VIRGEN FIEL Y MADRE FECUNDA

diciembre 20, 2009

 

Paloma del Espíritu Santo

VIRGEN SANTA,

TODOS ESPERAMOS TU CONSENTIMIENTO

En estos días, toda la Iglesia dirige su mirada a la Virgen, la llena de gracia. En la Visitación el Ángel del Señor le anunció los proyectos de Dios sobre ella. Unos planes que comprometían el destino de toda la humanidad. María tiene la palabra. Ella respondió positivamente a la propuesta de Dios: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí…  Entonces descendió sobre María el poder del Altísimo y concibió por obra del Espíritu Santo.

Esta decisión no puede reducirse a un momento puntual, sino que se fue desarrollando dentro de un proceso en el que María fue creciendo de fe en fe, conforme el Señor se le iba manifestando, aunque lo esencial ya estaba determinado. María guardaba celosamente en su corazón todo lo que le decía el Señor y lo meditaba para llevarlo a la práctica con alegría y generosidad. Así, pronto entendió María que debía visitar a su prima llevándole oportuna y generosamente la bendición de Dios para Isabel y su criatura. Durante meses y meses de gestación María ha retomado aquella primera decisión y permanece fiel hasta dar a luz al Salvador.  

En estos ocho días que preceden a la Navidad, la Iglesia nos invita a contemplar a María  en su expectación del parto. Ella revive al final de su embarazo, con mayor intensidad si cabe, su voluntad de cumplir la voluntad de Dios y colaborar en la salvación de los hombres. Nosotros, con respeto y veneración aceptamos asomarnos a su corazón inmaculado para sentir algo de lo que guardaba y acariciaba en su corazón de virgen y de madre: consagrada a Dios hasta ser habitada por él, y madre de Jesús, que es la luz y salvación de todos los hombres.

A continuación te ofrezco una excelente predicación de San Bernardo que nos trae la liturgia de Adviento. Él fue un devoto admirador de María que habló y predicó como pocos santos sobre ella. Espero que te sirva para sentir con María y crecer en su devoción y en la imitación de su fidelidad a Dios.

La Expectación del Parto

 

Todo el mundo espera

la respuesta de María

 

            Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia.

            Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida.

            Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos antecesores tuyos, que están detenidos en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo, postrado a tus pies.

            Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.

            Da pronto tu respuesta. Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.

            ¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aquí de la prudencia. En este asunto no temas, Virgen prudente, la presunción; porque, aunque es buena la modestia en el silencio, más necesaria es ahora la piedad en las palabras.

            Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.

            Aquí está –dice la Virgen la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

 

(De las homilías de san Bernardo, abad, sobre las excelencias de la Virgen Madre; Homilía 4, 8-9)


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