El maná de cada día, 2.10.19

octubre 2, 2019

Miércoles de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

 

Santos Ángeles Custodios

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“Ángel de la Guarda”, lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (1665)

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Antífona de entrada: Dn 3, 58

Ángeles del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.


Oración colecta

Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Nehemías 2, 1-8

Era el mes de Nisán del año veinte del rey Artajerjes. Tenía el vino delante, y yo tomé la copa y se la serví. En su presencia no debía tener cara triste.

El rey me preguntó: «¿Qué te pasa, que tienes mala cara? Tú no estás enfermo, sino triste.»

Me llevé un susto, pero contesté al rey: «Viva su majestad eternamente. ¿Cómo no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas, y sus puertas consumidas por el fuego?»

El rey me dijo: «¿Qué es lo que pretendes?»

Me encomendé al Dios del cielo y respondí: «Si a su majestad le parece bien, y si está satisfecho de su siervo, déjeme ir a Judá a reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres.»

El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron: «¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás?»

Al rey le pareció bien la fecha que le indiqué y me dejó ir, pero añadí: «Si a su majestad le parece bien, que me den cartas para los gobernadores de Transeufratina, a fin de que me faciliten el viaje hasta Judá. Y una carta dirigida a Asaf, superintendente de los bosques reales para que me suministren tablones para las puertas de la ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me instalaré.»

Gracias a Dios, el rey me lo concedió todo.


SALMO 136, 1-2. 3. 4-5. 6

Que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti.

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: «Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 102, 21

Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos.


EVANGELIO: Mateo 18, 1-5.10

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:

«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. »


Antífona de comunión: Sal 137, 1

Delante de los ángeles tañeré para ti, Dios mío.


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Que te guarden en tus caminos

De los sermones de san Bernardo, abad

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos». Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él.

Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia.

Porque ellos están presentes Junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.

Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos.

Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honr­ar, ser amados y honrados.

En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores.

En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.

Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios.

Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.

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Nuestro Ángel de la guarda

No nos resulta difícil creer que cada niño está encomendado por Dios a un ángel. Seguro que te acuerdas todavía cómo de pequeño te enseñaron a rezar a tu Ángel de la guarda.

Y, sin embargo, a medida que te has hecho adulto has ido olvidando, quizá, que sigues encomendado a ese mismo Ángel que acompañó los sueños y pasos de tu infancia.

Tu Ángel de la guarda no se hace adulto. Tienes siempre a tu lado a ese amigo inseparable que contempla y ama incesantemente el rostro de Dios. No te olvides de él.

Encomiéndale, como a buen mensajero, que lleve ante ese rostro divino del Padre todas tus oraciones, tus peticiones, tus besos, tus amores.

Pon en sus manos puras las almas de todos aquellos que Dios te ha encomendado para que las deposite junto al corazón de Dios. Confíale tus afanes apostólicos para que vaya delante de ti, preparando en las almas el camino del Señor. Fíate siempre de su protección y verás detenerse a tus pies el acecho del mal y del demonio.

Háblale, como hablas a tu amigo y confidente, y pídele a menudo que te describa cómo es ese rostro de Dios que él contempla cara a cara. Dile que te enseñe a ser, como él, un ángel para muchas almas.

Y de su mano entrarás un día en la morada de los santos, en el santuario celeste, en la compañía de todos los demás ángeles, para participar eternamente con ellos de esa liturgia de gloria, de adoración y alabanza que sólo se gusta plenamente en el Cielo.

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El maná de cada día, 27.6.19

junio 27, 2019

Jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

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Construir la casa sobre la roca que es Jesucristo

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PRIMERA LECTURA: Génesis 16, 6b-12. 15-16

En aquellos días, Saray maltrató a Agar, y ella se escapó. El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?»

Ella respondió: «Vengo huyendo de mi señora.» El ángel del Señor le dijo: «Vuelve a tu señora y sométete a ella.» Y el ángel del Señor añadió: «Haré tan numerosa tu descendencia que no se podrá contar.»

Y el ángel del Señor concluyó: «Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en la aflicción. Será un potro salvaje: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos.»

Agar dio un hijo a Abrahán, y Abrahán llamó Ismael al hijo que le había dado Agar. Abrahán tenía ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a Ismael.


SALMO 105,1-2.3-4a.4b-5

Dad gracias al Señor porque es bueno.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, pregonar toda su alabanza?

Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo.

Visítame con tu salvación: para que vea la dicha de tus escogidos, y me alegre con la alegría de tu pueblo, y me gloríe con tu heredad.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-, y mi Padre lo amará, y vendremos a él.


EVANGELIO: Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?” Yo entonces les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.”

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.
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Poned en práctica la Palabra, no os contentéis
con escucharla, eso sería engañaros

San Agustín. Sermón 179, 8-9; PL 38, 970

No os confundáis, hermanos, si habéis venido con diligencia a escuchar la palabra sin poner en práctica lo que oís. Pensad bien en ello; si bueno es escuchar la palabra, es mucho mejor ponerla en práctica. Si no la escuchas, si no practicas lo que has oído, no construyes nada. Si la oyes y no la pones en práctica, construyes una ruina… escuchar y poner en práctica, es construir sobre roca. Y el solo hecho de escuchar, es construir.

En cuanto al que escucha estas palabras, continúa el Señor, y no las pone en práctica, es semejante al insensato que construye su casa. También él construye, pero ¿qué construye? Construye su casa pero dado que no pone en práctica lo que oye, tiene buen oído, pero construye sobre arena…

Puede que alguien me diga: “¿Para qué escuchar lo que no tengo la intención de cumplir. Ya que construiré una ruina si escucho sin ponerlo en práctica, no es más seguro no escuchar nada?”. En este mundo, la lluvia, los vientos, los torrentes no cesan. ¿No es mejor construir sobre roca para que cuando vengan los torrentes, no te arrastren?… Sin protección y sin el menor tejado, vas a ser irremediablemente abatido, arrastrado, sumergido.

Reflexiona pues sobre el partido que vas a tomar. Es malo no escuchar, es malo escuchar sin actuar, resulta que hay que escuchar y poner en práctica. Sed personas que “ponen en práctica la Palabra, y no se contentan sólo con escucharla”; lo contrario sería engañarse.


El maná de cada día, 24.6.19

junio 24, 2019

Natividad de San Juan Bautista, Solemnidad

Misa del día 24

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo



Antífona de entrada: Jn 1, 6-7; Lc 1, 17

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan, éste venía para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo dispuesto a recibirlo.

Oración colecta

Oh Dios, que suscitaste a san Juan Bautista para que preparase a Cristo, el Señor, un pueblo bien dispuesto, concede a tu familia el don de la alegría espiritual y dirige la voluntad de tus hijos por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 1-6

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «TÚ eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.»

Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenla mi Dios.

Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza- :

«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»


SALMO 138, 1-3. 13-14. 15

Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma.

No desconocías mis huesos, cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.


SEGUNDA LECTURA: Hechos de los apóstoles 13, 22-26

En aquellos días, dijo Pablo:

-«Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús.

Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.”

Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»


Aclamación antes del Evangelio: Lc 1, 76

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.


EVANGELIO: Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: -«¡No! Se va a llamar Juan. »

Le replicaron: -«Ninguno de tus parientes se llama así.»

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: -«¿Qué va a ser este niño?»

Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.


Antífona de comunión: Lc 1, 78

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el Sol que nace de lo alto.
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LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO

De los sermones de san Agustín, obispo

La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sa­grado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; ­celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo.

Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo­, y sacar provecho de él.

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una joven v­irgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimie­nto de Cristo y lo concibe por la fe.

Esto es, en resume­n, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este mis­terio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido he­chos templo.

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo.

Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre.

Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez.

Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado.

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado.

Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz.

Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto.

Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la palabra eterna desde el principio.

 


Novena a Santa Rita de Casia (2), 14.5.19

mayo 14, 2019

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DÍA SEGUNDO

RITA, NIÑA Y JOVEN


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida. Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste. Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Cuenta la historia que la niña Rita se distinguió por su respeto y especial veneración hacia sus padres. En ellos veía al mismo Dios que le cuidaba y orientaba. Por eso, vivía sumisa a ellos y trataba de agradarles en todo.

A la vez, Rita se distinguía por su piedad religiosa y espíritu de oración. Tanto, que a los doce años consiguió permiso de sus padres para recluirse en un apartado aposento de la casa para orar y hacer memoria de los padecimientos del Señor. A la vez, transmitía a sus amigas y amigos la devoción a la pasión de Cristo.

Además de este apostolado catequístico, ayudaba a las personas necesitadas, compartiendo con ellas su propio alimento y el vestido, en unos gestos de verdadero desprendimiento.

Cuenta la tradición que la niña y adolescente Rita, acariciaba en su interior un gran deseo de consagrar a Dios su virginidad, ingresando al convento de las agustinas de Casia. Pero las intenciones de los padres eran otras: querían que se casara para asegurar su felicidad como hija única.

Rita accede gustosa a cumplir la voluntad de sus padres después de entender que ésa misma era la voluntad de Dios, y lo más conveniente para ella. Paradójicamente, Dios le concederá llevar a cabo sus deseos juveniles, pero después de muchos años y por muy diferentes caminos de los que ella imaginaba.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Lucas 2, 39-52

Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía, se desarrollaba y estaba lleno de sabiduría. Y la gracia de Dios estaba en Él. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua, y cuando cumplió doce años, fue también con ellos para cumplir con este precepto.

Al terminar los días de la fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo un día y, después, se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos. Pero, como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén.

Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”.

Él les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que estar donde mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente en su corazón todos estos recuerdos. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, tanto para Dios como para los hombres.

6. Consideraciones bíblico-teológicas

Los padres cristianos y la familia constituyen la primera instancia, y la más segura, que tienen los hijos para encontrarse con Dios. Para conocer su voluntad y agradarle. Es la instancia inmediata y más rica. El hogar es como el principal sacramento que orienta toda la vida.

A la vez, los hijos deben madurar en la familia: es la mejor tierra para cultivar su personalidad humana y cristiana. Si los hijos logran su plena integración en la familia, estarán capacitados para afrontar todos los demás problemas que se les presenten en la vida, y triunfarán fácilmente en todo.

Por el contrario, las dificultades o fracasos en las relaciones familiares se multiplicarán fuera del hogar, y se arrastrarán seguramente de por vida. ¡Pobres los hijos que se avergüencen o renieguen de sus orígenes! Dañarían la consistencia de su propia raíz vital y existencial.

La vida de oración es posible en todas las edades y en todas las circunstancias de la vida. Pero eso sí, de manera distinta. La experiencia religiosa se desarrolla en el marco de la evolución sicológica y afectiva de la persona. En este caso, del niño y adolescente.

Por tanto, los niños deben integrarse en la comunidad eclesial gradual y decididamente, en forma participativa según sus posibilidades.

Los niños constituyen la mayor riqueza de los padres. A la vez representan un reto de permanente renovación para ellos, ya que los padres deben asumir y sentir en carne propia todo aquello que los hijos van experimentando en su crecimiento integral. De esta forma, los hijos garantizan la permanente juventud e ilusión de los padres, aunque pasen los años.

Dios se revela a los padres a través de los propios hijos y los padres deben gozar con los hijos. A los verdaderos padres, sus hijos no los aburren, ni les resultan insoportables y tampoco se resignan a aguantarlos de una forma fatalista. Más bien los hijos constituyen para los verdaderos padres su honra, su gloria, su mejor carta de presentación ante la sociedad y ante Dios.

Así los padres van forjando la personalidad de sus hijos. Van modelándolos de una u otra forma, según quieren, o según pueden. En este sentido hay que decir que, por regla general, los padres tienen a los hijos que se merecen, los que ellos mismos van educando día a día con alegrías y penas.

Los padres tienen, más pronto que tarde, los hijos de los cuales se han hecho dignos. Los hijos que ellos mismos han creado y han conformado, con su amor y sacrificio o también con su cobardía e irresponsabilidad. Sin embargo, también los padres han de aprender a deslindar responsabilidades porque los hijos, conforme van creciendo, van tomando su propio protagonismo.

Para los adolescentes y jóvenes, la determinación de la propia vocación es un asunto relativamente fácil y se va perfilando de manera progresiva y espontánea.

Sin embargo, pueden surgir conflictos, como en el caso de Rita, entre la propia inclinación y las instancias externas, concretamente, los propios padres. Entonces se aconseja el diálogo sincero como instrumento para detectar la voluntad de Dios.

Esta actitud, por supuesto, supone una gran madurez, y a la vez la forja o fortalece. El que obedece adquiere gran madurez humana y cristiana, y se prepara así para cualquier eventualidad de la vida y para triunfar en el estado de vida o profesión que elija.

Esto nos indica que los padres deben forjar personalidades maduras, dueñas de sí mismas; que lleven la felicidad consigo, dentro de sí. Eso es lo importante; lo relativo es lo que profesen o hagan en la vida.

Si creamos personas así, hemos conseguido lo más importante y decisivo. Hagan lo que hagan los hijos, lo harán bien, llevarán la felicidad consigo mismos; además valdrán para todo, en todo triunfarán. Porque para toda profesión o estado de vida, básicamente se necesitan las mismas actitudes personales. Quien tropieza en algún trabajo o con alguna persona, tropezará necesariamente, más pronto que tarde, con todo y con todos, a no ser que cambie él mismo.

El crecimiento de la personalidad de los hijos hay que situarlo dentro de un proceso educativo y vocacional; de obediencia filial y de autonomía personal; de equilibrio entre la fidelidad a los orígenes y la creatividad. La fe y la obediencia jugarán un papel importante en la maduración de la personalidad, superando los conflictos que, necesariamente, deben producirse.

Pensamos que ciertos relatos exageran la nota dramática del matrimonio de Rita. Porque ninguna instancia humana puede imponer un consentimiento matrimonial contra la voluntad del interesado. Sería quebrantar un derecho natural y hacer nulo el matrimonio. El desarrollo de los acontecimientos debió de ser mucho más armónico y espontáneo, sin minimizar la originalidad de la experiencia de fe.

Por eso, parece oportuno describir, brevemente siquiera, las señales que orientan el discernimiento de la propia vocación.

En primer lugar, debe existir en el adolescente o joven una natural inclinación o gusto por cierta profesión o estado de vida. Esta inclinación debe persistir cuando el joven pretende conscientemente buscar la voluntad de Dios sobre él, de una forma desinteresada. Es decir, cuando busca cumplir la voluntad de Dios en función de las necesidades reales de la comunidad o de sus hermanos. La voz interior lo confirma. La comunidad y el bien común se lo reclaman.

Además, los propios padres y las personas que conocen al joven y buscan su bien de forma desinteresada, deben expresar su aprobación y considerar un acierto la elección de aquella profesión o de la persona con que desea formar una familia.

Finalmente, la comunidad de fe, a través de sus representantes, debe poner a prueba y examinar la idoneidad del candidato, por ejemplo para el matrimonio o para el sacerdocio. Por tanto, es necesaria la aprobación de la autoridad legítima para tener vocación. Por más que uno quiera, si no es aceptado, definitivamente no tiene vocación.

Por lo demás, esta elección es progresiva y se realiza sobre el terreno de un compromiso sincero y consecuente. En este sentido, nadie “tiene” vocación para siempre, de manera vitalicia, nadie está obligado o predestinado a nada. Se exige la colaboración. Y la vocación se merece también, se va haciendo día a día. Se va confirmando.

La vocación, por tanto, va deviniendo al ritmo de la fidelidad a Dios y a los hermanos, en obediencia a la Iglesia y dentro de ella. Así, el joven se iría haciendo poco a poco sacerdote; se iría haciendo poco a poco y de forma consciente, esposo y padre por su enamoramiento y el noviazgo.

En el caso de Rita, la contradicción entre sus legítimas aspiraciones y la decisión de sus propios padres fue, desde el punto de vista de la fe, sólo aparente, porque Rita fue creciendo de fe en fe. Ella fue adquiriendo tal madurez humana y cristiana que, hablando de manera absoluta, podría vivir feliz, tanto en la vida religiosa como en el matrimonio, o donde Dios la colocara según conviniera a su mayor gloria.

Lo más grande y decisivo ya estaba edificado: su santidad, su actitud creyente, en radicalidad. Lo otro vendría como añadidura… El amueblamiento de la casa constituiría algo accidental: podría vivir como casada, podría vivir como religiosa… siempre en Dios, por Él y para Él, y después por todos y para todos.

Antes que ser esposo, profesional o religioso uno es creyente: no se pertenece a sí mismo, está llevado por la fuerza del Espíritu, está comprado para servir a la gloria de Dios. No se pertenece a sí mismo. Es una criatura nueva en Cristo. Eso es lo importante y definitivo. Sobre esa base se puede construir cualquier modelo de casa. En ese terreno cualquier semilla germinará y fructificará.


7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones propias para el segundo día

9. Oh Dios, fuente de toda paternidad y siempre fiel,
– concédenos guardar celosamente el patrimonio espiritual recibido de nuestros padres y desarrollarlo con generosidad sintiéndonos orgullosos de nuestras propias raíces vitales.

10. Oh Dios, principio de orden, que das consistencia a todas las cosas,
– concédeles a los esposos y sacerdotes la fidelidad a su compromiso ante la Iglesia y ante ti.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…


Novena a Santa Rita de Casia (1), 13.5.19

mayo 13, 2019

DÍA PRIMERO

ORÍGENES DE SANTA RITA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita.

Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste.

Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

La historia nos dice que los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Eran fervorosos cristianos y esposos ejemplares. Destacaban por estas virtudes: la práctica de la caridad con los más necesitados y el empeño en reconciliar y construir la paz entre sus paisanos.

Por esta cualidad eran reconocidos con el sobrenombre de “pacificadores en el nombre de Cristo”. Finalmente, era notoria su especial devoción a la pasión del Señor.

Dios les regaló una única hija que constituyó su alegría y la de todos sus vecinos. Su nacimiento lo adorna así la tradición: un ángel se le aparece en sueños a Amanda, revelándole que iba a ser madre de una niña, cuya vida ejemplar serviría de modelo a la mujer cristiana en todos los estados de la vida.

Además le revela el nombre de la niña con el que debería bautizarla. La noticia del nacimiento corrió de boca en boca por la aldea y los alrededores, causando admiración y alegría por lo que se presagiaba acerca de la niña.

La tradición destaca otro prodigio del nacimiento: a los pocos días de nacida, un enjambre de abejas blancas apareció junto a la cuna. Las abejas entraban y salían de la boca de Rita mientras ella dormía, y elaboraban un rico panal en los labios de la niña, sin causarle ningún mal.

Indudablemente se veía la mano de Dios en estos hechos milagrosos. Aquella niña sería grande ante Dios y a los ojos de los hombres.


5. Lecturas bíblicas y agustinianas

Puede elegirse una sola lectura o varias de las propuestas, según las circunstancias. Para las citas bíblicas se ha utilizado la Biblia Latinoamericana, año 1981, XXXVII edición.

En la Biblia, Dios aparece como Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres personas distintas. Un solo Dios que es familia, amor, donación, comunidad. Dios vive en familia y en familia da vida al mundo y a los hombres, primero creándolos y después redimiéndolos.

Así dice san Juan, 1, 1-3: En el principio era el Verbo y el Verbo estaba frente a Dios y el Verbo era Dios. Todo se hizo por Él y sin Él no existe nada de lo que se ha hecho.

San Pablo, exclama emocionado en Efesios 1, 3-6: Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales.

En Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús.

Eso es lo que quiso y más le gustó, para que se alabe su gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el Bien Amado.

En la primera carta de san Juan, 3, 1, leemos: Vean qué amor singular nos ha dado el Padre: que no solamente nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos; y por eso el mundo no nos conoce porque no lo conoció a Él.

Y en la misma carta, 4, 7-8, san Juan nos amonesta así: Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor…

No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó primero. Lo supimos por Jesús, en Él lo vimos. Nos amamos entre nosotros precisamente por el gran amor que Él nos dio.

Los relatos del nacimiento de Rita se inspiran indudablemente en los evangelios de la infancia. Escogemos como normativo el relato del nacimiento de san Juan Bautista. Escribe Lucas en su evangelio, 1, 6-16:

Zacarías e Isabel eran personas realmente buenas a los ojos de Dios: vivían de acuerdo a todos los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel no podía tener familia, y ambos eran ya de avanzada edad…

Mientras Zacarías estaba sirviendo en el Templo… se le apareció el Ángel del Señor… Zacarías, al verlo, se turbó y tuvo miedo. El ángel le dijo entonces:

“No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, y tu esposa Isabel te dará un hijo al que llamarás Juan. Grande será tu felicidad y muchos se alegrarán con su nacimiento, porque tu hijo ha de ser grande ante el Señor”.


6. Consideraciones bíblico-teológicas

Dios, amándonos, nos ha dado peso y valor porque nos ha amado mucho más que a ninguna otra criatura; por eso somos personas y valemos más que los animales, las plantas y las cosas.

A las cosas, Dios las amó y las creó en consideración al hombre. Es decir, las hizo para el hombre que es el dueño de la creación. Al hombre, en cambio, Dios lo amó por sí mismo; y por eso llega a ser persona: tiene valor absoluto después de Dios y está por encima de todas las cosas.

No es un objeto más, sino el centro de la creación, el sentido de la misma. Y por encima del hombre, sólo Dios.

El amor de Dios constituye, por tanto, nuestra valía y perfección. Dice san Agustín: “Mi peso es mi amor”; o sea, mi valor está en proporción al amor que estoy recibiendo: de mis padres, de los demás hombres, pero después del de Dios, y de forma accidental, no fundamental.

El amor recibido de Dios, por ser infinito, nos da un valor único: no tenemos un valor relativo, sino absoluto ante los demás seres creados; y no podemos morir para siempre.

Dios, amándonos, nos da la existencia, nos crea y nos da consistencia.

Nosotros, recibiendo su amor, podemos en primer lugar, amarnos a nosotros mismos; valorarnos como imagen y semejanza de Dios, y podemos, a la vez, amar a los demás, respetarlos y valorarlos en Dios; y finalmente, podemos amar a Dios o mejor, podemos, por influjo e inspiración del Espíritu Santo, permitirle a Dios que se ame a sí mismo en nosotros, con nosotros, por nosotros.

Es decir, permitirle a Dios que se glorifique en nosotros. Por supuesto, siempre en Cristo Jesús, el Hijo único de Dios.

Los datos biográficos de santa Rita nos muestran, en primer lugar, que la santidad, como la vida misma, no aparece al azar y por casualidad, sino que se genera en familia, se transmite y se desarrolla sólo en el ambiente adecuado de una vida familiar de fe y santo temor de Dios, y amor sincero a los hombres, nuestros hermanos.

Rita vino a la vida en un hogar bien constituido. Se habla de padres creyentes y ejemplares; es decir, antes de ser padres, son cristianos. No se habla, curiosamente, de la mamá o del papá por separado; señalando así que lo importante es ser pareja, es decir, esposos primero, antes que padres. Ya que la vida nunca la da un solo individuo por sí mismo, sino que la vida se da siempre en comunidad, en la comunidad conyugal.

Consiguientemente, se desarrollará siempre en una comunidad, la comunidad familiar.

De padres santos nacen hijos santos. La santidad se vive en racimo. Nadie da lo que no tiene: los padres santos generan, transmiten y cultivan santidad en sus hijos, como lo más natural.

Los niños son siempre el reflejo de los padres, pues en la vida somos, en gran medida y principalmente, lo que hemos recibido. Si hemos recibido mucho de nuestros padres, somos mucho en la vida. Así descubrimos que los valores morales y las virtudes cristianas que Rita practicará en grado máximo, ya están de alguna forma, y germinalmente, en sus padres.

De ellos aprende Rita a querer y amar a los pobres, a perdonar a los enemigos, a sentir compasión por los dolores de Cristo, en su pasión y crucifixión, en una palabra a vivir en santo temor de Dios.

Lo que era importante para sus padres, también lo será para Rita. Ella será como una prolongación, como una floración de lo que ellos sembraron en su hija.

El hogar, la familia es siempre la primera iglesia, la pequeña iglesia. Se la llama con razón iglesia doméstica. El hogar es también, por supuesto, el primer seminario.

La familia es el valor fundamental en la sociedad y en la Iglesia: es la escuela donde los hombres aprenden a vivir en humanidad y en fe.

El patrimonio humano y espiritual que los padres proporcionan y siembran generosamente en los hijos es determinante en la vida de los mismos; pesará para toda la vida.

Todas estas enseñanzas y vivencias las encontramos de manera ejemplar en la Sagrada Familia de Nazaret, modelo de toda familia: José, “varón justo”, y María, “la llena de gracia”, forman al “más bello de los hombres, en cuyos labios se derramaba la gracia”.

A pesar del silencio de los biógrafos, indudablemente, la Santísima Virgen representó para santa Rita una constante referencia, tanto en el mundo como en el claustro.

María, en efecto, ocupa un lugar central en la espiritualidad agustiniana, como lo demuestran las abundantes advocaciones, sobre todo la de La Consolación, y del Buen Consejo, y los innumerables testimonios de los religiosos ilustres y de los santos de la Orden.


7. Peticiones o plegaria universal

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Preces específicas para el día primero

9. Oh Dios, fuente de vida y origen de toda paternidad en el cielo y en la tierra,
– perdónanos por no haber sabido imitarte como dadores de vida, en la familia, en la escuela, en la sociedad.

10. Oh Dios, que nos has dado la vida y la fe a través de nuestros padres y de nuestros hogares,
– te damos gracias y te bendecimos porque tú nos has cuidado por nuestros padres, hermanos, maestros, catequistas y sacerdotes; y te pedimos imitar los ejemplos de los padres de Rita, Antonio y Amanda.


Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva.

A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

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NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Caracas 2005. Site: http://www.paulinas.org.ve


Maná y Vivencias Pascuales (19), 9.5.19

mayo 9, 2019

 

Jueves de la 3ª Semana de Pascua

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Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae. Quien crea en el que el Padre ha sellado tendrá vida eterna

Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae. Quien crea en el que el Padre ha sellado tendrá vida eterna

 

TEXTO INSPIRADOR.-

Jesús dijo a los judíos: Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios.

Así, todo hombre que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.

Apreciado hermano, estimada hermana, procura hacer tuya la siguiente oración durante esta jornada. Ella puede no sólo canalizar tus sentimientos religiosos, sino incluso provocarlos o hacerlos nacer y alimentarlos.

Tu vivencia pascual implica todo un proceso ascendente hasta que toda tu persona sea transformada, hasta que Cristo lo sea todo para ti gracias a la acción del Espíritu que se manifestará abiertamente en Pentecostés.

San Pablo te señaló la meta: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. Amén.


ORACIÓN COLECTA.- Dios todopoderosos y eterno, que en estos días de Pascua nos has revelado más claramente tu amor y nos has permitido conocerlo con más profundidad; concede a quienes has librado de las tinieblas del error adherirse con firmeza a las enseñanzas de tu verdad. Por nuestro Señor.


Antífona de entrada: Exodo 15, 1-2

Cantaré a Yahvé que se hizo famoso, arrojando en el mar al caballo y su jinete.
¡Yahvé, mi fortaleza! A él le cantaré; él fue mi salvación; él es mi Dios, yo lo alabaré, el Dios de mis padres, lo ensalzaré.


PRIMERA LECTURA: Hechos 8, 26-40

En aquellos días, el ángel del Señor habló a Felipe diciendo:

Anda hacia el sur por el camino que baja de Jerusalén a Gaza, y que cruza el desierto. Se puso en camino y se encontró con un etíope, funcionario del palacio de Candace, reina de Etiopía, administrador de todos sus bienes.

Había venido a Jerusalén a rendir culto a Dios, y regresaba sentado en su coche, leyendo al profeta Isaías.

El Espíritu dijo a Felipe: Adelántate y únete a ese coche. Felipe corrió hasta él, lo oyó leer al profeta Isaías y le preguntó: “¿Entiendes lo que lees?”. El etíope contestó: “Si nadie me explica, ¿cómo voy a entender?”. E invitó a Felipe a subir y a sentarse junto a él.

El pasaje de la Escritura que iba leyendo era éste: “Como una oveja fue llevado al matadero; como un cordero mudo ante el que lo trasquila, así él no abrió su boca. Lo humillaron y le negaron todo derecho; ¿quién podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra”.

El etíope preguntó a Felipe: “Dime, por favor, ¿a quién se refiere el profeta al decir esto? ¿A sí mismo o bien a otro?”. Felipe entonces, partiendo de este texto de la Escritura, se puso a anunciarle a Jesús.

Siguiendo el camino llegaron a un lugar donde había agua. El etíope dijo: “Aquí hay agua, ¿qué dificultad hay en que me bautice?”. Y dijo Felipe: “Si crees con todo tu corazón, se puede”.

Entonces el otro hizo parar su coche y bajaron ambos al agua. Felipe bautizó al funcionario. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; el otro no lo vio más y siguió entonces su camino muy alegre.

Felipe se encontró en Azoto y se fue a evangelizar todas las ciudades hasta llegar a Cesarea.

COMENTARIO

Este relato nos recuerda el pasaje de los discípulos de Emaús. Ambos resumen la catequesis presacramental. Felipe acaba bautizando, Jesús acaba mostrándose en la eucaristía.

En ambos casos se parte de la inquietud de los personajes que buscan, que tienen algún conocimiento del antiguo testamento. Después, con la ayuda del evangelizador, llegan a conocer a Cristo, a creer en él, y consiguientemente reciben los sacramentos.

Así se incorporan a la Iglesia y viven con alegría la novedad cristiana.

Estos hechos de las primitivas comunidades cristianas nos estimulan a renovar nuestro deseo de estar en comunión con los hombres de nuestro tiempo para descubrir en ellos sus inquietudes y búsquedas de autenticidad y libertad.

Es la mejor manera de preparar la proclamación del kerigma. Un kerigma que tiene un contenido fundamental, siempre válido, pero que debe ser expuesto y proclamado a los hombres de hoy, que son distintos a los que se integraron a la primitiva comunidad.

Nos corresponde descubrir las necesidades del hombre para que el kerigma pueda ser acogido como mensaje de salvación.

En Pascua todos debemos ejercitarnos en anunciar a Cristo con más aplomo e imaginación, y proclamar su salvación con hechos y con palabras a favor de todos los hermanos que viven a nuestro alrededor. Sin excepción.

Con ellos debemos sintonizar. Por ellos debemos orar a Dios hasta que nos envíe el Espíritu, el “sello de Dios”, que nos guiará hacia los caminos por donde ellos transitan.

La caridad pastoral nos impulsará a subir a sus carrozas para anunciarles a Cristo y celebrar la salvación. Que así sea.

Salmo 65, 8-9. 16-17. 20

Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya.

Bendigan, naciones, a nuestro Dios, que se escuchen sus voces que lo alaban, pues él es quien da a nuestra alma la vida e impide que tropiecen nuestros pies.

Vengan a oírme, fieles del Señor, y lo que hizo por mí les contaré. Mi boca le gritaba, mi lengua lo alababa.

¡Bendito sea Dios, que no puso mis súplicas aparte ni me negó su amor!


Aclamación: Juan 6, 51

Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para la vida del mundo.


EVANGELIO: Juan 6, 44-51

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios.

Así, todo hombre que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Es que nadie ha visto al Padre fuera del que ha venido de Dios: éste ha visto al Padre. En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de vida. Vuestros antepasados, que comieron el maná en el desierto, murieron. Aquí tienen el pan que bajó del cielo para que lo coman y ya no mueran. Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para la vida del mundo”.


Antífona de comunión: 2 Corintios 5, 15

El murió por todos, a fin de que los que viven no vivan ya para sí mismos, sino para él, que por ellos murió y resucitó.



LA DIGNIDAD DEL HOMBRE

RADICA EN LA CAPACIDAD PARA ENTRAR EN COMUNIÓN

CON DIOS TRINIDAD, UNO Y TRINO A LA VEZ

En el capítulo sexto de Juan que se proclama estos días en la misa, Jesús nos habla constantemente del Padre que lo ha enviado para darnos a conocer los designios de salvación. De una y otra manera, Jesús pretende suscitar en nosotros la fe. Apela a los milagros que hace y que lo acreditan como el enviado por el Padre.

Jesús es el único que ha bajado del cielo y que lo conoce. De lo que ha visto, da testimonio. La fe, por tanto, es el primer paso del hombre para entrar en comunión con Dios, a través de Jesús, Mesías e Hijo de Dios.

Hoy día, la renovación que nos pide la Iglesia en la nueva evangelización no es de retoques, sino de fundamento. Se nos pide volver a las fuentes, para reapropiarnos de nuestros orígenes, de la vida de Dios que se nos dio en el Bautismo. Fuimos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Por tanto la santísima Trinidad habita en nosotros, fuimos introducidos en la vida de la Trinidad: somos hijos de Dios Padre, hijos y coherederos con Cristo, hermanos suyos, y templos del Espíritu.

En esta vocación radica nuestra dignidad como hombres: somos llamados a entrar en comunión con Dios, uno y trino. Fuimos amados por nosotros mismos, no en función de nada ni de nadie.

Por eso somos personas y tenemos derechos. “La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios” (GS 19; Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 355-59).

“Toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4). “Tengan los fieles acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Espíritu” (Ef 2, 18).

El hombre no nace acabado, no se vale por sí mismo. Necesita que alguien lo afirme, lo valore y lo empuje hacia su meta. De lo contrario, crece sin ilusión, inadaptado socialmente, con baja autoestima.

El hombre es afirmado de manera fundamental y suficiente por Dios mismo, que lo ama por sí mismo, y lo constituye en persona, sujeto de derechos.

Después de Dios, los padres humanos son sacramento del amor divino, constituyéndose en el canal más directo y valioso por el que llega a nosotros el infinito amor de Dios, uno y trino.

Los padres carnales nos proporcionan la experiencia fundamental y fundante de ser amados y estar llamados a amar.

Por ellos recibimos lo mejor o lo peor. Si hemos costado mucho a nuestros padres, valemos mucho. Hasta cierto punto, somos en la vida lo que hemos recibido, sobre todo de nuestros padres. Las otras realidades son adherencias más o menos importantes, pero lo decisivo son los padres, y son insustituibles.

Los padres empujan a los hijos a ser, a desarrollarse, a triunfar en la vida, a superarse. Ellos también pronuncian nuestro nombre, como nuestro Padre Dios. Valga la aplicación del pensamiento agustiniano a esta realidad: Amor meus, pondus meum. “El amor es mi peso, mi valía, mi precio”; es decir, el amor que recibo, y también el que doy a discreción.

Somos o valemos por el amor que hemos recibido, pero también por el amor que damos. Por eso, habrá que preguntarse, primero por aquellos que nos han afirmado, y segundo, por aquellos a quienes yo estoy afirmando actualmente.

El ser y sentirse amados produce en nosotros seguridad, serenidad, autoaprecio, optimismo, salud psíquica y física, creatividad; y en general, crea el ambiente propicio para el pleno desarrollo de la personalidad y la condición para desarrollar todas nuestras potencialidades. El temor, el rigidismo encoge, congela, paraliza nuestras posibilidades.

En el tiempo pascual se nos propone vivir la fe más a flor de piel: Fiarse más de Dios, y abandonarse a la acción del Espíritu para hacer efectiva la victoria de Cristo sobre todo mal, comenzando por nosotros mismos.

De ahí que sea conveniente ejercitarse también en cuanto favorece la capacidad de comunicación en las relaciones interpersonales: amar a Dios y a los hombres, y dejarse amar de Dios y de los hombres.

Pues al fin y al cabo, las mismas leyes rigen el encuentro entre los hombres y el encuentro del hombre con Dios.

Por eso, estimado amigo, te propongo algunos ejercicios o dinámicas de crecimiento afectivo y sanación interior.

Recuerda, por ejemplo, las experiencias valiosas de tu vida donde te hayas sentido más afirmado y amado por Dios. Revívelas nuevamente, y agradécelas. Trata de sentir y experimentar el amor fundante de Dios, de Dios Padre sobre todo.

Puedes recordar también los momentos y experiencias en que has sido afirmado con mayor fuerza por parte de tus padres, hermanos, maestros, profesores, amigos.

Revívelo todo con fuerza, con emoción, siéntelo de nuevo, retroaliméntate afectivamente, pues la trama viscosa de la vida y el pecado, poco a poco y de manera imperceptible, nos van desarraigando del humus vital del amor y de la ternura. Y agradécelo, a Dios y a los hermanos.

Podrías también preguntarte: ¿A quién estoy yo afirmando actualmente?

Porque tengo que dar vida, tengo que desarrollar mis talentos, alcanzando nuevas metas y experimentando la plena satisfacción. Hay más alegría en dar que en recibir. Dar desde Dios y con Dios, dar por Dios y en Dios: imitando a Dios, incluso siendo Dios mismo, por su iniciativa y gracia preveniente.

Algunas personas tienen especiales dificultades para sentirse amadas, son recelosas y con facilidad rehúyen las relaciones humanas más profundas o comprometedoras, sienten temor, indignidad, inseguridad, no se fían. Puede haber al fondo de todo esto una experiencia dolorosa, un desengaño, que afectará por igual a la relación con los demás y con Dios: dificultad para sentirse amado, valorado.

¿Cómo facilitar la percepción de sentirse amados? ¿Se puede aprender, se puede disponer uno interiormente para experimentar el amor y la benevolencia de los demás y de Dios?

Algo se puede hacer. En primer lugar, colaborar y dejarse llevar para involucrarse en el mundo de los demás. No puede ser que todos los demás estén equivocados, y solamente uno mismo esté en lo cierto. Debería uno desconfiar de las propias seguridades.

En segundo lugar, la persona trataría de ver buena voluntad e intención en los demás; intentaría mirarlos con cierta benevolencia e indulgencia, y dejarse amar por ellos. Para ellos debe de ser importante lograr encontrarse conmigo. Además no creo que sea con mala intención.

Entonces, yo trato de permitírselo, quiero dejarme llevar, quiero que ellos se sientan bien. No me resisto a ser amado por ellos; pongo algo de mi parte. Porque si uno no quiere ser amado, nunca se sentirá amado.

Un paso más en esta apertura a la confianza en Dios y en los hermanos consistirá en reconocer que probablemente yo he sufrido experiencias negativas que otros quizás no han padecido.

Es probable que el que está enfermo sea yo, que yo tenga lentes oscuros y por eso es que veo distorsionada la realidad que otros disfrutan con alegría y espontaneidad.

Otro medio: tener paciencia con uno mismo, y no querer solucionarlo todo de repente. Dejar pasar el tiempo. Una actitud buena será contentarse con poco, no ser muy exigente con los demás, saber valorar, saber agradecer, no dar cabida a sentimientos turbios y a sospechas.

Estos ejercicios y consideraciones pueden ayudar a reforzar las verdaderas relaciones interpersonales aumentando la seguridad en sí mismo y la confianza en los demás.

Si esos recursos los aplicamos a la experiencia religiosa nos permitirían descubrir el infinito amor del Padre que desea que todos se salven y que nos atrae a Cristo.

Admiraríamos la fidelidad de Jesús a esa voluntad salvífica del Padre y su solidaridad con nosotros para llevarnos al Padre y manifestarnos todo su amor: Con vosotros no tengo secretos, y así mi alegría es completa, nos dice Jesús.

Además, experimentaríamos la acción suave, y fuerte a la vez, del Espíritu que ilumina nuestra mente y mueve nuestros sentimientos para descubrir el amor del Padre y del Hijo hacia nosotros y hacernos partícipes de la vida divina en el seno de la Trinidad.


Andrea Tornielli: “Francisco, el pecador perdonado”

marzo 13, 2019

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Papa Francisco rezando.

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Andrea Tornielli: “Francisco, el pecador perdonado”

El director de los ‘media’ vaticano analiza los seis años de Bergoglio como Papa.

“Nos recuerda que la Iglesia no está formada por superhéroes (ni siquiera superpapas) y no sigue adelante en virtud de sus recursos humanos o estrategias”
“Nos recuerda que la Iglesia no es autosuficiente, y da testimonio del Evangelio… precisamente porque ella también se reconoce como mendiga de sanación”

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En el sexto aniversario de la elección, el Papa Francisco vive un año lleno de importantes viajes internacionales, marcados al principio y al final por dos acontecimientos “sinodales”: el encuentro para la protección de los menores que tuvo lugar en el Vaticano el pasado mes de febrero con la participación de los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, y el Sínodo especial sobre la Amazonia, que se celebrará -de nuevo en el Vaticano- el próximo mes de octubre.

El reciente viaje a los Emiratos Árabes, en el que el obispo de Roma firmó una declaración conjunta con el Gran Imán de Al-Azhar, ha tenido un gran impacto. Un documento que se espera que tenga consecuencias en el campo de la libertad religiosa.

El tema ecuménico prevalecerá en los próximos viajes a Bulgaria y luego a Rumania, mientras que el viaje deseado, pero aún no oficial, a Japón ayudará a recordar la devastación causada por las armas nucleares como una advertencia para el presente y el futuro de la humanidad que experimenta la “tercera guerra mundial en pedazos” de la que el Papa habla a menudo.

Pero una mirada al año pasado no puede ignorar el resurgimiento del escándalo de los abusos y las divisiones internas que llevaron el pasado mes de agosto al ex nuncio Carlo Maria Viganò, justo cuando Francisco estaba celebrando la Eucaristía con miles de familias en Dublín proponiendo la belleza y el valor del matrimonio cristiano, para pedir públicamente la dimisión del Papa por la gestión del caso McCarrick.

Francisco ha vivido y está a punto de vivir meses intensos entre viajes y sínodos. Su sexto año se caracterizó por la plaga de abusos y sufrimientos…

Petición sin precedentes ante los abusos

Ante estas situaciones, el Obispo de Roma pidió a todos los fieles del mundo que rezaran el Rosario todos los días, durante todo el mes mariano de octubre de 2018, para unirse “en comunión y penitencia, como pueblo de Dios, pidiendo a la Santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia del demonio, que siempre quiere separarnos de Dios y entre nosotros”.

Una petición tan detallada no tiene precedentes en la historia reciente de la Iglesia. En sus palabras y en su llamada al pueblo de Dios a orar para mantener unida a la Iglesia, Francisco nos hizo comprender la gravedad de la situación y, al mismo tiempo, expresó su conciencia cristiana de que no hay remedios humanos que puedan garantizar una salida.

Una vez más, el Papa recordó lo esencial: la Iglesia no está formada por superhéroes (ni siquiera superpapas) y no sigue adelante en virtud de sus recursos humanos o estrategias.

Sabe que el maligno está presente en el mundo, que el pecado original existe, y que para salvarnos necesitamos ayuda de lo alto. Repetirlo no significa disminuir las responsabilidades personales de los individuos y las de la institución, sino situarlas en su contexto real.

El Papa, en el comunicado sobre las intenciones del mes de octubre pasado, solicita a todos los fieles del mundo que oren para que la Santa Madre de Dios ponga a la Iglesia bajo su manto protector, para preservarla de los ataques del maligno, el gran acusador, y al mismo tiempo nos ayude a hacerla cada vez más consciente de los abusos y errores cometidos en el presente y en el pasado.

En el presente y en el pasado, porque sería un error “descargar” la culpa sobre los que nos precedieron y presentarnos como “puros”. Incluso hoy la Iglesia debe pedir a Dios que la libere del mal. Un hecho de realidad que el Papa, en continuidad con sus predecesores, ha recordado constantemente.

Nos recuerda que la Iglesia no es autosuficiente

La Iglesia no se redime de los males que la afligen. Incluso del horrible abismo del abuso sexual cometido por clérigos y religiosos, uno no escapa por la fuerza de los procesos de auto-purificación ni confiándose a aquellos que se han investido del rol de purificador.

Las normas, la responsabilidad y la transparencia, cada vez más eficaces, son necesarias e incluso indispensables, pero nunca serán suficientes.

Porque la Iglesia, como nos recuerda hoy el Papa Francisco, no es autosuficiente y da testimonio del Evangelio a muchos hombres y mujeres heridos de nuestro tiempo precisamente porque ella también se reconoce como mendiga de sanación, necesitada de misericordia y del perdón de su Señor.

Tal vez nunca antes, como en el año turbulento que acaba de pasar, el sexto de su pontificado, el Papa, que se presenta como “pecador perdonado”, siguiendo las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y de su inmediato predecesor Benedicto XVI, ha dado testimonio de este hecho esencial y más relevante de la fe cristiana.

Editorial de Vatican News

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