El Papa: Populismo y violencia amenazan el mundo, urge nuevo diálogo

enero 7, 2019

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Los conflictos de América en el mensaje de inicio de año dirigido por Francisco a los embajadores acreditados en el Vaticano. Nicaragua y Venezuela en el pensamiento del Papa; pero también los migrantes, las nuevas formas de esclavitud, la depredación de la naturaleza y el armamentismo.

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El Papa: Populismo y violencia amenazan el mundo, urge nuevo diálogo

Los conflictos de América en el mensaje de inicio de año dirigido por Francisco a los embajadores acreditados en el Vaticano. Nicaragua y Venezuela en el pensamiento del Papa; pero también los migrantes, las nuevas formas de esclavitud, la depredación de la naturaleza y el armamentismo

Por Andrés Beltramo Álvarez

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Populismo y violencia. Son las preocupaciones número uno del Papa, en el ámbito de la política internacional. Así quedó claro en el discurso que pronunció ante los embajadores acreditados en el Vaticano.

En un denso y detallado mensaje, Francisco repasó los principales conflictos del mundo. De Nicaragua a Venezuela, del Congo a Ucrania, de Irak a la Tierra Santa. En el fondo de todas estas crisis identificó la decadencia del sistema multilateral. Por eso instó a forjar un nuevo diálogo entre las naciones, que pueda frenar el precipicio de una nueva guerra total.

Como es tradición, Jorge Mario Bergoglio recibió a los miembros del cuerpo diplomático al inicio del año. Lo hizo la mañana de este lunes en la Sala Regia del Palacio Apostólico, un escenario imponente para un discurso sin descuentos.

En él abordó también temas de candente actualidad eclesiástica como los abusos sexuales contra menores, el acuerdo provisional para el nombramiento de obispos en China y el próximo Sínodo de los Obispos sobre la Amazonia.

“La Santa Sede no busca interferir en la vida de los estados, sino que su pretensión no es otra que la de ser un observador atento y sensible de las problemáticas que afectan a la humanidad, con el sincero y humilde deseo de ponerse al servicio del bien de todo ser humano”, aclaró de entrada.

Inmediatamente después trazó un diagnóstico sobre los “momentos de dificultad” que afronta la comunidad internacional y el sistema multilateral en su conjunto.

Advirtió sobre el resurgir de las “tendencias nacionalistas que minan la vocación de las organizaciones internacionales de ser un espacio de diálogo y encuentro para todos los países”. Y estableció que, ante esa crisis, “prevalece la búsqueda de soluciones unilaterales y el dominio del más fuerte sobre el más débil”.

Sin mencionarlo claramente, el líder católico evocó un lema de moda: el “nosotros primero”. Recordó que, el siglo pasado, la Sociedad de las Naciones entró en crisis porque los miembros no fueron capaces de encontrar acuerdos compartidos y, en el arco de dos décadas, el planeta desbarrancó en la Segunda Guerra Mundial. Ahora, las principales organizaciones internacionales se ven amenazadas “por las mismas actitudes”, alertó.

“Esto es debido a cierta incapacidad del sistema multilateral para ofrecer soluciones eficaces a las situaciones que desde hace tiempo están pendientes de resolución, como algunos conflictos ‘congelados’, y para afrontar los desafíos actuales en modo satisfactorio para todos. En parte, es el resultado de la evolución de las políticas nacionales, condicionadas cada vez con mayor frecuencia por la búsqueda de un consenso inmediato y sectario, en lugar de buscar pacientemente el bien común con respuestas a largo plazo”, siguió.

Denunció además el avance de poderes y grupos de interés que imponen sus propias visiones e ideas dentro de los organismos internacionales, “desencadenando nuevas formas de colonización ideológica, que a menudo no respetan la identidad, la dignidad y la sensibilidad de los pueblos”.

Y comparó el tiempo actual con el ambiente vivido durante el periodo entre la primera y la segunda guerra mundial, cuando prevalecieron las tendencias populistas y nacionalistas. Ahora, sostuvo, la reaparición de corrientes similares es fruto de una falta general de confianza, una crisis de credibilidad y la marginación de los más vulnerables.

Por eso ratificó su preocupación por la tendencia impuesta por estos populismos que buscan hacer prevalecer los intereses de cada nación, que ignoran el derecho y la justicia como herramientas para resolver las controversias. Una actitud, apuntó el Papa, que es alimentada por quienes han sido llamados a gobernar y que se acentúa por el malestar creciente entre los ciudadanos de muchos países.

“Es oportuno que los políticos escuchen la voz de sus pueblos y busquen soluciones concretas para favorecer el bien mayor. Eso exige, sin embargo, el respeto del derecho y de la justicia, tanto dentro de la comunidad nacional como internacional, porque soluciones relativas, emotivas y apresuradas pueden conseguir acrecentar un consenso efímero, pero no contribuirán nunca a la solución de los problemas más profundos, al contrario, los aumentarán. A la política se le pide tener altura de miras y no limitarse a buscar soluciones de poco calado”, delineó.

Los focos de tensión americanos también encontraron espacio en el mensaje. Francisco reveló que sigue de cerca la situación en Nicaragua y deseó que “las distintas instancias políticas y sociales encuentren en el diálogo el camino principal para empeñarse por el bien de toda la nación”.

Para Venezuela, auguró “que se encuentren vías institucionales y pacíficas para solucionar la persistente crisis política, social y económica, vías que consientan asistir sobre todo a los que son probados por las tensiones de estos años y ofrecer a todo el pueblo venezolano un horizonte de esperanza y de paz”.

Garantizó el compromiso del Vaticano por ayudar concretamente a los más débiles, como la campaña humanitaria lanzada a favor de la población sufriente de Ucrania, ubicada en las regionales orientales del país y que padecen un conflicto “que dura desde hace casi cinco años y que ha tenido recientemente algunos episodios preocupantes en el Mar Negro”.

“La Santa Sede también espera que se reanude el diálogo entre israelíes y palestinos, para que finalmente se llegue a un acuerdo que responda a las aspiraciones legítimas de ambos pueblos, asegurando la convivencia entre los dos estados y el logro de una paz tan esperada y deseada”, dijo.

Para Medio Oriente invocó el compromiso para promover la paz en Yemen e Irak. Pidió a la comunidad internacional dar voz a las víctimas de la guerra en Siria, promoviendo una solución política al conflicto y detener las “violaciones de los derechos humanos, que causan sufrimientos inenarrables a la población civil, especialmente a mujeres y niños”.

Al mismo tiempo reconoció los avances en la Península Coreana donde, señaló, se buscan “soluciones compartidas y duraderas”. Alabó el acuerdo por reforzar las relaciones diplomáticas entre el Vaticano y Vietnam, donde se nombrará un representante pontificio residente en breve. Destacó los acuerdos entre Etiopía y Eritrea, en Sudán del Sur y otros “signos de esperanza” verificados en África.

Se mostró preocupado por la situación en la República Democrática del Congo, donde pidió respeto al resultado de las últimas elecciones como “factor determinante para una paz sostenible”. Y se mostró cercano con las víctimas de la violencia fundamentalista en Mali, Níger, Nigeria, así como de las persistentes tensiones internas en Camerún.

Un comentario aparte mereció el acuerdo provisional alcanzado entre la Santa Sede y la República Popular de China para el nombramiento de obispos en ese país asiático, firmado el 22 de septiembre. Lo atribuyó al fruto de un “largo y ponderado diálogo institucional”.

Agradeció a Dios porque, por primera vez después de tantos años, todos los obispos en China estén en plena comunión con el sucesor de Pedro y con la Iglesia universal. “Esperemos que la prosecución de los contactos para la aplicación del Acuerdo Provisional firmado contribuya a resolver las cuestiones abiertas y asegure los espacios necesarios para un desarrollo efectivo de la libertad religiosa”, continuó.

Más allá de los conflictos específicos, Bergoglio también desglosó otras grandes tragedias de la actualidad; como el problema de los cristianos en Medio Oriente. Instó a las autoridades políticas a no dejar de garantizarles la seguridad necesaria y todos aquellos requisitos que les permitan seguir viviendo en los países de los que son plenamente ciudadanos.

Urgió a defender a los migrantes y los refugiados. “Deseo llamar la atención de los gobiernos para que se ayude a quienes han emigrado a causa del flagelo de la pobreza, de todo tipo de violencia y persecución, así como de los desastres naturales y el cambio climático, y para que se tomen las medidas que permitan su integración social en los países de acogida”, clamó. Solicitó respeto a su dignidad y derechos humanos, advirtiendo que el desafío de la migración no puede resolverse “con la lógica de la violencia y del descarte, ni con soluciones parciales”.

Agradeció a los gobiernos que han colaborado en la acogida de migrantes durante el año pasado, y mencionó especialmente a Colombia que, junto a otros países de la región, ha recibido a un gran número de venezolanos. Al mismo tiempo aceptó que las olas migratorias de estos años han causado desconfianza y preocupación, llevando a los gobiernos de Europa y de América a limitar los flujos de entrada. Pero fustigó la tentación de construir nuevos muros.

“Las emergencias recientes han demostrado que se necesita una respuesta común, coordinada por todos los países, sin prevenciones y respetando todas las instancias legítimas, tanto de los Estados como de los migrantes y refugiados”, consideró.

Más adelante, el pontífice usó duras palabras contra la “plaga” de los abusos contra menores, que calificó como “uno de los peores y más viles crímenes posibles”, que “destruye inexorablemente lo mejor que la vida humana reserva para un inocente, causando daños irreparables para el resto de su existencia”.

Afirmó que la Iglesia trabaja para combatir y prevenir esos crímenes y su ocultamiento, para llegar a la verdad sobre los casos que involucran a eclesiásticos y para hacer justicia a los niños víctimas.

También condenó la violencia contra las mujeres. “Ante el flagelo del abuso físico y psicológico, es urgente volver a encontrar formas de relaciones justas y equilibradas, basadas en el respeto y el reconocimiento mutuos, en las que cada uno pueda expresar su identidad de manera auténtica, mientras que la promoción de algunas formas de indiferenciación corre el riesgo de desnaturalizar el mismo ser hombre o mujer”, precisó.

Defendió el derecho al empleo. Convocó a afrontar la disminución de puestos de trabajo y la pérdida de garantías económicas y sociales a causa del avance tecnológico. Exhortó a combatir el trabajo infantil y las nuevas formas de esclavitud, así como la disminución progresiva del valor de los salarios, especialmente en los países desarrollados, y la discriminación persistente de las mujeres en el ámbito laboral.

El Papa lamentó que el mercado de armas se mantenga en auge y avance la tendencia cada vez más generalizada a armarse, entre los individuos como entre los Estados. Expresó preocupación porque el crecimiento de armas cada vez más sofisticadas está sustituyendo al desarme nuclear.

“Las relaciones internacionales no pueden ser dominadas por las fuerzas militares, por las intimidaciones recíprocas, por la ostentación de los arsenales bélicos”, constató.

Animó a un compromiso más decisivo de los Estados para hacer frente con urgencia al fenómeno preocupante del calentamiento global, porque -dijo- la Tierra pertenece a todos y las consecuencias de su explotación recaen sobre la población mundial, y de manera más dramática en algunas regiones.

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El maná de cada día, 28.12.18

diciembre 28, 2018

Los Santos Inocentes

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santos inocentes 1



Antífona de entrada

Los niños inocentes murieron por Cristo, son el cortejo del Cordero sin mancha, a quien alaban diciendo: Gloria a ti, Señor.


Oración colecta

Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 1, 5–2,2

Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras.

Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.


SALMO 123, 2-3.4-5.7b-8

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes.

La trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

ALELUYA

A ti, oh Dios te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti te ensalza el blanco ejército de los mártires.


EVANGELIO: Mateo 2, 13-18

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.

Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»


Antífona de comunión: Apocalipsis 14, 4

Ellos son los rescatados como primicias de la humanidad para Dios y el Cordero; ellos son el cortejo del Cordero adondequiera que vaya.

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EL MARTIRIO NECESARIO DE LOS SANTOS INOCENTES

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Vino a los suyos, a su propia casa

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La Navidad junto con la Pascua constituye el centro de nuestra fe. La Navidad, el comienzo; y la Pascua, la culminación.

En la Navidad, la Iglesia rebosa de gozo y admiración ante la manifestación plena de los designios divinos, guardados en la intimidad de la familia divina durante toda la eternidad. Es un acontecimiento que sobrecoge totalmente a la criatura, al sentirse y verse anegada por el Amor de Dios.

El Creador se desposa con la criatura. Dios se hace hombre para que éste llegue a ser Dios. Se trata de un “admirable intercambio”, algo totalmente impensable para la mente del hombre.

Por eso la Iglesia exulta de gozo, canta y danza para su Señor: como una novia se viste de fiesta y se adorna con sus joyas. Y celebra este desposorio en “el día que hizo el Señor”, prolongado por el espacio de una octava. ¡Qué menos! También la Pascua tiene su octava.

La Navidad permite al creyente renovar su amor al Señor desde lo más profundo de su ser. La contemplación de la pequeñez del Niño de Belén y la ternura de María y de José no pueden menos de avivar las ascuas del primer amor en cada creyente. Dios mismo por su Palabra invita a la Iglesia entera a despojarse del velo de tristeza y a vestirse de fiesta.

Todos los hombres y la creación entera deben saltar de júbilo y felicidad ante la maravillosa aparición del amor de Dios: algo que ni ojo vio, ni oído escuchó ni pudo imaginar jamás mente humana. Por si hacía falta, el Padre Dios acredita a su Hijo de manera inapelable: Y se oye la voz del Padre que grita: “Tratadlo bien; escuchadle, es el Maestro, mi hijo querido es”.

Muchos lo recibieron con alegría: Comenzando por su madre la Virgen María, y san José; y siguiendo por Isabel, los ángeles, los pastores, los sabios de Oriente, el anciano Simeón y la profetisa Ana en el templo.

Y una multitud de creyentes de todos los tiempos hasta nuestros días. Algunos dando la vida por él, como los Niños Inocentes, o como testigos suyos hasta derramar su sangre como san Esteban protomártir, y tantos y tantos, hasta hoy.

Pero otros, tristemente, rechazaron la visita de Dios y su amistad, comenzando por Herodes y siguiendo por otros contemporáneos suyos hasta llegar a nuestros días. Según el evangelio de Juan, La Palabra de Dios, que era la Vida de los hombres, vino a su propia casa, pues todo fue pensado en ella y por ella realizado.

El Creador visitó a su criatura, pero ésta “no lo reconoció” como su Hacedor. Incomprensiblemente el hombre no se dejó seducir por la ternura y la debilidad de Dios, no se admiró de su humildad, se resistió, y, finalmente no adoró a su Señor. Hasta intentó matarlo. Y al no alcanzarlo, se ensañó con sus testigos. He ahí la cara trágica de la Navidad, que también se prolonga hasta nuestros días.

Dios en la persona del Verbo vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. ¿Por qué?

Por las sinrazones del libre albedrío del hombre: porque rehuyeron que sus vidas fueran iluminadas por La Luz; porque temían que sus obras malas fueran reprobadas, al igual que sus mentiras y desnudez; porque estaban ocupados en sus cosas; porque no querían cambiar y menos perder su poder y sus placeres; porque les dominó la pereza, la cobardía y se hicieron los desentendidos; porque tenían sus riquezas y creían no necesitar de Dios.

En fin, porque pensaron que Dios era su enemigo y temieron perder lo que tenían.

Cuando Herodes escuchó de los sabios de Oriente que había nacido “el rey de los judíos”, se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Tanto le perturbó la noticia que decidió matar al niño anunciado como rey. Pero al sentirse burlado por los sabios, se enfureció mucho y mandó matar a todos los niños de Belén y alrededores que tuvieran menos de dos años.

He aquí cómo la Navidad, la noticia gozosa de la llegada de aquel que trae la Vida al mundo, se convierte en terrible noticia y trágica realidad cuando algunos hombres prefieren seguir en las tinieblas y se niegan a venir a la Luz. Los que no reconocen a su Señor prefieren vivir al margen de Dios menospreciando su invitación y entonces, no sólo se lastiman a sí mismos, sino que necesariamente dañarán también a los demás, aunque sólo en el cuerpo, por más que los masacren.

De esta manera, el Niño de Belén provoca contradictorias reacciones y actitudes entre los hombres. El anciano Simeón tomando al Niño en sus brazos dijo a María, su madre: “Mira, este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón: así quedarán al descubierto las intenciones de todos” (Lc 2, 34-35).

Con esta actitud de rechazo el hombre se autocondena a vivir radicalmente desequilibrado, se daña a sí mismo en el núcleo de su ser: que es su condición de “religado” con Dios su Creador, condición “religiosa”. Consiguientemente, todo queda desordenado y violentado.

La increencia y el laicismo constituyen, objetivamente considerados, la mayor desgracia del hombre y su mayor empobrecimiento en el orden del ser: que se proyectará de manera negativa en el orden moral y en el orden afectivo y trascendental. Por el contrario, la mayor riqueza del hombre será conocer y adorar a Dios entrando en una relación gozosa con él, comenzada en el tiempo y prolongada en la eternidad.

Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, y su mayor dignidad y valía radican en la capacidad de relacionarse con Dios entrando a su misma familia. El hombre está llamado a ser hijo del Padre Dios, hermano de Cristo y templo del Espíritu Santo. No será más, pero tampoco menos que eso. Así lo determinó Dios porque sí, porque le pareció bien. No nos consultó. No obró buscando de manera egoísta su provecho. Él es amor. Decirle a Dios que se ha equivocado amándonos demasiado constituye nuestra mayor equivocación.

Por el contrario, agradecer ese designio santo es entrar en la vida para siempre. San Agustín lo reconoció agradecido: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta descansar en ti”. Lo confesó con humildad y alabó a Dios diciendo “tarde te amé, hermosura, tan antigua y tan nueva, tarde te amé”.

La liturgia de la Madre Iglesia nos enseña que para llegar a la Navidad hay que pasar por el Adviento. Es decir, por un ejercicio del deseo de Dios. Toda persona en el fondo aspira a Dios y busca a Dios siempre, aunque a tientas.

Ante la increencia, nosotros deberíamos especializarnos en el arte del deseo, primero en nuestra propia casa y después ofreciendo nuestra experiencia al entorno laicista y ateo que nos envuelve.

Podríamos preguntarnos: ¿Qué buscan nuestros coetáneos cuando hacen turismo y viajan a veces de manera compulsiva, cuando juegan la lotería, luchan por el poder, vibran con el deporte y recurren con avidez a todo género de experiencias placenteras y gratificantes? Quizás han elegido mal el objeto de su satisfacción, buscando la felicidad allá donde no está.

Cuando uno observa cómo muchos hombres de nuestro tiempo, aparentemente al menos, se alejan de Dios y no les interesa conocerlo y menos adorarlo, no puede quedar indiferente.

¿Quedará Dios indiferente ante este fenómeno del ateísmo y del laicismo? ¿Cómo verá Dios nuestro mundo, qué sentirá?

Quizás decepción infinita… pero a la vez compasión infinita, porque, de hecho, cada año, cada Navidad, vuelve a repetir su apuesta por el hombre, y sigue viniendo en debilidad e indefensión. Pongo ante ti, la vida y la muerte, elige la vida y vivirás. ¿Cuál es tu respuesta, cuál está siendo? “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, recuerda san Agustín.

Es tu oportunidad. Aprovéchala y compra tu felicidad de una vez por todas. ¡Sería tu mejor Navidad, la que no pasa


¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?

diciembre 26, 2018

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¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?

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¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?

¿Por que la justificamos diciendo que este sector crea puestos de trabajo?

Por César Nebot

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¿Consideramos aceptable no acabar con un grupo terrorista simplemente porque su constante amenaza genera demanda de servicios de seguridad y, por lo tanto, desde el punto de vista económico, puestos de trabajo? ¿Qué pensaríamos si además quien vendiera armas argumentara que es armamento de precisión? Indignados clamaríamos por los derechos humanos y nos repugnarían los pretexto peregrinos.

Pero claro, si las muertes que provocan no son cercanas y pueden no ser televisadas entonces nos quedan lejos. Si el comprador es Arabia Saudí y los muertos son yemeníes, ya es harina de otro costal. Caemos rápidamente en el conformismo y miramos a otro lado.

“Es un contrato de bombas asépticas que apenas matan; es bueno para luchar contra el desempleo”, nos repetimos como Gollum de “El Señor de los Anillos”, para adormilar conciencias, batallando en su ambivalencia. Con tal de aceptar lo que sea, nos aferramos a lo que nos tranquilice y permita pervivir exentos de responsabilidad. 

Siempre me saltan todas las alarmas cuando pretenden venderme como bueno algo aludiendo a que pretenden luchar contra el desempleo. Es el comodín estrella que suele esconder otra realidad. Una vez usado nadie cuestiona, nadie protesta.

Curiosamente, quienes defienden a capa y espada la movilidad y readaptación laboral a nuevos sectores, cuando se trata del sector de la venta de armas, suelen olvidar la reconversión en este caso. Esa incoherencia compromete la supuesta honestidad en su lucha contra el desempleo. 

Como el bienestar proviene de lo que disponemos y la conciencia de lo que conocemos, tenemos tendencia a ignorar ciertas realidades y a adquirir argumentos anestésicos para adormilarnos. 

Preferimos vendarnos los ojos y seguir con nuestra película, observando conflictos y muerte por televisión mientras olvidamos que parte de nuestro bienestar depende de vender armamento.

La inquietante intro de la película “El Señor de la Guerra” muestra el recorrido de una bala desde su fabricación hasta que atraviesa la cabeza de un niño en el tercer mundo. Las rentas de ese negocio recorren el camino contrario engrosando nuestro bienestar civilizado, azotea desde la que indignarnos exentos de culpabilidad y responsabilidad. Nos exculpamos desde una torre de superioridad moral exenta de redención.

Lo primero que deberíamos hacer es aceptar la realidad desnuda. De igual manera que para poder resucitar se precisa aceptar la cruz, aceptar nuestra realidad social es el primer paso para permitir su transformación.

La cruda realidad es que unos pocos obtienen suculentas comisiones de este negocio y fomentan argumentos clorofórmicos (pues admitir abiertamente que el objeto último y principal es su acumulación de riqueza) que socialmente aceptamos.

Como perros en torno a una mesa de la que caen las migajas, el resto nos beneficiamos vía impuestos, empleo o consumo del suculento y cruento negocio. No disparar nos exime de culpa pero no de responsabilidad. En consecuencia, es necesario que demos respuesta no de compasión o caridad, sino de justicia. 

Un amigo misionero, procurando civilizadamente sembrar paz en el deprimido norte de Uganda, se quedó desarmado de argumentos cuando su ayudante indígena extrajo una bala Made in Spain del cadáver de un niño de cinco años.

Aunque en nuestro mundo nos creamos en una perfecta burbuja moral, desde fuera nada genera mayor descrédito que nuestra hipocresía.

Individualmente, como pequeños Davides, es difícil que podamos hacer nada contra los Goliath pero, tal vez, si el político necesita esconder las vergüenzas, podemos negarnos a aceptar adormilar nuestras conciencias ante la obstinada declaración de nuestros políticos que pretenden desviar la atención. 

¿Miramos a otro lado cuando hablamos de venta de armas?


El éxodo de 8 millones de venezolanos, por Andrés Oppenheimer

diciembre 17, 2018

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“¿Qué pasaría si el éxodo venezolano crece a 8 millones, como lo pronostica el estudio de Brookings?” (Ilustración: Giovanni Tazza)

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El éxodo de 8 millones de venezolanos, por Andrés Oppenheimer

“Sería el mayor éxodo masivo del mundo en los últimos tiempos y podría desestabilizar la región”.

Por Andrés Oppenheimer 

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Un nuevo estudio de Brookings Institution según el cual el número de refugiados venezolanos se disparará a 8 millones debería estar causando alarma en Estados Unidos y América Latina. Sería el mayor éxodo masivo del mundo en los últimos tiempos, más grande que la crisis de refugiados sirios, y podría desestabilizar la región.

El estudio del economista venezolano-israelí de Brookings, Dany Bahar, y del investigador Douglas Barrios, dice que la proyección de 8 millones incluye a los 3 millones de venezolanos que, según las Naciones Unidas, ya han abandonado su país debido a la crisis humanitaria. La mayoría de los refugiados ha huido a Colombia.

El estudio no especifica el marco de tiempo en que se llegaría a la cifra de 8 millones, por lo que llamé a Bahar y le pedí que fuera más específico. ¿Estamos hablando de una década o de dos o tres décadas?, le pregunté. “No, estamos hablando de un período de tiempo mucho más corto, de unos dos o tres años”, me dijo Bahar.

El estudio toma en cuenta la tasa de pobreza del 87% de Venezuela, el colapso económico del país, los pronósticos mundiales de precios del petróleo y también las remesas familiares de los venezolanos que ya están enviando dinero desde el exterior.

Cuando le pregunté si la cifra de 8 millones de refugiados es el escenario más optimista o pesimista de su estudio, Bahar me respondió que “es un escenario con suposiciones bastante realistas. Si erra, erra para el lado conservador”.

Si el estudio es correcto, es difícil prever cómo Estados Unidos y América Latina podrían lidiar con este éxodo masivo. Colombia ya está pidiendo ayuda internacional, pero está recibiendo mucho menos de lo que necesita.

Cuando recientemente le pregunté a la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez, si su país podría aceptar a un millón adicional de inmigrantes venezolanos en el 2019, como lo ha proyectado la Oficina de Migración de su país, me dijo: “No, no podríamos realmente”.

De hecho, las ciudades colombianas en la frontera con Venezuela ya están desbordadas. Sus escuelas y hospitales están repletos y difícilmente podrían recibir más inmigrantes.

Y el presidente Trump, a pesar de su retórica de línea dura contra la dictadura de Venezuela, no ha sido muy bondadoso con los inmigrantes venezolanos, probablemente porque tenderles una mano a los refugiados venezolanos socavaría su falsa demagogia de que Estados Unidos tiene una crisis inmigratoria.

De hecho, el número de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos ha disminuido significativamente en los últimos diez años, según el Centro de Investigación Pew.

La semana pasada se presentó en el Senado un proyecto de ley bipartidista para otorgar el estatus de protección temporal (TPS, por sus siglas en inglés) a los refugiados venezolanos, pero el esfuerzo fue liderado por un demócrata, el senador Bob Menéndez.

Entonces, ¿qué pasaría si el éxodo venezolano crece a 8 millones, como lo pronostica el estudio de Brookings?

Algunos especulan que el presidente electo ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro lideraría una intervención militar respaldada por Estados Unidos para derrocar al dictador venezolano Nicolás Maduro.

Quienes creen en ese escenario señalan que Bolsonaro ya se ha comprometido a ser un aliado cercano de Trump, y que la última vez que Brasil y Estados Unidos fueron aliados cercanos, en la década de 1960, las fuerzas brasileñas y estadounidenses invadieron la República Dominicana.

Pero Bolsonaro va a estar demasiado concentrado en tratar de resucitar la economía de Brasil para gastar su capital político en una intervención extranjera.

Y lo más probable es que Trump esté demasiado ocupado tratando de defenderse de cargos cada vez más serios de que habría cometido varios delitos antes y durante su campaña electoral del 2016. Aunque también es cierto que Trump –acorralado por sus propios errores– también podría iniciar una guerra para desviar la atención pública de sus problemas domésticos.

En cualquier caso, este nuevo estudio de Brookings debería tomarse muy en serio.

La comunidad internacional debería escalar sus sanciones diplomáticas a Maduro antes de que asuma el cargo el 10 de enero por un nuevo período de seis años. Si el mundo mira hacia otro lado, pronto estaremos ante una crisis regional mucho más grave.

© El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Content Agency, LLC

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/exodo-8-millones-venezolanos-andres-oppenheimer-noticia-588469


El combate y la vigilancia, según Gaudete et exsultate, 158-165, (13)

diciembre 11, 2018

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La vida cristiana es una lucha constante contra el Diablo, el príncipe del mal. Jesús se alegraba cuando sus discípulos anunciaban el Evangelio y vencían al Maligno: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo» (Lc 10,18). Ahora festeja nuestras victorias.

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El combate y la vigilancia

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La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida.

No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones (cada uno tiene la suya: la pereza, la lujuria, la envidia, los celos, y demás).

Es también una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal. Jesús mismo festeja nuestras victorias. Se alegraba cuando sus discípulos lograban avanzar en el anuncio del Evangelio, superando la oposición del Maligno, y celebraba: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo» (Lc 10,18).

Algo más que un mito

No aceptaremos la existencia del diablo si nos empeñamos en mirar la vida solo con criterios empíricos y sin sentido sobrenatural. Precisamente, la convicción de que este poder maligno está entre nosotros, es lo que nos permite entender por qué a veces el mal tiene tanta fuerza destructiva.

Es verdad que los autores bíblicos tenían un bagaje conceptual limitado para expresar algunas realidades y que en tiempos de Jesús se podía confundir, por ejemplo, una epilepsia con la posesión del demonio.

Sin embargo, eso no debe llevarnos a simplificar tanto la realidad diciendo que todos los casos narrados en los evangelios eran enfermedades psíquicas y que en definitiva el demonio no existe o no actúa. Su presencia está en la primera página de las Escrituras, que acaban con la victoria de Dios sobre el demonio.

De hecho, cuando Jesús nos dejó el Padrenuestro quiso que termináramos pidiendo al Padre que nos libere del Malo. La expresión utilizada allí no se refiere al mal en abstracto y su traducción más precisa es «el Malo». Indica un ser personal que nos acosa. Jesús nos enseñó a pedir cotidianamente esa liberación para que su poder no nos domine.

Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios.

Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades, porque «como león rugiente, ronda buscando a quién devorar» (P5,8).

Despiertos y confiados

La Palabra de Dios nos invita claramente a «afrontar las asechanzas del diablo» (Ef 6,11) y a detener «las flechas incendiarias del maligno» (Ef 6,16).

No son palabras románticas, porque nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante. Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad.

Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero.

Si nos descuidamos nos seducirán fácilmente las falsas promesas del mal, porque, como decía el santo cura Brochero, «¿qué importa que Lucifer os prometa liberar y aun os arroje al seno de todos sus bienes, si son bienes engañosos, si son bienes envenenados?».

En este camino, el desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal. Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella.

Menos aún si cae en un espíritu de derrota, porque «el que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. […] El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal».

La corrupción espiritual

El camino de la santidad es una fuente de paz y de gozo que nos regala el Espíritu, pero al mismo tiempo requiere que estemos «con las lámparas encendidas» (Lc 12,35) y permanezcamos atentos: «Guardaos de toda clase de mal» (Ts 5,22). «Estad en vela» (Mt 24,42; cf. Mc 13,35). «No nos entreguemos al sueño» (1 Ts 5,6).

Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose y corrompiéndose.

La corrupción espiritual es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (Co 11,14).

Así acabó sus días Salomón, mientras el gran pecador David supo remontar su miseria.

En un relato, Jesús nos advirtió acerca de esta tentación engañosa que nos va deslizando hacia la corrupción: menciona una persona liberada del demonio que, pensando que su vida ya estaba limpia, terminó poseída por otros siete espíritus malignos (cf. Lc 11,24-26). Otro texto bíblico utiliza una imagen fuerte: «El perro vuelve a su propio vómito» (2 P2,22; cf. Pr 26,11).

                                                                       Papa Francisco

 


Los médicos cubanos en Brasil, por Andrés Oppenheimer

diciembre 4, 2018

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“Los médicos cubanos recibían menos del 10% de sus salarios, y Cuba conservaba la mayor parte del resto”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

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Los médicos cubanos en Brasil, por Andrés Oppenheimer

“Estaríamos ante una agencia de la ONU que habría lucrado con un negocio de esclavitud moderna”.

Por Andrés Oppenheimer

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El escándalo en torno a los 15.000 médicos cubanos que han trabajado en condiciones de virtual esclavitud en Brasil está creciendo: varios de ellos presentaron una demanda en Miami contra la Organización Panamericana de la Salud (OPS), afirmando que la organización regional no solo supervisó el programa, sino también se embolsó US$75 millones de sus fondos.

Sam Dubbin, un abogado de Miami que representa a cuatro médicos cubanos que desertaron en Brasil, me dijo que la demanda alega que la OPS, una agencia de la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas con sede en Washington D.C., supervisó y se benefició de un esquema ilegal bajo el cual los médicos cubanos tenían que trabajar en condiciones que violan las leyes internacionales contra el trabajo forzado.

Dubbin agregó que la OPS ganó US$75 millones del acuerdo entre Brasil Cuba en los últimos cinco años.

El programa, conocido como Mais Medicos, fue establecido en octubre del 2013 por el gobierno de la ex presidenta brasileña Dilma Rousseff. Bajo el acuerdo, los médicos cubanos han estado trabajando en áreas remotas de Brasil, donde pocos médicos brasileños quieren vivir.

Cuba anunció la semana pasada que estaba comenzando a repatriar a sus médicos de Brasil, luego de que el presidente electo ultraderechista de Brasil, Jair Bolsonaro, denunciara que Mais Medicos es un programa de esclavitud moderna.

Bajo el acuerdo entre Brasil Cuba supervisado por la OPS, los médicos cubanos recibían menos del 10% de sus salarios, y Cuba conservaba la mayor parte del resto, según la planeada demanda legal contra la OPS.

Bolsonaro, quien asumirá el cargo el 1 de enero, amenazó con cancelar el programa Mais Medicos a menos que Cuba aceptara que los médicos cubanos reciban su salario completo, que Brasil valide sus títulos médicos y que se les permita traer a sus familias. El presidente electo más tarde tuiteó que, “desafortunadamente, Cuba no ha aceptado”.

Según un estudio reciente realizado por la Escuela Wharton de la Universidad de Pennsylvania, en el 2015 había unos 37.000 médicos cubanos que trabajaban en 77 países, la mayoría en Venezuela, Brasil y América Central.

Dubbin me dijo que sus clientes “quieren poner fin a esta práctica de que los médicos cubanos sean tratados como esclavos”. Agregó que están buscando el pago de sus salarios completos y daños, y “quieren exponer a una institución internacional que opera aquí mismo en Estados Unidos y que está involucrada en la trata de personas”.

La doctora Ramona Matos, una de las demandantes, dijo que “simplemente estamos pidiendo la compensación total que todos merecemos”, según el despacho de Dubbin.

Dubbin citó varios documentos, incluida una auditoría del programa Mais Medicos realizada por la Oficina de Responsabilidad Suprema de Brasil, según los cuales en los últimos cinco años Brasil habría pagado alrededor de US$1.500 millones a la OPS por el programa.

De ese dinero, la OPS pagó US$1.300 millones a Cuba y se quedó con US$75 millones. Cuba, a su vez, pagó a los médicos cubanos en Brasil unos US$125 millones, dijo Dubbin.

Los US$75 millones que habría recibido la OPS no se utilizaron para pagar los gastos operativos, ya que estos fueron pagados por instituciones brasileñas, agregó Dubbin.

Consultado al respecto, el portavoz de la OPS, Luis Felipe Sardenberg, me dijo en un correo electrónico que los fondos “son cargos cobrados a todas las contribuciones voluntarias recibidas por la OPS para cubrir los costos relacionados con la gestión y administración de un programa”.

Agregó que “todas las organizaciones de las Naciones Unidas… imponen este tipo de cargos”. Los médicos demandantes dijeron que, además de recibir solo una fracción de sus salarios, la mayoría de ellos no podían traer a sus familias con ellos de Cuba, y que tenían un toque de queda diario a las 6 p.m.

Cuando escribí por primera vez sobre la situación de los médicos cubanos en Brasil en setiembre del 2013, describí este acuerdo –y a la supervisión de la OPS– como “escandaloso”.

Ahora, si resulta que la OPS también ganó US$75 millones con este programa, estaríamos frente a una agencia de la ONU que habría lucrado con un negocio de esclavitud moderna. Eso ya no sería solo inmoral, sino que podría ser criminal.

© El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Content Agency, LLC

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/onu-medicos-cubanos-brasil-andres-oppenheimer-noticia-583628


La troika de la tiranía latinoamericana, por Antonio de la Cruz

noviembre 29, 2018

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Los regímenes de Nicaragua, Venezuela y Cuba fueron calificadas recientemente como “la troika de la tiranía” por el asesor presidencial para la Seguridad Nacional de Estados Unidos John Bolton

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La troika de la tiranía latinoamericana, por Antonio de la Cruz

Los regímenes de Nicaragua, Venezuela y Cuba fueron calificadas recientemente como “la troika de la tiranía”, por el asesor presidencial para la Seguridad Nacional de Estados Unidos John Bolton

Por Antonio De La Cruz

Las tiranías de Nicaragua y Venezuela comparten la característica de aferrarse al poder a cualquier precio, adaptando el andamiaje jurídico aunque tengan que violar la Constitución (en Nicaragua, la reelección presidencial y en Venezuela, el Tribunal Supremo de Justicia se atribuye funciones de la Asamblea Nacional), y vulnerando los derechos humanos de los ciudadanos que protestan ante los regímenes autoritarios de Daniel Ortega y Nicolás Maduro.

En Nicaragua van 535 muertos y 4.343 heridos, según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos, desde que comenzaron las protestas el pasado mes de abril. Y en Venezuela, durante las manifestaciones ocurridas desde el 1° de abril hasta el 31 de julio de 2017, la cifra ascendió a 133 personas fallecidas, 4.000 heridos y 5.051 personas arrestadas arbitrariamente, según el informe de 2017 del Foro Penal Venezuela.

Ambos regímenes, en Nicaragua y Venezuela, han enfrentado una crisis de gobernabilidad producto de las demandas de grupos sociales integrados por una gran amalgama de ciudadanos –desde adolescentes hasta ancianos– que salieron a las calles casi a diario a protestar pacíficamente para restaurar la democracia.

Tanto Ortega como Maduro han perdido el apoyo popular. Ortega conserva apenas 20% del electorado, según la última encuesta de Cid Gallup, mientras que Maduro tiene más o menos el mismo nivel de apoyo popular de acuerdo con Datanálisis, por lo que han tenido que recurrir a los grupos paramilitares que portan armas de guerra como fuerzas de choque para reprimir a los manifestantes, auxiliados por la Policía Nacional en Nicaragua y la Guardia Nacional Bolivariana en Venezuela.

Una experiencia transferida de la experiencia cubana de los Comités de Defensa de la Revolución para controlar la población.

Asimismo, la actuación de los grupos paramilitares permiten a Ortega y a Maduro restringir la acción de condena de la comunidad internacional a sus regímenes por masacrar a la población, porque estaría en presencia de un conflicto interno entre grupos de civiles, de allí la importancia del trabajo de la OEA sobre los crímenes de lesa humanidad en Venezuela.

La decisión de Ortega y Maduro de apropiarse de una revolución muerta, de sus consignas, de su retórica antiimperialista no gana nuevos adeptos. Solo mantienen en Nicaragua a “los viejos combatientes, colaboradores históricos, líderes de los sindicatos en escombros, remanentes de las organizaciones populares”, y en Venezuela a la facción pro cubana.

Ambos, Ortega y Maduro, recurren al nepotismo como política de Estado. Rosario Murillo y Celia Flores, esposas de Ortega y Maduro, integran el clan Ortega-Murillo y Maduro-Flores. Les gusta la buena vida. Además, la vicepresidente y primera dama de Nicaragua y Nicolás Maduro son seguidores del gurú Sai Baba, un líder espiritual indio fallecido en 2011, entre más sombras que luces.

En este sincretismo, Cuba juega un rol conductor. Cuba necesita todavía del apoyo venezolano para que pague la factura porque la economía cubana ha dejado de crecer, ha resurgido la escasez y las nuevas oportunidades de empleo y ganancias en divisas no aparecen.

La opción de apertura de Barack Obama, Estados Unidos, no es posible con Donald Trump que frenó el deshielo, por lo que Cuba está buscando en Pedro Sánchez, España, llenar el vacío que va produciendo el país bolivariano, incrementando la inversión española en la isla, tercer socio comercial después de China y Venezuela.

Mientras tanto, el sistema cubano se agarra de Venezuela, suministrando la inteligencia y el apoyo de seguridad al régimen de Maduro.

En el caso de Nicaragua, el recule de Ortega ante las gigantescas manifestaciones de repudio originadas por la reforma del seguro social, que consistía en reducir las pensiones en un 5% y aumentar el pago de la seguridad social tanto de empresarios como de trabajadores, mostró la diferencia que tenía el régimen cubano en cuanto al enfrentamiento de las grandes protestas ocurridas en Venezuela un año antes.

Fue hasta que el régimen nicaragüense sintió la pérdida del apoyo de los sectores empresariales y clero de la Iglesia Católica, los pequeños y medianos productores, la sociedad civil, los estudiantes, la juventud, las gente en los barrios, los campesinos, que la dirigencia cubano-nicaragüense-venezolana decidieron emplear la práctica usada en Venezuela: la represión violenta, la criminalización de las protestas y el terror.

El atrincheramiento en el poder de los clanes Ortega-Murillo y Maduro-Flores con Cuba proporcionado por las guías de la represión política representan la “troika de la tiranía” latinoamericana del siglo XXI. Son “un poder en tiempo pasado que sigue matando desde el pasado, incompatible con el presente, pero más incompatible aún con el futuro”.


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