El maná de cada día, 18.10.17

octubre 18, 2017

San Lucas, evangelista

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1018-SAN-LUCAS



Antífona de entrada: Is 52, 7

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria!


Oración colecta

Señor y Dios nuestro, que elegiste a san Lucas para que nos revelara con su predicación y sus escritos tu amor a los pobres, concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 2 Timoteo 4, 9-17a

Dimas me ha dejado, enamorado de este mundo presente, y se ha marchado a Tesalónica; Crescente se ha ido a Galacia; Tito, a Dalmacia; sólo Lucas está conmigo. Coge a Marcos y tráetelo contigo, ayuda bien en la tarea. A Tíquico lo he mandado a Éfeso.

El abrigo que me dejé en Troas, en casa de Carpo, tráetelo al venir, y los libros también, sobre todo los de pergamino. Alejandro, el metalúrgico, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le pagará lo que ha hecho. Ten cuidado con él también tú, porque se opuso violentamente a mis palabras. La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone.

Pero el Señor me ayudó y me dio salud para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran los gentiles.


SALMO 144, 10-11.12-13ab.17-18

Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.

Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 16

Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto perdure –dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 10, 1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.

No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»


Antífona de comunión: Lc 10, 1. 9

Envió el Señor a sus discípulos a anunciar por los pueblos: Está cerca de vosotros el Reino de Dios.


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18 de octubre
San Lucas, evangelista

Nacido de familia pagana, se convirtió a la fe y acompañó al apóstol Pablo, de cuya predicación es reflejo el evangelio que escribió. Es autor también del libro denominado Hechos de los apóstoles, en el que se narran los orígenes de la vida de la Iglesia hasta la primera prisión de Pablo en Roma.

El Señor viene detrás de sus predicadores

De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios

Nuestro Señor y Salvador, hermanos muy amados, nos enseña unas veces con sus palabras, otras con sus obras. Sus hechos, en efecto, son normas de conducta, ya que con ellos nos da a entender tácitamente lo que debemos hacer. Manda a sus discípulos a predicar de dos en dos, ya que es doble el precepto de la caridad, a saber, el amor de Dios y el del prójimo.

El Señor envía a los discípulos a predicar de dos en dos, y con ello nos indica sin palabras que el que no tiene caridad para con los demás no puede aceptar, en modo alguno, el ministerio de la predicación.

Con razón se dice que los mandó por delante a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. En efecto, el Señor viene detrás de sus predicadores, ya que, habiendo precedido la predicación, viene entonces el Señor a la morada de nuestro interior, cuando ésta ha sido preparada por las palabras de exhortación, que han abierto nuestro espíritu a la verdad.

En este sentido, dice Isaías a los predicadores: Preparadle un camino al Señor; allanad una calzada para nuestro Dios. Por esto, les dice también el salmista: Alfombrad el camino del que sube sobre el ocaso. Sobre el ocaso, en efecto, sube el Señor, ya que en el declive de su pasión fue precisamente cuando, por su resurrección, puso más plenamente de manifiesto su gloria.

Sube sobre el ocaso, porque, con su resurrección, pisoteó la muerte que había sufrido. Por esto, nosotros alfombramos el camino del que sube sobre el ocaso cuando os anunciamos su gloria, para que él, viniendo a continuación, os ilumine con su presencia amorosa.

Escuchemos lo que dice el Señor a los predicadores que envía a sus campos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Por tanto, para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas.

Mirad cómo el mundo está lleno de sacerdotes, y, sin embargo, es muy difícil encontrar un trabajador para la mies del Señor; porque hemos recibido el ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los deberes de este ministerio.

Pensad, pues, amados hermanos, pensad bien en lo que dice el Evangelio: Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Rogad también por nosotros, para que nuestro trabajo en bien vuestro sea fructuoso y para que nuestra voz no deje nunca de exhortaros, no sea que, después de haber recibido el ministerio de la predicación, seamos acusados ante el justo Juez por nuestro silencio.

Oración

Señor y Dios nuestro, que elegiste a san Lucas para que nos revelara, con su predicación y sus escritos, amor a los pobres, concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.

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El maná de cada día, 10.10.17

octubre 10, 2017

Martes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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María ha escogido la mejor parte

María ha escogido la mejor parte

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PRIMERA LECTURA: Jonás 3,  1-10

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».

Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.

Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».

Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto:

«Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».

Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.


SALMO 129

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde el lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 11, 28

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»


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COMENTARIO

1. La Palabra sigue interpelando a Jonás y Dios no retira la primera finalidad de la vocación de Jonás: ser testigo de Dios en Nínive. A pesar de la infidelidad, Dios no se rinde. Sucede el episodio del mar embravecido y de la confesión de los marineros y Dios sigue llamando a Jonás. No desiste de su proyecto, de sus planes de salvación para Jonás y para Nínive.

2. Más todavía: Dios saca bien hasta del pecado de Jonás. Es admirable cómo todo concurre para el bien. La libertad del hombre y la actitud de rebeldía y de huida de Jonás son utilizadas por Dios para glorificarse en la evangelización de los gentiles que comparten la suerte de Jonás en el barco. Nada está perdido para Dios. Nada ni nadie puede contrarrestar la voluntad salvífica de Dios: él quiere que todos se salven. Al final, triunfa el Amor del Señor y su plan de salvación.

3. Mantengámonos en actitud de alabanza en todo momento. Nada está perdido. Es bueno, es justo y necesiario dar siempre gracias a Dios, por todo. Sólo él es el Señor. Todo va bien según sus planes. Amén.
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Dichosos los que pudieron hospedar al Señor
en su propia casa
San Agustín. Sermón 103

Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por el parentesco, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor, y ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que le había de alimentar con su Espíritu.

Pero que nadie de nosotros diga: «Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa». No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Marta, mientras disponía y preparaba la mesa del Señor, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; su hermana María prefirió ser alimentada por el Señor.

Abandonó en cierto modo a su hermana que se afanaba, ocupada en una multitud de servicios, se sentó a los pies del Señor, y escuchaba atenta su palabra.

Con oído fidelísimo había oído decir: Vacad, reconoced que yo soy Dios. Aquélla se turbaba, ésta se alimentaba; aquélla se afanaba en muchas cosas, ésta se concentraba en una sola.

Interpela Marta a su huésped y pone ante el juez la demanda de sus piadosas quejas: que su hermana la ha dejado sola con el servicio y no se ha dignado echarle una mano en el trabajo de la casa.

Como María, aunque presente, no responde, el Señor dicta la sentencia. ¿Y qué es lo que dice? Marta, Marta. La repetición del nombre es indicio de amor o también una invitación a prestar atención. De hecho, para que escuche con mayor atención, la llama dos veces. Marta, Marta, escucha: Tú te ocupas de tantas cosas, cuando basta con una, es decir, sólo una es necesaria, y es la que ha escogido María.

María ha escogido la parte mejor. La tuya no es mala, pero la suya es mejor. ¿Por qué es mejor? Porque no se la quitarán. Y esto es lo que ha elegido María: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y pasará y les servirá.

¿Qué significa pasará y les servirá? Primero pasa y luego sirve. Pero ¿dónde? En aquel banquete celestial, del que dice: Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. Allí es el Señor el que alimenta, pero antes pasa por aquí, pues como sabéis, Pascua significa tránsito.

Vino el Señor: hizo cosas divinas, padeció las humanas. Pasó. Pues así habla el evangelio, cuando Jesús celebró la Pascua con sus discípulos. ¿Qué es lo que dice el evangelio? Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre. Así pues, pasó él para alimentarnos; sigámosle nosotros para ser alimentados.

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HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO, EN SANTA MARTA, 6 de nov. 2015

(RV).- El Pontífice exhortó a no resistirse a la misericordia del Señor, creyendo más importantes los propios pensamientos o una lista de mandamientos que hay que observar.  

El profeta Jonás se resiste a la voluntad de Dios, pero al final aprende que debe obedecer al Señor. Francisco desarrolló su homilía partiendo de la Primera Lectura, tomada del Libro de Jonás y observó que la gran ciudad de Nínive se convierte, precisamente,  gracias a su predicación. 

“Verdaderamente hace el milagro, porque en este caso él ha dejado de lado su terquedad, ha obedecido a la voluntad de Dios y ha hecho lo que el Señor le había mandado”.

Nínive, por lo tanto, se convierte y ante esta conversión, Jonás, que es un hombre “no dócil al Espíritu de Dios, se enoja”: “Jonás  –dijo el Papa Bergoglio– experimentó gran dolor y fue desdeñado”. E, incluso, “reprocha al Señor”.

Si el corazón es duro, la misericordia de Dios no puede entrar

Por tanto, la historia de Jonás y Nínive –explicó Francisco– se articula en tres capítulos: el primero “es la resistencia a la misión que el Señor le encomienda”; el segundo “es la obediencia, y cuando se obedece se hacen milagros. La obediencia a la voluntad de Dios, y Nínive se convierte”.

En el tercer capítulo, “está la resistencia a la misericordia de Dios”: “Estas palabras, ‘Señor, ¿acaso no era esto lo que decía cuando yo estaba en mi país? Porque Tú eres un Dios misericordioso y piadoso’, y yo he hecho todo el trabajo de predicar, he hecho mi oficio bien hecho, ¿y Tú los perdonas?

Es el corazón con aquella dureza que no deja entrar la misericordia de Dios. Es más importante mi predicación, son más importantes mis pensamientos, es más importante todo ese elenco de mandamientos que debo observar, todo, todo, todo, que la misericordia de Dios”.

A Jesús no se lo entendía a causa de su misericordia

“Y este drama –recordó el Santo Padre Francisco– también Jesús lo ha vivido con los Doctores de la Ley, que no entendían por qué Él no dejó que lapidaran a aquella mujer adúltera, por qué Él iba a cenar con los publicanos y los pecadores: no entendían. No entendían la misericordia. ‘Tú eres misericordioso y piadoso’”.

El Salmo con el que hoy hemos rezado –añadió el Obispo de Roma– nos sugiere “esperar al Señor porque con el Señor está la misericordia, y grande es con Él la redención”.

No a los ministros de la rigidez, el Señor nos pide misericordia

“Donde está el Señor  –afirmó Francisco– está la misericordia. Y San Ambrosio añadía: ‘Y donde está la rigidez están sus ministros’. La testarudez que desafía a la misión, que desafía a la misericordia”:

“Cercanos al inicio del Año de la Misericordia, oremos al Señor para que nos haga comprender cómo es su corazón, qué significa ‘misericordia’, qué es lo que significa cuando Él dice: ‘¡Misericordia quiero, y no sacrificio!’.

Y por esto, en la oración Colecta de la Misa hemos rezado tanto con aquella frase tan bella: ‘Derrama sobre nosotros tu misericordia’, porque sólo se comprende la misericordia de Dios cuando  ha sido derramada sobre nosotros, sobre nuestros pecados, sobre nuestras miserias…”

(María Fernanda Bernasconi – RV).

(from Vatican Radio)


El maná de cada día, 9.10.17

octubre 9, 2017

Lunes de la 27ª semana de Tiempo Ordinario

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El samaritano le vendó las heridas, lo llevó a una posada y lo cuidó

El samaritano le vendó las heridas, lo llevó a una posada y lo cuidó



PRIMERA LECTURA: Jonás 1, 1–2,1.11

Jonás, hijo de Amitai, recibió la palabra del Señor: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella: “Su maldad ha llegado hasta mí.”»

Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor; bajó a Jafa y encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del Señor.

Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tormenta en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar. Temieron los marineros, e invocaba cada cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente.

El capitán se le acercó y le dijo: «¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios; quizá se compadezca ese Dios de nosotros, para que no perezcamos.»

Y decían unos a otros: «Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad.»

Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Le interrogaron: «Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?»

Él les contestó: «Soy un hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.»

Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron: «¿Qué has hecho?» Pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado.

Entonces le preguntaron: «¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar?» Porque el mar seguía embraveciéndose.

Él contestó: «Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se aplacará; pues sé que por mi culpa os sobrevino esta terrible tormenta.»

Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía embraveciéndose. Entonces invocaron al Señor, diciendo: «¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de una sangre inocente! Tú eres el Señor que obras como quieres.»

Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su cólera. Y temieron mucho al Señor aquellos hombres. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. El Señor envió un gran pez a que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches seguidas. El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.


SALMO: Jon 2, 3.4.5.8

Sacaste mi vida de la fosa, Señor.

En mi aflicción clamé al Señor y me atendió; desde el vientre del abismo pedí auxilio, y escuchó mi clamor.

Me arrojaste a lo profundo en alta mar, me rodeaban las olas, tus corrientes y tu oleaje pasaban sobre mí.

Yo dije: «Me has arrojado de tu presencia; quién pudiera ver de nuevo tu santo templo.»

Cuando se me acababan las fuerzas me acordé del Señor; llegó hasta ti mi oración, hasta tu santo templo.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 13, 34

Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-: que os améis unos a otros, como yo os he amado.


EVANGELIO: Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»

Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.” ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»

Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»


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EN FUGA DE DIOS
Papa Francisco en Casa Santa Marta
Lunes 7 de octubre de 2013

Para oír la voz de Dios en la propia vida hay que tener un corazón abierto a las sorpresas. De otro modo el riesgo es ponerse «en fuga de Dios», alegando tal vez hasta una buena excusa. Y así puede ocurrir que precisamente los cristianos tengan la tentación de huir de Dios y las personas «lejanas» consigan en cambio escucharle. Lo dijo el Papa Francisco, quien, al celebrar la misa el lunes 7 de octubre, por la mañana, en Santa Marta, sugirió un camino seguro: dejemos escribir nuestra historia por Dios.

El Obispo de Roma, en la homilía, tomó como paradigma la historia de Jonás, comentando la primera lectura (1, 1 – 2, 1.11): él «tenía toda su vida bien organizada: servía al Señor, tal vez oraba mucho. Era un profeta, era bueno, hacía el bien». Como «no quería que se le molestara, con el método de vida que había elegido, en el momento en que oyó la palabra de Dios empezó a huir. Y huía de Dios». Así, cuando «el Señor le envía a Nínive, él toma la nave rumbo a España. Huía del Señor».

A fin de cuentas —explicó el Pontífice—, Jonás se había escrito la propia historia: «Yo quiero ser así, así, así, según los mandamientos». No quería ser molestado. He aquí la razón de su «fuga de Dios». Una fuga que, como alertó el Papa, puede vernos como protagonistas también a nosotros hoy. «Se puede huir de Dios —afirmó— siendo cristiano, siendo católico», incluso «siendo sacerdote, obispo, Papa. Todos podemos huir de Dios. Es una tentación cotidiana: no escuchar a Dios, no escuchar su voz, no oír en el corazón su propuesta, su invitación».

Y si «se puede huir directamente» —prosiguió— «hay otras maneras de huir de Dios un poco más educadas, un poco más sofisticadas». La referencia es al pasaje evangélico de Lucas (10, 25-37) que cuenta de «este hombre, medio muerto, arrojado en el suelo de la vía. Por casualidad un sacerdote bajaba por la misma calle. Un digno sacerdote, con sotana: bien, buenísimo. Vio y miró: Llego tarde a misa, y continuó su camino. No había oído la voz de Dios, ahí». Se trata —explicó el Papa— de «una manera distinta de huir: no como Jonás, que huía claramente. Después pasó un levita, vio y tal vez pensó: Pero si yo lo tomo o si me acerco, tal vez está muerto, y mañana tendré que ir al juez y dar testimonio. Y siguió su camino. Huía de esta voz de Dios en aquel hombre».

En cambio es «curioso» que quien tiene «la capacidad de entender la voz de Dios» sea «sólo» un hombre «que habitualmente huía de Dios, un pecador». En efecto —precisó el Pontífice—, «quien oye la voz de Dios y se acerca» al hombre necesitado de ayuda «es un samaritano, un pecador» lejano de Dios. Un hombre —recalcó— que «no estaba acostumbrado a las prácticas religiosas, a la vida moral». Estaba teológicamente en el error «porque los samaritanos creían que a Dios se le debía adorar en otro sitio» y no en Jerusalén.

Pero justamente esta persona «entendió que Dios le llamaba; y no huyó». Se «hizo cercano» al hombre abandonado, vendándole «las heridas y derramándole aceite y vino. Después le cargó en la cabalgadura. Pero cuánto tiempo perdido: le llevó a una posada y se ocupó de él. Perdió toda la tarde». Entretanto —observó el Obispo de Roma— «el sacerdote llegó a tiempo para la santa misa, y todos los fieles contentos. El levita tuvo el día después una jornada tranquila, según lo que él había pensado hacer», porque no tuvo que ir al juez.

«¿Y por qué —se preguntó el Papa— Jonás huyó de Dios? ¿Por qué el sacerdote huyó de Dios? ¿Por qué el levita huyó de Dios?». Porque —respondió— «tenían el corazón cerrado. Cuando tienes el corazón cerrado no puedes oír la voz de Dios. En cambio un samaritano, que estaba de viaje, vio» a aquel hombre herido y «tuvo compasión. Tenía el corazón abierto, era humano». Y su humanidad le permitió acercarse a él.

«Jonás —explicó— tenía un proyecto de su vida: él quería escribir su historia, bien, según Dios. Pero él la escribía, el sacerdote lo mismo, el levita lo mismo. Un proyecto de trabajo. Este otro pecador», en cambio, «se dejó escribir la vida por Dios. Cambió todo aquella tarde», porque el Señor le puso delante «a este pobre hombre, herido, tirado en la calle».

Yo me pregunto —continuó el Pontífice— «y os pregunto también a vosotros: ¿nos dejamos escribir nuestra vida por Dios o queremos escribirla nosotros? Y esto nos habla de la docilidad: ¿somos dóciles a la Palabra de Dios? Sí, yo quiero ser dócil. ¿Pero tienes tú capacidad de escucharla, de oírla? ¿Tienes capacidad de hallar la Palabra de Dios en la historia de cada día o tus ideas son las que te rigen y no dejas que la sorpresa del Señor te hable?» .

«Estoy seguro —concluyó el Papa Francisco— de que todos nosotros hoy, en este momento, decimos: pero este Jonás se la ha buscado y estos dos, el sacerdote y el levita, son egoístas. Es verdad: el samaritano, el pecador, ¡no huyó de Dios!». De aquí el deseo de que «el Señor nos conceda oír su voz que nos dice: Ve y haz tú lo mismo».

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El maná de cada día, 8.10.17

octubre 7, 2017

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario, Ciclo A

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Por último les mandó a su hijo

Por último les mandó a su hijo



Antífona de entrada

En tu poder, Señor, está todo: nadie puede resistir a tu decisión. Tú creaste el cielo y la tierra y las maravillas todas que hay bajo el cielo. Tú eres dueño del universo.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.

Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.

Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?

Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.


SALMO 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20

La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río.

¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó. y que tú hiciste vigorosa.

No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.


SEGUNDA LECTURA: Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 16

Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure –dice el Señor-.


EVANGELIO: Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.”

Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.”

Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»


Antífona de la comunión: Lm 3, 25

Bueno es el Señor para el que espera en él, para el alma que le busca.
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S.S. Benedicto XVI. Ángelus del domingo 2 de octubre de 2011

El Evangelio de este domingo concluye con una amonestación de Jesús, particularmente severa, dirigida a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos» (Mt 21, 43).

Son palabras que hacen pensar en la gran responsabilidad de quien en cada época, está llamado a trabajar en la viña del Señor, especialmente con función de autoridad, e impulsan a renovar la plena fidelidad a Cristo. Él es «la piedra que desecharon los constructores», (cf. Mt 21, 42), porque lo consideraron enemigo de la ley y peligroso para el orden público, pero él mismo, rechazado y crucificado, resucitó, convirtiéndose en la «piedra angular» en la que se pueden apoyar con absoluta seguridad los fundamentos de toda existencia humana y del mundo entero.

De esta verdad habla la parábola de los viñadores infieles, a los que un hombre confió su viña para que la cultivaran y recogieran los frutos. El propietario de la viña representa a Dios mismo, mientras que la viña simboliza a su pueblo, así como la vida que él nos da para que, con su gracia y nuestro compromiso, hagamos el bien.

San Agustín comenta que «Dios nos cultiva como un campo para hacernos mejores» (Sermo 87, 1, 2: PL 38, 531). Dios tiene un proyecto para sus amigos, pero por desgracia la respuesta del hombre a menudo se orienta a la infidelidad, que se traduce en rechazo.

El orgullo y el egoísmo impiden reconocer y acoger incluso el don más valioso de Dios: su Hijo unigénito. En efecto, cuando «les mandó a su hijo —escribe el evangelista Mateo— … [los labradores] agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron» (Mt 21, 37.39).

Dios se pone en nuestras manos, acepta hacerse misterio insondable de debilidad y manifiesta su omnipotencia en la fidelidad a un designio de amor, que al final prevé también el justo castigo para los malvados (cf. Mt 21, 41).

Firmemente anclados en la fe en la piedra angular que es Cristo, permanezcamos en él como el sarmiento que no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid.

Solamente en él, por él y con él se edifica la Iglesia, pueblo de la nueva Alianza. Al respecto escribió el siervo de Dios Pablo VI: «El primer fruto de la conciencia profundizada de la Iglesia sobre sí misma es el renovado descubrimiento de su relación vital con Cristo. Cosa conocidísima, pero fundamental, indispensable y nunca bastante sabida, meditada y exaltada». (Enc. Ecclesiam suam, 6 de agosto de 1964: AAS 56 [1964], 622).

Queridos amigos, el Señor está siempre cercano y actúa en la historia de la humanidad, y nos acompaña también con la singular presencia de sus ángeles, que hoy la Iglesia venera como «custodios», es decir, ministros de la divina solicitud por cada hombre.

Desde el inicio hasta la hora de la muerte, la vida humana está rodeada de su incesante protección. Y los ángeles forman una corona en torno a la augusta Reina de las Victorias, la santísima Virgen María del Rosario, que en el primer domingo de octubre, precisamente a esta hora, desde el santuario de Pompeya y desde el mundo entero, acoge la súplica ferviente para que sea derrotado el mal y se revele, en plenitud, la bondad de Dios.

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(Nota: Lo resaltado es de un servidor).


El maná de cada día, 6.10.17

octubre 6, 2017

Viernes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

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Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha

 



PRIMERA LECTURA: Baruc 1, 15-22

Confesamos que el Señor, nuestro Dios, es justo, y a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los judíos y vecinos de Jerusalén, a nuestros reyes y gobernantes, a nuestros sacerdotes y profetas y a nuestros padres; porque pecamos contra el Señor no haciéndole caso, desobedecimos al Señor, nuestro Dios, no siguiendo los mandatos que el Señor nos había dado.

Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios, hemos rehusado obedecerle.

Por eso, nos persiguen ahora las desgracias y la maldición con que el Señor conminó a Moisés, su siervo, cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel.

No obedecimos al Señor, nuestro Dios, que nos hablaba por medio de sus enviados, los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba.


SALMO 78, 1-2.3-5.8.9

Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad, han profanado tu santo templo, han reducido Jerusalén a ruinas. Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo, y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.

Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba. Fuimos el escarnio de nuestros vecinos, la irrisión y la burla de los que nos rodean. ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado? ¿Arderá como fuego tu cólera?

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO: Lucas 10, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafárnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno.

Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.»
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YO INSTRUÍ A MIS PROFETAS

Tomás de Kempis, Imitación de Cristo 3,3

Escucha, hijo mío, mis palabras, palabras suavísimas, que trascienden toda la ciencia de los filósofos y letrados de este mundo.

Mis palabras son espíritu y son vida, y no se pueden ponderar partiendo del criterio humano.

No deben usarse con miras a satisfacer la vana compla­cencia, sino oírse en silencio, y han de recibirse con hu­mildad y gran afecto del corazón.

Y dije: Dichoso el hombre a quien tú educas, al que en­señas tu ley, dándole descanso tras los anos duros, para que no viva desolado aquí en la tierra.

Yo –dice el Señor– instruí a los profetas desde anti­guo, y no ceso de hablar a todos hasta hoy; pero muchos se hacen sordos a mi palabra y se endurecen en su corazón.

Los más oyen de mejor grado al mundo que a Dios, y más fácilmente siguen las apetencias de la carne que el beneplácito divino.

Ofrece el mundo cosas temporales y efímeras, y, con todo, se le sirve con ardor. Yo prometo lo sumo y eterno, y los corazones de los hombres languidecen presa de la inercia.

¿Quién me sirve y obedece a mí con tanto empeño y diligencia como se sirve al mundo y a sus dueños?

Sonrójate, pues, siervo indolente y quejumbroso, que aquéllos sean más solícitos para la perdición que para la vida.

Más se gozan ellos en la vanidad que tú en la verdad. Y, ciertamente, a veces quedan fallidas sus esperanzas; en cambio, mi promesa a nadie engaña ni deja frustrado al que funda su confianza en mí.

Yo daré lo que tengo prometido, lo que he dicho lo cumpliré. Pero a condición de que mi siervo se mantenga fiel hasta el fin.

Yo soy el remunerador de todos los buenos, así como fuerte el que somete a prueba a todos los que llevan una vida de intimidad conmigo.

Graba mis palabras en tu corazón y medítalas una y otra vez con diligencia, porque tendrás gran necesidad de ellas en el momento de la tentación.

Lo que no entiendas cuando leas lo comprenderás el día de mi visita. Porque de dos medios suelo usar para visitar a mis elegidos: la tentación y la consolación.

Y dos lecciones les doy todos los días: una consiste en reprender sus vicios, otra en exhortarles a progresar en la adquisición de las virtudes.

El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue en el último día.

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Una persona que ha olvidado sus propias raíces está enferma, dice el Papa

octubre 5, 2017

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Debemos pensar en esta enfermedad del auto exilio psicológico: hay mucho mal. Nos quita las raíces, elimina la pertenencia

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Una persona que ha olvidado sus propias raíces está enferma, dice el Papa

Por Álvaro de Juana

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VATICANO, 05 Oct. 17 / 06:22 am (ACI).- En la Misa que celebró en Santa Marta, el Papa Francisco invitó a que cada uno encuentre sus raíces ya que si no es una persona enferma que puede auto exiliarse.

El Pontífice animó a reencontrar la propia pertenencia. Para ello comentó la primera lectura del día que habla del exilio en Babilonia del pueblo de Israel y el deseo de volver.

Francisco pensó también en la “nostalgia de los inmigrantes”, aquellos que “están alejados de su patria y quieren volver”.

En la lectura, Nehemías quería regresar junto a su pueblo, a Jerusalén, pero se trataba de “un viaje difícil” ya que “tenía que convencer a mucha gente”. “Era un viaje para reencontrar las raíces del pueblo”.

Después de tantos años de esclavitud, las raíces “se habían debilitado” pero no habían desaparecido. “Sin raíces no se puede vivir: un pueblo sin raíces o que las deja perder es un pueblo enfermo”, manifestó.

Al mismo tiempo, “una persona sin raíces, que ha olvidado sus propias raíces, está enferma. Reencontrar, redescubrir las propias raíces y tomar la fuerza de ir adelante, la fuerza de dar fruto”.

Pero no es un camino fácil porque hay “resistencias”: “son las de aquellos que prefieren el exilio psicológico: el auto exilio de la comunidad, de la sociedad, aquellos que prefieren ser un pueblo desarraigado, sin raíces. Debemos pensar en esta enfermedad del auto exilio psicológico: hay mucho mal. Nos quita las raíces, elimina la pertenencia”.

“El hombre y la mujer que encuentran las propias raíces, que son fieles a la propia pertenencia, son un hombre y mujer de alegría, y esta alegría es su fuerza”.

Francisco terminó advirtiendo de que quien tiene “miedo de llorar” también tendrá “miedo de reír” y animó a pedir la gracia de ponerse en camino para encontrar las propias raíces.

Lectura comentada por el Papa:

Primera lectura

Nehemías 8:1-12
1 todo el pueblo se congregó como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta del Agua. Dijeron al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yahveh había prescrito a Israel.
2 Trajo el sacerdote Esdras la Ley ante la asamblea, integrada por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era el día uno del mes séptimo.
3 Leyó una parte en la plaza que está delante de la puerta del Agua, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón; y los oídos del pueblo estaban atentos al libro de la Ley.
4 El escriba Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera levantado para esta ocasión; junto a él estaban: a su derecha, Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malkías, Jasum, Jasbaddaná, Zacarías y Mesullam.
5 Esdras abrió el libro a los ojos de todo el pueblo – pues estaba más alto que todo el pueblo – y al abrirlo, el pueblo entero se puso en pie.
6 Esdras bendijo a Yahveh, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: «¡Amén! ¡Amén!»; e inclinándose se postraron ante Yahveh, rostro en tierra.
7 (Josué, Baní, Serebías, Yamín, Aqcub, Sabtay, Hodiyías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Yozabad, Janán, Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo que seguía en pie.)
8 Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que comprendieran la lectura.
9 Entonces (Nehemías – el gobernador – y) Esdras, el sacerdote escriba (y los levitas que explicaban al pueblo) dijeron a todo el pueblo: «Este día está consagrado a Yahveh vuestro Dios; no estéis tristes ni lloréis»; pues todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
10 Díjoles también: «Id y comed manjares grasos, bebed bebidas dulces y mandad su ración a quien no tiene nada preparado. Porque este día está consagrado a nuestro Señor. No estéis tristes: la alegría de Yahveh es vuestra fortaleza.»
11 También los levitas tranquilizaban al pueblo diciéndole: «Callad: este día es santo. No estéis tristes.»
12 Y el pueblo entero se fue a comer y beber, a repartir raciones y hacer gran festejo, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado.

 


El maná de cada día, 5.10.17

octubre 5, 2017

Jueves de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

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Poneos en camino ligeros de equipaje

Poneos en camino ligeros de equipaje



PRIMERA LECTURA: Nehemías 8, 1-4a.5-6.7b-12

En aquellos días, todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que se abre ante la Puerta del Agua y pidió a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la Ley de Moisés, que Dios había dado a Israel. El sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón.

Era el día primero del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –pues se hallaba en un puesto elevado– y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie.

Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: -«Amén, amén.»

Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra. Los levitas explicaron la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. Leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura.

Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.»

Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley.

Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»

Los levitas acallaban al pueblo, diciendo: «Silencio, que es un día santo; no estéis tristes.»

El pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta, porque había comprendido lo que le habían explicado.


SALMO 18,8.9.10.11

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más preciosos que el oro, más que el oro fino; más dulces que la miel de un panal que destila.


Aclamación antes del Evangelio: Mc 1, 5

Está cerca el reino de Dios -dice el Señor-: convertíos y creed en el Evangelio.


EVANGELIO: Lucas 10, 1-12

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía:

«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.

No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.” Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»


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SIN ALFORJA, SIN BASTÓN Y SIN PAN

Cuando Lucas narra la misión de los Doce insiste en un detalle importante: el Señor les mandó a anunciar el Reino de Dios sin más provisión que su autoridad y su poder sobre todos los demonios. Y les mandó que no llevaran nada más para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni siquiera una túnica de repuesto.

Debía bastarles ese poder y autoridad que habían recibido de Cristo, debían fiarse de El y no de su bastón, de sus provisiones, de su dinero o de su túnica.

No niega el Señor el valor y la necesidad de los medios humanos. Enseña, más bien, que esos medios se quedan muy cortos y limitados cuando se trata de las cosas del Reino y de la expulsión de los demonios.

No son suficientes; es más, pueden mostrarse innecesarios y hasta inútiles frente a los planes y modos de hacer de Dios, que Él suele realizar a su modo y no al nuestro. Esta es la libertad interior que requiere nuestro apostolado para que sea realmente una obra de Dios y no una cosa nuestra.

Si Cristo hubiera programado y planificado la redención del hombre al modo humano con toda seguridad que no habría muerto en la cruz ni habría elegido el camino de la humillación y del dolor.

No te fíes de tus planes apostólicos, de tus cualidades, de tus dotes y recursos, de tus estrategias y gestiones, cuando se trata de las cosas de Dios. Es verdad que Él cuenta contigo, como quiso contar con los apóstoles.

Pero para una misión sobrenatural has de trabajar, sobre todo, con medios sobrenaturales: la oración, la eficacia de la Palabra de Dios, la gracia que te llega por los sacramentos, la comunión con la Iglesia y mucha confianza en que las cosas de Dios no se resuelven con regla y compás.

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