Maná y Vivencias Pascuales (25), 15.5.19

mayo 15, 2019

Miércoles de la 4ª semana de Pascua

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Yo sé que el mandato de mi Padre es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo, lo hablo como él me ha encargado

Yo sé que el mandato de mi Padre es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo, lo hablo como él me ha encargado



Antífona de entrada: Salmo 17, 50; 12, 23.

Te daré gracias entre las naciones, Señor, contaré tu fama a mis hermanos. Aleluya.


TEXTO ILUMINADOR

Porque yo no hablo por mi propia cuenta: el Padre que me envió me encargó lo que debo decir y cómo decirlo. Por mi parte, yo sé que su mensaje es vida eterna. Por eso entrego mi mensaje tal como me lo encargó mi Padre (Jn 12, 49-50).

ORACIÓN COLECTA

Señor, tú que eres la vida de los fieles, la gloria de los humildes y la felicidad de los santos, escucha nuestras súplicas y sacia con la abundancia de tus dones a los que tienen sed de tus promesas. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hechos 12, 24- 13, 1-5

En aquellos días, la palabra de Dios iba creciendo y se difundía. Bernabé y Saulo, terminada su misión, volvieron a Jerusalén llevando consigo a Juan por sobrenombre Marcos.

En Antioquía, en la Iglesia que ahí estaba, había profetas y maestros: Bernabé, Simeón llamado el Negro, Lucio el Cireneo, Manahén, que se había criado con el rey Herodes, y Saulo.

Mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: “Sepárenme a Bernabé y a Saulo, y envíenlos a realizar la misión a que los he llamado”. Ayunaron, pues, e hicieron oraciones, les pusieron las manos y los enviaron.

Entonces ellos, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí navegaron hasta la isla de Chipre. Llegados a Salamina, anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, teniendo a Juan como ayudante.


SALMO 66, 2-3. 5. 6 y 8

Que Dios nos dé su gracia y nos bendiga y haga brillar su rostro sobre nosotros; conocerán tus sendas en la tierra, tu salvación en todas las naciones.

Que se alegren y canten de júbilo las naciones, porque juzgas rectamente los pueblos y gobiernas las naciones de la tierra. ¡Oh Dios, que te den gracias los pueblos, que todos los pueblos te den gracias!

Que Dios nos bendiga, y que lo teman hasta en los remotos lugares de la tierra.

Aclamación: Juan 8, 12b

“Yo soy la luz del mundo, dice el Señor. El que me sigue tendrá la luz de la vida”

EVANGELIO: Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús: El que cree en mí, no cree en mí sino en aquel que me ha enviado. El que me ve, ve al que me ha enviado. Yo soy la luz y he venido al mundo para que quien crea en mí no permanezca en tinieblas.

Al que escucha mi palabra pero no la obedece, no seré yo quien lo condene, porque yo no he venido a condenar al mundo sino a salvarlo. El que me desprecia y no hace caso de mi palabra, tiene quien lo juzgue y condene: será mi propia palabra; ella lo juzgará el último día.

Porque yo no hablo por mi propia cuenta: el Padre que me envió me encargó lo que debo decir y cómo decirlo. Por mi parte, yo sé que su mensaje es vida eterna. Por eso entrego mi mensaje tal como me lo encargó mi Padre.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo, y, ya que nos has iniciado en los misterios de tu reino, haz que abandonemos nuestra antigua vida de pecado y vivamos, ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo.
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De la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia,

del Concilio Vaticano segundo (Nn. 5-6).

Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, en distintas ocasiones y de muchas maneras habló antiguamente a nuestros padres por los profetas, y, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo, para evangelizar a los pobres, y curar a los contritos de corazón, como médico corporal y espiritual, como Mediador entre Dios y los hombres.

En efecto, su misma humanidad, unida a la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación. Por esto, en Cristo se realizó plenamente nuestra reconciliación, y se nos otorgó la plenitud del culto divino.

Esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, cuyo preludio habían sido las maravillas divinas llevadas a cabo en el pueblo del antiguo Testamento, Cristo la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión.

Por este misterio, muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida. Pues el admirable sacramento de la Iglesia entera brotó del costado de Cristo dormido en la cruz.

Por esta razón, así como Cristo fue enviado por el Padre, él mismo, a su vez, envió a los apóstoles, llenos del Espíritu Santo.

No sólo los envió para que, al predicar el Evangelio a toda criatura, anunciaran que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos libró del poder de Satanás y de la muerte y nos condujo al reino del Padre, sino también a que realizaran la obra de salvación que proclamaban, mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica (subrayado mío).

Así, por el bautismo, los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con él, son sepultados con él y resucitan con él, reciben el espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: “¡Abba!” (Padre), y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca el Padre.

Del mismo modo, cuantas veces comen la cena del Señor proclaman su muerte hasta que vuelva. Por eso precisamente el mismo día de Pentecostés, en que la Iglesia se manifestó al mundo, los que aceptaron las palabras de Pedro se bautizaron. Y eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones, alabando a Dios, y eran bien vistos de todo el pueblo.

Desde entonces, la iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo lo que se refiere a él en toda la Escritura, celebrando la eucaristía, en la cual se hace de nuevo presente la victoria y el triunfo de su muerte, y dando gracias, al mismo tiempo, a Dios, por su don inexpresable en Cristo Jesús, para alabanza de su gloria.

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PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL (1)

Podríamos arriesgarnos a centrar la espiritualidad pascual en esta exclamación de fe: ¡Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

La Pascua es la recreación de todas las cosas en Cristo; la restauración total y definitiva de los planes de Dios sobre la humanidad. Podemos decir que en la Pascua Dios “ha dado la talla”: se ha remangado los brazos para hacer algo nuevo, inaudito y para siempre, definitivo.

En efecto, la Trinidad culmina su obra común de las tres personas divinas: la creación, atribuida sin embargo a Dios Padre; culmina la redención realizada por Cristo, pero con la colaboración del Padre y del Espíritu. Y comienza la obra específica del Espíritu, la santificación o divinización definitiva del hombre en Cristo de acuerdo con los designios inescrutables del Padre; porque a él le pareció bien; es lo que más le gustó.

La Pascua es la manifestación palpable de la Trinidad. El hijo del carpintero ha resultado ser en verdad el Hijo de Dios, igual al Yahvé del Antiguo Testamento.

El Espíritu eterno, del que ha sido revestido Cristo, de manera singular y plena en su glorificación, ha sido derramado sobre los discípulos a manos llenas: ellos han sido bautizados, bañados, anegados… hasta ser tenidos por borrachos; es decir, embriagados del poder de Dios, llevados de acá para allá por una energía poderosa y santa, no caprichosa, loca o arbitraria.

¡Éste es el día en que actuó el Señor! Dios, uno y trino, nos ha mostrado todo su amor poderoso, maravilloso. Nos ha dado el Nuevo Adán, el nuevo Mesías y Salvador. No hay otro.

Los creyentes han recibido sin medida el Espíritu de Cristo, que los capacita para hablar, vivir, sentir y actuar como habló, vivió, sintió y actuó el Señor. Son otros Cristo. Han llegado los últimos tiempos. La hora del Espíritu, creador y renovador, que hace nuevas todas las cosas. Cristo les aseguró: mayores cosas que yo haréis.

Por eso, Jesús había dicho también respecto al Espíritu: Os conviene que me vaya, pues si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu Santo, el Consolador, paráclito, abogado defensor, intérprete. Cuando me vaya os lo enviaré; o le pediré al Padre que lo envíe en mi nombre. Cuando él venga os lo enseñará todo. Y se quedará siempre con vosotros.

Ahora os digo: todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id por todo el mundo, y dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. Son los últimos tiempos. El Reino padece violencia. Sólo los esforzados lo arrebatan.

El Reino no puede esperar más. Buscadlo por encima de todo; y el resto se os dará por añadidura. No tengáis miedo, pues yo he vencido al mundo. Todo me lo ha entregado el Padre.

El Apóstol nos lo recordará: todo es vuestro; vosotros, de Cristo; y Cristo, de Dios. Id, os doy este mandato. No llevéis túnica de repuesto, no os detengáis… El mundo no puede esperar.

Es tiempo de sembrar a discreción. Ha llegado la hora de Dios. El Banquete está preparado. No se puede desairar a Dios; es lo que ha preparado desde toda la eternidad, ha volcado todo lo suyo, lo ha empeñado todo.

La primitiva Iglesia vive estas realidades última con sorpresa, con fe, con alegría, con creatividad y total abandono en manos de Dios Padre, que todo lo dispone para nuestro bien; viven confiados en el poder de Dios y sintiéndose discípulos de Cristo y testigos de su resurrección, de que está vivo y es Señor; se sienten arrebatados e impulsados por el Espíritu para realizar las obras de Dios en Cristo Jesús.

Los apóstoles y los primeros cristianos dan testimonio de Jesús públicamente y con mucha seguridad, convicción y valentía, “parresía”. Todos quedaban admirados… Dios iba agregando a la comunidad a todos los que creían y se bautizaban en el nombre del Señor Jesús.

Tres, podríamos decir, son los protagonistas de la fundación de la Iglesia y de su crecimiento y desarrollo imparable: Los planes de Dios, la comunidad eclesial y los personajes concretos y animadores de la comunidad.

El encarcelamiento de Pedro y Juan y la persecución contra la Iglesia son ocasión para que ésta se ponga en manos de Dios, relea las Escrituras, las interprete en función de las nuevas circunstancias, y experimente el poder de Dios que le envía su Espíritu: retembló la casa, y todos fueron llenos del Espíritu. Estaban alegres y daban gloria a Dios; y el pueblo estaba de su parte.

La persecución contra Esteban provoca la diáspora de los discípulos; éstos se ven obligados a salir de Jerusalén; pero no pueden dejar de anunciar el Evangelio de Cristo a cuantos encuentran en el camino. Muchos se convierten. Van surgiendo personas con nombre y rostro definidos, como el diácono Felipe, como Bernabé, hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe.

El Espíritu está vivo y suelto: los discípulos sienten su acción, perciben claramente que les habla, siguen sus avisos y pasan de una aventura de fe a otra y a otra… La Palabra no está encadenada.

Pedro sale de Jerusalén, visita las comunidades, hace milagros porque vive en sintonía con el celo de Cristo manifestado ahora por el Espíritu. Oro y plata no tengo, pero te doy lo que tengo, la fe en Cristo: en su nombre levántate y anda; se levantó y glorificaba a Dios.

La presencia del Espíritu es tan real y perceptible para la primera comunidad como lo era la humanidad de Cristo cuando caminaba por Palestina. Casi podríamos decir que el Espíritu tiene más influencia, más fuerza persuasiva que el mismo Jesús en carne mortal. El Espíritu es el testigo interior.

Él se junta a nuestro espíritu hasta confundirse. Dirá san Pablo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, es el Espíritu de Cristo quien vive en mí, quien me inspira, me mueve, me consuela, me dirige, me confirma en todo lo que siento y hago, me plenifica, me hace feliz en Dios. Qué bueno es el Seño. Cómo no alabarlo… Es digno de toda bendición.

El Espíritu transforma a los discípulos según el modelo del Maestro. Así, Bernabé, persona acogedora, fiel a Dios, descubre la acción de Dios en la comunidad, incluso en los paganos, y se alegra por ello, acoge a los nuevos convertidos, los acompaña, los impulsa a que se sometan a la acción del Espíritu…

Es lo que hace con Pablo: lo acoge, valora la gracia de Dios en él, lo busca, lo inicia en el seguimiento del Señor, le socorre en la integración en la comunidad y en la proclamación del Evangelio.

Admiramos los planes de Dios sobre la comunidad y sobre cuantos creen en Cristo, pues él no hace acepción de personas. Quiere que todos tengan vida, pues son sus hijos. Y lo dispone todo sobre algunas personas “elegidas” por él para ser sus testigos, como Pablo. Nada es casual. Nada es desperdiciable.

De esta manera, según los Hechos de los Apóstoles, Dios va cumpliendo sus designios de salvación acompañando a los apóstoles, a la primitiva comunidad, a judíos y gentiles para que experimenten el poder de Dios. Han llegado los últimos tiempos. Es la hora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas; ahora todos serán enseñados por el Señor; ellos serán su pueblo, y el Señor será su Dios; y lo verán todas las naciones.

Está brotando el desierto, lo imposible se hace posible. Dichosos los que oyen. Dios está actuando con todo su poder, porque Dios es Dios. Está abriendo nuestra mente para que todos entendamos, por fin. Nos asegura: Yo no soy como los humanos. Yo lo digo y pongo por obra. Está brotando, se siente… ¿Es que no lo notáis?

Ah, Señor, ten paciencia conmigo. Habla, Señor, que tu siervo escucha. No pases de largo. Quédate con nosotros, pues atardece. Alabado seas, Señor, en tus santos designios. Amén.


Reig Pla: «Hermanos obispos, están dañando a nuestros hijos, a los COF, y no lo podemos consentir»

abril 9, 2019

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Reig Pla explicó a los feligreses de Alcalá cómo animó a los obispos a defender la libertad de la Iglesia y a sus hijos, los que acuden a los COF

Reig Pla explicó a los feligreses de Alcalá cómo animó a los obispos a defender la libertad de la Iglesia y a sus hijos, los que acuden a los COF

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Reig Pla: «Hermanos obispos, están dañando a nuestros hijos, a los COF, y no lo podemos consentir»

Este sábado 6 de abril, el obispo de Alcalá de Henares se dirigió a cientos de fieles que le acompañaban en la catedral complutense para expresarle su apoyo y para participar con él en el rezo del Rosario y en la Santa Misa.

El obispo Juan Antonio Reig Pla explicó a los fieles lo que había comentado el jueves 4 de abril a los obispos de toda España reunidos en asamblea plenaria, en Madrid, analizando la campaña del digital ElDiario.es contra el Centro de Orientación Familiar (COF) de Alcalá y el acompañamiento que hace a personas que están a disgusto con sus sentimientos de atracción por el mismo sexo.

Como hace con frecuencia, el obispo de Alcalá, proclamó su homilía improvisando sin papeles ni texto escrito.

“Están dañando a nuestros hijos, esto no lo podemos consentir”

“Empecé diciéndoles: queridos hermanos obispos, no pido nada para mi persona, rezo con vosotros los Salmos, digo ‘solo en Dios descansa mi alma’, no en la Conferencia Episcopal. Mi descanso es Dios. Pero están dañando a nuestros hijos. Están dañando una misión de la iglesia, como son los Centros de Orientación Familiar, y esto no lo podemos consentir”, denunció.

“No se trata en ningún momento de ir contra nadie. Pero sí de salvaguardar la libertad de la Iglesia, de salvaguardar la libertad religiosa, y de empeñarnos, si es necesario, hasta el martirio, por servir a aquellos que sufren y esperan una palabra de esperanza de nosotros los pastores de la Iglesia. No los podemos abandonar”, añadió.

“¿Qué hacemos en el Centro de Orientación Familiar? Atendemos a los que libremente vienen a buscar ayuda, sea personal, sea matrimonial, sea familiar, y cualquier tipo de situación que necesite una palabra de consuelo, de ayuda, pastoral, espiritualmente, seguir el acompañamiento, esté en la situación que esté”.

Dos milagros: uno con obispos, otro con los jóvenes atendidos

“Esto de los obispos es un milagro” -dijo Reig Pla, refiriéndose, parece, al pronunciamiento episcopal de apoyo del día siguiente, viernes- “que ha hecho la Virgen de Fátima, porque estábamos rezando el rosario de la Virgen de Fátima”.

“Y ha habido un segundo milagro: que los jóvenes atendidos en nuestro Centro de Orientación Familiar han salido a manifestar su testimonio, y eso en España es una novedad absoluta. Porque el tema de la educación en la afectividad, en la masculinidad, en la feminidad, es un tabú en España. Que haya jóvenes y adultos valientes  que salgan a dar testimonio del bien que la Iglesia les hace al ayudarles en madurar su masculinidad, feminidad y vocación al amor es algo nuevo. Como decía el profeta Isaías: nuestro Dios abre caminos en el mar”.

“Hoy, mañana y siempre, este obispo reclamará una única cosa: la libertad religiosa para predicar la Buena Noticia de que el Señor está con nosotros, que abre caminos en el mar”, ha añadido.

Dios y el perdón, para cambiar corazones

Dios es el único que puede restaurar el corazón, ni siquiera los profesionales de la salud”, ha comentado también.

“El Centro de Orientación Familiar trabaja con muchas claves: una de ellas es el perdón, también para aquel que te ha causado heridas realmente fuertes, que quizá fue tu padre, o un hermano, o que hayan abusado de ti en la infancia… Aunque sea auxiliado con las ciencias humanas, si no es con el poder de Dios que crea un corazón nuevo, las cosas no terminan de arreglarse”, ha proseguido.

Frente a una sociedad que no perdona, el obispo ha puesto el ejemplo del perdón transformador de Jesús.

“Los demás te dicen ‘hay que apedrearla por adúltera’. […] Pero Jesús mira a la pecadora y no le dice ‘no pasa nada, no te preocupes’. La miró, su mirada atraviesa el alma. Y le dice: ¿’mujer, nadie te ha condenado?, vete y no peques más’. ¿Qué tiene la mirada de Jesucristo que transforma el corazón de las personas? También nosotros perdonamos a los que nos persiguen, a los que nos acosan, porque no saben lo que hacen, no conocen bien lo que hacemos en la Iglesia y en el Centro de Orientación Familiar”.

Libertad de espíritu para hacer cosas grandes

A veces la gente me dice: “¿usted no sufre con estas cosas? Pues como toda persona, yo no soy de granito, no soy una roca que no se pueda conmover. Pero el Señor es toda mi esperanza. Y cuando uno vive así, ya tiene la libertad de espíritu para hacer cosas grandes”.

También ha especificado que el encuentro de oración no fue iniciativa suya, sino de los fieles de la diócesis.

A los seminaristas les ha dicho: “no abandonéis nunca al rebaño, estad dispuestos a sufrir por él, a dar la vida por ellos”.

Y ha concluido diciendo: “Vosotros sois las entrañas de vuestro pastor”. Tenéis que rezar para que vuestro obispo esté dispuesto hasta el martirio a dar la vida por vosotros”.

Lea también, sobre estos temas: 

¿Dejar la vida gay? 10 testimonios de homosexuales que lo hicieron: ganaron en felicidad y paz (aquí)

Sin orgullo LGTB: 10 mujeres que dejaron la vida lesbiana y encontraron más paz y equilibrio (aquí)

Luca di Tolve era gay y dejó de serlo: el testimonio de su dura vida y retorno a Dios impresiona (aquí)

https://www.religionenlibertad.com/espana/291843695/Reig-Pla-Hermanos-obispos-estan-danando-a-nuestros-hijos-a-los-COF-y-no-lo-podemos-consentir.html


Maná y Vivencias Cuaresmales (34), 8.4.19

abril 8, 2019

Lunes de la 5ª semana de Cuaresma

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Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más

Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más

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Antífona de entrada: Salmo 55, 2

Ten compasión de mí, Señor, porque me pisotean y acosan todo el día mis enemigos.


Oración colecta

Señor Dios nuestro, cuyo amor sin medida nos enriquece con toda bendición, haz que, abandonando la corrupción del hombre viejo, nos preparemos como hombres nuevos, a tomar parte de la gloria de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Daniel 13, 1-9.15-17.19-30.33-62

Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín.
Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy bella y temerosa de Dios; sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico, tenía un jardín contiguo a su casa, y los judíos solían acudir donde él, porque era el más prestigioso de todos.

Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos, escogidos entre el pueblo, de aquellos de quienes dijo el Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y jueces que se hacían guías del pueblo.» Venían éstos a menudo a casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio se dirigían a ellos. Cuando todo el mundo se había retirado ya, a mediodía, Susana entraba a pasear por el jardín de su marido.

Los dos ancianos, que la veían entrar a pasear todos los días, empezaron a desearla. Perdieron la cabeza dejando de mirar hacia el cielo y olvidando sus justos juicios. Mientras estaban esperando la ocasión favorable, un día entró Susana en el jardín como los días precedentes, acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y como hacía calor quiso bañarse en el jardín. No había allí nadie, excepto los dos ancianos que, escondidos, estaban al acecho.

Dijo ella a las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme.»

En cuanto salieron las doncellas, los dos ancianos se levantaron, fueron corriendo donde ella, y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos; consiente, pues, y entrégate a nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que estaba contigo un joven y que por eso habías despachado a tus doncellas.»

Susana gimió: «¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas partes! Si hago esto, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vosotros. Pero es mejor para mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del Señor.»

Y Susana se puso a gritar a grandes voces. Los dos ancianos gritaron también contra ella, y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín. Al oír estos gritos en el jardín, los domésticos se precipitaron por la puerta lateral para ver qué ocurría, y cuando los ancianos contaron su historia, los criados se sintieron muy confundidos, porque jamás se había dicho una cosa semejante de Susana. A la mañana siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, llegaron allá los dos ancianos, llenos de pensamientos inicuos contra Susana para hacerla morir.

Y dijeron en presencia del pueblo: «Mandad a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.» Mandaron a buscarla, y ella compareció acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes.

Todos los suyos lloraban, y también todos los que la veían. Los dos ancianos, levantándose en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre su cabeza. Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón tenía puesta su confianza en Dios.

Los ancianos dijeron: «Mientras nosotros nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas. Cerró las puertas y luego despachó a las doncellas. Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver esta iniquidad, fuimos corriendo donde ellos. Los sorprendimos juntos, pero a él no pudimos atraparle porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó. Pero a ésta la agarramos y le preguntamos quién era aquel joven. No quiso revelárnoslo. De todo esto nosotros somos testigos.»

La asamblea les creyó como ancianos y jueces del pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.
Entonces Susana gritó fuertemente: «Oh Dios eterno, que conoces los secretos, que todo lo conoces antes que suceda, tú sabes que éstos han levantado contra mí falso testimonio. Y ahora voy a morir, sin haber hecho nada de lo que su maldad ha tramado contra mí.»

El Señor escuchó su voz y, cuando era llevada a la muerte, suscitó el santo espíritu de un jovencito llamado Daniel, que se puso a gritar: «¡Yo estoy limpio de la sangre de esta mujer!»

Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa eso que has dicho?»

Él, de pie en medio de ellos, respondió: «¿Tan necios sois, hijos de Israel, para condenar sin investigación y sin evidencia a una hija de Israel? ¡Volved al tribunal, porque es falso el testimonio que éstos han levantado contra ella!»

Todo el pueblo se apresuró a volver allá, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos lo que piensas, ya que Dios te ha dado la dignidad de la ancianidad.»

Daniel les dijo entonces: «Separadlos lejos el uno del otro, y yo les interrogaré.»

Una vez separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «Envejecido en la iniquidad, ahora han llegado al colmo los delitos de tu vida pasada, dictador de sentencias injustas, que condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, siendo así que el Señor dice: “No matarás al inocente y al justo.” Conque, si la viste, dinos bajo qué árbol los viste juntos.»

Respondió él: «Bajo una acacia.»

«En verdad –dijo Daniel– contra tu propia cabeza has mentido, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por el medio.»

Retirado éste, mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán, que no de Judá; la hermosura te ha descarriado y el deseo ha pervertido tu corazón! Así tratabais a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a vosotros. Pero una hija de Judá no ha podido soportar vuestra iniquidad. Ahora pues, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»

Él respondió: «Bajo una encina.»

«En verdad –dijo Daniel– tú también has mentido contra tu propia cabeza: ya está el ángel del Señor esperando, espada en mano, para partirte por el medio, a fin de acabar con vosotros.»

Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.

Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes, por su propia boca, había convencido Daniel de falso testimonio y, para cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: les dieron muerte, y aquel día se salvó una sangre inocente.

SALMO 22, 1-3a.3b-4.5.6

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.



Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 33, 11

Yo, el Señor, juro por mi vida que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva.


EVANGELIO: Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?»

Ella contestó: «Ninguno, Señor.»

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»



Antífona de comunión: Juan 8, 10-11

Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado? Contestó ella: Ninguno, Señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Yo soy la luz del mundo: el que me sigue tendrá la luz de la vida

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34. LUNES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA

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TEMA ILUMINADOR: Controversia entre Jesús y los judíos. Lucha entre la luz y las tinieblas.

El tiempo cuaresmal está llegando a su fin y con él el desenlace final de la vida terrena del Señor. De ahí que se nos invita a sentir más de cerca cuanto acontece en el corazón de Cristo y cuanto preocupa su mente.

Por eso precisamente, en estos días previos a la Semana Santa, se utiliza el prefacio de pasión en la misa y se usan opcionalmente los himnos de Semana Santa en la Liturgia de las Horas.

Se acerca el desenlace de la vida de Jesús. Una pregunta obvia: ¿Cuánto tiempo disfruta Jesús del lado bueno y gratificante de su misión, previo a la cruz? ¿Es un tiempo cronológico? ¿La cruz es algo inherente a la entrega a Dios? ¿No habrá algún tiempo de vacaciones para liberarnos del dolor y de cuesta arriba que supone nuestra existencia terrena?

Cristo, el Señor, nos da ejemplo de la asunción de la cruz en la vida de cada día y en los momentos más duros de la muerte. Los evangelios nos muestran, cada uno a su estilo, esa experiencia realmente suprema y definitiva del Señor. Él vivía siempre en Dios, asentado en Dios, afirmado en su Padre Dios; aunque no siempre lo sentía de igual manera.

Dice la Carta a los Hebreos: “Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella” (2, 17-18).

Se suele decir que si no nos cuesta la fe, si no nos acarrea dolor y problemas es muy sospechosa. Se dice en la Escritura: Hombre, si te dispones a servir a Dios, prepárate para el combate. El servicio del hombre sobre la tierra es una milicia.

La oración colecta de hoy es muy linda: Dios nos tiene un amor sin medida y nos da su Espíritu sin medida; y así nos enriquece con toda bendición. Pedimos que ese amor nos arranque del hombre viejo para disfrutar como hombres nuevos del reino de Dios. Lo antiguo es lo puramente natural. Pues todo fue recreado en Cristo.

Él es el hombre nuevo por excelencia. Él es la mismísima “novedad” en persona, la manifestación del poder de Dios. El hombre nuevo vive agradecido, en plena gratuidad, como María, conservándolo todo en su corazón y alabando constantemente a Dios porque ha mirado la humildad de su sierva.

La casta Susana personifica al justo calumniado por los malvados pero liberada por el poder de Dios que suscita profetas de la verdad. Al final de los tiempos suscitó al profeta de Dios por antonomasia, Cristo Jesús. Por eso el salmista puede confiar en su Señor porque él le pastorea y le cuida día y noche: Salmo 22, 1-3-4-5-6.

Este salmo contiene una oración que es capaz de levantar el ánimo del creyente más abrumado y oprimido. Habría que rezarla todos los días para experimentar su fuerza sanadora y gratificante.

Nuevamente en la oración sobre las ofrendas se vuelve al hombre renovado. Todos los esfuerzos ascéticos cuaresmales están encaminados a dejarnos invadir por el Espíritu de Dios que renueva todo nuestro ser. Por más predicaciones que escuchemos, por más lecturas que reflexionemos y más oraciones que formulemos, mientras no venga el Espíritu, de poco nos servirá.

Por eso decía Jesús, al final de su vida: “Muchas cosas me quedan aún por deciros, pero ahora no podéis cargar con ellas; cuando venga el Espíritu él os conducirá a la Verdad plena” (Jn 16, 12-13).

Por eso, todas nuestras prácticas cuaresmales han de desembocar en la súplica del envío del Espíritu. Si ellas han provocado en nosotros ansia del Espíritu, han dado su mejor fruto: Ven, Espíritu Santo, dulce huésped del alma; ven, padre amoroso del pobre; ven, en tus dones espléndido.

Si falta algo por transformar, lo colocamos en el pan y en el vino para que lo transforme el Espíritu que descenderá sobre ellos. Que al asumirlos en la comunión sean medicina eficaz para el cuerpo y para el alma proporcionándonos una nueva efusión del poder divino en nosotros que ahoga el mal a fuerza de bien. Toda eucaristía debe proporcionarnos una nueva efusión del poder de Dios, de su Espíritu.

Escuchemos una vez más y con renovado agradecimiento la confesión de Jesús: Yo soy la luz del mundo. Y permitámosle iluminar todo nuestro ser. ¿Cómo haces la oración personal después de comulgar sacramentalmente? La liturgia te ofrece unos momentos de silencio sagrado para facilitar el trato íntimo con tu Señor, el Amigo que nunca falla. Aparte de esa oración de intimidad, en otros momentos de la jornada o de la semana, podrías hacer comuniones espirituales. Seguramente eso te ayudaría a valorar más la comunión sacramental.

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De la primera Apología de san Justino, mártir,
en defensa de los cristianos

La celebración de la Eucaristía

A nadie es lícito participar de la eucaristía si no cree que son verdad las cosas que enseñamos y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó.

Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria, sino que, así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne por la Palabra de Dios y tuvo carne y sangre a causa de nuestra salvación, de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias que contiene las palabras de Jesús, y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó.

Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo; y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: Esto es mi sangre, dándoselo a ellos solos.

Desde entonces seguimos recordándonos siempre unos a otros estas cosas; y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de los que no los tienen, y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.

El día llamado del sol se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y, según conviene, se leen los tratados de los apóstoles o los escritos de los profetas, según el tiempo lo permita. Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables.

Después nos levantamos todos a la vez y recitamos preces; y a continuación, como ya dijimos, una vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y agua: y el que preside pronuncia fervorosamente preces y acciones de gracias, y el pueblo responde Amén; tras de lo cual se distribuyen los dones sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, comulgan todos, y los diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes.

Los que poseen bienes de fortuna y quieren, cada uno da, a su arbitrio, lo que bien le parece, y lo que se recoge se deposita ante el que preside, que es quien se ocupa de repartirlo entre los huérfanos y las viudas, los que por enfermedad u otra causa cualquiera pasan necesidad, así como a los presos y a los que se hallan de paso como huéspedes; en una palabra, él es quien se encarga de todos los necesitados.

Y nos reunimos todos el día del sol, primero porque este día es el primero de la creación, cuando Dios empezó a obrar sobre las tinieblas y la materia; y también porque es el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos. Le crucificaron, en efecto, la víspera del día de Saturno, y al día siguiente del de Saturno, o sea el día del sol, se dejó ver de sus apóstoles y discípulos y les enseñó todo lo que hemos expuesto a vuestra consideración (Caps. 66-67: PG 6, 427-431).

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La oposición a Jesús va creciendo y su apresamiento y condena a muerte parecen inminentes. Por eso, durante la quinta semana de Cuaresma se dice el Prefacio I de la Pasión del Señor que reza así:

En verdad es justo y necesario darte gracias, Dios todopoderoso y eterno, “porque en la pasión salvadora de tu Hijo el universo aprende a proclamar tu grandeza y, por la fuerza de la cruz, el mundo es juzgado como reo y el Crucificado exaltado como juez poderoso”.

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LA HOMILÍA DE HOY DEL PAPA FRANCISCO: Tres mujeres, tres jueces corruptos.

Donde no hay misericordia no hay justicia, y muchas veces hoy el pueblo de Dios sufre un juicio sin misericordia: así, en síntesis, habló el Papa Francisco durante la misa de la mañana de este lunes 23 de marzo en la Casa Santa Marta del Vaticano.

Comentando las lecturas del día, y refiriéndose también a otro pasaje evangélico, el Papa Francisco habla de tres mujeres y tres jueces: una mujer inocente, Susana, una pecadora, la adúltera, y una pobre viuda necesitada: “Las tres –explica– según algunos Padres de la Iglesia, son figuras alegóricas de la Iglesia: la Iglesia santa, la Iglesia pecadora y la Iglesia necesitada”.

“Los tres jueces son malos” y “corruptos”, observa el Papa: está en primer lugar el juicio de los escribas y fariseos que llevan a la adúltera a Jesús. “Tenían en el corazón la corrupción de la rigidez”. Se sentían puros porque observaban “la letra de la ley”: “la ley dice esto y se debe hacer esto”.

“Pero estos no eran santos, eran corruptos, corruptos porque una rigidez semejante sólo puede prosperar con una doble vida, y estos que condenaban a estas mujeres, después iban a buscarlas por detrás, a escondidas, para divertirse un poco’. Los rígidos son -uso el adjetivo que les daba Jesús– hipócritas, tienen doble vida. Los que juzgan, pensemos en la Iglesia –las tres mujeres son figuras alegóricas de la Iglesia–, los que juzgan con rigidez a la Iglesia tienen doble vida. Con la rigidez no se puede ni respirar”.

Después están los dos jueces ancianos que chantajean a una mujer, Susana, para que se les entregue, pero ella resiste: “Eran jueces viciosos –subraya el Papa– tenían la corrupción del vicio, en este caso de la lujuria. Y se dice que cuando está este vicio de la lujuria, con los años se hace más feroz, más malvado”.

Finalmente, está el juez interpelado por la pobre viuda. Este juez “no temía a Dios y no le importaba nadie: no le importaba nada, sólo se importaba él mismo”: Era “un hombre de negocios, un juez que con su profesión de juzgar hacía negocios”. Era “un corrupto del dinero, del prestigio”. Estos jueces –explica el Papa–, el hombre de negocios, los viciosos y los rígidos, “no conocían una palabra, no conocían lo que es la misericordia”.

“La corrupción les llevaba lejos de comprender la misericordia, de ser misericordiosos. Y la Biblia nos dice que la misericordia es precisamente el juicio justo. Y las tres mujeres –la santa, la pecadora y la necesitada, figuras alegóricas de la Iglesia– sufren por esta falta de misericordia”.

“También hoy el pueblo de Dios, cuando se encuentra con estos jueces, sufre un juicio sin misericordia, tanto en lo civil como en lo eclesiástico. Y donde no hay misericordia no hay justicia. Cuando el pueblo de Dios se acerca voluntariamente para pedir perdón, para ser juzgado, cuántas veces encuentra a uno de estos”.

Encuentra a los viciosos que “son capaces de intentar explotarles”, y este “es uno de los pecados más graves”; encuentra a los “hombres de negocio” que “no dan oxígeno a ese alma, no dan esperanza”; y encuentra “a los rígidos que castigan en los penitentes lo que esconden en su alma”. “Esto – dice el Papa – se llama falta de misericordia”.

Y concluye: “Quisiera sólo decir una de las palabras más bellas del Evangelio que me conmueve mucho: ‘¿Nadie te ha condenado?’ – ‘No, nadie, Señor’ – ‘Tampoco yo te condeno’. Tampoco yo te condeno: una de las palabras más bellas, porque está llena de misericordia”.

Traducción propia de Aleteia del servicio de Radio Vaticano

sources: ALETEIA


¿Cuáles son las dos grandes seducciones que distraen al hombre de la búsqueda de Dios?

marzo 31, 2019

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Han surgido dos grandes proyectos vanos para encantar de nuevo al mundo: el consumismo y la diversión

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¿Cuáles son las dos grandes seducciones que distraen al hombre de la búsqueda de Dios?

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El sacerdote jesuita Benjamín González Buelta explicó cuáles considera que son las dos grandes seducciones del mundo actual que distraen al hombre en la búsqueda de Dios.

En su artículo titulado “La seducción del mundo y la seducción de Dios”, publicado en el número 4002 de la revista jesuita La Civiltá Cattolica, el presbítero dijo que todos “vivimos en una cultura de la seducción”; y que tras la caída de las grandes utopías de la época moderna –capitalismo y socialismo–, un “sentido de desilusión ha llenado los espacios de la sociedad postmoderna”.

“Ante el vacío interior y la pérdida de la dimensión trascendente de la vida, que nos hacen sentir huérfanos, han surgido dos grandes proyectos vanos para encantar de nuevo al mundo: el consumismo y la diversión”, advirtió el P. González Buelta.

El consumismo es una formidable invención que llega a cada parte del mundo donde hay alguien con un poco de dinero en el bolsillo”, y con sus símbolos –como los centros comerciales– parece la tierra prometida y la liberación de nuestras necesidades, señaló.

“El segundo gran proyecto es la diversión, el pasatiempo, la distracción” las 24 horas del día con espectáculos y “los nuevos dioses de la cultura actual”, como las celebridades que ocupan un espacio sorprendente en los medios de comunicación.

El P. González afirmó que ambos proyectos son estudiados minuciosamente por sus promotores para deslumbrar a los hombres.

“Nuestra cultura nos induce a vivir siempre de prisa, a aplazar la satisfacción de nuestras necesidades profundas (…), solo cuenta lo que perciben los sentidos y por esto se cultivan las apariencias, se antepone el parecer al ser”, expresó.

Por ello, aseguró, la sociedad tiene necesidad “no solo de profetas que denuncien los males que nos afligen, sino de místicos que revelen dónde Dios está creando algo nuevo, para proclamar esta Buena Noticia”.

“Es necesario no solo afirmar vagamente que Dios ama este mundo, sino también señalar dónde y cómo Él actúa, reelaborando la trama de la vida momento por momento. La sociedad necesita de personas que con una sensibilidad mística puedan encontrarse con Dios en las realidades más secularizadas y más arruinadas por el deterioro personal, por la injusticia y por todo tipo de exclusión”, señaló.

Por tal motivo, pidió al cristiano que asuma “el desafío de mostrar la presencia activa de Dios también en el mundo de hoy”.

“Nuestro reto no es huir de la realidad, sino acercarnos a ella con todos nuestros sentidos bien abiertos para mirar y contemplar, para disolver las escorias de las apariencias seductoras, y ver, sentir y gustar la realidad, percibiendo en lo más profundo de ella la presencia activa de Dios que nos ama con una creatividad infinita, para que nos encontremos con Él y trabajemos juntos por su reino”, señaló.

El sacerdote recordó a los primeros jesuitas, que encontraban a Dios “en las calles ruidosas de la ciudad”; y que en sus ejercicios espirituales San Ignacio de Loyola propone la contemplación para alcanzar el amor e “invita a observar toda la realidad, para ver a Dios que trabaja en ella por nosotros”.

“Y este es el don que nos es ofrecido: ver el reino de Dios hoy en medio de nosotros”, añadió.

Sin embargo, aclaró que “no se trata solo de saber que el reino de Dios se manifiesta de modo concreto, a veces en un modo muy simple”, sino que “se necesita percibirlo, y entonces la alegría del don de Dios entra en nuestro corazón”.

“Para fascinar verdaderamente al mundo, se necesita no solo acoger lo bello, lo que está ordenado, lo que brilla, sino también asumir la fragilidad humana, el realismo de los infiernos personales y sociales, en los cuales millones de personas se están disolviendo como agua en el mundo líquido”, expresó.

El sacerdote advirtió que hay “muchas celebraciones” que hacen que el hombre se extravíe, como las drogas o incluso los espectáculos musicales; sin embargo, “la verdadera celebración, como hace la Eucaristía, toma la vida humana en su cotidianidad de placeres y errores, y la conduce de la aspereza de la cruz hasta la transfiguración de la vida en la resurrección”.

Por ello, afirmó que ante la cultura de la seducción “necesitamos liberar nuestros sentidos del modo impuesto de percibir la realidad y de los contenidos que hemos hasta ahora percibido e interiorizado”.

“Podemos estar ciegos sin darnos cuenta” y no ver la realidad “como la contempla Dios”, advirtió el sacerdote.

“No contemplamos la realidad desde lejos, desde un palco privilegiado, sino implicándonos en ella, en la cercanía a las personas, dentro de las situaciones, en los trabajos cotidianos. Para encontrar a Dios que trabaja siempre, debemos trabajar también nosotros, para unir nuestra acción a la suya”, afirmó.

“A través del proceso que hemos descrito –indicó–, vemos cómo se pueden transformar nuestros sentidos. Delante de un paisaje, un pintor verá todos los colores, un ingeniero verá el trazado de una posible urbanización, un ecologista verá las especies que se deben salvar (…). Un contemplativo verá la dimensión última de la realidad, allá donde Dios trabaja continuamente, para que la vida que Jesús llevó se pueda vivir en plenitud”.

El P. González afirmó que “este modo de percibir la realidad puede despertar en nosotros extraordinarios dinamismos de vida, en vez de dejarnos inmóviles y tristes por la desilusión”.

“San Ignacio, en los ejercicios, nos propone contemplar cómo Jesús se acercaba a la realidad con los cinco sentidos. Jesús reveló, en la realidad disgregada de su tiempo, que el reino de Dios estaba en medio del pueblo. Este proceso que hemos descrito nos permite nacer de nuevo para ver el reino de Dios”, aseguró.

https://www.aciprensa.com/noticias/sacerdote-advierte-sobre-las-2-grandes-seducciones-que-distraen-al-hombre-de-buscar-a-dios-38591?fbclid=IwAR2BazLu-4de4ZTd4TVwJrrkhxFJH3mF7kkkvDOa_ZExHlHh8FGaqrCTDZs


Maná y Vivencias Cuaresmales (24), 29.3.19

marzo 29, 2019

Viernes de la 3ª semana de Cuaresma

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Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios

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Antífona de Entrada: 85 Salmon, 8, 10

Señor, no hay otro dios igual a ti, porque sólo tú eres grande y haces maravillas; porque sólo tú eres Dios.


Oración colecta

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos dominar nuestro egoísmo, y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Oseas 14, 2-10

Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano”.

Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano.

Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»

SALMO 80, 6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17

Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.

Oigo un lenguaje desconocido: «Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción, y te libré.

Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino! Te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.»

Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4, 17

Convertíos, dice el Señor, porque ya está cerca el Reino de los cielos.

EVANGELIO: Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Antífona de comunión: Marcos 12, 33

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios.

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VIVENCIAS CUARESMALES

¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!

 

24. VIERNES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

 

TEMA: Ayer el Espíritu recriminaba a los incrédulos con claridad y firmeza; hoy, los amonesta con suavidad y ternura. Una prueba más de que Dios busca por todos los medios nuestra salvación, jamás nuestra ruina.

La antífona de la entrada de la misa de hoy es una confesión del poder salvador de Dios frente a toda miseria del hombre en su relación con Dios. Salmo 85, 8-10.- No tienes igual entre los dioses, Señor: “Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios”. Para ti no hay imposibles.

El creyente, de entrada, hace como un esfuerzo por comenzar de nuevo, por penetrar en el santuario, por desperezarse de la rutina y de la incredulidad y elevarse hacia el mundo divino al encuentro del Dios del perdón, de la gratuidad; en fin, para contemplar la magnificencia de la casa del Padre.

¡Qué deseables son tus moradas! ¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor!

Siéntete, hermano, como un mendigo que tiende la mano a Dios, al hermano mayor, Cristo Jesús, para que te introduzca en la casa del Padre. Él es nuestro mediador y está entre nosotros como el que sirve. Él nos da confianza para llamar a Dios “Padre”. Él ha sido constituido “administrador fiel” de todos los bienes preciosos del Padre Bueno y generoso.

Este Administrador goza con ir sacando lo que conviene a cada uno y a su tiempo: de modo que a nadie le sobre ni a nadie le falte. Más todavía: Él es el modelo de todos los agraciados por el Padre; su comportamiento es normativo para cuantos quieran agradar al Padre, ya que él no se tomó nada por su cuenta, sólo tomó lo que el Padre le dio como heredad.

Por eso al Padre le complació sumamente poner todas las cosas en sus manos con infinita confianza y predilección. Para que el Hijo reciba gloria. Y a su vez, el Hijo administra, no tanto según su criterio, sino para que el Padre reciba gloria.

Ambos andan a porfía en esa mutua glorificación en el Espíritu Santo, desde el principio, y por siempre.

Y todo ello para bien del hombre. Pero, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? ¿Cómo podré retribuir al Señor todo el bien que me ha hecho? Elevaré la copa de la salvación, cantaré eternamente las alabanzas del Señor. ¡Dios mío, qué grande eres! Tu poder me sobrepasa.

Adora, hermano, en este día el misterio de la augusta Trinidad. Vete entrenándote para contemplar ese Misterio, ya que es a la vez inmanente y salvífico.

Es decir, eternamente existente y completo en sí, y a la vez proyectado hacia el tiempo y el espacio por la libérrima disposición de nuestro Dios, trino y uno a la vez. Pues no hay más que un único Misterio trinitario: a la vez inmanente, divino y subsistente, y a la vez salvífico y proyectado a los hombres y por éstos al mundo.

El mismo Dios, el de la teología y el de la experiencia religiosa; el de la eternidad, y el de la historia de salvación, la de Israel, la de la Iglesia y la tuya personal. Cuando Dios te llame a su presencia, te encontrarás con el Misterio divino que ya aquí has visto y contemplado como en un espejo; pero será el mismo.

Por eso, debes entrenarte en esta tierra a conocer y adorar al mismo Dios, a quien eternamente servirás y alabarás como tu contento y felicidad para siempre. No habrá nada más.

La lectura de Oseas 14, 2-10 recoge la decisión del creyente de renunciar a sus seguridades y dejarse guiar sólo por Dios, para adherirse sólo a él, como la hiedra a la pared. Atendamos a esta Palabra sanadora.

Ante la súplica de Israel: “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano”… Ante esta súplica, repito, el Señor responde reafirmando su fidelidad y su promesa de salvación:

“Yo sanaré su infidelidad, los amaré de buen grado, pues mi cólera se habrá apartado de ellos. Seré como rocío para Israel, y entonces florecerá como un lirio; echará raíces como el cedro, sus retoños brotarán, tendrá la magnificencia del olivo y el perfume del Líbano”.

Este sometimiento al Señor, esta contrición de corazón, no es algo improcedente ni humillante para el hombre sino su mayor grandeza: arrodillarse ante su Señor para confesar sus pecados y alabar la santidad de Dios: eso es lo más grande que el hombre puede hacer en este mundo.

“¿Quién será el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor, los justos andan por ellos, mientras que los pecadores tropiezan con ellos”.

El salmista mezcla su deseo de servir a Dios y la benevolente condescendencia de Dios que le recuerda las obras antiguas, que le estimula para que se le confíe más plenamente:

“Yo soy el Señor, Dios tuyo, escucha mi voz. Escucha, pueblo mío. Retiré la carga de sus hombros y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción y te libré, te respondí oculto en los truenos. Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti: ojalá me escuchases, Israel. No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero; yo soy el Señor, Dios tuyo que te saqué del país de Egipto”.

Dios se alboroza pensando en la conversión de su pueblo: “Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino, entonces te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre”.

En el Evangelio, Cristo condesciende con el interlocutor sincero y bien intencionado y no tiene secretos con él, pues le enseña la clave más secreta de la felicidad del hombre, la fuente de la mayor bendición y felicidad para el hombre creyente: “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo mandamiento es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

No hay ningún mandamiento más importante que éstos. No hace falta ya hacerle más preguntas, ya nos lo dijo todo si es que realmente queremos escuchar. El que tenga oídos, que oiga.

Solamente resta clamar a Dios mientras seguimos celebrando la Eucaristía a diario si es posible: en el templo y en el trajín de cada día, cada semana.

Oramos sobre las ofrendas diciendo: Mira, Señor, con bondad los dones que te presentamos; que ellos sean gratos a tus ojos y nos alcancen la salvación.

O después de la Comunión: Señor, que la acción de tu Espíritu en nosotros penetre íntimamente nuestro ser para que lleguemos un día a la plena posesión de lo que ahora recibimos en la Eucaristía. La acción del Espíritu Santo es algo que ya se insinúa en estos días de la Cuaresma: así en la oración colecta de hoy decimos:

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, es decir, la acción del Espíritu en nuestros corazones, para que, de manera negativa, sepamos dominar nuestro egoísmo, salir de nosotros mismos, controlar nuestra desconfianza radical; y, de manera positiva, sepamos secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo, secundar las inspiraciones del Espíritu en el alma del creyente. Por nuestro Señor Jesucristo.- Amén.

 

ORACIÓN SUGERIDA

Señor y Dios mío, enséñame a amarte. Gracias, Padre bueno, por habernos amado tanto que has enviado a tu propio hijo al mundo. Él se juntó a nosotros y asumió nuestra naturaleza, pero él no te ofendió en nada; por eso en él te complaces totalmente.

No mires, Padre Santo, nuestros pecados, mira a Cristo tu Hijo, que es nuestro hermano mayor, y agrádate en él. Él te ha dado toda gloria, todo el poder, toda la bendición de que tú eres digno. Él es nuestra mejor respuesta a tu amor infinito, nuestra única y sobrada respuesta.

Gracias, Señor Jesús, porque tú eres nuestro contento y nuestra gloria, nuestra justificación ante el Padre, nuestra satisfacción plena ante Dios y para Dios. Por ti y en ti recibimos toda gracia y bendición desde lo alto.

Señor Jesús, tú conoces nuestro barro y nos comprendes como nadie. Mira nuestra pobreza y envíanos, desde el Padre, el santo Espíritu para poder parecernos cada día más a ti, y así no ofender ni decepcionar al Padre de los Cielos, que es digno de toda bendición.- Amén.

 

Anímate, hermano, a formular tu oración personal dirigida a cada una de las tres divinas personas de la Santísima Trinidad, pues tienes el Espíritu derramado en tu corazón. Él te lleva de la mano al conocimiento “sabroso” del Padre y del Hijo. Pues en eso consiste la vida eterna: en que conozcamos al Padre y a su Enviado, su Hijo bendito.

El Espíritu nos conduce a la verdad plena. Permítele al Espíritu fluir en tu interior con esos gemidos inefables, y no lo tengas por más tiempo entristecido.

Ha llegado el tiempo de la liberación, aunque estemos en Cuaresma. Si tú quieres, una liberación siempre mayor te irá invadiendo; pues todo tiempo es bueno para Dios si tú quieres, si tú lo deseas. Que se te cumpla como has creído, decía Jesús a los enfermos que se le acercaban con fe y deseo de ser curados.

Finalmente, recuerda, hermano, hermana, que la cuaresma, por estar proyectada esencialmente hacia la Pascua hasta el punto de no tener sentido en sí misma, es, con plenitud, el tiempo de la primavera de la Iglesia: el más apropiado, o bien para ingresar a ella y conocer a Dios, o bien para volver al primer amor, al amor nupcial.

Por eso, merece la pena vivir la Cuaresma cada día con mayor intensidad hasta llegar a la Pascua, con mayor gozo y felicidad. Además, en estos días toda la Iglesia se une en oración para rogar por la conversión de los pecadores y para discernir los signos de Dios de cara a la evangelización de nuestro mundo, de nuestros hermanos más necesitados. Muchas personas hacen ejercicios espirituales en estos días, comenzando por el Papa y la curia romana hasta cualquier laico en cualquier lugar… Seamos conscientes y oremos unos por otros para llegar a gustar el Amor de Dios, uno y trino. Amén. 

La meta: Que seamos en plenitud hijos de Dios, y así lo sintamos y experimentemos de verdad, con todo nuestro ser. Amén.


El maná de cada día, 5.2.19

febrero 5, 2019

Martes de la 4ª semana de Tiempo Ordinario

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Contigo hablo, niña, levántate

Contigo hablo, niña, levántate

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PRIMERA LECTURA: Hebreos 12, 1-4

Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.


SALMO 21, 26b-27.28.30.31-32

Te alabarán, Señor, los que te buscan.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre.

Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Ante él se postrarán las cenizas de la tumba, ante él se inclinarán los que bajan al polvo.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: todo lo que hizo el Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 8, 17

Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.


EVANGELIO: Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado.

Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»

Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”»

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.

Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.

Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
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Reflexión del Papa Francisco en Casa Santa Marta:
«¿Cómo encontrar la esperanza? Menos telenovelas y más Evangelio»

Jesús transmite mucho más que pensamientos positivos: transmite «la esperanza». Pero hay que estucharlo mediante el Evangelio, en lugar de perder el tiempo con «telenovelas» o los «chismes de los vecinos». Son las indicaciones que dio Papa Francisco en la homilía de esta mañana de la Misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana.

Solo la contemplación cotidiana de la Palabra de Dios ayuda a tener la «verdadera» esperanza. El Pontífice nuevamente invitó a leer el Evangelio cada día, incluso 10 minutos, para dialogar con el Señor, en lugar de ver la tele o de perder el tiempo con los chismes del vecino.

Pero, ¿cuál es el centro de la esperanza?, se preguntó Francisco. Tener «fija la mirada sobre Jesús», fue su respuesta. El Pontífice argentino desarrolló su homilía de hoy a partir del pasaje de la Carta a los Hebreos que se detiene precisamente sobre la esperanza. Y subrayó que sin escuchar al Señor tal vez podamos igualmente «tener optimismo y ser positivos», pero la esperanza «se aprende mirando a Jesús».

Refiriéndose a la oración «de contemplación», el Pontífice observó que «es bueno rezar el Rosario todos los días», hablar «con el Señor, cuando tengo una dificultad, o con la Virgen o con los Santos…».

Pero, añadió, es importante realizar la «oración de contemplación» y ésta sólo se puede hacer «con el Evangelio en la mano»: «¿Cómo realizo la contemplación con el Evangelio de hoy? Veo que Jesús estaba en medio de la muchedumbre, que en torno a él había mucha gente. Cinco veces dice este pasaje la palabra ‘muchedumbre’.

Pero yo puedo pensar: ¿Jesús, no descansaba?… Siempre con la muchedumbre. Pero la mayor parte de la vida de Jesús la ha pasado en la calle, con la muchedumbre. ¿Pero no descansaba?; Sí, una vez: dice el Evangelio, que dormía en la barca. Pero llegó la tempestad y los discípulos lo despertaron. Jesús estaba continuamente entre la gente. Y se mira a Jesús así, contemplo a Jesús así, me imagino a Jesús así. Y le digo a Jesús lo que me viene a la mente».

El Papa también dijo, comentando el Evangelio del día, que Jesús se da cuenta de que había una mujer enferma en medio de aquella muchedumbre que lo tocaba. Jesús, explicó Francisco, «no sólo entiende a la muchedumbre, siente a la muchedumbre», «siente el latido del corazón de cada uno de nosotros, de cada uno. ¡Siempre se ocupa de todos y de cada uno!».

Lo mismo sucede, explicó, cuando el jefe de la sinagoga va «a contarle de su hijita gravemente enferma: y Él deja todo y se ocupa de esto».

Francisco continuó imaginando lo que habría sucedido en aquellos momentos: Jesús llega a esa casa, las mujeres lloran porque la niña ha muerto, pero el Señor les dice que estén tranquilas y la gente se burla de él. Aquí, dijo el Papa, se ve «la paciencia de Jesús».

Y después de la resurrección de la niña, en lugar de decirles «¡Fuerza de Dios!», les dice: «Por favor denle de comer». «Jesús –notó el Pontífice– tiene siempre pequeños detalles».

«Lo que yo he hecho con este Evangelio dijo también Francisco– es precisamente la oración de contemplación: tomar el Evangelio, leer e imaginarme dentro de la escena, imaginarme qué cosa sucede y hablar con Jesús, como me salga del corazón.

Y con esto nosotros hacemos crecer la esperanza, porque tenemos fija la mirada sobre Jesús. Hagan esta oración de contemplación. ‘¡Pero tengo tanto que hacer!’; ‘pero en tu casa, 15 minutos, toma el Evangelio, un pasaje pequeño, imagina qué cosa ha sucedido y habla con Jesús de aquello. Así tu mirada estará fija sobre Jesús, y no tanto sobre la telenovela, por ejemplo; tu oído estará fijo sobre las palabras de Jesús, y no tanto en los chismes del vecino, de la vecina…».

«Y así –insistió el Papa– la oración de contemplación nos ayuda en la esperanza. Vivir de la sustancia del Evangelio. ¡Rezar siempre!».

Francisco invitó a «rezar las oraciones, a rezar el Rosario, a hablar con el Señor, pero también a hacer esta oración de contemplación para tener nuestra mirada fija sobre Jesús».

De esta oración, añadió, «viene la esperanza». Y así «nuestra vida cristiana se mueve en ese marco, entre memoria y esperanza»: «Memoria de todo el camino pasado, memoria de tantas gracias recibidas del Señor; y esperanza, mirando al Señor, que es el único que puede darme la esperanza.

Y para mirar al Señor, para conocer al Señor tomemos el Evangelio y hagamos esta oración de contemplación. Hoy, por ejemplo, aparten diez minutos, no más de quince, lean el Evangelio, imaginen y digan algo a Jesús. Y nada más.

Y así su conocimiento de Jesús será más grande y su esperanza crecerá. No se olviden, teniendo fija la mirada sobre Jesús. Y para esto la oración de contemplación».

Vatican Insider

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El maná de cada día, 30.1.19

enero 30, 2019

Miércoles de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

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Los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan cosecha

 

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PRIMERA LECTURA: Hebreos 10, 11-18

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente, ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados.

Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.

Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. En efecto, después de decir: Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y las escribiré en su mente; añade: Y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus crímenes. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

SALMO 109, 1.2.3.4

Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.

Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos.

Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Aclamación antes del Evangelio

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.

EVANGELIO: Marcos 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar:

«Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»

Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.

Él les dijo: «A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen.»

Y añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás?

El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril.

Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»


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