¿Qué significa el apostolado? ¿quiénes son los apóstoles hoy?

julio 20, 2019

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“Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!». ¿A qué esperamos nosotros?”

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¿Qué significa el apostolado? ¿quiénes son los apóstoles hoy?

La palabra griega apostoloi significa enviado. Hace referencia a la llamada que hace Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo. “Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!». ¿A qué esperamos nosotros?”

Del Opus Dei

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Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros». Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Juan 1,41).

La samaritana, apenas salió de su diálogo con Jesús, se convirtió en misionera, y muchos samaritanos creyeron en Jesús «por la palabra de la mujer» (Juan 4,39). También san Pablo, a partir de su encuentro con Jesucristo, «enseguida se puso a predicar que Jesús era el Hijo de Dios» (Hechos de los Apóstoles 9,20).

¿A qué esperamos nosotros? Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 120.

¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón… y muchas veces lo envilecen…, dejad eso y venid con nosotros tras el Amor? Camino, 790

1. ¿Qué es el apostolado?

La palabra griega apostoloi significa enviado. Hace referencia a la llamada que hace Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo. “Como el Padre me envió, también yo os envío” (Juan 20, 21); “embajadores de Cristo” (2 Corintios 5, 20), “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Corintios 4, 1).

Todos los cristianos, por la naturaleza de la vocación cristiana, están llamados a propagar el Reino de Cristo por toda la tierra.

Catecismo de la Iglesia Católica, 858-859; 863

Contemplar el misterio

Apóstol es el cristiano que se siente injertado en Cristo, identificado con Cristo, por el Bautismo; habilitado para luchar por Cristo, por la Confirmación; llamado a servir a Dios con su acción en el mundo, por el sacerdocio común de los fieles, que confiere una cierta participación en el sacerdocio de Cristo, que –siendo esencialmente distinta de aquella que constituye el sacerdocio ministerial– capacita para tomar parte en el culto de la Iglesia, y para ayudar a los hombres en su camino hacia Dios, con el testimonio de la palabra y del ejemplo, con la oración y con la expiación.

Cada uno de nosotros ha de ser ipse Christus. El es el único mediador entre Dios y los hombres; y nosotros nos unimos a El para ofrecer, con El, todas las cosas al Padre. Nuestra vocación de hijos de Dios, en medio del mundo, nos exige que no busquemos solamente nuestra santidad personal, sino que vayamos por los senderos de la tierra, para convertirlos en trochas que, a través de los obstáculos, lleven las almas al Señor; que tomemos parte como ciudadanos corrientes en todas las actividades temporales, para ser levadura que ha de informar la masa entera.

Si te decides –sin rarezas, sin abandonar el mundo, en medio de tus ocupaciones habituales– a entrar por estos caminos de contemplación, enseguida te sentirás amigo del Maestro, con el divino encargo de abrir los senderos divinos de la tierra a la humanidad entera.

Sí, con esa labor tuya contribuirás a que se extienda el reinado de Cristo en todos los continentes. Y se sucederán, una tras otra, las horas de trabajo ofrecidas por las lejanas naciones que nacen a la fe, por los pueblos de oriente impedidos bárbaramente de profesar con libertad sus creencias, por los países de antigua tradición cristiana donde parece que se ha oscurecido la luz del Evangelio y las almas se debaten en las sombras de la ignorancia…

Entonces, ¡qué valor adquiere esa hora de trabajo!, ese continuar con el mismo empeño un rato más, unos minutos más, hasta rematar la tarea. Conviertes, de un modo práctico y sencillo, la contemplación en apostolado, como una necesidad imperiosa del corazón, que late al unísono con el dulcísimo y misericordioso Corazón de Jesús, Señor Nuestro. Amigos de Dios, 67

El apostolado implica un diálogo personal, donde las personas expresan y comparten sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón.

2. ¿Por qué hacer apostolado?

Todos los fieles, pastores y laicos, están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra.

En los laicos la evangelización adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo: «Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes como a los fieles. Catecismo de la Iglesia Católica, 900; 905

Contemplar el misterio

¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón… y muchas veces lo envilecen…, dejad eso y venid con nosotros tras el Amor? Camino, 790

Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. –Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado! Forja, 638

Con la maravillosa normalidad de lo divino, el alma contemplativa se desborda en afán apostólico: me ardía el corazón dentro del pecho, se encendía el fuego en mi meditación. ¿Qué fuego es ése sino el mismo del que habla Cristo: fuego he venido a traer a la tierra y qué he de querer sino que arda?.

Fuego de apostolado que se robustece en la oración: no hay medio mejor que éste para desarrollar, a lo largo y a lo ancho del mundo, esa batalla pacífica en la que cada cristiano está llamado a participar: cumplir lo que resta que padecer a Cristo.

No me cansaré de repetir, por tanto, que el mundo es santificable; que a los cristianos nos toca especialmente esa tarea, purificándolo de las ocasiones de pecado con que los hombres lo afeamos, y ofreciéndolo al Señor como hostia espiritual, presentada y dignificada con la gracia de Dios y con nuestro esfuerzo.

En rigor, no se puede decir que haya nobles realidades exclusivamente profanas, una vez que el Verbo se ha dignado asumir una naturaleza humana íntegra y consagrar la tierra con su presencia y con el trabajo de sus manos. La gran misión que recibimos, en el Bautismo, es la corredención.

Nos urge la caridad de Cristo, para tomar sobre nuestros hombros una parte de esa tarea divina de rescatar las almas. Es Cristo que pasa, 120

El apostolado cristiano –y me refiero ahora en concreto al de un cristiano corriente, al del hombre o la mujer que vive siendo uno más entre sus iguales– es una gran catequesis, en la que, a través del trato personal, de una amistad leal y auténtica, se despierta en los demás el hambre de Dios y se les ayuda a descubrir horizontes nuevos: con naturalidad, con sencillez he dicho, con el ejemplo de una fe bien vivida, con la palabra amable pero llena de la fuerza de la verdad divina.

Sed audaces. Contáis con la ayuda de María, Regina apostolorum. Y Nuestra Señora, sin dejar de comportarse como Madre, sabe colocar a sus hijos delante de sus precisas responsabilidades. María, a quienes se acercan a Ella y contemplan su vida, les hace siempre el inmenso favor de llevarlos a la Cruz, de ponerlos frente a frente al ejemplo del Hijo de Dios.

Y en ese enfrentamiento, donde se decide la vida cristiana, María intercede para que nuestra conducta culmine con una reconciliación del hermano menor –tú y yo– con el Hijo primogénito del Padre. Es Cristo que pasa, 149

Del encuentro con Cristo nace el deseo de compartir esa alegría con los demás, Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 3

3. ¿Por qué el apostolado es dar luz?

“Vosotros sois la luz del mundo y sal de la tierra” (Mateo 5, 11-16). La luz del Evangelio es “una luz que atrae”. Al ver las buenas obras del cristiano, el prójimo está llevado a dar gloria a Dios, a descubrir y alabar el inefable amor de Dios. El apostolado es dar testimonio de la luz.

Implica un diálogo personal, donde las personas expresan y comparten sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón.

Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra, sea con la lectura de algún versículo o de un modo narrativo, pero siempre recordando el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad.

Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera. A veces se expresa de manera más directa, otras veces a través de un testimonio personal, de un relato, de un gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta.

Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado. Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia.

El mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos para manifestar ante los hombres la fuerza de verdad y de irradiación del Evangelio. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios. Evangelium Gaudium, 100;128.

Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado depende de su unión vital con Cristo. La caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, “siempre es como el alma de todo apostolado”. Catecismo de la Iglesia Católica, 864; 2044

Contemplar el misterio

¡Sé alma de Eucaristía! Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado! Forja, 835

¿Y qué otros consejos os sugiero? Pues los procedimientos que han utilizado siempre los cristianos que pretendían de verdad seguir a Cristo, los mismos que emplearon aquellos primeros que percibieron el alentar de Jesús: el trato asiduo con el Señor en la Eucaristía, la invocación filial a la Santísima Virgen, la humildad, la templanza, la mortificación de los sentidos –que no conviene mirar lo que no es lícito desear, advertía San Gregorio Magno- y la penitencia.
Amigos de Dios, 186

Llenar de luz el mundo, ser sal y luz: así ha descrito el Señor la misión de sus discípulos. Llevar hasta los últimos confines de la tierra la buena nueva del amor de Dios. A eso debemos dedicar nuestras vidas, de una manera o de otra, todos los cristianos.

Es necesario, pues, despertar a quienes hayan podido caer en ese mal sueño: recordarles que la vida no es cosa de juego, sino tesoro divino, que hay que hacer fructificar. Es necesario también enseñar el camino, a quienes tienen buena voluntad y buenos deseos, pero no saben cómo llevarlos a la práctica.

Cristo nos urge. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo. Es Cristo que pasa, 147

https://opusdei.org/es-co/article/que-significa-el-apostolado-quienes-son-los-apostoles-hoy/


Antonio Aradillas: “¿Oposiciones para obispos?”

julio 18, 2019

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MItra, báculo, pectoral y anillo episcopales

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Antonio Aradillas: “¿Oposiciones para obispos?”

“Una oposición consagraría de manera oficial a un obispo”

La “dedocracia” al alimón y en respuesta a intereses personales o de grupos no puede ser más nefasta

Antes que la democracia pudiera irrumpir en el sistema “canónico” de las elecciones episcopales, podrían resultar efectivos y justos  -por lo de “carrera”-  los ejercicios de las oposiciones al uso en general

¿No tendrán que cambiar radicalmente no pocas, e importantes, maneras de ser y ejercer de obispos?

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Nos dejamos de tabarras, tostones y monsergas y, adoctrinados felizmente por el papa Francisco, llegamos a la conclusión de que para muchos clérigos, sus estudios y su “vocación” no fueron otra cosa que episodios de una “carrera” reconocida como “eclesiástica”, con todos sus predicamentos, consecuencias y connotaciones.

Lo que menos pudieron y debieron llamarse  los planteamientos propios de la preparación para el sacerdocio es precisamente “carrerismo”, con la meta lógica del episcopado en su culmen o aspiración.

Y en el panorama de la praxis aparece con hidalguía y ortodoxia intelectual, el concepto de “oposición”, que entraña gramaticalmente el de “conjunto de ejercicios selectivos en los que los aspirantes a un puesto demuestran sus conocimientos ante un tribunal”.

La aprobación de una oposición consagra de manera “oficial”  la condición de “profesión”, equiparable, o más, al de la “vocación” en el plan de Dios en relación con la sacrosanta re-creación permanente del mundo…

Para desgracia de la Iglesia, el sistema vigente respecto al nombramiento-selección (¡¡) de su episcopado, no ha producido ni produce los frutos mínimamente anhelados. La “dedocracia” al alimón y en respuesta  a intereses personales o de grupos  -espirituales y aún materiales-, no puede ser más nefasta.

Los episcopados se han “regalado”, comprado –y se venden- al mejor postor, y el bien espiritual de la Iglesia, el servicio al pueblo –y más si este es pobre-, que substituyeron a la santa y primitiva intervención directa del pueblo, fueron relegados a los extramuros de las catedrales y de las palaciegas mansiones, cuyos moradores eran -y son- en exclusiva y “por la gracia de Dios” sus respectivos prelados.

Así las cosas, y vistos y comprobados los resultados de la santa y misteriosa “dedocracia”, antes que la democracia pudiera irrumpir en el sistema “canónico” de las elecciones episcopales, podrían resultar efectivos y justos -por lo de “carrera”- los ejercicios de las oposiciones al uso en general. Sí, oposiciones para obispos…

¿Oposiciones para obispos? ¿Y quiénes podrían aspirar a ello? ¿Sólo los clérigos? Después de haber estudiado la historia de la Iglesia, sus tiempos y las de los sujetos responsables de sus diócesis –aún de la de Roma-, ¿podrían aspirar al episcopado -a tenor del principio proclamado por san Pablo-, también los laicos y las laicas?

¿Acaso san Ambrosio no fue elegido –proclamado- obispo de Milán, por el pueblo, sin ser siquiera sacerdote? ¿Y por qué obispo “para toda la vida” y no “ad tempus”, hoy que tanto ella –la vida- se alarga, y no hasta que las necesidades de la Iglesia resulten ser otras y distintas?

¿No tendrán que cambiar radicalmente no pocas, e importantes, maneras de ser y ejercer de obispos, como para que no falten aspirantes a ocupar cátedras –sedes- tan sagradas?

Prosiguiendo con la letanía de las preguntas intencionada y doblemente “religiosas”, ¿cuáles serían las asignaturas y disciplinas, objetos primordiales del examen de las oposiciones episcopales? ¿Serían los estudios clásicos del latín, del hebreo, del Derecho Canónico, la liturgia, la administración de los bienes eclesiásticos, muebles e inmuebles, fungibles o no, fincas, casas y acciones  bancarias…?

¿Lo sería el trato con la gente, la simpatía, la empatía, la capacidad de integración en sus problemas, la cercanía a los mismos, la humildad –humanidad-,  los ritos, la participación en sus fiestas, dolores, gozos y esperanzas…?

¿No serían rechazables por naturaleza “religiosa” los “amantes de la buena mesa”, de las “dignidades”, mitras, báculos, fiestas sociales y políticas, y quienes estén sempiternamente “orientados” a Roma, mirando al Nuncio de SS. o a sus allegados?

¿Tal vez podrán suponerles a los candidatos a obispos algún punto a favor, o en disfavorel asiduo trato con los pobres, el compromiso con “la gente de tropa”, la interpretación audaz de los evangelios y la palabra clara y contundente contra la corrupción en su variedad de versiones humanas y “divinas”?

¿Se contabilizarán como motivaciones “episcopables” las peregrinaciones, las procesiones, los actos masivos de “afirmación religiosa”,  y no la promoción de casas para los “sin techos” y los emigrantes, campos de ocio y entretenimiento, residencias para mayores y escuelas, escuelas y escuelas?

Capítulo relevante en la implantación del sistema de las oposiciones para obispos, será la selección de los miembros del tribunal competente para el examen: ¿Serán sus miembros otros obispos, de la misma o distinta “cuerda”? ¿Intervendrán los canónigos, hoy con funciones tan recortadas e inútiles?

¿De qué forma y manera lo harán los laicos y laicas, los ricos y los pobres, los jóvenes y los mayores, las amas de casa, los “sin techos”, los emigrantes, las maltratadas, las exprostitutas y los excuras?

¿Se atreverá el tribunal a no examinar siquiera a los canonistas con irrenunciables aspiraciones a obispos, abriéndoles puertas y ventanas plenamente a los pastoralistas, biblistas, críticos o “analfabetos”, pero todos ellos “por el reino de Dios”?

¡Por amor a Dios y de la Iglesia! Apresúrense a convocar oposiciones a obispos antes de que la mayoría de sus aspirantes se vean obligados a presentar las partidas del respectivo bautismo que recibieron en sus países hispanoamericanos o en los llamados “de misión”…

Un recuerdo misericordioso para aquellos obispos que convocaron oposiciones para canónigos, “beneficiados” y curas de “parroquias en propiedad” y en calidad de “cortijos”…

https://www.religiondigital.org/opinion/Antonio-Aradillas-preparacion-sacerdocio-carrerismo_0_2140885898.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter


Andrea Tornielli: “No hay ingenuidad en las Orientaciones Pastorales para el clero chino”

junio 28, 2019

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Mujeres chinas hacen la limpieza de la iglesia de la comunidad

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Andrea Tornielli: “No hay ingenuidad en las Orientaciones Pastorales para el clero chino”

“La Santa Sede es consciente de las limitaciones y de las ‘presiones intimidatorias’ que sufren muchos católicos chinos, pero quiere demostrar que se puede mirar hacia adelante”

“Es la diligencia del Papa la que permite anclar estas Orientaciones sobre la esperanza cristiana, siguiendo al Espíritu que impulsa a la Iglesia a escribir una página nueva”

(Andrea Tornielli, director de los ‘media’ vaticanos, Vatican News).- Absoluto respeto a la libertad de conciencia de cada uno, cercanía y comprensión de la situación que aún viven las comunidades católicas, sugerencias para opciones operativas concretas que permitan al Clero chino inscribirse sin dejar de lado lo que la Iglesia católica ha creído siempre sobre la comunión con el Sucesor de Pedro.

Es esto lo que contiene la Nota de la Santa Sede sobre las Orientaciones Pastorales para los Obispos y sacerdotes de la República Popular China.

En el origen del documento están las muchas preguntas llegadas al Vaticano por parte del Clero de China: ¿Qué comportamiento adoptar ante la urgente solicitud de inscribirse de acuerdo a lo establecido por la ley por las autoridades políticas? ¿Qué hacer con el dilema de la conciencia representado por algunos textos problemáticos que a menudo se les pide que firmen?

Ante estos interrogantes, la Santa Sede responde sobre todo reafirmando un principio general fundamental: debe ser respetada la libertad de conciencia y, por lo tanto nadie puede ser obligado a dar un paso que no tiene la intención de realizarlo.

El principio de un camino

La firma del Acuerdo Provisorio entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de Obispos de septiembre de 2018 ha iniciado un camino nuevo en las relaciones chino-vaticanas y ha llevado al primer resultado importante de la plena comunión de todos los obispos chinos con el Papa.

Pero no todas las dificultades se han resuelto: el Acuerdo representa, de hecho, sólo el principio de un camino.

Una de las dificultades actuales se refiere a la petición dirigida a los sacerdotes y obispos para que se inscriban oficialmente ante las autoridades, tal y como prescribe la legislación china.

A pesar del compromiso de querer encontrar una solución aceptable y compartida, en diferentes regiones de la República Popular China se proponen a los sacerdotes textos para firmar que no están conformes con la doctrina católica, que crea comprensibles dificultades de conciencia, ahí donde se les pide aceptar el principio de independencia, autonomía y autogestión de la Iglesia en China.

La situación actual es muy diferente a la de los años Cincuenta, cuando se intentó crear una Iglesia nacional china separada de Roma. Hoy, gracias al Acuerdo Provisorio, las autoridades de Pekín reconocen el rol peculiar del Obispo de Roma en la elección de los candidatos al episcopado y, por tanto, su autoridad como pastor de la Iglesia Universal.

La Santa Sede continúa trabajando, para que toda declaración, requerida en el momento de la inscripción, se ajuste no sólo a las leyes chinas, sino también a la doctrina católica y, por lo tanto, aceptable para los Obispos y sacerdotes.

Una sugerencia del Papa Ratzinger

Teniendo en cuenta la situación particular que viven las comunidades cristianas del País, en espera de superar definitivamente el problema, la Santa Sede sugiere, por tanto, una posible modalidad concreta para permitir a la persona que se encuentra en duda, pero deseosa de inscribirse, que pueda resolver sus reservas.

Se trata de una sugerencia que se introduce en el surco inaugurado por la Carta a los católicos chinos publicada en mayo de 2007 por Benedicto XVI.

En ese texto, el Papa Ratzinger reconocía que «en bastantes casos concretos, si no en casi todos, en el proceso de reconocimiento intervienen organismos que obligan a las personas implicadas a asumir actitudes, a realizar gestos y a adquirir compromisos que son contrarios a los dictámenes de su conciencia como católicos».

Y agregaba: «Comprendo, pues, lo difícil que resulta determinar en estas diversas condiciones y circunstancias la opción correcta para actuar. Por este motivo la Santa Sede, después de reafirmar los principios, deja la decisión a cada Obispo que, después de escuchar a su presbiterio, está en condiciones de conocer mejor la situación local, sopesar las posibilidades concretas de opción y valorar las eventuales consecuencias dentro de la comunidad diocesana».

Hace doce años atrás, por lo tanto, el Papa mostraba comprensión y, de hecho, autorizaba a cada uno de los Obispos a decidir pensando en primer lugar en el bien de sus respectivas comunidades.

Sugerencias para el Clero chino en el respeto de la libertad de conciencia – Vatican News https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2019-06/vaticano-editorial-clero-chino-libertad-conciencia-gobierno.html#.XRYcOVpMGto.twitter 

Las Orientaciones pastorales de la Santa Sede para Obispos y sacerdotes ante la solicitud de las autoridades gubernamentales de inscribirse …

Sin dejar de lado la doctrina

Hoy la Santa Sede realiza una ulterior etapa de carácter pastoral en el camino emprendido y en un contexto objetivamente diferente del pasado. Con las Orientaciones Pastorales ahora publicadas, se sugiere la posibilidad de que los Obispos y sacerdotes pidan, en el momento de la inscripción, que se añada una frase escrita, donde se afirme que la independencia, autonomía y autogestión de la Iglesia se entienden sin dejar de lado la doctrina católica.

Es decir, como independencia política, autonomía administrativa y autogestión pastoral, la misma que viven todas las Iglesias locales del mundo.

Si no fuera permitido hacer el añadido por escrito, al Obispo o sacerdote que quiere inscribirse se le sugiere la oportunidad de hacer esta puntualización al menos verbalmente, posiblemente en presencia de un testigo. Y también se le pide que informe inmediatamente a su propio Obispo de la inscripción y de las circunstancias en las que se ha realizado. En cambio, quien no esté seguro de inscribirse en estas condiciones, no debe sufrir presiones indebidas.

Una mirada realista

Es evidente el origen del documento: una mirada realista a la situación existente y a las dificultades aún presentes, la intención de ayudar a quien se encuentra en la duda respetando siempre la conciencia de cada uno en la conciencia de los sufrimientos sufridos, la voluntad de contribuir a la unidad de los católicos chinos y de favorecer el público ejercicio del ministerio episcopal y sacerdotal para el bien de los fieles: de hecho, la clandestinidad, como escribía Benedicto XVI en su Carta, «no está contemplada en la normalidad de la vida de la Iglesia».

También entre las líneas de esta última Nota de la Santa Sede se vislumbra la ley suprema de la “salus animarum”, la salvación de las almas, y la intención de cooperar por la unidad de las comunidades católicas chinas, según una mirada evangélica que manifiesta cercanía y comprensión por lo que han vivido y están viviendo los fieles en China.

En su Mensaje del 26 de septiembre de 2018 a los católicos chinos, el Papa Francisco había expresado «sentimientos de gratitud al Señor y de sincera admiración —que es la admiración de toda la Iglesia católica— por el don de vuestra fidelidad, de la constancia en la prueba, de la arraigada confianza en la Providencia divina, también cuando ciertos acontecimientos se demostraron particularmente adversos y difíciles».

Finalmente, hay que decir con claridad: no hay ingenuidad en las Orientaciones Pastorales. La Santa Sede es consciente de las limitaciones y de las “presiones intimidatorias” que sufren muchos católicos chinos, pero quiere demostrar que se puede mirar hacia adelante y caminar sin desviarse de los principios fundamentales de la comunión eclesial.

Es la diligencia del Papa la que permite anclar estas Orientaciones sobre la esperanza cristiana, siguiendo al Espíritu que impulsa a la Iglesia a escribir una página nueva.

https://www.religiondigital.org/vaticano/Andrea-Tornielli-ingenuidad-Orientaciones-Pastorales-clero-china-libertad-conciencia_0_2135186489.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter


El Vaticano pide a China que cese las «presiones intimidatorias» contra los católicos «no oficiales»

junio 28, 2019

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El Papa Francisco, en una imagen reciente – EFE

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El Vaticano pide a China que cese las «presiones intimidatorias» contra los católicos «no oficiales»

Reitera a los obispos y sacerdotes la libertad de registrarse con reservas

Por Juan Vicente Boo, corresponsal en el Vaticano

En vista de que las autoridades chinas de algunas provincias siguen acosando a los obispos, sacerdotes y comunidades católicas que se niegan a registrarse, el Vaticano ha pedido el viernes «que no se ejerzan presiones intimidatorias sobre las comunidades católicas ‘no oficiales’ como, por desgracia, ha sucedido».

Las «Orientaciones pastorales sobre el registro civil del clero en China» denuncian que los trámites para poder celebrar actividades religiosas con libertad «incluyen casi siempre la firma de un documento en que se declara aceptar, entre otras cosas, el principio de independencia, autonomía y auto-administración de la Iglesia en China».

Como la situación es no solo compleja sino diferente según los lugares, «la Santa Sede, por una parte, no quiere forzar la conciencia de nadie, pero por otra considera que la clandestinidad no forma parte de la normalidad en la vida de la Iglesia», tal como indicó Benedicto XVI en su carta del 27 de mayo de 2007 a los católicos en China, en que invitaba a los sacerdotes y obispos a registrarse ante las autoridades.

En vista de que, a pesar de los avances conseguidos con el acuerdo bilateral de septiembre de 2018 para el nombramiento de obispos, las autoridades comunistas siguen exigiendo esas declaraciones de independencia de la Iglesia china, el Vaticano propone a obispos y sacerdotes que firmen el documento añadiendo por escrito o, al menos verbalmente, su reserva.

Al mismo tiempo, el Vaticano respeta la decisión de quienes, en conciencia, piensen que no deben firmar esas declaraciones y prefieran continuar en la clandestinidad más o menos tolerada según los lugares. Y pide a los fieles laicos que «no solo comprendan la complejidad de la situación sino que, además, acojan con corazón magnánimo la dolorosa decisión de sus Pastores, cualquiera que sea».

En definitiva, urge a mantener la unidad espiritual y la fraternidad, con independencia de que se considere mejor registrarse bajo condiciones abusivas, o continuar de modo «clandestino» con las dificultades y represalias que eso conlleva.

https://www.abc.es/sociedad/abci-vaticano-pide-china-cese-presiones-intimidatorias-contra-catolicos-no-oficiales-201906281359_noticia.html?fbclid=IwAR12VMIxcQP3qLkbVx76K1QmsIbyzbXu84x4H-51pU0AzcvF9y6t7usAkPM#ns_campaign=rrss-inducido&ns_mchannel=abc-es&ns_source=fb&ns_linkname=noticia-foto&ns_fee=0


La celebración de la Eucaristía en la Iglesia primitiva

junio 27, 2019

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“Nadie alimenta a los convidados con su misma persona; pero esto es lo que hace Cristo el Señor: Él mismo es a la vez anfitrión, comida y bebida” (SAN AGUSTÍN, Sermón sobre el natalicio de los mártires, 1-2).

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La celebración de la Eucaristía en la Iglesia primitiva: “SIN EL DOMINGO NO PODEMOS VIVIR”

Así vivían los primeros cristianos la Eucaristía

Testimonio de los Apologistas y de los Padres de la Iglesia.

San Justino  (165 d.C.)

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165, es considerado el mayor apologeta del Siglo II. En uno de los primeros textos cristianos, San Justino explica cómo se celebraba la Eucaristía en los primeros tiempos.

“El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas.

Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas. Luego nos levantamos y oramos por nosotros… y por todos los demás dondequiera que estén, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna.

Luego se lleva al que preside el pan y una copa con vino y agua mezclados. El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones. Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo ha respondido “amén”, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes el pan y el vino “eucaristizados”.

En otro momento, dice:

“A nadie le es lícito participar en la Eucaristía, si no cree que son verdad las cosas que enseñamos y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó. Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria, sino que así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne y sangre a causa de nuestra salvación, de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias, que contiene las palabras de Jesús y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó.

Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias dijo: “Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo”. Y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: “Esta es mi sangre”, dándoselo a ellos solos.

Desde entonces seguimos recordándonos unos a otros estas cosas. Y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de otros que no los tienen y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo”. (SAN JUSTINO, Carta a Antonino Pío, Emperador, año 155)

San Cirilo de Alejandría  (444 d.C.)

Padre de la Iglesia, quien entregó su vida para mostrar que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, ante las herejías de su época. En el Comentario al Evangelio de San Juan dice:

El Cuerpo de Cristo vivifica a los que de él participan: aleja la muerte al hacerse presente en nosotros, sujetos a la muerte, y aparta la corrupcion, ya que contiene en sí mismo la virtualidad necesaria para anularla totalmente” (SAN CIRILO DE ALEJANDRIA, Coment. Evang. S. Juan, 5).

San Cirilo emplea el símil de la cera para explicar la unión de nuestro cuerpo al de Cristo en la Eucaristía:

“Así como cuando uno junta dos trozos de cera y los derrite por medio del fuego, de los dos se forma una sola cosa, así también, por la participación del Cuerpo de Cristo y de su preciosa Sangre, Él se une a nosotros y nosotros nos unimos a Él” (SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Coment. Evang. S. Juan, 10).

San Ambrosio de Milán

San Ambrosio, obispo de Milán (nacido en Tréveris hacia el año 340 y fallecido en Milán en el 397), quien introdujo en occidente la lectura meditada de las Escrituras, para hacer que penetre en el corazón, algo que hoy se conoce con el nombre de «lectio divina».

“No se nos ofrece (en la Comunión) el Cuerpo de Cristo como premio, sino como comunicacion de la gracia y de la vida celestial” (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, volt VI, p. 447).

San Agustín

“Nadie alimenta a los convidados con su misma persona; pero esto es lo que hace Cristo el Señor: Él mismo es a la vez anfitrión, comida y bebida” (SAN AGUSTÍN, Sermón sobre el natalicio de los mártires, 1-2).

Otros testimonios:

Plinio

Plinio no tardó en aplicar la prohibición de las eterías a un caso particular que se le presentó en el otoño del 112. Bitinia estaba llena de cristianos. “Es una muchedumbre de todas las edades, de todas las condiciones, esparcida en las ciudades, en la aldeas y en el campo», escribe al emperador.

Continúa diciendo haber recibido denuncias por parte de los fabricantes de amuletos religiosos, estorbados por los Cristianos que predicaban la inutilidad de semejantes baratijas. Había instituido una especie de proceso para conocer bien los hechos, y había descubierto que ellos tenían:

“la costumbre de reunirse en un día fijado, antes de la salida del sol, de cantar un himno a Cristo como a un dios, de comprometerse con juramento a no perpetrar crímenes, a no cometer ni latrocinios ni pillajes ni adulterios, a no faltar a la palabra dada. Ellos tienen también la costumbre de reunirse para tomar su comida que, no obstante las habladurías, es comida ordinaria e inocua“.

Los cristianos no habían dejado estas reuniones ni siquiera después del edicto del gobernador que recalcaba la interdicción de las eterías.

Santo Cura de Ars

“Más dichosos que los santos del Antiguo Testamento, no solamente poseemos a Dios por la grandeza de su inmensidad, en virtud de la cual se halla en todas partes, sino que le tenemos con nosotros como estuvo en el seno de María durante nueve meses, como estuvo en la cruz. Más afortunados aún que los primeros cristianos, quienes hacían cincuenta o sesenta leguas de camino para tener la dicha de verle; nosotros le poseemos en cada parroquia, cada parroquia puede gozar a su gusto de tan dulce compañía. ¡Oh, pueblo feliz!“ (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el Corpus Christi).

Benedicto XVI

Sin el domingo no podemos vivir: es lo que profesaban los primeros cristianos, incluso a costa de su vida, y lo mismo estamos llamados a repetir nosotros hoy” (BENEDICTO XVI, Ángelus 22 de mayo de 2005).

San Josemaría Escrivá

“Perseveraban todos en la doctrina de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan, y en las oraciones. Así nos describen las Escrituras la conducta de los primeros cristianos: congregados por la fe de los Apóstoles en perfecta unidad, al participar de la Eucaristía, unánimes en la oración. Fe, Pan, Palabra.

Jesús, en la Eucaristía, es prenda segura de su presencia en nuestras almas; de su poder, que sostiene el mundo; de sus promesas de salvación, que ayudarán a que la familia humana, cuando llegue el fin de los tiempos, habite perpetuamente en la casa del Cielo, en torno a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo: Trinidad Beatísima, Dios Único. Es toda nuestra fe la que se pone en acto cuando creemos en Jesús, en su presencia real bajo los accidentes del pan y del vino” (Es Cristo que pasa, n. 153).

Catecismo de la Iglesia

“Fracción del pan porque este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia (cf Mt 14,19; 15,36; Mc 8,6.19), sobre todo en la última Cena (cf Mt 26,26; 1 Co 11,24). En este gesto los discípulos lo reconocerán después de su resurrección (Lc 24,13-35), y con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas (cf Hch 2,42.46; 20,7.11).

Con él se quiere significar que todos los que comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con él y forman un solo cuerpo en él (cf 1 Co 10,16-17)“.

Del libro:

ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Gabriel Larrauri  (Ed. Planeta)

https://www.primeroscristianos.com/la-celebracion-de-la-eucaristia-en-la-iglesia-primitiva/


Las tres reglas fundamentales para los lectores en la misa

junio 25, 2019

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Las tres reglas fundamentales para los lectores en la misa

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Las tres reglas fundamentales para los lectores en la misa

El liturgista italiano Enrico Finotti responde a una lectora de Aleteia

Un lector escribe: “Quisiera saber si hay indicaciones precisas dictadas por el magisterio o simplemente por la tradición que expliquen cómo se debe comportar un lector durante la misa. Las lecturas del día y los salmos no deben ser leídos, sino anunciados. ¿Podrían hacer un pequeño elenco de los “errores” más comunes? Por ejemplo, a veces oigo decir como conclusión de una lectura “Es palabra de Dios” en lugar de “palabra de Dios”. Y también, hay quien pone mucho énfasis en leer, a menudo cambiando fuertemente el tono de voz en los diálogos directos… Hay quien levanta la mirada a los bancos y quien en cambio nunca alza los ojos y los tiene fijos en el texto. Gracias”..

El liturgista Enrico Finotti explica: “La Palabra de Dios en la celebración litúrgica debe ser proclamada con sencillez y autenticidad.

El lector, en resumen, debe ser él mismo y proclamar la Palabra sin artificios inútiles. De hecho, una regla importante para la dignidad misma de la liturgia es la de la verdad del signo, que afecta a todo: los ministros, los símbolos, los gestos, los ornamentos y el ambiente”.

Dicho esto, prosigue Finotti, “es también necesario solicitar la formación del lector, que se extiende a tres aspectos fundamentales”.

1. La formación bíblico-litúrgica

“El lector debe tener al menos un conocimiento mínimo de la Sagrada Escritura: estructura, composición, número y nombre de los libros sagrados del Antiguo y Nuevo Testamento, sus principales géneros literarios (histórico, poético, profético, sapiencial, etc.). Quien sube al ambón debe saber lo que va a hacer y qué tipo de texto va a proclamar.

Además, debe tener una suficiente preparación litúrgica, distinguiendo los ritos y sus partes y sabiendo el significado del propio papel ministerial en el contexto de la liturgia de la palabra.

Al lector corresponde no sólo la proclamación de las lecturas bíblicas, sino también la de las intenciones de la oración universal y otras partes que le son señaladas en los diversos ritos litúrgicos”.

2. La preparación técnica

El lector debe saber cómo acceder y estar en el ambón, cómo usar el micrófono, cómo usar el leccionario, cómo pronunciar los diversos nombres y términos bíblicos, de qué modo proclamar los textos, evitando una lectura apagada o demasiado enfática.

Debe tener clara conciencia de que ejerce un ministerio público ante la asamblea litúrgica: su proclamación por tanto debe ser oída por todos.

El Verbum Domini con el que termina cada lectura no es una constatación (Esta es la Palabra de Dios), sino una aclamación llena de asombro, que debe suscitar la respuesta agradecida de toda la asamblea (Deo gratias).

3. La formación espiritual

La Iglesia no encarga a actores externos el anuncio de la Palabra de Dios, sino que confía este ministerio a sus fieles, en cuanto que todo servicio a la Iglesia debe proceder de la fe y alimentarla.

El lector, por tanto, debe procurar cuidar la vida interior de la gracia y predisponerse con espíritu de oración y mirada de fe.

Esta dimensión edifica al pueblo cristiano, que ve en el lector un testigo de la Palabra que proclama. Esta, aunque es eficaz por sí misma, adquiere también, de la santidad de quien la transmite, un esplendor singular y un misterioso atractivo.

Del cuidado de la propia vida interior del lector, además que del buen sentido, dependen también la propiedad de sus gestos, de su mirada, del vestido y del peinado.

El ministerio del lector implica una vida pública conforme a los mandamientos de Dios y las leyes de la Iglesia.

Leer en misa es un honor, no un derecho

Esta triple preparación, precisa el liturgista, “debería constituir una iniciación previa a la asunción de los lectores, pero después debería seguir siendo permanente, para que no se relajen las costumbres. Esto vale para los ministros de cualquier grado y orden.

Será finalmente muy útil para él mismo y para la comunidad que todo lector tenga el valor de verificar si siguen estando en él todas estas cualidades, y si disminuyeran, saber renunciar con honradez.

Realizar este ministerio es ciertamente un “honor” y en la Iglesia siempre se ha considerado así.

Sin embargo, concluye, no se puede acceder a él a toda cosa, ni debe ser considerado un derecho, sino un servicio en pro de la asamblea litúrgica, que no puede ser ejercido sin las debidas capacitaciones, por el honor de Dios, el respeto a su pueblo y la eficacia misma de la liturgia.

Las tres reglas fundamentales para los lectores en la misa


“El pueblo de Dios ama la alabanza, no vive de quejas; está hecho para las bendiciones, no para las lamentaciones”

junio 23, 2019

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Francisco, a los sacerdotes: “No tengáis miedo de bendecir al pueblo de Dios”. Bendecid, sí, pues estáis llamados a heredar una bendición.

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“El pueblo de Dios ama la alabanza, no vive de quejas; está hecho para las bendiciones, no para las lamentaciones”

La Eucaristía “es antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío”

“En la multiplicación de los panes nunca se habla de multiplicar, sino de partir, dar, distribuir”

Francisco abogó por “la economía del Evangelio”, que “multiplica compartiendo, nutre distribuyendo, no satisface la voracidad de unos pocos, sino que da vida al mundo”

“El Señor viene a nuestras calles para decir-bien de nosotros y para darnos ánimo. También nos pide que seamos don y bendición”.

El Papa Francisco presidió una emotiva celebración en la explanada de la parroquia de Santa María Consoladora, en el barrio romano de Casal Bertone. Un barrio vinculado a los bombardeos contra la Ciudad Eterna en la II Guerra Mundial.

En su homilía, el Papa invitó a “redescubrir” dos verbos “esenciales para la vida de cada día: decir y dar”.

El primero, ‘decir’, viene acompañado del término ‘bien’, de donde viene el término ‘bendición’. “Todo comienza desde la bendición”, subrayó el Papa, recordando el Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces. “Antes de multiplicar los panes, Jesús los bendice (…). La bendición hace que cinco panes sean alimento para una multitud: hace brotar una cascada de bien”.

Decir bien, con amor

“¿Por qué bendecir hace bien? Porque es la transformación de la palabra en don”, explicó Bergoglio. “Cuando se bendice, no se hace algo para sí mismo, sino para los demás. Bendecir no es decir palabras bonitas, no es usar palabras de circunstancia; es decir bien, decir con amor”, recalcó.

“Cuántas veces también nosotros hemos sido bendecidos, en la iglesia o en nuestras casas, cuántas veces hemos escuchado palabras que nos han hecho bien, o una señal de la cruz en la frente… Nos hemos convertido en bendecidos el día del Bautismo, y al final de cada misa somos bendecidos”, subrayó Francisco, quien insistió en que

“la Eucaristía es una escuela de bendición. Dios dice bien de nosotros, sus hijos amados, y así nos anima a seguir adelante. Y nosotros bendecimos a Dios en nuestras asambleas (…). Vamos a Misa con la certeza de ser bendecidos por el Señor, y salimos para bendecir nosotros a su vez, para ser canales de bien en el mundo”

Por ello, recordó a los pastores que “es importante que nos acordemos de bendecir al pueblo de Dios”. “Queridos sacerdotes, no tengáis miedo de bendecir, el Señor desea decir bien de su pueblo, está feliz de que sintamos su afecto por nosotros”.

“Hoy se maldice, se desprecia, se insulta”

En este punto, lamentó que “es triste ver con qué facilidad hoy se maldice, se desprecia, se insulta”.

“Presos de un excesivo arrebato, no se consigue aguantar y se descarga la ira con cualquiera y por cualquier cosa. A menudo, por desgracia, el que grita más y con más fuerza, el que está más enfadado, parece que tiene razón y recibe la aprobación de los demás”.

“Nosotros, que comemos el Pan que contiene en sí todo deleite, no nos dejemos contagiar por la arrogancia, no dejemos que la amargura nos llene”, pidió Francisco, quien recordó que “el pueblo de Dios ama la alabanza, no vive de quejas; está hecho para las bendiciones, no para las lamentaciones”.

“Ante la Eucaristía, ante Jesús convertido en Pan, ante este Pan humilde que contiene todo el bien de la Iglesia, aprendamos a bendecir lo que tenemos, a alabar a Dios, a bendecir y no a maldecir nuestro pasado, a regalar palabras buenas a los demás”.

Dar, multiplicar

Y, junto a ‘decir’, el segundo verbo, ‘dar’. “El decir va seguido del dar (…) como Jesús que, después de recitar la bendición, dio el pan para ser distribuido, revelando así el significado más hermoso: el pan no es solo un producto de consumo, sino también un modo de compartir”.

Porque “en la multiplicación de los panes nunca se habla de multiplicar”, sino de “partir, dar, distribuir”.

Y es que “no se destaca la multiplicación, sino el compartir. Es importante: Jesús no hace magia, no transforma los cinco panes en cinco mil y luego dice: “Ahora, distribuidlos”. No. Jesús reza, bendice esos cinco panes y comienza a partirlos, confiando en el Padre. Y esos cinco panes no se acaban. Esto no es magia, es confianza en Dios y en su providencia”.

Frente a un mundo en el que “siempre se busca aumentar las ganancias, incrementar la facturación…”, Francisco abogó por “la economía del Evangelio”, que “multiplica compartiendo, nutre distribuyendo, no satisface la voracidad de unos pocos, sino que da vida al mundo”. Porque, en definitiva, “el verbo de Jesús no es tener, sino dar”.

El Papa recordó la respuesta de Jesús a los discípulos: “Dadles vosotros de comer”, aunque parezca que no hay pan para ellos. “No son razonamientos equivocados, pero no son los de Jesús, que no escucha otras razones: Dadles vosotros de comer”.

Dios, encerrado en un pedacito de pan

“Lo que tenemos da fruto si lo damos —esto es lo que Jesús quiere decirnos—; y no importa si es poco o mucho. El Señor hace cosas grandes con nuestra pequeñez, como hizo con los cinco panes. No realiza milagros con acciones espectaculares, sino con gestos humildes, partiendo con sus manos, dando, repartiendo, compartiendo”, apuntó el Papa, destacando cómo “la omnipotencia de Dios es humilde, hecha sólo de amor. Y el amor hace obras grandes con lo pequeño”.

La Eucaristía nos lo enseña: allí está Dios encerrado en un pedacito de pan. Sencillo y esencial, Pan partido y compartido, la Eucaristía que recibimos nos transmite la mentalidad de Dios. Y nos lleva a entregarnos a los demás”, subrayó. La Eucaristía “es antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío””.

Lo poco que tienes es mucho

Algo que vale para los tiempos de Jesús, pero también hoy, “en nuestra ciudad, hambrienta de amor y atención, que sufre la degradación y el abandono, frente a tantas personas ancianas y solas, familias en dificultad, jóvenes que luchan con gran esfuerzo para ganarse el pan y alimentar sus sueños”.

El Señor sigue diciendo “Dales de comer”, y tú puedes responder “Tengo poco, no soy capaz”. “No es verdad, lo poco que tienes es mucho a los ojos de Jesús si no lo guardas para ti mismo, si lo arriesgas. Y no estás solo: tienes la Eucaristía, el Pan del camino, el Pan de Jesús.

También esta tarde nos nutriremos de su Cuerpo entregado. Si lo recibimos con el corazón, este Pan desatará en nosotros la fuerza del amor: nos sentiremos bendecidos y amados, y querremos bendecir y amar, comenzando desde aquí, desde nuestra ciudad, desde las calles que recorreremos esta tarde”, culminó.

https://www.religiondigital.org/vaticano/Francisco-sacerdotes-bendecir-Pueblo-Dios-corpus-papa-vaticano_0_2133686626.html


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