El maná de cada día, 17.9.18

septiembre 17, 2018

Lunes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

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EP_CLESIS

Transformaos también vosotros en el cuerpo de Cristo



PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 11, 17-26.33

Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba.

Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo.

Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.


SALMO 39, 7-8a.8b-9.10.17

Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.»

«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes.

Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación.


ALELUYA: Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna.

EVANGELIO: Lucas 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado.

Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»

Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»

Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.



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COMED EL VÍNCULO QUE OS UNE, BEBED VUESTRO PRECIO

San Agustín, Sermón 228 B, 2-5

Cristo nuestro Señor que en su pasión ofreció por nosotros lo que había tomado de nosotros en su nacimiento, constituido príncipe de los sacerdotes para siempre, ordenó que se ofreciera el sacrificio que estáis viendo, el de su cuerpo y sangre.

En efecto, de su cuerpo, herido por la lanza, brotó sangre y agua, mediante la cual borró los pecados del mundo. Recordando esta gracia, al hacer realidad la liberación de vuestros pecados, puesto que es Dios quien la realiza en vosotros, acercaos con temor y temblor a participar de este altar. Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado.

En su múltiple variedad, aquellos antiguos sacrificios del pueblo de Dios figuraban a este único sacrificio futuro. Cristo mismo es, a la vez, cordero por la inocencia y sencillez de su alma, y cabrito por su carne, semejante a la carne de pecado. Todo lo anunciado de muchas y variadas formas en los sacrificios del antiguo Testamento se refiere a este único sacrificio que ha revelado el Nuevo.

Recibid, pues, y comed el cuerpo de Cristo, transformados ya vosotros mismos en miembros de Cristo, en el cuerpo de Cristo; recibid y bebed la sangre de Cristo. No os desvinculéis, comed el vínculo que os une; no os estiméis en poco, bebed vuestro precio. A la manera como se transforma en vosotros cualquier cosa que coméis o bebéis, transformaos también vosotros en el cuerpo de Cristo viviendo en actitud obediente y piadosa.

Cuando se acercaba ya el momento de su pasión y estaba celebrando la pascua con sus discípulos, él bendijo el pan que tenía en sus manos y dijo: Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros (1 Cor 11, 24). Igualmente les dio el cáliz bendecido, diciendo: Ésta es mi sangre de la nueva alianza, que será derramada por muchos para el perdón de los pecados (Mt 26, 28).

Estas cosas las leíais en el evangelio o las escuchabais, pero ignorabais que esta eucaristía era el Hijo; ahora, en cambio, rociado vuestro corazón con la conciencia limpia y lavado vuestro cuerpo con el agua pura, acercaos a él y seréis iluminados y vuestros rostros no se avergonzarán (Sal 33, 6).

Si recibís santamente este sacramento que pertenece a la nueva alianza y os da motivo para esperar la herencia eterna, si guardáis el mandamiento nuevo de amaros unos a otros, tendréis vida en vosotros, pues recibís aquella carne de la que dice la Vida misma: El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Jn 6, 52) y quien no coma mi carne y beba mi sangre, no tendrá vida en sí.

Teniendo, pues, vida en él, seréis una carne con él. En efecto, este sacramento no ofrece el cuerpo de Cristo de forma que conlleve el estar separados de él. El Apóstol recuerda que esto se halla predicho ya en la Sagrada Escritura: Serán dos en una misma carne. Misterio grande es este, dice, pero yo lo aplico a Cristo y a la Iglesia (Ef 5, 31-32). En otro lugar dice también respecto a esta Eucaristía: Siendo muchos, somos un único pan, un único cuerpo (1 Cor 10, 17).

Comenzáis, pues, a recibir lo que ya habéis comenzado a ser, si no lo recibís indignamente, para no comer y beber vuestra propia condenación. Dice así. Quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese el hombre a sí mismo, y luego coma del pan y beba del cáliz, pues quien come y bebe indignamente, come y bebe su condenación (1 Cor 11, 27-29).

Lo recibís dignamente si os guardáis del fermento de las doctrinas perversas, de forma que seáis panes ácimos de sinceridad y de verdad (1 Cor 5, 8); o si conserváis aquel fermento de la caridad que oculta la mujer en tres medidas de harina hasta que fermente toda la masa (Lc 13, 21).

Esta mujer es la sabiduría de Dios, aparecida en carne mortal gracias a una virgen, que sembró su evangelio en toda la tierra, que restauró después del diluvio a partir de los tres hijos de Noé cual si fuesen las tres medidas dichas hasta que fermentase la totalidad.

Ésta es la totalidad que en griego se dice «holon», donde estaréis si guardáis el vÍnculo de la paz «según la totalidad», que en griego recibe el nombre de «catholon», de donde viene el nombre de católica.

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Maná y Vivencias Pascuales (40), 10.5.18

mayo 10, 2018

Jueves de la 6ª semana de Pascua

Decenario del Espíritu Santo (1)

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No se ausenten de Jerusalén hasta que reciban el Espíritu Santo

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¡PENTECOSTÉS A LA VISTA…!

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COMIENZA EL DECENARIO

DEL ESPÍRITU SANTO

Estimado hermano, hermana: Lo encuentras al final de la entrada. Si puedes hacerlo, estupendo. Lo que más les gusta al Padre y al Hijo es derramar el Espíritu sobre nosotros y regalarnos la vida en abundancia. Pero si puedes colaborar con la acción de Dios y disponerte lo mejor posible, pues muy bien. Dios aprecia tu firme voluntad. Y ama a quien da con alegría.

¡VIDA EN ABUNDANCIA para ti!

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Textos bíblico-litúrgicos.- Entrada: Sal 67, 8-9.20; 1era lectura: Hch 18, 1-8; Salmo: 97, 1-4; Aleluya: Jn 14,18; Evangelio: Jn 16, 16-20; Comunión: Mt 28, 20.

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ANTIFONA DE ENTRADA

Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo, y acampabas con ellos y llevabas sus cargas, la tierra tembló, el cielo destiló. Aleluya.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios, que nos haces partícipes de la redención, concédenos vivir siempre la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

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PRIMERA LECTURA: Hch 18, 1-8

En aquellos días, Pablo se marchó de Atenas y se fue a Corinto. Allí se encontró con un judío llamado Aquila, natural del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su esposa Priscila, a consecuencia de un decreto del emperador Claudio; porque todos los judíos habían recibido la orden de abandonar Roma.

Pablo se acercó a ellos pues eran del mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y a trabajar con ellos. Todos los sábados Pablo entablaba discusiones en la sinagoga, tratando de convencer tanto a los judíos como a los griegos.

Al llegar de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó por entero a la Palabra, y aseguraba a los judíos que Jesús era el Mesías. Como se oponían y le respondían con insultos, se sacudió el polvo de sus vestidos mientras les decía: Nada tengo ya que ver con lo que les suceda; ustedes son los únicos responsables. En adelante me dirigiré a los paganos.

Pablo cambió de lugar y se fue a la casa de un tal Tito Justo, de los que temen a Dios, que estaba pegada a la sinagoga. Crispo, uno de los dirigentes de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y de los corintios que escuchaban a Pablo, muchos creían y se hacían bautizar.

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SALMO 97, 1-4

Entonen al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas, su diestra le ha dado la victoria, su santo s brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia, se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Todos, hasta los confines del mundo, han visto la victoria de nuestro Dios.

¡Aclama al Señor, tierra entera; estallen en gritos de alegría!

ALELUYA: Jn 14, 18

No los dejaré huérfanos, dice el Señor; me voy y vuelvo a su lado, y se alegrará su corazón.

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EVANGELIO: Jn 16, 16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Dentro de poco ya no me verán, pero después de otro poco me volverán a ver.

Algunos discípulos se preguntaban: ¿Qué querrá decir con eso: “Dentro de poco ya no me verán y después de otro poco me volverán a ver”? ¿Y qué significa: “Me voy al Padre”?

Y se preguntaban: ¿A qué se refiere ese “dentro de poco”? No entendemos lo que quiere decir.

Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les dijo: Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: “Dentro de poco tiempo no me verán y después de otro poco me volverán a ver”.

En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo.

COMUNIÓN: Mt 28, 20

Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya. .

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DECENARIO AL ESPÍRITU SANTO

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Estimados amigos, estamos entrando en la recta final del tiempo pascual. Ya llevamos cuarenta días celebrando la resurrección de Cristo.

En efecto, a los cuarenta días, el Resucitado asciende a los cielos. Tradicionalmente se celebraba en este jueves la Ascensión del Señor. Ahora la celebramos el domingo próximo.

Jesús ha encomendado a los apóstoles, ha “mandado” predicar el evangelio a todas las naciones, pues se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Pero antes de salir a evangelizar deben ser capacitados para tal misión: No se ausenten de Jerusalén, les dice Jesús, hasta que reciban el Espíritu Santo.

Por eso los apóstoles y discípulos se reunieron junto a María la madre de Jesús, y permanecieron unidos en oración esperando la venida del Espíritu.

Esta espera de diez días constituye la primera oración de la Iglesia que se prepara, durante diez días, para una gran fiesta, un gran acontecimiento salvífico: la efusión del Espíritu y el consiguiente nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés.

Ese tiempo de oración constituye la primera “novena” de la historia de la Iglesia, podríamos decir.

Nosotros, por nuestra parte, hemos tratado de vivir con paciencia y perseverancia, día a día, la ascesis cuaresmal y la alegría pascual. Ahora notamos que lo sembrado está dando frutos. Pero aún no ha culminado este tiempo santo. Debemos continuar abiertos a la acción del Señor.

Por eso, me ha parecido muy conveniente ofrecerles, a partir de hoy, un Decenario al Espíritu Santo. Mediante este ejercicio piadoso queremos sentir con mayor intensidad la fuerza del Espíritu ya recibido en el bautismo.

La experiencia pascual de los apóstoles estuvo sazonada constantemente por la presencia del Espíritu: antes de Pentecostés, durante Pentecostés y después del mismo.

Nosotros también queremos permanecer los próximos días junto a María esperando una nueva efusión del Poder de lo alto en nuestras vidas.

Entremos, pues, con decisión y alegría en el cenáculo de oración donde la Iglesia de Jesús presidida por María y los apóstoles espera la irrupción de Pentecostés.

¡Qué mejor oración que un decenario al Espíritu para disponernos a recibir la vida en abundancia que nos regala el Padre a través del Hijo Resucitado mediante la acción del Espíritu Santo!

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ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios que, por el misterio de Pentecostés, santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.- Por Jesucristo nuestro Señor.

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DÍA PRIMERO

Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones.

Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva. El Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces.

Oh Dios, tú que al principio creaste el cielo y la tierra y, al llegar el momento culminante, recapitulaste en Cristo todas las cosas, por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la salvación.

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ORACIÓN FINAL

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones y enciéndelos con el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados; y renovarás la faz de la tierra.

Quema, Señor, con el fuego del Espíritu Santo nuestras entrañas y nuestro corazón, para que te sirvamos con cuerpo limpio y con un corazón puro te agrademos.

Te pedimos, Señor, que inspires nuestras acciones, las prevengas y las acompañes con tu auxilio, para que todos nuestros deseos, pensamientos y trabajos comiencen siempre en ti, como en su fuente, y tiendan siempre a ti, como a su fin.

Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.

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Maná y Vivencias Pascuales (11), 11.4.18

abril 11, 2018

Miércoles de la 2ª semana de Pascua

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La adoración del Cordero de Dios

La adoración del Cordero de Dios



TEMA: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna.

ORACIÓN COLECTA: Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrección futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor.

ANTÍFONA DE ENTRADA: Sal 17, 50; 21.23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 5, 17- 26

El jefe de los sacerdotes y todos los suyos que formaban el partido de los saduceos se pusieron muy envidiosos, y tomando presos a los apóstoles los metieron en la cárcel pública.

Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles: “Preséntense en el Templo y anuncien al pueblo todo el Mensaje de Vida”. Obedecieron y entrando en el Templo al amanecer se pusieron a enseñar.

Mientras tanto, llegó el jefe de los sacerdotes con sus partidarios, reunieron al Sanedrín y a todo el Senado israelita, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando los guardias llegaron allá, no los encontraron.

Volvieron y contaron: “Encontramos la cárcel cuidadosamente cerrada y los centinelas montando guardia en las puertas, pero cuando abrimos, no encontramos a nadie dentro”.

El jefe de la guardia y los jefes de los sacerdotes, al oír esto, quedaron desconcertados, preguntándose qué podría haber sucedido. En esto llegó uno que les dijo: “Los hombres que encarcelaron están en el Templo enseñando al pueblo”.

Entonces el jefe de la guardia fue con sus ayudantes y los trajeron, pero sin violencia, porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo.

SALMO 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.

Bendigo al Señor, en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Mi ser se gloría en el Señor, que los humildes lo oigan y se alegren.

Engrandezcan conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre. Busqué al Señor y él me respondió, me libró de todos mis temores. Miren hacia él: quedarán radiantes, y la vergüenza no cubrirá sus rostros.

Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus angustias. El Ángel del Señor viene a acampar en torno a sus fieles y los protege. Gusten y vean qué bueno es el Señor, dichoso el hombre que se refugia en él.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO: Juan 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que el que crea en él tenga vida eterna. Aleluya.

EVANGELIO: Juan 3, 16-21

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga Vida Eterna.

Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo sino para salvarlo. El que cree en él no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado, por no creerle al Hijo Único de Dios.

La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas: Ahí está la condenación. El que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, no sea que su maldad sea descubierta y condenada.

Pero el que camina en la verdad busca la luz para que se vea claramente que sus obras son hechas según Dios”.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN: Juan 15, 16.19

Ustedes no me escogieron a mí. Soy yo quien los escogí a ustedes y los he puesto para que produzcan fruto, y ese fruto permanezca. Entonces todo lo que pidan al Padre en mi nombre, se lo dará. Aleluya.


De la homilía de Melitón de Sardes, obispo, sobre la Pascua

El cordero inmaculado nos sacó de la muerte a la vida

Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo; a Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Él vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida.

Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, como en otro tiempo libró a los Israelitas de Egipto y nos salvó de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio Espíritu, y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Éste es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.

Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua de nuestra salvación.

Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo que fue asesinado en Abel y atado de pies y manos en Isaac, el mismo que peregrinó en Jacob y fue vendido en José, expuesto en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los profetas.

Éste es el que se encarnó en la Virgen, fue colgado del madero y fue sepultado en tierra, y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo.

Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en la tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro (Núms. 65-71: SCh 123, 94-100).

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PINCELADAS DE ESPIRITUALIDAD PASCUAL

Podríamos arriesgarnos a centrar la espiritualidad pascual en esta exclamación de fe: ¡Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo!

La Pascua es la recreación de todas las cosas en Cristo; la restauración total y definitiva de los planes de Dios sobre la humanidad. Podemos decir que en la Pascua Dios ha dado la talla: se ha remangado los brazos para hacer algo nuevo, inaudito y para siempre, definitivo.

En efecto, la Trinidad culmina su obra común de las tres personas divinas: la creación, atribuida sin embargo a Dios Padre; culmina la redención realizada por Cristo, pero con la colaboración del Padre y del Espíritu.

Y comienza la obra específica del Espíritu, la santificación o divinización definitiva del hombre en Cristo de acuerdo con los designios inescrutables del Padre; porque a él le pareció bien; es lo que más le gustó.

La Pascua es la manifestación palpable de la Trinidad salvífica o económica. El hijo del carpintero ha resultado ser en verdad el Hijo de Dios, igual al Yahvé del Antiguo Testamento.

El Espíritu eterno, del que ha sido revestido Cristo, de manera singular y plena en su glorificación, ha sido derramado sobre los discípulos a manos llenas: ellos han sido bautizados, bañados, anegados… hasta ser tenidos por borrachos; es decir, embriagados del poder de Dios, llevados de acá para allá por una energía poderosa y santa, no caprichosa, loca o arbitraria.

¡Éste es el día en que actuó el Señor! Dios, uno y trino, nos ha mostrado todo su amor poderoso, maravilloso. Nos ha dado al nuevo Adán, al nuevo Mesías y Salvador. No hay otro.

Los creyentes han recibido sin medida el Espíritu de Cristo, que los capacita para hablar, vivir, sentir y actuar como habló, vivió, sintió y actuó el Señor. Son otros “Cristo”. Han llegado los últimos tiempos. La hora del Espíritu, creador y renovador, que hace nuevas todas las cosas. Cristo les aseguró: mayores cosas que yo haréis.

Por eso, Jesús había dicho también respecto al Espíritu: Os conviene que yo me vaya, pues si no me voy no vendrá a vosotros el Espíritu Santo, el Consolador, paráclito, abogado defensor, intérprete. Cuando me vaya os lo enviaré; o le pediré al Padre que lo envíe en mi nombre. Cuando él venga os lo enseñará todo. Y se quedará siempre con vosotros.

Ahora os digo: todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id por todo el mundo, y dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. Son los últimos tiempos. El Reino padece violencia. Sólo los esforzados lo arrebatan. El que no está conmigo, está contra mí. No hay tiempo que perder.

El Reino no puede esperar más. Buscadlo por encima de todo; y el resto se os dará por añadidura. No tengáis miedo, pues yo he vencido al mundo. Todo me lo ha entregado el Padre.

El Apóstol nos lo recordará: todo es vuestro; vosotros, de Cristo; y Cristo, de Dios. Id, os doy este mandato. No llevéis túnica de repuesto, no os detengáis… El que mire para atrás no es digno de mí. El mundo, los pobres, los pecadores no pueden esperar.

Es tiempo de sembrar a discreción. Ha llegado la hora de Dios. El Banquete está preparado. No se puede desairar a Dios; es lo que ha preparado desde toda la eternidad, ha volcado todo lo suyo, lo ha empeñado todo. Nada se ha reservado Dios, todo su riqueza está invertida en esta historia de salvación.

La primitiva Iglesia vive estas realidades últimas con sorpresa, con fe, con alegría, con creatividad y total abandono en manos de Dios Padre, que todo lo dispone para nuestro bien; viven confiados en el poder de Dios y sintiéndose discípulos de Cristo y testigos de su resurrección, de que está vivo y es Señor; se sienten arrebatados e impulsados por el Espíritu para realizar las obras de Dios en Cristo Jesús.

Los apóstoles y los primeros cristianos dan testimonio de Jesús públicamente y con mucha seguridad, convicción y valentía, “parresía”. Todos quedaban admirados… Dios iba agregando a la comunidad a todos los que creían y se bautizaban en el nombre del Señor Jesús.

Tres, podríamos decir, son los protagonistas de la fundación de la Iglesia y de su crecimiento y desarrollo imparable: Los planes de Dios, la comunidad eclesial y los personajes concretos y animadores de la comunidad.

El encarcelamiento de Pedro y Juan y la persecución contra la Iglesia son ocasión para que ésta se ponga en manos de Dios, relea las Escrituras, las interprete en función de las nuevas circunstancias, y experimente el poder de Dios que le envía su Espíritu: retembló la casa, y todos fueron llenos del Espíritu. Estaban alegres y daban gloria a Dios; y el pueblo estaba de su parte.

La persecución contra Esteban provoca la diáspora de los discípulos; éstos se ven obligados a salir de Jerusalén; pero no pueden dejar de anunciar el Evangelio de Cristo a cuantos encuentran en el camino. Muchos se convierten. Van surgiendo personas con nombre y rostro definidos, como el diácono Felipe, como Bernabé, hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe.

El Espíritu está vivo y suelto: los discípulos sienten su acción, perciben claramente que les habla, siguen sus avisos y pasan de una aventura de fe a otra y a otra… La Palabra no está encadenada.

Pedro sale de Jerusalén, visita las comunidades, hace milagros porque vive en sintonía con el celo de Cristo manifestado ahora por el Espíritu. Oro y plata no tengo, pero te doy lo que tengo, la fe en Cristo: en su nombre levántate y anda; se levantó y glorificaba a Dios.

La presencia del Espíritu es tan real y perceptible para la primera comunidad como lo era la humanidad de Cristo cuando caminaba por Palestina. Casi podríamos decir que el Espíritu tiene más influencia, más fuerza persuasiva que el mismo Jesús en carne mortal.

El Espíritu es el testigo interior. Él se junta a nuestro espíritu hasta confundirse. Dirá san Pablo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí, es el Espíritu de Cristo quien vive en mí, quien me inspira, me mueve, me consuela, me dirige, me confirma en todo lo que siento y hago, me plenifica, me hace feliz en Dios.

Qué bueno es el Seño. Cómo no alabarlo… Es digno de toda bendición.

El Espíritu transforma a los discípulos según el modelo del Maestro. Así, Bernabé, persona acogedora, fiel a Dios, descubre la acción de Dios en la comunidad, incluso en los paganos, y se alegra por ello, acoge a los nuevos convertidos, los acompaña, los impulsa a que se sometan a la acción del Espíritu…

Es lo que hace con Pablo: lo acoge, valora la gracia de Dios en él, lo busca, lo inicia en el seguimiento del Señor, le socorre en el proceso de su integración en la comunidad y en la proclamación del Evangelio.

Admiramos los planes de Dios sobre la comunidad y sobre cuantos creen en Cristo, pues él no hace acepción de personas. Quiere que todos tengan vida, pues son sus hijos. Y lo dispone todo sobre algunas personas “elegidas” por él para ser sus testigos, como Pablo. Nada es casual. Nada es desperdiciable.

De esta manera, según los Hechos de los Apóstoles, Dios va cumpliendo sus designios de salvación acompañando a los apóstoles, a la primitiva comunidad, a judíos y gestiles para que experimenten el poder de Dios.

Han llegado los últimos tiempos. Es la hora del Espíritu que hace nuevas todas las cosas; ahora todos serán enseñados por el Señor; ellos serán su pueblo, y el Señor será su Dios; y lo verán todas las naciones.

Está brotando el desierto, lo imposible se hace posible. Dichosos los que oyen. Dios está actuando con todo su poder, porque Dios es Dios. Está abriendo nuestra mente para que todos entendamos, por fin.

Nos asegura: Yo no soy como los humanos. Yo lo digo y pongo por obra. Está brotando, se siente… ¿Es que no lo notáis?

Oremos: Ah, Señor, ten paciencia conmigo. Habla, Señor, que tu siervo escucha. No pases de largo. Quédate con nosotros alimentando nuestra experiencia pascual, pues atardece y se debilita la fe. Alabado seas, Señor, en tus santos designios. Amén.



Maná y Vivencias Pascuales (4), 4.4.18

abril 4, 2018

Miércoles de la Octava de Pascua

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Sentado a la mesa con ellos, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio

Sentado a la mesa con ellos, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio



Oración colecta

¡Oh Dios!, que todos los años nos alegras con la solemnidad de la resurrección del Señor; concédenos, a través de la celebración de estas fiestas, llegar un día a la alegría eterna. Por nuestro Señor.

Antífona de entrada:

Estos santos varones han sido escogidos por Dios en su infinito amor y han recibido de Él la gloria eterna. Aleluya.

PRIMERA LECTURA: Hechos de los apóstoles 3, 1-10 – “Te voy a dar lo que tengo: En el nombre de Jesús, camina”

Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres de la tarde. Había allí un hombre tullido de nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada “Puerta Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban.

El inválido, al ver a Pedro y Juan que entraban al Templo, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada y le dijo: «Míranos».

El tullido los miró fijamente, esperando recibir algo. Pedro entonces le dijo: «No tengo oro ni plata; pero lo que tengo, te lo doy: en nombre de Jesucristo de Nazaret, camina». Y lo tomó de la mano derecha, lo levantó.

Inmediatamente sus tobillos y sus pies recuperaron la fuerza, y de un salto se puso de pie y caminó. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios.

Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios. Lo reconocían como el tullido que pedía limosna junto a la Puerta Hermosa del Templo, y quedaron asombrados y maravillados por lo que había sucedido.

SALMO 104, 1-2.3-4.6-7.8-9

Que se alegren los que buscan al Señor.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas.

Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra.

Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac.

Aclamación antes del Evangelio: Juan 14, 6. 9

Yo soy el camino, la verdad y la vida, dice el Señor. Felipe, el que me ve a mí, ve también al Padre.

EVANELIO: Lucas 24, 13-35 – “Lo reconocieron al partir el pan”

Ese mismo día, dos discípulos iban de camino a un pueblecito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén, conversando de todo lo que había pasado.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar a su lado, pero algo les impedía reconocerlo. Jesús les dijo: “¿Qué es lo que van conversando juntos por el camino?”

Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: «¿Cómo, así que tú eres el único peregrino en Jerusalén que no sabe lo que pasó en estos días?”. “¿Qué pasó?”, preguntó Jesús.

Le contestaron: «Todo ese asunto de Jesús Nazareno. Este hombre se manifestó como profeta poderoso en obras y en palabras, aceptado tanto por Dios como por el pueblo entero. Hace unos días, los jefes de los sacerdotes y los jefes de nuestra nación lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz.

Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel; pero a todo esto van dos días que sucedieron estas cosas. En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron sorprendidos. Fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron a contarnos que se les habían aparecido unos ángeles que decían que estaba vivo.

Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes y cuánto les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Cristo padeciera para entrar en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y recorriendo todos los profetas, les interpretó todo lo que las Escrituras decían sobre él. Cuando ya estaban cerca del pueblo al que ellos iban, él aparentó seguir adelante. Pero ellos le insistieron, diciéndole: «Quédate con nosotros, porque cae la tarde y se termina el día».

Entró entonces para quedarse con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron pero ya había desaparecido.

Se dijeron uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los de su grupo. Éstos les dijeron: “¡Es verdad! El Señor resucitó y se dejó ver por Simón”.

Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan.

Antífona de comunión: Juan 14, 8-9

Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto también a mi Padre. Aleluya.

San Anastasio de Antioquía

Era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria.

Después que Cristo se había mostrado, a través de sus palabras y sus obras, como Dios verdadero y Señor del universo, decía a sus discípulos, a punto ya de subir a Jerusalén: Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los gentiles y a los sumos sacerdotes y a los escribas, para que lo azoten, se burlen de él y lo crucifiquen.

Esto que decía estaba de acuerdo con las predicciones de los profetas, que habían anunciado de antemano el final que debía tener en Jerusalén.

Las sagradas Escrituras habían profetizado desde el principio la muerte de Cristo y todo lo que sufriría antes de su muerte; como también lo que había de suceder con su cuerpo, después de muerto; con ello predecían que este Dios, al que tales cosas acontecieron, era impasible e inmortal; y no podríamos tenerlo por Dios, si, al contemplar la realidad de su encarnación, no descubriésemos en ella el motivo justo y verdadero para profesar nuestra fe en ambos extremos; a saber, en su pasión y en su impasibilidad; como también el motivo por el cual el Verbo de Dios, por lo demás impasible, quiso sufrir la pasión: porque era el único modo como podía ser salvado el hombre.

Cosas, todas éstas, que sólo las conoce él y aquellos a quienes él se las revela; él, en efecto, conoce todo lo que atañe al Padre, de la misma manera que el Espíritu sondea la profundidad de los misterios divinos.

El Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin inteligencia y cortos de entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria.

Porque él, en verdad, vino para salvar a su pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiese; y esta salvación es aquella perfección que había de obtenerse por medio de la pasión, y que había de ser atribuida al guía de nuestra salvación, como nos enseña la carta a los Hebreos, cuando dice que él es el guía de nuestra salvación, perfeccionado y consagrado con sufrimientos.

Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es restituida a través de la cruz en la misma carne que había asumido;

dice, en efecto, san Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que dijo el Salvador que manaría como un torrente de las entrañas del que crea en él. Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado;aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz.

Por eso el Señor, en la oración que dirige al Padre antes de la pasión, le pide que lo glorifique con aquella gloria que tenía junto a él, antes que el mudo existiese (Sermón 4, 1-2: PG 89, 1347-1349)


Comunión para revitalizar la Orden y evangelizar el mundo

diciembre 4, 2017

.Reun

Reunión del Consejo general oar. con los Priores Provinciales en Monachil, Granada, nov. – dic. 2017

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La importancia de la comunión en el nuevo proceso que emprenden los Agustinos Recoletos ha sido la principal conclusión del encuentro que mantuvieron el Prior General y su consejo con los ocho provinciales del 28 de noviembre al 1 de diciembre. La reunión ha impulsado la unión de provincias y evaluado el proyecto de vida y misión de la Orden

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Ser creadores de comunión fue la llamada que le hizo el Papa Francisco a la Orden de Agustinos Recoletos en el pasado capítulo general de 2016. Un año después, la llamada del Santo Padre continúa siendo una de las principales guías a seguir por los superiores de la Orden.

La comunión como centro para la revitalización interna y evangelización del mundo ha sido la principal conclusión que ha sacado el Consejo General y los provinciales tras su reunión de cuatro días en Monachil (Granada, España).

Del 28 de noviembre al 1 de diciembre, el prior general y su consejo se reunieron con los ochos provinciales en un encuentro histórico: es la última reunión antes del proceso de unificación que llevarán a cabo las provincias en 2018. Para el próximo encuentro la estructura mundial de la Orden de Agustinos Recoletos habrá cambiado, pasando a tener cuatro provincias.

“Nuestro modo de proceder es la comunión”

El prior general, Miguel Miró, destacó al comienzo del encuentro en la jornada del martes la importancia de la comunión para revitalizar la Orden y su misión evangelizadora en el mundo de hoy. “Ni independencia ni centralización absoluta –dijo el general–, pero sí unidad en la diversidad, tener un proyecto común y avanzar en una misma dirección. Nuestro modo de proceder es la comunión. Esto requiere apertura, sinceridad, diálogo y escucha”.

“Si la reorganización de la Orden y de las provincias –agregó– no se coloca en la reforma de la Iglesia, se tiene el riesgo de ser un proceso autorreferencial y de subsistencia.

Pensemos en las palabras de Francisco: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (EG, 2).

El proceso de unificación continúa adelante

Por su parte, los ocho priores provinciales expusieron los avances del proceso de unión de las provincias y de la implementación del proyecto de vida y misión de la Orden con vistas a los capítulos provinciales, que se celebrarán todos en 2018.

En algunos casos el proceso de unificación está muy avanzado por la proximidad del capítulo provincial. La comisión de unificación de las provincias de San Nicolás de Tolentino y San Agustín ya ha establecido distintos equipos de trabajo para abordar los retos que traerá consigo la unión.

Las provincias de Ntra. Señora de la Candelaria y de la Consolación ya tienen el proceso encarrilado antes del capítulo de julio. Las provincias de Santo Tomás de Villanueva, Santa Rita y San José aún se reunirán varias veces más antes del capítulo provincial.

La provincia de San Ezequiel Moreno, la única que no sufrirá alteración en su actual modelo, presentó otro informe en el que expuso los avances en su proyecto de vida y misión, según las directrices que le marcó el capítulo general del pasado año.

Los avances en el trabajo de los secretariados y comisiones

Francisco Javier Monroy, Presidente del Secretariado general de Espiritualidad y formación, presentó el Itinerario formativo agustino recoleto como una pedagogía para encarnar el carisma, expuso las funciones de la escuela de formadores, el programa de integración comunitaria y pastoral y la preparación de un solo mes para toda la Orden de preparación para profesión solemne. Los CEAR y las Fraternidades completaron su información.

Raúl Buhay, Presidente del Secretariado general de Apostolado, expuso los puntos básicos del apostolado misional y ministerial y los sintetizó en un tríptico preparado por el Secretariado. Antonio Carrón explicó la Red EDUCAR que integra los centros educativos agustinianos y que facilita la identidad y la formación de los docentes.

Juan Pablo Martínez, Presidente del Secretariado de Vocaciones y Juventud, trató sobre la implementación del Itinerario vocacional agustino recoleto y manifestó la necesidad de fortalecer los equipos de animación vocacional locales y nacionales.

Propuso el modo de realizar la “Expedición vocacional” y explicó la preparación del encuentro internacional JAR y la participación en la JMJ de Panamá.

Antonio Carrón presentó los planes de la Comisión de Comunicaciones y Publicaciones, destacó la importancia de los medios de comunicación y explicó el rediseño de la web de la Orden. Se presentó a Carlos Santana, profesional de medios, quien ejercerá la labor de director de comunicación.

Antonio Carrón como presidente de la Comisión de Apostolado social inició la presentación de Arcores, la nueva red solidaria internacional agustino recoleta. Completaron su información Simón Puertas, presidente de Arcores España, y del profesional D. Javier Sánchez, que es director de Arcores. En la constitución de Arcores hay que destacar la colaboración del que fue presidente de Haren Alde el agustino recoleto Manuel Fernández y de Javier Ojeda, cmf, director de Haren Alde y promotor de la propuesta de Arcores.

Javier Tello, secretario general, presentó la base de datos de la Orden. Por su parte, el ecónomo general, José Ramón Pérez, y el procurador ante la Santa Sede, Gabriel Robles, informaron también de sus funciones e hicieron sus propuestas para facilitar la comunicación y la comunión de las provincias y la curia general.

http://www.agustinosrecoletos.com/comunion-revitalizar-orden-evangelizar-mundo/


El maná de cada día, 7.11.17

noviembre 7, 2017

Martes de la 31ª semana del Tiempo Ordinario

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Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.”

Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.”



PRIMERA LECTURA: Romanos 12, 5-16a

Nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros.

Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado, y se han de ejercer así: si es la profecía, teniendo en cuenta a los creyentes; si es el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a enseñar; el que exhorta, a exhortar; el que se encarga de la distribución, hágalo con generosidad; el que preside, con empeño; el que reparte la limosna, con agrado.

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno.
Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.

En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor.

Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.

Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.


SALMO 130, 1.2.3

Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad.

Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 28

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré -dice el Señor.


EVANGELIO: Lucas 14, 15-24

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»

Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado” Pero ellos se excusaron uno tras otro.

El primero le dijo: “He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.”

Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.”

Otro dijo: “Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.”

El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.”

El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.”

Entonces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.  Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”.


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DIOS NO ME OBLIGA

Si el hombre hubiera sido creado sin libertad no habría podido pecar. Hubiéramos vivido una salvación automática y necesaria, en la que todo habría estado obligatoriamente dirigido y predeterminado al bien y a Dios.

Y, sin embargo, Dios mismo se pilló las manos, aquellas que junto con la carne, dieron al hombre el don de la libertad, pues, con la libertad, el hombre que podía pecar, de hecho, pecó.

Sin embargo, Dios no puede arrepentirse de nuestra libertad. No podemos olvidar que Cristo no quiso imponer a nadie la salvación que nos alcanzó en su encarnación. Esa salvación nunca será obligatoria de parte de Dios, por más que el hombre siga disponiendo de esa libertad para volverse contra Él.

En la Cruz nos alcanzó el Señor la redención, pero no nos la impuso obligatoriamente, pues tenía que redimir aquella libertad primera del hombre del Edén, que se apartó voluntariamente de Dios.

San Agustín lo expresó bellamente: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Has de querer tu salvación, pues nunca la tendrás segura hasta que no la hayas recibido. Has de querer poner todos los medios que te ayuden a vivir esa libertad liberada y redimida que Cristo te alcanzó en la Cruz.

Pero, sólo la gracia te libera, no tus propios esfuerzos, puños y voluntarismos.

Acércate, pues, al trono de la gracia que es la Virgen, Madre de misericordia, y pídele a Ella que te ayude a no flaquear, a no desanimarte, a no renunciar a la subida en tu escalada hacia Dios.

www.mater-dei.es



 


El maná de cada día, 10.9.17

septiembre 9, 2017

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Frase-síntesis dominical: “A nadie le debas nada más que amor”

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El amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca

El amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca

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Antífona de entrada: Sal 118, 137. 124

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.


Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Ezequiel 33, 7-9

Así dice el Señor:

«A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte.

Si yo digo al malvado: “¡Malvado, eres reo de muerte!”, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»


SALMO 94, 1-2. 6-7. 8-9

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»


SEGUNDA LECTURA: Romanos 13, 8-10

Hermanos:

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.


Aclamación antes del Evangelio: 2Co 5, 19

Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.


EVANGELIO: Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»


Antífona de comunión: Sal 41, 2-3

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo.


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De S.S. Benedicto XVI – Ángelus del 4 de septiembre de 2011

Las lecturas bíblicas de la misa de este domingo coinciden en el tema de la caridad fraterna en la comunidad de los creyentes, que tiene su fuente en la comunión de la Trinidad.

El apóstol san Pablo afirma que toda la Ley de Dios encuentra su plenitud en el amor, de modo que, en nuestras relaciones con los demás, los diez mandamientos y cada uno de los otros preceptos se resumen en esto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (cf. Rm 13, 8-10).

El texto del Evangelio, tomado del capítulo 18 de san Mateo, dedicado a la vida de la comunidad cristiana, nos dice que el amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca, por lo cual, si mi hermano comete una falta contra mí, yo debo actuar con caridad hacia él y, ante todo, hablar con él personalmente, haciéndole presente que aquello que ha dicho o hecho no está bien.

Esta forma de actuar se llama corrección fraterna: no es una reacción a una ofensa recibida, sino que está animada por el amor al hermano.

Comenta san Agustín: «Quien te ha ofendido, ofendiéndote, ha inferido a sí mismo una grave herida, ¿y tú no te preocupas de la herida de tu hermano? … Tú debes olvidar la ofensa recibida, no la herida de tu hermano» (Discursos 82, 7).

¿Y si el hermano no me escucha? Jesús en el Evangelio de hoy indica una gradualidad: ante todo vuelve a hablarle junto a dos o tres personas, para ayudarle mejor a darse cuenta de lo que ha hecho; si, a pesar de esto, él rechaza la observación, es necesario decirlo a la comunidad; y si tampoco escucha a la comunidad, es preciso hacerle notar el distanciamiento que él mismo ha provocado, separándose de la comunión de la Iglesia.

Todo esto indica que existe una corresponsabilidad en el camino de la vida cristiana: cada uno, consciente de sus propios límites y defectos, está llamado a acoger la corrección fraterna y ayudar a los demás con este servicio particular.

Otro fruto de la caridad en la comunidad es la oración en común. Dice Jesús: «Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 19-20).

La oración personal es ciertamente importante, es más, indispensable, pero el Señor asegura su presencia a la comunidad que —incluso siendo muy pequeña— es unida y unánime, porque ella refleja la realidad misma de Dios uno y trino, perfecta comunión de amor.

Dice Orígenes que «debemos ejercitarnos en esta sinfonía» (Comentario al Evangelio de Mateo 14, 1), es decir, en esta concordia dentro de la comunidad cristiana.

Debemos ejercitarnos tanto en la corrección fraterna, que requiere mucha humildad y sencillez de corazón, como en la oración, para que suba a Dios desde una comunidad verdaderamente unida en Cristo.

Pidamos todo esto por intercesión de María santísima, Madre de la Iglesia, y de san Gregorio Magno, Papa y doctor, que ayer hemos recordado en la liturgia.

http://www.vatican.va


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