El maná de cada día, 25.6.20

junio 25, 2020

Jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

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No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre

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PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 24, 8-17

Cuando Jeconías subió al trono tenía dieciocho años, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, natural de Jerusalén. Hizo lo que el Señor reprueba, igual que su padre.

En aquel tiempo, los oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la cercaron. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén cuando sus oficiales la tenían cercada. Jeconías de Judá se rindió al rey de Babilonia, con su madre, sus ministros, generales y funcionarios.

El rey de Babilonia los apresó el año octavo de su reinado. Se llevó los tesoros del templo y del palacio y destrozó todos los utensilios de oro que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo según las órdenes del Señor. Deportó a todo Jerusalén, los generales, los ricos –diez mil deportados–, los herreros y cerrajeros; sólo quedó la plebe.

Nabucodonosor deportó a Jeconías a Babilonia. Llevó deportados, de Jerusalén a Babilonia, al rey y sus mujeres, sus funcionarios y grandes del reino, todos los ricos –siete mil deportados–, los herreros y cerrajeros –mil deportados–, todos aptos para la guerra. En su lugar nombró rey a su tío Matanías, y le cambió el nombre en Sedecías.

SALMO 78, 1-2.3-5.8.9

Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas. Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.

Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba. Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra, dice el Señor, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.

EVANGELIO: Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?” Yo entonces les declararé: ‘Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.”

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.
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NO BASTAN LOS DONES, SI SE USA DE ELLOS SIN CARIDAD

San Agustín (Comentario al salmo 146, 10)

Y llama a todas (las estrellas) por su nombre (Sal 146). En esto consiste todo el premio: tenemos ciertos nombres ante Dios. Debemos desear, debemos perseguir, debemos cuidar cuanto podamos que Dios conozca nuestros nombres, sin alegrarnos de otras cosas, ni siquiera de ciertos dones espirituales.

Preste atención vuestra caridad. Como dice el Apóstol: en la Iglesia hay muchos dones: A uno se le ha dado por el Espíritu Santo el lenguaje de la sabiduría, a otro el lenguaje de la ciencia según el mismo Espíritu, a otro la fe en el mismo Espíritu, a otro don de curaciones, a otro discernimiento de espíritus, es decir, la capacidad de discernir entre los espíritus buenos y los malos; a unos el linaje de las lenguas y a otro la profecía (1 Cor 12,8-10).

¡Cuántas y cuán grandes cosas ha mencionado! No obstante, muchos, por haber usado mal de esos dones, oirán al final: No os conozco. Y ¿qué replicarán al final cuando oigan que se les dice: No os conozco? Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? (Mt 7,22).

Todas esas cosas las hicieron en tu nombre; pero ¿qué les dirá? Nunca os he conocido; apartaos de mí, obradores de iniquidad (Mt 7,23). Luego, ¿qué significa ser luz del cielo, que alivia o atenúa la noche, sin ser vencida por la noche?

Dice el Apóstol: Os voy a mostrar un camino aún más excelso. Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy bronce que suena o címbalo que retiñe (1 Cor 12,31-13,1). ¡Qué gran don es hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles!

Sin embargo, dice: Si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque conozca, prosigue, todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera todo el don de profecía y toda la fe, de suerte que trasladase los montes, ¡cuán grandes son estos dones!, si no tengo caridad, nada soy.

¡Cuán gran don es el martirio y el distribuir los bienes a los pobres! Y, sin embargo, aunque distribuya mis bienes a los pobres y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, de nada me sirve (1 Cor 13,1-3).

Quien no tiene caridad, aunque temporalmente posea esos dones, se le quitarán. Se le quitará lo que tiene, porque le falta alguna otra cosa; le falta esa cosa por la cual tendría todas las cosas y él mismo no perecería.

¿Qué significa lo que dice el Señor: Al que tiene se le dará, y al que no tiene aun lo que tiene se le quitará? Luego al que no tiene ha de quitársele lo que tiene. Tiene la gracia de poseer, pero no la caridad para usarlo; como le falta esto, le será quitado lo que tiene.

Por eso, para que tuviesen caridad los discípulos, a los que quería enseñarles el camino excelentísimo y hacerlos estrellas que caminan por el cielo, Aquel que cuenta la multitud de las estrellas y las llama a todas por su nombre, les dijo: No os alegréis porque se os han sometido los espíritus, sino alegraos de que vuestros nombres estén escritos en el cielo.

Antes le habían dicho ellos, llenos de gozo al volver de la misión que les había confiado: Señor, hasta los espíritus inmundos se nos sometieron en tu nombre. Él, que cuenta la multitud de las estrellas y las llama a todas por su nombre, sabiendo que muchos a los que se dirá al fin: No os conozco, porque no los contó entre la multitud de las estrellas ni los llamó por su nombre: sabiendo, repito, que muchos de ellos le iban a replicar: ¿No arrojamos demonios en tu nombre?, les dijo lo que antes mencionamos.


El maná de cada día, 4.6.20

junio 4, 2020

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Ciclo A

Fiesta de nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, según el rito de Melquisedec, en quien el Padre se ha complacido desde toda la eternidad, mediador entre Dios y los hombres que, para cumplir la voluntad del Padre, se ofreció a sí mismo en el altar de la cruz de una vez para siempre como víctima de salvación en favor de todo el mundo. 

Al instituir el sacrificio de la eterna alianza, elige con amor de hermano a hombres de este pueblo para que, al repetirlo constantemente en la Iglesia, se renueve la abundancia de la gracia divina con la que nacerá el cielo nuevo y la tierra nueva, y se realizará hasta los confines del mundo lo que el ojo no vio ni el oído oyó ni el hombre puede pensar (Elog. del Martirologio Romano).

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Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote


Antífona de entrada: Hb 7,24

Cristo, mediador de una nueva alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.

Oración colecta

Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único sumo y eterno Sacerdote, concede a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Génesis 22, 9-18

En aquellos días, llegaron Abrahán e Isaac al sitio que le había dicho Dios. Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!».

Él contestó: «Aquí estoy».

El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Abrahán llamó a aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy, «En el monte el Señor es visto».

El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

SALMO 39, 6. 7. 8-9. 10. 11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo. «Aquí estoy».

«-Como está escrito en mi libro- para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas».

He proclamado tu justicia ante la gran asamblea; no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

No me he guardado en el pecho tu justicia, he contado tu fidelidad y tu salvación.

Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor», los que desean tu salvación.

ALELUYA: Flp 2, 8-9

Cristo se ha hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.

EVANGELIO: Mateo 26, 36-42

Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.

Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».

Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».

Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos.

Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».

De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».

Antífona de comunión: Mt 28, 20

Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo -dice el Señor.

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Cristo, sacerdote y víctima
Pío XII. De la carta encíclica Mediator Dei

Cristo es ciertamente sacerdote, pero lo es para nosotros, no para sí mismo, ya que él, en nombre de todo el género humano, presenta al Padre eterno las aspiraciones y sentimientos religiosos de los hombres.

Es también víctima, pero lo es igualmente para nosotros, ya que se pone en lugar del hombre pecador.

Por esto, aquella frase del Apóstol: Tened los mismos sentimientos propios de Cristo Jesús exige de todos los cristianos que, en la medida de las posibilidades humanas, reproduzcan en su interior las mismas disposiciones que tenía el divino Redentor cuando ofrecía el sacrificio de sí mismo: disposiciones de una humilde sumisión, de adoración a la suprema majestad divina, de honor, alabanza y acción de gracias.

Les exige asimismo que asuman en cierto modo la condición de víctimas, que se nieguen a sí mismos, conforme a las normas del Evangelio, que espontánea y libremente practiquen la penitencia, arrepintiéndose y expiando los pecados.

Exige finalmente que todos, unidos a Cristo, muramos místicamente en la cruz, de modo que podamos hacer nuestra aquella sentencia de san Pablo: Estoy crucificado con Cristo.

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Cristo vive siempre para interceder en nuestro favor
De las cartas de san Fulgencio de Ruspe, obispo

Fijaos que en la conclusión de las oraciones decimos: «Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo»; en cambio, nunca decimos: «Por el Espíritu Santo».

Esta práctica universal de la Iglesia tiene su explicación en aquel misterio según el cual, el mediador entre Dios y los hombres es el hombre Cristo Jesús, sacerdote eterno según el rito de Melquisedec, que entró una vez para siempre con su propia sangre en el santuario, pero no en un santuario construido por hombres, imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, donde está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.

Teniendo ante sus ojos este oficio sacerdotal de Cristo, dice el Apóstol: Por su medio, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre.

Por él, pues, ofre­cemos el sacrificio de nuestra alabanza y oración, ya que por su muerte fuimos reconciliados cuando éramos toda­vía enemigos.

Por él, que se dignó hacerse sacrificio por nosotros, puede nuestro sacrificio ser agradable en la presencia de Dios.

Por esto, nos exhorta san Pedro: Tam­bién vosotros, como piedras vivas, entráis en la construc­ción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.

Por este motivo, decimos a Dios Pa­dre: «Por nuestro Señor Jesucristo».

Al referirnos al sacerdocio de Cristo, necesariamente hacemos alusión al misterio de su encarnación, en el cual el Hijo de Dios, a pesar de su condición divina, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, según la cual se rebajó hasta someterse incluso a la muerte; es decir, fue hecho un poco inferior a los ángeles, conservando no obstante su divinidad igual al Padre.

El Hijo fue hecho un poco inferior a los ángeles en cuanto que, permane­ciendo igual al Padre, se dignó hacerse como un hombre cualquiera.

Se abajó cuando se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo. Más aún, el abajarse de Cristo es el total anonadamiento, que no otra cosa fue el tomar la condición de esclavo.

Cristo, por tanto, permaneciendo en su condición divi­na, en su condición de Hijo único de Dios, según la cual le ofrecemos el sacrificio igual que al Padre, al tomar la condición de esclavo, fue constituido sacerdote, para que, por medio de él, pudiéramos ofrecer la hostia viva, santa, grata a Dios.

Nosotros no hubiéramos podido ofrecer nuestro sacrificio a Dios si Cristo no se hubiese hecho sacrificio por nosotros: en él nuestra propia raza humana es un verdadero y saludable sacrificio.

En efecto, cuando precisamos que nuestras oraciones son ofrecidas por nuestro Señor, sacerdote eterno, reconocemos en él la verdadera carne de nuestra misma raza, de conformidad con lo que dice el Apóstol: Todo sumo sacerdote, escogido de entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

Pero, al decir: «tu Hijo», añadimos: «que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo», para recordar, con esta adición, la unidad de naturaleza que tienen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y significar, de este modo, que el mismo Cristo, que por nosotros ha asumido el oficio de sacerdote, es por naturaleza igual al Padre y al Espíritu Santo (Carta 14, 36-37: CCL 91, 429-431).


Maná y Vivencias Pascuales (14), 25.4.20

abril 25, 2020

Sábado de la 2ª semana de Pascua

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Soy yo, no temáis
Soy yo, no temáis, no tengáis miedo. La paz con ustedes.

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TEMA: La presencia de Jesús trae necesariamente paz a la persona y a la comunidad.

Antífona de entrada: 1 Pedro 2, 9

Ustedes, al contrario, son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas. Ustedes estaban en las tinieblas y los llamó Dios a su luz admirable.

ORACIÓN COLECTA: Señor, tú te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hechos 6, 1-7 – “Eligieron siete hombres llenos del Espíritu Santo”

En aquellos días, habiendo aumentado el número de los discípulos, los helenistas se quejaron contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en el servicio diario. Los Doce reunieron a la multitud de los discípulos y les dijeron:

«No es conveniente que descuidemos la palabra de Dios por el servicio de las mesas. Por eso busquen de entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para confiarles este oficio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra».

Toda la asamblea estuvo de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; se los presentaron a los apóstoles, quienes después de orar les impusieron las manos.

La Palabra de Dios se difundía y el número de los discípulos en Jerusalén aumentaba considerablemente. Incluso un gran número de sacerdotes aceptaron la fe.

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SALMO 32, 1-2. 4-5. 18-19 – “Aclamen, justos, al Señor”.

Alégrense, justos, en el Señor, que la alabanza es propia de los buenos. Den gracias al Señor con el arpa, toquen para él la lira de diez cuerdas. Pues la palabra del Señor es sincera, todas sus acciones son leales.

Él ama la justicia y el derecho, el amor del Señor llena la tierra. El Señor se fija en quienes lo respetan, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.


EVANGELIO: Juan 6, 16-21 – “Vieron a Jesús caminando sobre las aguas”

Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la playa y subieron a una barca dirigiéndose a Carfanaún, al otro lado del lago. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos, y empezaron a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba.

Habían remado como cinco kilómetros, cuando vieron a Jesús que caminaba sobre las aguas y se acercaba a la barca, y se llenaron de espanto. Pero él les dijo: «Soy yo, no tengan miedo».

Quisieron subirlo a la barca, pero enseguida la barca se encontró en la orilla adonde se dirigían.

Antífona de comunión: Juan 17, 24

Te ruego por todos aquellos que me has dado: yo quiero que allí donde estoy yo, estén también conmigo y contemplen mi gloria, la que tú me diste porque me amaste antes que comenzara el mundo. Aleluya.

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DE LAS CATEQUESIS DE JERUSALÉN
El pan celestial y la bebida de salvación

Nuestro Señor Jesucristo, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomad y comed; esto es mi cuerpo”. Y, después de tomar el cáliz y pronunciar la acción de gracias, dijo: “Tomad y bebed, ésta es mi sangre”.

Si fue él mismo quien dijo sobre el pan: Esto es mi cuerpo, ¿quién se atreverá en adelante a dudar? Y si él fue quien aseguró y dijo: Ésta es mi sangre, ¿quién podrá nunca dudar y decir que no es su sangre?

Por lo cual estamos firmemente persuadidos de que recibimos como alimento el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues bajo la figura del pan se te da el cuerpo, y bajo la figura del vino, la sangre; para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, llegues a ser un solo cuerpo y una sola sangre con él.

Así, al pasar su cuerpo y su sangre a nuestros miembros, nos convertimos en portadores de Cristo. Y como dice el bienaventurado Pedro, nos hacemos partícipes de la naturaleza divina.

En otro tiempo, Cristo, disputando con los judíos, dijo: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tenéis vida en vosotros. Pero como no lograron entender el sentido espiritual de lo que estaban oyendo, se hicieron atrás escandalizados, pensando que se les estaba invitando a comer carne humana.

En la antigua alianza existían también los panes de la proposición: pero se acabaron precisamente por pertenecer a la antigua alianza.

En cambio, en la nueva alianza, tenemos un pan celestial y una bebida de salvación, que santifican alma y cuerpo. Porque del mismo modo que el pan es conveniente para la vida del cuerpo, así el Verbo lo es para la vida del alma.

No pienses, por tanto, que el pan y el vino eucarísticos son elementos simples y comunes: son nada menos que el cuerpo y la sangre de Cristo, de acuerdo con la afirmación categórica del Señor; y aunque los sentidos te sugieran lo contrario, la fe te certifica y asegura la verdadera realidad.

La fe que has aprendido te da, pues, esta certeza: lo que parece pan no es pan, aunque tenga gusto de pan, sino el cuerpo de Cristo; y lo que parece vino no es vino, aun cuando así lo parezca al paladar, sino la sangre de Cristo; por eso, ya en la antigüedad, decía David en los salmos: El pan da fuerzas al corazón del hombre y el aceite da brillo a su rostro; fortalece, pues, tu corazón comiendo ese pan espiritual, y da brillo al rostro de tu alma.

Y que con el rostro descubierto y con el alma limpia, contemplando la gloria del Señor como en un espejo, vayamos de gloria en gloria, en Cristo Jesús, nuestro Señor, a quien sea dado el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA EN ESTE NUEVO DÍA:

POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en esta nueva jornada?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando?

4) ¿A quién podría ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor? ¿Qué fruto espiritual podría cultivar hoy?

POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…” Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.


Los obispos plantearán al Gobierno retomar las misas con “mascarillas” y manteniendo la distancia

abril 22, 2020

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Queremos que el culto progresivamente pudiera volver a nuestros templos.

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Los obispos plantearán al Gobierno retomar las misas con “mascarillas” y manteniendo la distancia

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La Conferencia Episcopal Española (CEE) quiere reunirse con el Gobierno para plantear que, durante la fase de desescalada, se pueda retomar la celebración de las misas con público -que aunque no estaba prohibida se había interrumpido en la mayoría de templos-, tomando las medidas recomendadas por los sanitarios como acudir “con mascarilla”, mantener la distancia física entre los fieles o encontrar una manera de distribuir la comunión que no suponga un riesgo de transmisión del coronavirus COVID-19.

“Queremos que el culto progresivamente pudiera volver a nuestros templos. Por eso, nuestro deseo de poder conversar tanto a escala del Gobierno, como de las comunidades autónomas, para poder hacer esto sin dar pie a situaciones problemáticas, a intervenciones de la Policía, a conflictos de interpretación del artículo 7 y 11 del Real Decreto (por el que se declara el Estado de Alarma)”, ha subrayado el secretario general y portavoz de la CEE, Luis Argüello, este lunes 20 de abril, en rueda de prensa telemática.

Así se ha referido a los incidentes ocurridos en las pasadas semanas en algunos templos, como la Catedral de Granada, donde la Policía ha desalojado a los fieles que asistían a misa, y en los que el portavoz de los obispos considera que ha habido una actuación “desmedida” de los agentes, “interrumpiendo el culto”, ya que en el artículo 11 del Real Decreto se permite la celebración en el templo siempre que se guarde la distancia entre los fieles de al menos un metro.

En este contexto, para este tramo final del Estado de Alarma y para la progresiva salida de los ciudadanos a la calle, la Conferencia Episcopal quiere “clarificar con el Gobierno la situación del culto” para que se puedan retomar las misas con presencia del pueblo sin que la Policía irrumpa en mitad del culto.

Por ello, Argüello ha comentado que estos días están “en conversaciones tanto con médicos como con las administraciones públicas” así como dentro de la propia Iglesia para estudiar las posibles medidas que lo permitan.

En concreto, aquello en lo que los médicos les están “insistiendo” es en que deben retirarse o clausurarse las pilas de agua bendita, algo que ya propusieron los obispos cuando comenzaron a llegar los primeros casos de COVID-19 a España; que se pida a los participantes en la misa “que se laven las manos” a la entrada a los templos; “el uso de mascarillas” y el mantenimiento de una “distancia física”.

Además, están estudiando “cómo distribuir la comunión de forma que se asegure que ni el ministro de culto ni quien la recibe pueda ser cauce de contagio”. En todo caso, estas reflexiones habrán de ser contrastadas y sometidas a lo que las autoridades sanitarias dicten, según ha añadido Argüello.

El secretario general de la CEE ha insistido en que los templos se han cerrado en muchos lugares de España pero “la vida de la Iglesia se ha mantenido” y ha reconocido que ha habido algunas “cuestiones confusas” como “la redacción del artículo 7 y 11 del Real Decreto de Estado de Alarma” pues en el primero no se incluye ir a misa como una de las razones permitidas para salir a la calle pero en el 11 tampoco se prohíbe la celebración de la eucaristía, algo que, por otra parte, Argüello destaca que “no podría ser de otra manera” de acuerdo al artículo 16 de la Constitución Española que regula libertad religiosa y de culto.

https://www.20minutos.es/noticia/4232726/0/los-obispos-plantearan-al-gobierno-retomar-las-misas-con-mascarillas-y-manteniendo-la-distancia/


[ACTUALIZADO] España: Al menos 70 sacerdotes han fallecido por coronavirus

abril 21, 2020

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Imagen referencial. Crédito: Pixabay.

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[ACTUALIZADO] España: Al menos 70 sacerdotes han fallecido por coronavirus

Redacción ACCI Prensa

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España es el país de Europa más afectado por la pandemia del coronavirus y el segundo a nivel mundial, por detrás de Estados Unidos.

A 20 de abril en España hay 195.944 afectados, 20.453 personas han fallecido y 77.357 han superado la enfermedad en España.

Según informó el 20 de abril Mons. Luis Argüello, secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), “desde la información que hemos recibido podríamos hablar de en torno a 70 sacerdotes diocesanos, de la vida religiosa, con encomienda pastoral que han podido fallecer en España en este tiempo vinculados al ejercicio del ministerio”.

A esto hay que sumar “otros muchos sacerdotes mayores que han fallecido en residencias, casas de religiosos, religiosas de vida consagrada, algún sacerdote ya jubilado” cuyo fallecimiento seguramente “ha estado vinculado a esta enfermedad”, recoge la agencia Europa Press.

Según reportó la agencia Europa Press, a fecha del 17 de abril y con datos de 63 de las 70 diócesis de España, al menos 53 sacerdotes habían fallecido hasta entonces en España por coronavirus Covid-19.

Entre las diócesis más afectadas se encuentra la de Madrid, “con un total de 100 sacerdotes contagiados de diversa gravedad”. Según el Arzobipado de Madrid, desde el 11 de marzo, en el marco de la pandemia, han fallecido 28 sacerdotes en la archidiócesis de Madrid, 9 de ellos confirmados de coronavirus.

En la Diócesis de Pamplona-Tudela han fallecido 7 sacerdotes por este virus; en la diócesis de Ciudad Real fallecieron 5; en la de Palencia 4 sacerdotes diocesanos y un religioso; mientras que en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, que comprende la comunidad autónoma de La Rioja, han fallecido 4 sacerdotes.

Europa Press también precisa que en la Archidiócesis de Barcelona, Oviedo y Valladolid y la Diócesis de Getafe han fallecido 3 sacerdotes en cada una de ellas.

Mientras que en las Diócesis de Sigüenza-Guadalajara  y Astorga fallecieron 2 sacerdotes.

En la Archidiócesis de Valencia falleció un sacerdote, así como en la Archidiócesis de Santiago de Compostela y las diócesis de Vitoria, Málaga, Ourense, Solsona y Ciudad Rodrigo.

Mientras que en el resto de las diócesis consultadas por Europa Press no se ha reportado por el momento fallecimiento alguno de sacerdotes infectados por coronavirus Covid-19.

Aunque en la mayoría de las 70 diócesis de España hay sacerdotes contagiados por Covid-19, algunos ingresados en el hospital y también en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Así como también hay otros que ya han superado la enfermedad y se encuentran en casa.

https://www.aciprensa.com/noticias/espana-al-menos-53-sacerdotes-han-fallecido-por-coronavirus-covid-19-75346


26 sacerdotes han muerto ya en Italia por el coronavirus: «Una punzada, un golpe», clama un obispo

marzo 18, 2020

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Enrico Solmi, obispo de Parma, ha perdido a cinco sacerdotes de su clero

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26 sacerdotes han muerto ya en Italia por el coronavirus: «Una punzada, un golpe», clama un obispo

ReL

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La Iglesia Católica en Italia sufre junto a su pueblo y vive los mismos padecimientos en esta pandemia del coronavirus. Cada día mueren sacerdotes y otros tantos dan positivo y tienen que ser ingresados o atendidos en cuidados intensivos.

Así lo recoge el diario Avvenire, propiedad de los obispos italianos, que ha hecho un recuento de los curas fallecidos con este virus que ha acabado con la vida en aquel país de más de 2.500 personas.

La peor parte se la está llevando el norte de Italia y son también las diócesis de estas regiones las que están perdiendo más sacerdotes. Son ya al menos 26 los fallecidos por el virus. Su misión ha estado entre su gente, y están muriendo con ellos y como ellos.

Sacerdotes de 55 años y también ancianos de más de 100

El caso más desgarrador es el de Bérgamo, una diócesis de Lombardía algo más pequeña en habitantes que la de Getafe en habitantes y que ha perdido ya a un total de diez sacerdotes. El más mayor de ellos tenía 84 años y el más joven 59. Precisamente, esta ciudad es junto a Brescia uno de los principales focos del virus en todo el país.

La diócesis de Parma, al sur de Milán, también ha perdido ya a cinco sacerdotes. El más mayor de ellos tiene 94 años y el más joven tenía 55 años, contagiado por su madre también enferma. Cada día es un goteo en el que algún sacerdote pierde la vida por esta pandemia.

Diócesis como la de Piacenza ven también cómo se les han muerto tres sacerdotes, dos de ellos hermanos gemelos.  En Cremona, otro de los focos, falleció el sacerdote y periodista Vincenzo Rini, con 75 años y un muy anciano Mario Cavalleri, de 104 años, que dedicó su vida a los pobres y drogadictos.

En Milán, don Marco Barbetta, 82 años, capellán del Politécnico, una figura conocida en el movimiento de Comunión y Liberación, ha sido el primer sacerdote ambrosiano víctima del virus.

De la diócesis de Lodi aparece en esta lista Don Carlo Patti, de 66 años, quien también murió este martes. En Brescia ha muerto Don Giovanni Girelli, de 72 años; y en el Piamonte han muerto otros dos sacerdotes.

Mientras tanto, decenas de sacerdotes han dado positivo, algunos de ellos se encuentran en estado grave por lo que la cifra seguramente se vaya ampliando en breve.

Una “punzada”

Los sacerdotes que murieron en estos días han sido enterrados sin ritos funerarios, como el resto de víctimas del virus. Al igual que el resto de obispos de las diócesis involucradas, el obispo de Parma, Enrico Solmi, también pospuso una misa de sufragio para los sacerdotes que pagaron con su vida su exposición al virus.

“Es doloroso ver que también los sacerdotes se enferman, a veces por celo pastoral, y van más allá de la puerta de triaje donde, comprensiblemente, nadie puede entrar. Luego, alternando esperanzas y recaídas, nos dejan. Cinco sacerdotes de la diócesis han muerto desde el comienzo de esta epidemia. Ellos también compartieron este via crucis y el Obispo sigue sintiendo una punzada por su muerte, como un golpe que hace doblar las rodillas, el dolor que me invade a mí y al presbiterio, a las comunidades”, cuenta el obispo de Parma.

Además, añade que “el sufragio tiene lugar en la oración, en la celebración eucarística y también se plantean preguntas pastorales sobre las secuelas. Yo como obispo y muy pocos más esperamos el cuerpo en el cementerio. La breve oración, como el penúltimo acto de un acompañamiento hecho de signos y sufragio, esperando poder celebrar adecuadamente la Santa Misa en sufragio, cuando sea posible, dando la ocasión a los fieles y a aquellos que han compartido años de compañía y cercanía”.

https://www.religionenlibertad.com/europa/436332215/26-sacerdotes-han-muerto-ya-en-Italia-por-el-coronavirus-Una-punzada-un-golpe-clama-un-obispo.html?fbclid=IwAR2ShZ3v77GEh7zUmeotrNm-GZZH-bvPXx8a-9q4t6Y_AAAoOTMUD2JezdI


Los sacerdotes casados de rito latino, una realidad desde hace tiempo

marzo 9, 2020

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El Papa Francisco con familias de sacerdotes retirados ANSA

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Los sacerdotes casados de rito latino, una realidad desde hace tiempo

En contra de la intencionada omisión en ‘Querida Amazonía’

La dispensa del celibato sacerdotal se concede como una “gracia” extraordinaria concedida por el Romano Pontífice en el Código de derecho canónico
Los sacerdotes dispensados pueden considerarse una reserva más asequible, examinando caso por caso, de ministros de la eucaristía que la posibilidad futura de la ordenación de los viri probati

La exhortación apostólica postsinodal “Querida Amazonía” despertó gran interés mediático por las novedades en la disciplina de los sacramentos que propuso el Sínodo de los obispos en octubre de 2019. Teólogos latinoamericanos se apresuraron a anunciar que el papa Francisco haría propias las novedades planteadas por los obispos en el documento conclusivo.

Finalmente, el papa omitió intencionalmente referirse a las cuestiones disputadas a pesar de las mayorías logradas en el aula.

No obstante el silencio intencionado del papa Francisco, reconocidos teólogos anuncian ahora que se trata de una nueva hermenéutica en el Magisterio, según la cual, las Iglesias locales tendrán en lo sucesivo un mayor peso decisorio y Roma no será la única y decisiva palabra como ha sucedido en la tradición milenaria del rito latino. El tiempo dirá si esta vez tienen la razón.

De todos modos, aunque la ordenación de los “viri probati” para la Amazonía quedó por el momento “en el tintero” y en los sueños de una victoria pírrica de los padres sinodales, los sacerdotes casados de rito latino son una realidad desde hace tiempo.

En efecto, la dispensa del celibato sacerdotal se concede como una “gracia” extraordinaria concedida por el Romano Pontífice en el Código de derecho canónico que en el canon 290 anota que “Una vez recibida válidamente, la ordenación sagrada nunca se anula”, aunque el presbítero dispensado pierda el estado clerical con sus privilegios y obligaciones.

La continuidad de la validez de la ordenación sacerdotal es reconocida por el Código más adelante en el canon 976: “Todo sacerdote, aun desprovisto de facultad para confesar, absuelve válida y lícitamente a cualquier penitente que esté en peligro de muerte de cualesquiera censuras y pecados, aunque se encuentre presente un sacerdote aprobado”.

El Código menciona en el canon 293 incluso la posibilidad del regreso al estado clerical de los dispensados por medio de un rescripto de la Sede Apostólica.

De modo que en la normativa actual de la Iglesia los sacerdotes dispensados pueden considerarse una reserva más asequible, examinando caso por caso, de ministros de la eucaristía que la posibilidad futura de la ordenación de los viri probati (Subrayado del editor).

Canónicamente, la posibilidad existe, aun cuando en la práctica los retirados del ministerio sean tratados en algunos círculos eclesiásticos como los “Lapsi” de los primeros siglos que abjuraron de su fe ante la presión de las autoridades romanas y que eran rechazados por las comunidades cristianas.

Habría que distinguir aquí entre el rechazo manifiesto a la fe de la posibilidad humana de formar una familia bendecida por Dios en el matrimonio (Gn 2, 18-23).

Este es el caso de los sacerdotes dispensados y casados de rito latino, en plena comunión con la Iglesia; admitidos por gracia de Dios por medio del ministerio petrino a los sacramentos.

Una realidad que ya existe y que no depende de un sínodo, pero de la que nadie habla. Una reserva presente en todo el mundo que la Iglesia podría usar no sólo coyunturalmente en la Amazonia sino en todas las selvas de cemento que esperan ansiosas la reevangelización y los sacramentos.

La readmisión de sacerdotes dispensados y casados al ministerio podría efectuarse a discreción de los señores obispos y con permiso de la sede apostólica investigando caso por caso, como reconocimiento de la doble vocación al matrimonio y al ministerio sacerdotal en los fieles de la Iglesia que ya cuentan con ambos sacramentos.

Habría que ver cada caso porque las condiciones de la salida del ministerio son particulares. Algunos han salido resentidos y han terminado abjurando como los Lapsi de la fe católica, adhiriéndose a otras denominaciones religiosas más por necesidad laboral que por convencimiento interior.

Otros han “quemado las naves” y consideran su paso por el ministerio sacerdotal como una “narrativa ya superada por otras narrativas”. También hay quienes consideran que les interesa ahora “sólo la espiritualidad, no las religiones”, etc., etc.

De todos modos, valdría la pena que la Iglesia universal y las iglesias locales en la “nueva hermenéutica” revisaran a fondo la cuestión. Sacerdotes casados adscritos a parroquias o a comunidades en un laboratorio anterior a la posibilidad de ordenar “viri probati”.

Así, por el momento no habría que ordenar presbíteros a los diáconos permanentes a quienes la Iglesia reconoce la singularidad de su ministerio, ni alterar la norma del celibato sacerdotal para la mayoría del clero que sigue siendo fuente fecunda de gracia en la Iglesia de Cristo dentro de la diversidad de ministerios.

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El maná de cada día, 24.2.20

febrero 24, 2020

Lunes de la 7ª semana del Tiempo Ordinario

Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia
Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia


PRIMERA LECTURA: Santiago 3, 13-18

¿Hay alguno entre vosotros sabio y entendido? Que lo demuestre con una buena conducta y con la amabilidad propia de la sabiduría.

Pero, si tenéis el corazón amargado por la envidia y las rivalidades, no andéis gloriándoos, porque sería pura falsedad. Esa sabiduría no viene del cielo, sino que es terrena, animal, diabólica.

Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males.

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.


SALMO 18, 8.9.10.15

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mío.

Aclamación antes del Evangelio: 2Tm 1, 10

Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.

EVANGELIO: Marcos 9, 14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.

Él les preguntó: «¿De qué discutís?»

Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.»

Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»

Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos.

Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»

Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»

Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»

Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»

Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.»

Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.

Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»

Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.»

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METERÉ MI LEY EN SU PECHO

San León Magno. Sermón sobre las bienaventuranzas 95,1-2

Amadísimos hermanos: Al predicar nuestro Señor Jesu­cristo el Evangelio del reino, y al curar por toda Galilea enfermedades de toda especie, la fama de sus milagros se había extendido por toda Siria, y, de toda la Judea, in­mensas multitudes acudían al médico celestial.

Como a la flaqueza humana le cuesta creer lo que no ve y esperar lo que ignora, hacía falta que la divina sabiduría les conce­diera gracias corporales y realizara visibles milagros, para animarlas y fortalecerlas, a fin de que, al palpar su poder bienhechor, pudieran reconocer que su doctrina era sal­vadora.

Queriendo, pues, el Señor convertir las curaciones ex­ternas en remedios internos y llegar, después de sanar los cuerpos, a la curación de las almas, apartándose de las turbas que lo rodeaban, y llevándose consigo a los apósto­les, buscó la soledad de un monte próximo.

Quería ense­ñarles lo más sublime de su doctrina, y la mística cátedra y demás circunstancias que de propósito escogió daban a entender que era el mismo que en otro tiempo se dignó hablar a Moisés. Mostrando, entonces, más bien su terri­ble justicia; ahora, en cambio, su bondadosa clemencia.

Y así se cumplía lo prometido, según las palabras de Jere­mías: Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. Después de aquellos días –oráculo del Señor– meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones.

Así, pues, el mismo que habló a Moisés fue el que habló a los apóstoles, y era también la ágil mano del Ver­bo la que grababa en lo íntimo de los corazones de sus discípulos los decretos del nuevo Testamento; sin que hubiera como en otro tiempo densos nubarrones que lo ocultaran, ni terribles truenos y relámpagos que aterro­rizaran al pueblo, impidiéndole acercarse a la montaña, sino una sencilla charla que llegaba tranquilamente a los oídos de los circunstantes.

Así era como el rigor de la ley se veía suplantado por la dulzura de la gracia, y el espíritu de hijos adoptivos sucedía al de esclavitud en el temor.

Las mismas divinas palabras de Cristo nos atestiguan cómo es la doctrina de Cristo, de modo que los que anhe­lan llegar a la bienaventuranza eterna puedan identificar los peldaños de esa dichosa subida. Y así dice: Dicho­sos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Podría no entenderse de qué pobres hablaba la misma Verdad, si, al decir: Dichosos los pobres, no hubiera añadido cómo había de entenderse esa pobreza; porque podría parecer que para merecer el reino de los cielos basta la simple miseria en que se ven tantos por pura necesidad, que tan gravosa y molesta les resulta.

Pero, al decir dichosos los pobres en el espíritu, da a entender que el reino de los cielos será de aquellos que han merecido más por la humildad de sus almas que por la carencia de bienes.


El maná de cada día, 22.2.20

febrero 22, 2020

La Cátedra del apóstol san Pedro

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia


Antífona de entrada:
Lc 22, 32

El Señor dice a Simón Pedro: Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

Oración colecta

Dios todopoderoso, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto:

Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño.

Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

SALMO 22, 1-3.4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara, mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 16, 18

Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré a mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

EVANGELIO: Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Antífona de comunión: Mt 16, 16. 18

Pedro dijo a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
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Basílica de San Pedro, Roma
Basílica de San Pedro, Roma

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LA IGLESIA DE CRISTO SE LEVANTA SOBRE LA FIRMEZA DE LA FE DE PEDRO

De los sermones de san León Magno, papa

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De todos se elige a Pedro, a quien se pone al frente de la misión universal de la Iglesia, de todos los apóstoles y los Padres de la Iglesia; y, aunque en el pueblo de Dios hay muchos sacerdotes y muchos pastores, a todos los gobierna Pedro, aunque todos son regidos eminentemente ­por Cristo.

La bondad divina ha concedido a este hombre una excelsa y admirable participación de su poder, y todo lo que tienen de común con Pedro los otros jerarcas, les es concedido por medio de Pedro.

El Señor pregunta a sus apóstoles qué es lo que los hombres opinan de él, y en tanto coinciden sus respuestas en cuanto reflejan la ambigüedad de la ignorancia humana.

Pero, cuando urge qué es lo que piensan los mismos discípulos, es el primero en confesar al Señor aquel que es primero en la dignidad apostólica. A las palabras de Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, le responde el Señor: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Es decir: «Eres verdaderamente dichoso porque es mi Padre quien te lo ha revelado; la humana opinión no te ha inducido a error, sino que la revelación del cielo te ha iluminado, y no ha sido nadie de carne y hueso, sino que te lo ha enseñado aquel de quien soy el Hijo único».

Y añade: Ahora te digo yo, esto es: «Del mismo modo que mi Padre te ha revelado mi divinidad, igualmente yo ahora te doy a conocer tu dignidad: Tú eres Pedro, que soy la piedra inviolable, la piedra angular que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, yo, que soy el fundamento, fuera del cual nadie puede edificar, te digo a ti, Pedro, que eres también piedra, porque serás fortalecido por mi poder de tal forma que lo que me pertenece por propio poder sea común a ambos por tu participación conmigo».

Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. «Sobre esta fortaleza –quiere decir– construiré el templo eterno y la sublimidad de mi Iglesia, que alcanzará el cielo y se levantará sobre la firmeza de la fe de Pedro».

El poder del infierno no podrá con esta profesión de fe ni la encadenarán los lazos de la muerte, pues estas palabras son palabras de vida. Y del mismo modo que lleva al cielo a los confesores de la fe, igualmente arroja al infierno a los que la niegan.

Por esto dice al bienaventurado Pedro: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

La prerrogativa de este poder se comunica también a los otros apóstoles y se transmite a todos los obispos de la Iglesia, pero no en vano se encomienda a uno o que se ordena a todos; de una forma especial se otorga esto a Pedro, porque la figura de Pedro se pone al frente de todos los pastores de la Iglesia.


El maná de cada día, 15.2.20

febrero 15, 2020

Sábado de la 5ª Semana del Tiempo Ordinario

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multiplicación de los panes y peces
La gente comió hasta quedar satisfecha

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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 12, 26-32; 13,33-34

En aquellos días, Jeroboán pensó para sus adentros:

«Todavía puede volver el reino a la casa de David. Si la gente sigue yendo a Jerusalén para hacer sacrificios en el templo del Señor, terminarán poniéndose de parte de su señor, Roboán, rey de Judá; me matarán y volverán a unirse a Roboán, rey de Judá.»

Después de aconsejarse, el rey hizo dos becerros de oro y dijo a la gente: «¡Ya está bien de subir a Jerusalén! ¡Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto!»

Luego colocó un becerro en Betel y el otro en Dan. Esto incitó a pecar a Israel, porque unos iban a Betel y otros a Dan. También edificó ermitas en los altozanos; puso de sacerdotes a gente de la plebe, que no pertenecía a la tribu de Leví.

Instituyó también una fiesta el día quince del mes octavo, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar que había levantado en Betel, a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho. En Betel estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido.

Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los altozanos a gente de la plebe; al que lo deseaba lo consagraba sacerdote de los altozanos.

Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra.

SALMO 105, 6 7a. 19-20. 21-22

Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas.

En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba.

Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el pais de Cam, portentos junto al mar Rojo.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4b

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO: Marcos 8, 1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo:

«Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.»

Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?»

Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»

Ellos contestaron: «Siete.»

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil.

Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

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