salvar y redimir.

«Los suyos no lo recibieron»; el abismo de esta frase no se agota con la historia de la búsqueda de alojamiento, que nuestros nacimientos representan y actualizan con tanto amor. Tampoco se agota con el llamamiento moral a pensar en los que no tienen techo en todo lo ancho de la tierra y también aquí en nuestras ciudades, por muy importante que sea esa llamada.

Esta frase apunta y afecta a algo más profundo de nosotros, a la causa más profunda de que la tierra no ofrezca a muchos ningún cobijo o techo: nuestra soberbia cierra las puertas a Dios y de esa manera también a los hombres.

Nosotros somos demasiado orgullosos para ver a Dios. Nos ocurre lo que a Herodes y a sus especialistas en teología: en esa categoría o en ese grado, no se escucha el canto de los ángeles. En esa categoría, uno no se siente ni amenazado ni molestado por Dios. En esa categoría, no se quiere ya ser «su propiedad» (3) -propiedad de Dios-, sino simplemente pertenecer cada uno a sí mismo.

Por eso no queremos recibir a Aquél que viene a su propiedad porque entonces tendríamos que transformarnos y reconocerlo a él como nuestro dueño.

Él vino como niño para quebrar nuestra soberbia. Tal vez nosotros capitularíamos antes frente al poder o a la sabiduría. Pero él no busca nuestra capitulación, sino nuestro amor. Él quiere librarnos de nuestra soberbia y así hacernos efectivamente libres.

Dejemos, pues, que la alegría tranquila de este día penetre en nuestra alma. Ella no es una ilusión. Es la verdad. Pues la verdad, la última, la auténtica, es hermosa. Y, al mismo tiempo, es buena. El encontrarse con ella hace bueno al hombre. Ella habla a partir del niño, el cual, sin embargo, es el propio hijo de Dios.

III.

Nuestro evangelio desemboca en la frase: «Y vimos su gloria…» (1,14). Estas podían ser las palabras de los pastores, al regresar del establo y resumir sus vivencias. Podrían ser las palabras con las que José y María trataran de describir los recuerdos de aquella noche de Belén. Pero no. Son como la mirada retrospectiva del discípulo que expresa lo que le ocurrió en su encuentro con Cristo.

Y así podríamos decir todos nosotros como cristianos: hemos visto su gloria. Sí, precisamente partiendo de eso, se podría explicar lo que es creer: ver o contemplar su gloria en medio de este mundo.

El que cree, ve. ¿Pero hemos visto nosotros? ¿No estamos todavía ciegos? ¿No vemos siempre únicamente a nosotros mismos y nuestra imagen que se refleja en un espejo? Cada uno puede ver fuera solamente algo que corresponde a lo que hay en él.

Dejemos que nuestros ojos sean abiertos por el misterio de este día y así podamos ver. Y así podremos vivir como «videntes» o como personas que ven. La colecta de Adveniat (4) podría ser una pequeña respuesta a la llamada de la navidad. Un signo de que nosotros hemos oído y visto, de que nosotros reconocemos a Dios como el verdadero dueño de todo lo que nos es propio.

Así podremos también nosotros ser portadores de la luz que procede de Belén y luego pedir, llenos de confianza: Adveniat regnum tuum. Que venga tu reino. Que venga tu luz. Que venga tu alegría. Amén.

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  1. Entre los alemanes es frecuente traducir: «vino a su propiedad» (in sein Eigentum kam.), lo que entre nosotros se traduce corrientemente: «vino a los suyos». Con todo, el texto latino dice «in propria venit» y el griego «eis ta idía elce = vino a lo que le era propio o a las cosas propias» (N. del T.).
  2. El autor traduce en este caso la palabra griega «Logos» por «Sinn», es decir, «sentido» o «significado». Conviene que lo tengan en cuenta los que no estén habituados a esta interpretación, para comprender todo lo que sigue (N. del T.)
  3. Cf. nota 1.
  4. Conviene saber que Adveniat es una organización caritativa alemana, de rango nacional, cuyas aportaciones al tercer mundo, etc., suelen ser cuantiosísimas. Quien no sepa que Adveniat es eso, y que precisamente su colecta más importante se verifica en tiempo de navidad, no comprenderá el texto (N. del T.).

El maná de cada día, 29.12.19

diciembre 28, 2019

Domingo Octava de Navidad

La Sagrada Familia: Jesús, María y José

En Madrid Jornada Familia 2019.https://catequesis.archimadrid.es/jornada-familia-2019-la-familia-escuela-y-camino-de-la-santidad/

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José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, y se fue a Egipto.

 

Antífona de entrada: Lucas 2, 16

Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en un pesebre.


Oración colecta

Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole.

El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha.

Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas.

La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.


SALMO 127, 1-2. 3. 4-5

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.


SEGUNDA LECTURA: Colosenses 3, 12-21

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.

Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.

Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.


Aclamación antes del Evangelio

Abre, Señor, nuestro corazón para que entendamos las palabras de tu Hijo.


EVANGELIO: Mateo 2, 13-15. 19-23

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.»

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.»

Se levantó, cogió al niño y a su madre, y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.


Antífona de comunión: Baruc 3, 38

Nuestro Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres.
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ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LA SAGRADA FAMILIA

Jesús, María y José, en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa 
Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.

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«Hombre y mujer los creó». Raniero Cantalamessa, ofmcap

El domingo después de Navidad se celebra la festividad de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.

En la segunda lectura san Pablo dice: «Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados».

En este texto se presentan las dos relaciones fundamentales que, juntas, constituyen la familia: la relación esposa-esposo y la relación padres-hijos.

De las dos relaciones la más importante es la primera, la relación de pareja, porque de ella depende en gran parte la segunda, la de los hijos. Leyendo con perspectiva moderna aquellas palabras de Pablo, de inmediato salta a la vista una dificultad.

Pablo recomienda al marido que «ame» a la mujer (y esto está bien), pero después recomienda a la mujer que sea «sumisa» al marido, y esto, en una sociedad fuertemente (y justamente) consciente de la igualdad de sexos, parece inaceptable.

Sobre este punto san Pablo está, al menos en parte, condicionado por la mentalidad de su tiempo. Con todo, la solución no es eliminar de las relaciones entre marido y mujer la palabra «sumisión», sino en todo caso hacerla recíproca, como recíproco debe ser también el amor.

En otras palabras: no sólo el marido debe amar a la mujer, sino que también la mujer al marido; no sólo la mujer debe ser sumisa al marido, sino también el marido a la mujer. La sumisión no es sino un aspecto y una exigencia del amor.

Para quien ama, someterse al objeto del propio amor no humilla, sino que le hace feliz. Someterse significa, en este caso, no decidir solo; saber a veces renunciar al propio punto de vista.

En resumen, recordar que se ha pasado a ser «cónyuges», o sea, literalmente, personas que están bajo «el mismo yugo» libremente acogido.

La Biblia plantea una relación estrecha entre ser creados «a imagen de Dios» y el hecho de ser «hombre y mujer» (v. Gn 1,27). La semejanza consiste en esto. Dios es único y solo, pero no es solitario. El amor exige comunión, intercambio interpersonal, requiere que haya un «yo» y un «tú».

Por eso el Dios cristiano es uno y trino. En Él coexisten unidad y distinción: unidad de naturaleza, de voluntad, de intención, y distinción de características y de personas. Precisamente en esto la pareja humana es imagen de Dios.

La familia humana es reflejo de la Trinidad. Marido y mujer son, en efecto, una sola carne, un solo corazón, una sola alma, aun en la diversidad de sexo y de personalidad.

Los esposos están uno ante otro como un «yo» y un «tú», y están frente a todo el resto del mundo, empezando por los propios hijos, como un «nosotros», como si se tratara de una sola persona, pero ya no singular, sino plural. «Nosotros», o sea, «tu madre y yo», «tu padre y yo». Así habló María a Jesús, después de encontrarlo en el templo.

Sabemos bien que éste es el ideal y que, como en todas las cosas, la realidad es con frecuencia bastante diferente, más humilde y más compleja, a veces incluso trágica.

Pero estamos tan bombardeados de casos de fracasos que a lo mejor, por una vez, no está mal volver a proponer el ideal de la pareja, primero en el plano sencillamente natural y humano, y después en el cristiano.

¡Ay del llegar a avergonzarse de los ideales en nombre de un malentendido realismo! El final de una sociedad, en este caso de la familia, estaría marcado.

Los jóvenes tienen derecho a que se les transmitan, por parte de los mayores, ideales, y no sólo escepticismo y cinismo. Nada tiene la fuerza de atracción que posee el ideal.

www.homiletica.org

QUE TU FAMILIA SE PAREZCA A LA DE NAZARET

EN EL AMOR, LA UNIDAD Y EL SERVICIO

— Jesús quiso comenzar la Redención del mundo enraizado en una familia.

Cuando cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en él1.

El Mesías quiso comenzar su tarea redentora en el seno de una familia sencilla, normal. Lo primero que santificó Jesús con su presencia fue un hogar. Nada ocurre de extraordinario en estos años de Nazaret, donde Jesús pasa la mayor parte de su vida.

José era el cabeza de familia; como padre legal, él era quien sostenía a Jesús y a María con su trabajo. Es él quien recibe el mensaje del nombre que ha de poner al Niño: Le pondrás por nombre Jesús; y los que tienen como fin la protección del Hijo: Levántate, toma al Niño y huye a Egipto. Levántate, toma al Niño y vuelve a la patria. No vayas a Belén, sino a Nazaret. De él aprendió Jesús su propio oficio, el medio de ganarse la vida. Jesús le manifestaría muchas veces su admiración y su cariño.

De María, Jesús aprendió formas de hablar, dichos populares llenos de sabiduría, que más tarde empleará en su predicación. Vio cómo Ella guardaba un poco de masa de un día para otro, para que se hiciera levadura; le echaba agua y la mezclaba con la nueva masa, dejándola fermentar bien arropada con un paño limpio.

Cuando la Madre remendaba la ropa, el Niño la observaba. Si un vestido tenía una rasgadura buscaba Ella un pedazo de paño que se acomodase al remiendo. Jesús, con la curiosidad propia de los niños, le preguntaba por qué no empleaba una tela nueva; la Virgen le explicaba que los retazos nuevos cuando se mojan tiran del paño anterior y lo rasgan; por eso había que hacer el remiendo con un paño viejo…

Los vestidos mejores, los de fiesta, solían guardarse en un arca. María ponía gran cuidado en meter también determinadas plantas olorosas para evitar que la polilla los destrozara. Años más tarde, esos sucesos aparecerán en la predicación de Jesús.

No podemos olvidar esta enseñanza fundamental para nuestra vida corriente: “la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor a Dios!”2.

Entre José y María había cariño santo, espíritu de servicio, comprensión y deseos de hacerse la vida feliz mutuamente. Así es la familia de Jesús: sagrada, santa, ejemplar, modelo de virtudes humanas, dispuesta a cumplir con exactitud la voluntad de Dios.

El hogar cristiano debe ser imitación del de Nazaret: un lugar donde quepa Dios y pueda estar en el centro del amor que todos se tienen.

¿Es así nuestro hogar? ¿Le dedicamos el tiempo y la atención que merece? ¿Es Jesús el centro? ¿Nos desvivimos por los demás? Son preguntas que pueden ser oportunas en nuestra oración de hoy, mientras contemplamos a Jesús, a María y a José en la fiesta que les dedica la Iglesia. (HABLAR CON DIOS, P. Fernández Carvajal)


San José resume toda la sabiduría cristiana, afirma el Papa Francisco

diciembre 22, 2019

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El Papa Francisco bendice a los fieles en la Plaza de San Pedro. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa. 22 Dic 2019. Cuarto Domingo Adviento

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San José resume toda la sabiduría cristiana, afirma el Papa Francisco

Redacción ACI Prensa

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El Papa Francisco negó que San José sea un personaje evangélico de segundo plano y afirmó que en él se concentra toda la sabiduría cristiana.

Así lo afirmó durante el rezo del Ángelus dominical este 22 de diciembre, cuarto y último domingo de Adviento, desde los apartamentos pontificios del Palacio Apostólico del Vaticano.

“El Evangelio nos guía hacia la Navidad por medio de la experiencia de José, de San José, una figura aparentemente en segundo plano, pero en cuya actitud se concentra toda la sabiduría cristiana”, subrayó Francisco.

Destacó que San José “junto con Juan Bautista y María, es uno de los personajes que la liturgia nos propone para el tiempo de Adviento; y de los tres, es el más modesto.

No predica, no habla, pero trata de cumplir la voluntad de Dios; y la cumple en el estilo del Evangelio y de las Bienaventuranzas: ‘Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

El Pontífice señaló que “José es pobre porque vive de lo esencial, trabaja, vive del trabajo, es la pobreza típica de aquellos que son conscientes de depender en todo de Dios y en Él sitúan toda su confianza”.

A continuación, el Papa Francisco explicó el significado del fragmento evangélico de este domingo, en el que San José descubre que María está embarazada y decide repudiarla en secreto para evitar que la juzguen.

“José y María se comprometieron como esposos; no habían vivido juntos, pero ella estaba esperando un Niño por obra de Dios”, expuso Francisco.

“José, ante esta sorpresa, naturalmente se queda turbado, pero, en vez de rechazar de forma impulsiva y acusadora, como se hacía, la ley lo protegía, trata de buscar una solución que respete la dignidad y la integridad de su amada María”.

“Dice el Evangelio: ‘José, su esposo, ya que era un hombre justo y no quería acusarla públicamente, pensó en repudiarla en secreto’. José, de hecho, sabía bien que, si hubiese denunciado a su esposa prometida, la habría expuesto a graves consecuencias, incluso a la muerte. Él tiene plena confianza en María, a la que ha elegido como a su esposa. No comprende, pero busca otra solución”.

Sin embargo, “esa inexplicable circunstancia lo lleva a cuestionarse el vínculo; por lo tanto, con gran sufrimiento, decide desvincularse de María sin crear escándalo. Entonces, el Ángel del Señor interviene para decirle que la solución por él determinada no responde a la Voluntad de Dios. Así, el Señor le abre un camino nuevo de unión, de amor y de felicidad: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María, tu esposa, el niño engendrado en ella viene del Espíritu Santo’”.

Llegado a ese punto, “José se fía totalmente de Dios, obedece las palabras del Ángel y toma consigo a María. Es precisamente esta confianza indestructible en Dios lo que le ha permitido aceptar una situación humanamente difícil y, en cierto sentido, incomprensible. José comprende, en la fe, que el niño engendrado en el seno de María no es su hijo, sino que es Hijo de Dios y él, José, será su custodio asumiendo plenamente la paternidad terrena”.

El Papa Francisco concluyó: “El ejemplo de este hombre dócil y sabio nos exhorta a levantar la mirada y llevarla hacia más allá. Se trata de recuperar la lógica sorprendente de Dios que, alejada de pequeños o grandes cálculos, está hecha de apertura hacia nuevos horizontes, hacia Cristo y su Palabra”.

https://www.aciprensa.com/noticias/san-jose-resume-toda-la-sabiduria-cristiana-afirma-el-papa-francisco-26549


El maná de cada día, 22.12.19

diciembre 21, 2019

Domingo IV de Adviento, Ciclo A

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La virgen está encinta y dará a luz un hijo

 

Antífona de la O: ¡Oh llave de David!

Sagrado Cetro,
en donde Dios ejerce sus poderes:
recibes en herencia los misterios
y entregas sus riquezas al que quieres.
Si cierras Tú, cerrados permanecen,
y quedan manifiestos si los abres:
al hombre sin orgullo entrada ofreces
y ocultas su valor al arrogante.
Desata al pecador de su pecado
y da tu libertad al que es esclavo.

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Antífona de entrada: Is 45,8

Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación.


Oración colecta

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor.


PRIMERA LECTURA: Is 7,10-14

En aquellos días, dijo el Señor a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».


SALMO 23

Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


SEGUNDA LECTURA: Rom 1, 1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios.

Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor.

Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús.

A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 1, 23

Mirad, la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, «Dios-con-nosotros».


EVANGELIO: Mt 1, 18-24

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


Antífona de comunión: Is 7, 14

Mirad: La Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros.

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PREGUNTAS AL PAPA FRANCISCO SOBRE LA NAVIDAD

Francisco cuenta a “La Stampa” y a “Vatican Insider” su primera Navidad como Obispo de Roma.

¿Qué significa para usted la Navidad?

Es el encuentro con Jesús. Dios siempre ha buscado a su pueblo, lo ha guiado, lo ha custodiado, ha prometido que le estará siempre cerca. En el Libro del Deuteronomio leemos que Dios camina con nosotros, nos guía de la mano como hace un papá con su hijo. Esto es hermoso.

La Navidad es el encuentro de Dios con su pueblo. Y también es una consolación, un misterio de consolación. Muchas veces, después de la misa de Nochebuena, pasé algunas horas solo, en la capilla, antes de celebrar la misa de la aurora, con un sentimiento de profunda consolación y paz.

Recuerdo una vez aquí en Roma, creo que era la Navidad de 1974, en una noche de oración después de la misa en la residencia del Centro Astalli. Para mí la Navidad siempre ha sido esto: contemplar la visita de Dios a su pueblo.

¿Cuál es el mensaje de la Navidad para las personas de hoy?

Nos habla de la ternura y de la esperanza. Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas.

La primera: tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. Es el papá que nos abre las puertas. Segunda: no tengan miedo de la ternura.

Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura se vuelven una Iglesia fría, que no sabe dónde ir y se enreda en las ideologías, en las actitudes mundanas. Mientras la sencillez de Dios te dice: sigue adelante, yo soy un Padre que te acaricia. Tengo miedo cuando los cristianos pierden la esperanza y la capacidad de abrazar y acariciar.

Tal vez por esto, mirando hacia el futuro, hablo a menudo sobre los niños y los ancianos, es decir los más indefensos. En mi vida como sacerdote, yendo a la parroquia, siempre traté de transmitir esta ternura, sobre todo a los niños y a los ancianos. Me hace bien, y pienso en la ternura que Dios tiene por nosotros.

¿Cómo es posible creer que Dios, considerado por las religiones como infinito y omnipotente, se haga tan pequeño?

Los Padres griegos la llamaban “synkatábasis”, condescendencia divina. Dios que desciende y está con nosotros. Es uno de los misterios de Dios. En Belén, en el 2000, Juan Pablo II dijo que Dios se convirtió en un niño que dependía totalmente de los cuidados de un papá y de una mamá.

Por esto la Navidad nos da tanta alegría. Ya no nos sentimos solos, Dios descendió para estar con nosotros. Jesús se hizo uno de nosotros y sufrió por nosotros el final más terrible en la cruz, el de un criminal.

A menudo se presenta la Navidad como una fábula de ensueño. Pero Dios nace en un mundo en el que también hay mucho sufrimiento y miseria…

Lo que leemos en los Evangelios es un anuncio de alegría. Los evangelistas describen una alegría. No hacen consideraciones sobre el mundo injusto, sobre cómo pudo nacer Dios en un mundo así. Todo esto es fruto de nuestra contemplación: los pobres, el niño que nace en la precariedad.

La Navidad no fue una denuncia de la injusticia social, de la pobreza, sino un anuncio de alegría. Todo lo demás son conclusiones que sacamos nosotros. Algunas correctas, otras menos y otras más ideologizadas. La Navidad es alegría, alegría religiosa, alegría de Dios, interior, de luz, de paz.

Cuando no se tiene la capacidad o se está en una situación humana que no te permite comprender esta alegría, se vive la fiesta con alegría mundana. Pero entre la alegría profunda y la alegría mundana hay mucha diferencia.

Es su primera Navidad como Obispo de Roma, en un mundo lleno de conflictos y guerras…

Dios nunca da un don a quien no es capaz de recibirlo. Si nos ofrece el don de la Navidad es porque todos tenemos la capacidad para comprenderlo y recibirlo. Todos, desde el más santo hasta el más pecador, desde el más limpio hasta el más corrupto. Incluso el corrupto tiene esta capacidad: pobrecito, la tiene un poco oxidada, pero la tiene.

La Navidad en este tiempo de conflictos es un llamado de Dios, que nos da este don. ¿Queremos recibirlo o preferimos otros regalos? Esta Navidad en un mundo afectado por las guerras me hace pensar en la paciencia de Dios.

La principal virtud de Dios, indicada en la Biblia, es que Él es amor. Él nos espera, no se cansa nunca de esperarnos. Él da el don y después nos espera. Esto sucede en la vida de cada uno de nosotros. Hay algunos que lo ignoran. Pero Dios es paciente y la paz, la serenidad de la noche de Navidad, es un reflejo de la paciencia de Dios hacia nosotros.

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Carta Apostólica del Papa Francisco sobre el significado del Pesebre, “Admirabile Signum:

https://ismaelojeda.wordpress.com/2019/12/01/carta-apostolica-admirabile-signum-del-papa-francisco-sobre-el-significado-del-pesebre/


Ángelus: “¡Ánimo, no tengas miedo! Aquí está tu Dios”

diciembre 15, 2019

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El Papa Saluda Desde La Ventana Del Palacio Apostólico © Vatican Media

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Ángelus: “¡Ánimo, no tengas miedo! Aquí está tu Dios”

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(ZENIT – 15 diciembre 2019).- En este tercer domingo de Adviento el Papa en su reflexión dominical sobre el Evangelio, antes de la oración mariana, nos invita a la alegría del profeta Isaías: “Que el desierto y la tierra seca se alegren, que la estepa florezca y se regocije” (35,1) y  junto con María vivamos este tiempo de Adviento como un tiempo de gracia.

A continuación, ofrecemos las palabras del Papa antes de la oración del Ángelus

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este tercer domingo de Adviento, llamado domingo de la “alegría”, la Palabra de Dios nos invita por un lado a la alegría, y por otro a la conciencia de que la existencia también incluye momentos de duda  en los que es difícil creer. Alegría y duda son experiencias que forman parte de nuestra vida.

A la invitación explícita a la alegría del profeta Isaías: “Que el desierto y la tierra seca se alegren, que la estepa florezca y se regocije” (35,1), la duda de Juan el Bautista se opone en el Evangelio: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Mt 11,3).

En efecto, el profeta ve más allá de la situación: tiene delante de él a personas desanimadas: manos débiles, rodillas temblorosas, corazones perdidos (ver 35,3-4). Es la misma realidad que pone a prueba la fe en todo momento.

Pero el hombre de Dios mira más allá, porque el Espíritu Santo hace que su corazón sienta el poder de su promesa, y anuncia la Salvación: “¡Ánimo, no tengas miedo! Aquí está tu Dios, […] Él viene a salvarte” (v. 4).

Y luego, todo se transforma: el desierto florece, el consuelo y la alegría se apoderan de los perdidos de corazón, el cojo, el ciego, el mudo son sanados (cf. vv. 5-6). Esto es lo que se realiza con Jesús: “los ciegos” recuperan la vista, los cojos caminan, los leprosos se purifican, los sordos oyen, los muertos resucitan, el Evangelio es anunciado a los pobres” (Mt 11,5).

Esta descripción nos muestra que la salvación envuelve al hombre por completo y lo regenera. Pero este nuevo nacimiento, con la alegría que lo acompaña, presupone siempre una muerte para nosotros y para el pecado que está en nosotros.

De ahí la llamada a la conversión, que es la base de la predicación tanto del Bautista como de Jesús. En particular, se trata de convertir la idea que tenemos de Jesús. Y el tiempo de Adviento nos anima a hacerlo precisamente preguntándole a Jesús lo mismo que el Bautista le preguntó: “¿eres tú el que tiene que venir o debemos esperar a otro?” (Mt 11,3).

Pensemos: durante toda la vida que Juan ha estado esperando al Mesías; su estilo de vida, su cuerpo en sí mismo está moldeado por esta espera. También por esta razón Jesús lo alaba con estas palabras: nadie es más grande que él, entre los nacidos de mujer (cf. Mt 11,11).

Y sin embargo, él también ha tenido que convertirse a Jesús. Como Juan, también nosotros estamos llamados a reconocer el rostro que Dios ha elegido asumir en Jesucristo, humilde y misericordioso.

El Adviento, tiempo de gracia, nos dice que no basta con creer en Dios: es necesario purificar nuestra fe todos los días. Se trata de prepararnos para acoger no a un personaje de cuento de hadas, sino al Dios que nos llama, nos involucra y ante el cual se impone una elección.

El niño que yace en el pesebre tiene el rostro de nuestros hermanos y hermanas más necesitados, de los pobres que “son los privilegiados de este misterio y, a menudo, los más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros” (Carta Apostólica Admirable signum, 6).

Que la Virgen María nos ayude para que a medida que nos acercamos a la Navidad, no nos dejemos distraer por las cosas externas, sino que hagamos espacio en nuestro corazón para Aquel que ya ha venido y quiere venir de nuevo a curar nuestras enfermedades y darnos su alegría.

https://es.zenit.org/articles/angelus-animo-no-tengas-miedo-aqui-esta-tu-dios/?fbclid=IwAR2TE_D0TQ_fCJqr2WoaZD6nVaSuZbUqJPy5T5YPPkq88Urj2ui9VpEaFWo

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