Papa Francisco: «Con los rohingya he llorado, y ellos también»

diciembre 3, 2017

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En el encuentro con los periodistas durante el vuelo de regreso de Dacca a Roma, el Papa Francisco ha confesado que «con los rohingya he llorado, y ellos también».

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En la reunión a puerta cerrada con el general birmano, «mi mensaje le ha llegado»

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En el encuentro con los periodistas durante el vuelo de regreso de Dacca a Roma, el Papa Francisco ha confesado que «con los rohingya he llorado, y ellos también». Al término de un viaje a Birmania y Bangladés que tenía entre sus grandes objetivos ayudar a «la minoría religiosa más perseguida del mundo», el Santo Padre estaba seguro de que habrá resultados.

Francisco ha revelado que los 16 refugiados (12 hombres, dos mujeres y dos niñas) venidos de Cox’s Bazar, al principio «tenían miedo», porque no sabían lo que iba a pasar. Eran miembros de tres familias que probablemente seguirán llevando el miedo en el cuerpo durante mucho tiempo después de ver cómo el ejército birmano asesinaba a sus parientes y vecinos y a tantas personas desarmadas el pasado mes de agosto.

El Papa ha confesado que le hubiera gustado «ir a los campos de refugiados, pero no era posible», y optó por llamar a algunos de los que estaban en Cox’s Bazar, seleccionados por el gobierno y organizaciones humanitarias.

La reunión tuvo lugar el viernes, en el marco de un encuentro interreligioso que Francisco concluyó con una oración improvisada en la que pedía perdón a los rohingya -que tenía a su lado- por el mal que les había hecho el ejército birmano y «por la indiferencia del mundo».

El Papa ha revelado que, cuando terminaron de hablar con él, «les querían hacer bajar rápido del escenario. Ahí me enojé y dije muchas veces ‘respeto, basta’, y ellos se quedaron ahí. Y después de escucharles, sentí cosas adentro, y pensé ‘yo no puedo dejarles irse sin decir algo’. Pedí el micrófono y empecé a hablar. No recuerdo qué dije, creo que pedí perdón. En un momento yo lloraba, pero intentaba que no se viera. Y ellos también lloraban».

En todo caso, el encuentro le supo a poco pues «me hubiese gustado ir a los campos, pero no era posible» por falta de tiempo y dificultades logísticas en Cox’s Bazar.

El Papa está al corriente de las críticas a la consejera de Estado de Birmania, Aung San Suu Kyi por su aparente indiferencia ante el abuso de los militares -que ella no controla- contra los rohingya, pero advierte que «en Myanmar es difícil evaluar una crítica sin preguntarse si algo es posible, o de qué modo es posible».

Hay que tener en cuenta que la premio Nobel de la Paz se mueve en un terreno muy difícil bajo la amenaza continua de los militares, y que Birmania «se encuentra en una transición política, y las cosas se deben valorar en ese contexto».

«Siempre es bueno dialogar»

Francisco ha revelado que el encuentro privado con el general Min Aung Hlaing, comandante en jefe del ejército, el lunes nada más llegar a Rangún, tuvo lugar a petición del «hombre fuerte» que ha ordenado las matanzas y expulsiones.

Aunque algunos le aconsejaron que no lo recibiera, el Santo Padre opina que «siempre es bueno dialogar». Sin entrar en detalles del encuentro, ha revelado que «ha sido una buena conversación, y el mensaje ha llegado a su destino».

Después de haber utilizado en público la palabra «rohingya» en los últimos tres años, y denunciar enérgicamente su persecución, prefirió no hacerlo en el discurso oficial en Birmania «porque hubiera sido como dar con la puerta en las narices» a los militares y buena parte de la población birmana, perjudicando las posibilidades de interceder por los refugiados. Naturalmente, volvió a utilizar la palabra «rohingya» en Bangladés, justo en el encuentro con los refugiados.

Al cabo de una semana de viaje a Birmania y Bangladés, el Papa regresaba a Roma contento y esperanzado, pero sabiendo también que en terrenos tan complicados como este «es difícil dar pasos adelante», pero también «también es difícil dar pasos atrás, por la conciencia de la humanidad».

http://www.abc.es/sociedad/abci-papa-francisco-rohingya-llorado-y-ellos-tambien-201712031140_noticia.html

 

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Primera Jornada Mundial de los Pobres: Mensaje del Papa Francisco.

noviembre 17, 2017

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Al Papa Francisco le encanta la cercanía con la gente. Ama sinceramente a los “preferidos” de Jesús.

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

I JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
19 de noviembre de 2017

No amemos de palabra sino con obras

 

1. «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos.

El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo.

Así, la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados.

2. «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha» (Sal 34,7). La Iglesia desde siempre ha comprendido la importancia de esa invocación. Está muy atestiguada ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, donde Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres.

Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3).

«Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Estas palabras muestran claramente la profunda preocupación de los primeros cristianos. El evangelista Lucas, el autor sagrado que más espacio ha dedicado a la misericordia, describe sin retórica la comunión de bienes en la primera comunidad. Con ello desea dirigirse a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados.

El apóstol Santiago manifiesta esta misma enseñanza en su carta con igual convicción, utilizando palabras fuertes e incisivas: «Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman? Vosotros, en cambio, habéis afrentado al pobre. Y sin embargo, ¿no son los ricos los que os tratan con despotismo y los que os arrastran a los tribunales? […] ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: “Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta» (2,5-6.14-17).

3. Ha habido ocasiones, sin embargo, en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres.

Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos. Él no se conformó con abrazar y dar limosna a los leprosos, sino que decidió ir a Gubbio para estar con ellos. Él mismo vio en ese encuentro el punto de inflexión de su conversión: «Cuando vivía en el pecado me parecía algo muy amargo ver a los leprosos, y el mismo Señor me condujo entre ellos, y los traté con misericordia. Y alejándome de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo» (Test 1-3; FF 110). Este testimonio muestra el poder transformador de la caridad y el estilo de vida de los cristianos.

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida.

En efecto, la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo. Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles.

Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG 58).

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma.

4. No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales.

La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 25-45).

Sigamos, pues, el ejemplo de san Francisco, testigo de la auténtica pobreza. Él, precisamente porque mantuvo los ojos fijos en Cristo, fue capaz de reconocerlo y servirlo en los pobres. Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.

5. Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada.

La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados.

A la pobreza que inhibe el espíritu de iniciativa de muchos jóvenes, impidiéndoles encontrar un trabajo; a la pobreza que adormece el sentido de responsabilidad e induce a preferir la delegación y la búsqueda de favoritismos; a la pobreza que envenena las fuentes de la participación y reduce los espacios de la profesionalidad, humillando de este modo el mérito de quien trabaja y produce; a todo esto se debe responder con una nueva visión de la vida y de la sociedad.

Todos estos pobres —como solía decir el beato Pablo VI— pertenecen a la Iglesia por «derecho evangélico» (Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II, 29 septiembre 1963) y obligan a la opción fundamental por ellos. Benditas las manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

6. Al final del Jubileo de la Misericordia quise ofrecer a la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados. Quisiera que, a las demás Jornadas mundiales establecidas por mis predecesores, que son ya una tradición en la vida de nuestras comunidades, se añada esta, que aporta un elemento delicadamente evangélico y que completa a todas en su conjunto, es decir, la predilección de Jesús por los pobres.

Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial.

Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

7. Es mi deseo que las comunidades cristianas, en la semana anterior a la Jornada Mundial de los Pobres, que este año será el 19 de noviembre, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, se comprometan a organizar diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del universo, el domingo siguiente.

De hecho, la realeza de Cristo emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua.

En ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.

8. El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida. Todo lo que Jesús nos enseñó con esta oración manifiesta y recoge el grito de quien sufre a causa de la precariedad de la existencia y de la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a orar, él les respondió con las palabras de los pobres que recurren al único Padre en el que todos se reconocen como hermanos.

El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

9. Pido a los hermanos obispos, a los sacerdotes, a los diáconos —que tienen por vocación la misión de ayudar a los pobres—, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado que se comprometan para que con esta Jornada Mundial de los Pobres se establezca una tradición que sea una contribución concreta a la evangelización en el mundo contemporáneo.

Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

Vaticano, 13 de junio de 2017

Memoria de San Antonio de Padua

Francisco

NOTA: Los textos remarcados con negrita son de un servidor. Perdonen mi atrevimiento. 


El ‘rey del porno’ ofrece 10 millones de dólares por información para destituir a Trump

noviembre 10, 2017

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Larry Flynt, en una imagen de 2011.

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El responsable de la revista pornográfica Hustler publica un anuncio a página entera con su oferta de recompensa para propiciar un ‘impeachment’ presidencial

Por Joan Faus, 15 oct 17

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Es un anuncio a página entera en The Washington Post de este domingo. Hay dos frases con letras enormes en mayúsculas que sobresalen: 10 millones de dólares y Donald J. Trump.

El provocador Larry Flynt y la revista pornográfica Hustler, de la que es fundador, ofrecen esa “oferta en efectivo” a cambio de “información que lleve al impeachment y destitución” del actual presidente de Estados Unidos. El anuncio detalla un número de teléfono y un correo electrónico al que escribir. La información, destacan, se mantendrá “confidencial”.

La especulación sobre un impeachment (procesamiento) a Trump sobrevuela desde hace meses Washington ante las revelaciones de sus lazos con Rusia, pero parece un escenario improbable dado que los republicanos controlan el Congreso y por ahora no hay pruebas de irregularidad. Hay un hombre clave en ese debate: Robert Mueller.

El fiscal especial que investiga la trama rusa es quien debe determinar si Trump pudo cometer un delito de obstrucción a la justicia al despedir a James Comey como director del FBI, que lideraba las pesquisas sobre los lazos del entorno del presidente con Moscú.

Mueller también debe esclarecer si el republicano pudo coordinarse con la injerencia rusa en la campaña electoral, pero todavía está en la fase inicial de sus pesquisas.

La estrategia publicitaria de Flynt, fundador de Hustler y productor de películas pornográficas desde 1998, no es tan sorprendente. El editor, que respaldó a la demócrata Hillary Clinton en las elecciones de 2016, ya publicó en 2007 un anuncio en el Post en el que pedía información sobre gente que hubiera tenido un encuentro sexual inapropiado con algún congresista o miembro del Gobierno.

En 1998 publicó un anuncio muy similar y se especula con que derivó en la renuncia del congresista republicano Bob Livingston, que aspiraba a alcanzar la cúpula del Congreso.

En el anuncio sobre Trump, Flynt analiza un reguero de presuntas irregularidades durante la elección, y esgrime varios motivos por los que cree que el actual presidente es un peligro para EE UU.

“Hay evidencias fuertes de que la última elección fue ilegítima en muchas maneras y, que tras nueve meses tumultuosos en el cargo, Trump ha demostrado ser peligrosamente inepto”, escribe.

Recuerda que Trump no venció en el voto popular, sino en la traslación de votos según el peso demográfico de cada Estado, y alega que podría haberse beneficiado del rediseño de distritos electorales, leyes de supresión de voto y de la presunta injerencia rusa para ayudarle a ganar los comicios mediante la difusión de información comprometedora sobre Clinton.

La posibilidad de un impeachment a un presidente, vicepresidente y cualquier cargo público civil está consagrada en la Constitución estadounidense.

Pero su interpretación es amplia: puede impulsarse ante lo que se consideren casos de “traición, soborno, altos delitos o faltas”. Y es necesario un consenso significativo: la Cámara de Representantes debe aprobar por mayoría la destitución y el Senado respaldarla con el apoyo de dos tercios del pleno.

Solo ha habido dos procesos de impeachment a un presidente estadounidense. Ambos eran demócratas y la votación no avanzó en el Senado: en 1868 a Andrew Johnson y en 1998 a Bill Clinton. En 1974, el Congreso iniciaba los preparativos para tratar de destituir al presidente Richard Nixon cuando el republicano presentó su dimisión por el escándalo del caso Watergate.

En su anuncio, Flynt sostiene que hay seis motivos legales que podrían llevar a la presentación de un impeachment contra Trump: coordinarse con “un poder extranjero hostil”, en alusión a Rusia, y obstruir a la justicia con el despido de Comey; alentar a un “conflicto” violento con su defensa de grupos racistas; conflictos de intereses por el imperio empresarial del presidente; decir “cientos” de mentiras; “nepotismo” y designación de personas no cualificadas para puestos oficiales; y “sabotear” el Acuerdo de París contra el cambio climático.

El anuncio concluye así: “Creo que es mi deber patriótico y la de todos los estadounidenses, echar a Trump antes de que sea demasiado tarde”.

UN PERSONAJE POLÉMICO

EFE (WASHINGTON)

El conocido como rey del porno es un personaje polémico, que jamás ha escondido sus ideales liberales, como muestra por ejemplo en su libro Sex, Lies and Politics: The Naked Truth (Sexo, Mentiras y Política: la verdad al desnudo), publicado en 2005 y en el que criticaba con dureza al Gobierno de George W. Bush (2001-2009) por “violar las libertades de EE UU”.

Flynt, de 74 años, vive postrado en una silla de ruedas desde que fuera tiroteado en 1978 por un supremacista blanco que estaba en desacuerdo con sus publicaciones pornográficas. Su vida fue llevada al cine en 1996 por Milos Forman en la películaThe People vs. Larry Flynt (El escándalo de Larry Flynt), protagonizada por Woody Harrelson.

https://elpais.com/internacional/2017/10/15/actualidad/1508079030_983522.html

 


Cardenal Sebastián: «El nacionalismo es victimista porque es egoísta, se cree más que los demás»

noviembre 6, 2017

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El cardenal Sebastián con el Papa Francisco. Él ha hablado claramente sobre la situación que se vive en Cataluña

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No pretendo hablar desde posiciones políticas, casi ni eclesiales, me basta con hablar humanamente, cívicamente, sinceramente.

Termino diciendo a mis amigos catalanes, a todos los catalanes: os quiero, os llevo en mi corazón, sois parte de mi vida. Rezo por vosotros. Quedaos en casa, estaréis mejor. Estaremos todos mejor.

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El nacionalismo “es egoísta e insolidario. Pretende estar solo para vivir mejor”. Esta contundente afirmación la afirma sin tapujos el cardenal Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona.

En un certero analísis publicado en la revista Vida Nueva titulado Cataluña querida, el purpurado habla del proceso separatista catalán y de las causas que han llevado con él. Y lo hace con gran claridad y contundencia. Recuerda que vivió muchos años en Cataluña y también alerta de las consecuencias que entraña el nacionalismo. A continuación, el artículo íntegro del cardenal Sebastián:

Cataluña querida

Soy aragonés, pero he vivido quince años en Cataluña. Vic, Solsona, Valls. Es decir, Barcelona, Lérida y Tarragona. Conozco un poco Cataluña y a los catalanes. Tengo familiares y amigos en Cataluña. Leo literatura catalana. A mis 19 años, hice mi tesis de Filosofía sobre la antropología de Ramón Llull (tema apasionante, ¿no?).

Quiero decir que mis palabras son fruto del amor, del buen deseo y, también, del dolor. No pretendo hablar desde posiciones políticas, casi ni eclesiales, me basta con hablar humanamente, cívicamente, sinceramente.

Entiendo que la crisis actual es, en un primer plano, política, y debe ser tratada políticamente. Nos encontramos ante una verdadera insurrección institucional, dirigida desde el poder político, acompañada y potenciada desde abajo por un fuerte sentimiento popular muy difundido, previamente cultivado.

Muchos catalanes, jóvenes y adultos, están convencidos de que les conviene separarse de España. Piensan que les estamos maltratando y esta discriminación negativa les da derecho a la secesión. Ellos lo viven como un derecho a la defensa propia. Se lo han enseñado así durante treinta años.

No es verdad que el independentismo haya comenzado ahora como consecuencia de una cierta frustración democrática. El nacionalismo independentista comenzó a finales del siglo XIX, durante la Primera República, con Almirall, Guimerá, la Lliga Regionalista y las Bases de Manresa. Con el apoyo de algunos ilustres eclesiásticos. Eran los tiempos de la industrialización y de la Renaixença cultural.

Los nacionalismos, todos los nacionalismos, tienen un fondo de protesta, es como el hijo mayor que se va de casa dando un portazo. Se van porque se ven maltratados, no se sienten queridos. Pero a veces no se ven queridos porque antes han sido egoístas, porque han creído que tienen más derechos que los demás, porque no están conformes con lo que reciben en casa, aunque estén recibiendo lo mismo, y a veces más que los demás. 

El nacionalismo es siempre victimista, pero es victimista porque antes, y más profundamente, es egoísta, se cree más que los demás y quiere más que los demás. Es egoísta e insolidario. Pretende estar solo para vivir mejor.

El nacionalismo es ruptura. Se quiera o no, desgarra el tejido social, enfrenta a las personas, divide las familias. Por eso, solo es legítimo y moralmente aceptable cuando resulta ser el único remedio contra graves injusticias colectivas, de dominación o discriminación.

Aquí se habla de 500 años de convivencia. Pero son más. Cataluña formó parte no del Reino de Aragón, pero sí de la Corona de Aragón, con el rey Ramiro de Aragón y el conde Ramón Berenguer, desde el siglo XII.

La gente iba y venía, compraba y vendía, se casaban y se ayudaban en lo que podían. Luego vino la unidad de los Reyes Católicos. A Fernando le gustaba mucho estar en Barcelona. Y, en la época moderna, las relaciones de todas clases se han intensificado hasta borrar las fronteras étnicas y las diferencias idealistas. Los catalanes están y negocian por todas partes. Y en Cataluña hay españoles de todos los lugares de España.

Poco a poco hemos ido construyendo una sociedad común, con una identidad común, también con diferencias, pero con un gran patrimonio común, favorecida por las capas más profundas de nuestra cultura. Territorio, romanización, cristianismo, reconquista cristiana, unificación política, defensa contra las ambiciones napoleónicas, lucha contra las revoluciones y dominios marxistas.

Venir ahora a hablarnos del derecho de autodeterminación es vivir en otro mundo. O no querer enterarse de lo que uno tiene a su alrededor. Tenemos que vivir en la realidad, no en la burbuja de nuestras fantasías.

Durante el período democrático, con el Estado de las Autonomías, el nacionalismo catalán ha aprovechado las competencias recibidas para construir la “estructura nacional”, como decía Jordi Pujol ya en 1980. Y han intentado construirlo con tenacidad.

Aprovechando con habilidad la debilidad de los gobiernos centrales. Poco a poco, ladrillo a ladrillo, han ido reuniendo los materiales que necesitaban. Y los gobiernos del Estado no tenían más remedio que ceder y pactar para poder gobernar. Habría que revisar muchas cosas. La raíz política del mal está en nuestra misma legislación.

Pero, ahora, el problema no es únicamente político. A lo largo de estos años de vida democrática se ha convertido en un problema social y cultural. Esta ampliación cultural del independentismo ha venido por dos cauces: la educación y los medios de comunicación, dirigidos y manipulados desde el poder autonómico.

Y algo tiene que ver también en todo esto la descristianización galopante que está sufriendo Cataluña en estos años. El independentismo descristianiza y la descristianización favorece el independentismo. No valen las argumentaciones ideológicas. Hay que atenerse a la realidad.

Curar también el espíritu. Si esto es verdad -yo así lo creo-, la crisis actual no se podrá resolver solo desde las instancias políticas: hará falta una cura espiritual, cultural.

Serán necesarios bastantes años de buenas relaciones y de buen gobierno, con claridad y paciencia, para convencer a los catalanes separatistas de que les queremos, de que pueden estar bien en España, de que no les robamos ni despreciamos su lengua, que es también nuestra, ni sus tradiciones, ni sus innegables valores.

En el resto de España también habrá que cambiar ciertas actitudes centralistas, demasiado elementales, que confunden lo español con lo castellano o con lo que se hace “en toda tierra de garbanzos”. Cataluña es España y España es también Cataluña.

Pero ahora, hay demasiada gente que no lo ve ni lo siente así. Modificar un sentimiento socializado cuesta una generación, yendo las cosas bien.

Entiendo que ahora, durante un tiempo, Cataluña necesitaría un período de tranquilidad, en el que se multipliquen los contactos, los encuentros, las explicaciones, todas las atenciones posibles que sean justas y razonables, que vayan sanando la mentalidad social y cultural de los catalanes en lo referente a sus relaciones con el resto de España.

Para lo cual se requiere un cambio profundo en varios puntos:

– catalanes y no catalanes tenemos que convencernos de que nadie es ni más ni menos que los demás ciudadanos españoles;
– en Cataluña tendrán que ver que están recibiendo un trato justo, normal, sin discriminaciones, pero también sin privilegios;
– y esto tiene que ir entrando en la sociedad catalana desde una enseñanza objetiva, imparcial, no manipulada, y con unos medios de comunicación igualmente objetivos, no sectarios, ni subvencionados ni teledirigidos.

Si no se hace esto, o algo parecido, se haga ahora lo que se haga, dentro de pocos años volveremos a estar en las mismas. Los catalanes son tenaces y muy amantes de sus cosas. Y tienen todo el derecho del mundo.

Me asustan un poco los melindres democráticos de algunos políticos que quieren una intervención reducida y cortita. Habrá que hacer lo que sea necesario. ¿O no? Esta crisis es una gran oportunidad histórica. No podemos perderla.

Cómo se puede y se debe hacer algo de todo esto es ya una cuestión práctica, política, en la que prefiero no entrar.

Termino diciendo a mis amigos catalanes, a todos los catalanes: os quiero, os llevo en mi corazón, sois parte de mi vida. Rezo por vosotros. Quedaos en casa, estaréis mejor. Estaremos todos mejor.

Publicado originariamente en Vida Nueva, nº 3.056 (octubre-noviembre 2017)

https://www.religionenlibertad.com/cardenal-sebastian-nacionalismo-victimista-porque-egoista-cree-60346.htm


Instrucción Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación

noviembre 2, 2017

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Campo santo

Campo santo, cementario.

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Presentación de la Instrucción Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación

Se ha presentado esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación.

Han intervenido el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Dottrina della Fede, el Padre Serge-Thomas Bonino, O.P., secretario de la Comisión  Teológica Internacional  y mons. Ángel Rodríguez Luño, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El documento, como recordó el cardenal Müller está dirigido a los obispos de la Iglesia Católica, pero atañe directamente a la vida de todos los fieles, entre otras cosas porque ha habido un aumento incesante en la elección de la cremación  respecto al entierro en muchos países y es previsible que en un futuro próximo esta sea una praxis ordinaria. Además  hay que tener en cuenta  la difusión de otro hecho: la conservación de las cenizas en el hogar, como recuerdos conmemorativos o su dispersión en la naturaleza.

La legislación eclesiástica actual sobre  la cremación de cadáveres se rige por el Código de Derecho Canónico que dice: “La Iglesia recomienda vivamente que se conserve la piadosa costumbre de dar sepultura a los cuerpos de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que ésta haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana”.

“Aquí cabe señalar  -dijo el cardenal Müller-, que, a pesar de esta legislación, también la cremación está muy difundida en la Iglesia Católica. Con respecto a la práctica de la conservación de las cenizas, no existe legislación canónica específica. Por esta razón, algunas Conferencias Episcopales han recurrido a la Congregación para la Doctrina de la Fe, planteando cuestiones relativas a la praxis de conservar la urna funeraria en casa o, en lugares diversos del cementerio, y especialmente a la dispersión de las cenizas en la naturaleza”.

Así, después de haber escuchado a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, al Consejo Pontificio para los Textos Legislativos y a numerosas Conferencias Episcopales y Sínodos de los Obispos de las Iglesias Orientales, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha considerado oportuno publicar una nueva Instrucción con un doble objetivo: en primer lugar, reafirmar las razones doctrinales y pastorales sobre la preferencia de la sepultura de los cuerpos; y en segundo lugar, emanar normas relativas a la conservación de las cenizas en el caso de la cremación.

“La Iglesia, en primer lugar, sigue recomendando con insistencia que los cuerpos de los difuntos se entierren en el cementerio o en otro lugar sagrado, señaló  el purpurado. En  memoria de la muerte, sepultura y resurrección del Señor, la inhumación es la forma más adecuada para expresar la fe y la esperanza en la resurrección corporal. Además, la sepultura en los cementerios u otros lugares sagrados responde adecuadamente a la compasión y el respeto debido a los cuerpos de los fieles difuntos. Mostrando su aprecio por los cuerpos  de los difuntos la Iglesia confirma la creencia en la resurrección y se separa de las actitudes y los ritos que ven en la muerte la anulación definitiva de la persona, una etapa en el proceso de reencarnación o una fusión del alma con el universo”.

“Si por razones legítimas se opta por la cremación del cadáver, continuó, las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en un área especialmente dedicada a tal fin. No está permitida la conservación de las cenizas en el hogar. Sólo en casos de graves y excepcionales circunstancias, el Ordinario, de acuerdo con la Conferencia Episcopal o con el Sínodo de los Obispos, puede conceder el permiso para conservar las cenizas en el hogar. Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no se permite la dispersión de cenizas en el aire, en tierra o en agua o en cualquier otra forma, o la conversión de cenizas incineradas en recuerdos conmemorativos”.

“Es de esperar  que esta nueva Instrucción contribuya a que los fieles cristianos tomen mayor conciencia de su dignidad como “hijos de Dios”. Estamos frente a un nuevo desafío para la evangelización de la muerte, advirtió el cardenal. La aceptación de ser criaturas no destinadas a la desaparición requiere que se reconozca a Dios como  origen y destino de la existencia humana; venimos de la tierra y a la tierra volvemos, esperando la resurrección. Por lo tanto, es necesario evangelizar el significado de la muerte, a la luz de la fe en Cristo resucitado… Como escribía Tertuliano: “La resurrección de los muertos, de hecho, es la fe de los cristianos, creyendo en ella, somos tales”.

En su intervención el Padre Bonino destacó que la práctica de la sepultura debido a su alto significado antropológico y simbólico, está en sintonía, por una parte con el misterio de la resurrección y, por otro con la enseñanza del cristianismo sobre la dignidad del cuerpo humano.

“Como se afirma en los relatos evangélicos  entre el Jesús de antes de la Pascua y el Jesús resucitado hay, al mismo tiempo, discontinuidad y continuidad, afirmó. Discontinuidad porque el cuerpo de Jesús después de la resurrección está en un estado nuevo y tiene propiedades que ya no son las del cuerpo en su condición terrena, hasta el punto de que ni María Magdalena ni los discípulos lo reconocieron. Pero, al mismo tiempo, el cuerpo de Jesús resucitado es el cuerpo que ha nacido de la Virgen María, fue crucificado y enterrado, y lleva sus huellas…

Por lo tanto, no se puede negar la continuidad real entre el cuerpo enterrado y el cuerpo resucitado; una señal de que la existencia histórica, tanto la de Jesús como la nuestra, no es un juego, no es abolida en la escatología, al contrario, se transfigura. La resurrección cristiana no es, por lo tanto, ni una reencarnación del alma en un cuerpo indiferente ni una re-creación ex nihilo.

La Iglesia nunca ha dejado de afirmar que efectivamente  el cuerpo en el que vivimos y morimos es el que resucitará en el último día. Por otra parte, es el motivo por el  que los cristianos, guiados por el “sensus fidei”, veneran las reliquias de los santos. No son sólo un recuerdo en la estantería, sino que están relacionadas con la identidad del santo, una vez templo del Espíritu Santo, y esperan la resurrección. Por supuesto, sabemos que, incluso si la continuidad material se interrumpiera, como es el caso de la cremación, Dios es muy poderoso para reconstituir  nuestro propio cuerpo a partir de nuestra propia alma inmortal, que garantiza la continuidad de la identidad entre el momento la muerte y la resurrección.

Pero lo que queda en un nivel simbólico -y el hombre es un animal simbólico-  es que la continuidad se expresa de forma más adecuada por medio del entierro -“el grano de trigo que cae en la tierra”- en lugar de a través de la cremación que destruye el cuerpo”.

“El cristianismo, religión de la encarnación y resurrección, promueve lo que la Instrucción llama “la alta dignidad del cuerpo humano como una parte integral de la persona de la que el cuerpo comparte la historia”… Para la fe cristiana, el cuerpo no es toda la persona, pero es una parte integral, esencial, de su identidad. De hecho, el cuerpo es como el sacramento del alma que se manifiesta en él y por él. Como tal, el cuerpo participa en la dignidad inherente a la persona humana y al respeto que se le debe. Por eso enterrar a los muertos ya es, en el Antiguo Testamento, una de las obras de misericordia con el prójimo. La ecología integral que anhela el mundo contemporáneo, tendría que empezar por respetar el cuerpo, que no es un objeto manipulable siguiendo nuestra voluntad de potencia, sino nuestro humilde compañero para la eternidad”.

Por su parte mons. Ángel Rodríguez Luño refiriéndose a la cuestión de la dispersión de las cenizas opinó que es una decisión que “a menudo depende de la idea de que con la muerte el ser humano sea completamente aniquilado, como si ese fuera su destino final. También se puede deber a pura superficialidad, al deseo de ocultar o hacer privado cuanto se refiera a la muerte o a la difusión de modas de gusto discutible”.

“Se podría objetar –añadió- que en algunos casos la decisión de conservar en el hogar las cenizas de un pariente amado (padre, mujer, marido, hijos), esté inspirada por un deseo de cercanía y de piedad que facilite el recuerdo y la oración. No es el motivo más frecuente, pero en algunos casos puede ser así. Sin embargo, existe el peligro de que haya olvidos o faltas de respeto, sobre todo una vez pasada la primera generación, así como dar lugar a elaboraciones del luto poco sanas. Pero sobre todo, hay que observar que los fieles difuntos forman parte de la Iglesia, son objeto de oración y del recuerdo de los vivos y está bien que sus restos sean recibidos por la Iglesias y conservados con respeto a lo largo de los siglos en los lugares que la Iglesia bendice con ese fin sin que se sustraigan al recuerdo y a la oración de los demás parientes y al resto de la comunidad”.

http://www.news.va/es/news/339751


Se publica el primer libro del Papa Francisco sobre América Latina

octubre 30, 2017

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El Papa Francisco saluda a campesinos mexicanos

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Francisco da el retrato de América Latina, de la mujer en la Iglesia, de la “Patria Grande” y de los políticos…

Por Jaime Septién

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El Papa Francisco sigue dando sorpresas a la tierra que lo vio nacer. Este lunes 30 de octubre presentará su primer libro sobre América Latina.

Diez años después de Aparecida, el Papa ha concedido una serie de entrevistas sobre los temas que tanto han ocupado su pensamiento y su acción sobre Hispanoamérica o América Latina, al periodista argentino Hernán Reyes, un joven corresponsal de la Agencia Télam en Roma.

Según el adelanto de la editorial, el libro-entrevista llevará el nombre de “Latinoamérica. Conversaciones con Hernán Reyes Alcaide”.

El tema es celebrar los diez años de la Asamblea General del Consejo Episcopal Latinoamericano celebrada en mayo de 2007, en Aparecida (Brasil), donde el liderazgo del cardenal Jorge Mario Bergoglio fue visible en la redacción del documento final, así como en los temas principales de la V CELAM: el discipulado y la misión permanente para enfrentar el cambio de época en la región.

En el texto, Francisco, junto con el periodista Hernán Reyes, repasa temas como la mujer en la Iglesia, la pastoral carcelaria, las experiencias del diálogo interreligioso y ecuménico y la definición de la “Patria Grande” latinoamericana: “un concepto geopolítico que remite tanto a la idea de que existe un origen común y un destino compartido entre las naciones hispanoamericanas o iberoamericanas, como a la idea de que es necesario elaborar un proyecto político para lograr la unificación de dichas naciones que termine por honrar ese origen común y por cumplir efectivamente ese destino compartido”, según se puede leer en el artículo sobre el tema en Metapedia.

Este libro-entrevista es el primero que publica junto con un periodista no europeo y nace de los encuentros con Francisco en julio y agosto pasados en la Casa Santa Marta, donde reside el pontífice.

Se desarrolla en seis ejes temáticos que incluyen “los desafíos de y desde la región” y “el retrato del político católico latinoamericano”, además de reflexionar sobre las crisis económicas y políticas en América Latina y el papel que puede jugar –y que de hecho lleva a cabo de manera directa– el Vaticano en ellas.

De acuerdo con el adelanto del libro –que, seguramente, será un éxito de ventas en el continente, puesto que la aprobación de Francisco es extraordinaria, incluso en Estados Unidos— “el Obispo de Roma da una visión sobre el continente del que procede con ideas como el identikit del político católico latinoamericano”, algo que también enfrentó y definió San Juan Pablo II.

“Este libro —comentó el mismo Hernán Reyes, a Vatican Insider— es el resultado de una serie de encuentros con el Papa argentino en la residencia Casa Santa Marta del Vaticano, durante los que el Pontífice recuerda los 10 años de la Conferencia del episcopado latinoamericano en Aparecida, Brasil, y luego da su opinión sobre el rol de las mujeres, la situación de las cárceles, el destino de la que denomina la ‘Patria Grande’ y los políticos de la región, entre otros temas”.

Editado por Planeta, saldrá a la venta el 30 de octubre en Argentina y posteriormente en otros países latinoamericanos.

Se publica el primer libro del Papa Francisco sobre América Latina


¿Por qué la misa del sábado por la noche es válida para el domingo?

septiembre 25, 2017

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Por qué la misa del sábado por la noche es válida para el domingo

 

 

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La capacidad de cumplir con la obligación dominical en un sábado tiene unas sorprendentes raíces bíblicas

¿Por qué la misa del sábado por la noche es válida para el domingo?

Por Philip Kosloski

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Durante la mayoría de la historia de la Iglesia, se exigía los cristianos acudir a misa durante las 24 horas de un domingo para cumplir con su obligación hacia el Señor. Así se hacía de acuerdo con el mandamiento de santificar el día sagrado.

Luego, tras el Concilio Vaticano Segundo, se tomó la decisión de permitir que las misas celebradas la tarde antes “se convalidaran” como la obligación dominical. Así se estableció en el Derecho Canónico, en el que ahora se lee: “Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde” (Can. 1248 §1).

Las motivaciones detrás de este cambio eran principalmente pastorales y se vieron influidas por cambios producidos por todo el mundo. Por ejemplo, varios gobiernos y cambios culturales ya no protegían el domingo como día no laboral, así que la Iglesia en su sabiduría ideó una solución que fuera acorde con la tradición.

Ante todo, la Iglesia no se inventó la celebración de un día festivo en la tarde anterior. Según el padre Edward McNamara, “el concepto de ‘día’ en el mundo antiguo (…) dividía nuestras 24 horas en cuatro vigilias nocturnas y cuatro horas de luz, con el comienzo del día en la primera vigilia”. Esto significaba que el ‘día’ no comenzaba a la medianoche, sino con el ocaso (recordemos que los pueblos antiguos no tenían relojes).

Esto se confirmó aún más con la práctica judía de observar el sabbat el sábado. Según la ley judía, “el sabbat es un día de reposo y celebración que comienza el viernes con el ocaso y termina la tarde del día siguiente con la caída de la noche”. Una de sus justificaciones para esta práctica viene de un suceso ocurrido durante el exilio en el desierto.

Para satisfacer las necesidades físicas de su pueblo, Dios envió codornices y maná. Moisés dice en Éxodo: “Esta tarde ustedes sabrán que ha sido el Señor el que los hizo salir de Egipto, y por la mañana verán la gloria del Señor (…) Esta tarde el Señor les dará carne para comer, y por la mañana hará que tengan pan hasta saciarse, ya que escuchó las protestas que ustedes dirigieron contra él” (Éxodo 16, 6-8). En este caso, Dios proporcionó alimento tanto para la tarde anterior como para la mañana siguiente.

En el simbolismo cristiano, esto hace referencia al maná y la carne eucarísticos que Dios ofrece a su Iglesia durante la misa.

Así que, aunque pueda parecer extraño celebrar el domingo un sábado, no es nada nuevo, sino que tiene unas sorprendentes raíces bíblicas.