El maná de cada día, 26.10.19

octubre 26, 2019

Sábado de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

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Tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro.



PRIMERA LECTURA: Romanos 8, 1-11

Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

Lo que no pudo hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, lo ha hecho Dios: envió a su Hijo encarnado en una carne pecadora como la nuestra, haciéndolo víctima por el pecado, y en su carne condenó el pecado.

Así, la justicia que proponía la Ley puede realizarse en nosotros, que ya no procedemos dirigidos por la carne, sino por el Espíritu. Porque los que se dejan dirigir por la carne tienden a lo carnal; en cambio, los que se dejan dirigir por el Espíritu tienden a lo espiritual. Nuestra carne tiende a la muerte; el Espíritu, a la vida y a la paz.

Porque la tendencia de la carne es rebelarse contra Dios; no sólo no se somete a la ley de Dios, ni siquiera lo puede. Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios.

Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida.

Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.


SALMO 23, 1-2.3-4ab.5-6

Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


Aclamación antes del Evangelio: Ez 33, 11

No quiero la muerte del malvado -dice el Señor-, sino que cambie de conducta y viva.


EVANGELIO: Lucas 13, 1-9

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

Jesús les contestó: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»

Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?” Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas.”»

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LA HIGUERA ESTÉRIL

Si la higuera está sana y verdea, suele hacerse un árbol frondoso en ramas y en hojas, muy atractiva en sus frutos, dulces y abundantes, y muy apreciada por su sombra cuando el sol arrecia. Fácil es encontrarla colmada de pájaros que vienen a posarse en su ramaje, buscando alguna breva que picotear.

Quizá fuera así aquella higuera del Evangelio a la que Jesús se acercó buscando algo de comer pero no encontró en ella más que hojas. Cuánta cristianos te encontrarás así, con una apariencia frondosa, verdeante y llamativa pero seca de savia interior, a cuya sombra cobijan ambiciosos la aprobación y adulación de los demás, la buena fama, la mera imagen, el reconocimiento de todos.

Evita la superficialidad, la ligereza, el apresuramiento, lo ostentoso, aunque pienses que con ello podrías triunfar a tu alrededor, dentro y fuera de la Iglesia.

Huye también de un cristianismo que florece sólo en las hojas del activismo o que cumple protocolariamente los mínimos necesarios para no rozar el pecado, pero que no tiene verdaderos frutos, porque no se alimenta de una savia interior rica y fecunda.

Tus raíces han de ser profundas y muy escondidas, muy hundidas en la hondura de tu oración, alimentadas con esa práctica de tantas virtudes que tu alma necesita para fructificar en frutos abundantes y sabrosos.

Que no le suceda a tu fe superficial y aparente lo que a aquella higuera del Evangelio, incapaz de saciar el hambre del Señor, porque no tenía frutos, y estéril, muy estéril, a pesar de sus hojas atractivas y abundantes.

Ahonda tus raíces, sobre todo, en esa fidelidad diaria al Señor, muy escondida y a veces monótona, pero casi siempre oculta a los ojos de muchos, y experimentarás la belleza inagotable de esa vida que encierra en sí el grano de trigo oculto en la tierra.

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El maná de cada día, 24.10.19

octubre 24, 2019

Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

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El fuego que Jesús ha traído a la tierra es Él mismo: La Caridad del Espíritu del Padre y del Hijo



PRIMERA LECTURA: Romanos 6, 19-23

Uso un lenguaje corriente, adaptándome a vuestra debilidad, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestros miembros como esclavos a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total, ponedlos ahora al servicio de la justicia para vuestra santificación.

Cuando erais esclavos del pecado, la justicia no os gobernaba. ¿Qué frutos dabais entonces? Frutos de los que ahora os avergonzáis, porque acaban en la muerte.

Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte, mientras que Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.


SALMO 1, 1-2.3.4.6

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


Aclamación antes del Evangelio: Flp 3, 8-9

Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él.


EVANGELIO: Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

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¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra?

Papa Francisco. Ángelus del domingo 18 de agosto de 2013

La Palabra de Dios de este domingo contiene también una palabra de Jesús que nos pone en crisis, y que se ha de explicar, porque de otro modo puede generar malentendidos.

Jesús dice a los discípulos: «¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división» (Lc 12, 51).

¿Qué significa esto? Significa que la fe no es una cosa decorativa, ornamental; vivir la fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se lo decora con nata. No, la fe no es esto.

La fe comporta elegir a Dios como criterio-base de la vida, y Dios no es vacío, Dios no es neutro, Dios es siempre positivo, Dio es amor, y el amor es positivo.

Después de que Jesús vino al mundo no se puede actuar como si no conociéramos a Dios. Como si fuese una cosa abstracta, vacía, de referencia puramente nominal; no, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre: Dios es misericordia, Dios es fidelidad, es vida que se dona a todos nosotros.

Por esto Jesús dice: he venido a traer división; no es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí, al contrario: Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio.

Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas.

Pero atención: no es Jesús quien divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios.

He aquí en qué sentido Jesús es «signo de contradicción» (Lc 2, 34).

Por lo tanto, esta palabra del Evangelio no autoriza, de hecho, el uso de la fuerza para difundir la fe. Es precisamente lo contrario: la verdadera fuerza del cristiano es la fuerza de la verdad y del amor, que comporta renunciar a toda violencia.

¡Fe y violencia son incompatibles! ¡Fe y violencia son incompatibles!

En cambio, fe y fortaleza van juntas. El cristiano no es violento, pero es fuerte. ¿Con qué fortaleza? La de la mansedumbre, la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor.

Queridos amigos, también entre los parientes de Jesús hubo algunos que a un cierto punto no compartieron su modo de vivir y de predicar, nos lo dice el Evangelio (cf. Mc 3, 20-21).

Pero su Madre lo siguió siempre fielmente, manteniendo fija la mirada de su corazón en Jesús, el Hijo del Altísimo, y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 1, 14).

Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a mantener la mirada bien fija en Jesús y a seguirle siempre, incluso cuando cuesta.


Adquirir “el hábito del discernimiento” – Catequesis completa del Papa Francisco

septiembre 22, 2019

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El Papa Francisco ha pedido al Espíritu Santo “que actúe en nosotros para que, tanto personal como comunitariamente, podamos adquirir el hábito del discernimiento”.

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Adquirir “el hábito del discernimiento” – Catequesis completa del Papa Francisco

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles

Por Larissa I. López. Audiencia General

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(ZENIT – 18 sept. 2019).- El Papa Francisco ha pedido al Espíritu Santo “que actúe en nosotros para que, tanto personal como comunitariamente, podamos adquirir el hábito del discernimiento” y “que nos haga ver siempre la unidad de la historia de la salvación a través de los signos del paso de Dios en nuestro tiempo y en los rostros de los que nos rodean (…)”.

Hoy, 18 de septiembre de 2019, el Santo Padre ha retomado el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles a partir del pasaje “No sea que os encontréis luchando contra Dios (Hechos 5, 39). Los criterios de discernimiento del sabio Gamaliel (Hechos, 5-34-35.38-39)”.

Se trata de un fragmento en el que los apóstoles son llevados ante el Sanedrín para ser juzgados y el fariseo Gamaliel decide contener los deseos de condena de muerte para aquellos. Para ello, enseña a sus compañeros a ejercer “el arte del discernimiento ante situaciones que van más allá de los esquemas habituales”, describió el Papa.

“’Megáfonos’ del Espíritu Santo”

En primer lugar, el Pontífice destacó que este fragmento demuestra cómo, tras Pentecostés, el Espíritu Santo acompaña a los doce apóstoles y cómo, “de cobardes” durante la pasión y muerte de Jesús, se “volvieron valientes”.

En ese momento los discípulos se constituyen auténticos “testigos de Jesús Resucitado” a los que no les atemoriza nada. Este ejemplo es ofrecido por los mártires de todos los tiempos, como es el caso de los cristianos coptos ortodoxos que hace cuatro años fueron asesinados en Libia.

También señaló que, dado que los discípulos de Cristo se convierten en “’megáfonos’ del Espíritu Santo’” al difundir la salvación, el sistema religioso judío de la época se vio amenazado y reaccionó con violencia y ajusticiamientos.

Los proyectos de Dios no se derrumban

No obstante, relató el Santo Padre, entre los jueces se encontraba Gamaliel, que exhortó a liberar a los apóstoles, apuntando que si su trabajo era meramente humano, naufragaría, pero si “lleva la ‘firma’ de Dios está destinado a perdurar”.

Y agregó que, efectivamente, “los proyectos humanos siempre fracasan; tienen un tiempo, como nosotros”, mientras que en “la historia de los cristianos, también en la historia de la Iglesia, con tantos pecados, con tantos escándalos, con tantas cosas malas en estos dos milenios” no ha existido el derrumbamiento porque estaba Dios detrás.

Aprender a esperar

En consecuencia, Francisco considera que las palabras de Galamiel presentan una sabiduría profética porque incitan “a no ceder a la tentación de la prisa y a aprender a esperar el desarrollo de los procesos a lo largo del tiempo”.

“Son palabras serenas y clarividentes que nos permiten ver el evento cristiano desde una nueva perspectiva y nos ofrecen criterios que ‘saben a Evangelio’, porque nos invitan a reconocer el árbol por sus frutos (cf. Mt 7,16)”, remarcó el Pontífice.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.

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Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuemos nuestra catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles. Frente a la prohibición de los judíos de enseñar en nombre de Cristo, Pedro y los Apóstoles responden con valentía que no pueden obedecer a los que quieren detener el camino del Evangelio en el mundo.

Los Doce muestran así que poseen esa “obediencia de la fe” que luego querrán suscitar en todos los hombres (cf. Rm 1,5). Efectivamente, desde Pentecostés, ya no son hombres “solos”. Experimentan esa especial sinergia que les hace descentrarse de sí mismos y les hace decir: “nosotros y el Espíritu Santo” (Hch 5,32) o “el Espíritu Santo y nosotros”. Sienten que no pueden decir “yo”, solo, con hombres descentrados de sí mismos (Hch. 15,28).

Fortalecidos por esta alianza, los Apóstoles no se dejan atemorizar por nadie. ¡Tenían un valor impresionante! Pensemos que eran unos cobardes: todos escaparon, huyeron cuando Jesús fue arrestado. Pero, de cobardes se volvieron valientes. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo estaba con ellos.

Lo mismo nos pasa a nosotros: si tenemos el Espíritu Santo dentro de nosotros, tendremos el valor de seguir adelante, el valor de ganar tantas luchas, no para nosotros mismos sino para el Espíritu que está con nosotros. No retroceden en su marcha de intrépidos testigos de Jesús Resucitado, como los mártires de todos los tiempos, incluidos los nuestros. Los mártires, dan la vida, no ocultan que son cristianos.

Pensemos, hace unos años -también hoy hay muchos-, pero pensemos que hace cuatro años, esos cristianos coptos ortodoxos, verdaderos trabajadores, en la playa de Libia: todos fueron degollados. Pero la última palabra que dijeron fue “Jesús, Jesús”. No habían vendido la fe, porque estaba el Espíritu Santo con ellos. ¡Estos son los mártires de hoy!

Los Apóstoles son los “megáfonos” del Espíritu Santo, enviados por el Resucitado para difundir con prontitud y sin vacilación la Palabra que da la salvación.

Y realmente esta determinación hace temblar el “sistema religioso” judío, que se siente amenazado y responde con violencia y condenas a muerte. La persecución de los cristianos es siempre la misma: las personas que no quieren el cristianismo se sienten amenazadas y así dan muerte a los cristianos.

Pero, en medio del Sanedrín, se alza  la voz diferente de un fariseo que decide contener la reacción de los suyos: se llamaba Gamaliel, hombre prudente, “doctor de la Ley, estimado por todo el pueblo”. En su escuela, san Pablo aprendió a observar “la ley de los padres” (cf. Hch 22,3).

Gamaliel toma la palabra y enseña a sus hermanos a practicar el arte del discernimiento ante situaciones que van más allá de los esquemas habituales.

Demuestra, citando a algunos personajes que se habían hecho pasar por el Mesías, que todo proyecto humano primero puede despertar consenso y naufragar después, mientras que todo lo que viene de lo alto y lleva la “firma” de Dios está destinado a perdurar. Los proyectos humanos siempre fracasan; tienen un tiempo, como nosotros.

Pensad en tantos proyectos políticos, y en cómo cambian de un lado a otro, en todos los países. Pensad en los grandes imperios, pensad en las dictaduras del siglo pasado: se sentían muy poderosos, creían que dominaban el mundo. Y luego todos se derrumbaron.

Pensad también hoy en los imperios de hoy: se derrumbarán, si Dios no está con ellos, porque la fuerza que los hombres tienen en sí mismos no es duradera. Sólo la fuerza de Dios perdura. Pensemos en la historia de los cristianos, también en la historia de la Iglesia, con tantos pecados, con tantos escándalos, con tantas cosas malas en estos dos milenios. ¿Y por qué no se ha derrumbado? Porque Dios está ahí.

Somos pecadores, y a menudo también damos lugar a escándalos. Pero Dios está con nosotros. Y Dios primero nos salva a nosotros, y luego a ellos; pero siempre salva, el Señor. La fuerza es “Dios con nosotros”. Gamaliel demuestra citando a algunos personajes que se habían hecho pasar por el Mesías, que todo proyecto humano primero puede despertar consenso y naufragar después.

Por eso Gamaliel concluye que, si los discípulos de Jesús de Nazaret han creído a un impostor, están destinados a desvanecerse; pero si siguen a alguien que viene de Dios, es mejor renunciar a combatirlos; y advierte: “¡No sea que os encontréis luchando contra Dios!” (Hechos 5:39).

Este hombre libre e inspirado se da cuenta de que los seguidores de Cristo son diferentes de cualquier secta, y se muestra lleno de temor de Dios al querer defender la vida de aquellos que, según sus hermanos, merecerían la muerte.

Gamaliel demuestra, además, que está dotado de sabiduría profética, porque invita a los demás a no ceder a la tentación de la prisa y a aprender a esperar el desarrollo de los procesos a lo largo del tiempo. De hecho, Dios habla y se manifiesta también a través del tiempo, manifestando la “duración” o no de cada cosa.

Son palabras serenas y clarividentes que nos permiten ver el evento cristiano desde una nueva perspectiva y nos ofrecen criterios que “saben a Evangelio”, porque nos invitan a reconocer el árbol por sus frutos (cf. Mt 7,16). Llegan al corazón y logran el efecto deseado: los demás miembros del Sanedrín siguen su consejo y renuncian a las intenciones de la muerte, es decir de matar a los Apóstoles.

Pidamos al Espíritu Santo que actúe en nosotros para que, tanto personal como comunitariamente, podamos adquirir el hábito del discernimiento.

Pidámosle que nos haga ver siempre la unidad de la historia de la salvación a través de los signos del paso de Dios en nuestro tiempo y en los rostros de los que nos rodean, para que aprendamos que el tiempo y los rostros humanos son mensajeros del Dios vivo.

© Librería Editorial Vaticana

https://es.zenit.org/articles/adquirir-el-habito-del-discernimiento-catequesis-completa/

El maná de cada día, 29.7.19

julio 29, 2019

Lunes de la 17ª semana del Tiempo Ordinario

Fermentar la masa

Fermentar la masa



PRIMERA LECTURA: Éxodo 32, 15-24. 30-34

En aquellos días, Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas de la alianza en la mano. Las tablas estaban escritas por ambos lados; eran hechura de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada en las tablas.

Al oír Josué el griterío del pueblo, dijo a Moisés: «Se oyen gritos de guerra en el campamento.»

Contestó él: «No es grito de victoria, no es grito de derrota, que son cantos lo que oigo.»

Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, enfurecido, tiró las tablas y las rompió al pie del monte. Después agarró el becerro que habían hecho, lo quemó y lo trituró hasta hacerlo polvo, que echó en agua, haciéndoselo beber a los israelitas.

Moisés dijo a Aarón: «¿Qué te ha hecho este pueblo, para que nos acarreases tan enorme pecado?»

Contestó Aarón: «No se irrite mi señor. Sabes que este pueblo es perverso. Me dijeron: “Haznos un Dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado.” Yo les dije: “Quien tenga oro que se desprenda de él y me lo dé”; yo lo eché al fuego, y salió este becerro.»

Al día siguiente, Moisés dijo al pueblo: «Habéis cometido un pecado gravísimo; pero ahora subiré al Señor a expiar vuestro pecado.»

Volvió, pues, Moisés al Señor y le dijo: «Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo, haciéndose dioses de oro. Pero ahora, o perdonas su pecado o me borras del libro de tu registro.»

El Señor respondió: «Al que haya pecado contra mí lo borraré del libro. Ahora ve y guía a tu pueblo al sitio que te dije; mi ángel irá delante de ti; y cuando llegue el día de la cuenta, les pediré cuentas de su pecado.»


SALMO 105,19-20.21-22.23

Dad gracias al Señor porque es bueno.

En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba.

Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo.

Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 8, 12b

Yo soy la luz del mundo -dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.


EVANGELIO: Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»
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TRES MEDIDAS DE HARINA

De niño, cuando vivía con sus padres en Nazaret, el Señor disfrutaría mucho viendo a su madre preparar el pan. A veces, incluso, metería las manos en aquel montón de harina, intentando ayudar a su madre en la costosa tarea de preparar la masa. El secreto estaba en aquella minúscula y diminuta levadura que se escondía en el interior y que hacía que, al día siguiente, la mezcla fuera mayor.

Así era también ese Reino de Dios que el Señor intentaba explicar a las gentes, con la misma fuerza misteriosa y oculta de esa levadura que la mujer esconde en tres medidas de harina.

Tú y yo, a veces, nos sentimos más minúsculos y diminutos que esa levadura, incapaces de tener la misma fuerza que ella. Nos sobrepasan situaciones, problemas, preocupaciones, ambientes de pecado, ideologías torcidas y contrarias a Dios, y crece en nosotros, como enorme montón de harina, el desánimo, la desesperanza, el agobio, el miedo al qué dirán, la apatía.

A veces esas tres medidas de harina están en tu ambiente de trabajo, en tu familia, allí donde te topas con situaciones de obstinada incredulidad y de pertinaz alejamiento de Dios. Sin embargo, con ser grande, la fuerza de la levadura siempre será insignificante para explicar cómo es ese poder que esconde en sí el Reino de Dios.

No quieras fermentar por ti mismo toda esa masa de harina que te rodea. No quieras ser tú de esa falsa levadura que pretende cambiar las cosas y las personas sólo por el encanto personal de sus cualidades, habilidades, simpatía, inteligencia, argumentos.

¿Cómo pretendes tú despertar en otros el interrogante de Dios si andas por dentro como ese montón de harina que espera todavía a ser fermentado por la gracia y el poder de Dios?

No pretendas dar lo que no tienes y deja que la oración, el trato con Dios, la gracia de los sacramentos, vaya fermentando en ti para hacerte sabroso pan que sacie a tu alrededor tanta hambre de Dios.

Lañas diarias www.mater-dei.es


El maná de cada día, 26.6.19

junio 26, 2019

Miércoles de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

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arbol-bueno

Un árbol bueno no puede dar frutos malos



PRIMERA LECTURA: Génesis 15, 1-12. 17-18

En aquellos días, Abrán recibió en una visión la palabra del Señor: -«No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante.»

Abrán contestó: -«Señor, ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?»
Y añadió: -«No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará.»

La palabra del Señor le respondió: -«No te heredará ése, sino uno salido de tus entrañas.»
Y el Señor lo sacó afuera y le dijo: -«Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.»
Y añadió: -«Así será tu descendencia.»

Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber.

El Señor le dijo: -«Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.»

Él replicó: -«Señor Dios, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?»
Respondió el Señor: -«Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.»

Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.

Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: -«A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Éufrates.»


SALMO 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9

El Señor se acuerda de su alianza eternamente.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 15, 4a. 5b

Permaneced en mí y yo en vosotros -dice el Señor-; el que permanece en mí da fruto abundante.



EVANGELIO: Mateo 7, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.»


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POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS

San Agustín. Explicación del Sermón de la Montaña, cap. 24, §80-81

Preguntémonos sobre qué frutos el Señor quiere llamar la atención para reconocer el árbol. Algunos consideran como frutos lo que constituye las vestiduras de las ovejas, así los lobos pueden engañarlos. Quiero indicar aquí los ayunos, las oraciones, las limosnas y todas las obras que pueden ser hechas por los hipócritas. Sin esto Jesús no habría dicho: “Absteneos de hacer justicia delante de los hombres, para llamarles la atención” (Mt 6,1)…

Muchos dan a los pobres por ostentación y no por benevolencia; muchos rezan o más bien parece que rezan, pero no lo hacen por Dios sino más bien por la estima de los hombres; muchos ayunan y fingen una austeridad asombrosa, para atraerse la admiración de los que ven sus obras. Todas estas obras son engaños… El Señor concluye que estos frutos no son suficientes para juzgar el árbol. Las mismas acciones hechas con una intención recta y en verdad constituyen la vestidura de las ovejas auténticas…

El apóstol Pablo nos dice por qué frutos reconoceremos el árbol malo: “Es fácil reconocer las obras de la carne: desenfreno, impureza, obscenidad, idolatría, brujería, odios, disputas, celos, cólera, disensión, sectarismo, rivalidades, borracheras, rencillas y cosas semejantes” (Ga 5,19-20). El mismo apóstol nos dice seguidamente por qué frutos podemos reconocer un árbol bueno: “Pero al contrario los frutos del Espíritu son amor, alegría, paz, paciencia, benevolencia, bondad, fe, humildad y control de sí” (v. 22-23).

Hay que saber que la palabra “alegría” se toma aquí en su sentido propio; los hombres malvados en sentido propio ignoran la alegría, pero conocen el placer… Es el sentido propio de la palabra, lo que sólo los buenos conocen; “no hay alegría para los impíos, dice el Señor” (Is 48,22).

Lo mismo ocurre con la fe verdadera. Las virtudes enumeradas pueden ser disimuladas por los malos y los impostores, pero no engañan al ojo limpio y puro capaz de discernirlo.

www.evangeliodeldia.org


El maná de cada día, 25.6.19

junio 25, 2019

Martes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

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No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos

No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos



PRIMERA LECTURA: Génesis 13, 2.5-18

Abrán era muy rico en ganado, plata y oro. También Lot, que acompañaba a Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas; de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos.

Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. En aquel tiempo cananeos y fereceos ocupaban el país.

Abrán dijo a Lot: «No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos. Tienes delante todo el país, sepárate de mí; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.»

Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Zear, era de regadío (esto era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); parecía un jardín del Señor, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron los dos hermanos.

Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.

El Señor habló a Abrán, después que Lot se había separado de él: «Desde tu puesto, dirige la mirada hacia el norte, mediodía, levante y poniente. Toda la tierra que abarques te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo; el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda, pasea el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar.»

Abrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar en honor del Señor.


SALMO 14, 2-3a.3bc-4ab.5

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor.

El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 8, 12b

Yo soy la luz del mundo -dice el Señor-; el que me sigue tendrá la luz de la vida.


EVANGELIO: Mateo 7, 6.12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros.

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.

Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»


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NO ECHÉIS LAS PERLAS A LOS CERDOS

No solemos guardar las cosas de valor en cualquier sitio. Tampoco solemos mostrarlas a cualquiera, no sea que, no apreciándolas, lleven también a despreciar a su dueño. Con cuánto mimo y cuidado custodiamos esas cosas que para nosotros son tan preciadas, aunque para otros no signifiquen nada.

Con cuánta dedicación y esmero nos preocupamos de nuestros intereses personales, planes, ilusiones o proyectos, por todo aquello que de nosotros mismos se pone en juego.

Así debería pasar también con las cosas de Dios. Y, tratándose de Él, deberíamos cuidarnos de no actuar como esos puercos a los que alude el Evangelio que, incapaces de apreciar el valor y la belleza de las perlas divinas, terminan por destruirlas, o las cambian por esas otras baratijas que el mundo sí valora. Trata a los demás, a Dios, como quieres que ellos, Él, te traten.

Menospreciamos fácilmente las cosas de Dios cuando las sometemos a nuestros juicios y criterios, cuando las utilizamos para nuestros propios intereses. Nos apropiamos de las cosas de Dios, para medir nosotros su valor y poder así mercantilizar nuestra vida espiritual y, quizá, la de los demás.

Has de cultivar un esmerado respeto en todo aquello que se refiera a Dios. Respeto a través de la palabra o del trato, aunque no lo entiendas o te parezca absurdo, evitando siempre la crítica, la murmuración o la negatividad en tus juicios.

Piensa que las perlas y los dones de Dios se nos dan ordinariamente a través de la apariencia pobre y sin brillo de los defectos ajenos, de tus propias limitaciones, de lo que nadie aprecia y valora, en aquello que no llama la atención de nadie.

Así han de ser también las perlas que adornen tu vida cristiana: sin brillo a los ojos humanos, pero llena de esa riqueza espiritual que tanto refleja la belleza de Dios.

Lañas diarias www.mater-dei.es


Papa: “El Espíritu es el creador de la comunión, el artista de la reconciliación”

junio 19, 2019

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Papa: “El Espíritu es el creador de la comunión, el artista de la reconciliación”

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Papa: “El Espíritu es el creador de la comunión, el artista de la reconciliación”

“El Espíritu hace crecer a la Iglesia ayudándola a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo”, insiste Francisco

“El amor es el lenguaje universal: incluso los analfabetos pueden entenderlo”, recuerda

“Queridos hermanos y hermanas: cincuenta días después de la Pascua, los Apóstoles vivieron un evento que superaba sus expectativas. Ellos estaban reunidos en oración y fueron sorprendidos por la irrupción de Dios, que no tolera las puertas cerradas; las abrió con un viento impetuoso que llenó toda la casa donde se encontraban”.

Lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del tercer miércoles de junio de 2019, continuando con su ciclo de catequesis sobre la evangelización a partir del Libro de los Hechos de los Apóstoles, como preparación para el Mes Misionero Extraordinario del próximo mes de octubre.

El viento impetuoso, irrupción de Dios

En su catequesis, el Santo Padre recordó que, cincuenta días después de la Pascua, los Apóstoles vivieron en el cenáculo –que ahora es su hogar y donde la presencia de María, madre del Señor, es el elemento de cohesión– un acontecimiento que supera sus expectativas.

“Reunidos en oración –la oración, precisó el Papa, es el ‘pulmón’ que da respiro a los discípulos de todos los tiempos, sin oración no se puede ser discípulos de Jesús, es el alma de los cristianos– son sorprendidos por la irrupción de Dios”.

“Se trata de una irrupción que no tolera lo cerrado: abre las puertas con la fuerza de un viento que nos recuerda la ruah, el soplo primordial, y cumple la promesa de la ‘fuerza’ formulada por el Resucitado antes de su partida. De repente, llega desde arriba, un rugido, casi un viento que cae impetuoso y llena toda la casa donde estaban”.

El fuego, fuerza da la palabra del Resucitado

Al viento impetuoso, señaló el Papa Francisco, se añade el fuego que recuerda la zarza ardiente y el Sinaí con el don de las diez palabras.

“En la tradición bíblica –recuerda el Papa– el fuego acompaña la manifestación de Dios. En el fuego Dios entrega su palabra viva y enérgica que se abre al futuro; el fuego expresa simbólicamente su obra de calentar, iluminar y probar los corazones, su cuidado en probar la resistencia de las obras humanas, en purificarlas y revitalizarlas”.

“Mientras en el Sinaí se oye la voz de Dios, en Jerusalén, en la fiesta de Pentecostés, quien habla es Pedro, la roca sobre la que Cristo eligió construir su Iglesia. Su palabra, débil y hasta capaz de negar al Señor, atravesada por el fuego del Espíritu, adquiere fuerza, se hace capaz de traspasar los corazones y mover a la conversión. De hecho, Dios escoge lo que es débil en el mundo para confundir a los fuertes”.

La Iglesia nace del fuego del amor

Por ello, el Santo Padre subrayó que la Iglesia nace del fuego del amor, de un “fuego” que arde en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado impregnada del Espíritu Santo. La Alianza nueva y definitiva ya no se basa en una ley escrita en tablas de piedra, sino en la acción del Espíritu de Dios que hace nuevas todas las cosas y está grabada en los corazones de carne.

“La palabra de los Apóstoles es impregnada del Espíritu del Resucitado y se convierte en una palabra nueva, diferente, que se puede entender, como si se tradujera simultáneamente a todas las lenguas: de hecho, ‘cada uno los oía hablar en su propia lengua’.

Se trata del lenguaje de la verdad y del amor, que es el lenguaje universal: incluso los analfabetos pueden entenderlo”.

El Espíritu Santo, creador de comunión y reconciliación

Asimismo, el Papa Francisco precisó que el Espíritu Santo no sólo se manifiesta a través de una sinfonía de sonidos que une y compone armoniosamente la diversidad, sino que también se presenta como el director de la orquesta que toca las partituras de alabanzas de las “grandes obras” de Dios.

“El Espíritu Santo –puntualizó el Pontífice– es el creador de la comunión, el artista de la reconciliación que sabe cómo eliminar las barreras entre judíos y griegos, entre esclavos y libres, para hacer de ella un solo cuerpo. Construye la comunidad de los creyentes armonizando la unidad del cuerpo y la multiplicidad de sus miembros. Hace crecer a la Iglesia ayudándola a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo”.

¡Los seguidores de Jesús no están borrachos!

La maravilla es tan grande, y algunas personas se preguntan si esos hombres están borrachos, pero los seguidores de Jesús no están borrachos, afirmó el Santo Padre, sino que viven lo que San Ambrosio llama “la sobria embriaguez del Espíritu”, que enciende la profecía entre el pueblo de Dios a través de sueños y visiones.

“A partir de ahora, el Espíritu de Dios mueve los corazones a acoger la salvación que pasa por una Persona, Jesucristo, a quien los hombres han clavado en el madero de la cruz y a quien Dios resucitó de entre los muertos ‘librándolo de los dolores de la muerte’. Es Él quien derramó ese Espíritu que orquesta la polifonía de la alabanza que todos pueden escuchar”.

El Paráclito dilate nuestro corazón

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica; en modo particular a los peregrinos de la Diócesis de León, acompañados por su Obispo, Mons. Julián López Martín.

“Los invito a que pidamos al Señor experimentar un nuevo Pentecostés en nuestras vidas, para que el Paráclito dilate nuestro corazón haciéndolo semejante al de Cristo, y así podamos testimoniar su amor en medio del mundo y de las personas que nos rodean”.

Texto completo del saludo del Papa en español

Queridos hermanos y hermanas:

Cincuenta días después de la Pascua, los Apóstoles vivieron un evento que superaba sus expectativas. Ellos estaban reunidos en oración y fueron sorprendidos por la irrupción de Dios, que no tolera las puertas cerradas; las abrió con un viento impetuoso que llenó toda la casa donde se encontraban.

Al viento del Espíritu se une el fuego que recuerda la zarza ardiente en el Sinaí, donde Dios habló y dio los diez mandamientos. En el fuego, Dios da su palabra viva y eficaz, que anima, ilumina y prueba los corazones. La Iglesia nace del fuego del amor, de un “incendio” que arde en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado, llena de Espíritu Santo.

La palabra de los apóstoles se llena del Espíritu del Resucitado y es palabra nueva, como si fuera traducida en todas las lenguas posibles; es el lenguaje de la verdad y del amor, que es el idioma universal, que todos pueden comprender. El Espíritu Santo es el artífice de la comunión y de la reconciliación que sabe derribar las barreras que dividen y hace crecer a la Iglesia más allá de los límites humanos.

Los seguidores de Jesús son los que viven según el Espíritu, porque Él es quien mueve los corazones para acoger la salvación que viene a través de Jesucristo.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica; en modo particular a los peregrinos de la Diócesis de León, acompañados por su obispo, Mons. Julián López Martín.

Los invito a que pidamos al Señor experimentar un nuevo Pentecostés en nuestras vidas, para que el Paráclito dilate nuestro corazón haciéndolo semejante al de Cristo, y así podamos testimoniar su amor en medio del mundo y de las personas que nos rodean. Que Dios los bendiga.

https://www.religiondigital.org/vaticano/Papa-Espiritu-creador-comunion-reconciliacion_0_2132486747.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

Texto completo de la Audiencia: https://es.zenit.org/articles/pentecostes-en-el-fuego-dios-da-su-palabra-viva-y-energica-catequesis-completa/?fbclid=IwAR3nSgJys-dfNCpsGPPBWpTxJU-xkP5pNgcVIlF93HhitM4bWbiEBsAtE-w


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