El maná de cada día, 23.6.20

junio 23, 2020

Martes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

N.Sr.Jesucristo.1
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida!

 

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PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 19, 9b-11.14-21.31-35a.36

En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle:

«Decid a Ezequias, rey de Judá: “Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?”»

Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró:

«Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo. Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.»

Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías:

«Así dice el Señor, Dios de Israel: “He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad –oráculo del Señor–. Yo escucharé a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo.»

Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.

SALMO 47, 2-3a.3b-4.10-11

Dios ha fundado su ciudad para siempre.

Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios. Su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra.

El monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran rey. Entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar.

Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.

ALELUYA: Jn 8, 12b

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.

EVANGELIO: Mateo 7,6.12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.

Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»


Qué cambiar en la comunidad cristiana parroquial después del covid-19

junio 17, 2020

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Álvaro Ginel Vielda, sdb. Presidente de la Asociación Española de Catequetas (AECA)

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QUÉ CAMBIAR EN LA COMUNIDAD CRISTIANA PARROQUIAL DESPUÉS DEL COVID-19

Algunas reflexiones y propuestas – PENTECOSTÉS 2020

Por Álvaro GINEL  sdb

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La realidad de la calle

Si uno pregunta a la gente: “Oye, ¿qué te sugiere la palabra Iglesia?”. Lo primero de todo es que a la persona probablemente le dé lo mismo que la palabra esté escrita con minúscula: “iglesia” (= edificio)  o con mayúscula: “Iglesia” (=conjunto de creyentes). Ya comenzamos reconociendo que la cultura religiosa llega hasta donde llega. Exigir a la gente, en general, muchos matices sobre cuestiones religiosas no es práctico.

Dejando a un lado este aspecto, lo normal es que podamos escuchar cosas como:

  • Ni sé dónde hay una iglesia, ni me interesa (referencia clara a iglesia de ladrillos);
  • “¡Ya!”, los obispos, curas, monjas y “derivados”…
  • ¡La riqueza de la Iglesia! ¡Ya podía vender sus tesoros o regalarlos para la sanidad en estos momentos!
  • ¡No me hables: es un nido de pederastas…!
  • Prefiero no hablar de curas (desconfianza en la “clase” clerical = hartura de clérigos que dicen y no hacen, que mandan, que aprisionan conciencias, que no son libres y crean ataduras a la gente, que no son testimonio, etc.).
  • ¡Creo que hice la primera comunión! He vuelto a la iglesia por compromisos en entierros y en una boda (¡que les dio por casarse en la iglesia!). No ha cambiado nada. Siguen igual.
  • ¡Cosas de otros tiempos! ¡Hoy no tiene sentido!
  • Como no cambie, no va a quedar uno que quiera ir a misa…
  • ¡Así no se puede tratar a la gente…! ¡Encima que vas a misa te echan una bronca!
  • Algo del “pasado”, sin novedad hoy.
  • De temas de religión prefiero no hablar.

Las iglesias, las nuestras, se han ido vaciando poco a poco. No nos asustaba, aunque nos dábamos cuenta, porque todavía contábamos con un resto que venía. Ocurría todo tan poco a poco que nos habíamos acostumbrado a que el “personal” de las misas fuera mayoritariamente personas de edad.

Pero de pronto, lo que estaba pasando, el lento vaciamiento, se hizo realidad generalizada cuando las iglesias (como los restaurantes, los museos, los cines…) se clausuraron por motivos de “salud pública”. En el caso de las iglesias fue más llamativo dado el momento en que ocurrió: el final de la Cuaresma y el inicio de la Semana Santa, los días más significativos del Año Litúrgico cristiano, el Triduo Pascual.

Una parte del clero se movilizó rápidamente para que llegara a los hogares lo que no podían ir a celebrar en la iglesia: “los oficios o celebraciones de los días Santos”. Los medios técnicos permitieron “el milagro” metiendo en las casas las celebraciones de Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual.

Ver las iglesias vacías por decreto gubernativo ante un mal mayor, la pandemia, nos ha abierto los ojos a lo que ya estaba ocurriendo, pero nuestros ojos tenían como escamas (Hch 9,18) y no nos dábamos cuenta, o no queríamos darnos cuenta de que se estaban vaciando y algunas ya estaban vacías [1].

Hay que reconocer que las iglesias han estado abiertas físicamente, aunque no se permitieran reuniones ni celebraciones. Y, es de reconocer que siempre, a cualquier hora del día, hombres y mujeres (¿creyentes  o no?), en las horas más impensadas, dentro de los estrechos márgenes permitidos de salir a la calle, había personas que se daban una vuelta por la iglesia que le venía de paso para hacer “una visita” al Señor sacramentado, o para tomarse un tiempo de respiro, de silencio, de estar tranquilos.

Y la que sí que ha estado abierta siempre ha sido la Iglesia: hombres, mujeres, niños, jóvenes, sacerdotes, religiosos y religiosas, movimientos, parroquias que “han salido” adonde estaban los necesitados y han acogido a los que tenían dolor, hambre, necesidad, sin pedir “identificación” de ningún tipo.

Circula por todas las partes la expresión: “Esta pandemia va a traer muchos cambios”. Es un genérico. ¿Qué cambios? Esta es la pregunta que me hago en el ámbito de la comunidad territorial eclesial llamada parroquia, lugar concreto de visibilización de la Iglesia Universal.

Tenemos que atrevernos a señalar, a nombrar, a soñar… la tendencia de algunos cambios. Porque también es posible que “no suceda nada” y, dentro de poco, creamos que todo fue una pesadilla que pasó sin que de verdad haya cambiado algo. Lo único que aconteció es que “todo pasó”, y hemos regresado “a la normalidad de antes”.

Pero, ¿no decimos que iban a cambiar muchas cosas? ¿Para qué han servido tantas horas de silencio, de humillación del engreimiento humano, y de comprobar que los piropos de que presumíamos tenemos la mejor sanidad del mundo eran palabras huecas?

  1. A Dios lo que es de Dios

La primera realidad que tiene que cambiar tras el acontecimiento de la pandemia es “rescatar la originalidad de Dios”: a Dios lo que es de Dios. Me refiero al hecho de redescubrir la originalidad de Dios para no achacarle “culpas que no tiene”. 

Muchos creyentes y no creyentes se han hecho la pregunta: “¿Cómo es posible que Dios de quien decimos que es todopoderoso y a quien definimos como amor permita un sufrimiento tan grande y extendido?”.

Una primera  aclaración: es lógico que se formule la pregunta sobre Dios ante la epidemia que hemos padecido (y aún padecemos), pero permítasenos una sugerencia. El mal, el dolor, la muerte y  la extorsión de los sencillos existen por todas partes y existían antes de la pandemia y  nos quedábamos tan “calladitos”.

Solo cuando nos “ha tocado a nosotros en propia carne” nos hemos planteado la pregunta. No deja de ser una pregunta interesada (el coronavirus nos tocaba a nosotros de cerca) y miope porque no ve la realidad del mal que continuamente, en muchas partes, y a muchos hombres y mujeres y niños está afectando de manera sangrante.

Se han dado muchas respuestas [2]Tomo aquí las palabras de Mons. M. Pelchat, obispo auxiliar de Quebec: ¿Por qué Dios permite el dolor? “El dolor de los humanos es siempre una prueba para la imagen de Dios” (Bruno Chenu). Dios no quiere el sufrimiento y, ante el dolor, nos llama a resistir y a luchar. Un pastor escribió un día que el Dios de la Biblia es “el Dios poderosamente débil” (Étienne Babut). El poder de Dios no puede ser otro que el amor y jamás Dios atropella nuestra libertad de hombres y de mujeres. La vida sigue su curso, las leyes de la naturaleza… En medio de esta historia que avanza desde la noche de los tiempos, es verdad que parece que Dios con frecuencia calla, guarda silencio, como Jesús cuando dormía en la barca durante la tempestad. Dios mantiene un enorme respeto por la libertad humana y envuelve al universo entero creado con sus cuidados tanto por su silencio como por su palabra que es “como una brisa ligera”. Porque Dios es también Palabra a través de la Historia” [3].

La pregunta que quiere saber qué hace Dios ante el sufrimiento o si está cruzado de brazos, se vuelve pregunta para quien la formula: “¿Cómo estás (estamos) escuchando a Dios en la “brisa ligera” que está pronunciando, en el susurro de esta historia que vivimos y nos envuelve totalmente?

Los cristianos y las cristianas estamos invitados a prestar atención a estos “signos de los tiempos”, es decir, a estas llamadas de Dios para abrirnos al servicio a los demás, a mostrar la compasión hacia los menesterosos, los enfermos, los necesitados de cuidados psicológicos, en resumen, a vivir la fraternidad humana, la solidaridad social. Tener relación personal con un Dios misericordioso nos lleva a ser misericordiosos.

Ahí está, en Dios, la fuente de alimentación constante del creyente. En medio de los cadáveres que se amontonaban en las morgues, en medio del abandono y del dolor en que muchas personas morían, la pregunta es normal: “¡Dios! ¿Dónde estás?”.

Es la pregunta que un día Dios hizo a Adán (Gén 3,9) cuando se escondió. Es la pregunta que los “adanes” de todos los tiempos hacemos a Dios, cuando calla y se esconde. Y la respuesta es siempre la misma: “Estoy en el mismo sitio donde tú me haces la pregunta, pero no de la forma que tú esperas encontrarme. Aquí te estoy solicitando”.

Y así, quien pregunta, se vuelve buscador de un Dios que no nos permite convertirle en el dios que nosotros imaginábamos. Así Dios nos purifica y nos lleva siempre más allá, hasta el abandono total y la confianza total. Cuando llegamos ahí, al abandono y confianza total, abrimos los ojos y descubrimos que Dios está solicitándonos para que lo descubramos en el sufrimiento del otro y echemos una mano.

  1. La parroquia: de lugar de operaciones a lugar de referencia

Cuando hablamos de la parroquia como lugar de referencia y no lugar de operaciones (cuartel general) estamos entendiendo que el lugar de actuación “in situ” no es la parroquia, sino que los primeros y principales lugares de “operación o de acción de los bautizados” son aquellos donde el creyente se encuentra con hombres y mujeres que tienen la vida en juego: en angustia, en dolor, en marginación, en explotación, en olvido, en patera…

La expresión “la Iglesia, hospital de campaña [4]” la ha empleado el papa Francisco muchas veces. Es la concreción de lo que en Evangelii gaudium escribía: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz, y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin  una comunidad de fe que los mantenga, sin un horizonte de sentido y de vida” (49).

La iglesia, con sus instalaciones, es el lugar de referencia donde los bautizados se reúnen y aprenden a salir. No se sale a la calle para “hacer algo porque hay que hacer algo”, sino porque hemos conocido el amor de Dios (1 Jn 4,16-18), porque hemos sentido que Él nos ama, porque hemos comprendido que el segundo mandamiento es semejante al primero (Mt 22,34).

En este sentido, la Iglesia, “hospital de campaña”, al menos en la mayoría de los sitios, ha dado la talla durante la pandemia, y se ha convertido en “lugar de referencia” de los pobres, donde encuentran comida y una palabra de consuelo pronunciada por creyentes que dan y se dan. Aún no somos capaces de imaginar los heridos y las heridas nuevas que van a llegar al hospital de campaña que es la comunidad cristiana.

  1. La parroquia: de lugar de sacramentalización al lugar de la reunión de la comunidad

Tenemos muchos testimonios de que los primeros cristianos se reunían el “día del Señor”, el primer día de la semana (Jn 20,1). La Didajé dice: “Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro” (XIV).

San Justino es también muy explícito: “El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues es de saber que le crucificaron el día antes del día de Saturno, y al siguiente al día de Saturno, que es el día del sol, se apareció a sus apóstoles (cf. Mt 28,9) y discípulos, enseñándoles estas mismas doctrinas que nosotros les exponemos para su examen” (Apología 1,69).

Si miramos lo que anuncian en sus tablones de información muchas parroquias, nos damos cuenta de que, por lo general, resalta el horario de misas, generalmente con muchas posibilidades los días festivos (aunque cada vez haya menos personas en misa, pero mantenemos las misas con la excusa de que hay que prestar servicio y dar facilidades para que vengan, razones que estaría bien analizar un poco más detalladamente).

No falta, además, el horario de confesiones (aunque después no se cumpla: no encuentras al sacerdote cuando vas, si bien en ocasiones te informan de que llames a tal timbre o teléfono…, algo que pocos suelen hacer); lo que se busca es que haya alguien esperando como el padre de la parábola (Lc 15,20).

Es decir, las parroquias anuncian  horarios de sacramentos de manera principal. Toda esta programación sacramental se nos fue a pique en tiempos de pandemia. Lo más anunciado fue lo primero en desaparecer. ¿Será tan central lo que estamos anunciando que ofrecemos?

En este hecho, yo veo una invitación grande a redescubrir el sentido de la celebración de los sacramentos y sobre todo del sacramento de la Eucaristía. Afirmo claramente que sin Eucaristía no podemos vivir como cristianos. Pero lo que está en juego no es la Eucaristía en sí, sino cómo la celebramos la Eucaristía.

Los documentos más arriba mencionados, y otros, hablan de la reunión y de la fracción del pan. Mi pregunta es: ¿No hemos suprimido en nuestra praxis el sentido más humano y de la reunión acentuando, o reduciendo todo, a la fracción del pan, el sacramento? ¿No hemos perdido el sentido de la importancia de reunirse, de estar juntos, de charlar, de perder el anonimato, de sentirnos alentados con la presencia de otros que confiesan y viven la misma fe en Jesús, el Señor?

Si echamos una mirada a lo que son territorios de misión nos daremos cuenta de que muchas comunidades cristianas, de hecho, viven sin Eucaristía semanal, por imperativo de las circunstancias, pero no viven sin reunirse, sin comentar la Palabra, sin orar, sin organizar el servicio de atención a los necesitados. Celebrar la Eucaristía, en estos territorios, no es un rutina. Es un acontecimiento que se gusta y regusta cuando se puede

Durante el confinamiento, muchos responsables de comunidades han intentado, con éxito, hay que reconocerlo, “llevar el sacramento de la Eucaristía” y otras celebraciones, a los hogares. Y está muy bien, sobre todo para personas de edad avanzada.

Hemos descubierto además que cada creyente o familia de creyentes era capaz de “montar” su altar, su espacio celebrativo de la Palabra de Dios, de la oración, de la alabanza. Lo que no sé si hemos descubierto es que nos faltaba “la reunión”. Y más aún, nos falta un adiestramiento práctico para ser celebrativos, para construir como familia nuestras celebraciones sin que nos lo tengan que dar todo hecho [5]

Creo que de esta situación de pandemia, sacamos una lección que tenemos pendiente: el sentido de reunión cristiana. Redescubrimos, al mismo tiempo, que la vida cristiana sacramental tiene que potenciar la dimensión comunitaria, festiva de la reunión de los dispersos que llegan para proclamar la acción de Dios a favor nuestro.

Posiblemente esto nos pueda llevar a “ofrecer” menos misa los días festivos, pero con horarios bien pensados y lo más cómodos posible al mayor número de personas.  Aburre más la rutina, la celebración “sin alma” que lo bien hecho y celebrado. Cuando nos sentimos envueltos en lo que participamos, el tiempo se nos va que vuela. Hemos pedido a los presidentes de la celebración “que fueran breves” porque enseguida venía “otra misa”.

Lo que les tendremos que exigir es que se prepararen mejor las homilías, que sean momentos que iluminen la vida, que toquen los corazones, que ayuden a vivir con alegría la fe, que los participantes puedan concluir: “Es verdad, hoy se cumple esta Escritura entre nosotros” (Lc 4,21).

No podemos estar, como en varias parroquias hoy, pendientes del reloj para que los que vienen a misa de 12 no tengan que esperar mucho a los que salen de la misa de 11, ya que se alargó mucho no sé qué parte… Sí, tendremos que reinventar qué significa “la reunión del día primero de la semana”. Ahora, con “una misa” ya la reunión cristiana “estaba hecha”.

¿Es posible enriquecer el contenido de la reunión de cristianos tanto cuando hay celebración sacramental como cuando no la hay? Esto nos llevará a plantear de otra manera nuestra celebración dominical y redescubrir el sentido de la reunión y a modificar horarios.

  1. La parroquia: lugar de irradiación

Los lugares geográficos son siempre elementos importantes tanto en la antropología personal como en las religiones. Antropológicamente, la mayor parte de las personas conserva en su memoria “lugares” que podemos denominar “sagrados”, es decir,  lugares donde “aconteció algo importante en su vida, en su historia, en su libertad, en sus opciones”. Estos lugares no se olvidan.

Suscitan una tendencia a volver a ellos, a visitarlos de nuevo para recordar, revivir, hacer presente el pasado: “Aquí, a los once años…”; “aquí fue donde pasé mi infancia…”; “aquí fue donde me encontré con…”; “aquí tuve un momento que cambió toda mi vida y mi pensamiento…”; “en esta piedra estaba sentado cuando…”, etc.

Las religiones también tienen lugares “sagrados” en los que aconteció una revelación, un hecho realizado por Dios a favor nuestro. Basta pensar en lo que es para los cristianos el lago de Galilea, o Jerusalén… Un lugar no es importante en sí, ni por la geografía donde se sitúa, ni por los ladrillos. Un lugar se convierte en significativo porque allí “aconteció y hoy rememoro y vuelve a acontecer” algo que me cambia la vida, o la orienta, le da sentido nuevo para emprender caminos.

Cuando una persona vive en un lugar algo significativo, ese lugar se convierte en lugar “sagrado” o lugar de “irradiación” de vida y de fuerza y de acción: ir, entrar, visitar “tal lugar” (la parroquia en nuestro caso) se convierte en alimento para mi vida porque es donde encuentro paz, personas con las que emprender algo interesante…

En este sentido creo que lo vivido nos lleva a dar un nuevo sentido a la parroquia como “lugar sagrado donde somos convocados y desde donde somos enviados y dispersados”, como en un nuevo Pentecostés o Ascensión.

¿Qué irradia la parroquia? Para poder irradiar, la parroquia tiene que ser, con sus reuniones y celebraciones, con su solicitud por acompañar la fe de sus miembros, un lugar de experiencia del Resucitado; un lugar donde regar la fe y favorecer que “el creyente viva una experiencia de fe”.

Después ya será lugar de irradiación o de lanzamiento o de aceptación de compromisos de todo tipo, según el don y la vocación que el Espíritu suscita en cada uno. Muchos cristianos se han visto obligados a “inventar” en estos días un servicio multicolor: en los balcones, en los hospitales, en los centros de acogida, en instituciones no directamente vinculadas a la parroquia, en tantos sitios…

Se es cristiano allí donde se está y se trabaja. No se es cristiano por venir a la parroquia, sino por “salir” de la parroquia con el alma caliente, los ojos abiertos, el espíritu encendido, las manos listas para atender al samaritano…

Algunos creyentes se lamentaban: “No puedo ir a la Iglesia a hacer mis prácticas piadosas”. Para hacer prácticas piadosas vale cualquier lugar del mundo mundial. Pero ninguna práctica piadosa mejor que las “obras de misericordia”, aquellas por las que de verdad seremos reconocidos como “buenos seguidores de Jesús”: “Tuve hambre y me disteis de comer….” (Mt 25).

Tenemos que revisar nuestra vida cristiana diaria. Parece que es cristiano “lo que rezamos en nuestra intimidad”. Es cierto que sin oración y sin “trato con el Señor, el Resucitado” hay peligro de caer en pura acción. Pero el Señor nos lleva a la acción, a ser levadura en la masa.

El Papa habla así de la parroquia: “La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad… La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión” (EG 29).

  1. La parroquia: lugar de encuentro y relación

Me impresionó sobre manera cuando leí en el Documento final del Sínodo 2018 esta expresión: “No basta con tener estructuras si en ellas no se desarrollan relaciones auténticas; de hecho, lo que evangeliza es la calidad de tales relaciones” (128).

Y más adelante, en el mismo documento se explicita: “La parroquia está necesariamente involucrada en este proceso, para asumir la forma de una comunidad más generativa, un ambiente desde el que se irradia la misión hacia los últimos. En esta particular coyuntura histórica diversos signos testimonian que la parroquia, en distintos casos, no logra responder a las necesidades espirituales de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo debido a algunos factores que han modificado profundamente los estilos de vida de las personas. En efecto, vivimos en una cultura “sin fronteras”, marcada por una nueva relación espacio-temporal debida a la comunicación digital y caracterizada por la continua movilidad. En este contexto, una visión de la acción parroquial delimitada por los meros confines territoriales e incapaz de atraer con propuestas diversificadas la atención de los fieles —y en particular de los jóvenes— recluirían a la parroquia en una inmovilidad inaceptable y en una repetitividad pastoral preocupante. Es necesaria, por tanto, una reflexión sobre la pastoral de la parroquia, en una lógica de corresponsabilidad eclesial y de impulso misionero, desplegando sinergias en el territorio. Solo así podrá parecer un ambiente significativo en la vida de los jóvenes” (129).

Lo que esperamos y nos llena en la vida ordinaria es cómo somos tratados por el médico al que vamos, por el dependiente del comercio donde hacemos las compras. Aconsejamos a los amigos: “No vayas allí, que tratan muy mal”. “En tal sitio te tratan divinamente; vete”. Unas estructuras y un trato que no transmitan el Evangelio no son significativas. ¿Habremos aprendido esto en estos días de confinamiento?

– Relación con Dios: Es todo aquello que lleva a la persona a encontrarse consigo misma y con Dios en procesos largos de maduración cristiana. Todo lo que alude al “encuentro con Dios” exige tiempos largos. No puede haber buena relación con Dios si no maduramos y si el deseo de Dios no nos lleva a descubrir nuestra necesidad de salvación, nuestra original pobreza.

Una religiosidad que “tapona” nuestra menesterosidad o sirve para disimular nuestra falta de madurez, no es sana. Me gusta recordar siempre el texto del Éxodo 13,17-18: “Cuando el faraón dejó marchar al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque es el más corto, pues dijo: «No sea que, al verse atacado, el pueblo se arrepienta y se vuelva a Egipto». Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el desierto hacia el mar Rojo. Pero los hijos de Israel habían salido de Egipto pertrechados”. 

En el camino largo, como los israelitas, perdemos todas las seguridades hasta darnos cuenta de que nuestra seguridad es Dios. Mientras nos apoyamos en nosotros mismos, espiritualmente queda una dimensión pendiente de maduración: el protagonismo de Dios en la relación que con él mantenemos.

Dios quiere “interlocutores” que se sientan pecadores, barro en sanación, que quieran dejarse curar, que deseen experimentar que él es el Salvador. Tener experiencia de Dios exige experiencia de trato con Dios. Sin trato no hay intimidad ni maduración. El “trato” es lo más difícil, (¡cómo lo han palpado hombres y mujeres en estos días de confinamiento de manera muy especial!). El trato con Dios es el que nos da “experiencia de Dios”.

– Relación con las personas: si a algo se nos llama a los que nos sentimos creyentes es a ser misericordiosos como el Padre es misericordioso. Lo que más abre a la acogida de Dios es la buena acogida del que se presenta como “seguidor y confesante” de Dios.  La gente necesita comprensión, cariño, escucha…

Unas parroquias se pueden convertir en comedores, otras en salas de atención y de escucha, donde la gente pueda llorar delante de alguien, derramar lágrimas de dolor… Otras tendrán que acoger a buscadores, a gente que está “de vuelta” y descubre que su vida está vacía, sin sentido, perdida, equivocada (“me he equivocado en la vida”, “he fracasado”), otras personas han hecho tantos experimentos, o han dado tantos tumbos que tienen “nostalgia de Dios”, de un Dios que les acoja como son y están y que les dé responsabilidad, sentido, perdón y libertad.

Venimos de situaciones de muchas esclavitudes a la que llamamos “sociedad de bienestar y del dinero”, pero en el fondo es sociedad de hacer “esclavos”, “personas dependientes” de modas, de lucir “cuerpo”, de tener un nivel de vida… Podemos decir esto “como teoría”, pero si una parroquia lo quiere poner en práctica, lo cambia todo. Y no es cuestión solo del párroco, sino de todos.

Nuestras parroquias son más conocidas por las “catequesis que organizan” que por la relación y encuentro personal que dispensan. ¡Algo tiene que cambiar! Hace poco escuchaba a un obispo auxiliar que decía a un presbítero: “Tú, con tal de que organices bien la catequesis, ya está”.

Habría que explicitar qué hay detrás de la expresión “organizar bien la catequesis”. Quizás el bien apunta a todas estas cosas de relación y encuentro con los adultos mencionadas más arriba. Si no fuera así, la frase es mejorable…

  1. Caminar juntos: conversión sinodal

La expresión “sinodal” está entrando (no sin dificultad) en el vocabulario ordinario de la Iglesia católica a partir del Sínodo de los jóvenes (2018). Desde siempre existió el término “sínodo” en su léxico y en su praxis. Pero no con la comprensión y praxis a las que hoy se apunta y que esperamos concretice más el Sínodo del 2022 [6].

Recordemos la etimología de sínodo, palabra que viene del griego: “sin” es “con”, y “odos” es “camino”. O sea, caminar con; caminar juntos. La Iglesia no es sinodal porque convoca “sínodos” o reuniones, sino porque vive y camina con Jesús, porque juntos –todos los bautizados- caminamos con Jesús.

En la Exhortación pastoral Evangelii gaudium, que tiene un sentido programático, se habla de la conversión pastoral y misionera que “no puede dejar las cosas como están. Ya no sirve una simple administración” (25). No se alude a “cambios pastorales” o “cambios en la pastoral”.

Se explicita: “conversión pastoral y misionera”. Conversión no coincide con “mover algo de un sitio a otro”, “suprimir unas cosas y poner otras en su lugar”. La conversión apunta al corazón mismo de las personas, no a cambios de cosas. Si estos se producen, serán consecuencia de lo que ha pasado por el corazón.

“El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo: «Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación […] Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad».

Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente, las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga. Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin «fidelidad de la Iglesia a la propia vocación», cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo (EG 26).

Quizá podamos aprender de la situación de confinamiento que la victoria sobre el virus requería el esfuerzo y la colaboración de todos. Ha sido una lección que hemos tenido que aprender con esfuerzo, sacrificio, renuncia y obediencia a unas normas rígidas. Solo la colaboración de todos podía aislar la transmisión del coronavirus.

Es una experiencia que nos favorecerá la comprensión de lo que significa “sinodalidad” en una parroquia, en la diócesis, en la Iglesia universal. Llevamos tantos siglos funcionando de una determinada manera (hemos vivido dejando de lado la sinodalidad) que no tenemos referencias cercanas a las que acudir.

Necesitaremos ensayos, ir a tientas, darnos “tiempo de prácticas”, humildad, búsqueda y reflexión e invocación al Espíritu para poner en marcha una Iglesia que sea sinodalidad sin copiar de los partidos políticos. Nuestro centro de referencia última no son unos estatutos que nos hemos dado y aprobado, sino un mensaje evangélico que hemos recibido de una Tradición viva, oral y escrita.

Contamos con la promesa del Señor: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del tiempo” (Mt 28,20), contamos con el Espíritu de verdad, “que nos guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,13), contamos con el don que cada creyente ha recibido para la edificación común (1 Cor 12,3-13).

Es la hora de caminar juntos haciendo experiencia de la presencia del Señor en medio de nosotros y, por nosotros, en medio del mundo. 

Una conclusión

El coronavirus nos ha parado en seco a medio mundo o a todo el mundo. Pero nos ha parado para que  reiniciemos la “rentrée” “de manera nueva” porque “nos ha hecho pensar” y tocar con nuestras manos la fragilidad de tantas cosas “sistematizadas” según un esquema que se transmite de generación en generación y que se quebró de golpe.

Ahora que se nos obliga a lavarnos las manos una y otra vez al entrar y salir de casa, al comer y al tocar los productos en el mercado, entendemos bien los versículos de Marcos: 1 Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; 2 y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. 3 (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, 4 y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 5 Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 6 Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7 El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. 8 Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (Mc 7,1-8).

Si de verdad ha pasado algo, no podemos ser como antes. Estamos invitados a discernir el vacío que nos habita y que disimulamos como podemos; a separar el grano de la paja, lo que es tradición rutinaria o simple precepto humano y lo que es mandamiento y querer del Señor. “Hemos aprendido mucho”, se dice. Pero de verdad, ¿qué hemos aprendido? ¿En qué acción pastoral se notará?

Aprender, en cristiano, creo que significa: “Hemos escuchado lo que Dios está gritando a las comunidades cristianas” que caminan en este momento de la historia. En cristiano, y con el  Evangelio en la mano, el único que da lecciones, el único que nos recuerda la verdad, el único que nos ilumina el camino y nos muestras caminos novedosos es el Espíritu.

“Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros. El Espíritu de la verdad” (Jn 14,16). Sin Espíritu no somos nada o somos “programación humana”, no expresión de la voluntad y del querer de Dios en nuestros días.

Hay mucho que pensar y repensar. No podemos volver solo a lo que nos tranquiliza y da seguridad porque lo conocemos “de pe a pa”, porque es “la vieja rutina”.  No podemos seguir manteniendo una Iglesia sobre la base del clericalismo. Estamos invitados a sentirnos pueblo de Dios, responsables todos según el don recibido ya sea por el bautismo o por el sacramento del orden.

Es la hora de preparar los odres nuevos para el vino nuevo. Es la hora de revisar lo que es caduco y lo que permanece. Dios nos llama a ampliar el horizonte de miras. Dios puede estar donde pensamos que no está. Dios no es “encerrable” en espacios, en muros, en costumbres, en tradiciones, en esquemas.

Igual que una noche rompió la piedra del sepulcro que lo retenía muerto, hoy ha hecho saltar por los aires piedras y ataduras en que, sin querer, por comodidad nada más, intentábamos encerrarlo.

Estoy terminando esta reflexión en los días que preceden a Pentescotés. Dios ES pentecostés. Debajo del estruendo de la pandemia, con Pedro queremos escuchar: 12 Estaban todos estupefactos y desconcertados, diciéndose unos a otros: «¿Qué será esto?». 13 Otros, en cambio, decían en son de burla: «Están borrachos». 

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró ante ellos: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. 15 No es, como vosotros suponéis, que estos estén borrachos, pues es solo la hora de tercia, 16 sino que ocurre lo que había dicho el profeta Joel: 17 Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; 18 y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán (Hch 2,12-18).

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[1] T. Halik, “Aún así, no puedo evitar preguntarme si el tiempo de las iglesias vacías y cerradas no es una especie de advertencia sobre lo que podría suceder en un futuro no muy lejano: eso es lo que podría ocurrir en pocos años en una gran parte de nuestro mundo. ¿No hemos sido advertidos de lo que está sucediendo en muchos países, donde cada vez más iglesias, monasterios y seminarios se están vaciando y cerrando sus puertas? ¿Por qué durante tanto tiempo hemos atribuido este desarrollo a las influencias externas (“el tsunami secular”) en lugar de entender que un capítulo en la historia del cristianismo está llegando a su fin y que es hora de prepararse para esto? ¿qué viene? Esta era de vacío en los edificios de las iglesias puede revelar simbólicamente a las iglesias su vacío oculto y el futuro que les puede esperar, si no hacen un esfuerzo serio por mostrar al mundo una cara completamente diferente del cristianismo”. Cfr. https://parroquialosangeles.org/images/Parroquia/ActividadParroquial/19_20/Coronavirus/La_cristiandad.pdf

[2] Á. Ginel, Jesús señala una forma de convivir con el mal y de descubrir la gloria de Dios en el mal,  cfr: https://aeca-catequetas.es/wp-content/uploads/2020/04/CATEQUESIS-BÍBLICAS-PARA-VIVIR-COMO-CRISTIANOS-EN-TIEMPOS-DE-PANDEMIA.pdf; Thomas Halik, La cristiandad en la hora de la enfermedadhttps://parroquialosangeles.org/images/Parroquia/ActividadParroquial/19_20/Coronavirus/La_cristiandad.pdf A. Torres Queiruga, Seguimos hiriendo con nuestras palabras la ternura infinita de Dios Padre (Madre), https://www.religiondigital.org/opinion/Andres-Torres-Queiruga-Seguimos-Padre-palabras-oracion-peticion-queja-teologia-coronavirus-francisco_0_2222177792.html

[3] M. Pelchat, https://www.ecdq.org/dieu-nenvoie-pas-le-malheur/

[4] Cfr. Proyecto Hospital de campaña, Madrid PPC.

[5] Álvaro Ginel, Celebrar en familia, ¿de qué estamos hablando?, cfr. https://aeca-catequetas.es/index.php/2020/05/01/celebrar-en-familia-de-que-estamos-hablando/

[6] Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Este es el tema de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos convocada por el Papa Francisco para el otoño del 2022. El Santo Padre ha mencionado repetidamente que la sinodalidad es un camino principal en la vida de la Iglesia. Con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015, pronunció estas palabras: “Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra Sínodo. Caminar juntos –laicos, pastores, obispo de Roma– es un concepto fácil de expresar, pero no tan fácil de poner en práctica”.

 

Presentación de la Asociación

 


José Cobo lanza siete propuestas para la reconstrucción social

junio 16, 2020

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El obispo auxiliar de Madrid hace una concreción pastoral del Plan para resucitar del Papa Francisco.

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José Cobo lanza siete propuestas para la reconstrucción social

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El obispo auxiliar de Madrid publica un artículo en la revista Noticias Obreras en el que hace una concreción pastoral del Plan para resucitar del Papa Francisco

Caminos de resurrección desde el plan del Papa Francisco. Así se titula el artículo que el obispo auxiliar de Madrid, José Cobo, publica en la revista Noticias Obreras, editada por la HOAC. En ella hace una reflexión al hilo del texto que el Papa Francisco publicó en Vida Nueva, y una serie de concreciones pastorales.

«El plan se hará desde los más vulnerables y contando con ellos. Si en esta nueva etapa, de nuevo son descartados, perderemos la posibilidad de poner la dignidad humana en el centro de nuestra salida de una crisis mundial», escribe.

Desde este punto de partida, el prelado lanza siete propuestas sobre el papel de la Iglesia en estos momentos. Son las siguientes:

1. El impulso de reflexiones en todos los estamentos eclesiales para tomar conciencia de la oportunidad de conversión ecológica y humanista que afrontamos. Una conversión necesita tiempo y medios. Tendremos que desplegar cauces para leer la realidad desde los ojos de la fe.

2. Sobre los planes de salida y de respuesta en la sociedad en el nivel político, económico y cultural y social, necesitamos generar equipos de reflexión trasversales, de trabajo por proyectos, no solo por los departamentos.

Estos proyectos nos tendrían que ofrecer la posibilidad de afrontar y revisar cómo, en cada espacio de la Iglesia, acogemos este cambio bajo el estandarte que se nos da del cuidado, el curar y el compartir.

La salida no será solo dar cosas. Tendremos que revisar cómo estamos ejerciendo el desarrollo humano en cada espacio de la vida eclesial. Preguntarnos cómo podemos curar, cuidar y vivir la solidaridad, desde la liturgia, desde la catequesis, desde la forma de organizarnos, predicar o lanzar campañas de sensibilización.

3. Otra línea pastoral será ofrecer lugares concretos en los que sembrar la justicia social. El Papa nos ofrece a los trabajadores como primera realidad a enfocar. Se propone ayudar a las fuerzas sociales a, desde el horizonte del bien común, acordar mecanismos para consolidar el salario universal que dignifique a las personas y a sus familias.

4. Otro reto será el preguntarnos cómo afrontamos en la vida de la Iglesia el tema del trabajo digno. No se trata solo si se «cumplen» las campañas, sino si su dolor se ha fijado en nuestro corazón y si luchamos en cada espacio eclesial (es el verbo que utiliza el Papa) por que tengan el puesto digno que merecen.

5. Otra consecuencia será afrontar líneas de reflexión para trabajar sobre las posibilidades de condonar la deuda externa de los países, relajando los cobros y dando posibilidades de liquidez a los mismos. Por nuestra parte el iniciar procesos de sensibilización es prioritario.

6. Respecto a las migraciones, se pone esta realidad en el tapete de salida de esta pandemia global. La pandemia recrudece los conflictos abiertos y la virulencia de los flujos migratorios.

7. Por último, se nos coloca como seres creados en esta «casa común» que es nuestro planeta. Eso se concreta ahora lanzándonos a conocer y explicitar en cada espacio los acuerdos sobre el cambio climático. No es una acción marginal sino prioritaria a incorporar en este primer plan de incorporarnos en la resurrección de Cristo.

Alfa y Omega

Fecha de Publicación: 12 de Junio de 2020
https://alfayomega.es/207055/jose-cobo-lanza-siete-propuestas-para-la-reconstruccion-social

El maná de cada día, 16.6.20

junio 16, 2020

Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen.

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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 21, 17-29

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión.

Dile: “Así dice el Señor: ‘¿Has asesinado, y encima robas?’ Por eso, así dice el Señor: ‘En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.»

Ajab dijo a Elías: «¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?»

Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel.

También ha hablado el Señor contra Jezabel: “Los perros la devorarán en el campo de Yezrael.” A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.»

Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Señor reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas.

En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.

El Señor dirigió la palabra a Elías, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.»

SALMO 50, 3-4.5-6a.11.16

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo, dice el Señor: que os améis unos a otros, como yo os he amado.

EVANGELIO: Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

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Espíritu Santo, que nos haces participar de la benignidad de Dios

“¡Dad gracias a Dios, porque es bueno!” (1 Cr 16,34). La bondad es un atributo que corresponde, en primer lugar, a Dios. Se identifica con su amor y, por tanto, con lo más íntimo de su esencia. Sólo Él se da enteramente, sin reservas ni límites de tiempo.

Sin embargo, desde nuestra corta perspectiva humana, solemos identificar lo bueno con los instantes de felicidad. Como no nos podemos asegurar una felicidad para siempre, la buscamos en las cosas, ambientes o personas, sin darnos cuenta de que sólo en Dios podemos prolongar hasta lo eterno esos instantes de felicidad.

La benignidad mira al bien del prójimo. Es la inclinación a ocuparse del bien de los demás, bajo la moción del Espíritu Santo. Por tanto, no podemos entender el bien desde los parámetros humanos de la mera filantropía.

Lo difícil es hacer el bien con verdadera rectitud de intención, sin buscar compensaciones ni intereses propios. Comenzando en nuestro ambiente más cercano, con los amigos que saben de nuestros defectos, compañeros con los que compartimos las monotonías diarias, con aquellos que nos juzgan o que no son afines a nuestros criterios.

Así de radical es el Evangelio: “Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos” (Lc 6,35).

El mal no tiene consistencia propia; es sólo la ausencia del bien. Existe el mal allí donde no hay bien.

No está en nuestras manos alcanzar, en este mundo, un bienestar material y afectivo absolutos, sino que nuestra esperanza está en Dios.

Y, si todo lo creado es bueno, ¿por qué, entonces, existe el mal en el mundo? Porque aún falta lo bueno que tú has de hacer.

http://www.mater-dei.es


El maná de cada día, 13.6.20

junio 13, 2020

Sábado de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

San Antonio de Padua, Doctor de la Iglesia

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A vosotros os basta decir “sí”, o “no”.
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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 19, 19-21

En aquellos días, Elías se marchó del monte y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto.

Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: «Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.»

Elías le dijo: «Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?»

Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

SALMO 15,1-2a.5.7-8.9-10

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 36a. 29b

Inclina mi corazón a tus preceptos, Señor, y dame la gracia de tu voluntad.

EVANGELIO: Mateo 5, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor”.

Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.

A vosotros os basta decir “sí”, o “no”. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

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EL VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA
P. Francisco Fernández Carvajal

El Señor realza el valor de la palabra dada. Si no existe la necesidad de un juramento, nuestra palabra debe bastar.

En tiempos de Jesús, la práctica del juramento había caído en el abuso por su frecuencia, por la ligereza con que se hacía, y por la casuística que se había originado para legitimar su incumplimiento.

Jesús sale al paso de esta costumbre y con la fórmula “pero yo os digo”, que emplea con frecuencia para señalar la autoridad divina de sus palabras, prohíbe poner a Dios por testigo, no sólo de cosas falsas, sino también de aquellos asuntos en los que la palabra del hombre debe bastar.

Así lo recoge San Mateo en el Evangelio de la Misa (Mt 5, 33-37): A vosotros os debe bastar decir sí o no.

El Señor quiere realzar y devolver su valor y fuerza a la palabra del hombre de bien que se siente comprometido por lo que dice.

Jurar, es decir, poner a Dios por testigo de algo que se asegura o se promete, es lícito, y en ocasiones necesario, cuando se hace con las debidas condiciones y circunstancias. Es entonces un acto de la virtud de la religión y redunda en honor del nombre de Dios.

El Profeta Jeremías ya había señalado que el juramento grato a Dios debía ser realizado en verdad, en juicio y en justicia (Jer 4, 2); es decir, la afirmación ha de ser verdadera, formulada con prudencia -ni ligera ni temerariamente- y referida a una cosa o necesidad justa y buena.

Si no lo exige la necesidad, nuestra palabra de cristianos y de hombres honrados debe bastar, porque nos han de conocer como personas que buscan en todo la verdad y que dan un gran valor a la palabra empeñada, en lo que se fundamenta toda lealtad y toda fidelidad: a Cristo, a nuestros compromisos libremente adquiridos, a la familia, a los amigos, a la empresa en la que trabajamos.

En las situaciones normales de la vida corriente, bastará nuestra palabra para dar toda la consistencia necesaria a lo que afirmamos o prometemos; pero la fuerza de la palabra empeñada ha de ganarse día a día, siendo veraces en lo pequeño, rectificando con valentía cuando nos hemos equivocado, cumpliendo nuestros compromisos.

¿Nos conocen así en el lugar donde trabajamos, en la familia, aquellos que nos tratan? ¿Saben que procuramos no mentir jamás, ni siquiera por diversión, o por conseguir un bien, o por evitar un mal mayor?

http://www.homiletica.org

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13 de Junio

San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

San Antonio de Padua
San Antonio de Padua

Nació en Lisboa a finales del siglo XII. Primero formó parte de los canónigos regulares de san Agustín, y, poco después de su ordenación sacerdotal, ingresó en la Orden de los Frailes Menores­, con la intención de dedicarse a propagar la fe cristiana en África.

Sin embargo, fue en Francia y en Italia donde ejerció con ­gran provecho sus dotes de predicador, convirtiendo a muchos herejes. Fue el primero que enseñó teología en su Orden. E­scribió varios sermones llenos de doctrina y de unción. Murió en Padua el año 1231.

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La palabra tiene fuerza
cuando va acompañada de las obras

De los sermones de san Antonio de Padua, presbítero

El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimo­nios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas ­en nuestra conducta.

La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen.

Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo.

«La norma del predicador –dice san Gregorio– es poner por obra lo que predica». En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos.

De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas –oráculo del Señor– que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos –oráculo del Señor–, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso, son inútiles a mi pueblo –oráculo del Señor–.

Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector en todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo.


El maná de cada día, 6.6.20

junio 6, 2020

Sábado de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

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Mucho tiene el que tiene a Dios en su corazón.


PRIMERA LECTURA: 2 Timoteo 4, 1-8

Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Tú estate siempre alerta; soporta lo adverso, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

SALMO 70, 8-9.14-15ab.16-17.22

Mi boca contará tu salvación, Señor.

Llena estaba mi boca de tu alabanza y de tu gloria, todo el día. No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones.

Yo, en cambio, seguiré esperando, redoblaré tus alabanzas; mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación.

Contaré tus proezas, Señor mío, narraré tu victoria, tuya entera. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas.

Y yo te daré gracias, Dios mío, con el arpa, por tu lealtad; tocaré para ti la cítara, Santo de Israel.

EVANGELIO: Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

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ES MÁS TENER A DIOS EN EL ALMA QUE ORO EN EL ARCA
San Agustín (Sermón 107 A.)

Retened lo que poseéis, pero de forma que deis a los necesitados. Al hombre que no había robado lo ajeno, pero que miraba por lo suyo con diligencia inmoderada, nuestro Señor Jesucristo le dijo: Necio, esta noche se te quitará tu alma. ¿Para quién será lo que acumulaste? (Lc 12,20).

Pero luego añadió: Así es todo el que atesora para sí y no es rico en Dios. ¿Quieres ser rico en Dios? Da a Dios. Da no tanto en cantidad, como en buena voluntad. Pues no por dar poco, de lo poco que posees, se considerará como poco cuanto dieres. Dios no valora la cantidad sino la voluntad.

Recordad, hermanos, aquella viuda. Oísteis decir a Zaqueo: Doy la mitad de mis bienes a los pobres. Dio mucho de lo mucho que tenía y compró la posesión del reino de los cielos a gran precio, según las apariencias. Pero si se considera cuán gran cosa es, todo lo que dio es cosa sin valor comparado con el reino de los cielos. Parece que dio mucho porque era muy rico.

Contemplad aquella pobre viuda que llevaba dos pequeñas monedas. Los presentes observaban lo mucho que echaban los ricos en el cepillo del templo y contemplaban sus grandes cantidades. Entró ella al templo y echó dos monedas. ¿Quién se preocupó ni siquiera de echarle una mirada?

Pero el Señor la miró, y de tal manera que sólo la vio a ella y la recomendó a los que no la veían, es decir, les recomendó que mirasen a la que ni siquiera veían. «Estáis viendo -les dijo- a esta viuda, -y entonces se fijaron en ella-; ella echó mucho más en ofrenda a Dios que aquellos ricos que ofrecieron mucho de lo mucho que poseían».

Ellos ponían sus miradas en las grandes ofrendas de los ricos, alabándolos por ello. Aunque luego vieron a la viuda, ¿cuándo vieron aquellas dos monedas? Ella echó más en ofrenda a Dios -dijo el Señor- que aquellos ricos. Ellos echaron mucho de lo mucho que tenían; ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca. ¿Quién echó más que la viuda que no se reservó nada para sí?


El maná de cada día, 5.6.20

junio 5, 2020

Viernes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

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Así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

 

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PRIMERA LECTURA: 2 Timoteo 3, 10-17

Tú seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos, como aquellos que me ocurrieron en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor.

Por otra parte, todo el que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido. En cambio, esos perversos embaucadores irán de mal en peor, extraviando a los demás y extraviándose ellos mismos.

Pero tú permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación.

Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

SALMO 118

Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor.

Muchos son los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos.

El compendio de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos.

Los nobles me perseguían sin motivo, pero mi corazón respetaba tus palabras.

Mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar.

Aguardo tu salvación, Señor, y cumplo tus mandatos.

Guardo tus decretos, y tú tienes presentes mis caminos.

EVANGELIO: Marcos 12, 35-37

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.” Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»

La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.


Álvaro Serrano, creador de la web misaencasa.com

junio 4, 2020

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Foto: Álvaro Serrano

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Álvaro Serrano, creador de la web misaencasa.com

Somos el portal más grande de Misa en streaming

José Calderero de Aldecoa @jcalderero, publicado 4 de junio 2020

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Álvaro Serrano (Castañar de Ibor, 1986) dejó su acomodada vida de project manager en Iberia para entrar al seminario. Con el confinamiento de por medio, ha creado –junto con la ayuda de algunos compañeros– la página misaencasa.com, visitada en su primer mes de vida por 14.000 usuarios únicos y que ha recibido incluso el reconocimiento del Vaticano.

Además, está feliz con la llamada de este semanario, ya que cuando era estudiante universitario sufrió «cierto grado de persecución» por leernos.

Pediste una prueba al Señor para dar el paso de entrar al seminario. ¿Cuál fue?

Yo estaba estudiando Ingeniería Aeronáutica y un día, de camino a la facultad, nos encontramos con un evento de Orange y la liga ACB. Me apunté para el sorteo de un coche y fui uno de los tres preseleccionados. La prueba final era tirar a canasta desde el centro del campo. El concurso se realizaba desde hacía cuatro años y nadie había conseguido encestar.

Paralelamente, llevaba muchos años pensando que el sacerdocio podía ser mi camino. Incluso le había manifestado a mis padres mi intención de entrar al seminario, pero me aconsejaron que terminara antes la carrera.

Entonces, mientras me preparaba para lanzar, le dije al Señor: «Yo sé que tú quieres que sea sacerdote. Te propongo un pacto. Quiero que me muestres una señal física muy concreta. Si marco esta canasta, voy al seminario, porque es un claro ejemplo de que quieres que así sea».

Pues la pelota entró limpia. Me empezaron a tirar fotos por todos lados. Yo estaba entre contento y abrumado, por el coche y por el seminario.

¿Por qué te has alegrado tanto de la llamada de Alfa y Omega?

Me hace mucha ilusión porque he sufrido algunos episodios desagradables por leeros. Yo venía de un pueblo, de un ambiente protegido, y llegué a la capital. Fue un cambio muy grande. Elegí para vivir un colegio mayor de ideario católico, aunque desde el primer momento me sorprendió que solo íbamos a Misa la cocinera y yo.

Por aquel entonces –también ahora– era lector de Alfa y Omega. El problema surgió con un compañero que me echaba la culpa a mí, por ser católico, de los problemas que le ocurrían en su vida. Este chico, los jueves, iba siempre corriendo a la sala de prensa para llegar antes que yo y coger el periódico. Lo solía romper en mi cara o lo llenaba de escupitajos. Otras veces lo rompía y me lo metía por debajo de la puerta de la habitación.

No es comparable, ni mucho menos, a lo que sufren los cristianos perseguidos, pero he experimentado un cierto grado de persecución por leer Alfa y Omega.

¿Cómo surgió la iniciativa misaencasa.com?

Por culpa del coronavirus nos mandaron a casa y tuve que empezar a organizar mi propio horario. Hablando con otros seminaristas, les pregunté a qué hora escuchaban ellos la Misa por internet. Cada uno me decía una hora distinta y una parroquia diferente, así que decidí hacerme un Excel para aclararme un poco, y para elegir la mejor opción en función de las actividades que tuviera programadas cada día.

Empecé a recopilar los datos y se me ocurrió hacer una página web sencilla para que también mis compañeros del seminario pudieran tener claros los horarios en los que podían ver la Misa.

¿Y qué tal ha ido?

La verdad que muy bien. Se han sumado más de 115 parroquias de 22 diócesis y en solo un mes de vida se ha convertido en el portal más grande de España de emisión de Misas en directo.

En este primer mes, hemos tenido 14.000 usuarios únicos, e incluso nos han dado las gracias desde el Vaticano por permitir a numerosos fieles participar en la Eucaristía desde sus propias casas.

¿Qué pasará con la web ahora que la Misa ha vuelto de forma presencial a toda España?

Muchas de las parroquias, sobre todo las más grandes, van a seguir retrasmitiendo la Misa online. Además, he tratado de darle una vuelta de tuerca a la web y he creado una pestaña que se llama Espacio 3.0, donde curas youtubers comparten catequesis, reflexiones, comentarios exegéticos, clases…

Eso va a continuar en el tiempo. Y dentro de poco va a llegar otra novedad: 7C. Es una sección en la que voy a dialogar de una forma muy sencilla, muy clara, muy directa, con cada párroco que tiene su Misa en la web, para que nos cuente su testimonio, su vocación, cómo han vivido la situación del COVID-19, etcétera.

 


Una lectura creyente de la pospandemia. Madrid.

junio 4, 2020

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Foto: EFE/Rafael Cañas

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Una lectura creyente de la pospandemia

A imagen y semejanza de la comisión de expertos del Papa, el arzobispo de Madrid pone en marcha varios grupos sectoriales para analizar la realidad en la que se encuentra la capital y afrontar las secuelas del coronavirus

Por Rodrigo Pinedo.

—Hemos acogido a una pareja joven, con tres hijos y un cuarto en camino, que estaba malviviendo en condiciones infrahumanas en una caravana en la zona de Pan Bendito. Al profundizar en el caso descubrimos que, en los años 90, ella era una chica de 12-13 años que acompañábamos en el poblado del Salobral… El drama es que, si no logramos romper el círculo de la pobreza, esta se hereda.

El director de Cáritas Diocesana de Madrid, Luis Hernández Vozmediano, explica que esta familia encara el futuro con algo más de esperanza desde que se ha instalado en el residencial Sínodo, adonde llegaron después de que la Comunidad de Sant’Egidio les diera la voz de alarma.

Este es solo uno de los muchos ejemplos del trabajo en red que realizan distintas instituciones de la Iglesia que peregrina en Madrid.

En las últimas semanas la propia Cáritas Diocesana de Madrid y la Comunidad de Sant’Egidio, así como varios párrocos, la Mesa por la Hospitalidad, La Merced Migraciones, las Hijas de la Caridad o las Adoratrices, entre otras organizaciones eclesiales, se están reuniendo telemáticamente para plantear «respuestas eficaces y adecuadas para que nadie se quede atrás».

Forman uno de los grupos de trabajo sectoriales puestos en marcha por el cardenal Carlos Osoro –a imagen y semejanza de la comisión de expertos ideada por el Papa Francisco– para analizar la realidad en la que se encuentra Madrid y ofrecer orientaciones a los órganos de gobierno diocesanos para afrontar las secuelas del coronavirus. La información que generen de aquí a verano también se trasladará a Roma.

Como responsable de Cáritas en Madrid, Hernández Vozmediano coordina el primer grupo, que integra a laicos, sacerdotes y religiosos de distintos carismas y se ha denominado Atención de urgencias y nuevas necesidades emergentes. 

Detalla que hace unas semanas mantuvieron un encuentro para «identificar necesidades actuales y ver qué respuesta estamos dando» en distintos frentes y que, este mismo miércoles, tuvieron otro para abordar «qué necesidades futuras prevemos que van a aparecer y qué respuestas deberíamos dar».

Además, están estudiando «cómo deberíamos trabajar en red con otras instituciones, tanto de dentro como de fuera de la Iglesia, y con los organismos públicos».

Preocupado con el aumento de peticiones de ayuda y con el hecho de que el número de familias que acuden a ellos por primera vez se ha triplicado en estos meses, enumera otras situaciones de vulnerabilidad que se han agravado: los empleos precarios «sin garantías de ningún tipo», los realquileres que cierran la puerta a cualquier ayuda, los ancianos «solos y que han perdido amigos», el retraso en las solicitudes de asilo, los presos sin contacto con el exterior…

Según subraya, las entidades de Iglesia están haciendo una «lectura creyente de esta realidad», pero «la Administración es la que tiene que resolver el problema de la pobreza en Madrid».

«No podemos frustrarnos: no vamos a poder socorrer a todas las personas que lo están pasando mal. Lo que queremos es tocar los corazones, movidos por el compromiso cristiano, por el ejemplo de Jesús de Nazaret, y no por ningún otro tipo de cosas», asevera, recogiendo el sentir de las reuniones mantenidas.

Aparte de este grupo conformado por entidades a pie de calle, se están ultimando uno de perfil académico coordinado por el rector de la Universidad Pontificia de Comillas, Julio Martínez, SJ; uno de periodistas; uno de políticos cristianos con distintas responsabilidades y de distintas formaciones (PSOE, PP, Más Madrid, Vox y Ciudadanos), y una especie de Senado de personalidades que será el último en reunirse.

Los cinco grupos:

Atención de urgencias y nuevas necesidades emergentes

Liderado por Cáritas Diocesana de Madrid, analiza la respuesta de las entidades de Iglesia a la pandemia y qué urgencias habrá que abordar en los próximos meses.

Estudio y prospectivas

Académicos y expertos se plantean qué viene después de la emergencia. Analizan las consecuencias económicas, culturales, religiosas y sociales.

Medios de comunicación social

Periodistas y profesionales de la comunicación valoran qué papel juegan los medios en la configuración de la sociedad del futuro y la presencia de la Iglesia en estos.

Cristianos y políticos

Cristianos de diversas formaciones políticas se plantearán el lugar de la política y de la Iglesia en la sociedad pospandemia.

Senado de personalidades

Personalidades de ámbitos como la ciencia, la cultura, el derecho o la educación abordan las líneas fuerza de este cambio de época y el rol que debería jugar la Iglesia.

Una lectura creyente de la pospandemia

 


El escepticismo creciente – ONU

mayo 14, 2020

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UN Photo/Kim Haughton

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El escepticismo creciente, ONU

Inocencio F. Arias – 14/05/2020

Diplomático y ex representante permanente de España ante las Naciones Unidas

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La ONU, inventada para aportar soluciones a los problemas mundiales especialmente a los de paz y seguridad, viene dando una de cal y otra de arena desde su fundación. No ha llenado, en definitiva, las expectativas para las que surgió y esto, más que por intrínseca incompetencia, viene por el egoísmo y la división de los estados que la componen.

No va a haber muchas celebraciones para conmemorar el 75 aniversario de las Naciones Unidas. En estas fechas ya había arrancado la Conferencia de San Francisco en la que nacieron.

Vio finalmente la luz el día de san Juan, el 24 de junio de 1945, un poco con fórceps porque los cinco vencedores de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña… tuvieron que emplear la amenaza para imponer algo horripilante: que ellos dominarían la nueva organización.

No habrá festejos. De un lado, porque el horno de la pandemia no está para bollos de ceremonias. Por no hablar del aspecto logístico y de seguridad de cualquier reunión en estas fechas.

De otro, porque la ONU atraviesa una de sus intermitentes crisis de desprestigio y el manejo de la pandemia por la OMS, dependiente de Naciones Unidas, ha tenido lunares graves.

Es cierto, aunque el Gobierno de España se hizo el sueco permitiendo las manifestaciones feministas de marzo, que la OMS había advertido en enero de la existencia del virus, pero se cree que fue excesivamente complaciente aceptando explicaciones fulleras de China que minimizaban la gravedad del problema.

Una vez más, los organismos adscritos a la ONU se pliegan ante las peticiones de los grandes y China es un grande grandísimo, el emergente gran rival de Estados Unidos.

La ONU, inventada para aportar soluciones a los problemas mundiales, especialmente a los de paz y seguridad, viene dando una de cal y otra de arena desde su fundación.

No ha llenado, en definitiva, las expectativas para las que surgió y esto, más que por intrínseca incompetencia –ha demostrado su eficacia en terrenos como protección de la infancia o refugiados…–, viene por el egoísmo y la división de los estados que la componen, especialmente de las cinco potencias que poseen el veto.

Es dudoso que el trauma mundial que vivimos ahora, que prueba fehacientemente que no se puede vivir aislado al enseñar claramente que el mundo es una aldea, vaya a hacer cambiar sustancialmente esa conducta egoísta. Tenemos mil ejemplos que lo prueban. El mundo ha vivido varias crisis de seguridad, guerras…

Se ha reiterado ad nauseam que el ingente dinero dedicado a armamento debería emplearse en el bienestar diario de los seres humanos.

Bien. ¿Quienes son los países del mundo que gastan más en armas o los que más exportan? Los cinco grandes que deberían velar porque eso no fuera así: Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, China y Francia.

Hace días el Consejo de Seguridad de la ONU quiso celebrar una sesión telemática para discutir la imposición de una tregua obligatoria de un mes en todos los conflictos armados que azotan el mundo.

Surgió el de Siria –más de 400.000 muertos y cinco millones de desplazados–, en el que la ONU es inoperante por el veto de Rusia a que actúe.

Moscú puso dificultades a la creación de pasillos humanitarios, Washington intentó colar que se investigara si China había mentido en el coronavirus y que se pusiera en solfa a la OMS. La ONU, una vez más, quedó trabada.

Trump es un chivo expiatorio, pero las medidas egoístas adoptadas por él en la pandemia (cierre de fronteras, supresión de vuelos…) han sido rápidamente seguidas por los que lo critican.

En la profunda crisis que siguió a la Segunda Guerra Mundial Europa se puso de pie porque llegó el Plan Marshall, ayuda que vino de Estados Unidos y no de la ONU.

Ahora tenemos en Washington un presidente individualista y aislacionista poco proclive a repetir el gesto de Truman y que considera a bastantes naciones europeas, incluida la nuestra, como gorrones. Queda el hada madrina europea para devolvernos la confianza. Su papel será clave, aunque tampoco debamos esperar milagros.

La Unión está profundamente dividida desde hace más de una década prácticamente sobre cualquier tema: los refugiados, la profundización de las instituciones comunitarias, la defensa, la cooperación contra el terrorismo, la actitud ante Putin o Trump y, por supuesto, la cuestión sanitaria, que se enfoca de forma variopinta hasta en la distancia entre personas durante la epidemia, dos metros en Italia, uno y medio en Alemania, uno en Francia.

El escepticismo sobre Europa se ha disparado en Italia, algo en Hungría, en Polonia. Alemania, que tiene la llave de cualquier rescate, también muestra un cierto cansancio hacia los países del sur. Su Tribunal Supremo ya ha dado un aviso.

Un amigo centroeuropeo me comenta que varios países del norte encuentran irritante que España, por ejemplo, tenga más del doble de cargos políticos que Alemania y seamos, con otros del sur, reiteradamente campeones del gasto alegre y del déficit.

Los embustes de Sánchez también empiezan a ser notados. La sensata Merkel, a la que echaremos de menos, ha dicho que vivimos ahora sobre una capa de hielo muy fina.

En estos momentos en que aumenta la desconfianza sobre el globalismo, en que las llamadas solidarias del Papa Francisco no obtienen el eco necesario, en que surgen malévolos interrogantes sobre la capacidad de las democracias para combatir la pandemia –China dixit–, la convicción de la justeza del Estado de derecho y de que la Europa democrática es importante para superar la crisis son cruciales.

Y surgen dos preguntas: ¿Creerá Europa en el propósito de la enmienda de nuestro Gobierno y que no despilfarrará la eventual ayuda que nos concedan?

¿Será Europa capaz de montar una política sanitaria común para luchar contra cualquier futura epidemia, proteger a los trabajadores de vanguardia, sanitarios, policías…, garantizar las cadenas de aprovisionamiento?

Tengo dudas sobre ambas.

Inocencio F. Arias
Diplomático y ex representante permanente de España ante las Naciones Unidas

Fecha de Publicación: 14 de Mayo de 2020
https://alfayomega.es/204562/el-escepticismo-creciente

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