El maná de cada día, 23.2.19

febrero 23, 2019

Lecturas del Sábado de la VI semana del Tiempo Ordinario

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PRIMERA LECTURA: Hebreos 11, 1-7

Hermanos: La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve. Por ella son recordados los antiguos.

Por la fe sabemos que el universo fue configurado por la palabra de Dios, de manera que lo visible procede de lo invisible.

Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que Caín; por ella, Dios mismo, al recibir sus dones, lo acreditó como justo; por ella sigue hablando después de muerto.

Por la fe fue arrebatado Henoc, sin pasar por la muerte; no lo encontraron, porque Dios lo había arrebatado; en efecto, antes de ser arrebatado se le acreditó que había complacido a Dios, y sin fe es imposible complacerlo, pues el que se acerca a Dios debe creer que existe y que recompensa a quienes lo buscan.

Por la fe, advertido Noé de lo que aún no se veía, tomó precauciones y construyó un arca para salvar a su familia; por ella condenó al mundo y heredó la justicia que viene de la fe.

SALMO 144, 2-3. 4-5. 10-11

Bendeciré tu nombre por siempre, Señor.

Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza.

Una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles. Que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.


ALELUYA: Mc 9, 7

Se abrieron los cielos y se oyó la voz del Padre: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

EVANGELIO: Marcos 9, 2-13

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía qué decir, pues estaban asustados.

Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».

Les contestó él: «Elías vendrá primero y lo renovará todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito acerca de él».

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Desde Roma: Encuentro sobre la pederastia, 22 feb 2019

Por Jesús Bastante

Al final de la jornada, saltó la sorpresa. Tras escuchar la intervención de Linda Ghisoni, el Papa Francisco se levantó para agradecer a la subsecretaria de la sección de Laicos, y le agradeció sus palabras: “Después de escucharla oí a la Iglesia hablar de sí misma”.

“Todos hemos hablado de la Iglesia”, improvisó Bergoglio. “En todas las intervenciones. Pero esta vez fue la misma Iglesia la que hablaba“. “No es sólo una cuestión de estilo -aclaró-: el genio femenino que se refleja en la Iglesia que es mujer”.

“Invitar a una mujer a hablar de las heridas de la Iglesia es invitar a la Iglesia a hablar de sí misma, de las heridas que tiene. Y creo que este es el paso que debemos dar con gran fuerza: la mujer es la imagen de la Iglesia que es mujer, es esposa, es madre.

Un estilo. Sin este estilo hablaríamos del pueblo de Dios, pero como una organización, quizás sindical, pero no como una familia nacida de la Madre Iglesia”, subrayó el Pontífice.

Ghisoni ha sido la primera mujer en hablar en el cónclave. Hay muchos más hombres que mujeres en la cumbre antipederastia. Por eso, tal vez, su intervención fue más relevante, denunciando a los “lobos que aúllan”, ante muchos pastores que, no siempre, han sabido serlo.

Pero ‘permitir’ que hablara una mujer, aclaró el Papa, “no es entrar en la modalidad de un feminismo eclesiástico, porque al final todo feminismo termina siendo un machismo con falda”.

“No. Invitar a una mujer a hablar de las heridas de la Iglesia es invitar a la Iglesia a hablar de sí misma, de las heridas que tiene”, sostuvo.

“Es el misterio femenino de la Iglesia que es esposa y madre. No se trata de dar más funciones a las mujeres en la Iglesia -sí, esto es bueno, pero no es así como se resuelve el problema-, se trata de integrar a las mujeres como figura de la Iglesia en nuestro pensamiento. Y pensar también en la Iglesia con las categorías de una mujer. Gracias por su testimonio”, concluyó.

https://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2019/02/22/francisco-tras-la-intervencion-de-linda-ghisoni-es-la-primera-vez-que-fue-la-misma-iglesia-la-que-hablaba-religion-iglesia-menores-pederastia-mujer.shtml


El maná de cada día, 25.11.18

noviembre 24, 2018

Jesucristo, Rey del Universo

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Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso

Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso

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Antífona de entrada: Ap 5, 12; 1, 6

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Daniel 7, 13-14

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

SALMO 92, 1ab.1c-2.5

El Señor reina, vestido de majestad.

El Señor reina, vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder.

Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno.

Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.

SEGUNDA LECTURA: Apocalipsis 1, 5-8

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra.

Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Mirad: Él viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentarán por su causa. Sí. Amén.

Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.»

ALELUYA: Marcos 11, 9b-10a

Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David.

EVANGELIO: Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?»

Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»

Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»

Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»

Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?»

Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Antífona de comunión: Sal 28, 10-11

El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz.

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Reino que está en este mundo, sin ser del mundo

San Agustín, Comentarios sobre el
Evangelio de San Juan 115, 2-3

Escuchad, pues, judíos y gentiles, pueblo de la circuncisión y pueblo del prepucio; oíd todos los reinos de la tierra: «No estorbo vuestro dominio terreno sobre este mundo, pues mi reino no es de este mundo». No sucumbáis a vanos temores, como fueron los de Herodes el Grande ante la noticia del nacimiento de Cristo, dando muerte a tantos niños para eliminarlo, acuciada su crueldad más por el temor que por la ira (Mt 2, 3.16).

Mi reino -dice- no es de este mundo. ¿Queréis más? Venid al reino que no es de este mundo: venid llenos de fe y no le persigáis llenos de temor. De Dios Padre se dice en una profecía: Yo he sido constituido rey por él sobre Sión su monte santo (Sal 2, 6). Pero esa Sión y ese monte santo no son de este mundo.

¿Cuál es su reino, sino los que creen en él, de los que dice: Vosotros no sois del mundo, como yo no soy del mundo? Eso aunque quisiera que permanecieran en el mundo, razón por la que dijo al Padre: No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mal (Jn 17, 16.15). Por eso no dice aquí: «Mi reino no está en este mundo», sino no es de este mundo. Y lo prueba con estas palabras: Si mi reino fuese de este mundo, mis siervos lucharían para que no fuese entregado a los judíos. No dice: «Pero ahora mi reino no está aquí», sino no es de aquí.

Aquí está su reino hasta el fin del tiempo, entremezclado con la cizaña, hasta la época de la siega, que es el fin del mundo, cuando vengan los segadores, esto es, los ángeles, y recojan todos los escándalos de su reino (Mt 13, 38-41), cosa que no podría tener lugar, si su reino no estuviese aquí.

Sin embargo, no es de aquí, porque se encuentra como peregrino en el mundo, según él dice a su reino: Vosotros no sois del mundo, sino que yo os he elegido del mundo (Jn 15, 19). Del mundo eran cuando no eran aún su reino y pertenecían al príncipe del mundo. Era del mundo todo lo que, aunque creado por el Dios verdadero, fue engendrado por la viciada y condenada estirpe de Adán, y se convirtió en reino, no de este mundo, cuando fue regenerado por Cristo. Por él Dios nos sacó del poder de las tinieblas y nos trasplantó en el reino del Hijo de su amor (Col 1, 13); de este reino dice: Mi reino no es de este mundo, o Mi reino no es de aquí.

Pilato le contestó: Luego ¿tú eres rey? Y Jesús: «Tú lo has dicho: Yo soy rey» (Jn 18 ,37). No es que temiera proclamarse rey, sino que puso el contrapeso de estas palabras: Tú lo dices, de modo que no niega ser rey -porque es rey del reino que no es de este mundo-, ni confiesa que sea tal rey, cuyo reino se crea que es de este mundo, como pensaba quien le había preguntado: Luego ¿tú eres rey?, a lo que él respondió: Tú lo dices: «Yo soy rey». Las palabras: Tú lo dices equivalen a esto: «Siendo tú carnal, hablas según la carne».

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EL ARTE DE BENDECIR A DISCRECIÓN

COMO REQUISITO PARA ENTRAR AL REINO DE CRISTO

La fiesta de Cristo Rey es una oportunidad para revisar nuestras actitudes ante el reinado de Cristo: ¿Le permitimos establecer su reinado dentro de nosotros mismos?

Si él es Rey, su reinado es único y nuestra mayor dicha consistirá en ofrecerle nuestra obediciencia obsequiosa y nuestra total y gozosa pleitesía, no tanto de siervos, sino de verdaderos amigos.

Por tanto, nuestra felicidad consiste en trabajar por el Reino de Cristo, comenzando por nosotros mismos. Se nos dijo: El Reino no está aquí o allá, está dentro de vosotros mismos.

Estimado hermano, apreciable hermana: hoy te propongo vivir de manera gloriosa en el Reino de Cristo. ¿Sabes cómo? Bendiciendo a discreción: ejercitándote en el arte de la bendición. Es decir, sintonizando con el Corazón de Cristo para cumplir la voluntad del Padre que desea que todos tengan vida, y la tengan en abundancia.

Jesús habló muy bien de su Padre celestial, “dijo bien”, bendijo a su Padre con sus palabras y obras, con toda su vida. Tanto, que Jesús es la “bendición” en persona. En Cristo toda la humanidad, todas las cosas, se elevan hasta el Padre dándole gracias, bendiciéndolo: porque él es digno de toda bendición, porque sólo él es santo, sólo él es el bueno.

A la vez, Jesús es la “bendición” que baja del cielo: en Cristo, el Padre ha “dicho bien” de nosotros, ha hablado bien de toda la creación. El Padre nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones.

¿Cuál es entonces nuestra postura existencial y santa ante un Dios y Padre que nos bendice en su querido Hijo? Bendecir con nuestras obras y palabras tal y como bendice nuestro Padre Dios a través de Cristo, Rey del universo.

Sí, nuestra salvación está en que nos dejemos llenar de la bondad de Dios y de la humildad de Cristo para ser capaces de bendecir con alegría y de corazón a todos nuestros hermanos y a toda la creación. Bendecir, sí, nunca maldecir. Bendecir, hablar bien, comprender, respetar, admirar, perdonar, confiar y dar vida a discreción.

He aquí un camino de santidad, de liberación y de felicidad. Es preciso aclarar que esta apuesta no la podemos realizar sino con la gracia de Dios. Por nosotros solos no podemos, pues por el pecado somos naturalmente egoístas, envidiosos, insolidarios y hasta insensibles. Lejos de nosotros criticar y despreciar, juzgar y condenar a nadie. Siempre amar y perdonar, por encima de todo. Humanamente imposible, pero posible para Dios.

Hemos de pedirlo todo al Señor que nos quiere libres y felices: Es lo que más le agrada y le da gloria.

Así que por nuestra parte y contando con su gracia nos ejercitaremos en bendecir a todas las personas con las que a diario convivimos pidiendo para ellas salud, trabajo, satisfacción personal y felicidad. Intercedemos ante Dios para que les tenga paciencia, les enseñe en su interior, para que les perdone sus debilidades, les conceda progresar en todo hasta la felicidad plena en Cristo Jesús, el Rey del universo.

Recordemos el Evangelio: Bendecid sí, no maldigáis. No juzguéis para que no seáis juzgados. No condenéis para que no seáis condenados. La medida que uséis con los demás la usarán con vosotros.

Al bendecir a los demás, la bendición recae sobre nosotros, en primer lugar, y después sobre los otros. Bendecid, sí, pues estáis llamados a heredar una bendición.

¿A quién bendecir? A todos, a discreción, incondicionalmente, de corazón; con la mayor sinceridad posible. Bendecir especialmente al hermano que nos cae mal, al que nos ha ofendido o se manifiesta como enemigo gratuito, al que nos molesta, al que nos deprecia o nos trata injustamente…

Bendecirlo: comprender, disculpar, amar, perdonar incondicionalmente. Ejercitarse en ello aunque nos parezca hipocresía de nuestra parte porque no sentimos todo el afecto que desearíamos experimentar; querríamos sentir más cercanía, más ternura por ese hermano a quien estamos bendiciendo y queremos bendecir.

Pero eso mismo debe estimularnos a seguir ejercitándonos en el arte de bendecir, de perdonar y de amar incondicionalmente a todo el mundo. La gracia va haciendo su obra y nos va transformando.

Algunas personas se ejercitan diariamente, y casi de continuo, en esta práctica de la bendición y el resultado es que se sienten tan bendecidas que nunca pudieron imaginar tal cosa. ¿Por qué no te animas a hacer lo mismo? Tú puedes ser una de esas personas plenas y felices.

Bien, hermano, bueno, hermana, que Cristo Rey nos bendiga para que nosotros podamos bendecir cada vez más y mejor, y así avancemos notablemente en el camino de la santidad, de la libertad y de la felicidad. Amén.
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El maná de cada día, 15.9.18

septiembre 15, 2018

Sábado de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores

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Junto a la cruz estaba su madre

Junto a la cruz estaba su madre



Antífona de entrada: Lc 2,34-35

Simeón dijo a María: Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.


Oración colecta

Señor, tú que has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 10, 14-22

Amigos míos, no tengáis que ver con la idolatría. Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo.

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Considerad a Israel según la carne: los que comen de las víctimas se unen al altar.

¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios.

No podéis beber de los dos cálices, del Señor y del de los demonios. No podéis participar de las dos mesas, de la del Señor y de la de los demonios. ¿Vamos a provocar al Señor? ¿Es que somos más fuertes que él?

SALMO 115, 12-13. 17-18

Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor- y mi Padre lo amará y vendremos a él.

EVANGELIO: Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:

«No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano.

Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?

El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida.

El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó y quedó hecha una gran ruina.»



Antífona de comunión: 1P 4,13

Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria reboséis de gozo.


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LA MADRE ESTABA JUNTO A LA CRUZ

De los sermones de san Bernardo, abad

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor. Éste –dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús– está puesto como una bandera discutida; y a ti –añade, dirigiéndose a María– una espada te traspasará el alma.

En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma.

En efecto, después que aquel Jesús –que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo– hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya.

Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar.

Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio!

Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero.

¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las en­trañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humil­des servidores.

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia.

Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Este murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su co­razón?

Aquélla fue una muerte motivada por un amor su­perior al que pueda tener cualquier otro hombre; ésta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.


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El maná de cada día, 14.9.18

septiembre 14, 2018

La Exaltación de la Santa Cruz, fiesta

 

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Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único



Antífona de entrada: Ga 6, 14

Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección; él nos ha salvado y libertado.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Números 21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.»

El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.»

Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.»

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.


SALMO 77, 1-2.34-35.36-37.38

No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca: que voy a abrir mi boca a las sentencias, para que broten los enigmas del pasado.

Cuando los hacía morir, lo buscaban, y madrugaban para volverse hacia Dios; se acordaban de que Dios era su roca, el Dios Altísimo su redentor.

Lo adulaban con sus bocas, pero sus lenguas mentían: su corazón no era sincero con él, ni eran fieles a su alianza.

Él, en cambio, sentía lástima, perdonaba la culpa y no los destruía: una y otra vez reprimió su cólera, y no despertaba todo su furor.


Aclamación antes del Evangelio

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu cruz has redimido el mundo.


EVANGELIO: Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»


Antífona de comunión: Jn 12, 32

Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí -dice el Señor.


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LA CRUZ ES LA GLORIA Y EXALTACIÓN DE CRISTO

De los sermones de san Andrés de Creta, obispo

Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro.

Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.

Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado.

Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.

Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación.

Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte.

En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en sal­vación universal para todo el mundo.

La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice:

Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Y también: Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.

Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo», palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.

También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.



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El maná de cada día, 12.9.18

septiembre 12, 2018

Miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

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Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios



PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 7, 25-31

Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mí parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien, por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así.

¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque, si te casas, no haces mal; y, si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne.

Yo respeto vuestras razones. Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante.

Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.


SALMO 44, 11-12.14-15.16-17

Escucha, hija, mira: inclina el oído

Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu Señor.

Ya entra la princesa, bellísima, vestida de perlas y brocado; la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes, la siguen sus compañeras.

Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real. «A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra.»


Aclamación antes del Evangelio: Lc 6, 23ab

Alegraos y saltad de gozo -dice el Señor-, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


EVANGELIO: Lucas 6, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

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MIRAR AL CIELO

Nos cuesta mucho pensar en el «más allá», quizá porque no vivimos el «más acá» con un verdadero sentido trascendente.

Estamos pegados a las cosas, a nuestras ambiciones, a nuestras necesidades, como si fueran la única razón, o la más importante, de nuestra existencia, buscando sustitutivos que nos motiven, aunque sepamos que nunca nos darán la felicidad plena que buscamos.

Muchas veces habla Jesús del Cielo. Incluso levanta los ojos para implorar al Padre, cuando le da gracias, cuando realiza un milagro, cuando busca la intercesión del Todopoderoso para que cuide a esos discípulos que deja en el mundo. Todos esos momentos tienen sentido en ese hogar definitivo que es el Cielo.

Las Bienaventuranzas, por ejemplo, alcanzan su plenitud cuando, después de relatar los innumerables condicionamientos a los que estamos sujetos en esta tierra de sinsabores y limitaciones, anuncia que todo sufrimiento presente se transformará en un derroche de felicidad y una dicha eterna, cuando lleguemos allá, a la patria del consuelo: el Cielo (Subrayado del editor).

Sí, nos cuesta mirar a lo alto. No es una invitación a evadirnos de la desabrida realidad, sino a darle su pleno y verdadero sentido. Nuestra vida ha de levantarse teniendo los pies firmes en el suelo y el corazón abierto, de par en par, a la misericordia de Dios.

Él nos convida a rectificar constantemente nuestra intención, sabiendo que la esperanza, además de virtud cristiana, es el alimento permanente que nos sitúa en lo que somos: hijos de un Dios que busca nuestra salvación eterna.

Has de desear y gustar el Cielo, ya ahora, aun en medio de tus sinsabores y disgustos, pues sólo la Cruz es camino hacia la Gloria. La vida nos ha de ir acostumbrando a esa gloria que nos espera para siempre junto a Dios.

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El maná de cada día, 23.8.18

agosto 23, 2018

Jueves de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

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Sexto día de la novena a santa Mónica

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¿Qué cosa es el vestido nupcial?



PRIMERA LECTURA: Ezequiel 36, 23-28

Así dice el Señor:

«Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor -oráculo del Señor-, cuando les haga ver mi santidad al castigaros.

Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar.

Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.»


SALMO 50, 12-13. 14-15. 18-19

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias.

Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.

EVANGELIO: Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.”

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.”

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?’

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»


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Nadie es pobre para llevar ese vestido nupcial

San Agustín, Sermón 95,7

¿Qué cosa es el vestido nupcial? Investiguémoslo en la Sagrada Escritura. ¿Qué es el vestido nupcial? Sin duda alguna, se trata de algo que no tienen en común los buenos y los malos. Hallando esto, habremos hallado el vestido nupcial. Entre los dones de Dios, ¿cuál es el que no tienen en común los buenos y los malos?

El ser hombres y no bestias es un don de Dios, pero lo poseen tanto buenos como malos. El que nos llegue la luz del cielo, el que las nubes descarguen la lluvia, las fuentes manen, los campos den fruto, es don de Dios, pero común a buenos y malos.

Entremos a la boda; dejemos de lado a quienes no vinieron a pesar de haber sido llamados. Centrémonos en los comensales, es decir, en los cristianos. Don de Dios es el bautismo; lo tienen buenos y malos. El sacramento del altar lo reciben tanto buenos como malos. Profetizó el inicuo Saúl, enemigo de aquel varón santo y justísimo; profetizó mientras lo perseguían (1 Re 19).

¿Acaso se afirma que sólo los buenos creen? También los demonios creen, pero tiemblan (Sant 2,19). ¿Qué he de hacer? He tocado todo y aún no he llegado al vestido nupcial. He abierto mi bolso, he revisado todo o casi todo y todavía no he llegado a aquel vestido.

En cierto lugar el apóstol Pablo me presentó un gran bolso repleto de cosas extraordinarias; las expuso en mi presencia y yo le dije: «Muéstramelo, si es que has hallado el vestido nupcial». Comenzó a sacar esas cosas una a una, y a decir: Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si tuviera toda la ciencia y toda la profecía y toda la fe, hasta trasladar los montes, si distribuyere todos mis bienes a los pobres.

Preciosos vestidos; sin embargo, aún no ha aparecido el vestido nupcial. Preséntanoslo ya de una vez. ¿Por qué nos tienes en vilo, ¡oh Apóstol!? Quizá es la profecía el don de Dios que no tienen en común los buenos y los malos. Si no tengo caridad -dijo- de nada me sirve (1 Cor 13, 1-3).

He aquí el vestido nupcial; vestios con él, ¡oh comensales!, para estar sentados con tranquilidad. No digáis: «Somos pobres para llevar ese vestido». Vestid y seréis vestidos. Es invierno, vestid a los desnudos. Cristo está desnudo y a quienes no tienen el vestido nupcial él se lo dará. Corred a él, pedídselo. Sabe santificar a sus fieles, sabe vestir a los desnudos.

Para que teniendo el vestido nupcial, no quepa el miedo a las tinieblas exteriores, a ser atado de miembros, manos y pies, nunca os falten las obras. Si faltan, cuando tenga atadas las manos, ¿qué ha de hacer? ¿Adónde ha de huir con los pies atados?

Tened ese vestido nupcial, ponéoslo y sentaos tranquilos, cuando él venga a inspeccionar. Llegará el día del juicio. Ahora se concede un largo plazo; quien se hallaba desnudo, vístase de una vez.
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NOVENA A SANTA MÓNICA (6)

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Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

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NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, sobre todo milagros de conversión. Pues ¿acaso Dios se complace en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén.

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Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en el hogar, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

2. Textos bíblicos y agustinianos para el sexto día

Santa Mónica en Milán, siguiendo a su hijo Agustín

1.- Textos bíblicos para la misa

• 1ª Corintios, 9, 16-19.22-23. Me he hecho todo para todos.

• Salmo 118, 1.27.29-30.35.32. M. Ag. pág. 55.

• Lucas, 7, 11-17. Resucita al hijo de una viuda en Naín.

2.- Textos agustinianos

“Había llegado y se hallaba conmigo mi madre, siguiéndome por tierra y por mar, con su piedad llena de bríos, segura de ti en todos los peligros. Y esto, hasta tal punto que hasta en las borrascas del mar había infundido ánimo a la tripulación, cuando lo corriente es que sea ésta la que anime a los navegantes poco experimentados en medio del nerviosismo y del desconcierto. Les aseguró que llegarían sanos y salvos, porque tú se lo habías prometido en una visión.

A mí me encontró en una situación realmente crítica, cuando ya desesperaba de dar con la verdad. Sin embargo, cuando le comuniqué que ya no era maniqueo, aunque tampoco católico cristiano, no exteriorizó su alegría, como si la noticia no constituyera novedad alguna; como si ya estuviera segura de que iba a ocurrir así.

Desde hacía tiempo estaba tranquila respecto a este punto de mis desventuras, que le hacía llorarme en tu presencia (Dios mío), como a un muerto, pero como un muerto que iba a resucitar. Me presentaba a ti en las andas de tu pensamiento para que tú le dijeras al hijo de la viuda: ‘Joven, a ti te lo digo, levántate’, y él reviviera y comenzase a hablar, y tú se lo devolvieras a su afligida madre.

Estaba segura de que también le ibas a conceder todo lo demás; puesto que le habías prometido todo, me respondió, con toda la tranquilidad del mundo y con el pecho inundado de confianza, que estaba segura en Cristo de que antes de salir de esta vida iba a verme católico bautizado.

Ésa fue la respuesta que me dio a mí. Pero por otro lado, frente a ti, fuente de misericordias, intensificó sus oraciones y sus lágrimas, para que aceleraras tu ayuda y alumbraras mis tinieblas” (Confesiones 6, 1-2).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por los predicadores del Evangelio, para que estén al servico de los hermanos que buscan con sinceridad la fe. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.

V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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El maná de cada día 6.6.18

junio 6, 2018

Miércoles de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

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cielos

Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo



PRIMERA LECTURA: 2 Timoteo 1, 1-3.6-12

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, llamado a anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido; te deseo la gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Doy gracias a Dios, a quien sirvo con pura conciencia, como mis antepasados, porque tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.

No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

De este Evangelio me han nombrado heraldo, apóstol y maestro, y ésta es la razón de mi penosa situación presente; pero no me siento derrotado, pues sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio.


SALMO 122

A ti, Señor, levanto mis ojos.

A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores.

Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia.


ALELUYA: Jn 11, 25a. 26

Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el que cree en mi no morirá para siempre.


EVANGELIO: Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»

Jesús les respondió: «Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.»


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