El maná de cada día, 11.6.18

junio 11, 2018

San Bernabé, apóstol

Patrón de la ciudad de Logroño, La Rioja, España
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San Bernabé, apóstol

San Bernabé, apóstol



Antífona de entrada: Hch 11, 24

Dichoso este santo que mereció ser contado entre los apóstoles, pues era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe.


Oración colecta

Señor, tu mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 11, 21b-26;13,1-3

En aquellos días, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor.

Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos.

Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos. En la Iglesia de Antioquia había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, apodado el Moreno, Lucio el Cireneo, Manahén, hermano de leche del virrey Herodes, y Saulo.

Un día que ayunaban y daban culto al Señor, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado.» Volvieron a ayunar y a orar, les impusieron las manos y los despidieron.


SALMO 97, 1.2-3ab.3c-4.5-6

El Señor revela a las naciones su justicia.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

Tañed la citara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 36a. 29B

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


EVANGELIO: Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».


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San Bernabé, apóstol

Nacido en la isla de Chipre, fue uno de los primeros fieles de Jerusalén, predicó en Antioquía y acompañó a Pablo en su primer viaje. Intervino en el Concilio de Jerusalén. Volvió a su patria, predicó el Evangelio y allí murió.

 

VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO

De los tratados de san Cromacio, obispo,
sobre el evangelio de san Mateo

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. El Señor llamó a sus discípulos sal de la tierra, porque habían de condimentar con la sabiduría del cielo los corazones de los hombres, insípidos por obra del diablo.

Ahora les llama también luz del mundo, porque, después de haber sido iluminados por el, que es la luz verdadera y eterna, se han convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas.

Siendo él el sol de justicia, llama con razón a sus discípulos luz del mundo; a través de ellos, como brillantes rayos, difunde por el mundo entero la luz de su conocimiento. En efecto, los apóstoles, manifestando la luz de la verdad, alejaron del corazón de los hombres las tinieblas del error.

Iluminados por éstos, también nosotros nos hemos convertido en luz, según dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

Con razón dice san Juan en su carta: Dios es luz, y quien permanece en Dios está en la luz, como él está en la luz. Nuestra alegría de vernos libres de las tinieblas del error debe llevarnos a caminar como hijos de la luz.

Por eso dice el Apóstol: Brilláis como lumbrera del mundo, ­mostrando una razón para vivir. Si no obramos así, es como si, con nuestra infidelidad, pusiéramos un velo que tapa y oscurece esta luz tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los demás. Ya sabemos que aquel que recibió un talento y prefirió esconderlo antes que negociar con él para conseguir la vida del cielo, sufrió el castigo justo.

Por eso la esplendorosa luz que se encendió para nuestra salvación debe lucir constantemente en nosotros. Tenemos la lámpara del mandato celeste y de la gracia espiritual, de la que dice David: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. De ella dice también Salomón: El precepto de la ley es una lámpara.

Esta lámpara de la ley y de la fe no debe nunca ocultar­se, sino que debe siempre colocarse sobre el candelero de la Iglesia para la salvación de muchos; así podremos alegrarnos con la luz de su verdad y todos los creyentes serán iluminados.

Oración

Señor, tú mandaste que san Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, fuera designado para llevar a las naciones tu mensaje de salvación; concédenos, te rogamos, ­que el Evangelio de Cristo, que él anunció con tanta firmeza, sea siempre proclamado en la Iglesia con fidelidad, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo.

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La familia y la Iglesia, según Amoris laetitia, 86-88, (4).

junio 3, 2018

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Familia numerosa. Los hijos, la bendición de Dios no sólo para los esposos y padres sino para la Iglesia como tal,

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La familia y la Iglesia

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«Con íntimo gozo y profunda consolación, la Iglesia mira a las familias que permanecen fieles a las enseñanzas del Evangelio, agradeciéndoles el testimonio que dan y alentándolas. Gracias a ellas, en efecto, se hace creíble la belleza del matrimonio indisoluble y fiel para siempre.

En la familia, “que se podría llamar iglesia doméstica” (Lumen gentium, 11), madura la primera experiencia eclesial de la comunión entre personas, en la que se refleja, por gracia, el misterio de la Santa Trinidad.

“Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la propia vida” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1657)».

La Iglesia es familia de familias, constantemente enriquecida por la vida de todas las iglesias domésticas. Por lo tanto, «en virtud del sacramento del matrimonio cada familia se convierte, a todos los efectos, en un bien para la Iglesia.

En esta perspectiva, ciertamente también será un don valioso, para el hoy de la Iglesia, considerar la reciprocidad entre familia e Iglesia: la Iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia. Custodiar este don sacramental del Señor corresponde no sólo a la familia individualmente sino a toda la comunidad cristiana».

El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia.

«El fin unitivo del matrimonio es una llamada constante a acrecentar y profundizar este amor. En su unión de amor los esposos experimentan la belleza de la paternidad y la maternidad; comparten proyectos y fatigas, deseos y aficiones; aprenden a cuidarse el uno al otro y a perdonarse mutuamente.

En este amor celebran sus momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles de su historia de vida […] La belleza del don recíproco y gratuito, la alegría por la vida que nace y el cuidado amoroso de todos sus miembros, desde los pequeños a los ancianos, son sólo algunos de los frutos que hacen única e insustituible la respuesta a la vocación de la familia», tanto para la Iglesia como para la sociedad entera.


El maná de cada día, 28.5.18

mayo 28, 2018

Lunes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario

 

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Una cosa te falta, vende lo que tienes y sígueme



PRIMERA LECTURA: 1 Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego-llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo.

No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

SALMO 110, 1-2. 5-6. 9ab y 10c

El Señor recuerda siempre su alianza.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza; mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.

Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza; la alabanza del Señor dura por siempre.


ALELUYA: 2 Cor 8, 9

Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza.


EVANGELIO: Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras.

Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»


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«UNA COSA TE FALTA» (Mc 10, 21)


Diálogo provocador con un joven insatisfecho

Por Mons. Carlos López Hernández, Obispo de Salamanca
18 de mayo de 2012

Obispo: ¿Qué buscas? ¿A qué aspiras en tu vida?

Joven: Yo quiero ser feliz.

O.: Es un buen deseo. ¿Qué haces para conseguirlo?

J.: Estudio en la universidad. Quiero asegurarme un buen futuro profesional.

O.: Lo tienes muy fácil. Cuando acabes la carrera serás feliz.

J.: Si logro encontrar trabajo.

O.: ¡Ah! Entonces, tu felicidad futura ¿no está en tus manos?

J.: ¡Claro!. Y eso es lo que me preocupa. Muchos años de esfuerzo para ir tal vez al paro o ejercer un trabajo que no me gusta.

O.: Hay muchos jóvenes graduados que están en esa situación.

J.: Y están decepcionados, inseguros de su futuro, sin saber qué hacer.

O.: ¿Tú crees que pueden ser felices?

J.: No lo sé. Del todo, no. A medias tal vez.

O.: Tienes una familia que te quiere y te da lo que necesitas; no te falta de nada. Tienes salud, eres físicamente agraciado, te lo pasas bien con tus amigos y amigas. Debes sentirte feliz.

J.: Bueno, no siempre. Yo quiero ser autónomo y mis padres me ponen límites y me exigen responsabilidad.

O.: Será porque quieren lo mejor para ti.

J.: Sí, pero me fastidia que me den normas y me digan lo que tengo que hacer. Ya soy mayor de edad. No quiero depender de nadie.

O.: Pero haces lo que programan tus amigos o lo que le gusta a tu chica, o lo que está de moda.

J.: Sí, porque me proponen lo que saben que me gusta y me apetece.

O.: Pero vas a clase y estudias también cuando no tienes ganas.

J.: Porque hay que aprobar y sacar la carrera. Hay mucha competencia y es necesario tener buen expediente académico.

O.: Estoy seguro que además disfrutas aprendiendo y cumpliendo con tu deber.

J.: Sí, muchas veces, aunque no siempre.

O.: Y seguro que te sientes bien cuando ves el fruto de tu esfuerzo.

J.: Por supuesto.

O.: Y cuando haces felices a tus padres, aunque en principio te fastidie; o cuando compartes tus cosas con tus hermanos, ayudas a tus amigos o eres útil a los demás..

J.: Sí, claro.

O.: Veo que no eres tan egoísta como parecías al principio. Te preocupa la injusticia, el hambre en el mundo, las guerras, la violación de los derechos humanos, la corrupción en la política, la pérdida del estado de bienestar, la situación de los parados, etc.

J.: Sí, y me siento solidario con ellos. Pero no sé que hacer para ayudarlos. Alguna vez he hecho de voluntario en una obra social, pero sólo durante un tiempo.

O.: ¿Y te sentiste feliz al hacerlo?

J.: Sí, bastante.

O.: ¿Por qué no seguiste colaborando?

J.: Porque tenía que estudiar y no me daba tiempo. Además, también necesito hacer otras cosas, como estudiar idiomas. Y quiero también ganar algo en el verano para mis gastos extra y tener un tiempo libre para lo que me gusta hacer.

O.: Perdona, que insista. Si te sientes feliz haciendo una cosa buena, ¿por qué no la haces siempre?

J.: Me parece que no lo sé. Pero no estoy seguro de que me haga siempre feliz lo que me hace sentirme a gusto durante un tiempo. Las circunstancias pueden cambiar y también los gustos. No puedo asegurar lo que me va a apetecer hacer mañana.

O.: Pero te gustaría portarte siempre bien con los demás y que te tengan por buena persona.

J.: Sí, claro está; pero es muy difícil distinguir lo que es conveniente en cada momento, lo que uno tiene derecho a buscar para uno mismo y lo que debe hacer por los demás; cuándo eres bueno y cuándo haces el tonto y abusan de ti.

O.: Veo que, en el fondo, tienes buenos criterios éticos.

J.: En mi familia me han inculcado la enseñanza de Jesús sobre el amor al prójimo y los demás mandamientos.

O.:¿Has seguido esta enseñanza?

J.: A veces sí y a veces no. Y hay mandamientos que no acabo de entender del todo, ni tengo fuerzas para cumplirlos.

O.: ¿Te consideras católico?

J.: Sí, pero poco practicante, aunque pertenezco a una cofradía de Semana Santa. Algunas cosas de la Iglesia me gustan y otras no.

O.: ¿Te parece que la religión es cuestión de gustos?

J.: Sí, tiene que ser libre; a nadie se le puede obligar.

O.: Tienes razón; la fe se propone y no se impone. Pero tú sabes que hay cosas que no gustan de momento y son buenas y necesarias. ¿No te parece que la cuestión es conocer la verdad?

J.: La verdad es relativa, cada uno tiene la suya.

O.: La ley de la gravedad es una verdad común a todos.

J.: Sí, pero eso es una ley física, que se comprueba por la ciencia.

O.: ¿Te has detenido alguna vez a examinar los efectos distintos que produce en la vida de las personas y de la sociedad el amor y el odio, la solidaridad y el egoísmo, la justicia y la injusticia, el dominio de sí y el instinto de placer, la información veraz y la falsa, la fidelidad a la palabra dada y la estrategia, la verdad y la mentira, etc.?

J.: Bueno, bueno, no me quiera comer el coco, que le veo venir. Ya va a decirme que la Iglesia tiene la verdad.

O.: No te lo voy a decir. Sólo quiero invitarte a buscar por ti mismo, con tu cabeza y tu corazón, y a ser sincero contigo mismo y discernir en tu vida lo que te hace sentirte en paz y lo que te deja insatisfecho.

J.: Reconozco que tengo muchos motivos de insatisfacción, por lo que veo en la sociedad y por lo que yo no soy capaz de hacer, aunque me gustaría hacerlo.

O.: Lo que te hace sentirte en paz y satisfecho siempre que lo haces, ¿no será la verdad que te cuesta trabajo reconocer y seguir? ¿No será lo bueno que, en el fondo, quieres poner en práctica?

J.: Todavía no lo he descubierto con claridad. Tengo mucho tiempo por delante para ello. Ahora soy muy joven y…

O.: No me dirás que prefieres seguir insatisfecho, o buscando sólo satisfacciones de repuesto diario.

J.: Tampoco es eso, pero soy un joven de hoy; y, ya sabe, el ambiente me influye. No tengo todo tan claro como para ser distinto, actuar contra corriente y ser señalado como un bicho raro. Tengo tiempo para ir viendo qué pasa.

O.: Ya comprendo. Mientras tanto, para que veas más claro lo que te pasa, te aconsejo tener en cuenta la invitación de Jesús a dos jóvenes inquietos que le preguntaban donde vivía: “Venid y lo veréis. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día” (Jn 1, 39). Y así descubrieron y anunciaron: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1, 41).

J.: Me está diciendo que tengo que leer más el Evangelio.

O.: Tú lo has dicho. Si empiezas a estar con Jesús, podrás llegar un día a comprender su llamada a un joven insatisfecho, que aspiraba a más, pero estaba muy atado a sus riquezas. Jesús le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme” (Mc 10, 21).

J.:¿Cómo respondió aquel joven?

O.: Lo mismo que tú ahora. Dando largas y marchándose triste e insatisfecho por no ser capaz de ser totalmente libre. Como ves, la historia se repite. Pero Jesús puede reiterar la llamada. Y ni tú ni yo sabemos ahora, lo que vas a ser capaz de responder mañana.

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El maná de cada día, 26.5.18

mayo 26, 2018

Sábado de la 7ª semana del Tiempo Ordinario

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No impidáis a los niños acercarse a mí



PRIMERA LECTURA: Santiago 5, 13-20

Queridos hermanos:

¿Está sufriendo alguno de vosotros? Rece. ¿Está contento? Cante. ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado.

Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo.

Elías era semejante a nosotros en el sufrimiento, y rezó insistentemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Volvió a rezar, y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto.

Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte, sepa que quien convierte a un pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados.


SALMO 140, 1b-2. 3 y 8

Suba, Señor, mi oración como incienso en tu presencia.

Señor, te estoy llamando, ven deprisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios. Señor Dios, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso.


ALELUYA: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.


EVANGELIO: Marcos 10, 13-16

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos los regañaban.

Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él».

Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.


Santa Rita de Casia: Vida breve

mayo 21, 2018

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Santa Rita de Casia, mística de la Pasión del Señor. Estigma de la espina.

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INTRODUCCIÓN

La finalidad de esta entrada sobre Santa Rita de Casia

Amable lector, santa Rita es una figura señera en la familia agustiniana. Suele ser conocida como la mujer que pasó por todos los estados de la vida con gran entereza cristiana. Esa particularidad condujo a Rita a vivir de una manera especial la vocación fundamental de todo bautizado: el amor a Dios y al hermano.

Además, en los últimos cuarenta años de su vida cristiana, Rita pudo extraer las últimas consecuencias del bautismo consagrándose a Dios como esposa del Cordero, como monja. De esta manera nos ayuda a comprender las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Y también nos da ejemplo a los que hemos recibido ese don.

Por eso, santa Rita constituye una verdadera joya en la familia agustiniana que nosotros, como agustinos, debemos compartir con toda la Iglesia. De esta forma Rita seguirá luciendo como un ejemplo luminoso para muchísimas personas en nuestros tiempos.

Eso es lo que pretendo precisamente con las entradas que, Dios mediante, iré colgando en esta páginare. Intentaré dar a conocer a todos, pero en particular a las mujeres, la grandeza y santidad de Rita para que les sirva de apoyo y estímulo en las diversas situaciones de la vida.

Como se desprende de lo anterior, la finalidad de esta página es pastoral tanto en la parte biográfica como en la novena. Sobre todo en ésta, trataré de acoger y acompañar el crecimiento espiritual de muchas personas en su vida personal y familiar, a la luz de los ejemplos de santa Rita. Pretendo ayudarles en su carrera hacia la santidad que es la vocación de todo bautizado.

El contenido bíblico y doctrinal de la novena en honor de santa Rita gira en torno a dos polos que son prioridad en la nueva evangelización a la que nos está llamando reiteradamente la Iglesia y que la Orden trata de llevar adelante: la familia, la vida, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones  y las vocaciones, tanto las laicales como las de especial consagración.

Resumo el contenido de la novena y su enfoque diciendo que en ella se ofrecen unos apuntes de evangelización tipo personalista y familiar, más vivenciales que teóricos, con fundamentos bíblicos y agustinianos, trenzados en torno a la figura legendaria de santa Rita de Casia.

Ésta es precisamente la envoltura que la tradición ha elaborado para transmitirnos íntegra la invalorable obra de arte de la gracia de Dios: santa Rita de Casia, nuestra hermana, especial abogada ante Dios en las situaciones difíciles.

Sin excluir a nadie, estas consideraciones las ofrezco de manera especial a las madres y esposas afiliadas a la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta y a la Asociación de Madres Cristianas Santa Mónica. Ojalá que descubran en santa Rita el modelo cercano y seguro que les lleve al Evangelio: a la felicidad de una vocación totalmente lograda.

Quiera el Señor, el único santo, glorificarse en esta pequeña contribución a la tarea eclesial y agustiniana por volver a las fuentes de la santidad. Divulgando y compartiendo los dones específicos del Señor a nuestra familia agustiniana, contribuiremos al embellecimiento de la Iglesia, esposa de Cristo, en los umbrales del tercer milenio.

María, la estrella de la evangelización, interceda por nosotros, ante su Hijo, luz del mundo. Ella, que es Madre de consolación, enjugue las lágrimas de las madres y esposas, y las fortalezca para construir día a día, con todos los suyos, verdaderos hogares cristianos, templos de Dios en el mundo y semilleros de vocaciones a la santidad.

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

NOTA: Los apartados de esta entrada seguirán de cerca los contenidos publicados por Ed. Paulinas, grupo editorial latinoamericano, en Caracas, enero de 2005, con el título Santa Rita de Casia, Vida breve y Novena, del mismo autor. Salvo indicación expresa en otro sentido. Con la debida autorización. Gracias a la Editorial.

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SANTA RITA DE CASIA

Vida breve

Santa Rita es una de las santas más populares de toda la cristiandad. Sus perfiles biográficos e históricos nos han llegado envueltos en los ropajes ampulosos de la literatura hagiográfica y de la épica religiosa.

A la mentalidad crítica histórica le incomoda ese estilo. Pero quizá sea esta característica la que hace más cautivadora la personalidad de nuestra Santa, la sal que mejor conserva la riqueza de su patrimonio espiritual válido para todos los tiempos.

Sin embargo, santa Rita no ha caído del cielo. Emerge de nuestro suelo y crece en nuestra tierra fecundada por el Evangelio. Surge en el seno de un hogar cristiano. Se alimenta de valores cristianos, específicamente agustinianos.

Florece en santidad viviendo los distintos estados de vida en el mundo, y culmina su peregrinación terrena dentro del claustro como religiosa agustina. Recorramos con devoción los hitos biográficos e históricos más importantes de santa Rita de Casia.


1.  Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita


2.  Juventud y matromonio de santa Rita. Viudedad.


3.  Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.


4.  Muerte de santa Rita. Taumaturga


5.  Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita


6.  Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.

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1    Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita.

La vida de santa Rita transcurre entre los siglos XIV y XV, en el ocaso de la Edad Media que da paso al Renacimiento. Los autores colocan su nacimiento en torno al año 1381 y su muerte hacia el 1457. Vivió, por tanto, 76 años.

Se desposó a los 15 años. Habría vivido 18 años de casada, y, después de tres años de viudedad en Rocaporrena, habría entrado al convento de las agustinas de Casia. Tenía 36 años. Al año siguiente hizo la profesión como religiosa y vivió sus últimos 40 años consagrada a Dios.

Los últimos 15 años sufrió el estigma de la espina del Crucificado en la frente, y vivió medio recluida en su celda. Salió del convento para viajar a Roma el año 1450 a fin de ganar el jubileo del año santo. Los últimos cuatro años los pasó en cama, gravemente enferma.

Estos datos se deducen de las fuentes históricas, de la tradición y de las leyendas con las que el pueblo cristiano adornó la existencia de santa Rita. Que nos sirvan esos datos como puntos de referencia para comprender mejor el mensaje espiritual que nos transmite nuestra Santa.

Santa Rita nació el año 1381 en Rocaporrena, aldea perteneciente a Casia, ciudad de la Umbría italiana, situada a unos 150 kilómetros al norte de Roma. En Rocaporrena vivían unas cuarenta familias.

Casia era una ciudad-fortaleza, capital de un pequeño condado que funcionaba como una república relativamente autónoma. Tenía dominio sobre 23 castillos y de ella dependían unas 40 aldeas, entre las que se contaba Rocaporrena, a sólo cinco kilómetros de distancia.

Casia era un centro comercial y político importante, bien comunicada. Se ubicaba en la zona fronteriza entre el reino de Nápoles y los Estados Pontificios. Por eso estaba expuesta a las reyertas entre los güelfos o romanos, partidarios del Papa, y los gibelinos, partidarios del Emperador alemán.

 A Rita, pues, le tocó vivir en tiempos especialmente marcados por convulsiones políticas, sociales y religiosas. En el tiempo, santa Rita es contemporánea de san Bernardino de Siena (1380-1444) y de san Juan Capistrano (1386-1456).

La Iglesia vive, en ese tiempo, momentos difíciles por distintos motivos, entre ellos, el Cisma de Occidente (1378-1417). Eso no impide que se den frutos de santidad como los anotados. Casia pertenece eclesiásticamente a la arquidiócesis de Espoleto.

Ciudades cercanas a Casia y notables por los muchos santos que en ellas nacieron o vivieron son: Asís, Tolentino, Montefalco, Loreto, Perugia, Rieti y Nurcia.

En Casia se respira un ambiente religioso intenso. Hay bastante clero secular y muchas iglesias. Desde hace tiempo se instalaron en Casia los frailes agustinos y los franciscanos. Los agustinos llevan más de un siglo, es decir, desde el comienzo de la Orden, la Gran Unión de 1256.

En sus alrededores había eremitorios agustinos, de hombres y probablemente también de mujeres. Algunas leyendas colocan a Rita en un eremitorio de Rocaporrena.

En Casia los agustinos tenían un convento con una iglesia dedicada a san Agustín. En ella se daba culto además a san Juan Bautista y a san Nicolás de Tolentino, que serán los tres protectores de santa Rita.

Y también había dos monasterios de agustinas: el de Santa Magdalena y el de Santa Lucía.

Los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Son artesanos que viven en la aldea de Rocaporrena. Son gente muy honesta y profundamente religiosa. Pertenecen a familias distinguidas o, al menos, bien situadas y apreciadas en la sociedad.

No tuvieron más que una única hija: Rita. La consideraron un regalo de Dios, ya que según la leyenda eran estériles.

Desempeñan el oficio cívico de “juzgado de paz o de reconciliación” en las disputas y juicios entre los vecinos del pueblo y alrededores. Son llamados “pacificadores de Jesucristo”.

El nacimiento de Rita fue adornado por la literatura hagiográfica de Florecillas con rasgos y curiosidades tomados de los nacimientos milagrosos de Isaac, Sansón, Saúl, y de san Juan Bautista.

Así se dice que santa Rita nace de padres ya ancianos y estériles. Es anunciada a sus padres por un ángel del cielo que les revela el nombre que llevaría. Su nacimiento produce gran alegría en el pueblo.

Al bautizarla, en la Colegiata Santa María de la Plebe de Casia, le pusieron el nombre que había anunciado el ángel: Margarita, que significa “piedra preciosa” o “perla”; pero fue más conocida por su nombre de cariño, “Rita”; y así ha pasado a la posteridad.

Sobre su infancia corrió de boca en boca la leyenda de las abejas. Los padres habían dejado a la niña Rita en la cuna a la sombra de un árbol mientras laboraban en el campo. De pronto vieron revolotear alrededor de la cuna un enjambre de abejas blancas que entraban y salían de la boca de la niña sin causarle ningún daño y elaboraban en sus labios un panal de miel.

Un labriego que intentaba ahuyentar a las abejas fue curado de una herida en la mano. Los padres y el campesino se abrazaron dando gracias a Dios.

Aunque el relato tiene como fondo la aldea de Rocaporrena, en el monasterio de Casia se muestran hasta hoy las llamadas “abejas de santa Rita” que producen ricos panales de miel en las grietas de la pared del convento.

Rita va creciendo en un ambiente familiar muy religioso y aleccionador, pues sus padres hacen de su vida una constante oración, de práctica religiosa, laboriosidad, ejercicio de la reconciliación y de amor a los pobres con los que comparten sus bienes.

En consecuencia, se cuenta que desde muy niña Rita se interesó por la oración y se distinguió por su vida piadosa y caritativa. Particularmente era devota de Jesús Crucificado. Con frecuencia se retiraba a orar en una habitación de la casa donde había construido una especie de ermita.

Rita creció como una muchacha normal del pueblo, ocupada en la casa, sola o con amigas, y acompañando a sus padres en las prácticas religiosas.

Además de su padres, influyeron en la educación de la pequeña Rita, una prima suya mayor que ella, Catherina Antonii Mancini, que se hizo religiosa agustina. Es muy probable que Catherina influyese en la inclinación de Rita a la vida religiosa. De hecho acudía frecuentemente a visitarla.

También se cita a un ermitaño agustino que instruía a la joven Rita. Es casi seguro, pues, que recibiera alguna enseñanza escolar y que aprendiera a leer.

Además de estos indicios, existe otro dato a favor de tal suposición: inmediatamente después de su muerte la pintaron, en su propio ataúd, con un libro abierto en la mano. Sin embargo y a pesar de lo expuesto, no se conserva ni su autógrafo ni una sola letra suya.



2   Juventud y matrimonio de santa Rita. Viudedad.

Rita creció como una muchacha normal: debió de tener una constitución delicada pero sana, de estatura normal para entonces o más bien baja, de acuerdo a los retratos del ataúd y a sus dimensiones, 158 centímetros de largo.

En su juventud pensó hacerse religiosa, probablemente agustina, porque era muy conocido en la comarca el convento de las agustinas de Casia.

Sin duda, Rita habría estado muchas veces en Casia: la primera vez, la llevaron para ser bautizada, después habría acompañado a sus padres para hacer compras o diversas diligencias, para asistir a ceremonias religiosas, procesiones, o para escuchar a famosos predicadores.

Así que debía de conocer a los frailes agustinos y a las monjas agustinas. Además, los agustinos, más que los franciscanos, atendían espiritualmente las aldeas y capillas de los alrededores de Casia, al menos en ciertas celebraciones.

Sin embargo, la vocación religiosa no la pudo seguir de momento, porque los padres creyeron que lo mejor para ella era el matrimonio. En aquel tiempo era costumbre que los padres arreglaran el matrimonio de los hijos, pero no hasta el punto de obligarlos en un sentido o en otro.

Los padres de Rita se preocupaban del futuro de su hija única y buscaron lo mejor para ella. A Rita le salió pronto un pretendiente. Se llamaba Pablo Fernando Manzini, y era hijo de un oficial del Castillo de Collegiacone. Debido a este origen, algunos autores lo califican de soldado o militar.

Los padres de Rita lo consideraron buen partido para su hija y abrigaron la esperanza de que la haría feliz. Cuenta, por otra parte, la tradición que Fernando era un joven impulsivo, temperamental y resentido. Para destacar la paciencia de Rita algunos biógrafos han exagerado los defectos de Fernando.

Sin embargo éste no pudo ser tan conflictivo antes de casarse, pues entonces los padres de Rita no la hubieran animado tanto a casarse con él, sino más bien habrían tratado de disuadirla. Es también probable que, una vez casado, los defectos se agravaran, como suele suceder por lo general.

El caso es que Rita Lotti se desposó con Fernando y lo amó tiernamente formando con él un matrimonio bendecido por el Señor, dándole todo el valor del sacramento cristiano. La bondad de Rita superó las asperezas del marido e hizo posible una vida de paz y de concordia hogareña.

De la unión matrimonial nacieron dos hijos, según algunos autores, gemelos o morochos: Juan Santiago y Pablo María.

Dicen que Fernando llegó a maltratar alguna vez a Rita, pero ésta logró su conversión con paciencia, sacrificio, ternura y oración. Cuando parecía que todo funcionaba mejor en el hogar y cuando Fernando se iba retirando de las malas compañías, inesperadamente, fue asesinado junto al río Corno.

No sabemos exactamente la causa ni los responsables. Hechos así eran relativamente frecuentes en aquellos tiempos y particularmente en la ciudad de Casia y su entorno: bandolerismo, ajuste de cuentas, asaltos, asesinatos, venganzas, intrigas políticas.

Rita, gracias a su educación y a la madurez de su fe, logró perdonar de corazón y casi de inmediato a los asesinos. A los pies del Crucificado había aprendido a perdonar a los demás. Rita oraba por los que le habían arrebatado a su esposo y al padre de sus hijos. Era muy doloroso, pero Dios le concedía la gracia de poder perdonar.

A sus hijos Juan Santiago y Pablo María les resultaba muy difícil comprender lo sucedido y poco menos que imposible perdonar a los asesinos de su padre porque en aquellos tiempos se consideraba, con frecuencia, una obligación ineludible vengar la muerte de un ser querido.

Rita, como madre cristiana, suplicó insistentemente a sus hijos que perdonaran a los asesinos como lo hizo Jesús en la cruz. Con dolor de madre y con no menor fortaleza y abnegación de creyente, expresaba ante Dios sus deseos y pedía la ayuda divina para saberse comportar como madre y como cristiana. Sin embargo, no veía los frutos de su oración por sus hijos que seguían renuentes al perdón.

Llegó a pensar, e incluso a manifestarle a Dios en la oración, que prefería ver muertos a sus dos hijos, antes que verlos vengar la muerte de su padre. No quería verlos apartados de Dios por el odio y la venganza. Es decir, muertos espiritualmente.

Y cuenta la leyenda que Rita pidió a Dios que se los llevara de este mundo, antes de que se perdieran para siempre.

Se dice que por aquellos tiempos, una epidemia invadió Europa y llegó hasta Rocaporrena. Los hijos de Rita enfermaron y murieron víctimas de la peste, al poco tiempo de la muerte violenta de su padre, en el transcurso de un año.

Rita, pues, perdió en muy poco tiempo a toda su familia. Algo muy duro que puso a prueba su madurez espiritual. Entonces ella se queda a solas con su dolor, viuda, y sin los hijos de sus entrañas y de sus lágrimas.

Para la tradición los restos mortales de Fernando y de los dos hijos descansan en la Capilla de San Montano en Rocaporrena, su pueblo natal.

El comportamiento cristiano de Rita que practica el perdón, la oración y el amor a los asesinos de su esposo da la talla de su santidad. Este testimonio cristiano no se limita a su propio hogar.

Inmediatamente después de la muerte de su esposo, se afana con toda prudencia y valentía en lograr la reconciliación entre las dos familias afectadas por aquel asesinato. Las leyes de aquel tiempo exigían una reconciliación pública y un compromiso de paz expresado por los bandos encontrados o enemistados.

Debían recurrir hasta tres veces ante las autoridades o ante los jueces de paz o pacificadores para que así se garantizara la paz y la convivencia en la ciudad, en la sociedad.

Rita participó activa y casi protagónicamente en ese proceso de reconciliación. Así experimentó en su propia carne lo que había visto realizar tantas veces a sus padres en su oficio cívico y cristiano como pacificadores de Jesucristo.

Cumplida con éxito esta tarea de reconciliación, renacen en su corazón, con más fuerza que nunca, los deseos de entregarse totalmente al Señor en la vida religiosa. También es posible que la reconciliación de las familias fuera la condición para ingresar al convento, como veremos enseguida.

Sea lo que fuere, la verdad es que Rita piensa bien las cosas y las coloca en la oración, pidiendo las luces del Espíritu.

Por fin, se decide a golpear las puertas del convento de Santa María Magdalena de agustinas en Casia. La primera vez es rechazada, y la segunda, y la tercera.

Algunos biógrafos creen que era rechazada por su condición de viuda.
Sin embargo, parece que la viudedad no era de por sí un impedimento para ingresar al convento. Más bien, se cree que la dificultad para ser aceptaba radicaba en que era viuda de un marido asesinado, muerto violentamente.

Y mientras las partes implicadas no se reconciliaran, no podía ingresar al convento. Es decir, no podía introducir al convento el odio y la venganza de las familias enemistadas, pues dentro del convento podía haber monjas pertenecientes a uno u otro bando. En este caso, posibles monjas familiares o simpatizantes de los asesinos de Fernando, el esposo de Rita.

Si Rita quería ingresar al convento, antes debía dejarlo todo arreglado en el siglo: la reconciliación de las familias; la distribución de los bienes materiales; la probable dote entregada al convento. Pues en algunas representaciones pictóricas Rita aparece entregando dinero para reparar el convento.

Se supone que en el convento vivirían unas doce monjas. De siete de ellas conocemos los nombres.

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3. Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.

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Sea como fuere, al final logró el ingreso de una forma milagrosa. Primero, el milagro de la reconciliación. Y segundo, el que cuenta la tradición de la siguiente manera.

Una noche estaba Rita en Rocaporrena orando a sus santos protectores, Juan Bautista, Agustín y Nicolás de Tolentino, y pidiéndoles el ingreso al convento de las agustinas. Ya llevaba tres años empeñada en conseguir el ingreso al convento.

Pues bien, cuenta la tradición que Rita fue llevada en vuelo desde “La Roca”, un lugar alto y rocoso de Rocaporrena, por los aires, hasta el coro del convento de las agustinas de Casia, donde las monjas se la encontraron al ir a rezar las oraciones de la mañana.

Ellas consideraron el hecho como un milagro y de inmediato la aceptaron como postulante al noviciado. Corría el año 1417. En el lugar de La Roca, o del Scoglio se levantó una capilla en honor de la Santa que ha llegado hasta nuestros días.

Parece que era un lugar de oración para los lugareños y en especial para Rita. Algunos autores nos la retratan incluso como catequista presidiendo una procesión de rogativas pidiendo lluvia para los campos.

Al entrar en el convento Rita culmina una etapa de su vida que se habría desarrollado en Rocaporrena, en un ambiente familiar, sin protagonismos ni actividades mundanas, cercana a la gente sencilla de su aldea, dedicada íntegramente al servicio de los suyos y de los pobres.

Ella vivió en silencio, entregada a Dios con oraciones frecuentes en la medida en que se lo permitían sus obligaciones familiares y disfrutando constantemente de la presencia y compañía amorosa de Dios en todo momento, sobre todo, en las dificultades y sufrimientos.

En poco tiempo había vivido mucho. Había procurado por encima de todo no defraudar a las personas que Dios le había encomendado: sus padres, su esposo, sus hijos, y a los pobres. Rita se sentía satisfecha. Había merecido la pena sacrificarse por ellos. Se sentía plena y feliz. A todos los había acercado a Dios, de quien estaban ya gozando en el cielo.

Pero aún no había acabado su peregrinar. Dios todavía esperaba más de ella. Y Rita estaba dispuesta a recorrer el camino de la consagración religiosa en el convento, ayudada por los consejos que san Agustín dejó escritos en la Regla.

Cuentan las crónicas que Rita, una vez en el convento, se entregó con todas fuerzas a la observancia religiosa y a la oración, de manera que ya de novicia parecía una religiosa aventajadísima en la vida comunitaria y monástica. Al final del año de noviciado fue aprobada para formular sus votos de consagración: pobreza, castidad y obediencia.

Con ellos se consagraba a Dios para servirle con un corazón indiviso y se convertía en esposa de Cristo. Seguro que Rita vivió muy intensamente ese desposorio en santidad y justicia.

Para expresarlo la tradición narra que, al día siguiente de la profesión, Rita vio una escalera, como cuenta la Biblia del patriarca Job, con muchos peldaños que representaban todas las virtudes. Un extremo de la misma se apoyaba en la tierra y el otro tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles. En lo más alto estaba el Señor.

La visión significaba que Rita, ya en el año de noviciado, había practicado todas las virtudes escalando así las más altas cimas de santidad y de unión mística con Dios.

En el convento, al igual que en su pueblo de Rocaporrena, Rita no consta que desempeñara cargos de responsabilidad, que escribiera o tuviera dones de consejo, profecías, dirección espiritual.

No se conserva ni siquiera su autógrafo, ni una palabra suya. Nada. Lo suyo fue siempre servir a los demás, estar sometida a ellos por amor, y obedecer: primero en su familia, y después en el convento. Es la Santa del silencio, de la oración y del compromiso callado. Sumisa y obediente: primero a Dios y por él y en él a todos los demás.

Parece que en el convento formaba parte del grupo de monjas encargadas del rezo coral, porque en su ataúd la pintaron con un libro abierto en la mano. Las monjas analfabetas se ocupaban en trabajos manuales y no tenían responsabilidades en los rezos corales.

La imaginación popular y la tradición han elaborado algunas anécdotas o leyendas sobre la vida de santa Rita en el convento, no tanto para llenar vacíos, como para expresar de manera plástica la santidad, la práctica de las virtudes y los fenómenos místicos con los que Dios la bendijo.

Así, para resaltar la práctica de la obediencia y docilidad de Rita a Dios y a las hermanas, se cuenta que la madre abadesa le mandó regar un tronco de vid que estaba seco. Era algo absurdo. Pero Rita, dice la tradición, lo regó todos los días durante años, hasta que un buen día aquel tronco reverdeció, le brotaron tallos, creció y dio uvas.

Es una forma de resaltar la obediencia de la Santa. Hoy día se muestra al visitante la parra que luce frondosa y fecunda en el patio del convento.

Ya hemos visto que santa Rita, desde pequeña tuvo una gran devoción a Cristo crucificado. La espiritualidad románica que prefería la contemplación de la divinidad de Cristo, había dado paso a la espiritualidad gótica que adora la humanidad del Señor, y en particular considera con toda piedad y compasión los sufrimientos de su pasión y muerte.

Pues bien, la tradición cuenta que el día de Viernes Santo del año 1442, Rita, después de escuchar la predicación del padre Giacomo de la Marca sobre los sufrimientos de Jesús en la pasión y muerte, quedó tan conmovida que, postrada ante una pintura de Jesús Crucificado, le pidió compartir su dolor redentor.

Y fue tal su amor y compasión hacia el Redentor que, por una gracia especial, una espina de la corona del Crucificado se desprendió milagrosamente y fue a clavarse en la frente de Rita en el marco de un arrebato místico.

La espina le produjo una herida dolorosa y nauseabunda que la obligaba a recluirse en su propia celda por el mal olor que despedía, y le acompañó el resto de su vida. Sólo llegó a cicatrizar durante el tiempo que duró su peregrinación a Roma en el año santo de 1450.

La madre abadesa le había prohibido viajar por causa de la herida. Entonces santa Rita pidió a su Señor que cicatrizara la herida temporalmente. Así sucedió de manera milagrosa. Visto lo cual, la madre le permitió viajar a Roma para ganar el jubileo.

Y así, durante los últimos 15 años de su vida sobrellevó el estigma de una espina de la pasión clavada en la propia carne.

El estigma es un fenómeno no tan infrecuente en la Iglesia y en el tiempo de santa Rita. Tiempo atrás había alcanzado el mismo favor san Francisco de Asís (1182-1226) y poco antes santa Catalina de Siena (1347-1380).

Gracias a un deseo intenso, vehemente, y a un amor apasionado de compasión, Dios le permitió a Rita participar de sus dolores y su-frimientos por la redención de los hombres.

La estigmatización fue la gracia y el signo más admirado por sus coetáneos, dentro y fuera del convento, y el hecho más relevante transmitido por la tradición oral que arranca inmediatamente después de su muerte, y que valoran los devotos como el distintivo de la santidad de Rita y de su poderosa intercesión ante su Señor.

Apoyados en ese hecho no dudan en calificarla como la abogada de los casos desesperados o de imposibles. De ahí que desde el principio fue representada con la herida de la espina en la frente: las pinturas de la caja donde se colocó su cuerpo la reproducen con la herida en la frente.

Aun hoy día, después de seis siglos, puede apreciarse de alguna forma en su cuerpo incorrupto el estigma de la frente, como reconocieron los especialistas al examinar sus restos en 1972.

Entre las bellas leyendas de santa Rita merece destacarse la del rosal florido en pleno invierno. Estando Rita en cama próxima a su muerte fue visitada por uno o por varios parientes y conocidos de Rocaporrena. Anotemos que el convento de Santa María Magdalena no era de clausura estricta.

Pues bien, después de platicar con ellos en su propia celda, con toda probabilidad, al despedirlos alguien le dijo si le podían traer algún presente de Rocaporrena. Entonces ella les encargó que le trajeran una rosa del jardín que había en su casa. Algunos autores añaden que les pidió también dos higos maduros, fruto de la higuera de su jardín.

Cuando regresaron al pueblo, fueron al jardín y encontraron la rosa y los higos maduros que Rita había solicitado, algo totalmente insólito en un tiempo inapropiado y en un rosal y en una higuera casi congelados. Los cortaron y se los llevaron a santa Rita.

Ésta tomó la rosa, la olió y la rosa empezó a despedir tal perfume que la habitación de la enferma y el convento entero se llenaron de suave fragancia, que sorprendió a toda la comunidad. La fragancia procedía precisamente de la celda de Rita que siempre olía mal debido a la herida infectada que le acompañaba.

De este relato se originó la práctica tradicional de la bendición de las “rosas de santa Rita” el día de su fiesta, el 22 de mayo, que los enfermos y devotos suelen tomar en infusión o de otra forma como ayuda espiritual y como remedio milagroso.

El perfume de la rosa contrarrestó la fetidez de la herida incurable y expresaba a las claras el olor de santidad que Rita vivía por la gracia de Dios en beneficio de sus hermanas de hábito y de sus devotos de to-dos los tiempos.

Santa Rita vivió en el convento totalmente entregada a la oración y a la penitencia. De ma-nera especial se ejercitaba en la contemplación de los sufrimientos de su Señor en la pasión y muerte. Su vida era una oración continua. Dicen algunos biógrafos que “no podía estar siquiera un momento sin orar ni meditar sobre la sacratísima pasión”.

Por eso, en la celda tenía pintados en la pared el monte Calvario y el santo Sepulcro, para mantener su atención en el amor del Redentor. Junto con la estigmatización Rita gozó de experiencias místicas, en las que se manifestaban la consolación y la unión propias de los desposorios con su Señor.

Tengo que hacerte, amigo lector, una observación: que no encuentro en la literatura consultada ni recuerdo haber escuchado en charlas o predicaciones referencia alguna a la devoción de santa Rita a la Virgen María. En uno de los retratos de la caja ataúd se la representa con un rosario en la mano mirando la cruz del Señor.

Es impensable que santa Rita no contemplara junto a la cruz a la Madre del Crucificado, a la Dolorosa. Seguro que ella compartía también los dolores de la Madre entregando a su Hijo por nuestra salvación.

Remontándonos a su infancia, es seguro que sus padres, tan religiosos, le inculcaran la devoción a la Santísima Virgen. Como devotos de san Agustín por su asistencia al culto en la iglesia de los agustinos en Casia, los padres le transmitirían la historia de san Agustín y su conversión gracias a las lágrimas de santa Mónica, y la historia de la Virgen de la Correa.

Y se supone que ella, en su experiencia matrimonial, buscaría con avidez el ejemplo de santa Mónica que también oró por la conversión de su esposo y de su hijo Agustín. Se sentiría cercana a Mónica, a quien se le apareció la Virgen de la Correa consolándola por la muerte de su esposo Patricio y los extravíos de su hijo Agustín.

Seguro que escucharía casual o intencionadamente los sermones de los agustinos narrando los episodios familiares de Mónica y Agustín, y que ella estaba experimentando en carne propia…

En fin, no parece del todo descabellado tener por probables esas suposiciones, máxime cuando las vidas de santa Mónica y nuestra Santa tienen tantas similitudes. De hecho algunas predicaciones sobre santa Rita parecen calcadas de las Confesiones de san Agustín.

Pero, repito, no he visto nada reseñado al respecto. Espero que sea por ignorancia propia. ¿Será una laguna más en la historia de santa Rita?

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4. Muerte de santa Rita. Taumaturga

La vida de la Santa se fue consumiendo como una cera en el altar del Señor. Los últimos cuatro años los pasó casi permanentemente en cama, aquejada de una grave enfermedad. A veces le visitaban los familiares y amistades.

Todos admiraban la integridad de su vida, su sencillez, la capacidad de perdón y la paz que le embargaba y que transmitía a los demás. Hubo personas que le pedían rogara por enfermos y necesidades especiales, y de hecho le atribuyeron milagros realizados por Dios en vida de nuestra Santa.

Después se consignarán en el Códex miraculorum o Relación de milagros.

Antes de morir, llamó a las religiosas del convento y les dejó este testamento espiritual: “Ánimo, mis queridas hermanas, ha llegado el momento de mi partida. Permaneced en el amor de Jesús amoroso”. Luego pidió los últimos sacramentos que recibió “con grandísima humildad y devoción”.

Finalmente, exhortó a las hermanas a permanecer fieles a su vocación, les pidió perdón a todas, y las animó a “vivir en paz y en caridad fraterna”.

Santa Rita murió en la noche del 22 de mayo de 1457, a los 76 años de edad y 40 de vida consagrada. Cuenta la tradición que un suave perfume invadió todo el convento y las campanas comenzaron a tocar a gloria por sí solas.

Al funeral acudió muchísima gente, atraída por la fama de santidad de que ya gozaba en vida, aunque no muy exteriorizada.

A raíz de su muerte, se multiplicaron los testimonios de milagros y señales prodigiosas obradas por intercesión de santa Rita, comenzando por la curación del ebanista que, una vez sanado de su parálisis, confeccionó la caja ataúd de la Santa.

Los relatos corrían de boca en boca. Muchos fieles de Casia y sus alrededores visitaban el monasterio de Santa María Magdalena para venerar su sepulcro.

Muy pronto, antes de los cinco años de la muerte, exhumaron su cuerpo que, al encontrarlo incorrupto, lo depositaron en una caja de madera ricamente adornada con pinturas que representan a la Santa.

Estos retratos y el epitafio anexo constituyen testimonios preciosos de la vida y santidad de Rita. Su cuerpo incorrupto se conservó en esta obra de arte desde su muerte hasta el año 1745.

En 1692 el rey de España Carlos II regaló una urna barroca. En ella se depositaron los restos el año 1745 y en ella reposaron hasta 1930.

Desde el 18 de mayo de 1947 su cuerpo incorrupto permanece como expuesto a la veneración de los fieles en una urna de cristal ricamente adornada y colocada detrás del altar mayor de la nueva Basílica de Santa Rita bendecida e inaugurada en la fecha y año reseñados.

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5. Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita

Como se desprende de la exposición anterior, la vida de santa Rita está plagada de tradiciones y leyendas, y son muy pocos los datos históricos comprobados científicamente.

En realidad sólo tenemos cuatro fuentes bien precisas sobre la vida de la Santa, que datan de los años inmediatamente posteriores a su muerte.

En primer lugar, existe un Códex miraculorum o Relación de milagrosescrita por un notario de Casia, de nombre Domingo Angeli, cinco años después de la muerte de Rita, o sea el 1462.

Este notario recoge los milagros atribuidos a santa Rita desde su muerte. A este primer códice siguieron otros tres códices o fascículos escritos por diversos notarios de Casia en tiempos posteriores.

En segundo lugar, contamos con la caja ataúd en la que fue coloca-do el cuerpo de la Santa. Esta Caja solemne está adornada con pinturas y retratos de santa Rita, que constituyen un testimonio invalorable.

En tercer lugar, contamos con un epitafio poético de cinco tercetos adosado a la caja.

Y la cuarta fuente es una tela o manto antiguo guardado como reliquia en Rocaporrena. Cuatro testigos del proceso de beatificación de 1626, hacen alusión a la devoción, existente en su aldea, al Manto de santa Rita, cuya imposición curaba las fiebres de los devotos y ayudaba a las mujeres en el momento de dar a luz.

De estas cuatro fuentes deducimos lo siguiente:

que santa Rita era de estatura más bien pequeña, 157 centímetros según el médico legal que reconoció su cuerpo en 1972; que pertenecía a una familia acomodada, pues el notario la llamaba “señora” y las pinturas de la caja la representan con un libro abierto en la mano, distribuyendo limosnas y contribuyendo a la reparación del monasterio; que vivió 40 años en el monasterio dedicada a una vida de penitencia y oración; que durante 15 años soportó con ánimo esforzado los dolores de la espina; y que su fama taumatúrgica comenzó con su muerte.

A los cinco años, el notario de Casia recordaba “los muchos milagros y prodigios” que Dios operaba por su intercesión. En la tela antiquísima ya aparece rodeada de las abejas y de las figuras de san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino, y, en exvotos un poco más tardíos, “con la disciplina manchada de sangre en su mano izquierda”.

Los otros datos que figuran en la descripción anterior y en otras historias de santa Rita son más inciertos, no tienen mayor sustentación científica: son fruto de la tradición oral, de la predicación y de las vidas hagiográficas edificantes.

Tendrán que pasar unos 150 años de la muerte de la Santa para que un agustino llamado Agustín Cavallucci de Foligno nos escriba la primera biografía de santa Rita, recogiendo y ordenando sistemáticamente todos lo datos que le proporcionaban la tradición oral y el testimonio de las fuentes históricas que conocía.

Fray Agustín Cavallucci redactó la primera vida de nuestra Santa con el fin de divulgar su conocimiento y su culto y así preparar el proceso de beatificación que se abrió de hecho 16 años más tarde, en 1626.

Mientras tanto, la devoción a santa Rita había tomado consistencia en las prácticas devocionales del pueblo de Dios. Primero en Casia y en Rocaporrena.

El monasterio de las agustinas se había convertido en un santuario de peregrinación pues conservaba incorrupto el cuerpo de la Santa.

También fue tomando mucha importancia la fiesta de santa Rita unida a la del Corpus Christi, la principal de la ciudad, cuya procesión era muy nombrada y concurrida. Posteriormente la fiesta se prolongaba por tres días, comprendía una feria y un torneo famoso.

En Rocaporrena se conservaba la casa de santa Rita, señalada por dos prodigios: fue la única casa que no sufrió las consecuencias del terremoto de 1599; además, en el techo había una abertura que era imposible tapar y decían que era la utilizada por el ángel que visitaba a santa Rita.

Después de la beatificación el obispo mandó convertir la casa en capilla dedicada a santa Rita que todavía hoy existe. De esta manera los devotos disponen de dos lugares emblemáticos para sus peregrinaciones: la Capilla de Rocaporrena y el Santuario de Casia.

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6. Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.

Además de Casia y Rocaporrena la devoción a santa Rita se extendió rápidamente por la comarca. Los paisanos y los devotos de santa Rita propagaron su fama por la diócesis de Espoleto y por diversos lugares de Italia, llegando pronto a Roma.

Allá existía una importante colonia de casianos. La Orden agustiniana, sobre todo, y también los franciscanos divulgaron y propagaron la devoción a santa Rita. La fama de gran taumaturga y de abogada de imposibles se iba extendiendo más y más entre el pueblo sencillo.

La oportunidad del reconocimiento oficial de la Iglesia para proclamarla beata llegó cuando un grupo de casianos influyentes residentes en Roma y cercanos a la Curia Pontificia ejercieron sus buenos oficios ante el papa Urbano VIII que había sido arzobispo de Espoleto, a cuya jurisdicción pertenecía Casia.

Por tanto, el papa Barberini conocía bien la personalidad de santa Rita y la devoción que le tenía el pueblo sencillo. Varias personalidades oriundas de Casia y residentes en Roma fueron los promotores de la beatificación.

Pero los que formalmente la solicitaron e iniciaron el proceso fueron el Ayuntamiento de Casia y la Orden de San Agustín. También apoyaron los franciscanos.

Como queda dicho fray Agustín Cavallucci publicó en 1610 la primera biografía de santa Rita. El proceso de beatificación fue abierto el año 1626 por el papa Urbano VIII.

Cumplidos los interrogatorios a los testigos de Rocaporrena y Casia y culminados con éxito los demás trámites canónicos, a los dos años la beatificó el mismo papa Urbano en la Iglesia de San Agustín de Roma, el 16 de julio del año 1628.

De esta manera la Iglesia presentaba a santa Rita como ejemplo de madre y esposa, pero sobre todo modelo de persona consagrada a Dios en el silencio del claustro.

Para la aprobación oficial como santa en la Iglesia habrá que esperar hasta el año 1900, aunque de hecho ya fuera venerada como tal por el Pueblo de Dios. Hubo un intento de canonización promovido por la Orden agustina en 1738, que no prosperó.

Hubo que esperar hasta 1887 cuando el papa León XIII, preocupado por la crisis de la institución familiar y por las amenazas de introducir el divorcio por parte del Estado italiano, reconoció en la beata casiana, bien conocida por él habiendo sido obispo de Perusa, un modelo de fundamentación cristiana de la institución familiar.

Y así la presentó a la Iglesia el papa León XIII y la canonizó el 24 de mayo de 1900, junto con san Juan Bautista de La Salle: una pareja simbólica propuesta a la devoción del siglo que se abría.

Sin exagerar los acentos y sin excluir ningún rasgo en la personalidad de Rita, su figura y su ejemplaridad en la Iglesia, hasta el siglo XIX, se concretó preferentemente en su condición de religiosa, pero después fue revalorizada su condición de madre y mujer, a partir sobre todo de su canonización.

Naturalmente, la ejemplaridad varía según los tiempos, según las personas y otras circunstancias imprevisibles y comprensibles. El caso es que santa Rita constituye un tesoro para la Iglesia y para la familia agustiniana, es la perla de Umbría, una joya en la Iglesia, regalo de Dios para todos.

Nuestra santa Rita bendita, motivo de honor para nosotros, un don y a la vez tarea y compromiso para darla a conocer a todos.

Finalmente, como botón de muestra y sin desmerecer a nadie, voy a señalar dos centros promotores de la devoción a santa Rita, ubicados en Casia y en Monachil.

En primer lugar, destacamos la figura de la madre agustina María Teresa Fasce, profesa en el monasterio de Santa Rita de Casia, y después maestra de novicias y abadesa. Nació en Torriglia, Génova, en 1881.

Promovió con todas sus fuerzas la devoción a santa Rita y sus peregrinaciones. Fundó el boletín “De las abejas a las rosas” que ha llegado hasta nuestros días, y construyó la colmena para niñas huérfanas, la casa de ejercicios y el hospital. Falleció el 18 de enero de 1947 y fue beatificada el día 12 de octubre de 1997.

En segundo lugar, los padres agustinos recoletos del convento de Monachil, Granada, fundaron en el año 1905 la revista “Santa Rita y el pueblo cristiano” y montaron a la vez una imprenta para su impresión. Además de la revista se publica el Calendario Misional de Santa Rita.

Durante un siglo la Comunidad Agustino Recoleta ha promovido la devoción a santa Rita organizando múltiples actividades hasta hacer de Monachil el primer centro de peregrinaciones y publicaciones referentes a Santa Rita en España y en los países de habla hispana.

En mayo del 1999 se hizo realidad un deseo y un sueño de muchos devotos de santa Rita: el Hermanamiento de Monachil y de Casia. De esta forma, en nombre de santa Rita, ambas ciudades se han comprometido a revivir y compartir los mismos valores que vivió la Santa, a quien desean venerar siguiendo sus huellas de santidad. Que todo sea para gloria de Dios.


Maná y Vivencias Pascuales (47), 17.5.18

mayo 17, 2018

Jueves de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

Octavo día

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Pascua y Pentecostés: Ahora Cristo, sentado a la derecha de Dios, asegura la perenne efusión del Espíritu sobre sus hermanos

Pascua y Pentecostés: Ahora Cristo, sentado a la derecha de Dios, asegura la perenne efusión del Espíritu sobre sus hermanos

Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Heb 4, 16; 1era lectura: Hch 22, 30; 23, 6-11; Salmo: 15, 1-2.5-11; Aclamación, Jn 17, 21; Evangelio: Jn 17, 20-26; Comunión 16, 7.

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ANTÍFONA DE ENTRADA.- Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia en el tiempo oportuno. Aleluya.

TEXTO ILUMINADOR

Cristo Jesús, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.

ORACIÓN COLECTA

Que tu Espíritu, Señor, nos penetre con tu fuerza, para que nuestro pensar te sea grato y nuestra obra concuerde con tu voluntad. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué lo acusaban los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Consejo en pleno, bajó a Pablo y se lo presentó a ellos.

Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos, y gritó: Hermanos, yo soy fariseo e hijo de fariseos. Y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos.

Apenas hizo esta declaración, se originó una gran discusión entre los fariseos y los saduceos, y la asamblea se dividió. (Los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto).

Se armó un griterío, y algunos letrados del partido de los fariseos se pusieron en pie, afirmando: Nosotros no hallamos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?

La discusión se hizo tan violenta que el capitán tuvo miedo de que despedazaran a Pablo, y ordenó, entonces, que vinieran los soldados, sacaran a Pablo de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza.

La noche siguiente el Señor se acercó a Pablo y le dijo: ¡Ánimo! Así como has dado testimonio de mí aquí en Jerusalén, tendrás que darlo también en Roma.

 

SALMO 15, 1-2.5-11

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena: Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

 

ACALAMACIÓN Jn 17, 21.- Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, para que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.

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EVANGELIO, Jn 17, 20-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró diciendo: Padre Santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.

Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy y que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.

Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos.

COMUNIÓN Jn 16, 7.- Lo que les digo es la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a ustedes el Paráclito. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA OCTAVO

Amemos a la tercera persona de la Trinidad beatísima, el Espíritu Santo. Escuchemos en la intimidad de nuestro ser las mociones divinas, esos alientos o esos suaves reproches.

Caminemos por la tierra dentro de la luz derramada en nuestras almas, y el Dios de la esperanza nos colmará de toda suerte de paz. Así la esperanza crecerá en nosotros siempre más y más, por la virtud del Espíritu Santo.

Vivir según el Espíritu equivale a vivir de fe, de esperanza, y de caridad: dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones para hacerlos a su medida. Se trata de la inhabitación de la santísima Trinidad en nosotros, comienzo de la vida eterna ya en este mundo.

Señor Jesús, que prometiste enviarnos el Espíritu de la verdad para que diera testimonio de ti, envíanos este Espíritu para que nos haga tus fieles testigos.

ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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PREFACIO PARA DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN

En verdad es justo y necesario que todas las criaturas… se unan en tu alabanza, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo.

El cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo, ahora intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Pastor y obispo de nuestras almas, nos invita a la plegaria unánime, a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés.

Por este misterio de santificación y de amor… cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo…

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Maná y Vivencias Pascuales (46), 16.5.18

mayo 16, 2018

Miércoles de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

SÉPTIMO DÍA

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Como el agua de la lluvia produce efectos distintos en la naturaleza, así es el Espíritu Santo

Como el agua de la lluvia produce efectos distintos en la naturaleza, así es el Espíritu Santo

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 46, 2; 1era lectura: Hch 20, 28-38; Salmo: 67, 29-30.33-36; Aleluya: Jn 17, 17; Evangelio: Jn 17, 11b-19; Comunión: Jn 15, 26-27.

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ANTÍFONA DE ENTRADA.- Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de jubilo. Aleluya.

CONTINÚAN LOS RELATOS DE LAS DESPEDIDAS

Jesús regresa al Padre y ruega por los discípulos

Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba. Ahora voy a ti.

Como tú me enviaste al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me consagro yo para que también ellos sean consagrados en la verdad.

Pablo debe llevar adelante la misión recibida

Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos.

Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

ORACIÓN COLECTA

Padre, lleno de amor, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 20, 28-38

En aquellos días decía Pablo a los principales de la Iglesia de Éfeso: Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño que el Espíritu Santo les ha encargado cuidar como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no tendrán piedad del rebaño. De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí.

Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.

Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos. De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros, como ustedes bien saben.

Con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: Hay mayor felicidad en dar que en recibir.

Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

SALMO 67, 29-30.33-36

V/ Reyes de la tierra, cantad a Dios.

Oh Dios, despliega tu poder, tu poder, oh Dios, que manifestaste con nosotros. A tu templo de Jerusalén, traigan los reyes su tributo.

Reyes de la tierra, canten a Dios, toquen para el Señor, que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos; que lanza su voz, su voz poderosa: Reconozcan el poder de Dios.

Sobre Israel resplandece su majestad, y su poder, sobre las nubes. ¡Dios sea bendito!

ACLAMACIÓN Jn 17, 17.- Tu palabra, Señor, es verdad; conságralos en la verdad.

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EVANGELIO Jn 17, 11b-19

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró diciendo: Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto al mundo, para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me consagro yo para que también ellos sean consagrados en la verdad.

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COMUNIÓN Jn 15, 26-27.- Cuando venga el Paráclito, que les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y también ustedes darán testimonio, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA SÉPTIMO

Hemos de vivir de la fe, pues el justo vive de fe. Es lo mismo que vivir según el Espíritu.

Ojalá se pudiera decir de cada uno de nosotros lo que escribía hace siglos san Basilio, padre de la iglesia oriental: de la misma manera que los cuerpos transparentes y nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas por el Espíritu Santo se vuelven también ellas espirituales y llevan a los demás la luz de la gracia.

Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación con los ángeles. De él, la alegría que nunca termina, la perseverancia en Dios y, lo más sublime que se pueda pensar o desear: que el hombre llegue a ser como Dios.

Señor Jesús, tú que prometiste darnos el Espíritu Santo para que nos lo enseñara todo y nos fuera recordando todo lo que nos habías dicho, envíanos este Espíritu para que ilumine nuestra fe.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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PREFACIO PASCUAL para después de la Ascensión que acentúa la espera del Espíritu

Es justo y necesario darte gracias… por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo,

el cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo,

ahora intercede por nosotros,

como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Pastor y obispo de nuestras almas, no invita a la plegaria unánime,

a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés…

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De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo

El agua viva del Espíritu Santo

El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que son dignos de ella.

¿Por qué motivo se sirvió del término agua, para denominar la gracia del Espíritu?

Pues, porque el agua lo sostiene todo; porque es imprescindible para la hierba y los anima­les; porque el agua de la lluvia desciende del cielo, y además, porque desciende siempre de la misma forma y, sin embargo, produce efectos diferentes: Unos en las palmeras, otros en las vides, todo en todas las cosas.

De por sí el agua no tiene más que un único modo de ser; por eso, la lluvia no transforma su na­turaleza propia para descender en modos distintos, sino que se acomoda a las exigencias de los seres que la reciben y da a cada cosa lo que le corresponde.

De la misma manera, también el Espíritu Santo, aunque es único, y con un solo modo de ser, e indivisible, reparte a cada uno la gracia según quiere. Y así como un tronco seco que recibe agua germina, del mismo modo el alma pecadora que, por la penitencia, se hace digna del Espíritu Santo, produce frutos de santidad.

Y aunque no tenga más que un solo e idéntico modo de ser, el Espíritu, bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo, produce múltiples efectos.

Se sirve de la lengua de unos para el caris­ma de la sabiduría; ilustra la mente de otros con el don de la profecía; a éste le concede poder para expulsar los demonios; a aquél le otorga el don de interpretar las divinas Es­crituras.

Fortalece, en unos, la templanza; en otros, la misericordia; a éste enseña a prac­ticar el ayuno y la vida ascética; a aquél, a dominar las pasiones; al otro, le prepara para el martirio.

El Espíritu se manifiesta, pues, distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo, según está escrito: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Llega mansa y suavemente, se le experi­menta como finísima fragancia, su yugo no puede ser más ligero. Fulgurantes rayos de luz y de conocimiento anuncian su venida.

Se acerca con los sentimientos entrañables de un auténtico protector: pues viene a salvar, a sanar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar el alma primero, de quien lo recibe; luego mediante éste, las de los demás.

Y, así como quien antes se movía en tinie­blas, al contemplar y recibir la luz del sol en sus ojos corporales, es capaz de ver claramente lo que poco antes no podía ver, de este modo, el que se ha hecho digno del don del Espíritu Santo, es iluminado en su alma y, elevado sobrenaturalmente, llega a percibir lo que antes ignoraba (Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1,11-12.16: PG 33, 931-935.939-942).

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