El maná de cada día, 18.6.20

junio 18, 2020

Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

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No uséis muchas palabras


PRIMERA LECTURA: Eclesiástico 48, 1-15

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria?

Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinaí amenazas y sentencias vengadoras en Horeb.

Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel.

Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.

SALMO 96, 1-2.3-4.5-6.7

Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego, abrasando en torno a los enemigos; sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan, los que ponen su orgullo en los ídolos; ante él se postran todos los dioses.

Aclamación antes del Evangelio: Rm 8, 15bc

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!, Padre.»

EVANGELIO: Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis.

Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.”

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»


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NO USÉIS MUCHAS PALABRAS

El Padre nos lo ha dicho todo en el Hijo. Palabra callada que, a veces, habla más por la belleza de sus silencios que por el atractivo de sus predicaciones.

Por eso, el silencio es la oración más adecuada para hablar con Dios. Silencio fecundo y materno, que acoge en sí, como María, esos acentos sonoros que el amor de Dios susurra suavemente, allí, en el centro del alma. Amor que nunca calla, cuando lo saboreas desde el lenguaje silencioso de la contemplación.

Pero, tú y yo andamos tan llenos de ruidos que queremos que Dios nos entienda con el lenguaje del mundo y de los hombres. Por eso, Jesús tuvo que enseñar a sus discípulos un nuevo modo de orar: “Cuando recéis no uséis muchas palabras como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso”.

Oras más cuando callas que cuando hablas. Oras mejor cuando amas que cuando hablas. Porque, ese Dios al que hablas es el Amor que siempre escucha.

Y el amor sabe expresar toda su finura en las filigranas del silencio. Ya sabe Él, mejor que tú, cuánto llevas y ansías en ese corazón, que se pone en su presencia.

Mira que tu oración no sea como la de los paganos, llena del ruido del mundo, de ambiciones, de disimulos, de mentiras, de esas cosas tuyas que tanto te inquietan y en las que nunca cabe Dios.

Gusta de esos silencios en los que Dios parece callar, porque en ese vacío interior tan oscuro resuena más íntimamente el lenguaje divino del amor.

Aprende también a callar, aunque los demás pongan en sus pobres y huecas palabrerías tantas expectativas mundanas y esperanzas fugaces.

Quizá tus silencios nunca sean escuchados por la gente, ni entendidos por los sabios de este mundo. Pero, los escucha tu Padre del cielo, que tanto sabe de silencios ocultos y escondidos.

http://www.mater-dei.es


El maná de cada día, 13.6.20

junio 13, 2020

Sábado de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

San Antonio de Padua, Doctor de la Iglesia

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A vosotros os basta decir “sí”, o “no”.
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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 19, 19-21

En aquellos días, Elías se marchó del monte y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto.

Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: «Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.»

Elías le dijo: «Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?»

Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

SALMO 15,1-2a.5.7-8.9-10

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 36a. 29b

Inclina mi corazón a tus preceptos, Señor, y dame la gracia de tu voluntad.

EVANGELIO: Mateo 5, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor”.

Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.

A vosotros os basta decir “sí”, o “no”. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

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EL VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA
P. Francisco Fernández Carvajal

El Señor realza el valor de la palabra dada. Si no existe la necesidad de un juramento, nuestra palabra debe bastar.

En tiempos de Jesús, la práctica del juramento había caído en el abuso por su frecuencia, por la ligereza con que se hacía, y por la casuística que se había originado para legitimar su incumplimiento.

Jesús sale al paso de esta costumbre y con la fórmula “pero yo os digo”, que emplea con frecuencia para señalar la autoridad divina de sus palabras, prohíbe poner a Dios por testigo, no sólo de cosas falsas, sino también de aquellos asuntos en los que la palabra del hombre debe bastar.

Así lo recoge San Mateo en el Evangelio de la Misa (Mt 5, 33-37): A vosotros os debe bastar decir sí o no.

El Señor quiere realzar y devolver su valor y fuerza a la palabra del hombre de bien que se siente comprometido por lo que dice.

Jurar, es decir, poner a Dios por testigo de algo que se asegura o se promete, es lícito, y en ocasiones necesario, cuando se hace con las debidas condiciones y circunstancias. Es entonces un acto de la virtud de la religión y redunda en honor del nombre de Dios.

El Profeta Jeremías ya había señalado que el juramento grato a Dios debía ser realizado en verdad, en juicio y en justicia (Jer 4, 2); es decir, la afirmación ha de ser verdadera, formulada con prudencia -ni ligera ni temerariamente- y referida a una cosa o necesidad justa y buena.

Si no lo exige la necesidad, nuestra palabra de cristianos y de hombres honrados debe bastar, porque nos han de conocer como personas que buscan en todo la verdad y que dan un gran valor a la palabra empeñada, en lo que se fundamenta toda lealtad y toda fidelidad: a Cristo, a nuestros compromisos libremente adquiridos, a la familia, a los amigos, a la empresa en la que trabajamos.

En las situaciones normales de la vida corriente, bastará nuestra palabra para dar toda la consistencia necesaria a lo que afirmamos o prometemos; pero la fuerza de la palabra empeñada ha de ganarse día a día, siendo veraces en lo pequeño, rectificando con valentía cuando nos hemos equivocado, cumpliendo nuestros compromisos.

¿Nos conocen así en el lugar donde trabajamos, en la familia, aquellos que nos tratan? ¿Saben que procuramos no mentir jamás, ni siquiera por diversión, o por conseguir un bien, o por evitar un mal mayor?

http://www.homiletica.org

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13 de Junio

San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

San Antonio de Padua
San Antonio de Padua

Nació en Lisboa a finales del siglo XII. Primero formó parte de los canónigos regulares de san Agustín, y, poco después de su ordenación sacerdotal, ingresó en la Orden de los Frailes Menores­, con la intención de dedicarse a propagar la fe cristiana en África.

Sin embargo, fue en Francia y en Italia donde ejerció con ­gran provecho sus dotes de predicador, convirtiendo a muchos herejes. Fue el primero que enseñó teología en su Orden. E­scribió varios sermones llenos de doctrina y de unción. Murió en Padua el año 1231.

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La palabra tiene fuerza
cuando va acompañada de las obras

De los sermones de san Antonio de Padua, presbítero

El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimo­nios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas ­en nuestra conducta.

La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen.

Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor nos maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto, sino hojas tan sólo.

«La norma del predicador –dice san Gregorio– es poner por obra lo que predica». En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.

Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos.

De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas –oráculo del Señor– que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos –oráculo del Señor–, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso, son inútiles a mi pueblo –oráculo del Señor–.

Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, tú que has dado a tu pueblo en la persona de san Antonio de Padua un predicador insigne y un intercesor poderoso, concédenos seguir fielmente los principios de la vida cristiana, para que merezcamos tenerte como protector en todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo.


El maná de cada día, 10.6.20

junio 10, 2020

Miércoles de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

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No he venido a abolir, sino a dar plenitud

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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 18, 20-39

En aquellos días, el rey Ajab despachó órdenes a todo Israel, y los profetas de Baal se reunieron en el monte Carmelo. Elías se acercó a la gente y dijo: «¿Hasta cuándo vais a caminar con muletas? Si el Señor es el verdadero Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal.»

La gente no respondió una palabra. Entonces Elías les dijo: «He quedado yo solo como profeta del Señor, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta. Que nos den dos novillos: vosotros elegid uno; que lo descuarticen y lo pongan sobre la leña, sin prenderle fuego; yo prepararé el otro novillo y lo pondré sobre la leña, sin prenderle fuego. Vosotros invocaréis a vuestro dios, y yo invocaré al Señor; y el dios que responda enviando fuego, ése es el Dios verdadero.»

Toda la gente asintió: «¡Buena idea!»

Elías dijo a los profetas de Baal: «Elegid un novillo y preparadlo vosotros primero, porque sois más. Luego invocad a vuestro dios, pero sin encender el fuego.»

Cogieron el novillo que les dieron, lo prepararon y estuvieron invocando a Baal desde la mañana hasta mediodía: «¡Baal, respóndenos!»

Pero no se oía una voz ni una respuesta, mientras brincaban alrededor del altar que habían hecho.

Al mediodía, Elías empezó a reírse de ellos: «¡Gritad más fuerte! Baal es dios, pero estará meditando, o bien ocupado, o estará de viaje; ¡a lo mejor está durmiendo y se despierta!»

Entonces gritaron más fuerte; y se hicieron cortaduras, según su costumbre, con cuchillos y punzones, hasta chorrear sangre por todo el cuerpo. Pasado el mediodía, entraron en trance, y así estuvieron hasta la hora de la ofrenda. Pero no se oía una voz, ni una palabra, ni una respuesta.

Entonces Elías dijo a la gente: «¡Acercaos!»

Se acercaron todos, y él reconstruyó el altar del Señor, que estaba demolido: cogió doce piedras, una por cada tribu de Jacob, a quien el Señor había dicho: «Te llamarás Israel»; con las piedras levantó un altar en honor del Señor, hizo una zanja alrededor del altar, como para sembrar dos fanegas; apiló la leña, descuartizó el novillo, lo puso sobre la leña y dijo: «Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre la víctima y la leña.» Luego dijo: «¡Otra vez!» Y lo hicieron otra vez. Añadió: «¡Otra vez!» Y lo repitieron por tercera vez. El agua corrió alrededor del altar, e incluso la zanja se llenó de agua.

Llegada la hora de la ofrenda, el profeta Elías se acercó y oró: «¡Señor, Dios de Abrahán, Isaac e Israel! Que se vea hoy que tú eres el Dios de Israel, y yo tu siervo, que he hecho esto por orden tuya.

Respóndeme, Señor, respóndeme, para que sepa este pueblo que tú, Señor, eres el Dios verdadero, y que eres tú quien les cambiará el corazón.»

Entonces el Señor envió un rayo que abrasó la víctima, la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja. Al verlo, cayeron todos sobre su rostro, exclamando: «¡El Señor es el Dios verdadero! ¡El Señor es el Dios verdadero!»

SALMO 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío,  que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» Multiplican las estatuas de dioses extraños; no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

Aclamación antes del Evangelio: Sal 24, 4bc

Dios mío, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad.

EVANGELIO:  Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los cielos.»

 

 


El maná de cada día, 9.6.20

junio 9, 2020

Martes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

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Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

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PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 17, 7-16

En aquellos días, se secó el torrente donde se había escondido Elías, porque no había llovido en la región.

Entonces el Señor dirigió la palabra a Elías: «Anda, vete a Sarepta de Fenicia a vivir allí; yo mandaré a una viuda que te dé la comida.»

Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña.

La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»

Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»

Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»

Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra.”»

Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

SALMO 4

Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro.

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío; tú que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de mí y escucha mi oración. Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor, amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor, y el Señor me escuchará cuando lo invoque. Temblad y no pequéis, reflexionad en el silencio de vuestro lecho.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?» Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 16

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo

EVANGELIO: Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

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SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO

San Juan Crisóstomo
Homilías sobre el evangelio de san Mateo 15, 6.7

Vosotros sois la sal de la tierra. Es como si les dijera: «El mensaje que se os comunica no va destinado a vosotros solos, sino que habéis de transmitirlo a todo el mundo. Porque no os envío a dos ciudades, ni a diez, ni a veinte; ni tan siquiera os envío a toda una nación, como en otro tiempo a los profetas, sino a la tierra, al mar y a todo el mundo, y a un mundo por cierto muy mal dispuesto».

Porque, al decir: Vosotros sois la sal de la tierra, enseña que todos los hombres han perdido su sabor y están corrompidos por el pecado. Por ello, exige sobre todo de sus discípulos aquellas virtudes que son más necesarias y útiles para el cuidado de los demás.

En efecto, la mansedumbre, la moderación, la misericordia, la justicia son unas virtudes que no quedan limitadas al provecho propio del que las posee, sino que son como unas fuentes insignes que manan también en provecho de los demás.

Lo mismo podemos afirmar de la pureza de corazón, del amor a la paz y a la verdad, ya que el que posee estas cualidades las hace redundar en utilidad de todos.

«No penséis –viene a decir– que el combate al que se os llama es de poca importancia y que la causa que se os encomienda es exigua: Vosotros sois la sal de la tierra».

¿Significa esto que ellos restablecieron lo que estaba podrido? En modo alguno. De nada sirve echar sal a lo que ya está podrido. Su labor no fue ésta; lo que ellos hicieron fue echar sal y conservar, así, lo que el Señor había antes renovado y liberado de la fetidez, encomendándoselo después a ellos.

Porque liberar de la fetidez del pecado fue obra del poder de Cristo; pero el no recaer en aquella fetidez era obra de la diligencia y esfuerzo de sus discípulos.

¿Te das cuenta de cómo va enseñando gradualmente que éstos son superiores a los profetas? No dice, en efecto, que hayan de ser maestros de Palestina, sino de todo el orbe.

«No os extrañe, pues –viene a decirles–, si, dejando ahora de lado a los demás, os hablo a vosotros solos y os enfrento a tan grandes peligros. Considerad a cuántas y cuán grandes ciudades, pueblos, naciones os he de enviar en calidad de maestros.

Por esto, no quiero que seáis vosotros solos prudentes, sino que hagáis también prudentes a los demás. Y muy grande ha de ser la prudencia de aquellos que son responsables de la salvación de los demás, y muy grande ha de ser su virtud, para que puedan comunicarla a los otros. Si no es así, ni tan siquiera podréis bastaros a vosotros mismos.

En efecto, si los otros han perdido el sabor, pueden recuperarlo por vuestro ministerio; pero, si sois vosotros los que os tornáis insípidos, arrastraréis también a los demás con vuestra perdición.

Por esto, cuanto más importante es el asunto que se os encomienda, más grande debe ser vuestra solicitud». Y así, añade: Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Para que no teman lanzarse al combate, al oír aquellas palabras: Cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo, les dice de modo equivalente: «Si no estáis dispuestos a tales cosas, en vano habéis sido elegidos. Lo que hay que temer no es el mal que digan contra vosotros, sino la simulación de vuestra parte; entonces sí que perderíais vuestro sabor y seríais pisoteados.

Pero, si no cejáis en presentar el mensaje con toda su austeridad, si después oís hablar mal de vosotros, alegraos. Porque lo propio de la sal es morder y escocer a los que llevan una vida de molicie.

Por tanto, estas maledicencias son inevitables y en nada os perjudicarán, antes serán prueba de vuestra firmeza. Mas si, por temor a ellas, cedéis en la vehemencia conveniente, peor será vuestro sufrimiento, ya que entonces todos hablarán mal de vosotros y todos os despreciarán; en esto consiste el ser pisoteado por la gente».

A continuación, propone una comparación más elevada: Vosotros sois la luz del mundo. De nuevo se refiere al mundo, no a una sola nación ni a veinte ciudades, sino al orbe entero; luz que, como la sal de que ha hablado antes, hay que entenderla en sentido espiritual, luz más excelente que los rayos de este sol que nos ilumina.

Habla primero de la sal, luego de la luz, para que entendamos el gran provecho que se sigue de una predicación austera, de unas enseñanzas tan exigentes. Esta predicación, en efecto, es como si nos atara, impidiendo nuestra dispersión, y nos abre los ojos al enseñarnos el camino de la virtud. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín.

Con estas palabras, insiste el Señor en la perfección de vida que han de llevar sus discípulos y en la vigilancia que han de tener sobre su propia conducta, ya que ella está a la vista de todos, y el palenque en que se desarrolla su combate es el mundo entero.


El maná de cada día, 8.6.20

junio 8, 2020

Lunes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

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Mucha paz tienen los que aman tus leyes
Mucha paz tienen los que aman tus leyes


PRIMERA LECTURA: 1 Reyes 17, 1-6

En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando.»

Luego el Señor le dirigió la palabra: «Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida.»

Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.

SALMO 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8

Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.

Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 12a

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

EVANGELIO: Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

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MUCHA PAZ TIENEN LOS QUE AMAN TUS LEYES

Del sermón de san León Magno, papa, sobre las bienaventuranzas (Sermón 95,8-9)

Con toda razón se promete a los limpios de corazón la bienaventuranza de la visión divina. Nunca una vida manchada podrá contemplar el esplendor de la luz verdadera, pues aquello mismo que constituirá el gozo de las almas limpias será el castigo de las que estén manchadas.

Que huyan, pues, las tinieblas de la vanidad terrena y que los ojos del alma se purifiquen de las inmundicias del pecado, para que así puedan saciarse gozando en paz de la magnífica visión de Dios.

Pero para merecer este don es necesario lo que a continuación sigue: Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios.

Esta bienaventuranza, amadísimos, no puede referirse a cualquier clase de concordia o armonía humana, sino que debe entenderse precisamente de aquella a la que alude el Apóstol cuando dice: Estad en paz con Dios, o a la que se refiere el salmista al afirmar: Mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar.

Esta paz no se logra ni con los lazos de la más íntima amistad ni con una profunda semejanza de carácter, si todo ello no está fundamentado en una total comunión de nuestra voluntad con la voluntad de Dios.

Una amistad fundada en deseos pecaminosos, en pactos que arrancan de la injusticia y en el acuerdo que parte de los vicios nada tiene que ver con el logro de esta paz.

El amor del mundo y el amor de Dios no concuerdan entre sí, ni puede uno tener su parte entre los hijos de Dios si no se ha separado antes del consorcio de los que viven según la carne.

Mas los que sin cesar se esfuerzan por mantener la unidad del Espíritu con el vinculo de la paz jamás se apartan de la ley divina, diciendo, por ello, fielmente en la oración: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.

Estos son los que obran la paz, éstos los que viven santamente unánimes y concordes, y por ello merecen ser llamados con el nombre eterno de hijos de Dios y coherederos con Cristo; todo ello lo realiza el amor de Dios y el amor del prójimo, y de tal manera lo realiza que ya no sienten ninguna adversidad ni temen ningún tropiezo, sino que, superado el combate de todas las tentaciones, descansan tranquilamente en la paz de Dios, por nuestro Señor Jesucristo, que, con el Padre y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.



El maná de cada día, 5.6.20

junio 5, 2020

Viernes de la 9ª semana del Tiempo Ordinario

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Así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

 

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PRIMERA LECTURA: 2 Timoteo 3, 10-17

Tú seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos, como aquellos que me ocurrieron en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor.

Por otra parte, todo el que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido. En cambio, esos perversos embaucadores irán de mal en peor, extraviando a los demás y extraviándose ellos mismos.

Pero tú permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación.

Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

SALMO 118

Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor.

Muchos son los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus preceptos.

El compendio de tu palabra es la verdad, y tus justos juicios son eternos.

Los nobles me perseguían sin motivo, pero mi corazón respetaba tus palabras.

Mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar.

Aguardo tu salvación, Señor, y cumplo tus mandatos.

Guardo tus decretos, y tú tienes presentes mis caminos.

EVANGELIO: Marcos 12, 35-37

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.” Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»

La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.


Maná y Vivencias Pascuales (33), 14.5.20

mayo 14, 2020

Jueves de la 5ª semana de Pascua

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Espíritu

 

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ENTRADA: Ex 15, 1-2

Cantemos al Señor, sublime es su victoria. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos has hecho pasar de la muerte a la vida y de la tristeza al gozo; no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hch 15, 7-21

En aquellos días, después de una acalorada discusión, Pedro se puso en pie y dijo a los apóstoles y a los ancianos: Hermanos, ustedes saben cómo Dios intervino en medio de ustedes ya en los primeros días, cuando quiso que los paganos escucharan de mi boca el anuncio del Evangelio y abrazaran la fe.

Y Dios, que conoce los corazones, se declaró a favor de ellos, al comunicarles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No ha hecho ninguna distinción entre nosotros y ellos, sino que purificó sus corazones por medio de la fe.

¿Quieren ustedes ahora mandar a Dios? ¿Por qué quieren poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que nuestros padres no fueron capaces de soportar, ni tampoco nosotros? Según nuestra fe, la gracia del Señor Jesús es la que nos salva, del mismo modo que a ellos.

Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Bernabé y a Pablo, que les contaron los signos y prodigios que habían hecho entre los paganos con la ayuda de Dios.

Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: Hermanos, escúchenme: Simón acaba de recordar cómo Dios, desde el primer momento, intervino para formarse con gentes paganas un pueblo para su nombre.

Los profetas hablan el mismo lenguaje, pues está escrito: Después de esto volveré y construiré de nuevo la choza caída de David. Reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar, para que el resto de los hombres busquen al Señor, todas las naciones sobre las cuales ha sido invocado mi nombre. Así lo dice el Señor, que hoy realiza lo que tenía preparado desde siempre.

Por esto pienso que no debemos complicar la vida a los paganos que se convierten a Dios. Digámosles en nuestra carta tan sólo que no se contaminen con la idolatría ni con la fornicación y que no coman sangre ni animales estrangulados.

Porque durante muchas generaciones, en la sinagoga de cada ciudad, han leído a Moisés todos los sábados, y lo han explicado.

SALMO 95, 1-10

Canten al Señor un cántico nuevo, cante al Señor toda la tierra. Canten al Señor, bendigan su nombre.

Proclamen día tras día su victoria. Cuenten a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Díganles a los pueblos: “El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente”.

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ALELUYA: Jn 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen.

EVANGELIO: Jn 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así también los he amado yo: Permanezcan en mi amor.

Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.

COMUNIÓN: 2 Cor 5, 15.- Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

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Del tratado de Tertuliano, presbítero, sobre la prescripción de los herejes

La predicación apostólica

Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.

Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoc­trinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Los apóstoles –palabra que significa «enviados»–, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doce (apoyad­os para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.

De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina.

Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.

Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras.

En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua frater­nidad y hospitalidad.

Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.

El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron l­os apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.

El Señor había dicho en cierta ocasión: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; pero añadió a continuación: Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.

Con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de la verdad les daría el conocimiento de la verdad plena.

Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos (Caps. 20, 1-9; 21, 3; 22, 8-10: CCL 1, 201-204).

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Maná y Vivencias Pascuales (13), 24.4.20

abril 24, 2020

Viernes de la 2ª semana de Pascua

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Tomad, comed. Tomad, bebed. Haced esto en memoria mía
Tomad, comed. Tomad, bebed. Haced esto en memoria mía.

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TEMA: “Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta que se saciaron.”

ANTÍFONA DE ENTRADA: Apocalipsis 5, 9-10

Este es el cántico nuevo que cantan ellos: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, ya que tú fuiste degollado y por tu sangre compraste para Dios a hombres de toda raza, de toda lengua, pueblo y nación. Los hiciste reino y sacerdotes para nuestro Dios y dominarán toda la tierra.

ORACIÓN COLECTA: “Oh Dios que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz; concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor.

PRIMERA LECTURA: Hechos 5, 34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, y mandó que hicieran salir un momento a aquellos hombres.

Luego les dijo: “Colegas israelitas, fíjense bien en lo que van a hacer con estos hombres. Porque no hace mucho, apareció Teudas, que se hacía pasar por un gran personaje, a quien se unieron unos cuatrocientos hombres. Pero lo mataron, y todos los que lo seguían se dispersaron o desaparecieron.

Después, en tiempos del censo, surgió Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos sus seguidores se dispersaron.

Por eso, les aconsejo ahora: olvídense de estos hombres y déjenlos en paz. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá por sí sola; pero si viene de Dios, ustedes no podrán destruirla. No sea que estén luchando contra Dios”.

Y siguieron su consejo. Entonces llamaron a los apóstoles, y después de azotarlos les prohibieron hablar en nombre de Jesús. Luego los dejaron ir.

Ellos salieron del Sanedrín muy gozosos de haber sido considerados dignos de sufrir por el nombre de Jesús. Y todos los días enseñaban y anunciaban en el Templo y en las casas la Buena Nueva de Cristo Jesús.

SALMO 26, 1. 4. 13-14

Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida ¿quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

ACLAMACIÓN: Mateo 4, 4b

Pero Jesús respondió: “Dice la Escritura que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

EVANGELIO: Juan 6, 1-15 – “Jesús distribuyó el pan a los que estaban sentados, hasta que se saciaron.”

En aquel tiempo, Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea. Cerca de Tiberíades. Lo acompañaba muchísima gente, a causa de las señales milagrosas que lo veían hacer en los enfermos. Jesús subió a un cerro y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, fiesta de los judíos.

Jesús, levantando los ojos vio todo ese pueblo que estaba subiendo hacia él y dijo a Felipe: ¿Dónde podremos conseguir pan para que coman? Esto lo decía Jesús para ponerlo a prueba, porque él sabía bien lo que iba a hacer.

Felipe respondió: “Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo de pan”. Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero ¿qué es esto para tanta gente?”.

Jesús les dijo: Hagan que se sienten los hombres. Pues había mucho pasto en ese lugar. Se sentaron entonces los hombres en número de cinco mil.

Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a todos los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: Recojan los pedazos que sobran para que no se pierda nada. Y llenaron doce canastos con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.

Al ver esta señal que hizo Jesús, los hombres decían: «Este es ciertamente el Profeta que ha de venir al mundo”. Pero cuando Jesús vio que querían tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, huyó de nuevo solo a la montaña.

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NOTA: Hoy se comienza a leer el capítulo sexto del evangelio de san Juan. Se proclamará íntegramente. Es un texto muy extenso y rico en contenido. Por eso su lectura se prolongará hasta el sábado de la tercera semana. 

Las claves interpretativas remiten al Antiguo Testamento. Ellas permiten descubrir a Jesús como el nuevo Moisés, que acompaña al pueblo y a sus discípulos en un nuevo éxodo. Por tanto, habrá alusión al paso del Mar Rojo. Jesús será el nuevo maná dado por el Padre, por su Palabra y la Eucaristía.

Estas realidades salvíficas, reveladas y realizadas con el poder de Dios-Yahvé por el que ha bajado del cielo, escandalizan a los discípulos, sobre todo a los más apegados al judaísmo y a una interpretación literalista del Antiguo Testamento. Y consiguientemente provocarán una crisis en los discípulos. Como consecuencia, “desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él”.

Por tanto, no todos serán capaces de confesar con Pedro: ¿Adónde iríamos, Señor; sólo tú tienes palabras de vida eterna?

Dispónte, hermano, a ratificar tu fe en estos días pascuales y a crecer en el conocimiento y amor a Dios, presente en los hermanos y en la Eucaristía “hasta el fin del mundo”.

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“¿Quién es este muchacho que parece ofrecer gratuitamente su comida? Es posible que, sin su generosidad, no se hubiera producido el milagro. Jesús gusta de que el hombre ponga, en todas sus grandes cosas, algo que es, objetivamente considerado, inútil o totalmente insuficiente, pero, sin lo cual, tal vez el milagro no se haría. Quien hizo el mundo de la nada, construye el milagro sobre nuestras naderías, pero no sin ellas” (José Luis Martín Descalzo).


San José, esposo de la Virgen María

marzo 19, 2020

Solemnidad de San José

Esposo de la Virgen María, Protector y custodio fiel

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Su linaje será perpetuo
Su linaje será perpetuo

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¡Felicidades a los padres de familia, maestros y carpinteros; a los que llevan el nombre de José o Josefa, Josefina; a las personas consagradas que lo tienen como modelo de vida contemplativa; a las instituciones que lo veneran como titular y patrón!

San José bendito, ruega por nosotros. Amén.

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Antífona de entrada: Lucas 12, 42

Éste es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.

Oración colecta:

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José; haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 4-5a.12-14a.16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David:

“Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.

Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»

SALMO 88, 2-3.4-5.27.29

Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 4, 13.16-18

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»

Por lo cual le valió la justificación.

Aclamación antes del Evangelio: Salmo 83, 5

Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándote siempre.

EVANGELIO: Mateo 1, 16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Antífona de comunión: Mateo 25, 21

Siervo fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu Señor.


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FIEL CUIDADOR Y GUARDIÁN

De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero

La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede ¬todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles.

José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.

Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿¬no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos?

Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.

No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.

Por eso, también con razón, se dice más adelante: Pasa al banquete de tu Señor.

Aun cuando el gozo santificado por este banquete es el que entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: Pasa al banquete, a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén
San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén

La piedad tradicional ha tributado a san José una especial devoción. Él ha sido considerado un ejemplo extraordinario de fe y santidad para todas las generaciones.

Podemos fácilmente intuir en la rica y excepcional personalidad redimida de san José la experiencia cuaresmal y la pascual; de dolor y gozo.

El ejercicio piadoso conocido como “Los Dolores y Gozos de san José” nos pueden ayudar a percibir la hondura de su experiencia de fe en dos dimensiones fundamentales: la del dolor y la prueba, Cuaresma, y la del gozo y la gloria, Pascua.

PRIMER DOLOR Y GOZO

¡Glorioso san José! Comprendemos tu angustia al no entender el misterio de la Encarnación. Pero el Señor quitó tu pena cuando te lo reveló claramente a través del ángel que se te apareció en sueños.

Por este dolor y este gozo concédenos la discreción, el silencio y la caridad sincera, en todo momento.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SEGUNDO DOLOR Y GOZO

El nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre llenó de lágrimas los ojos de san José. Pero el cántico de los ángeles colmó de alegría su corazón.

Por este dolor y este gozo concédenos una vida austera y sencilla en la presencia de Dios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

TERCER DOLOR Y GOZO

En la circuncisión vio san José deslizarse gotas de sangre por el cuerpo del Hijo de Dios. Pero la imposición del nombre de Jesús, que significa Salvador, inundó de gozo su corazón.

Por este dolor y este gozo haz, bendito san José, que en nuestra vida se haga fecunda la sangre del Redentor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

CUARTO DOLOR Y GOZO

El anciano Simeón anuncia la muerte pero también el triunfo de Jesús sobre todo mal trayendo la luz y la paz a todas las naciones.

Concédenos, glorioso san José, que no defraudemos las esperanzas que Dios tiene puestas en cada uno de nosotros, de acuerdo con nuestra vocación.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

QUINTO DOLOR Y GOZO

La Sagrada Familia, camino de Egipto, formaba parte de los desplazados de su patria. En un país desconocido José, junto con María y el Niño, vivió la soledad y la pobreza. Pero también sintió la alegría de la paz y de la seguridad de su propia familia.

Por este dolor y este gozo te pedimos nos concedas caminar por la vida con paso seguro hacia la eternidad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SEXTO DOLOR Y GOZO

Arquelao, aquel mal rey judío, entristeció las noches de san José. Pero un ángel le indica la tranquila casa de Nazaret como lugar seguro para habitar en paz.

Glorioso san José, santifica nuestra comunidad y haz que nuestros hogares se parezcan a la familia de Nazaret.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SÉPTIMO DOLOR Y GOZO

San José y su santa esposa María, con el corazón angustiado, buscan a su hijo, el pequeño Niño Dios. Pero su encuentro les mereció una inmensa satisfacción y consuelo.

En cada instante y sobre todo en el momento de nuestra muerte, danos, santo José, la presencia amorosa de Jesús que nos introduzca en la vida eterna del cielo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

V. Lo nombró administrador de su casa.

R. Y señor de todas sus posesiones.


OREMOS

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


El “desierto cuaresmal”, “camino de caridad” – Catequesis completa

febrero 28, 2020

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Audiencia General, 26 Febrero 2020 © Vatican Media

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El “desierto cuaresmal”, “camino de caridad” – Catequesis completa del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, Miércoles de Ceniza, comenzamos el camino de cuaresma, un camino de cuarenta días hacia la Pascua, hacia el corazón del año litúrgico y de la fe. Es un camino que sigue al de Jesús, que al principio de su ministerio se retiró durante cuarenta días para rezar y ayunar, tentado por el diablo, en el desierto.

Es precisamente del significado espiritual del desierto de lo que me gustaría hablarles hoy. De lo que el desierto significa espiritualmente para todos nosotros, incluso para los que vivimos en la ciudad, de lo que el desierto significa.

Imaginemos que estamos en un desierto. La primera sensación sería encontrarnos rodeados de un gran silencio: ningún ruido, aparte del viento y nuestra respiración.

Aquí, el desierto es el lugar de separación del ruido que nos rodea. Es la ausencia de palabras para dar espacio a otra Palabra, la Palabra de Dios, que como una suave brisa acaricia nuestros corazones (cf. 1 Reyes 19:12).

El desierto es el lugar de la Palabra, con mayúscula. En la Biblia, de hecho, al Señor le encanta hablarnos en el desierto. En el desierto le da a Moisés las “diez palabras”, los diez mandamientos.

Y cuando el pueblo se aleja de Él, convirtiéndose en una novia infiel, Dios dice: “He aquí que la conduciré al desierto y le hablaré al corazón”. Allí me responderá, como en los días de su juventud” (Os 2, 16-17).

En el desierto se oye la Palabra de Dios, que es como un sonido ligero. El Libro de los Reyes dice que la Palabra de Dios es como un hilo de silencio sonoro. En el desierto se reencuentra la intimidad con Dios, el amor del Señor.

A Jesús le gustaba retirarse todos los días a lugares desiertos para orar (cf. Lc 5:16). Nos enseñó a buscar al Padre, que nos habla en silencio. Y no es fácil estar en silencio en el corazón, porque siempre intentamos hablar un poco, estar con los demás.

La Cuaresma es el tiempo propicio para hacer sitio a la Palabra de Dios. Es el tiempo de apagar el televisor y abrir la Biblia. Es el momento de desconectarnos del móvil y conectarnos al Evangelio. Cuando era niño no había televisión, pero existía el hábito de no escuchar la radio.

La Cuaresma es desierto, es hora de rendirse, de desconectarse del móvil y conectarse al Evangelio. Es el momento de dejar las palabras inútiles, la charlatanería, los rumores, los chismes, y hablar y habar de “tú” al Señor. Es el momento de dedicarnos a una sana ecología del corazón, hacer limpieza ahí.

Vivimos en un ambiente contaminado por demasiada violencia verbal, por tantas palabras ofensivas y dañinas, que la red amplifica. Hoy se insulta como si se dijese “Buenos días”.

Estamos inundados de palabras vacías, publicidad, mensajes falsos. Estamos acostumbrados a escuchar de todo sobre todos y nos arriesgamos a caer en una mundanidad que nos atrofia el corazón y no hay un bypass para curar esto, solo el silencio. Nos cuesta distinguir la voz del Señor que nos habla, la voz de la conciencia, la voz del bien.

Jesús, llamándonos al desierto, nos invita a escuchar lo que importa, lo importante, lo esencial. Al diablo que lo tentaba le respondió: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4).

Como el pan, más que el pan necesitamos la Palabra de Dios, necesitamos hablar con Dios: necesitamos rezar. Porque solo ante Dios salen a la luz las inclinaciones del corazón y caen las dobleces del alma. Aquí está el desierto, lugar de vida, no de muerte, porque dialogar en silencio con el Señor nos devuelve la vida.

Intentemos de nuevo pensar en un desierto. El desierto es el lugar de lo esencial. Miremos nuestras vidas: ¡cuántas cosas inútiles nos rodean! Perseguimos mil cosas que parecen necesarias y en realidad no lo son. ¡Cuánto bien nos haría deshacernos de tantas realidades superfluas, redescubrir lo que importa, encontrar los rostros de los que están a nuestro lado!

Jesús también nos da un ejemplo de esto, ayunando. Ayunar es saber renunciar a las cosas vanas, a lo superfluo, para ir a lo esencial. El ayuno no es solo para perder peso, el ayuno es ir precisamente a lo esencial, es buscar la belleza de una vida más simple.

El desierto, finalmente, es el lugar de la soledad. Incluso hoy, cerca de nosotros, hay muchos desiertos. Son las personas solitarias y abandonadas. ¡Cuántos pobres y ancianos están a nuestro lado y viven en silencio, sin hacer escándalo, marginados y descartados!

Hablar de ellos no da audiencia. Pero el desierto nos lleva a ellos, a aquellos que, silenciados, piden silenciosamente nuestra ayuda. Tantas miradas silenciosas que piden nuestra ayuda. El camino en el desierto cuaresmal es un camino de caridad hacia los más débiles.

Oración, ayuno, obras de misericordia: este es el camino en el desierto de Cuaresma.

Queridos hermanos y hermanas, con la voz del profeta Isaías, Dios ha hecho esta promesa: “He aquí que hago algo nuevo, abriré camino en el desierto” (Is 43,19). En el desierto se abre el camino que nos lleva de la muerte a la vida.

Entramos en el desierto con Jesús, saldremos de él saboreando la Pascua, el poder del amor de Dios que renueva la vida. Nos pasará como a esos desiertos que florecen en primavera, haciendo germinar de repente, “de la nada”, los brotes y las plantas.

Ánimo, entremos en este desierto de Cuaresma, sigamos a Jesús en el desierto: con Él nuestros desiertos florecerán.

Traducción de zenit

https://es.zenit.org/articles/el-desierto-cuaresmal-camino-de-caridad-catequesis-completa/?fbclid=IwAR1PT2S74Gfzcr7f0FYToua6oXvsMxzYolxB25JdPPYGkVvHHkyP9IQ5ywU

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