«Los versículos pacíficos del Corán son anulados por los violentos… El verdadero Islam es guerrero»

agosto 20, 2017

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Samir Khalil, jesuita egipcio, experto islamólogo

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«Los versículos pacíficos del Corán son anulados por los violentos…El verdadero Islam es guerrero»

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Continuamos recuperando en ReligionEnLibertad una serie de análisis y entrevistas del islamólogo y sacerdote jesuita egipcio Samir Khalil Samir (El Cairo, 1938), profesor en el Instituto Pontificio Oriental de Roma y en la Universidad San José de Beirut que preside la Asociación Internacional de Estudios Árabes cristianos.

En esta entrevista de 2016 concedida a Juan Francisco Pacheco para el blog de análisis www.unomasdoce.com, explica cómo una primera fase no violenta en la creación del Islam por parte de su fundador, Mahoma, fue sustituida después por una fase violenta, los diez últimos años de Mahoma dedicados a la guerra, en la que aparecen los versículos violentos del Corán, que, según los fundamentalistas, tienen prioridad sobre los pacíficos.

¿Cree usted que el Islam pueda ser llamado como religión de paz?
– Radicalmente no lo es, pero el Islam no se puede reducir a la violencia.

»El Islam es un proyecto global: político, económico, cultural, costumbres, espiritual-religioso, etc. Y puesto que es así puede acudir a la violencia. Por ejemplo: comenzando con la idea de que es el proyecto mejor que Dios ha propuesto a la humanidad.

»Si no tengo el principio de la libertad de conciencia absoluta, entonces llego a la conclusión de que el bien lo tengo que imponer a los demás. Sin embargo el principio cristiano es que el bien se propone, no se impone; y cada cual es libre de rechazar la religión. Cada uno de nosotros somos libres para rechazar el bien.

»Pero esto el Islam no lo entiende porque es un proyecto político y dice: “El bien hay que imponerlo con cualquier medio”.

»Pero también he de decir que la solución no es la eliminación de la religión como en la Revolución Francesa.

¿Debemos considerar el Islam como una religión violenta?
– Efectivamente: el Corán está lleno de violencia. Al respecto, he escrito un pequeño libro de 80 páginas en francés titulado “Violencia y no Violencia en el Corán y en el Islam”. No es un libro contra el Islam: se cita tanto el aspecto violento y el aspecto no violento. Y explico por qué hay versículos violentos y otros no violentos.

»En la primera parte de la vida de Mahoma, él no tenía ningún poder: comenzaba un proyecto. Y era no violento porque no tenía ningún ejército. Se trata del primer periodo de La Meca desde el 610 al 622 y en esta época los versículos revelados están abiertos. Luego él huye a Medina y muere en el 632. En este tiempo él crea el Islam como comunidad. Antes, sin embargo, el Islam era un proyecto, un ideal. Es en este momento cuando comienza a hacer alianzas y a hacer guerras. Y al relacionarse con los judíos, toma muchas costumbres del judaísmo: las tres oraciones durante el día, un día de ayuno, etc.

»Hay un momento en el que comienza el aspecto violento según los expertos: mueren entre 600 y 800 personas. Y esclaviza a mujeres y niños. Y llegan versículos que proponen la violencia.

»Por tanto: hay un contraste entre el primer periodo que es más pacífico y más atractivo y un segundo periodo que es más violento y más guerrero.

»Hay contradicciones entre un versículo pacífico y otro violento. El Corán lo reconoce. Hay versículos que contradicen otros versículos. Por eso hay versículos que anulan a otros. Los últimos desautorizan a los primeros y los últimos son más violentos.

»Los fundamentalistas dicen que el versículo llamado de la espada ha cancelado más de 1000 versículos opuestos. Es una manera de decir que el verdadero Islam es el guerrero. Por tanto: quien actúa con violencia, es conforme al ideal del Islam.

»Se puede concluir que el Islam es una religión que contiene la violencia y la no violencia. Pero la vida de Mahoma ha llevado al Islam a preferir la violencia a la no violencia.

– ¿Cómo se considera la libertad de conciencia en el Islam?
– La libertad de conciencia es algo clave y ha sido firmada en la declaración universal de los Derechos Humanos de 1948 y también hay países musulmanes firmantes.

»Yo hice un curso de 24 horas acerca de la libertad religiosa en el Islam y se sabe que ellos redactaron 3 documentos: uno en París, otro en El Cairo y otro en una ciudad cuyo nombre no recuerdo. Fue una declaración islámica de los derechos humanos. Aunque no tiene sentido la declaración islámica de los derechos humanos porque el ser humano no es, de por sí, musulmán, budista, cristiano, etc. sino que es ser humano en general.

»Cuando hablo de ser humano no tengo que hablar de religión porque el ser humano es tal en todas las religiones. Ese es el camino a seguir. Y esta es la grave laguna en el Islam.

»La idea básica es esta: el Islam es la última religión revelada y por tanto es la mejor religión.

»Y esto es un principio que yo rechazo. Esto está equivocado porque todas las civilizaciones dan pasos hacia atrás éticamente hablando, también el Islam.

»El fundamento es el siguiente: puesto que es la última religión revelada, todos deberían abrazar esta religión. Todo se fundamenta sobre falsas premisas; de ahí que el Islam diga que todos los medios son buenos para obtener un fin bueno; pero también esto es discutible: no te puedo obligar a hacer el bien.

– ¿Ve futuro de paz cercano en Siria?
– Es muy difícil porque hay flujos externos en Siria e Iraq como por ejemplo de Arabia Saudí; también porque lo que ha pasado es una acción en contra de los chiitas; especialmente en Siria porque desde hace 45 años dominan los alauitas que son una rama del chiismo y que son minoría.

»El conflicto no es entre cristianos y musulmanes, sino que es un conflicto dentro del Islam. La diferencia es que en Siria hay una destrucción que en Iraq no existe; por ejemplo hay más de 8 millones de personas que carecen de casa y trabajo; entre ellos hay musulmanes, cristianos, chiitas y otros.

»Los sirios necesitarán un gran esfuerzo para comenzar una reconciliación entre ellos, pero antes hay que reconstruir porque la destrucción lo impide.

– ¿Qué tipo de propuestas considera usted como abordar la paz?
– Si queremos hacer un discurso racional: lo primero es parar la guerra.

»La historia requiere un doble aspecto; uno es militar porque de lo contrario ISIS va a continuar y una acción dialogante para ver qué ocurrirá con la nación de Siria.

»Occidente ha decidido antes que nada que Bashar al-Assad tiene que dejar de ser presidente; por esta razón no va a permitir ningún tipo de acuerdo.

»Hay que tener en cuenta que existe un gobierno alauita; sin olvidar que el 75% de la población que es sunita. Por otro lado tenemos a los radicales: los fundamentalistas de ISIS, de Al Qaeda. Y detrás de estos dos grupos está Arabia Saudí.

»Creo que habría que juntar a alauitas, sunitas y a radicales y hacer una Siria nueva, pero sin ninguna revolución. Hay que dar a cada uno su espacio; pero todo esto supone que los sunitas más radicales acepten el principio de base de la historia de Siria que es la distinción entre política y religión.

»Lo primero sería parar la guerra, hacer una tregua; después habría que lograr un diálogo entre todas las partes: cristianos, alauitas, sunitas, drusos, sunitas radicales y también con la presencia de algunos elementos occidentales que representan diferentes tendencias, como Rusia, Estados Unidos, Europa: Francia, etc. Y decidir hacer un camino de reconstrucción bajo la supervisión de la ONU. Pero es difícil hablar ahora de reconciliación porque hay que hablar de reconstrucción sobre algunos puntos bases.

– Últimamente el Padre Gabriele Amorth, conocido exorcista de Roma, afirmaba en una entrevista que «El Califato es Satanás» y que «Satanás avanza unido al Califato, y la cristiandad no sabe defenderse» en clara referencia a los ataques de ISIS y de los yihadistas. ¿Cuál es su opinión?
– No me gusta poner a Satanás en todos los sitios porque no me gusta unir este tema con la política.

»Lo que los musulmanes están haciendo hoy se apoya en la tradición islámica, coránica, en Mahoma y también en la historia.

»Creo que lo que falta es el humanismo; falta defender al ser humano. Yo no diría que es satánico porque nos arriesgamos a decir que todo el Islam es satánico.

»El Islam es un proyecto que ha avanzado hacia adelante desde la península arábiga en el siglo VII y que se ha bloqueado en el camino. En algunos periodos ha ido muy bien. No es un paso adelante en la historia de la humanidad pero sí lo es en la historia de la península arábiga.

»Pero si lo comparamos con el Evangelio es un paso atrás sin ninguna duda y no porque soy cristiano, sino porque es un paso hacia el Antiguo Testamento. Retoma la lapidación y todos los castigos que son inspirados por la Biblia. Cristo dice en los Evangelios: “Ellos os han dicho, pero yo os digo…”.

»No estoy de acuerdo con esta visión satánica y creo que incluir a Satanás es un poco arriesgado.

(La versión originaria de esta entrevista se publicó en ReL el 12 de febrero de 2016)


El maná de cada día, 16.8.17

agosto 16, 2017

Miércoles de la 19ª semana del Tiempo Ordinario


SÉPTIMO día de la Novena a San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, cuya fiesta se celebra el 19 de éste. La encuentras al final de esta entrada o artículo.

Además de unirnos a todos los devotos de San Ezequiel, le confiamos a Dios, por su intercesión, todas las peticiones de salud y de gracias que recibimos en este blog, con mucha frecuencia. Dios se glorifique en esta novena. San Ezequiel, ruega por nosotros.

dos-personas

Si te escucha, habrás ganado un hermano

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PRIMERA LECTURA: Deuteronomio 34, 1-12

En aquellos días, Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, a la cima del Fasga, que mira a Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta Dan, el territorio de Neftall, de Efraín y de Manasés, el de Judá hasta el mar occidental, el Negueb y la comarca del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Soar; y le dijo:

«Ésta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: “Se la daré a tu descendencia.” Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella.»

Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en Moab, como había dicho el Señor. Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor; y hasta el dia de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba.

Moisés murió a la edad de ciento veinte años; no había perdido vista ni había decaído su vigor.

Los israelitas lloraron a Moisés en la estepa de Moab treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés.

Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos; los israelitas le obedecieron e hicieron lo que el Señor había mandado a Moisés.

Pero ya no surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le envió a hacer en Egipto contra el Faraón, su corte y su país; ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.

SALMO 65, 1-3a.5.8.16-17

Bendito sea Dios, que me ha devuelto la vida.

Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!»

Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced resonar sus alabanzas.

Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo: a él gritó mi boca y lo ensalzó mi lengua.


Aclamación antes del Evangelio: 2 Co 5, 19

Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.


EVANGELIO: Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»


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SI TU HERMANO LLEGA A PECAR…

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

En el Evangelio leemos: “En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado un hermano'”.

Jesús habla de toda culpa; no restringe el campo sólo a la que se comete contra nosotros. En este último caso de hecho es prácticamente imposible distinguir si lo que nos mueve es el celo por la verdad o nuestro amor propio herido. En cualquier caso, sería más una autodefensa que una corrección fraterna.

Cuando la falta es contra nosotros, el primer deber no es la corrección, sino el perdón.

¿Por qué dice Jesús: “repréndele a solas”? Ante todo por respeto al buen nombre del hermano, a su dignidad. Lo peor sería pretender corregir a un hombre en presencia de su esposa, o a una mujer en presencia de su marido; a un padre delante de sus hijos, a un maestro en presencia de sus alumnos, a un superior ante sus subordinados.

Esto es, en presencia de las personas cuyo respeto y estima a uno le importa más. El asunto se convierte inmediatamente en un proceso público. Será muy difícil que la persona acepte de buen grado la corrección. Le va en ello su dignidad.

Dice “a solas tú con él” también para dar a la persona la posibilidad de defenderse y explicar su propia acción con toda libertad. Muchas veces, en efecto, aquello que a un observador externo le parece una culpa, en la intención de quien la ha cometido no lo es. Una explicación sincera disipa muchos malentendidos. Pero esto deja de ser posible cuando el tema se pone en conocimiento de muchos.

Cuando por cualquier motivo no es posible corregir fraternamente, a solas, a la persona que ha errado, hay algo que absolutamente se debe evitar: la divulgación, sin necesidad, de la culpa del hermano, hablar mal de él o incluso calumniarle, dando por probado aquello que no lo es o exagerando la culpa.

“No habléis mal unos de otros”, dice la Escritura (St 4,11). El cotilleo no es menos malo o reprobable sólo porque ahora se le llame “gossip”.

Una vez una mujer fue a confesarse con San Felipe Neri acusándose de haber hablado mal de algunas personas. El santo la absolvió, pero le puso una extraña penitencia. Le dijo que fuera a casa, tomara una gallina y volviera donde él desplumándola poco a poco a lo largo del camino.

Cuando estuvo de nuevo ante él, le dijo: “Ahora vuelve a casa y recoge una por una las plumas que has dejado caer cuando venías hacia aquí”. La mujer le mostró la imposibilidad: el viento las había dispersado. Ahí es donde quería llegar San Felipe.

“Ya ves -le dijo- que es imposible recoger las plumas una vez que se las ha llevado el viento, igual que es imposible retirar murmuraciones y calumnias una vez que han salido de la boca”.

Volviendo al tema de la corrección, hay que decir que no siempre depende de nosotros el buen resultado al hacer una corrección (a pesar de nuestras mejores disposiciones, el otro puede que no la acepte, que se obstine); sin embargo, depende siempre y exclusivamente de nosotros el buen resultado… al recibir una corrección.

De hecho la persona que “ha cometido la culpa” bien podría ser yo y el que corrige ser el otro: el marido, la mujer, el amigo, el hermano de comunidad o el padre superior.

En resumen, no existe sólo la corrección activa, sino también la pasiva; no sólo el deber de corregir, sino también el deber de dejarse corregir. Más aún: aquí es donde se ve si uno ha madurado lo bastante como para corregir a los demás. Quien quiera corregir a otro debe estar dispuesto también a dejarse corregir.

Cuando veáis a alguien que recibe una observación y le oigáis responder con sencillez: “Tienes razón, ¡gracias por habérmelo dicho!”, quitaos el sombrero: estáis ante un auténtico hombre o ante una auténtica mujer.

La enseñanza de Cristo sobre la corrección fraterna debería leerse siempre junto a lo que dijo en otra ocasión: “¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?

¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo?” (Lc 6, 41 s.).

www.homiletica.org
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NOVENA A SAN EZEQUIEL MORENO

San Ezequiel Moreno, agustino recoleto



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte.

Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena. Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, en particular a los terminales y a los que sufren de cáncer. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.


DÍA 7º.- La devoción a la Santísima Virgen es garantía de vida cristiana y de salvación. San Ezequiel profesó un entrañable amor a la Madre de Dios desde su infancia y se constituyó en su apóstol apasionado. (Pausa de reflexión y oración)

Te pedimos, Señor Jesús, nos concedas una delicada piedad hacia tu querida Madre y Madre nuestra, para que la podamos imitar de corazón hasta cantar junto a ella tus alabanzas en la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en la novena)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre nuestro: la oración confiada y la certeza de la intercesión de san Ezequiel son para mí un remanso de paz y de consuelo en mis penas y trabajos. Haz que sus ejemplos me estimulen siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección bondadosa.

Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.


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El maná de cada día, 7.8.17

agosto 7, 2017

Lunes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

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Solo cinco panes y dos peces

Solo cinco panes y dos peces



PRIMERA LECTURA: Números 11, 4-15

En aquellos días, los israelitas dijeron: «¡Quién pudiera comer carne! Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos.

Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná.»

El maná se parecía a semilla de coriandro con color de bedelio; el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite. Por la noche caía el rocío en el campamento y, encima de él, el maná.

Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor; y disgustado, dijo al Señor: «¿Por qué tratas mal a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo? ¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: “Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres”?

¿De dónde sacaré pan para repartirlo a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: “Danos de comer carne.” Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.»


SALMO 80,12-13.14-15.16-17

Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer: los entregué a su corazón obstinado, para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino! En un momento humillaría a sus enemigos y volvería mi mano contra sus adversarios.

Los que aborrecen al Señor te adularían, y su suerte quedaría fijada; te alimentaría con flor de harina, te saciaría con miel silvestre.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


EVANGELIO: Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.

Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»

Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.»

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.

Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
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“MAESTRO, DESPIDE A LA GENTE”

Aquel día había sido agotador. Era tal la cantidad de gente que se agolpaba para oír su predicación, para ser curada de sus enfermedades, que los Apóstoles no llegaban a todo. Así que, aprovechando la hora del atardecer, insistieron prudentemente al Maestro para que fuera ya despidiendo a la gente.

Estaban en un descampado, muchos de ellos tenían que hacer una larga jornada de camino para volver a sus casas, y no habían traído nada para comer. También el Maestro estaba muy cansado y, además, la noche podía caer muy pronto. No era conveniente prolongar más aquello…

Tú y yo, como aquellos cansados Apóstoles, tendemos a un cristianismo suficiente y cumplidor, nada exagerado, acorde con el patrón y la opinión del mundo.

Y todo, quizá, en nombre de la sabia prudencia humana. Por eso, el Señor siempre descoloca nuestros planes y, como aquel día a los Apóstoles, no cesa de invitarnos a más: “No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer”.

Si el Maestro hubiera cedido a las exigencias de la comodidad mediocre y cumplidora de aquellos Apóstoles, no habría podido hacer el milagro grandioso de la multiplicación de los cinco panes y dos peces.

Bastó sólo ese poco de pan, eso poco que en aquel momento podían darle al Señor, para que Él multiplicara con abundancia el esfuerzo de aquellas gentes cansadas.

Todos se saciaron, y no sólo de pan, al ver aquel poder magnífico del Señor inclinándose ante la necesidad y miseria de los hombres.

Mira si tu comodidad, tus excusas, tus intereses egoístas, no están haciendo de tu fe un pan desabrido y seco que ni sacia, ni gusta, ni es capaz de abrirse y acoger la acción de Dios.

Lañas diarias www.mater-dei.es


El maná de cada día, 5.8.17

agosto 5, 2017

Sábado de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

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santos inocentes

Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús

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         CÓMO PUEDES LEER LA BIBLIA: Diez reglas

Lee la Biblia…

  1. … y haz oración.

La Biblia es la Sagrada Escritura. Por eso es bueno que, antes de leer, le pidas a Dios su Espíritu Santo y que, después de haber leído, le des las gracias. ¿Cómo puedes orar? Comienza simplemente con esta breve oración: “Tu Palabra es una lámpara para mis pasos y una luz en mi camino” (Salmo 119,105).

  1. … y déjate sorprender.

La Biblia es un libro lleno de sorpresas. Aun cuando algunos relatos ya los hayas escuchado en otra ocasión, dales una segunda oportunidad. ¡Y dátela también a ti! La Biblia te muestra la inmensidad y grandeza de Dios, que lo supera todo.

  1. … y alégrate.

La Biblia es una gran historia de amor con final feliz: la muerte no tiene ninguna chance (oportunidad o posibilidad). La vida sale victoriosa. Esta buena noticia la encuentras en todos los textos bíblicos. Búscala. Y alégrate cuando la hayas encontrado.

  1. … y hazlo periódicamente, con frecuencia.

La Biblia es el libro para tu vida. Si la lees a diario, aunque solo sea un versículo o un pequeño párrafo, podrás darte cuenta de cuánto bien te hace. Es como con el deporte y con la música: solo la práctica constante hace que uno progrese y, cuando se tiene un poco de práctica, resulta bien entretenido.

  1. … y no leas demasiado.

La Biblia es un tesoro enorme. Se te regala gratuitamente. No necesitas desempaquetarlo todo de inmediato. Lee solamente lo que puedas absorber bien. Si algo te llega o te impacta especialmente, escríbetelo y apréndetelo de memoria.

  1. … y tómate tiempo.

La Biblia es un libro antiquísimo que es siempre joven y siempre nuevo. No es para leerla toda de un tirón. Es bueno hacer pausas. De ese modo puedes reflexionar y captar lo que Dios quiere decirte. Y cuando hayas leído ya toda la Biblia, comienza simplemente de nuevo desde el principio.

  1. … y ten paciencia.

La Biblia es un libro lleno de profunda sabiduría, pero en ocasiones parece también enigmática y extraña. No comprenderás siempre todo de inmediato. Y algunas cosas solo pueden comprenderse partiendo de la época o de la situación histórica. Ten paciencia contigo y con la Biblia. Si hay algo que no llegas a entender, mira el contexto u otros pasajes que traten del mismo tema.

  1. … y léela con otros.

Lo que te dice la Biblia puedes compartirlo con otros. Y lo que otros han descubierto en la Biblia puede ayudarte a comprenderla mejor. Cuando hables con otros sobre la Biblia, cuida de que la Palabra de Dios permanezca en el centro y de que no se le añadan asuntos o intereses extraños. La Biblia no es nunca un arma contra otros; es un puente para artífices de paz.

  1. … y abre tu corazón.

La Biblia es un asunto del corazón. Quien lee la Biblia no puede quedarse en la mera lectura. Dios abre tu corazón. Su palabra se escribe en tu vida y puedes celebrarla en la liturgia. A esto se te invita: a leer la Biblia con el corazón abierto.

  1. … y ponte en camino.

La Biblia es la brújula para tu vida. Ella te muestra por dónde va el camino. El camino lo recorres por ti mismo, pero no lo recorres solo. Piensa en los discípulos de Emaús (Lucas 24, 13-35). Primero no reconocieron a Jesús, que los acompañaba en su tristeza. Pero después se preguntaron: “¿No ardía acaso nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lucas 24, 32).

(Autor desconocido; 4 de agosto 2017)

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PRIMERA LECTURA: Levítico 25, 1. 8-17

El Señor habló a Moisés en el monte Sinaí: -«Haz el cómputo de siete semanas de años, siete por siete, o sea cuarenta y nueve años.

A toque de trompeta darás un bando por todo el país, el día diez del séptimo mes. El día de la expiación haréis resonar la trompeta por todo vuestro país.

Santificaréis el año cincuenta y promulgaréis manumisión en el país para todos sus moradores.

Celebraréis jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y retornará a su familia.

El año cincuenta es para vosotros jubilar; no sembraréis ni segaréis el grano de ricio ni cortaréis las uvas de cepas bordes.

Porque es jubileo; lo considerarás sagrado. Comeréis de la cosecha de vuestros campos.

En este año jubilar cada uno recobrará su propiedad.

Cuando realices operaciones de compra y venta con alguien de tu pueblo, no lo perjudiques. Lo que compres a uno de tu pueblo se tasará según el número de años transcurridos después del jubileo.

Él a su vez te lo cobrará según el número de cosechas anuales: cuantos más años falten, más alto será el precio; cuanto menos, menor será el precio. Porque él te cobra según el número de cosechas.

Nadie perjudicará a uno de su pueblo. Teme a tu Dios.
Yo soy el Señor, vuestro Dios.»


SALMO 66, 2-3. 5. 7-8

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.

La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 10

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.


EVANGELIO: Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: -«Ése es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los poderes actúan en él. »

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo habla metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta.

El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes que juró darle lo que pidiera.

Ella, instigada por su madre, le dijo: -«Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. »

El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre.

Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
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LAS PRISAS DE SATANÁS

Es contundente la seguridad con que la Biblia afirma, de diversas maneras, el final de esta historia y la transfiguración de este mundo en esos cielos nuevos de los que habla el Apocalipsis.

Este tiempo, por tanto, es breve. Aunque queden todavía miles o millones de años, el fin temporal del pecado y del mal está señalado por Dios. El libro de este mundo llegará a escribir su última página y su última palabra.

Por eso, Satanás tiene prisa, mucha prisa, por librar su batalla contra Dios en cada una de las almas. Sólo dispone de tu vida, muy corta, para impedirte tu salvación y tu entrega a Dios.

En cambio, el tiempo de Dios, que es la eternidad, escapa de los parámetros de nuestro tiempo finito, de nuestros esquemas tan canijos y de nuestras perspectivas tan miopes.

En nuestras prisas y agobios, en nuestra ambición por aprovechar y agotar el tiempo de que disponemos, hay mucho de esa lucha de Satanás contra Dios. El agobio nos impide amar a Dios porque implica un amor desmedido y extremo por nuestras cosas, por nuestros planes, por nuestro tiempo.

En la prisa y en el agobio yo me erijo señor y dueño absoluto de mi vida y de mi tiempo, en lugar de dejar que la providencia de Dios sea la que gobierne ese tiempo y esa actividad. Cuántas veces has experimentado esa acción casi imperceptible y suave de Dios que, en un instante, te resuelve eso que tú pensabas requería mucho más tiempo.

Vivir en la calma y sosiego, aun en medio de una tremenda actividad, dispone el alma para esa contemplación de Dios, que hace de las cosas ocasiones de la presencia de Dios y del tiempo esos pequeños anticipos de la eternidad en la que algún día viviremos.

No dejes que el demonio venza a Dios en cada uno de los minutos de tu vida y llena tu tiempo sólo de salvación, no de condenación.

Lañas diarias www.mater-dei.es


El maná de cada día, 2.8.17

agosto 2, 2017

Miércoles de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

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El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo



PRIMERA LECTURA: Éxodo 34, 29-35

Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor.

Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él.

Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló.

Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí.

Y, cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo por la cara.

Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía, comunicaba a los israelitas lo que le habían mandado. Los israelitas veían la piel de su cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo por la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.


SALMO 98

Santo eres, Señor, Dios nuestro.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía.

Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo: Santo es el Señor, nuestro Dios.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 15b

A vosotros os llamo amigos -dice el Señor-, porque todo lo que oído a mi Padre os lo he dado a conocer.


EVANGELIO: Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»


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El maná de cada día, 1.8.17

agosto 1, 2017

Martes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

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El Señor no las abrogó, sino que les dio ple­nitud

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PRIMERA LECTURA: Éxodo 33, 7-11; 34, 5b-9. 28

En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó «tienda del encuentro».

El que tenía que visitar al Señor salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro. Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que éste entraba en la tienda; en cuanto él entraba, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda, mientras él hablaba con el Señor, y el Señor hablaba con Moisés.

Cuando el pueblo vela la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se prosternaba, cada uno a la entrada de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después él volvía al campamento, mientras Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la tienda. Y Moisés pronunció el nombre del Señor.

El Señor pasó ante él, proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Misericordioso hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado, pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación.»

Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.
Y le dijo: «Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»

Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua; y escribió en las tablas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos.

SALMO 102, 6-7. 8-9. 10-11. 12-13

El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo.

No nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles.

Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.


Aclamación antes del Evangelio

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.


EVANGELIO: Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»

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EL TESTAMENTO DE DIOS

San Ireneo (Contra los herejes 4, 16, 2-5)

Moisés dice al pueblo en el Deuteronomio: El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb; no hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros.

¿Por qué razón no la hizo con nuestros pa­dres? Porque la ley no ha sido instituida para el justo; y los padres eran justos, tenían la eficacia del decálogo inscrita en sus cora­zones y en sus almas, amaban a Dios, que los había creado, y se abstenían de la injusticia con respecto al prójimo: razón por la cual no había sido necesario amonestarlos con un texto de corrección, ya que la justicia de la ley la llevaban dentro de ellos.

Pero cuando esta justicia y amor hacia Dios cayeron en olvido y se extinguieron en Egipto, Dios, a causa de su mucha misericordia hacia los hombres, tuvo que manifestarse a sí mismo mediante la palabra.

Con su poder, sacó de Egipto al pueblo para que el hombre volviese a seguir a Dios; y afligía con prohibiciones a sus oyentes, para que nadie despreciara a su Creador.

Y lo alimentó con el maná, para que recibiera un alimento espiritual, como dice también Moisés en el Deuteronomio: Te alimentó con el maná, que tus padres no conocieron, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios.

Exigía también el amor hacia Dios e insi­nuaba la justicia que se debe al prójimo, para que el hombre no fuera injusto ni indigno para con Dios, preparando de antemano al hombre mediante el decálogo, para su amistad y la concordia que debe mantener con su prójimo; cosas todas provechosas para el hombre, sin que Dios necesitara para nada de él.

Efectivamente, todo esto glorificaba al hom­bre, completando lo que le faltaba, esto es la amistad de Dios, pero a Dios no le era de nin­guna utilidad, pues Dios no necesitaba del amor del hombre.

En cambio, al hombre le faltaba la gloria de Dios, y era absolutamente imposible que la alcanzara, a no ser por su empeño en agradarle. Por eso, dijo también Moisés al pueblo: Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra.

A fin de preparar al hombre para semejante vida, el Señor dio, por sí mismo y para todos los hom­bres, las palabras del Decálogo: por ello estas palabras continúan válidas también para no­sotros, y la venida de la carne de nuestro Señor no las abrogó, antes al contrario les dio ple­nitud y universalidad.

En cambio, aquellas otras palabras que contenían sólo un significado de servidumbre, aptas para la erudición y el castigo del pueblo de Israel, las dio separadamente, por medio de Moisés, y solo para aquel pueblo, tal como dice el mismo Moisés: Yo os enseño los mandatos y decretos que me mandó el Señor.

Aquellos preceptos, pues, que fueron dados como signo de servidumbre a Israel han sido abrogados por la nueva alianza de libertad; en cambio, aquellos otros que forman parte del mismo derecho natural y son origen de libertad para todos los hombres, quiso Dios que encontraran mayor plenitud y universalidad, concediendo con largueza y sin límites que todos los hombres pudieran conocerlo como padre adoptivo, pudieran amarlo y pudieran seguir, sin dificultad, a aquél que es su Palabra.


El maná de cada día, 29.7.17

julio 29, 2017

Sábado de la 16ª semana del Tiempo Ordinario

Santa Marta

Santa Marta

Santa Marta


Antífona de entrada: Lc 10, 38

Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.


Oración colecta

Dios todopoderoso, tu Hijo aceptó la hospitalidad de santa Marta y se albergó en su casa; concédenos, por intercesión de esta santa mujer, servir fielmente a Cristo en nuestros hermanos y ser recibidos, como premio, en tu casa del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todas las palabras del Señor y todos sus decretos; y el pueblo contestó con voz unánime: «Cumpliremos todas las palabras que ha dicho el Señor».

Moisés escribió todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes de los hijos de Israel ofrecer al Señor holocaustos e inmolar novillos como sacrificios de comunión.

Tomó Moisés la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después tomó el documento de la alianza y se lo leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos».

Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras».


SALMO 98, 5. 6. 7. 9

Santo eres, Señor, Dios nuestro.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía.

Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo: Santo es el Señor, nuestro Dios.


ALELUYA: Jn 8, 12b

Yo soy la luz del mundo -dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.



EVANGELIO: Juan 11, 19-27

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»

Ella le contestó: «Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»


Antífona de comunión: Jn 11, 27

Marta dijo a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.



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29 de julio
Santa Marta

Era hermana de María y de Lázaro; cuando hospedó al Señor en su casa de Betania, se esforzó en servirle lo mejor que pudo y, más tarde, con sus oraciones impetró la resurrección de su hermano.


Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa
De los sermones de san Agustín, obispo

Las palabras del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de ocupaciones de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender.

Tender, porque somos todavía peregrinos, no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella tiende nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así podremos un día llegar a término.

Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor, ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor.

Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimentar con su Espíritu.

Porque el Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimentado por los esclavos, y ello no por la necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmente una condescendencia el permitir ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed.

Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, él, que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y convirtiéndolos en coherederos.

Pero que nadie de vosotros diga: «Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa». No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Por lo demás, tú, Marta –dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos servicios–, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?

Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

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