Fiesta “Nuestra Señora de la Esperanza”

diciembre 13, 2009

FIESTA “NUESTRA SEÑORA DE LA EXPECTACIÓN DEL PARTO

Madres Cristianas Santa Mónica

  • Oración de la madre gestante
  • Oración de los padres que esperan familia

La Asociación Madres Cristianas Santa Mónica, promovida por los Agustinos Recoletos, opta decididamente por la cultura de la vida. Trata de ayudar a las madres cristianas en el desempeño de su vocación. Para ello les propone como ejemplo a santa Mónica que dio a luz a sus hijos tantas veces cuantas veía que se desviaban de Dios. Ella procuró con todas sus fuerzas que el nombre de Dios fuera alabado en su fe y en sus costumbres. Así consiguió que los demás sintieran la presencia divina en su convivencia familiar. Es decir, sencillamente encarnó el amor y la ternura de Dios en su propia casa.

El principal objetivo del apostolado de la Asociación consiste en organizar coros de oración con las madres. Cada coro agrupa a siete madres a fin de que cada una de ellas rece un día de la semana la “oración por la fe de los hijos”. La Asociación está extendida por muchos países. De alguna manera dirijo su organización en Perú y en Venezuela. Personalmente la promuevo en España, donde funcionan actualmente alrededor de un centenar de coros con sede en Barcelona, Granada, Tenerife, Madrid, Burgos y La Rioja.

Un problema grave en nuestra Iglesia es la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Hoy día las madres cristianas sufren porque sus hijos suelen abandonar la fe recibida en el hogar o descuidan su práctica. Muchas madres y abuelas lamentan con dolor este hecho. En la Asociación las invitamos a rezar de manera insistente y en cadena por esta necesidad. Para ello disponemos de tres formularios de “la oración por la fe de los hijos”: cuando reza la madre sola; cuando reza con su esposo; y finalmente cuando la madre es viuda. Además, hemos elaborado una oración de la madre gestante, y la de los esposos que esperan familia.

En esta oportunidad quiero invitar a las madres afiliadas a la Asociación, sin excluir a ninguna madre cristiana comprometida, a que en estos días próximos a la Navidad acompañen a las madres gestantes y parejas que esperan familia para que vivan con más fe su maternidad y paternidad. Las fechas son propicias porque el próximo día 17, con el rezo de las vísperas, la Iglesia vuelve los ojos a María que está próxima a dar a luz y durante los próximos siete días todos nos preparamos para recibir al Niño de Belén. En esos días se entonan solemnemente las antífonas llamadas de la “O” por ser ésta la primera palabra latina de las mismas. Se refieren al Niño Dios, llamado Sabiduría, Adonai o Pastor de la casa de Israel, Renuevo del tronco de Jesé, Llave de David, Sol que nace de lo alto, Rey de las naciones, y finalmente Emmanuel.

Por eso, el día 18 se celebra en muchas partes, siguiendo el rito mozárabe, la fiesta de la maternidad divina de María. Conocida también como la fiesta de Nuestra Señora de la Esperanza, de la Expectación, de la O. A María se la nombra asimismo como Virgen de la Esperanza, Virgen de la Expectación del parto, Virgen de la O.

La advocación “Nuestra Señora de la Esperanza”, nació en el X Concilio de Toledo en el año 656, por petición de San Ildefonso, Obispo de Toledo. El Santo quería honrar de un modo especial la maternidad virginal de Santa Maria: Nuestra Señora de la Encarnación, de la dulce Espera, Virgen de la Expectación del parto o de la O.

A lo largo de los siglos, y en toda la Iglesia, las madres cristianas “en estado de buena esperanza“ se han acogido al amparo de Santa María, madre de la Vida, bendita entre todas las mujeres. La madre gestante sintoniza fácilmente con los sentimientos que embargarían el corazón de la Virgen de la Expectación del parto. ¿Quién mejor que María le puede ayudar a la madre a vivir en plenitud su maternidad, como dadora de vida y de fe? María quiere visitar a todas las mujeres gestantes, como lo hizo un día con su prima santa Isabel, para llevarles la bendición del Salvador, y así hacerlas felices como esposas y madres.

Porque ser madre es la primera vocación inscrita por la misma naturaleza en el cuerpo y en la personalidad de la mujer, que necesita para realizarla de la colaboración amorosa y responsable del varón, hecho naturalmente para ser padre. Dios Padre todopoderoso somete su omnipotencia creadora a esta colaboración libre y generosa del hombre y de la mujer, para continuar su acción vivificadora en el mundo y en su Iglesia.

De acuerdo con lo expuesto, invito a toda madre cristiana, pero en particular a las afiliadas a la Asociación Madres Cristianas Santa Mónica, a que evangelicen a las madres gestantes. Esta invitación conecta con el deseo de la conferencia episcopal española que ha declarado este año como “año de oración por la vida”. Todas las iniciativas que favorezcan la vida y la familia, y promuevan la dignidad de la mujer, integralmente tomada, serán bien venidas y máxime en estos días navideños. Pues la Navidad es la fiesta de los desposorios de Dios con la humanidad y el fruto de esa unión es la Vida en persona, Cristo el Señor. Amén.

Por mi parte, propongo que oremos por las madres gestantes que conozcamos, que las llevemos a la eucaristía o a una reunión donde reciban, a ser posible junto con sus esposos, la bendición del sacerdote, o finalmente, que les regalemos la oración que consignamos a continuación.

ORACIÓN DE LA MADRE GESTANTE

Señor Dios nuestro, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te adoro como comunidad trinitaria y fuente de vida en el cielo y en la tierra.

Te doy gracias, Padre bueno, por haber pensado en mí desde toda la eternidad: tú pronunciaste mi nombre y me creaste mujer. Tanto confiaste en mí, que me has llamado a ser madre, a ser colaboradora tuya en la transmisión de la vida y de la fe.

Gracias, Señor Jesús, porque, siendo Dios, quisiste tener una madre en la tierra para hacerte hombre como nosotros. Tú llenaste del Espíritu a la santísima Virgen María para que cumpliera su especial vocación. Así la hiciste modelo de todas las madres redimidas por ti. Apoyada en ella, te pido que derrames tu Espíritu sobre mi marido y sobre mí, para que cumplamos los planes del Padre: dar vida a nuestro hijo y transmitirle la fe.

Te doy gracias, Espíritu Santo, señor y dador de vida: ven sobre mí y sobre la criatura que estoy gestando. La confío a tu acción santificadora para que se desarrolle con bien hasta que la dé a luz. Gustosamente acepto los sacrificios del embarazo y las molestias que suponga para mí esta gestación. Asísteme, Espíritu consolador, y purifícame de todo mal para que pueda transmitir sólo vida y ternura a nuestro hijo. Te pido que esta criatura sea la alegría de mi marido y de toda la familia.

Gracias, Santísima Trinidad, por llamarme a formar con mi esposo la comunidad conyugal. Gracias por el don de mi marido, el mayor regalo que he recibido.

Con él me siento feliz disfrutando del amor mutuo, y ahora formando con nuestro hijo una verdadera familia a imagen de la comunidad trinitaria. ¡Qué maravillosos son tus designios, Dios mío, y qué insospechadas experiencias reservas para tus fieles! ¡Cómo no alabarte, si me has dado el esposo querido, los hijos y la vida de fe!

Señor Jesucristo, tú nos dejaste a María como madre. A ella me dirijo confiada: Virgen María, tú eres modelo para mí como mujer, y sobre todo ahora como madre gestante. Quiero contemplar la dulzura de tu rostro para poder imitar tu maternidad. Junto a ti también admiro a tu esposo, el fiel José. Te pido, Virgen María, que con mi esposo sepamos imitar los ejemplos de tu sagrada familia. Tú eres mi consuelo y fortaleza. Enséñame a dar vida contigo a esta criatura que el Señor nos regala.

Te suplico, Madre santa, que todo esto me lo alcances de tu Hijo bendito, por intercesión de santa Mónica, que gestó a sus hijos dándoles a luz en la vida y en la fe. Así sea. Amén.

Sabemos que la vida viene de Dios que es familia, Trinidad. Dios hizo al hombre a su imagen, hombre y mujer los creó. Les dijo: creced, multiplicaos y llenad la tierra. Por eso, la vida humana se origina en el seno de una comunión conyugal, de una comunidad. Un individuo por sí mismo no puede generar vida. Y sólo en el seno de una comunidad el ser concebido puede crecer digna y sanamente y llegar a plenitud su existencia.

Por eso, es muy recomendable que los padres sientan que ambos dan vida y hasta cierto punto “gestan” al ser engendrado por ellos, y ambos lo dan a luz. Los dos lo afirman desde el primer momento de su nacimiento, lo presentan a los demás como el fruto de su amor, su mayor tesoro que exige su unión y generosidad como padres, y se comprometen a criarlo con esmero y responsabilidad.

Esta oración que ofrecemos a continuación puede servir para expresar y confirmar las vivencias y sentimientos de la pareja en el proceso de convertirse en padres dadores de vida y de fe cristiana.

ORACIÓN DE LOS PADRES QUE ESPERAN UN HIJO

Señor Dios nuestro, con todo amor nos ponemos en tu presencia como pareja de esposos que tú has bendecido. Te damos gracias por llamarnos a formar una comunidad conyugal abierta a la vida y a la plenitud del amor. En particular te damos gracias, Señor, porque estás bendiciendo nuestro matrimonio dándonos al hijo que esperamos ilusionados.

Las palabras nos resultan cortas para expresar la felicidad que sentimos, y la emoción que embarga nuestros corazones. Resulta maravilloso experimentar que tú nos haces colaboradores tuyos para trasmitir la vida. Nos llena de gozo el saber que somos creadores contigo de esta nueva criatura, nuestra y tuya a la vez, Dios nuestro, fuente de vida.

Conscientes de la grandeza de esta vocación de esposos y padres, queremos ahora purificarnos de todo mal para ser canales limpios por donde pase la vida y la fe a nuestro hijo, a nuestra familia, a la Iglesia, al mundo. Queremos ser signo de tu amor, sacramento de tu misterio de vida y comunión.

Deseamos ser siempre una pareja ejemplar y formar una familia santa para gloria tuya. Como no podemos alcanzar esas metas sino con tu gracia, ahora rezamos el uno por el otro y nos bendecimos mutuamente en tu nombre y en tu amor.

(Marido-padre) Te doy gracias, Señor, por el don de mi esposa. Ella me hace cercano tu amor, tu perdón y tu preocupación por mí. Ella es la prueba de que me amas y me tomas en serio. Por eso, te doy gracias todos los días de mi vida y te pido que me hagas digno de un don tan maravilloso. Quiero sinceramente ser mejor esposo y padre cada día. A la vez, te pido perdón si no he sabido valorar a mi mujer debidamente, si he sido duro con ella. Perdón por cualquier debilidad con la que le haya defraudado y ofendido. En adelante prometo, con tu gracia, ser más delicado y responsable en todos mis comportamientos, particularmente ahora durante la gestación. Quiero darle a mi esposa cariño y protección en estos momentos, para que la criatura pueda sentir a través de nosotros el infinito amor que tú le tienes desde siempre.

Que yo sea un sacramento de tu amor providente para mi esposa y para nuestro hijo. Quiero que ellos descubran en mi conducta responsable y fiel tu presencia protectora en nuestro hogar. Amén.

(Esposa-madre) Te doy gracias, Señor, por mi marido, el mayor regalo que me has dado en la vida, junto con esta criatura que se está formando dentro de mí. Me siento feliz de poder cumplir tu voluntad, como lo hizo María, siempre confiada y alegre en tu presencia. Señor, que se haga también en mí lo que tú dispongas: quiero ser la alegría de mi esposo y de mi hijo, para su satisfacción y para gloria tuya. Perdóname si he causado preocupación a mi marido o si le he defraudado en algo. Por mi parte, estoy segura de que me darás cuanto necesite como esposa y madre. Creo en ti, Señor, pero aumenta mi fe y mi esperanza.

Santa María, Virgen y Madre, confío en ti; necesito tu ternura y fortaleza. Que esta criatura se parezca lo más posible a tu hijo Jesús. Que nuestro hijo se desarrolle sano de cuerpo y alma hasta que nazca. Así sea. Amén.

Señor Dios nuestro, te damos gracias por esta oración que nos has permitido dirigirte con amor. Que podamos cumplir con alegría y generosidad lo que te hemos prometido. Ten misericordia de nosotros pues somos débiles, pero confiamos en ti. Pues si tú nos regalas esta criatura, tú mismo nos ayudarás a cumplir la misión que nos confías.

Por eso, Padre de bondad, concédenos ser generosos dadores de vida. Señor Jesús, que acariciabas a los niños, bendice a nuestro hijo para que nazca sano y sea nuestra alegría y felicidad. Espíritu divino, ven sobre nosotros y asístenos mientras dure esta gestación, para que nuestro hijo sea lleno de gracia y bendición. Señor Dios nuestro, reina en nuestra familia. Es tuya, te la consagramos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

Madrid, diciembre de 2009


A %d blogueros les gusta esto: