Rita de Casia

.

Santa Rita de Casia. Representación moderna.

Santa Rita de Casia. Representación moderna con la espina, el rosario y la rosa

.

INTRODUCCIÓN

La finalidad de esta pagina sobre Santa Rita de Casia

Amable lector, santa Rita es una figura señera en la familia agustiniana. Suele ser conocida como la mujer que pasó por todos los estados de la vida con gran entereza cristiana. Esa particularidad condujo a Rita a vivir de una manera especial la vocación fundamental de todo bautizado: el amor a Dios y al hermano.

Además, en los últimos cuarenta años de su vida cristiana, Rita pudo extraer las últimas consecuencias del bautismo consagrándose a Dios como esposa del Cordero, como monja. De esta manera nos ayuda a comprender las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Y también nos da ejemplo a los que hemos recibido ese don.

Por eso, santa Rita constituye una verdadera joya en la familia agustiniana que nosotros, como agustinos, debemos compartir con toda la Iglesia. De esta forma Rita seguirá luciendo como un ejemplo luminoso para muchísimas personas en nuestros tiempos.

Eso es lo que pretendo precisamente con las entradas que, Dios mediante, iré colgando en esta páginare. Intentaré dar a conocer a todos, pero en particular a las mujeres, la grandeza y santidad de Rita para que les sirva de apoyo y estímulo en las diversas situaciones de la vida.

Como se desprende de lo anterior, la finalidad de esta página es pastoral tanto en la parte biográfica como en la novena. Sobre todo en ésta, trataré de acoger y acompañar el crecimiento espiritual de muchas personas en su vida personal y familiar, a la luz de los ejemplos de santa Rita. Pretendo ayudarles en su carrera hacia la santidad que es la vocación de todo bautizado.

El contenido bíblico y doctrinal de la novena en honor de santa Rita gira en torno a dos polos que son prioridad en la nueva evangelización a la que nos está llamando reiteradamente la Iglesia y que la Orden trata de llevar adelante: la familia, la vida, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones  y las vocaciones, tanto las laicales como las de especial consagración.

Resumo el contenido de la novena y su enfoque diciendo que en ella se ofrecen unos apuntes de evangelización tipo personalista y familiar, más vivenciales que teóricos, con fundamentos bíblicos y agustinianos, trenzados en torno a la figura legendaria de santa Rita de Casia.

Ésta es precisamente la envoltura que la tradición ha elaborado para transmitirnos íntegra la invalorable obra de arte de la gracia de Dios: santa Rita de Casia, nuestra hermana, especial abogada ante Dios en las situaciones difíciles.

Sin excluir a nadie, estas consideraciones las ofrezco de manera especial a las madres y esposas afiliadas a la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta y a la Asociación de Madres Cristianas Santa Mónica. Ojalá que descubran en santa Rita el modelo cercano y seguro que les lleve al Evangelio: a la felicidad de una vocación totalmente lograda.

Quiera el Señor, el único santo, glorificarse en esta pequeña contribución a la tarea eclesial y agustiniana por volver a las fuentes de la santidad. Divulgando y compartiendo los dones específicos del Señor a nuestra familia agustiniana, contribuiremos al embellecimiento de la Iglesia, esposa de Cristo, en los umbrales del tercer milenio.

María, la estrella de la evangelización, interceda por nosotros, ante su Hijo, luz del mundo. Ella, que es Madre de consolación, enjugue las lágrimas de las madres y esposas, y las fortalezca para construir día a día, con todos los suyos, verdaderos hogares cristianos, templos de Dios en el mundo y semilleros de vocaciones a la santidad.

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

santa rita de casia 1NOTA: Las entradas que aparezcan en esta sección del blog seguirán de cerca los contenidos publicados por Ed. Paulinas, grupo editorial latinoamericano, en Caracas, enero de 2005, con el título Santa Rita de Casia, Vida breve y Novena, del mismo autor. Salvo indicación expresa en otro sentido. Con la debida autorización. Gracias a la Editorial.


.

SANTA RITA DE CASIA

 Vida breve

Santa Rita es una de las santas más populares de toda la cristiandad. Sus perfiles biográficos e históricos nos han llegado envueltos en los ropajes ampulosos de la literatura hagiográfica y de la épica religiosa.

A la mentalidad crítica histórica le incomoda ese estilo. Pero quizá sea esta característica la que hace más cautivadora la personalidad de nuestra Santa, la sal que mejor conserva la riqueza de su patrimonio espiritual válido para todos los tiempos.

Sin embargo, santa Rita no ha caído del cielo. Emerge de nuestro suelo y crece en nuestra tierra fecundada por el Evangelio. Surge en el seno de un hogar cristiano. Se alimenta de valores cristianos, específicamente agustinianos.

Florece en santidad viviendo los distintos estados de vida en el mundo, y culmina su peregrinación terrena dentro del claustro como religiosa agustina. Recorramos con devoción los hitos biográficos e históricos más importantes de santa Rita de Casia.


1.  Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita


2.  Juventud y matromonio de santa Rita. Viudedad.


3.  Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.


4.  Muerte de santa Rita. Taumaturga


5.  Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita


6.  Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.


.

1    Ambientación histórica. Nacimiento, infancia y adolescencia de santa Rita.

La vida de santa Rita transcurre entre los siglos XIV y XV, en el ocaso de la Edad Media que da paso al Renacimiento. Los autores colocan su nacimiento en torno al año 1381 y su muerte hacia el 1457. Vivió, por tanto, 76 años.

Se desposó a los 15 años. Habría vivido 18 años de casada, y, después de tres años de viudedad en Rocaporrena, habría entrado al convento de las agustinas de Casia. Tenía 36 años. Al año siguiente hizo la profesión como religiosa y vivió sus últimos 40 años consagrada a Dios.

Los últimos 15 años sufrió el estigma de la espina del Crucificado en la frente, y vivió medio recluida en su celda. Salió del convento para viajar a Roma el año 1450 a fin de ganar el jubileo del año santo. Los últimos cuatro años los pasó en cama, gravemente enferma.

Estos datos se deducen de las fuentes históricas, de la tradición y de las leyendas con las que el pueblo cristiano adornó la existencia de santa Rita. Que nos sirvan esos datos como puntos de referencia para comprender mejor el mensaje espiritual que nos transmite nuestra Santa.

Santa Rita nació el año 1381 en Rocaporrena, aldea perteneciente a Casia, ciudad de la Umbría italiana, situada a unos 150 kilómetros al norte de Roma. En Rocaporrena vivían unas cuarenta familias.

Casia era una ciudad-fortaleza, capital de un pequeño condado que funcionaba como una república relativamente autónoma. Tenía dominio sobre 23 castillos y de ella dependían unas 40 aldeas, entre las que se contaba Rocaporrena, a sólo cinco kilómetros de distancia.

Casia era un centro comercial y político importante, bien comunicada. Se ubicaba en la zona fronteriza entre el reino de Nápoles y los Estados Pontificios. Por eso estaba expuesta a las reyertas entre los güelfos o romanos, partidarios del Papa, y los gibelinos, partidarios del Emperador alemán.

 A Rita, pues, le tocó vivir en tiempos especialmente marcados por convulsiones políticas, sociales y religiosas. En el tiempo, santa Rita es contemporánea de san Bernardino de Siena (1380-1444) y de san Juan Capistrano (1386-1456).

La Iglesia vive, en ese tiempo, momentos difíciles por distintos motivos, entre ellos, el Cisma de Occidente (1378-1417). Eso no impide que se den frutos de santidad como los anotados. Casia pertenece eclesiásticamente a la arquidiócesis de Espoleto.

Ciudades cercanas a Casia y notables por los muchos santos que en ellas nacieron o vivieron son: Asís, Tolentino, Montefalco, Loreto, Perugia, Rieti y Nurcia.

En Casia se respira un ambiente religioso intenso. Hay bastante clero secular y muchas iglesias. Desde hace tiempo se instalaron en Casia los frailes agustinos y los franciscanos. Los agustinos llevan más de un siglo, es decir, desde el comienzo de la Orden, la Gran Unión de 1256.

En sus alrededores había eremitorios agustinos, de hombres y probablemente también de mujeres. Algunas leyendas colocan a Rita en un eremitorio de Rocaporrena.

En Casia los agustinos tenían un convento con una iglesia dedicada a san Agustín. En ella se daba culto además a san Juan Bautista y a san Nicolás de Tolentino, que serán los tres protectores de santa Rita.

Y también había dos monasterios de agustinas: el de Santa Magdalena y el de Santa Lucía.

Los padres de Rita fueron Antonio Lotti y Amanda Ferri. Son artesanos que viven en la aldea de Rocaporrena. Son gente muy honesta y profundamente religiosa. Pertenecen a familias distinguidas o, al menos, bien situadas y apreciadas en la sociedad.

No tuvieron más que una única hija: Rita. La consideraron un regalo de Dios, ya que según la leyenda eran estériles.

Desempeñan el oficio cívico de “juzgado de paz o de reconciliación” en las disputas y juicios entre los vecinos del pueblo y alrededores. Son llamados “pacificadores de Jesucristo”.

El nacimiento de Rita fue adornado por la literatura hagiográfica de Florecillas con rasgos y curiosidades tomados de los nacimientos milagrosos de Isaac, Sansón, Saúl, y de san Juan Bautista.

Así se dice que santa Rita nace de padres ya ancianos y estériles. Es anunciada a sus padres por un ángel del cielo que les revela el nombre que llevaría. Su nacimiento produce gran alegría en el pueblo.

Al bautizarla, en la Colegiata Santa María de la Plebe de Casia, le pusieron el nombre que había anunciado el ángel: Margarita, que significa “piedra preciosa” o “perla”; pero fue más conocida por su nombre de cariño, “Rita”; y así ha pasado a la posteridad.

Sobre su infancia corrió de boca en boca la leyenda de las abejas. Los padres habían dejado a la niña Rita en la cuna a la sombra de un árbol mientras laboraban en el campo. De pronto vieron revolotear alrededor de la cuna un enjambre de abejas blancas que entraban y salían de la boca de la niña sin causarle ningún daño y elaboraban en sus labios un panal de miel.

Un labriego que intentaba ahuyentar a las abejas fue curado de una herida en la mano. Los padres y el campesino se abrazaron dando gracias a Dios.

Aunque el relato tiene como fondo la aldea de Rocaporrena, en el monasterio de Casia se muestran hasta hoy las llamadas “abejas de santa Rita” que producen ricos panales de miel en las grietas de la pared del convento.

Rita va creciendo en un ambiente familiar muy religioso y aleccionador, pues sus padres hacen de su vida una constante oración, de práctica religiosa, laboriosidad, ejercicio de la reconciliación y de amor a los pobres con los que comparten sus bienes.

En consecuencia, se cuenta que desde muy niña Rita se interesó por la oración y se distinguió por su vida piadosa y caritativa. Particularmente era devota de Jesús Crucificado. Con frecuencia se retiraba a orar en una habitación de la casa donde había construido una especie de ermita.

Rita creció como una muchacha normal del pueblo, ocupada en la casa, sola o con amigas, y acompañando a sus padres en las prácticas religiosas.

Además de su padres, influyeron en la educación de la pequeña Rita, una prima suya mayor que ella, Catherina Antonii Mancini, que se hizo religiosa agustina. Es muy probable que Catherina influyese en la inclinación de Rita a la vida religiosa. De hecho acudía frecuentemente a visitarla.

También se cita a un ermitaño agustino que instruía a la joven Rita. Es casi seguro, pues, que recibiera alguna enseñanza escolar y que aprendiera a leer.

Además de estos indicios, existe otro dato a favor de tal suposición: inmediatamente después de su muerte la pintaron, en su propio ataúd, con un libro abierto en la mano. Sin embargo y a pesar de lo expuesto, no se conserva ni su autógrafo ni una sola letra suya.



2   Juventud y matrimonio de santa Rita. Viudedad.

Rita creció como una muchacha normal: debió de tener una constitución delicada pero sana, de estatura normal para entonces o más bien baja, de acuerdo a los retratos del ataúd y a sus dimensiones, 158 centímetros de largo.

En su juventud pensó hacerse religiosa, probablemente agustina, porque era muy conocido en la comarca el convento de las agustinas de Casia.

Sin duda, Rita habría estado muchas veces en Casia: la primera vez, la llevaron para ser bautizada, después habría acompañado a sus padres para hacer compras o diversas diligencias, para asistir a ceremonias religiosas, procesiones, o para escuchar a famosos predicadores.

Así que debía de conocer a los frailes agustinos y a las monjas agustinas. Además, los agustinos, más que los franciscanos, atendían espiritualmente las aldeas y capillas de los alrededores de Casia, al menos en ciertas celebraciones.

Sin embargo, la vocación religiosa no la pudo seguir de momento, porque los padres creyeron que lo mejor para ella era el matrimonio. En aquel tiempo era costumbre que los padres arreglaran el matrimonio de los hijos, pero no hasta el punto de obligarlos en un sentido o en otro.

Los padres de Rita se preocupaban del futuro de su hija única y buscaron lo mejor para ella. A Rita le salió pronto un pretendiente. Se llamaba Pablo Fernando Manzini, y era hijo de un oficial del Castillo de Collegiacone. Debido a este origen, algunos autores lo califican de soldado o militar.

Los padres de Rita lo consideraron buen partido para su hija y abrigaron la esperanza de que la haría feliz. Cuenta, por otra parte, la tradición que Fernando era un joven impulsivo, temperamental y resentido. Para destacar la paciencia de Rita algunos biógrafos han exagerado los defectos de Fernando.

Sin embargo éste no pudo ser tan conflictivo antes de casarse, pues entonces los padres de Rita no la hubieran animado tanto a casarse con él, sino más bien habrían tratado de disuadirla. Es también probable que, una vez casado, los defectos se agravaran, como suele suceder por lo general.

El caso es que Rita Lotti se desposó con Fernando y lo amó tiernamente formando con él un matrimonio bendecido por el Señor, dándole todo el valor del sacramento cristiano. La bondad de Rita superó las asperezas del marido e hizo posible una vida de paz y de concordia hogareña.

De la unión matrimonial nacieron dos hijos, según algunos autores, gemelos o morochos: Juan Santiago y Pablo María.

Dicen que Fernando llegó a maltratar alguna vez a Rita, pero ésta logró su conversión con paciencia, sacrificio, ternura y oración. Cuando parecía que todo funcionaba mejor en el hogar y cuando Fernando se iba retirando de las malas compañías, inesperadamente, fue asesinado junto al río Corno.

No sabemos exactamente la causa ni los responsables. Hechos así eran relativamente frecuentes en aquellos tiempos y particularmente en la ciudad de Casia y su entorno: bandolerismo, ajuste de cuentas, asaltos, asesinatos, venganzas, intrigas políticas.

Rita, gracias a su educación y a la madurez de su fe, logró perdonar de corazón y casi de inmediato a los asesinos. A los pies del Crucificado había aprendido a perdonar a los demás. Rita oraba por los que le habían arrebatado a su esposo y al padre de sus hijos. Era muy doloroso, pero Dios le concedía la gracia de poder perdonar.

A sus hijos Juan Santiago y Pablo María les resultaba muy difícil comprender lo sucedido y poco menos que imposible perdonar a los asesinos de su padre porque en aquellos tiempos se consideraba, con frecuencia, una obligación ineludible vengar la muerte de un ser querido.

Rita, como madre cristiana, suplicó insistentemente a sus hijos que perdonaran a los asesinos como lo hizo Jesús en la cruz. Con dolor de madre y con no menor fortaleza y abnegación de creyente, expresaba ante Dios sus deseos y pedía la ayuda divina para saberse comportar como madre y como cristiana. Sin embargo, no veía los frutos de su oración por sus hijos que seguían renuentes al perdón.

Llegó a pensar, e incluso a manifestarle a Dios en la oración, que prefería ver muertos a sus dos hijos, antes que verlos vengar la muerte de su padre. No quería verlos apartados de Dios por el odio y la venganza. Es decir, muertos espiritualmente.

Y cuenta la leyenda que Rita pidió a Dios que se los llevara de este mundo, antes de que se perdieran para siempre.

Se dice que por aquellos tiempos, una epidemia invadió Europa y llegó hasta Rocaporrena. Los hijos de Rita enfermaron y murieron víctimas de la peste, al poco tiempo de la muerte violenta de su padre, en el transcurso de un año.

Rita, pues, perdió en muy poco tiempo a toda su familia. Algo muy duro que puso a prueba su madurez espiritual. Entonces ella se queda a solas con su dolor, viuda, y sin los hijos de sus entrañas y de sus lágrimas.

Para la tradición los restos mortales de Fernando y de los dos hijos descansan en la Capilla de San Montano en Rocaporrena, su pueblo natal.

El comportamiento cristiano de Rita que practica el perdón, la oración y el amor a los asesinos de su esposo da la talla de su santidad. Este testimonio cristiano no se limita a su propio hogar.

Inmediatamente después de la muerte de su esposo, se afana con toda prudencia y valentía en lograr la reconciliación entre las dos familias afectadas por aquel asesinato. Las leyes de aquel tiempo exigían una reconciliación pública y un compromiso de paz expresado por los bandos encontrados o enemistados.

Debían recurrir hasta tres veces ante las autoridades o ante los jueces de paz o pacificadores para que así se garantizara la paz y la convivencia en la ciudad, en la sociedad.

Rita participó activa y casi protagónicamente en ese proceso de reconciliación. Así experimentó en su propia carne lo que había visto realizar tantas veces a sus padres en su oficio cívico y cristiano como pacificadores de Jesucristo.

Cumplida con éxito esta tarea de reconciliación, renacen en su corazón, con más fuerza que nunca, los deseos de entregarse totalmente al Señor en la vida religiosa. También es posible que la reconciliación de las familias fuera la condición para ingresar al convento, como veremos enseguida.

Sea lo que fuere, la verdad es que Rita piensa bien las cosas y las coloca en la oración, pidiendo las luces del Espíritu.

Por fin, se decide a golpear las puertas del convento de Santa María Magdalena de agustinas en Casia. La primera vez es rechazada, y la segunda, y la tercera.

Algunos biógrafos creen que era rechazada por su condición de viuda.
Sin embargo, parece que la viudedad no era de por sí un impedimento para ingresar al convento. Más bien, se cree que la dificultad para ser aceptaba radicaba en que era viuda de un marido asesinado, muerto violentamente.

Y mientras las partes implicadas no se reconciliaran, no podía ingresar al convento. Es decir, no podía introducir al convento el odio y la venganza de las familias enemistadas, pues dentro del convento podía haber monjas pertenecientes a uno u otro bando. En este caso, posibles monjas familiares o simpatizantes de los asesinos de Fernando, el esposo de Rita.

Si Rita quería ingresar al convento, antes debía dejarlo todo arreglado en el siglo: la reconciliación de las familias; la distribución de los bienes materiales; la probable dote entregada al convento. Pues en algunas representaciones pictóricas Rita aparece entregando dinero para reparar el convento.

Se supone que en el convento vivirían unas doce monjas. De siete de ellas conocemos los nombres.

.

3. Ingreso al convento. Santa Rita, monja de clausura. Estigmatizada. Leyendas de santidad.

.

Sea como fuere, al final logró el ingreso de una forma milagrosa. Primero, el milagro de la reconciliación. Y segundo, el que cuenta la tradición de la siguiente manera.

Una noche estaba Rita en Rocaporrena orando a sus santos protectores, Juan Bautista, Agustín y Nicolás de Tolentino, y pidiéndoles el ingreso al convento de las agustinas. Ya llevaba tres años empeñada en conseguir el ingreso al convento.

Pues bien, cuenta la tradición que Rita fue llevada en vuelo desde “La Roca”, un lugar alto y rocoso de Rocaporrena, por los aires, hasta el coro del convento de las agustinas de Casia, donde las monjas se la encontraron al ir a rezar las oraciones de la mañana.

Ellas consideraron el hecho como un milagro y de inmediato la aceptaron como postulante al noviciado. Corría el año 1417. En el lugar de La Roca, o del Scoglio se levantó una capilla en honor de la Santa que ha llegado hasta nuestros días.

Parece que era un lugar de oración para los lugareños y en especial para Rita. Algunos autores nos la retratan incluso como catequista presidiendo una procesión de rogativas pidiendo lluvia para los campos.

Al entrar en el convento Rita culmina una etapa de su vida que se habría desarrollado en Rocaporrena, en un ambiente familiar, sin protagonismos ni actividades mundanas, cercana a la gente sencilla de su aldea, dedicada íntegramente al servicio de los suyos y de los pobres.

Ella vivió en silencio, entregada a Dios con oraciones frecuentes en la medida en que se lo permitían sus obligaciones familiares y disfrutando constantemente de la presencia y compañía amorosa de Dios en todo momento, sobre todo, en las dificultades y sufrimientos.

En poco tiempo había vivido mucho. Había procurado por encima de todo no defraudar a las personas que Dios le había encomendado: sus padres, su esposo, sus hijos, y a los pobres. Rita se sentía satisfecha. Había merecido la pena sacrificarse por ellos. Se sentía plena y feliz. A todos los había acercado a Dios, de quien estaban ya gozando en el cielo.

Pero aún no había acabado su peregrinar. Dios todavía esperaba más de ella. Y Rita estaba dispuesta a recorrer el camino de la consagración religiosa en el convento, ayudada por los consejos que san Agustín dejó escritos en la Regla.

Cuentan las crónicas que Rita, una vez en el convento, se entregó con todas fuerzas a la observancia religiosa y a la oración, de manera que ya de novicia parecía una religiosa aventajadísima en la vida comunitaria y monástica. Al final del año de noviciado fue aprobada para formular sus votos de consagración: pobreza, castidad y obediencia.

Con ellos se consagraba a Dios para servirle con un corazón indiviso y se convertía en esposa de Cristo. Seguro que Rita vivió muy intensamente ese desposorio en santidad y justicia.

Para expresarlo la tradición narra que, al día siguiente de la profesión, Rita vio una escalera, como cuenta la Biblia del patriarca Job, con muchos peldaños que representaban todas las virtudes. Un extremo de la misma se apoyaba en la tierra y el otro tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles. En lo más alto estaba el Señor.

La visión significaba que Rita, ya en el año de noviciado, había practicado todas las virtudes escalando así las más altas cimas de santidad y de unión mística con Dios.

En el convento, al igual que en su pueblo de Rocaporrena, Rita no consta que desempeñara cargos de responsabilidad, que escribiera o tuviera dones de consejo, profecías, dirección espiritual.

No se conserva ni siquiera su autógrafo, ni una palabra suya. Nada. Lo suyo fue siempre servir a los demás, estar sometida a ellos por amor, y obedecer: primero en su familia, y después en el convento. Es la Santa del silencio, de la oración y del compromiso callado. Sumisa y obediente: primero a Dios y por él y en él a todos los demás.

Parece que en el convento formaba parte del grupo de monjas encargadas del rezo coral, porque en su ataúd la pintaron con un libro abierto en la mano. Las monjas analfabetas se ocupaban en trabajos manuales y no tenían responsabilidades en los rezos corales.

La imaginación popular y la tradición han elaborado algunas anécdotas o leyendas sobre la vida de santa Rita en el convento, no tanto para llenar vacíos, como para expresar de manera plástica la santidad, la práctica de las virtudes y los fenómenos místicos con los que Dios la bendijo.

Así, para resaltar la práctica de la obediencia y docilidad de Rita a Dios y a las hermanas, se cuenta que la madre abadesa le mandó regar un tronco de vid que estaba seco. Era algo absurdo. Pero Rita, dice la tradición, lo regó todos los días durante años, hasta que un buen día aquel tronco reverdeció, le brotaron tallos, creció y dio uvas.

Es una forma de resaltar la obediencia de la Santa. Hoy día se muestra al visitante la parra que luce frondosa y fecunda en el patio del convento.

Ya hemos visto que santa Rita, desde pequeña tuvo una gran devoción a Cristo crucificado. La espiritualidad románica que prefería la contemplación de la divinidad de Cristo, había dado paso a la espiritualidad gótica que adora la humanidad del Señor, y en particular considera con toda piedad y compasión los sufrimientos de su pasión y muerte.

Pues bien, la tradición cuenta que el día de Viernes Santo del año 1442, Rita, después de escuchar la predicación del padre Giacomo de la Marca sobre los sufrimientos de Jesús en la pasión y muerte, quedó tan conmovida que, postrada ante una pintura de Jesús Crucificado, le pidió compartir su dolor redentor.

Y fue tal su amor y compasión hacia el Redentor que, por una gracia especial, una espina de la corona del Crucificado se desprendió milagrosamente y fue a clavarse en la frente de Rita en el marco de un arrebato místico.

La espina le produjo una herida dolorosa y nauseabunda que la obligaba a recluirse en su propia celda por el mal olor que despedía, y le acompañó el resto de su vida. Sólo llegó a cicatrizar durante el tiempo que duró su peregrinación a Roma en el año santo de 1450.

La madre abadesa le había prohibido viajar por causa de la herida. Entonces santa Rita pidió a su Señor que cicatrizara la herida temporalmente. Así sucedió de manera milagrosa. Visto lo cual, la madre le permitió viajar a Roma para ganar el jubileo.

Y así, durante los últimos 15 años de su vida sobrellevó el estigma de una espina de la pasión clavada en la propia carne.

El estigma es un fenómeno no tan infrecuente en la Iglesia y en el tiempo de santa Rita. Tiempo atrás había alcanzado el mismo favor san Francisco de Asís (1182-1226) y poco antes santa Catalina de Siena (1347-1380).

Gracias a un deseo intenso, vehemente, y a un amor apasionado de compasión, Dios le permitió a Rita participar de sus dolores y su-frimientos por la redención de los hombres.

La estigmatización fue la gracia y el signo más admirado por sus coetáneos, dentro y fuera del convento, y el hecho más relevante transmitido por la tradición oral que arranca inmediatamente después de su muerte, y que valoran los devotos como el distintivo de la santidad de Rita y de su poderosa intercesión ante su Señor.

Apoyados en ese hecho no dudan en calificarla como la abogada de los casos desesperados o de imposibles. De ahí que desde el principio fue representada con la herida de la espina en la frente: las pinturas de la caja donde se colocó su cuerpo la reproducen con la herida en la frente.

Aun hoy día, después de seis siglos, puede apreciarse de alguna forma en su cuerpo incorrupto el estigma de la frente, como reconocieron los especialistas al examinar sus restos en 1972.

Entre las bellas leyendas de santa Rita merece destacarse la del rosal florido en pleno invierno. Estando Rita en cama próxima a su muerte fue visitada por uno o por varios parientes y conocidos de Rocaporrena. Anotemos que el convento de Santa María Magdalena no era de clausura estricta.

Pues bien, después de platicar con ellos en su propia celda, con toda probabilidad, al despedirlos alguien le dijo si le podían traer algún presente de Rocaporrena. Entonces ella les encargó que le trajeran una rosa del jardín que había en su casa. Algunos autores añaden que les pidió también dos higos maduros, fruto de la higuera de su jardín.

Cuando regresaron al pueblo, fueron al jardín y encontraron la rosa y los higos maduros que Rita había solicitado, algo totalmente insólito en un tiempo inapropiado y en un rosal y en una higuera casi congelados. Los cortaron y se los llevaron a santa Rita.

Ésta tomó la rosa, la olió y la rosa empezó a despedir tal perfume que la habitación de la enferma y el convento entero se llenaron de suave fragancia, que sorprendió a toda la comunidad. La fragancia procedía precisamente de la celda de Rita que siempre olía mal debido a la herida infectada que le acompañaba.

De este relato se originó la práctica tradicional de la bendición de las “rosas de santa Rita” el día de su fiesta, el 22 de mayo, que los enfermos y devotos suelen tomar en infusión o de otra forma como ayuda espiritual y como remedio milagroso.

El perfume de la rosa contrarrestó la fetidez de la herida incurable y expresaba a las claras el olor de santidad que Rita vivía por la gracia de Dios en beneficio de sus hermanas de hábito y de sus devotos de to-dos los tiempos.

Santa Rita vivió en el convento totalmente entregada a la oración y a la penitencia. De ma-nera especial se ejercitaba en la contemplación de los sufrimientos de su Señor en la pasión y muerte. Su vida era una oración continua. Dicen algunos biógrafos que “no podía estar siquiera un momento sin orar ni meditar sobre la sacratísima pasión”.

Por eso, en la celda tenía pintados en la pared el monte Calvario y el santo Sepulcro, para mantener su atención en el amor del Redentor. Junto con la estigmatización Rita gozó de experiencias místicas, en las que se manifestaban la consolación y la unión propias de los desposorios con su Señor.

Tengo que hacerte, amigo lector, una observación: que no encuentro en la literatura consultada ni recuerdo haber escuchado en charlas o predicaciones referencia alguna a la devoción de santa Rita a la Virgen María. En uno de los retratos de la caja ataúd se la representa con un rosario en la mano mirando la cruz del Señor.

Es impensable que santa Rita no contemplara junto a la cruz a la Madre del Crucificado, a la Dolorosa. Seguro que ella compartía también los dolores de la Madre entregando a su Hijo por nuestra salvación.

Remontándonos a su infancia, es seguro que sus padres, tan religiosos, le inculcaran la devoción a la Santísima Virgen. Como devotos de san Agustín por su asistencia al culto en la iglesia de los agustinos en Casia, los padres le transmitirían la historia de san Agustín y su conversión gracias a las lágrimas de santa Mónica, y la historia de la Virgen de la Correa.

Y se supone que ella, en su experiencia matrimonial, buscaría con avidez el ejemplo de santa Mónica que también oró por la conversión de su esposo y de su hijo Agustín. Se sentiría cercana a Mónica, a quien se le apareció la Virgen de la Correa consolándola por la muerte de su esposo Patricio y los extravíos de su hijo Agustín.

Seguro que escucharía casual o intencionadamente los sermones de los agustinos narrando los episodios familiares de Mónica y Agustín, y que ella estaba experimentando en carne propia…

En fin, no parece del todo descabellado tener por probables esas suposiciones, máxime cuando las vidas de santa Mónica y nuestra Santa tienen tantas similitudes. De hecho algunas predicaciones sobre santa Rita parecen calcadas de las Confesiones de san Agustín.

Pero, repito, no he visto nada reseñado al respecto. Espero que sea por ignorancia propia. ¿Será una laguna más en la historia de santa Rita?

.

4. Muerte de santa Rita. Taumaturga

La vida de la Santa se fue consumiendo como una cera en el altar del Señor. Los últimos cuatro años los pasó casi permanentemente en cama, aquejada de una grave enfermedad. A veces le visitaban los familiares y amistades.

Todos admiraban la integridad de su vida, su sencillez, la capacidad de perdón y la paz que le embargaba y que transmitía a los demás. Hubo personas que le pedían rogara por enfermos y necesidades especiales, y de hecho le atribuyeron milagros realizados por Dios en vida de nuestra Santa.

Después se consignarán en el Códex miraculorum o Relación de milagros.

Antes de morir, llamó a las religiosas del convento y les dejó este testamento espiritual: “Ánimo, mis queridas hermanas, ha llegado el momento de mi partida. Permaneced en el amor de Jesús amoroso”. Luego pidió los últimos sacramentos que recibió “con grandísima humildad y devoción”.

Finalmente, exhortó a las hermanas a permanecer fieles a su vocación, les pidió perdón a todas, y las animó a “vivir en paz y en caridad fraterna”.

Santa Rita murió en la noche del 22 de mayo de 1457, a los 76 años de edad y 40 de vida consagrada. Cuenta la tradición que un suave perfume invadió todo el convento y las campanas comenzaron a tocar a gloria por sí solas.

Al funeral acudió muchísima gente, atraída por la fama de santidad de que ya gozaba en vida, aunque no muy exteriorizada.

A raíz de su muerte, se multiplicaron los testimonios de milagros y señales prodigiosas obradas por intercesión de santa Rita, comenzando por la curación del ebanista que, una vez sanado de su parálisis, confeccionó la caja ataúd de la Santa.

Los relatos corrían de boca en boca. Muchos fieles de Casia y sus alrededores visitaban el monasterio de Santa María Magdalena para venerar su sepulcro.

Muy pronto, antes de los cinco años de la muerte, exhumaron su cuerpo que, al encontrarlo incorrupto, lo depositaron en una caja de madera ricamente adornada con pinturas que representan a la Santa.

Estos retratos y el epitafio anexo constituyen testimonios preciosos de la vida y santidad de Rita. Su cuerpo incorrupto se conservó en esta obra de arte desde su muerte hasta el año 1745.

En 1692 el rey de España Carlos II regaló una urna barroca. En ella se depositaron los restos el año 1745 y en ella reposaron hasta 1930.

Desde el 18 de mayo de 1947 su cuerpo incorrupto permanece como expuesto a la veneración de los fieles en una urna de cristal ricamente adornada y colocada detrás del altar mayor de la nueva Basílica de Santa Rita bendecida e inaugurada en la fecha y año reseñados.

.

5 Las fuentes históricas de la vida y santidad de santa Rita

Como se desprende de la exposición anterior, la vida de santa Rita está plagada de tradiciones y leyendas, y son muy pocos los datos históricos comprobados científicamente.

En realidad sólo tenemos cuatro fuentes bien precisas sobre la vida de la Santa, que datan de los años inmediatamente posteriores a su muerte.

En primer lugar, existe un Códex miraculorum o Relación de milagros escrita por un notario de Casia, de nombre Domingo Angeli, cinco años después de la muerte de Rita, o sea el 1462.

Este notario recoge los milagros atribuidos a santa Rita desde su muerte. A este primer códice siguieron otros tres códices o fascículos escritos por diversos notarios de Casia en tiempos posteriores.

En segundo lugar, contamos con la caja ataúd en la que fue coloca-do el cuerpo de la Santa. Esta Caja solemne está adornada con pinturas y retratos de santa Rita, que constituyen un testimonio invalorable.

En tercer lugar, contamos con un epitafio poético de cinco tercetos adosado a la caja.

Y la cuarta fuente es una tela o manto antiguo guardado como reliquia en Rocaporrena. Cuatro testigos del proceso de beatificación de 1626, hacen alusión a la devoción, existente en su aldea, al Manto de santa Rita, cuya imposición curaba las fiebres de los devotos y ayudaba a las mujeres en el momento de dar a luz.

De estas cuatro fuentes deducimos lo siguiente:

que santa Rita era de estatura más bien pequeña, 157 centímetros según el médico legal que reconoció su cuerpo en 1972; que pertenecía a una familia acomodada, pues el notario la llamaba “señora” y las pinturas de la caja la representan con un libro abierto en la mano, distribuyendo limosnas y contribuyendo a la reparación del monasterio; que vivió 40 años en el monasterio dedicada a una vida de penitencia y oración; que durante 15 años soportó con ánimo esforzado los dolores de la espina; y que su fama taumatúrgica comenzó con su muerte.

A los cinco años, el notario de Casia recordaba “los muchos milagros y prodigios” que Dios operaba por su intercesión. En la tela antiquísima ya aparece rodeada de las abejas y de las figuras de san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino, y, en exvotos un poco más tardíos, “con la disciplina manchada de sangre en su mano izquierda”.

Los otros datos que figuran en la descripción anterior y en otras historias de santa Rita son más inciertos, no tienen mayor sustentación científica: son fruto de la tradición oral, de la predicación y de las vidas hagiográficas edificantes.

Tendrán que pasar unos 150 años de la muerte de la Santa para que un agustino llamado Agustín Cavallucci de Foligno nos escriba la primera biografía de santa Rita, recogiendo y ordenando sistemáticamente todos lo datos que le proporcionaban la tradición oral y el testimonio de las fuentes históricas que conocía.

Fray Agustín Cavallucci redactó la primera vida de nuestra Santa con el fin de divulgar su conocimiento y su culto y así preparar el proceso de beatificación que se abrió de hecho 16 años más tarde, en 1626.

Mientras tanto, la devoción a santa Rita había tomado consistencia en las prácticas devocionales del pueblo de Dios. Primero en Casia y en Rocaporrena.

El monasterio de las agustinas se había convertido en un santuario de peregrinación pues conservaba incorrupto el cuerpo de la Santa.

También fue tomando mucha importancia la fiesta de santa Rita unida a la del Corpus Christi, la principal de la ciudad, cuya procesión era muy nombrada y concurrida. Posteriormente la fiesta se prolongaba por tres días, comprendía una feria y un torneo famoso.

En Rocaporrena se conservaba la casa de santa Rita, señalada por dos prodigios: fue la única casa que no sufrió las consecuencias del terremoto de 1599; además, en el techo había una abertura que era imposible tapar y decían que era la utilizada por el ángel que visitaba a santa Rita.

Después de la beatificación el obispo mandó convertir la casa en capilla dedicada a santa Rita que todavía hoy existe. De esta manera los devotos disponen de dos lugares emblemáticos para sus peregrinaciones: la Capilla de Rocaporrena y el Santuario de Casia.

.

6. Reconocimiento oficial de la Iglesia: Beatificación y canonización de santa Rita.

Además de Casia y Rocaporrena la devoción a santa Rita se extendió rápidamente por la comarca. Los paisanos y los devotos de santa Rita propagaron su fama por la diócesis de Espoleto y por diversos lugares de Italia, llegando pronto a Roma.

Allá existía una importante colonia de casianos. La Orden agustiniana, sobre todo, y también los franciscanos divulgaron y propagaron la devoción a santa Rita. La fama de gran taumaturga y de abogada de imposibles se iba extendiendo más y más entre el pueblo sencillo.

La oportunidad del reconocimiento oficial de la Iglesia para proclamarla beata llegó cuando un grupo de casianos influyentes residentes en Roma y cercanos a la Curia Pontificia ejercieron sus buenos oficios ante el papa Urbano VIII que había sido arzobispo de Espoleto, a cuya jurisdicción pertenecía Casia.

Por tanto, el papa Barberini conocía bien la personalidad de santa Rita y la devoción que le tenía el pueblo sencillo. Varias personalidades oriundas de Casia y residentes en Roma fueron los promotores de la beatificación.

Pero los que formalmente la solicitaron e iniciaron el proceso fueron el Ayuntamiento de Casia y la Orden de San Agustín. También apoyaron los franciscanos.

Como queda dicho fray Agustín Cavallucci publicó en 1610 la primera biografía de santa Rita. El proceso de beatificación fue abierto el año 1626 por el papa Urbano VIII.

Cumplidos los interrogatorios a los testigos de Rocaporrena y Casia y culminados con éxito los demás trámites canónicos, a los dos años la beatificó el mismo papa Urbano en la Iglesia de San Agustín de Roma, el 16 de julio del año 1628.

De esta manera la Iglesia presentaba a santa Rita como ejemplo de madre y esposa, pero sobre todo modelo de persona consagrada a Dios en el silencio del claustro.

Para la aprobación oficial como santa en la Iglesia habrá que esperar hasta el año 1900, aunque de hecho ya fuera venerada como tal por el Pueblo de Dios. Hubo un intento de canonización promovido por la Orden agustina en 1738, que no prosperó.

Hubo que esperar hasta 1887 cuando el papa León XIII, preocupado por la crisis de la institución familiar y por las amenazas de introducir el divorcio por parte del Estado italiano, reconoció en la beata casiana, bien conocida por él habiendo sido obispo de Perusa, un modelo de fundamentación cristiana de la institución familiar.

Y así la presentó a la Iglesia el papa León XIII y la canonizó el 24 de mayo de 1900, junto con san Juan Bautista de La Salle: una pareja simbólica propuesta a la devoción del siglo que se abría.

Sin exagerar los acentos y sin excluir ningún rasgo en la personalidad de Rita, su figura y su ejemplaridad en la Iglesia, hasta el siglo XIX, se concretó preferentemente en su condición de religiosa, pero después fue revalorizada su condición de madre y mujer, a partir sobre todo de su canonización.

Naturalmente, la ejemplaridad varía según los tiempos, según las personas y otras circunstancias imprevisibles y comprensibles. El caso es que santa Rita constituye un tesoro para la Iglesia y para la familia agustiniana, es la perla de Umbría, una joya en la Iglesia, regalo de Dios para todos.

Nuestra santa Rita bendita, motivo de honor para nosotros, un don y a la vez tarea y compromiso para darla a conocer a todos.

Finalmente, como botón de muestra y sin desmerecer a nadie, voy a señalar dos centros promotores de la devoción a santa Rita, ubicados en Casia y en Monachil.

En primer lugar, destacamos la figura de la madre agustina María Teresa Fasce, profesa en el monasterio de Santa Rita de Casia, y después maestra de novicias y abadesa. Nació en Torriglia, Génova, en 1881.

Promovió con todas sus fuerzas la devoción a santa Rita y sus peregrinaciones. Fundó el boletín “De las abejas a las rosas” que ha llegado hasta nuestros días, y construyó la colmena para niñas huérfanas, la casa de ejercicios y el hospital. Falleció el 18 de enero de 1947 y fue beatificada el día 12 de octubre de 1997.

En segundo lugar, los padres agustinos recoletos del convento de Monachil, Granada, fundaron en el año 1905 la revista “Santa Rita y el pueblo cristiano” y montaron a la vez una imprenta para su impresión. Además de la revista se publica el Calendario Misional de Santa Rita.

Durante un siglo la Comunidad Agustino Recoleta ha promovido la devoción a santa Rita organizando múltiples actividades hasta hacer de Monachil el primer centro de peregrinaciones y publicaciones referentes a Santa Rita en España y en los países de habla hispana.

En mayo del 1999 se hizo realidad un deseo y un sueño de muchos devotos de santa Rita: el Hermanamiento de Monachil y de Casia. De esta forma, en nombre de santa Rita, ambas ciudades se han comprometido a revivir y compartir los mismos valores que vivió la Santa, a quien desean venerar siguiendo sus huellas de santidad. Que todo sea para gloria de Dios.

 

 

_____________

NOVENA

A

SANTA RITA DE CASIA



Pulsar sorbre el día que se desee:

Santa Rita de Casia 75
DÍA PRIMERO: Orígenes de Santa Rita


DÍA SEGUNDO: Rita, niña y joven


DÍA TERCERO: Rita, esposa enamorada


DÍA CUARTO: Rita, madre abnegada


DÍA QUINTO: Rita, viuda cristiana


DÍA SEXTO: Rita, monja agustina de clausura


DÍA SÉPTIMO: Rita, mujer creyente, mujer espiritual


DÍA OCTAVO: Rita, esposa de Jesucristo


DÍA NOVENO: Maestra en el arte del perdón y de la paz

_____________

 

TEXTOS DE LA MISA DE SANTA RITA DE CASIA (Misal Agustiniano)

8 respuestas a Rita de Casia

  1. Anónimo dice:

    Simplemente agradecerle a Santa Rita por los favores recibidos.

  2. ismaelojeda dice:

    Gracias por tu saludo y te felicito por la devoción a Santa Rita. Un abrazo, p. Ismael

  3. Susana Ortega dice:

    P. Ismael:
    Gracias por la Info. Pienso que ahora si podré ayudarme y a mis hijos, a saber más sobre la Vida de Santa Rita de Casia, como alumnos del Colegio del mismo nombre, que son.
    Lo felicito, por la buena disposición para los que asistimos a Misa los Domingos en la Parroquia Santa Rita de Casia. Este año he prometido asistir, todos los domingos, porque si todos mis hijos están en proceso de seguir con los Sacramentos, tengo que empezar por darles el ejemplo y asistir como nos lo mandan nuestros 10 Mandamientos. Espero cumplir con lo prometido y ser un buen ejemplo para ellos.
    saludos,

  4. ismaelojeda dice:

    Gracias, Susana, por tus letras. Muy amable. Me alegra mucho lo que me cuenta sobre su familia y sus propósitos. Un gusto. Con especial atención, p. Ismael

  5. escucha2015 dice:

    Padre puedo poner informacion de su web en mi pagina?. Esta muy interesante lo que usted pone ademas por suouesto usted sabe mas que yo por que usted es sacerdote. Dios le bendiga y la Santisima Virgen Maria le proteja con su manto.

  6. ismaelojeda dice:

    Mientras indiques de dónde tomas las notas, no hay problema. Es decir, mientras cites. Que todo sea para gloria de Dios. Un abrazo, p. Ismael

  7. german fajardo mantilla dice:

    padre cuales son las 3 dosciplinas de la santa?

  8. ismaelojeda dice:

    Las disciplinas: Se conoce así a una especie de látigo hecho de cuerdas que entrelazan piezas más duras de cuerda, malla de alambre, etc. y que se utilizan para golpearse el cuerpo con la finalidad de ejercitarse en el dominio propio y en la ascesis espiritual. Espero que te haya aclarado algo… Un abrazo y que Dios te bendiga, p. Ismael

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: