El régimen comunista chino secuestra a un obispo fiel a Roma: «Necesita estudiar y aprender»

abril 11, 2017

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Monseñor Vicente Guo Xijin, obispo de Mindong

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El régimen comunista chino secuestra a un obispo fiel a Roma: «Necesita estudiar y aprender»

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Pese a que se siga intentando vender al régimen comunista chino como mucho más aperturista, la realidad es que sigue siendo una brutal dictadura. Y el caso del obispo de Mindong, monseñor Vicente Guo Xijin, así lo acredita tras llevar desaparecido varios días después de acudir a la Oficina de Asuntos Religiosos de Fu´an el pasado 6 de abril.

Según informa Asianews, monseñor Guo Xijin fue confirmado por Roma en el cargo tras la muerte de su predecesor, Huang Shoucheng, ocurrida el 30 de julio del pasado año.

Ante la preocupación de los católicos, que no saben el paradero de su pastor, respondió el responsable de la Seguridad pública de Ningde, quien informó que su obispo “necesita estudiar y aprender”.

La inquietud de los fieles sigue en pie porque esto significa que el obispo no podrá celebrar todos los ritos de la Semana Santa y de Pascua. Pero ellos están mucho más preocupados por el hecho de que la Seguridad pública no precisa en qué lugar el obispo estaría “estudiando”, a la vez que prohíbe terminantemente toda posibilidad de contactarlo.

Una diócesis viva formada por católicos clandestinos

La hipótesis más recurrente en la diócesis es que el obispo está siendo sometido a un proceso de “reeducación” para obtener su inscripción y sumisión a la Asociación Patriótica.

La diócesis de Mindong está constituida casi totalmente por fieles de la Iglesia clandestina: de 90.000 católicos, más de 80.000 son clandestinos, muy organizados y con una fe viva, con más de 45 sacerdotes, más de 200 religiosas, más de 300 laicas consagradas y cientos de catequistas laicos.

El obispo tiene un buen vínculo con todos los fieles, incluso con aquellos fieles que participan de la Iglesia oficial. La situación resulta humillante para la Asociación Patriótica (AP), sobre todo porque la Santa Sede, al morir Monseñor Huang, ha confirmado la sucesión a Monseñor Guo como obispo ordinario.

Según algunos sacerdotes de la diócesis, la Asociación Patriótica está elevando el nivel de choque con la comunidad subterránea. Hace dos años, en Fu’an, la policía demolió una iglesia no oficial que estaba en obras. Hasta ahora, dada la gran consistencia de la comunidad clandestina, las fuerzas del orden siempre la habían dejado vivir en paz, sin provocar demasiados problemas.

Ya había sido detenido en el pasado

“Es imposible –dice un sacerdote- que el obispo acepte inscribirse en la Asociación Patriótica. Jamás lo hará”. Lo que temen los fieles es que, siendo así, el obispo ya no pueda regresar a conducir la diócesis. Por este motivo, los católicos de Mindong piden a todos los cristianos que recen por su obispo.

Vicente Guo Xijin, de 59 años de edad, fue ordenado obispo coadjutor de Mindong el 28 de diciembre de 2008. Ordenado sacerdote en 1984, trabajó como docente en seminarios y como administrador económico de la diócesis.

Pero su trabajo más importante ha sido sostener y hacer crecer las vocaciones religiosas femeninas y las vocaciones masculinas al sacerdocio. También ha impulsado a los jóvenes seminaristas a emprender estudios universitarios en los institutos universitarios del Estado. Siendo sacerdote no oficial, sufrió arrestos en 1990-92; en 1993-94 y en 1996.

A fines de los años 90 también fue nombrado, por un tiempo breve, administrador apostólico de la diócesis de Wenzhou.


Mujer: compañera, madre y transformadora de la sociedad

marzo 26, 2017

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Mujer, esposa y madre, feliz con su vocación de fiat, como María, la Santa Virgen y Madre

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Mujer: compañera, esposa, madre y transformadora de la sociedad

“Fiat”: El amor en femenino

Por Sheila Morataya-Fleishman

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Decir “sí” a nuestra máxima vocación como mujeres en estos tiempos no es fácil. Por esto es importante contemplar el fiat (hágase) de María cuando se le anunció que iba a ser madre. ¿Cómo fue su respuesta ante el anuncio del Ángel? “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

El fiat de María es el sí más absoluto que podía salir de ella. Manifestaba la grandeza en sí como mujer y la calidad de su corazón así como su compromiso con la sociedad. Dice que se haga, no un “lo pensaré”. Necesitamos volver a Nazaret y contemplar al modelo de mujer que hemos heredado nosotras las cristianas.

Contemplar a la Santa Virgen para muchas mujeres es como contemplar a una mujer más allá de las propias posibilidades. Cuando en realidad, María representa todo lo que nosotras las mujeres modernas de hoy podemos llegar a ser como compañeras, esposas, madres y transformadoras de la sociedad.

Compañeras -y esposas-: que se traduce en sostenimiento y apoyo. Y para poder serlo hay que estar una misma bien asentada; pero esto sólo es posible si interiormente todo está en el orden debido y descansa en equilibrio. No podemos aspirar a ser sostenimiento y apoyo de un esposo si no hay paz interior y armonía en nuestro mundo íntimo.

Por esto es tan importante que volvamos y examinemos si somos mujeres de oración. La oración, como decía la Madre Teresa de Calcuta, es como la gasolina para los automóviles. Sin esta, el carro no funciona, incluso aunque todo su exterior e interior esté perfecto.

Sucede lo mismo en nosotras, la oración es lo que hace que nuestro cuerpo funcione óptimamente. Con una capacidad que sólo puede venir a través de esos minutos a solas conmigo y mi Padre Dios. Prepara todo nuestro sistema nervioso y espiritual para la entrega.

Ser madre: es proteger, custodiar y llevar a su desarrollo la humanidad verdadera. Sí, esto es ser madre, podemos resumirlo en una palabra tomada de Carmen Balmaseda en su libro, La Mujer frente a sí misma que, en definitiva, si soy mamá, “estoy atenta”. ¿Estoy educada para ello? ¿Cuál es mi actitud hacia la persona? ¿Qué es el hombre, el hijo, la sociedad para mí? ¿Cómo es la calidad del amor que brindo?

Realización:

Según la Carta apostólica de san Juan Pablo II La Dignidad de la Mujer, la virginidad y la maternidad son dos dimensiones particulares de la realización de la personalidad femenina.

La mujer encuentra y experimenta una plena realización de su ser al convertirse en potencialmente portadora de la vida. Por esto es que se hace tan necesario volver a la pregunta ¿qué es el hombre, el hijo, la sociedad para mí? ¿Soy consciente de que el hombre es el único ser de la creación que Dios ha amado por sí mismo?

Esto nos hace ver que también yo decido por mí misma y encuentro mi propia plenitud y felicidad en la entrega a los demás. Ser madre es entregarse, es abrirse, es elevarse a otra dimensión. La del fiat, la de la generosidad. Ser esclava, “porque a mí me da la gana” y al hacerlo no sentirme de la época pasada. Es la pura manifestación del amor, y el amor es el área en donde los valores son especialmente realizables.

San Agustín decía: mi amor es mi peso; por él voy adondequiera que voy; amor es gravitación hacia lo amado. ¿Hacia dónde estoy gravitando yo como mujer? ¿Cómo es mi apostolado hacia aquellas mujeres que se cierran hacia el don de la vida? ¿Pienso que no es mi problema? Y si ya soy madre, ¿cómo está siendo mi entrega?

Cada minuto que pasa, cada segundo es una oportunidad en el tiempo que se nos da para brindar lo mejor de nosotros mismos. San José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, escribía en su libro Camino: cumple el pequeño deber de cada momento. Haz lo que debes y está en lo que haces.

Por esto no debemos olvidar que cuando estamos al cuidado de nuestros hijos, estamos escribiendo una novela, una historia personal que quedará grabada en lo más profundo de sus corazones. Si soy madre debo sentirme plenamente realizada y esto se verá en mi apertura para con mis hijos porque realmente “estaré” con ellos y para ellos.

Entrega:

La entrega es tener la valentía de renunciar a ser egoísta y decir sí al amor y los cuidados que vienen de la mano con el hijo. La entrega es estar dispuesta a quedarse en casa y desarrollar los seminarios de relaciones humanas que sabemos serán los más importantes de su vida.

La verdadera entrega te lleva a renunciar a las ganas de brillar; a quedarse con esa criatura o criaturas las 24 horas del día y abrazada a ese trabajo escondido y enseñar lo que es el amor, un término sublime tan maltratado en nuestros días. No se enseña con palabras, mucho menos inscribiendo a nuestros hijos en los mejores colegios. Se enseña con el “sí, el fiat”.

La felicidad es una meta natural en el hombre, pero esta es una consecuencia. La felicidad se encuentra en la atención a otro ser humano. Al tener nuestra atención desde nuestro mismo fondo y desde nuestro corazón, podremos experimentar ese gozo espiritual que se llama alegría.

Es la serenidad silenciosa que descansa en el fondo de cada una al ejecutar con amor total la tarea de cuidar, formar, iluminar el conocimiento y las ventanas del entendimiento hacia la experiencia de ser un ser humano.

Conocedoras de esto, el aburrimiento que viene con la rutina será más fácil de sobrellevar porque sabremos que en todo momento estamos siendo útiles; sembradoras de nuestras propias tierras.

Dios nos hace “ver” claramente que las citas de negocios se convierten en visitas al doctor y se disfrutan lo mismo. Los compromisos de eventos y fiestas se convierten en compromisos de paseos y entretenimientos para la educación intelectual y motriz de los niños y nos llevan a nosotras mismas a un aprendizaje diferente. El traje sastre y los zapatos de tacón vienen a ser sustituidos por camisetas blancas y un par de blue jeans.

¡Qué profesionales somos al quedarnos en casa! !Desarrollando el prestigio más importante y sublime de todos: en donde “la justicia y la paz se abrazan” al pronunciar aquel sí, gracias al cual “la tierra da su fruto”!

Por Sheila Morataya-Fleishman
Fragmento de un artículo publicado originalmente por Encuentra.com

Mujer: compañera, madre y transformadora de la sociedad


Maná y Vivencias Cuaresmales (2), 2.3.17

marzo 2, 2017

Jueves después de Ceniza

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Libertad para elegir el bien o el mal

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Antífona de entrada: Salmo 54, 17-20.23

Clamé al Señor, y escuchó mi voz y me libró de los que me atacaban. Encomienda a Dios tus afanes y él te sustentará.


Oración colecta

Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en ti, como en su fuente, y tienda siempre a ti, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 30, 15-20

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla.

Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella.

Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob.»
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SALMO 1

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.
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Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4, 17

Arrepentíos, dice el Señor; porque el Reino de los cielos se ha acercado.
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EVANGELIO: Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»
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Antífona de comunión: Salmo 50, 12

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
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VIVENCIAS CUARESMALES 

La señal del cristiano

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2. JUEVES DESPUÉS DE CENIZA

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TEMA: Libertad del hombre, capacidad de elegir

El camino hacia la fe: gracia de Dios y libertad del hombre
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Texto bíblico: Deuteronomio 30, 15-20.

“Ten en cuenta que hoy yo pongo ante ti el bien y la vida por una parte y por otra el mal y la muerte. Si escuchas los mandamientos de tu Dios que yo te prescribo, vivirás y te multiplicarás. Yavé te bendecirá en la tierra que vas a poseer. Escoge pues la vida…

Pongo hoy por testigo ante ustedes al cielo y a la tierra, te pongo delante la vida y la muerte, la bendición o la maldición; escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia. En eso está tu vida y la duración de tus días…”

Libertad del hombre: Dios a nadie va a salvar sin su colaboración, es decir, contra su voluntad. Pues el hombre se define por sus decisiones; tiene que optar, necesariamente; no puede permanecer en la indecisión, ambigüedad o indiferencia. Si no avanza, retrocede. Los talentos recibidos hay que invertirlos según la voluntad del Señor que nos los confió.

Por otra parte, Dios a nadie condenará sin justa causa. “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, enseñó certeramente san Agustín. Dios respeta nuestra libertad y espera nuestra decisión, pues quiere que todos se salven y, mediante el Santo Espíritu, hace agradables sus mandamientos, inspira y previene nuestras acciones, mueve nuestra voluntad hacia el bien. Pero siempre sin forzar nuestra libertad.

Por eso, afirmamos que sólo creerá el que “quiera” creer. Parafraseando a Luis Evely podemos afirmar que nunca verás tan claro, tan claro, que te sientas obligado a creer; ni tan oscuro, tan oscuro, que te parezca absurdo e irracional el creer. Nunca verás tan confuso y contradictorio que ello te exima de creer.

La fe, por tanto, exige un “plus”, un algo más, un extra.

Es decir, el hombre debe poner algo de su parte, debe querer creerle a Dios, debe mirar a Dios con tal admiración y benevolencia que, aunque se diera la posibilidad de que Dios fuera mentiroso, él se resistiría a creerlo; más aún, no lo quiere creer; más aún, hace a Dios sincero, “recrea” -si se puede hablar así- al mismo Dios, precisamente por su actitud humilde, benevolente, contemplativa y obsequiosa.

Y esto le hace más grande al hombre que a Dios. El hombe da la talla mediante su fe. Se mide. Se define a sí mismo.

La fe, pues, no se contenta con aceptar resignada y pasivamente la verdad y la realidad de Dios sino que la afirma, la hace existente por su amor, le interesa que Dios exista y sea Dios, no hombre; le gusta y se complace en que Dios sea soberano, y lo quiere por amor: Que Dios sea Dios.

La fe, por tanto, hasta podemos afirmar que recrea a Dios, le da consistencia, lo afirma, lo inventa por amor, si fuera necesario. La fe expresa una querencia dinámica del hombre que le sublima en su ser, le hace merecedor de salvación, lo introduce en una existencia generosa y por tanto feliz.

Pero tal apuesta es también gracia de Dios, no pura iniciativa y capacidad del hombre.

De ahí la expresión del salmista:

“Dichoso el hombre que teme al Señor;

su gozo es la ley del Señor.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia…”

(Salmo 1ero., vers. 1, 2, 3, 4 y 6).

El hombre, colocado ante el misterio de Dios, puede adoptar una doble postura:

por una parte, y gracias a la fe, apuesta por la sencillez, el respeto, la docilidad, la querencia, la inocencia, la voluntad de fidelidad y la benevolencia; o por el contrario, permite que en su corazón se vayan estableciendo la sospecha gratuita y torcida, la queja, la susceptibilidad, la hipersensibilidad, el resentimiento, la envidia, la soberbia, la autosuficiencia, el amor propio, la petulancia vanidosa, la insensatez, la superficialidad… en fin, el atrevimiento.

Esa apuesta por la fe y el amor generoso es equivalente a perder la vida por Cristo: es salir de sí mismo o renunciar a ganar el mundo; es decir, renunciar a vivir en total autonomía e independencia (evangelio).

Perder la vida propia significa vivir en total dependencia respecto de Dios. Es hacerle más caso a Dios que a uno mismo, librarse de la propia soledad para comunicarse con Dios hasta hacerse un solo ser con él; y así, adquirir la verdadera valía y la plena libertad y felicidad, pues “Nos hiciste, Señor, para ti…”, sentencia san Agustín.

San Pablo manifiesta su unión existencial con Dios en Cristo por obra del Espíritu: “Vivo yo, pero no soy yo; es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20).

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ORACIÓN COLECTA (de la misa):

“Que tu gracia, Señor,

inspire, sostenga y acompañe nuestras obras

para que nuestro trabajo comience en ti como en su fuente

y tienda siempre a ti como a su fin”.


ORACIÓN PERSONAL (sugerida):

Señor, Padre Santo,

enséñame el camino de la sencillez.

Enséñame a mirar a tu bendito Hijo Jesús

con toda atención y reverencia

para descubrir su maravillosa sumisión a ti y a los hombres,

obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz…

Ayúdame a negarme a mí mismo (Evangelio),

creyendo más en tus insinuaciones que en mis convicciones;

que no busque mi propio interés sino tu gloria,

que salga de mí mismo y me encuentre contigo.

Te lo pido por Cristo tu Hijo,

en quien nos das toda sabiduría y el sentido de nuestra vida. Amén.


El maná de cada día, 27.2.17

febrero 27, 2017

Lunes de la 8ª semana del Tiempo Ordinario


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Siendo rico, se hizo pobre



PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 17, 24-29

A los que se arrepienten Dios les permite volver, y consuela a los que han perdido la esperanza, y los hace partícipes de la suerte de los justos.

Retorna al Señor y abandona el pecado, reza ante su rostro y elimina los obstáculos.

Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia y detesta con toda el alma la abominación.

Reconoce los justos juicios de Dios, permanece en la suerte que te ha asignado y en la oración al Dios altísimo.

En el abismo ¿quién alabará al Altísimo como lo hacen los vivos y quienes le dan gracias?

Para el muerto, como quien no existe, desaparece la alabanza, solo el que está vivo y sano alaba al Señor.

¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que retornan a él!


SALMO 31, 1b-2. 5. 6. 7

Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay engaño.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia: la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación.


ALELUYA: 2Co 8, 9

Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza.


EVANGELIO: Marcos 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salta Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»

Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»

Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»

Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dales el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»

A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.

Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»

Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»

Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»

Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»


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Y TÚ, ¿QUÉ ELIGES?

El ejercicio de nuestra libertad nos lleva a considerar las cosas que son importantes para nuestra vida y a tomar decisiones.

Elegimos lo que más nos conviene, lo que nos hace madurar y lo que puede ayudar a otros a su crecimiento personal. Sin embargo, esas decisiones, que han de darse cotidianamente, están subordinadas a una elección mayor: mi entrega a Dios, en la que debo estar dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.

Cuando sólo nos quedamos en elegir lo caduco y lo accidental, sin darle un horizonte trascendente, el corazón se agosta y se cansa.

Tener la voluntad fija en cosas limitadas, por muy importantes que parezcan a los ojos de los hombres, no da una felicidad plena. Por tanto, incluso a las cosas aparentemente insignificantes, hemos de darles su proyección de altura, han de estar asumidas en ese otro orden en donde también ponemos a Dios como testigo.

No es que lo pequeño carezca de importancia, sino que elegimos «eso» (lo que en lo cotidiano podría suponer monotonía), porque es donde más libre soy, es decir, donde dejo sitio a Dios y procuro que se manifieste su gloria.

¿No recordamos que fue precisamente en ese anonadamiento de su Encarnación, Dios hecho hombre, donde descubrimos la mayor grandeza de la divinidad?

A la hora de elegir, por tanto, no se trata de buscar mi gloria o mi comodidad personal, pues lo que recibiré a cambio será la soledad de mi vanidad o de mi egoísmo, que es el mayor fracaso de la libertad.

En cada elección personal he de discernir que cualquier acción que realice ha de conformarse con esa voluntad divina en mi vida, que es la única capaz de hacerme libre, pues se identificará plenamente con la infinita libertad de Dios.

¿Puedo acaso elegir algo mejor y mayor?

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El Papa a la Vida Religiosa: “Los abandonos en la vida consagrada nos preocupan”

febrero 26, 2017

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Con cardenal

El Papa Fancisco con el Sr. Cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica

 

El Papa a la Vida Religiosa: “Los abandonos en la vida consagrada nos preocupan”

Critica “la rutina, el cansancio, las divisiones internas y la búsqueda del poder”

Por José Manuel Vidal

(José M. Vidal/RV).- “Estamos frente a una ‘hemorragia’ que debilita la vida consagrada y la vida de la propia Iglesia. Los abandonos en la vida consagrada nos preocupan”. Fue uno de los mensajes que el papa Francisco  lanzó a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

El Papa explicó, además, las causas de esta “hemorragia”, que se debe a varios factores, el primero de ellos es “el contexto social y cultural” actual.

“Vivimos en una sociedad donde las reglas económicas sustituyen a las morales” y en la que “la dictadura del dinero y del beneficio propugna una visión de la existencia en la que quien no es rentable es marginado”.

En segundo lugar, Bergoglio criticó que cada vez haya más jóvenes que se dejen seducir por “la búsqueda del éxito a cualquier precio, del dinero fácil y del placer fácil”.

El tercer factor, prosiguió, se encuentra “en el interior de la propia vida consagrada”, donde en ocasiones se dan situaciones que ponen en peligro la fe como “la rutina, el cansancio, el peso de la gestión de las estructuras, las divisiones internas y la búsqueda del poder”, entre otras.

El Papa también expresó su aprecio por el trabajo que realizan -los consagrados- al servicio de la vida consagrada en la Iglesia y destacó la importancia del tema -fidelidad y abandono- que eligieron para reflexionar sobre las dificultades del momento presente:

«El tema que han elegido es importante. Podemos decir que, en este momento, la fidelidad es puesta a prueba; lo demuestran las estadísticas que han examinado. Estamos ante una ‘hemorragia’ que debilita la vida consagrada y la vida de la misma Iglesia. El abandono en la vida consagrada nos preocupa. Es verdad que algunos abandonan por un acto de coherencia, porque reconocen, después de un discernimiento serio, que nunca tuvieron la vocación; pero otros, con el pasar del tiempo, faltan a la fidelidad, muchas veces sólo pocos años después de la profesión perpetua. ¿Qué ha sucedido?».

Son “numerosos los factores que condicionan la fidelidad” en éste que es un cambio de época y no sólo una época de cambio, en el que resulta difícil asumir compromisos serios y definitivos» señaló el Santo Padre, reflexionando, en particular, sobre tres de ellos: el contexto social y cultural, el mundo juvenil y las situaciones de contra-testimonio en la vida consagrada.

Empezando por el primer factor, «que no ayuda a mantener la fidelidad», es decir, el de la actualidad social y cultural, el Obispo de Roma señaló que impulsa lo provisorio, que puede conducir al vivir a la carta y a ser esclavos de las modas, alimentando el consumismo, que olvida la belleza de la vida sencilla y austera, y que provoca un gran vacío existencial, con un fuerte relativismo, con valores ajenos al Evangelio:

«Vivimos en una sociedad donde las reglas económicas sustituyen a las reglas morales, dictan leyes e imponen sus propios sistemas de referencia en detrimento de los valores de la vida; una sociedad donde la dictadura del dinero y del provecho propugna una visión de la existencia que descarta al que no rinde. En esta situación, está claro que uno debe dejarse evangelizar antes, para luego comprometerse en la evangelización».

En el segundo punto dedicado al mundo juvenil, recordando que no faltan jóvenes generosos, solidarios y comprometidos en ámbito religioso y social, el Papa se refirió asimismo a los desafíos que afronta la juventud y alentó a contagiar la alegría del Evangelio:

«Hay jóvenes maravillosos y no son pocos. Pero, también entre los jóvenes hay muchas víctimas de la lógica de la mundanidad, que se puede sintetizar así: búsqueda de éxito a cualquier precio, del dinero fácil y del placer fácil. Esta lógica seduce también a muchos jóvenes. Nuestro compromiso no puede ser otro que el de estar a su lado, para contagiarlos con la alegría del Evangelio y de la pertenencia a Cristo. Hay que evangelizar esa cultura si queremos que los jóvenes no sucumban».

En el tercer factor, «que proviene del interior de la vida consagrada, donde al lado de tanta santidad no faltan situaciones de contra-testimonio», el Santo Padre reiteró la centralidad de Jesús, en la misión profética de los consagrados:

«Si la vida consagrada quiere mantener su misión profética y su fascinación y seguir siendo escuela de fidelidad para los cercanos y los lejanos (cfr Ef 2, 17) debe mantener el frescor y la novedad de la centralidad de Jesús, la poderosa atracción de la espiritualidad y la fuerza de la misión, mostrar la belleza del seguimiento de Cristo e irradiar esperanza y alegría».

En su denso discurso, el Papa puso de relieve asimismo la importancia de la vida fraterna en la comunidad, alimentada en la oración, la Palabra, los Sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. Sin olvidar la cercanía a los pobres y la misión en las periferias existenciales, contemplando siempre al Señor y caminando según el Evangelio y alentando la preparación de acompañantes cualificados en la vida consagrada y el discernimiento.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2017/01/28/el-papa-a-la-vida-religiosa-iglesia-religion-monjas-frailes-papa-obispo-dios-jesus.shtml


¿De qué manera “Dios llama”?

febrero 23, 2017

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Dios llama

Dios llama a cada uno por su nombre. Para él, somos únicos

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¿De qué manera “Dios llama”?

Por Martín Gelabert Ballester, OP

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Cuando alguien se decide a entrar en un noviciado o en un seminario es frecuente decir que “Dios le ha llamado para ser religioso o para ser sacerdote”. Por este motivo se suele hablar de “vocaciones” a la vida religiosa o a la vida sacerdotal. Vocación precisamente significa llamada.

Hablando de llamadas el Papa Francisco ha recordado que el matrimonio también es una vocación, una llamada de Dios. Eso sin olvidar que hay otro tipo de estados de vida o de misiones apostólicas que también pueden calificarse de vocaciones y atribuirse a una llamada de Dios: ser misionero laico, ser catequista, quedarse soltero, mantenerse viudo, dedicarse a obras de caridad.

Son muchas las posibles tareas y maneras de vivir que pueden ser llamadas de Dios.  Surge entonces la pregunta de cómo llama Dios, de qué modo, cómo saber si a mí, en concreto, me llama para ser religioso o para vivir matrimonialmente, para irme a países lejanos a anunciar el Evangelio o para quedarme en mi lugar de nacimiento realizando obras de caridad.

Evidentemente, Dios no llama por teléfono. Quizás alguno pueda decir que “ha sentido una inspiración” y que, por ese motivo, pide entrar en un noviciado o decide casarse. Pero las inspiraciones vienen en función de las experiencias, vivencias o circunstancias con las que uno se encuentra. Eso significa que Dios llama a través de los acontecimientos, a veces extraordinarios, pero normalmente, sencillos y ordinarios.

Lo que Dios quiere para todos y cada uno es que seamos felices. Eso que Dios quiere es lo que todos buscamos. Para ser feliz, cada uno busca aquellos modos de vivir que más pueden ayudarle a sentirse bien o que mejor encajan con su carácter, con sus posibilidades, con sus deseos.

Ese buscar cuál es el lugar en el que me encuentro bien, el creyente puede interpretarlo como llamada de Dios. Dios llama a través de los acontecimientos leídos desde la fe.

La cuestión para el creyente es: ¿dónde voy a sentirme más a gusto, más realizado? Y también: ¿dónde voy a servir mejor? Pues no se puede ser feliz sin pensar en la felicidad de los demás. De ahí que la pregunta por la propia felicidad coincide con otra pregunta: ¿dónde y de qué modo mi vida puede ser más evangélica, más entregada al amor?

Es claro que quien no tiene fe, no reconoce ninguna llamada de Dios. Digo “no reconoce”, porque la llamada de Dios resuena en el corazón de cada ser humano, aunque no lo sepa, cada vez que su conciencia le dice: haz el bien, evita el mal. Y para hacer  el bien y evitar el mal, hay que escoger los caminos más adecuados en función de las propias posibilidades.

http://nihilobstat.dominicos.org/articulos/de-que-manera-dios-llama/


El maná de cada día, 16.2.17

febrero 16, 2017

Jueves de la 6ª semana del Tiempo Ordinario


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¿Quién dice la gente que soy yo?



PRIMERA LECTURA: Gén 9,1-13

Dios bendijo a Noé y a sus hijos diciéndoles:

«Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Todos los animales de la tierra y todas las aves del cielo os temerán y os respetarán; todos los reptiles del suelo y todos los peces del mar están a vuestra disposición. Todo lo que vive y se mueve os servirá de alimento: os lo entrego todo, lo mismo que los vegetales.

Pero no comáis carne con sangre, que es su vida. Pediré cuentas de vuestra sangre, que es vuestra vida; se las pediré a cualquier animal. Y al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano.

Quien derrame la sangre de un hombre, por otro hombre será su sangre derramada; porque a imagen de Dios hizo él al hombre.

Vosotros sed fecundos y multiplicaos, moveos por la tierra y dominadla».

Dios dijo a Noé y a sus hijos:

«Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra».

Y Dios añadió:

«Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra».


SALMO 101, 16-18. 19-21.29 y 22-23

El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra.

Los gentiles temerán tu nombre; los reyes del mundo, tu gloria. Cuando el Señor reconstruya Sion, y aparezca en su gloria, y se vuelva a las súplicas de los indefensos, y no desprecie sus peticiones.

Quede esto escrito para la generación futura, y el pueblo que será creado alabará al Señor. Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, desde el cielo se ha fijado en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros, su linaje durará en tu presencia. Para anunciar en Sion el nombre del Señor, y su alabanza en Jerusalén, cuando se reúnan unánimes los pueblos y los reyes para dar culto al Señor.


ALELUYA: Jn 6, 63c. 68C

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.


EVANGELIO: Mc 8, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».

Tomando la palabra, Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías».

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.

Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

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Papa Francisco: La guerra empieza en el corazón y Dios nos pedirá cuentas a todos

Por Álvaro de Juana

VATICANO, 16 Feb. 17 / 06:25 am (ACI).- El Papa Francisco centró la homilía de la Misa que celebró hoy en la Casa Santa Marta en la guerra, que no solo se da entre poderosos y países, sino que empieza en el corazón de cada uno, en las familias o el trabajo y aseguró que Dios pedirá cuentas a todos los hombres.

“La guerra empieza en el corazón del hombre, comienza en casa, en las familias, entre amigos y después va más allá, a todo el mundo”, explicó.

“La Palabra del Señor es clara: ‘De la sangre vuestra, o sea de vuestra vida, yo pediré cuentas; pediré cuentas a cada ser viviente y pediré cuentas de la vida del hombre al hombre, a cada uno de su hermano’. También a nosotros, que parece que estamos en paz, aquí, el Señor nos pedirá cuentas de la sangre de nuestros hermanos y hermanas que sufren la guerra”.

El Pontífice comentó el significado de tres símbolos que aparecen en la lectura del Génesis en la que se narra cómo Noé libera a la paloma después del diluvio. “Es el signo de lo que Dios quería después del diluvio: paz, que todos los hombres estuviesen en paz”, afirmó.

“La paloma y el arcoíris son frágiles. El arcoíris es bonito después de la tempestad, pero luego viene una nube y desaparece”, aseguró Francisco, para recordar que hace unos años durante un Ángelus una gaviota mató a dos palomas que soltó junto a dos niños desde la ventana del Palacio Apostólico.

“La alianza que Dios hace es fuerte, pero como nosotros la recibimos, como nosotros la aceptamos es con debilidad. Dios hace la paz con nosotros, pero no es fácil cuidar la paz”, señaló.

“Es un trabajo de todos los días porque dentro de nosotros todavía está esa semilla, ese pecado original, el espíritu de Caín que por envidia, celos, codicia y ganas de dominar  provoca la guerra”.

El Santo Padre siguió comentando las lecturas del día y afirmó que “somos custodios de los hermanos y cuando hay derramamiento de sangre hay pecado y Dios nos pedirá cuentas”.

“Hoy en el mundo hay derramamiento de sangre. Hoy el mundo está en guerra. Muchos hermanos y hermanas mueren, también inocentes, porque los grandes, los poderosos, quieren un pedazo más de tierra, quieren un poco más de poder o quieren hacer un poco más de ganancias con el tráfico de armas”.

“¿Cómo cuido la paloma? ¿Qué hago para que el arcoíris sea siempre una guía? ¿Qué hago para que no sea derramada más sangre en el mundo?”, se preguntó.

Francisco explicó que la oración por la paz “no es una formalidad, el trabajo por la paz no es una formalidad”. “La guerra empieza en el corazón del hombre, comienza en casa, en las familias, entre amigos y después va más allá, a todo el mundo”.

“¿Qué hago cuando siento que viene a mi corazón algo que quiere destruir la Paz?”, preguntó.

“La guerra comienza aquí y termina allí. Las noticias las vemos en los periódicos o en los noticieros. Hoy mucha gente muere y esa semilla de guerra que hace la envidia, los celos, la codicia en mi corazón, es la misma –crecidas, hechas árbol– que la de la bomba que cae en un hospital, sobre una escuela y mata niños. Es lo mismo”.

“La declaración de guerra empieza aquí, en cada uno de nosotros. Por eso la pregunta: ¿Cómo cuido yo la paz en mi corazón, en mi intimidad, en mi familia?”, cuestionó. “Custodiar la paz, no solo custodiar: hacerla con las manos, artesanalmente, todos los días. Y así lograremos hacerla en todo el mundo”.

El Papa continuó: “La sangre de Cristo es la que lleva a la paz, pero no esa sangre que hago con mi hermano” o “que provocan los traficantes de armas o los poderosos de la tierra en las grandes guerras”.

“Recuerdo cómo comenzaban a sonar las alarmas de los bomberos en la ciudad. Esto se hacía para llamar la atención sobre un hecho o una tragedia u otra cosa. Y rápidamente la vecina de casa que llamaba a mi mamá: ‘Señora Regina, venga, venga, venga. Y mi mamá salió un poco asustada. ‘¿Qué ocurre?’. Y esa señora desde el otro lado del jardín le decía: ‘¡Ha terminado la guerra!’, y lloraba”, dijo sobre recuerdos de su niñez.

“Que el Señor nos dé la gracia de poder decir: ‘Ha terminado la guerra’ y lloremos. Ha terminado la guerra en mi corazón, ha terminado la guerra en mi familia, ha terminado la guerra en mi barrio, ha terminado la guerra en el puesto de trabajo, ha terminado la guerra en el mundo. Así será más fuerte la paloma, el arcoíris y la alianza”, concluyó.