Vivencias Pascuales 2011 (7)

abril 30, 2011

Les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado

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SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA


VÍSPERA DE LA BEATIFICACIÓN

DEL PAPA JUAN PABLO II


Imposible no mencionar siquiera el gran acontecimiento que estos días concita  la atención no sólo de la catolicidad sino del mundo entero: Mañana, Domingo de la Octava de Pascua, domingo de la Divina Misericordia será beatificado en Roma Juan Pablo II.

Millones y millones de creyentes y de gentes de buena voluntad vibran estos días al recordar a Juan Pablo II. Para los primeros representa un don maravilloso de Dios a la Iglesia y al mundo de hoy. Para los segundos es motivo de admiración y orgullo para nuestra generación.

Realmente estamos de fiesta porque recordamos las obras grandes que Dios hizo en él. Cierto que el Señor estuvo grande con Juan Pablo II. Y ahora con la beatificación, la Iglesia ratifica que Dios sigue y seguirá estando grande con nosotros. Por eso eleva a los altares a Juan Pablo II a fin de que sea un ejemplo de superación para todo ser humano en particular del creyente. 

Envidiamos a los que presenciarán en Roma la beatificación de Juan Pablo II. Pero nos contentamos encomendándoles que presenten a Dios nuestras intenciones y necesidades por su itercesión y valía en el cielo.

¡Beato Juan Pablo II, papa, intercede por nosotros! Amén.


Puedes consultar: 

http://www.juanpabloii.va/

http://www.zenit.org/0?l=spanish

http://www.aciprensa.com/noticias.php 




.LITURGIA DE LA MISA
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Oración sobre las ofrendas: Concédenos, Señor, darte gracias siempre por medio de estos misterios pascuales; y ya que continúan en nosotros la obra de tu redención, sean también fuente de gozo incesante. Por Jesucristo.
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Textos bíblico-litúrgicos.– Entrada: Sal 104, 43; 1era lectura: Hch 4, 13-21; Salmo: 117, 1. 14-16. 18-21; Aleluya; Evangelio: Mc 16, 9-15; Comunión: Gál 3, 27.
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Primera Lectura: Hechos 4, 13-21.- “No podemos callar lo que hemos visto y oído”

En aquellos días, los sumos sacerdotes, los ancianos y los letrados estaban admirados al ver la seguridad con que hablaban Pedro y Juan, que eran hombres sin instrucción ni cultura. Por una parte los reconocían como seguidores de Jesús, y al mismo tiempo veían de pie junto a ellos al hombre que había sanado, de modo que nada podían decir en su contra.

Entonces, los mandaron fuera del tribunal y comenzaron a discutir entre ellos: ¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Todo Jerusalén sabe que han hecho un milagro clarísimo y no podemos negarlo. Entonces, los llamaron y les mandaron que de ningún modo hablaran o enseñaran en el nombre de Jesús.

Pedro y Juan les respondieron: «¿Vean ustedes mismos si está bien delante de Dios que les obedezcamos a ustedes antes que a él? No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído».

Entonces, insistiendo en sus amenazas, los dejaron en libertad ya que no hallaban la manera de castigarlos, a causa del pueblo; en efecto, todos glorificaban a Dios, por lo que había pasado.
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Salmo Responsorial: 117, 1. 14-16. 18-21.- “La diestra del Señor ha hecho maravillas.”

Den gracias al Señor porque es bueno, pues su bondad perdura para siempre. Al Señor yo lo cuento entre los que me ayudan, por eso yo desprecio a los que me odian.

El Señor es mi fuerza, y es por él que yo canto, ha sido para mí la salvación. Clamores de alegría y de victoria resuenan en las carpas de los justos: “La mano del Señor lo ha enaltecido, la mano del Señor hizo prodigios”.

Con razón el Señor me ha castigado, pero no permitió que me muriera. “Ábranme, pues, las puertas de justicia para entrar a dar gracias al Señor: Esta de aquí es la puerta del Señor, por ella entran los justos”. Te agradezco que me hayas escuchado, pues fuiste para mí la salvación.
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Aleluya. Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.
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Evangelio: Marcos 16, 9-15.- “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”

Jesús, que resucitó en la madrugada del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete espíritus malos. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban tristes y llorando. Pero al oírle decir que vivía y que lo había visto, no la creyeron.

Después Jesús se apareció bajo otra figura a dos de ellos, cuando iban al campo. Estos volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco los creyeron.

Por último, Jesús se apareció Jesús a los Once discípulos cuando estaban comiendo. Jesús los reprendió por su falta de fe y su porfía en no creer a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

NOTA
Clave hermenéutica o de interpretación de la lectura evangélica

San Marcos hace una valoración muy crítica de los personajes principales. En este caso de los Once. Les echa en cara su incredulidad y dureza de corazón. Por el contrario presenta como modelos de fe a los personajes secundarios que, aquí, dan tetimonio de Jesús que se les ha aparecido y que está vivo. Los Once no les dan crédito.

Con este recurso, Marcos nos ofrece la posibilidad de identificarnos con las debilidades de los personajes principales, de los Once, para que crezcamos en la fe y nos sintamos acogidos por la misericorida de Dios, y la comprensión del Maestro. Porque éste sigue confiando en ellos. Más aún: los envía al mundo como testigos, aunque no tienen merecimientos. Se resalta así la total gratuidad de la vida cristiana y de la misión evangelizadora.

Hermano, agradece a Dios que sigue confiando en ti, que opta por ti, a pesar de tus debilidades y pecados, o precisamente por ellos. Su plan de salvación irá adelante, le pese a quien le pesare. Pide que tú seas de los más dóciles colaboradores de Cristo Resucitado que sigue salvando a los hombres de hoy con la fuerza de su Espíritu. Amén.
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Del comentario de san Beda el Venerable, presbítero,
sobre la primera carta de san Pedro

Raza elegida, Sacerdocio real

Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real. Este título honorífico fue dado por Moisés en otro tiempo al antiguo pueblo de Dios, y ahora con todo derecho Pedro lo aplica a los gentiles, puesto que creyeron en Cristo, el cual, como piedra angular, reunió a todos los pueblos en la salvación que, en un principio, había sido destinada a Israel.

Y los llama raza elegida a causa de la fe, para distinguirlos de aquellos que, al rechazar la piedra angular, se hicieron a sí mismos dignos de rechazo.

Y sacerdocio real porque están unidos al cuerpo de aquel que es rey soberano y verdadero sacerdote, capaz de otorgarles su reino como rey, y de limpiar sus pecados como pontífice con la oblación de su sangre. Los llama sacerdocio real para que no se olviden nunca de esperar el reino eterno y de seguir ofreciendo a Dios el holocausto de una vida intachable.

Se les llama también nación consagrada y pueblo adquirido por Dios, de acuerdo con lo que dice el apóstol Pablo comentando el oráculo del Profeta: Mi justo vivirá de fe, pero, si se arredra, le retiraré mi favor. Pero nosotros, dice, no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma. Y en los Hechos de los apóstoles dice: El Espíritu Santo os ha encargado guardar el rebaño, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Nos hemos convertido, por tanto, en pueblo adquirido por Dios en virtud de la sangre de nuestro Redentor, como en otro tiempo el pueblo de Israel fue redimido de Egipto por la sangre del cordero. Por esto Pedro recuerda en el versículo siguiente el sentido figurativo del antiguo relato, y nos enseña que éste tiene su cumplimiento pleno en el nuevo pueblo de Dios, cuando dice: Para proclamar sus hazañas.

Porque así como los que fueron liberados por Moisés de la esclavitud egipcia cantaron al Señor un canto triunfal después que pasaron el mar Rojo, y el ejército del Faraón se hundió bajo las aguas, así también nosotros, después de hacer recibido en el bautismo la remisión de los pecados, hemos de dar gracias por estos beneficios celestiales.

En efecto, los egipcios, que afligían al pueblo de Dios, y que por eso eran como un símbolo de las tinieblas y aflicción, representan adecuadamente los pecados que nos perseguían, pero que quedan borrados en el bautismo.

La liberación de los hijos de Israel, lo mismo que su marcha hacia la patria prometida, representa también adecuadamente el misterio de nuestra redención: caminamos hacia la luz de la morada celestial, iluminados y guiados por la gracia de Cristo. Esta luz de la gracia quedó prefigurada también por la nube y la columna de fuego; la misma que los defendió, durante todo su viaje, de las tinieblas de la noche, y los condujo, por un sendero inefable, hasta la patria prometida (Cap. 2: PL 93, 50-51).


Vivencias Pascuales 2011 (6)

abril 29, 2011

Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis

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VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA
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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 77, 53; 1era lectura: Hch 4, 1-12; Salmo: 117, 1-2. 4. 22-27; Aleluya; Evangelio: Jn 21, 1-14; Comunión: Jn 21, 12-13.
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Primera Lectura: Hechos 4, 1-12.- “Fuera de Jesús no hay salvación”

En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los hombres del partido de los saduceos, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban que la resurrección de los muertos se había verificado en Jesús. Los tomaron presos y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque ya anochecía. Muchos de los que oyeron la Palabra creyeron; el número de los hombres fue como de cinco mil.

Al día siguiente se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los maestros de la Ley; estaban Anás el sumo sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los que pertenecían a la familia pontifical. Llamaron a los apóstoles a su presencia y les preguntaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes han hecho esto?».

Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y Ancianos, consta que nosotros hoy debemos responder por la curación de un hombre enfermo. ¿Por quién ha sido sanado? Sépanlo todos ustedes, y que lo sepa todo el pueblo de Israel: Por el Nombre de Jesucristo Nazareno, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su Nombre este hombre está de pie y sano ante ustedes.

Jesús es la piedra que ustedes los constructores despreciaron y que se convirtió en piedra fundamental. En ningún otro se encuentra la salvación, ya que no se ha dado a los hombres sobre la tierra otro Nombre por el cual podamos ser salvados”.

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Salmo Responsorial: 117, 1-2. 4. 22-27.- “Este es el día en que actuó el Señor.”

Den gracias al Señor, pues él es bueno, pues su bondad perdura por siempre. Que lo diga la gente de Israel: Su bondad es eterna. Que los que temen al Señor lo digan: Su bondad es eterna.

La piedra que dejaron los maestros se convirtió en la piedra principal: Esta es obra de Dios, es una maravilla a nuestros ojos. Este es el día que ha hecho el Señor, gocemos y alegrémonos en él.

Danos, Señor, la salvación; Señor, danos prosperidad. “Bendito sea el que viene en el nombre del Señor, nosotros los bendecimos desde la Casa de Dios”.

El Señor es Dios, él nos ilumina. Formen la procesión con ramos en la mano hasta llegar muy cerca del altar.

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Evangelio: Juan 21, 1-14.- “Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio a sus discípulos, y también el pescado”.

En aquel tiempo, Jesús se hizo presente otra vez a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Sucedió así: Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Gemelo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Le contestaron: “Nosotros vamos también contigo”.
Partieron y subieron a la barca; pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús se presentó en la orilla. Pero los discípulos no podían saber que era él. Jesús les dijo:
«Muchachos, ¿tienen algo de comer?». Le contestaron: «Nada». Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca». Echaron la red y se les hicieron pocas las fuerzas para recoger la red, tan grande era la cantidad de peces.

El discípulo a quien tanto amaba Jesús dijo a Simón Pedro: «Es el Señor». Cuando Pedro oyó esto de “Es el Señor”, se puso la ropa (se la había sacado para pescar) y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron a la barca, arrastrando la red llena de peces; estaban como a cien metros de la orilla.

Cuando bajaron a tierra, encontraron un fuego prendido y sobre las brasas pescado y pan. Jesús les dijo: «Traigan de los pescados que acaban de sacar». Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Con todo, no se rompió la red.

Jesús les dijo: “Vengan a desayunar”; y ninguno de los discípulos se atrevió a hacerle la pregunta: ”¿Quién eres tú?”, porque comprendían que era el Señor. Jesús se acercó a ellos, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.

Esta fue la tercera vez que Jesús se mostró a sus discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.
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Clave interpretativa.- El texto refleja las vicisitudes de la comunidad cristiana primitiva que se siente enviada a la misión y a la  evangelización de todos los pueblos. Destaca la figura de Pedro y la colaboración de los demás discípulos, la experiencia de la ausencia de Jesús, “la noche”, el “mar” del mundo, la universalidad de la misión -153 pescados-, la presencia del Resucitado, y la Eucaristía.
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MENSAJE DE PASCUA DEL PAPA BENEDICTO XVI


Vivencias Pascuales 2011 (5)

abril 28, 2011

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Para que se cumplieran las Escrituras. Como estaba anunciado. Tal como estaba escrito.

JUEVES DE LA OCTAVA DE PASCUA

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sab 10, 20-21; 1era lectura: Hch 3, 11-26; Salmo: 8, 2. 5-9; Aleluya; Evangelio: Lc 24, 35-48; Comunión: 1 Pe 2, 9.

CREER EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS

Clave de interpretación y gracia de Dios, fundamental para poder creer: “Cumplimiento de las Escrituras” en la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús.

Esta gracia de Dios que abre la mente de los discípulos de Jesús para entender las Escrituras genera la fe personal dentro de una comunidad y en contacto vital con ella. A la vez, y de manera inmediata, Dios crea el nuevo Israel, la Iglesia: un nuevo pueblo de reyes y sacerdotes, de profetas y de hijos de Dios.

La característica fundamental, imprescindible y suficiente, de los miembros del nuevo pueblo de Dios será su condición de testigos. Todos serán enseñados por el Espíritu de Dios, y entre ellos serán hermanos y testigos de una experiencia de Dios, única y total que no podrán dejar de proclamar ante todos los pueblos.

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Primera Lectura: Hechos 3, 11-26.- “Ustedes le dieron muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos”.

En aquellos días, el hombre paralítico que había sanado no se apartaba de Pedro ni de Juan, de manera que todo el pueblo, asombrado, corrió junto a ellos al pórtico llamado de Salomón.

Pedro, al ver la gente reunida, les dijo: “Israelitas, ¿por qué se admiran de esto?, ¿por qué nos miran asombrados? ¿Acaso le hicimos andar por nuestro propio poder o por nuestra santidad?

El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron y a quien negaron ante Pilato, cuando éste quería ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo y pidieron como una gracia la libertad de un asesino, mientras que al Señor de la vida lo hicieron morir.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su Nombre ha sido sanado este hombre que ustedes ven y conocen. Es, pues, la fe la que lo ha restablecido totalmente delante de todos ustedes.

Yo sé, hermanos, que actuaron así por ignorancia al igual que sus jefes. Pero Dios cumplió de esta manera lo que había anunciado por intermedio de todos los profetas: que su Cristo padecería.

Arrepiéntanse entonces y conviértanse, para que todos sus pecados sean borrados. Y así el Señor hará venir los tiempos del alivio enviando al Cristo que les ha sido destinado. Este Cristo es Jesús que ha de permanecer en el cielo, hasta que llegue el momento de la restauración del mundo, de la cual Dios habló por intermedio de sus santos profetas.

Moisés así lo dijo: El Señor Dios les hará surgir un profeta como yo de entre sus hermanos. Escuchen todo lo que él les va a decir. Todo el que no escuche a ese profeta será eliminado del pueblo.

Y todos los profetas que desde Samuel y sus sucesores han hablado, anunciaron también estos días.

Ustedes son los hijos de los profetas y de los hombres con los cuales Dios pactó la alianza al decir a Abrahán: En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. Para ustedes primeramente, Dios ha resucitado a su Servidor y lo ha enviado para que los bendiga, apartándose cada uno de sus actos malos”.

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Salmo Responsorial: 8, .2. 5-9
“¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!”

¡Oh Señor, nuestro Dios, qué glorioso tu nombre por la tierra! ¿Quién es el hombre, para que te acuerdes de él, el hijo de Adán, para que de él cuides?

Apenas inferior a un dios lo hiciste, coronándolo de gloria y grandeza; le entregaste las obras de tus manos, bajo sus pies has puesto cuanto existe.

Ovejas y bueyes todos juntos, como también las fieras salvajes, aves del cielo y peces del mar que andan por las sendas de los mares.

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Evangelio: Lucas 24, 35-48.- “Está escrito que Cristo tenía que padecer y tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día”

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos. Les dijo: «Paz a ustedes».

Estaban atónitos y asustados, pensando que veían a algún espíritu. Pero les dijo: «¿Por qué se asustan tanto, y por qué les vienen estas dudas?” Miren mis manos y mis pies; soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo».

Y al mismo tiempo les mostró sus manos y sus pies. Y como en medio de tanta alegría no podían creer y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?».

Ellos le ofrecieron un pedazo de pescado asado, y él lo tomó y comió ante ellos. Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba entre ustedes. Tenía que cumplirse lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos respecto a mí».

Entonces les abrió la mente para que lograran entender las Escrituras, y les dijo: «Esto estaba escrito: los sufrimientos de Cristo, su resurrección de entre los muertos al tercer día, y la predicación que ha de hacerse en su nombre a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, invitándolas a que se conviertan y sean perdonadas de sus pecados. Y ustedes son testigos de todo esto”.


Vivencias Pascuales 2011 (4)

abril 27, 2011

Sentado a la mesa con ellos, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio.

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MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA

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Oración colecta

¡Oh Dios!, que todos los años nos alegras con la solemnidad de la resurrección del Señor; concédenos, a través de la celebración de estas fiestas, llegar un día a la alegría eterna. Por nuestro Señor.

Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Mt 25, 34; 1era lectura: Hch 3, 1-10; Salmo: 104, 1-4. 6-9; Aleluya; Evangelio: Lc 24, 13-35; Comunión: Lc 24, 35.

1ª Lectura: Hch 3, 1-10.- “Te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesús, camina”

Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres de la tarde. Había allí un hombre tullido de nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada “Puerta Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban.
El inválido, al ver que Pedro y Juan que entraban al Templo, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada y le dijo: «Míranos».
El tullido los miró fijamente, esperando recibir algo. Pedro entonces le dijo: «No tengo oro ni plata; pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo de Nazaret, camina». Y lo tomó de la mano derecha, lo levantó.
Inmediatamente sus tobillos y sus pies recuperaron la fuerza, y de un salto se puso de pie y caminó. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.
Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios. Lo reconocían como el tullido que pedía limosna junto a la Puerta Hermosa del Templo, y quedaron asombrados y maravillados por lo que había sucedido.

Salmo 104, 1-4. 6-9

Celebren al Señor, alaben su nombre, digan sus hazañas a todo el mundo.
Entónenle cantos, y mediten todos sus prodigios. Sintámonos orgullosos de su santo nombre y que estén felices los que buscan al Señor.
Piensen en el Señor y en su poder, busquen siempre su presencia.
Elegidos de Dios, descendientes de Jacob, digan sus milagros y sus sentencias.
El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.
Recuerda eternamente su alianza, la promesa que hizo a tantas generaciones.
El pacto con que se unió con Abraham, el juramento que hizo a Isaac.

Evangelio: Lc 24, 13-35.- “Lo reconocieron al partir el pan”

Ese mismo día, dos discípulos iban de camino a un pueblecito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén, conversando de todo lo que había pasado.
Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo les impedía reconocerlo. Jesús les dijo: “¿Qué es lo que van conversando juntos por el camino?”
Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo, así que tú eres el único peregrino en Jerusalén que no sabe lo que pasó en estos días?” “¿Qué pasó?”, preguntó Jesús. Le contestaron: «Todo ese asunto de Jesús Nazareno. Este hombre se manifestó como profeta poderoso en obras y en palabras, aceptado tanto por Dios como por el pueblo entero. Hace unos días, los jefes de los sacerdotes y los jefes de nuestra nación lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel; pero a todo esto van dos días que sucedieron estas cosas. En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron sorprendidos. Fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron a contarnos que se les habían aparecido unos ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron”.
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes y cuánto les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó todo lo que las Escrituras decían sobre él. Cuando ya estaban cerca del pueblo al que ellos iban, él aparentó seguir adelante. Pero ellos le insistieron, diciéndole: «Quédate con nosotros, porque cae la tarde y se termina el día». Entró entonces para quedarse con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron pero ya había desaparecido.
Se dijeron uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Éstos les dijeron: “¡Es verdad! El Señor resucitó y se dejó ver por Simón”.
Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan.
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San Anastasio de Antioquía.- Era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria.

Después que Cristo se había mostrado, a través de sus palabras y sus obras, como Dios verdadero y Señor del universo, decía a sus discípulos, a punto ya de subir a Jerusalén: Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los gentiles y a los sumos sacerdotes y a los escribas, para que lo azoten, se burlen de él y lo crucifiquen.

Esto que decía estaba de acuerdo con las predicciones de los profetas, que habían anunciado de antemano el final que debía tener en Jerusalén. Las sagradas Escrituras habían profetizado desde el principio la muerte de Cristo y todo lo que sufriría antes de su muerte; como también lo que había de suceder con su cuerpo, después de muerto; con ello predecían que este Dios, al que tales cosas acontecieron, era impasible e inmortal; y no podríamos tenerlo por Dios, si, al contemplar la realidad de su encarnación, no descubriésemos en ella el motivo justo y verdadero para profesar nuestra fe en ambos extremos; a saber, en su pasión y en su impasibilidad; como también el motivo por el cual el Verbo de Dios, por lo demás impasible, quiso sufrir la pasión: porque era el único modo como podía ser salvado el hombre.

Cosas, todas éstas, que sólo las conoce él y aquellos a quienes él se las revela; él, en efecto, conoce todo lo que atañe al Padre, de la misma manera que el Espíritu sondea la profundidad de los misterios divinos.

El Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin inteligencia y cortos de entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria.

Porque él, en verdad, vino para salvar a su pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiese; y esta salvación es aquella perfección que había de obtenerse por medio de la pasión, y que había de ser atribuida al guía de nuestra salvación, como nos enseña la carta a los Hebreos, cuando dice que él es el guía de nuestra salvación, perfeccionado y consagrado con sufrimientos.

Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es restituida a través de la cruz en la misma carne que había asumido; dice, en efecto, san Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que dijo el Salvador quemanaría como un torrente de las entrañas del que crea en él. Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado; aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz.

Por eso el Señor, en la oración que dirige al Padre antes de la pasión, le pide que lo glorifique con aquella gloria que tenía junto a él, antes que el mudo existiese (Sermón 4,1-2: PG 89, 1347-1349)


Vivencias Pascuales 2011 (3)

abril 26, 2011

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Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quien buscas?

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MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA
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Clave de espiritualidad pascual: Oración colecta.

Tú, Señor, que nos has salvado por el misterio pascual, continúa favoreciendo con dones celestes a tu pueblo, para que alcance la libertad verdadera y pueda gozar de la alegría del cielo, que ya ha empezado a gustar en la tierra.

Textos bíblico-litúrgicos: Entrada: Eclo 15, 3-4; 1era lectura: Hch 2, 36-41; Salmo: 32, 4-5. 18-20. 22; Aleluya; Evangelio: Jn 20, 11-18; Comunión: Col 3, 1-2.

1ª Lectura: Hch 2, 36-41: “Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo”

El día de Pentecostés decía Pedro a los judios: «Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús, a quien ustedes crucificaron».
Al oír esto, se afligieron profundamente. Dijeron, pues, a Pedro y a los demás apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?”
Pedro les contestó: «Conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo, para que sus pecados sean perdonados. Y Dios les dará el Espíritu Santo; porque la promesa es para ustedes y para sus hijosy para todos los extranjeros a los que el Señor llame”.

Con estas y otras muchas palabras les hablaba y les invitaba con insistencia: «Sálvense de esta generación malvada». Los que creyeron fueron bautizados y en aquel día se les unieron alrededor de tres mil personas.

Salmo Responsorial: 32 4-5. 18-20. 22 “La misericordia del Señor llena la tierra.”

Pues recta es la palabra del Señor, y verdad toda obra de sus manos. Él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su gracia.

Los ojos del Señor están mirando a los que lo respetan, y ponen su esperanza en su bondad: para arrancar sus vidas de la muerte y darles de comer en tiempo de hambre.

En el Señor nosotros esperamos, él es nuestra defensa y nuestro escudo; pues nuestro corazón se alegra en él.

Venga, Señor, tu amor sobre nosotros, como hemos puesto en ti nuestra confianza.

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Evangelio: Juan 20, 11-18 “He visto al Señor y me ha dado este mensaje”

María estaba llorando afuera, cerca del sepulcro. Mientras lloraba se agachó sobre el sepulcro, y vio a dos ángeles de blanco, sentados, uno a la cabecera y el otro a los pies, en donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto». Al decir, retrocedió y vio a Jesús, de pie, pero no lo reconoció.

Le dijo Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?» Ella, creyendo que sería el cuidador del huerto, le contestó: «Señor, si tú lo has sacado, dime dónde lo pusiste y yo me lo llevaré».
Jesús le dice: «María». Entonces ella se dio vuelta y le dijo: «Rabboní» que en hebreo significa “maestro mío”.
«Suéltame, le dijo Jesús, pues aún no he vuelto donde mi Padre: anda a decir a mis hermanos que subo donde mi Padre, que es el Padre de ustedes; donde mi Dios que es el Dios de ustedes».
María Magdalena fue a los discípulos y les dijo: “He visto al Señor» y me ha dicho tales y tales cosas”.
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Clave hermenéutica o de interpretación del relato evangélico.- La narración de esta aparición hay que interpretarla teniendo como fondo el Cantar de los Cantares. Por tanto, la clave nupcial aportará una gran iluminación teológica y espiritual: Resucitado-Comunidad cristiana; Cristo-Iglesia, esposa. Téminos sugerentes son: “huerto”, “mujer”, “darse media vuelta, volverse”, “buscar”, “hotelano”, “soltar o dejar de tocar” (Cf. Secundino Castro Sánchez, ocd.: Evangelio de Juan. DDB, 2008; pp. 349-357)

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De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
El Aleluya pascual

Toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y nadie puede ser idóneo de la vida futura si no se ejercita ahora en esta alabanza.

Ahora, alabamos a Dios, pero también le rogamos. Nuestra alabanza incluye la alegría, la oración, el gemido. Es que se nos ha prometido algo que todavía no poseemos; y, porque es veraz el que lo ha prometido, nos alegramos por la esperanza; mas, porque todavía no lo poseemos, gemimos por el deseo. Es cosa buena perseverar en este deseo, hasta que llegue lo prometido; entonces cesará el gemido y subsistirá la alabanza.

Por razón de estos dos tiempos -uno, el presente, que se desarrolla en medio de las pruebas y tribulaciones de esta vida, y el otro, el futuro, en el que gozaremos de la seguridad y la alegría perpetuas-, se ha instituido la celebración de un doble tiempo, el de antes y el de después de Pascua. El que precede a la Pascua significa las tribulaciones que en esta vida pasamos; el que celebramos ahora, después de Pascua, significa la felicidad que luego poseeremos. Por tanto, antes de Pascua celebramos lo mismo que ahora vivimos; después de Pascua celebramos y significamos lo que aún no poseemos. Por esto, en aquel primer tiempo nos ejercitamos en ayunos y oraciones; en el segundo, el que ahora celebramos, descansamos de los ayunos y lo empleamos todo en alabanza. Esto significa el Aleluya que cantamos.

En aquel que es nuestra cabeza, hallamos figurado y demostrado este doble tiempo. La pasión del Señor nos muestra la penuria de la vida presente, en la que tenemos que padecer la fatiga y la tribulación, y finalmente la muerte; en cambio, la resurrección y la glorificación del Señor es una muestra de la vida que se nos dará.

Ahora, pues, hermanos, os exhortamos a la alabanza de Dios; y esta alabanza es la que nos expresamos mutuamente cuando decimos: Aleluya. “Alabad al Señor”, nos decimos unos a otros; y, así, todos hacen aquello a lo que se exhortan mutuamente. Pero procurad alabarlo con toda vuestra persona, esto es, no sólo vuestra lengua y vuestra voz deben alabar a Dios, sino también vuestro interior, vuestra vida, vuestras acciones.

En efecto, lo alabamos ahora, cuando nos reunimos en la Iglesia; y, cuando volvemos a casa, parece que cesamos de alabarlo. Pero, si no cesamos en nuestra buena conducta, alabaremos continuamente a Dios. Dejas de alabar a Dios cuando te apartas de la justicia y de lo que a él le place. Si nunca te desvías del buen camino, aunque calle tu lengua, hable tu conducta; y los oídos de Dios atienden a tu corazón. Pues, del mismo modo que nuestros oídos escuchan nuestra voz, así los oídos de Dios escuchan nuestros pensamientos (Salmo 148, 1 – 2: CCL 40, 2165 – 2166).


Vivencias Pascuales 2011 (2)

abril 25, 2011

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Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz.

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LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA
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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Éx 13, 5.9; 1era lectura: Hch 2, 14-16. 22-32; Salmo: 15, 1-2. 5. 7-11; Aleluya; Evangelio: 28, 8-15; Comunión: Rom 6, 9.

TEXTO ILUMINADOR: Oración colecta.- La Iglesia, madre fecunda.

¡Oh Dios!, que siempre aumentas tu Iglesia con el nacimiento de nuevos hijos en el bautismo; concédeles ser fieles durante su vida a la fe que han recibido en el sacramento. Por nuestro Señor.

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1ª Lectura- Hch 2, 14. 22-23: “A este Jesús, Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos”

El día de Pentecostés se presentó Pedro con los Once, levantó la voz y dirigió la palabra: Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, os lo entregron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice:

Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que “no lo entragaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción, hablaba del Mesías, previendo su resurrección”. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos.

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Salmo: 15, 1-2. 5. 7-11: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”. “El Señor es mi parte de herencia”

Guárdame, oh Dios , en ti está mi refugio, tú eres mi bien, nada hay fuera de ti;

Señor, mi parte tú eres y mi copa, tú proteges la suerte que me toca; me marcaron un sitio de delicias, magnífica yo encuentro mi parcela.

Yo bendigo a mi Dios que me aconseja, mi conciencia me instruye aun de noche, pongo siempre al Señor ante mi vista; porque a mi lado está, jamás vacilo.

Por eso corazón y alma se alegran, y mi cuerpo descansará seguro; pues tú no puedes dar mi alma al infierno, ni dejar que tu amigo se corrompa.

Me mostrarás la senda de la vida, el gozo grande que es mirar tu rostro, delicias para siempre a tu derecha.

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NOTA.- Durante la octava de Pascua se proclaman los relatos de las apariciones del Señor Resucitado narradas por los cuatro evangelios.

Evangelio: Mt. 28, 8-15

“Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galileaallí me verán”

Ellas salieron al instante del sepulcro, con temor, pero con una gran alegría a la vez, y corriendo fueron a dar la noticia a los discípulos.En eso Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Paz a ustedes”. Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo en seguida: “No teman: vayan a anunciarlo a mis hermanos para que se hagan presentes en Galilea y ahí me verán”.

Mientras ellas iban, algunos de los guardias fueron a la ciudad a contar a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. Ellos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero, junto con esta orden: «Digan que mientras dormían vinieron de noche los discípulos y se robaron el cuerpo de Jesús. Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo calmaremos y les evitaremos molestias a ustedes”.

Los soldados recibieron el dinero y siguieron las instrucciones. Esta mentira corrió entre los judíos y dura hasta hoy.

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PREFACIO PASCUAL I. Durante la Octava de Pascua se reza así:

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; PERO MÁS QUE NUNCA EN ESTE DÍA en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.

Por eso, CON ESTA EFUSIÓN DE GOZO PASCUAL, EL MUNDO ENTERO SE DESBORDA DE ALEGRÍA, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…



Vivencias Pascuales 2011 (1)

abril 24, 2011

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DÍA DE PASCUA DE RESURRECCIÓN

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

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COMENZAMOS HOY las Vivencias Pascuales. La Vigilia Pascual nos ha introducido en la gran fiesta de la Resurrección del Señor que se prolongará durante la cincuentena pascual. Las Vivencias Pascuales nos ayudarán a interiorizar día tras día este misterio central de nuestra fe.

“Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día fstivo, más aún, como un gran domingo”.

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Misa del día.- Entrada: Salmo 138, 18. 5-6; 1era. Lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34. 37-43; Salmo: 117, 1-2. 16-17. 22-23; 2da. Lectura: Colosenses 3, 1-4; Evangelio: Juan 20, 1-9; Comunión: 1Corintios 5, 7-8.

TEMA CENTRAL: El Padre glorifica a su Hijo Encarnado, dándole el Espíritu Eterno. Es decir, transforma la naturaleza humana asumida por la Persona del Verbo increado. Al glorificar a Jesús con su naturaleza humana, el Padre eleva a todos los hombres a una vida nueva y divina: Se acabó el poder del pecado y de la muerte. Los hombres ya tienen acceso a la misma vida de Dios. Esa vivificación comienza aquí en la tierra y se culminará en el cielo. A los que crean se les perdonarán los pecados, llegarán a ser hijos de Dios, y ya no podrán pecar, pues han sido marcados por el Espíritu. Han nacido de un germen incorruptible, de Dios mismo.

Ese milagro lo realiza “hoy” el Padre por su Hijo Jesucristo en el poder del Espíritu, mediante la Resurrección: Así Dios hace nuevas todas las cosas en Cristo; de esta forma recrea, por el Espíritu creador, todo lo creado al principio de la nada. Cristo ha “pasado” de este mundo al seno de su Padre donde se gozaba ya antes de los siglos; pero vuelve al Cielo llevando consigo a una multitud de hermanos.

Esta obra del poder de Dios, esta nueva creación en Cristo glorificado, muestra mejor que la primera el poder de Dios. De ahí el canto del salmista:

¡ÉSTE ES EL DÍA EN QUE ACTUÓ EL SEÑOR;

SEA NUESTRA ALEGRÍA Y NUESTRO GOZO!

Dios ha trastocado los planes de los impíos: La piedra que desecharon los arquitectos -los que rechazaron y siguen negando a Jesús, los sabios y poderosos de este mundo-, es ahora la piedra angular, Cristo Resucitado. Es el Señor quien lo ha hecho; ha sido un milagro patente.

En este domingo encontramos concentrado el misterio de la muerte y de la Resurrección del Señor con su Ascensión y el envío del Espíritu en Pentecostés. Todo se ha cumplido. El plan de Dios se ha llevado a cabo. Dios mismo se ha preparado, por su Espíritu, una ofrenda que le agrada: Cristo mismo; a la vez, el Verbo increado y ahora Cabeza de la Iglesia. Podríamos afirmar que Dios mismo se ha glorificado a sí mismo, y de ello le hace partícipe a todo el que crea: Para alabanza de su Gloria. Todo está reinstaurado en Cristo: Para que sea alabada la gloria del Padre.

Dejemos ahí las reflexiones y analicemos brevemente los textos de la celebración eucarística.

La celebración eucarística se abre con un grito de victoria. En la Vigilia de anoche la asamblea, después de escuchar el pregón pascual, cantó alborozada el Gloria, como expresión de júbilo por la Resurrección del Señor. La antífona de entrada de la misa del día manifiesta esa certeza de la resurrección del Señor y no puede menos que aclamarlo por su glorificación: El Padre no lo ha dejado en el sepulcro, sino que le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, le ha dado un nombre sobre todo nombre. La antífona dice: En verdad ha resucitado el Señor, Aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad.

La oración colecta remarca este espíritu pascual de la glorificación y pide la renovación por el Espíritu para poder resucitar ya desde ahora en el reino de la luz y de la vida que no se acabará. San Juan, 6, 37, aclara que aún no había Espíritu, porque Cristo no había sido glorificado. El mismo Jesús lo reafirma y fundamenta así: Él debe irse para que venga el Espíritu. Es condición que él culmine su obra, que cumpla la voluntad del Padre hasta el final. Sólo así vendrá el Espíritu, el “otro” Consolador.

En efecto, cuando Cristo expiró en la cruz, cuando entregó el Espíritu y fue abierto su costado, entonces recibió de su Padre el Espíritu eterno, a modo de una nueva efusión, en calidad de Hijo Encarnado. Al ser glorificada la humanidad de Jesús, todos los hombres hemos recibido la capacidad de ser inundados por el Espíritu que habitaba en Jesús. Así, el Padre Celestial ha pasado el Espíritu de su Hijo a todos los que crean en él como el enviado por el Padre para salvar a los hombres.

Recemos ya esa oración: Señor Dios, que en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida.- Por nuestro Señor Jesucristo.

La primera lectura nos conduce a la primera proclamación de Cristo como Salvador. Pedro, en nombre de los apóstoles, da testimonio de Cristo con mucha convicción. Lo hace con el poder que le daba el Espíritu de Cristo derramado sobre él y los demás apóstoles. ¿Cómo sucedió ese bautismo en el Espíritu Santo, en el mismo Espíritu que habitaba en Jesús y que le impulsaba en todo momento a pasar por el mundo haciendo el bien?

María reúne a los discípulos para recordar juntos y rumiar en el corazón las enseñanzas de Jesús, y sobre todo el desenlace de su vida, a la luz de la Palabra de Dios del Antiguo Testamento y en profunda oración hecha en comunidad. La recepción del Espíritu aconteció en una serie de experiencias humanas y religiosas, siempre compartidas en comunidad. Se contaban unos a otros las manifestaciones del Resucitado en su vida y en las comunidades. No podían guardar y menos ocultar la presencia gloriosa del Resucitado, pues era él quien animaba por su Espíritu a las comunidades. Las apariciones del Resucitado van modelando y confirmando la fe de los discípulos.

Así se fue gestando todo un proceso de renovación y vivificación por el poder del Resucitado que actuaba en los creyentes por su mismo Espíritu. Mientras oraban, mientras evangelizaban, o sufrían persecución, el Espíritu iba descendiendo sobre ellos a modo de un baño de fuego y de santidad. Pentecostés tuvo muchos momentos y lugares. No podemos imaginarlo como una ocasión puntual y anecdótica. El Espíritu se derramaba a discreción y sin medida sobre los creyentes inundándolos del poder de lo alto que les capacitaba para testimoniar a Cristo hasta el confín de la tierra.

Escuchemos la Lectura de los Hechos, 10, 34-43: Por aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo. Cómo Dios consagró a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, comunicándole su poder. Éste pasó haciendo el bien y sanando a cuantos estaban dominados por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la provincia de los judíos e incluso en Jerusalén. Al final, ellos lo mataron colgándolo de un madero.

Pero Dios lo resucitó el tercer día y le concedió que se dejara ver, no por todo el pueblo, sino por los testigos que Dios había escogido de antemano: por nosotros, que comimos y bebimos con él después de que resucitó de entre los muertos. Y nos mandó a predicar al pueblo y a dar testimonio de que él fue puesto por Dios como juez de vivos y muertos. A él se refieren todos los profetas, al decir que quien cree en él recibe por su nombre el perdón de los pecados.

Estas palabras de Pedro pronunciadas con ocasión del bautismo del primer pagano, Cornelio, constituyen uno de los discursos de los Hechos, llamados “kerigmáticos”. Pedro pronunció cinco de los seis discursos kerigmáticos recopilados en Hechos. El presente es el último. Pablo pronunció dos discursos que resumen el kerigma: uno, recogido en Hechos; y otro, en 1 Cor. En Lucas encontramos el octavo.

Los ocho resúmenes del anuncio y proclamación de Cristo, o discursos sobre el kerigma, se consignan a continuación. Pedro: Hechos 2,14-39; 3, 12-26; 4, 10-12.20; 5, 29-32; 10, 34-43. Pablo: Hechos 13, 16-41; 1 Cor 15, 3-9.45. Lucas: Lc 24, 5-48.

Si Jesús había predicado que la salvación se realizaba en el Reino de Dios, los apóstoles predican que el Reino se personifica en Jesús. El Jesús predicador de Galilea, después de la resurrección, pasó a ser Jesús predicado hasta los confines de la tierra. El Jesús evangelizador se transformó en Jesús Evangelio, Buena Noticia. La predicación apostólica se centró en la persona y la misión de Jesús. Se llaman kerigmáticos porque son “el anuncio o la proclamación” de Cristo como “El Señor y Salvador”.

Antes del evangelio, la Liturgia nos trae un himno de la Edad Media llamado “secuencia” porque describe los temas pascuales de Cristo, víctima, alianza y victoria.

En los diferentes evangelios que hoy pueden elegirse, se destaca el amor de los discípulos que no se resignan al fracaso, que no pueden menos que buscar, aunque sea a tientas y con dudas. Nosotros queremos imitar a María Magdalena que visita el sepulcro a primeras horas de la mañana, muy temprano. El amor sincero no es perezoso ni alocado, sino delicado y presuroso.

Para despedir a los fieles al final de la celebración elegimos el contenido de la segunda lectura:

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.