43 consejos del Papa Francisco para ser santos hoy: Extractos de la “Gaudete et Exsultate”

abril 11, 2018

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Selfi del Papa Francisco con niños

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“Gaudete et Exsultate”, es el título de la nueva exhortación apostólica sobre el “Llamado a la Santidad en el Mundo Actual”

Por Ary Waldir Ramos Díaz

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Después de dos mil años de historia, la Iglesia católica sigue marcando la pauta para que haya hombres y mujeres “felices” verdaderamente, “sin conformarse” con “una existencia mediocre, aguada, licuada”. 

Pero, en nuestros días, ¿qué significa ser santo?, ¿cómo se logra esa santidad?. A esto responde el papa Francisco en la exhortación apostólica “Gaudete et exsultate”, [‘Alégrense y muéstrense contentos’ (Mt 5,12)], publicada el 9 de abril de 2018 y cuyo título parafrasea a Jesús que se dirige a los que son perseguidos o humillados por su causa.

Francisco nos dice que desde el principio la Biblia, de diversas maneras, hace un llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1). 

Advierte que no es un tratado sobre la santidad. “Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad” en el contexto actual, “con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4)”. 

CAPITULO I 

1. Los santos nos alientan y acompañan

Cap 1. El Llamado a la Santidad. Los santos nos alimentan y acompañan. 4. “Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión”. El Papa presenta la santidad en una “dinámica popular, en la dinámica de un pueblo”. Y habla de la Iglesia militante. “La santidad ‘de la puerta de al lado’; «la clase media de la santidad”. 11. “No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables”. 

2. La Santidad es para ti

La santidad es para todos. ¿Consagrados y consagradas? “Sé santo viviendo con alegría tu entrega”. “¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa… ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”. 

Francisco asegura en el punto 15: “En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad”. Y cita a Benedicto XVI: «La santidad no es sino la caridad plenamente vivida» (21). Cada santo encarna “en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (19).

3. La Santidad no es pasividad: ¡Más vivos!

El papa Francisco saca del sopor y de la pasividad a los fieles. “26. No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. 29. Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios”. 

Instó a no tener miedo, como Juan Pablo II. 32. “No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó”. Y agrega una santa ambición: “No tengas miedo de apuntar más alto, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo en la vida”. Y citó a Léon Bloy: «Existe una sola tristeza, la de no ser santos»”. 

CAPITULO II

4. Hay enemigos de la santidad

En el capítulo segundo, el Papa advierte de dos sutiles enemigos de la santidad. El Agnosticismo (Una mente sin Dios y sin carne) y el Pelagianismo actual (Una voluntad sin humildad). Sobre el agnosticismo, el uso del Dios spray, advierte que se trata de una “superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento”. 

5. Salir de una lógica fría y de dominio

Advierte que (39) esto “puede ocurrir dentro de la Iglesia: pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo”.  El Papa sostiene que Dios está en todos y exhorta en favor de una doctrina que viva el misterio en cada persona. “42. Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida”.

Escribió sobre los límites de la razón y de una soberbia que se viste de santidad, pero no lo es. “45. San Juan Pablo II les advertía de la tentación de desarrollar «un cierto sentimiento de superioridad respecto a los demás fieles». 

6. La voluntad humana no es suficiente 

Respecto al pelagianismo actual, expresión de una voluntad sin humildad. “49. Cuando algunos de ellos se dirigen a los débiles diciéndoles que todo se puede con la gracia de Dios, en el fondo suelen transmitir la idea de que todo se puede con la voluntad humana; Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras» (San Agustín)”. 

7. No son suficientes nuestras obras o esfuerzos

Reiteró una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada: “52. […] no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa”. Nombró a los nuevos pelagianos: “58. Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Es quizás una forma sutil de pelagianismo”. En este sentido, resume la Ley: “60. «Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Ga 5,14)”. 

CAPÍTULO III

8. Ser un buen cristiano significa seguir las Bienaventuranzas

En el capítulo III, titulado “A la luz del Maestro”, el papa Francisco en el punto 63 responde a «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?». “Es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas”. 

9. Para ser santo hay que ir contracorriente

De ahí que Jesús propone: “Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.  “69. Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior. (70.) Ser pobre en el corazón, esto es santidad”. 

10. Un santo soporta los defectos de los demás

Como indica Jesús: «Felices los mansos, porque heredarán la tierra». Francisco explica que (72.) para santa Teresa de Lisieux, «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades». 74. Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad”. 

11. Un santo sabe llorar

“Felices los que lloran, porque ellos serán consolados”. El Papa insta (75) a salir de la lógica del mundo que nos hace gastar “muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento”. E invita a (76) “saber llorar con los demás, esto es santidad”. 

12. Un santo defiende a los indefensos”

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados”. El Pontífice en el punto 79 explica que la palabra “justicia” puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios, pero si “le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los indefensos”. “Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad”. 

13. Un santo es misericordioso 

“Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. Francisco recuerda que el Catecismo invita a aplicar esta ley «en todos los casos», de manera especial cuando alguien «se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil». 

14. El corazón mueve al santo: mantenerlo limpio 

El Papa doblega la racionalidad al corazón, que está guiado por la fe en Dios. “85. En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven”. “86. Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad”.

15. Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad

«Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». En el punto 89, el Papa indica que no es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas. Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad”. 

16. Aceptar el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas

“«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios». «Felices los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» 94. Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades. Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad”. 

17. Ver a Jesús en los extranjeros, en los enfermos 

“95. «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme»”. 

18. Ser cristiano es reconocer la dignidad del pobre

El Papa pide fidelidad al Maestro y cuestiona: “98. Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre. ¡Eso es ser cristianos!”. 

19. No dejar que la ideología te separe de Jesús 

“Las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio”, expresó Francisco.  Y lamenta dos errores nocivos: “100. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia”. 

20. No sospechar siempre de los demás

El Papa considera nocivo e ideológico estar siempre sospechando (101)  “del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista”. 

21. Defender al no nacido, pero también al nacido en miseria 

“La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria”. 

22. Defender a los migrantes 

El papa Francisco explicó que defender a los migrantes o los extranjeros no es “un invento de un Papa o de un delirio pasajero”. “102. Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética”. 

23. Ser santo es cansarse para vivir las obras de misericordia 

“107. Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia”. 

24. Hedonismo y virtualidad nos alejan de quien sufre 

“108. El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada. También el consumo de información superficial y las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor de atontamiento que se lleva todo nuestro tiempo y nos aleja de la carne sufriente de los hermanos”. 

25. Inspirarse en el testimonio de los santos 

“109. La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices”. 

CAPÍTULO IV

En el capítulo cuarto, el papa Francisco presenta algunos puntos importantes de la santidad en el mundo actual, además de los tradicionalmente conocidos: “oración”,“Eucaristía y la Reconciliación”, sacrificios, entre otros. En el punto 111, destaca que existen riesgos en la cultura de hoy para atender las manifestaciones del amor de Dios y del prójimo.

En ella se manifiestan: “la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual”. 

26. Aguante, paciencia y mansedumbre

En este caso, el Papa invita al aguante, la paciencia y la mansedumbre (112). Se trata de la fidelidad al amor de Dios y la fidelidad al amor del prójimo. 113. Como pide San Pablo a los cristianos, no devolver el mal que los demás te hagan. 114. Insta a estar atentos a las propias manifestaciones de agresividad y egoísmo. 

27. Nada de violencia en las redes e Internet

El Papa habla de una santidad que pasa por evitar la violencia verbal en Internet y en los diversos espacios digitales. Y advierte a los medios católicos para que se pongan limites porque es intolerable la difamación y la calumnia. 

28. Un santo alegre y con sentido del humor

Francisco insiste en que un santo que se respete tiene mucha alegría y sentido del humor. Un santo aleja de sí la tristeza, la nostalgia. Ser cristianos es “alegría en el Espíritu Santo” porque al amor de la caridad sigue necesariamente la alegría”.  

29. Audacia y fervor 

En el punto 129. El Papa indica que vivir con honestidad y transparencia necesita audacia. Por ello, Jesús insiste en que el cristiano no debe tener miedo. 

30. Vivir y amar la comunidad 

En el punto 140, enseña que luchar solo no tiene mucho sentido. Se necesita de la comunidad para salir airoso en Cristo de las insidias y de las tentaciones. “Si estamos muy solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos”. 

31. Vivir en oración constante

El Papa expresó que parecería obvio y, en cambio, no lo es: rezar es importante para estar todos los días abiertos a la trascendencia. El Santo es una persona del “espíritu” en oración que tiene necesidad de “comunicarse con Dios”. 

Capítulo V 

En el capítulo V, el Papa insta a combatir, vigilar y discernir. 

32. Luchar siempre 

“158. La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida”.  

33. Salir de la mediocridad

“159. No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones. Es también una lucha constante contra el diablo. Jesús mismo festeja nuestras victorias”. 

34. Ser santos no es un mito 

“161. Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades”.  

35. Ser despiertos y confiados en Dios 

162. Nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante. Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad. Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero. 

36. Salir de la corrupción espiritual 

“164. «No nos entreguemos al sueño». Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento”. 

37. Dividir las cosas malas de las buenas 

“166. ¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo; seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.

38. No ser marionetas a merced del mal

“167. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento”. 

39: Siempre a la luz del Señor 

“169. El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves. Nos hace falta siempre: muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante”.

40: Un don sobrenatural 

“171. Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir.” 

41. Escuchar a Dios

“172. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas. 173. No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado”.  

42. La lógica del don y de la cruz 

175. Hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida.

Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos. 

43. La Virgen María, modelo y ayuda 

“176. Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada.

Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos.

Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…».”

43 consejos del Papa Francisco para ser santos hoy

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Maná y Vivencias Cuaresmales (46), 31.3.18 – Sábado Santo, Triduo Pascual

marzo 31, 2018

Sábado Santo

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María, la nueva Eva, la Madre de los que viven

María, la nueva Eva, la Madre de los que viven

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AMBIENTACIÓN.- Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando, consternada, su pasión y muerte.

En este acto de piedad y santo temor de Dios, la Madre Iglesia vuelve los ojos a María, la Mujer creyente y hoy la Madre Dolorosa.

Como siempre la Mujer Fuerte nos enseña muchas cosas con el recogimiento adolorido y la soledad serena de la Madre más tierna.

María, la mujer curtida en el dolor y sostenida por el Espíritu del Amor y del Perdón, hoy sábado santo, se constituye en modelo y promotora de la cultura del encuentro y de la reconciliación.

¿Por qué? Pues porque hoy la Iglesia permanece boquiabierta contemplando, en el cuerpo muerto de Jesús y en la rigidez y frialdad del sepulcro de Jesús, las consecuencias fatales y dolorosas del enfrentamiento entre los hombres: La división, las rencillas, el odio, la crueldad, la lucha por la supervivencia, las venganzas, la soberbia y la tiranía, la insaciable hambre de poder…

Hoy los hombres experimentan cada vez con más fuerza el deseo de una pacificación de la humanidad: Ya basta de enfrentamientos, guerras, luchas, venganzas… con la lógica de que “tú debes morir para que yo viva, tú debes permanecer sometido para que yo esté por encima de ti, tú debes caer para que yo sobresalga…”

María resplandece como la posibilitadora de la reconciliación. Ya basta de una cultura hecha por el “varón” fuerte con la necesaria exclusión de la “mujer” débil. Una forma de sentir y de actuar basada en la ley de la supervivencia, de la lucha y de la ley del más fuerte. En una palabra: cultura del desencuentro.

Hoy la Iglesia contempla a María para aprender a fomentar la cultura del encuentro del mundo de Dios y del mundo de los hombres, el encuentro entre los hombres que se sienten hermanos: Una Iglesia del encuentro, de la reconciliación, de la compasión, de la ternura, de la sinceridad con uno mismo y del reconocimiento de la verdadera grandeza del hombre que se arrodilla ante Dios y tiende la mano al hermano.

Santa María, Madre de Dios y de los hombres, abrázanos para que podamos abrazar. Amén.


Nuestra fe católica nos invita a reflexionar sobre aquel “descenso a los infiernos”, al lugar de los muertos, que confesamos en el Credo.

Ese descenso, por una parte, prolonga la humillación de la cruz, y, por otra, manifiesta claramente el realismo de la muerte de Jesús, cuya alma conoció en verdad la separación del cuerpo, para entendernos, y se unió a las restantes almas de los justos.

Pero el descenso al reino de la muerte es también el primer movimiento de la victoria de Cristo sobre la misma, como lo expresa magníficamente un autor desconocido de los primeros tiempos de la Iglesia, en la lectura elegida para este día en la Liturgia de las Horas.

Hoy no se celebra el sacrificio de la Misa ni se recibe la comunión, a no ser en caso de viático, aunque se reza la Liturgia de las Horas. El altar permanece, por todo ello, desnudo, hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.


DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

En la profesión de la fe afirmamos que Jesús crucificado, muerto y sepultado “descendió a los infiernos”. Y en esta frase se encuentra una enseñanza importante. “Los Infiernos” a que se refiere el Credo no representan el lugar de los condenados, sino el lugar de los muertos.

En efecto, los judíos del Antiguo Testamento creían que todo aquel que moría iba a un lugar de oscuridad, silencio e incertidumbre. Por eso, Jesús, muerto en la cruz, también va a este lugar de oscuridad. Con esto se enseña que la muerte de Jesús es una muerte real y verdadera, como la de todo ser humano.

Pero esa afirmación fundamental de la muerte real y humana de Jesús, muy pronto dio pie, en la reflexión cristiana, a una nueva afirmación: Jesús, solidario en la muerte con todos los hombres, se encuentra, en el lugar de los muertos, con toda la humanidad que espera. Allí la toma de la mano y la conduce a la vida definitiva.

Por tanto, hermano, hermana, te invito a leer y saborear esta lectura patrística del descenso del Señor a los infiernos para liberar a los justos que esperaban la victoria de su Resurrección.

Jesús desciende a los infiernos y toma de la mano a Adán y se lo lleva con él: “porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona”.

Adán y Eva. Es decir, toda la humanidad. Todos los hombres que no se nieguen a tomar la mano de Jesús, que no se nieguen a prenderse de la mano del Resucitado, primicia de los que duermen, y que serán despertados a una resurrección gloriosa. Todos ellos serán llevados por Cristo como trofeo de victoria a la presencia del Padre Celestial.

Ora, medita, estimado hermano, apreciada hermana, y aprende a poblar tu vida de la presencia de Dios. Precisamente tú, que vives en una sociedad ruidosa, extrovertida y superficial. El silencio del sábado santo junto al sepulcro: todo un signo profético para nuestro tiempo.

De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado
El descenso del Señor al abismo

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: “Mi Señor esté con todos”. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: “Y con tu espíritu”.

Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz. Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: “Salid”, y a los que se encuentran en las tinieblas: “Iluminaos”, y a los que duermen: “Levantaos”.

A ti te mando: Despierta tú que duermes, porque no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los Judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí comer del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad”.

LA MADRE DOLOROSA

Dame tu mano, María, la de las tocas moradas; clávame tus siete espadas en esta carne baldía. Quiero ir contigo en la impía tarde negra y amarilla. Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata esa lividez de plata, esa lágrima que brilla.

¿Dónde está ya el mediodía luminoso en que Gabriel, desde el marco del dintel, te saludó: “Ave, María”? Virgen ya de la agonía, tu Hijo es el que cruza ahí. Déjame hacer junto a ti ese augusto itinerario. Para ir al monte Calvario, cítame en Getsemaní.

Déjame que te restañe ese llanto cristalino, y a la vera del camino permite que te acompañe. Deja que en lágrimas bañe la orla negra de tu manto a los pies del árbol santo, donde tu fruto se mustia. Capitana de la angustia: no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna y tus gozos de Belén: “No, mi Niño, no. No hay quien de mis brazos te desuna”. Y rayos tibios de luna, entre las pajas de miel, le acariciaban la piel sin despertarle. ¡Qué larga es la distancia y qué amarga de Jesús muerto a Emmanuel!

A ti, doncella graciosa, hoy maestra de dolores, playa de los pecadores, nido en que el alma reposa, a ti, ofrezco, pulcra rosa, las jornadas de esta vía. A ti, Madre, a quien quería cumplir mi humilde promesa. A ti, celestial princesa, Virgen sagrada María.- Amén

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Maná y Vivencias Cuaresmales (39), 24.3.18

marzo 24, 2018

Sábado de la 5ª semana de Cuaresma


La cruz produce en nosotros tristeza pero a la vez esperanza y confianza de ser salvos con Cristo

La cruz produce en nosotros tristeza pero a la vez esperanza y confianza de ser salvos con Cristo



Antífona de entrada: Salmo 21, 20. 7

Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. Yo soy un gusano, no un hombre, la gente me escarnece y el pueblo me desprecia.


Oración colecta

Señor, tú que realizas sin cesar la salvación de los hombres y concedes a tu pueblo, en los días de Cuaresma, gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu auxilio protector a los catecúmenos y los bautizados. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Ezequiel 37, 21-28

Así dice el Señor: «Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar. Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos.

No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías. No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes. Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos, poniéndolos por obra. Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, en la que habitaron vuestros padres; allí vivirán para siempre, ellos y sus hijos y sus nietos; y mi siervo David será su príncipe para siempre.

Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.»

SALMO: Jeremías 31, 10.11-12ab.13

El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño.»

Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas.

Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 18, 31

Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

EVANGELIO: Juan 11, 45-57

En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»

Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte.

Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse.

Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?»

Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Antífona de comunión: Juan 11, 52

Cristo se entregó a la muerte, para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.



VIVENCIAS CUARESMALES

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Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos

39. SÁBADO

QUINTA SEMANA DE CUARESMA

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ILUMINACIÓN.- Ha llegado la hora de las tinieblas, la hora de las decisiones: Conviene que muera un solo hombre por el pueblo. Y ese mismo día decidieron matarlo.

A la entrada de la Semana Santa, la oración colecta nos recuerda que Dios concede gracias más abundantes en los días de Cuaresma.

Además, reconoce que Dios realiza sin cesar la salvación de los hombres. Por tanto, todos los momentos son buenos para Dios, pero al final de la Cuaresma se pide expresamente por los catecúmenos y por todos nosotros, los ya bautizados.

Señor, tú que realizas sin cesar la salvación de los hombres y concedes a tu pueblo, en los días de Cuaresma, gracias más abundantes, dígnate mirar con amor a tus elegidos y concede tu auxilio protector a los catecúmenos y a los bautizados. Por nuestro Señor Jesucristo.

La entrada triunfal de Cristo en Jerusalén el Domingo de Ramos es anunciada en la primera lectura tomada de Ezequiel 37, 21-28.

Esto dice el Señor Dios: Yo tomaré a los hijos de Israel de en medio de las naciones adonde fueron y los recogeré de todas partes y los llevaré a su tierra. Formaré con ellos una sola nación en la tierra y en los cerros de Israel y habrá solamente un rey que los mande a todos. Ya nunca más formarán dos naciones ni en el futuro estarán divididos en dos reinos.

No se mancharán más con sus ídolos ni con sus perversidades ni maldades: Yo los libraré de todos los pecados que cometieron y los purificaré. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Mi siervo David será su rey, uno solo será el pastor de todos ellos: observarán mis leyes y guardarán mis mandamientos y los pondrán por obra.

Vivirán en la tierra que di a mi siervo Jacob y que habitaron sus padres: ahí mismo vivirán ellos y sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre. David, mi siervo, será perpetuamente su príncipe. Haré con ellos una alianza de paz, que será una alianza definitiva: les daré una estabilidad segura, los multiplicaré y colocaré para siempre mi Templo en medio de ellos.

Junto a ellos tendré mi morada; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Las naciones conocerán que yo soy Yahvé, el que santifica a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre.

Lo que se realiza de manera general en Israel, también se realiza de manera personal en cada creyente que se renueva en el Espíritu.

En efecto, la persona es “reunificada” al disminuir la dispersión de fuerzas, el creyente poseyéndose a sí mismo, puede escuchar mejor a su Dios y responderle debidamente mientras Dios coloca su morada en el interior de la persona.

Esta vida nueva en el Espíritu proporciona al creyente una paz que nada ni nadie podrán perturbar, ni mucho menos arrebatar.

La cruz y los apuros en que se encuentra Jesús producen en nosotros tristeza pero a la vez esperanza y confianza de ser salvos con Cristo; incluso, alabanza a Dios, que nos da en Cristo la salvación. Una salvación que no sólo pensamos, sino que también sentimos, experimentamos.

Es lo que reza el Salmo responsorial tomado de Jeremías 31, 10-11-13: “Entonces se alegrará la doncella en la danza; gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, les alegraré y aliviaré sus penas”.

La aclamación abunda en estos sentimientos e incita a profundizar y expresar el gozo de sentirse salvados: “Quitaos de encima vuestros delitos, dice el Señor, y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo”.

Una vez más, recuerda que nuestro delito principal es no creerle a Dios, que nos tiene reservada una felicidad que ni ojo vio ni oído oyó y que aunque la hemos empezado a disfrutar, no creemos que eso sea sólo el comienzo.

Tendemos a acomodarnos, a vivir en nuestras seguridades; rehuimos depender siempre de Dios.

Jesús prefiere permanecer con sus discípulos un tanto retirado, pues dice el evangelista que ya no andaba públicamente entre los judíos. Aprovecha esa intimidad con Jesús. Él no desaprovecha ninguna oportunidad para revelarse a los suyos, instruirlos y afianzarlos en la fe.

Se olvida de sí mismo y de sus problemas para darse a los demás. Parecería que el dolor de la traición de Judas y el odio gratuito de los judíos le facilitaban sus confidencias con sus propios discípulos. Contempla pues a Cristo en su nobleza y magnanimidad.

Esta vida de intimidad se alimenta en un clima de fe, pues ésta facilita ese clima. Una fe sincera que confiesa la misericordia de Dios y que abre a la vida eterna. Ésta consiste en conocer al Padre y al Hijo en el poder del Espíritu; el Padre y el Hijo están muy unidos ahora por la persecución, por la oposición de los hombres al plan de salvación.

Reza la oración sobre las ofrendas: Señor todopoderoso, que por la confesión de tu nombre nos haces renacer a la vida eterna, en el sacramento del bautismo, recibe nuestros dones y atiende nuestras súplicas, para que cuantos en ti esperan puedan ver realizados sus deseos y perdonadas sus culpas. Por Jesucristo nuestro Señor.

Después de la comunión se pide participar en la naturaleza divina: es decir entrar en la vida íntima de la Santísima Trinidad que reluce con especial brillo en estos días santos, a partir de mañana Domingo de Ramos.

Humildemente te pedimos, Señor, que así como nos alimentas con el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, nos des también parte en su naturaleza divina. Por Jesucristo nuestro Señor.

Escuchemos el relato evangélico que anuncia la muerte de Jesús: Entonces, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se reunieron en Consejo. Decían: ¿Qué vamos a hacer? Este hombre va multiplicando los milagros.

Uno de ellos llamado Caifás tomó la palabra: ‘Vosotros no os dais cuenta de la situación. Conviene que muera un solo hombre por el pueblo y no que toda la nación perezca’.

Y ese mismo día decidieron matarlo.

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De la Constitución Sacrosánctum Concílium, sobre la sagrada liturgia, del Concilio Vaticano II: La economía de la salvación

Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, en distintas ocasiones y de muchas maneras habló antiguamente a nuestros padres por los profetas, y, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido por el Espíritu Santo, para evangelizar a los pobres, y curar a los contritos de corazón, como médico corporal y espiritual, como Mediador entre Dios y los hombres.

En efecto, su misma humanidad, unida a la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación. Por esto, en Cristo se realizó plenamente nuestra reconciliación, y se nos otorgó la plenitud del culto divino.

Esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, cuyo preludio habían sido las maravillas divinas llevadas a cabo en el pueblo del antiguo Testamento, Cristo la realizó principalmente por el misterio pascual de la bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión.

Por este misterio, muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida. Pues el admirable sacramento de la Iglesia entera brotó del costado de Cristo dormido en la cruz.

Por esta razón, así como Cristo fue enviado por el Padre, él mismo, a su vez, envió a los apóstoles, llenos del Espíritu Santo.

No sólo los envió para que, al predicar el Evangelio a toda criatura, anunciaran que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos libró del poder de Satanás y de la muerte y nos condujo al reino del Padre, sino también a que realizaran la obra de la salvación que proclamaban, mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica.

Así, por el bautismo, los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con él, son sepultados con él y resucitan con él, reciben el espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: “¡Abba!” (Padre), y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca el Padre.

Del mismo modo, cuantas veces comen la cena del Señor proclaman su muerte hasta que vuelva. Por eso precisamente el mismo día de Pentecostés, en que la Iglesia se manifestó al mundo, los que aceptaron las palabras de Pedro se bautizaron.

Y eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones, alabando a Dios, y eran bien vistos de todo el pueblo.

Desde entonces, la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo lo que se refiere a él en toda la Escritura, celebrando la Eucaristía, en la cual se hace de nuevo presente la victoria y el triunfo de su muerte, y dando gracias, al mismo tiempo, a Dios por su don inexpresable en Cristo Jesús, para alabanza de su gloria (núm. 5-6).


Obispos de la CEVenezolana: No hay tiempo que perder, es hora de un cambio

marzo 20, 2018

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Los Obispos venezolanos hablan: Aplican la espiritualidad cuaresmal a la crisis que padece la Nación

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Obispos de la CEV: No hay tiempo que perder, es hora de un cambio

Los prelados vuelven a llamar a respetar la Constitución del País y el protagonismo del Pueblo
Por Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano
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La Conferencia Episcopal del Venezuela emitió un comunicado en la festividad de San José, dirigido al pueblo de Dios y a las personas de buena voluntad, concluyendo la Cuaresma y disponiéndose a celebrar la Pascua del Resucitado.

Los obispos se refieren a la bien conocida situación de un país que, aun con inmensas riquezas y potencialidades, se ha venido a menos “debido a la pretensión de implantar un sistema totalitario, injusto, ineficiente, manipulador”, en el que “el juego de mantenerse en el poder a costa del sufrimiento del pueblo, es la consigna”.

Un pueblo con hambre no puede pensar en el desarrollo integral de la Patria

Tras enumerar el deterioro “inmenso” que sufre el País –falta de alimentos y medicamentos entre otros– hacen alusión a la migración forzada, a la corrupción desencadenada con motivo del contrabando, y a la indiferencia política ante estas situaciones, poniendo en evidencia la imposibilidad de que un pueblo con hambre, con enfermedades y sin oportunidades, pueda pensar en el desarrollo integral de la Patria.

De ahí que realicen un nuevo llamado a la dirigencia que disiente del oficialismo a una “mayor coherencia en sus prácticas y acciones”, para que “el reclamo exigente de una salida democrática y pacífica, supere la terquedad de un gobierno que se hace cada vez más ilegítimo por sus actuaciones y por la creciente represión hasta para quienes han sido sus miembros”.

“Los venezolanos estamos convencidos, que no es con las dádivas gubernamentales ni con las promesas de los dirigentes políticos como se va a solucionar la grave situación que afronta nuestra Venezuela”, escriben.

Ocasión propicia para manifestar la misericordia de Dios

En el siguiente punto del comunicado los prelados animan a los cristianos, en especial en este tiempo, a “manifestar la misericordia del Padre Dios, a través de obras, del testimonio y también del trabajo por la reconciliación”.

Mientras que a los dirigentes políticos, sociales y económicos, recuerdan que “cualquier cosa que se haga a cada uno de los hermanos que empeore su situación de vida, sea menosprecio, imposición de cargas pesadas, empobrecimiento, olvido de su protagonismo, robo de lo que les pertenece”, se le hace al mismo Jesús, y aseveran, asimismo, que todas las instituciones de la Iglesia Católica y sus miembros, están más que nunca, al servicio del pueblo y con mayor énfasis, al de los más necesitados.

No a dádivas dirigidas a esclavizar a las personas

En la parte final del extenso comunicado los prelados realizan una serie de propuestas a los cristianos. Entre otras,  que en los últimos días de Cuaresma, de la Semana Santa y de la Pascua se intensifiquen las visitas a los enfermos, a los ancianos, a los privados de libertad, a los barrios pobres y a las comunidades necesitadas, y agradecen a las Iglesias hermanas, a los hombres y mujeres de buena voluntad, el trabajo que realizan en la frontera, y  también a los países hermanos que los han recibido con solidaridad.

Por otra parte, sugieren que del 19 al 22 de abril, se organice una jornada nacional de oración, con gestos significativos de misericordia y caridad, en la que deberán tener una mención especial las personas que han sido asesinadas por reclamar los valores de la democracia en el país.

Es hora de un verdadero cambio

Retomando el comunicado del 29 de enero, los Obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana reiteran la soberanía del pueblo e interpelan a los dirigentes políticos, del Gobierno y de la Oposición, a los profesionales, miembros de los diversos gremios, obreros, empresarios, trabajadores del campo, maestros y estudiantes a escuchar el clamor del pueblo que pide ser oído:

“No basta con promesas o con pequeñas dádivas dirigidas a esclavizar y hacer improductivas a las personas. No hay tiempo que perder y es la hora de un verdadero cambio para ser una nación próspera y donde se viva en democracia, y todos encontremos una tierra propia para construir sueños de libertad, fraternidad e inclusión social”.

http://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2018-03/obispos-de-la-cev–no-hay-tiempo-que-perder–es-hora-de-un-cambi.html


Maná y Vivencias Cuaresmales (34), 19.3.18

marzo 19, 2018

Lunes de la 5ª semana de Cuaresma

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NOTA: Este día cuaresmal con sus lecturas y comentarios ha sido sustituido por la liturgia propia de la Solemnidad de san José, 19 de marzo, en algunos lugares. Pero, en atención a las personas que quieran meditar la espiritualidad del lunes de la quinta semana, reproducimos lo propio de este día.
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Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más

Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más

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Antífona de entrada: Salmo 55, 2

Ten compasión de mí, Señor, porque me pisotean y acosan todo el día mis enemigos.


Oración colecta

Señor Dios nuestro, cuyo amor sin medida nos enriquece con toda bendición, haz que, abandonando la corrupción del hombre viejo, nos preparemos como hombres nuevos, a tomar parte de la gloria de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Daniel 13, 1-9.15-17.19-30.33-62

Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín.
Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy bella y temerosa de Dios; sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico, tenía un jardín contiguo a su casa, y los judíos solían acudir donde él, porque era el más prestigioso de todos.

Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos, escogidos entre el pueblo, de aquellos de quienes dijo el Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y jueces que se hacían guías del pueblo.» Venían éstos a menudo a casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio se dirigían a ellos. Cuando todo el mundo se había retirado ya, a mediodía, Susana entraba a pasear por el jardín de su marido.

Los dos ancianos, que la veían entrar a pasear todos los días, empezaron a desearla. Perdieron la cabeza dejando de mirar hacia el cielo y olvidando sus justos juicios. Mientras estaban esperando la ocasión favorable, un día entró Susana en el jardín como los días precedentes, acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y como hacía calor quiso bañarse en el jardín. No había allí nadie, excepto los dos ancianos que, escondidos, estaban al acecho.

Dijo ella a las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme.»

En cuanto salieron las doncellas, los dos ancianos se levantaron, fueron corriendo donde ella, y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos; consiente, pues, y entrégate a nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que estaba contigo un joven y que por eso habías despachado a tus doncellas.»

Susana gimió: «¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas partes! Si hago esto, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vosotros. Pero es mejor para mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del Señor.»

Y Susana se puso a gritar a grandes voces. Los dos ancianos gritaron también contra ella, y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín. Al oír estos gritos en el jardín, los domésticos se precipitaron por la puerta lateral para ver qué ocurría, y cuando los ancianos contaron su historia, los criados se sintieron muy confundidos, porque jamás se había dicho una cosa semejante de Susana. A la mañana siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, llegaron allá los dos ancianos, llenos de pensamientos inicuos contra Susana para hacerla morir.

Y dijeron en presencia del pueblo: «Mandad a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.» Mandaron a buscarla, y ella compareció acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes.

Todos los suyos lloraban, y también todos los que la veían. Los dos ancianos, levantándose en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre su cabeza. Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón tenía puesta su confianza en Dios.

Los ancianos dijeron: «Mientras nosotros nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas. Cerró las puertas y luego despachó a las doncellas. Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver esta iniquidad, fuimos corriendo donde ellos. Los sorprendimos juntos, pero a él no pudimos atraparle porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó. Pero a ésta la agarramos y le preguntamos quién era aquel joven. No quiso revelárnoslo. De todo esto nosotros somos testigos.»

La asamblea les creyó como ancianos y jueces del pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.
Entonces Susana gritó fuertemente: «Oh Dios eterno, que conoces los secretos, que todo lo conoces antes que suceda, tú sabes que éstos han levantado contra mí falso testimonio. Y ahora voy a morir, sin haber hecho nada de lo que su maldad ha tramado contra mí.»

El Señor escuchó su voz y, cuando era llevada a la muerte, suscitó el santo espíritu de un jovencito llamado Daniel, que se puso a gritar: «¡Yo estoy limpio de la sangre de esta mujer!»

Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa eso que has dicho?»

Él, de pie en medio de ellos, respondió: «¿Tan necios sois, hijos de Israel, para condenar sin investigación y sin evidencia a una hija de Israel? ¡Volved al tribunal, porque es falso el testimonio que éstos han levantado contra ella!»

Todo el pueblo se apresuró a volver allá, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos lo que piensas, ya que Dios te ha dado la dignidad de la ancianidad.»

Daniel les dijo entonces: «Separadlos lejos el uno del otro, y yo les interrogaré.»

Una vez separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «Envejecido en la iniquidad, ahora han llegado al colmo los delitos de tu vida pasada, dictador de sentencias injustas, que condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, siendo así que el Señor dice: “No matarás al inocente y al justo.” Conque, si la viste, dinos bajo qué árbol los viste juntos.»

Respondió él: «Bajo una acacia.»

«En verdad –dijo Daniel– contra tu propia cabeza has mentido, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por el medio.»

Retirado éste, mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán, que no de Judá; la hermosura te ha descarriado y el deseo ha pervertido tu corazón! Así tratabais a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a vosotros. Pero una hija de Judá no ha podido soportar vuestra iniquidad. Ahora pues, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»

Él respondió: «Bajo una encina.»

«En verdad –dijo Daniel– tú también has mentido contra tu propia cabeza: ya está el ángel del Señor esperando, espada en mano, para partirte por el medio, a fin de acabar con vosotros.»

Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.

Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes, por su propia boca, había convencido Daniel de falso testimonio y, para cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: les dieron muerte, y aquel día se salvó una sangre inocente.

SALMO 22, 1-3a.3b-4.5.6

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.



Aclamación antes del Evangelio: Ezequiel 33, 11

Yo, el Señor, juro por mi vida que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva.


EVANGELIO: Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?»

Ella contestó: «Ninguno, Señor.»

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»



Antífona de comunión: Juan 8, 10-11

Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado? Contestó ella: Ninguno, Señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a pecar.

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VIVENCIAS CUARESMALES

Yo soy la luz del mundo: el que me sigue tendrá la luz de la vida

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34. LUNES

QUINTA SEMANA DE CUARESMA

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TEMA ILUMINADOR: Controversia entre Jesús y los judíos. Lucha entre la luz y las tinieblas.

El tiempo cuaresmal está llegando a su fin y con él el desenlace final de la vida terrena del Señor. De ahí que se nos invita a sentir más de cerca cuanto acontece en el corazón de Cristo y cuanto preocupa su mente.

Por eso precisamente, en estos días previos a la Semana Santa, se utiliza el prefacio de pasión en la misa y se usan opcionalmente los himnos de Semana Santa en la Liturgia de las Horas.

Se acerca el desenlace de la vida de Jesús. Una pregunta obvia: ¿Cuánto tiempo disfruta Jesús del lado bueno y gratificante de su misión, previo a la cruz? ¿Es un tiempo cronológico? ¿La cruz es algo inherente a la entrega a Dios? ¿No habrá algún tiempo de vacaciones para liberarnos del dolor y de cuesta arriba que supone nuestra existencia terrena?

Cristo, el Señor, nos da ejemplo de la asunción de la cruz en la vida de cada día y en los momentos más duros de la muerte. Los evangelios nos muestran, cada uno a su estilo, esa experiencia realmente suprema y definitiva del Señor. Él vivía siempre en Dios, asentado en Dios, afirmado en su Padre Dios; aunque no siempre lo sentía de igual manera.

Dice la Carta a los Hebreos: “Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella” (2, 17-18).

Se suele decir que si no nos cuesta la fe, si no nos acarrea dolor y problemas es muy sospechosa. Se dice en la Escritura: Hombre, si te dispones a servir a Dios, prepárate para el combate. El servicio del hombre sobre la tierra es una milicia.

La oración colecta de hoy es muy linda: Dios nos tiene un amor sin medida y nos da su Espíritu sin medida; y así nos enriquece con toda bendición. Pedimos que ese amor nos arranque del hombre viejo para disfrutar como hombres nuevos del reino de Dios. Lo antiguo es lo puramente natural. Pues todo fue recreado en Cristo.

Él es el hombre nuevo por excelencia. Él es la mismísima “novedad” en persona, la manifestación del poder de Dios. El hombre nuevo vive agradecido, en plena gratuidad, como María, conservándolo todo en su corazón y alabando constantemente a Dios porque ha mirado la humildad de su sierva.

La casta Susana personifica al justo calumniado por los malvados pero liberada por el poder de Dios que suscita profetas de la verdad. Al final de los tiempos suscitó al profeta de Dios por antonomasia, Cristo Jesús. Por eso el salmista puede confiar en su Señor porque él le pastorea y le cuida día y noche: Salmo 22, 1-3-4-5-6.

Este salmo contiene una oración que es capaz de levantar el ánimo del creyente más abrumado y oprimido. Habría que rezarla todos los días para experimentar su fuerza sanadora y gratificante.

Nuevamente en la oración sobre las ofrendas se vuelve al hombre renovado. Todos los esfuerzos ascéticos cuaresmales están encaminados a dejarnos invadir por el Espíritu de Dios que renueva todo nuestro ser. Por más predicaciones que escuchemos, por más lecturas que reflexionemos y más oraciones que formulemos, mientras no venga el Espíritu, de poco nos servirá.

Por eso decía Jesús, al final de su vida: “Muchas cosas me quedan aún por deciros, pero ahora no podéis cargar con ellas; cuando venga el Espíritu él os conducirá a la Verdad plena” (Jn 16, 12-13).

Por eso, todas nuestras prácticas cuaresmales han de desembocar en la súplica del envío del Espíritu. Si ellas han provocado en nosotros ansia del Espíritu, han dado su mejor fruto: Ven, Espíritu Santo, dulce huésped del alma; ven, padre amoroso del pobre; ven, en tus dones espléndido.

Si falta algo por transformar, lo colocamos en el pan y en el vino para que lo transforme el Espíritu que descenderá sobre ellos. Que al asumirlos en la comunión sean medicina eficaz para el cuerpo y para el alma proporcionándonos una nueva efusión del poder divino en nosotros que ahoga el mal a fuerza de bien. Toda eucaristía debe proporcionarnos una nueva efusión del poder de Dios, de su Espíritu.

Escuchemos una vez más y con renovado agradecimiento la confesión de Jesús: Yo soy la luz del mundo. Y permitámosle iluminar todo nuestro ser. ¿Cómo haces la oración personal después de comulgar sacramentalmente? La liturgia te ofrece unos momentos de silencio sagrado para facilitar el trato íntimo con tu Señor, el Amigo que nunca falla. Aparte de esa oración de intimidad, en otros momentos de la jornada o de la semana, podrías hacer comuniones espirituales. Seguramente eso te ayudaría a valorar más la comunión sacramental.

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De la primera Apología de san Justino, mártir,
en defensa de los cristianos

La celebración de la Eucaristía

A nadie es lícito participar de la eucaristía si no cree que son verdad las cosas que enseñamos y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó.

Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria, sino que, así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne por la Palabra de Dios y tuvo carne y sangre a causa de nuestra salvación, de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias que contiene las palabras de Jesús, y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó.

Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo; y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: Esto es mi sangre, dándoselo a ellos solos.

Desde entonces seguimos recordándonos siempre unos a otros estas cosas; y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de los que no los tienen, y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.

El día llamado del sol se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y, según conviene, se leen los tratados de los apóstoles o los escritos de los profetas, según el tiempo lo permita. Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables.

Después nos levantamos todos a la vez y recitamos preces; y a continuación, como ya dijimos, una vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y agua: y el que preside pronuncia fervorosamente preces y acciones de gracias, y el pueblo responde Amén; tras de lo cual se distribuyen los dones sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, comulgan todos, y los diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes.

Los que poseen bienes de fortuna y quieren, cada uno da, a su arbitrio, lo que bien le parece, y lo que se recoge se deposita ante el que preside, que es quien se ocupa de repartirlo entre los huérfanos y las viudas, los que por enfermedad u otra causa cualquiera pasan necesidad, así como a los presos y a los que se hallan de paso como huéspedes; en una palabra, él es quien se encarga de todos los necesitados.

Y nos reunimos todos el día del sol, primero porque este día es el primero de la creación, cuando Dios empezó a obrar sobre las tinieblas y la materia; y también porque es el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos. Le crucificaron, en efecto, la víspera del día de Saturno, y al día siguiente del de Saturno, o sea el día del sol, se dejó ver de sus apóstoles y discípulos y les enseñó todo lo que hemos expuesto a vuestra consideración (Caps. 66-67: PG 6, 427-431).

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La oposición a Jesús va creciendo y su apresamiento y condena a muerte parecen inminentes. Por eso, durante la quinta semana de Cuaresma se dice el Prefacio I de la Pasión del Señor que reza así:

En verdad es justo y necesario darte gracias, Dios todopoderoso y eterno, “porque en la pasión salvadora de tu Hijo el universo aprende a proclamar tu grandeza y, por la fuerza de la cruz, el mundo es juzgado como reo y el Crucificado exaltado como juez poderoso”.

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LA HOMILÍA DE HOY DEL PAPA FRANCISCO: Tres mujeres, tres jueces corruptos.

Donde no hay misericordia no hay justicia, y muchas veces hoy el pueblo de Dios sufre un juicio sin misericordia: así, en síntesis, habló el Papa Francisco durante la misa de la mañana de este lunes 23 de marzo en la Casa Santa Marta del Vaticano.

Comentando las lecturas del día, y refiriéndose también a otro pasaje evangélico, el Papa Francisco habla de tres mujeres y tres jueces: una mujer inocente, Susana, una pecadora, la adúltera, y una pobre viuda necesitada: “Las tres – explica – según algunos Padres de la Iglesia, son figuras alegóricas de la Iglesia: la Iglesia santa, la Iglesia pecadora y la Iglesia necesitada”.

“Los tres jueces son malos” y “corruptos”, observa el Papa: está en primer lugar el juicio de los escribas y fariseos que llevan a la adúltera a Jesús. “Tenían en el corazón la corrupción de la rigidez”. Se sentían puros porque observaban “la letra de la ley”: “la ley dice esto y se debe hacer esto”.

“Pero estos no eran santos, eran corruptos, corruptos porque una rigidez semejante sólo puede prosperar con una doble vida, y estos que condenaban a estas mujeres, después iban a buscarlas por detrás, a escondidas, para divertirse un poco’. Los rígidos son -uso el adjetivo que les daba Jesús– hipócritas, tienen doble vida. Los que juzgan, pensemos en la Iglesia –las tres mujeres son figuras alegóricas de la Iglesia–, los que juzgan con rigidez a la Iglesia tienen doble vida. Con la rigidez no se puede ni respirar”.

Después están los dos jueces ancianos que chantajean a una mujer, Susana, para que se les entregue, pero ella resiste: “Eran jueces viciosos –subraya el Papa– tenían la corrupción del vicio, en este caso de la lujuria. Y se dice que cuando está este vicio de la lujuria, con los años se hace más feroz, más malvado”.

Finalmente, está el juez interpelado por la pobre viuda. Este juez “no temía a Dios y no le importaba nadie: no le importaba nada, sólo se importaba él mismo”: Era “un hombre de negocios, un juez que con su profesión de juzgar hacía negocios”. Era “un corrupto del dinero, del prestigio”. Estos jueces –explica el Papa–, el hombre de negocios, los viciosos y los rígidos, “no conocían una palabra, no conocían lo que es la misericordia”.

“La corrupción les llevaba lejos de comprender la misericordia, de ser misericordiosos. Y la Biblia nos dice que la misericordia es precisamente el juicio justo. Y las tres mujeres –la santa, la pecadora y la necesitada, figuras alegóricas de la Iglesia– sufren por esta falta de misericordia”.

“También hoy el pueblo de Dios, cuando se encuentra con estos jueces, sufre un juicio sin misericordia, tanto en lo civil como en lo eclesiástico. Y donde no hay misericordia no hay justicia. Cuando el pueblo de Dios se acerca voluntariamente para pedir perdón, para ser juzgado, cuántas veces encuentra a uno de estos”.

Encuentra a los viciosos que “son capaces de intentar explotarles”, y este “es uno de los pecados más graves”; encuentra a los “hombres de negocio” que “no dan oxígeno a ese alma, no dan esperanza”; y encuentra “a los rígidos que castigan en los penitentes lo que esconden en su alma”. “Esto – dice el Papa – se llama falta de misericordia”.

Y concluye: “Quisiera sólo decir una de las palabras más bellas del Evangelio que me conmueve mucho: ‘¿Nadie te ha condenado?’ – ‘No, nadie, Señor’ – ‘Tampoco yo te condeno’. Tampoco yo te condeno: una de las palabras más bellas, porque está llena de misericordia”.

Traducción propia de Aleteia del servicio de Radio Vaticano

sources: ALETEIA


Maná y Vivencias Cuaresmales (29), 14.3.18

marzo 14, 2018

Miércoles de la 4ª semana de Cuaresma


amapolas

Cerca está el Señor de los que lo invocan sinceramente



Antífona de entrada: Salmo 68, 14

Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme, Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas.


Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que concedes a los justos el premio de sus méritos y a los pecadores que hacen penitencia les perdonas sus pecados, ten piedad de nosotros y danos, por la humilde confesión de nuestras culpas, tu paz y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: Isaías 49, 8-15

Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, a los que están en tinieblas: “Venid a la luz.”

Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin.

Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.”

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»


SALMO 144, 8-9.13cd-14.17-18

El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan.

El Señor es Justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 11, 25-26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.


EVANGELIO: Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»

Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.

Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.

Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Antífona de comunión: Juan 3, 17

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Mi Padre sigue actuando y yo también actúo

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29. MIÉRCOLES

CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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Por si había alguna duda, el Señor viene en ayuda de nuestra fe porque a veces dudamos de su ternura y de los efectos de su salvación. El Señor pregunta: ¿Puede una madre olvidarse del niño que está criando, o dejar de querer al hijo de sus entrañas?

¿Cabe mayor condescendencia, mayor compasión, paciencia y magnanimidad del Creador para con su criatura? Oremos: Haz, Señor, que crea de todo corazón y perdona mi incredulidad.

Te cantaré, Señor, y no me cansaré de repetir para mí mismo y para los demás: “El Señor es clemente y misericordioso” (Salmo 144, 8-9-13-14-11-18). En la antífona de comunión, Juan 3, 17: Tanto nos ama el Padre que ha enviado a su Hijo al mundo para salvarlo, para que nadie dude más, no para condenar, sino para salvar.

Si crees en Cristo ya eres salvo, si no crees, nadie te condena, ni el Padre, ni el Hijo, sino tú mismo, porque te sales, te apartas de la familia divina a la que fuiste invitado. El Padre y el Hijo mutuamente se dan crédito, se dan confianza y amor en un mismo Espíritu Santo, y los tres quieren tu salvación.

¿Cabe mayor consideración y ternura hacia ti? ¿Podrá olvidarse una madre de la criatura de sus entrañas?

Tú eres criatura de Dios. Eternamente él ha pensado en ti. Dios ha pronunciado tu nombre, eres único para él: desde toda la eternidad. No te cabe en la cabeza pero él te lo asegura una y mil veces para que te lo creas, porque Dios sabe que eres de barro, voluble y olvidadizo.

Dios pide tu fe: es decir, que te comprendas a ti mismo desde la fe, desde el designio y proyecto que Dios tiene sobre tu vida, desde siempre. Él pensó en ti, estás proyectado por él y para él. ¡Nos hiciste, Señor, para ti!, exclamará san Agustín.

Por eso, cuando te olvidas de tus orígenes, pecas. Lo mismo le sucedía al pueblo de Israel, al salir de Egipto cuando caminaba por el desierto: en vez de mirar adelante, hacia la tierra prometida, miraba hacia atrás, añorando la casa de la esclavitud, y pecaban. No te dejes arrebatar la “memoria de Dios”, la impronta original e imborrable que Dios depositó en ti por la creación y por la recreación en Cristo Jesús (“memoria Dei”).

Seguramente alguna vez habrás considerado tu condición de hijo de Dios Padre y habrás meditado en su proyecto sobre ti. Ahora puedes recordarlo, durante la Cuaresma. Encuentras su plan sobre ti, resumido en Efesios 1, 13-14.

Nos llamó a ser sus hijos en su Único Hijo. El Padre ha acreditado a Jesucristo como su Palabra, no tiene otra: quien escuche a Jesús y lo siga, se salvará. Quien lo rechace, se condenará, se autoexcluirá.

Tratemos de descubrir este plan maravilloso de Dios Padre sobre nosotros, en el pasado de Israel, en el presente y en el futuro: él nos sacará de todas las esclavitudes, él nos hará volver de todos los destierros.

Por eso, “exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo, se compadece de los desamparados. Sión decía: ‘Me ha abandonado el Señor, mi dueño se ha olvidado’.

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré, dice el Señor todopoderoso” (Is 49, 13-15).

Jesús ha realizado la salvación prometida por el Padre. Lo estamos viendo estos días en el evangelio de Juan: la curación del ciego de nacimiento, el domingo, ciclo A; el envío del Hijo al mundo para salvarlo, no para condenarlo, domingo, ciclo B; la curación del hijo del funcionario de Cafarnaún, el lunes; y la del paralítico de la piscina de Betsaida, el martes, ayer.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos revela su comunión con el Padre. Nos introduce en la vida trinitaria. ¡Gran confidencia! “Mi Padre sigue actuando y yo también actúo. Os lo aseguro: el Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Jn 5, 17-30).

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Del comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir,
sobre los salmos

Si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre

Cristo Jesús es nuestro sumo sacerdote, y su precioso cuerpo, que inmoló en el ara de la cruz por la salvación de todos los hombres, es nuestro sacrificio. La sangre que se derramó para nuestra redención no fue la de los becerros y los machos cabríos (como en la ley antigua), sino la del inocentísimo Cordero, Cristo Jesús, nuestro salvador.

El templo en el que nuestro sumo sacerdote ofrecía el sacrificio no era hecho por manos de hombres, sino que había sido levantado por el solo poder de Dios; pues Cristo derramó su sangre a la vista del mundo: un templo ciertamente edificado por la sola mano de Dios. Y ese templo tiene dos partes: una es la tierra, que ahora nosotros habitamos; la otra nos es aún desconocida a nosotros, mortales.

Así, primero, ofreció su sacrificio aquí en la tierra, cuando sufrió la más acerba muerte. Luego, cuando revestido de la nueva vestidura de la inmortalidad entró por su propia sangre en el santuario, o sea, en el cielo, presentó ante el trono del Padre celestial aquella sangre de inmenso valor, que había derramado una vez para siempre en favor de todos los hombres, pecadores.

Este sacrificio resultó tan grato y aceptable a Dios, que así que lo hubo visto, compadecido inmediatamente de nosotros, no pudo menos que otorgar su perdón a todos los verdaderos penitentes.

Es además un sacrificio perenne, de forma que no sólo cada año (como entre los judíos se hacía), sino también cada día, y hasta cada hora y cada instante, sigue ofreciéndose para nuestro consuelo, para que no dejemos de tener la ayuda más imprescindible. Por lo que el Apóstol añade: Consiguiendo la liberación eterna.

De este santo y definitivo sacrificio se hacen partícipes todos aquellos que llegaron a tener verdadera contrición y aceptaron la penitencia por sus crímenes, aquellos que con firmeza decidieron no repetir en adelante sus maldades, sino que perseveran con constancia en el inicial propósito de las virtudes.

Sobre lo cual, san Juan se expresa en estos términos: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero (Salmo 129: opera omnia, edición, p. 1610).


Maná y Vivencias Cuaresmales (20), 5.3.18

marzo 5, 2018

Lunes de la 3ª Semana de Cuaresma

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Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca, Señor



Antífona de entrada: Salmo 83, 3

Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor. Mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente.


Oración colecta

Señor, purifica y protege a tu Iglesia con misericordia continua y, pues sin tu ayuda no puede mantenerse incólume, que tu protección la dirija y la sostenga siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 2 Reyes 5, 1-15

En aquellos días, Naamán, general del ejército del rey sirio, era un hombre que gozaba de la estima y del favor de su señor, pues por su medio el Señor había dado la victoria a Siria. Era un hombre muy valiente, pero estaba enfermo de lepra.

En una incursión, una banda de sirios llevó de Israel a una muchacha, que quedó como criada de la mujer de Naamán, y dijo a su señora: «Ojalá mi señor fuera a ver al profeta de Samaria: él lo libraría de su enfermedad.»
Naamán fue a informar a su señor: «La muchacha israelita ha dicho esto y esto.»
El rey de Siria le dijo: «Ven, que te doy una carta para el rey de Israel.»

Naamán se puso en camino, llevando tres quintales de plata, seis mil monedas de oro y diez trajes. Presentó al rey de Israel la carta, que decía así: «Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi ministro Naamán para que lo libres de su enfermedad.»

Cuando el rey de Israel leyó la carta, se rasgó las vestiduras, exclamando: «¿Soy yo un dios capaz de dar muerte o vida, para que éste me encargue de librar a un hombre de su enfermedad? Fijaos bien, y veréis cómo está buscando un pretexto contra mí.»

El profeta Eliseo se enteró de que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras y le envió este recado: «¿Por qué te has rasgado las vestiduras? Que venga a mí y verá que hay un profeta en Israel.»
Naamán llegó con sus caballos y su carroza y se detuvo ante la puerta de Eliseo.

Eliseo le mandó uno a decirle: «Ve a bañarte siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia.»

Naamán se enfadó y decidió irse, comentando: «Yo me imaginaba que saldría en persona a verme, y que, puesto en pie, invocaría al Señor, su Dios, pasaría la mano sobre la parte enferma y me libraría de mi enfermedad. ¿Es que los ríos de Damasco, el Abana y el Farfar, no valen más que toda el agua de Israel? ¿No puedo bañarme en ellos y quedar limpio?»

Dio media vuelta y se marchaba furioso. Pero sus siervos se le acercaron y le dijeron: «Señor, si el profeta te hubiera prescrito algo difícil, lo harías. Cuanto más si lo que te prescribe para quedar limpio es simplemente que te bañes.»

Entonces Naamán bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta, y su carne quedó limpia como la de un niño.
Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: «Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel.»


SALMO 41, 2.3;42,3.4

Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío.


Aclamación antes del Evangelio: Salmo 129, 5.7

Espero en el Señor y confío en su palabra, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.


EVANGELIO: Lucas 4, 24-30

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón.

Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.


Antífona de comunión: Salmo 116, 1-2

Alabad al Señor, todas las naciones, porque es inquebrantable su amor por nosotros.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra

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20. LUNES

TERCERA SEMANA DE CUARESMA

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TEMA.- La fe ilumina y sana: conduce al bautismo

Los caminos de Dios no son nuestros caminos. En la liturgia eucarística de este día nos encontramos con las mediaciones por las que Dios quiere llegar a los hombres.

Pero si el creyente no tiene mucho deseo de Dios y humildad, tropieza con la tentación del escándalo y el rechazo de la mediación dispuesta por Dios. Los personajes de las lecturas de hoy se indignan, protestan, se rasgan las vestiduras, se enojan, se enfurecen.

Lectura del segundo libro de los Reyes: 5, 1-15

Así el rey de Israel se indigna porque le piden un milagro. ¿”Acaso soy yo dios para dar muerte o vida”? ¿Para qué me mandó Dios este problema? Evidentemente, le falta la luz de la fe y la humildad necesarias y suficientes como para tantear los planes de Dios en los que no hay azar ni mucho menos despropósito ni injusticia. El hombre de Dios hará frente al problema desde la fe.

Naamán el sirio se escandaliza también, se decepciona, se molesta. Naamán se enojó y se retiró. Había pensado: ¿no podría bañarme en los ríos de Damasco? ¿no son mucho más grandes y cristalinos que todos los ríos de Israel? Los servidores de Naamán tienen más fe y más sentido común, y le sugieren obedecer. Él lo hace y así puede experimentar que no hay en el mundo otro Dios que el de Israel.

Lectura del Evangelio según san Lucas 4, 24-30

Los paisanos de Jesús se resisten a aceptar que Jesús, a quien todos conocen desde niño, tenga algo importante que decirles a ellos. No le creen, no le tienen fe. ¿Acaso no es el hijo de José? ¿No conocemos a todos sus familiares que viven en nuestro pueblo desde siempre? Y se resistían a creer.

Jesús les increpa su incredulidad: ningún profeta es bien recibido en su propia tierra o entre los suyos. Ellos reaccionan con mayor virulencia y hasta desprecio: “Se enojaron mucho, se amotinaron y lo arrastraron fuera de la ciudad”.

La incredulidad nos daña, pero también daña al hermano a quien se le despoja del “misterio” que esconde su persona, pues cada hermano, no sólo tiene un mensaje para nosotros de parte de Dios, sino que toda su persona es un mensaje del amor de Dios.

En realidad en ello consiste su mayor riqueza y valor: ser imagen de Dios, regalo de Dios para todo el que así lo quiera recibir y agradecer.

Cada hermano es un don y una interpelación de Dios: acogido, se transforma en bendición; rechazado, en tropiezo, en maldición y desgracia, como les sucedió a los nazarenos y después a los judíos que lo negaron ante Pilatos y lo crucificaron.

Por eso el salmista nos invita a fomentar el deseo de Dios, la búsqueda de Dios, el ansia de ver su rostro en cada persona; y a ver su mano providente en cada circunstancia de la vida. Salmo 41, 2-3. 42, 3-4: Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿Cuándo entraré a ver el rostro el Dios?

ORACIÓN SUGERIDA

Mi alma tiene sed del Dios vivo, no de un dios muerto, domesticado y a mi medida. Tú, mi Dios, eres siempre un Dios sorpresivo, siempre mayor. Como busca la cierva sedienta, así te ansío, mi Dios.

Líbrame, Señor, de saber demasiado. Envíame tu luz y tu verdad; envíame la Palabra y el Espíritu: ellos me guiarán.

Señor, que yo te descubra detrás de todo cuanto sucede a mi alrededor: que la mirada de fe traspase los telones de las apariencias humanas, terrenas.

Si pudiera comprender de una vez que no hay casualidad, que todo es providencia, proyecto maravilloso de tu amor de predilección…

Ten paciencia conmigo, Señor, y enséñame tus caminos. Amén.

EJERCICIO ESPIRITUAL

Para habituarte a ver la disposición de Dios en todo, absolutamente en todo cuanto sucede, podrías hoy, especialmente al acabar el día, dar gracias a Dios por todo lo que has vivido y te ha sucedido, en particular por las cosas adversas.

Si lo haces así, seguramente tu mente y tu corazón se harán más capaces de descubrir la voluntad de Dios y se irán haciendo más dóciles para seguir los planes de Dios sobre ti y sobre los demás. Experimentarás una mayor liberación al no tener que entenderlo todo; ya no serás tú el único protagonista y responsable de todo.

Recuerda que los padres de Jesús no entendieron algún comportamiento de Jesús, por ejemplo su extravío en el Templo, pero María guardaba todo en su corazón.

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De los tratados morales de San Gregorio Magno, papa,
sobre el libro de Job:

Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

El apóstol Pablo, considerando en sí mismo las riquezas de la sabiduría interior y viendo al mismo tiempo que en lo exterior no es más que un cuerpo corruptible, dice: Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro.

En el bienaventurado Job, la vasija de barro experimenta exteriormente las desgarraduras de sus úlceras, pero el tesoro interior permanece intacto. En lo exterior crujen sus heridas, pero del tesoro de sabiduría que nace sin cesar en su interior emanan estas palabras llenas de santas enseñanzas: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

Entendiendo por bienes los dones de Dios, tanto temporales como eternos, y por males las calamidades presentes, acerca de las cuales dice el Señor por boca del profeta: Yo soy el Señor, y no hay otro; artífice de la luz, creador de las tinieblas; autor de la paz, creador de la desgracia.

Artífice de la luz, creador de las tinieblas, porque, cuando por las calamidades exteriores son creadas las tinieblas del sufrimiento, en lo interior se enciende la luz del conocimiento espiritual.

Autor de la paz, creador de la desgracia, porque precisamente entonces se nos devuelve la paz con Dios, cuando las cosas creadas, que son buenas en sí, pero que no siempre son rectamente deseadas, se nos convierten en calamidades y causa de desgracia.

Por el pecado perdemos la unión con Dios; es justo, por tanto, que volvamos a la paz con él a través de las calamidades; de este modo, cuando cualquier cosa creada, buena en sí misma, se nos convierte en causa de sufrimiento, ello nos sirve de corrección, para que volvamos humildemente al autor de la paz.

Pero, en estas palabras de Job, con las que responde a las imprecaciones de su esposa, debemos considerar principalmente lo llenas que están de buen sentido. Dice, en efecto: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?

Es un gran consuelo en medio de la tribulación acordarnos, cuando llega la adversidad, de los dones recibidos de nuestro Creador. Si acude en seguida a nuestra mente el recuerdo reconfortante de los dones divinos, no nos dejaremos doblegar por el dolor. Por esto, dice la Escritura: En el día dichoso no te olvides de la desgracia, en el día desgraciado no te olvides de la dicha.

En efecto, aquel que en el tiempo de los favores se olvida del temor de la calamidad cae en la arrogancia por su actual satisfacción. Y el que en el tiempo de la calamidad no se consuela con el recuerdo de los favores recibidos es llevado a la más completa desesperación por el estado mental. Hay que juntar, pues, lo uno y lo otro, para que se apoyen mutuamente; así, el recuerdo de los favores templará el sufrimiento de la calamidad, y la previsión y temor de la calamidad moderará la alegría de los favores.

Por esto, aquel santo varón, en medio de los sufrimientos causados por sus calamidades, calmaba su mente angustiada por tantas heridas con el recuerdo de los favores pasados, diciendo: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males? (Libro 3, 15-16: PL 75, 606-608).

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