Audiencia general, 10 enero 2018 – Texto completo

enero 12, 2018

.

El Papa Francisco saluda en audiencia general del 10 de enero de 2018

.

Audiencia general, 10 enero 2018 – Texto completo

Sexta catequesis del Papa Francisco dedicada a la Misa

.

(ZENIT – 9 enero 2018).- “¡Ojalá la liturgia se convierta para todos nosotros en una verdadera escuela de oración!”, es el deseo que ha expresado el Papa Francisco en la audiencia general, dedicada a la Eucaristía y en concreto al “Gloria a Dios” y a la oración colecta.

El Santo Padre Francisco ha celebrado la audiencia general esta mañana, 10 de enero de 2018, en el aula Pablo VI, como es habitual en invierno, ante miles de peregrinos provenientes de Italia y de otros países del mundo.

La catequesis de hoy ha sido la 6ª catequesis que Francisco dedica a la Santa Misa. La última de este ciclo, dedicado a la Eucaristía, tuvo lugar el pasado miércoles, 3 de enero de 2018, dedicada al acto penitencial, al que ha hecho referencia también al comienzo de la reflexión de hoy.

A continuación, les ofrecemos el texto completo de la catequesis del Santo Padre:

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el recorrido de las catequesis sobre la celebración eucarística hemos visto que el Acto penitencial nos ayuda a despojarnos de nuestras presunciones y a presentarnos ante Dios como realmente somos, conscientes de ser pecadores, con la esperanza de ser perdonados.

Precisamente del encuentro entre la miseria humana y la misericordia divina brota la gratitud expresada en el “Gloria”, “un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero” (Instrucción General del Misal Romano, 53).

El inicio de este himno –“Gloria a Dios en lo alto del cielo”- retoma el canto de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén, el anuncio gozoso del abrazo entre el cielo y la tierra. Este canto también nos involucra reunidos en oración: “Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Después del “Gloria”, o cuando no lo hay, inmediatamente después del Acto penitencial, la oración asume una forma particular en la llamada “colecta” que expresa el carácter propio de la celebración, variable según los días y tiempos del año (ver ibid., 54).

Con la invitación “oremos”, el sacerdote exhorta al pueblo  a recogerse con él en un momento de silencio, para hacerse conscientes de que están en la presencia de Dios y para que emerjan, del corazón de cada uno, las intenciones personales con las que participa en la misa (cf. ibid., 54).

El sacerdote dice “oremos”; y después hay unos instantes de silencio y cada uno piensa en lo que necesita, en lo que quiere pedir, en la oración.

El silencio no se limita a la ausencia de palabras; es estar dispuesto a escuchar otras voces: la de nuestro corazón y, sobre todo, la voz del Espíritu Santo. En la liturgia, la naturaleza del silencio sagrado depende del momento en que se observa: “En el acto penitencial y después de la invitación a orar, cada uno se recoge en sí mismo; pero terminada la lectura o la homilía, todos meditan brevemente lo que escucharon; y después de la Comunión, alaban a Dios en su corazón y oran” (ibid., 45).

Por lo tanto, antes de la oración inicial, el silencio nos ayuda a recogernos en nosotros mismos y a pensar en por qué estamos allí. De ahí la importancia de escuchar nuestro ánimo para abrirlo luego al Señor.

Tal vez venimos de días fatigosos, o de alegría, de dolor, y queremos decírselo al Señor, invocar su ayuda, pedirle que esté cerca de nosotros; tenemos familiares y amigos que están enfermos o que atraviesan pruebas difíciles; deseamos confiarle a Dios las suertes de la Iglesia y del mundo.

Para esto sirve el breve silencio antes de que el sacerdote, recogiendo las intenciones de cada uno, exprese en voz alta a Dios, en nombre de todos, la oración común que concluye los ritos de introducción, haciendo la “colecta” de las intenciones individuales.

Recomiendo encarecidamente a los sacerdotes que observen este momento de silencio y no vayan deprisa: “oremos”, y que se haga silencio. Se lo recomiendo a los sacerdotes. Sin ese silencio corremos el peligro de descuidar el recogimiento del alma.

El sacerdote reza esta súplica, esta oración de colecta, con los brazos abiertos y la actitud del orante, asumido por los cristianos desde los primeros siglos –como demuestran los frescos de las catacumbas romanas- para imitar a Cristo con los brazos abiertos en el madero de la cruz. Está allí. ¡Cristo es el Orante y al mismo tiempo la oración!

En el Crucificado reconocemos al Sacerdote que ofrece a Dios el culto que le agrada, es decir la obediencia filial.

En el Rito romano las oraciones son concisas, pero repletas de significado: se pueden hacer tantas meditaciones hermosas sobre estas oraciones. ¡Tan bellas! Volver a meditar sobre los textos, incluso fuera de la misa, puede ayudarnos a aprender cómo acudir a Dios, qué pedir, qué palabras usar.

¡Ojalá la liturgia se convierta para todos nosotros en una verdadera escuela de oración!

© Librería Editorial Vaticano

Anuncios

“La Misa empieza con la señal de la Cruz”

diciembre 21, 2017

.

Audiencia General con catequesis sobre la Misa y la Señal de la Cruz.

.

Audiencia general, 20 diciembre de 2017 – Texto completo

.

(ZENIT – 20 Dic. 2017).- “Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús”, ha invitado Francisco en la audiencia general: “La Misa empieza con la señal de la Cruz”.

El Santo Padre Francisco ha ofrecido hoy, 20 de diciembre de 2017, en la audiencia general la 5ª catequesis sobre la Eucaristía titulada “Ritos introductorios”, que ha pronunciado ante miles de fieles y visitantes de Italia y otros países en el Aula Pablo VI, del Palacio Apostólico Vaticano.

El Papa ha querido entrar con esta reflexión en el “corazón” de la celebración eucarística. Así, ha recordado que la Misa empieza con la señal de la cruz, con estos ritos introductorios, porque “allí empezamos a adorar a Dios como comunidad” y ha aclarado que cuando miramos al altar, “miramos precisamente donde está Cristo. El altar es Cristo”.

Estos gestos –ha señalado el Papa– que corren el riesgo de pasar desapercibidos, “son muy significativos”, porque expresan desde el principio que la Misa es un “encuentro de amor con Cristo”. “Por eso –ha recordado el Papa– es importante prever no llegar con retraso, sino con adelanto, para preparar el corazón a este rito, a esta celebración de la comunidad”.

“Enseñad a los niños desde el principio”

Asimismo, el Pontífice ha indicado la importancia de la señal de la cruz: “¿Habéis visto cómo los niños se hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un dibujo, que no es la señal de la cruz. Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús”.

La misa empieza con la señal de la cruz, ha recordado: Toda la oración se mueve, por así decirlo, en el espacio de la Santísima Trinidad, –“en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”– que es un espacio de comunión infinita; tiene como origen y fin el amor de Dios Uno y Trino, manifestado y dado a nosotros en la Cruz de Cristo.

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes. La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster y con la bendición apostólica del Papa a todos.

RD

A continuación, sigue el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría entrar en el corazón de la celebración eucarística. La misa se compone de dos partes, que son la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, tan estrechamente unidas entre sí que constituyen un solo acto de culto (cf. Sacrosanctum Concilium, 56; Instrucción General del Misal Romano, 28).

Introducida por algunos ritos preparatorios y concluida por otros, la celebración, por lo tanto, es un cuerpo único  y no puede separarse, pero para una mejor comprensión trataré de explicar sus diversos momentos, cada uno de los cuales es capaz de tocar e involucrar  una dimensión de nuestra humanidad . Es necesario conocer estos signos santos  para vivir plenamente la misa y saborear toda su belleza.

Cuando el pueblo está reunido, la celebración se abre con los ritos introductorios, que comprenden la entrada de los celebrantes o del celebrante, el saludo -“El Señor esté con vosotros”, “La paz sea con vosotros”- , el acto penitencial, “Yo confieso”, donde pedimos perdón por nuestros pecados, el Señor, ten piedad, el Gloria y la oración colecta.

Se llama “oración colecta” no porque se efectúe la colecta monetaria: es la colecta de las intenciones de oración de todos los pueblos; y esa colecta de las intenciones de los pueblos sube al cielo como oración.

Su propósito, el de estos ritos de introducción, es “hacer que los fieles reunidos en la unidad construyan la comunión y se dispongan debidamente a escuchar la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.” (Instrucción general del Misal Romano, 46).

No es una buena costumbre mirar el reloj y decir: “Llego a tiempo, llego después del sermón y así cumplo el precepto”. La misa empieza con la señal de la cruz, con estos ritos introductorios, porque allí empezamos a adorar a Dios como comunidad. Y por eso es importante prever no llegar con retraso, sino con adelanto, para preparar el corazón a este rito, a esta celebración de la comunidad”.

Habitualmente durante el canto de entrada, el sacerdote con los otros ministros llega en procesión al presbiterio, y aquí saluda el altar con una reverencia y, como signo de veneración, lo besa y, cuando hay incienso, lo inciensa. ¿Por qué? Porque el altar es Cristo: es figura de Cristo. Cuando miramos al altar, miramos precisamente donde está Cristo. El altar es Cristo.

Estos gestos, que corren el riesgo de pasar desapercibidos, son muy significativos, porque expresan desde el principio que la Misa es un encuentro de amor con Cristo, que “con la inmolación de  su cuerpo en la cruz […] quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y  altar” (Prefacio de  Pascua V).

De hecho, como signo de Cristo, el altar “es el centro de la acción de gracias que se consuma en la Eucaristía” (Instrucción general del Misal Romano, 296), y toda la comunidad alrededor del altar, que es Cristo; no para mirarse la cara, sino para mirar a Cristo, porque Cristo está en el centro de la comunidad, no está lejos de ella.

Luego está la señal de la cruz. El sacerdote que preside se persigna y lo mismo hacen todos los miembros de la asamblea, conscientes de que el acto litúrgico se cumple “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.  Y aquí paso a un argumento muy breve. ¿Habéis visto cómo los niños se hacen la señal de la cruz? No saben lo que hacen: a veces hacen un dibujo, que no es la señal de la cruz.

Por favor, mamá, papá, abuelos, enseñad a los niños desde el principio, desde cuando son pequeños, a hacerse bien la señal de la cruz. Y explicadles qué es tener como protección la cruz de Jesús. Y la misa empieza con la señal de la cruz. Toda la oración se mueve, por así decirlo, en el espacio de la Santísima Trinidad, –“en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”– que es un espacio de comunión infinita; tiene como origen y fin el amor de Dios Uno y Trino, manifestado y dado a nosotros en la Cruz de Cristo.

Efectivamente, su misterio pascual es un don de la Trinidad, y la Eucaristía brota siempre de su corazón traspasado. Persignándonos, por lo tanto, no sólo recordamos nuestro bautismo, sino que afirmamos que la oración litúrgica es el encuentro con Dios en Cristo Jesús, que por nosotros se encarnó, murió en la cruz y resucitó en gloria.

Después, el sacerdote dirige el saludo litúrgico con la frase: “El Señor esté con vosotros” u otra similar –hay varias- ; y la asamblea responde: «Y con tu espíritu». Estamos dialogando; estamos al comienzo de la misa y debemos pensar en el significado de todos estos gestos y palabras.

Estamos entrando en una “sinfonía” en la que resuenan varios tonos de voces, incluyendo tiempos de silencio, con el fin de crear el ”acorde” entre los participantes, es decir, reconocerse animados por un único Espíritu, y por un mismo fin.

En efecto, “el saludo sacerdotal y la respuesta del pueblo manifiestan el misterio de la Iglesia reunida” (Instrucción general del Misal Romano, 50). Se expresa, pues, la fe común y el deseo mutuo de estar con el Señor y de vivir la unidad con toda la comunidad.

Y esta es una sinfonía de oración que se está creando y presenta enseguida un momento muy conmovedor, porque aquellos que presiden invitan a todos a reconocer sus propios pecados. Todos somos pecadores. No sé, a lo mejor alguno de vosotros no es pecador… Si hay alguno que no es pecador que levante la mano, por favor, así podemos verlo todos. Pero no hay manos levantadas; bien: ¡vuestra fe es buena!

Todos somos pecadores y por eso al principio de la misa pedimos perdón. Es el acto penitencial. No se trata solo de pensar en los pecados cometidos, sino mucho más: es la invitación a confesarse pecadores ante Dios y ante la comunidad, ante los hermanos, con humildad y sinceridad, como el publicano en el templo.

Si verdaderamente la Eucaristía hace presente el misterio pascual, es decir, el paso de Cristo de la muerte a la vida, entonces lo primero que tenemos que hacer es reconocer cuáles son nuestras situaciones de muerte para poder resucitar con Él a una vida nueva.

Esto nos hace comprender cuán importante es el acto penitencial. Y por eso, retomaremos el tema en la próxima catequesis. Vamos paso a paso en la explicación de la misa. Pero, por favor, enseñad a los niños a hacerse bien la señal de la cruz.

© Librería Editorial Vaticano


Catequesis del Papa Francisco sobre la importancia de la Misa del domingo

diciembre 14, 2017

.

El Papa Francisco bendice a una mujer enferma tras la Audiencia. Enfermos

.

TEXTO COMPLETO Catequesis del Papa Francisco sobre la importancia de la Misa del domingo

.

VATICANO, 13 Dic. 17 / 06:09 am (ACI).- El Papa Francisco reflexionó sobre la importancia de la Misa dominical durante la catequesis de la Audiencia General que tuvo lugar en el Aula Pablo VI del Vaticano este miércoles 13 de diciembre.

El Santo Padre recordó que “los cristianos vamos a Misa el domingo para encontrar al Señor resucitado, o mejor, para dejarse encontrar por Él, escuchar su palabra, alimentarse en su mesa, y así hacerse Iglesia, es decir, hacerse parte del Cuerpo místico viviente hoy en el mundo”.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Retomando el camino de catequesis sobre la Misa, hoy nos preguntamos: ¿Por qué ir a Misa el domingo?

La celebración dominical de la Eucaristía está al centro de la vida de la Iglesia (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2177). Nosotros los cristianos vamos a Misa el domingo para encontrar al Señor resucitado, o mejor dicho para dejarnos encontrar por Él, escuchar su palabra, nutrirnos en su mesa, y así hacernos Iglesia, es decir, su Cuerpo místico viviente en el mundo.

Lo han comprendido, desde el primer momento, los discípulos de Jesús, los cuales han celebrado el encuentro eucarístico con el Señor en el día de la semana que los judíos llamaban “el primero de la semana” y los romanos “día del sol”, porque ese día Jesús había resucitado de entre los muertos y se había aparecido a los discípulos, hablando con ellos, comiendo con ellos, donándoles a ellos el Espíritu Santo (Cfr. Mt 28,1; Mc 16,9.14; Lc 24,1.13; Jn 20,1.19), como hemos escuchado en la Lectura bíblica.

Incluso la gran efusión del Espíritu en Pentecostés sucede el domingo, el quincuagésimo día después de la resurrección de Jesús.

Por estas razones, el domingo es un día santo para nosotros, santificado por la celebración eucarística, presencia viva del Señor entre nosotros y para nosotros. ¡Es la Misa, pues, lo que hace al domingo cristiano! El domingo cristiano gira alrededor de la Misa. ¿Qué domingo es, para un cristiano, aquel en el cual falta el encuentro con el Señor?

Existen comunidades cristianas que, lamentablemente, no pueden gozar de la Misa cada domingo; sin embargo ellas, en este santo día, están llamadas a recogerse en oración en el nombre del Señor, escuchando la Palabra de Dios y teniendo vivo el deseo de la Eucaristía.

Algunas sociedades secularizadas han perdido el sentido cristiano del domingo iluminado por la Eucaristía. Es un pecado, esto. En este contexto es necesario reavivar esta conciencia para recuperar el significado de la fiesta –no perder el sentido de la fiesta–, el significado de la alegría, de la comunidad parroquial, de la solidaridad, del descanso que repone el alma y el cuerpo (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2177-2188).

De todos estos valores nos es maestra la Eucaristía, domingo tras domingo. Por esto el Concilio Vaticano II ha querido reafirmar que «el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo» (Const. Sacrosanctum Concilium, 106).

La abstención dominical del trabajo no existía en los primeros siglos: es un aporte específico del cristianismo. Por tradición bíblica los judíos descansan el sábado, mientras en la sociedad romana no estaba previsto un día semanal de abstención de los trabajos serviles. Fue el sentido cristiano del vivir como hijos y no como esclavos, animado por la Eucaristía, lo que hizo del domingo –casi universalmente– el día de descanso.

Sin Cristo somos condenados a ser dominados por el cansancio de lo cotidiano, con sus preocupaciones, y del temor del mañana. El encuentro dominical con el Señor nos da la fuerza de vivir el hoy con confianza y valentía e ir adelante con esperanza. Por esto los cristianos vamos a encontrar al Señor el domingo, en la celebración eucarística.

La Comunión eucarística con Jesús, Resucitado y Vivo en lo eterno, anticipa el domingo sin ocaso, cuando no existirá más fatiga ni dolor ni luto ni lágrimas, sino sólo la alegría de vivir plenamente y por siempre con el Señor. También de este beato descanso nos habla la Misa del domingo, enseñándonos, en el fluir de la semana, a encomendarnos en las manos del Padre que está en los cielos.

¿Qué cosa podemos responder a quien dice que no sirve ir a Misa, ni siquiera el domingo, porque lo importante es vivir bien, amar al prójimo? Es verdad que la calidad de la vida cristiana se mide por la capacidad de amar, como ha dicho Jesús: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35); pero, ¿Cómo podemos practicar el Evangelio sin tomar la energía necesaria para hacerlo, un domingo detrás del otro, de la fuente inagotable de la Eucaristía?

No vamos a Misa para dar algo a Dios, sino para recibir de Él lo que de verdad necesitamos. Lo recuerda la oración de la Iglesia, que así se dirige a Dios: «Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación» (Misal Romano, Prefacio Común IV).

En conclusión, ¿por qué ir a Misa el domingo? No es suficiente responder que es un precepto de la Iglesia; esto ayuda a cuidar el valor, pero esto sólo no es suficiente. Nosotros los cristianos tenemos necesidad de participar en la Misa dominical porque sólo con la gracia de Jesús, con su presencia viva en nosotros y entre nosotros, podemos poner en práctica su mandamiento, y así ser sus testigos creíbles. Gracias.


Sarah pide silencio sagrado y actitud de adoración para renovar la liturgia tras ser «devastada»

octubre 23, 2017

.

Silencio, Adoración y Formación: el trípode del nuevo movimiento litúrgico, según el cardenal Robert Sarah.

,

Sarah pide silencio sagrado y actitud de adoración para renovar la liturgia tras ser «devastada»

Silencio, Adoración y Formación: el trípode del nuevo movimiento litúrgico, según el cardenal Robert Sarah.

.

El próximo 7 de julio se cumplen diez años del motu proprio Summorum Pontificum, con el cual Benedicto XVI, tras aclarar definitivamente que el rito de la misa anterior a la reforma de 1969, “nunca se ha abrogado” (art. 1), liberalizó su uso para toda la Iglesia latina, regulando su uso como “forma extraordinaria” del rito romano.

El cardenal Robert Sarah, prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, es un decidido impulsor de la aplicación de Summorum Pontificum. Y también de su interpretación (más allá de su aplicación específica a la misa tradicional) como criterio general orientador de un nuevo movimiento litúrgico que, tanto en la forma extraordinaria como en la ordinaria, se fundamente en la centralidad de Cristo en el sacrificio del Altar y en la sacralidad de la liturgia.

En ese sentido se pronunció en una importante intervención (no presencial por razones de agenda) en los XVIII Encuentros Litúrgicos de Colonia que organizó el padre Guido Rodheudt del 29 de marzo al 1 de abril en Herzogenrath (al norte de Aquisgrán), donde es párroco de la iglesia de Santa Gertrudis.

En el mensaje enviado a estos Encuentros, el cardenal Sarah dejó algunas ideas clave que destacamos (ver al final el texto íntegro de la conferencia):

1. “En las parroquias donde el Motu proprio ha sido puesto en marcha, los párrocos testimonian de un mayor fervor entre los fieles y los sacerdotes… Se ha observado también una repercusión y una evolución espiritual positiva en la manera de vivir las celebraciones eucarísticas según la forma ordinaria, sobre todo el redescubrimiento de actitudes de adoración hacia el Santísimo Sacramento: arrodillarse, genuflexión y, también, un mayor recogimiento caracterizado por ese silencio sagrado que debe marcar los momentos importantes del Santo Sacrificio de la misa para permitir a los sacerdotes y a los fieles interiorizar el misterio de la fe que se está celebrando”.

2. “La liturgia debe reformarse siempre para ser más fiel a su esencia mística. Pero la mayor parte del tiempo esta ‘reforma’, que ha sustituido a la verdadera ‘restauración’ deseada por el Concilio Vaticano II, se ha realizado con un espíritu superficial y basándose en un único criterio: suprimir a toda costa una herencia que es percibida como totalmente negativa y superada, con el fin de abrir un abismo entre el antes y el después del Concilio”.

3. “El cardenal Joseph Ratzinger ha repetido incansablemente que la crisis que sacude a la Iglesia, cincuenta años después, sobre todo después del Vaticano II, está vinculada a la crisis de la liturgia y, por consiguiente, a la falta de respeto, a la desacralización y la eliminación de los elementos esenciales del culto divino“.

4. “No podemos cerrar los ojos ante el desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viva han provocado al remodelar la liturgia de la Iglesia según sus propias ideas. Se han olvidado de que el acto litúrgico es no sólo una oración, sino también y sobre todo un misterio en el que se realiza, para nosotros, algo que nosotros no podemos comprender plenamente, pero que debemos aceptar y recibir con fe, amor, obediencia y un silencio adorante. Es éste el verdadero significado de la participación activa de los fieles. No se trata sólo de una actividad únicamente externa, de un repartir papeles o funciones dentro de la liturgia, sino más bien de una receptividad intensamente activa: la recepción es, en Cristo y con Cristo, la ofrenda humilde de sí mismo en la oración silenciosa y con una actitud plenamente contemplativa”.

5. “La grave crisis de fe, no sólo a nivel de los fieles cristianos, sino también y sobre todo de muchos sacerdotes y obispos, nos ha hecho incapaces de comprender la liturgia eucarística como un sacrificio, como el acto idéntico, llevado a cabo una vez por todas por Jesucristo, haciendo presente el Sacrificio de la Cruz de manera incruenta, en toda la Iglesia… A menudo tenemos la tendencia sacrílega a reducir la Santa Misa a una simple comida “comunitaria”, a la celebración de una fiesta profana y a una autocelebración de la comunidad”.

6. “La grave y profunda crisis que afecta a la liturgia y a la Iglesia desde el Concilio es debida al hecho de que su centro ya no es Dios y su adoración, sino los hombres y su pretendida capacidad de ‘hacer’ algo para estar ocupados durante las celebraciones eucarísticas“.

7. “Se reprocha a la Europa política el haber abandonado o negado sus raíces cristianas. Pero la primera que ha abandonado sus raíces y su pasado cristiano es, sin duda alguna la Iglesia católica post-conciliar“.

8. “No son de extrañar las devastaciones, las destrucciones y la guerra que vinieron a continuación y que persisten actualmente a nivel litúrgico, doctrinal y moral: la pretensión es que ninguna época como la nuestra ha sido capaz de comprender el ‘ideal evangélico’. Muchos se niegan a mirar a la cara la obra de autodestrucción que la propia Iglesia está llevando a cabo mediante la demolición planificada de sus fundamentos doctrinales, litúrgicos, morales y pastorales”.

9. “Lo más importante, ya sea que se celebre según la forma ordinaria o la extraordinaria, es proporcionar a los fieles lo que necesitan: la belleza de la liturgia, su sacralidad, el silencio, el recogimiento, la dimensión mística y la adoración. La liturgia tiene que ponernos cara a cara con Dios en una relación personal y de intensa intimidad. Debe favorecer que nos sumerjamos en la intimidad de la Santísima Trinidad”.

10. “Sin esta dimensión mística del silencio y sin un espíritu contemplativo, la liturgia seguirá siendo ocasión de rupturas causadas por el odio, de enfrentamientos ideológicos y de humillaciones públicas de los débiles por parte de quienes pretenden tener la autoridad, en lugar de ser el lugar de nuestra unidad y de nuestra comunión en el Señor”.

11. Me permito proponerles tres pistas que resumo en estas tres letras: SAF, es decir, Silencio-Adoración-Formación. Ante todo, el silencio sagrado, sin el cual no podemos encontrar a Dios.(…) Después, la adoración. (…) Por último, la formación litúrgica partiendo del anuncio de la fe o la catequesis, teniendo como referencia el Catecismo de la Iglesia Católica, lo que nos protege de posibles elucubraciones más o menos sabias de ciertos teólogos deseosos de ‘novedades'”.

12. “En este contexto global y en un espíritu de fe y de profunda comunión en obediencia a Cristo en la Cruz por lo que, humildemente, les pido aplicar con gran atención Summorum Pontificum; no como una medida negativa o retrógrada, que mira hacia el pasado, o como algo que construye muros y crea un gueto, sino como una contribución importante y verdadera para la vida litúrgica actual y futura de la Iglesia, así como para el movimiento litúrgico de nuestra época, por parte de un número cada vez mayor de personas, sobre todo jóvenes, que aportan tantas cosas verdaderas, buenas y hermosas”.

Sarah pide silencio sagrado y actitud de adoración para renovar la liturgia tras ser «devastada»


El maná de cada día, 2.10.17

octubre 2, 2017

Santos Ángeles Custodios

.

murillo_1665_catedral_sevilla

“Ángel de la Guarda”, lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (1665)

.
Antífona de entrada: Dn 3, 58

Ángeles del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.


Oración colecta

Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Zacarías 8, 1-8

Vino la palabra del Señor del universo diciendo: «Esto dice el Señor del universo: Vivo una intensa pasión por Sion, siento unos celos terribles por ella».

«Esto dice el Señor: Voy a volver a Sion, habitaré en Jerusalén. Llamarán a Jerusalén “Ciudad Fiel”, y al monte del Señor del universo, “Monte Santo”».

«Esto dice el Señor del universo: De nuevo se sentarán ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén; todos con su bastón, pues su vida será muy larga. Y sus calles estarán llenas de niños y niñas jugando».

«Esto dice el Señor del universo: Y si al resto de este pueblo le parece imposible que suceda esto en aquellos días, ¿será también imposible para mí?». —oráculo del Señor del universo—.

«Esto dice el Señor del universo: Aquí estoy yo para salvar a mi pueblo de Oriente a Occidente. Los traeré y vivirán en Jerusalén; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios en fidelidad y justicia».



SALMO 101,16-18.19-21.29.22-23

El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.

Los gentiles temerán tu nombre, los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sión, y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.

Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia, para anunciar en Sión el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 102, 21

Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos.


EVANGELIO: Mateo 18, 1-5.10

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:

«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. »


Antífona de comunión: Sal 137, 1

Delante de los ángeles tañeré para ti, Dios mío.


.

Que te guarden en tus caminos

De los sermones de san Bernardo, abad

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos». Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él.

Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia.

Porque ellos están presentes Junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.

Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos.

Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honr­ar, ser amados y honrados.

En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores.

En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.

Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios.

Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.

.

Nuestro Ángel de la guarda

No nos resulta difícil creer que cada niño está encomendado por Dios a un ángel. Seguro que te acuerdas todavía cómo de pequeño te enseñaron a rezar a tu Ángel de la guarda.

Y, sin embargo, a medida que te has hecho adulto has ido olvidando, quizá, que sigues encomendado a ese mismo Ángel que acompañó los sueños y pasos de tu infancia.

Tu Ángel de la guarda no se hace adulto. Tienes siempre a tu lado a ese amigo inseparable que contempla y ama incesantemente el rostro de Dios. No te olvides de él.

Encomiéndale, como a buen mensajero, que lleve ante ese rostro divino del Padre todas tus oraciones, tus peticiones, tus besos, tus amores.

Pon en sus manos puras las almas de todos aquellos que Dios te ha encomendado para que las deposite junto al corazón de Dios. Confíale tus afanes apostólicos para que vaya delante de ti, preparando en las almas el camino del Señor. Fíate siempre de su protección y verás detenerse a tus pies el acecho del mal y del demonio.

Háblale, como hablas a tu amigo y confidente, y pídele a menudo que te describa cómo es ese rostro de Dios que él contempla cara a cara. Dile que te enseñe a ser, como él, un ángel para muchas almas.

Y de su mano entrarás un día en la morada de los santos, en el santuario celeste, en la compañía de todos los demás ángeles, para participar eternamente con ellos de esa liturgia de gloria, de adoración y alabanza que sólo se gusta plenamente en el Cielo.

www.mater-dei.es



.


El Papa Francisco afirma que la reforma litúrgica es irreversible

agosto 24, 2017

 

 

El Papa Francisco: Después de este magisterio y largo camino, podemos afirmar que la reforma litúrgica es irreversible

.

El Papa Francisco afirma que la reforma litúrgica es irreversible

.

VATICANO, 24 Ago. 17 / 06:28 am (ACI).- El Papa Francisco afirmó que, después de 50 años desde el Concilio Vaticano II, “la reforma litúrgica es irreversible” y animó a profundizar más en ella.

El Santo Padre señaló que “todavía hay trabajo que hacer”, “para redescubrir los motivos de las decisiones tomadas respecto a la reforma litúrgica, superando lecturas infundadas y superficiales, recepciones parciales y prácticas que la desfiguran”.

“No se trata de repensar la reforma revisando las decisiones, sino de conocer mejor las razones subyacentes, tanto por medio de la documentación histórica como de la interiorización de los principios que la inspiraron, y de observar la disciplina que la regula”.

Para el Papa Francisco, “después de este magisterio y largo camino, podemos afirmar que la reforma litúrgica es irreversible”.

En un discurso pronunciado en el Aula Pablo VI del Vaticano con motivo de la Semana Litúrgica Nacional que se celebra para conmemorar los 70 años del nacimiento del Centro de Acción Litúrgica, Francisco recordó que el Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica “son dos eventos estrechamente relacionados” y que la aplicación práctica de la reforma litúrgica aún está en proceso “porque no basta con reformar los libros litúrgicos para renovar la mentalidad”.

El Santo padre recordó que “la responsabilidad de promover y custodiar la liturgia está confiada al derecho de la Sede Apostólica y a los Obispos diocesanos”.

El Santo padre reflexionó sobre algunos aspectos relacionados con el tema de la Semana Litúrgica: “Una Liturgia viva para una Iglesia viva”.

“La liturgia –señaló Francisco– está viva por la presencia viva de Aquel que muriendo destruyó la muerte, y resucitando nos ha dado la vida. Sin la presencia real del misterio de Cristo no hay vitalidad litúrgica. Al igual que sin latido cardíaco no hay vida humana, sin el corazón latiente de Cristo no existe acción litúrgica”.

El Pontífice explicó que “aquello que define la liturgia es la actuación, mediante los santos signos, de Jesucristo por medio del sacerdote, es decir, el ofrecimiento de su vida hasta extender los brazos en la cruz, con un sacerdocio constantemente presente por medio de los ritos y oraciones, principalmente en su Cuerpo y en su Sangre, pero también en la persona del mismo sacerdote, en la proclamación de la Palabra de Dios, en la asamblea reunida en su nombre”.

De entre los diferentes signos de la liturgia, el Santo Padre destacó la importancia del altar, “signo de Cristo piedra viva descartada por los hombres, pero convertida en piedra angular del edificio espiritual en el cual se ofrece al Dios vivo el culto en espíritu y verdad”.

“Por ello, el altar, lugar en el que en nuestras iglesias converge la atención, se realiza la ofrenda, se unge con el crisma, se inciensa, se besa y se venera. Hacia el altar se orienta la mirada de los orantes, del sacerdote y de los fieles, convocados para la santa asamblea a su alrededor. Sobre el altar si sitúa la ofrenda de la Iglesia que el Espíritu consagra sacramento del sacrificio de Cristo. Sobre el altar se ofrece el pan de la vida y el cáliz de la salvación”, subrayó.

El Obispo de Roma identificó la liturgia como patrimonio de todo el pueblo de Dios, ya que “la liturgia la vive el pueblo de la Iglesia al completo. Por su naturaleza, la liturgia es popular, no clerical, exigiendo una acción por el pueblo, pero también del pueblo”.

En la liturgia “se invoca a los pequeños y a los grandes, a los ricos y a los pobres, a los jóvenes y a los ancianos, a los sanos y a los enfermos, a los justos y a los pecadores. A imagen de la multitud inmensa que celebra la liturgia en el santuario del cielo, la asamblea litúrgica supera, en Cristo, cada frontera de edad, raza, lengua y nación”.

“La liturgia –continuó– es vida, y no una idea para entender. Nos lleva, de hecho, a vivir una experiencia iniciática, es decir, transformadora del modo de pensar, de comportarse, y no a enriquecer la propia bolsa de ideas sobre Dios”.

El Papa finalizó su discurso señalando que “no podemos olvidar que la riqueza de la Iglesia en oración, en cuanto que católica, va más allá del Rito Romano que, si bien es el más extendido, no es el único. La armonía de las tradiciones rituales de oriente y de Occidente, por la inspiración del mismo Espíritu, da voz a la única Iglesia orante por Cristo, con Cristo y en Cristo, para gloria del Padre y para la salvación del mundo”.


El maná de cada día, 12.8.17

agosto 12, 2017

Sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

.
Tercer día de la Novena a San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, cuya fiesta se celebra el 19 de éste. La encuentras al final de esta entrada o artículo. Además de unirnos a todos los devotos de San Ezequiel, le confiamos a Dios, por su intercesión, todas las peticiones de salud y de gracias que recibimos en este blog, con mucha frecuencia. Dios se glorifique en esta novena. San Ezequiel, ruega por nosotros.

grano-de-MOSTAZA10

Como un grano de mostaza



PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 6, 4-13

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.

Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres -a Abrahán, Isaac y Jacob- que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta hartarte.

Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo en su nombre jurarás.»


SALMO 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador: tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido.


ALELUYA: 2 Tim 1, 10

Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.


EVANGELIO: Mateo 17, 14-20

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»

Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»

Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.

Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»

Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

.



.

NOVENA A SAN EZEQUIEL MORENO

San Ezequiel Moreno, agustino recoleto



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte.

Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena. Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, en particular a los terminales y a los que sufren de cáncer. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.


DÍA 3º.- Ordenado sacerdote y después obispo, san Ezequiel se consagró con todas sus fuerzas al ministerio sagrado: predicación del Evangelio, asistencia al confesionario y dirección espiritual, visita a los enfermos y atención a los más necesitados; en fin, cuidado y orientación de los fieles. (Pausa de reflexión y oración

Te pedimos, Señor, en este día por las vocaciones religiosas y sacerdotales. Suscita operarios para tu viña, dales la perseverancia y bendice su apostolado con frutos de santidad en tu Iglesia. Por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en la novena)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre nuestro: la oración confiada y la certeza de la intercesión de san Ezequiel son para mí un remanso de paz y de consuelo en mis penas y trabajos. Haz que sus ejemplos me estimulen siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección bondadosa.

Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.