Cuando Juan Pablo II quería ir a Medjugorje…

marzo 31, 2014

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Juan Pablo II: Con una mano sostiene el báculo y con la otra saludo y bendice

Juan Pablo II: Con una mano sostiene el báculo y con la otra saluda y bendice, desde Cristo

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El postulador Slawomir Oder describe la santidad de Wojtyla a partir de su relación íntima con Dios y la Virgen, de la unión con el Padre Pío y de su profundidad espiritual que lo hacía rezar noches enteras sin tocar la cama

Por Salvatore Cernuzio

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ROMA, 30 de marzo de 2014 (Zenit.org) – El próximo 27 de abril unos cinco millones de personas procedentes de todo el mundo se conmoverán viendo la tela de la Loggia de la Bendición bajarse y descubrir el rostro de Juan Pablo II.

El deseo de numerosos fieles que a su muerte gritaban “¡Santo subito!” se ha cumplido: Wojtyla será canonizado junto a Juan XXIII. Como Roncalli, también el Pontífice polaco ha cambiado la historia, a través de un pontificado revolucionario que ha esparcido las semillas de tantos frutos que se viven hoy en la Iglesia y en el mundo.

Pero el secreto de esta fuerza, de esta fe, de esta santidad, ¿de dónde nacía? De una relación íntima con Dios, que se realizaba en una oración incesante que, más de una vez, ha hecho que el beato dejara la cama intacta, porque prefería transcurrir la noche en el suelo, en oración.

Lo confirma el postulador de la causa de canonización, monseñor Slawodir Oder, en la entrevista realizada a ZENIT que publicamos a continuación.

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De Juan Pablo II se ha dicho todo, se ha escrito de todo. Pero ¿realmente se ha pronunciado la última palabra sobre este “gigante de la fe”?

–Mons. Oder: El mismo Juan Pablo II sugirió cuál era la clave para su conocimiento: “Muchos intentan conocerme mirando fuera, pero yo puedo ser conocido solo desde dentro, es decir, desde el corazón”.

Seguramente el proceso de beatificación, antes, y de canonización, después, ha permitido acercarse más al corazón de esta persona. Cada experiencia y testimonio ha sido una pieza que ha compuesto el mosaico de la extraordinaria figura de este Pontífice.

Si embargo, seguramente, llegar al corazón de una persona como Wojtyla permanece un misterio. Podemos decir que en el corazón de este Papa esté seguramente el amor por Dios y por los hermanos, un amor siempre cambiante, que no es nunca un hecho consumado en la vida.

¿Qué ha descubierto de nuevo o de poco conocido sobre Wojtyla durante sus investigaciones?

–Mons. Oder: Hay distintos aspectos históricos y de su vida que han surgido en el proceso y que son poco conocidos. Uno de estos es sin duda la relación con el Padre Pío, con el que se vio a menudo y con el que mantuvo una larga relación epistolar.

Más allá de algunas cartas ya conocidas, como aquella en la que pedía oración por la profesora Poltawska, su amiga y colaboradora; surgió otra en la que el beato pedía al Santo de Pietrelcina oraciones de intercesión por la sanación de los fieles.

O pedía oraciones para sí mismo, que, al mismo tiempo, desarrollaba el encargo de vicario capitular de la diócesis de Cracovia, en espera del nombramiento del nuevo arzobispo que después será él mismo.

¿Algo más?

–Mons. Oder: Hemos descubierto mucho sobre la espiritualidad de Juan Pablo II. Más que nada se ha tratado de una confirmación de cuanto ya era perceptible, visible de su relación con Dios.

Una relación íntima con Cristo vivo, sobre todo en la Eucaristía donde surgía todo lo que nosotros fieles hemos visto en él como fruto de extraordinaria caridad, celo apostólico, pasión por la Iglesia, amor por el cuerpo místico. Y este es el secreto de santidad de Juan Pablo II.

Por tanto, más allá de los grandes viajes y los grandes discursos, ¿el aspecto espiritual es el corazón del pontificado de Juan Pablo II?

–Mons. Oder: Absolutamente. Y hay un episodio muy tocante que lo identifica muy bien. El Papa enfermo, al final de uno de sus últimos viajes apostólicos, es llevado por sus colaboradores a la habitación. Los mismos, a la mañana siguiente, encuentran la cama intacta porque Juan Pablo II pasó toda la noche en oración, de rodillas, en el suelo.

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Juan Pablo II besa la Cruz de Cristo

Juan Pablo II besa la Cruz de Cristo

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Para él, recogerse en oración era fundamental. Tanto que, en los últimos meses de vida, pidió tener en la habitación un espacio para el Santísimo. Su relación con el Señor era realmente extraordinaria.

El Papa era también muy devoto de María…

–Mons. Oder: Sí, y el proceso de canonización nos ha ayudado a acercarnos también a esto. Hemos profundizado la relación profundísima de Wojtyla con la Virgen. Una relación que la gente externa a veces no conseguía comprender y que parecía sorprendente.

A veces el Papa durante la oración mariana aparecía en éxtasis, se alienaba del contexto, ya fuera un paseo o un encuentro. Vivía una relación personalísima con la Virgen.

Entonces, ¿también hay un aspecto místico en Juan Pablo II?

–Mons. Oder: Decididamente sí. No puedo confirmar visiones o elevaciones, con las que a menudo se identifica la vida mística; pero con Juan Pablo II el aspecto de un profundo y auténtico misticismo estaba presente y se manifestaba con su estar en la presencia de Dios.

Un verdadero místico es, de hecho, aquel que tiene la conciencia de estar en presencia de Dios, y vive todo a partir de un profundo encuentro con el Señor.

Usted vive desde hace años con la figura de este hombre considerado ya Santo en vida. ¿Cómo se siente al verlo ahora elevado a los honores de los altares?

–Mons. Oder: El proceso de canonización ha sido una aventura extraordinaria. Seguramente marca mi vida sacerdotal. Agradezco mucho a Dios que me ha puesto delante este maestro de vida y de fe.

Para mí estos nueve años del proceso han sido una aventura humana y un curso extraordinario de ejercicios espirituales predicados “indirectamente” con su vida, sus escritos, con todo lo que ha surgido de las investigaciones.

¿Tiene recuerdos personales?

–Mons. Oder: Nunca he sido uno de los más estrechos colaboradores de Wojtyla, pero conservo en el corazón distintas ocasiones en las que he podido respirar la santidad del Pontífice.

Una de estas es el inicio de mi sacerdocio, el Jueves Santo de 1993, el año en el que el Papa quiso lavar los pies a los sacerdotes comprometidos en la formación de seminaristas. Yo estaba entre estos sacerdotes.

Además del valor simbólico del ritual, para mí permanece el primer contacto con una persona que en ese gesto auténticamente humilde, lleno de amor, me ha comunicado su amor por Cristo y por el mismo sacerdocio.

Otra ocasión se presentó en los últimos meses de vida del Papa: estaba ya enfermo, y al imprevisto tuve oportunidad de cenar con él, junto a los secretarios, a los colaboradores y a otros pocos sacerdotes. También allí recuerdo esta sencillez y el gran sentido de acogida, de humanidad, que transpiraba en la sencillez de sus gestos.

Benedicto XVI ha declarado recientemente en una entrevista que siempre supo que estaba viviendo junto a un Santo. Es famoso su “hacedlo rápido, pero hacedlo bien”, cuando autorizó el inicio del proceso de beatificación.

–Mons. Oder: Me ha gustado mucho leer el testimonio del papa emérito. Ha sido la confirmación de lo que él ha hecho transpirar a lo largo de su pontificado: siempre que era posible hablaba de su amado predecesor, en privado o en público durante las homilías y los discursos. Siempre ha dado gran testimonio del afecto hacia Juan Pablo II.

Y, por mi parte, puedo expresar una fuerte gratitud a Benedicto por la actitud que ha mostrado en estos años. Le he sentido siempre muy cerca y puedo afirmar que fue determinante en el abrir el proceso de beatificación poco después de la muerte.

Mirando después a los últimos eventos históricos, debo decir que la Divina Providencia ha hecho una “dirección” magnífica de todo el proceso.

¿Ve una continuidad también con el papa Francisco?

–Mons. Oder: El Magisterio continúa, el carisma de Pedro continúa. Cada uno de los Papas da consistencia y forma histórica determinada de la vivencia personal y de la propia personalidad. No se puede no ver una continuidad.

Más en detalle, hay distintos aspectos por los que Francisco recuerda a Juan Pablo II: el deseo profundo de estar cercano a las personas, la valentía de ir más allá de ciertos esquemas, la pasión por Cristo presente en su Cuerpo místico, el diálogo con el mundo y con otras religiones.

Uno de los deseos irrealizables de Wojtyla fue el de visitar China y Rusia. Parece que Francisco está abriendo camino en este sentido…

–Mons. Oder: Es extraordinario que los esfuerzos cumplidos por Juan Pablo II para una apertura hacia Oriente están proliferando con sus sucesores. El camino abierto por Wojtyla ha encontrado terreno fértil con el pensamiento de Benedicto XVI y, ahora, gracias a los eventos históricos que acompañan el pontificado de Francisco, se realiza concretamente.

Es siempre esa dialéctica de la continuidad de la que hablaba antes, que es además la lógica de la Iglesia: ninguno comienza de cero, la piedra es Cristo que ha actuado en Pedro y en sus sucesores. Hoy vivimos la preparación de aquello que en la Iglesia sucederá mañana.

Se dice también que Juan Pablo II tenía el deseo de visitar Medjugorje. ¿Lo puede confirmar?

–Mons. Oder: Hablando privadamente con sus amigos, más de una vez el Papa dijo: “Si fuera posible quisiera ir”. Son palabras que no se deben interpretar con un carácter de reconocimiento u oficialidad a los eventos en el pueblo bosnio.

El Papa siempre ha estado muy atento al moverse, consciente de la importancia de su encargo. No hay duda de que en Medjugorje suceden cosas que transforman los corazones de las personas, sobre todo en el confesionario.

Por tanto, el deseo expreso del Papa se puede interpretar en la óptica de su pasión sacerdotal, es decir, del querer estar en un lugar donde un alma busca a Cristo y lo encuentra, gracias a un sacerdote, a través del sacramento de la reconciliación o de la eucaristía.

¿Y por qué no fue?

–Mons. Oder: Porque no todo es posible en la vida…

Traducido del italiano por Rocío Lancho García

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (29)

marzo 31, 2014

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Lunes de la 4ª semana de Cuaresma


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Antífona de entrada: Salmo 30, 7-8

Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias.


Oración colecta:

Oh Dios, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, concede a tu Iglesia la ayuda de estos auxilios del cielo sin que le falten los necesarios de la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 65, 17-21

Así dice el Señor: «Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear.

Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos; ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito.

Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.»

SALMO 29, 2.4.5-6.11-12a.13b

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Aclamación antes del evangelio: Amos 5, 14

Buscad el bien y no el mal, y viviréis; así será verdad lo que decís: que el Señor, el Dios todopoderoso, está con vosotros.

EVANGELIO: Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo había hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.» Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»
El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»
Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría.
Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.»

El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.
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Antífona de comunión: Ezequiel 36, 27

Pondré en vosotros mi espíritu y haré que cumpláis mis leyes y decretos.


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VIVENCIAS CUARESMALES (29)

El hombre creyó y se puso en camino



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29. LUNES

CUARTA SEMANA

DE CUARESMA



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TEMA: El poder de la fe produce los milagros de Jesús. “Vete, tu hijo está vivo. El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino” (Jn. 4, 43-54).


La fe es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios. La fe es darle crédito a Dios y hacer lo que él dice, antes que nada y por encima de todo, y no tanto poner nuestra confianza en la experiencia propia o la sabiduría, la imaginación.

El reconocimiento del pecado, no puede dejarnos en la inanición, desesperanza o negativismo, sino todo lo contrario. Reconocemos nuestra impotencia, pero a la vez el poder absoluto de Dios que “dice” y “pone por obra”. Lo que dice Dios es “lo seguro y normativo, lo correcto, lo único y definitivo”.

Su palabra, que se identifica con su voluntad, amor y poder, dice: “Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva”. El hombre que reconoce su pequeñez experimenta en ese mismo grado el poder de Dios que lo hace criatura nueva.

Entonces, todo lo ve con nuevos ojos y sabe que es obra de Dios y no suya, y se llena su boca de alabanzas y se estremece profundamente en su corazón, con un sincero reconocimiento y un anonadamiento ante la infinita misericordia de Dios.

No es una pura emoción, pura sensiblería ante un fantasma irreal; hay realidades incontestables como la alegría, la paz, el perdón, la ilusión; signos inequívocos de la presencia del Espíritu de Dios que es Espíritu de santidad y buen juicio, donde no hay mentira, ni oscuridad, ni temor.

“Mirad mis manos y mis pies, soy yo, el Señor”. La verdadera religión supone un encuentro con un alguien. No es pura autosugestión. Y se reconoce por los hechos.

Escuchemos a Isaías que nos anuncia los milagros de Dios en nuestras vidas: Isaías 65, 17. Creer es fiarse de Dios y dejar todas nuestras seguridades; es abrirse a la alabanza, es disponerse a creer en la vida; es permanecer abierto al advenimiento de la luz en plenitud de existencia; en fin, es obra de Dios y colaboración del hombre.

Darle crédito a Dios es desencadenar el poder de Dios en nosotros que nos transforma de inmediato, lenta y progresivamente, siempre más.

Oigamos ahora el relato evangélico: El hombre creyó, dice el Evangelio, y se puso en camino.

Creer es tratar de ensayar un tipo nuevo de vida, es ponerse en camino como si ya estuviese concedido. Créelo y así será. Cree y da gracias a Dios por ello, por lo que hizo, hace y hará, pero verdaderamente.

“Cuando pidan algo, crean que ya se lo han dado, y así será”.

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De los sermones de san León Magno, papa
Del bien de la caridad

Dice el Señor en el evangelio de Juan: la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros; y en la carta del mismo apóstol se puede leer: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Que los fieles abran de par en par sus mentes y traten de penetrar, con un examen verídico, los afectos de su corazón; si llegan a encontrar alguno de los frutos de la caridad escondido en sus conciencias, no duden que tienen a Dios consigo, y, a fin de hacerse más capaces de acoger a tan excelso huésped, no dejen de multiplicar las obras de una misericordia perseverante. Pues, si Dios es amor, la caridad no puede tener fronteras, ya que la Divinidad no admite verse encerrada por ningún término.

Los presentes días, queridísimos hermanos, son especialmente indicados para ejercitarse en la caridad, por más que no hay tiempo que no sea a propósito para ello; quienes desean celebrar la Pascua del Señor con el cuerpo y el alma santificados deben poner especial empeño en conseguir, sobre todo, esta caridad, porque en ella se halla contenida la suma de todas las virtudes y con ella se cubre la muchedumbre de los pecados.

Por esto al disponernos a celebrar aquel misterio que es el más eminente, con el que la sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, comencemos por preparar ofrendas de misericordia, para conceder por nuestra parte, a quienes pecaron contra nosotros, lo que la bondad de Dios nos concedió a nosotros.

La largueza ha de extenderse ahora, con mayor benignidad, hacia los pobres y los impedidos por diversas debilidades, para que el agradecimiento a Dios brote de muchas bocas, y nuestros ayunos sirvan de sustento a los menesterosos.

La devoción que más agrada a Dios es la de preocuparse de sus pobres, y, cuando Dios contempla el ejercicio de la misericordia, reconoce allí inmediatamente una imagen de su piedad.

No hay por qué temer la disminución de los propios haberes con esas expensas, ya que la benignidad misma es una gran riqueza, ni puede faltar materia para la largueza allí donde Cristo apacienta y es apacentado.

En toda esta faena interviene aquella mano que aumenta el pan cuando lo parte, y lo multiplica cuando lo da.

Quien distribuye limosnas debe sentirse seguro y alegre, porque obtendrá la mayor ganancia cuando se haya quedado con el mínimo, según dice el bienaventurado apóstol Pablo:

El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia en Cristo Jesús, Señor nuestro, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén (Sermón 10 sobre la Cuaresma, 3-5: PL 54, 299-301).



Papa Francisco comenta curación del ciego de nacimiento

marzo 30, 2014

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Papa saluda con afecto a la multitud

Papa saluda con afecto a la multitud

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El Señor nos espera siempre para darnos su luz y para perdonarnos, dice el Papa

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VATICANO, 30 Mar. 14 / 06:45 am (ACI/EWTN Noticias).- Al presidir hoy en rezo del Ángelus dominical ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, recordando el Evangelio de hoy, en que un ciego es curado por Jesús, el Papa Francisco aseguró que el Señor nos espera siempre, para hacernos ver mejor y darnos más luz, y perdonar nuestros pecados.

El Santo Padre indicó que “el Evangelio de hoy nos presenta el episodio del hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista. El largo relato -¡es largo!- se inicia con un ciego que comienza a ver y se concluye -esto es curioso- con los presuntos videntes que continúan permaneciendo ciegos en el alma”.

“El milagro es narrado por Juan en apenas dos versículos, porque el evangelista quiere atraer la atención, no sobre el milagro en sí, sino sobre aquello que ocurre después, sobre las discusiones que origina.

También sobre las habladurías, ¿no? Tantas veces una buena acción, una obra de caridad origina habladurías, discusiones porque hay algunos que no quieren ver la verdad”.

Francisco señaló que “el evangelista Juan quiere atraer la atención sobre esto que también ocurre en nuestros días, cuando se cumple una acción buena. El ciego curado es en primer lugar interrogado por la multitud sorprendida, -han visto el milagro y lo interrogan-; luego por los doctores de la ley; y éstos interrogan también a sus padres”.

“Al final el ciego curado llega a la fe, y ésta es la gracia más grande que le viene dada por Jesús: no sólo poder ver, sino conocerle a Él, ver a Él, como ‘la luz del mundo’”.

El Papa apuntó que al mismo tiempo que “el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley al contrario se hunden cada vez más en su ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús”.

“Ellos hacen todo lo posible por negar la evidencia. Ponen en duda la identidad del hombre curado; después niegan la acción de Dios en la curación, tomando como pretexto que Dios no obra el sábado; llegan incluso a dudar de que aquel hombre hubiese nacido ciego. Su cerrazón a la luz se vuelve agresiva y desemboca en la expulsión del hombre curado del templo. Expulsado del templo”.

El Santo Padre señaló que “el camino del ciego en cambio es un camino por etapas, que parte del conocimiento del nombre de Jesús. No conoce a otro que a Él; de hecho dice: ‘Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos’. Como consecuencia de las insistentes preguntas de los doctores, primero lo considera un profeta y después un hombre cercano a Dios”.

“Luego que ha sido alejado del templo, excluido de la sociedad, Jesús lo vuelve a encontrar y le ‘abre los ojos’ por segunda vez, revelándole la propia identidad: ‘Yo soy el Mesías’, le dice. A este punto aquel que había sido ciego exclama: ‘¡Creo, Señor!’, y se inclina -se postra- ante Jesús .

Este es un relato del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de tanta gente: también nuestra gente ¿eh?, -también nosotros- porque nosotros tenemos, algunas veces, momentos de ceguera interior”.

Nuestra vida, dijo el Papa, “es parecida a aquella del ciego que se ha abierto a la luz, que se ha abierto a Dios y a la gracia. A veces, lamentablemente, es un poco como aquella de los doctores de la ley: desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, y ¡hasta al Señor!

Hoy, estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos: todos somos cristianos, pero todos nosotros, todos ¿eh?, tenemos algunas veces comportamientos no cristianos; comportamientos que son pecados ¿no?”.

“Y debemos arrepentirnos de esto y eliminar este comportamiento para caminar decididamente sobre el camino de la santidad, que tiene su inicio en el Bautismo, y en el Bautismo hemos sido iluminados, para que, como nos recuerda san Pablo, podamos comportarnos como ‘hijos de la luz’, con humildad, paciencia, misericordia. Estos doctores de la ley no tenían ni humildad ni paciencia ni misericordia”.

“Hoy les sugiero que, cuando regresen a casa, tomen el Evangelio de Juan y lean aquel pasaje del capítulo 9: y esto les hará bien, porque así verán este camino de la ceguera a la luz, y aquel otro camino malo hacia una ceguera más profunda”.

Francisco alentó además a preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo es nuestro corazón? ¿Cómo es mi corazón?, ¿Cómo es tu corazón? ¿Cómo es nuestro corazón? ¿Tengo un corazón abierto o cerrado hacia el prójimo? Tenemos siempre en nosotros alguna cerrazón nacida del pecado, nacida de los errores: no tengamos miedo, ¡no tengamos miedo!”.

“Abrámonos a la luz del Señor: Él nos espera siempre. Él nos espera siempre. Para hacernos ver mejor. Para darnos más luz, para perdonarnos. No se olviden de esto: Él nos espera siempre”.

“Confiemos a la Virgen María el camino cuaresmal, para que también nosotros, como el ciego curado, podamos con la gracia de Cristo “venir a la luz”, ir más adelante en la luz y renacer a la vida nueva”, concluyó.

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (28)

marzo 29, 2014

Domingo IV de Cuaresma, Ciclo A

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Señor, tú eres mi Salvador y mi Luz

Señor, tú eres mi Salvador y mi Luz



Antífona de entrada: Isaías 66, 10-11

Alégrate, Jerusalén, y todos los que la aman, reúnanse. Regocíjense con ella todos los que participaban de su duelo y quedarán saciados con la abundancia de sus consuelos.


Oración colecta

Señor, que reconcilias contigo a los hombres por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Samuel 16, 1b.6-7.10-13a

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel: «Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»

Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»

Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»

Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»

Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.»

Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»

Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo.

Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.


SALMO 22, 1-3a.3b-4.5.6

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.


SEGUNDA LECTURA: Efesios 5, 8-14

En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.

Caminad como hijos de la luz –toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz–, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas.

Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»


Aclamación antes del Evangelio: Juan 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor, el que me sigue tendrá la luz de la vida.


EVANGELIO: Juan 9, 1-41

Yendo de camino vio Jesús a un hombre que había nacido ciego. Los discípulos le preguntaron:

–Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres o por su propio pecado?

Jesús les contestó:
–Ni por su propio pecado ni por el de sus padres, sino para que en él se demuestre el poder de Dios. Mientras es de día tenemos que hacer el trabajo que nos ha encargado el que me envió; luego viene la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en este mundo, soy la luz del mundo.

Dicho esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un poco de lodo y untó con él los ojos del ciego. Luego le dijo:
–Ve a lavarte al estanque de Siloé (que significa: “Enviado”).

El ciego fue y se lavó, y al regresar ya veía. Los vecinos y los que otras veces le habían visto pedir limosna se preguntaban:
–¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?
Unos decían:
–Sí, es él.

Y otros:
–No, no es él, aunque se le parece.
Pero él decía:
–Sí, soy yo.

Le preguntaron:
–¿Y cómo es que ahora puedes ver? – Él contestó:
–Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: ‘Ve al estanque de Siloé y lávate.’ Yo fui, me lavé y comencé a ver.
Unos le preguntaron:
–¿Dónde está ese hombre?
Él respondió:
–No lo sé.

El día en que Jesús hizo lodo y dio la vista al ciego, era sábado. Por eso llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, y ellos le preguntaron cómo era que podía ver. Les contestó:
–Me puso lodo sobre los ojos, me lavé y ahora veo.

Algunos fariseos dijeron:
–El que hizo eso no puede ser de Dios, porque no respeta el sábado.
Pero otros decían:
–¿Cómo puede alguien, siendo pecador, hacer esas señales milagrosas?

De manera que estaban divididos. Volvieron a preguntar al que había sido ciego:
–Puesto que te ha dado la vista, ¿qué dices tú de ese hombre?
–Yo digo que es un profeta –contestó.

Pero los judíos no quisieron creer que se trataba del mismo ciego, que ahora podía ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
–¿Es este vuestro hijo? ¿Decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
Sus padres contestaron:
–Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego, pero no sabemos cómo es que ahora ve, ni tampoco sabemos quién le dio la vista. Preguntádselo a él, que ya es mayor de edad y puede responder por sí mismo.

Sus padres dijeron esto por miedo, porque los judíos se habían puesto de acuerdo para expulsar de la sinagoga a cualquiera que reconociese a Jesús como el Mesías. Por eso dijeron sus padres: “Ya es mayor de edad; preguntádselo a él.”

Los judíos volvieron a llamar al que había sido ciego y le dijeron:
–Reconoce la verdad delante de Dios: nosotros sabemos que ese hombre es pecador.

Él les contestó:
–Yo no sé si es pecador o no. Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo.
Volvieron a preguntarle:
–¿Qué te hizo? ¿Qué hizo para darte la vista?

Les contestó:
–Ya os lo he dicho, pero no me hacéis caso. ¿Para qué queréis que lo repita? ¿Es que también vosotros queréis seguirle?

Entonces le insultaron y le dijeron:
–¡Tú sigues a ese hombre, pero nosotros seguimos a Moisés! Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero ese ni siquiera sabemos de dónde ha salido.

El hombre les contestó:
–¡Qué cosa tan rara, que vosotros no sabéis de dónde ha salido y a mí me ha dado la vista! Bien sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino solamente a quienes le adoran y hacen su voluntad. Nunca se ha oído decir de nadie que diera la vista a un ciego de nacimiento: si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.

Le dijeron entonces:
–Tú, que naciste lleno de pecado, ¿quieres darnos lecciones a nosotros?
Y lo expulsaron de la sinagoga.

Jesús se enteró de que habían expulsado de la sinagoga a aquel ciego. Cuando se encontró con él le preguntó:
–¿Tú crees en el Hijo del hombre?
Él le dijo:
–Señor, dime quién es, para que crea en él.

Le contestó Jesús:
–Ya le has visto. Soy yo, con quien estás hablando.
El hombre le respondió:
–Creo, Señor –y se puso de rodillas delante de él.

Dijo Jesús:
–Yo he venido a este mundo para hacer juicio, para que los ciegos vean y los que ven se vuelvan ciegos.

Al oír esto, algunos fariseos que estaban reunidos con él le preguntaron:
–¿Acaso nosotros también somos ciegos?

Jesús les contestó:
–Si fuerais ciegos, no tendríais la culpa de vuestros pecados; pero como decís que veis, sois culpables.

Antífona de comunión: Juan 9, 11

El Señor me puso lodo sobre los ojos; yo fui a lavarme. Ahora veo y creo en Dios.


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VIVENCIAS CUARESMALES (28)

Luz que ilumina. Ríos de agua viva.

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26.- CUARTO DOMINGO

DE CUARESMA

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Comienza a proclamarse el Evangelio de Juan.

La fe salva al mundo mediante la iluminación que produce en el creyente acerca del Hijo de Dios. Tercera confesión del ciego:  “Creo en ti, Señor; tú eres mi Salvador y mi Luz”.

Dios ha enviado a su Hijo al mundo para que todo el que crea en él, tenga vida eterna, tenga la luz de la vida. La condenación consiste en esto: en que vino la luz al mundo, pero algunos no vinieron a la luz porque sus obras eran malas.


ILUMINACIÓN.- La Palabra de Dios recogida en la Biblia es como una persona que nos habla, es la voz del mismo Dios. Quien la acoge en su corazón, comienza a conocer a Dios, entra en comunicación con él y le confía poco a poco todas sus preocupaciones.

Comienza la experiencia de la fe. Gracias a ella toda la persona va iluminándose, se produce una purificación y finalmente todo su ser va siendo sanado.


El domingo siempre es un día de fiesta y por tanto de alegría, porque celebramos la resurrección del Señor. “No lloréis ni hagáis luto, porque es un día de fiesta; que el gozo en el Señor sea vuestra fortaleza”.

El domingo consiguientemente es el día más propicio para recordar nuestro bautismo y para revivirlo. Esto, mucho más en tiempo de Cuaresma.

En efecto, en este domingo, los catecúmenos, es decir, los adultos que se preparaban para ser bautizados la noche de la Vigilia Pascual, eran examinados acerca de su conocimiento y aprecio de la Biblia, a ver si realmente se dejaban iluminar por la Palabra de Dios y estaban siendo sanados de su ceguera espiritual y existencial.

Por eso, hoy nos presenta la liturgia eucarística el milagro de la curación del ciego de nacimiento obrado por Jesús. En ese relato encontramos una doble actitud ante la palabra de Dios: los fariseos no aceptan sino lo suyo y rechazan todo lo que pueda perturbar sus intereses personales o grupales.

Otra actitud muy distinta es la adoptada por el ciego de nacimiento, que experimenta y reconoce su incapacidad para ver y que busca con ansia y rectitud la salvación de Dios.

Pero escuchemos atentos este evangelio tan aleccionador, tan iluminador para cuantos queremos dejarnos interpelar por la voz del Espíritu contenida en la Sagrada Escritura, y más si es proclamada en la asamblea dominical: Jn 9, 1-41.

Según la carta apostólica de Juan Pablo II “Día del Señor” sobre el domingo, éste “fue el día del primer anuncio y de los primeros bautismos: Pedro proclamó a la multitud reunida que Cristo había resucitado y los que acogieron su palabra fueron bautizados” (Hch 2, 41; n. 20).

La creación de la luz del primer día de la semana tiene una “singular conexión” con la resurrección del Señor, luz del mundo, acontecida también precisamente el primer día de la semana (n. 24). El domingo es el día en el cual, más que en ningún otro, el cristiano está llamado a recordar la salvación que, ofrecida en el bautismo, le hace hombre nuevo en Cristo (n. 25).

El día del sol de los paganos, se convierte en el día de Cristo-luz. Él es el verdadero “sol” de la humanidad, sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1, 78-79), luz del mundo, luz para alumbrar a las naciones (Lc 2, 32; n. 27).

Para nosotros, es la ocasión de recordar nuestro bautismo. El agua con que fuimos bautizados nos recuerda que el pecado, tanto personal como original, constituye una especie de mancha, de suciedad, que es preciso lavar con agua hasta que desaparezca.

Cuando el hombre peca, ensucia el esplendor de la imagen de Dios impresa en él, es decir, la pureza original del hombre, llamado a ser el administrador fiel de todo lo creado y amigo de Dios antes que nada.

Con su desconfianza, rebeldía y pecado de desobediencia, Adán y Eva se apartaron de Dios: tan pronto como pecaron se dieron cuenta de que estaban desnudos, se avergonzaron de su estado y corrieron a cubrir la impureza y la indecencia de todo su ser. Se sintieron “manchados” por el pecado.

En segundo lugar, el pecado tiene algo que ver con una falta de luz, una oscuridad. En un doble sentido: en cuanto que las malas acciones generalmente se cometen en la oscuridad, y una vez cometidas oscurecen al hombre en todo su ser.

El hombre malvado suele aprovechar la oscuridad para cometer el pecado: suele pecar cuando cree que nadie le ve, a ocultas, o en la noche oscura. Es como una forma de adormecer su conciencia que le advierte del mal. Judas abandonó la mesa de Jesús para traicionarle. Y Juan observa: “Era de noche”.

En nuestros días, muchas personas eligen la noche para dar rienda suelta a sus vicios y prácticas vergonzosas: consumo de alcohol, borracheras, orgías, sexo, droga, robos, delincuencia… hasta amanecerse. La oscuridad parecería atenuar su sentido de culpabilidad y como que facilitaría el libertinaje. Como los otros duermen parecen no sentir su corrección y desaprobación.

¿No habrá una misteriosa sintonía entre la fealdad del pecado y la oscuridad de la noche? A los que eligen la noche para dar rienda suelta a sus tendencias negativas, la luz del nuevo día les molestaría y se retiran furtivamente a digerir los estragos de sus vicios, la vaciedad y el hastío de sus desórdenes.

Todo pecado produce necesariamente oscuridad en el pecador. Desencadena un desorden que perturba la armonía primera del hombre recién salido de las manos de Dios. La imagen de Dios en el hombre queda empañada.

Esa opacidad se manifiesta visiblemente en el mismo rostro del hombre caído, particularmente, en su mirada, pues los ojos son como el espejo del alma.

Por eso los niños que han cometido alguna falta rehuyen la mirada de sus padres, por ejemplo, o no pueden mirar de frente. Quizás temen que sus padres descubran en sus ojos la huella de la falta que han cometido.

También entre adultos, cuando sospechamos que alguien nos está mintiendo le exigimos que nos mire a los ojos, que dé la cara.

En el bautismo, el agua limpió la suciedad del pecado y nos devolvió la inocencia de la amistad con Dios, y se nos concedió por gracia la dignidad de los hijos de Dios. Por eso, se nos impuso un paño blanco o un vestido blanco, signo de pureza, belleza y distinción. Con esa señal podemos entrar en el banquete de bodas.

Además, en el bautismo se nos entregó una vela encendida en el cirio pascual, símbolo de Cristo, luz del mundo. Se encargó a nuestros padres y padrinos que cuidaran esa luz inicial y débil en nosotros para que creciera en nuestras vidas iluminando toda nuestra existencia por nuestras buenas obras y por nuestros buenos ejemplos ante los demás.

Vosotros sois luz del mundo, sal de la tierra, se nos dijo, y se nos pidió, como a hijos de la luz, transmitir luz con nuestras palabras y con nuestras obras. Para que los hombres, al ver nuestras buenas obras, den gloria al Padre celestial.

Hermano, ¿cómo estás viviendo la gracia bautismal que recibiste como don de una forma definitiva, pues Dios no se arrepiente; pero que se te dio también como tarea, pues se te encargó acrecentarla todos los días de tu vida? El don de Dios se convierte en bendición para ti si lo conservas celosamente y lo cuidas para que crezca.

Pero, lamentable y trágicamente será para ti motivo de condenación si permaneces en la incoherencia y con tus obras disminuyes y hasta ocultas la luz divina depositada en ti. Anímate a dejarte iluminar por Cristo. Su corrección es suave.

Él nos descubre la fealdad de nuestros pecados con la intención de que podamos corregirnos. Ya que él no pretende desanimarnos, como lo hace el diablo que acusa sin compasión, sino al revés levantarnos. Es lo que más desea. Por eso, pedimos que nos convierta para que podamos convertirnos. No te desanimes.

Hoy, el salmista viene en tu ayuda con una oración realmente tierna y confiada donde se expresa la condescendencia de Dios para con nosotros que debe sofocar nuestros sentimientos de pesimismo, angustia, desesperación.

Este salmo 22 constituye una especie de medicina espiritual: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”.

Léelo una y otra vez, aunque no sientas gran cosa. Porque irá calando poco a poco dentro de ti, y te irá abriendo a un mundo nuevo de luz y de paz. Déjate iluminar por Cristo, como lo pide la segunda lectura.

“Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas. Pues hasta ahora da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas.

Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: ‘Despierta tú que duermes, levántante de entre los muertos y Cristo será tu luz’” (Ef. 5, 8-14).

Súplica.- Padre lleno de amor, te pedimos que, purificados por la penitencia y por la práctica de las buenas obras, nos mantengamos fieles a tus mandamientos, para llegar, bien dispuestos, a las fiestas de Pascua. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

“Cuando el hombre descubre sus pecados, Dios los cubre, cuando los esconde, Dios los descubre, cuando los reconoce, Dios los olvida” (San Agustín).

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De las cartas de San Máximo Confesor, abad

La misericordia de Dios para con los penitentes

Quienes anunciaron la verdad y fueron ministros de la gracia divina, cuantos desde el comienzo hasta nosotros trataron de explicar, en sus respectivos tiempos, la voluntad salvífica de Dios hacia nosotros, dicen que nada hay tan querido ni tan estimado de Dios como el que los hombres, con una verdadera penitencia, se conviertan a él.

Y para manifestarlo de una manera más propia de Dios que todas las otras cosas, la Palabra divina de Dios Padre, el primero y único reflejo insigne de la bondad infinita, sin que haya palabras que puedan explicar su humillación y descenso hasta nuestra realidad, se dignó, mediante su encarnación, convivir con nosotros; y llevó a cabo, padeció y habló todo aquello que parecía conveniente para reconciliarnos con Dios Padre, a nosotros, que éramos sus enemigos; de forma que, extraños como éramos a la vida eterna, de nuevo nos viéramos llamados a ella.

Pues no sólo sanó nuestras enfermedades con la fuerza de los milagros, sino que, habiendo aceptado las debilidades de nuestras pasiones y el suplicio de la muerte -como si él mismo fuera culpable, siendo así que se hallaba inmune de toda culpa-, nos liberó mediante el pago de nuestra deuda, de muchos y tremendos delitos y, en fin, nos aconsejó, con múltiples enseñanzas, que nos hiciéramos semejantes a él, imitándolo con una condescendiente benignidad y una caridad más perfecta hacia los demás.

Por ello clamaba: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Y también: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.

Por ello añadió que había venido a buscar la oveja que se había perdido, y que, precisamente, había sido enviado a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel. Y, aunque no con tanta claridad, dio a entender lo mismo con la parábola de la dracma perdida: que había venido para restablecer en el hombre la imagen divina empañada con la fealdad de los vicios.

Y acaba: Os digo que habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

Así también, alivió con vino, aceite y vendas, al que había caído en manos de ladrones y, desprovisto de toda vestidura, había sido abandonado medio muerto a causa de los malos tratos; después de subirlo sobre su cabalgadura, lo dejó en el mesón para que lo cuidaran y, si bien dejó lo que parecía suficiente para su cuidado, prometió pagar a su vuelta lo que hubiera quedado pendiente.

Consideró que era un padre excelente aquel hombre que esperaba el regreso de su hijo pródigo, al que abrazó porque volvía con disposición de penitencia, y al que agasajó con amor paterno, sin pensar en reprocharle nada de todo lo que antes había cometido.

Por la misma razón, después de haber encontrado la ovejilla alejada de las cien ovejas divinas, que erraba por montes y collados, no volvió a conducirla al redil con empujones y amenazas, ni de malas maneras, sino que, lleno de misericordia, la puso sobre sus hombros y la volvió, incólume, junto a las otras.

Por ello dijo también: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.Y también: Cargad con mi yugo;es decir, llama “yugo” a los mandamientos, o sea, la vida de acuerdo con el Evangelio; y llama “carga” a la penitencia, que puede parecer a veces algo más pesado y molesto: Porque mi yugo es llevadero -dice- y mi carga ligera.

Y de nuevo, al enseñarnos la justicia y la bondad divina, manda y dice: Sed santos, perfectos, compasivos, como lo es vuestro Padre. Y también: Perdonad y seréis perdonados. Y: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten(Cartas 11: PG 91, 454-455).



Maná y Vivencias Cuaresmales (27)

marzo 29, 2014

Sábado de la 3ª semana de Cuaresma

El publicano decía: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”



Antífona de entrada: Salmo 102, 2-3

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios: Él perdona todas tus culpas.


Oración colecta:

Llenos de alegría, al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales, y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Oseas 6, 1-6

Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él.

Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra.

«¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca.

Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.»

SALMO 50, 3-4.18-19.20-21ab

Quiero misericordia, y no sacrificios.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos.

Aclamación antes del Evangelio: Salmo 94, 8

Hagámosle caso al Señor que nos dice: “No endurezcáis vuestro corazón”.

EVANGELIO: Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:

«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.”

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.”

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Antífona de comunión: Lucas 18, 13

El publicano, manteniéndose a distancia, se golpeaba el pecho y decía: Señor, ten piedad de mí porque soy un pecador.

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VIVENCIAS CUARESMALES (27)

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Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

25. SÁBADO

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

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NÚCLEO ILUMINADOR.- Todo hombre que se hace grande será humillado, y el que se humilla será hecho grande (Lc. 18, 14).

Hermano, cuando oras ¿qué presentas a Dios: tu propia exhibición o tus necesidades? ¿Te comunicas con Dios o contigo mismo? ¿Es tu oración un verdadero encuentro con Alguien lejano y cercano a la vez?

Con el recuerdo agradecido de que Dios nos acoge en su bendito Hijo, podemos comenzar esta Misa orando con el salmista: “Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios, él perdona todas tus culpas” (Salmo 102, 2-3).

No queremos olvidar que la misericordia de Dios destruye nuestros pecados. Él nos devuelve bien por mal, su amor ahoga el mal a fuerza de bien. Por eso, es digno de toda bendición; porque él nos amó mucho, le podemos amar mucho nosotros.

Lo queremos recordar adrede, una y otra vez, porque nos cuesta creerlo y convencernos de ello: “Dios perdona tus culpas, y sana todas tus enfermedades”. Somos criaturas nuevas en Cristo para gloria de Dios, por pura gracia, pues así le pareció bien para alabanza de su gloria.

Los mismos sentimientos se prolongan en la oración colecta: Llenos de alegría al celebrar un año más la Cuaresma, te pedimos, Señor, vivir los sacramentos pascuales y sentir en nosotros el gozo de su eficacia. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

A pesar de todo este gozo en Dios, persiste nuestra debilidad, persiste el dolor que nos insta a clamar. Si se acaba la aflicción, dirá san Agustín, se acaba la súplica; y si ésta muere, se disuelve la salvación. Él, por tanto, clamará: ¡Oh feliz culpa que nos mereció tal Redentor!

Y aunque nuestro culto sea auténtico en un primer momento, fruto sincero de una verdadera conversión, enseguida degenera y se hace rutinario, desvinculado de los verdaderos sentimientos del corazón y en contradicción con la vida real de pecado y de mentira, sobre todo ante los demás; y así el culto se vuelve mentiroso, inútil para el hombre y ofensivo para Dios.

Por eso Dios se pregunta, medio desconcertado, podríamos decir: “¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra misericordia como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de profetas, os condené con las palabras de mi boca. Porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”(Oseas 6, 1B.6).

La tentación de la rutina, de la claudicación, de la mentira, es muy fuerte en el hombre: éste se tuerce a izquierda o a derecha con facilidad, esquiva el encuentro directo y honesto con un Dios que siempre le pide más y que no le consiente endiosarse ante su propia carne, ante los demás hermanos, esclavizando a su prójimo; al hombre le aburre, le cansa ser misericordioso con su hermano como Dios lo es con él, y pretende vivir de rentas, quiere que le sirvan. Cede como arco falso, en expresión bíblica.

Parafraseando el comentario la Biblia Latinoamericana: El hombre lamenta sus errores, pero su sinceridad no es tan real como para dejar sus pecados del todo, radicalmente.

Piensa contentar a Dios ofreciéndole algunos sacrificios; no sabe alcanzar el amor verdadero que se prueba con la obediencia, con la sumisión total, con la renuncia a la propia suficiencia, con la renuncia sincera a la práctica de una religión “a su manera”.

Preferimos con frecuencia ofrecer sacrificios costosos que nosotros mismos decidimos, en vez de obedecer lo que Dios nos pide de hecho en su Palabra, en las circunstancias de nuestra vida, mediante la purificación “pasiva”: es decir, aquélla que no programamos nosotros, a nuestra medida, sino la que nos impone Dios a través de las mediaciones humanas, de la vida real que nosotros no podemos prevenir ni manejar a nuestro gusto y capricho.

En el Evangelio, Lucas 18, 9-14, encontramos dos conductas contrapuestas: la del fariseo y la del publicano. El fariseo tiene todo bien programado desde él mismo; todo a su medida; puede vanagloriarse de su propia consistencia personal, privada y social; sabe conducirse a sí mismo, todo está controlado, o mejor, bajo control; no necesita de Dios, sino para que ratifique todo lo que se le presente como obra humana.

Por tanto, el fariseo no sale de sí; su religión no le cuesta gran cosa, es un arropamiento personal y vanidoso; su religión no vale porque, aunque le cueste algo, no le exige entregar lo que más vale: su propia vida y autogobierno.

Por otro lado encontramos al publicano que está dispuesto a dejarse cuestionar por Dios. Reconoce que sólo Dios justifica y que sólo él establece las reglas del juego: “Ten compasión, ten piedad de mí que soy un pecador”.

Escuchemos: “Puso además esta comparación por algunos que estaban convencidos de ser justos y que despreciaban a los demás. ‘Dos hombres subieron al Templo a orar, uno fariseo y el otro publicano. El publicano se quedaba atrás y no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador’”.

La justificación, la felicidad que Dios nos regala será proporcional a nuestra capacidad para permitirle a Dios cuestionar nuestra vida. Si le permitimos entrar en nuestro corazón nos librará constantemente de cualquier autoengaño que habite en nuestra mente o en nuestros sentimientos.

El Espíritu nos irá moviendo para que apostemos siempre por la verdad y por la misericordia entrañable para con el hermano, ya que a Dios no le podemos engañar.

Texto bíblico de Santiago 5, 16-19-20: “Confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo.

Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados”.

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Del libro de San Teófilo de Antioquía, obispo, a Autólico

Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

Si tú me dices: “muéstrame a tu Dios”, yo te diré a mi vez: “Muéstrame tú al hombre que hay en ti”, y yo te mostraré a mi Dios. Muéstrame, por tanto, si los ojos de tu mente ven, y si oyen los oídos de tu corazón.

Pues de la misma manera que los que ven con los ojos del cuerpo perciben con ellos las realidades de esta vida terrena y advierten las diferencias que se dan entre ellas -por ejemplo-, entre la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo bello, lo proporcionado y lo desproporcionado, lo que está bien formado y lo que no está, lo que es superfluo y lo que es deficiente en las cosas-, y lo mismo se diga de lo que cae bajo el dominio del oído -sonidos agudos, graves o agradables-, eso mismo hay que decir de los oídos del corazón y de los ojos de la mente, en cuanto a su poder para captar a Dios.

En efecto, ven a Dios los que son capaces de mirarlo, porque tienen abiertos los ojos del espíritu. Porque todo el mundo tiene ojos, pero algunos los tienen oscurecidos y no ven la luz del sol. Y no porque los ciegos no vean ha de decirse que el sol ha dejado de lucir, sino que esto hay que atribuírselo a sí mismos y a sus propios ojos.

De la misma manera, tienes tú los ojos de tu alma oscurecidos a causa de tus pecados y malas acciones. El alma del hombre tiene que ser pura como un espejo brillante. Cuando en el espejo se produce el orín, no se puede ver el rostro de una persona; de la misma manera, cuando el pecado está en el hombre, el hombre ya no puede contemplar a Dios.

Pero puedes sanar, si quieres. Ponte en manos del médico y él punzará los ojos de tu alma y tu corazón. ¿Qué médico es éste? Dios, que sana y vivifica mediante su Palabra y su sabiduría. Pues por medio de la Palabra y la sabiduría se hizo todo.

Efectivamente, la Palabradel Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos. Su sabiduría está por encima de todo: Dios, con su sabiduría, puso el fundamento de la tierra; con su inteligencia, preparó los cielos; con su voluntad, rasgó los abismos, y las nubes derramaron su rocío.

Si entiendes todo esto y vives pura, santa y justamente, podrás ver a Dios; pero la fe y el temor de Dios han de tener la absoluta preferencia de tu corazón, y entonces entenderás todo esto. Cuando te despojes de lo mortal y te revistas de lo inmortal entonces verás a Dios de manera digna.

Dios hará que tu carne sea inmortal junto con el alma, y entonces, convertido en inmortal, verás al que es inmortal, con tal de que ahora creas en él (Libro 1, 2.7: PG 6, 1026-1027.1035).

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El milagro de Juan Pablo II

marzo 28, 2014

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Juan Pablo II, un honbre lleno de Dios

Juan Pablo II, un honbre lleno de Dios

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Estaba muriendo, por la intercesión de Wojtyla fue sanada
Florybeth Mora Díaz cuenta su curación milagrosa

Por Włodzimierz Rędzioch

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CIUDAD DEL VATICANO, 27 de marzo de 2014 (Zenit.org) – El milagro que comenzó el proceso de canonización de Juan Pablo II tiene que ver con Florybeth Mora Díaz, una mujer de Costa Rica.

Me reuní con ella y la entrevisté. Su historia está publicada en el libro “Junto a Juan Pablo II. Los amigos y colaboradores cuentan” (Ediciones Ares).

Florybeth Mora Díaz, mujer de Edwin Antonio Arce Abarca y madre de cuatro hijos (un quinto falleció) vive en una pequeña localidad que se llama Dulce Nombre de Jesús.

Era una mujer sana, cuando un día sintió de repente un fortísimo dolor en la cabeza. Tras visitar urgencias en el hospital de Cartago, fue trasladada de urgencia al hospital en la capital, San José. Cuenta Florybeth:

“Tenía 47 años cuando me puse enferma. Todo sucedió como un rayo caído del cielo: del día a la noche me encontraba en una situación de peligro de muerte.

En el momento no era capaz de entender, porque he sido siempre una mujer con buena salud; había ido al hospital solo para dar a luz a mis cinco hijos.

Así, cuando me diagnosticaron el daño en el cerebro (rotura de aneurisma de la arteria cerebral derecha con hemorragia) no podía creerlo, ni siquiera después, cuando los médicos me daban pocas horas de vida…

El miedo, sin embargo, se abrió paso en mi mente al leer la tristeza en el rostro de mis hijos y de mi marido; y aumentaba a medida que se evidenciaba mi deterioro físico.

En cualquier caso me apoyaba fuertemente en Dios y rezaba por la intercesión de Juan Pablo II”.

Mientras la llevaban a casa porque ya no había nada más que hacer, su marido Edwin Antonio desesperado se dirigió a Juan Pablo II: “Santo Padre, te pido, ayúdame e intercede ante Dios por la curación de mi mujer”.

El 1 de mayo de 2011, a las dos de la madrugada hora local, en Costa Rica comenzó el directo televisivo de la misa de beatificación del papa Wojtyła.

A pesar de las condiciones en las que se encontraba Florybeth decidió intentar ver la televisión desde su cama, donde se encontraba llena de dolores y totalmente inmovilizada.

A la pregunta sobre por qué se encomendó al papa Wojtyla, Florybeth responde: “porque siempre he creído, también cuando estaba vivo, que era un santo. No tengo ninguna duda que él esté cerca de Dios y que intercede por nosotros delante de nuestro Señor Jesús”.

Y al preguntarle sobre cuándo y cómo se dio cuenta que sus oraciones habían sido escuchadas, Florybeth explica:

“Mientras estaba sola en mi habitación, escuché una voz interior que me invitaba a levantarme de la cama. Escuché en lo profundo que debía obedecer y tuve la fuerza para hacerlo. Encontré entonces una gran paz y lo más importante fue que no tenía miedo.

La sanación física creo que llegó en un segundo momento: el Señor me estaba convenciendo en el espíritu, donándome mucha paz y la certeza de mi sanación”.

Florybeth se levantó de la cama y fue a la cocina. El marido la vio y asustado la llevó de nuevo a la cama. Ella le dijo que se sentía bien y que algo había sucedido en su físico.

La mañana siguiente llevaron a Florybeth de nuevo al hospital.

“Los médicos -cuenta Florybeth- en un primer momento pensaban que me habían atribuido por error los resultados diagnósticos de otro paciente, pero en cuanto se dieron cuenta que no era así, se sorprendieron por una maravilla completa y clara, porque ellos más que nadie se dieron cuenta de estar delante de un milagro”.

Los amigos, los conocidos y todas las personas que la conocían y que la habían visto enferma quedaron impresionados de cómo había recuperado la salud.

Estupor y alegría fueron los sentimiento que llenaron los corazones de las personas que habían asistido al renacimiento de Florybeth.

¿Y cómo se siente al ser parte de un milagro? Florybeth dice: “Estamos atravesando momentos realmente difíciles, en cuanto falta la fe. En mi opinión este milagro ha sucedido para que podamos elevar nuestras miradas al Cielo y podamos constatar que Dios existe, que es la Vida y que sin Dios no hay vida verdadera.

Sin la fe, sin la esperanza no sucedería ninguna de estas maravillas. Es necesario siempre tener fe en Quien por ahora no vemos, pero en nuestro corazón y en nuestra mente sabemos que existe”.

 

 

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (26)

marzo 28, 2014

.Viernes de la 3ª semana de Cuaresma

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Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios

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Antífona de entrada: Salmo 85, 8.10

Señor, no hay otro dios igual a ti, porque sólo tú eres grande y haces maravillas; porque sólo tú eres Dios.


Oración colecta

Infunde Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos dominar nuestro egoísmo y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Oseas 14, 2-10

Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano”.

Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano.

Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»

SALMO 80, 6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17

Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.

Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y te libré.

Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino!: te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.»

Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4, 17

Convertíos, dice el Señor, porque ya está cerca el Reino de los cielos.

EVANGELIO: Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Antífona de comunión: Marcos 12, 33

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios.

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VIVENCIAS CUARESMALES (26)

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!


24. VIERNES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


TEMA: Ayer el Espíritu recriminaba a los incrédulos con claridad y firmeza; hoy, los amonesta con suavidad y ternura. Una prueba más de que Dios busca por todos los medios nuestra salvación, jamás nuestra ruina.

La antífona de la entrada de la misa de hoy es una confesión del poder salvador de Dios frente a toda miseria del hombre en su relación con Dios. Salmo 85, 8-10.-No tienes igual entre los dioses, Señor: “Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios”. Para ti no hay imposibles.

El creyente, de entrada, hace como un esfuerzo por comenzar de nuevo, por penetrar en el santuario, por desperezarse de la rutina y de la incredulidad y elevarse hacia el mundo divino al encuentro del Dios del perdón, de la gratuidad; en fin, para contemplar la magnificencia de la casa del Padre.

¡Qué deseables son tus moradas!¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor!

Siéntete, hermano, como un mendigo que tiende la mano a Dios, al hermano mayor, Cristo Jesús, para que te introduzca en la casa del Padre. Él es nuestro mediador y está entre nosotros como el que sirve. Él nos da confianza para llamar a Dios “Padre”. Él ha sido constituido “administrador fiel” de todos los bienes preciosos del Padre Bueno y generoso.

Este Administrador goza con ir sacando lo que conviene a cada uno y a su tiempo: de modo que a nadie le sobre ni a nadie le falte. Más todavía: Él es el modelo de todos los agraciados por el Padre; su comportamiento es normativo para cuantos quieran agradar al Padre, ya que él no se tomó nada por su cuenta, sólo tomó lo que el Padre le dio como heredad.

Por eso al Padre le complació sumamente poner todas las cosas en sus manos con infinita confianza y predilección. Para que el Hijo reciba gloria. Y a su vez, el Hijo administra, no tanto según su criterio, sino para que el Padre reciba gloria.

Ambos andan a porfía en esa mutua glorificación en el Espíritu Santo, desde el principio, y por siempre.

Y todo ello para bien del hombre. Pero, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? ¿Cómo podré retribuir al Señor todo el bien que me ha hecho? Elevaré la copa de la salvación, cantaré eternamente las alabanzas del Señor. ¡Dios mío, qué grande eres! Tu poder me sobrepasa.

Adora, hermano, en este día el misterio de la augusta Trinidad. Vete entrenándote para contemplar ese Misterio, ya que es a la vez inmanente y salvífico.

Es decir, eternamente existente y completo en sí, y a la vez proyectado hacia el tiempo y el espacio por la libérrima disposición de nuestro Dios, trino y uno a la vez. Pues no hay más que un único Misterio trinitario: a la vez inmanente, divino y subsistente, y a la vez salvífico y proyectado a los hombres y por éstos al mundo.

El mismo Dios, el de la teología y el de la experiencia religiosa; el de la eternidad, y el de la historia de salvación, la de Israel, la de la Iglesia y la tuya personal. Cuando Dios te llame a su presencia, te encontrarás con el Misterio divino que ya aquí has visto y contemplado como en un espejo; pero será el mismo.

Por eso, debes entrenarte en esta tierra a conocer y adorar al mismo Dios, a quien eternamente servirás y alabarás como tu contento y felicidad para siempre. No habrá nada más.

La lectura deOseas 14, 2-10 recoge la decisión del creyente de renunciar a sus seguridades y dejarse guiar sólo por Dios, para adherirse sólo a él, como la hiedra a la pared. Atendamos a esta Palabra sanadora.

Ante la súplica de Israel: “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano”… Ante esta súplica, repito, el Señor responde reafirmando su fidelidad y su promesa de salvación:

“Yo sanaré su infidelidad, los amaré de buen grado, pues mi cólera se habrá apartado de ellos. Seré como rocío para Israel, y entonces florecerá como un lirio; echará raíces como el cedro, sus retoños brotarán, tendrá la magnificencia del olivo y el perfume del Líbano”.

Este sometimiento al Señor, esta contrición de corazón, no es algo improcedente ni humillante para el hombre sino su mayor grandeza: arrodillarse ante su Señor para confesar sus pecados y alabar la santidad de Dios: eso es lo más grande que el hombre puede hacer en este mundo.

“¿Quién será el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor, los justos andan por ellos, mientras que los pecadores tropiezan con ellos”.

El salmista mezcla su deseo de servir a Dios y la benevolente condescendencia de Dios que le recuerda las obras antiguas, que le estimula para que se le confíe más plenamente:

“Yo soy el Señor, Dios tuyo, escucha mi voz. Escucha, pueblo mío. Retiré la carga de sus hombros y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción y te libré, te respondí oculto en los truenos. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti: ojalá me escuchases, Israel. No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo que te saqué del país de Egipto”.

Dios se alboroza pensando en la conversión de su pueblo: “Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino, entonces te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre”.

En el Evangelio, Cristo condesciende con el interlocutor sincero y bien intencionado y no tiene secretos con él, pues le enseña la clave más secreta de la felicidad del hombre, la fuente de la mayor bendición y felicidad para el hombre creyente: “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo mandamiento es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

No hay ningún mandamiento más importante que éstos. No hace falta ya hacerle más preguntas, ya nos lo dijo todo si es que realmente queremos escuchar. El que tenga oídos, que oiga.

Solamente resta clamar a Dios mientras seguimos celebrando la Eucaristía a diario si es posible: en el templo y en el trajín de cada día, cada semana.

Oramos sobre las ofrendas diciendo: Mira, Señor, con bondad los dones que te presentamos; que ellos sean gratos a tus ojos y nos alcancen la salvación.

O después de la Comunión:Señor, que la acción de tu Espíritu en nosotros penetre íntimamente nuestro ser para que lleguemos un día a la plena posesión de lo que ahora recibimos en la Eucaristía.La acción del Espíritu Santo es algo que ya se insinúa en estos días de la Cuaresma: así en la oración colecta de hoy decimos:

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, es decir, la acción del Espíritu en nuestros corazones, para que, de manera negativa, sepamos dominar nuestro egoísmo, salir de nosotros mismos, controlar nuestra desconfianza radical; y, de manera positiva, sepamos secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo, secundar las inspiraciones del Espíritu en el alma del creyente. Por nuestro Señor Jesucristo.- Amén.


ORACIÓN SUGERIDA

Señor y Dios mío, enséñame a amarte. Gracias, Padre bueno, por habernos amado tanto que has enviado a tu propio hijo al mundo. Él se juntó a nosotros y asumió nuestra naturaleza, pero él no te ofendió en nada; por eso en él te complaces totalmente.

No mires, Padre Santo, nuestros pecados, mira a Cristo tu Hijo, que es nuestro hermano mayor, y agrádate en él. Él te ha dado toda gloria, todo el poder, toda la bendición de que tú eres digno. Él es nuestra mejor respuesta a tu amor infinito, nuestra única y sobrada respuesta.

Gracias, Señor Jesús, porque tú eres nuestro contento y nuestra gloria, nuestra justificación ante el Padre, nuestra satisfacción plena ante Dios y para Dios. Por ti y en ti recibimos toda gracia y bendición desde lo alto.

Señor Jesús, tú conoces nuestro barro y nos comprendes como nadie. Mira nuestra pobreza y envíanos, desde el Padre, el santo Espíritu para poder parecernos cada día más a ti, y así no ofender ni decepcionar al Padre de los Cielos, que es digno de toda bendición.- Amén.


Anímate, hermano, a formular tu oración personal dirigida a cada una de las tres divinas personas de la Santísima Trinidad, pues tienes el Espíritu derramado en tu corazón. Él te lleva de la mano al conocimiento sabroso del Padre y del Hijo. Pues en eso consiste la vida eterna: en que conozcamos al Padre y a su Enviado, su Hijo bendito.

El Espíritu nos conduce a la verdad plena. Permítele al Espíritu fluir en tu interior con esos gemidos inefables, y no lo tengas por más tiempo entristecido.

Ha llegado el tiempo de la liberación, aunque estemos en Cuaresma. Si tú quieres, una liberación siempre mayor te irá invadiendo; pues todo tiempo es bueno para Dios si tú quieres, si tú lo deseas. Que se te cumpla como has creído, decía Jesús a los enfermos que se le acercaban con fe y deseo de ser curados.

Finalmente, recuerda, hermano, hermana, que la cuaresma, por estar proyectada esencialmente hacia la Pascua hasta el punto de no tener sentido en sí misma, es, con plenitud, el tiempo de la primavera de la Iglesia: el más apropiado, o bien para ingresar a ella y conocer a Dios, o bien para volver al primer amor, al amor nupcial.

Por eso, merece la pena vivir la Cuaresma cada día con mayor intensidad hasta llegar a la Pascua, con mayor gozo y felicidad. Además, en estos días toda la Iglesia se une al colegio cardenalicio en vigilia de oración para discernir los signos de Dios de cara a la elección del vicario de Cristo.

La meta: Que seamos en plenitud hijos de Dios, y así lo sintamos y experimentemos de verdad, con todo nuestro ser. Amén.


Papa Francisco recibe a Obama

marzo 27, 2014

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El Papa Francisco y Obama en el Vaticano

El Papa Francisco y Obama en el Vaticano, hoy jueves 27 de marzo

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VATICANO, 27 Mar. 14 / 09:48 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco recibió esta mañana al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con quien dialogó sobre una serie de importantes temas como la libertad religiosa, los conflictos internacionales, el derecho a la objeción de conciencia y la defensa de la vida, entre otros.

El Santo Padre conversó con el mandatario por espacio de 50 minutos, en lo que constituye el primer encuentro entre ambos. Francisco y Obama comenzaron la reunión con un apretón de manos.

“Bienvenido, señor Presidente”, le dijo el Pontífice en inglés. “Es un gran honor. Soy un gran admirador suyo. Muchas gracias por recibirme”, le contestó el mandatario.

Obama también le dio al Papa los saludos de su familia y le comentó al Santo Padre que “la última vez que vine a visitar a su predecesor lo hice con mi esposa y mis hijas”.

En el encuentro, descrito como cordial, ambos líderes intercambiaron sus opiniones sobre diversos temas internacionales, expresando su esperanza de que los lugares en donde hay conflicto exista un gran respeto por el derecho humanitario e internacional y que todas las partes involucradas puedan llegar a una solución negociada.

En cuanto a las relaciones bilaterales y los asuntos que tienen que ver con la cooperación entre la Iglesia y el Estado, ambos conversaron sobre aspectos relevantes para la Iglesia en Estados Unidos.

Entre ellos están el derecho de los ciudadanos a la libertad religiosa, el derecho a la vida y la objeción de conciencia, así como el asunto de la reforma migratoria. Un asunto final fue el de la lucha contra el tráfico de personas en todo el mundo.

Luego intercambiaron regalos. El Papa Francisco le obsequió a Obama su primera exhortación apostólica, “Evangelii Gaudium”, y un medallón artístico que representa al “Ángel de la Paz”, como el mismo Papa explicó a Obama.

También le entregó una colección de monedas de su pontificado, que se cayeron cuando eran mostradas al presidente de los Estados Unidos, lo que provocó la risa de ambos.

Al recibir el documento, Obama dijo al Pontífice: “sabe, creo que voy a leer esto en el Salón Oval (de la Casa Blanca) cuando esté muy frustrado y estoy seguro de que la lectura me dará la fuerza y me permitirán calmarme”. El Papa le respondió en inglés “I hope” (Eso espero).

En tanto, Obama le regaló al Papa un estuche con algunas semillas de árboles y especies que crecen en el jardín de la Casa Blanca.

“Si tiene la posibilidad de venir a la Casa Blanca podría también visitar el jardín”, dijo Obama en lo que significó una invitación informal al Pontífice, quien contestó en español con un diplomático: “cómo no”.

Al despedirse, Obama agradeció en español al Santo Padre con un “muchas gracias” y luego le pidió que “rece por mí y por mi familia. Están conmigo en este camino”.

Acompañados por los guardias suizos, Obama y su equipo salieron de la Biblioteca y luego el presidente y el Secretario de Estado de EEUU, John Kerry, se reunieron con el Secretario de Estado Vaticano, Monseñor Pietro Parolin, quien el pasado enero ya mantuvo una larga conversación en el Vaticano con su homólogo estadounidense.

En una entrevista que publica hoy el diario italiano Corriere della Sera, Barack Obama afirma que el compromiso del Papa con la justicia social es un desafío para todos y resaltó la “gran autoridad moral” del Santo Padre y el hecho de que no sólo predique el Evangelio, sino que dé el ejemplo viviéndolo.

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UNO DE LOS ASUNTOS  que han tratado el Papa Francisco y el Presidente Obama ha sido la POLÍTICA MIGRATORIA de Estados Unidos. Tema que preocupa a la población hispana. Ayer se publicaba lo siguiente:

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Latinos de EEUU piden al Papa que medie con Obama para detener extradiciones

Entrevista al encargado de la pastoral con los latinoamericanos en Chicago. En la audiencia le entregarán una carta para agradecerle cuanto hace por los migrantes

Por H. Sergio Mora

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ROMA, 25 de marzo de 2014 (Zenit.org) – Una delegación de latinoamericanos residentes en Estados Unidos entregará este miércoles al papa Francisco una carta en la que le solicitan su mediación para que el presidente Obama detenga las extradiciones de personas ‘sin papeles’, mientas el Congreso estudia una reforma migratoria.

La carta, que le agradece al Santo Padre todo lo que está haciendo por los inmigrantes en el mundo, será entregada al concluir la audiencia general de los miércoles en la plaza de San Pedro. Le pedirán también un mensaje para darles coraje a esos millones de personas que viven en el temor de ser deportados.

La entrega de la carta es un día antes del encuentro del Santo Padre con el presidente de Estados Unidos, fijada para el jueves 27. Entre los temas seguramente figurará el de los inmigrantes que allí viven y trabajan, y de la necesidad que estas personas puedan salir de esa zona gris e ingresar a la legalidad.

Para conocer más, ZENIT entrevistó al padre Marco Mercado, encargado para atender a la comunidad hispana por el cardenal de Chicago, Francis Eugene George.

El padre Mercado indicó que ya le han confirmado el ingreso en la zona reservada de la Plaza de San Pedro, en donde podrán encontrar al Santo Padre: “Sí está confirmado, somos 11 de la delegación de Chicago y además hay otra delegación de Los Ángeles. Le vamos a pedir al papa Francisco su mediación para solicitar al presidente Obama que ojalá pueda, en cuanto Poder Ejecutivo, detener las deportaciones mientras el Congreso pueda aprobar una reforma migratoria”.

“Como el tema que va a tratar con el Santo Padre –precisó el padre Mercado– es la lucha contra la desigualdad y la pobreza en el mundo, la inmigración es un tema atinente y por ello pedimos se detengan las deportaciones mientras el Congreso de Estados Unidos se ponga de acuerdo sobre una reforma de la actual legislación migratoria”.

“Le pediremos también al Santo Padre si puede enviar un mensaje de esperanza y de fortaleza a los tantos millones de personas que están viviendo la incertidumbre de la entre comillas ilegalidad”, dijo.
Sobre el número de personas que se encuentran en esta situación el encargado de la pastoral en Chicago con los latinos indicó: “Los deportables son 2,2 millones mientras 11,5 millones es el total de personas indocumentadas que tenemos en Estados Unidos”.

Interrogado sobre la labor de la Iglesia en Chicago precisó: “Proveemos todos los servicios que los inmigrantes necesitan a través de las 137 parroquias en las que hay personas que hablan idioma español y que atienden directamente a la comunidad hispana. Prestamos servicios espirituales, pero también los de solidaridad como: asesoría legal, de inmigración, clases de inglés, clases de ciudadanía, servicios sociales, etc”.

Sobre la atención sanitaria en Chicago, el sacerdote precisó: “Para la atención médica en Estados Unidos, tenemos algunos centros atentidos por entidades católicas. Aunque la comunidad emigrante sabe que a través de las ‘emergencias’ de los hospitales tienen que ser atendidos. Posteriormente allí, un trabajador social toma el caso y les cobrará de acuerdo a sus posibilidades. Si bien tenemos también algunas clínicas atendidas por comunidades católicas en las que damos servicios básicos mientras que para los más grandes se ingresa por ‘emergencias’”.

Sobre la comunidad de los latinoamericanos en Estados Unidos, el padre Mercado elogió la norma Dream Act, aprobada por el gobierno Obama, que concedió permiso de trabajo para todos los jóvenes de hasta 30 años que llegaron al país antes de los 16, que estuvieran estudiando, sin antecedentes penales en Estados Unidos. “O sea jóvenes que llegaron ilegalmente siendo pequeños y que toda su vida han vivido allí y que su primer idioma se puede considerar el inglés, pero debido a que no habían nacido en el territorio de Estados Unidos no tenían documentos”.

Sobre la actual legislación migratoria el padre Marco no tiene dudas: “La iglesia ha levantado su voz porque la ley actual es obsoleta y rinde difícil a un inmigrante llegar a una situación de legalidad”. Si bien reconoció: “Somos conscientes también que eso no depende sólo del presidente, se necesita el Congreso”. Entretanto consideró que “el presidente puede hacer una ‘resolución ejecutiva’ para detener las deportaciones mientas se realiza la reforma”.

“Al papa Francisco –concluyó– le vamos a entregar un pliego petitorio y una carta de agradecimiento por lo que ha hecho por los emigrantes de todo el mundo. Sabemos que uno de sus primeros actos oficiales fue precisamente ir a la isla de Lampedusa y que su voz se ha alzado fuerte como un reclamo y que ha recordado la obligación moral que los países ricos tienen de acoger y ayudar a aquellos que buscan un mejor nivel de vida y también a quienes huyen de guerras o persecuciones”.

 


Maná y Vivencias Cuaresmales (25)

marzo 27, 2014

Jueves de la 3ª semana de Cuaresma

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»


Antífona de entrada

Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.

Oración colecta

Te pedimos humildemente, Señor, que a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 7, 23-28

Así dice el Señor: «Ésta fue la orden que di a vuestros padres: “Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien.”

Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente.

Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán.

Les dirás. “Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca.”»


SALMO 94, 1-2.6-7.8-9

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»


Aclamación antes del Evangelio: Joel 2, 12-13

Todavía es tiempo, dice el Señor. Arrepentíos de todo corazón y volveos a mí, que soy compasivo y misericordioso.


EVANGELIO: Lucas 11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»


Antífona de comunión: Salmo 118, 4-5

Tú promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.

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VIVENCIAS CUARESMALES (25)
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A medida que avanza la Cuaresma vaya creciendo en intensidad mi entrega al Señor


23. JUEVES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA


Entrada: Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.


TEMA: El primer y único mandamiento, “Escucha, Israel”. Si no escucha, el hombre se deja llevar por sus propias ideas y antojos; en última instancia y según la Biblia, por la maldad del corazón.

Entonces, el hombre se adora a sí mismo, ignora a Dios y es capaz de llamar mentiroso a Dios, pecando contra el Espíritu.

El pecado contra el Espíritu: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú, jefe de los demonios”.

Tanto en la primera lectura como en el Evangelio, topamos con la incredulidad del hombre para fiarse de Dios, para obedecer la palabra de Dios. Terrible tragedia para el hombre, amarga desilusión para Dios. Es el pecado primero y el más grave, que corresponde al primer mandato de Dios: “Escucha, Israel”.

La actitud de escucha es la que mejor cuadra al hombre, pues ella expresa la condición fundamental del ser humana: su condición de creatura. Es decir, escuchar es reconocer que el hombre está religado esencialmente a Dios, a pesar de su libertad. El ejercicio supremo de su libertad será precisamente “elegir libremente” a Dios como su centro y meta. Y en eso consiste su merecimiento y su plenitud.

Lo más urgente es afinar y reafirmar esa docilidad a Dios; esa sumisión incondicional a la voluntad de Dios, mande lo que mande, sea cual sea esa voluntad. Esta obediencia será determinante. Lo de menos será lo que venga después, en qué mandatos o normas se concreta esa voluntad de Dios.

La primera obediencia de la criatura consiste en venir a la existencia, como respuesta a la Palabra que la llama al ser. Esa obediencia alcanza plena expresión cuando la criatura es libre de reconocerse y aceptarse como don del Creador, de decir “sí” a su propia procedencia de Dios. Ésta realiza así su primer acto de libertad, un acto de libertad verdadero, que es también el primero y fundamental acto de auténtica obediencia.

La obediencia propia de la persona creyente consiste en la adhesión a la Palabra con la cual Dios se revela y se comunica, y a través de la cual renueva cada día su alianza de amor. Por tanto, esa obediencia significa la aceptación de la propia historia y de las circunstancias y avatares de la vida (El servicio de la autoridad y la obediencia; Instrucción de la CIVCSVA, n. 7; 2008).

La esencia del hombre es atender a Dios, escucharle y poner por obra sus mandatos. El hombre vale en la medida en que es oyente. Si no escucha, no sólo está vacío, sino que es malvado, por no dar culto a Dios: El hombre ha sido creado para conocer y alabar a Dios.

No hay, por tanto, neutralidad en la religión: El que no avanza, retrocede; el que no recoge con Dios, desparrama; el que no se forma y crece, se deforma y disminuye, se devalúa. Si no escucha, no puede hablar, es mucho. Y si dijera algo, sería maldad, desvarío, vaciedad…

Y el hombre tiende a justificar esa postura al margen de Dios y contra Dios. Se empecina, se pone terco, ciego en su recelo contra Dios, más visceral que lógico o intelectual. A pesar de los errores ajenos y propios, no queremos aprender ni en cabeza ajena, no damos el brazo a torcer, tratamos de justificarnos, y nos resistimos de todas las formas a reconocer y seguir el camino recto.

Ante este peligro, tan real y que nos amenaza a cada instante, rezamos hoy la oración colecta de todo corazón: Te pedimos humildemente, Señor, que, a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el misterio Pascual. Por nuestro Señor Jesucristo…

Escuchemos el relato evangélico de hoy: Lucas 11, 14-23.-La multitud se quedó admirada por la curación que hizo Jesús, pero algunos de ellos dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios”. Jesús les decía: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros… El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”.

El Evangelio expresa hasta dónde puede llegar el atrevimiento del hombre que se cierra en sí mismo, que no escucha, o mejor que escucha sus propios impulsos: algunos testigos del milagro del endemoniado se niegan a ver la luz y la interpretan como oscuridad.

La resistencia del hombre a las inspiraciones del Espíritu puede crecer y desarrollarse hasta su última expresión: atribuirle al demonio las obras que son, a todas luces, obras de Dios: “Expulsa los demonios con el poder de Belzebú”.

Atrevimiento terrible, fatal; que, si es consciente y voluntario, encierra al hombre en el mal de tal manera que lo hace incapaz de convertirse, de cambiar. Por eso se dice que ese pecado no tiene perdón.

Pero Jesús no se da por vencido y arremete contra los incrédulos. “Los amigos de ustedes ¿con ayuda de quién los expulsan?”. El hombre no puede quedar sin salvación: si rechaza la divina, busca otra, la de los “amigos a la medida”. Pero esa salvación que preferimos a la de Dios, ¿tiene consistencia, es verdadera, quién la ofrece y asegura?

En ambas lecturas, Dios echa en cara la incredulidad de los pecadores, la resistencia a escuchar al Señor. Tomemos conciencia del “primer” mandamiento de Dios: escucharle; “Escucha, Israel”. Si lo quebrantamos, todo se desordena en nuestra vida; todo queda viciado.

Nos lo recuerda Jeremías 7, 23-28: “Esto dice el Señor: Ésta fue la orden que di a mi pueblo: escuchad mi voz… Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente… Les envié a mis siervos los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres”.

Palabras graves por su misma expresividad y por la autoridad y dignidad de quien las pronuncia: el mismo Dios, su Espíritu que habla por los profetas.

Sin embargo, hay que advertir que con estas quejas, lamentos y reproches, Dios no pretende aplastarnos y dejarnos para siempre hundidos en nuestra propia debilidad y aun maldad, sino que su Espíritu pretende suscitar nuestra toma de conciencia y la posterior vuelta al buen camino y conversión.

Así, por obra del Espíritu el hijo pródigo recapacitó sobre su situación y reaccionó: volveré adonde mi padre y le confesaré mi pecado.


Oremos a Dios con estas o parecidas palabras:

Señor, ten misericordia de mí y dame la suficiente sinceridad para reconocer que me estoy auto-engañando y la necesaria valentía para renunciar a los falsos dioses a quienes me someto.

¿Hasta cuándo buscaré lejos de Ti? ¿Cuándo me convenceré de que son pozos secos sin agua viva, que son fantasmas, que son dioses muertos que no pueden salvar? Señor, ten compasión de mí; que vea; conviérteme a ti para que vaya a ti.- Amén.


Cristo es el único que nos da la victoria sobre el mal. A su lado hay que luchar. A él debemos someter todo nuestro ser; sólo así haremos la obra de Dios, edificaremos con él, cosecharemos con él. Cristo es tajante: “Quien no está conmigo, está contra mí”.

No hay término medio: hay que estar con el único Señor, explícita o implícitamente. Algunos realizan las obras buenas de Dios sin conocer del todo a Jesús, ni contarse entre sus inmediatos seguidores. No hagamos partidismos como los apóstoles: “Ésos no son de los nuestros; por tanto, prohíbeles hacer milagros en tu nombre”.

Jesús, en ese caso, defiende a los que son suyos implícitamente: “No se lo prohíban, les dice; uno que actúa en mi nombre no puede hablar mal de mí”. Una cosa es el señorío de Jesús y otra muy distinta es el partidismo fanático y exclusivista.

Jesús aquí plantea la radicalidad que debe practicar todo discípulo suyo: “No se puede servir a dos señores”. Jesús exige coherencia y radicalidad; no se pueden juntar las tinieblas con la luz. En ese campo no hay pequeñas cosas o insignificancias. Nada de ambigüedades: “Quien no recoge conmigo, desparrama”. No se trata sólo de no hacer cosas malas; se trata de hacer muchas cosas positivamente buenas.

El Salmista nos invita a aprender en cabeza ajena: No endurezcáis el corazón como en Meribá, no sea que os pase algo peor. Si después de conocer tanto, nos echamos atrás o no somos del todo íntegros, grande será nuestro pecado. Pues al que mucho se le dio, mucho se le pedirá. Desparramamos, no servimos para el Reino que padece violencia, que exige que nos definamos. El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no vale para el Reino.

Por tanto, debemos pedir a Dios la sencillez confiada del auténtico creyente. Nos lo enseña la oración sobre las ofrendas: “Señor, preserva de toda maldad a tu pueblo…”


HIMNO

Te damos gracias, Señor, porque has depuesto la ira y has detenido ante el pueblo la mano que lo castiga.Tú eres el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene y el techo que nos cobija.


Más violencia y tensión en Venezuela

marzo 26, 2014

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Disturbios en Venezuela

Disturbios en Venezuela y desencuentros, protestas y violencia

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Venezuela: violencia sin fin. La Iglesia llama al diálogo

Nuevas víctimas mortales y siguen las protestas por todo el país
Por Iván de Vargas

MADRID, 25 de marzo de 2014 (Zenit.org) – Este domingo ha muerto una joven que trabajaba como intérprete de la lengua de signos en el canal de televisión Venevisión, tras ser tiroteada en la localidad de Los Teques, ubicada al sur de Caracas.

La fallecida, identificada como Adriana Urquiola, de 28 años de edad, estaba embarazada de tres meses. Una situación la del país latinoamericano que el diario L’Osservatore Romano definió en un título: “No hay tregua para la violencia en Venezuela”.

La situación no mejora y la inestabilidad en el país ha llevado a sus vecinos regionales a reunirse para buscar una solución. La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha limitado a hacer un llamamiento al diálogo, a pesar de que Panamá había solicitado medidas efectivas, lo que ha llevado a Venezuela a romper las relaciones bilaterales.

Ante la dramática deriva de los hechos, el obispo emérito de la diócesis de Los Teques, Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales, ha propuesto la sede del Episcopado venezolano en Caracas como lugar de encuentro entre la oposición y el gobierno, para iniciar un diálogo que considera “necesario”.

En una nota, recogida por la agencia Fides, Mons. Pérez Morales ha enumerado los problemas del país que hay que afrontar de manera urgente: inseguridad, impunidad, inflación y violencia. Además, ha lamentado que algunas propuestas del gobierno, contenidas en el llamado “Plan de la Patria”, aparecen como un proyecto socialista “inaceptable e inconstitucional”.

Por su parte, el ministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres ha declarado a una radio local que se realizarán “operaciones especiales militares y de orden público para erradicar las guarimbas” que, en lenguaje popular de Venezuela, son los lugares de protesta, como un local, un barrio e incluso una calle.

“Hicimos una reunión con el Alto Mando Militar para activar nuevamente los planes de seguridad predispuestos”. Y añadió: “Vamos a tomar acciones en los municipios en los que todavía quedan focos de violencia, pero para devolver el orden”.

En esta línea, la noche del 21 al 22 de marzo el terror se apoderó de los habitantes de las urbanización Rómulo Colmenares, Simón Bolívar y Táchira, cuya población fue reprimida dentro de su propia casa por efectivos militares y de la Policía Nacional Bolivariana durante más de ocho horas, según han relatado los propios afectados.

Mostrando los restos del brutal ataque entre casquillos, cartuchos de perdigones y de gas lacrimógeno (la gente pudo recoger más de 500 bombas entre todas las veredas), una mujer llamada Ana, con lágrimas en los ojos y temblando, ha comentado a La Nación que hicieron desastres en todas las casas.

“Estábamos terminando de rezar el rosario cuando nos avisaron que venían y a montones, todos nos dispersamos y quedamos en diferentes casas. En mi casa se metió mi hijo, su esposa y mi nieto que se estaba asfixiando. Venían a matarnos y nos dijeron que si seguíamos protestando esta noche nos venían a masacrar. Ya desocupamos la casa y sacamos a mi nieto”.

De acuerdo con los vecinos esta es la sexta vez que la Guardia Nacional arremete contra ellos, pero las agresiones del lunes 10 y el viernes 21 de marzo han sido las más fuertes. Juan Rodrigo, habitante de la Urbanización Rómulo Colmenares vereda 1, ha explicado que llegaron apuntando a las ventanas, rompiendo los vidrios y tirando las bombas y los perdigones, desde la calle 1 hasta la 4 donde tumbaron el portón.

“Nos han atacado vilmente y violando nuestro espacio privado, han entrado cinco tanquetas a las calles intimidando y creando terror en la comunidad. Un Guardia Nacional amenazó desde la tanqueta diciendo que si seguían las protestas nos iban a mandar los colectivos, que el sábado iban a arremeter más, que nos iban a masacrar, que iban a enviar funcionarios de civil para detener y torturar a la gente”, ha relatado conmocionado.

También el subsecretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), monseñor Víctor Hugo Basabe ha denunciado hace unos días que varios templos del país y algún religioso se han visto afectados por los focos de violencia.

En el programa Entre Noticias, trasmitido por Globovisión, el sacerdote ha afirmado: “Tenemos iglesias que están en sectores donde la conflictividad ha sido alta y que también han sido atacadas por grupos violentos”.

En esta línea, monseñor Basabe ha recordado la difícil situación vivida en la iglesia de Santa Bárbara en Mérida, donde “en plena realización de la misa (…), un grupo armado se presentó en el templo causando pánico, salió, hizo disparos…”

Ante esta situación, el subsecretario general de la CEV ha indicado que “Venezuela tiene la necesidad de entrar en lo que es el espíritu de la Cuaresma; de entrar en lo que es ese llamado a la conversión, al cambio de vida, al arrepentimiento, que el Señor nos está haciendo”.

Las protestas en las calles de las principales ciudades contra el Gobierno de Nicolás Maduro comenzaron el pasado 12 de febrero y pese a la dura represión –una treintena de muertos, cientos de heridos y más de mil detenidos– la movilización popular sigue en pie.

Día tras día, los estudiantes y la oposición expresan el descontento de varios sectores del país provocado por la situación de inseguridad, la escasez de alimentos y productos básicos, la inflación del 56,2 por ciento en el 2013, el control de precios, el deterioro aberrante de la economía del país, la corrupción en los poderes públicos…

Los dirigentes de la oposición venezolana y los representantes estudiantiles no paran de exigir al Gobierno la libertad de los detenidos y el castigo a los culpables de la represión en las marchas.

Por su parte, el Ejecutivo afirma que las protestas forman parte de un plan para derrocar al presidente y ha aplaudido la actuación virulenta de las fuerzas del orden para contener las manifestaciones.

 

 


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