10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia

julio 8, 2020

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10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia

Por Cecilia Zinicola | Jul 07, 2020

Detrás de los hechos, hay valiosos mensajes que llegan a nosotros y podemos tener en cuenta de ahora en adelante

QUEDARSE EN CASA: VOLVER A LA INTIMIDAD DEL HOGAR

Bajo el lema “yo me quedo en casa» hemos recuperado el valor de mirar hacia adentro, de compartir más con nuestros seres queridos y vivir el sacrificio de ser parte como familia de un bien mayor.

El quedarnos en casa nos ha ayudado a entender que existe todo un universo por descubrir en la intimidad de nuestros hogares y dentro de nosotros mismos, un universo que podríamos ignorar fácilmente por nuestra rutinas fugaces cotidianas.

Se han abierto oportunidades reales de crear esos lazos que perduran en el tiempo y que permiten superar las adversidades. Volver a los principios y valores más profundos para poder trabajar la búsqueda de un balance que recupera las costumbres como resultado de pasar más tiempo juntos y manifestar muestras de cariño fortaleciendo los vínculos cercanos.

MASCARILLAS: APRENDER A HACER SILENCIO

El entorno nos motiva a hablar más, pero los tapabocas y mascarillas se han instalado para hacernos callar. En vez de soltar palabras con prisa por querer expresarnos, interrumpir o ignorar a los demás fingiendo que escuchamos al responder rápido o no queriendo verdaderamente entender a los demás, aprendimos a llenarnos con un poco de silencio.

Al callarnos tenemos la oportunidad de encontrarnos con el mundo del otro y poder comprenderlo desde su punto de vista. Afinar el oído nos aleja de nuestro propio ego para dejar entrar los corazones y las mentes de los demás.

SITIOS TRANSFORMADOS EN HOSPITALES: HACER LUGAR PARA TODOS

Este tiempo ha sido un tiempo de modificaciones en favor de objetivos comunes. Edificios como escuelas y hoteles que se han transformado en hospitales poniendo a disposición espacios para ayudar a los demás. Aprendimos que necesitamos cultivar la ayuda mutua y a poner en práctica la solidaridad para cuidarnos entre todos y asumir más responsabilidades.

Nos ha ayudado en cierto modo a ver que la soledad es inhumana y destructiva y que no formamos un conjunto de individualidades, sino que el pensar como sociedad nos recuerda que el bien personal es inseparable del bien común y que no podemos progresar de verdad si cada uno busca soluciones a espaldas de la comunidad entera.

CALLES Y LUGARES FAMOSOS DESIERTOS: DEJAR DE LADO LO SUPERFICIAL

El virus ha derrumbado muchos de nuestros planes, programas y agendas. Cuando nos creíamos dueños del tiempo y constructores de la realidad, hemos abandonado algunos placeres a los que estábamos acostumbrados, a la comodidad, lugares y espacios con los que llenamos nuestras vidas, pero que al final nos nos ofrecían nada sustentable.

El encierro obligatorio ha sido una ocasión para abandonar la idolatría de armar planes como fines en sí mismos y liberarnos del «hacer por hacer» sin encontrar el verdadero sentido de las cosas. Nos ha alejado de las distracciones para poner nuevamente el foco en lo que de verdad importa y acercarnos a entender la razón y el valor de las cosas.

SIN TRANSPORTE: MOMENTO DE PAUSA EN EL CAMINO

El tiempo de cuarentena parece habernos enseñado que cuando nos detenemos un momento en el viaje de la vida, eso nos puede servir como impulso o renovación para el futuro, que existen beneficios también en las pausas. El medioambiente se limpia, se respira mejor aire, las aguas se tornan cristalinas y reaparecen animales que antes no se veían.

La sabiduría no depende de la cantidad de sellos que uno puede recolectar en un pasaporte. De nada sirve recorrer ciudades, tomar un millar de fotos y traer algún imán para la nevera si regresamos con el mismo vacío con el que nos fuimos. Ahora que no podemos movernos podemos reflexionar hacia dónde queremos ir y cuál queremos que sea nuestro motor.

LAVARSE LAS MANOS: MANTENER HÁBITOS DE HIGIENE PERSONAL

Hay una mayor conciencia sobre la importancia de incorporar con más frecuencia pequeños actos cotidianos como mantener las manos limpias para evitar enfermedades. Estos hábitos de limpieza han llenado nuestra rutina protegiéndonos no solo del COVID19 sino también de muchos otros gérmenes.

Mantener los hábitos de cuidado personal es lo que nos prepara para afrontar cada día. De hecho, hasta que no haya una vacuna esta es hoy una de las pocas formas de acción eficaces con las que realmente contamos en la lucha contra la enfermedad.

ESTANTES VACÍOS: RECUPERAR LO ESENCIAL

Con una mirada a las tiendas en general, la pandemia nos ha mostrado que no hace falta tener mucho, sino aquellas cosas que son esenciales. Hemos tomado más conciencia de que la existencia se torna más saludable y gozosa desde la simplicidad de quien renuncia a la frenética búsqueda del bienestar material, del consumo desmedido y de la vida hedónica.

Muchos nos hemos replanteado las cosas que tenemos o queremos, nos hemos amigado con la capacidad al desapego y la búsqueda de lo importante priorizando y aprendiendo a tener que dar, compartir o incluso dejar cosas de lado que antes pensábamos eran indispensables para vincularnos con la realidad de una manera más genuina.

APLAUSOS: RECONOCER LA DEFENSA DE LA VIDA

Un punto común ha sido el reconocimiento de las personas que trabajan por defender la vida. Los trabajadores de la salud, médicos, enfermeros y voluntarios, fueron aplaudidos en todo el mundo por luchar contra el COVID-19. Han sido homenajes muchas veces emocionantes donde la humanidad se hace palpable y nos deja ver parte de su grandeza.

Los reconocimientos globales a estos trabajadores desde las ventanas y los balcones se transformaron en un fenómeno en donde al final del día se sentía el aliento de las personas para seguir luchando. También hemos aprendido que no hay una única forma de hacerlo: aplausos, cantos populares, gente tocando instrumentos o agitando banderas.

POBLACIÓN DE RIESGO: VALOR Y RESPETO A NUESTROS MAYORES

La parte de la población más afectada y que ha sido atacada de forma directa por el virus ha sido la de las personas mayores. Hemos aprendido la importancia de valorarlos y respetarlos para que nos les falte alguien que les acompañe, alguien que les tome la mano en el momento de la partida y que les dé una sepultura digna.

Cuántas normas como la eutanasia o la discriminación o el simple olvido se nos presentan como opciones razonables, muchas veces disfrazadas como “normales”, cuando en realidad los ancianos también tienen un papel decisivo en el aporte que hacen en nuestra sociedad y que merecen nuestros cuidados. 

DIBUJOS DE ARCOÍRIS EN LAS VENTANAS: LA ESPERANZA PARA SEGUIR ADELANTE

Aprender a renunciar a querer controlarlo todo es aceptar que no podemos predecir ni evitar que cosas que no queremos, nos pasen. Hay circunstancias que no dependen de nosotros y el coronavirus nos ha mostrado que la incertidumbre es una norma y no una excepción. Es esa cuota de incertidumbre muchas veces la que nos permite descubrir nuestro futuro.

Nuestros principios, sueños y fuerza para levantarnos, son las que toman protagonismo y nos invitan a vivir la nueva realidad más real que antes cuando hay esperanza. Aunque podemos prever algunas cosas, no podremos anticiparlas todas y la única certeza que tenemos es la de un corazón que confía y espera en el amor: el amor de los amigos y los que amamos.

10 grandes enseñanzas que nos ha dejado la pandemia


Pandemia del coronavirus: ¿La oportunidad perdida?

julio 2, 2020

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El endemoniado gadareno o geraseno ante Jesús.

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Pandemia del coronavirus: ¿La oportunidad perdida?

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Apreciado lector, ayer la liturgia de la Eucaristía contenía un pasaje evangélico que, sin mayores esfuerzos, todos y cada uno podemos aplicar a nuestra vida con mucho provecho. Me parece que merece la pena que lo traigamos de nuevo a nuestra consideración.

Porque todos, quién más quién menos, con la pandemia del coronavirus, después de un momento de sorpresa, hemos comenzado un proceso de cambio, de reflexión y de descubrimiento de algo importante que teníamos aparcado. Algo brilló de nuevo, fuimos como iluminados y nos sedujo algo que movió nuestra imaginación… 

Pero quizás estamos desistiendo de seguir adelante. Nos da pereza. Es complicado. Supone muchos cambios en nuestras costumbres… Quizás no vamos a poder. Entonces, la tentación nos va dominando… Y caemos: Mejor volver al pasado, y olvidarse de aquella ilusión…

El pueblo del evangelio le pidió a Jesús que se alejara de su territorio, que los dejara como estaban… Porque era difícil y hasta podría resultar peligroso más adelante.

Echemos ahora una leída reposada al texto evangélico y después consideremos la interpretación que nos ofrece el P. Francisco Fernández Carvajal.

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EVANGELIO: Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.

Y le dijeron a gritos: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?»

Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara.»

Jesús les dijo: «Id.»

Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.

Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

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LA OPORTUNIDAD PERDIDA

P. Francisco Fernández Carvajal 

1.– El Señor se presenta, en ocasiones, de manera distinta a como nosotros le esperábamos.

2.– Desprendimiento para ver a Jesús y para hacer su voluntad cuando no coincide con la nuestra.

3.– Mirar con fe las circunstancias humanamente desfavorables, y descubrir en ellas al Señor.

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I. Llegó Jesús a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos, en tierra de gentiles (1); quizá busca un sitio retirado para descansar con sus discípulos. Allí curó el Señor a dos endemoniados que le salieron al encuentro.

Cerca del lugar había una piara de cerdos; los demonios le rogaron que, si los expulsaba de estos hombres atormentados, los enviara a la piara. Y el Señor se lo permitió. Y ellos salieron y entraron en los cerdos.

Entonces toda la piara corrió con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua. Los porqueros huyeron y al llegar a la ciudad contaron todo, en particular lo de los endemoniados. Ante esto, toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verle, le rogaron que se alejara de su región.

Le rogaron que se alejara de aquel lugar. Fue la gran oportunidad perdida por estas gentes; tuvieron a Dios mismo entre ellos, y no supieron verlo. Quizá nunca más pasó por aquellas tierras. ¡Lo tuvieron tan cerca! ¡y le rogaron que se alejara! ¡A Aquel que llevaba consigo todos los bienes! ¡Qué poco hospitalario es a veces el mundo para con su Señor!

Con frecuencia, para muchos, son los bienes materiales lo que cuenta, y no es raro ver cómo se intenta construir una sociedad en la que el Señor no está presente, no le dejan sitio, “como si Dios no mereciera ningún interés en el ámbito del proyecto operativo y asociativo del hombre” (2).

El que da sentido a todo es excluido. El Señor ilumina el dolor, la alegría, la vida, la muerte, el trabajo… Y sin Él nada vale la pena.

“Exclusión de Dios, ruptura con Dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es bajo formas diversas el pecado, que puede llegar hasta la negación de Dios y de su existencia, hasta el ateísmo” (3).

En el fondo de muchas actitudes que rechazan o excluyen la verdad sobrenatural se encuentra un radical materialismo práctico, el aprecio a los bienes materiales por encima de todo, que impide ver la acción del Señor en lo que nos rodea.

Nosotros decimos a Jesús que queremos ponerlo en la cima de todas las tareas humanas, a través de un trabajo profesional hecho a conciencia; que queremos que entre de lleno en nuestra vida, en la familia, que dé sentido a lo que somos y a lo que poseemos: a nuestra inteligencia, a nuestro corazón, a la amistad, a los amores limpios de cada uno según su peculiar vocación.

Le decimos que queremos estar vigilantes, como el centinela, para darle entrada en el alma, también cuando se presente de una manera distinta a como le esperábamos.

II. Aquellos gentiles, a pesar del milagro relatado por los porqueros y de ver libres y sanos a los dos endemoniados, no quisieron recibir a Jesús. ¡Cómo se hubieran llenado de bienes sus casas y, sobre todo, sus almas!; pero estaban ciegos para los bienes espirituales.

Como ocurre hoy a tantos; muchos tienen sus proyectos para ser felices, y demasiado a menudo miran a Dios simplemente como alguien que les ayudará a llevarlos a cabo.

“El estado verdadero de las cosas es completamente al contrario. Dios tiene sus planes para nuestra felicidad, y está esperando que le ayudemos a realizarlos. Y quede bien claro que nosotros no podemos mejorar los planes de Dios” (4).

Algunos cristianos, por estar excesivamente apegados a sus ideas y caprichos, le dicen a Jesús que se retire de su vida, precisamente cuando más cerca estaba y cuando más le necesitaban: al llegar la enfermedad, la contradicción…, cuando se han perdido unos bienes materiales que probablemente era necesario perder para recibir al Bien supremo, que llega, en bastantes ocasiones, por caminos distintos a los que ellos deseaban.

Quizá le esperaban en el triunfo, y se presenta en la ruina o en el fracaso; no en el fracaso producido por la desidia, por no haber puesto los medios o el estudio necesario, que debe llevar en todo caso a un acto de contrición y a recomenzar con un propósito firme, sino al fracaso que llega cuando, a nuestro entender, se habían puesto todos los medios humanos y sobrenaturales para salir a flote.

Él llega en ocasiones por caminos diferentes a aquellos por los que le estábamos esperando. ¡Cuántas veces la lógica de Dios no coincide con la lógica de los hombres! Es el momento de abrazarse a su santa voluntad: “¿Lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!” (5).

¡Cuántas veces, ante la contradicción que no esperábamos, hemos hecho nuestra esta oración, de mil modos repetida! Se ha dicho que “el plan de Dios es de una pieza”.

Quizá la conversión de aquellos gentiles habría comenzado por la pérdida de estos cerdos, por el desprendimiento que esto suponía; quizá habrían sido los primeros gentiles en recibir el Bautismo después de la dispersión producida con motivo de la primera persecución en Judea.

Al final de la vida, a veces mucho antes, veremos cómo encajan esas piezas que parecían sueltas y sin sentido: todas las cosas concurren para el bien de los que aman a Dios (6).

Para descubrir la voluntad del Señor en todos los acontecimientos de la vida, también en los menos gratos, en los que nos han ocasionado perjuicios y molestias, para seguir de cerca a Cristo en toda circunstancia, “hemos de estar seriamente desprendidos de nosotros mismos: de los dones de la inteligencia, de la salud, de la honra, de las ambiciones nobles, de los triunfos, de los éxitos.

“Me refiero también (…) a esas ilusiones limpias, con las que buscamos exclusivamente dar toda la gloria a Dios y alabarle, ajustando nuestra voluntad a esta norma clara y precisa: Señor, quiero esto o aquello sólo si a ti te agrada, porque si no, a mí, ¿para qué me interesa?

Asestamos así un golpe mortal al egoísmo y a la vanidad, que serpean en todas las conciencias; de paso que alcanzamos la verdadera paz en nuestras almas, con un desasimiento que acaba en la posesión de Dios, cada vez más íntima y más intensa” (7).

Es necesario purificar el corazón de amores desordenados (con frecuencia el amor desordenado de uno mismo, el excesivo apegamiento a los bienes que posee o a los que desearía tener, a las propias ideas y opiniones, a los proyectos que uno se ha hecho acerca de su propia felicidad…) para confiar más en nuestro Padre Dios.

Entonces podremos ver con claridad y podremos interpretar acertadamente los acontecimientos, descubriendo siempre a Jesús en ellos.

III. Si no hubiera tenido lugar aquella hecatombe de los cerdos, los porqueros probablemente no habrían bajado al pueblo y sus habitantes no se habrían enterado de que Jesús estaba allí, tan cerca.

Si la mujer que encontró al Maestro en Cafarnaún no hubiera estado tantos años enferma y malgastado sus bienes en médicos, no se hubiera quizá acercado al Maestro para tocar la orla de su vestido y no habría oído nunca aquellas palabras consoladoras de Jesús, las más importantes de su vida, que bien valían todos los sufrimientos y los gastos inútiles…

Lo que a nosotros nos parece un mal, quizá no lo es tanto; sólo el pecado es un mal absoluto, y de él -con amor, con humildad y contrición- se puede sacar el sabrosísimo fruto de un encuentro nuevo con Cristo (8), en el que el alma sale rejuvenecida.

Detrás de esos males aparentes (enfermedad, cansancio, dolor, ruina…) encontramos siempre a Jesús que nos sonríe y nos da la mano para sobrellevar esa situación y crecer por dentro. ¡Cómo daría gracias aquel leproso por el mal terrible de su enfermedad, pues fue lo que le llevó a Cristo!

Los males de esta vida son una continua llamada a nuestro corazón, que nos dice: ¡el Maestro está aquí y te llama! (9).

Pero si estamos más apegados a nuestros proyectos, a la salud, a la vida… que a la voluntad de Dios -a veces misteriosa e incomprensible al principio para nosotros-, sólo veremos en la desgracia la pérdida de un bien que, siendo relativo y parcial, quizá nosotros hemos convertido en absoluto y definitivo.

¡Qué error tan grande si no supiéramos ver en esos momentos a Jesús que nos visita! Con una lógica distinta a la nuestra, el Señor va disponiendo los acontecimientos para que, con dolor unas veces y con gusto otras, nos vayamos desprendiendo de todo para que él llene nuestra existencia entera.

Muchas veces hemos de pensar en la acción íntima de Dios en nosotros, pues él dispone hasta la más pequeña circunstancia para que seamos felices, para facilitar el desprendimiento de nosotros mismos, de nuestros proyectos…, para que seamos santos.

A los ojos de Dios “una sola alma tiene más valor que todo el universo, y las maravillas que Dios opera en lo secreto de nuestras vidas son, con mucho, más extraordinarias que todos los esplendores del cosmos material” (10).

Si estos gentiles hubieran comprendido quién estaba delante de ellos, si hubieran captado el prodigio obrado en aquellos dos hombres que fueron redimidos del demonio, ¿qué hubiera importado la desgracia económica, si por ella habían conocido a Jesús?

Habrían dado gracias por ella, invitarían a Jesús y habrían organizado una buena fiesta porque el Maestro estaba con ellos y porque habían recuperado a dos hombres de los suyos.

Si miramos con fe las pequeñas o las grandes desgracias de la vida, terminaremos siempre dando gracias por ellas: por aquella enfermedad, por la humillación que sufrimos por parte de quien menos la esperábamos, por el hambre, por la sed, por la pérdida de un empleo…

¡Gracias, Señor -le diremos en la intimidad del corazón-, porque te has presentado, aunque haya sido por donde menos te esperaba! Pidámosle a la Virgen, ¡que tanto supo de contradicciones, de zozobras y de dolor!, que nos enseñe a no perder esas oportunidades de encontrar a Jesús en medio de esas circunstancias humanamente más desfavorables.

(1) Mt 8, 28-34.-

(2) JUAN PABLO II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 14.-

(3) Ibídem.-

(4) E. BOYLAN, El amor supremo, Rialp, Madrid 1954, vol. II, p. 46.-

(5) Cfr. J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 762.-

(6) Rom 8, 28.-

(7) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, Rialp, 2ª ed., Madrid 1977, 114.-

(8) Cfr. SAN BERNARDO, Sobre la falacia y brevedad de la vida, 6.-

(9) Jn 11, 28.-

(10) M. M. PHILIPON, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 249.

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El maná de cada día, 1.7.20

julio 1, 2020

Miércoles de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

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Buscad el bien y no el mal, y viviréis
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PRIMERA LECTURA: Amós 5, 14-15.21-24

Buscad el bien y no el mal, y viviréis, y así estará con vosotros el Señor Dios de los ejércitos, como deseáis. Odiad el mal, amad el bien, defended la justicia en el tribunal.

Quizá se apiade el Señor, Dios de los ejércitos, del resto de José.

«Detesto y rehúso vuestras fiestas –oráculo del Señor–, no quiero oler vuestras ofrendas.

Aunque me ofrezcáis holocaustos y dones, no me agradarán; no aceptaré los terneros cebados que sacrificáis en acción de gracias.

Retirad de mi presencia el estruendo del canto, no quiero escuchar el son de la cítara; fluya como el agua el juicio, la justicia como arroyo perenne.»

SALMO 49

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; “yo, Dios, tu Dios”.»

«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.»

«Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos.»

«Si tuviera hambre, no te lo diría: pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos?»

«¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?»

EVANGELIO: Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos. Desde el cementerio, dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.

Y le dijeron a gritos: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?»

Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara.»

Jesús les dijo: «Id.»

Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.

Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

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LA OPORTUNIDAD PERDIDA

P. Francisco Fernández Carvajal

– El Señor se presenta, en ocasiones, de manera distinta a como nosotros le esperábamos.

– Desprendimiento para ver a Jesús y para hacer su voluntad cuando no coincide con la nuestra.

– Mirar con fe las circunstancias humanamente desfavorables, y descubrir en ellas al Señor.

I. Llegó Jesús a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos, en tierra de gentiles (1); quizá busca un sitio retirado para descansar con sus discípulos. Allí curó el Señor a dos endemoniados que le salieron al encuentro.

Cerca del lugar había una piara de cerdos; los demonios le rogaron que, si los expulsaba de estos hombres atormentados, los enviara a la piara. Y el Señor se lo permitió. Y ellos salieron y entraron en los cerdos.

Entonces toda la piara corrió con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua. Los porqueros huyeron y al llegar a la ciudad contaron todo, en particular lo de los endemoniados. Ante esto, toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verle, le rogaron que se alejara de su región.

Le rogaron que se alejara de aquel lugar. Fue la gran oportunidad perdida por estas gentes; tuvieron a Dios mismo entre ellos, y no supieron verlo. Quizá nunca más pasó por aquellas tierras. ¡Lo tuvieron tan cerca! ¡y le rogaron que se alejara! ¡A Aquel que llevaba consigo todos los bienes! ¡Qué poco hospitalario es a veces el mundo para con su Señor!

Con frecuencia, para muchos, son los bienes materiales lo que cuenta, y no es raro ver cómo se intenta construir una sociedad en la que el Señor no está presente, no le dejan sitio, “como si Dios no mereciera ningún interés en el ámbito del proyecto operativo y asociativo del hombre” (2).

El que da sentido a todo es excluido. El Señor ilumina el dolor, la alegría, la vida, la muerte, el trabajo… Y sin Él nada vale la pena.

“Exclusión de Dios, ruptura con Dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es bajo formas diversas el pecado, que puede llegar hasta la negación de Dios y de su existencia, hasta el ateísmo” (3).

En el fondo de muchas actitudes que rechazan o excluyen la verdad sobrenatural se encuentra un radical materialismo práctico, el aprecio a los bienes materiales por encima de todo, que impide ver la acción del Señor en lo que nos rodea.

Nosotros decimos a Jesús que queremos ponerlo en la cima de todas las tareas humanas, a través de un trabajo profesional hecho a conciencia; que queremos que entre de lleno en nuestra vida, en la familia, que dé sentido a lo que somos y a lo que poseemos: a nuestra inteligencia, a nuestro corazón, a la amistad, a los amores limpios de cada uno según su peculiar vocación.

Le decimos que queremos estar vigilantes, como el centinela, para darle entrada en el alma, también cuando se presente de una manera distinta a como le esperábamos.

II. Aquellos gentiles, a pesar del milagro relatado por los porqueros y de ver libres y sanos a los dos endemoniados, no quisieron recibir a Jesús. ¡Cómo se hubieran llenado de bienes sus casas y, sobre todo, sus almas!; pero estaban ciegos para los bienes espirituales.

Como ocurre hoy a tantos; muchos tienen sus proyectos para ser felices, y demasiado a menudo miran a Dios simplemente como alguien que les ayudará a llevarlos a cabo.

“El estado verdadero de las cosas es completamente al contrario. Dios tiene sus planes para nuestra felicidad, y está esperando que le ayudemos a realizarlos. Y quede bien claro que nosotros no podemos mejorar los planes de Dios” (4).

Algunos cristianos, por estar excesivamente apegados a sus ideas y caprichos, le dicen a Jesús que se retire de su vida, precisamente cuando más cerca estaba y cuando más le necesitaban: al llegar la enfermedad, la contradicción…, cuando se han perdido unos bienes materiales que probablemente era necesario perder para recibir al Bien supremo, que llega, en bastantes ocasiones, por caminos distintos a los que ellos deseaban.

Quizá le esperaban en el triunfo, y se presenta en la ruina o en el fracaso; no en el fracaso producido por la desidia, por no haber puesto los medios o el estudio necesario, que debe llevar en todo caso a un acto de contrición y a recomenzar con un propósito firme, sino al fracaso que llega cuando, a nuestro entender, se habían puesto todos los medios humanos y sobrenaturales para salir a flote.

Él llega en ocasiones por caminos diferentes a aquellos por los que le estábamos esperando. ¡Cuántas veces la lógica de Dios no coincide con la lógica de los hombres! Es el momento de abrazarse a su santa voluntad: “¿Lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!” (5).

¡Cuántas veces, ante la contradicción que no esperábamos, hemos hecho nuestra esta oración, de mil modos repetida! Se ha dicho que “el plan de Dios es de una pieza”.

Quizá la conversión de aquellos gentiles habría comenzado por la pérdida de estos cerdos, por el desprendimiento que esto suponía; quizá habrían sido los primeros gentiles en recibir el Bautismo después de la dispersión producida con motivo de la primera persecución en Judea.

Al final de la vida, a veces mucho antes, veremos cómo encajan esas piezas que parecían sueltas y sin sentido: todas las cosas concurren para el bien de los que aman a Dios (6).

Para descubrir la voluntad del Señor en todos los acontecimientos de la vida, también en los menos gratos, en los que nos han ocasionado perjuicios y molestias, para seguir de cerca a Cristo en toda circunstancia, “hemos de estar seriamente desprendidos de nosotros mismos: de los dones de la inteligencia, de la salud, de la honra, de las ambiciones nobles, de los triunfos, de los éxitos.

“Me refiero también (…) a esas ilusiones limpias, con las que buscamos exclusivamente dar toda la gloria a Dios y alabarle, ajustando nuestra voluntad a esta norma clara y precisa: Señor, quiero esto o aquello sólo si a ti te agrada, porque si no, a mí, ¿para qué me interesa?

Asestamos así un golpe mortal al egoísmo y a la vanidad, que serpean en todas las conciencias; de paso que alcanzamos la verdadera paz en nuestras almas, con un desasimiento que acaba en la posesión de Dios, cada vez más íntima y más intensa” (7).

Es necesario purificar el corazón de amores desordenados (con frecuencia el amor desordenado de uno mismo, el excesivo apegamiento a los bienes que posee o a los que desearía tener, a las propias ideas y opiniones, a los proyectos que uno se ha hecho acerca de su propia felicidad…) para confiar más en nuestro Padre Dios.

Entonces podremos ver con claridad y podremos interpretar acertadamente los acontecimientos, descubriendo siempre a Jesús en ellos.

III. Si no hubiera tenido lugar aquella hecatombe de los cerdos, los porqueros probablemente no habrían bajado al pueblo y sus habitantes no se habrían enterado de que Jesús estaba allí, tan cerca.

Si la mujer que encontró al Maestro en Cafarnaún no hubiera estado tantos años enferma y malgastado sus bienes en médicos, no se hubiera quizá acercado al Maestro para tocar la orla de su vestido y no habría oído nunca aquellas palabras consoladoras de Jesús, las más importantes de su vida, que bien valían todos los sufrimientos y los gastos inútiles…

Lo que a nosotros nos parece un mal, quizá no lo es tanto; sólo el pecado es un mal absoluto, y de él -con amor, con humildad y contrición- se puede sacar el sabrosísimo fruto de un encuentro nuevo con Cristo (8), en el que el alma sale rejuvenecida.

Detrás de esos males aparentes (enfermedad, cansancio, dolor, ruina…) encontramos siempre a Jesús que nos sonríe y nos da la mano para sobrellevar esa situación y crecer por dentro. ¡Cómo daría gracias aquel leproso por el mal terrible de su enfermedad, pues fue lo que le llevó a Cristo!

Los males de esta vida son una continua llamada a nuestro corazón, que nos dice: ¡el Maestro está aquí y te llama! (9).

Pero si estamos más apegados a nuestros proyectos, a la salud, a la vida… que a la voluntad de Dios -a veces misteriosa e incomprensible al principio para nosotros-, sólo veremos en la desgracia la pérdida de un bien que, siendo relativo y parcial, quizá nosotros hemos convertido en absoluto y definitivo.

¡Qué error tan grande si no supiéramos ver en esos momentos a Jesús que nos visita! Con una lógica distinta a la nuestra, el Señor va disponiendo los acontecimientos para que, con dolor unas veces y con gusto otras, nos vayamos desprendiendo de todo para que él llene nuestra existencia entera.

Muchas veces hemos de pensar en la acción íntima de Dios en nosotros, pues él dispone hasta la más pequeña circunstancia para que seamos felices, para facilitar el desprendimiento de nosotros mismos, de nuestros proyectos…, para que seamos santos.

A los ojos de Dios “una sola alma tiene más valor que todo el universo, y las maravillas que Dios opera en lo secreto de nuestras vidas son, con mucho, más extraordinarias que todos los esplendores del cosmos material” (10).

Si estos gentiles hubieran comprendido quién estaba delante de ellos, si hubieran captado el prodigio obrado en aquellos dos hombres que fueron redimidos del demonio, ¿qué hubiera importado la desgracia económica, si por ella habían conocido a Jesús?

Habrían dado gracias por ella, invitarían a Jesús y habrían organizado una buena fiesta porque el Maestro estaba con ellos y porque habían recuperado a dos hombres de los suyos.

Si miramos con fe las pequeñas o las grandes desgracias de la vida, terminaremos siempre dando gracias por ellas: por aquella enfermedad, por la humillación que sufrimos por parte de quien menos la esperábamos, por el hambre, por la sed, por la pérdida de un empleo…

¡Gracias, Señor -le diremos en la intimidad del corazón-, porque te has presentado, aunque haya sido por donde menos te esperaba! Pidámosle a la Virgen, ¡que tanto supo de contradicciones, de zozobras y de dolor!, que nos enseñe a no perder esas oportunidades de encontrar a Jesús en medio de esas circunstancias humanamente más desfavorables.

(1) Mt 8, 28-34.- (2) JUAN PABLO II, Exhor. Apost. Reconciliatio et Paenitentia, 2-XII-1984, 14.- (3) Ibídem.- (4) E. BOYLAN, El amor supremo, Rialp, Madrid 1954, vol. II, p. 46.- (5) Cfr. J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 762.- (6) Rom 8, 28.- (7) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, Rialp, 2ª ed., Madrid 1977, 114.- (8) Cfr. SAN BERNARDO, Sobre la falacia y brevedad de la vida, 6.- (9) Jn 11, 28.- (10) M. M. PHILIPON, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 249.

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Se vuelve a batir el récord de infecciones diarias por coronavirus

junio 24, 2020

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Coronavirus en Brasil, uno de los países más afectados – EFE

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Se vuelve a batir el récord de infecciones diarias por coronavirus

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María Teresa Benítez. Ginebra. Actualizado: 22, junio 2020

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El número de infecciones diarias por coronavirus volvió a batir un nuevo récord en las últimas veinticuatro horas, con 183.000 nuevos casos de infección, según declaró hoy en Ginebra, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus. Hay cerca de nueve millones de contagios.

La agencia de la ONU informó que este incremento se debe fundamentalmente al aumento de casos en Estados Unidos y Brasil, los dos países que han sufrido más las consecuencias de esta pandemia. De acuerdo con el organismo, por el momento hay registrados unos 8,84 millones de casos de infección y 465.460 fallecimientos.

En África, donde el número de contagios podría ser superior al declarado oficialmente, se han superado los 224.000 casos de infección. La OMS advirtió que la situación se podría agravar en los próximos meses y que este continente podría convertirse en un nuevo epicentro de la pandemia porque la población, en general, es muy vulnerable.

Asia oriental, incluyendo la zona del Pacífico, lugar de origen de la pandemia es actualmente la región menos afectada, con 205.000 contagiados, frente a 4,37 millones en América y 2,52 millones en Europa. En los países de Latinoamérica y Brasil el número de contagios ha crecido, en los últimos días, de manera exponencial y de forma muy preocupante.

Los datos más positivos de esta pandemia se refieren al número de pacientes que logra superar la enfermedad, alrededor de cinco millones. La directora técnica para la respuesta frente a la Covid-19, Maria Van Kerkhove, señaló que «millones de personas han conseguido superar la enfermedad».

Sin embargo, Van Kerkhove, añadió que «aunque la mayoría se recupera sin secuelas hay gran cantidad de pacientes que siguen experimentando síntomas, como tos o problemas respiratorios, muchos meses después de haber salido del hospital, y que realmente no hay explicación sobre estos casos porque todavía seguimos aprendiendo sobre el virus».

Uno de los medicamentos que la OMS recomienda para tratar a los pacientes más graves es la dexametasona. El director general de esta institución precisó que el siguiente desafío será aumentar su producción y distribuirla por todo el mundo. «Afortunadamente no es una medicina cara pero debe ser prescrita sólo a pacientes graves bajo estricto seguimiento médico».

https://www.abc.es/sociedad/abci-vuelve-batir-record-infecciones-diarias-coronavirus-202006221950_noticia.html


Qué cambiar en la comunidad cristiana parroquial después del covid-19

junio 17, 2020

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Álvaro Ginel Vielda, sdb. Presidente de la Asociación Española de Catequetas (AECA)

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QUÉ CAMBIAR EN LA COMUNIDAD CRISTIANA PARROQUIAL DESPUÉS DEL COVID-19

Algunas reflexiones y propuestas – PENTECOSTÉS 2020

Por Álvaro GINEL  sdb

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La realidad de la calle

Si uno pregunta a la gente: “Oye, ¿qué te sugiere la palabra Iglesia?”. Lo primero de todo es que a la persona probablemente le dé lo mismo que la palabra esté escrita con minúscula: “iglesia” (= edificio)  o con mayúscula: “Iglesia” (=conjunto de creyentes). Ya comenzamos reconociendo que la cultura religiosa llega hasta donde llega. Exigir a la gente, en general, muchos matices sobre cuestiones religiosas no es práctico.

Dejando a un lado este aspecto, lo normal es que podamos escuchar cosas como:

  • Ni sé dónde hay una iglesia, ni me interesa (referencia clara a iglesia de ladrillos);
  • “¡Ya!”, los obispos, curas, monjas y “derivados”…
  • ¡La riqueza de la Iglesia! ¡Ya podía vender sus tesoros o regalarlos para la sanidad en estos momentos!
  • ¡No me hables: es un nido de pederastas…!
  • Prefiero no hablar de curas (desconfianza en la “clase” clerical = hartura de clérigos que dicen y no hacen, que mandan, que aprisionan conciencias, que no son libres y crean ataduras a la gente, que no son testimonio, etc.).
  • ¡Creo que hice la primera comunión! He vuelto a la iglesia por compromisos en entierros y en una boda (¡que les dio por casarse en la iglesia!). No ha cambiado nada. Siguen igual.
  • ¡Cosas de otros tiempos! ¡Hoy no tiene sentido!
  • Como no cambie, no va a quedar uno que quiera ir a misa…
  • ¡Así no se puede tratar a la gente…! ¡Encima que vas a misa te echan una bronca!
  • Algo del “pasado”, sin novedad hoy.
  • De temas de religión prefiero no hablar.

Las iglesias, las nuestras, se han ido vaciando poco a poco. No nos asustaba, aunque nos dábamos cuenta, porque todavía contábamos con un resto que venía. Ocurría todo tan poco a poco que nos habíamos acostumbrado a que el “personal” de las misas fuera mayoritariamente personas de edad.

Pero de pronto, lo que estaba pasando, el lento vaciamiento, se hizo realidad generalizada cuando las iglesias (como los restaurantes, los museos, los cines…) se clausuraron por motivos de “salud pública”. En el caso de las iglesias fue más llamativo dado el momento en que ocurrió: el final de la Cuaresma y el inicio de la Semana Santa, los días más significativos del Año Litúrgico cristiano, el Triduo Pascual.

Una parte del clero se movilizó rápidamente para que llegara a los hogares lo que no podían ir a celebrar en la iglesia: “los oficios o celebraciones de los días Santos”. Los medios técnicos permitieron “el milagro” metiendo en las casas las celebraciones de Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual.

Ver las iglesias vacías por decreto gubernativo ante un mal mayor, la pandemia, nos ha abierto los ojos a lo que ya estaba ocurriendo, pero nuestros ojos tenían como escamas (Hch 9,18) y no nos dábamos cuenta, o no queríamos darnos cuenta de que se estaban vaciando y algunas ya estaban vacías [1].

Hay que reconocer que las iglesias han estado abiertas físicamente, aunque no se permitieran reuniones ni celebraciones. Y, es de reconocer que siempre, a cualquier hora del día, hombres y mujeres (¿creyentes  o no?), en las horas más impensadas, dentro de los estrechos márgenes permitidos de salir a la calle, había personas que se daban una vuelta por la iglesia que le venía de paso para hacer “una visita” al Señor sacramentado, o para tomarse un tiempo de respiro, de silencio, de estar tranquilos.

Y la que sí que ha estado abierta siempre ha sido la Iglesia: hombres, mujeres, niños, jóvenes, sacerdotes, religiosos y religiosas, movimientos, parroquias que “han salido” adonde estaban los necesitados y han acogido a los que tenían dolor, hambre, necesidad, sin pedir “identificación” de ningún tipo.

Circula por todas las partes la expresión: “Esta pandemia va a traer muchos cambios”. Es un genérico. ¿Qué cambios? Esta es la pregunta que me hago en el ámbito de la comunidad territorial eclesial llamada parroquia, lugar concreto de visibilización de la Iglesia Universal.

Tenemos que atrevernos a señalar, a nombrar, a soñar… la tendencia de algunos cambios. Porque también es posible que “no suceda nada” y, dentro de poco, creamos que todo fue una pesadilla que pasó sin que de verdad haya cambiado algo. Lo único que aconteció es que “todo pasó”, y hemos regresado “a la normalidad de antes”.

Pero, ¿no decimos que iban a cambiar muchas cosas? ¿Para qué han servido tantas horas de silencio, de humillación del engreimiento humano, y de comprobar que los piropos de que presumíamos tenemos la mejor sanidad del mundo eran palabras huecas?

  1. A Dios lo que es de Dios

La primera realidad que tiene que cambiar tras el acontecimiento de la pandemia es “rescatar la originalidad de Dios”: a Dios lo que es de Dios. Me refiero al hecho de redescubrir la originalidad de Dios para no achacarle “culpas que no tiene”. 

Muchos creyentes y no creyentes se han hecho la pregunta: “¿Cómo es posible que Dios de quien decimos que es todopoderoso y a quien definimos como amor permita un sufrimiento tan grande y extendido?”.

Una primera  aclaración: es lógico que se formule la pregunta sobre Dios ante la epidemia que hemos padecido (y aún padecemos), pero permítasenos una sugerencia. El mal, el dolor, la muerte y  la extorsión de los sencillos existen por todas partes y existían antes de la pandemia y  nos quedábamos tan “calladitos”.

Solo cuando nos “ha tocado a nosotros en propia carne” nos hemos planteado la pregunta. No deja de ser una pregunta interesada (el coronavirus nos tocaba a nosotros de cerca) y miope porque no ve la realidad del mal que continuamente, en muchas partes, y a muchos hombres y mujeres y niños está afectando de manera sangrante.

Se han dado muchas respuestas [2]Tomo aquí las palabras de Mons. M. Pelchat, obispo auxiliar de Quebec: ¿Por qué Dios permite el dolor? “El dolor de los humanos es siempre una prueba para la imagen de Dios” (Bruno Chenu). Dios no quiere el sufrimiento y, ante el dolor, nos llama a resistir y a luchar. Un pastor escribió un día que el Dios de la Biblia es “el Dios poderosamente débil” (Étienne Babut). El poder de Dios no puede ser otro que el amor y jamás Dios atropella nuestra libertad de hombres y de mujeres. La vida sigue su curso, las leyes de la naturaleza… En medio de esta historia que avanza desde la noche de los tiempos, es verdad que parece que Dios con frecuencia calla, guarda silencio, como Jesús cuando dormía en la barca durante la tempestad. Dios mantiene un enorme respeto por la libertad humana y envuelve al universo entero creado con sus cuidados tanto por su silencio como por su palabra que es “como una brisa ligera”. Porque Dios es también Palabra a través de la Historia” [3].

La pregunta que quiere saber qué hace Dios ante el sufrimiento o si está cruzado de brazos, se vuelve pregunta para quien la formula: “¿Cómo estás (estamos) escuchando a Dios en la “brisa ligera” que está pronunciando, en el susurro de esta historia que vivimos y nos envuelve totalmente?

Los cristianos y las cristianas estamos invitados a prestar atención a estos “signos de los tiempos”, es decir, a estas llamadas de Dios para abrirnos al servicio a los demás, a mostrar la compasión hacia los menesterosos, los enfermos, los necesitados de cuidados psicológicos, en resumen, a vivir la fraternidad humana, la solidaridad social. Tener relación personal con un Dios misericordioso nos lleva a ser misericordiosos.

Ahí está, en Dios, la fuente de alimentación constante del creyente. En medio de los cadáveres que se amontonaban en las morgues, en medio del abandono y del dolor en que muchas personas morían, la pregunta es normal: “¡Dios! ¿Dónde estás?”.

Es la pregunta que un día Dios hizo a Adán (Gén 3,9) cuando se escondió. Es la pregunta que los “adanes” de todos los tiempos hacemos a Dios, cuando calla y se esconde. Y la respuesta es siempre la misma: “Estoy en el mismo sitio donde tú me haces la pregunta, pero no de la forma que tú esperas encontrarme. Aquí te estoy solicitando”.

Y así, quien pregunta, se vuelve buscador de un Dios que no nos permite convertirle en el dios que nosotros imaginábamos. Así Dios nos purifica y nos lleva siempre más allá, hasta el abandono total y la confianza total. Cuando llegamos ahí, al abandono y confianza total, abrimos los ojos y descubrimos que Dios está solicitándonos para que lo descubramos en el sufrimiento del otro y echemos una mano.

  1. La parroquia: de lugar de operaciones a lugar de referencia

Cuando hablamos de la parroquia como lugar de referencia y no lugar de operaciones (cuartel general) estamos entendiendo que el lugar de actuación “in situ” no es la parroquia, sino que los primeros y principales lugares de “operación o de acción de los bautizados” son aquellos donde el creyente se encuentra con hombres y mujeres que tienen la vida en juego: en angustia, en dolor, en marginación, en explotación, en olvido, en patera…

La expresión “la Iglesia, hospital de campaña [4]” la ha empleado el papa Francisco muchas veces. Es la concreción de lo que en Evangelii gaudium escribía: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz, y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin  una comunidad de fe que los mantenga, sin un horizonte de sentido y de vida” (49).

La iglesia, con sus instalaciones, es el lugar de referencia donde los bautizados se reúnen y aprenden a salir. No se sale a la calle para “hacer algo porque hay que hacer algo”, sino porque hemos conocido el amor de Dios (1 Jn 4,16-18), porque hemos sentido que Él nos ama, porque hemos comprendido que el segundo mandamiento es semejante al primero (Mt 22,34).

En este sentido, la Iglesia, “hospital de campaña”, al menos en la mayoría de los sitios, ha dado la talla durante la pandemia, y se ha convertido en “lugar de referencia” de los pobres, donde encuentran comida y una palabra de consuelo pronunciada por creyentes que dan y se dan. Aún no somos capaces de imaginar los heridos y las heridas nuevas que van a llegar al hospital de campaña que es la comunidad cristiana.

  1. La parroquia: de lugar de sacramentalización al lugar de la reunión de la comunidad

Tenemos muchos testimonios de que los primeros cristianos se reunían el “día del Señor”, el primer día de la semana (Jn 20,1). La Didajé dice: “Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro” (XIV).

San Justino es también muy explícito: “El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Celebramos esta reunión general el día del sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues es de saber que le crucificaron el día antes del día de Saturno, y al siguiente al día de Saturno, que es el día del sol, se apareció a sus apóstoles (cf. Mt 28,9) y discípulos, enseñándoles estas mismas doctrinas que nosotros les exponemos para su examen” (Apología 1,69).

Si miramos lo que anuncian en sus tablones de información muchas parroquias, nos damos cuenta de que, por lo general, resalta el horario de misas, generalmente con muchas posibilidades los días festivos (aunque cada vez haya menos personas en misa, pero mantenemos las misas con la excusa de que hay que prestar servicio y dar facilidades para que vengan, razones que estaría bien analizar un poco más detalladamente).

No falta, además, el horario de confesiones (aunque después no se cumpla: no encuentras al sacerdote cuando vas, si bien en ocasiones te informan de que llames a tal timbre o teléfono…, algo que pocos suelen hacer); lo que se busca es que haya alguien esperando como el padre de la parábola (Lc 15,20).

Es decir, las parroquias anuncian  horarios de sacramentos de manera principal. Toda esta programación sacramental se nos fue a pique en tiempos de pandemia. Lo más anunciado fue lo primero en desaparecer. ¿Será tan central lo que estamos anunciando que ofrecemos?

En este hecho, yo veo una invitación grande a redescubrir el sentido de la celebración de los sacramentos y sobre todo del sacramento de la Eucaristía. Afirmo claramente que sin Eucaristía no podemos vivir como cristianos. Pero lo que está en juego no es la Eucaristía en sí, sino cómo la celebramos la Eucaristía.

Los documentos más arriba mencionados, y otros, hablan de la reunión y de la fracción del pan. Mi pregunta es: ¿No hemos suprimido en nuestra praxis el sentido más humano y de la reunión acentuando, o reduciendo todo, a la fracción del pan, el sacramento? ¿No hemos perdido el sentido de la importancia de reunirse, de estar juntos, de charlar, de perder el anonimato, de sentirnos alentados con la presencia de otros que confiesan y viven la misma fe en Jesús, el Señor?

Si echamos una mirada a lo que son territorios de misión nos daremos cuenta de que muchas comunidades cristianas, de hecho, viven sin Eucaristía semanal, por imperativo de las circunstancias, pero no viven sin reunirse, sin comentar la Palabra, sin orar, sin organizar el servicio de atención a los necesitados. Celebrar la Eucaristía, en estos territorios, no es un rutina. Es un acontecimiento que se gusta y regusta cuando se puede

Durante el confinamiento, muchos responsables de comunidades han intentado, con éxito, hay que reconocerlo, “llevar el sacramento de la Eucaristía” y otras celebraciones, a los hogares. Y está muy bien, sobre todo para personas de edad avanzada.

Hemos descubierto además que cada creyente o familia de creyentes era capaz de “montar” su altar, su espacio celebrativo de la Palabra de Dios, de la oración, de la alabanza. Lo que no sé si hemos descubierto es que nos faltaba “la reunión”. Y más aún, nos falta un adiestramiento práctico para ser celebrativos, para construir como familia nuestras celebraciones sin que nos lo tengan que dar todo hecho [5]

Creo que de esta situación de pandemia, sacamos una lección que tenemos pendiente: el sentido de reunión cristiana. Redescubrimos, al mismo tiempo, que la vida cristiana sacramental tiene que potenciar la dimensión comunitaria, festiva de la reunión de los dispersos que llegan para proclamar la acción de Dios a favor nuestro.

Posiblemente esto nos pueda llevar a “ofrecer” menos misa los días festivos, pero con horarios bien pensados y lo más cómodos posible al mayor número de personas.  Aburre más la rutina, la celebración “sin alma” que lo bien hecho y celebrado. Cuando nos sentimos envueltos en lo que participamos, el tiempo se nos va que vuela. Hemos pedido a los presidentes de la celebración “que fueran breves” porque enseguida venía “otra misa”.

Lo que les tendremos que exigir es que se prepararen mejor las homilías, que sean momentos que iluminen la vida, que toquen los corazones, que ayuden a vivir con alegría la fe, que los participantes puedan concluir: “Es verdad, hoy se cumple esta Escritura entre nosotros” (Lc 4,21).

No podemos estar, como en varias parroquias hoy, pendientes del reloj para que los que vienen a misa de 12 no tengan que esperar mucho a los que salen de la misa de 11, ya que se alargó mucho no sé qué parte… Sí, tendremos que reinventar qué significa “la reunión del día primero de la semana”. Ahora, con “una misa” ya la reunión cristiana “estaba hecha”.

¿Es posible enriquecer el contenido de la reunión de cristianos tanto cuando hay celebración sacramental como cuando no la hay? Esto nos llevará a plantear de otra manera nuestra celebración dominical y redescubrir el sentido de la reunión y a modificar horarios.

  1. La parroquia: lugar de irradiación

Los lugares geográficos son siempre elementos importantes tanto en la antropología personal como en las religiones. Antropológicamente, la mayor parte de las personas conserva en su memoria “lugares” que podemos denominar “sagrados”, es decir,  lugares donde “aconteció algo importante en su vida, en su historia, en su libertad, en sus opciones”. Estos lugares no se olvidan.

Suscitan una tendencia a volver a ellos, a visitarlos de nuevo para recordar, revivir, hacer presente el pasado: “Aquí, a los once años…”; “aquí fue donde pasé mi infancia…”; “aquí fue donde me encontré con…”; “aquí tuve un momento que cambió toda mi vida y mi pensamiento…”; “en esta piedra estaba sentado cuando…”, etc.

Las religiones también tienen lugares “sagrados” en los que aconteció una revelación, un hecho realizado por Dios a favor nuestro. Basta pensar en lo que es para los cristianos el lago de Galilea, o Jerusalén… Un lugar no es importante en sí, ni por la geografía donde se sitúa, ni por los ladrillos. Un lugar se convierte en significativo porque allí “aconteció y hoy rememoro y vuelve a acontecer” algo que me cambia la vida, o la orienta, le da sentido nuevo para emprender caminos.

Cuando una persona vive en un lugar algo significativo, ese lugar se convierte en lugar “sagrado” o lugar de “irradiación” de vida y de fuerza y de acción: ir, entrar, visitar “tal lugar” (la parroquia en nuestro caso) se convierte en alimento para mi vida porque es donde encuentro paz, personas con las que emprender algo interesante…

En este sentido creo que lo vivido nos lleva a dar un nuevo sentido a la parroquia como “lugar sagrado donde somos convocados y desde donde somos enviados y dispersados”, como en un nuevo Pentecostés o Ascensión.

¿Qué irradia la parroquia? Para poder irradiar, la parroquia tiene que ser, con sus reuniones y celebraciones, con su solicitud por acompañar la fe de sus miembros, un lugar de experiencia del Resucitado; un lugar donde regar la fe y favorecer que “el creyente viva una experiencia de fe”.

Después ya será lugar de irradiación o de lanzamiento o de aceptación de compromisos de todo tipo, según el don y la vocación que el Espíritu suscita en cada uno. Muchos cristianos se han visto obligados a “inventar” en estos días un servicio multicolor: en los balcones, en los hospitales, en los centros de acogida, en instituciones no directamente vinculadas a la parroquia, en tantos sitios…

Se es cristiano allí donde se está y se trabaja. No se es cristiano por venir a la parroquia, sino por “salir” de la parroquia con el alma caliente, los ojos abiertos, el espíritu encendido, las manos listas para atender al samaritano…

Algunos creyentes se lamentaban: “No puedo ir a la Iglesia a hacer mis prácticas piadosas”. Para hacer prácticas piadosas vale cualquier lugar del mundo mundial. Pero ninguna práctica piadosa mejor que las “obras de misericordia”, aquellas por las que de verdad seremos reconocidos como “buenos seguidores de Jesús”: “Tuve hambre y me disteis de comer….” (Mt 25).

Tenemos que revisar nuestra vida cristiana diaria. Parece que es cristiano “lo que rezamos en nuestra intimidad”. Es cierto que sin oración y sin “trato con el Señor, el Resucitado” hay peligro de caer en pura acción. Pero el Señor nos lleva a la acción, a ser levadura en la masa.

El Papa habla así de la parroquia: “La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad… La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión” (EG 29).

  1. La parroquia: lugar de encuentro y relación

Me impresionó sobre manera cuando leí en el Documento final del Sínodo 2018 esta expresión: “No basta con tener estructuras si en ellas no se desarrollan relaciones auténticas; de hecho, lo que evangeliza es la calidad de tales relaciones” (128).

Y más adelante, en el mismo documento se explicita: “La parroquia está necesariamente involucrada en este proceso, para asumir la forma de una comunidad más generativa, un ambiente desde el que se irradia la misión hacia los últimos. En esta particular coyuntura histórica diversos signos testimonian que la parroquia, en distintos casos, no logra responder a las necesidades espirituales de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo debido a algunos factores que han modificado profundamente los estilos de vida de las personas. En efecto, vivimos en una cultura “sin fronteras”, marcada por una nueva relación espacio-temporal debida a la comunicación digital y caracterizada por la continua movilidad. En este contexto, una visión de la acción parroquial delimitada por los meros confines territoriales e incapaz de atraer con propuestas diversificadas la atención de los fieles —y en particular de los jóvenes— recluirían a la parroquia en una inmovilidad inaceptable y en una repetitividad pastoral preocupante. Es necesaria, por tanto, una reflexión sobre la pastoral de la parroquia, en una lógica de corresponsabilidad eclesial y de impulso misionero, desplegando sinergias en el territorio. Solo así podrá parecer un ambiente significativo en la vida de los jóvenes” (129).

Lo que esperamos y nos llena en la vida ordinaria es cómo somos tratados por el médico al que vamos, por el dependiente del comercio donde hacemos las compras. Aconsejamos a los amigos: “No vayas allí, que tratan muy mal”. “En tal sitio te tratan divinamente; vete”. Unas estructuras y un trato que no transmitan el Evangelio no son significativas. ¿Habremos aprendido esto en estos días de confinamiento?

– Relación con Dios: Es todo aquello que lleva a la persona a encontrarse consigo misma y con Dios en procesos largos de maduración cristiana. Todo lo que alude al “encuentro con Dios” exige tiempos largos. No puede haber buena relación con Dios si no maduramos y si el deseo de Dios no nos lleva a descubrir nuestra necesidad de salvación, nuestra original pobreza.

Una religiosidad que “tapona” nuestra menesterosidad o sirve para disimular nuestra falta de madurez, no es sana. Me gusta recordar siempre el texto del Éxodo 13,17-18: “Cuando el faraón dejó marchar al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque es el más corto, pues dijo: «No sea que, al verse atacado, el pueblo se arrepienta y se vuelva a Egipto». Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el desierto hacia el mar Rojo. Pero los hijos de Israel habían salido de Egipto pertrechados”. 

En el camino largo, como los israelitas, perdemos todas las seguridades hasta darnos cuenta de que nuestra seguridad es Dios. Mientras nos apoyamos en nosotros mismos, espiritualmente queda una dimensión pendiente de maduración: el protagonismo de Dios en la relación que con él mantenemos.

Dios quiere “interlocutores” que se sientan pecadores, barro en sanación, que quieran dejarse curar, que deseen experimentar que él es el Salvador. Tener experiencia de Dios exige experiencia de trato con Dios. Sin trato no hay intimidad ni maduración. El “trato” es lo más difícil, (¡cómo lo han palpado hombres y mujeres en estos días de confinamiento de manera muy especial!). El trato con Dios es el que nos da “experiencia de Dios”.

– Relación con las personas: si a algo se nos llama a los que nos sentimos creyentes es a ser misericordiosos como el Padre es misericordioso. Lo que más abre a la acogida de Dios es la buena acogida del que se presenta como “seguidor y confesante” de Dios.  La gente necesita comprensión, cariño, escucha…

Unas parroquias se pueden convertir en comedores, otras en salas de atención y de escucha, donde la gente pueda llorar delante de alguien, derramar lágrimas de dolor… Otras tendrán que acoger a buscadores, a gente que está “de vuelta” y descubre que su vida está vacía, sin sentido, perdida, equivocada (“me he equivocado en la vida”, “he fracasado”), otras personas han hecho tantos experimentos, o han dado tantos tumbos que tienen “nostalgia de Dios”, de un Dios que les acoja como son y están y que les dé responsabilidad, sentido, perdón y libertad.

Venimos de situaciones de muchas esclavitudes a la que llamamos “sociedad de bienestar y del dinero”, pero en el fondo es sociedad de hacer “esclavos”, “personas dependientes” de modas, de lucir “cuerpo”, de tener un nivel de vida… Podemos decir esto “como teoría”, pero si una parroquia lo quiere poner en práctica, lo cambia todo. Y no es cuestión solo del párroco, sino de todos.

Nuestras parroquias son más conocidas por las “catequesis que organizan” que por la relación y encuentro personal que dispensan. ¡Algo tiene que cambiar! Hace poco escuchaba a un obispo auxiliar que decía a un presbítero: “Tú, con tal de que organices bien la catequesis, ya está”.

Habría que explicitar qué hay detrás de la expresión “organizar bien la catequesis”. Quizás el bien apunta a todas estas cosas de relación y encuentro con los adultos mencionadas más arriba. Si no fuera así, la frase es mejorable…

  1. Caminar juntos: conversión sinodal

La expresión “sinodal” está entrando (no sin dificultad) en el vocabulario ordinario de la Iglesia católica a partir del Sínodo de los jóvenes (2018). Desde siempre existió el término “sínodo” en su léxico y en su praxis. Pero no con la comprensión y praxis a las que hoy se apunta y que esperamos concretice más el Sínodo del 2022 [6].

Recordemos la etimología de sínodo, palabra que viene del griego: “sin” es “con”, y “odos” es “camino”. O sea, caminar con; caminar juntos. La Iglesia no es sinodal porque convoca “sínodos” o reuniones, sino porque vive y camina con Jesús, porque juntos –todos los bautizados- caminamos con Jesús.

En la Exhortación pastoral Evangelii gaudium, que tiene un sentido programático, se habla de la conversión pastoral y misionera que “no puede dejar las cosas como están. Ya no sirve una simple administración” (25). No se alude a “cambios pastorales” o “cambios en la pastoral”.

Se explicita: “conversión pastoral y misionera”. Conversión no coincide con “mover algo de un sitio a otro”, “suprimir unas cosas y poner otras en su lugar”. La conversión apunta al corazón mismo de las personas, no a cambios de cosas. Si estos se producen, serán consecuencia de lo que ha pasado por el corazón.

“El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo: «Toda la renovación de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocación […] Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad».

Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente, las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga. Sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin «fidelidad de la Iglesia a la propia vocación», cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo (EG 26).

Quizá podamos aprender de la situación de confinamiento que la victoria sobre el virus requería el esfuerzo y la colaboración de todos. Ha sido una lección que hemos tenido que aprender con esfuerzo, sacrificio, renuncia y obediencia a unas normas rígidas. Solo la colaboración de todos podía aislar la transmisión del coronavirus.

Es una experiencia que nos favorecerá la comprensión de lo que significa “sinodalidad” en una parroquia, en la diócesis, en la Iglesia universal. Llevamos tantos siglos funcionando de una determinada manera (hemos vivido dejando de lado la sinodalidad) que no tenemos referencias cercanas a las que acudir.

Necesitaremos ensayos, ir a tientas, darnos “tiempo de prácticas”, humildad, búsqueda y reflexión e invocación al Espíritu para poner en marcha una Iglesia que sea sinodalidad sin copiar de los partidos políticos. Nuestro centro de referencia última no son unos estatutos que nos hemos dado y aprobado, sino un mensaje evangélico que hemos recibido de una Tradición viva, oral y escrita.

Contamos con la promesa del Señor: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del tiempo” (Mt 28,20), contamos con el Espíritu de verdad, “que nos guiará hasta la verdad plena” (Jn 16,13), contamos con el don que cada creyente ha recibido para la edificación común (1 Cor 12,3-13).

Es la hora de caminar juntos haciendo experiencia de la presencia del Señor en medio de nosotros y, por nosotros, en medio del mundo. 

Una conclusión

El coronavirus nos ha parado en seco a medio mundo o a todo el mundo. Pero nos ha parado para que  reiniciemos la “rentrée” “de manera nueva” porque “nos ha hecho pensar” y tocar con nuestras manos la fragilidad de tantas cosas “sistematizadas” según un esquema que se transmite de generación en generación y que se quebró de golpe.

Ahora que se nos obliga a lavarnos las manos una y otra vez al entrar y salir de casa, al comer y al tocar los productos en el mercado, entendemos bien los versículos de Marcos: 1 Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; 2 y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. 3 (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, 4 y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 5 Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 6 Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7 El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. 8 Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres» (Mc 7,1-8).

Si de verdad ha pasado algo, no podemos ser como antes. Estamos invitados a discernir el vacío que nos habita y que disimulamos como podemos; a separar el grano de la paja, lo que es tradición rutinaria o simple precepto humano y lo que es mandamiento y querer del Señor. “Hemos aprendido mucho”, se dice. Pero de verdad, ¿qué hemos aprendido? ¿En qué acción pastoral se notará?

Aprender, en cristiano, creo que significa: “Hemos escuchado lo que Dios está gritando a las comunidades cristianas” que caminan en este momento de la historia. En cristiano, y con el  Evangelio en la mano, el único que da lecciones, el único que nos recuerda la verdad, el único que nos ilumina el camino y nos muestras caminos novedosos es el Espíritu.

“Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros. El Espíritu de la verdad” (Jn 14,16). Sin Espíritu no somos nada o somos “programación humana”, no expresión de la voluntad y del querer de Dios en nuestros días.

Hay mucho que pensar y repensar. No podemos volver solo a lo que nos tranquiliza y da seguridad porque lo conocemos “de pe a pa”, porque es “la vieja rutina”.  No podemos seguir manteniendo una Iglesia sobre la base del clericalismo. Estamos invitados a sentirnos pueblo de Dios, responsables todos según el don recibido ya sea por el bautismo o por el sacramento del orden.

Es la hora de preparar los odres nuevos para el vino nuevo. Es la hora de revisar lo que es caduco y lo que permanece. Dios nos llama a ampliar el horizonte de miras. Dios puede estar donde pensamos que no está. Dios no es “encerrable” en espacios, en muros, en costumbres, en tradiciones, en esquemas.

Igual que una noche rompió la piedra del sepulcro que lo retenía muerto, hoy ha hecho saltar por los aires piedras y ataduras en que, sin querer, por comodidad nada más, intentábamos encerrarlo.

Estoy terminando esta reflexión en los días que preceden a Pentescotés. Dios ES pentecostés. Debajo del estruendo de la pandemia, con Pedro queremos escuchar: 12 Estaban todos estupefactos y desconcertados, diciéndose unos a otros: «¿Qué será esto?». 13 Otros, en cambio, decían en son de burla: «Están borrachos». 

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró ante ellos: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. 15 No es, como vosotros suponéis, que estos estén borrachos, pues es solo la hora de tercia, 16 sino que ocurre lo que había dicho el profeta Joel: 17 Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; 18 y aun sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán (Hch 2,12-18).

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[1] T. Halik, “Aún así, no puedo evitar preguntarme si el tiempo de las iglesias vacías y cerradas no es una especie de advertencia sobre lo que podría suceder en un futuro no muy lejano: eso es lo que podría ocurrir en pocos años en una gran parte de nuestro mundo. ¿No hemos sido advertidos de lo que está sucediendo en muchos países, donde cada vez más iglesias, monasterios y seminarios se están vaciando y cerrando sus puertas? ¿Por qué durante tanto tiempo hemos atribuido este desarrollo a las influencias externas (“el tsunami secular”) en lugar de entender que un capítulo en la historia del cristianismo está llegando a su fin y que es hora de prepararse para esto? ¿qué viene? Esta era de vacío en los edificios de las iglesias puede revelar simbólicamente a las iglesias su vacío oculto y el futuro que les puede esperar, si no hacen un esfuerzo serio por mostrar al mundo una cara completamente diferente del cristianismo”. Cfr. https://parroquialosangeles.org/images/Parroquia/ActividadParroquial/19_20/Coronavirus/La_cristiandad.pdf

[2] Á. Ginel, Jesús señala una forma de convivir con el mal y de descubrir la gloria de Dios en el mal,  cfr: https://aeca-catequetas.es/wp-content/uploads/2020/04/CATEQUESIS-BÍBLICAS-PARA-VIVIR-COMO-CRISTIANOS-EN-TIEMPOS-DE-PANDEMIA.pdf; Thomas Halik, La cristiandad en la hora de la enfermedadhttps://parroquialosangeles.org/images/Parroquia/ActividadParroquial/19_20/Coronavirus/La_cristiandad.pdf A. Torres Queiruga, Seguimos hiriendo con nuestras palabras la ternura infinita de Dios Padre (Madre), https://www.religiondigital.org/opinion/Andres-Torres-Queiruga-Seguimos-Padre-palabras-oracion-peticion-queja-teologia-coronavirus-francisco_0_2222177792.html

[3] M. Pelchat, https://www.ecdq.org/dieu-nenvoie-pas-le-malheur/

[4] Cfr. Proyecto Hospital de campaña, Madrid PPC.

[5] Álvaro Ginel, Celebrar en familia, ¿de qué estamos hablando?, cfr. https://aeca-catequetas.es/index.php/2020/05/01/celebrar-en-familia-de-que-estamos-hablando/

[6] Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Este es el tema de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos convocada por el Papa Francisco para el otoño del 2022. El Santo Padre ha mencionado repetidamente que la sinodalidad es un camino principal en la vida de la Iglesia. Con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015, pronunció estas palabras: “Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra Sínodo. Caminar juntos –laicos, pastores, obispo de Roma– es un concepto fácil de expresar, pero no tan fácil de poner en práctica”.

 

Presentación de la Asociación

 


Una lectura creyente de la pospandemia. Madrid.

junio 4, 2020

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Foto: EFE/Rafael Cañas

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Una lectura creyente de la pospandemia

A imagen y semejanza de la comisión de expertos del Papa, el arzobispo de Madrid pone en marcha varios grupos sectoriales para analizar la realidad en la que se encuentra la capital y afrontar las secuelas del coronavirus

Por Rodrigo Pinedo.

—Hemos acogido a una pareja joven, con tres hijos y un cuarto en camino, que estaba malviviendo en condiciones infrahumanas en una caravana en la zona de Pan Bendito. Al profundizar en el caso descubrimos que, en los años 90, ella era una chica de 12-13 años que acompañábamos en el poblado del Salobral… El drama es que, si no logramos romper el círculo de la pobreza, esta se hereda.

El director de Cáritas Diocesana de Madrid, Luis Hernández Vozmediano, explica que esta familia encara el futuro con algo más de esperanza desde que se ha instalado en el residencial Sínodo, adonde llegaron después de que la Comunidad de Sant’Egidio les diera la voz de alarma.

Este es solo uno de los muchos ejemplos del trabajo en red que realizan distintas instituciones de la Iglesia que peregrina en Madrid.

En las últimas semanas la propia Cáritas Diocesana de Madrid y la Comunidad de Sant’Egidio, así como varios párrocos, la Mesa por la Hospitalidad, La Merced Migraciones, las Hijas de la Caridad o las Adoratrices, entre otras organizaciones eclesiales, se están reuniendo telemáticamente para plantear «respuestas eficaces y adecuadas para que nadie se quede atrás».

Forman uno de los grupos de trabajo sectoriales puestos en marcha por el cardenal Carlos Osoro –a imagen y semejanza de la comisión de expertos ideada por el Papa Francisco– para analizar la realidad en la que se encuentra Madrid y ofrecer orientaciones a los órganos de gobierno diocesanos para afrontar las secuelas del coronavirus. La información que generen de aquí a verano también se trasladará a Roma.

Como responsable de Cáritas en Madrid, Hernández Vozmediano coordina el primer grupo, que integra a laicos, sacerdotes y religiosos de distintos carismas y se ha denominado Atención de urgencias y nuevas necesidades emergentes. 

Detalla que hace unas semanas mantuvieron un encuentro para «identificar necesidades actuales y ver qué respuesta estamos dando» en distintos frentes y que, este mismo miércoles, tuvieron otro para abordar «qué necesidades futuras prevemos que van a aparecer y qué respuestas deberíamos dar».

Además, están estudiando «cómo deberíamos trabajar en red con otras instituciones, tanto de dentro como de fuera de la Iglesia, y con los organismos públicos».

Preocupado con el aumento de peticiones de ayuda y con el hecho de que el número de familias que acuden a ellos por primera vez se ha triplicado en estos meses, enumera otras situaciones de vulnerabilidad que se han agravado: los empleos precarios «sin garantías de ningún tipo», los realquileres que cierran la puerta a cualquier ayuda, los ancianos «solos y que han perdido amigos», el retraso en las solicitudes de asilo, los presos sin contacto con el exterior…

Según subraya, las entidades de Iglesia están haciendo una «lectura creyente de esta realidad», pero «la Administración es la que tiene que resolver el problema de la pobreza en Madrid».

«No podemos frustrarnos: no vamos a poder socorrer a todas las personas que lo están pasando mal. Lo que queremos es tocar los corazones, movidos por el compromiso cristiano, por el ejemplo de Jesús de Nazaret, y no por ningún otro tipo de cosas», asevera, recogiendo el sentir de las reuniones mantenidas.

Aparte de este grupo conformado por entidades a pie de calle, se están ultimando uno de perfil académico coordinado por el rector de la Universidad Pontificia de Comillas, Julio Martínez, SJ; uno de periodistas; uno de políticos cristianos con distintas responsabilidades y de distintas formaciones (PSOE, PP, Más Madrid, Vox y Ciudadanos), y una especie de Senado de personalidades que será el último en reunirse.

Los cinco grupos:

Atención de urgencias y nuevas necesidades emergentes

Liderado por Cáritas Diocesana de Madrid, analiza la respuesta de las entidades de Iglesia a la pandemia y qué urgencias habrá que abordar en los próximos meses.

Estudio y prospectivas

Académicos y expertos se plantean qué viene después de la emergencia. Analizan las consecuencias económicas, culturales, religiosas y sociales.

Medios de comunicación social

Periodistas y profesionales de la comunicación valoran qué papel juegan los medios en la configuración de la sociedad del futuro y la presencia de la Iglesia en estos.

Cristianos y políticos

Cristianos de diversas formaciones políticas se plantearán el lugar de la política y de la Iglesia en la sociedad pospandemia.

Senado de personalidades

Personalidades de ámbitos como la ciencia, la cultura, el derecho o la educación abordan las líneas fuerza de este cambio de época y el rol que debería jugar la Iglesia.

Una lectura creyente de la pospandemia

 


Un informe revela cómo el colapso de la sanidad chavista agrava la crisis del coronavirus en Venezuela

mayo 27, 2020

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Venezuela amplía a 30 días más la cuarentena por el coronavirus.

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Un informe revela cómo el colapso de la sanidad chavista agrava la crisis del coronavirus en Venezuela

La organización Human Rights Watch y la Universidad Johns Hopkins denuncian la mala gestión del régimen de Maduro

David Alandete. Washington. Actualizado:

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El régimen de Nicolás Maduro está minimizando el impacto de la pandemia de coronavirus en Venezuela y hostiga y reprime a periodistas y profesionales de la salud que alertan sobre el grave deterioro de las condiciones en los hospitales, según un informe publicado por la organización Human Rights Watch (HRW) y la universidad Johns Hopkins tras haber estudiado la situación en 14 hospitales públicos de Caracas, la capital del país, y los cinco estados de Anzoátegui, Barinas, Bolívar, Lara y Zulia.

La incapacidad de tratar a los enfermos de coronavirus puede acabar agravando la que ya es la peor crisis migratoria y humanitaria en la historia del continente, según esas organizaciones.

El régimen chavista sólo reconoce 1.121 casos confirmados de coronavirus y 10 fallecidos, aunque la diplomacia estadounidense ha denunciado que la cifra real es mucho mayor.

Las autoridades venezolanas se niegan a publicar datos epidemiológicos, ya que carecen de pruebas diagnósticas que permitan tener una idea de cuántos contagiados hay realmente en el país, que tiene 28 millones de habitantes, con cinco millones de refugiados en el extranjero.

«Para contribuir a una respuesta efectiva a la Covid-19 en Venezuela, los gobiernos preocupados por la situación venezolana deberían financiar las iniciativas humanitarias de la ONU», dice José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW. «Pero para que la ayuda llegue efectivamente al pueblo venezolano, la máxima responsabilidad recae en las autoridades que responden a Maduro».

Según un estudio de HRW y la Universidad Johns Hopkins, realizado entre noviembre de 2019 y mayo de 2020, el sistema de salud de Venezuela ha quedado colapsado. El sistema público de salud es incapaz de suministrar servicios básicos por la emigración forzosa de trabajadores sanitarios.

Venezuela está la posición 180 de 195 en el Índice de Seguridad Sanitaria Global de 2019. Es decir, es uno de los países peor preparados para mitigar la pandemia.

«La crisis humanitaria en Venezuela y el colapso del sistema de salud han generado una peligrosa situación que favorece una rápida propagación del virus en la población en general, condiciones de trabajo inseguras para el personal de salud y un alto índice de mortalidad entre pacientes que necesitan tratamiento en hospitales», dice la doctora Kathleen Page, médico y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

«La imposibilidad de Venezuela para hacer frente a la pandemia de Covid-19 podría provocar que más personas intenten irse del país. Esto desbordaría aún más los sistemas de salud de los países vecinos», añade.

Según este informe, publicado este martes, el Gobierno de EE.UU. y la Unión Europea deben ejercer presión sobre las autoridades venezolanas que responden a Maduro para que permitan de inmediato la llegada de una respuesta humanitaria a gran escala liderada por la ONU, orientada a prevenir una propagación catastrófica de la Covid-19 en el país, expresaron Human Rights Watch y la Johns Hopkins.

Los expertos entrevistados denuncian una frecuente escasez de agua en los hospitales y centros médicos. Hasta tal punto, que los pacientes y el personal de la salud se ven obligados a llevar su propia agua para su propio consumo: para lavarse las manos antes y después de visitas médicas, limpiar material quirúrgicos y, a veces, hasta para usarla en el servicio.

Es común que los cortes de agua afecten a los hospitales de Caracas, según el informe. Y en algunos hospitales en zonas remotas, los cortes de agua han durado semanas e incluso meses.

Una encuesta nacional sobre el impacto de Covid-19 en Venezuela publicada por la Asamblea Nacional el 16 de mayo reportó que había escasez de guantes en el 57.14 % del sector salud, de mascarillas en el 61.9%, de jabón en el 76.19 % y de alcohol desinfectante en el 90.48%.

Según el documento, la principal respuesta de las autoridades venezolanas ante la falta de agua en los hospitales ha sido «la desidia». Varias personas entrevistadas indicaron que, durante años, el Gobierno no ha hecho nada para frenar el deterioro progresivo de las condiciones en los hospitales donde trabajan.

«La única instancia que recordaban en la cual el gobierno venezolano reconoció el deterioro de un hospital y expresó su determinación de solucionarlo, las autoridades trabajaron en el edificio solamente un mes y luego abandonaron el proyecto», añade.

https://www.abc.es/internacional/abci-informe-revela-como-colapso-sanidad-chavista-agrava-crisis-coronavirus-venezuela-202005260601_noticia.html

 


El Covid-19 avanza en Iberoamérica tras su leve impacto inicial

mayo 24, 2020

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Mario Belarmino de Oliveira posa en su casa, en Recife (Brasil) – Efe

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El Covid-19 avanza en Iberoamérica tras su leve impacto inicial

Aunque la situación es mejor que en Europa y EE.UU., países de la región como Brasil, México, Perú, Chile y Argentina registran repuntes alarmantes

Carmen de Carlos. Actualizado 24 mayo 2020

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La historia, si el Covid-19 no la envenena más, demostraría que, por primera vez, la América hispana podría superar una crisis planetaria con mejores resultados que la vieja Europa y Estados Unidos.

El continente más desigual del mundo supo aprovechar la ventaja inicial del aterrizaje tardío del virus y -con excepciones como Brasil y México– reaccionó a tiempo para evitar el exterminio fulminante que los agoreros anticipaban.

Dicho esto, el coronavirus no se rinde y los últimos días reapareció de forma preocupante. Los contagios en la región rondan los 645.000 casos y el número de muertos los 35.000, una anécdota (trágica) si se compara con las cifras de la UE o las 28.628 muertes oficiales que reconocía ayer el Gobierno de Pedro Sánchez.

En este escenario, Brasil (20.047 muertes), México (6.510), Perú (3.148), Chile (630) y Argentina (419) sufren repuntes alarmantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció el viernes que Latinoamérica se convirtió «en un nuevo epicentro» del virus.

Brasil, centro de la epidemia

En el ojo de la pandemia se sitúa Brasil, con el 57% de los decesos de la región. Rogelio Schietti, juez del Tribunal Supremo, declaró, tras la dimisión del segundo ministro de Sanidad en dos meses de Bolsonaro, que el país más grande de Sudamérica «está fuera de control en material sanitaria».

Pero en política tampoco las cosas le van bien, cada día más acorralado por Sergio Moro, su exministro de Justicia y «chivato» de sus atropellos a la Policía para encubrir la corrupción familiar. La filtración del vídeo de un Consejo de Ministros donde Bolsonaro confiesa sus intenciones empeoró su situación.

Los números de Brasil, tercer país del mundo en contagios, por detrás de EE.UU. y Rusia, distorsionan una estadística pendiente de doblar la curva o entrar en la fase de «meseta», a la que se acerca, pese a los cimbronazos, buena parte de la región.

Las burlas de AMLO en México

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, se burló de lo que sucedía al otro lado del Atlántico y ahora reacciona con una desescalada en los «municipios de la esperanza», más de trescientas localidades libres de Covid, según las cuentas de AMLO.

Los contagios siguen en Perú

El comportamiento de Perú es diferente. Hizo los deberes con anticipación, pero los contagios, 110.000, no cesan. «Cuando vayan a comprar frutas y verduras al mercado, se van a llevar de yapa (propina) el Covid-19», advirtió Martín Vizcarra.

La popularidad del presidente por la gestión de la crisis amenaza con desinflarse debido al colapso del sistema sanitario y de rebote, el económico. La población no resiste el encierro con los bolsillos vacíos y se registran movilizaciones en las calles, especialmente en Lima, la ciudad más afectada.

De Colombia a Ecuador

Las capitales suelen ser los focos mayoritarios de infección y muerte en la región. Así sucede en Colombia (652 muertos) con Bogotá, Argentina con Buenos Aires, Chile con Santiago o Asunción en Paraguay (apenas 11 muertes).

Caso distinto es el de Ecuador (3.056) que superó la fase trágica donde los enterradores no daban abasto. En este país Guayaquil se lleva la palma de defunciones.

Corrupción en Bolivia

Un escenario similar se observa en Bolivia (215 muertes) pero en el departamento del Beni, líder en contagios por encima de Santa Cruz y La Paz.

El Gobierno de Jeanine Áñez se enfrenta también a disturbios callejeros que exigen fecha para las elecciones, trabajo para poder comer y justicia contra la corrupción.

La compra de respiradores a la empresa española GPA Innova, con sobreprecios descomunales (valían 7.200 dólares y Bolivia pagó 28.000 por unidad), provocó la detención del ministro de Salud, Marcelo Navajas, y salpica a intermediarios oficiales y hasta a los delegados del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) que había cedido los fondos para las adquisiciones.

Revueltas en Chile

Chile también se enfrenta al desafío de nuevos disturbios y ya registra conatos de revueltas. Con 18 millones de habitantes, los dos últimos días se dispararon los fallecimientos, un 29%, hasta superar las 600 muertes.

Las villas miseria de Argentina

Escenario similar vivió Argentina, con el foco puesto en Buenos Aires y la provincia, donde viven unos 14 millones de habitantes. En este perímetro se localiza el 90% de los contagios.

En Argentina, el Ministerio de Salud informó que ayer, en apenas 24 horas, se contagiaron 718 personas y murieron 17. El total de infectados en el país es de 10.649 y el saldo de fallecimientos se sitúa en 433. Buena parte en las 4.300 villas miseria que se extienden por su territorio.

Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, resumió el escenario en una expresión que suena familiar: «La normalidad no existe más, es un sueño». Lo opuesto que en Uruguay (20 muertes) y Costa Rica (10), los países con mejores resultados.

Cuba, Venezuela y Nicaragua

Las cifras de muertos y contagiados de las democracias, en algunos casos, son discutibles, pero las de las dictaduras modelo siglo XXI están bajo sospecha.

Cuba reconoce apenas 89 muertos, Venezuela 10 y Nicaragua 17. Por su parte, el populista -y místico- Nayib Bukele establece en 33 el número de muertos en El Salvador.

Manifiesto de Vargas Llosa

El impacto del Covid-19 deja huella en gobernantes que se aprovechan de la tragedia para socavar democracias poco robustas o en dificultades.

Una decena de expresidentes iberoamericanos y más de un centenar de intelectuales y políticos de 23 países suscribieron el manifiesto encabezado por Mario Vargas Llosa, en el que denuncian el uso de la pandemia como pretexto para el autoritarismo.

«Muchos gobiernos», observa el escrito del premio Nobel de Literatura, «toman medidas que restringen indefinidamente libertades y derechos básicos». En varios, añade, «impera un confinamiento, con mínimas excepciones, la imposibilidad de trabajar y producir y la manipulación informativa».

Esos reproches son los que recibe Alberto Fernández en Argentina, pero su popularidad, lo que obsesiona a un gobernante, todavía se mantiene en torno al 80%.

«En las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua -añade el documento-, la pandemia sirve de pretexto para aumentar la persecución política y la opresión».

Julio María Sanguinetti, Federico Franco, Mauricio Macri, Ernesto Zedillo, Luis Alberto Lacalle y José María Aznar, entre otras figuras destacadas, rubrican el documento.

El Gobierno argentino amenaza con colarse en las empresas que están dando manotazos de ahogado. Los Fernández (Alberto y Cristina), en una decisión surrealista, prohibieron los despidos y en simultáneo impusieron, de producirse, una doble indemnización. Las empresas auxiliadas, algo que se entiende, no podrán repartir dividendos durante dos años.

Lo que resulta chocante, y de nuevo recuerda al Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en España, es el anuncio de un impuesto a la riqueza impulsado por Máximo Kirchner y el «ciberpatrullaje» de las informaciones y las redes sociales, para detectar «el humor social», según expresión de la ministra de Seguridad, Sabina Frederic. La respuesta de su antecesora en el cargo, Patricia Bullrich, fue inmediata: «Se llama espionaje y es un gravísimo delito».

https://www.abc.es/internacional/abci-covid-19-avanza-iberoamerica-tras-leve-impacto-inicial-202005240324_noticia.html

 


América se consolida como la región más afectada por el coronavirus

mayo 16, 2020

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Una mujer llora la muerte de un familiar por coronavirus, en la ciudad de Manaos (Brasil) – EFE

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América se consolida como la región más afectada por el coronavirus

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el continente americano alberga 1,81 millones de casos, ligeramente por encima de Europa

Adrián Espallargas, Ciudad de México, 16 mayo 2020

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América es ya la región del mundo con más contagiados por el nuevo coronavirus. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el continente americano alberga 1,81 millones de casos, una cifra ligeramente superior a los cerca de 1,8 millones que hay en Europa.

En total, el mundo suma más de 4,24 millones de infectados y 294.046 fallecidos por Covid-19, de acuerdo con los últimos datos de la OMS que fueron publicados el jueves. Más actualizada es la cifra que ofrecía ayer el Instituto Johns Hopkins, que situaba los fallecidos en 304.631.

Las cifras consolidan a América como el epicentro de la pandemia, al situarse también muy por encima de otras partes del globo como Oriente Medio, el Sureste asiático o África, donde hay entre 50.000 y 300.000 casos por región.

Estados Unidos se mantiene como el país con el mayor número de contagiados, 1,3 millones, y más de 82.000 muertos a causa del virus.

En Iberoamérica, Brasil es el país con mayor número de contagios, superando los 206.000, con más de 14.000 fallecidos.

Un momento dramático para el país que vio ayer cómo dimitía, en menos de un mes, su segundo ministro de Sanidad. Nelson Teich renunciaba, tras varios enfrentamientos con el presidente Jair Bolsonaro, que defiende el uso de cloroquina en la atención de pacientes, informa Verónica Goyzueta.

Le sigue Perú, con un total de 80.604 infectados y 2.267 fallecidos. El país lleva 60 días en estado de emergencia y aislamiento social; sin embargo, el número de nuevos casos diarios ha superado los 3.000 durante casi todo mayo.

En tercer lugar se sitúa México, con unos 42.000 contagiados y 4.400 fallecidos. El país mesoamericano lleva desde el 30 de marzo en situación de emergencia y entró esta semana en el pico previsto de la pandemia.

No obstante, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador anunció esta semana un plan de vuelta a la normalidad que arranca el lunes 18 de mayo.

Entonces, 269 municipios que no registran casos de coronavirus podrán empezar a levantar las restricciones. El plan de reapertura consta de tres fases y se aplicará de forma gradual y territorial.

Chile, que ocupa la decimonovena posición mundial, es el cuarto país con más contagios en Iberoamérica. El país andino ha identificado alrededor de 39.500 casos, mientras que la cifra de fallecidos es de 394. La tasa de mortalidad es del 1%, la menor de la región.

En un intento de frenar la expansión de la enfermedad, el gobierno inició el viernes una cuarentena total en Santiago debido al colapso que sufre su infraestructura hospitalaria.

En la capital y sus alrededores viven ocho millones de los 18 millones que habitan en el país. La cuarentena será por una semana, aunque es probable que el gobierno la alargue.

Con 30.502 infectados y 2.338 muertos por Covid-19, Ecuador se ubica como el quinto país del continente con peores cifras. El gobierno de Lenin Moreno declaró la emergencia sanitaria el 12 de marzo y, a partir de esa fecha, se tomaron unas medidas de prevención que han ralentizado el ritmo de la economía.

También se llegó a un acuerdo con los acreedores del país para diferir el pago de los intereses de su deuda externa y, así, contar con más recursos para la emergencia.

Estos días, el congreso ecuatoriano debate una polémica ley introducida por Moreno para implementar una serie de programas de reactivación económica.

Inicialmente, la medida incluía nuevos impuestos para recaudar 1.300 millones de dólares, pero esta propuesta fue retirada esta semana por el presidente debido a la falta de apoyo parlamentario. Ecuador prevé que reabrirá sus aeropuertos a vuelos internacionales a partir del 1 de junio.

https://www.abc.es/internacional/abci-america-consolida-como-region-mas-afectada-coronavirus-202005160130_noticia.html


Papa Francisco advierte sobre las pandemias del hambre y la guerra

mayo 14, 2020

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El Papa Francisco en la Misa de la casa Santa Marta. Foto: Vatican Media

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Papa Francisco advierte sobre las pandemias del hambre y la guerra

Por Mercedes de la Torre – ACI Prensa – 14 mayo 2020

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El Papa Francisco destacó que además de la pandemia sanitaria, existen otras pandemias en el mundo. Así lo indicó el Santo Padre este jueves 14 de mayo, día de oración, ayuno y misericordia para rezar por el fin del coronavirus.

Sea en la intención de oración de la Misa matutina que, durante su homilía, el Pontífice pidió oraciones para el final de la pandemia y pidió a los católicos orar por ello.

Sin embargo, el Papa Francisco señaló que existen otras pandemias en el mundo, como la de la guerra, la del hambre, e incluso la pandemia “moral”.

En su homilía, el Santo Padre reflexionó en la primera lectura de la Eucaristía, del Libro de Jonás, en la que el profeta invita al pueblo de Nínive a convertirse para no sufrir la destrucción de la ciudad. Nínive se convirtió y la ciudad se salvó de una pandemia, tal vez “una pandemia moral”, calificó el Papa.

“Nos debe hacer pensar en las otras pandemias del mundo: de la guerra, del hambre”, advirtió Francisco quien quiso dar “una estadística oficial, que no habla del coronavirus: ‘En los primeros cuatro meses de este año, 3 millones 700 mil personas murieron de hambre. ¡Existe la pandemia del hambre! En cuatro meses, ¡casi 4 millones de personas!”, afirmó el Santo Padre.

En esta línea, el Pontífice explicó que “esta oración de hoy para pedirle al Señor que detenga esta pandemia debe hacernos pensar en las otras pandemias en el mundo. ¡Hay muchas! La pandemia de las guerras, del hambre y muchas otras”.

“Pero lo importante es que hoy, juntos y gracias al coraje que ha tenido este Alto Comité para la Fraternidad Humana, juntos hemos sido invitados a rezar según la propia tradición y a hacer un día de penitencia, de ayuno y también de caridad, de ayuda a los demás. ¡Esto es lo importante!”, subrayó.

La fe y la oración mueve montañas

Asimismo, el Santo Padre describió que en el libro de Jonás, “escuchamos que el Señor, cuando vio cómo había reaccionado la gente, se convirtió, y el Señor detuvo, detuvo lo que quería hacer: el Señor detuvo, que el Señor detenga esta tragedia, esta pandemia, y que detenga las otras”.

En este sentido, el Papa Francisco reconoció que “no esperábamos esta pandemia, llegó sin que nosotros lo esperáramos, pero ahora está aquí. Y mucha gente muere. Y muchas personas mueren solas y muchas personas mueren sin poder hacer nada”.

Pero advirtió acerca el pensamiento de “pero a mí no me ha tocado, gracias a Dios que me salvé: ¡Pero piensa en los demás! ¡Piensa en la tragedia y también en las consecuencias económicas, las consecuencias para la educación y lo que sucederá después!”.

“Por esta razón hoy todos, hermanos y hermanas, de cualquier confesión religiosa, rezamos a Dios”, exhortó para que “Dios detenga esta tragedia, que detenga esta pandemia. Que Dios se apiade de nosotros y detenga otras pandemias que son tan malas: la del hambre, la de la guerra, la de los niños sin educación. Y pedimos esto como hermanos, todos juntos. Que Dios nos bendiga a todos y tenga misericordia de nosotros”.

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-advierte-sobre-las-pandemias-del-hambre-y-la-guerra-97031


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