La genial carta de una mujer a los hombres por el 8M: “Qué orgullosas estamos de vosotros”

marzo 8, 2019

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Esta carta que homenajea al hombre que ha superado el machismo, llegó a las redes el 8 de marzo de 2018. Pero con motivo del día de la mujer, ha vuelto a circular.

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La genial carta de una mujer a los hombres por el 8M: “Qué orgullosas estamos de vosotros”

El blog ‘Mujeres teníamos que ser’ publicó por el día de la mujer este post que dedican a todos los hombres que sí que han ‘sido buenos’

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“Mis queridos hombres, herederos del cazador de mamuts que volvía a casa solo para entregar la presa y que hoy sois tan parte del hogar como vuestra santa…” Es una de las geniales frases de este texto publicado en el blog ‘Mujeres teníamos que ser’. Esta carta que homenajea al hombre que ha superado el machismo, llegó a las redes el 8 de marzo de 2018. Pero con motivo del día de la mujer, ha vuelto a circular.

“Mis queridos hombres…” está escrito por Mar Velasco, profesora universitaria, filóloga y periodista. En su perfil del blog se describe con una creatividad totalmente natural -igual que en sus textos-: “Pierdo el sentido en una iglesia románica, la cabeza por un rincón de Galicia y la dignidad ante un plato de jamón ibérico. Y solo le pido a Dios que no me falte el sueldo, la salud, el amor, el humor.”

La carta dice así:

“Mis queridos hombres, varones de bien que en estos tiempos de ruido andáis, como canta el tango, solos, fané y descangallados; señalados, juzgados, cuestionados, vulnerables, desnortados, sin saber muy bien dónde pisar sin oír un ay; mis queridos hombres, herederos de aquellos que no cambiaron un pañal en su vida y que hoy tenéis un máster en marcas, precios y texturas; que no solo no aguardáis fumando en la sala de espera sino que pedís hacer el piel con piel mientras ella se recupera de la cesárea; que gastáis amor del mayúsculo tratando de comprender y que pasáis con humildad al segundo o tercer plano sin despeinaros más que por dentro.

“Mis queridos hombres que nos enseñáis que no hay un único modo innegociable de hacer las cosas”

Mis queridos hombres, herederos del cazador de mamuts que volvía a casa solo para entregar la presa y que hoy sois tan parte del hogar como vuestra santa, que ponéis lavadoras con la misma naturalidad que redactáis un informe, que bañáis a la prole casi con el mismo mimo que laváis el coche, que lo mismo plancháis un huevo que freís una camisa, que entendéis y respetáis que hoy no nos apetezca y aceptáis un cariñoso bufido por respuesta.

Mis queridos hombres que nos enseñáis que no hay un único modo innegociable de hacer las cosas, que no todo ha de estar siempre perfecto, que tenéis la valentía de hacernos ver que nuestra brutal autoexigencia muchas veces termina convertida en una soberbia incapacidad de delegar.

Hombres queridos que tomáis la iniciativa y conocéis tan bien como nosotras el trabajo invisible que sustenta un hogar: las citas del médico, los cumpleaños, las facturas del banco, las actividades extraescolares, las terapias, los partidos de fútbol, la cartilla de vacunas o la lista de la compra.

Hombres que, por las circunstancias que sean, lleváis solos el peso del hogar o la crianza de los hijos; que sabéis que se acabó la leche, que hay que comprar jabón del lavaplatos, que no abriga tanto el denim como la pana y que miráis atentamente el menú del colegio para programar las cenas.

“Que reconocéis a vuestras empleadas por su valía y recibís con agrado la noticia de un embarazo “

Mis queridos hombres, empresarios de pro, que reconocéis a vuestras empleadas por su valía y recibís con agrado la noticia de un embarazo porque sabéis que la maternidad es, entre otras cosas, el mayor bien con el que puede contar la economía de un país (por no hablar de la garantía de las pensiones de vuestros hijos); estimados médicos que todavía conocéis la palabra delicadeza y no construís frases tipo “Hágase la amnio que aún estamos a tiempo” o “Me imagino que querrá usted aprovechar la cesárea para ligarse las trompas”…

Mis queridos hombres, apreciados maestros que educáis en el respeto a nuestros hijos y queridos hombres jóvenes y adolescentes que quizá no habéis oído decir que el amor consiste en buscar el bien del otro antes que el vuestro pero lo intuís y lo ponéis en práctica; queridos abuelos, viudos y jubilados que pasasteis haciendo el bien y seguís haciéndolo a diario; maravillosos educadores de nietos, abuelos nodriza, cuidadores veinticuatro horas de abuelas con alzheimer, demencia o enfermedades degenerativas,  que os alimentáis de frases como “ella no sabe quién soy yo, pero yo sí sé quién es ella”.

Mis queridos hombres, inmensa mayoría silenciosa, padres, esposos, novios, compañeros, amigos, hermanos, que en un par de tardes habéis visto cambiar el cuento más que en varios siglos de literatura y que en un par de generaciones os habéis tenido que reeducar a base de esfuerzo, que habéis logrado lo impensable y que contempláis con serena y consciente responsabilidad el camino que queda por andar: qué orgullosas estamos de vosotros.”

Un mensaje completamente distinto al que estamos acostumbrados a escuchar en la actualidad sobre un problema real. En el apartado ‘Nosotras’ de este blog se describen con la misma creatividad que la autora de este genial post: “Mujeres corrientes. Mujeres atípicas. Mujeres agotadas, enérgicas, eficaces, distintas. Mujeres apasionadas, responsables, locas, geniales.” Un blog que apuesta por la familia, la maternidad y en este caso también por el amor y la complamentariedad entre hombres y mujeres.

https://www.cope.es/religion/historias/noticias/genial-carta-una-mujer-los-hombres-por-que-orgullosas-estamos-vosotros-20190306_367890


Abusos, las monjas satisfechas con la cumbre vaticana: más voz a las mujeres

febrero 25, 2019

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«¿El Papa y el feminismo? Con él en la Iglesia las cosas cambian, ¡bien, hermano Francisco!»

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Abusos, las monjas satisfechas con la cumbre vaticana: más voz a las mujeres

Sor Openibo: algunos obispos no quedaron contentos con mi intervención, pero en el encuentro hubo escucha. «¿El Papa y el feminismo? Con él en la Iglesia las cosas cambian, ¡bien hermano Francisco!»

Por Iacopo Scaramuzzi. Roma.

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Las religiosas que dirigen la Unión Internacional de las Superioras Generales (Uisg) y que participaron en la cumbre sobre los abusos sexuales presidido por el Papa en el Vaticano con los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo (del 21 al 24 de febrero) expresaron satisfacción por el clima de «escucha» recíproco que se instauró tras las primeras «resistencias», y expresaron el deseo de que en el futuro se dé más valor a la voz femenina, por ejemplo introduciendo el derecho al voto para las mujeres en el Sínodo.

Participaron en la conferencia de prensa, que se llevó a cabo en la sede de la Uisg y que fue moderada por sor Bernadette Reis, de Estados Unidos, y el director “ad interim” de la Sala de Prensa vaticana Alessandro Gisotti, la presidenta sor Carmen Sammut (de Malta), la secretaría general, sor Pat Murray (de Irlanda), y cuatro de las superioras que forman parte del comité directivo: sor Aurora Torres (de México), sor Maria Theresia Hornamann (Alemania), sor Monica Joseph (de la India) y sor Veronica Openibo (Nigeria), una de las tres mujeres que intervinieron en la asamblea plenaria de la cumbre sobre los abusos.

También estuvo presente, entre los periodistas que asistieron a la conferencia de prensa, otra de las relatoras de la Cumbre, la periodista mexicana Valentina Alazraki. «Cuando entré por primera vez en el aula en donde se llevaban a cabo los trabajos de mi grupo de trabajo, me pregunté: ¿cómo irá? ¿Yo, única mujer, y los demás, cardenales y obispos hablando sobre este argumento?», contó sor Hornamann. «Al inicio no sabía bien dónde estaba. Y no hablé durante el primer día. Nunca había visto en mi vida a tantos obispos juntos… Pero después, en los días siguientes, pude decir mi opinión, y fui escuchada».

Sor Openibo dijo que percibió que «algunos obispos no quedaron contentos» con su intervención durante la plenaria, en la que dijo claramente que el de los abusos es un problema también en África y Asia, pero también subrayó la importancia capital que atribuye a la tutela de los menores, puesto que está en juego «la credibilidad de la Iglesia». Las culturas, dijo, deben ser respetadas, pero también «evangelizadas».

En el grupo de trabajo, contó, algunos obispos y cardenales le preguntaron lo que «algunos cardenales y obispos me pidieron que explicara mejor», sobre qué quería decir «con mi discurso, por ejemplo cuando dije que, en mi opinión, los seminarios menores deberían cerrar porque los chicos son demasiado jóvenes para tomar una decisión de ese tipo».

Al final, dijo la religiosa nigeriana con una sonrisa, en su grupo lingüístico, en el que trabajaron también dos cardenales, ella fue apodada “el tercer cardenal”. Sor Joseph, también única mujer en su grupo de trabajo, dijo que estaba «feliz» de haber participado y de haber visto una «gran apertura» en las discusiones, pero añadió: «Me habría gustado que hubiera más mujeres…».

Sor Sammut indicó que en su grupo lingüístico había una «enorme diferencia entre los obispos, algunos a la cabeza de cientos de obispos y otros prácticamente sin una Conferencia Episcopal; algunos con gran experiencia en el campo de la tutela de los menores y otros sin experiencia: había un gran deseo de enseñar, de aprender; había gran responsabilidad para compartir y mucha ayuda recíproca. Yo –afirmó– tengo mucha confianza en que las cosas puedan salir adelante».

Y sor Murray se dijo «impresionada por el deseo que demostraron los participantes de aprender y salir adelante. Al principio había un poco de resistencia, algunos tendían a decir: “este problema no existe en mi parte del mundo”. Pero luego todos decían: “No puedo decir que no existe, tal vez todavía no ha surgido”».

Según la religiosa irlandesa (que insistió en el «largo viaje de sufrimiento» que ha vivido la Iglesia irlandesa, incluidas las religiosas, por los abusos cometidos durante décadas) en la cumbre vaticana había una «real gratitud» por la presencia de la voz femenina.

También sor Torres dijo que encontró una «atmósfera de gran escucha» en su grupo y quiso subrayar que refleja que la Iglesia con el Papa Francisco quiere afrontar el problema de los abusos «no solo colegialmente, involucrando a todos los obispos, sino también sinodalmente, con la participación de obispos, religiosos y laicos».

Insistiendo en que el comité directivo de la UISG fue invitado a participar en la cumbre vaticana, a diferencia de lo que sucede en los Sínodos, en los que las mujeres religiosas cuentan solamente con tres sitios, e insistiendo también en que el comité de organización está «orgulloso» de la intervención de sor Openido, sor Sammut expresó la esperanza de que «la cumbre sea un ejemplo para el futuro, para que las mujeres puedan tener una mayor voz en los Sínodos y en los demás encuentros vaticanos».

La religiosa maltesa confirmó que se espera la posibilidad para que las mujeres voten en el Sínodo de los obispos: «Nosotras esperamos que un día se llegue a este punto, al derecho de voto, aunque no sabemos cuándo». Y también aclaró que «los religiosos hombres nos están apoyando en este camino».

Sor Hornamann, por su parte, dijo que no considera que las mujeres podrán votar en el próximo Sínodo sobre la Amazonia (del 6 al 27 de octubre de este año), y contó que durante el encuentro sobre los abusos un obispo le dijo que no sabía que las monjas no votaban en los Sínodos: «tenemos ante nosotros un camino muy largo…», dijo la religiosa alemana.

Las superioras, muy conmovidas con los testimonios de cinco supervivientes de abusos de todos los continentes (con los que comenzó el primer día de la cumbre), así como con los testimonios de algunas víctimas que intervinieron a puerta cerrada al final de cada uno de los tres días de trabajo, refirieron que también el tema de la violencia contra las religiosas fue mencionado durante el encuentro, pero, como explicó sor Openibo, el argumento de la cumbre eran «los abusos contra los menores».

Sor Murray refirió que «no hay números» sobre este fenómeno, sino más bien «testimonios verbales». También recordó que no solo se trata de abusos sexuales, sino también de diferentes tipos de molestias. Un tema sobre el cual, dijo, es necesario un empeño a todos los niveles en la educación y en la sensibilización, dijo la secretaria general de la UISG, recordando la nota con la que la organización acaba de invitar a las religiosas que han sufrido abusos a denunciarlos abiertamente.

Las religiosas recordaron que el trabajo para defender a los menores y la lucha contra los abusos continuará después de la cumbre vaticana: si las asociaciones de víctimas no están satisfechas con el resultado de la cumbre vaticana, «hay episcopados, como el de los Estados Unidos, Canadá, Irlanda, Alemania y Austria, en los que la Iglesia ha hecho mucho» y, como sea, «los obispos ahora se han empeñado y tendrán que rendir cuentas», dijo sor Openibo. Quien también subrayó: «Debemos ser personas de esperanza y resurrección».

La nigeriana respondió a las preguntas de algunos periodistas que «el Papa es un hombre argentino, es más italo-argentino, ha pasado por todos los niveles de la Iglesia… Acaso a veces las palabras que usa son diferentes de las que nos gustan, pero hay que decir que con él en la Iglesia el cambio es una realidad. ¡Hermano Francisco –prosiguió usando el apelativo que utilizó en su intervención durante la plenaria para dirigirse al Papa jesuita–, muy bien! Amén».

La Unión Internacional de las Superioras Generales cuenta con más de 1850 miembros, que representan a más de 600 mil religiosas de vida apostólica a nivel mundial. En la cumbre del vaticano participaron las ocho superioras del comité directivo de la Uisg y que participaron en ella, además de la secretaria general, sor Murray, y la superiora de las salesianas, Yvonne Reungoat.

La Uisg ha publicado dos declaraciones sobre el tema de la protección de los menores y de los adultos vulnerables: una el 25 de noviembre de 2018 (titulada “Contra toda forma de abuso”) y otra el 19 de febrero de 2019, junto con la Unión Internacional de Superiores Generales (Usg), titulada “El abuso de los niños es un mal donde sea y en todo tiempo: este punto no es negociable”.

Al margen de la asamblea plenaria que se llevará a cabo del 6 al 10 de mayo próximos, la Uisg organizará en Roma dos talleres, uno sobre las nuevas tendencias de los orfanatos y otros sobre la protección de los menores.

https://www.lastampa.it/2019/02/25/vaticaninsider/abusos-las-monjas-satisfechas-con-la-cumbre-vaticana-ms-voz-a-las-mujeres-dFvp5s7TWKrmPDQ4HwH06I/pagina.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook


El maná de cada día, 22.12.18

diciembre 22, 2018

22 de Diciembre. Feria de Adviento

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Proclama mi alma la grandeza del Señor



Antífona de entrada: Salmo 23, 7

¡Portones!, alzad los dinteles; que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria.

Oración colecta:

Señor Dios, que con la venida de tu Hijo, has querido redimir al hombre sentenciado a muerte, concede a los que van a adorarlo, hecho niño en Belén, participar de los bienes de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Samuel 1, 24-28

En aquellos días, cuando Ana hubo destetado a Samuel, subió con él al templo del Señor, de Siló, llevando un novillo de tres años, una fanega de harina y un odre de vino. El niño era aún muy pequeño.

Cuando mataron el novillo, Ana presentó el niño a Elí, diciendo: «Señor, por tu vida, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía; el Señor me ha concedido mi petición. Por eso se lo cedo al Señor de por vida, para que sea suyo.»
Después se postraron ante el Señor.


SALMO: 1 Samuel 2, 1.45.6-7.8abcd

Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.

Mi corazón se regocija por el Señor, mi poder se exalta por Dios; mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación.

Se rompen los arcos de los valientes, mientras los cobardes se ciñen de valor; los hartos se contratan por el pan, mientras los hambrientos engordan; la mujer estéril da a luz siete hijos, mientras la madre de muchos queda baldía.

El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece.

Él levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para hacer que se siente entre príncipes y que herede un trono de gloria.


Aclamación antes del Evangelio:

Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.


EVANGELIO: Lucas 1, 46-56

En aquel tiempo, María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.


Antífona de comunión: Lucas 1, 46-49

Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí.
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MAGNIFICAT

De la Exposición de san Beda el Venerable, prebítero,
sobre el evangelio de san Lucas

María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi Espíritu en Dios, mi salvador.

«El Señor, dice, me ha engrandecido con un don tan inmenso y tan inaudito, que no hay posibilidad de explicarlo con palabras, ni apenas el afecto más pro­fundo del corazón es capaz de comprenderlo; por ello ofrezco todas las fuerzas del alma en acción de gracias, y me dedico con todo mi ser, mis sentidos y mi inteli­gencia a contemplar con agradecimiento la grandeza de aquel que no tiene fin, ya que mi espíritu se compla­ce en la eterna divinidad de Jesús, mi salvador, con cuya temporal concepción ha quedado fecundada mi carne».

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Se refiere al comienzo del himno, donde había dicho: Proclama mi alma la grandeza del Señor. Porque sólo aquella alma a la que el Señor se digna hacer grandes favores puede proclamar la grandeza del Señor con dig­nas alabanzas y dirigir a quienes comparten los mismos votos y propósitos una exhortación como ésta: Procla­mad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.

Pues quien, una vez que haya conocido al Señor, ten­ga en menos el proclamar su grandeza y santificar su nombre en la medida de sus fuerzas será el menos importante en el reino de los cielos. Ya que el nombre del Señor se llama santo, porque con su singular poder trasciende a toda creatura y dista ampliamente de todas las cosas que ha hecho.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia. Bellamente llama a Israel siervo del Señor, ya que efectivamente el Señor lo ha acogido para salvarlo por ser obediente y humilde, de acuerdo con lo que dice Oseas: Israel es mi siervo, y yo lo amo.

Porque quien rechaza la humillación tampoco puede acoger la salvación, ni exclamar con el profeta: Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida, y el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el rei­no de los cielos.

Como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. No se re­fiere a la descendencia carnal de Abrahán, sino a la espi­ritual, o sea, no habla de los nacidos solamente de su carne, sino de los que siguieron las huellas de su fe, lo mismo dentro que fuera de Israel. Pues Abrahán había creído antes de la circuncisión, y su fe le fue tenida en cuenta para la justificación.

De modo que el advenimiento del Salvador se le pro­metió a Abrahán y a su descendencia por siempre, o sea, a los hijos de la promesa, de los que se dice: Si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.

Con razón, pues, fueron ambas madres quienes anun­ciaron con sus profecías los nacimientos del Señor y de Juan, para que, así como el pecado empezó por medio de las mujeres, también los bienes comiencen por ellas, y la vida que pereció por el engaño de una sola mujer sea devuelta al mundo por la proclamación de dos mujeres que compiten por anunciar la salvación.


El maná de cada día, 21.12.18

diciembre 21, 2018

21 de Diciembre. Feria de Adviento

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magnificat

El amor es generoso y servicial

 

Antífona de entrada: Isaías 7, 14; 8, 10

Muy pronto vendrá el Señor que domina los pueblos, y se llamará Emmanuel, porque tendremos a Dios-con-nosotros.


Oración colecta

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, alegre por la venida de tu Hijo en carne mortal, y haz que, cuando vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de sus labios la invitación a poseer el reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.

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PRIMERA LECTURA: Cantar de los Cantares 2, 8-14

¡Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, brincando por los collados! Es mi amado como un gamo, es mi amado un cervatillo.

Mirad: se ha parado detrás de la tapia, atisba por las ventanas, mira por las celosías. Habla mi amado y me dice: «¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí!

Porque ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido, brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda, el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos; apuntan los frutos en la higuera, la viña en flor difunde perfume.

¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí!

Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz, y es hermosa tu figura.»
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SALMO 32, 2-3.11-12.20-21

Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.

Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

El plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos.
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Aclamación antes del Evangelio

Emmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.


EVANGELIO: Lucas 1, 39-45

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»


Antífona de comunión: Lucas 1,45

Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
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GENEROSIDAD Y ESPÍRITU DE SERVICIO

P. Francisco Fernández Carvajal

Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel1.

La Virgen se da del todo a lo que Dios le pide. En un momento sus planes personales –los tendría– quedan en un rincón para hacer lo que Dios le propone. No puso excusas. Desde el primer momento, Jesús es el ideal único y grandioso para el que vive.

Nuestra Señora manifestó una generosidad sin límites a lo largo de toda su existencia aquí en la tierra. De los pocos pasajes del Evangelio que se refieren a su vida, dos de ellos nos hablan directamente de su atención a los demás: fue generosa con su tiempo para atender a su prima Santa Isabel hasta que nació Juan2; estuvo preocupada por el bienestar de los demás, como nos muestra su intervención en las bodas de Caná3.

Fueron actitudes habituales en Ella. Mucho tendrían que decirnos sus paisanos de Nazaret de los incontables detalles de María con ellos en la convivencia diaria.

La Virgen no piensa en sí misma, sino en los demás. Trabaja en las faenas de la casa con la mayor sencillez y con mucha alegría; también con gran recogimiento interior, porque sabe que el Señor está en Ella. Todo queda santificado en la casa de Isabel por la presencia de la Virgen y del Niño que va en su seno.

En María comprobamos que la generosidad es la virtud de las almas grandes, que saben encontrar la mejor retribución en el haber dado: habéis recibido gratis, dad gratis4. La persona generosa sabe dar cariño, comprensión, ayudas materiales…, y no exige que la quieran, la comprendan, la ayuden.

Da, y se olvida de que ha dado. Ahí está toda su riqueza. Ha comprendido que es mejor dar que recibir5.

Descubre que amar «es esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar de verdad conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente… Esta desposesión de uno mismo (…) es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad»6.

El dar ensancha el corazón y lo hace más joven, con más capacidad de amar. El egoísmo empobrece, hace el propio horizonte más pequeño. Cuanto más damos, más nos enriquecemos.

A la Virgen le suplicamos hoy que nos enseñe a ser generosos, en primer lugar con Dios, y luego con los demás, con quienes conviven o trabajan junto a nosotros, con quienes nos encontramos en las diversas circunstancias de la vida. Que sepamos darnos en el servicio a los demás, en la vida ordinaria de cada día.

1 Evangelio de la Misa, Lc 1, 39-40. — 2 Lc 1, 31. — 3 Jn 2, 1 ss. — 4 Mt 10, 8. 5 Hech 20, 35. — 6 Juan Pablo II, Alocución, 1-VI-1980.

www.homiletica.org


El maná de cada día, 9.10.18

octubre 9, 2018

Martes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

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No te quedes sin la mejor parte

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PRIMERA LECTURA: Gálatas 1, 13-24

Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.

Pero, cuando aquel, que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco.

Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor. Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo. Fui después a Siria y a Cilicia.

Las Iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente; sólo habían oído decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir, y alababan a Dios por causa mía.

SALMO 138

Guíame, Señor, por el camino eterno.

Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras.

Conocías hasta el fondo de mi alma, no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra.


ALELUYA: Lc 11, 28

Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.


EVANGELIO: Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»


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EL AMOR NECESITA ORAR

No creas que la oración consiste sólo en repetir avemarías o en recitar padrenuestros. La oración es una necesidad del amor pues, cuando comienzas a gustar la intimidad de Dios, buscas estar con Él y deseas amarle. Poco sabe de verdadero amor quien no sabe de oración. Y poco conoce a Dios quien no le trata a solas, en la intimidad del silencio interior.

Porque, si no tratas a diario con Dios, terminas haciendo de Él una idea, cada vez más lejana y ajena a tu vida.

Entre los quehaceres diarios, has de reservar un tiempo para estar a solas con Dios y orar con Él. Es bueno fijar, para cada día de la semana, la hora y el lugar de tu oración. Y has de ser fiel a esa cita diaria, aunque no tengas ganas y no te apetezca, aunque tengas otras muchas cosas urgentes que hacer, aunque estés cansado, aunque te aburras y te distraigas.

De ese poco de agua que bebas cada día en la fuente de tu oración depende la fecundidad o esterilidad de esa tierra de tu alma, que cada día siembras de tanto activismo y dispersión. Pero, que tu oración no sea un cumplimiento voluntarista o interesado, una ocasión para alimentar tu vanidad y soberbia espiritual.

Una oración que nos hace creer que ya somos buenos, porque rezamos, que no nos mueve a cambiar de vida, o que no fructifica en obras concretas de santidad y de mucha renuncia a uno mismo, termina siendo un engaño espiritual y una puerta al más sutil puritanismo.

El amor necesita orar. No una vez; tampoco de vez en cuando. El amor necesita orar siempre, en todo, porque no puede dejar de amar siempre y en todo.

www.mater-dei.es


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Acoger una nueva vida, según Amoris laetitia, 165-171, (14)

julio 24, 2018

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Las familias numerosas son una alegría para la Iglesia. En ellas, el amor expresa su fecundidad generosa.

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Amor que se vuelve fecundo:

Acoger una nueva vida, según Amoris laetitia, 165 ss.

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El amor siempre da vida. Por eso, el amor conyugal «no se agota dentro de la pareja […] Los cónyuges, a la vez que se dan entre sí, dan más allá de sí mismos la realidad del hijo, reflejo viviente de su amor, signo permanente de la unidad conyugal y síntesis viva e inseparable del padre y de la madre».

Acoger una nueva vida

La familia es el ámbito no sólo de la generación sino de la acogida de la vida que llega como regalo de Dios. Cada nueva vida «nos permite descubrir la dimensión más gratuita del amor, que jamás deja de sorprendernos. Es la belleza de ser amados antes: los hijos son amados antes de que lleguen».

Esto nos refleja el primado del amor de Dios que siempre toma la iniciativa, porque los hijos «son amados antes de haber hecho algo para merecerlo».

Sin embargo, «numerosos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, les roban su infancia y su futuro. Alguno se atreve a decir, casi para justificarse, que fue un error hacer que vinieran al mundo. ¡Esto es vergonzoso! […] ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos humanos o de los derechos del niño, si luego castigamos a los niños por los errores de los adultos?».

Si un niño llega al mundo en circunstancias no deseadas, los padres, u otros miembros de la familia, deben hacer todo lo posible por aceptarlo como don de Dios y por asumir la responsabilidad de acogerlo con apertura y cariño.

Porque «cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres».

El don de un nuevo hijo, que el Señor confía a papá y mamá, comienza con la acogida, prosigue con la custodia a lo largo de la vida terrena y tiene como destino final el gozo de la vida eterna.

Una mirada serena hacia el cumplimiento último de la persona humana, hará a los padres todavía más conscientes del precioso don que les ha sido confiado. En efecto, a ellos les ha concedido Dios elegir el nombre con el que él llamará cada uno de sus hijos por toda la eternidad.

Las familias numerosas son una alegría para la Iglesia. En ellas, el amor expresa su fecundidad generosa.

Esto no implica olvidar una sana advertencia de san Juan Pablo II, cuando explicaba que la paternidad responsable no es «procreación ilimitada o falta de conciencia de lo que implica educar a los hijos, sino más bien la facultad que los esposos tienen de usar su libertad inviolable de modo sabio y responsable, teniendo en cuenta tanto las realidades sociales y demográficas, como su propia situación y sus deseos legítimos».

El amor en la espera propia del embarazo

El embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida.

La maternidad surge de una «particular potencialidad del organismo femenino, que con peculiaridad creadora sirve a la concepción y a la generación del ser humano». Cada mujer participa del «misterio de la creación, que se renueva en la generación humana».

Es como dice el Salmo: «Tú me has tejido en el seno materno» (139,13). Cada niño que se forma dentro de su madre es un proyecto eterno del Padre Dios y de su amor eterno: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1, 5).

Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador. Pensemos cuánto vale ese embrión desde el instante en que es concebido. Hay que mirarlo con esos ojos de amor del Padre, que mira más allá de toda apariencia.

La mujer embarazada puede participar de ese proyecto de Dios soñando a su hijo: «Toda mamá y todo papá soñó a su hijo durante nueve meses […] No es posible una familia sin soñar. Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar los chicos no crecen, el amor no crece, la vida se debilita y se apaga».

Dentro de ese sueño, para un matrimonio cristiano, aparece necesariamente el bautismo. Los padres lo preparan con su oración, entregando su hijo a Jesús ya antes de su nacimiento.

Con los avances de las ciencias hoy se puede saber de antemano qué color de cabellos tendrá el niño y qué enfermedades podrá sufrir en el futuro, porque todas las características somáticas de esa persona están inscritas en su código genético ya en el estado embrionario.

Pero sólo el Padre que lo creó lo conoce en plenitud. Sólo él conoce lo más valioso, lo más importante, porque él sabe quién es ese niño, cuál es su identidad más honda. La madre que lo lleva en su seno necesita pedir luz a Dios para poder conocer en profundidad a su propio hijo y para esperarlo tal cual es.

Algunos padres sienten que su niño no llega en el mejor momento. Les hace falta pedirle al Señor que los sane y los fortalezca para aceptar plenamente a ese hijo, para que puedan esperarlo de corazón. Es importante que ese niño se sienta esperado. Él no es un complemento o una solución para una inquietud personal. Es un ser humano, con un valor inmenso, y no puede ser usado para el propio beneficio.

Entonces, no es importante si esa nueva vida te servirá o no, si tiene características que te agradan o no, si responde o no a tus proyectos y a tus sueños. Porque «los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible […] Se ama a un hijo porque es hijo, no porque es hermoso o porque es de una o de otra manera; no, porque es hijo. No porque piensa como yo o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo».

El amor de los padres es instrumento del amor del Padre Dios que espera con ternura el nacimiento de todo niño, lo acepta sin condiciones y lo acoge gratuitamente.

A cada mujer embarazada quiero pedirle con afecto: Cuida tu alegría, que nada te quite el gozo interior de la maternidad. Ese niño merece tu alegría. No permitas que los miedos, las preocupaciones, los comentarios ajenos o los problemas apaguen esa felicidad de ser instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo.

Ocúpate de lo que haya que hacer o preparar, pero sin obsesionarte, y alaba como María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su sierva» (Lc 1, 46-48).

Vive ese sereno entusiasmo en medio de tus molestias, y ruega al Señor que cuide tu alegría para que puedas transmitirla a tu niño.


Las Confesiones de san Agustín. IV, 2.2-3

julio 23, 2018

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Enseña retórica. Toma una concubina. Abomina los agüeros (Conf. IV, 2.2-3)

2. En aquellos años enseñaba yo el arte de la retórica y, vencido de la codicia, vendía una victoriosa locuacidad.

Sin embargo, tú bien sabes, Señor, que quería más tener buenos discípulos, lo que se dice buenos de verdad, a quienes enseñaba sin engaño el arte de engañar, no para que usasen de él contra la vida del inocente, sino para defender alguna vez al culpado.

Mas, ¡oh Dios!, tú viste de lejos aquella fe mía que yo exhibía en aquel magisterio con los que amaban la vanidad y buscaban la mentira4, siendo yo uno de ellos, que vacilaba y centelleaba sobre un suelo resbaladizo y entre mucho humo.

Por estos mismos años tuve yo una mujer, no conocida por lo que se dice legítimo matrimonio, sino buscada por el vago ardor de mi pasión, falto de prudencia; pero una sola, a la que guardaba la fe del tálamo en la cual hube de experimentar por mí mismo la distancia que hay entre el amor conyugal pactado con el fin de la procreación de los hijos y el amor lascivo, en el que la prole nace contra el deseo de los padres, bien que, una vez nacida, les obligue a quererla.

3. Recuerdo también que, habiendo tenido el capricho de tomar parte en un certamen de poesía, me envió a decir no sé qué arúspice a ver qué merced querría darle para salir vencedor.

Yo, que abominaba de aquellos nefandos sortilegios, le contesté que no quería —aunque fuera la corona de oro imperecedero— que se sacrificase por mi triunfo ni una mosca siquiera, porque proyectaba el sacrificar vida de animales y con esta clase de ofrendas parecía invocar en favor mío los votos de los demonios.

Pero confieso, Dios de mi corazón, que el haber rechazado semejante maldad no fue por amor puro hacia ti, porque aún no te sabía amar, yo, que no sabía pensar sino resplandores corpóreos.

Porque un alma que suspira por tales ficciones, ¿no fornica lejos de ti5, y se apoya en la falsedad, y apacienta vientos [maldades]?6 Mas he aquí que, no queriendo que se ofreciesen por mí sacrificios a los demonios, yo mismo me sacrificaba a ellos con aquella superstición.

Porque ¿qué otra cosa es apacentar vientos que apacentar a aquéllos, esto es, servirles de placer y mofa con nuestros errores?

http://www.augustinus.it/


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