José Rodríguez Carballo, ofm: “La vida contemplativa es tal vez hoy más necesaria que nunca, por lo que de profecía comporta”

junio 20, 2020

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“Corremos el riesgo de convertir a los contemplativos en custodios de museos, particularmente en España… Este sería el peor servicio que podríamos prestar a la vida contemplativa”

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José Rodríguez Carballo, ofm: “La vida contemplativa es tal vez hoy más necesaria que nunca, por lo que de profecía comporta”

“En esta sociedad dominada por la lógica del poder, de la economía y del consumo, los contemplativos/as a través de sus vidas de entrega total, marcados por la oración y la ofrenda, a través de su vocación escondida, hacen tesoro de la Palabra de Dios guardándola en sus corazones”

“Los creyentes hemos de orar por los contemplativos para que no cedan a la tentación de la autorreferencialidad”

“La oración si es auténtica es siempre eficaz o, si se prefiere, fecunda. Pero su eficacia o fecundidad solo puede entenderse con los ojos de la fe”

“Cuando la humanidad vive sumergida en su impotencia, como la que estamos viviendo por el Covid-19, es cuando la oración de los contemplativos/as y, por supuesto de todos los creyentes, puede tener más sentido”

“Los contemplativos son sostén de los miembros vacilantes de la Iglesia”

José Manuel Vidal, 7 junio 2020

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Fr. José Rodríguez Carballo, ofm., arzobispo Secretario de la CIVCSVA, analiza en esta entrevista la situación de la vida contemplativa, en España y en el mundo. Defendiéndola como una realidad de interioridad, pero también de servicio, alegría e integridad.

“La oración pide a quien la hace ser consecuente con su fe”, dice. Y asegura que “los contemplativos son sostén de los miembros vacilantes de la Iglesia”.

¿Qué se quiere subrayar con el lema de este año para la Jornada pro orantibus: ‘Con María en el corazón de la Iglesia’?

La Iglesia en España celebra el día 7 de junio, la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Jornada pro orantibus. Con ello queremos celebrar, con inmensa gratitud al Padre de las Misericordias, el don de la vida contemplativa a la Iglesia y al mundo.

Una vocación que, “radicada en el silencio del claustro”, ha generado y continua generando en la Iglesia “preciosos frutos de gracia y misericordia” (Papa Francisco, Const. Apost. Vultum Dei quaerere = VDq, 5).

Una vocación con la que cuenta la Iglesia misma “para llevar la Buena Noticia del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. Una vocación, tal vez hoy más necesaria que nunca, por lo que de profecía comporta.

En esta sociedad dominada por la lógica del poder, de la economía y del consumo, los contemplativos/as a través de sus vidas de entrega total, marcados por la oración y la ofrenda, a través de su vocación escondida, son faros, para los de cerca y los de lejos, antorchas que acompañan el camino de los hombres y mujeres en la noche oscura de los tiempos, centinelas de la aurora que anuncian la salida del sol, aun en medio de la tempestad.

Y con su testimonio de vida centrada en Dios y en la búsqueda de su rostro, son sostén de los miembros vacilantes de la Iglesia.

Por todo ello la Iglesia, siempre, pero principalmente en este día dedicado de manera especial a ellos, al mismo tiempo que les agradece su testimonio de vida, les pide que mantengan viva la profecía de su existencia entregada, mostrándole al único Señor que ofrece plenitud a nuestra existencia, a Aquel que es camino, verdad y vida (cf. Jn 14, 6), recordándoles que “La Iglesia os necesita” (VDq, 5).

Monjas contemplativas: Este año el lema para esta Jornada es “Con María en el corazón de la Iglesia”. Con este lema, la Iglesia, desea, en primer lugar, presentar a María como modelo y signo de la vida contemplativa.

María, mujer de fe (cf. Lc 1, 38), se presenta a todos los consagrados como modelo de consagración al Señor y, siendo como es la summa contemplatrix (cf. VDq, 10), para los contemplativos se presenta como modelo de contemplación del Misterio que la habita.

A ejemplo de María, los contemplativos están llamados a centrarse en Dios como el único necesario (cf. Lc 10, 42); a hacer tesoro de la Palabra de Dios guardándola en sus corazones (cf. Lc 2, 19); a permanecer fieles en los momentos gozosos, como en Caná de Galilea (cf. Jn 2, 1-11), y también en los momentos de prueba, al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25-27), presentándose como icono de fidelidad perseverante.

Por otra parte, el lema de este año quiere recordarnos que la vida contemplativa no es marginal en la Iglesia, sino que está en su mismo corazón, en cuanto presencia orante en la Iglesia, por la Iglesia y por el mundo. La vida contemplativa, como la vida consagrada en general, es uno de los elementos constitutivos de la Iglesia.

Por otra parte, a la vida contemplativa se le aplica lo que a toda la vida consagrada: nace en la Iglesia, crece en la Iglesia y da frutos en y como Iglesia.

La Iglesia necesita de la vida contemplativa, pero la vida contemplativa necesita de la Iglesia, necesita sentir con la Iglesia y como Iglesia. Sin esta perspectiva fácilmente la vida contemplativa correría el riesgo de la deriva sectaria.

¿Hay que rezar por los que rezan continuamente por todos nosotros?

En el Padre nuestro, oración por excelencia del cristiano, oramos para no caer en la tentación: “No nos dejes caer en la tentación” (Mt 6, 13), y en Getsemaní Jesús pide a sus discípulos que oren “para no caer en la tentación” (Lc 22, 40). Nadie está libre de la tentación, tampoco los contemplativos.

Por ello, a la oración que ellos mismos hacen para que el Señor no los abandone a la tentación, ha de unirse nuestra oración para que no se dejen sucumbir ante ella.

Los creyentes hemos de orar por los contemplativos para que no cedan a la tentación de la autorreferencialidad, que les lleva a aislarse; a la tentación de la mundanidad espiritual de creerse los mejores; a la tentación de la rutina que les llevaría a perder en sus vidas el sabor y la frescura que provienen del Evangelio; a la tentación de luchar por la sobrevivencia en lugar de trabajar sin descanso para tener una vida en plenitud.

Ya en positivo, los creyentes hemos de orar por los contemplativos para que no pierdan su capacidad de ser signos que “indiquen un camino, una búsqueda, recordando al pueblo de Dios el sentido primero y último” de sus vidas (cf. VDq, 4); para que sean “signo y profecía de la Iglesia virgen, esposa y madre, signo vivo y memoria de la fidelidad con que Dios sigue sosteniendo a su pueblo a través de los eventos de la historia” (VDq, 4); para que sigan siendo, “en la Iglesia y para la Iglesia, el corazón orante, guardián de gratuidad y rica de fecundidad apostólica y testimonio visible de una misteriosa y multiforme santidad” (VDq 5); para que vivan el gozo de la vida evangélica según el propio carisma (Cf. VDq, 6).

El mundo necesita de la oración de los contemplativos, y estos de la oración de todos los creyentes. La Jornada pro orantibus es una buena ocasión para reforzar nuestro compromiso de orar por ellos y ellas. Será una forma de agradecerles todo el bien que hacen en la Iglesia y en el mundo.

Por cierto, ¿está siendo eficaz la oración de las/los contemplativas en estos momentos tan dolorosos de muerte y desolación por la pandemia?

La oración si es auténtica es siempre eficaz o, si se prefiere, fecunda. Pero su eficacia o fecundidad solo puede entenderse con los ojos de la fe, porque el Espíritu que habita en los contemplativos por el Bautismo y de un modo todavía más íntimo gracias a la especial consagración, “intercede por los creyentes según el designio de Dios” (Rom 8, 27), que a menudo no son los designios de los hombres (cf. Is 55, 8).

Los contemplativos que, según una intuición genial de san Francisco de Asís, tienen una sintonía particular con el Espíritu Santo, intuyen sus gemidos. De este modo su oración es ya una oración purificada por esta relación íntima con la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que es el alma de la oración cristiana.

Y Dios responde siempre a la oración hecha con fe y pureza de intención, como nos consta por el mismo Evangelio (cf. Lc 7, 1-10), pero responde realizando el verdadero bien de la persona o de la situación que se le presenta.

Por este motivo, Perfectae caritatis en el n. 7 habla de una “misteriosa fecundidad apostólica” en referencia a la vida contemplativa; una eficacia que avanza por la vía del Espíritu; vía que muchas veces es secreta, misteriosa, evidente solo para quien sabe leer la realidad con las mismas categorías espirituales.

La primera manifestación de la eficacia de la oración de los contemplativos es para ellos mismos. También la oración de intercesión, que no consiste tanto en recordar a Dios las necesidades de los hombres, pues él sabe de lo que tenemos necesidad (cf. Mt 6, 32), sino que lleva a quien la hace a abrirse a las necesidades de los demás, haciéndose memoria (en el sentido bíblico del término) delante de Dios y recibiendo nuevamente el otro de parte de Dios.

La oración crea una estrecha relación del orante con Dios y con los demás. La oración de intercesión y petición, sin excluir la de alabanza y acción de gracias, la que hacen día y noche las almas contemplativas, no consiste tanto en palabras pronunciadas delante de Dios, sino un vivir delante de Dios en la posición del Crucificado, con los brazos abiertos, en la fidelidad a Dios y en la solidaridad y comunión con la humanidad, particularmente con la humanidad sufriente.

A este punto está claro que la oración de intercesión de los contemplativos no es una función, una obligación, un trabajo, sino la esencia misma de una vida devorada por el amor a Dios y el amor a los hombres, por la pasión por Dios y la pasión por la humanidad, que diariamente experimentan los contemplativos.

Esto es lo que hace que para el cristiano y máxime para los contemplativos la oración es la acción por excelencia, la obra a realizar, la praxis, la acción eficaz en la historia.

Cuando la humanidad vive sumergida en su impotencia, como la que estamos viviendo por el Covid-19, es cuando la oración de los contemplativos/as y, por supuesto de todos los creyentes, puede tener más sentido, no para invocar soluciones mágicas, ni para evadir compromisos o responsabilidades en la búsqueda de soluciones, ni para sentirnos exentos de la historia, sino porque su fe en el Señor de la historia le lleva a interceder, lo que significa “hacer un paso entre” dos realidades, entrar de lleno en una situación negativa que se está viviendo y se presenta al Señor para aportar elementos que la puedan cambiar, cada uno según su vocación.

En este caso, la oración de intercesión lleva a los contemplativos a convertirse en solidarios con quienes están en necesidad, a cumplir la voluntad de Dios que es siempre voluntad de vida y vida en plenitud (cf. Jn 10, 10).

No se puede olvidar que la oración de intercesión y de petición no es para que Dios haga nuestra voluntad, sino para que nosotros hagamos la voluntad del Señor (cf. Mt 6, 10). Entonces la oración, también la de los contemplativos, es eficaz en la historia en cuanto recoge el grito de los necesitados, se hace voz de quien sufre, invocando justicia y misericordia.

No se olvide, tampoco, que la oración pide a quien la hace ser consecuente con su fe, de estar en la historia con las armas que le son propias; le pide contribuir a cambiar situaciones que nada tienen que ver con el proyecto de Dios sobre sus hijos e hijas, de tal modo que responda a dicho proyecto.

Sin oración no hay fe auténtica, sino solo ideología; no hay esperanza, sino solo autosuficiencia; no hay caridad, sino solo protagonismo filantrópico. Aunque las apariencias puedan llevarnos a pensar lo contrario, solo la oración, también la oración de los contemplativos, cargada de gratuidad y de ofrenda, salvará el mundo.

Cierto: esto, como ya indiqué antes, solo se puede entender desde la fe y no desde una visión funcional de la misma vida consagrada que cada vez se difunda más, a veces también dentro de la misma Iglesia y del mundo de los consagrados. Esto lo saben bien los contemplativos/as.

¿La vida contemplativa en el mundo goza de buena salud? ¿Cómo están en números y en presencias?

Sí, la vida contemplativa, como la vida consagrada en general, goza de buena salud. No lo piensan así los profetas de desventuras dentro y fuera de la vida consagrada que no saben ver más allá de lo que se ve a simple vista y contra los cuales ya nos ponía en guardia Benedicto XVI (cf. Homilía del 2 del 02 de 2013).

Cierto que también la vida contemplativa está marcada por la presencia del pecado, como la misma Iglesia. Pero no se puede ceder a la tentación de fijarnos solo en el árbol que cae, sino que hemos de poner la mirada en el bosque que silenciosamente crece (cf. Benedicto XVI).

La reforma promovida por el Concilio, a la cual los profetas antes aludidos achacan todos los males de la Iglesia y de la vida consagrada y contemplativa, ha traído mucho aire fresco a la vida consagrada, también a la vida contemplativa.

No todo, como ya reconocía Vita consecrata, ha sido positivo en esa reforma (cf. VC 13) pero somos muchos los que pensamos que la revisitación de la vida consagrada y monástica era necesaria y se llevó y se está llevando con mucha seriedad por todos aquellos que acogen el Concilio y el Magisterio postconciliar como la brújula de la Iglesia y de la vida consagrada del siglo XXI, y por todos aquellos que ponen la formación permanente e inicial como el primer elemento a cuidar, si queremos una vida consagrada y monástica actual y no pieza de museo, como ama repetir el Papa Francisco.

Hay muchos nostálgicos de un pasado que ya no volverá, pero hay muchos más que viviendo el presente como un kairos y con pasión, abrazan el futuro con esperanza.

Los números en la vida contemplativa ciertamente han bajado. Basta pensar que cuando se publicó la Constitución apostólica Sponsa Christi de Pío XII, solo las contemplativas (sin contar los monjes) con votos solemnes eran 55.834. A estas habría que añadir 3.819 de votos simples y 2.426 novicias. En total sumaban 62.079, aproximadamente.

Hoy, sumando profesas solemnes, profesas simples y novicias son, siempre aproximadamente, unas 40.000. Y las previsiones no parece que van a cambiar esta tendencia a la baja, a pesar de que en África y Asia el número de contemplativas está creciendo.

Esta disminución de vocaciones hace que también las presencias monásticas hayan disminuido situándose por debajo de 4.000. Aunque durante el año 2019 hemos aprobado 28 nuevas presencias de contemplativas, entre erección de monasterios y fundaciones, sin embargo hay que constatar que se han suprimido 40 presencias.

De todos modos los números y las presencias no lo son todo. Hay que buscar la calidad de vida evangélica y hay que tener presente que la vida consagrada es minoritaria en la Iglesia y la vida contemplativa es minoritaria dentro de la vida consagrada. Siempre fue así y seguirá siendo.

Lo importante es que la vida consagrada y contemplativa sigan siendo significativas evangélicamente hablando. Y esto se puede ver y es motivo de gran esperanza, en muchas comunidades que no dudo en calificar como comunidades proféticas.

Mirando a estas presencias no dudo en reafirmar que la vida contemplativa goza de buena salud, aun teniendo en cuenta que en el 2019 había 15 monasterios comisariados, se han nombrado 4 Asistentes apostólicos y la Congregación ha tenido que nombrar directamente el gobierno de 23 monasterios.

Estas últimas intervenciones de la Congregación se deben fundamentalmente al reducido número de hermanas que componen las comunidades y a su edad avanzada.

España sigue siendo el primer país en número de contemplativas, y sin embargo se siguen cerrando conventos y monasterios.

Sí, España es el país, todavía hoy, con mayor número de presencias de contemplativos/as. Solo monasterios femeninos en España hay más de 800 monasterios. Le siguen Italia con unos 520, Francia con unos 230 y Alemania con unos 110.

Hay diócesis en España con cerca de 40 presencias de contemplativas y más bien son raras aquellas que no tienen ninguna de estas presencias. Es verdad que llama la atención el número de cierres que se están llevando a cabo y que –no hace falta ser profetas- se seguirán produciendo.

Estamos hablando de una España vaciada, una España envejecida, una España profundamente secularizada. En un ambiente así no es fácil que haya vocaciones que puedan reemplazar las defunciones, ni para el clero diocesano, ni para la vida consagrada, ni para la vida contemplativa.

Sé que hay resistencias a cerrar, y lo entiendo perfectamente, pero lo que no se puede es sacrificar la vida, en su significatividad evangélica, por mantener presencias agonizantes, presencias que presencias no son, al menos presencias contemplativas.

Los contemplativos, como los demás consagrados, están llamados a “despertar el mundo e iluminar el futuro” (Papa Francisco, Encuentro con la USG el 29 de septiembre de 2013), pero, ¿cómo se puede hablar de vida contemplativa si no hay un número mínimo de hermanos/as, siempre que la mayoría no sea de edad avanzada; la necesaria vitalidad a la hora de vivir y transmitir el carisma; la capacidad real de formación y de gobierno; la dignidad y calidad de la vida litúrgica, fraterna y espiritual; el significado y la inserción en la Iglesia local; la posibilidad de subsistencia; una conveniente estructura del edificio monástico?” (VDQ, art. 8, 1).

Si no se lleva a cabo un discernimiento serio sobre las presencias de vida consagrada en general y monástica en particular, con criterios que hablen de significatividad evangélica, corremos el riesgo de convertir a los contemplativos en custodios de museos, particularmente en España donde hay tanto patrimonio. Este sería el peor servicio que podríamos prestar a la vida contemplativa.

¿Se han fusionado o federado muchos monasterios desde la publicación de la Constitución Apostólica del 2016?

Por los datos que poseemos en nuestra Congregación, en el 2019 se han afiliado a otros monasterios 23 monasterios y a la Federación 15 más. Por otra parte se han erigido 21 nuevas Federaciones o Asociaciones y 6 nuevas Congregaciones monásticas.

En este contexto he de señalar que la nueva legislación para la vida contemplativa femenina, Vultum Dei quaerere, Cor orans, y El arte de la búsqueda del Rostro de Dios, que está siendo valorada muy positivamente por la gran mayoría de las contemplativas, ha ayudado mucho.

Más allá de las resistencias que supone una fusión y para algunos monasterios el federarse o afiliarse, hemos de constatar que en este período han sido bastantes los monasterios que se han fusionado o afiliado, y que la gran mayoría de los monasterios que hasta el momento no estaban federados lo han hecho o están en proceso para llevarla a cabo.

La afiliación se ve como una solución para salir al paso de una situación marcada por la precariedad de personal y que si no se interviene lleva necesariamente al cierre. La afiliación tiene el doble objetivo de revitalizar la presencia del monasterio más débil o el de encaminarse a un cierre progresivo y sin traumas.

A veces la afiliación, generalmente pedida por los monasterios en dificultad, resulta fácil, pues se trata de monasterios que ya se conocen y que de un modo u otro ya colaboraban entre ellos.

En estos años me han llegado muchos testimonios de hermanas que vencidos los miedos iniciales y que son bien comprensibles, luego confiesan que están muy contentas y agradecen la intervención de la Iglesia, tanto si se trata de afiliaciones como de supresiones.

En esto, como en otras cosas, mucho depende de las personas que aconsejan. Me cuesta pensar que haya algunos/as que siguen desaconsejando que algunos monasterios no se federen, metiéndoles miedo a las hermanas que si lo hacen pierden la autonomía. Lo cual es sencillamente falso ya que la Federación, contrariamente a la Congregación monástica, es una simple estructura de comunión que permite seguir con la autonomía de los monasterios sui iuris.

A veces me viene la tentación de pensar que hay otros intereses de por medio, que nada tienen que ver con los intereses de una vida contemplativa significativa, y que no siempre son confesables.

También me cuesta pensar que haya consejeros o consejeras que inciten a las hermanas a resistirse al cierre del monasterio, cuando saben muy bien que no hay futuro alguno para esas presencias y, lo que es peor, que las condiciones en las que viven las hermanas no son dignas humanamente hablando.

¿Qué hacer para dar a conocer mejor la vida contemplativa y que el pueblo de Dios la valore más?

Lo primero es que la Iglesia aprecie realmente esta forma de seguir a Cristo, a comenzar por los Pastores. Ello significa que hemos de ir más allá de la estética de la vida contemplativa, particularmente femenina.

Esto significa que los Pastores han de acompañar la vida contemplativa, preocupándose de su vida, particularmente de la formación y de la vida fraterna en comunidad, lo que se traduce también en el nombramiento de Vicarios o Delegados que conozcan de cerca la vida contemplativa, a ser posible que sean religiosos.

Un papel importante en dar a conocer la vida contemplativa lo pueden jugar los sacerdotes y religiosos de vida apostólica, particularmente aquellos que tienen relación con grupos juveniles o que se dedican a la confesión o a la dirección espiritual.

No podemos olvidarnos de presentar la vida contemplativa como una parte de la vida de la Iglesia y presentarla en toda su belleza. Hay que tener el valor de presentar esta forma de seguimiento de Cristo a los jóvenes como posible opción para sus vidas. La Jornada pro orantibus puede ser una buena ocasión para presentar esta vocación a todo el Pueblo de Dios.

Los mismos contemplativos tienen un gran papel en todo ello. La mejor propaganda vocacional y el mejor modo de presentarla y de valorizarla es viviendo ellos y ellas con alegría su consagración en la vida contemplativa. La alegría atrae, la tristeza aleja posibles nuevas vocaciones.

¿Cómo explicar a la gente de hoy que la vida oculta de los/las contemplativas es fecunda?

Como ya dije, en una sociedad como la nuestra marcada por la eficiencia y la eficacia no es fácil que la gente entienda que la vida oculta de los/las contemplativas es fecunda. Para salir al paso de esta dificultad, es fundamental que la gente no vea a los contemplativos como “extraños” a sus alegrías y esperanzas, a sus sufrimientos y penas.

Si los ven próximos, la gente irá espontáneamente a los contemplativos. Me consta que esta es la experiencia de muchos monasterios, especialmente femeninos, durante la pandemia del coronavirus. Han sido muchas personas las que se acercaron a las contemplativas a través de los medios de comunicación para pedirles oraciones.

Hablando con una contemplativa me decía al respecto: “Mi experiencia me dice que las personas entienden nuestra vida cuando se encuentran delante de situaciones que humanamente no tienen solución: lutos, tensiones familiares que no se resuelven, personas que optan por caminos equivocados y no se convencen de su error… Cuando no hay solución, humanamente hablando, entonces piden oraciones a aquellas/os que hacen de la oración el primer servicio”.

Desde mi experiencia puedo decir que la gente aprecia mucho algunas iniciativas de los monasterios abiertas a todos, como puede ser la adoración del Santísimo Sacramento y la Lectio divina.

Dos medios que están al alcance de todo monasterio, aun de los más pobres y que ayudan a acercar la vida contemplativa a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es importante que los pobres sean siempre acogidos con sencillez, pero con amor. Los contemplativos, como todos nosotros, no podemos olvidar que los pobres “son la carne de Cristo”.

También me consta que son muchos/as los que se acercan a los monasterios para oír hablar de Dios. La gente siente hambre de Dios y buscan saciarla en aquellos que hablan de lo que han escuchado en el silencio de la contemplación. Me consta que más que maestros buscan testigos, o maestros que sean testigos.

Todos estos son medios para que la gente valore la vida contemplativa en su verdadero significado. Éste es un gran desafío para los mismos contemplativos al cual están llamados a dar una respuesta adecuada.

https://www.religiondigital.org/vida-religiosa/Jose-Rodriguez-Carballo-contemplativa-necesaria-vida-iglesia-vocacion-alegria-formacion-cifras-espana-mundo-jornada-pro-orantibus_0_2238076215.html

 

 


Jornada Pro Orantibus

junio 7, 2020

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El lema para la Jornada Pro Orantibus: «Con María en el corazón de la Iglesia»

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Jornada Pro Orantibus

En el calendario litúrgico de este año —afectados por la crisis del «coronavirus» y sus consecuencias— la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad el próximo domingo 7 de junio. Es la festividad escogida para la Jornada Pro Orantibus.

Bajo el lema «Con María en el corazón de la Iglesia», los obispos españoles oran por quienes continuamente lo hacen por nosotros: las personas consagradas contemplativas, hombres y mujeres. Con este motivo, agradecen a Dios esta forma de consagración que necesita la Iglesia.

La Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha publicado los datos de su departamento a cierre de 2019.

Cabe mencionar que también hay otros contemplativos: los ermitaños y ermitañas. De este colectivo no hay datos oficiales disponibles.

Jornada Pro Orantibus


Novena a Santa Rita de Casia (8), 20.5.20

mayo 20, 2020

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OCTAVO DÍA

RITA, ESPOSA DE JESUCRISTO

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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Recordemos en primer lugar que Rita vivió en los siglos XIV y XV, en el Quattrocento, es decir, en la época de la espiritualidad gótico-renacentista, marcada por el descubrimiento de lo humano, de la belleza natural.

En el aspecto religioso, estos siglos se caracterizan por una espiritualidad centrada en la contemplación piadosa de la santa humanidad de Cristo, y no tanto en la divinidad estática e impasible preferida por la espiritualidad bizantina y románica.

En estos tiempos prevalece la veneración de los misterios del nacimiento, bautismo, pasión y muerte del Señor.

Rita recibió del ambiente religioso y cultural esta espiritualidad. Todos sus biógrafos destacan la temprana piedad de Rita todavía niña y adolescente.

Dice la tradición que a los trece años se retiró a una habitación para dedicarse a la penitencia y a las prácticas de piedad, venerando la santa humanidad de Cristo sobre todo en su pasión y muerte.

Rita amó tiernamente a Cristo humanado, el único rostro del Dios invisible. Sintió particular compasión por el Cristo sufriente.

Cuentan, además, las crónicas que pasaba largos ratos en profunda adoración ante Jesús Sacramentado. También lo veneraba en las personas afligidas por la pobreza o la enfermedad.

Los sentimientos de ternura, compasión y amor sincero que profesaba al Cristo adolorido, los proyectaba también hacia los pobres, hacia los más necesitados. Compartía con ellos vestidos y alimentos.

De esta forma, la espiritualidad de Rita era profundamente alegre y humanizadora: entendía que Cristo la había amado hasta entregarse por ella, y que, por tanto, ella debía corresponder a ese amor infinito con todas sus fuerzas y con todas las consecuencias.

Como se lo había demostrado Jesús a Rita y a todos nosotros, hasta el extremo.

Rita contemplaba admirada ese torrente de amor que llegaba hasta ella, lo agradecía ensimismada y se dejaba invadir del Espíritu del Amor Hermoso para poder, consiguientemente, transmitirlo a los hermanos y devolverlo al mismo Dios, multiplicado.

Con san Pablo, Rita exclamaba: ¡Él me amó y se entregó por mí; fui alcanzada por el amor de Dios cuando era pecadora. Él me amó primero!

Aceptaba gozosa los sufrimientos de la vida: en primer lugar, para imitar a Cristo y compartir sus dolores redentores porque “amor con amor se paga”; y, en segundo lugar, los ofrecía por sus propios pecados, por la conversión y la santificación de su prójimo comenzando por su misma familia y después por sus hermanas de comunidad.

Así Rita suplía lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo para llegar hasta sus hermanos. Es decir, prolongaba los sufrimientos redentores de Cristo hasta hacerlos efectivos en favor de sus hermanos, en su familia, en su comunidad conventual.

5. Fuentes bíblicas

Rita respondió tiernamente al requerimiento de Jesús que busca consoladores, según aquel texto de Lamentaciones 1, 12.19.21.16.17:

Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. Llamé a mis amigos, pero me traicionaron. Oye cómo gimo, no hay quien me consuele.

Por eso lloro yo, mis ojos se deshacen en lágrimas porque está lejos de mí el consolador que reanime mi alma. Sión tiende sus manos: no hay quien la consuele.

Rita acompañó y consoló al Siervo sufriente de Isaías:

… Hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento… estaba despreciado y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban, y nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado.

Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Fue detenido y enjuiciado injustamente sin que nadie se preocupara por él (Isaías 53, 2-9).

Rita, invadida por los sentimientos más ardientes de caridad y de dolor, pidió al Crucificado con muchas lágrimas: “Oh Jesús, hazme partícipe de tus dolores”, y Cristo le concedió el estigma de la espina.

Así pudo exclamar con san Pablo: Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús (Efesios 6, 17).

Y también: Al presente, me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su Cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1, 24-25).

Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que me toca vivir, lo vivo transformado por la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gálatas 2, 20).

También Rita dijo con su vida lo que escribió san Pablo a los Corintios:

Nosotros proclamamos un Mesías crucificado. Para los judíos, ¡qué escándalo más grande! Y para los griegos, ¡qué locura! Él, sin embargo, es Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios para aquellos que Dios ha llamado (1 Corintios 1, 23-24).

Me propuse no saber otra cosa entre ustedes sino a Cristo Jesús y a éste crucificado (1 Corintios 2, 2).

Dios me libre –exclamaba también san Pablo– de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Por último, Rita sublimaba todo sufrimiento, porque en verdad lo que sufrimos en la vida presente no se puede ni comparar con la gloria que se manifestará después en nosotros (Romanos 8, 12).

Preguntado Jesús sobre el mandamiento principal, contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Al Señor tu Dios amarás con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

Y después viene éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos (Marcos 12, 29-31).

6. Consideraciones bíblicas y agustinianas

Como buena hija de Agustín, Rita llenó su vida del amor a Dios y al prójimo. Nada más justo y legítimo, porque el amor constituye el núcleo de la espiritualidad agustiniana.

El amor fue el motor de toda la vida de Agustín, la meta siempre perseguida y siempre inalcanzable, hilo conductor de su pensamiento y sus escritos.

La Regla que escribió para los monasterios la encabeza así: “Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado”.

Y al concluirla, resume así su intención: “El Señor os conceda cumplir todo esto por amor, como realmente enamorados de la belleza espiritual; y exhalando el buen perfume de Cristo con vuestra ejemplar convivencia”.

Tratando de acercarnos a la experiencia y enseñanza agustiniana diríamos, en primer lugar, que el plan de Dios y la gracia de Dios llevan al hombre más por la vía afectiva que por la intelectiva. Aceptamos la gracia de Dios en nosotros porque nos proporciona gusto y deleite en las cosas santas.

El hombre está hecho más para gozar que para entender: el imán que más atrae al alma es el amor. El alma humana es particularmente vulnerable al amor; es como la debilidad del hombre.

Por tanto, el hombre, necesaria y libremente, siente, busca y descansa sólo en la fruición del amor y del bien. El hombre busca ser feliz como la meta más añorada, y buscando la felicidad se mueve en todo su pensar y quehacer.

Pero aquí entra el misterio del pecado. ¿Por qué el hombre, si busca la felicidad por encima de todo, escoge el mal, el pecado, su propia perdición?

Porque es engañado: se le presenta un mal bajo apariencia de bien y cae. Elige un bien finito que le agrada de momento, pero que le aparta del bien supremo e infinito. Ese bien finito, se convierte en un mal porque el hombre sólo se saciará con el Bien de Dios, y el bien finito le deja más insatisfecho e infeliz, esclavo de las criaturas.

El hombre se autoengaña por instigación del diablo, que lo enreda en el disfrute de las cosas creadas, al margen de Dios, y aun en contra de Dios.

De esta forma, el hombre no sólo usa, sino que abusa de las cosas, cayendo en la codicia y haciéndose tan vano como las cosas mismas que le tienen atrapado.

Porque somos lo que amamos, dirá san Agustín, parafraseando este texto suyo: “Cada cual es lo que es su amor: amas la tierra, tierra eres; amas a Dios, no me atrevo a decirlo yo, escucha la Escritura: Yo dije: sois dioses e hijos todos del Altísimo”.

Por gracia, Dios nos inspira su amor; por el que podemos, en primer lugar, deleitarnos en sus mandatos y, en segundo lugar, desear y amar lo que nos manda. Así el que ama, no siente el trabajo y, por otra parte, cualquier trabajo resulta pesado para quienes no aman.

Por eso exclamará san Agustín: “Ama, y haz lo que quieras”. Porque de la raíz de la caridad no puede salir sino el bien; así como de la codicia salen todos los males (1 Timoteo 6, 10).

De todo esto se deduce que el camino de la perfección coincide con el camino de la caridad. El progreso en la vida cristiana se medirá por el amor alcanzado a Dios, al prójimo y a uno mismo.

San Agustín dirá: “Caminan los que aman, pues no corremos hacia Dios con nuestros pasos sino con nuestros afectos”.

La perfección cristiana consiste en imitar el amor de Dios o la santidad de Dios, pues son equivalentes: “Sed santos porque Yo soy santo. Sed perfectos como el Padre Celestial es perfecto”, es decir, misericordioso y paciente, que manda la lluvia sobre buenos y malos, que hace brillar el sol sobre justos y pecadores.

Amar a Dios sin medida, por puro amor y sin esperanza de recompensa; y al prójimo como a nosotros mismos, y por amor a Dios: Éste es el camino agustiniano del amor.

Las Constituciones de los Agustinos Recoletos resumen la prioridad del amor en la familia agustiniana: El carisma agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para ganarlos y unirlos en Cristo dentro de su Iglesia.

Elemento primordial del patrimonio de san Agustín y de la Orden es la contemplación, que es “vida bajo el amparo de Dios, vida con Dios, vida recibida de Dios, vida que es Dios mismo”; y, también, la entrega total e incondicionada del hombre a Dios.

El agustino recoleto se siente referido a Dios como a fin último y único. El conocimiento y el amor de Dios, sin otra recompensa que el mismo amor, constituyen el ejercicio del “amor casto”, de la contemplación, que es el principal cuidado del religioso en esta vida, y que se convertirá en felicidad perfecta en el reino celestial” (Constituciones, nn. 6, 8 y 9).

A continuación reproduzco una oración usada tradicionalmente para contemplar los sufrimientos y la pasión del Señor y también para expresar los sentimientos de arrepentimiento y dolor de los pecados que han provocado la pasión del Crucificado.

Un dolor no sólo de atrición o afligimiento sino incluso de contrición. La paternidad literaria de la siguiente oración es discutida. Algunos críticos la creen “agustiniana”. Reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.

7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones para el octavo día

9. Dios Todopoderoso, que concediste a Rita por medio del Espíritu ser revestida de los sentimientos de Cristo,
– ayúdanos, por intercesión de santa Rita, a practicar la obediencia y el silencio en el seguimiento de tu Hijo en nuestros hogares, y en la vida común.

10. Oh Santo Espíritu, derramado en nuestros corazones,
– concédenos, por intercesión de santa Rita, poder contemplar los sufrimientos de Cristo con tal amor que podamos descubrirlo presente en el dolor de nuestros hermanos a los que tratamos de servir en el hogar y en la comunidad de hermanos.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).

9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


Novena a Santa Rita de Casia (6), 18.5.20

mayo 18, 2020

DÍA SEXTO

RITA, MONJA AGUSTINA DE CLAUSURA

 

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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida de santidad.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Después de tres negativas y mientras estaba orando durante la noche, se le aparecieron los santos protectores san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino y la transportaron por los aires, dicen las crónicas, hasta introducirla en el convento de Santa María Magdalena.

Al amanecer, la comunidad entera comprobó el hecho milagroso y decidió aceptarla para no oponerse a los designios divinos.

Contaba Rita 36 años de edad; había vivido mucho en poco tiempo; había llenado de Dios todos los momentos y experiencias de su vida en el siglo.

Ahora comenzaba su última etapa: la vida en el claustro como religiosa de clausura, enteramente consagrada y sumisa a Dios como único amor.

Cuenta la historia que tan pronto como Rita vistió el hábito de agustina, se dedicó con todas sus fuerzas a la práctica de las virtudes como esposa de Cristo. Su hábito le recordaba que debía revestirse de los sentimientos de su esposo Jesucristo.

Todo lo mundano, ahora más que nunca, se quedaba atrás. Estaba muerta al mundo: su hábito negro era para ella como una mortaja permanente que le recordaba su condición de religiosa, muerta al mundo pero viva para su Esposo Jesucristo.

Dicen los biógrafos que vivió el año de probación, más que como novicia, como verdadera maestra en la vida espiritual y religiosa. Al final del noviciado, fue admitida a la profesión de los votos: pobreza, castidad y obediencia, para vivir en comunidad.

Se cuenta que ese día tuvo un éxtasis durante el cual vio una escalera que ascendía desde la tierra hasta el cielo; en la cima se hallaba Jesucristo, quien la invitaba a subir hasta el último peldaño de la santidad y la perfección.

Como en los demás estados de su vida, Rita practicó la perfección cristiana, llegando a ser modelo de religiosa. La tradición atribuye a Rita hechos portentosos que demuestran su virtud y santidad.

Así encontramos a Rita regando todos los días y durante años un tronco de vid totalmente seco. Rita obedecía ciegamente las órdenes de la priora hasta que sucedió el milagro: el tronco seco germinó.

Se cree que se trata de la parra antiquísima que aún existe en el convento de Casia. Así, de forma milagrosa, se resalta la santidad, la obediencia y la fe ciega de Rita.

Otro de los prodigios que caracterizan a santa Rita es el de la estigmatización. Ya en el siglo, Rita profesaba un amor entrañable a Cristo en el misterio de su pasión.

Ahora, en el convento, cuentan sus biógrafos que Rita, después de escuchar un sermón sobre los padecimientos de Cristo un viernes santo, quedó tan impresionada que llegó a derramar copiosas lágrimas de compasión y ternura por su adorable Jesús.

Después, se fue al coro bajo del convento, se postró ante una imagen de Cristo crucificado y se puso a considerar el inmenso dolor que sentiría Jesús al ser coronado de espinas y el amor tan grande que nos demostraba en su pasión. Abismada en este ejercicio piadoso, suplicó al Señor se dignase hacerla participante de aquel sufrimiento.

Entonces, se iluminó la corona de espinas del Crucificado y se desprendió de la corona una espina que vino a clavarse en la frente de Rita, produciéndole un dolor tan intenso que se desplomó desvanecida.

Esta herida resultó incurable y además despedía mal olor, causando por tanto repugnancia en la comunidad. Por eso, Rita vivía como recluida de las demás religiosas.

Esta espina acompañó a Rita los últimos quince años de su vida, produciéndole constantes dolores muy agudos, así como marginación y soledad respecto de sus hermanas. Y seguramente también comentarios impertinentes y aun malévolos.

Sólo una vez pidió Rita la curación de su herida, pero no su curación total. Fue para poder viajar a Roma y ganar el jubileo del año santo en el 1450. Pero al regresar al convento le reapareció la llaga que ya nunca curaría.

Cuatro años antes de morir, el Señor la quiso purificar por una enfermedad que la postró en cama hasta su muerte. Fue la culminación de una vida de sufrimiento y de gozo en Dios. En esta postrera enfermedad, Dios la confortó con celestiales deleites y su alma se derretía en el santo amor de Dios y del prójimo.

Rita repetía frecuentemente: “Quiero morir para vivir en Cristo”. Dios la consolaba, y a la vez realizó signos milagrosos para demostrar a todos la santidad de Rita y su predilección por ella.

Cuenta la historia el milagro de las rosas y de los higos que, en pleno invierno, aparecieron milagrosamente en el huerto de Rita en Rocaporena, su pueblo natal.

Tanto las rosas como los dos higos fueron llevados hasta el lecho de Rita que estaba postrada, próxima a la muerte. Rita exclamó: “!Qué bueno es el Señor!”. Pues consideraba el milagro como un gesto de inefable consolación divina.

La rosa se mantuvo largo tiempo fresca despidiendo un intenso perfume que llenaba todo el convento. De ahí viene la costumbre de bendecir las rosas de santa Rita para aplicarlas de diversas maneras a los enfermos.

Por eso, santa Rita es conocida como “la Santa de las rosas”. La bendición de rosas se realiza el día de su fiesta, el 22 de mayo.

Cuenta la tradición que Rita experimentó un éxtasis al ser visitada y consolada por Jesucristo y la Santísima Virgen, poco antes de morir. Después del éxtasis, llamó a la comunidad para despedirse, les pidió perdón por cuanto las hubiera ofendido, y después de recibir los sacramentos les dijo: “Adiós, madre y hermanas mías, quédense en paz”, y expiró.

Era el 22 de mayo del año 1457. Contaba Rita 76 años de edad y 40 de vida religiosa.

Inmediatamente después de su muerte comenzaron a suceder prodigios: las campanas del convento y las de todo el pueblo comenzaron a repicar a gloria sin que nadie las tocara, por sí solas. Un extraordinario resplandor inundaba la habitación donde había muerto Rita. La herida de la espina y todo su cuerpo despedían un suavísimo aroma que se difundía por todo el convento.

Riadas de gentes acudían a presenciar estos signos, y el cuerpo de Rita no presentaba síntomas de descomposición, sino todo lo contrario, se conservaba fresco y flexible, exhalando un aroma muy agradable.

A los tres días comenzaron las curaciones milagrosas de ceguera, parálisis, deformaciones físicas, sordera, mudez, etc. De ello dan fe las actas del proceso de beatificación. Son innumerables los prodigios atribuidos a santa Rita, desde entonces hasta nuestros días.

De ahí que la Iglesia, por medio del papa Urbano VIII, la reconoció como beata, y así mandó venerarla el año 1628. Y el papa León XIII la incluyó entre los santos el año 1900.

La devoción a santa Rita es una de las devociones más extendidas en toda la cristiandad. Su espiritualidad característica es haber santificado todos los estados de la vida humana por los que ella pasó, que prácticamente fueron todos. Practicó, sobre todo en el convento, la obediencia y la penitencia.

5. Lecturas bíblicas

Jesús vivió totalmente consagrado al Padre. Su alimento era cumplir la voluntad del Padre. No tenía otra aspiración sino buscar la gloria del Padre, por eso no tenía dónde reclinar su cabeza. Pasó haciendo el bien a todos, obediente hasta la muerte y muerte de cruz.

Vivió la consagración religiosa como nadie la ha vivido ni la vivirá jamás: pobreza, castidad y obediencia, en medio de sus hermanos.

Cristo, hoy como ayer, llama a jóvenes generosos para que le imiten y sigan:

El joven le dijo: “He guardado todos esos mandamientos, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda a vender todo lo que posees y dáselo a los pobres, así tendrás una riqueza en el cielo, y luego vuelves y me sigues”. Cuando el joven oyó esta respuesta, se fue triste porque era muy rico (Mateo 19, 20-22).

A la vez, Jesús reivindicó la legitimidad del matrimonio cristiano y también la gratuidad de la vida religiosa: Se le acercaron unos fariseos y le preguntaron:

“¿Está permitido al hombre despedir a su esposa por cualquier motivo?” Jesús respondió: “¿No han leído que el Creador en el principio, los hizo hombre y mujer y dijo: el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá con su mujer, y serán los dos uno solo? De manera que ya no son dos, sino uno solo.

Pues bien, lo que Dios ha unido, el hombre no debe separarlo… Por lo tanto, yo les digo que el que despide a su mujer y se casa con otra, es adúltero, y el que se casa con la divorciada es adúltero también”.

Los discípulos dijeron: “Si ésa es la condición del hombre con la mujer, más vale no casarse”.

Él les contestó: “No todos comprenden lo que acabo de decir, sino solamente los que reciben este don. Hay hombres que nacen incapacitados para casarse. Hay otros que fueron mutilados por los hombres. Hay otros que, por amor al Reino de los cielos, han descartado la posibilidad de casarse. ¡Entienda el que pueda!” (Mateo 19, 3-6.9-13).

Desde el principio, la Iglesia entendió muy bien esta novedad cristiana. Así san Pablo nos dice:

En cuanto a las vírgenes, no tengo ningún mandato especial del Señor, pero les puedo dar consejos y pienso ser, por la misericordia del Señor, digno de confianza. Esto me parece bueno a causa de los tiempos difíciles en que vivimos; me parece bien que el hombre se quede así.

Si estás ligado a una mujer no trates de separarte. Si no estás ligado, no busques mujer. Si te casas, no cometes pecado. Y la joven que se casa tampoco comete pecado.

Sin embargo, los que se casan tendrán serias dificultades que superar, y yo quisiera evitárselas. Lo que quiero decir, hermanos, es esto: el tiempo se hace corto.

Por eso, pues, los que están casados vivan como si no tuvieran esposa; los que lloran como si no lloraran; los que están alegres como si no estuvieran alegres. Que los que compran algo se porten como si no lo hubieran adquirido, y los que gozan la vida presente, como si no la gozaran; porque todo esto pasa y se descompone la figura del mundo.

Yo los quisiera ver libres de preocupaciones. El hombre que se queda sin casarse se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradar al Señor. Al contrario, el que está casado se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposa, y está dividido.

Así también la mujer sin marido y la que no se casa, se preocupa del servicio del Señor, y le consagra su cuerpo y espíritu. Al contrario, la casada se preocupa de las cosas del mundo y tiene que agradar a su esposo.

Esto lo digo para su provecho, no quiero ponerles trampas sino llevarlos a una vida más noble y que estén unidos al Señor enteramente… La mujer está ligada mientras vive su marido. Si éste muere, ella queda libre de casarse con quien desee, siempre que sea un matrimonio cristiano.

Pero será más feliz si permanece sin casar según mis consejos. Y pienso que yo también tengo el Espíritu de Dios (1 Corintios 7, 25-40).

6. Consideraciones bíblico-teológicas sobre la vida religiosa

La vocación religiosa es una moción de la gracia divina por la que el cristiano es referido por un título nuevo y peculiar al servicio de la Iglesia y a la gloria de Dios. Esta relación y este título nuevo peculiar son una consagración, mediante la cual el Señor vincula más íntimamente consigo a los llamados a la vida religiosa.

La llamada y consagración comprometen al religioso a la entrega total a Dios, a la imitación y al seguimiento más libre y más radical de Cristo, viviendo más para Él y para su Cuerpo que es la Iglesia.

Esta consagración, que radica íntimamente en la consagración bautismal y la expresa con mayor plenitud, se realiza en la profesión de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia vividos en comunidad.

La profesión de los consejos evangélicos es la respuesta de la persona consagrada al amor de Cristo, virgen, pobre y obediente hasta la muerte. Es un más libre alistamiento en sus filas, y una más plena configuración con Él.

No es obstáculo para el desarrollo de la persona, sino que por su naturaleza favorece en gran manera tanto al individuo como a la sociedad y a todos manifiesta los bienes celestiales, presentes incluso en esta vida.

La vida consagrada es la proclamación visible de la supremacía de los valores espirituales y transcendentes, por la renuncia a ciertas realidades legítimas, pero esencialmente ligadas a la condición pasajera del hombre en este mundo.

Este género de vida proclama que el Reino de Dios merece todos los sacrificios y renuncias y reconoce que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que estamos en marcha hacia la Jerusalén Celestial, la realidad definitiva adonde todos estamos llamados.

Éste es el gran mensaje evangelizador de la consagración religiosa al vivir la radicalidad cristiana o al vivir la radicalidad por el Reino de los Cielos. Los consagrados son signos vivientes del Reino, hacia donde caminan todos los bautizados.

Dentro de la vocación religiosa, lo que más suele llamar la atención es precisamente la virginidad y el celibato por el Reino de los Cielos. La castidad perfecta por el Reino de los Cielos es un don eximio de la gracia. Por la castidad perfecta el religioso ofrece íntegramente el cuerpo y el espíritu, toda la capacidad afectiva y el deseo natural de amar y sentirse amado en unión conyugal.

La castidad es un sacrificio que deja libre el corazón para dedicarlo a las cosas de Dios, hace posible la vida común en el convento y, en consecuencia, da al religioso y a la religiosa, ya sean de vida activa o de vida contemplativa, plena disponibilidad para el servicio y amor al prójimo.

Los religiosos profesan la castidad perfecta y perpetua, no porque menosprecien la dignidad del matrimonio cristiano y el don divino de los hijos, sino porque, movidos por el Espíritu, quieren vivir plenamente la novedad existencial que brota del misterio pascual de Cristo, convirtiéndose en signo de aquellos tiempos en que los hijos de Dios resucitados ya no tendrán mujer ni marido.

Imitando a Cristo virgen que amó a la Iglesia, su virginal esposa, y se entregó por ella, los religiosos crucifican con Cristo su carne y se entregan totalmente con un corazón indiviso a las obras de caridad y de apostolado por el Reino de los Cielos.

La perfecta continencia se convierte así en signo y estímulo de caridad y fuente especial de fecundidad espiritual en el mundo.

Pero recordemos el ojo de agua que da origen al río, el cimiento que sustenta la casa, el foco de luz que todo lo ilumina y embellece… Al fondo está la unión mística con Dios. Eso es lo más importante que Rita fomentó en su corazón y que guardó celosamente como el tesoro escondido. Lo único necesario.

Santa Rita lo contempló en la Cruz, lo adoró en la Eucaristía. Era su Esposo, el Cordero Inmaculado y su Pastor, a quien seguía adonde quiera que fuere.

Reproducimos unos versos que expresan la oración y los sentimientos que embargaron el corazón de Rita, de alguna manera siempre, pero de forma especial, durante los cuarenta años que vivió en el convento de Santa María Magdalena de Casia:

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguir empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados.
Pero ¿cómo te digo que me esperes,
si estás, para esperar, los pies clavados?


7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas para este día

9. Jesús, manso y humilde de corazón,
– siembra en el corazón de los niños el don de la vocación religiosa.

10. Tú, que nos mandaste pedir obreros para tu mies,
– haz que cuantos sientan tu llamada sean fieles en tu seguimiento y sacrificados en tu servicio.

11. Señor, Tú que llamas a las almas generosas para que te sigan,
– te pedimos por todos los que han escuchado tu invitación y comienzan el camino de su entrega.

12. Señor, que quieres que todos los hombres tengan vida abundante,
– envía ministros y dispensadores de tu gracia a todos los pueblos.

13. Pastor bueno, que te compadeces de todos,
– envíanos abundantes vocaciones para anunciar tu Reino.

14. Dios todopoderoso, que nos diste como modelo de vida religiosa a nuestro padre san Agustín, y como hermana religiosa a santa Rita de Casia,
– infunde en los corazones de los jóvenes, hombres y mujeres, el deseo de seguir sus pasos con generosidad y valentía.

15. Jesús, buen Pastor, que nos conoces y nos amas,
– haz que nazcan y se cultiven en las familias cristianas las vocaciones que la Iglesia necesita.

16. Señor Jesús, que quisiste nacer en el seno de la familia de Nazaret,
– haz que las familias cristianas sepan apreciar y cultivar la vocación religiosa y sacerdotal de sus hijos.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.

11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sé nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve


Un informe denuncia que cuatro de cada diez religiosas han sufrido abusos sexuales a manos de curas y obispos

enero 24, 2020

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Las religiosas están rompiendo el silencio para confesar que han sido víctimas de malas conductas y diversos abusos por parte del clero. 

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Un informe denuncia que cuatro de cada diez religiosas han sufrido abusos sexuales a manos de curas y obispos

Teólogas Españolas: “Abusar de otro, una mujer, a través del ejercicio del poder, es inaceptable y antievangélico”

Doris Wagner, Alemania, y Rocío Figueroa, Perú, líderes del #MeToo de estas mujeres en la Iglesia católica.

Por Jesús Bastante. 

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Doris (Wagner) Reisinger es una joven alemana que, siendo religiosa, sufrió abusos por parte de varios sacerdotes.

Hoy, junto con Rocío Figueroa, es una de las mujeres que están dando voz a religiosas y ex religiosas que denuncian la violencia ejercida por parte de curas y obispos. Una violencia que esta semana ha sido reconocida por el mismísimo Papa Francisco.

A través de Voices of Faith, Wagner y Figueroa abanderan el particular #MeToo de las religiosas contra los abusos de poder, físicos y sexuales, en la Iglesia católica. Un movimiento al que se han sumado, entre otras, la Asociación de Teólogas Españolas.

En conversación con RD, Doris lamenta que el reconocimiento de los abusos por parte de Francisco «haya llegado muy tarde».

Sin embargo, cree que a partir de este momento «muchas más religiosas que han sufrido abusos sexuales se den cuenta de que no están solas y se atreven a hablar», y confía en que, después de reconocer el problema, «el Papa también tome las medidas apropiadas» para un escándalo de proporciones brutales.

«Ha habido casos en los que los sacerdotes dejaron embarazadas a las monjas y luego las obligaron a abortar», denuncia Doris, que aporta datos de un informe de 1998, que apunta que «el 40% de las religiosas han sufrido abuso sexual, el 10% antes de unirse a la vida religiosa y el 30% después».

Doris empezó a sufrir abusos, primero espirituales, y desde 2008 sexuales. «Mi superior entró en mi habitación y me desnudó; y, a pesar de que le dije que no tenía permiso para hacer esto, me tocó y finalmente me penetró. Esta experiencia me destruyó completamente».

Doris tardó dos años en denunciarlo, «y mis superiores decidieron no actuar». En 2011 abandonó la congregación.

Como activista por los derechos de la mujer en la Iglesia, Wagner defiende que las mujeres «deben ser reconocidas como iguales a los hombres».

Especialmente en la vida religiosa: «mientras las monjas se vean obligadas a vivir de acuerdo con un ideal de perfecta abnegación y sumisión, y estén viviendo en completa dependencia espiritual y financiera, su vulnerabilidad debe ser reconocida», concluye.

Rocío Figueroa sufrió durante años abusos por parte del vicario del Sodalicio, Germán Doig, mientras era consagrada de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, de la que llegó a ser superiora.

Hoy, esta teóloga peruana abandera, desde Voices of Faith, la lucha por la igualdad de las mujeres, religiosas y laicas, en la Iglesia.

En su opinión, «las mujeres en la Iglesia no tienen presencia institucional. La Iglesia católica está respirando solo con un pulmón y por eso se está ahogando (…). Este no es el verdadero rostro del pueblo de Dios».

Sobre las religiosas, lamenta que «siguen siendo consideradas por el clero como ciudadanas de segunda clase. Y no sólo eso, han sido explotadas y usadas para perpetuar el clericalismo».

«¿Cómo puede ser que en el siglo XXI tengamos congregaciones dedicadas a ser sirvientas de los sacerdotes? Las religiosas deben tener un rol fundamental en la renovación eclesial, ser líderes y participar de la toma de decisiones. Tienen que alzar su voz, como muchas lo están haciendo ya, contra un clericalismo que está aniquilando la belleza de nuestras comunidades eclesiales», denuncia.

«Las mujeres católicas estamos cansadas. ¡Basta ya de una Iglesia patriarcal, basta ya de una Iglesia que parece un club exclusivo de hombres donde las mujeres no cuentan», señala Rocío, que ve al Papa Francisco como «una oportunidad», un hombre que quiere «escuchar no sólo la voz de las mujeres sino la voz de las víctimas, que para mí son una voz profética para el futuro de la Iglesia».

Por su parte, la Asociación de Teólogas Españolas ha emitido un comunicado en el que quiere «mostrar su apoyo a todas aquellas mujeres que están en situaciones de violencia, animándolas a que denuncien y que no guarden silencio, para que sea posible que, con su voz, se produzca un esclarecimiento de su situación y una mejora de las condiciones de muchas religiosas en distintas instituciones eclesiales».

«Rogamos que aquellas personas que saben de estos abusos y violaciones los denuncien y acompañen a las víctimas para que no vivan su sufrimiento en soledad», apuntan las teólogas, que animan «al papa Francisco a que acoja esta terrible realidad como una cuestión prioritaria que atender y combatir, ya que es de justicia atender con misericordia a la que no se puede defender».

«Creemos en una Iglesia capaz de trabajar y mejorar sus imperfecciones, reconocer sus debilidades y extralimitaciones, algunas tan terribles como estas. Como teólogas seguimos defendiendo el empoderamiento de las mujeres en la Iglesia, pero esto solo es posible si se respeta su dignidad y su cuerpo. Abusar de otro, una mujer, a través del ejercicio del poder, es inaceptable y antievangélico», concluye la Asociación de Teólogas Españolas.

https://www.periodistadigital.com/cultura/religion/20190208/informe-denuncia-cuatro-diez-religiosas-han-sufrido-abusos-sexuales-manos-curas-obispos-noticia-689400348369/


Y la Recolección nació en torno a una hoguera

diciembre 5, 2019

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Felipe II

El Emperador Felipe II, promotor de la Recolección Agustiniana

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La Recolección Agustiniana nació en un encuentro en torno a “la lumbre” de una celda fría 
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05-12-2015 España
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El 5 de diciembre de 1588, hace 427 años, un Capítulo Provincial de la provincia de Castilla de la Orden de San Agustín marcó el inicio de la Recolección Agustiniana. La espiritualidad recoleta ha sido una rama fecunda dentro del estilo agustiniano de vida hasta hoy.

Desde el año 1556, el reinado de Felipe II significó la exploración global y la expansión territorial a través de los océanos Atlántico y Pacífico, llevando a la monarquía hispánica a ser la primera potencia de Europa ya que, por primera vez en la historia, un imperio integraba territorios de todos los continentes habitados del planeta. La Recolección agustiniana vivió los últimos diez años muy apoyada por este reinado, que acabó con la muerte del monarca en 1598.

A pocos kilómetros de Madrid, recorriendo hacia el norte 58 kilómetros, se puede hoy visitar el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, cuyas obras habían acabado en 1584 y que es uno de los escenarios del nacimiento de la Recolección. Hoy, curiosamente, está habitado por los Agustinos, y los Agustinos Recoletos marcan presencia en el majestuoso edificio al haber sido una de las sedes del Centro Teológico San Agustín, donde religiosos de varias provincias recoletas estudian la Teología.

En cuanto a la Iglesia, en 1585 el papa Sixto V sucede al fallecido Gregorio XIII. Este último había tenido un papado de 13 años centrado en la renovación moral. Ya en su primer consistorio comunicó a los cardenales su intención de hacer cumplir estrictamente el Concilio de Trento. Después incentivó los colegios y seminarios para los sacerdotes y en 1584 había fundado la Pontificia Universidad Gregoriana, lugar donde también muchos recoletos han estudiado a lo largo de la historia. A él se debe, a su vez, el llamado Calendario Gregoriano, que hoy sigue el mundo occidental.

Su sucesor, Sixto V, en cuyo papado nace propiamente la Recolección, era franciscano, italiano de familia de origen serbio, y tan solo estuvo en la cabeza de la Iglesia cinco años, hasta 1590. Le dio tiempo a finalizar la cúpula de San Pedro en el Vaticano. En el mismo año del nacimiento de la Recolección, en 1588, bendijo la salida de la Armada Invencible de Felipe II contra Inglaterra.

En 1588, el mismo año que la Recolección, nacieron el filósofo inglés Thomas Hobbes, el matemático francés Étienne Pascal o el mexicano estado de Zacatecas.

CUANDO LA RECOLECCIÓN ERA UN “TRENDING TOPIC”

Eran tiempos en los que la reforma católica estaba en alza. Los franciscanos y los carmelitas habían iniciado sus reformas unos años antes. En San Millán de la Cogolla, hoy también casa de Agustinos Recoletos, dos benedictinos se retiran en 1585 para “cumplir la Regla de San Benito en toda su pureza” y son llamados “recoletos”.

Era un trending topic en esos finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII en el que se vieron involucrados mercedarios, trinitarios, dominicos, carmelitas, bernardas, concepcionistas, jerónimas, trinitarias, clarisas, dominicas, carmelitas calzadas, brígidas…

El asunto “suena” en la Familia Agustiniana desde 1540, cuando algunos misioneros mexicanos agustinos ven cómo sus usos empapados de espíritu recoleto son aprobados en el capítulo de su Provincia de Castilla. En 1581 el Capítulo General autoriza a las Provincias a promulgar estatutos más rigurosos para los religiosos que “quisieran y pudieran”.

Lo cierto es que la Provincia de Castilla estaba en ese momento entre inquieta y dividida. Por un lado, los que tenían una vida llamada entonces “relajada” y llena de exenciones a las normas, que incluso habían entrado habitualmente en negocios de censos y rentas; por otro, quienes pedían una reforma para mantener una vida más espiritual y pobre.

Sixto V había nombrado general de la Orden de San Agustín a Gregorio Petrocchini, al que también concedió ser visitador y comisario apostólico de la Orden. Antes de dirigirse al Capítulo, visitó al monarca en El Escorial y recibió instrucciones de favorecer la presencia de casas de recoletos, así de frailes como de monjas, porque en este artículo ha sido muchos días ha su Majestad advertido que lo desean muchos religiosos, y así gustaría que el generalísimo lo tratase con hombres de religión y consejo y prudencia y, si pareciese, se pusiese en ejecución”.

Luis de León y Pedro de Rojas habían pedido a Felipe II su intervención. Eran tiempos que religión y gobierno estaban unidos, y el monarca era cercano a los movimientos de reforma, consciente del importante papel de las congregaciones religiosas en aquella sociedad.

Petrocchini llama a diez religiosos de especial peso dentro de la Provincia y decide adelantar el Capítulo de la Provincia de Castilla de la primavera de 1589 al 30 de noviembre de 1588. Deciden que se celebre en Toledo por ser el lugar “más accesible” a la mayoría de los vocales, situado en el centro geográfico de la península Ibérica. Tras visitar las comunidades más importantes de la Provincia, llega a Toledo el 28 de noviembre de 1588, donde ya estaban recién llegados los vocales del Capítulo.

EL CAPÍTULO DE TOLEDO

El encuentro de los 68 vocales para la celebración del Capítulo de la Provincia de Castilla comenzó con un ambiente tenso y dividido. El 2 de diciembre les llegan dos mensajes de Felipe II a través del Corregidor de la ciudad y de Andrés Fernández. Se recuerda a los Capitulares la necesidad de establecer casas recoletas.

El 3 de diciembre se dan a la tarea de escoger al nuevo provincial. Los votos indican la división: 31 votan a Pedro de Rojas, prior del convento de Madrid y partidario de la reforma; el resto de votos se dispersan entre Gaspar de Saona (26), Gabriel de Goldáraz (6), Gaspar de Melo (3), Luis de León (1) y Martín de Perea (1). Rojas no logrará la mayoría tampoco en segunda votación (33), así que el prior general hace uso de su facultad para nombrarle prior provincial electo para que cesase el alboroto y la discusión no siguiera hasta el infinito”.

Por fin, el 5 de diciembre, el definitorio pleno, constituido por nueve religiosos, promulga las 18 actas o determinaciones surgidas en el Capítulo. La quinta será el acta fundacional de la Recolección Agustiniana:

“Porque hay entre nosotros o, al menos, puede haber, algunos tan amantes de la perfección monástica que desean seguir un plan de vida más austero, cuyo legítimo deseo debemos favorecer para no poner obstáculos al Espíritu Santo, consultado previamente nuestro reverendísimo padre general e implorada su venia, determinamos que en esta nuestra provincia se señalen o se levanten de nueva planta tres o más monasterios de varones y otros tantos de mujeres, en los que se practique una forma de vida más austera, la que, tras madura reflexión, prescriba el padre provincial con su definitorio”.

Algunas otras decisiones del Capítulo parecen casi contrarias al acta quinta. La séptima legitima el uso privado de dinero por los religiosos; la octava aprueba juegos de cartas y representaciones; la decimotercera defiende los títulos honoríficos

Todo parece indicar que la quinta fue fruto de un limitado grupo de religiosos que aprovechan el favor del rey que, por cierto, el mismo día 5 fue informado de la aprobación de las casas de recoletos y del nuevo provincial, proclive a la reforma.

EL ENCUENTRO EN UNA CELDA FRÍA DEL CONVENTO

Lo cierto es que podemos poner nombre a los principales impulsores de la reforma en la provincia de Castilla. Poco antes de comenzar el Capítulo se reunieron, los tres, para preparar la defensa de sus argumentos ante el resto de los reunidos. Se trata de Jerónimo de Guevara (1554-1589), Luis de León (1528-1591) y Pedro de Rojas (†1602).

Contamos con un documento de gran valor para nuestra Recolección de hoy; se trata de las memorias de Juan Quijano, que en 1588 tenía 16 años, estaba recién profeso (dos días antes de aquella reunión) y que estuvo en aquella habitación donde se producía la reunión. Y lo contó así:

Séame permitido decir lo que me aconteció cuando estando una noche en la celda del padre fray Pedro de Rojas, entonces prior de San Felipe, y el padre maestro Fray Luis de León y nuestro padre Fray Jerónimo de Guevara a la lumbre. Yo era recién profeso, había dos días. […] Hacíanme todos tres mucha merced, aunque era bien niño, pero por diferentes respetos […] hiciéronme sentar a los pies del uno para que me calentase.

Empezaron a tratar de cómo y de qué manera habían de fundar el monasterio, cuán pobre, cuán apartado de bullicio, qué constituciones y modo habría de tener en hábito y en todo. Al fin, allí se decía una como idea del primer monasterio, cierto bien trazado y observante, al fin, como de tan grandes ingenios como eran los tres.

Yo, aunque criatura, estábamelos mirando u oyendo con mucha atención, y acuérdome que leía yo y pasaba la vida de la santa madre Teresa de Jesús, que ella había escrito: lo que le acaeció también cuando era niña y hacía ermitas y querían ser ella y su hermano ermitaños.

Levantóme con la mano el padre maestro fray Luis de León la cabeza, como que le mirase, y díjome:
— “Fray Juan, ¿y vos queréis ir con nosotros a ese monasterio?”.
— Díjele: “sí, por cierto, pero vuestra paternidad no ha de ir allá”.
— “Pues, ¿cómo lo veis?”, me dijo.
— “Porque no; no me parece que vuestra paternidad ha de ir, ni es para tan áspera vida. Déjela para el padre fray Jerónimo”.

Hoguera de leña

Y el chico tuvo razón. Luis de León favoreció, apoyó y dotó a la Recolección de sus primeras normas de vida. En 1589 se le encomendó la fundación de una casa recoleta en Salamanca; en 1590 asistió a la instalación del nuevo convento recoleto de Portillo (Valladolid); presentó diversas instancias de ausencia avaladas por Felipe II a la Universidad de Salamanca, donde dictaba lecciones, para poder dedicarse al nacimiento de la Recolección Agustiniana.

Pero la muerte le sorprendió el 23 de agosto de 1591 en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) cuando preparaba una biografía de santa Teresa de Jesús, cuyos escritos había revisado para la publicación. Tras su muerte sus restos fueron llevados a Salamanca, en cuya universidad descansan.

http://www.agustinosrecoletos.org/noticia.php?id_noticia=15378&id_seccion=5&idioma=1

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Para conocer más de los orígenes de la Recolección Agustiniana: https://www.dropbox.com/sh/vfzcqa5blss5txc/AADYtJakcT-HyCl9-XUALGzVa?dl=0

Primicia del 5 de diciembre de 2019: https://www.youtube.com/watch?v=_d6epGZ58bY&feature=emb_share&fbclid=IwAR3AMEScFoonKKo3FB_UBTv-U2kEzvLbX2npXUqddf19NNAYsjDK7Dm4JGI


Vida comunitaria y “relaciones virtuales”

diciembre 1, 2019

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¿Cómo acompañar a las jóvenes que sienten en su corazón la llamada de Dios a seguirlo más de cerca en la vida religiosa?

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Vida comunitaria y “relaciones virtuales”

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Uno de los retos que tiene la pastoral vocacional hoy y concretamente en nuestra Orden de Agustinos Recoletos, es el de hablarles y de presentarles a las nuevas vocaciones el estilo de vida comunitario, tal y como lo quiso San Agustín y que se encuentra reflejado al inicio de la Regla cuando dice: Lo primero para lo que se han congregado en la comunidad es para que habiten unánimes en la casa y tengan una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia  Dios (1,2).

Cómo hablarles a los jóvenes de esa vivencia comunitaria, cuando sabemos que es mucho más que una simple reunión de amigos o un encuentro de personas; que la vida comunitaria incluye mucho más que vivir en una misma casa.

Es crear una nueva familia, unida no por los lazos de sangre, sino por el mismo ideal de seguir a Cristo, casto, pobre y obediente, buscando hacer realidad aquello de “una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios”.

La mayoría de estos jóvenes, aquellos que catalogamos hoy como millennials [1] o centennials [2], pasan la mayor parte de su día frente a una pantalla, buscando muchas veces, llenar la soledad o un vacío afectivo o simplemente ser aceptados y escuchados dentro de un grupo de “iguales” en el que no son ni juzgados ni rechazados.

Estos jóvenes que están tocando las puertas de nuestra comunidad con el deseo de ser agustinos recoletos, viven una experiencia de “relaciones virtuales”, a través de la Internet y de los diversos medios de comunicación, de las redes sociales, el WhatsApp; de todos estos medios, a través de los cuales, ellos, que han nacido ya en un mundo completamente digitalizado y virtual, se mueven en el día a día.

A ellos les cuesta vivir y manifestar aquello que no tienen en el diccionario de su vida, que no conocen; aquello que incluso –me atrevo a decirlo- no saben lo que es, aunque se caractericen por la investigación.

A estos jóvenes, el Papa Francisco les escribía, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud el 25 de marzo del año 2018: «No dejen que el resplandor de la juventud se apague en la oscuridad de una habitación cerrada en la que la única ventana para ver el mundo sea el ordenador y el Smartphone (…) Abran las puertas de su vida: Que su ambiente y su tiempo estén ocupados por personas concretas, relaciones profundas, con las que puedan compartir experiencias auténticas y reales en su vida cotidiana, para no perder tiempo y energías con fantasmas que no tienen rostro ni consistencia» [3].

¿Cómo hacer realidad aquello que es esencial en nuestro carisma con personas “normales”, reales, con seres humanos con dificultades, errores, cualidades, con una serie de situaciones netamente humanas, cuando la mayor parte de su vida, estos jóvenes han crecido viviendo entre ellos unas “relaciones virtuales”, mal llamadas por ellos mismos “personales” y “afectivas”; cuando muchos de sus “amigos” están en la Internet, en el Facebook, en el Instagram o en el Twitter y no en la realidad; cuando son jóvenes que pasan la mayor parte de su tiempo chateando y el máximo de relación que tienen con una persona es a través de una video-llamada, pero no comparten el día a día con amigos o familiares, en el tú a tú de una mesa, de una reunión, de un encuentro?.

Una encuesta realizada a jóvenes españoles, dice que “Nueve de cada diez adolescentes entre 14 y 16 años tiene un perfil propio en una red social y lo usa para poder sentirse integrado en el grupo, aunque la gran mayoría, el 83,5%, reconoce que sabe que en las redes sociales se miente más que en el cara a cara.

Entre sus preferencias, utilizan Instagram «para publicar y ser vistos», Youtube «para consumir contenidos y sentirse fans», Twitter «para seguir a sus ídolos» y Facebook «como plataforma para juegos y mantener amistades lejanas», mientras WhatsApp es la herramienta para el contacto cotidiano con amigos y familiares” [4].

En el mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, en 2019, el Papa Francisco escribió: «Es evidente que, en el escenario actual, la social network community no es automáticamente sinónimo de comunidad. En el mejor de los casos, las comunidades de las redes sociales consiguen dar prueba de cohesión y solidaridad; pero a menudo se quedan solamente en agregaciones de individuos que se agrupan en torno a intereses o temas caracterizados por vínculos débiles. Además, la identidad en las redes sociales se basa demasiadas veces en la contraposición frente al otro, frente al que no pertenece al grupo: este se define a partir de lo que divide en lugar de lo que une, dejando espacio a la sospecha y a la explosión de todo tipo de prejuicios (étnicos, sexuales, religiosos y otros). Esta tendencia alimenta grupos que excluyen la heterogeneidad, que favorecen, también en el ambiente digital, un individualismo desenfrenado, terminando a veces por fomentar espirales de odio. Lo que debería ser una ventana abierta al mundo se convierte así en un escaparate en el que exhibir el propio narcisismo» [5].

Los consagrados sabemos que es Dios quien nos congregaa través de nuestros superiores, como hermanos, llegados de diversas partes del mundo, con culturas distintas y edades diferentes en la misma casa; para ello no se hace una “solicitud de amistad” (como la del Facebook) a la espera de ser aceptado en el grupo, quién sabe en qué categoría: mejores amigos, amigos, conocidos… Tampoco se hace a través de una “petición de seguimiento” (como en el Twiter). Simplemente, es el voto de obediencia el que hace posible conocer nuevos hermanos, convivir con ellos y hacerlos parte integral de la vida: nuestra nueva y “real” familia.

Aquí está el desafío de la pastoral vocacional hoy y de los formadores en los seminarios y casas de formación, ahí tenemos el gran reto de hacer asequible, vivible, atrayente y real nuestro carisma de agustinos recoletos; algo que no es virtual sino real, completamente humano.

Es quizá, esta una de las razones por la que muchos jóvenes cuando ingresan al seminario o a la casa de formación se desencantan de la vida religiosa, de la vida comunitaria, porque pensaban que era tan fácil como un clic mediante el cual se apaga una pantalla, se elimina un contacto o se bloquea a alguien que no se quiere porque ha dicho o publicado algo mal. Se piensa que la vida cotidiana es tan fácil como un like y no es así.

Es verdad que las redes sociales son hoy un “areópago” de evangelización y que a través de ellas muchos que sienten la llamada a la vida religiosa o sacerdotal, buscan congregaciones o diócesis, con las que se ven identificados por su carisma, apostolado o trabajo social; por eso incluso, muchas comunidades religiosas han contratado a expertos en posicionamiento en las búsquedas en Google para aparecer en las primeras opciones cuando alguien escriba, por ejemplo, “cómo ser monja”, según lo afirma el diario El País, de España [6].

En algunos lugares se utilizan incluso, plataformas vocacionales como el caso de “Twelves”, una red o plataforma social privada católica que pretende servir de ayuda a aquellos adolescentes y jóvenes que buscan en su vida la voluntad de Dios [7]. Este tipo de redes, pretenden convertirse en una herramienta educativa para potenciar una comprensión de la vida cristiana en clave vocacional, utilizando un entorno y lenguaje habitual entre los adolescentes y jóvenes del siglo XXI, tal como son las redes sociales [8].

Se pudiera pensar que esta es también, una de las razones  por las que el joven “vocacionado” no sabe comprender la realidad del otro, entender que también se equivoca, aceptar que no es un hermano irreal o virtual, sino alguien de carne y hueso, que como él sufre, pasa necesidades y quiere también tener una experiencia de Dios y construir su santidad en la vivencia de la vida comunitaria, al ejemplo de la primitiva comunidad cristiana y de Agustín de Hipona.

¿Cómo hablar de vida comunitaria a los jóvenes que solo tienen en su vida “relaciones virtuales”? Es una pregunta que no puede dejarnos con los brazos cruzados y que se convierte en el gran reto, apasionante por demás, de la pastoral vocacional hoy, el desafío de los que hemos recibido el encargo de acompañar a los jóvenes que sienten en su corazón la llamada de Dios a seguirlo más de cerca en la vida religiosa.

Juan Pablo Martínez Peláez OAR

 

[1] Millennials: Nacidos entre 1980 y 1996. Quienes acuñaron este término, William Strauss y Neil Howe, consideran que son sobre protegidos, orientados al trabajo en equipo, convencionales y exitosos, les interesa menos estar informados de política, tienen más atributos de liderazgo que otras generaciones, los motivan el disfrute y los desafíos, valoran la libertad para realizar su trabajo y sus proyectos personales, son innovadores y cuestionan la autoridad de sus superiores. Esta generación pide que las empresas se ajusten a sus necesidades (y no vicesersa). Son considerados inmigrantes digitales porque nacieron en una era analógica e hicieron la transición al mundo digital. (Fuente: Mónica Silva Saldaña. Revista AVIANCA. Octubre 2019).

[2] Centenials: Nacidos entre 1997 y 2014. Son nativos digitales que han crecido en la era tecnológica. Es la primera generación en tener acceso a Internet desde una edad temprana. Son realistas, pragmáticos, tienen mayor capacidad y rapidez en el análisis de datos, les preocupan el medio ambiente, la sostenibilidad del planeta y la movilidad. Son más religiosos que las demás generaciones (en Estados Unidos, por ejemplo el 41% asiste a la Iglesia). Es la generación que menos se expone a riesgos, las compras online y las reseñas de otros usuarios marcan su forma de consumir. Tienen una conciencia responsable y son menos consumistas que los millennials. Tienen una educación bilingüe y tienen una actitud de rebeldía contra el sistema político. (Fuente: Mónica Silva Saldaña. Revista AVIANCA. Octubre 2019).

[3]  https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/02/22/mens.html.

[4] http://www.rtve.es/noticias/20190122/835-adolescentes-espanoles-cree-redes-sociales-se-miente-mas-cara-cara/1872691.shtml.

[5] https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2019/01/24/mens.html

[6] https://cincodias.elpais.com/cincodias/2015/04/15/emprendedores/1429099031_999990.html

[7] http://vocacionyactualidad.blogspot.com/2015/03/twelves-una-espectacular-red-social.html.

[8] Ibíd.

Vida comunitaria y «relaciones virtuales»


La Presentación de la Virgen María (Dedicación)

noviembre 21, 2019

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En este día celebramos la «dedicación» que María hizo de sí misma a Dios, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada.

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La Presentación de la Virgen María (Dedicación)

Nota litúrgica: 

En este día, en que se recuerda la dedicación, el año 543, de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo de Jerusalén, celebramos, junto con los cristianos de la Iglesia oriental, la «dedicación» que María hizo de sí misma a Dios, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada.

Felicidades a todas las mujeres y varones que llevan el nombre de “Presentación” y “Presen”. Que la Santísima Virgen María los cubra con su manto. 

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Hoy, celebramos junto con toda la Iglesia, la Presentación en el Templo de la niña Santa María. Es en una antigua y piadosa tradición que encontramos los orígenes de esta fiesta mariana que surge en el escrito apócrifo llamado “Protoevangelio de Santiago”.

Este relato cuenta que cuando la Virgen María era muy niña sus padres San Joaquín y Santa Ana la llevaron al templo de Jerusalén y allá la dejaron por un tiempo, junto con otro grupo de niñas, para ser instruida muy cuidadosamente respecto a la religión y a todos los deberes para con Dios.

Los pintores renacentistas dejaron en su lienzo la figura de la Virgen niña que sube correteando las escaleras del templo mientras el Sumo Sacerdote, revestido de los más preciosos ornamentos, recibe la ofrenda; prudentemente distanciados, Joaquín y Ana, los padres de la niña, contemplan el acto, como en segundo plano.

Pero eso es la expresión imaginativa de los artistas; otra cosa distinta es que alguna vez aquello haya sido realidad.

En primer lugar hay que decir que no hay que confundir la presentación de la Virgen María con la presentación del Niño Jesús. Con respecto a esta última hay que decir que es un acontecimiento histórico, avalado por el testimonio evangélico, común en el pueblo judío contemporáneo de Cristo, y acto que responde a un imperativo religioso legal veterotestamentario consistente en presentar al primogénito varón recién nacido, ofreciéndolo al Templo y rescatándolo por una ofrenda de animales.

La presentación de la Virgen, por el contrario, solo roza la posibilidad ni siquiera probable, no tiene apoyatura histórica fiable, y responde a una tradición piadosa.

Dice esta antigua tradición que el matrimonio de Joaquín y Ana soporta la pena de no tener descendencia; que los esposos sufren pacientes el oprobio de sentirse excluidos de la posibilidad de tener entre su descendencia al Mesías. Ana y su esposo han rogado y suplicado al Señor; incluso han hecho voto de ofrecer el fruto de sus entrañas a su servicio. Una vez nacida la hija tan esperada, cuando tiene tres años, cumplen la promesa, dándola al Templo.

Lo más probable es que haya sido el influjo de los evangelios apócrifos –no auténticos– los que han filtrado esta imagen sufriente, expectante y oferente de los padres de la Virgen cuya identidad es, por otra parte, desconocida.

Con respecto a la situación anímica de sus padres hay que decir que, en el supuesto de que en verdad fueran estériles, ciertamente encaja la situación psicológica con la de cualquier matrimonio que con toda lógica anhela ver reflejado su amor en el fruto de los hijos; y más, con el agravante que pesa sobre la sociedad judía contemporánea al verse privados de la posibilidad –poco probable– de descendencia mesiánica, hasta el punto de considerar a la esterilidad casi como castigo de Dios; pero tampoco es demostrable que fueran Joaquín y Ana de ascendencia davídica.

Por parte del Templo, el asunto del ofrecimiento de la niña solo se entiende a semejanza de lo que era preciso hacer con los primogénitos varones nacidos. Pero también aquí tenemos solo indicios para avalar esta posibilidad por las referencias bíblicas que poseemos.

Se encuentra alguna rara alusión sobre la existencia de una comunidad femenina dentro del recinto sagrado, como podría deducirse de la afirmación lucana sobre la «profetisa Ana que no se apartaba del templo día y noche con ayuno y oraciones».

Parece probado que había estancias dentro del contorno amurallado por los episodios de Helí y Samuel y por la afirmación de que en esas dependencias estuvo escondido por seis años Joás con su nodriza y así pudo escapar de la persecución a muerte por parte de Ococías.

A pesar de ello, no hay constancia bíblica de la existencia de niñas en el Templo de Jerusalén; sería único y extraño el caso de María en el supuesto de que en la Biblia se mencionara, cosa que no sucede.

Claro está que estas dificultades han influido como obstáculos para poder afirmar el dato de la presentación de la Virgen María y que ello cuajara en fiesta.

La primera referencia de escritos eclesiásticos en los Padres de la Iglesia es bastante tardía; se remonta al siglo v. Se conoce la existencia de esta fiesta en el siglo VI, en Oriente. En Occidente, se registra la presentación de la Virgen en el siglo XII, en el sur de Italia y en Inglaterra. Gregorio XI la introdujo en Aviñón y a España vino con Cisneros. Cuando se reforma el calendario en tiempos de Pío V, quedó suprimida, y nuevamente restablecida con Sixto V.

Y, ciertamente, entre los historiadores y liturgistas se han dado oleadas de tensiones. Ha habido voluntad de suprimirla por apócrifa y también deseos de restaurarla y mantenerla por considerarla fiesta-resumen que expresa la disposición interna, habitual, permanente y libre de la Virgen Madre de Dios a lo largo de todo el curso de su existencia terrena.

Porque, si consagrar es dedicar algo o a alguien al exclusivo uso de Dios para el culto o para su servicio, ¿cómo no va a poderse celebrar lo que significa la Presentación de la Virgen María en el Templo –aunque esta no se diera– como epítome condensado de la vida entera de María?

La «llena de gracia» y de fe, con claridad humilde y recia dijo un día «fiat» haciéndolo permanente perseverancia con absoluta y definitiva disponibilidad «siendo de Dios» en sus obras, que solo eran el exponente de sus pensamientos, deseos, aspiraciones y proyectos.

Fuente: Archidiócesis de Madrid | aciprensa

https://misionmas.wordpress.com/2019/11/21/presentacion-de-la-virgen-maria/?fbclid=IwAR1jjeCthR0aH10jSiTCtPMbi4EHduvbkwZlFXMmo_9YXT3SanAJUqRwuio

 


El maná de cada día, 15.10.19

octubre 15, 2019

Martes de la 28ª semana de Tiempo Ordinario

Santa Teresa de Ávila

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Quinto día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista

Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista



PRIMERA LECTURA: Romanos 1, 16-25

Hermanos:

Yo no me avergüenzo del Evangelio: es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por fe».

Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante.

Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras.

Realmente no tienen disculpa, porque, conociendo a Dios, no le han dado la gloria y las gracias que Dios se merecía, al contrario, su razonar acabó en vaciedades, y su mente insensata se sumergió en tinieblas.

Alardeando de sabios, resultaron unos necios que cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.

Por esa razón, abandonándolos a los deseos de su corazón, los ha entregado Dios a la inmoralidad, con la que degradan ellos mismos sus propios cuerpos; por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén.


SALMO 18, 2-3. 4-5

El cielo proclama la gloria de Dios.

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los limites del orbe su lenguaje.


ALELUYA: Heb 4, 12

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.


EVANGELIO: Lucas 11, 37-41

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa.

Él entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.»

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15 de octubre
Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

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Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios

Nace Teresa en Ávila el 28 de marzo de 1515. A los dieciocho años, entra en el Carmelo. A los cuarenta y cinco años, para responder a las gracias extraordinarias del Señor, emprende una nueva vida cuya divisa será: «O sufrir o morir».

Es entonces cuando funda el convento de San José de Ávila, primero de los quince Carmelos que establecerá en España. Con san Juan de la Cruz, introdujo la gran reforma carmelitana.

Sus escritos son un modelo seguro en los caminos de la plegaria y de la perfección. Murió en Alba de Tormes, al anochecer del 4 de octubre de 1582. Pablo VI la declaró doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.

ACORDÉMONOS DEL AMOR DE CRISTO

Del Libro de su vida, de santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia

Con tan buen amigo presente –nuestro Señor Jesucris­to–, con tan buen capitán, que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Hu­manidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.

Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majes­tad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros.

Este Señor nuestro es por quien nos vie­nen todos los bienes. Él lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.

¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí.

Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús­, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.

Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.

Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor.

Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón de este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.
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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (5)

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Catequista y mensajera de paz

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día quinto:

Magdalena, colaboradora eficaz de los misioneros.

Magdalena es desde el principio el brazo derecho de los padres Francisco y Vicente. Vive en su casa, formando una familia, les sirve con amor casto y se une a sus rezos. Es el enlace de los padres con los cristianos. Los conduce de noche a casa de de los enfermos y moribundos, o de los que tienen necesidad de sacramentos. Su buena formación religiosa, su natural simpatía, su ardiente amor a Cristo, su afán por dar a conocer a su Amado, le convierten en una catequista sin igual, en una mensajera de paz.

Su vida y la vida de los padres, no está exenta de peligros, sino todo lo contrario. Son tiempos de persecución, y de martirio de cuantos caen en las manos de los esbirros de los gobernadores de Nagasaki. Los padres y la misma Magdalena se ven envueltos en continuos peligros. Cambian continuamente de casa y no saben dónde poner los pies.

En 1626, deciden separarse los padres: Francisco va al norte del Japón; Vicente queda en Nagasaki. Y junto a él, Magdalena. Y con él continúa su misión de apostolado. El abundante trabajo y la desolación que se abate sobre los cristianos no logran abatir el ánimo de Magdalena y de su padre espiritual.

El 8 de septiembre de 1628 Magdalena asiste a un nuevo espectáculo horrible: plantada una hilera de 12 columnas rodeadas de leña húmeda, atan en ellas a otros tantos cristianos. Delante de las columnas, otra hilera de 12 víctimas. A un golpe de espada, las cabezas ensangrentadas caen a los pies de los que después son quemados vivos.

En estas circunstancias, hay cabezas de familia, que momentáneamente reniegan de la fe. Pero pronto, bajo la acción de los misioneros y catequistas, la proclaman de nuevo. Es ésta la principal ocupación de Magdalena. Conoce a todos los cristianos y todos la respetan. Recorre ansiosa los hogares, anima a los caídos a levantarse, les echa en cara su traición, les hace ver la brevedad de la vida, la gloria que les espera si perseveran en la fe aun a costa de su sangre. Sus palabras son fuego que encienden los ánimos, y a la vez bálsamo que cura las heridas e infunde fuerza y serenidad.

El padre Francisco vuelve a Nagasaki, y los dos misioneros, con la preciosa ayuda de la incansable Magdalena, logran sostener a la dispersa cristiandad de Nagasaki. Atraen, además, a cientos, a terciarios y cofrades de la correa de la Consolación.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por el aumento y perseverancia de los catequistas, sobre todo en los territorios de misión, para que colaboren asiduamente a la extensión del reino de Cristo. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

septiembre 9, 2019

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El Papa Francisco bendice a una religiosa anciana. En Madagascar © Vatican Media

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Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

En Antananarivo, capital del país

Por Rosa Die de Alcolea

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(ZENIT – 8 sept. 2019).- “Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios”, Francisco ha bendecido a los miles de consagrados de Madagascar.

El encuentro de los sacerdotes, seminaristas, religiosos y consagrados ha tenido lugar en el Colegio de San Miguel, situado en el barrio de Amparibe, en Antananarivo, capital de Madagascar, a las 17:10 horas (16:10 h. en Roma), después de su visita a la Ciudad de la Amistad Akamasoa y a la Cantera de Mahatazana.

“Pasaje a una vida mejor”

“La persona consagrada –en el amplio sentido de la palabra– es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo”, ha anunciado el Papa, mientras les ha agradecido su testimonio por “querer quedaros ahí” y “no hacer de la vocación un ‘pasaje a una mejor vida’”.

“Vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo”, les ha dicho.

Francisco ha invitado a los consagrados y consagradas a ser “hombres y mujeres de alabanza”, porque “la persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir”, ha explicado el Santo Padre.

“En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo”, ha alentado el Papa. “Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar a una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia”.

Lucha en “nosotros mismos”

“La lucha también la vivimos en nosotros mismos”, ha advertido el Papa. “Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida”.

Por ello, el Pontífice ha exhortado a derrotar al mal espíritu en su propio terreno; “allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión. ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!”, ha exclamado.

Agradecimiento al traductor 

De manera anecdótica el Obispo de Roma ha vuelto a tener un bonito gesto de cercanía: De manera especial, ha agradecido públicamente al sacerdote de Madagascar que ha traducido sus discursos estos días durante su visita al país, de lengua italiana al francés y al malgache.

A continuación, ofrecemos el discurso que el Papa Francisco ha dirigido a los sacerdotes, religiosos, seminaristas, consagrados y diáconos de Madagascar:

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Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco vuestra cálida bienvenida. Quiero que mis primeras palabras estén dirigidas especialmente a todos los sacerdotes, consagradas y consagrados que no pudieron viajar por un problema de salud, el peso de los años o alguna complicación. (Minuto de silencio)

Al terminar mi visita a Madagascar aquí con vosotros, al ver vuestra alegría, pero también recordando todo lo que he vivido en este tan poco tiempo en vuestra isla, me brotan del corazón aquellas palabras de Jesús en el Evangelio de Lucas cuando, estremecido de gozo, dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños» (10,21).

Y este gozo es confirmado por vuestros testimonios porque, aun aquello que vosotros expresáis como problemáticas, son signos de una Iglesia viva, pujante, en búsqueda de ser cada día presencia del Señor. Una Iglesia cercana al pueblo, siempre caminando con el pueblo de Dios.

Esta realidad es una invitación a la memoria agradecida de todos aquellos que no tuvieron miedo y supieron apostar por Jesucristo y su Reino; y vosotros hoy sois parte de su heredad.

Pienso en los lazaristas, los jesuitas, las hermanas de San José de Cluny, los hermanos de las escuelas cristianas, los misioneros de La Salette y todos los demás pioneros, obispos, sacerdotes y consagrados. Pero también de tantos laicos que, en los momentos difíciles de persecución, cuando muchos misioneros y consagrados tuvieron que partir, fueron quienes mantuvieron viva la llama de la fe en estas tierras.

Esto nos invita a recordar nuestro bautismo, como el primer y gran sacramento por el que fuimos sellados como hijos de Dios. Todo el resto es expresión y manifestación de ese amor inicial que siempre estamos invitados a renovar.

La frase del Evangelio a la que me referí es parte de la alabanza del Señor al recibir a los setenta y dos discípulos cuando volvían de la misión.

Ellos, como vosotros, aceptaron el desafío de ser una Iglesia “en salida”, y traen las alforjas llenas para compartir todo lo que han visto y oído. Vosotros os habéis atrevido a salir, y aceptásteis el desafío de llevar la luz del Evangelio a los distintos rincones de esta isla.

Sé que muchos de vosotros vivís situaciones difíciles, donde faltan los servicios esenciales —agua, electricidad, carreteras, medios de comunicación— o la falta de recursos económicos para llevar adelante la vida y la actividad pastoral. Muchos de vosotros sentís sobre vuestros hombros, por no decir sobre vuestra salud, el peso del trabajo apostólico.

Pero vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo. Gracias por esto. Muchas gracias por vuestro testimonio y por querer quedaros ahí y no hacer de la vocación un “pasaje a una mejor vida”.

Y quedaros ahí con esa conciencia, como decía la hermana: “a pesar de nuestras miserias y debilidades, nos comprometemos con todo nuestro ser a la gran misión de la evangelización”. La persona consagrada —en el amplio sentido de la palabra— es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo.

Al recibir y escuchar a sus discípulos volver llenos de gozo, lo primero que Jesús hace es alabar y bendecir a su Padre; y esto nos muestra una parte fundamental de nuestra vocación. Somos hombres y mujeres de alabanza. La persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir.

En la alabanza encontramos nuestra pertenencia e identidad más hermosa porque libra al discípulo de los “habriaqueísmos” y le devuelve el gusto por la misión y por estar con su pueblo; le ayuda a ajustar los “criterios” con los que se mide a sí mismo, mide a los otros y a toda la actividad misionera, para que no tengan algunas veces poco sabor a Evangelio.

Muchas veces podemos caer en la tentación de pasar horas hablando de los “éxitos” o “fracasos”, de la “utilidad” de nuestras acciones, o la “influencia” que podamos tener. Discusiones que terminan ocupando el primer puesto y el centro de toda nuestra atención.

Esto que nos conduce —no pocas veces— a soñar con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, pero propios de generales derrotados que terminan por negar nuestra historia —al igual que la de vuestro pueblo— que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio y la constancia en el trabajo que cansa (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 96).

Al alabar aprendemos la sensibilidad para no “desorientarnos” y hacer de los medios nuestros fines, de lo superfluo lo importante; aprendemos la libertad para poner en marcha procesos más que querer ocupar espacios (cf. ibíd., 223); la gratuidad de fomentar todo lo que haga crecer, madurar y fructificar al Pueblo de Dios antes que orgullecernos por cierto fácil, rápido pero efímero “rédito” pastoral.

En cierta medida, gran parte de nuestra vida, de nuestra alegría y fecundidad misionera se juega en esta invitación de Jesús a la alabanza. Como bien le gustaba señalar a ese hombre sabio y santo, como ha sido Romano Guardini: «El que adora a Dios en sus sentimientos más hondos y también, cuando tiene tiempo, realmente, con actos vivos, se encuentra cobijado en la verdad. Puede equivocarse en muchas cosas; puede quedar abrumado y desconcertado por el peso de sus acciones; pero, en último término, las direcciones y los órdenes de su existencia están seguros» (Pequeña Suma Teológica, Madrid 1963, 29).

Los setenta y dos eran conscientes de que el éxito de la misión dependió de hacerla “en nombre del Señor Jesús”. Eso los maravillaba. No fue por sus virtudes, nombres o títulos, no llevaban boletas de propaganda con sus rostros; no era su fama o proyecto lo que cautivaba y salvaba a la gente.

La alegría de los discípulos nacía de la certeza de hacer las cosas en nombre del Señor, de vivir su proyecto, de compartir su vida; y esta les había enamorado tanto que les llevó también a compartirla con los demás.

Y resulta interesante constatar que Jesús resume la actuación de los suyos hablando de la victoria sobre el poder de Satanás, un poder que desde nosotros solos jamás podremos vencer, pero sí en el nombre de Jesús. Cada uno de nosotros puede dar testimonio de esas batallas, y también de algunas derrotas.

Cuando vosotros mencionáis la infinidad de campos donde realizáis vuestra acción evangelizadora, estáis librando esa lucha en nombre de Jesús. En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo. Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación.

En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar a una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia.

Es un combate ganador el que se lucha contra la ignorancia brindando educación; también es llevar la presencia de Dios cuando alguien ayuda a que se respete, en su orden y perfección propios, todas las criaturas evitando su uso o explotación; y también los signos de su victoria cuando plantáis un árbol, o hacéis llegar el agua potable a una familia.

¡Qué signo del mal derrotado es cuando vosotros os dedicáis a que miles de personas recuperen la salud! ¡Seguid dando estas batallas, pero siempre en la oración y en la alabanza!

La lucha también la vivimos en nosotros mismos. Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite «una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida.

A veces sucede que la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 78) .

Así, más que hombres y mujeres de alabanza, podemos transformarnos en “profesionales de lo sagrado”. Derrotemos al mal espíritu en su propio terreno; allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión (cf. ibíd., 76). ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!

Queridos hermanos y hermanas: Jesús alaba al Padre porque ha revelado estas cosas a los “pequeños”. Somos pequeños porque nuestra alegría, nuestra dicha, es precisamente esta revelación que Él nos ha dado; el sencillo “ve y escucha” lo que ni sabios, ni profetas, ni reyes pueden ver y escuchar: la presencia de Dios en en los pacientes y afligidos, en los que tienen hambre y sed de justicia, en los misericordiosos (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).

Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios.

Transmitidles a vuestras comunidades mi cariño y cercanía, mi oración y bendición. En esta bendición que os daré en nombre del Señor os invito a que penséis en vuestras comunidades, en vuestros lugares de misión, para que el Señor siga “diciendo bien” a todas esas personas, allí donde se encuentren. Que vosotros podáis seguir siendo signo de su presencia viva en medio de nosotros.

Y no os olvidéis de rezar y hacer rezar por mí.

Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”


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