El Papa, en la apertura de la cumbre antipederastia: “Escuchemos el grito de los pequeños que piden Justicia”

febrero 21, 2019

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El Papa, en la apertura de la cumbre antipederastia: “Escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia”

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El Papa, en la apertura de la cumbre antipederastia: “Escuchemos el grito de los pequeños que piden Justicia”

“EL PUEBLO DE DIOS ESPERA DE NOSOTROS MEDIDAS CONCRETAS, NO LAS ACOSTUMBRADAS CONDENAS”

“Pesa -gravita- sobre nuestro encuentro el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial”

Por José M. Vidal

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Apertura solemne de la cumbre antipederastia, presidida por el Papa Francisco. En su breve saludo, Bergoglio deja claro que el objetivo del encuentro es “escuchar el grito de los pequeños que piden Justicia” y, para eso, quiere que los participantes adopten “medidas concretas, no las acostumbradas condenas”.

En el aula de los Sínodos, ambiente de las grandes ocasiones. Y repleta de los 190 participantes, de los que 114 son presidentes de los episcopados del mundo.

El Papa preside el acto. Junto a él, el padre Lombardi, moderador del encuentro, el padre jesuita Zollner, el cardenal Cupich y el general de los agustinos, Alejandro Moral, encargado de dirigir la oración.

Los presentes, puestos en pie cantan el ‘Veni Creator’. El Padre Alejandro Moral pide al Señor: “Abre nuestro corazón ante el grito de las víctimas…”

Texto íntegro del saludo del Papa

“Queridos hermanos: Ante la plaga de los abusos sexuales perpretados por hombres de Iglesia contra los menores, he pensado interpelarles a ustedes, Patriarcas, cardenlaes, arzobispos, obispos, superiores religiosos y responsables, para que todos juntos nos pongamos a la escucha del Espíritu Santo y, con docilidad a su guía, escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia.

Pesa sobre nuestro encuentro el peso de la responsabilidad pastoral y eclesial, que nos obliga a discutir juntos, de forma sinodal, sincera y profunda sobre la forma de afrontar este mal que aflige a la Iglesia y a la humanidad.

El santo Pueblo de Dios nos mira y espera de nosotros no las simples y acostumbradas condenas, sino medidas concretas y eficaces para poner en marcha”

Comenzamos, pues, nuestro recorrido armados por la fe y por el espíritu de máxima parresía, de valentía y de concreción.

Como ayuda, me permito compartir con ustedes algunos importantes criterios, formulados por las diversas Comisiones y Conferencias episcopales. Son líneas-guía para ayudar en nuestra reflexión y que nos serán entregadas. Como un sencillo punto de partida, que viene de ustedes y regresa a ustedes y que no obsta la creatividad que debe reinar en este encuentro.

“También en vuestro nombre querría dar las gracias a la Pontificia comisión para la tutela de los menores, a la Congregación para la Doctrina de la Fe y a los miembros del comité organizador por el excelente trabajo realizado para preparar este encuentro. Muchas gracias

Por último, pido al Espíritu Santo que nos sostenga en estos días y nos ayude a transformar este mal en una oportunidad de reconocimiento y de purificación. La Virgen María nos ilumine, para intentar curar las graves heridas que el escándalo de la pederastia ha causado en los pequeños y en los creyentes.

https://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2019/02/21/el-papa-en-la-apertura-de-la-cumbre-antipederastia-iglesia-religion-dios-jesus-papa-abusos-roma.shtml


Espiritualidad, Excluidos, Ecología y Jóvenes, retos de los jesuitas para la próxima década

febrero 19, 2019

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El prior general Arturo Sosa presenta las nuevas preferencias apostólicas a los representantes de la Compañía de Jesús

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Espiritualidad, Excluidos, Ecología y Jóvenes, retos de los jesuitas para la próxima década

ARTURO SOSA, SJ. PRESENTA LAS “PREFERENCIAS APOSTÓLICAS UNIVERSALES” DE LA COMPAÑÍA

En febrero de 2019 hay 15.536 jesuitas desarrollando su misión en el mundo

(Por Jesuitas)

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El Padre General de los jesuitas, Arturo Sosa Abascal, ha hecho públicas esta mañana las “Preferencias Apostólicas Universales” de la Compañía de Jesús, que marcarán su rumbo en la próxima década.

Después de dos años de discernimiento de toda la Compañía, han sido elegidos estos cuatro campos preferentes para trabajar: Espiritualidad, Excluidos, Ecología y Jóvenes. Las preferencias fueron entregadas al Papa Francisco hace unos días quien oró por ellas antes de devolvérselas al Padre General como Misión del Santo Padre.

Una “Preferencia Apostólica” es una prioridad elegida después de que muchos jesuitas discerniendo en común hayan sentido que el Espíritu Santo mueve a la Compañía a dedicar su atención y recursos hacia ella.

Las Preferencias Apostólicas Universales son fruto de un proceso de discernimiento de casi 2 años. Ofrecen un horizonte y nos unen en la misión. Las nuevas Preferencias señalan 4 áreas vitales en la situación actual del mundo.

Tras su publicación, el P. General pide a jesuitas y compañeros de misión que se centren en cómo sus ministerios actuales y futuros pueden integrar las preferencias y abordar los problemas del mundo real que contienen. Cada jesuita, cada comunidad, cada provincia y conferencia de provinciales discernirá cómo implementarlas y hacia dónde los lleva el sueño de Dios.

Las 4 preferencias apostólicas, que señalan cuatro áreas vitales en la situación actual del mundo, son:

Mostar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el Discernimiento: Ayudar a las personas a encontrar a Jesucristo y seguirle.

Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia: Caminar con los pobres, los vulnerables, los excluidos y aquellos que la sociedad considera indignos, en una misión de reconciliación y justicia.

Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador.

Colaborar en el cuidado de la Casa Común. Trabajar, con profundidad evangélica, para proteger y renovar la Creación de Dios.

El P. General ha hecho públicas hoy las cuatro prioridades apostólicas que guiarán a la Compañía de Jesús durante los próximos años.

El proceso de discernimiento que ha dejado como fruto estas cuatro preferencias apostólicas arrancó en 2016. La Congregación General que ese año nombró al P. Arturo Sosa nuevo Prepósito General le invitó a revisar las preferencias apostólicas aprobadas en 2003 por el P. General P. H. Kolvenbach.

Las prioridades vigentes desde aquel año han sido China, África, el apostolado intelectual, las casas internacionales en Roma, y los migrantes y refugiados. Estas prioridades han sido sustituidas por las señaladas en el anuncio de hoy.

En febrero de 2019 hay 15.536 jesuitas desarrollando su misión en el mundo.

https://www.periodistadigital.com/religion/vida-religiosa/2019/02/19/espiritualidad-excluidos-ecologia-y-jovenes-retos-de-los-jesuitas-para-la-proxima-decada-religion-arturo-sosa-compania.shtml


El maná de cada día, 10.2.19

febrero 9, 2019

Domingo V del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

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Antífona de entrada: Sal 94, 6-7

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios.

Oración colecta

Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 6, 1-2a.3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!»

Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.

Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.»

Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.»

Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: «Aquí estoy, mándame.»



SALMO 137

Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario.

Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.


SEGUNDA LECTURA: 1 Corintios 15, 1-11

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.

Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí.

Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.

Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.


Aclamación: Mt 4, 19

Venid y seguidme –dice el Señor–, y os haré pescadores de hombres.


EVANGELIO: Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»

Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


Antífona de comunión: Sal 106, 8-9

Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Calmó el ansia de los sedientos y a los hambrientos los colmó de bienes.


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PESCADORES DE HOMBRES
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

La pesca milagrosa era la prueba que hacía falta para convencer a un pescador, como era Simón Pedro. Al llegar a tierra, se arroja a los pies de Jesús diciendo: «¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!». Pero Jesús le respondió con estas palabras que representan la cima del relato y el motivo por el cual el episodio ha sido recordado: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres».

Jesús se sirvió de dos imágenes para ilustrar la tarea de sus colaboradores. La de pescadores y la de pastores. Las dos imágenes requieren actualmente de explicación, si no queremos que el hombre moderno las encuentre poco respetuosas de su dignidad y las rechace. ¡A nadie le gusta hoy ser «pescado» por alguien, o ser una oveja del rebaño!

La primera observación que hay que hacer es ésta. En la pesca ordinaria, el pescador busca su provecho, no ciertamente el de los peces. Lo mismo el pastor. Él apacienta y custodia el rebaño no por el bien de éste, sino por el suyo, porque el rebaño le proporciona leche, lana y corderos.

En el significado evangélico sucede lo contrario: es el pescador el que sirve al pez; es el pastor quien se sacrifica por las ovejas, hasta dar la vida por ellas. Por otro lado, cuando se trata de hombres, ser «pescados» o «recuperados» no es desgracia, sino salvación.

Pensemos en las personas a merced de las olas, en alta mar, tras un naufragio, de noche, en el frío; ver una red o una chalupa que se les lanza no es una humillación, sino la suprema de sus aspiraciones.

Es así como debemos concebir la tarea de pescadores de hombres: como echar un bote salvavidas a quienes se debaten en el mar, frecuentemente tempestuoso, de la vida.

Pero la dificultad de la que hablaba reaparece bajo otra forma. Supongamos que tenemos necesidad de pastores y de pescadores. ¿Pero por qué algunas personas deben tener el papel de pescadores y otros el de peces, algunos el de pastores y otros el de ovejas y rebaño?

La relación entre pescadores y peces, como entre pastores y ovejas, sugiere la idea de desigualdad, de superioridad. A nadie le gusta ser un número en el rebaño y reconocer a un pastor por encima.

Aquí debemos acabar con un prejuicio. En la Iglesia nadie es sólo pescador, o sólo pastor, y nadie es sólo pez u oveja. Todos somos, a título diverso, una y otra cosa a la vez. Cristo es el único que es sólo pescador y sólo pastor.

Antes de ser pescador de hombres, Pedro mismo fue pescado y recuperado varias veces. Literalmente repescado cuando, caminando sobre las aguas, tuvo miedo y comenzó a hundirse; fue recuperado sobre todo después de su traición.

Tuvo que experimentar qué significa encontrarse como una «oveja perdida» para que aprendiera qué significa ser buen pastor; tuvo que ser repescado del fondo del abismo en el que había caído para que aprendiera qué quiere decir ser pescador de hombres.

Si, a título diverso, todos los bautizados son pescados y pescadores a la vez, entonces aquí se abre un gran campo de acción para los laicos. Los sacerdotes estamos más preparados para hacer de pastores que para hacer de pescadores.

Hallamos más fácil alimentar, con la Palabra y los sacramentos, a las personas que vienen espontáneamente a la iglesia, que ir nosotros mismos a buscar a los alejados.

Queda por lo tanto en gran parte desasistido el papel de pescadores. Los laicos cristianos, por su inserción más directa en la sociedad, son los colaboradores insustituibles en esta tarea.

Una vez echadas las redes por la palabra de Jesús, Pedro y los que estaban con él en la barca capturaron tal cantidad de peces que las redes se rompían. Entonces, está escrito, «hicieron señas a sus compañeros de la otra barca para que vinieran a ayudarlos».

También hoy el sucesor de Pedro y cuantos están con él en la barca –los obispos y los sacerdotes- hacen señas a los de la otra barca –los laicos- para que vayan a ayudarlos.

http://www.homiletica.org


El maná de cada día, 7.2.19

febrero 7, 2019

Jueves de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

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los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos

Jesús los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos



PRIMERA LECTURA: Hebreos 12, 18-19.21-24

Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés exclamó: «Estoy temblando de miedo.»

Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.


SALMO 47

Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo.

Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra.

El monte Sión, vértice del cielo, ciudad del gran rey; entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar.

Lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios: que Dios la ha fundado para siempre.

Oh Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra está llena de justicia.


Aclamación: Marcos 1, 15

Está cerca el reino de Dios -dice el Señor- : convertíos y creed en el Evangelio.


EVANGELIO: Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


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SIN ALFORJA, SIN BASTÓN Y SIN PAN

Cuando Lucas narra la misión de los Doce insiste en un detalle importante: el Señor les mandó a anunciar el Reino de Dios sin más provisión que su autoridad y su poder sobre todos los demonios. Y les mandó que no llevaran nada más para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni siquiera una túnica de repuesto.

Debía bastarles ese poder y autoridad que habían recibido de Cristo, debían fiarse de El y no de su bastón, de sus provisiones, de su dinero o de su túnica.

No niega el Señor el valor y la necesidad de los medios humanos. Enseña, más bien, que esos medios se quedan muy cortos y limitados cuando se trata de las cosas del Reino y de la expulsión de los demonios. No son suficientes; es más, pueden mostrarse innecesarios y hasta inútiles frente a los planes y modos de hacer de Dios, que Él suele realizar a su modo y no al nuestro.

Esta es la libertad interior que requiere nuestro apostolado para que sea realmente una obra de Dios y no una cosa nuestra.

Si Cristo hubiera programado y planificado la redención del hombre al modo humano con toda seguridad que no habría muerto en la cruz ni habría elegido el camino de la humillación y del dolor. No te fíes de tus planes apostólicos, de tus cualidades, de tus dotes y recursos, de tus estrategias y gestiones, cuando se trata de las cosas de Dios.

Es verdad que Él cuenta contigo, como quiso contar con los apóstoles. Pero para una misión sobrenatural has de trabajar, sobre todo, con medios sobrenaturales: la oración, la eficacia de la Palabra de Dios, la gracia que te llega por los sacramentos, la comunión con la Iglesia y mucha confianza en que las cosas de Dios no se resuelven con regla y compás.

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Liderar con humildad: 12 lecciones de liderazgo del Papa Francisco

febrero 1, 2019

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Intento discernir los principios de liderazgo que subyacen en la prédica o en el accionar del Papa Francisco.

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Liderar con humildad: 12 lecciones de liderazgo del Papa Francisco

Vistas por un judío

Por Jaime Septién

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Con la celebración de los cuatro años de haber sido elegido Papa, el mundo editorial ha vuelto a poner en circulación algunos textos que hablan de Francisco, de sus fuentes de inspiración, los problemas que ha enfrentado en la renovación de la curia romana o de las finanzas vaticanas, etcétera.

Pero muy pocos han sido tan singulares como el que hizo en 2014 Jeffrey A. Kermes, un experto en cuestiones de liderazgo.

Kermes es hijo del Holocausto, aunque haya nacido en Chicago. Su madre y su padre se conocieron en Estados Unidos, pero ambos -de ascendencia judía- venían huyendo de Hitler. Su campo de trabajo ha sido la investigación de la forma como los líderes de las grandes corporaciones industriales, comerciales y de servicios, así como líderes políticos o militares, ejercen su influencia.

Nada más alejado de un Papa de la Iglesia católica. Pero Francisco lo ha cambiado todo. Inclusive la visión de liderazgo de un ensayista judío acostumbrado a hurgar en el interior de las empresas y dar consejos a sus dueños sobre cómo conducirlas mejor.

Kermes ha tenido que estudiar el catolicismo, se ha acercado a la Iglesia y ha transformado – mediante el reconocimiento de la humildad de Bergoglio- su noción de liderazgo.

“Mi visión de Francisco difiere de, por ejemplo, la de un miembro practicante de la Iglesia Católica, dice el autor, o la de un teólogo; lo miro a través de un lente secular, y es a través de este lente que puedo discernir los principios de liderazgo que subyacen en la prédica o el accionar de este Papa”.

Y a partir de ahí ha escrito un libro interesantísimo: Liderar con humildad. 12 lecciones de liderazgo del Papa Francisco.

He aquí la lista de las lecciones que bien puede servir para un padre o una madre de familia, para una empresaria o un empresario, para una maestra, un sacerdote…

1. Liderar con humildad. La clave está en la idea de que si se tiene una posición predominante sobre otros, no se debe usar ésta para aplastarlos. Antes bien, para acompañar a los demás en su tarea vital. El diálogo es la puerta de entrada para mostrar lo que el otro significa para mí.

2. Huele como tu rebaño. Es conocida la frase del Papa sobre los pastores “con olor a oveja”. Pero eso no es tan solo para los sacerdotes. Principalmente es para los líderes. Más allá de una actitud cosmética o de “relaciones públicas”, el oler como el rebaño es sinónimo del amor al propio rebaño.

3. ¿Quién soy yo para juzgar? Quizá esta sea la frase del Papa Francisco más conocida en el mundo: “Si alguien es gay y busca a Dios y es de buena voluntad… ¿quién soy yo para juzgar?” Esta noción da pauta a una de las formas más sutiles y efectivas de liderazgo, pues el líder no juzga, evalúa.

4. No cambies, reinventa. Muchos se han ido con la idea de que el Papa Francisco “lo está cambiando todo” dentro de la Iglesia. De hecho, no ha cambiado nada: ha reinventado la manera de vivir el catolicismo. Desde el Cónclave que finalmente lo elegiría Papa hasta hoy su método es el mismo: la misericordia.

5. Que la inclusión sea tu prioridad absoluta. Una de las formas de liderazgo menos estudiadas es, justamente, la de Francisco: incluir a todos, a los de adentro y a los de afuera de la Iglesia, a “justos” y a pecadores. ¿Cómo? Pidiendo a todos que recen por él. Y si no saben rezar, “cuando menos que le echen buena onda”.

6. Evita la insularidad. El primero de los gestos del Papa fue irse a vivir fuera de los departamentos papales, fuera de una isla. Necesita el contacto con la gente, si no, enfermaría (y el psiquiatra, dijo, “costaría mucha plata”). Ningún liderazgo se puede ejercer desde una isla.

7. Prefiere el pragmatismo a la ideología. En varias ocasiones, Francisco ha dado una llave para abrir la puerta de la conducción de seres humanos: la realidad está por encima de la idea. Cuando actuamos de manera contraria, incluso en la misión católica, colocamos los caballos detrás de la carreta.

8. Utiliza su enfoque en la toma de decisiones. Aquí es donde Krames se rinde ante Francisco. Les dice a los líderes que usen “el enfoque” del Papa para tomar decisiones en sus empresas (casas, trabajos, escuelas). ¿Cuál es? Consultar a otros, discernir, tomarse el tiempo, rechazar “el hígado”.

9. Dirige tu organización como si fuera un hospital de campaña. El Papa lo ha dicho: la Iglesia es un hospital de campaña. Primero cura las heridas sin preguntar. Después acompaña. Finalmente confía en la libertad de cada quien. Las heridas se curan con amor. Y el amor no hace preguntas.

10. Vive en la frontera. La frontera no es un lugar físico, no es una línea o un muro. Es una manera de ser testigos. La combinación -dice Krames- de una actitud mental positiva y abierta junto con el coraje y la audacia de salir de la zona de confort. La frontera es todo aquello “que no gira a tu alrededor”.

11. Enfrenta la adversidad cara a cara. El Papa Francisco es un convencido de que si se ha cometido un error, lo peor que se puede hacer es ocultarlo. El líder puede equivocarse. El hombre es pecador. El líder debe reconocer su equivocación (por el bien de su grupo) como el pecador su falta (por el bien de su alma).

12. Préstales atención a los no-clientes. Una de las grandes conquistas de Bergoglio ha sido, justamente, la de atender incluso a quienes son contrarios al catolicismo. Su cercanía con protestantes, luteranos, anglicanos, musulmanes, judíos…, es una enseñanza fascinante para todos. Porque si amamos solo a quien nos ama…

12 lecciones de liderazgo del Papa Francisco


Panamá 2019: Los jóvenes

enero 22, 2019

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La Jornada Mundial de la Juventud tiene como misión impulsar la vocación de los miles de jóvenes que se darán cita en Panamá con el Papa Francisco.

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Panamá 2019: Los jóvenes

La Jornada Mundial de la Juventud tiene como misión impulsar la vocación de los miles de jóvenes que se darán cita en Panamá con el Papa Francisco.

Por Antonio Maza Pereda

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“Los ancianos soñarán sueños y los jóvenes verán visiones” Joel, 1, 3

“Les escribo a ustedes, jóvenes, porque son valientes, permanecen fieles a la palabra de Dios y han vencido al maligno”. 1 Juan, 2, 14

Como cada tres años, en algún país católico, se celebra la Jornada Mundial de la Juventud. Este 2019 toca el turno a Panamá. Bajo el lema muy mariano: “He aquí a la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, centenares de miles de jóvenes de todo el mundo se reunirán con el Papa Francisco y los unos con los otros.

No es un tema menor. Ellos son el presente y el futuro de la Iglesia. Ellos, bajo el ataque del mal, vencen cada día al maligno. Tienen visiones, ven lo que otros, con nuestros ojos ya cansados, no podemos ver. Ven, como dice el poeta lo que puede ser, mientras otros vemos lo que es.

Nosotros, la Iglesia, a veces, vemos con miedo a los jóvenes. Y hacemos mal. Ellos no son solo nuestro futuro. Son nuestro presente. De ellos sacamos valentía y la visión de lo que debemos construir. Pero a veces nos negamos a aprender de ellos.

Claro, hablamos de los jóvenes en años, pero también hay viejos con espíritu joven como a veces hay jóvenes con espíritu avejentado. Pero, por supuesto, esos casos son excepciones. La valentía, la visión está mayormente presente en los jóvenes.

La sociedad, los países, víctimas de un invierno demográfico y una ancianidad del espíritu están buscando cómo recuperar a los hijos de sus migrantes, para renovar sus poblaciones avejentadas. Ofreciendo dobles nacionalidades a los descendientes de aquellos que emigraron de sus países.

Los motivos pueden ser muy diferentes: los israelitas tratando de atraer a los jóvenes de la Diáspora; los españoles, en nombre de la memoria histórica, tratando de atraer a jóvenes de Latinoamérica; los franceses y alemanes atrayendo a jóvenes con apellidos propios de sus naciones.

Así podría analizarse esta situación de la Iglesia. Ante la escasez de vocaciones, se trata de atraer a los jóvenes. Y funciona: de las jornadas mundiales de la juventud surgen vocaciones abundantes. Me consta de primera mano: uno de mis hijos encontró su vocación en la Jornada de Cracovia.

Pero eso no es todo. No es solo el interés, legítimo por otro lado, de renovar las filas del clero. Las Jornadas son más profundas. Proceden de un auténtico amor y aprecio por los jóvenes por el mero hecho de serlo, no por la renovación que pueden ofrecer.

Por otro lado, el Papa al hablar a los jóvenes, está dirigiéndose al cuerpo místico de Cristo, el siempre joven. Nos habla a todos. Nos habla al joven católico que está dentro de nosotros, no importa nuestra edad. Y por ello tenemos que estar muy atentos. Lo que les diga a los jóvenes, nos lo estará diciendo a todos.

La jornada durará del 22 al 27 de enero de 2019 y consta de 15 actividades anunciadas hasta la fecha, en muchas de las cuales habrá discursos, alocuciones y mensajes de diversos tipos. Como ha ocurrido en otras jornadas, serán comunicaciones particularmente cuidadas, profundas, con un mensaje para todos. Para los jóvenes, en primer lugar, pero también para los no tan jóvenes. Para los católicos, pero también para los no católicos.

Los medios mundiales los difundirán y los medios católicos los comentarán y verán las aplicaciones y las consecuencias de esos mensajes. Una oportunidad que no se da frecuentemente. Hay que estar muy atentos y presentes: el Espíritu nos estará hablando a través del Papa.

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El “cambio de época” en América Latina según el Papa Francisco

enero 17, 2019

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Urge poder definir y emprender grandes objetivos nacionales y latinoamericanos, con consensos fuertes y movilizaciones populares (Papa Francisco)

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El “cambio de época” en América Latina según el Papa Francisco

Una reflexión de Guzmán Carriquiry en las vísperas del viaje del Papa a Panamá

Por Guzmán Carriquiry Lecour (secretario encargado de la vicepresidencia de la Pontificia Comisión para América Latina).

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“¿Qué es lo que está pasando en América Latina?”, se preguntaba el papa Francisco en la presentación de mi libro “Memoria, coraje y esperanza a la luz del bicentenario de los países latinoamericanos”.

Es una pregunta que tenemos que hacérnosla todos los latinoamericanos preocupados por la situación actual. Es una pregunta que tienen que hacérsela las comunidades cristianas y especialmente sus Pastores, porque importa mucho para situar la misión de la Iglesia.

No estamos en tiempos aptos para sesudos análisis que tengan la pretensión de ser respuesta exhaustiva, pero no podemos no intentar iluminar, aunque sea en breves “flashes”, algunas situaciones que nos toca vivir, sufrir y afrontar con realismo esperanzador.

Comienzo por señalar que el papa Francisco ha repetido a menudo que más que en una época de cambios hemos entrado en un “cambio de época” (cfr. Aparecida, 33 y ss.). El mundo entero parece abocado a una convulsa y muy ardua transición epocal.
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¿Quién no puede reconocer esto después del derrumbe de los regímenes totalitarios del mesianismo ateo, de la conclusión del mundo bi-polar, de la impresionante aceleración de las innovaciones tecnológicas, del despliegue de la globalización –dato mayor de nuestro tiempo- con toda su carga de ambivalencias, de un cambio cultural marcado por tendencias relativistas e individualistas que toca todas las dimensiones de la vida de las personas, familias, pueblos y naciones?
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El desmoronamiento de las narraciones ideológicas –primero del marxismo leninismo y, después de un breve resurgimiento, de la utopía liberal-capitalista de la auto-regulación del mercado– dejó obsoletos a muchos marcos mentales de juicio histórico e incrementó las dificultades para darse parámetros y criterios para juzgar y orientar la política en nuestro tiempo, a menudo reducida al ámbito de la lucha cotidiana por el poder, del pragmatismo cortoplacista, si no de la confusión.
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Parece muy claro que ahora estamos pasando sorprendentemente por una coyuntura histórica mundial de repliegue reactivo, es decir reaccionario, ante las más variadas situaciones de incertidumbre y de miedo.

Son situaciones provocadas por el terrorismo, las migraciones de masa, los numerosos focos de la “tercera guerra mundial a pedazos”, el incremento de la violencia por doquier.

Son también provocadas por las aceleradas transformaciones, por la tremenda depresión económica desatada por las crisis bancarias y financieras y por todas las penosas consecuencias sociales que arrastra una globalización que deja multitudes de excluidos, pero que también son sentidas como amenazas para vastos sectores de clases medias de países de alto y medio nivel de desarrollo.

Esas situaciones de incertidumbre y de miedo se acrecientan y agudizan en poblaciones enteras que no encuentran sólidos pilares de referencia para la construcción de la propia existencia personal y colectiva.

El desfibramiento de los tejidos familiares y sociales y, con ello, la gradual disolución de los vínculos de pertenencia y socialización, dificultan toda cohesión social y van dejando a la gente en vacíos y orfandades, en “todos contra todos” o “sálvese quien pueda”.

La potente máquina de distracción (“divertissement”) y censura que opera por medio de la sociedad del consumo y del espectáculo ya no puede ocultar la confusión y la rabia que emergen por doquier.

Incluso las democracias se viven en un tembladeral, desprovistas de fundamentos y virtudes, cada vez más sometidas a los influjos determinantes de poderes económicos y mediáticos, muy frecuentemente caracterizadas por corrupciones de todo tipo y, por eso, cada vez más erosionadas.

No es de extrañar, pues, que mucha gente reaccione emotivamente, casi instintivamente, a veces con exuberancia irracional, dejándose guiar por el miedo y la rabia, y se aferre a las presuntas seguridades de nacionalismos estrechos, a las imágenes de los hombres (y mujeres) “fuertes”, a políticas autoritarias de orden y control social, a promesas ilusorias de regeneración social.

Así descuellan la aventuras inciertas de las presidencias de Trump y Bolsonaro, entre otras.

Hay quienes engloban toda esta coyuntura bajo el rótulo del “populismo”. Hay, sí, dosis de populismo cuando se cae en demagogia irresponsable, en la facilonería en afrontar los problemas y en el mero asistencialismo a los necesitados como clientelas políticas. Esta es una realidad de hoy, de ayer y de siempre.

Sin embargo, como interpretación general de la situación actual está tan usada y desgastada últimamente, por pereza intelectual, que ya ha ido perdiendo sentido. Muy cierta es la distinción que el Papa Francisco plantea sobre “populismos” y “políticas populares”.

En este sentido, se puede afirmar que hay populismos que se alimentan de las zozobras, los miedos, las rabias e incluso de tendencias xenofóbicas que sacuden al cuerpo social; y hay “políticas populares” cuando apuntan a promover la soberanía participativa de los pueblos, desde las entrañas de sus culturas, hacia la consecución de un bien común de inclusión y mayor justicia para todos.

Muchas veces se ha usado ideológicamente el mote de “populista” para desvirtuar estas políticas populares, sobre todo por parte de quienes temen toda irrupción del pueblo en la escena pública que ponga en jaque los intereses de los potentados del “establishment”.

La actual coyuntura expresa también el agotamiento de las izquierdas políticas e intelectuales, muy desconcertadas, mientras provoca la reacción contra sus tradicionales y “modernos” ideologismos. La crisis de credibilidad del marxismo-leninismo, por una parte, y el arrastrarse cansino y empobrecido de la social-democracia recostada en las sociedades de alto consumo, por otra, las han dejado huérfanas.

En general, las izquierdas tradicionales han ido perdiendo toda inteligencia y capacidad reales de transformación social, no han sabido imaginar nuevos caminos para esa transformación en las condiciones económicas, tecnológicas y sociales de nuestro tiempo.

Además, han ido sustituyendo u ofuscando, o también mezclando, cada vez más raídas proclamas e intenciones de transformación social con la aceptación acrítica de sub-productos culturales de las sociedades de alto consumo, con su relativismo hedonista, con sus formas de colonización cultural.

No extraña, pues, que los “establihments” bienpensantes de la izquierda se hayan convertido en propagadores de discursos sobre la liberalización del aborto, los matrimonios homosexuales, el alquiler de los vientres femeninos, la facilonería para el divorcio, considerando todo ello como signos de “progreso” (“progreso” por cierto lanzado y sostenido por grandes agencias y corporaciones internacionales y convertido en mentalidad común).

Es grave que las izquierdas se demuestren bastante incapaces de mirar la realidad con los ojos de los excluidos, “desechados y sobrantes”, y, a la vez, de proponer un proyecto nacional para el bien común de todos.

Incluso la sacrosanta lucha por la dignidad de los pueblos indígenas, especialmente vulnerables y hoy muy amenazados, se ha reducido a menudo a un indigenismo ideológico, de pura denuncia, sin repensar y alentar grandes proyectos de realización efectiva de esa dignidad, condiciones materiales, económicas y espirituales para hacerla posible y una gradual integración de estos pueblos, respetuosa de sus tierras y culturas, en las sociedades nacionales a la altura del siglo XXI.

La idolatría del poder y su ejercicio centralista y verticalista ha alejado las izquierdas políticas de los movimientos sociales y de la multiplicidad de modalidades de emergencia de la llamada “sociedad civil” y las ha mezclado en frecuentes situaciones de corrupción.

Es sorprendente que los gobiernos de izquierda desalojados del poder en varios países de América Latina, y en otros subsistiendo en medio del fracaso, no hayan elaborado una severa autocrítica de los motivos de su derrota y, al contrario, queden encerrados en una apología engañosa y en una espera de su revancha.

Dos pueden ser consideradas como excepciones. La primera es la de la Bolivia de Evo Morales, quien en sus sucesivos mandatos de gobierno, más allá de una retórica ideológica más bien anacrónica, de no pocos excesos autoritarios y desplantes arbitrarios, ha sabido generar un crecimiento sostenido de la economía nacional, una modernización del país, una mejoría sustancial en las condiciones de vida de vastos sectores de población y una mayor autoestima del pueblo boliviano en su dignidad. (Lamentablemente, la tentación presente de querer “eternizarse” en el poder le ha jugado una mala pasada).

La otra es la de Andrés Manuel López Obrador, que cuenta actualmente con un enorme consenso popular en México y el control de gran parte de los poderes del Estado. Cierto es que hay que juzgarlo por sus hechos, y aún es demasiado pronto para hacerlo.

Amlo hereda una situación “imposible”: un país violentado por una criminalidad que parece incontrolable (sobre todo por las redes del narcotráfico, la difusión de armamentos y una cultura de violencia), una economía que ve puntas de alta tecnología y productividad con un enorme atraso en zonas rurales, una desigualdad social escandalosa entre las más grandes fortunas del mundo y grandísimos bolsones de pobreza, incluso de miseria y exclusión (sobre todo en algunas zonas indígenas).

Además, tiene que vérselas con la vecindad, por una parte, con el gigante del Norte y sus muros y, por otra, con el volcán centroamericano. López Obrador tiene la posibilidad de liderar un gran movimiento nacional y popular de regeneración y reconstrucción del país o puede sufrir la amenaza de reducirse poco a poco a una nueva versión del “ogro filantrópico” de la “revolución institucionalizada”.

Puede movilizar lo mejor del “orgullo” nacional del pueblo mexicano, confiado en la “Morenita”, o dejarse llevar por colonizaciones ideológicas o culturales de conventículos elitistas.

En todo caso, ante la obsesión de la administración norteamericana por el muro divisorio, las imágenes caricaturales que se propagan en Estados Unidos sobre los hispanos acusados de ser focos de delincuencia y las discriminaciones, persecuciones y deportaciones que sufren los hispanos en ese país, todo honesto latinoamericano tendría que repetirse: “somos todos mexicanos”.

México juega su destino en su capacidad de seria y firme negociación con el gigante del Norte y en su solidaridad e integración más estrechas con sus países hermanos de América Latina, y en especial con los centroamericanos.

¡Qué lamentable que la consigna y utopía de un “socialismo del siglo XXI” queden degeneradas por el régimen autocrático y cada vez más liberticida del presidente Maduro, en total fracaso económico y miseria social! No obstante ello, las élites opositoras se demuestran cada vez más divididas en su mezquindad e incapaces de proponer un gran proyecto alternativo de reconstrucción nacional y movilización popular.

Cuba importa para toda América Latina: la solidaridad latinoamericana, de sus pueblos, de su destino, es importante más allá de los regímenes y gobiernos en que se realiza. Por eso, muchas y variadas voces latinoamericanas manifestaron su disgusto y reprobación por el hecho de que la promisoria normalización de sus relaciones con los Estados Unidos, después de décadas en que se fue arrastrando una suerte de guerra fría, haya quedado suspendida y vuelvan a prospectarse pasos atrás amenazadores.

Sin embargo, ¿cómo no reconocer que el “socialismo real” cubano conlleva el límite congénito y las consecuencias muy pesadas de su régimen leninista y colectivista, y, por eso, no ha logrado dar mejores respuestas a las notorias limitaciones a las libertades públicas y sobrevive económicamente, sin poder ya poner como excusa el asedio y el odioso embargo del gigante del Norte?

Por cierto, no se advierten otros caminos alternativos en curso en los diversos países latinoamericanos. Reaccionando contra mucha corrupción, Argentina no logra zafarse de su pantano; el país continúa sumido en una crisis más que amenazadora, aferrada a políticas neoliberales que no dan otro fruto que la zozobra permanente y la dependencia del Fondo Monetario Internacional, con una pobreza creciente, en medio de una conflictualidad agresiva, permanente e incontrolable –concentrada sobre todo en el gran Buenos Aires-, una sociedad desfibrada y sin caminos alternativos, por el momento, que abran horizontes de razonable esperanza.

Perú ha vivido muchos años de fuerte y sostenido crecimiento económico, pero la mezquindad y corrupción de sus cúpulas políticas lo han sumido en la confusión. Y Colombia arrastra un necesario proceso de pacificación, en medio de fuertes resistencias; es país gobernado por la red de familias de sus “notables” sobre muy vastas muchedumbres de pobres y excluidos que pueden llegar a ser una bomba de tiempo. La ya tradicional cultura de la violencia que azota Colombia está alimentada por la presencia capilar del narcotráfico y de sus virus de corrupción.

Queda Chile, único país más bien exitoso en su política económica neoliberal –interior y exteriormente– mantenida con cierta continuidad, sin cambios sustanciales, entre los “Chicago boys” del régimen de Pinochet, los gobiernos de la concertación social-democrática y el actual del presidente Piñera, con grandes disparidades sociales.

La importante reconquista y consolidación democráticas dejando atrás los tiempos de dictadura deja paso ahora a una profunda crisis de las mayores instituciones del país.

El papa Francisco mantiene en alto la perspectiva y utopía de la “Patria Grande”. La integración latinoamericana es una necesidad y una prioridad ineludible y urgente, que está inscrita en nuestra vocación y destino.

Así lo reconocía Juan Pablo II cuando, inaugurando la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Santo Domingo, el 12 de octubre de 1992, señalaba: “Es grave responsabilidad (de los gobernantes) el favorecer el ya iniciado proceso de integración de unos pueblos a quienes la misma geografía, la fe cristiana, la lengua y la cultura han unido definitivamente en el camino de la historia”.

“No hay por cierto otra región que cuente con tantos factores de unidad como América Latina (…) –escribieron los Obispos latinoamericanos en el documento de Aparecida, n. 527-, pero se trata de una unidad desgarrada porque, atravesada por profundas dominaciones y contradicciones, todavía es incapaz de incorporar en sí ‘todas las sangres’ y de superar la brecha de estridentes desigualdades y marginaciones”.

Obviamente, estos factores de unidad están lejos de reducir la realidad latinoamericana a la uniformidad, sino que se conjugan y enriquecen con muchas diversidades locales, nacionales y culturales. No hay otro camino que la integración para ampliar los mercados y concertar una economía de escala que favorezca la industrialización, especialización, innovación tecnológica, los “tradings” productivos y un crecimiento auto-sostenido.

Es condición indispensable para enfrentar las exigencias impostergables de la lucha contra la pobreza, de la dignidad del trabajo para todos y de mayores condiciones de equidad en un sub-continente que tiene el lamentable récord de albergar abismales desigualdades sociales.

La integración política y económica es la única posibilidad de contar con un peso propio en el concierto internacional, con un mínimo de audiencia y de capacidad de imponer respeto. Helio Jaguaribe y Methol Ferré, entre otros, supieron evidenciar con clarividencia todos los desafíos y alternativas de la integración latinoamericana en los emergentes escenarios globales.

Lamentablemente el Mercosur, proyecto histórico fundamental desde una alianza argentino-brasileña-chilena, se ha ido empantanando desde hace demasiado tiempo y está sumamente desfibrado. Hoy es apenas una tenue zona de limitado libre comercio, sometido a las presiones e intereses de corporaciones de los diversos países.

Los gobiernos de centro-izquierda de Brasil y Argentina se interesaron sólo por un Mercosur político, que quedaba “flotando” sin dar pasos importantes de integración económica, de gobierno supranacional y participación popular.

Hoy parece que los gobiernos de los grandes países implicados, más que refundar y relanzar el Mercosur, prefieren irlo sepultando o reduciéndolo a mínima expresión; ¡sin embargo, está destinado a resurgir de sus cenizas cuando se afronte con inteligencia y valentía el bien común de nuestros pueblos y naciones!

Sólo la Alianza para el Pacífico ha emprendido un camino de integración que habrá que seguir con atención.

La integración centroamericana marcha adelante, pero se necesitan líderes clarividentes y audaces que tengan presente que los 6 países que la componen, por separado, están como condenados a ciclos periódicos de depresión y violencia. Las actuales migraciones centroamericanas son un signo muy claro de ello. Se necesita apuntar a la creación de una Confederación centroamericana.

Se está requiriendo una vasta obra de educación y movilización de modo que la integración latinoamericana no se reduzca a los humores y veleidades de las élites sino que arraigue en los pueblos y que vayan formándose grandes consensos populares, transversales a todos los países en pos de esa integración.

Importantísimo es educar, conmover y movilizar las juventudes latinoamericanas con el ideario de construcción de su “Patria Grande”. Mientras tanto, quedamos a la espera de líderes y voluntades políticas más inteligentes, determinadas y apasionadas para dar nuevo ímpetu regional, nuevas realizaciones concretas y nuevos horizontes a la integración y unidad latinoamericanas.

En el Bicentenario de la Independencia de los países latinoamericanos tengamos bien presente que esa integración es condición necesaria para reafirmar hoy nuestra independencia contra todas las amenazas de nuevas modalidades de colonizaciones económicas, culturales e ideológicas que ya mismo atentan contra el bien de nuestros pueblos.

Si la mirada de un atento observador recorre y recapitula las pasadas décadas de América Latina, se queda asombrado de cómo la región podría continuar dependiendo de las variables políticas y económicas del concierto internacional y de cómo podría fluctuar en su conjunto de virajes periódicos.

Los horizontes que aparecen como cerrados, de golpe van abriéndose en forma reactiva al período anterior, pero poco se aprende de lo ensayado y vivido en cada coyuntura mundial y latinoamericana. No es para quedarse sentados esperando que pase la actual “racha” y soñando con un mañana mejor.

¡No! Se trata de empeñarse para ir animando, a través de las más numerosas y variadas acciones, convergentes en lo posible, procesos y experiencias de una convivencia en la que el pueblo pueda ejercer la fraternidad, sin desesperar, aguardando “confiadamente y con astucia los momentos oportunos para avanzar en la liberación tan ansiada” (Documento de Puebla, n. 452).

“Los pueblos, especialmente los pobres y sencillos –escribió el papa Francisco en la presentación de mi libro “Memoria, coraje y esperanza a la luz del Bicentenario de la independencia de los países latinoamericanos”– custodian sus buenas razones para vivir y convivir, para amar y sacrificarse, para rezar y mantener viva la esperanza. Y también para luchar por grandes causas”.

“Necesitamos cultivar y debatir –prosigue el Papa– proyectos históricos que apunten con realismo hacia una esperanza de vida más digna para las personas, familias y pueblos latinoamericanos. Urge poder definir y emprender grandes objetivos nacionales y latinoamericanos, con consensos fuertes y movilizaciones populares, más allá de ambiciones e intereses mundanos y lejos de maniqueísmos y exasperaciones, de aventuras peligrosas y explosiones incontrolables”.

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