El maná de cada día, 2.7.19

julio 2, 2019

Martes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

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Se levantó una gran tempestad

Se levantó una gran tempestad



PRIMERA LECTURA: Génesis 19, 15-29

En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot: —Vamos, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no perezcan por culpa de Sodoma.
Y como no se decidía, les agarraron de la mano a él, a su mujer y a las dos hijas—el Señor los perdonaba—, los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad.

Y cuando los sacaron fuera, le dijeron: —Ponte a salvo; no mires atrás.
No te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer.
Lot les respondió: —No, por favor.

Vuestro siervo ha alcanzado vuestro favor, pues me habéis tratado con gran misericordia, salvándome la vida; yo no puedo ponerme a salvo en los montes, la desgracia me alcanzará y moriré.

Mira, hay ahí cerca una ciudad pequeña, donde puedo refugiarme y salvar la vida. La ciudad es pequeña, y yo quedaré vivo.

Le contestó: —Accedo a lo que pides, no arrasaré la ciudad que dices.
Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues allá.
Por eso se llama la ciudad Soar.

Salía el sol cuando Lot llegó a Soar. El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el cielo. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en estatua de sal.

Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado delante del Señor.
Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como humo de horno.

Cuando el Señor destruyó las ciudades de la vega, se acordó de Abrahán y sacó a Lot de la catástrofe, al arrasar las ciudades en que había vivido Lot.


SALMO 25. 2-3. 9-10. 11-12

Tengo ante mis ojos, Señor, tu bondad.

Escrútame, Señor, ponme a prueba, sondea mis entrañas y mi corazón; porque tengo ante los ojos tu bondad, y camino en tu verdad.

No arrebates mi alma con los pecadores, ni mi vida con los sanguinarios, que en su izquierda llevan infamias, y su derecha está llena de sobornos.

Yo, en cambio, camino en la integridad; sálvame, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino llano, en la asamblea bendeciré al Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 129, 5

Espero en el Señor, espero en su palabra.



EVANGELIO: Mateo 8, 23-27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto se levantó un temporal tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.

Se acercaron los discípulos y lo despertaron gritándole: —¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! Él les dijo: —¡Cobardes ! ¡Qué poca fe! Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.

Ellos se preguntaban admirados: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!
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MAESTRO, ¿NO TE IMPORTA QUE NOS HUNDAMOS?

Aquel día, al atardecer, los apóstoles, una vez más, se dispusieron a atravesar el lago para llegar a la otra orilla. Nadie sospechaba que una espectacular tormenta iba a sorprenderles lejos de la orilla y bien entrados en alta mar.

A pesar de la agitación, de las voces de los marineros, de los tumbos que daba la barca entre las olas encrespadas, del afán por mantenerse a flote, de los trabajos por achicar el agua de la barca, el Señor lograba dormir, allá, en la popa del barco, recostado serenamente sobre una especie de almohadón.

El enfado de los apóstoles debió ser mayúsculo, más que por el aprieto de la situación por ver que el Maestro seguía dormido y, aparentemente, sin preocuparse lo más mínimo por las dificultades de los apóstoles y por el peligro de naufragar.

Sólo cuando el susto y el enfado se hicieron insoportables, los apóstoles despertaron al Maestro reprochándole su inacción y su desinterés. Le habían visto hacer tantos milagros, en situaciones aparentemente menos urgentes, que no podían entender cómo a ellos, a los suyos, no les sacaba de aquel apuro.

Debió de desconcertarles la calma y la serena autoridad con que el Señor increpó a los vientos e hizo calmar las aguas. Y debió desconcertarles aún más el reproche que salió de sus labios: ¡hombres de poca fe! ¿por qué tenéis miedo?

El Señor no reprochó a aquellos expertos marineros sus enfados o su torpe pericia para salvarse de aquella tormenta. Tampoco les ahorró los trabajos y fatigas con los que intentaban salvar la barca del naufragio. Sólo cuando los apóstoles dejaron de confiar únicamente en sus propias fuerzas y recursos, el Señor pudo hacer un milagro portentoso.

No fue el sueño y la inacción del Señor lo que les condujo a una situación límite; fueron los apóstoles los que, fiados de sí mismos, llegaron ellos solos a una situación límite, en la que no les quedó más remedio que rendirse y doblegar su autosuficiencia ante la omnipotencia de Dios.

Cuándo comprenderemos que es nuestra orgullosa autosuficiencia y nuestra ceguera para ver al Señor dentro de nuestra barca lo que retrasa y dificulta el poder y la acción de Dios.

Lañas diarias www.mater-dei.es

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El maná de cada día, 1.7.19

julio 1, 2019

Lunes de la 13ª Semana del Tiempo Ordinario

Deja que los muertos entierren a sus muertos

Deja que los muertos entierren a sus muertos



PRIMERA LECTURA: Génesis 18, 16-33

Cuando los hombres se levantaron de junto a la encina de Mambré, miraron hacia Sodoma; Abrahán los acompañaba para despedirlos.

El Señor pensó: —¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que pienso hacer? Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso, con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra; lo he escogido para que instruya a sus hijos, su casa y sus sucesores, para mantenerse en el camino del Señor haciendo justicia y derecho; y así cumplirá el Señor a Abrahán lo que le ha prometido.

El Señor dijo: —La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.

Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: —¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa! , matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?

El Señor contestó: —Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.

Abrahán respondió: —Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?

Respondió el Señor: —No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.

Abrahán insistió: quizá no se encuentren más que cuarenta.
—En atención a los cuarenta, no lo haré.

Abrahán siguió hablando: que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?

—No lo haré, si encuentro allí treinta.

Insistió Abrahán: —Me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran veinte?

Respondió el Señor: —En atención a los veinte no la destruiré.

Abrahán continuó: Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?

Contestó el Señor: —En atención a los diez no la destruiré.

Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su puesto.


SALMO 102, 1-2. 3-4. 8-9. 10-11

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando, ni guarda rencor perpetuo.

No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas; como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO: Mateo 8, 18-22

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla.

Se le acercó un letrado y le dijo: —Maestro, te seguiré adonde vayas.

Jesús le respondió: —Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.

Otro que era discípulo, le dijo: —Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.

Jesús le replicó: —Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.


EL SEÑOR ELIGIÓ A LOS QUE QUISO

San Agustín (Sermón 100,1-3)

Escuchad lo que Dios me ha inspirado sobre este capítulo del evangelio. En él se lee cómo el Señor se comportó distintamente con tres hombres. Rechazó a uno que se ofreció a seguirlo; a otro que no se atrevía, lo animó; por fin, censuró a un tercero que lo difería. ¿Quién más dispuesto, más resuelto, más decidido ante un bien tan excelente, como es seguir al Señor a donde quiera que vaya, que el que dijo: Señor, te seguiré adondequiera que vayas? (Lc 9, 57).

Lleno de admiración, pregunta: «¿Cómo es eso? ¿Cómo desagradó al maestro bueno, nuestro Señor Jesucristo, que va en busca de discípulos para darles el reino de los cielos, hombre tan bien dispuesto?». Como se trataba de un maestro que preveía el futuro, entendemos que este hombre, hermanos míos, si hubiera seguido a Cristo, hubiera buscado su propio interés, no el de Jesucristo, pues el mismo Señor dijo: No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos (Mt 7, 21).

Éste era uno de ellos; no se conocía a sí mismo, como lo conocía el médico que lo examinaba, porque si ya se conocía mentiroso, falaz y doble, no conocía a quién hablaba. Pues es él de quien dice el evangelista: No necesitaba que nadie le informase sobre el hombre, pues él sabía lo que había en el hombre (Jn 2, 25). ¿Y qué le respondió? Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza (Lc 9, 58).

Pero, ¿dónde no tiene? En tu fe. Las zorras tienen escondites en su corazón: eres falaz. Las aves del cielo tienen nidos en su corazón: eres soberbio. Siendo mentiroso y soberbio, no puedes seguirme. ¿Cómo puede seguir la doblez a la simplicidad?

En cambio, a otro que está siempre callado, que no dice nada y nada promete, le dice: Sígueme (Lc 9, 59). Cuanto era el mal que veía en el otro, tanto era el bien que veía en éste. Al que no quiere, le dice: Sígueme. Tienes un hombre dispuesto -te seguiré adondequiera que vayas-, y dices: Sígueme a quien no quiere seguirte. «A éste -dice- lo excluyo, porque veo en él madrigueras, veo en él nidos».

Pero ¿por qué molestas a ése que invitas y se excusa? Mira que le impeles y no viene, le ruegas y no te sigue; pues, ¿qué dice? Iré primero a enterrar a mi padre (ib.). Mostraba al Señor la fe de su corazón, pero le retenía la piedad. Cuando nuestra Señor Jesucristo destina a los hombres al evangelio, no quiere que se interponga excusa alguna de piedad carnal y temporal. Ciertamente la ley ordena esta acción piadosa, y el mismo Señor acusó a los judíos de echar abajo ese mandato de Dios. También dice San Pablo en su carta: Éste es el primer mandamiento de la promesa. ¿Cuál? Honra a tu padre y a tu madre (Ef 6, 2).

No hay duda de que es mandato de Dios. Este joven, pues, quería obedecer a Dios, dando sepultura a su padre. Pero hay lugares, tiempos y asuntos apropiados a este asunto, tiempo y lugar. Ha de honrarse al padre, pero ha de obedecerse a Dios; ha de amarse al progenitor, pero ha de anteponerse el Creador. Yo -dice Jesús- te llamo al evangelio; te llamo para obra más importante que la que tú quieres hacer. Deja a los muertos que entierren a sus muertos (Le 9, 60).

Tu padre ha muerto. Hay otros muertos que pueden enterrar a los muertos. ¿Quiénes son los muertos que sepultan a los muertos? ¿Puede ser enterrado un muerto por otros muertos?… Le amortajan, le llevan a enterrar y le lloran, a pesar de estar muertos, porque aquí se trata de los infieles.

En este texto nos ordenó el Señor lo que está escrito en el Cantar de los Cantares: Ordenad en mí el amor (Cant 2, 4). ¿Qué significan esas palabras? Estableced una jerarquía, un orden y dad a cada uno lo que se le debe. No sometáis lo primario a lo secundario. Amad a los padres, pero anteponed a Dios.

Contemplad a la madre de los Macabeos: Hijos, no sé cómo aparecisteis en mi seno (2 Mac 7). Pude concebiros y daros a luz, pero no pude formaros. Luego oíd a Dios, anteponedle a mí, no os importe el que me quede sin vosotros. Se lo indicó y lo cumplieron. Lo que enseñó la madre a sus hijos, eso mismo enseñaba nuestro Señor Jesucristo a aquel a quien decía: Sígueme.

Ahora entra en escena otro que quiere ser discípulo, quien, sin nadie haberle dicho nada, confiesa: Te seguiré, Señor, pero antes voy a comunicárselo a los de mi casa (Lc 9, 61). En mi opinión, el sentido de las palabras es el siguiente: «Avisaré a los míos, no sea que, como suele acontecer, me busquen».

Pero el Señor le replicó: Nadie que pone las manos en el arado y mira atrás es apto para el reino de los cielos (ib.). Te llama el oriente y tú miras a occidente. El presente capítulo nos enseña que el Señor eligió a los que quiso. Como dice el Apóstol, eligió según su gracia y conforme a la justicia de ellos.


Andrea Tornielli: “No hay ingenuidad en las Orientaciones Pastorales para el clero chino”

junio 28, 2019

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Mujeres chinas hacen la limpieza de la iglesia de la comunidad

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Andrea Tornielli: “No hay ingenuidad en las Orientaciones Pastorales para el clero chino”

“La Santa Sede es consciente de las limitaciones y de las ‘presiones intimidatorias’ que sufren muchos católicos chinos, pero quiere demostrar que se puede mirar hacia adelante”

“Es la diligencia del Papa la que permite anclar estas Orientaciones sobre la esperanza cristiana, siguiendo al Espíritu que impulsa a la Iglesia a escribir una página nueva”

(Andrea Tornielli, director de los ‘media’ vaticanos, Vatican News).- Absoluto respeto a la libertad de conciencia de cada uno, cercanía y comprensión de la situación que aún viven las comunidades católicas, sugerencias para opciones operativas concretas que permitan al Clero chino inscribirse sin dejar de lado lo que la Iglesia católica ha creído siempre sobre la comunión con el Sucesor de Pedro.

Es esto lo que contiene la Nota de la Santa Sede sobre las Orientaciones Pastorales para los Obispos y sacerdotes de la República Popular China.

En el origen del documento están las muchas preguntas llegadas al Vaticano por parte del Clero de China: ¿Qué comportamiento adoptar ante la urgente solicitud de inscribirse de acuerdo a lo establecido por la ley por las autoridades políticas? ¿Qué hacer con el dilema de la conciencia representado por algunos textos problemáticos que a menudo se les pide que firmen?

Ante estos interrogantes, la Santa Sede responde sobre todo reafirmando un principio general fundamental: debe ser respetada la libertad de conciencia y, por lo tanto nadie puede ser obligado a dar un paso que no tiene la intención de realizarlo.

El principio de un camino

La firma del Acuerdo Provisorio entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de Obispos de septiembre de 2018 ha iniciado un camino nuevo en las relaciones chino-vaticanas y ha llevado al primer resultado importante de la plena comunión de todos los obispos chinos con el Papa.

Pero no todas las dificultades se han resuelto: el Acuerdo representa, de hecho, sólo el principio de un camino.

Una de las dificultades actuales se refiere a la petición dirigida a los sacerdotes y obispos para que se inscriban oficialmente ante las autoridades, tal y como prescribe la legislación china.

A pesar del compromiso de querer encontrar una solución aceptable y compartida, en diferentes regiones de la República Popular China se proponen a los sacerdotes textos para firmar que no están conformes con la doctrina católica, que crea comprensibles dificultades de conciencia, ahí donde se les pide aceptar el principio de independencia, autonomía y autogestión de la Iglesia en China.

La situación actual es muy diferente a la de los años Cincuenta, cuando se intentó crear una Iglesia nacional china separada de Roma. Hoy, gracias al Acuerdo Provisorio, las autoridades de Pekín reconocen el rol peculiar del Obispo de Roma en la elección de los candidatos al episcopado y, por tanto, su autoridad como pastor de la Iglesia Universal.

La Santa Sede continúa trabajando, para que toda declaración, requerida en el momento de la inscripción, se ajuste no sólo a las leyes chinas, sino también a la doctrina católica y, por lo tanto, aceptable para los Obispos y sacerdotes.

Una sugerencia del Papa Ratzinger

Teniendo en cuenta la situación particular que viven las comunidades cristianas del País, en espera de superar definitivamente el problema, la Santa Sede sugiere, por tanto, una posible modalidad concreta para permitir a la persona que se encuentra en duda, pero deseosa de inscribirse, que pueda resolver sus reservas.

Se trata de una sugerencia que se introduce en el surco inaugurado por la Carta a los católicos chinos publicada en mayo de 2007 por Benedicto XVI.

En ese texto, el Papa Ratzinger reconocía que «en bastantes casos concretos, si no en casi todos, en el proceso de reconocimiento intervienen organismos que obligan a las personas implicadas a asumir actitudes, a realizar gestos y a adquirir compromisos que son contrarios a los dictámenes de su conciencia como católicos».

Y agregaba: «Comprendo, pues, lo difícil que resulta determinar en estas diversas condiciones y circunstancias la opción correcta para actuar. Por este motivo la Santa Sede, después de reafirmar los principios, deja la decisión a cada Obispo que, después de escuchar a su presbiterio, está en condiciones de conocer mejor la situación local, sopesar las posibilidades concretas de opción y valorar las eventuales consecuencias dentro de la comunidad diocesana».

Hace doce años atrás, por lo tanto, el Papa mostraba comprensión y, de hecho, autorizaba a cada uno de los Obispos a decidir pensando en primer lugar en el bien de sus respectivas comunidades.

Sugerencias para el Clero chino en el respeto de la libertad de conciencia – Vatican News https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2019-06/vaticano-editorial-clero-chino-libertad-conciencia-gobierno.html#.XRYcOVpMGto.twitter 

Las Orientaciones pastorales de la Santa Sede para Obispos y sacerdotes ante la solicitud de las autoridades gubernamentales de inscribirse …

Sin dejar de lado la doctrina

Hoy la Santa Sede realiza una ulterior etapa de carácter pastoral en el camino emprendido y en un contexto objetivamente diferente del pasado. Con las Orientaciones Pastorales ahora publicadas, se sugiere la posibilidad de que los Obispos y sacerdotes pidan, en el momento de la inscripción, que se añada una frase escrita, donde se afirme que la independencia, autonomía y autogestión de la Iglesia se entienden sin dejar de lado la doctrina católica.

Es decir, como independencia política, autonomía administrativa y autogestión pastoral, la misma que viven todas las Iglesias locales del mundo.

Si no fuera permitido hacer el añadido por escrito, al Obispo o sacerdote que quiere inscribirse se le sugiere la oportunidad de hacer esta puntualización al menos verbalmente, posiblemente en presencia de un testigo. Y también se le pide que informe inmediatamente a su propio Obispo de la inscripción y de las circunstancias en las que se ha realizado. En cambio, quien no esté seguro de inscribirse en estas condiciones, no debe sufrir presiones indebidas.

Una mirada realista

Es evidente el origen del documento: una mirada realista a la situación existente y a las dificultades aún presentes, la intención de ayudar a quien se encuentra en la duda respetando siempre la conciencia de cada uno en la conciencia de los sufrimientos sufridos, la voluntad de contribuir a la unidad de los católicos chinos y de favorecer el público ejercicio del ministerio episcopal y sacerdotal para el bien de los fieles: de hecho, la clandestinidad, como escribía Benedicto XVI en su Carta, «no está contemplada en la normalidad de la vida de la Iglesia».

También entre las líneas de esta última Nota de la Santa Sede se vislumbra la ley suprema de la “salus animarum”, la salvación de las almas, y la intención de cooperar por la unidad de las comunidades católicas chinas, según una mirada evangélica que manifiesta cercanía y comprensión por lo que han vivido y están viviendo los fieles en China.

En su Mensaje del 26 de septiembre de 2018 a los católicos chinos, el Papa Francisco había expresado «sentimientos de gratitud al Señor y de sincera admiración —que es la admiración de toda la Iglesia católica— por el don de vuestra fidelidad, de la constancia en la prueba, de la arraigada confianza en la Providencia divina, también cuando ciertos acontecimientos se demostraron particularmente adversos y difíciles».

Finalmente, hay que decir con claridad: no hay ingenuidad en las Orientaciones Pastorales. La Santa Sede es consciente de las limitaciones y de las “presiones intimidatorias” que sufren muchos católicos chinos, pero quiere demostrar que se puede mirar hacia adelante y caminar sin desviarse de los principios fundamentales de la comunión eclesial.

Es la diligencia del Papa la que permite anclar estas Orientaciones sobre la esperanza cristiana, siguiendo al Espíritu que impulsa a la Iglesia a escribir una página nueva.

https://www.religiondigital.org/vaticano/Andrea-Tornielli-ingenuidad-Orientaciones-Pastorales-clero-china-libertad-conciencia_0_2135186489.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter


Cardenal Sarah aclara a sacerdote jesuita cómo evangelizar a homosexuales

junio 26, 2019

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Cardenal Robert Sarah / Foto: Bohumil Petrik (ACI Prensa)

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Cardenal Sarah aclara a sacerdote jesuita cómo evangelizar a homosexuales

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La pastoral con personas homosexuales debe basarse en la verdad del Evangelio, sobre todo “de parte de los clérigos que hablan en nombre de la Iglesia”, señaló el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en respuesta al P. James Martin, sacerdote americano que aprueba las relaciones entre personas del mismo sexo.

“La Iglesia Católica ha sido criticada por muchos, incluyendo algunos de sus propios seguidores, por su respuesta pastoral a la comunidad LGBT. Esta crítica merece una respuesta: no para defender las prácticas de la Iglesia sin pensar, sino para determinar si nosotros, como discípulos del Señor, estamos llegando efectivamente a un grupo necesitado”, señaló.

En ese sentido, en un artículo publicado en The Wall Street Journal, el Purpurado se refirió al sacerdote jesuita, “uno de los críticos más abiertos al mensaje de la iglesia con respecto a la sexualidad” y en cuyo libro “Construyendo un Puente” “repite la crítica común de que los católicos han criticado severamente la homosexualidad y descuidado la importancia de la integridad sexual entre todos sus seguidores”.

El Cardenal Sarah indicó que “el P. Martin está en lo correcto al argumentar que no debe haber ningún doble rasero con respecto a la virtud de la castidad, que, por más desafiante que sea, es parte de las buenas nuevas de Jesucristo para todos los cristianos”. Sin embargo, recordó, “para los solteros, sin importar sus atracciones, la fiel castidad requiere la abstención del sexo”.

El Purpurado dijo que “esto puede parecer un estándar alto, especialmente hoy en día. Sin embargo, sería contrario a la sabiduría y la bondad de Cristo exigir algo que no se puede lograr”.

“Jesús nos llama a esta virtud porque Él ha hecho nuestros corazones para la pureza, así como él ha hecho nuestras mentes para la verdad. Con la gracia de Dios y nuestra perseverancia, la castidad no sólo es posible, sino que también será la fuente de la verdadera libertad”, recordó.

El Prefecto indicó que no se necesita “mirar muy lejos para ver las tristes consecuencias del rechazo al plan de Dios para la intimidad y el amor humanos”. “La liberación sexual que el mundo promueve no cumple su promesa”, señaló.

“Más bien, la promiscuidad es la causa de tanto sufrimiento innecesario, de corazones rotos, de soledad y del tratamiento a los demás como medios para la satisfacción sexual. Como Madre, la Iglesia busca proteger a sus hijos del daño del pecado, como expresión de su caridad pastoral”.

En ese sentido, “en su enseñanza sobre la homosexualidad”, la Iglesia guía a los fieles “al distinguir sus identidades de sus atracciones y acciones. Primero están las personas mismas, que son siempre buenas porque son hijos de Dios. Luego hay las atracciones del mismo sexo, que no son pecaminosas si no son deseadas o actuadas, pero están en desacuerdo con la naturaleza humana”.

“Finalmente están las relaciones del mismo sexo, que son gravemente pecaminosas y perjudiciales para el bienestar de los que participan en ellas. Las personas que se identifican como miembros de la comunidad LGBT se deben a esta verdad en la caridad, especialmente de parte de los clérigos que hablan en nombre de la iglesia sobre este tema complejo y difícil”, advirtió.

La autoridad vaticana aseguró sus oraciones para que “el mundo finalmente oiga las voces de los cristianos que experimentan las atracciones del mismo sexo y que han descubierto la paz y la alegría al vivir la verdad del Evangelio”.

Entre estos recuerda a Daniel Mattson, autor del libro “¿Por qué no me llamo gay?: cómo recuperé mi realidad sexual y encontré la paz” y cuyo prólogo fue escrito por el Cardenal Sarah.

El Purpurado señaló que estas personas “testifican del poder de la gracia, de la nobleza y de la resiliencia del corazón humano, y de la verdad de la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad”.

“En muchos casos han vivido aparte del Evangelio por un tiempo, pero han sido reconciliados con Cristo y su Iglesia. Sus vidas no son fáciles ni sacrificadas. Sus inclinaciones del mismo sexo no han sido vencidas. Pero han descubierto la belleza de la castidad y de las castas amistades”.

En ese sentido, señaló que “su ejemplo merece respeto y atención, porque tienen mucho que enseñarnos a todos sobre cómo acoger mejor y acompañar a nuestros hermanos y hermanas en una auténtica caridad pastoral”.

También te puede interesar: Cardenal Sarah: Obispos y sacerdotes “humillan” a gays al no llamarlos a la castidad http://bit.ly/2sK6aLd 

https://www.aciprensa.com/noticias/cardenal-sarah-responde-con-firmeza-a-sacerdote-que-aprueba-relaciones-homosexuales-66050


El maná de cada día, 21.6.19

junio 21, 2019

Viernes de la 11ª semana de Tiempo Ordinario

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Atesorad tesoros en el cielo

Tesoros, pero en el cielo



PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 11, 18. 21b-30

Hermanos:

Son tantos los que presumen de títulos humanos, que también yo voy a presumir. Pues, si otros se dan importancia, hablo disparatando, voy a dármela yo también.

¿Que son hebreos?, también yo; ¿que son linaje de Israel?, también yo; ¿que son descendientes de Abrahán?, también yo; ¿que sirven a Cristo?, voy a decir un disparate: mucho más yo.

Les gano en fatigas, les gano en cárceles, no digamos en palizas y en peligros de muerte, muchísimos; los judíos me han azotado cinco veces, con los cuarenta golpes menos uno; tres veces he sido apaleado, una vez me han apedreado, he tenido tres naufragios y pasé una noche y un día en el agua.

Cuántos viajes a pie, con peligros de ríos, con peligros de bandoleros, peligros entre mi gente, peligros entre gentiles, peligros en la ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros con los falsos hermanos. Muerto de cansancio, sin dormir muchas noches, con hambre y sed, a menudo en ayunas, con frío y sin ropa.

Y, aparte todo lo demás, la carga de cada día, la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿quién cae sin que a mí me dé fiebre? Si hay que presumir, presumiré de lo que muestra mi debilidad.



SALMO 33, 2-3. 4-5. 6-7

El Señor libra a los justos de sus angustias.

Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 3

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.



EVANGELIO: Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban.

Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»
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MIRAR AL CIELO

Nos cuesta mucho pensar en el «más allá», quizá porque no vivimos el «más acá» con un verdadero sentido trascendente. Estamos pegados a las cosas, a nuestras ambiciones, a nuestras necesidades, como si fueran la única razón, o la más importante, de nuestra existencia, buscando sustitutivos que nos motiven, aunque sepamos que nunca nos darán la felicidad plena que buscamos.

Muchas veces habla Jesús del Cielo. Incluso levanta los ojos para implorar al Padre, cuando le da gracias, cuando realiza un milagro, cuando busca la intercesión del Todopoderoso para que cuide a esos discípulos que deja en el mundo. Todos esos momentos tienen sentido en ese hogar definitivo que es el Cielo.

Las Bienaventuranzas, por ejemplo, alcanzan su plenitud cuando, después de relatar los innumerables condicionamientos a los que estamos sujetos en esta tierra de sinsabores y limitaciones, anuncia que todo sufrimiento presente se transformará en un derroche de felicidad y una dicha eterna, cuando lleguemos allá, a la patria del consuelo: el Cielo.

Sí, nos cuesta mirar a lo alto. No es una invitación a evadirnos de la desabrida realidad, sino a darle su pleno y verdadero sentido. Nuestra vida ha de levantarse teniendo los pies firmes en el suelo y el corazón abierto, de par en par, a la misericordia de Dios.

Él nos convida a rectificar constantemente nuestra intención, sabiendo que la esperanza, además de virtud cristiana, es el alimento permanente que nos sitúa en lo que somos: hijos de un Dios que busca nuestra salvación eterna.

Has de desear y gustar el Cielo, ya ahora, aun en medio de tus sinsabores y disgustos, pues sólo la Cruz es camino hacia la Gloria. La vida nos ha de ir acostumbrando a esa gloria que nos espera para siempre junto a Dios.

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El maná de cada día, 20.6.19

junio 20, 2019

Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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padrenuestro

Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis



PRIMERA LECTURA: 2 Cor 11, 1-11

Hermanos:

¡Ojalá me toleraseis algo de locura!; aunque ya sé que me la toleráis.
Tengo celos de vosotros, los celos de Dios, pues os he desposado con un solo marido, para presentaros a Cristo como una virgen casta.

Pero me temo que, lo mismo que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes, apartándose de la sinceridad y de la pureza debida a Cristo.

Pues, si se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que os he predicado, u os propone recibir un espíritu diferente del que recibisteis, o aceptar un Evangelio diferente del que aceptasteis, lo toleráis tan tranquilos.

No me creo en nada inferior a esos superapóstoles. En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado.

¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios? Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio. Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesitado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mi necesidad.

Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada. Por la verdad de Cristo que hay en mí: nadie en toda Grecia me quitará esta satisfacción. ¿Por qué? ¿Porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así.


SALMO 110, 1-2. 3-4. 7-8

Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre. Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.

Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud.


ALELUYA: Rm 8, 15

Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡“Abba”, Padre!».


EVANGELIO: Mt 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».


El maná de cada día, 14.6.19

junio 14, 2019

Viernes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

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clay pots

Llevamos el tesoro en vasijas de barro

 

PRIMERA LECTURA: 2 Corintios 4, 7-15

Hermanos: Llevamos el tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.

Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.

Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.

Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.


SALMO 115, 10-11. 15-16. 17-18

Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

Tenia fe, aun cuando dije: «¡Qué desgraciado soy!» Yo decía en mi apuro: «Los hombres son unos mentirosos».

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.


ALELUYA: Filipenses 2, 15.16

Brilláis como lumbreras del mundo, manteniendo firme la palabra de la vida.


EVANGELIO: Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio».
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RECONOCER NUESTRA VULNERABILIDAD
Papa Francisco. Capilla Casa Santa Marta
Viernes 16 de junio de 2017

El secreto para ser «muy felices» es reconocerse siempre débiles y pecadores, es decir «recipientes de barro», ese material pobre pero que sin embargo puede contener incluso «el tesoro más grande: la potencia de Dios que nos salva». Y es ante la tentación de muchos cristianos de maquillarse para aparentar ser «recipientes de oro» en cambio, hipócritamente «suficientes por si mismos», que Francisco puso en guardia en la misa celebrada el viernes 16 de junio en Santa Marta.

«En este cuarto capítulo de la segunda carta a los Corintios —enseguida hizo presente el Papa refiriéndose al pasaje propuesto por la liturgia (4, 7-15)— Pablo habla del misterio de Cristo, habla de la fuerza del misterio de Cristo, de la potencia del misterio de Cristo». Y luego, explicó, el apóstol «continua con el pasaje que hemos leído: “hermanos, llevamos este tesoro —Cristo— en recipientes de barro”». Entonces, volvió a insistir Francisco, «este tesoro de Cristo nosotros lo tenemos, pero en nuestra fragilidad: nosotros somos barro». Es «un gran tesoro en recipientes de barro: ¿pero esto por qué?». La respuesta de Pablo es clara: «para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros».

He aquí entonces, afirmó el Pontífice, «la potencia de Dios, la fuerza de Dios que salva, que sana, que pone en pie, y la debilidad del barro, que somos nosotros». Con la conciencia, por ello, de que «ninguno de nosotros se puede salvar a si mismo: todos necesitamos la potencia de Dios, la potencia del Señor, para ser salvados».

Esta verdad, recordó el Pontífice, «es como un leitmotiv en las cartas de Pablo». Y efectivamente «el Señor dice a Pablo: “mi potencia se manifiesta plenamente en la debilidad. Si no hay debilidad, mi potencia no puede manifestarse”». De ahí la eficaz imagen del «recipiente, pero el recipiente débil, de barro». Así prosiguió el Papa, «cuando Pablo se lamenta y pide al señor que le libere de los ataques de Satanás, dice él, que le humilla y avergüenza, ¿qué responde el Señor? “Te basta mi gracia, tú continúa siendo barro, que la potencia de salvación la tengo yo”».

Precisamente «esta es la realidad de nuestra vulnerabilidad» explicó Francisco. Porque «todos nosotros somos vulnerables, frágiles, débiles y necesitamos ser sanados». Pablo lo dice con fuerza en su carta a los Corintios: «somos atribulados, aplastados, perseguidos, derribados como manifestación de nuestra debilidad». He aquí la «debilidad de Pablo, manifestación del barro». Y «esta es nuestra vulnerabilidad: una de las cosas más difíciles en la vida es reconocer la propia vulnerabilidad».

«Otras veces —admitió el Papa— intentamos cubrir la vulnerabilidad, que no se vea; o la maquillamos, para que no se vea»; o terminamos por «disimular». Tanto que «el mismo Pablo, al inicio de este capítulo» de la segunda carta a los Corintios, dice: «Cuando he caído en las disimulaciones vergonzosas». Porque «las disimulaciones son vergonzosas, siempre; son hipócritas, porque hay una hipocresía hacia los demás». Y efectivamente «a los doctores de la ley el Señor dice: “hipócritas”». Pero, advirtió el Pontífice, «hay otra hipocresía: afrontar a nosotros mismos, es decir cuando yo creo ser otra cosa distinta de lo que soy, creo que no necesito sanación, no necesito apoyo; creo que no estoy hecho de barro, que tengo un tesoro “mío”». Y esto, hizo presente Francisco, «es el camino, es el camino hacia la vanidad, la soberbia, la autorreferencialidad de los que no sintiéndose de barro, buscan la salvación, la plenitud de si mismos».

No se debe olvidar nunca por ello, que es «la potencia de Dios que nos salva», recordó el Pontífice. Porque «nuestra vulnerabilidad Pablo la reconoce», diciendo sin medios términos: «somos atribulados, pero no aplastados porque la potencia de Dios nos salva». Y por esta misma razón Pablo reconoce también que «estamos perplejos mas no desesperados: hay algo de Dios que nos da esperanza». Y entonces «somos perseguidos pero no abandonados; derribados pero no aniquilados: siempre hay esta relación entre el barro y la potencia, el barro y el tesoro». Así verdaderamente «nosotros tenemos un tesoro en recipientes de barro, pero la tentación es siempre la misma: cubrir, disimular, no creer que somos barro», cediendo así a «aquella hipocresía respecto a nosotros mismos».

«Pablo nos lleva, con este modo de pensar, de razonar, de predicar la palabra de Dios, a un diálogo entre el tesoro y el barro», siguió afirmando Francisco. «Un diálogo que continuamente debemos hacer para ser honestos» añadió, indicando a modo de ejemplo «cuando vamos a confesarnos» y quizás reconocemos: «sí, he hecho esto, he pensado esto». Y así «decimos los pecados como si fueran una lista de precios en el mercado: he hecho esto, esto, esto». Pero según el Papa, la verdadera pregunta que hay que plantearse es: «¿tú tienes conciencia de este barro, de esta debilidad, de esta vulnerabilidad tuya?». Porque «es difícil aceptarla».

«También cuando nosotros decimos “somos todos pecadores” —prosiguió el Pontífice— quizás es una palabra que decimos así», sin pensar del todo en el significado. Por lo que es oportuno hacer un examen de conciencia con uno mismo, preguntándonos si «tenemos conciencia de ser barro, débiles, pecadores», conscientes de que «sin la potencia de Dios» no podemos «seguir adelante». ¿O bien «creemos que la confesión sea blanquear un poco el barro y con esto es más fuerte? ¡no!». Pero «está la vergüenza —continuó afirmando Francisco— que ensancha el corazón para que entre la potencia de Dios, la fuerza de Dios». Precisamente «la vergüenza de ser barro y no ser un recipiente de plata y oro: ser barro». Y «si nosotros llegamos a este punto, seremos muy felices».

Siempre respecto al «diálogo entre la potencia de Dios y la creada», el Pontífice sugirió pensar en «la lavanda de los pies, cuando Jesús se acerca a Pedro y le dice: “no, a mí no, Señor, pero por favor, ¿qué haces?». El hecho es que Pedro «no había entendido qué era barro, que necesitaba la potencia del Señor para ser salvado». Pero he aquí que «cuando el Señor le dice la verdad», Pedro no duda ni un segundo y responde: «ah, si es así, no solo los pies: todo el cuerpo, ¡incluso la cabeza!». Pedro es un hombre «generoso», explicó el Papa. De esa «generosidad» que lleva a «reconocer ser vulnerables, frágiles, débiles, pecadores: solamente si nosotros aceptamos ser barro, esta extraordinaria potencia de Dios vendrá a nosotros y nos dará la plenitud, la salvación, la felicidad, la alegría de ser salvados».

En conclusión, el Papa rogó al Señor precisamente para que «nos dé esta gracia», para ser siempre capaces de recibir «tu tesoro, Señor, con la sabiduría de ser de barro».

http://www.vatican.va


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