El maná de cada día, 20.8.19

agosto 20, 2019

Martes de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Tercer día de la novena a Santa Mónica
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Para Dios nada es imposible



PRIMERA LECTURA: Jueces 6, 11-24a

En aquellos días, el ángel del Señor vino y se sentó bajo la encina de Ofrá, propiedad de Joás de Abiezer, mientras su hijo Gedeón estaba trillando a látigo en el lagar, para esconderse de los madianitas.

El ángel del Señor se le apareció y le dijo: «El Señor está contigo, valiente.»

Gedeón respondió: «Perdón, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto? ¿Dónde han quedado aquellos prodigios que nos contaban nuestros padres: “De Egipto nos sacó el Señor.”

La verdad es que ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado a los madianitas.»

El Señor se volvió a él y le dijo: «Vete, y con tus propias fuerzas salva a Israel de los madianitas. Yo te envío.»

Gedeón replicó: «Perdón, ¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mi familia es la menor de Manasés, y yo soy el más pequeño en la casa de mi padre.»

El Señor contestó: «Yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.»

Gedeón insistió: «Si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú quien habla conmigo. No te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda y te la presente.»

El Señor dijo: «Aquí me quedaré hasta que vuelvas.» Gedeón marchó a preparar un cabrito y unos panes ázimos con media fanega de harina; colocó luego la carne en la cesta y echó el caldo en el puchero; se lo llevó al Señor y se lo ofreció bajo la encina.

El ángel del Señor le dijo: «Coge la carne y los panes ázimos, colócalos sobre esta roca y derrama el caldo.» Así lo hizo.

Entonces el ángel del Señor alargó la punta del cayado que llevaba, tocó la carne y los panes, y se levantó de la roca una llamarada que los consumió. Y el ángel del Señor desapareció.

Cuando Gedeón vio que se trataba del ángel del Señor, exclamó: «¡Ay, Dios mío, que he visto al ángel del Señor cara a cara!»

Pero el Señor le dijo: «¡Paz, no temas, no morirás!»

Entonces Gedeón levantó allí un altar al Señor y le puso el nombre de «Señor de la Paz.»

SALMO 84, 9.11-12.13-14

El Señor anuncia la paz a su pueblo.

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos y a los que se convierten de corazón.»

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.


Aclamación antes del Evangelio: 2 Co 8, 9

Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza.


EVANGELIO: Mateo 19, 23-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»

Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»

Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel.

El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»
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UN MONTÓN DE CAMELLOS ANTE EL OJO DE UNA AGUJA

Es propio de nuestra limitada condición creatural asirnos fuertemente a los agarraderos de las seguridades humanas. Necesitamos vivir con los pies muy puestos en la tierra de nuestros cálculos humanos, de nuestras previsiones y planes, de nuestras habilidades y cualidades, de nuestros méritos, de todo aquello que podemos medir, tocar, ver y sentir.

Y terminamos por utilizar esa misma lógica humana en nuestra vida espiritual, convirtiendo el alma en un almacén de congelados, en el que voy guardando todos aquellos méritos y obras buenas que me permitirán un día comprar a Dios mi derecho a la salvación.

Aunque seas muy generoso con tus bienes materiales, puedes vivir con alma de rico, dominado por la miserable ambición de caminar muy seguro de ti mismo y confiado en las riquezas espirituales de tus méritos, de tus obras, de tus virtudes o de tus cualidades.

Todo eso de bueno que hay en ti no es tuyo; te lo da Dios con su gracia. La peor pobreza que puede sufrir un alma inflada de sí misma es no tener a Dios. Y esta miseria espiritual puede darse aun cuando seas un perfecto cumplidor de tus deberes espirituales.

Otros podrán ver que vas a Misa, que rezas a diario el rosario, que hablas piadosamente de Dios en tu apostolado, que lees y conoces la Escritura, y hasta podrán alabar tus bellas y piadosas predicaciones…

Sin embargo ¡cuántos cristianos tan llenos de sí mismos, esperando como camellos para pasar por el ojo de una aguja!

Carga sobre tus lomos las cruces de los demás, sus problemas, sus inquietudes, sus deseos de Dios; carga tu alma, sobre todo, de la presencia y del amor de Dios, y verás que ni el ojo de una aguja es obstáculo para que su gracia actúe a través de ti.

Mater Dei



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NOVENA A SANTA MÓNICA (3)


Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

 

NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el tercer día

Santa Mónica, sembradora de comprensión y reconciliación

1.- Textos bíblicos para la misa

• Del libro del Eclesiástico 26, 1-4; 16-21. El sol brilla en el cielo; la mujer bella en su casa bien arreglada. M. Ag. p. 72.
• Salmo 137, 1.3.8. M. Ag. p. 73
• Marcos 3, 32-35. ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

2.- Textos agustinianos

“A esta tu buena sierva, en cuyo seno me creaste, Dios mío y misericordia mía, le habías regalado también este hermoso don: siempre que le era posible, se las ingeniaba para poner en juego sus dotes pacificadoras entre cualquier tipo de personas que estuviesen en discordia o disidencia.

Del cúmulo de recriminaciones ácidas que suele respirar la desavenencia tensa, cuando desahoga al exterior la crudeza de los odios con un lenguaje lleno de amargura frente a la amiga, mi madre no refería de la otra lo que no sirviera para reconciliarlas a ambas.

Por último, también conquistó para ti a su marido, que se hallaba en los últimos días de su vida temporal. Bautizado ya, no tuvo que llorar en él las ofensas que se vio obligada a tolerar en su persona antes del bautismo. Además, era sierva de tus siervos. Todos cuantos la conocían hallaban en ella motivos sobrados para alabarte, honrarte y amarte. Sentía tu presencia en su corazón por el testimonio de los frutos de una conducta santa.

Había sido mujer de un solo hombre, había rendido a sus padres los debidos respetos, había gobernado su casa piadosamente y contaba con el testimonio de las buenas obras. Había criado a sus hijos, dándolos a luz tantas veces cuantas los veía apartarse de ti” (Confesiones 9, 9).

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por la paz, serenidad y la mutua unión y comprensión en las familias entre maridos y esposas, entre padres e hijos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.
V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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El maná de cada día, 19.8.19

agosto 19, 2019

Lunes de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

 

San Ezequiel Moreno Díaz, obispo, agustino recoleto

Segundo día de la novena a Santa Mónica

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San Ezequiel Moreno, de Juan Barba. Convento de Marcilla, Navarra. 



Antífona de entrada: Sal 104, 1

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos.


Oración colecta

Oh Dios, que nos ofreces en san Ezequiel, obispo, un modelo de fidelidad al Evangelio y de pastor según el Corazón de tu Hijo; concédenos, por su intercesión, que, viviendo con alegría nuestro testimonio cristiano, estemos plenamente dirigidos hacia ti y consagrados al servicio de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jueces 2, 11-19

En aquellos días, los israelitas hicieron lo que el Señor reprueba, dieron culto a los ídolos; abandonaron al Señor, Dios de sus padres, que los había sacado de Egipto, y se fueron tras los otros dioses, dioses de las naciones vecinas, y los adoraron, irritando al Señor. Abandonaron al Señor y dieron culto a Baal y a Astarté.

El Señor se encolerizó contra Israel: los entregó a bandas de saqueadores que los saqueaban, los vendió a los enemigos de alrededor, y los israelitas no podían resistirles. En todo lo que emprendían, la mano del Señor se les ponía en contra, exactamente como él les había dicho y jurado, llegando así a una situación desesperada.

Entonces el Señor hacía surgir jueces, que los libraban de las bandas de salteadores; pero ni a los jueces hacían caso, sino que se prostituían con otros dioses, dándoles culto, desviándose muy pronto de la senda por donde habían caminado sus padres, obedientes al Señor. No hacían como ellos.

Cuando el Señor hacia surgir jueces, el Señor estaba con el juez; y, mientras vivía el juez, los salvaba de sus enemigos, porque le daba lástima oírlos gemir bajo la tiranía de sus opresores.

Pero, en cuanto moría el juez, recaían y se portaban peor que sus padres, yendo tras otros dioses, rindiéndoles adoración; no se apartaban de sus maldades ni de su conducta obstinada.


SALMO 105, 34-35.36-37.39-40.43-44

Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

No exterminaron a los pueblos que el Señor les había mandado; emparentaron con los gentiles, imitaron sus costumbres.

Adoraron sus ídolos y cayeron en sus lazos; inmolaron a los demonios sus hijos y sus hijas.

Se mancharon con sus acciones y se prostituyeron con sus maldades. La ira del Señor se encendió contra su pueblo, y aborreció su heredad.

Cuántas veces los libró; mas ellos, obstinados en su actitud, perecían por sus culpas; pero él miró su angustia, y escuchó sus gritos.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 3

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.


EVANGELIO: Mateo 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.»

Él le preguntó: «¿Cuáles?»

Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.»

El muchacho le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?»

Jesús le contestó: «Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo.»

Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.


Antífona de comunión

El Señor mandó a los discípulos que anunciasen a las ciudades: está cerca de vosotros el Reino de Dios.



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CELEBRAMOS HOY

LA FIESTA DE SAN EZEQUIEL MORENO

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Con este motivo nos unimos a tantas personas devotas y comunidades que en este día se alegran por las obras que Dios realizó en la vida de san Ezequiel y por las que sigue realizando gracias a su intercesión.

Nos acordamos en especial de las personas devotas que han rezado durante estos días la novena al Santo. Que el Señor les conceda cuanto le han pedido poniendo a san Ezequiel como intercesor.


DATOS BIOGRÁFICOS

San Ezequiel Moreno nació en Alfaro, La Rioja, España, en 1848. Profesó en la Orden de Agustinos Recoletos y terminó los estudios eclesiásticos en Filipinas. Se ordenó sacerdote en 1871 y ejerció allí el ministerio durante quince años.

Volvió a España, y a los tres años pasó a Colombia como superior en 1889. Renovó las comunidades religiosas. Trabajó varios años en Bogotá y restauró las misiones de Casanare, de las que fue nombrado primer Vicario y Obispo.

En 1896 se le confió la diócesis de Pasto. Aquejado por un cáncer al paladar viaja a España en diciembre de 1905. En Madrid se somete a dos operaciones, en febrero y marzo de 1906. Sin poder atajar el mal, en mayo se retira al convento de Monteagudo, Navarra, donde fallece el 19 de agosto del mismo año.

Fue beatificado en noviembre de 1975 y canonizado por el Papa Juan Pablo II el 11 de octubre de 1992 en Santo Domingo, República Dominicana, dentro de las celebraciones de los 500 años de la Evangelización de América.

Se destacó toda su vida por la observancia religiosa, el apostolado con los enfermos, su espíritu misionero, la dirección espiritual y por su generosidad con los pobres. Su fiesta se celebra el 19 de agosto.


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De las cartas pastorales de san Ezequiel Moreno, obispo

Tú eres mi fortaleza y mi refugio

Bien sabemos que vosotros, amados hijos, habéis orado sin intermisión al Padre celestial por vuestro obispo y habéis hecho dulce violencia al Sagrado Corazón de su divino Hijo con vuestros ruegos para que volviéramos (a la diócesis).

Dios nos ha oído y ha querido nuestra vuelta; vosotros lo habéis celebrado de un modo extraordinario, y Nos viviremos siempre agradecidos a vuestras oraciones y demostraciones de afecto, que es lo que queremos manifestar en este escrito para que quede memoria perpetua de nuestra gratitud.

Tal es la recompensa que deseamos para todos vosotros, amados hijos, y que pediremos a Dios nuestro Señor con insistencia todos los días de nuestra vida. Vuestra eterna salvación es el deseo ardiente de nuestro corazón de obispo y de padre; pero no sólo os ofrecemos como recompensa a vuestros obsequios ese buen deseo, sino que os ofrecemos también duplicar nuestros esfuerzos en bien de vuestras almas.

Confesamos nuestra flaqueza y debilidad; pero bien sabéis que nuestro escudo de armas es la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y que a esa imagen preciosa rodean estas palabras: Tú eres mi fortaleza y mi refugio.

Colocamos de intento esas palabras alrededor del divino corazón para que fueran una confesión constante de nuestra propia debilidad, acto continuo de nuestra confianza en él, y perpetua jaculatoria que le mueva a protegernos.

No hay momento en que no hablen esas palabras al Corazón de Jesús, porque ésa es nuestra intención de siempre, ni instante en que no le repitamos con ellas: Tú eres mi fortaleza y mi refugio, y nos parece que ese divino Corazón nos contesta diciendo: “Yo estaré contigo”.

Esto nos anima en medio de nuestra propia debilidad, y, confiando en el Corazón del Omnipotente, es como os prometemos seguir luchando por su gloria y por la salvación de vuestras almas hasta el último suspiro de nuestra vida.

Bien sabemos lo que nos espera en esa lucha, y demasiado lo sabéis vosotros también, amados hijos, porque ya lo habéis visto: burlas, ultrajes, calumnias, persecución, continuo sufrir; pero ¿qué cosa puede haber más dulce para Nos que sufrir por la gloria de Dios y por vuestro bien, por vosotros, que tan acreedores os habéis hecho a eso y a más que pudiéramos daros?

¿De qué otro modo pudiera corresponder mejor a vuestro afecto que sufriendo por vuestras almas y salud eterna? ¿A qué mayor bien, además, podemos aspirar que a sufrir por aquel que sufrió por nosotros hasta la muerte, y muerte de cruz?

De esa manera, y con la gracia de Dios, quisiéramos pasar el poco tiempo que nos quede de vida temporal, como la mejor preparación para pasar a la vida eterna y feliz de la gloria, único fin positivo al que todos debemos aspirar con toda nuestra alma y procurar con todas nuestras fuerzas (T. Minguella, O.A.R., Cartas Pastorales, Circulares y otros Escritos del Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz, Madrid, 1908, 171.173-174).

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NOTA

Estimados hermanos y hermanas: Muchos devotos han rezado en estos días la novena a san Ezequiel, o con otras oraciones y súplicas han solicitado favores y curaciones a Dios por intercesión de nuestro Santo. Sabemos que la oración nunca cae en el vacío. Siempre la escucha Dios. Lo que pasa es que no siempre nos concede, exactamente, lo que le pedimos.

Si algún hermano  o hermana ha sentido que Dios le ha concedido algún favor, ordinario o extraordinario, puede comunicarlo a esta dirección del blog en forma de comentario o como le parezca más práctico; y también a este correo personal: ismaelolozano@gmail.com

Les suplico, por favor, que den testimonio de lo que el Señor ha hecho con ustedes, de cómo han notado su poder salvador, porque es justo dar a conocer las obras de Dios a fin de que otros muchos alabemos su gran bondad y misericordia y la protección de nuestro Santo. Gracias anticipadas.



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NOVENA A SANTA MÓNICA (2)


Modelo de esposa y madre cristiana
Con textos bíblicos para la misa

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NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en la familia, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el día segundo

Santa Mónica, paciente esposa

1.- Textos bíblicos para la misa

• Génesis 24, 1-53. Abrahán busca esposa para su hijo Isaac; o bien, Tobías 7, 9-16; 8, 1-9. Matrimonio de Tobías y Sara.
• Salmo 128 (127). Bendición del hombre fiel en la esposa y los hijos.
• Mateo, 1, 1-12. Indisolubilidad del matrimonio.

2.- Textos agustinianos:

“Educada en honestidad y templanza, y sujeta más por ti (Dios) a sus padres que por sus padres a ti, llegada a la plenitud de los años de la nubilidad, entregada a su marido, le sirvió como a su señor y se afanó en ganarlo para ti predicándole de ti con sus costumbres, con las que la alimentabas y hermoseabas, haciéndola reverenciable y ejemplar para su marido.

Y de tal manera soportó las injurias del tálamo, que nunca tuvo contienda por ello con el marido desleal. Esperaba ella que vuestra misericordia descendiese sobre él, dándole a la vez la fe y la fidelidad.

Era él, por una parte, extraordinariamente afectuoso y, por otra, sumamente fulminante y enojadizo. Mas ella sabía no resistir al marido encolerizado, no sólo con hechos, pero ni siquiera con palabras. Pero después que se le había pasado el enojo, viéndole ella quieto y sosegado, buscaba el momento favorable para explicarle lo que había hecho, si acaso se había irritado más de lo justo.

Al principio de su casamiento, su suegra, por los chismes de unas malas criadas, se mostró irritada con ella; pero luego, con su perseverante y obsequiosa afabilidad, con su paciencia y con su mansedumbre, la desarmó hasta tal punto que la suegra espontáneamente denunció a su hijo la lengua de las intrigantes que perturbaron la paz doméstica entre ella y su nuera, y exigió que las castigase… Y no osando ya ninguna acercarse a ella con chismes, vivieron suegra y nuera en buena amistad mutua y contento ejemplares” (Confesiones 9, 9).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las esposas cristianas, para que con su paciencia y fidelidad sean verdaderos ángeles del hogar. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.
V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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El maná de cada día, 18.8.19

agosto 17, 2019

Domingo XX del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Jesus-Serious[1]

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz?

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NOTA: El próximo 27 de agosto la familia agustiniana celebra con gran alegría por todo el mundo la fiesta de Santa Mónica, modelo de esposas y de madres cristianas.

Por eso, en este día, 18 de agosto, comenzamos la novena a la Santa. Es curioso, providencial diría yo: Justo concluimos la novena a San Ezequiel y a la vez comenzamos la de Santa Mónica. Agosto es el mes agustiniano, sin duda.

Con la novena a San Ezequiel hemos pedido la sanación y curación total de nuestros enfermos, familiares y amigos sobre todo, que padecen cáncer, que están desahuciados; si es la voluntad de Dios, claro está.

Oración de petición y también de intercesión: Nos hemos puesto entre ellos y Dios, intercediendo por ellos, solidarizándonos con ellos y rogando en su nombre, tratando de sentir en carne propia sus limitaciones, agobios, angustias y desesperación. Hemos pedido algo material: la salud, el bienestar, la liberación del dolor, la mejoría integral de la persona.

Pues bien, a partir de hoy, ofrecemos a las madres cristianas, y a sus devotos, la novena a Santa Mónica con oraciones y consideraciones sobre su patrona.

Nuestra oración será de intercesión por los demás, pidiendo, sobre todo, su salvación, la plenitud de la alegría de la fe y de la vida cristiana.

Pediremos un bien espiritual. Como cristianos, y sobre todo las madres entregadas a Dios, consideran insuficiente que sus hijos tengan éxito en la vida, salud, trabajo, que estén bien situados en la sociedad. Todo eso, sin la fe, no merecería la pena. La vida cristiana es un tesoro irrenunciable. La meta es llevar a sus hijos y a toda la familia a Dios: Que sólo en Dios pongan su contento y felicidad. Nada sin esto último. Y con esto, todo lo demás.

Que podamos rezar la Novena a Santa Mónica como nunca antes lo hayamos hecho y que saquemos tanto fruto espiritual que nos llene de alegría y que renueve nuestra familia. El 28 de agosto celebraremos la fiesta del hijo de Santa Mónica, “el hijo de tantas lágrimas”, San Agustín, nuestro Padre. Será el colofón de las celebraciones agustinianas de agosto.

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NOVENO Y ÚLTIMO día de la Novena a San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, cuya fiesta se celebra el 19 de este, es decir, mañana. La encuentras al final de esta entrada o artículo. Además de unirnos a todos los devotos de San Ezequiel, le confiamos a Dios, por su intercesión, todas las peticiones de salud y de acción de gracias que recibimos en este Blog, con mucha frecuencia. Dios se glorifique en esta novena. San Ezequiel, ruega por nosotros. Amén. 

Antífona de entrada: Sal 83, 10-11

Fíjate, oh Dios en nuestro Escudo; mira el rostro de tu Ungido. Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.


Oración colecta

Oh Dios, que has preparado bienes inefables para los que te aman, infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 38, 4-6.8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: «Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.»

Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.»

Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.

Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.»

Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: «Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.»


SALMO 39, 2.3;4.18

Señor, date prisa en socorrerme.

Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito.

Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos.

Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor.

Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí; tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes.


SEGUNDA LECTURA: Hebreos 12, 1-4

Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retiramos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 27

Mis ovejas oyen mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen.


EVANGELIO: Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz?

No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»


Antífona de comunión: Sal 129, 7

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

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PAUTAS PARA LA LECTURA ORANTE DE LA PALABRA

Evangelio del domingo 18 de agosto

 Empieza por disponerte, procura entrar en la onda del Señor…

Paso 1. Disponerse: ¿Reconoces la presencia del Señor en tu vida?  La Palabra ilumina los pasos. Mira por dónde van tus asuntos. Hay lecturas que funcionan como un espejo en el que nos miramos. Después, haz por leer siguiendo estos pasos, al considerar el siguiente evangelio:

 «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Paso 2. Leer: Lee despacio y con silencios, para poner atención. ¿Por qué crees que da conflictos y divisiones la vida de Jesús? ¿Hay alguna alusión en el texto a su muerte y resurrección?

Paso 3. Escuchar: ¿Qué sentimientos suscita en ti esta lectura? ¿Qué  dice a tu forma de seguir a Jesús? ¿Puedes resumir en una frase breve el mensaje de este texto?

Paso 4. Orar: ¿Qué hace en tu corazón el rostro de Jesús de esta lectura? ¿Te mueve a la oración y a esponjarte en su angustia? ¿Quieres hablar con él de tus pobrezas y sufrimientos? 

Paso 5. Vivir: ¿Qué mensajes para tu vida recibes de esta Palabra? ¿Qué significa el fuego para la vida de fe tibia y sin compromiso en la que vivimos tantos cristianos? ¿Tú cómo andas?

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¿PENSÁIS QUE HE VENIDO A TRAER AL MUNDO LA PAZ?

Benedicto XVI. Ángelus domingo 19 de agosto de 2007

En el evangelio de este domingo hay una expresión de Jesús que siempre atrae nuestra atención y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus discípulos: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división”.

Y añade: “En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lc 12, 51-53).

Quien conozca, aunque sea mínimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, “es nuestra paz” (Ef 2, 14), muerto y resucitado para derribar el muro de la enemistad e inaugurar el reino de Dios, que es amor, alegría y paz.

¿Cómo se explican, entonces, esas palabras suyas? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice —según la redacción de san Lucas— que ha venido a traer la “división”, o —según la redacción de san Mateo— la “espada”? (Mt 10, 34).

Esta expresión de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal. El combate que Jesús está decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satanás.

Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces auténticas persecuciones.

Por eso, todos los que quieran seguir a Jesús y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias.

En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo auténtico no debe anteponerse jamás al amor a Dios y a Cristo. De este modo, siguiendo los pasos del Señor Jesús, los cristianos se convierten en “instrumentos de su paz”, según la célebre expresión de san Francisco de Asís.

No de una paz inconsistente y aparente, sino real, buscada con valentía y tenacidad en el esfuerzo diario por vencer el mal con el bien (cf. Rm 12, 21) y pagando personalmente el precio que esto implica.

La Virgen María, Reina de la paz, compartió hasta el martirio del alma la lucha de su Hijo Jesús contra el Maligno, y sigue compartiéndola hasta el fin de los tiempos. Invoquemos su intercesión materna para que nos ayude a ser siempre testigos de la paz de Cristo, sin llegar jamás a componendas con el mal.
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NOVENA A SAN EZEQUIEL MORENO

San Ezequiel Moreno, agustino recoleto

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena. Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, en particular a los terminales y a los que sufren de cáncer. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.


DÍA 9º.- Jesucristo nos redimió por medio del sufrimiento. San Ezequiel vivió con mucha austeridad y sacrificio para servir a Dios y a los hermanos en su ministerio sacerdotal. Durante más de un año sufrió con heroísmo de mártir y admirable dulzura el cáncer en la boca y fosas nasales. (Pausa de reflexión y oración)

Padre nuestro, el único compasivo: remedia nuestras necesidades y haz que los sufrimientos de esta vida, por intercesión de san Ezequiel, nos sirvan para purificarnos, hacernos semejantes a ti y conseguir así la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en la novena)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre nuestro: la oración confiada y la certeza de la intercesión de san Ezequiel son para mí un remanso de paz y de consuelo en mis penas y trabajos. Haz que sus ejemplos me estimulen siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección bondadosa.

Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

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NOTA: Agradecemos a todos los devotos de san Ezequiel que han seguido al día su novena. Los felicito y confío en que el Señor escuche sus súplicas y atienda a sus necesidades. Él siempre escucha; nunca falla. Siempre nos da lo bueno y aun lo mejor. Es fiel. Sigamos caminando, firmes en la fe, arraigados en la esperanza que no defrauda. Un abrazo, p. Ismael

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NOVENA A SANTA MÓNICA (1)



Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica, su ejemplo y patrona.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, milagros de conversión. ¿Acaso me complazco en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén.

Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en la familia, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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2. Textos bíblicos y agustinianos para el día primero

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EDUCACIÓN CRISTIANA DE SANTA MÓNICA

1.- Textos bíblicos para la misa

• Proverbios, 2, 1-15. Se esforzaba en enseñar a sus hijos con todas sus fuerzas las buenas costumbres. M. Ag. p. 47.
• Salmo 26, 1.3-5.11.13. M. Ag. p. 48-49.
• Lucas, 2, 39-52. Jesús perdido y hallado en el Templo.

2.- Textos agustinianos

“No callaré, dice Agustín, ninguno de los sentimientos que brotan en mi alma, inspirados por aquella sierva vuestra que me dio a luz en la carne para que naciese a la vida temporal, y me dio a luz en su corazón para que renaciese a la vida eterna.

No diré los dones de ella, sino vuestros dones en ella. Pues no se hizo ella a sí misma, ni se había creado a sí misma. La creaste tú (Dios), y ni su padre ni su madre sabían qué sería ella. El Espíritu de vuestro Hijo único la educó en vuestro temor, en el seno de una familia fiel, miembro bueno de vuestra Iglesia.

No tanto mi madre alababa la diligencia de la suya por lo que hacía a su crianza, como la de una criada de casa. Por su ancianidad y por sus óptimas costumbres en la casa cristiana, era tratada con suma deferencia por sus dueños. Por ellos, con diligencia, tenía el cuidado de las hijas de los señores, y las reprendía cuando era menester con severidad vehemente y santa, y las instruía con una presencia llena de sobriedad y tacto.

Ella, aunque se abrasasen de sed fuera de aquellas horas en que comían con muchísima templanza en la mesa de sus padres, no consentía a las hijas de sus amos beber ni agua clara. Precavía así una costumbre funesta, y añadía al veto esta advertencia sensata: ‘Ahora bebéis agua, porque no tenéis vino a mano; pero cuando seáis casadas, con las llaves en el cinto de despensas y bodegas, el agua os hederá, y prevalecerá el instinto de beber’.

Con este sistema de aconsejar y con la autoridad de mandar refrenaba la avidez de la edad tierna y ajustaba la sed de las muchachas a una morigerada templanza, para que no les agradase aquello que no les estaba bien” (Confesiones 9, 8).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los niños, para que sean dóciles a sus educadores y crezcan en la fe, la esperanza y el amor. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por los padres y educadores cristianos, para que, colaborando con Dios, siembren en el corazón de los niños el don de la vocación religiosa y sacerdotal. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las esposas cristianas a fin de que, imitando a santa Mónica, se conviertan en el signo más visible del infinito amor de Dios hacia los suyos, y en el sacramento de la ternura de Dios en la propia familia, la pequeña iglesia. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.
V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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Asociación “Madres Cristianas Santa Mónica”. ¿Qué es?

agosto 16, 2019

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Éxtasis de San Agustín y Santa Mónica en Ostia Tiberina

 

Asociación “Madres Cristianas Santa Mónica”. ¿Qué es?

 

1. ¿Qué es la Asociación o Comunidad de Madres Cristianas Santa Mónica?

Es una Asociación reconocida por la autoridad eclesiástica, una organización de madres cristianas cuya finalidad es netamente religiosa y está puesta bajo el cuidado, la guía y la espiritualidad de la Orden de Agustinos Recoletos.

2. ¿Cuál es su finalidad? Tiene doble finalidad

Primero: Unir a los miembros mediante el nexo específico de la práctica de la fe cristiana católica. Para ello trata de proporcionar a sus afiliadas una formación continua y progresiva como madres de fe.

Segundo: Orar para mantener viva la fe católica de los hijos propios y ajenos; y así lograr que los hijos, firmes en la fe y en su práctica eclesial, sepan transmitirla a todos los ambientes sobre los que puedan influir.

3. ¿Dónde se inspira?

Se inspira en la Espiritualidad de la Familia Agustiniana, que consiste en Vivir el Evangelio según el estilo de San Agustín. Al hablar de San Agustín, hay que referirse necesariamente de Santa Mónica, pues sin la “Madre” Santa Mónica, no tendríamos al hijo “Agustín”.

Por tanto, ambos pertenecen a una misma familia entretejida con lazos de sangre y de fe, desde el principio hasta el fin. Sería una injusticia separarlos. Su santidad se construyó en familia y su herencia carismática involucra a la familia cristiana en toda su belleza y esplendor de acuerdo con el designio divino.

Santa Mónica constituye el camino más directo por el que Agustín llega a conocer a Cristo y a vivir el Evangelio. El mismo San Agustín la presenta ante todas las madres como la madre de la bondad y del heroísmo cristiano. Igualmente, la familia agustiniana, a lo largo de la historia, la ha propuesto como modelo para todas las esposas y madres cristianas.

4. ¿Quién inició esta devoción y organizó la Asociación de las Madres Cristianas Santa Mónica?

La inició el Padre Lorenzo Infante (1905–1997), religioso agustino recoleto de la provincia de San Nicolás y residente en Madrid. El P. Lorenzo, movido por su propia experiencia pastoral, quiso recoger y potenciar esa espiritualidad tradicional en la familia agustiniana para que redundara en bien de las madres y esposas que desean ser fieles a su vocación formando familias auténticamente cristianas.

El Padre Lorenzo, a partir del año 1976, se dedicó al apostolado en la Parroquia de Santa Rita de Madrid; durante ese tiempo fue gestándose lo que hoy se conoce como Asociación de Madres Cristianas Santa Mónica.

Los primeros Coros se organizaron entre las hermanas terciarias en 1982, y cuatro años más tarde, autorizado por el Padre Provincial, solicitó al arzobispo de Madrid, Cardenal Ángel Suquía, la aprobación de los estatutos de la Comunidad de Madres Cristianas Santa Mónica. Así mismo, solicitó que la erigiese canónicamente como Asociación Pública de fieles. Su respuesta no se hizo esperar, y finalmente el 6 de noviembre de 1987 salió el decreto de erección.

5. ¿Dónde comenzó a funcionar esta Asociación?

El P. Lorenzo organizó los coros y llevaba un archivo en la Parroquia de Santa Rita. Más tarde la oficina central funcionó en la curia de la Provincia de San Nicolás en Madrid, por muchos años, casi hasta la actualidad. Al principio comenzó en la provincia de San Nicolás y después se extendió prácticamente a todas las provincias.

La Asociación se ha extendido rápidamente a muchas comunidades parroquiales o educativas dirigidas por los Agustinos Recoletos no sólo en España sino también en el extranjero: Hungría, Estados Unidos, México, Costa Rica, Panamá, Argentina, Paraguay, Brasil, Chile, Perú, Colombia y Venezuela.

Los superiores de la Orden han dejado a la iniciativa y libertad de los religiosos la fundación y organización de la Asociación en los diversos ministerios. De ahí que existe diversidad en el funcionamiento de la Asociación.

6. ¿Por qué se origina esta devoción?

Actualmente vivimos en la era del consumismo, y los hogares se encuentran fuertemente amenazados por la increencia, el materialismo práctico y el laicismo. La fe de los hijos es constantemente bombardeada por la anticultura de la muerte. Y de manera frontal amenazada por las corrientes modernas destructoras de la familia y combativas de la fe cristiana, porque ellas propagan el individualismo y el ateísmo práctico de una manera despiadada y descarada.

De ahí que muchos adolescentes y jóvenes van perdiendo poco a poco la fe y la práctica religiosa conforme van avanzando en los estudios o en su inserción laboral o social. Y los padres cristianos, sobre todo las madres, no están dispuestos a que la semilla de la fe que ellos han sembrado se malogre o no dé fruto.

Es por ello que toda la Iglesia, pero sobre todo las esposas y madres deben ser las promotoras de la renovación espiritual de las familias garantizando la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, a sus hijos y nietos. Los papas, sobre todo, el Papa Francisco han señalados a las madres y abuelas como a las primeras catequistas de sus hijos y nietos.

7. ¿Quiénes pueden ingresar?

  1. Las Madres biológicas, viudas y abuelas, que tengan hijos o que hayan adoptado hijos.
  2. Las Madrinas, quienes hacen las veces de madre.
  3. Las Madres solteras que tienen probidad moral y desean formarse en la fe cristiana y católica.
  4. Las Madres convivientes, las divorciadas o separadas vueltas a casar o no, pues éstas son con frecuencia las que más sufren por su situación y las más necesitadas de la oración; y que deseen ser evangelizadas, o muestren cierto interés. (Estos casos deben ser tratados con mucha prudencia y caridad. Antes de ingresar a la Comunidad, se recomienda que tengan una entrevista personal con el asesor espiritual para asegurar un verdadero cambio de vida personal y familiar).

Junto a todo esto, se pide que las madres quieran vivir de manera comprometida su fe católica. Deben tener un deseo sincero de conversión permanente, de crecimiento en la fe y de sincero compromiso cristiano, sobre todo, en la vida familiar.

8. ¿Se exige algún compromiso?

Se exigen estos compromisos:

  • Que recen diariamente por la fe de los hijos propios y ajenos, valiéndose de las oraciones debidamente aprobadas.
  • Que recen de una manera especial, a ser posible ante el Santísimo Sacramento, la oración por la fe de los hijos el día de la semana que cada madre haya elegido a la hora de constituir el coro de oración.
  • Que recen y actúen como esposas y madres cristianas sobre todo el día de la semana que le ha sido asignado a cada una en su coro de oración.
  • Que deseen profundizar su fe, formarse más en la comprensión de la misma y ponerla en práctica en su vida privada, personal y familiar sobre todo.
  • Que conozcan cada día mejor la vida de Santa Mónica y sigan los ejemplos de vida cristiana y familiar que nos dejó a todos, pero en particular a ellas, como madres y esposas.
  • Que cada afiliada, según sus posibilidades, participe en la misa de los 27 de cada mes en honor de Santa Mónica, y en las reuniones o actividades que se programan en su coro, comunidad, o parroquia.

9. ¿Quiénes son las primeras promotoras de este apostolado?

En primer lugar las madres de familia pertenecientes a la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta, como partícipes del carisma agustiniano y promotoras del mismo en la Iglesia. Cada una de las afiliadas y sobre todo las responsables de los coros deben divulgar esta devoción a otras madres, promoviendo con gran celo y entusiasmo esta labor de Evangelización de las madres de familia y esposas.

10. ¿Cómo se constituye y se organiza esta Asociación?

La organización concreta de esta Comunidad de Madres Cristianas se realiza a base de Coros de Oración; cada coro está compuesto por siete madres de familia, de manera que cada una elegirá un día de la semana, el que le parezca mejor, a fin de realizar entre las siete madres una oración ininterrumpida por los hijos propios y ajenos.

Se recomienda que en el día elegido de la semana, la interesada se desplace al templo para visitar al Santísimo y rezar ante el Señor Sacramentado la oración por los hijos que todos los días reza en su casa o en otro lugar. Ese día, ella es la responsable de que la cadena de oración no se interrumpa, sino que se intensifique.

Aunque las integrantes de los coros no tienen obligación de reunirse con frecuencia, es conveniente que se conozcan entre ellas e incluso que vivan cerca unas de otras. De las siete madres que componen el coro, una de ellas se constituye responsable o animadora del grupo y libremente asume esa misión. Se le suele llamar enlace. Se recomienda el uso algún medio de comunicación entre ellas que sea fácil, rápido e integrador. Estamos usando la aplicación WhatsApp en algunas partes.

(En algún lugar se ha ensayado esta organización: De la agrupación de siete coros surge una Comunidad de coros, que es dirigida por una de las siete responsables de coro, y a quien se le denomina “Coordinadora de Comunidad”).

11. ¿Y sobre los esposos y padres y otras situaciones familiares?

Lo ideal es que los esposos y padres recen junto a la esposa por su mutua relación y por la fe de sus hijos. Pues si los padres practican la fe pueden apoyarse mutuamente como esposos reconciliados, y los hijos recibirán un mayor ejemplo y estímulo que les arrastrará irresistiblemente hacia Dios y les facilitará la práctica religiosa. Existe un formulario de oración específico para cuando rezan los padres juntos.

También existe la oración de la madre gestante o de los padres que esperan familia, y la oración de la madre o abuela viuda.

Para concluir:

Dios nos ha elegido como esposas y madres y nos ha encomendado a los esposos e hijos a fin de que seamos para ellos la plasmación más palpable, más cercana y directa del infinito amor de Dios hacia ellos.

¿Quién mejor que nosotras puede comprenderlos y amarlos, y por tanto rezar por ellos ante Dios día y noche, y hacerlo, no como algo añadido o pesado sino como algo espontáneo y esencial a nuestra condición de esposas y de madres cristianas?

¿Y a quién escuchará Dios con más agrado que a nosotras, puesto que nos los ha encomendado con la esperanza de que los cuidemos en su nombre y los llevemos siempre a él? Esa es la meta: No sólo darles la vida y una profesión, sino también la fe, el conocimiento y el amor a Dios, que nos ha creado y nos quiere llevar al cielo para gozar con él de su gloria para siempre?

Estamos llamadas a convertirnos en sacramento de Dios en nuestro propio hogar. Pues él quiere que seamos la encarnación palpable de la ternura de Dios para nuestros esposos e hijos. Él quiere salvarlos a través de nosotras, nos necesita.

La inspiración de la Asociación responde a la prioridad pastoral que afecta a la Iglesia en nuestros días: Opción por la mujer, por la vida, por la familia. Esta mística arranca del ejemplo de Santa Mónica, modelo de esposas y de madres cristianas, heredado, imitado, conservado y cultivado en la orden agustina y agustino-recoleta.

Nuestra declaración de principio evangelizador:

“Mientras me relacione con una sola madre todavía no asociada, me queda una madre que ganar para que sienta su vocación de esposa y de madre cristiana, como ya lo estoy sintiendo yo por la gracia de Dios, y que comience hoy mismo, si es posible, una vida nueva personal y familiar”

Proceso de elaboración de este artículo:

  • Primera redacción: Luisa de Reverón. Palmira, Táchira, Venezuela. V° B° P. Ismael Ojeda, Caracas, 29 Enero, 2003
  • Revisado en Lima, Miraflores, Lima en agosto de 2017. Ismael Ojeda Lozano, oar. Párroco Sta. Rita de Casia. Miraflores – Lima
  • Revisado en Bs. Aires, Argentina, febrero de 2019. n Ismael Ojeda Lozano, oar. Párroco de San José. Villa Maipú. San Martín. Bs. Aires. Argentina.
  • Revisado en Madrid, agosto de 2019. Dirección del Blog del P. Ismael: https://ismaelojeda.wordpress.com.
  • Ver en el Blog la página “Madres Mónicas”: https://ismaelojeda.wordpress.com/las-madres-monicas/

Nota: Esta entrada es un resumen del folleto “Manual de la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica: orígenes, espiritualidad y desarrollo”

 

Madrid, agosto de 2019. Parroquia de Santa Mónica. Agustinos Recoletos.


Novena a Santa Rita de Casia (4), 16.5.19

mayo 16, 2019

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DÍA CUARTO

RITA, MADRE ABNEGADA


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1. Señal de la cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro; en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


2. Acto de contrición

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión; por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.


3. Oración preparatoria para todos los días

Señor y Dios nuestro, admirable en tus Santos. Venimos a ti, el único Santo, atraídos por el ejemplo de Rita, tu hija predilecta. Nos encomendamos a su poderosa intercesión y queremos imitar su vida.

Pues tú nos mandaste: “Sean santos porque Yo soy santo”. A la vez, tu Hijo nos ordenó: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Padre de bondad, concédenos poder contemplar durante esta novena con gran admiración y devoción las maravillas que obraste en tu sierva Rita. Hoy nos unimos a todos los devotos de santa Rita para darte gracias por los ejemplos de santidad que en ella nos dejaste.

Concédenos imitarla en la tierra, para que así podamos alabarte con santa Rita y con todos los santos para siempre en el cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


4. Datos biográficos o ejemplos de vida

Son muchas las virtudes domésticas que la tradición atribuye a santa Rita. Como esposa buscaba con todo esmero complacer a su marido y llevarlo a Dios.

El amor hacia el esposo alcanzaba a los hijos en ternura y generosidad. Por ser esposa perfecta, llegó también a la perfección como madre cristiana.

Con su mansedumbre, ternura y fortaleza se constituía en el centro de la familia: principio de unidad, de armonía, de perdón y de seguridad hogareña.

A partir del nacimiento del primer hijo, Juan Santiago, su esposo fue cambiando en sus modales. A los dos años nació el segundo hijo, Pablo María. El ejemplo de Rita y la inocencia de los hijos provocaron el cambio casi total de Pablo Fernando. La dureza y altivez dejaron paso a la mansedumbre y responsabilidad hogareñas que exige la fe sincera.

Rita valoraba los esfuerzos de su esposo. Le animaba en la superación de sus debilidades. Asistía gozosa al nacimiento doloroso de un hombre nuevo…

Rita amaba a los suyos con todas sus fuerzas después de Dios. Los veía como el don del Señor que debía cuidar celosamente, pero no les quería de forma egoísta o posesiva, sino en la fe.

Por eso, la pérdida violenta de su esposo no la destruyó, sino que la consolidó en la fe y en el amor incondicional a sus hijos. Rita supo perdonar a los asesinos de su esposo, dando ejemplo a sus hijos.

Éstos no comprendían la injusticia y la desgracia de quedar huérfanos, y no acertaban a perdonar como su madre, sino que día a día aumentaba en su corazón el rencor y el deseo de vengar la muerte de su padre.

Rita oraba por la pacificación de sus hijos. Comprendía sus sentimientos, pero no podía justificar sus impulsos e intenciones vengativas.

Dice la tradición que, en medio de la tormenta interior entre sentimientos encontrados propios de una madre y de una madre cristiana, llegó a ofrecer su propia vida para que sus hijos no se perdieran eternamente. Pero nada sucedía.

Entonces, la generosidad heroica de la madre llegó a ofrecer la vida de sus dos hijos pidiendo a Dios que los sacara de este mundo, una vez reconciliados con Él, para que se salvaran eternamente. Prefería verlos muertos para el mundo, pero vivos para Dios. No importaba su dolor, viudez y soledad, frente a la salvación de sus hijos y la gloria de Dios.

Y Dios escuchó su oración: en menos de dos meses, sus dos hijos, dicen las crónicas, fallecieron víctimas de la peste negra que azotaba Europa.


5. Lecturas bíblicas

El bienestar integral de la pareja y la procreación de los hijos, los dos fines del matrimonio profundamente implicados entre sí, los encontramos en las primeras páginas de la Biblia:

De la costilla que Yahvé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada “varona” porque del varón ha sido tomada.

Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y son los dos una sola carne (Génesis 2, 22-24).

La tradición sacerdotal completa: Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios los creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva en la tierra” (Génesis 1, 27-28).

En la Biblia los hijos son siempre considerados como un don de Dios, y una familia numerosa como una bendición extraordinaria de Dios. La familia numerosa actualiza la realización de la promesa divina, hecha al patriarca Abraham: “Te haré padre de muchos pueblos”.

Los hijos se reciben de Dios y a Dios se le devuelven, como se evidencia en el siguiente texto.

En el segundo libro de los Macabeos 7, 20-29, encontramos un ejemplo similar al de Rita: una madre judía prefiere el martirio de sus siete hijos, antes que verlos apostatar. Leemos:

Nadie más admirable y digno de recuerdo que la madre viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día. Lo soportó con entereza, esperando en el Señor con noble actitud. Uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno y les decía en su lengua:

“Yo no sé cómo aparecieron; yo no les di el aliento, ni la vida, ni formé con los elementos su organismo; fue el Creador del universo el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él con su misericordia les devolverá el aliento y la vida si ahora se sacrifican por su ley”.

Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba y sospechó que lo estaba insultando.

Todavía quedaba el más pequeño y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones, lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo, le daría algún cargo; pero, como el muchacho no hacía el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien.

Tanto le insistió que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacía él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma: “Hijo mío, ten piedad de mí; te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven.

Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contiene y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo, ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte; así por la misericordia de Dios te recobraré junto con ellos”.

Mencionamos dos Salmos que cantan las excelencias de la vida familiar. Así en el Salmo 127, 3-5:

Son los hijos regalo del Señor y es el fruto del vientre premio suyo; como flechas en manos del guerrero son los hijos tenidos cuando joven. Feliz el hombre que con tales flechas ha llenado su caja, cuando vaya a la plaza a litigar no podrán humillarlo sus contrarios.

Asimismo en el Salmo 128, 1-6, leemos:

Felices los que temen al Señor y siguen su camino.
Comerás del trabajo de tus manos;
¡que la suerte y la dicha te acompañen!

Tu esposa será como vid fecunda en medio de tu casa.
Tus hijos serán como olivos nuevos en torno de tu mesa.
Miren cómo será bendito el hombre que respeta al Señor.

¡Que te bendiga Dios desde Sión mientras dure tu vida!
¡Y puedas tú ver a Jerusalén, gozando en su grandeza,
y también a los hijos de tus hijos!
¡Tenga paz Israel!

El amor a los hijos ha de ser cariñoso y tierno, pero a la vez firme; incluye la corrección, no puramente emocional o reactiva, sino “en el Señor”. Así en Colosenses 3, 21, leemos: Padres, no sean demasiado exigentes con sus hijos, no sea que se desanimen.

Asimismo en Proverbios 29, 17: Corrige a tu hijo, te ahorrarás inquietudes y hará la felicidad de tu alma.

En Mateo 10, 37-39, leemos: No es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí; el que procure salvar su vida la perderá y el que la pierda por mí la hallará.

Por otra parte Jesús valora al máximo los lazos familiares; y por eso mismo los relativiza frente a lo único necesario. Veamos Marcos 3, 32-35:

Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: “Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti”. Él les contestó: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. Y mirando a los que estaban sentados en torno a Él, dijo.

“Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Finalmente, en Proverbios 31, 10-31, encontramos la descripción de la mujer perfecta. Extractamos algunos versículos:

Una mujer perfecta, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las joyas. En ella se confía su marido, no le falta nada. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.

Es como un barco mercante, que de lejos trae sus alimentos. Se levanta cuando aún es de noche, da de comer a los de su casa y dirige a su servidumbre. Está llena de fortaleza y vigoriza sus brazos. Tiende su mano al desamparado y al pobre. Su marido es estimado en toda la ciudad, cuando se sienta con los ancianos del país.

Aparece fuerte y digna y mira confiadamente el porvenir. Habla con sabiduría y enseña la piedad. Está atenta a la marcha de su casa y nunca ociosa. Sus hijos se levantan y la llaman dichosa, su marido la elogia diciéndole: ‘Muchas mujeres han obrado maravillas, pero tú las superas a todas’.

Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que tiene la sabiduría, ésa será la alabada. Que pueda gozar del fruto de su trabajo y que por sus obras todas la celebren.


6. Consideraciones bíblico-teológicas

El bienestar integral de la pareja se prolonga en los hijos. Los esposos, unidos en Dios, se dan vida mutuamente en el amor de Dios. Inmediatamente, el amor difusivo alcanza a un tercero, a la prole.

Los esposos se sienten colaboradores de Dios, creador de la vida, y actualizan en el mundo su amor creativo, trayendo hijos al mundo con responsabilidad y generosidad. El ejercicio de esta paternidad responsable, mucho más que un calculado control de natalidad, supone una digna tarea.

Magnífica aventura de procrear con Dios hijos que nunca morirán y que serán verdaderamente hijos suyos, aunque pertenezcan a Dios primero. Por fe se hacen padres; por amor dan vida. Es su misión específica en la Iglesia.

Con generosidad ejercen su paternidad fiados en Dios, el único Padre que de todos cuida; y traen responsablemente hijos al mundo, para gloria de Dios. Con ello demuestran su amor a Dios.

Para eso se han casado: para ser felices en la mutua fidelidad y para traer hijos al mundo. En esa tarea se santificarán y llegarán a plenitud.

Para Dios lo mejor, porque Dios ama a quien da con alegría y con generosidad. A Dios están respondiendo, porque Él confió en ellos y los llamó y capacitó por el sacramento para esa maravillosa vocación.

Así, los padres construyen el santuario de Dios en su propio hogar, “iglesia doméstica” y “primer seminario”, fundamento de una sociedad nueva y de una Iglesia renovada.

Los padres cumplirán bien su misión en la medida en que sean buenos esposos. Los hijos deben ser la sobreabundancia de felicidad de los padres. Son una prolongación de lo mejor de sus padres. Son reflejo de sus padres.

Por eso los hijos constituyen una exigencia de permanente conversión para sus padres, y les impiden el estancamiento en la vida humana y cristiana. Los hijos proporcionan constantemente a los padres el sentido de sus vidas.

Así resulta verdadero el dicho: “Cada uno tiene los hijos que se merece”; es decir, aquellos que los padres van forjando o “haciendo” y conformando con sus actitudes positivas o negativas. Los hijos se traen a la vida por fe y se les educa con paciencia y dedicación, a veces, ciertamente heroicas.

Y esta crianza es el mejor fruto de la fe y compromiso cristiano de los padres; es el programa de santificación que Dios les pone a su alcance: propio y suficiente. Los otros compromisos como el laboral, profesional, político, etc., no serán sino la concretización del primero, el familiar.

Serán medios para cumplir con lo principal: la familia. Quien se compromete en su familia cumple a cabalidad con todo lo demás. La familia es el primer compromiso, es la concretización de la comunidad de fe, la prolongación de la parroquia, la iglesia doméstica.

Los padres son los sacerdotes del hogar, los representantes de Dios. Ellos gobiernan a los suyos, no imponiendo el temor o la prepotencia, sino sirviendo a los suyos en humildad y santo temor de Dios, bajo la autoridad del único Padre y Maestro.

Por eso, a los hijos se les quiere en Dios y por Dios. Y esto no significa rebajarlos en nada, sino darles su máximo valor. Así evitaremos fomentar en los padres falsas expectativas que les producirían, más pronto que tarde, amargos desengaños.

Por tanto, los padres aman a sus hijos en Dios, sabiendo que antes que suyos son hijos de Dios, que Él los ama más que ellos, que Él sufre por ellos y se preocupa, más que ellos mismos, por sus propios hijos.

Por eso, no hay lugar para el amor posesivo o puramente sentimental que genera paternalismo ansioso, miedo, sobreprotección, decepciones, resentimientos, amenazas, porque Dios lleva cuenta de los desvelos de los padres y nada está perdido.

Dios los recompensará abundante y cumplidamente, aunque los hijos fueran ingratos o injustos, real o supuestamente.

El amor paternal debe hacerse cada vez más generoso y puro. Los padres deben aceptar la ley de la vida: morir como el grano de trigo para poder germinar, dar tallo, espiga y fruto. La vida humana no surge al azar, ni crece sin pagar un precio por ella, sin sacrificio.

La vida cuesta, debe ser afirmada. Lo que vale, cuesta. La grandeza de los hijos suele estar en proporción directa al sacrificio y entrega que han adelantado y sembrado los padres. No hay regalos, ni atajos en este camino. Lo que vale, indudablemente cuesta.

En la familia cristiana el evangelio se traduce así: Que crezcan los hijos, que mengüen los padres. Que los padres gocen con los hijos, que disfruten viéndoles crecer ante Dios y ante los hombres. No importa que ellos no figuren, que vayan desapareciendo poco a poco de escena.

La caridad se alegra del bien del otro, y con ello se contenta. El que crece en caridad se va contentando cada vez con menos, cada vez reclama menos para sí.

Ojalá que ellos sepan asumir gozosamente ese ocaso lleno de paz, poblado de bondad y misericordia, de serenidad; lleno del premio de Aquél que no tiene ocaso. El único Padre. Así necesitan siempre los hijos a sus padres, generosos.

Porque nunca dejan de ser padres, nunca pueden dejar de amar a sus propios hijos, y a los hijos de sus hijos. Pues el amor es difusivo y, como el vino, cuanto más añejo, mejor; más exquisito, más gratuito, más parecido al de Dios, y más unido a él. En el amor paternal y maternal no hay marcha atrás.

Pero para esa plenitud necesitan calmar su sed constantemente en la fuente de agua viva que proporciona una práctica cristiana fiel y madura. Su vocación es fundirse con Dios Amor, dador de vida, plenitud de comunión trinitaria. Fuente de toda familia en el cielo y en la tierra.


7. Peticiones o plegaria universal

Se recitan o se pueden rezar alternando presidente y pueblo. Pueden mezclarse algunas de las siguientes peticiones con las señaladas, de manera específica, para cada día de la novena. No se omita la número siete de las que siguen.

Presentemos a Dios nuestras peticiones implorando que nos inspire el Señor sentir y actuar como lo hizo santa Rita en toda su vida.

1. Señor, que te has revelado a los hombres,
– por la intercesión de santa Rita, muéstranos tu rostro, aumentándonos la fe en tu palabra de verdad, y nuestro amor a tu Hijo Jesucristo.

Invitación: Roguemos al Señor.
Respuesta: Te lo pedimos, Señor.

2. Señor, tu sierva santa Rita conservó la paciencia en medio de tantas pruebas y tribulaciones;
– haz que en nuestra vida no seamos jamás motivo de molestia, o irritación para los demás.

3. Señor, que te glorificaste en la vida familiar de santa Rita, utilizándola como instrumento de salvación para su esposo y sus hijos;
– haz que nosotros seamos colaboradores tuyos en la salvación de los hombres, comenzando por nuestros propios hogares, comunidades religiosas o eclesiales.

4. Señor, que concediste a santa Rita la constancia de llamar a las puertas del monasterio hasta ser admitida como religiosa;
– haz que aprendamos el valor del sacrificio y el de la perseverancia en todas las circunstancias de nuestra vida.

5. Señor, que moviste a santa Rita para que prefiriese la muerte de sus hijos a verlos manchados por el pecado del odio y de la condenación eterna,
– enséñanos a perdonar a nuestros enemigos y a vivir en paz con todo el mundo, para que así podamos gozar nosotros mismos de tu paz y bendición.

6. Señor, que diste a santa Rita la paz y la tranquilidad en el monasterio después de tantas penas como había sufrido,
– suscita muchas vocaciones a la vida religiosa, donde muchos hijos tuyos alcancen lo único necesario y adelanten el Reino a este mundo.

7. Pídase y formúlese ante el Señor la gracia específica que se desea obtener por la intercesión de santa Rita en esta novena.

8. Señor, que por tu resurrección venciste a la muerte y permitiste que Rita participara de tu victoria,
– concede la vida eterna a todos los fieles difuntos y en particular a los devotos de santa Rita.

Peticiones específicas del cuarto día

9. Oh Dios, Espíritu Santo, que eres el amor entre el Padre y el Hijo, principio de toda comunidad,
– asiste a las esposas y madres cristianas para que, a ejemplo de santa Rita, sean el alma del hogar por la ternura, el perdón y el amor.

10. Oh Dios, Espíritu Santo, que fecundaste las entrañas de María Santísima, Madre del Redentor,
– consuela y fortalece a las madres cristianas para que, como Rita, conduzcan a toda su familia hasta el Señor.

Oración conclusiva

Dios Todopoderoso, que te dignaste conceder a santa Rita amar a sus enemigos y llevar en su corazón y en su frente la señal de la pasión de tu Hijo, concédenos, siguiendo sus ejemplos, considerar de tal manera los dolores de la muerte de tu Hijo que podamos perdonar a nuestros enemigos, y así llegar a ser en verdad hijos tuyos, dignos de la vida eterna prometida a los mansos y sufridos.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


8. Padre Nuestro, Ave María y Gloria (tres veces).


9. Oración final para todos los días

Oh Dios y Señor nuestro, admirable en tus santos, te alabamos porque hiciste de santa Rita un modelo insigne de amor a ti y a todos los hombres.

El amor fue el peso de su vida que la impulsó, cual río de agua viva, a través de todos los estados de su peregrinación por este mundo, dando a todos ejemplo de santidad, y manifestando la victoria de Cristo sobre todo mal.

Ella meditó continuamente la Pasión salvadora de tu Hijo y compartió sus dolores “completando en su carne lo que faltaba a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia”.

Aleccionada en su interior por la consolación del Espíritu Santo, Rita se convirtió en ejemplo de penitencia y caridad, experimentando continua y gozosamente, cómo la cruz del sufrimiento conduce a la alegría verdadera y a la luz de la resurrección.

De esta manera, se convirtió en instrumento de salvación al servicio del Dios providente, para bien de todos los hombres, sus hermanos, sobre todo en su propio hogar, en su familia, y finalmente en la comunidad agustiniana y en tu Iglesia.

Te damos gracias, oh Padre de bondad, fuente de todo don, y te bendecimos por las maravillas obradas en la vida de santa Rita de Casia, tu sierva. A la vez, te imploramos ser protegidos por su poderosa intercesión, de todo mal, llegando a cumplir tu voluntad en todas las circunstancias de nuestra vida, de acuerdo a los ejemplos de santidad que Rita nos dejó.

Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


10. Gozos a santa Rita

CORO

Tú que vives de amor,
y en el amor te recreas,
bendita por siempre seas,
dulce esposa del Señor.

ESTROFAS

1. Cual del ángel la belleza
difunde luz celestial,
exhalaba su pureza
tu corazón virginal.
Danos guardar esa flor,
que es la reina de las flores,
y ponga en ella su amor
el Dios de santos amores.

2. Santa madre, santa esposa,
en las penas y amarguras
brindaba tu amor dulzuras,
como fragancias las rosas.
Trocando en templo tu hogar
buscaste en Dios el consuelo:
almas que saben amar
hacen de un hogar un cielo.

3. Como esposa del Señor
con alma de serafín,
en tu amor ardió el amor
del corazón de Agustín.
Amor que Dios galardona
y en prenda de unión divina,
brota en tu frente una espina
y una flor en su corona.


11. Himno a santa Rita de Casia

Gloria del género humano,
Rita bienaventurada,
sed nuestra fiel abogada (tres veces)
cerca del Rey soberano.

Nido de castos amores,
fue tu corazón sencillo,
claro espejo, cuyo brillo
no hirieron negros vapores.
Haz que nunca amor profano
tenga en nuestro pecho entrada.

Gloria del género humano…

NOTA: Los contenidos de esta Novena a Santa Rita están tomados, con la debida autorización, del librito publicado por Ed. Paulinas, Lima 2015. Asociación Hijas de San Pablo, Lima, Perú.


El maná de cada día, 14.2.19

febrero 14, 2019

Jueves de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

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Fe, humildad y perseverancia



PRIMERA LECTURA: Génesis 2, 18-25

El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.»

Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver que nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase.

Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.

El hombre dijo: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre.» Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.

SALMO 127, 1-2.3.4-5

Dichosos los que temen al Señor.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.


Aclamación antes del Evangelio: St 1, 21bc

Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros.


EVANGELIO: Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.

Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.»

Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.»

Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.


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ORACIÓN HUMILDE Y PERSEVERANTE

P. Francisco Fernández Carvajal

La curación de la hija de la mujer cananea. Condiciones de la verdadera oración.

Nos dice San Marcos en el Evangelio de la Misa que llegó Jesús con sus discípulos a la región de Tiro y de Sidón1. Allí se acercó a ellos una mujer gentil, sirofenicia de origen, perteneciente a la primitiva población de Palestina. Se echó a sus pies y le pidió la curación de su hija, que estaba poseída por el demonio.

Jesús no decía nada, y los discípulos, cansados de la insistencia de la mujer, le pedían que la despachara2.

El Señor trata de explicar a la mujer que el Mesías ha de darse a conocer en primer lugar a los judíos, a los hijos. Y, con una expresión difícil de comprender sin ver sus gestos amables, le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.

La mujer no se sintió herida ni humillada, sino que insiste más, con profunda humildad: Señor, también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos. Ante tantas virtudes, Jesús, conmovido, no retrasó más el milagro que se le pedía, y la despidió así: Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija.

Dios, que resiste a los soberbios, da su gracia a los humildes3; aquella mujer alcanzó lo que quería y se ganó el corazón del Maestro.

Es el ejemplo acabado para todos aquellos que se cansan de rezar porque creen que no son escuchados. En su oración se hallan resumidas las condiciones de toda petición: fe, humildad, perseverancia y confianza.

El intenso amor que muestra hacia su hija poseída por el demonio debió de agradar mucho a Cristo. Quizá los Apóstoles se acordaron de esta mujer cuando oyeron más tarde la parábola de la viuda inoportuna4, que también consiguió lo que quería por su tozudez, por su insistencia.

Enseña Santo Tomás que la verdadera oración es infaliblemente eficaz, porque Dios, que nunca se vuelve atrás, ha decretado que así sea5.

Y para que no dejáramos de pedir, el Señor nos mostró con ejemplos sencillos y claros, para que lo entendiéramos bien, que siempre y en todo lugar nuestras oraciones hechas con rectitud llegan hasta Él y las atiende: si entre vosotros un hijo pide pan a su padre, ¿acaso le dará una piedra?; o si pide un pez, ¿le dará en lugar de un pez una serpiente?… ¡Cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos…!6.

«Jamás Dios ha negado ni denegará nada a los que piden sus gracias debidamente. La oración es el gran recurso que nos queda para salir del pecado, para perseverar en la gracia, para mover el corazón de Dios y atraer sobre nosotros toda suerte de bendiciones del cielo, ya para el alma, o por lo que se refiere a nuestras necesidades temporales»7.

Cuando pidamos algún don, hemos de pensar que somos hijos de Dios, y Él está infinitamente más atento hacia nosotros que el mejor padre de la tierra hacia su hijo más necesitado.

1 Mc 7, 24-30. — 2 Mt 15, 23. — 3 1 Pdr 5, 5. — 4 Lc 18, 3 ss. — 5 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 83, a. 2. — 6 Cfr. Lc 11, 11-13. — 7 Santo Cura de Ars, Sermón para el Quinto Domingo después de Pascua.

Homilía de la primera Misa de 2019 del Papa Francisco en la Solemnidad de Santa María

enero 1, 2019

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Homilía de la primera misa de 2019 del Papa Francisco en la Solemnidad de Santa María Madre de Dios.

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Homilía de la primera Misa de 2019 del Papa Francisco en la Solemnidad de Santa María

La familia humana se fundamenta en las madres
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En la primera Misa del año 2019, celebrada en la Basílica de San Pedro del Vaticano con motivo de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, el Papa Francisco animó a dirigir la mirada a María y admirarse con la imagen de la Madre que sostiene en brazos al Niño Dios.

El Santo Padre invitó a pedir a la Virgen que, en este año 2019, renueve en la humanidad la capacidad de asombrarse “ante el Dios de las sorpresas”.

“Y también la Iglesia necesita renovar el asombro de ser morada del Dios vivo, Esposa del Señor, Madre que engendra hijos. De lo contrario, corre el riesgo de parecerse a un hermoso museo del pasado. La Virgen, en cambio, lleva a la Iglesia la atmósfera de casa, de una casa habitada por el Dios de la novedad”.

Además, el Papa explicó que la maternidad de María recuerda la importancia y la centralidad de las madres en la humanidad:

“La familia humana se fundamenta en las madres. Un mundo en el que la ternura materna ha sido relegada a un mero sentimiento podrá ser rico de cosas, pero no de futuro. Madre de Dios, enséñanos tu mirada sobre la vida y vuelve tu mirada sobre nosotros, sobre nuestras miserias. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos”.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco:

«Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores» (Lc 2,18). Admirarnos: a esto estamos llamados hoy, al final de la octava de Navidad, con la mirada puesta aún en el Niño que nos ha nacido, pobre de todo y rico de amor.

Admiración: es la actitud que hemos de tener al comienzo del año, porque la vida es un don que siempre nos ofrece la posibilidad de empezar de nuevo.

Pero hoy es también un día para admirarse delante de la Madre de Dios: Dios es un niño pequeño en brazos de una mujer, que nutre a su Creador. La imagen que tenemos delante nos muestra a la Madre y al Niño tan unidos que parecen una sola cosa.

Es el misterio de este día, que produce una admiración infinita: Dios se ha unido a la humanidad, para siempre. Dios y el hombre siempre juntos, esta es la buena noticia al inicio del año: Dios no es un señor distante que vive solitario en los cielos, sino el Amor encarnado, nacido como nosotros de una madre para ser hermano de cada uno.

Está en el regazo de su madre, que es también nuestra madre, y desde allí derrama una ternura nueva sobre la humanidad. Y nosotros entendemos mejor el amor divino, que es paterno y materno, como el de una madre que nunca deja de creer en los hijos y jamás los abandona.

El Dios-con-nosotros nos ama independientemente de nuestros errores, de nuestros pecados, de cómo hagamos funcionar el mundo. Dios cree en la humanidad, donde resalta, primera e inigualable, su Madre.

Al inicio del año, pidámosle a ella la gracia del asombro ante el Dios de las sorpresas. Renovemos el asombro de los orígenes, cuando nació en nosotros la fe.

La Madre de Dios nos ayuda: la Theotokos, que ha engendrado al Señor, nos engendra a nosotros para el Señor. Es madre y regenera en los hijos el asombro de la fe. La vida sin asombro se vuelve gris, rutinaria; lo mismo sucede con la fe.

Y también la Iglesia necesita renovar el asombro de ser morada del Dios vivo, Esposa del Señor, Madre que engendra hijos. De lo contrario, corre el riesgo de parecerse a un hermoso museo del pasado.

La Virgen, en cambio, lleva a la Iglesia la atmósfera de casa, de una casa habitada por el Dios de la novedad. Acojamos con asombro el misterio de la Madre de Dios, como los habitantes de Éfeso en el tiempo del Concilio. Como ellos, la aclamamos «Santa Madre de Dios».

Dejémonos mirar, dejémonos abrazar, dejémonos tomar de la mano por ella.

Dejémonos mirar. Especialmente en el momento de la necesidad, cuando nos encontramos atrapados por los nudos más intrincados de la vida, hacemos bien en mirar a la Virgen. Pero es hermoso ante todo dejarnos mirar por la Virgen.

Cuando ella nos mira, no ve pecadores, sino hijos. Se dice que los ojos son el espejo del alma, los ojos de la llena de gracia reflejan la belleza de Dios, reflejan el cielo sobre nosotros.

Jesús ha dicho que el ojo es «la lámpara del cuerpo» (Mt 6,22): los ojos de la Virgen saben iluminar toda oscuridad, vuelven a encender la esperanza en todas partes. Su mirada dirigida hacia nosotros nos dice: “Queridos hijos, ánimo; estoy yo, vuestra madre”.

Esta mirada materna, que infunde confianza, ayuda a crecer en la fe. La fe es un vínculo con Dios que involucra a toda la persona, y que para ser custodiado necesita de la Madre de Dios.

Su mirada materna nos ayuda a sabernos hijos amados en el pueblo creyente de Dios y a amarnos entre nosotros, más allá de los límites y de las orientaciones de cada uno.

La Virgen nos arraiga en la Iglesia, donde la unidad cuenta más que la diversidad, y nos exhorta a cuidar los unos de los otros. La mirada de María recuerda que para la fe es esencial la ternura, que combate la tibieza. Cuando en la fe hay espacio para la Madre de Dios, nunca se pierde el centro: el Señor, porque María jamás se señala a sí misma, sino a Jesús; y a los hermanos, porque María es Madre.

Mirada de la Madre, mirada de las madres. Un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos. Viviremos en la misma casa, pero no como hermanos.

La familia humana se fundamenta en las madres. Un mundo en el que la ternura materna ha sido relegada a un mero sentimiento podrá ser rico de cosas, pero no de futuro. Madre de Dios, enséñanos tu mirada sobre la vida y vuelve tu mirada sobre nosotros, sobre nuestras miserias. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos.

Dejémonos abrazar. Después de la mirada, entra en juego el corazón, en el que, dice el Evangelio de hoy, «María conservaba todas estas cosas, meditándolas» (Lc 2,19).

Es decir, la Virgen guardaba todo en el corazón, abrazaba todo, hechos favorables y contrarios. Y todo lo meditaba, es decir, lo llevaba a Dios. Este es su secreto. Del mismo modo se preocupa por la vida de cada uno de nosotros: desea abrazar todas nuestras situaciones y presentarlas a Dios.

En la vida fragmentada de hoy, donde corremos el riesgo de perder el hilo, el abrazo de la Madre es esencial. Hay mucha dispersión y soledad a nuestro alrededor, el mundo está totalmente conectado, pero parece cada vez más desunido.

Necesitamos confiarnos a la Madre. En la Escritura, ella abraza numerosas situaciones concretas y está presente allí donde se necesita: acude a la casa de su prima Isabel, ayuda a los esposos de Caná, anima a los discípulos en el Cenáculo… María es el remedio a la soledad y a la disgregación. Es la Madre de la consolación, que consuela porque permanece con quien está solo.

Ella sabe que para consolar no son suficientes las palabras, se necesita la presencia, y ella está presente como madre. Permitámosle abrazar nuestra vida. En la Salve Regina la llamamos “vida nuestra”: parece exagerado, porque Cristo es la vida (cf. Jn 14,6), pero María está tan unida a él y tan cerca de nosotros que no hay nada mejor que poner la vida en sus manos y reconocerla como “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

Dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados e indiferentes a todo.

Cuántos, lamentablemente, reaccionan a todo y a todos, con veneno y maldad. En ocasiones, mostrarse malvados parece incluso signo de fortaleza. Pero es solo debilidad. Necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre.

Dios no prescindió de la Madre: con mayor razón la necesitamos nosotros. Jesús mismo nos la ha dado, no en un momento cualquiera, sino en la cruz: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27) dijo al discípulo, a cada discípulo. La Virgen no es algo opcional: debe acogerse en la vida. Es la Reina de la paz, que vence el mal y guía por el camino del bien, que trae la unidad entre los hijos, que educa a la compasión.

Tómanos de la mano, María. Aferrados a ti superaremos los recodos más estrechos de la historia. Llévanos de la mano para redescubrir los lazos que nos unen. Reúnenos juntos bajo tu manto, en la ternura del amor verdadero, donde se reconstituye la familia humana: “Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios”.

https://www.aciprensa.com/noticias/homilia-de-la-primera-misa-de-2019-del-papa-francisco-en-la-solemnidad-de-santa-maria-89077


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