Vigilia de Pentecostés con el Papa: 50 años de Renovación carismática católica

junio 5, 2017

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Explanada del Circo Máximo de Rona ocupado por carismáticos de todo el mundo: Más de cien mil personas

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(ZENIT – Roma, 3 Jun. 2017).- La vigilia de Pentecostés realizada este sábado en Roma, con ocasión del Jubileo de Oro del Movimiento Carismático Católico contó con la presencia del papa Francisco. El evento concluye mañana domingo, con la misa que el Santo Padre presidirá en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano.

La vigilia, realizada en la amplia explanada del Circo Máximo, ubicada entre dos de las siete colinas de Roma, el Aventino y el Palatino, contaba con la presencia de más de unas cien mil personas, y tenía un palco central con la frase ‘Jesús es el Señor’, traducida en diversos idiomas.

En el palco, junto al Santo Padre, se encontraban los líderes de la Renovación Carismática, representantes de las iglesias evangélicas, pentecostales y de otras confesiones religiosas.

El encuentro fue precedido por cantos, lecturas y testimonios, e introducido por las meditaciones del sacerdote capuchino, Raniero Cantalamessa, que indicó: “Hemos venido de todas las naciones que están bajo el cielo y estamos aquí para proclamar las grandes obras de Dios”. “No podemos quemar las etapas en la doctrina, aseguró, porque estas existen. Podemos sí, quemar etapas en la caridad”, aseguró. Recordando que “es más lo que nos une que lo que nos divide”.

A continuación habló el pastor Giovanni Traettino, de la Iglesia evangélica de la reconciliación que saludó al ‘amado y querido papa Francisco’.  Señaló la importancia de lugar del encuentro, “el Circo Máximo bañado por la sangre de los cristianos, que nos une”.  Habló también del deseo de Dios de extender su amor, su comunión en el corazón del hombre.

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El Papa Francisco se dirige a los carismático en el Circo Máximo de Roma

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El Papa en la Vigilia de Pentecostés: el modo de rezar de los carismáticos «está en las Escrituras»

“Hermanos y hermanas, gracias por el testimonio que hoy dan aquí, nos hace bien a todos, también a mí”.

Con estas palabras el papa Francisco se dirigió a las aproximadamente cien mil personas que participaban en la vigilia de Pentecostés, reunidas en el antiguo Circo Máximo de Roma, informa la agencia de noticias Zenit.

Tras leer una frase de los Hechos de los Apóstoles, “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados por el Espíritu Santo”, el Santo Padre recordó que en el Cenáculo todos fueron llenos del Espíritu Santo. “Hoy estamos aquí como en un cenáculo a cielo abierto”, dijo, porque “no tenemos miedo” y “porque profesamos que Jesús es el Señor”.

Estamos para llevar la buena noticia a todo el mundo, dijo el sucesor de Pedro, para decir que la paz es posible, “no es fácil, pero en nombre de Jesús podemos dar testimonio de que la paz es posible”. Entretanto precisó que esto será posible “solamente si estamos en paz entre nosotros”. Si no, “no es posible”.

Reconoció que tenemos diferencias, pero deseamos ser “una diversidad reconciliada” y precisó que “esta frase no es mía, es de un hermano luterano”. Añadió que “hemos venido a pedir que el Espíritu Santo venga sobre nosotros” para “predicarlo en las calles del mundo”.

Indicó que hace 50 años nació “¿una a institución? ¿Una organización?”. “No, nació una corriente de gracia, de la Renovación carismática católica. Una obra que nació ecuménica”, aseguró.

Donde los cristianos eran martirizados

Recordó que allí en el Circo Máximo, “fueron martirizados tantos cristianos, como diversión”. Y que nos une el ecumenismo de la sangre, “nos une el testimonio de nuestros mártires de hoy”, recordando que los hay más que en los tiempos pasados.

Señaló además que “el Espíritu nos quiere en camino”, que Renovación “es una corriente de gracia, sin estatutos ni fundadores”, que comprende muchas obras humanas inspirada por el Espíritu Santo, y aseguró que “no se puede cerrar al Espíritu Santo en una jaula”.

Ahora, “los 50 años son un momento de reflexión”, dijo, y deseó que la Renovación carismática católica sea un “lugar privilegiado” para ir hacia la unidad, y precisó que “nadie es el patrón, todos somos siervos de esta corriente de gracia”.

Un modo de rezar que “está en las Escrituras”

Puede ser que a alguien no le guste este modo de rezar, pero está en las escrituras”, dijo.

Y recordó tres cosas: “Bautismo en el Espíritu Santo, alabanza y ayuda a los necesitados”.

Les agradeció también porque los servicios de caridad de las diversas corrientes empiezan a unificarse, “como les había pedido hace dos años atrás”.

“Gracias por lo que le dieron a la Iglesia en estos 50 años, la Iglesia cuenta con ustedes”, dijo. Y concluyó: “Servir a los más pobres, esto la Iglesia y el Papa lo esperan del movimiento carismático católico y de todos, todos, todos, los que entraron en esta corriente de gracia”.

Vigilia de oración por Pentecostés con el Papa Francisco, el sábado 3 de junio por la tarde en el Circo Máximo (3 horas 50 minutos)

http://www.religionenlibertad.com/papa-vigilia-pentecostes-modo-rezar-57227.htm

 


Homilía del Papa Francisco en la Misa de la Solemnidad de Pentecostés

junio 4, 2017

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El Papa Francisco en la Misa de la Solemnidad de Pentecostés

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TEXTO: Homilía del Papa Francisco en la Misa de la Solemnidad de Pentecostés

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VATICANO, 04 Jun. 17 / 04:17 am (ACI).- El Papa Francisco celebró la Solemnidad de Pentecostés con la Santa Misa que presidió en la Plaza de San Pedro junto a miles de peregrinos provenientes de todo el mundo.

En su homilía, el Pontífice advirtió contra la tentación de la “diversidad sin la unidad” y de la “unidad sin diversidad” y aseguró que el Espíritu Santo ayuda a perdonar.

“Este es el comienzo de la Iglesia, este es el aglutinante que nos mantiene unidos, el cemento que une los ladrillos de la casa: el perdón”.

“Porque el perdón es el don por excelencia, es el amor más grande, el que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece. El perdón libera el corazón y le permite recomenzar: el perdón da esperanza, sin perdón no se construye la Iglesia”, afirmó.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa:

Hoy concluye el tiempo de Pascua, cincuenta días que, desde la Resurrección de Jesús hasta Pentecostés, están marcados de una manera especial por la presencia del Espíritu Santo. Él es, en efecto, el Don pascual por excelencia. Es el Espíritu creador, que crea siempre cosas nuevas.

En las lecturas de hoy se nos muestran dos novedades: en la primera lectura, el Espíritu hace que los discípulos sean un pueblo nuevo; en el Evangelio, crea en los discípulos un corazón nuevo.

Un pueblo nuevo. En el día de Pentecostés el Espíritu bajó del cielo en forma de «lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas» (Hch 2, 3-4).

La Palabra de Dios describe así la acción del Espíritu, que primero se posa sobre cada uno y luego pone a todos en comunicación. A cada uno le da un don y a todos los reúne en unidad. En otras palabras, el mismo Espíritu crea la diversidad y la unidad y de esta manera plasma un pueblo nuevo, variado y unido: la Iglesia universal.

En primer lugar, con imaginación e imprevisibilidad, crea la diversidad; en todas las épocas en efecto hace que florezcan carismas nuevos y variados.

A continuación, el mismo Espíritu realiza la unidad: junta, reúne, recompone la armonía: «Reduce por sí mismo a la unidad a quienes son distintos entre sí» (Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de Juan, XI, 11).

De tal manera que se dé la unidad verdadera, aquella según Dios, que no es uniformidad, sino unidad en la diferencia.

Para que se realice esto es bueno que nos ayudemos a evitar dos tentaciones frecuentes. La primera es buscar la diversidad sin unidad.

Esto ocurre cuando buscamos destacarnos, cuando formamos bandos y partidos, cuando nos endurecemos en nuestros planteamientos excluyentes, cuando nos encerramos en nuestros particularismos, quizás considerándonos mejores o aquellos que siempre tienen razón.

Entonces se escoge la parte, no el todo, el pertenecer a esto o a aquello antes que a la Iglesia; nos convertimos en unos «seguidores» partidistas en lugar de hermanos y hermanas en el mismo Espíritu; cristianos de «derechas o de izquierdas» antes que de Jesús; guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia.

Así se produce una diversidad sin unidad. En cambio, la tentación contraria es la de buscar la unidad sin diversidad. Sin embargo, de esta manera la unidad se convierte en uniformidad, en la obligación de hacer todo juntos y todo igual, pensando todos de la misma manera.

Así la unidad acaba siendo una homologación donde ya no hay libertad. Pero dice san Pablo, «donde está el Espíritu del Señor, hay libertad» (2 Co 3,17).

Nuestra oración al Espíritu Santo consiste entonces en pedir la gracia de aceptar su unidad, una mirada que abraza y ama, más allá de las preferencias personales, a su Iglesia, nuestra Iglesia; de trabajar por la unidad entre todos, de desterrar las murmuraciones que siembran cizaña y las envidias que envenenan, porque ser hombres y mujeres de la Iglesia significa ser hombres y mujeres de comunión; significa también pedir un corazón que sienta la Iglesia, madre nuestra y casa nuestra: la casa acogedora y abierta, en la que se comparte la alegría multiforme del Espíritu Santo.

Y llegamos entonces a la segunda novedad: un corazón nuevo. Jesús Resucitado, en la primera vez que se aparece a los suyos, dice: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 22-23).

Jesús no los condena, a pesar de que lo habían abandonado y negado durante la Pasión, sino que les da el Espíritu de perdón. El Espíritu es el primer don del Resucitado y se da en primer lugar para perdonar los pecados. Este es el comienzo de la Iglesia, este es el aglutinante que nos mantiene unidos, el cemento que une los ladrillos de la casa: el perdón.

Porque el perdón es el don por excelencia, es el amor más grande, el que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece. El perdón libera el corazón y le permite recomenzar: el perdón da esperanza, sin perdón no se construye la Iglesia.

El Espíritu de perdón, que conduce todo a la armonía, nos empuja a rechazar otras vías: esas precipitadas de quien juzga, las que no tienen salida propia del que cierra todas las puertas, las de sentido único de quien critica a los demás.

El Espíritu en cambio nos insta a recorrer la vía de doble sentido del perdón ofrecido y recibido, de la misericordia divina que se hace amor al prójimo, de la caridad que «ha de ser en todo momento lo que nos induzca a obrar o a dejar de obrar, a cambiar las cosas o a dejarlas como están» (Isaac de Stella, Sermón 31).

Pidamos la gracia de que, renovándonos con el perdón y corrigiéndonos, hagamos que el rostro de nuestra Madre la Iglesia sea cada vez más hermoso: sólo entonces podremos corregir a los demás en la caridad.

Pidámoslo al Espíritu Santo, fuego de amor que arde en la Iglesia y en nosotros, aunque a menudo lo cubrimos con las cenizas de nuestros pecados:

«Ven Espíritu de Dios, Señor que estás en mi corazón y en el corazón de la Iglesia, tú que conduces a la Iglesia, moldeándola en la diversidad. Para vivir, te necesitamos como el agua: desciende una vez más sobre nosotros y enséñanos la unidad, renueva nuestros corazones y enséñanos a amar como tú nos amas, a perdonar como tú nos perdonas. Amén».

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Maná y Vivencias Pascuales (50A), 3.6.17

junio 3, 2017

Domingo de Pentecostés

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MISA VESPERTINA DE LA VIGILIA

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Así dice el Señor Dios: Yo derramaré mi Espíritu sobre todos

Así dice el Señor Dios: Derramaré mi Espíritu sobre ellos, del  mayor al menor, y todos me conocerán



Textos bíblico-litúrgicos.-Entrada: Rom 5, 5; 10.11; 1era lectura: Joel 3, 1-5; Salmo 103; 2da. Lectura: Rom 8, 22-27; Evangelio: Jn 7, 37-39; Comunión: Jn 7, 37.

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ANTÍFONA DE ENTRADA, Rom 5, 5; 10.11.- El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que has querido que celebráramos el misterio pascual durante cincuenta días, renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para que los pueblos divididos por el odio y el pecado se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Joel 3, 1-5

Así dice el Señor Dios: Derramaré mi espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. También sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.

Haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego, columnas de humo. El sol se entenebrecerá, la luna se pondrá color sangre, antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Cuantos invoquen el nombre del Señor se salvarán.

Porque en el monte Sión y en Jerusalén quedará un resto; como lo ha prometido el Señor a los supervivientes que llamó.

En vez de la lectura anterior se puede elegir cualquiera de las siguientes: Génesis, 11, 1-9; Éxodo, 19, 3-8.16-20; Ezequiel 37, 1-14.


SALMO 103

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor. ¡Dios mío, qué grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras. Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.

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SEGUNDA LECTURA: Rom 8, 22-27.- El espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables

Hermanos: Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Porque ya es nuestra la salvación, pero su plenitud es todavía objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, ¿cómo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todavía no poseemos, tenemos que esperarlo con paciencia.

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.

Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen.

ACLAMACIÓN.- Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Aleluya.

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EVANGELIO: Juan 7, 37-39

El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.

Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Derrama, Señor, la bendición de tu Espíritu, sobre estos dones que te presentamos, para que tu Iglesia quede inundada de tu amor, y sea ante todo el mundo signo visible de la salvación. Por Jesucristo.


COMUNIÓN: Jn 7, 37.- El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: el que tenga sed, que venga a mí. Aleluya.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

La comunión que acabamos de recibir, Señor, nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Que vive y reina.

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ORACIÓN AL ESPIRITU SANTO

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas: fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro, mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por la bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (49), 3.6.17

junio 3, 2017

Sábado de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

DÉCIMO Y ÚLTIMO DÍA

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Cristo

Creo, Señor Jesús, que estás vivo y que sigues pasando hoy delante de mí y me llamas. ¡Aquí estoy!

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Hch 1, 14; 1era lectura: Hch 28, 16-20.30-31; Salmo: 10, 5-6.8; Aclamación: Jn 16, 7.13; Evangelio: Jn 21, 20-25; Comunión: Jn 16, 14.

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TEMA CENTRAL: JESÚS ES MI SEÑOR.

ANTÍFONA DE ENTRADA.- Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la Madre de Jesús, y con sus hermanos. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 28, 16-20.30-31

Cuando entramos en Roma, le permitieron a Pablo alojarse en una casa particular con un soldado que lo vigilara. Tres días después Pablo convocó a los judíos principales.

Una vez reunidos, les dijo: Hermanos, acaban de traerme preso de Jerusalén. He sido entregado a los romanos sin que yo haya ofendido a las autoridades de nuestro pueblo ni las tradiciones de nuestros padres.

Los romanos querían dejarme en libertad después de haberme interrogado, pues no encontraban en mí nada que mereciera la muerte.

Pero los judíos se opusieron y me vi obligado a apelar al César, sin la menor intención de acusar a las autoridades de mi pueblo. Por este motivo yo quise verlos y conversar con ustedes, pues en realidad, por la esperanza de Israel yo llevo estas cadenas.

Pablo, pues, arrendaba esta vivienda privada y permaneció allí dos años enteros. Recibía a todos los que lo venían a ver, proclamaba el Reino de Dios y les enseñaba con mucha seguridad lo referente a Cristo Jesús, el Señor, y nadie le ponía trabas.


SALMO 10, 5-6.8

El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo: sus ojos están observando, sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables, y al que ama la violencia., él lo odia. Porque el Señor es justo y ama la justicia, los que son rectos contemplarán su rostro.


ACLAMACIÓN Jn 16, 7.13.- Les enviaré el Espíritu Santo de la verdad, dice el Señor, él les comunicará toda la verdad. Aleluya.

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EVANGELIO, Jn 21, 20-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a Pedro: Sígueme.

Pedro entonces, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba (el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te va a entregar?)

Al verlo, Pedro preguntó a Jesús: ¿Y qué va a ser de éste? Jesús le contestó: Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme.

Por esta razón corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que no iba a morir, sino simplemente: Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa?

Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad.

Jesús hizo también otras muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros.


COMUNIÓN Jn 16, 14.- El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí lo que les irá comunicando, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA DÉCIMO

Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo con familiaridad y a través de él, al Padre y al Hijo, podemos fijarnos en tres realidades: docilidad, vida de oración, indulgencia para con el prójimo.

El trato con el Paráclito produce en el hombre espiritual la paz y la libertad que Cristo nos ha ganado con su vida, pasión y muerte, y resurrección gloriosa. Es decir, los siete dones del Espíritu: Sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad y temor de Dios.

Más explícitamente y según san Pablo, he aquí las consecuencias, sentimientos y frutos de la presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones.

Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad (Gál 5, 22-23): y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Cor 3,17).

Oh Dios, que con tu Espíritu llenaste la tierra, haz que los hombres construyan un mundo nuevo de justicia y de paz.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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EJERCICIO PASCUAL (2): JESÚS ES MI SEÑOR

Ayer contemplamos que Dios Padre ha tomado la iniciativa para crearnos y después para redimirnos. Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo. El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero.

Más que amar a Dios, nosotros tenemos que dejarnos amar por Dios.

Pues bien, Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo. Todo el que cree en Jesús como enviado del Padre tiene vida eterna.

Por tanto, debemos acoger a Jesús y creer todo cuanto nos diga y nos mande porque sólo él ha bajado del cielo, y sólo a él Dios Padre lo ha acreditado con palabras verdaderas y signos maravillosos.

Jesús, lleno del Espíritu de Dios, pasó por el mundo haciendo el bien. Y sufriendo aprendió a obedecer hasta la muerte y muerte de cruz. Dios Padre lo perfeccionó a base a sufrimientos.

Pero, después de muerto, no lo dejó en el sepulcro sino que lo glorificó. Es decir, le dio un nombre sobre todo nombre y lo constituyó Señor y Salvador. No hay salvación fuera de él.

Por tanto, en este día, estimados hermanos, debemos hacer un acto de fe en Jesús confesándolo como nuestro Señor y Salvador, sometiéndole a él todo nuestro ser, nuestra persona.

Sólo así podemos agradar al Padre y podremos recibir el Espíritu Santificador.

Creer en Jesús significa adherirse vitalmente a él, con toda sinceridad y decisión: Entregándole todo lo que somos y queremos, y a la vez renunciando a todo cuanto no sea conforme a los designios del Padre.

Esta fe ha de comprometer toda nuestra existencia y todos los niveles de nuestra personalidad.

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ORACIÓN A JESÚS EL SEÑOR

Señor Jesús, creo que tú has venido de parte de Dios para revelarnos los designios de su amor.

Te doy gracias por tu disponibilidad, pues tú te ofreciste al Padre diciéndole: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Me has dado un cuerpo; mándame a mí. Yo iré y les mostraré a todos tu gloria.

Gracias, Señor Jesús, por esa solidaridad, esa generosidad y fidelidad. Te admiro, te doy gracias y te acojo en lo más profundo de mi corazón como testigo del amor del Padre.

Tú te has rebajado tanto que te has hecho hermano nuestro, en todo igual a nosotros, menos en el pecado.

Creo en ti, Señor, te amo, y quiero acoger tu palabra: ¿A dónde iría lejos de ti? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.

Tú eres mi sabiduría y mi todo. Tú pasaste por el mundo haciendo el bien. Y ahora yo creo que tú estás vivo, y eres capaz de transformar mi vida totalmente.

Sé que te has hecho en todo semejante a nosotros, menos en el pecado: Tú sabes que somos de barro, y nos puedes comprender porque tú asumiste nuestra carne.

Por eso, me inspiras toda la confianza para entregarme a ti y dejarme llevar adonde tú dispongas. Tú eres mi maestro. No quiero saber nada fuera de ti.

Por eso, te consagro mi entendimiento y toda mi persona. Quiero que tú gobiernes mi vida por tu santo Espíritu.

Toma posesión de toda mi persona, de todo mi ser: para que yo tenga tus mismos sentimientos, intereses, deseos y acciones. Que ya no viva yo, sino que tú vivas en mí.

Renuncio a dirigir mi vida al margen de ti o contra la voluntad del Padre. Renuncio al pecado y a todas las acciones, promesas y mentiras del espíritu malo.

Renuncio a mi personalidad pecadora, al hombre viejo. Quiero ser una criatura nueva. Todo lo anterior pasó… y renuncio a ello.

En ti, Señor Jesús, seré una persona completamente nueva, definitivamente diferente. Estoy seguro que eso tú lo puedes hacer porque el Padre te ha hecho Señor y Salvador.

Ayer, Señor Jesús, tu Espíritu me capacitaba para imitar al Padre Dios que hace brillar el sol sobre justos e injustos. Aprendí a perdonar y a olvidar las ofensas hasta renunciar a toda venganza.

Hoy, Señor Jesús, tu Espíritu me sugiere que colabore contigo en la salvación del mundo. Sí, quiero continuar tu obra para llevar muchos hermanos a la gloria, para que la casa del Padre se llene de invitados. Para que tus desposorios, Cristo Jesús, con la humanidad alcancen a todos los hombres.

Finalmente, sé que has tomado en serio esta declaración de fe y de amor hacia ti, Señor Jesús. Querría hacerla con mayor convicción. Pero tú comprendes mi debilidad y sabes valorar mis esfuerzos.

Por eso, te confieso y te proclamo como mi Salvador, mi único Señor, Dueño de mi vida y de todas mis cosas. No quiere ya ser esclavo de nada ni de nadie sino sólo de ti; y por ti y en ti, esclavo de todos.

Lléname de tu Espíritu para realizar las obras que el Padre espera. Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (48), 2.6.17

junio 2, 2017

Viernes de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

NOVENO DÍA

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El amor consiste en que Dios nos amó primero

El amor consiste en que Dios nos amó primero

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Ap 1, 5-6; 1era lectura: Hch 25, 13-21; Salmo: 102, 1-2.11-12.19-20; Aclamación: Jn 14, 26; Evangelio: Jn 21, 15-19; Comunión: Jn 16,13.

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TEMA ILUMINADOR: EL AMOR DE DIOS PADRE

ANTIFONA DE ENTRADA.- Cristo nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que por la glorificación de Jesucristo y la venida del Espíritu Santo nos has abierto las puertas de tu reino; haz que la recepción de dones tan grandes nos mueva a dedicarnos con mayor empeño a tu servicio y a vivir con mayor plenitud las riquezas de nuestra fe. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 25, 13-21

En aquellos días, el rey Agripa llegó a Cesarea con Berenice para saludar a Festo.

Permanecieron allí algún tiempo, y Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: Tenemos aquí un preso que ha dejado Félix; cuando fui a Jerusalén, los sumos sacerdotes y los senadores judíos presentaron quejas contra él y me pidieron que lo condenara.

Yo les contesté que los romanos no acostumbran entregar a un hombre sin que haya tenido la oportunidad de defenderse de los cargos en presencia de sus acusadores.

Vinieron conmigo a Cesarea, y yo, sin demora, me senté al día siguiente en el tribunal y mandé traer a este hombre. Se presentaron los acusadores, pero no lo demandaron por ninguno de los delitos que yo sospechaba. Sólo tenían contra él cuestiones referentes a sus creencias y a un cierto Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que está vivo.

Como yo me perdía en esos asuntos, le pregunté si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí sobre esas cosas. Pero Pablo apeló y pidió que el sumario lo hiciera el tribunal del emperador. Entonces ordené que lo mantuvieran bajo custodia hasta que pueda enviarlo al César.


SALMO 102

Bendice, alma mía al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.

Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotrosnuestras culpas.

El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo. Bendigan al Señor, ángeles suyos: poderosos ejecutores de sus órdenes.


ACLAMACIÓN, Jn 14, 26.- El Espíritu Santo será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho. Aleluya.

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EVANGELIO, Jn 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, y comiendo con ellos, preguntó a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis corderos.

Le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro volvió a contestar: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas.

Insistió Jesús por tercera vez: Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.

Entonces Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras.

Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: Sígueme.


COMUNIÓN Jn 16, 13.- Cuando venga el Espíritu Santo de la Verdad, los guiará hasta la verdad plena, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA NOVENO

Podemos tomar como dirigida a nosotros la pregunta que formula el Apóstol: ¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros? (1 Cor 3, 16), y recibirla como una invitación a un trato más personal y directo con Dios. Por desgracia el Paráclito es, para algunos cristianos, “el gran desconocido”.

Y sin embargo, el Espíritu es una de las tres personas del único Dios, con quien se habla y de quien se vive. Hace falta, por tanto, que lo tratemos con asidua sencillez y con confianza, como nos enseña la Iglesia a través de la liturgia.

Entonces conoceremos más a nuestro Señor Jesucristo y, al mismo tiempo, nos daremos cuenta más plenamente del inmenso don que supone llamarse cristianos.

Señor, Padre de todos los hombres, que quieres reunir en una única fe a tus hijos dispersos, ilumina a todos los hombres con la gracia del Espíritu Santo.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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EJERCICIO PASCUAL (1): Estimada hermana, apreciado hermano.

Nos quedan sólo tres días para culminar la trayectoria pascual. A estas alturas, seguro que has experimentado una renovación de tu fe. Te hayas dado cuenta o no, la palabra de Dios ha sido sembrada en tu corazón.

Esa semilla tiene vigor para germinar por sí misma. No lo dudes. Tú la has acogido y te alegras al constatar un cambio en tu vida. Enhorabuena por ello, hermano. Ánimo. Mayores cosas verás.

En estos tres días nos acercaremos a las tres divinas personas y nos dispondremos para recibir la vida en abundancia que le agradó a Dios Padre regalarnos; que nos mereció el Hijo con su vida, pasión, muerte y resurrección; y que nos hace experimentar y gustar el Espíritu Santo.

Vamos a pedir, o mejor agradecer, una nueva efusión del Espíritu de Dios en nuestras vidas.

Sabemos que Dios es un Dios de vivos, no de muertos. Que goza con dar vida a discreción. Por tanto, podemos hablar de “reclamarle” a Dios una nueva vida en plenitud.

Jesús nos asegura que al Padre le agrada que demos mucho fruto; que nos quiere dar el Espíritu sin medida, el gran Don. El Padre lo ha prometido solemnemente, y, por si hiciera falta, Cristo se lo recuerda a cada momento, sentado a su derecha.

Por tanto, vamos a disponernos, desde hoy mismo, para dejarle manos libres al finalizar esta Pascua y para que así pueda hacer de nosotros lo que más le plazca: para gloria suya, para nuestro bien y edificación de la Iglesia.

En este día viernes dirigimos nuestra mirada contemplativa al Padre, fuente de todo don.

Dios Padre tomó la iniciativa de darnos la existencia. Eternamente nos ha amado, ha pronunciado nuestro nombre. Se ha recreado en cada uno de nosotros y nos ha hecho originales y únicos, irrepetibles, plenamente logrados.

Por tanto, tú, hermana, hermano, dispónte a recibir el amor de Dios Padre, su predilección por ti. No tienes que amar a Dios sino más bien dejarte amar por él. El amor consiste no en que tú hayas amado a Dios sino en que él te amó primero.

Él te ama incondicionalmente: no te ama porque seas bueno, sino que, amándote, te hace bueno. El amor de Dios está en el comienzo de tu mismo ser y existir.

Esencialmente eres “amor”. Es tu valía y tu peso, tu misma esencia y sentido. Déjate inundar; déjate iluminar.

Dios Padre quiere lo mejor para ti porque eres su hijo. Hijo adoptivo, sí, pero “verdadero” hijo en su bendito Hijo Jesucristo. Por eso, te invita a vivir siempre en comunión con él a través del Hijo y del Espíritu derramado en tu corazón.

Dios te regala una vida en abundancia, plena, y te invita a degustar ya en este mundo algo que ni ojo vio, ni oído escuchó ni pudo soñar mente humana.

Para alcanzar esa paz y reconciliación debes purificar tu corazón de toda envidia, rencor, odio o venganza contra los hermanos.

Como hijo de Dios, debes parecerte a él, y para ello debes imitarlo en su paciencia, indulgencia y bondad, pues manda el sol sobre justos e injustos.

Por tanto, deberías renunciar a todo cuanto se oponga al amor, a la compasión y al perdón incondicional hacia el hermano.

A lo largo de la celebración pascual has sido testigo de la transformación que experimentaron los apóstoles, y en general los discípulos de Jesús, y en particular san Pablo.

Has escuchado las maravillas que hacía el Espíritu en la Iglesia por designio del Padre y en nombre de Cristo.

¿Quieres experimentar tú mismo algo parecido? Dispónte interiormente para recibirlo. Créetelo en tu corazón. Comienza a bendecir al Señor porque te lo dará, sin duda.

Agradécelo porque al Padre le gusta dar vida a discreción; es lo que más le agrada: que des frutos en abundancia. Que seas plenamente feliz en Cristo. Que seas una criatura nueva.

Todo lo anterior debe pasar, debes olvidarlo. Algo nuevo está brotando. Mirad, que hago nuevas todas las cosas. ¿Es que no lo notáis?

El Reino de Dios ha llegado a vosotros. No sigas llamando impuro a lo que Dios ha purificado para siempre. Tú, ya no eres el mismo de antes, el mismo de siempre.

Eres criatura nueva en Cristo. Créelo, y así será. Amén.

ORACIÓN A DIOS PADRE

Padre de bondad, creo que existes desde siempre y que estás en los cielos: El único santo y misericordioso. Tú has creado todas las cosas. Te adoro y te bendigo porque tú eres digno de toda bendición.

En la persona de tu Hijo Jesucristo, y uniéndome a él por su Espíritu, te amo y te alabo, me postro en tu presencia. Te agradezco que hayas pensado en mí desde siempre y que me des la vida y la fe.

Quiero recibir todo cuanto hayas pensado sobre mí y para mí. Acepto con alegría tus designios y será para mí un gozo cumplir tu voluntad y darte gloria por siempre.

Señor, Padre santo, que tu nombre sea bendito, que te bendigan los ángeles y los santos. Tú eres digno de toda bendición.

En nombre de Jesús nuestro hermano te pido que me envíes el Espíritu de tu propio Hijo para que pueda amarte como tú quieres, y en ti y por ti, pueda amar a todos los demás y todo lo demás.

Con tu gracia quiero abrazar todas las cosas creadas por ti, y renuncio a todo rencor contra mis hermanos. A todos los amo de verdad y a todos los perdono de corazón. Quiero ser tu hijo en el que puedas siempre complacerte. Quiero parecerme en todo a tu bendito Hijo Jesús, en el que tienes todas tus complacencias.

Concédeme la vida en abundancia, Padre de bondad, por tu querido Hijo Jesucristo que me amó y se entregó por mí. Finalmente, dame tu bendición. Amén.

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Catequesis del Papa Francisco sobre el Espíritu Santo y la esperanza

mayo 31, 2017

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Audiencia general del Papa Francisco en la Fiesta de la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel

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TEXTO: Catequesis del Papa Francisco sobre el Espíritu Santo y la esperanza

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VATICANO, 31 May. 17 / 04:24 am (ACI).- En una nueva Audiencia General del miércoles en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco dedicó su catequesis al Espíritu Santo y la esperanza, por la proximidad de la celebración de Pentecostés.

El Santo Padre afirmó que “los hombres tienen necesidad de la esperanza para vivir y tienen necesidad del Espíritu Santo para esperar”.

“La esperanza es de verdad como una vela; esta recoge el viento del Espíritu Santo y la transforma en fuerza motriz que empuja la nave, según sea el caso, al mar o a la orilla”, dijo también.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ante la inminencia de la Solemnidad de Pentecostés no podemos no hablar de la relación que existe entre la esperanza cristiana y el Espíritu Santo. El Espíritu es el viento que nos impulsa adelante, que nos mantiene en camino, nos hace sentir peregrinos y forasteros, y no nos permite recostarnos y convertirnos en un pueblo “sedentario”.

La Carta a los Hebreos compara la esperanza con un ancla (Cfr. 6,18-19); y a esta imagen podemos agregar aquella de la vela. Si el ancla es lo que da seguridad a la barca y la tiene “anclada” entre el oleaje del mar, la vela en cambio es la que la hace caminar y avanzar sobre las aguas. La esperanza es de verdad como una vela; esta recoge el viento del Espíritu Santo y la transforma en fuerza motriz que empuja la nave, según sea el caso, al mar o a la orilla.

El Apóstol Pablo concluye su Carta a los Romanos con este deseo, escuchen bien, escuchen bien qué bonito deseo: «Que el Dios de la esperanza los llene de alegría y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en ustedes por obra del Espíritu Santo» (15,13). Reflexionemos un poco sobre el contenido de esta bellísima palabra.

La expresión “Dios de la esperanza” no quiere decir solamente que Dios es el objeto de nuestra esperanza, es decir, a Quien esperamos alcanzar un día en la vida eterna; quiere decir también que Dios es Quien ya ahora nos hace esperar, es más, nos hace «alegres en la esperanza» (Rom 12,12): alegres de esperar, y no solo esperar ser felices. Es la alegría de esperar y no esperar a tener la alegría. Hoy.

“Mientras haya vida, hay esperanza”, dice un dicho popular; y es verdad también lo contrario: mientras hay esperanza, hay vida. Los hombres tienen necesidad de la esperanza para vivir y tienen necesidad del Espíritu Santo para esperar.

San Pablo –hemos escuchado– atribuye al Espíritu Santo la capacidad de hacernos incluso “sobreabundar en la esperanza”. Abundar en la esperanza significa no desanimarse jamás; significa esperar «contra toda esperanza» (Rom 4,18), es decir, esperar incluso cuando disminuye todo motivo humano para esperar, como fue para Abraham cuando Dios le pidió sacrificar a su único hijo, Isaac, y como fue, aún más, para la Virgen María bajo la cruz de Jesús.

El Espíritu Santo hace posible esta esperanza invencible dándonos el testimonio interior de que somos hijos de Dios y sus herederos (Cfr. Rom 8,16). ¿Cómo podría Aquel que nos ha dado a su propio Hijo único no darnos toda cosa con Él? (Cfr. Rom 8,32). «La esperanza –hermanos y hermanas– no defrauda: la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rom 5,5).

Por esto no defrauda, porque está el Espíritu Santo dentro que nos impulsa a ir adelante, siempre adelante. Y por esto la esperanza no defrauda.

Hay más: el Espíritu Santo no nos hace sólo capaces de esperar, sino también de ser sembradores de esperanza, de ser también nosotros –como Él y gracias a Él– los “paráclitos”, es decir, consoladores y defensores de los hermanos. Sembradores de esperanza.

Un cristiano puede sembrar amargura, puede sembrar perplejidad, y esto no es cristiano, y tú, si haces esto, no eres un buen cristiano. Siembra esperanza: siembra el bálsamo de esperanza, siembra el perfume de esperanza y no vinagre de amargura y de des-esperanza.

El Beato Cardenal Newman, en uno de sus discursos, decía a los fieles: «Instruidos por nuestro mismo sufrimiento, por el mismo dolor, es más, por nuestros mismos pecados, tendremos la mente y el corazón ejercitados en toda obra de amor hacia aquellos que tienen necesidad. Seremos, según nuestra capacidad, consoladores a imagen del Paráclito –es decir, del Espíritu Santo– y en todos los sentidos que esta palabra comporta: abogados, asistentes, dispensadores de consolación. Nuestras palabras y nuestros consejos, nuestro modo de actuar, nuestra voz, nuestra mirada, serán gentiles y tranquilizantes» (Parochial and plain Sermons, vol. V, Londra 1870, pp. 300s.).

Son sobre todo los pobres, los excluidos, los no amados los que necesitan de alguien que se haga para ellos “paráclito”, es decir, consoladores y defensores, como el Espíritu Santo se hace para cada uno de nosotros, que estamos aquí en la Plaza, consolador y defensor. Nosotros debemos hacer lo mismo por los más necesitados, por los descartados, por aquellos que tienen necesidad, aquellos que sufren más. Defensores y consoladores.

El Espíritu Santo alimenta la esperanza no sólo en el corazón de los hombres, sino también en la entera creación. Dice el Apóstol Pablo, esto parece un poco extraño, pero es verdad. Dice así: que también la creación “está proyectada con ardiente espera” hacia la liberación y “gime y sufre” con dolores de parto (Cfr. Rom 8,20-22).

«La energía capaz de mover el mundo no es una fuerza anónima y ciega, sino que es la acción del Espíritu de Dios que “aleteaba sobre las aguas” (Gen 1,2) al inicio de la creación» (Benedicto XVI, Homilía, 31 mayo 2009). También esto nos impulsa a respetar la creación: no se puede denigrar un cuadro sin ofender al artista que lo ha creado.

Hermanos y hermanas, la próxima fiesta de Pentecostés –que es el cumpleaños de la Iglesia: Pentecostés– esta próxima fiesta de Pentecostés nos encuentre concordes en la oración, con María, la Madre de Jesús y nuestra. Y el don del espíritu Santo nos haga sobreabundar en la esperanza. Les diré más: nos haga derrochar esperanza con todos aquellos que son los más necesitados, los más descartados y por todos aquellos que tienen necesidad. Gracia.

 


Maná y Vivencias Pascuales (46), 31.5.17

mayo 31, 2017

Miércoles de la 7ª semana de Pascua

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DECENARIO DEL ESPÍRITU SANTO

SÉPTIMO DÍA

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Como el agua de la lluvia produce efectos distintos en la naturaleza, así es el Espíritu Santo

Como el agua de la lluvia produce efectos distintos en la naturaleza, así es el Espíritu Santo

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 46, 2; 1era lectura: Hch 20, 28-38; Salmo: 67, 29-30.33-36; Aleluya: Jn 17, 17; Evangelio: Jn 17, 11b-19; Comunión: Jn 15, 26-27.

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ANTÍFONA DE ENTRADA.- Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de jubilo. Aleluya.

CONTINÚAN LOS RELATOS DE LAS DESPEDIDAS

Jesús regresa al Padre y ruega por los discípulos

Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba. Ahora voy a ti.

Como tú me enviaste al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me consagro yo para que también ellos sean consagrados en la verdad.

Pablo debe llevar adelante la misión recibida

Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos.

Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

ORACIÓN COLECTA

Padre, lleno de amor, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA, Hch 20, 28-38

En aquellos días decía Pablo a los principales de la Iglesia de Éfeso: Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño que el Espíritu Santo les ha encargado cuidar como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no tendrán piedad del rebaño. De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí.

Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.

Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos. De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros, como ustedes bien saben.

Con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: Hay mayor felicidad en dar que en recibir.

Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.

SALMO 67, 29-30.33-36

V/ Reyes de la tierra, cantad a Dios.

Oh Dios, despliega tu poder, tu poder, oh Dios, que manifestaste con nosotros. A tu templo de Jerusalén, traigan los reyes su tributo.

Reyes de la tierra, canten a Dios, toquen para el Señor, que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos; que lanza su voz, su voz poderosa: Reconozcan el poder de Dios.

Sobre Israel resplandece su majestad, y su poder, sobre las nubes. ¡Dios sea bendito!

ACLAMACIÓN Jn 17, 17.- Tu palabra, Señor, es verdad; conságralos en la verdad.

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EVANGELIO Jn 17, 11b-19

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró diciendo: Padre Santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto al mundo, para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo también los envío al mundo. Y por ellos me consagro yo para que también ellos sean consagrados en la verdad.

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COMUNIÓN Jn 15, 26-27.- Cuando venga el Paráclito, que les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y también ustedes darán testimonio, dice el Señor. Aleluya.

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

DÍA SÉPTIMO

Hemos de vivir de la fe, pues el justo vive de fe. Es lo mismo que vivir según el Espíritu.

Ojalá se pudiera decir de cada uno de nosotros lo que escribía hace siglos san Basilio, padre de la iglesia oriental: de la misma manera que los cuerpos transparentes y nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas por el Espíritu Santo se vuelven también ellas espirituales y llevan a los demás la luz de la gracia.

Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación con los ángeles. De él, la alegría que nunca termina, la perseverancia en Dios y, lo más sublime que se pueda pensar o desear: que el hombre llegue a ser como Dios.

Señor Jesús, tú que prometiste darnos el Espíritu Santo para que nos lo enseñara todo y nos fuera recordando todo lo que nos habías dicho, envíanos este Espíritu para que ilumine nuestra fe.

ORACIÓN FINAL

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio; y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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PREFACIO PASCUAL para después de la Ascensión que acentúa la espera del Espíritu

Es justo y necesario darte gracias… por Jesucristo, tu Hijo, Señor del universo,

el cual, habiendo entrado una vez para siempre en el santuario del cielo,

ahora intercede por nosotros,

como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Pastor y obispo de nuestras almas, no invita a la plegaria unánime,

a ejemplo de María y los Apóstoles, en la espera de un nuevo Pentecostés…

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De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo

El agua viva del Espíritu Santo

El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que son dignos de ella.

¿Por qué motivo se sirvió del término agua, para denominar la gracia del Espíritu?

Pues, porque el agua lo sostiene todo; porque es imprescindible para la hierba y los anima­les; porque el agua de la lluvia desciende del cielo, y además, porque desciende siempre de la misma forma y, sin embargo, produce efectos diferentes: Unos en las palmeras, otros en las vides, todo en todas las cosas.

De por sí el agua no tiene más que un único modo de ser; por eso, la lluvia no transforma su na­turaleza propia para descender en modos distintos, sino que se acomoda a las exigencias de los seres que la reciben y da a cada cosa lo que le corresponde.

De la misma manera, también el Espíritu Santo, aunque es único, y con un solo modo de ser, e indivisible, reparte a cada uno la gracia según quiere. Y así como un tronco seco que recibe agua germina, del mismo modo el alma pecadora que, por la penitencia, se hace digna del Espíritu Santo, produce frutos de santidad.

Y aunque no tenga más que un solo e idéntico modo de ser, el Espíritu, bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo, produce múltiples efectos.

Se sirve de la lengua de unos para el caris­ma de la sabiduría; ilustra la mente de otros con el don de la profecía; a éste le concede poder para expulsar los demonios; a aquél le otorga el don de interpretar las divinas Es­crituras.

Fortalece, en unos, la templanza; en otros, la misericordia; a éste enseña a prac­ticar el ayuno y la vida ascética; a aquél, a dominar las pasiones; al otro, le prepara para el martirio.

El Espíritu se manifiesta, pues, distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo, según está escrito: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Llega mansa y suavemente, se le experi­menta como finísima fragancia, su yugo no puede ser más ligero. Fulgurantes rayos de luz y de conocimiento anuncian su venida.

Se acerca con los sentimientos entrañables de un auténtico protector: pues viene a salvar, a sanar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar el alma primero, de quien lo recibe; luego mediante éste, las de los demás.

Y, así como quien antes se movía en tinie­blas, al contemplar y recibir la luz del sol en sus ojos corporales, es capaz de ver claramente lo que poco antes no podía ver, de este modo, el que se ha hecho digno del don del Espíritu Santo, es iluminado en su alma y, elevado sobrenaturalmente, llega a percibir lo que antes ignoraba (Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1,11-12.16: PG 33, 931-935.939-942).

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