Panamá 2019: La Iglesia cubana hace historia al enviar a 471 peregrinos a la JMJ

enero 15, 2019

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Envío de Jóvenes de la Diócesis de Holguín, Cuba, a la JMJ de Panamá © Maria Luisa Pérez Galvez

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Panamá 2019: La Iglesia cubana hace historia al enviar a 471 peregrinos a la JMJ

Representando a las 11 diócesis de la Isla

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LA HABANA, Cuba.- La Iglesia cubana hace historia al enviar a 471 peregrinos a la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Panamá del 22 al 27 de enero de 2019.

La delegación cubana incluye a jóvenes, sacerdotes y religiosas, representando a las 11 diócesis de la Isla. Todos han participado en un proceso de preparación en sus comunidades con orientaciones a nivel nacional motivándolos a vivir una experiencia de Dios y de Iglesia joven universal.

Carta a los peregrinos

“Tu Iglesia, tu Obispo, tu Familia, tu Patria te esperan y vivirán junto a ti cada momento con intensidad y emoción”, indica el texto de la carta que ha recibido cada peregrino. En esta carta se les ha pedido a los peregrinos que vivan cuatro aspectos:

Gratitud a tantas Instituciones y personas, que han hecho posible que puedan participar en la experiencia. “No olvides en tus palabras y actitudes la expresión: ¡GRACIAS!

Generosidad para compartir con otros jóvenes “lo que eres y tienes”, para crear lazos de amistad y fraternidad.

Compromiso para aprovechar al máximo el programa, los eventos, las catequesis de los obispos, la Adoración Eucarística, la confesión. “Recuerda que en tu Patria han quedado muchos jóvenes a quienes tendrás que transmitir la experiencia. ¡Eres su delegado en Panamá!”

Coraje para aceptar los posibles inconvenientes de falta de baños, transporte, comida. Es importante tener el coraje  de avanzar sin crítica estéril.

Mons. Álvaro Beyra Luarca es obispo de Bayamo–Manzanillo y preside la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil. Piensa que la carta enviada a los peregrinos y su programa recoge muy bien el espíritu de la preparación que han tenido los jóvenes.

“Ser” Iglesia

El pasado mes de octubre, durante su intervención en el Sínodo de Obispos sobre los jóvenes, el obispo cubano habló de lo que los jóvenes aportan a la Iglesia por el hecho de ser jóvenes. “Me quiero referir a lo que aportan al ‘ser’ de la Iglesia, no al ‘hacer’ de la Iglesia”, dijo.

Y explicó que “para aportar al ‘ser’ de la Iglesia tienen que ser Iglesia, verse y ser vistos como Iglesia, no como simples destinatarios de la misión de la Iglesia, menos aún como un problema”.

Entrevistado, después, por Radio Vaticana reiteró que “los jóvenes son quienes nos pueden ayudar a mirar al futuro”.

El Obispo reconocía, entonces, que en otras Jornadas Mundiales de la Juventud los peregrinos cubanos han sido un número simbólico. Por primera vez, en 2019, viaja una delegación grande “gracias al interés que ha puesto el Santo Padre que puso las jornadas en este ámbito regional y nos ha ayudado a vencer las dificultades.”

En un reciente escrito, la revista Palabra Nueva de la Arquidiócesis de la Habana indica que inicialmente, en 1985, Cuba no pudo participar, después lo hizo con dos o tres jóvenes y algún obispo. Para estar en sintonía se organizó lo que se conoce como Pascua Joven; y sigue celebrándose en todas las diócesis después de Pascua.

Participación en otras JMJ

Para la JMJ del año 2.000 en Roma fueron 60 los peregrinos cubanos y el Cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana, impartió una de las catequesis. En Toronto, en el año  2002, el grupo llegó a 200, con cuatro obispos y varios asesores.

En 2019 se ha duplicado ese número aunque la Iglesia cubana es una iglesia pobre y no hubiera podido realizar este esfuerzo sin la ayuda de Iglesias hermanas, movimientos, instituciones, congregaciones religiosas, personas que han patrocinado a los peregrinos y el apoyo del Presidente  de Panamá Juan Carlos Varela quien recientemente visitó el Arzobispado de La Habana. Pero además, los mismos jóvenes han estado ahorrando y reuniendo dinero para poder participar.

“Cuando nos enteramos de que este evento se realizaría en un país cercano al nuestro, comenzamos a recaudar fondos por cuenta propia y con la ayuda de nuestros padres”, ha señalado Eliany Díaz, de la Arquidiócesis de La Habana en una entrevista. Dijo que se limitaba en salir de fiesta y ahorraba. Ella es una de los 141 peregrinos habaneros, la delegación más grande del país caribeño.

Entrevistado en Palabra Nueva, el P. Jorge Luis Pérez Soto, asesor de la Pastoral Juvenil ha explicado que en La Habana “optamos por dar todas las facilidades a los jóvenes que quisieran y pudieran participar en la JMJ”.

Se establecieron unos requisitos mínimos: vida comunitaria, tener los sacramentos de la iniciación cristiana y algún compromiso con sus comunidades.

Delegación muy diversa

Se trata de una delegación muy diversa, con jóvenes de todas las comunidades cristianas, de todas las vicarías, incluso extranjeros que estudian en Cuba. Además, explica el sacerdote, hay jóvenes con una larga andadura en la vida de la Iglesia y otros que se han unido hace poco.

El sacerdote explicó que la Arquidiócesis recibió  la tarea de tramitar los visados de todos los delegados de la Isla, lo que ha llevado más de cinco meses de trabajo. Además, han tenido los encuentros formativos y una reunión con el embajador de Panamá en Cuba.

Un aspecto importante ha sido crear una estrategia comunicativa a través de las redes sociales en WhatsApp, de Messenger y perfiles de Facebook.

“Enamorarse de Jesucristo”

El Papa Francisco envió un mensaje en video a los jóvenes cubanos el pasado mes de abril, invitándoles a enamorarse de Jesucristo y “a tener un compromiso cada vez más concreto al servicio de la Iglesia en esta Cuba concreta de hoy”. Les dice que “sean buenos patriotas, amen a su tierra y sean generosos”.

El Papa conoce que en Santiago de Cuba, los días 14 al 17 de agosto, tendrá lugar una ‘mini Jornada de la Juventud’ para los cubanos y pide que ambas experiencias, en Panamá y en Santiago de Cuba, sean una oportunidad para profundizar los procesos de fe de cada uno, para ir construyendo la Iglesia de hoy y de mañana, la Patria de hoy y de mañana”.

Diócesis de Holguín

En la Diócesis de Holguín, el día de la Epifanía, en la Catedral, Mons. Emilio Aranguren Echeverría se dirigió a los 11 delegados a la JMJ invitándoles a peregrinar y “compartir lo que ustedes son: discípulos de Jesús”. Les dijo que lo hagan con la verdad: “ni mientan, ni exageren, ni se queden callados. ¡Sean como son!”.

Les pidió que, compartan con naturalidad que por el territorio de su Diócesis entró Colón a Cuba y, por tanto, “esta es la tierra más hermosa’”; que en la Bahía de Nipe fue hallada la imagen de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, que en Barajagua echó raíces en suelo cubano; y que, en esta Catedral, un obispo misionero llamado San Antonio María Claret fue herido y derramó su sangre por predicar la verdad del Evangelio.

Y en nombre de la Diócesis, les invitó “al igual que los pastores y que los magos”, a peregrinar “hacia Panamá a la luz del Señor”.

Araceli Cantero Guibert


Conoce el tema que Papa Francisco ha elegido para la JMJ de Panamá 2019

enero 15, 2019

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JMJ de Panamá 2019: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra. 

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Conoce el tema que Papa Francisco ha elegido para la JMJ de Panamá 2019

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“He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Este es el tema que el Papa Francisco ha elegido para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Panamá en 2019.

El Vaticano ha anunciado que el Papa ha escogido los temas “para el itinerario de tres años de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que culminará con la celebración internacional del evento, programada en Panamá para el año 2019”.

“El camino espiritual indicado por el Santo Padre continúa coherentemente la reflexión iniciada con las últimas tres Jornadas Mundiales de la Juventud (2014-2016), centradas en las Bienaventuranzas”, explica el Vaticano.

“El Papa Francisco, en su discurso preparado para el encuentro con los voluntarios de la JMJ de Cracovia, ilustraba las actitudes de la Madre de Jesús, mostrándola como modelo a imitar. Hablando después espontáneamente en aquella ocasión, el Santo Padre invitó a los jóvenes a tener memoria del pasado, tener valentía en el presente y tener/ser esperanza para el futuro”.

Por ello, los tres temas anunciados “tienden a dar al itinerario espiritual de las próximas JMJ una fuerte connotación mariana, subrayando al mismo tiempo la imagen de una juventud en camino entre el pasado (2017), el presente (2018) y el futuro (2019), animada por las tres virtudes teologales: fe, caridad y esperanza”.

Según la Santa Sede, “el camino propuesto a los jóvenes muestra también una evidente sintonía con la reflexión que el papa Francisco ha encomendado al próximo Sínodo de los Obispos: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Los temas para las JMJ próximas son:

XXXII Jornada Mundial de la Juventud, 2017

“El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí” (Lc 1,49)

XXXIII Jornada Mundial de la Juventud, 2018

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1,30)

XXXIV Jornada Mundial de la Juventud, 2019 (Panamá)

“He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38)

https://www.aciprensa.com/noticias/conoce-el-tema-que-papa-francisco-ha-elegido-para-la-jmj-de-panama-2019-76646


Las angustias del Papa sobre América Latina

enero 13, 2019

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El pontífice trasluce su preocupación por América Latina, y los motivos son varios, como podemos intuir fácilmente. 

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Las angustias del Papa sobre América Latina

El pontífice trasluce su preocupación y los motivos son varios

Por Macky Arenas

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Dicen que todos los caminos conducen a Roma. Las tensiones que reverberan en este continente vienen desde diferentes focos y también llegan hasta el Vaticano. No pasa desapercibido que el Papa Francisco ha dejado ver su preocupación de diferentes maneras y en distintas ocasiones.

No sólo en sus viajes al continente americano:

Venezuela y Nicaragua están en el epicentro de una realidad telúrica cuya onda expansiva desvela a la Santa Sede, aun en medio de tantos compromisos internacionales de alto voltaje.

Y no es para menos. En Nicaragua la tensión está al rojo vivo entre el régimen de los Ortega y su pueblo y, en medio, la Iglesia amenazada pero consecuente con el sufrimiento de la gente. En Venezuela, hoy día 10 de enero, es el primero de un gobierno no electo por el pueblo, cosa que no ocurría desde hace 60 años. Difícil imaginar un peor escenario para la paz social y la inaplazable recuperación económica.

Baste decir que la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Venezolana se adelantó emitiendo ayer mismo su exhortación pastoral donde los obispos reiteran “que la convocatoria del 20 de mayo -elección en la cual Maduro basa su supuesta legitimidad para juramentarse hoy- fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente”.

Y aún más: “Es un pecado que clama al cielo querer mantener a toda costa el poder y pretender prolongar el fracaso e ineficiencia de estas últimas décadas: ¡es moralmente inaceptable!”. El Cardenal Baltazar Porras fue preciso en su comentario: “Se ha querido desconocer a la Asamblea Nacional, pero tiene la legitimidad que le ha dado la voluntad popular”.

En Venezuela, unos hablan de vacío de poder para calificar lo que se presenta a partir del 10E; otros de usurpación del cargo.

El reconocido profesor de Derecho Constitucional y parlamentario de vasta experiencia en el pasado democrático, Nelson Chitty La Roche, aclara el punto: “En este caso no hay vacío de poder porque a pesar de todas las irregularidades que se pueden enumerar hay alguien ejerciendo el cargo de presidente de la República. Pero Maduro ejerce el cargo aunque no fue electo conforme a los parámetros constitucionales o legales, así que, de hecho, viene usurpando el cargo desde siempre, incluso, desde el 2013 y desde que la Asamblea Nacional le declaró el abandono del cargo. En conclusión, se puede abrir un amplio expediente contencioso referido no solo a la falta de cualidad para el ejercicio del cargo sino ante la falta de legitimidad de origen”.

La presión crece puesto que ningún país, salvo los aliados históricos del régimen, Cuba, Nicaragua y Bolivia, asistieron a la juramentación escenificada por Maduro. México anunció la asistencia de su Encargado de Negocios. La Unión Europea, el Grupo de Lima, pasando por los representante diplomáticos de Rusia, China, Irán, Turquía y el mismísimo Nuncio Apostólico se abstuvieron de asistir.

La periodista venezolana, Argelia Ríos, colocaba en su cuenta de tuiter: “Para esto quedaron los engreídos manirrotos que pasaron años comprando apoyos costosísimos en la comunidad internacional. Ahora son menesterosos solidarios, implorando respaldos de naciones inexistentes”, en alusión a una serie de “países” que el gobierno anuncia acompañarán a Maduro, como Osetia del Sur y Nauru, éste último un país que, luego de lograr un ingreso per cápita de $50.000 para 1975, hoy están arruinados, viven del narcotráfico, la extorsión y el “chuleo” a países a cambio de apoyos.

Es una realidad triste la que enfrenta el gobierno venezolano, que ha desoído todos los llamados de la Iglesia al diálogo, tirando por la borda cada oportunidad que se le ofreció para terminar con alguna dignidad. Hoy, lanzan al país a un terreno movedizo en el cual pueden hundirse ellos también.

El panorama general continental no es auspicioso por el momento. Brasil y México, dos países de gran peso para la balanza geopolítica de la subregión, han tomado rumbos completamente distintos y sobre ambos se dibuja un inquietante signo de interrogación. Trump insiste en erigir su muro, y su aliado estrella, Colombia, no consigue concretar la anhelada paz mientras crece su tirantez con la vecina Venezuela.

El gobierno de Macri enfrenta serios desafíos en la tarea de nivelar las diferencias sociales desde una perspectiva liberal, al tiempo que ha recibido emplazamientos por parte de la Iglesia local sobre temas neurálgicos para el país. En noviembre pasado, el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Mario Poli, profundizó sobre el pedido de los obispos de una “mayor sensibilidad” de las autoridades frente al tema de la vida y los peligros que la amenazan, como el aborto y las drogas.

En cuanto a Chile, se encuentra en medio de una tormenta de proporciones incalculables por el destape de casos de abusos que llevó, en mayo pasado, a los 34 obispos de la Conferencia Episcopal chilena a presentar su renuncia en bloque, cosa inédita tanto como impensable hace algunas décadas, cuando ese país era un ejemplo de catolicismo sólido exhibiendo al episcopado más respetado e influyente del continente.

Colombia, Brasil, Argentina y Chile son tal vez los países de mayor tradición católica de América Latina, sin mencionar a México cuya imbatible devoción por la Virgen de Guadalupe, Patrona de América Latina, prima por sobre cualquier otra consideración religiosa.

Los episcopados se mantienen fieles a su misión y han expresado taxativamente su comunión con el Santo Padre a raíz de los feroces ataques de que viene siendo objeto; los obispos latinoamericanos están al lado de sus pueblos en las dificultades y ejerciendo una importante labor pastoral sustentada en un magisterio consecuente y firme ante los embates del relativismo y las amenazas que implica una realidad explosiva de injusticias e inestabilidad política y social.

El Papa se revela afectado en lo más profundo por la inacabable serie de asesinatos de sacerdotes en México; por el cuadro de hambre y necesidades de todo tipo que vive Venezuela, lo cual, aunado a la flagrante y continua violación a los derechos humanos, ha producido el éxodo masivo más impresionante en esta parte de mundo con los vaivenes y desequilibrios que ello plantea a naciones hermanas; los riesgos que corre la Iglesia en Nicaragua, cuyos fieles son perseguidos y encarcelados, los prelados constantemente hostigados y agredidos, lo que presenta un cuadro muy disminuido en materia de libertad religiosa.

El brutal éxodo de inmigrantes, los crímenes contra defensores de los derechos humanos de las comunidades aborígenes en plena antesala del Sínodo de la Amazonía y la alarmante cifra de asesinatos de mujeres con que arrancó el 2019 en países como Argentina, Bolivia, Perú, Chile y México serían materia suficiente como para espeluznar al más imperturbable.

Es conocido que América Latina es una de las regiones en donde se han registrado más casos de feminicidios en los últimos años. Solamente en 2017 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) contabilizó 2.795 crímenes contra la mujer. Hasta el pacífico Paraguay registró aumento de casos de feminicidios durante 2018. Como corolario, la droga y la siempre vinculada trata de personas es otro asunto pendiente en nuestros países.

Todos estos conflictos, en ciernes o en pleno desarrollo, que están en el corazón del Papa, sobre los que vuelve con frecuencia en su discurso, tocan la fibra más sensible de lo que ha sido su prédica desde que comenzó su misión como Obispo de Roma.


Brasil y la búsqueda del voto religioso, una carrera contrarreloj

octubre 19, 2018

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Jair Bolsonaro se reunió con el Arzobispo de Río de Janeiro, el Cardenal Oraní Tempesta

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Brasil y la búsqueda del voto religioso, una carrera contrarreloj

Bolsonaro se reunió con Tempesta, mientras que Haddad lo hizo con pastores evangélicos

Por Pablo Cesio

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¿Por qué tantos evangélicos apoyan a Bolsonaro? La pregunta retumbó hace poco y Aleteia, a través de un informe del profesor Miguel Pastorino intentó dar una respuesta.

Sin embargo, mientras todo esto acontecía, la dinámica política de los candidatos a la Presidencia de Brasil, tanto del ultraderechista Jair Bolsonaro como del candidato de izquierda por el Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luis Inácio Lula Da Silva, Fernando Haddad, continuaba y ambos movían sus piezas en búsqueda del voto religioso.

En ese sentido, en las últimas horas trascendió una reunión entre Bolsonaro –a quien las encuestas lo dan como el futuro ganador de las elecciones en segunda vuelta el próximo 28 de octubre- con el arzobispo de Río de Janeiro, el cardenal Oraní Tempesta.

Luego del encuentro, a través de una declaración pública, el propio Bolsonaro anunció la firma de un compromiso “antiaborto y a la legalización de las drogas”.

“Firmamos un compromiso en defensa de la familia, en defensa de la inocencia de la niñez en las escuelas; en defensa de la libertad de religión, contrario al aborto y a la legalización de las drogas”.

Bolsonaro, que se define como católico, y que se ha posicionado con un discurso en detrimento de algunas minorías, desde que está casado con una integrante de la Iglesia Bautista Actitud ha cosechado un sinfín de simpatizantes evangélicos dispuestos a votarlo en las próximas elecciones.

Esto de alguna manera le ha generado un aluvión de críticas de parte y desde algunos sectores, incluso, hasta se han generado movimientos pidiendo su excomunión.

“Jair Bolsonaro no es católico, y debe ser excomulgado porque usa el nombre de la religión, de forma contradictoria, por ámbitos personales, para asegurarle los votos del electorado cristiano, peor, inducir cristiano a un pensamiento de violencia”, dice una petición a través de la plataforma Change.org

También ha trascendido, por ejemplo, la discrepancia de Bolsonaro con la opinión de la Iglesia brasileña con respecto a temas como los pueblos originarios, medioambientales y sociales.

Haddad con evangélicos

De forma paralela, mientras esto sucedía, Haddad hacía lo propio y se reunía con los evangélicos, grupo con el cual intenta un acercamiento luego de la confirmación de que el grueso de estos votantes se ha hecho pro-Bolsonaro.

El triunfo en primera vuelta de Bolsonaro con el 46.03% de los votos lo deja a las puertas de la Presidencia de Brasil (por ahora se confirma una intención de voto del 59% en la segunda vuelta), proceso que es seguido de cerca por todos los países de la región y la posible confirmación del viraje del gigante sudamericano a la derecha.

En cuanto al voto religioso, las cartas están sobre la mesa y los movimientos continúan en lo que resta de la campaña.

¿Qué dice la Iglesia sobre Bolsonaro?

Hasta el momento la Iglesia en Brasil no ha emitido ningún pronunciamiento directo al respecto. No obstante, en los últimos días, el pasado 15 de octubre, se hizo público un documento titulado “Democracia: cambio con justicia y paz”, firmado por varias organizaciones, entre ellas algunas vinculadas a la pastoral social de la Iglesia brasileña, en el que se enfatiza “la defensa de la Constitución y la democracia”.

“La Constitución pretende garantizar el ejercicio de los derechos sociales e individuales, como valores supremos de una sociedad fraterna, plural y sin prejuicios”, señala el documento.

“En el proceso electoral actual, un movimiento antidemocrático hiere los valores supremos garantizados por la Constitución, apela al odio y la violencia, pone a los ciudadanos en contra de los ciudadanos y demoniza a los opositores”, denuncia el documento en otro pasaje de la carta, que reproducen medios, entre otros, como la Agenzia Fides.

“Por todo ello, nosotros, integrantes de organizaciones de la sociedad civil, portadores de la convicción de la inminente dignidad de la persona humana, fundamento de los derechos humanos, no podemos omitirnos. Respetamos a todos aquellos que, por motivos variados, hayan votado en la primera vuelta sin atentar para estos valores, pero queremos dialogar francamente con todos. La posibilidad de instalarse un gobierno como ese movimiento desea, retoma el pasado de dictadura ya superado”, prosigue.

Por último, alientan a la ciudadanía a que la elección del próximo 28 asegure “un futuro de Justicia y Paz para Brasil”. “Nuestro Brasil puede tener divergencias, pero sin odio”, enfatizan.

Por ahora, todo parece indicar que en Brasil, un país donde los católicos y evangélicos juegan un rol más que preponderante, los candidatos buscan el mejor de los posicionamientos en una auténtica carrera contrarreloj en la que Bolsonaro –según todas las encuestas- viene ganando de forma holgada en un momento en el que hasta aquel episodio del ataque que sufrió con un cuchillo parece cosa lejana.


Pérez Esquivel: “La Iglesia católica brasileña debe alzar su voz contra Bolsonaro”

octubre 18, 2018

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Pérez Esquivel: “Francisco es la única voz que habla frente al avance del dios dinero”  

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Pérez Esquivel: “La Iglesia católica brasileña debe alzar su voz contra Bolsonaro”

“Es importante revivir Medellín, Puebla y Aparecida. Volver a las fuentes y tener una presencia junto a los pueblos”

Francisco es la única voz que habla frente al avance del dios dinero” 

Por Hernán Reyes Alcaide, corresponsal de RD en El Vaticano.

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El ganador del Premio Nobel de la Paz en 1980, Adolfo Pérez Esquivel, convertido en un referente de los derechos de los pueblos latinoamericanos, pidió que la Iglesia católica brasileña tenga un rol más activo para evitar un triunfo del derechista Jair Bolsonaro que provocaría “un oscurantismo” en la región.

Además, en una entrevista exclusiva con Religión Digital aprovechando su visita a Roma para participar de la canonización de monseñor Romero, denunció el avance de Iglesias evangélicas “que apoyan la violencia” en el gigante sudamericano y resaltó la figura del papa Francisco: “Es la única voz que habla frente al avance del Dios dinero”.

¿Qué significa para América Latina la canonización de monseñor Romero?

Reivindicar a monseñor Romero es un hecho de Justicia. No solo como un cristiano que dio su vida para dar vida, como un mártir de la Iglesia latinoamericana, sino también ante la sociedad. Es reividicar a un salvadoreño que luchó por la dignidad de su pueblo, porque muchas veces lo reivindicamos como cristianos, pero esto es frente a una sociedad en la que fue incomprendido y castigado, acusado de muchísimas cosas.

La canonización de Romero es una reparación histórica también, de un pueblo que sufrió una dictadura, la persecución, la muerte. La pérdida de Romero fue un gran impacto porque era una voz profética para los pueblos latinoamericanos en un momento tan tremendo y particular.

Yo hablé con él dos días antes de que lo maten, lo llamé desde Barcelona porque pensaba encontrarlo y le dije que tenía que posponer la visita. Y el 24 de marzo me entero que lo mataron.

Este tema lo hablamos con Francisco en el primer encuentro que tuvimos después de que lo hicieron papa: era muy necesario sacarlo de los cajones porque era muy incomprendido también dentro del Vaticano.

Además, se dio el mismo día que fue elevado a los altares Pablo VI

La canonización conjunta de Pablo VI y Romero muestra lo importante que fue el Vaticano II. Con esa propuesta de volver a las fuentes de la Iglesia. En América Latina eso se concretó en Medellín, que fue como un sacudón para la Iglesia latinoamericana.

Los teólogos empiezan a ver que el Evangelio es liberador… de las personas pero también de las estructuras de la Justicia. Empezó una visión totalmente nueva dentro de la Iglesia: caminar con, y junto, al pueblo. Los príncipes de la Iglesia bajan y se transforman en pastores desde ahí.

Y tenía que llegar un papa latinamericano para hacerlo

Hay una continuidad de los tres como personas clave del Concilio Vaticano II: Pablo VI, Romero y Francisco. Hay que recordar el “Manifiesto de las catacumbas”, esa convocatoria de Hélder Cámara, que reúne a muchos hermanos que se congregan allí. Ahí está viva esa fuerza de caminar y vivir el Evangelio en el corazón de nuestros pueblos.

Es un mensaje que aparece más que necesario en la América Latina de hoy

Hoy ya no son las dictaduras militares, que las sufrimos y las sobrevivimos. Hoy tenemos a la dictadura del mercado. El poder económico y político está relegando a la persona humana, a los pueblos. Los derechos de los pueblos deben estar contemplados como un paso más allá de lo concebido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Y qué simboliza Francisco en ese contexto?

Francisco se consolida como la única voz que le habla a esta realidad, en la que parece que para muchos hay un Dios verde, el dólar, y todo el resto desaparece de la conciencia.

La prisión al ex presidente de Brasil Luis Inacio “Lula” Da Silva, ¿entra en esa definición de “dictadura de mercado”?

Lula está preso por haber sacado a más de 36 millones de personas de la pobreza extrema, y lo acusan de un delito que no cometió. Incluso el juez Moro dice que no tiene elementos jurídicos para meterlo preso, más allá de su suposición. Y ese tipo de comportamientos es acompañado por otros jueces, una devaluación de la Justicia que antepone los valores del mercado a los de la persona humana y los derechos de los pueblos.

Acá hay una responsabilidad desde Estados Unidos, que antes implantó las dictaduras militares y ahora lo que está haciendo, que inició con el piloto del derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras, es seguir la dominación continental, que nos lleva a una re-colonización junto a la política de ajustes y privatizaciones.

En Brasil, a días del balotaje, se ve una presencia fuerte de grupos evangélicos muy alienados con el candidato de la derecha, Jair Bolsonaro.

Hay Iglesias evangélicas que están apoyando la violencia de Bolsonaro en Brasil. Y hay otras que tienen un sentido fuerte del ecumenismo. Con ellas hay que desarrollar una campaña de valores, de concientización. Duele como cristiano ver lo que está pasando en Brasil. Tenemos que hacer memoria, no para quedarnos en el pasado sino para iluminarnos el presente.

Y yo me acuerdo que durante el gobierno de Donald Reagan, que formó un instituto de Iglesia y Democracia para la penetración de estas Iglesias evangélicas en América Latina. La religión alienante. Cómo estas Iglesias penetran y hacen una evangelización individualista, muy ligada al suceso económico.

Y entraron en América Latina con muchísimo dinero, con promesas de cosas materiales al que entraba. Estas Iglesias dañan las identidades, el sentido de ecumenismo.

¿Qué puede significar una victoria de Bolsonaro?

La victoria de Bolsonaro puede ser un peligro muy grande no solo para el pueblo brasileño, sino para todo el continente. Hoy tenemos, si hacemos una lectura continental, está Manuel López Obrador en México, pero no puede quedar aislado. Hay una destrucción de casi todos los gobiernos progresistas.

Bolsonaro va a hacer mucho daño a Brasil porque vuelven a surgir lo que pueden ser las consecuencias de los gobiernos autoritarios, con menos derechos ciudadanos, en nombre de la seguridad. Esperemos que el pueblo de Brasil tome conciencia, si no va a haber un oscurantismo y un daño muy fuerte.

La democracia es una construcción colectiva y es siempre perfectible.

¿Y la Iglesia católica?

Las Iglesias Evangélicas con ideas superadoras y la católica deben alzar su voz. Yo no creo en eso de que la Iglesia no se meta en política. La Iglesia siempre ha hecho política, de la buena y de la otra. La Iglesia tiene que tener una presencia activa.

Tiene que estar presente. Y no quedarse a un costado, tangencial a lo que son los problemas de la vida del pueblo de Brasil y de América Latina. Y por eso es importante revivir Medellín, Puebla y Aparecida. Hay que volver a las fuentes y tener una presencia junto a los pueblos.

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Card. Marc Ouellet: ‘La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia’

abril 3, 2018

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Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL), marzo 2018

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Card. Marc Ouellet: ‘La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia’

Discurso en la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina

Por Card Marc Ouellet

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(ZENIT – 16 marzo 2018).- Del 6 al 9 de marzo, tuvo lugar en el Palacio Apostólico del Vaticano la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) dedicada al tema “La mujer, un pilar en la construcción de la Iglesia y de la sociedad en América Latina”.

Publicamos a continuación el discurso pronunciado durante los trabajos por S.E. el  cardenal Marc Ouellet, PSS, Prefecto de la Congregación de los Obispos y Presidente de la Comisión Pontificia para América Latina.

También pueden leer aquí el discurso que expuso el Profesor Guzmán M. Carraquirry, Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina.

Discurso del Cardenal Mons. Marc Ouellet

La mujer a la luz de la Trinidad y de María-Iglesia

Actualmente se admite de buen grado la necesidad de un reconocimiento teológico y práctico más concreto de la mujer en la Iglesia y en nuestra sociedad[1]. El Papa Francisco lo ha reiterado en numerosas ocasiones siguiendo a sus predecesores, pero la ejecución de prácticas eclesiales más abiertas a su presencia e influencia[2] tarda en realizarse por razones que no son solamente de orden histórico y cultural.

Dejo a otros el análisis sociológico e histórico del problema para concentrarme en la investigación teológica que debe hacer su parte en este tema, con el fin de eliminar cuanto obstaculiza la promoción de la mujer y valorizar su dignidad a partir de las fuentes de la revelación cristiana.

De hecho, siguiendo las brechas abiertas por la exégesis contemporánea y las intuiciones del santo Papa Juan Pablo II, es posible profundizar el “misterio y los ministerios de la mujer”[3] en el designio de Dios, a partir de la persona del Espíritu Santo como Amor recíproco del Padre y del Hijo en la Trinidad, y así fundamentar mejor su dignidad y su papel tanto en la Iglesia como en la sociedad.

La cuestión debatida de la ordenación sacerdotal reservada a los varones ha hecho correr ríos de tinta y continúa suscitando la crítica de los adeptos a una concepción absolutamente paritaria de la igualdad entre el hombre y la mujer, desde el punto de vista de los roles que se les asignan en los diferentes ámbitos culturales.

No discutiré aquí la cuestión concreta del ministerio ordenado para la mujer, para concentrarme en el fundamento teológico del “misterio” de la mujer a la luz de la Trinidad y de la relación nupcial de Cristo y la Iglesia.

De entrada me inclino entonces por un método teológico que parte de la revelación de la Trinidad en Jesucristo, para comprender a la mujer, creada a imagen y semejanza de Dios, con la ayuda de la exégesis contemporánea acerca la Imago Deila cual restaura la legitimidad y el valor de la analogía entre la Trinidad y la familia[4], no obstante una fuerte tradición contraria.

Concedo sin embargo a esta analogía una importancia relativa en relación con el conocimiento de Dios que nos viene fundamentalmente de la Persona de Jesucristo en su misterio de la encarnación redentora. La analogía familiar aporta un complemento nada despreciable a la inteligencia del misterio trinitario, pero su valor estriba más en su significado antropológico.

El Papa Francisco se refiere a esto numerosas veces en su Exhortación Apostólica Amoris laetitia: «El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo vivo. Las palabras de san Juan Pablo II nos iluminan: ‘Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que él lleva en sí mismo la paternidad, la filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo’[5].

La familia, de hecho, no es ajena a la esencia divina misma. Este aspecto trinitario de la pareja encuentra una nueva imagen en la teología paulina cuando el Apóstol la pone en relación con el «misterio » de la unión entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5, 21-33)»[6].

Añado una última premisa que me parece importante para indicar el centro y el corazón de nuestra reflexión, a saber, el fundamento arquetípico de la mujer en la Trinidad, que es imposible de determinar sin una teología de la Alianza que abarque el entero designio de Dios sobre la humanidad y el cosmos.

A menudo este marco global hace falta en la reflexión teológica. Hans Urs von Balthasar insiste en este punto en su estética teológica, donde describe la manifestación de Dios al hombre en Jesucristo como misterio nupcial: «Hay una relación última esponsal y de alianza entre Dios y el mundo en cuanto tal (cf. la alianza de Noé) y la hay desde el principio en virtud del Logos que media en la obra de la creación, del Espíritu que se cierne sobre las “aguas”, y del Padre que hace al hombre, en la reciprocidad de macho y hembra, a imagen y semejanza de Dios, de un Dios que en su eterno misterio trinitario está ya configurado de un modo esponsal»[7].

Esta última afirmación, bastante audaz e innovadora respecto a la Tradición, representa un desafío para el pensamiento teológico en general y para la teología de la mujer en particular, porque plantea ya indirectamente la cuestión teológica del fundamento trinitario de la diferencia sexual.

¿Qué significa entonces esta relación nupcial interna a la Trinidad? ¿Habría un arquetipo de la mujer en el misterio íntimo de Dios? ¿Podemos apoyarnos en la teología de la Imago Dei para afirmarlo? ¿Cómo no caer entonces en el grosero antropomorfismo, típico de ciertas religiones, que consiste en proyectar en Dios la sexualidad humana?

Estas preguntas son hoy en día más relevantes que nunca y tienen graves implicaciones para el significado de la sexualidad, los valores del amor, la apertura a la fecundidad, el respeto a la vida, la educación y la vida en sociedad.

Porque el ámbito de la sexualidad, a pesar de los avances del conocimiento científico, parece más confuso que nunca y el tabú permanece, más o menos tácito, y se relaciona con Dios solamente desde el punto de vista moral. Razón de más para volver a poner sobre la mesa las cuestiones candentes de la actualidad: la mujer, la diferencia sexual, la familia, la fecundidad, el futuro del cristianismo, en un mundo cada vez más secularizado y antropológicamente incierto y confuso.

La Iglesia católica se ha preocupado intensamente de esto desde el Concilio Vaticano II, consciente de tener que superar algunos retrasos, pero también de servir a un Evangelio profético destinado al mundo.

I. La exégesis contemporánea de la Imago Dei y sus implicaciones para la inteligencia del misterio trinitario y de la dignidad de la mujer

Comencemos por hacer un resumen sobre la doctrina de la Imago Dei, replanteada en nuestra época gracias a los progresos de la exégesis.

El status quaestionis se encuentra bien resumido por Blanca Castilla de Cortázar, quien recurre al pensamiento liberador del papa Juan Pablo II frente a las interpretaciones históricas y culturales de la imagen de Dios en el hombre: «Haciendo un poco de historia, en la tradición judía se consideró que solo el varón era imagen de Dios, mientras que la mujer era derivada. Esto ha justificado la situación subordinada de la mujer en el mundo judío y musulmán en los que (sobre todo en este último) aun hoy se encuentra encerrada»[8].

El cristianismo aportó una liberación de principio a esta subordinación de la mujer, gracias a la actitud innovadora de Jesucristo respecto a las mujeres y a su impacto sobre su papel activo en la Iglesia de los orígenes, como lo atestigua el Nuevo Testamento[9].

Basta mencionar las escenas de la Samaritana, la mujer adúltera, la prostituta en lágrimas a sus pies, la unción de Betania, la primera aparición a María Magdalena, etc., para simbolizar la apertura de una nueva era en el reconocimiento de la dignidad de la mujer y de su igualdad con el hombre.

Los siglos posteriores asimilaron lentamente, y no sin notables resistencias culturales, la revolución de Jesús respecto a la mujer. En el capítulo que trata precisamente de la interpretación de la imagen de Dios, la Carta de Pablo a los Corintios, por ejemplo, permanece condicionada por la cultura circundante, que subordinaba la mujer al hombre: “El hombre… es la imagen y el reflejo de Dios, mientras que la mujer es el reflejo del hombre” (1Cor 11, 7).

De ahí las instrucciones de Pablo para que las mujeres se cubrieran con el velo y permanecieran calladas en la asamblea.

Se superarán poco a poco las influencias culturales que afectan al reconocimiento de la igualdad del hombre y de la mujer, si se desarrolla la idea de que la imagen de Dios está en el alma únicamente cuando se la considera asexuada, en razón de las facultades espirituales de conocimiento y amor, de inteligencia y voluntad, comunes a los dos.

Esto hará progresar la afirmación de que el hombre y la mujer, como miembros de la especie humana, son ambos igualmente imágenes de Dios, pero separadamente e independientemente de su sexo. Habrá que esperar al Siglo XX para que la pareja humana, con la diferencia hombre-mujer, sea incluida en la imagen de Dios.

Juan Pablo II dará a este aspecto un desarrollo magisterial decisivo en sus catequesis sobre la “teología del cuerpo” y en su Encíclica Mulieris Dignitatem, donde habla de la imagen de Dios en el hombre como Imago Trinitatis, “la unidad de dos” siendo contemplada a la luz de “la unidad de tres” de la comunión trinitaria[10]. De esta manera, él dio un impulso fundamental para una teología de la familia.

Al término de su status quaestionis, Castilla de Cortázar señala algunas cuestiones pertinentes para la profundización de la teología de la mujer a la luz de la Trinidad. Ella se pregunta cómo identificar el arquetipo trinitario, no solamente de la mujer, sino más específicamente de su cualidad de esposa y de madre.

Juan Pablo II dio un gran paso adelante, precisando la analogía entre la familia y la Trinidad en términos de communio personarum, pero no especificó, sin embargo, la relación entre las personas divinas y la distinción hombre-mujer. No obstante, él indicó la relación íntima entre el Espíritu Santo como amor que da vida, y la mujer que da la vida.

La obra está entonces abierta a nuevos desarrollos, pero la tarea no es fácil, dado el peso de la tradición y la tendencia, aún fuerte en el mismo Louis Bouyer[11], a descartar toda dimensión nupcial en la Trinidad por temor al antropomorfismo y por respeto a la absoluta trascendencia de Dios.

Superar este temor exige una exégesis rigurosa del texto del Génesis, acompañada por una teología del designio de Dios como misterio de Alianza que compromete la comunión de las Personas trinitarias en la relación nupcial de Cristo y de la Iglesia.

Sobre esta base aún por desarrollar positiva y especulativamente, anticipo un sí sin reserva a la cuestión del arquetipo de la diferencia sexual en Dios mismo, y por lo mismo, a la cuestión del fundamento trinitario de la dignidad de la mujer. La nocion de nupcialidad que guía mi reflexion estriba en tres conceptos que expresan lo esencial del amor: don, reciprocidad, fecundidad.

Esta noción se aplica analógicamente a diversos ordenes de realidad: a la pareja hombre-mujer, a la relación Cristo-Iglesia, y a las Personas divinas[12].

Así se prolonga la visión del santo papa de la familia, que dando un nuevo frescor a la analogía trinitaria de la familia, interpreta la Imago Dei como Imago Trinitatis, completando con ello, de manera feliz y fecunda, la doctrina tradicional de la imagen de Dios.

Hasta el momento, en efecto, esta se limitaba a la semejanza entre la naturaleza racional del hombre con sus facultades espirituales, y la naturaleza divina, eminentemente espiritual por una parte y, por otra, con las procesiones trinitarias: el Hijo procediendo del Padre como Verbo, y el Espíritu Santo procediendo del Padre y del Hijo como Amor.

Evidentemente hablar de analogía no significa hablar de univocidad; por consiguiente la semejanza evocada es matizada por la más grande desemejanza que se impone siempre en toda comparación entre el Creador y su criatura (DS 806)[13].

La cuestión es entonces compleja y delicada e invita a integrar las perspectivas complementarias más que a oponerlas[14]. Consideremos sobretodo que los avances contemporáneos ofrecen perspectivas amplias y fecundas para repensar la persona, la relación hombre-mujer y el misterio de Dios a partir del Amor como Don[15].

Algunas indicaciones exegéticas

Más allá de las interpretaciones clásicas de Gen 1,26-27[16], una mayoría de exégetas ve la semejanza en el hecho «que Adán es el representante real de Dios mismo, encarnando y ejerciendo su autoridad sobre la tierra y sobre todo lo que vive»[17]. Otro grupo sostiene con Claude Westermann que «la imagen de Dios debe encontrarse en la capacidad de relación con Dios que el hombre recibe de él»[18].

Bien comprendida en su contexto, la narración de la creación del hombre expresaría la voluntad de Dios de darse un compañero capaz de dialogar con él. Lo más interesante para nuestro propósito es constatar que la exégesis de Gen 1,26-27, según la tradición sacerdotal, traza los puntos en el sentido de una integración de la relación hombre-mujer al interior de la imagen-semejanza.

En efecto, si en lugar de separar ambos relatos de la creación, se ilumina el primero con el segundo, Gen 2,18-24[19], y con Gen 5,3, se tiene que la reciprocidad varón-hembra, a imagen-semejanza de Dios, le permite al hombre representarlo sobre la tierra e imitarlo, participando de su poder creador.

La insistencia de la tradición sacerdotal sobre la diferencia corporal de los sexos pretende así expresar el carácter fundamentalmente relacional del ser humano, sobre el plano horizontal de la relación entre el hombre y la mujer, así como sobre el plano vertical de la relación con Dios.

Régine Hinschberber llega a la conclusión de que Gen 1,26 sugiere «una relación de semejanza entre Dios que crea y el hombre, varón y hembra, que, bendecido por él, procrea»[20]. Así la expresión “Dios hizo al hombre a su semejanza” significaría que Él lo hizo «para ser fecundo como él»[21].

Está claro que el Génesis no explicita esta analogía en cuanto a la correspondencia de los miembros de la familia en relación con las Personas de la Trinidad. La exégesis de la imagen-semejanza pone solamente en relación dialogal una pareja fecunda y un “nosotros” divino (“Hagamos al hombre…”) indeterminado, manifestando su poder creador en la unión procreativa.

Esta perspectiva dinámica de la imagen que actualiza su semejanza por la vía de la unión procreadora, encaja por otro lado muy bien con la idea de alianza, de la cual la historia de Israel es la expresión privilegiada. El mensaje del Génesis consiste entonces en que esta estructura de alianza se inscribe ya en la complementariedad hombre-mujer, cuya reciprocidad fecunda se asemeja y corresponde al don del Creador.

Cuando Eva dio a luz a su primer hijo, exclamó: «Procreé un hombre con el Señor» (Gen4,1), destacando la intervención creadora de Dios en el don de la vida. Tomada en toda su amplitud, esta historia de alianza, ya inscrita en la creación de Adán y Eva, culmina en Cristo, el nuevo Adán, del cual el primero es la figura.

En efecto, él es por excelencia «la imagen de Dios» (2Cor 4,4), «la imagen del Dios invisible» (Col 1,15). Es entonces en él que la analogía familiar de la Trinidad alcanza su apogeo, y encuentra al mismo tiempo su superación hacia una analogía más profunda, fundada no solamente sobre la acción creadora de Dios, sino sobre el don de la Gracia y de la virginidad, una forma más alta de nupcialidad.

Esbozo de reflexión teológica

En el plano especulativo, si tomamos como punto de partida el Amor como revelación suprema de Dios en Jesucristo, podemos tratar de comprender este Amor a partir de las Personas divinas como «relaciones subsistentes» (Tomás de Aquino), porque coincide con ellas, y no tiene otra realidad aparte de su absoluta y asimétrica reciprocidad.

Tradicionalmente, las Personas divinas se comprenden distinguiéndose por el orden de las procesiones, y por la oposición de relaciones recíprocas en el Amor, según tres formas totalmente distintas en Dios.

Dios es Amor en cuanto Padre que engendra al Hijo consubstancial; es también el Amor engendrado que responde al Padre según su propio modo filial, reconociendo en Él su fuente y su término; es finalmente el Amor que procede de la reciprocidad del Padre y del Hijo, como Tercero que es Amor-comunión, la hipóstasis distinta de la reciprocidad en cuanto tal; no otro hijo o hija en la modalidad de los otros dos, sino un “nosotros” que incluye a los dos, mientras que se distinguen absolutamente.

De ahí los tres modos de amar en la Trinidad que expresan tres Personas completamente distintas y correlativas: el Amor paternal, el Amor filial, y me atrevo a calificar el tercero de Amor nupcial, a partir del hecho de que no es solo una reciprocidad entre dos sino entre tres, siendo el Espíritu un Tercero distinto que procede por modo de fecundidad de la reciprocidad, lo que le da esencial y personalmente derecho de ciudadanía en la triple y divina correlación del Amor.

En la experiencia humana, el niño, como hipóstasis de la reciprocidad de amor, es el fruto del amor conyugal, que es también una reciprocidad de tres ya que, si se hace abstracción del carácter fortuito de la generación y del factor temporal de su desarrollo, el niño pertenece intrínsecamente a la naturaleza misma de la donación mutua de los cónyuges (Balthasar).

Él es un tercero en el intercambio de amor nupcial-conyugal en el seno de una misma naturaleza, lo que no es el caso en ninguna otra relación afectiva. Ni la relación paternal-filial, ni la relación filial-maternal, ni las relaciones fraternales o de amistad hacen nacer un tercero carnal de igual naturaleza.

En cierto modo, el niño es un co-principio del amor de los esposos como fin intrínseco de su entrega mutua, aunque subjetivamente se puedan unir sin la intención explícita de la fecundidad.

Hemos nombrado antes al Espíritu Santo como el arquetipo del amor nupcial en Dios ya que Él es el «Nosotros» distinto en el Amor recíproco del Padre y del Hijo.

Un Nosotros en Quien el Padre y el Hijo se aman con un Amor paternal y filial conforme a su propiedad personal, pero también se aman con un “exceso” (surplus) de Amor que viene del Tercero, que enriquece por consiguiente sus relaciones, y nos permite calificar su fecundidad en Él como Amor nupcial.

La dimensión nupcial, a primera vista ajena a la relación Padre-Hijo, es debida exclusivamente al Espíritu y no puede proceder más que de Él como hipóstasis propia de la reciprocidad. Además de la hipóstasis del don generador y de la hipóstasis de la reciprocidad fecunda, existe la hipóstasis de la reciprocidad-comunión.

Es por esto que podemos decir que la Persona del Espíritu produce (engendra) en cierto modo un exceso de Amor en Dios, que sobre-califica las relaciones Padre-Hijo con otra nueva fecundidad que les es intrínseca, pero que les es irreductible debido a la propiedad personal del Espíritu.

Considero pues perfectamente justificado designar al Espíritu Santo como el Amor nupcial en Dios, retomando y profundizando la intuición de Agustín sobre el Espíritu como amor mutuo. Porque el Espíritu Santo es Amor de una manera que le es única, personal, en Dios que no es más que Amor.

Su papel de «vínculo» de amor entre el Padre y el Hijo, íntimo pero distinto, los enriquece de tal manera que se debe reconocer la fecundidad que le es propia caracterizándola de «nupcial» y «maternal».

En resumen, para concluir, esta manera de distinguir los tres tipos de hipóstasis en Dios a partir del Amor, me parece que va en armonía con su Nombre propio de «Espíritu de Verdad», porque la Verdad es el Amor consubstancial de las Tres Personas divinas que Él confirma en Sí mismo en su calidad de sigilo de la Unidad divina como Amor.

II. La Economía del Misterio nupcial trinitario como misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia

La hipótesis de partida de un arquetipo de la diferencia sexual en Dios supone, habíamos dicho, una teología de la Alianza donde Dios predestina la humanidad en Cristo a llegar a ser «partícipe de la naturaleza divina», que es el Amor eterno de las Personas trinitarias.

Este designio divino se cumple perfectamente en Cristo como «misterio nupcial», porque toda su trayectoria terrestre de encarnación es un connubium entre la divinidad y la humanidad.

Su misión redentora hasta el sacrificio supremo revela en efecto el Amor del Padre hacia la humanidad, y su resurrección de entre los muertos confirma el Amor del Padre hacia su propio Hijo, ascendido a su derecha, y hacia la humanidad reconciliada y santificada, por el Don y efusión del Santo Espíritu.

La resurrección de Cristo y el don del Espíritu son la prueba del éxito del proyecto de Dios como misterio de Alianza; pero la pregunta queda, a saber: ¿Cómo podemos inferir de esto que exista un misterio nupcial interno a la Trinidad?

Podemos lograrlo releyendo en términos más explícitamente nupciales las relaciones intra-trinitarias que se desarrollan en la economía de la salvación.

En efecto, el misterio de la encarnación consiste en la generación del Hijo en la carne por la mediación del Espíritu Santo; esta generacion se expresa de parte del Hijo como obediencia de amor al Padre hasta la muerte de Cruz, de donde Cristo resurge de los infiernos en virtud del Beso de Resurrección que recibe del Espíritu del Padre, como Amor nupcial confirmando su Filiación divina en su carne resucitada (Rom 1,4) y haciéndola capaz de difundir el Espíritu de vida sobre toda carne.

El momento de la procesión del Espíritu en la Trinidad inmanente corresponde al momento de la resurrección en la economía de la salvación: Cristo resucitado es el Esposo humano-divino que sale victorioso de la alcoba nupcial; ya que la generación del Hijo en la carne llega allí a su término, en la fecundidad recíproca del Padre y del Hijo que co-espira el Espíritu de Amor en la economía de la salvación; primero en la carne de Cristo Resucitado y, a través de él, en toda la humanidad redimida, convertida en Él y por Él, en interlocutor fecundo del misterio de la Alianza.

En otras palabras, el acontecimiento de la encarnación como misterio de Alianza es la traducción perfecta, en la economía, del misterio nupcial de la Trinidad inmanente. El orden de las procesiones trinitarias es respetado en el sentido que la generación del Hijo precede y hace posible la procesión del Espíritu, que precisamente se realiza como sello nupcial en el connubium histórico y escatológico de ambas naturalezas de Cristo en su vida-muerte-resurrección.

Esta efusión íntima y fecunda del Amor trinitario en la encarnación del Hijo culmina en la Eucaristía, misterio nupcial por excelencia de Cristo y de la Iglesia.

Después de esta visión general del plan divino, debemos detenernos en la figura del Espíritu que se convierte en el gran protagonista de la encarnación del Amor trinitario después de la resurrección de Cristo, pero de acuerdo con su propio modo de ser que es de comunión. Por eso Él es el gran actor y animador de la respuesta de la Iglesia Cuerpo y Esposa de Cristo al don de la comunión trinitaria.

Como en la Trinidad inmanente, su acción en la economía es comunional y más precisamente nupcial y maternal. Él da la Vida divina, comenzando con la maternidad divina de la Virgen María que acompaña prolongándola en su maternidad espiritual en la Cruz y en Pentecostés[22].

El Espíritu dona también la estructura jerárquica de la Iglesia como la representación de Cristo Cabeza y Esposo al servicio de la comunión del pueblo de Dios, que él enriquece aún con múltiples dones y carismas. Al hacerlo, el Espíritu se manifiesta como Aquel que da la vida divina, uniendo y distinguiendo, salvaguardando siempre las diferencias para que la unión sea de comunión y no de uniformidad.

Como en la Santísima Trinidad donde la Persona del Espíritu corona la unidad divina, la Tri-Unidad, consagrando la diferencia absoluta de las Tres Personas trinitarias. Cada una es Persona según su modo propio pero siempre consubstancial con los Demás en el Amor absoluto.

No hay tres Personas idénticas y uniformes en la Santísima Trinidad, sino tres Personas cuya propiedad personal realiza una manera de ser Amor en Dios completamente diferente, pero en la unidad de la misma naturaleza: el Amor paternal, el Amor filial, y el Amor nupcial.

Detengámonos ahora en el arquetipo de la maternidad en Dios que la Tradición tiende a situar también en el Espíritu Santo. En efecto, Él es confesado en el Credo como aquel que «da la vida», y es descrito en la Santa Escritura como cercano a la Mujer, sea de la Virgen María en todo su misterio, desde la Anunciación hasta Pentecostés y la Asunción, sea de la Esposa del Apocalipsis con la cual aspira el regreso del Señor Jesús (Ap 22,17).

Esta proximidad del Espíritu y de la Mujer no es como la de un Esposo, sino es aún más íntima, como el “Nosotros” en Quien se cumple el misterio nupcial, a pesar de la inadecuada opinión medieval del Espíritu como el Esposo de la Virgen. El Espíritu no es el que desposa, Él es Aquel en Quien y por (para) Quien los esponsales del Verbo de Dios y de la humanidad se realizan en el seno de la Virgen María.

El Espíritu mediatiza estos esponsales en cuanto amor nupcial y maternal que vehicula la semilla del Padre, y que conjuga las dos naturalezas del Verbo encarnado en el seno virginal de María, gratificándola al mismo tiempo de su SÍ inmaculado y sin reservas a la Palabra divina.

Por lo tanto, el Espíritu cumple activamente el misterio de la encarnación como Persona-comunión que actúa al servicio del Padre y del Hijo y persigue esta mediación nupcial a lo largo de la encarnación del Verbo hasta su misterio pascual.

Es maravilloso contemplar esta mediación nupcial del Espíritu que inspira y acompaña, en paralelo asimétrico, la obediencia de Jesús a su Padre y la disponibilidad ilimitada de María a la Palabra de Dios. Esta comunión perfecta en la obediencia de amor se consuma al pie de la Cruz, cuando el Hijo y la madre sufren al unísono la pasión de amor del sacrificio redentor.

Al recoger el último aliento de su Hijo crucificado -preludio de la efusión del Espíritu- la Virgen Inmaculada es elevada por el Espíritu a la dignidad de Esposa del Cordero inmolado y Madre de la Iglesia. Su nueva maternidad eclesial en el Espíritu trasciende entonces la relación Madre-Hijo según la carne, así como en Dios la fecundidad nupcial del Espíritu trasciende la relación Padre-hijo y le confiere una nueva dimensión.

El Espíritu Santo fecunda continuamente esta maternidad de María-Iglesia a través de la economía sacramental, especialmente en la celebración del misterio pascual donde él procede a la efusión eucarística del Verbo encarnado que, acogida en la fe de la Iglesia, la constituye como Cuerpo y Esposa de Cristo. De ahí la denominación Ecclesia Mater que está vinculada a su participación íntima a la propiedad nupcial-maternal del Espíritu del Padre y del Hijo.

Volvamos sin embargo al Espíritu en la Trinidad inmanente para identificar más de cerca esta dimensión materna de su persona y de su acción ad intra y ad extra.

Estando el “Nosotros” constituido por la reciprocidad asimétrica, pero perfectamente consubstancial del Padre y del Hijo, el Espíritu deja entrever su dimensión maternal por el reflujo de Amor nupcial que enriquece activamente a las otras dos Personas (Espiración activa–pasiva), pero en modo subordinado a causa de la primacía de las Otras dos (el orden de las procesiones), lo que no afecta de ninguna manera la igualdad perfecta de los Tres fundada sobre su triple consustancialidad.

De aquí, en el plano del lenguaje, la preposición “en” que habitualmente acompaña la mención del Espíritu Santo, ya sea en la oración litúrgica de la Iglesia o en la expresión teológica de su misterio. De hecho, el Dios Uno y Trino es Amor que declina así su misterio: Amor tri-personal que procede del Padre por el Hijo en el Espíritu, una Vida eterna en perpetuo intercambio cuyo flujo y reflujo constituyen su misterio infinito como Deus semper maior.

Este acontecimiento de Amor paternal, filial y nupcial que es la Trinidad inmanente se puede vislumbrar en la economía de la salvación, donde las Personas divinas revelan su misterio nupcial íntimo en sus relaciones de alianza en Cristo y María-Eclesia, con cada persona humana y con la humanidad en su conjunto.

Esto es así porque el Espíritu Santo posee en Sí mismo la Vida que procede del Padre a través del Hijo. Él la posee como recibida pasivamente-activamente de los otros dos y agregando a eso por su propiedad personal, una nueva fecundidad nupcial y materna que es de comunión, de vida nueva, de libertad cada vez más grande en el Amor.

Esta es la razón por la cual el papel del Espíritu ad intra y su actividad ad extra en la Iglesia y el mundo llevan el signo de la armonía, de la unidad en la diversidad, de la libertad y de la gratuidad, de la fecundidad que merece su título de Gloria como Amor nupcial y maternal. San Ireneo escribe: «Allí dónde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y dónde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y todo tipo de gracias»[23].

Por lo tanto también la obra de santificación y de glorificación que opera en la economía de la salvación aparece en perfecta conformidad con su personalidad trinitaria. De ahí la belleza de la Iglesia-Comunión que procede de la kénosis eucaristica del Verbo encarnado, como personalidad femenina animada por el Espíritu, y su figura de Esposa y madre.

De ahí no resulta que el Espíritu Santo sea su hipóstasis exclusiva, porque él es el “Nosotros” que contiene en sí el Amor del Padre y del Hijo, constituyendo pues juntos, la Iglesia como Sacramentum Trinitatis.

El Espíritu Santo trinitario, kenótico como las otras dos Personas de las que procede, se esconde personalmente en el corazón del misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia, y garantiza que la unidad de la Iglesia esté constituida por la unidad trinitaria del Padre, del Hijo y del Santo Espíritu, como lo expresa acertadamente el Concilio Vaticano II (LG 4)[24].

III. La figura trinitaria de la mujer y sus implicaciones en cuanto a su dignidad y su papel en la Iglesia y la sociedad.

Las anteriores reflexiones han intentado integrar la herencia de Agustín sobre el Espíritu como Amor mutuo y la de Ricardo de San Víctor sobre el condilectus, recurriendo a la analogía nupcial y familiar que se encuentra en Gregorio Nacianceno y Buenaventura, al igual que a la exégesis contemporánea sobre la Imago trinitatis.

La originalidad de nuestra posición se centra sobre esta especificación nupcial que permite a la vez salvaguardar la unidad divina como Amor, y valorizar la imagen de Dios en el hombre y la mujer como don de amor recíproco fecundo en la familia y la sociedad.

En esta perspectiva, la dignidad y el papel de la mujer reaparecen notablemente fortalecidos, a la luz de su fundamento relacional en la Santa Trinidad. Este fundamento está bien establecido, me parece, en la procesión del Espíritu Santo (espiración activa–pasiva) que se manifiesta como Amor nupcial irreductible a la fecundidad propia del Amor paternal y filial.

La novedad del Espíritu de Amor refluye como hemos dicho sobre la fecundidad paternal y filial y le confiere una nueva dimensión que justifica el recurso a la simbología nupcial y familiar para dar cuenta de las riquezas inconmensurables de las relaciones trinitarias, y afirmar en consecuencia la verdad del fundamento arquetípico de la mujer en el Espíritu Santo en su juego de relaciones con el Padre y el Hijo.

Si lo propio de la mujer es dar recibiendo (esposa) para ser activamente fecunda (madre) en la misma medida en que ella recibe, ¿no es ella la imagen y, de cierto modo, la participación, y del Hijo que espira el Espíritu en la recepción de lo que él es del Padre y el don que él le da, y del Espíritu Santo que también “vive y enriquece” este movimiento triple de recepción, regalo, fecundidad?

La manera de amar de la Virgen María, tan íntimamente vinculada al Espíritu, se manifiesta en su disponibilidad inmaculada hacia el Padre (esposa) y en el servicio incondicional al Hijo (madre) al que el Espíritu Santo concibe en su seno virginal y que lo acompaña en todo su trayecto de encarnación[25].

El arquetipo de la mujer como esposa y madre en el Espíritu Santo se fundamenta así en estas relaciones trinitarias recíprocas que conocemos por el misterio de la encarnación. Esta conclusión se basa como hemos visto en la exégesis contemporánea de la imagen de Dios como Imago Trinitatis, y en el designio de Dios como misterio de Alianza interpretado con la simbología nupcial, que es la más evidente y adecuada con la Biblia.

Repercusiones

¿Cuál es la importancia de estos logros para la dignidad de la mujer y para las consecuencias eclesiales y sociales concretas que legítimamente se deberían sacar?

Primero, la identificación del arquetipo relacional de la mujer en la Trinidad confirma de inmediato su dignidad de imagen de Dios como persona, mujer, esposa y madre. Esto también confirma los valores del amor, del matrimonio y de la familia, así como las vocaciones virginales sobrenaturales que reciben un apoyo fuerte teológico y espiritual.

En segundo lugar, su vínculo privilegiado con el Espíritu Santo, y en el Espíritu con el Hijo eterno y encarnado, configura su originalidad relacional y su manera de amar como mujer que acoge, consiente, responde y sorprende por su respuesta doblemente fecunda, natural y sobrenatural, asimétrica, original, procreadora, irreductible a cualquier otro modelo que no sea su modalidad personal de amar como Dios ama.

En tercer lugar, la mujer se confirma poderosamente en su papel de esposa y de madre, sin limitarse a estos roles, ya que su feminidad abierta florece en diversos niveles y tonalidades que sobrepasan el núcleo familiar hacia todos los ámbitos de actividad e influencia, particularmente en el campo de la vida consagrada.

De aquí su aportación única e irreemplazable al mundo del trabajo, de la salud, la actividad social, caritativa y política, en la ciencia, las artes y la filosofía, la teología, la profecía y la mística, etc., donde su personalidad y sus múltiples carismas naturales y sobrenaturales pueden desarrollarse y contribuir al Reino de Dios y al bien común de la sociedad y de la Iglesia.

En cuarto lugar, no hace falta decir que a partir de esta base teológica y señalando la falta de integración de la mujer según su vocación propia y sus potencialidades, a nivel social y eclesial así como a nivel pastoral y misionero, se hace necesaria una vigorosa promoción de la mujer en todos los niveles (incluyendo la confirmación de su vocación de esposa y de madre!) y se requiere una lucha paciente y perseverante para favorecer su libertad de actuar y de vivir según sus carismas, su vocación y su misión, que son irreductibles a los esquemas culturales patriarcales o matriarcales vehiculados en las diferentes sociedades.

En quinto lugar, la teología en general, y la teología de la mujer en particular, requieren una escucha atenta y sin prejuicios de la teología de las mujeres, una contribución desconocida pero ya disponible en la Tradición, que la Iglesia reconoce simbólicamente mediante la declaración de algunas de ellas como “doctoras de la Iglesia[26], con la esperanza de que estos gestos simbólicos fomenten la participación de las mujeres en todos los niveles de la producción filosófica, teológica y mistica.

Por una civilización del amor

En definitiva, la manera de ser y de amar de la mujer comporta cualidades indispensables para el progreso de la Iglesia y de la sociedad. En efecto, su persona se desarrolla de manera ejemplar y fecunda por su disponibilidad nativa a la voluntad del Padre y al servicio de la Palabra de Dios en el Espíritu.

La mujer se pone y se reconoce del lado del Verbo que es segundo, proferido, engendrado, y fecundo a cambio de su amor consubstancial al Padre, que es “más” que filial en virtud del Espíritu que él espira en dependencia del Padre.

De ahí, por consiguiente, la participación de la mujer en la dimensión nupcial y maternal del Verbo y del Espíritu, que se manifiesta en su manera de amar, recibida y “auxiliatrix”, pero igual en dignidad y doblemente fecunda.

Su forma de amar, tierna, compasiva, envolvente y fecunda, es irreductible al modelo masculino del amor, más intrusivo y puntual, esporádico y planificado, así como a la psicología masculina más univoca, particularmente en el modo de administrar las relaciones sociales y la influencia cultural, política o espiritual.

La diferencia femenina no tiene que ser borrada por el modelo masculino, que necesita ser complementado por las cualidades indispensables de la feminidad, de la maternidad y de la fecundidad múltiple y diversificada de la mujer, so pena de caer en una dominación injusta que provoca el antagonismo del hombre y de la mujer mientras que son llamados a la comunión.

Finalmente, a la luz de la Sagrada Familia, imagen por excelencia del misterio de la Trinidad y de la Iglesia, la figura de la mujer accede en María a una realización sin igual de perfección humana y sobrenatural, en virtud de su verdadero matrimonio, vivido en relaciones humanas auténticas y virginales, pero no asexuadas, con Jesús y José.

Esta superación de la sexualidad conyugal natural en ella no implica ningún desprecio de su valor, sino solo su prolongación al nivel superior de la fertilidad sobrenatural de los sexos en el seno de relaciones virginales[27].

José no fue disminuido en su sexualidad por el hecho de no haber engendrado a Jesús, al contrario fue enriquecido y fortificado en su paternidad putativa natural-sobrenatural por una calidad incomparable de relaciones virginales, en humilde correspondencia con el misterio de Jesús y de su madre.

En este sentido, ¿quién no ve la importancia de estas consideraciones para la promoción de la vida consagrada bajo todas sus formas en la Iglesia? Porque las vocaciones sacerdotales y religiosas expresan la fecundidad propia del Espiritu Santo en la Iglesia Esposa dotada por Él de carismas variados al servicio de la comunión y de la misión.

Estas vocaciones gratuitas y virginales vividas en comunión con el Esposo eucarístico, demuestran por su fidelidad y su fecundidad virginal, junto con la familia, iglesia doméstica, que el Evangelio de Dios Amor responde en plenitud a todas las aspiraciones del corazón humano desde el centro de gravedad “sacramental-escatologico” del misterio nupcial de Cristo y de la Iglesia.

¿No habría en esta profundización teológica un recurso precioso para superar la controversia alrededor del ministerio ordenado reservado a los varones?

Y para reanimar la llama en el corazón de tantas mujeres en busca de una vocación, donde la respuesta no sea solo un servicio social o profesional, una carrera cualquiera, o incluso un servicio desinteresado a los más pobres, sino la fascinación del Amor divino simplemente, un Amor filial, nupcial y maternal, que llene el corazón, el alma y el espíritu de alegría y de pasión para la evangelización del mundo.

Conclusión

¿Qué más podemos añadir como conclusión a estas reflexiones teológicas para remarcar la importancia del “misterio” de la mujer y de su contribución indispensable para la vida social y eclesial?

Dada la cercanía del Espíritu y de la mujer en el designio divino de la creación y de la encarnación de la gracia; dada la participación íntima e insuperable de la Virgen María en las relaciones trinitarias recíprocas del Verbo y del Espíritu, ¿no deberíamos reconocer este “misterio” de la mujer calificando de “ministerios sagrados”, sin connotaciones clericales de ningún tipo, sus múltiples funciones y papeles femeninos en la sociedad y la Iglesia: esposa y madre, inspiradora y mediadora, redentora y reconciliadora, ayuda y compañía indispensable para el hombre en cualquier tarea y responsabilidad social y eclesiástica.

Que sobresalga la escucha, la apertura, la reparación de injusticias y la valoración de los carismas femeninos de parte de todos y de todas, y en particular por parte de las autoridades civiles y religiosas, para que se reconozca e integre más y mejor la diferencia femenina!

Es comprensible entonces que la Iglesia católica, desde la inmensa gracia del Concilio Vaticano II, haya librado una lucha decisiva y permanente por el respeto de la diferencia de los sexos en todas partes y en todos los niveles, ya sea en el ámbito del trabajo, del matrimonio y la familia o en el del ministerio ordenado, y continúa haciéndolo, incluso en solitario, contra toda “colonización ideológica” (Papa Francisco) que pretenda anular la diferencia sexual en la cultura, y por lo tanto la figura original de la mujer, en nombre de una antropología libre de todo vínculo trascendente.

El tema de la mujer es de tal importancia hoy en día que requiere que la Iglesia y la sociedad realicen una inversión colosal de pensamiento y de acción, para iluminar correctamente las elecciones de la sociedad y para permitir que la imagen de Dios en el hombre y la mujer, en dolor y deseo de comunión, alcance la divina semejanza del Amor sin la cual no hay ni felicidad posible para la humanidad ni sociedad digna de este nombre.

[1] Cf. Ruolo delle donne nella Chiesa. Actas del simposio promovido por la Congregación para la Doctrina dela Fe, Roma 26-28 septiembre 2016, LEV.

[2] Papa Francisco: «Estoy convencido de la urgencia de ofrecer espacios a las mujeres en la vida de la Iglesia y de acogerlas, teniendo en cuenta las específicas y cambiadas sensibilidades culturales y sociales. Por lo tanto, es de desear una presencia femenina más amplia e influyente en las comunidades, para que podamos ver a muchas mujeres partícipes en las responsabilidades pastorales, en el acompañamiento de personas, familias y grupos, así como en la reflexión teológica» (Discurso a los participantes en la Plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, 7 de febrero de 2015).

[3] Cf. Louis Bouyer, Mystère et ministères de la femme, Aubier Montaigne, 1976 (Trad. esp.: Misterio y ministerios de la mujer, Fundación Maior, 2014). De considerarse como un ensayo de justificación teológica de la posición de la Iglesia sobre la cuestión del ministerio ordenado reservado al hombre, previo a la declaración Inter Insigniores de 1976.

[4] Cf. Marc Ouellet, Divine ressemblance. Le mariage et la famille dans la mission de l’Église, Ed. Anne Sigier, 2006, p. 35-58.

[5] Homilía en la Eucaristía celebrada en Puebla de los Ángeles (28 de enero de 1979): AAS 71, (1979), p.184.

[6] Papa Francisco, Exhortación Apostólica Amoris laetitia, n. 11; ver también, n. 71.

[7] Hans Urs von Balthasar, La Gloire et la Croix. I. Apparition, Aubier 1965, p. 488 (Trad. esp. Gloria. Una estética teológica ILa percepción de la forma, Ed. Encuentro, 1985, p.513). Cf. también Adriana von Speyr, Teología de los sexos, Ed. San Juan, 2018.

[8] Blanca Castilla de Cortázar, «Mujer y teología: la cuestión de la imagen de Dios»en Arbor, vol. 192, n. 778, 2016.

[9] Cf. Mary Healy, Women in Sacred Scriptures: New insights from exegesis, en Ruolo delle donne nella Chiesa, op. cit., 43-54: «The New Testament thus provides abundant evidence that both in the ministry of Jesus and in the early church women were present not only as disciples but also as initiators and leaders who actively participated in the ministry of the gospel in a variety of ways» p. 53.

[10] Cf. Juan Pablo II, Carta Apostólica Mulieris dignitatemn. 6-8. «El ser persona significa tender a su realización, cosa que no puede llevar a cabo si no es “en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. El modelo de esta interpretación de la persona es Dios mismo como Trinidad, como comunión de Personas. Decir que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de este Dios quiere decir también que el hombre está llamado a existir “para” los demás, a convertirse en un don»: n. 7.

[11] L. Bouyer, Mystère et ministères de la femme, op. cit. p. 41-42.

[12] Cf. mi libro Dans la Joie du Christ et de l’Église. Au cœur d’Amoris laetitia : intégrer la fragilité. Parole et Silence, 2018, 119s.

[13] El Catecismo de la Iglesia Católica lo expresa en términos que enfatizan los límites de la analogía: «Dios no es, en modo alguno, a imagen del hombre. No es ni hombre ni mujer. Dios es espíritu puro, en el cual no hay lugar para la diferencia de sexos. Pero las “perfecciones” del hombre y de la mujer reflejan algo de la infinita perfección de Dios: las de una madre (cf. Is 49,14-15; 66,13; Sal 131,2-3) y las de un padre y esposo (cf. Os 11,1-4; Jr 3,4-19)», n. 370.

[14] Ver el excursus «Image et ressemblance de Dieu», en Hans Urs von Balthasar, La Dramatique divineLes personnes du drame. 1. L’homme en Dieu, Lethielleux, 275-290; et 318-334 ; 355-359 (Trad. esp.: «Imagen y semejanza de Dios. Excursus 3», en Teodramática 2. Las personas del drama: El hombre en Dios. Ed. Encuentro, 1992).

[15] Cf. M. Ouellet, Divine ressemblance, op. cit., p. 56-58.

[16] Dijo Dios : «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó».

[17] Francis Martin, «Male and Female He Created Them: A Summary of the Teaching of Genesis Chapter One» en Communio International Review, 20 (1993), 247.

[18] Ib., 258. Ver también: Claus Westermann, Genesis I-II, A Comentary, Minneápolis, Augsburg Publishing House, 1984, p. 147-161 y especialmente p. 157-158.

[19] Y el Señor Dios formó de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán. Adán dijo : «Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre sera ‘mujer’, porque ha salido del varón» (Gn 2, 22-23)

[20] Régine Hinschberber, «Image et ressemblance dans la tradition sacerdotale», en RSR 59 (1985), p. 192.

[21] Para un desarrollo más amplio, cf. M. Ouellet, Divine ressemblance op.cit., p. 43-48.

[22] De aquí la superioridad del “principio mariano” sobre el “principio petrino” en la comunión de la Iglesia que Balthasar desarrolla en: Le Complexe antiromain, Apostolat des éditions, 191-235 (Trad. esp.: El complejo antirromano, BAC, 1971). La estructura ministerial, por importante que sea, se funda sobre la institución por Cristo, y sobre el Amor envolvente de la Madre que constituye, en el Espíritu Santo, la identidad fundamental de la Iglesia como Esposa, en la que se inscribe la representación ministerial-petrina del Esposo, en dependencia y al servicio del “ministerio” más fundamental del amor, que la Virgen Madre y toda mujer encarna en su propia persona.

[23] S. Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, III, 24. 1.

[24] De notar el aspecto inaferrable y kenótico del Espíritu que la Escritura expresa mediante los símbolos universales del agua, el fuego y el viento, lo mismo que por los símbolos sacramentales de la unción, y de la transubstanciación del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de Cristo (epíclesis)Este carácter “fluído” de su Persona parece contrastar con el carácter más definido y preciso del Amor paternal y filial, pero de hecho él lleva a su plenitud la expresión del Amor trinitario común a las Tres Personas como des-asimiento de sí, efusión bienaventurada de sí, como Amor cuya felicidad radica en no ser para sí.

[25] Nos remitimos aquí a cuanto se decía más arriba sobre el misterio de María, madre del Verbo encarnado, que el Espíritu Santo fecunda desde el interior y acompaña hasta elevarla a la dignidad de la Esposa del Cordero inmolado, llegando a ser por él y con él, en su total dependencia, co-espiradora del Espíritu sobre toda la posteridad eclesial y, por lo tanto, Madre de la Iglesia. Lo que la piedad popular expresa en este sentido a través de María, mediadora de todas las gracias, se fundamenta precisamente en este misterio trinitario-nupcial dado en participación.

[26] Pablo VI dio el primer paso declarando en 1970 doctora de la Iglesia a Catalina de Siena y Teresa de Ávila. Luego han seguido Teresa del Niño Jesús (1997) e Hildegarda de Bingen (2012).

[27] Cf. H.U. von Balthasar, La Dramatique divine II. op. cit., p. 361-2.

© Librería Editorial Vaticano

https://es.zenit.org/articles/card-marc-ouellet-la-mujer-a-la-luz-de-la-trinidad-y-de-maria-iglesia/

Ver resumen: https://ismaelojeda.wordpress.com/2018/04/02/mujer-a-imagen-y-semejanza-de-dios/


El Papa confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales

febrero 16, 2018

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El Papa Francisco con los jesuitas de la Provincia del Perú, en la Iglesia de San Pedro de Lima.

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El Papa confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales

“¿Los blogs que me llaman hereje? Sé quiénes son, pero no los leo, por mi salud mental”

Los casos de pederastia “son la desolación más grande que la Iglesia está sufriendo”  

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Por Jesús Bastante

Los casos de pederastia “son la desolación más grande que la Iglesia está sufriendo“. El Papa Francisco se sinceró con los jesuitas de Chile y Perú durante su último viaje, en sendos encuentros (16 y 19 de enero), cuyo contenido publica íntegramente La Civilta Cattolica.

En los mismos, Bergoglio confiesa que cada viernes se reúne con víctimas de abusos sexuales.

“A veces se sabe, y otras veces no”, apunta el Papa sobre estas reuniones, donde escucha, consuela y llora con las víctimas. “Es horrible. Hay que escuchar lo que prueba un abusado o abusada (…) Su proceso es durísimo. Se quedan destrozados, destrozados“, recalca Francisco.

Para el Papa, cualquier caso de pederastia “es una gran humillación para la Iglesia”, pues “muestra no sólo nuestra fragilidad, sino también, digámoslo claramente, nuestro nivel de hipocresía“.

“Es curioso que el fenómeno de los abusos ha tocado algunas de nuestras congregaciones nuevas y prósperas. Allí los abusos están siempre vinculados al poder“, añadió Francisco, quien recordó un momento de vergüenza que sintió cuando, siendo arzobispo de Buenos Aires, se acercó a la Plaza de Mayo mientras se recordaba a los desaparecidos.

“Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení… Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y… ¡qué vergüenza!”, recordó el Pontífice.

En su diálogo con los jesuitas peruanos, el Papa es especialmente duro con aquellos que dicen “como recurso consuelo” que, mirando las estadísticas puede haber más pedófilos en la familia o la escuela que en la Iglesia.

“La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto…. ¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada”.

En este punto, el Papa denunció que “el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas”, y que, en estos casos, “es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas“.

“Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos”, lamentó.

“Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza… Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos”, reflexionó el Pontífice.

En la conversación, el Papa también desveló que conoce aquellos blogs que “me acusan de hereje”, pero que no los lee “por mi salud mental”. “Sé quienes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por mi salud mental. Si hay algo serio, me informan para que lo sepa. Es un disgusto, pero hay que seguir adelante”, constata.

Según resume Spadaro, Francisco también reflexonó sobre las grandes alegrías y dolores de su pontificado, apuntando que, desde el momento en que se dio cuenta que iba a ser elegido Papa, sintió mucha paz. Una paz que no se le ha ido hasta la actualidad y que siente como un regalo puro.

También expresó que “no se puede hablar de resistencias durante su pontificado”, sino de “reacciones que nacen de malentendidos y que le enseñan a examinar mejor el significado de las disputas”.

Al tiempo, añade Spadaro, Bergoglio “habló de la importancia de acercar la Iglesia a la gente, de crear vínculos cercanos a las personas y del peligro de la mundanidad, el peor mal que le puede suceder a la Iglesia, así como de la importancia de aprender a descubrir los engaños del mundo”.

Éste es el diálogo íntegro, transcrito por Antonio Spadaro, sj:

El martes 16 de enero de 2018, al final del primer día pleno de su viaje apostólico a Chile y Perú, el papa Francisco tuvo un encuentro con 90 jesuitas chilenos en el Centro Hurtado de Santiago sobre las 19.00 horas.

Al llegar al lugar pudo ver la reproducción de la camioneta verde, marca Ford, con la que san Alberto llevaba ayuda a los pobres de la ciudad: un verdadero símbolo de pasión apostólica. El Papa fue acompañado por el Provincial, P. Cristian del Campo, a la capilla en la que se conservan los restos del jesuita san Alberto Hurtado.[1]

Inaugurado en 1995, el santuario custodia la tumba del santo, un sarcófago en piedra que contiene terrones originarios de cada región de Chile que simbolizan el abrazo de todos los fieles del país.

El P. Provincial saludó al Papa en nombre de todos los jesuitas -entre los cuales se hacían notar muchos jóvenes- y le preguntó cómo se encontraba en Chile y cómo había percibido la acogida en el país. El encuentro se hizo inmediatamente muy familiar y cálido. El P. Del Campo le presentó al Papa a los pp. Carlos y José Aldunate, dos hermanos de 101 y 100 años, respectivamente.

Sigue el texto de la conversación transcrito y aprobado en esta forma para su publicación por el mismo Pontífice.

Antonio Spadaro S.J.

Francisco comenzó con estas palabras:

¡Me alegra ver al padre Carlos! Fue mi director espiritual en el año 1960 durante mi juniorado. José era el maestro de novicios en aquella época, después lo hicieron provincial… Carlos era bedel y era… el rey del sentido común. Aconsejaba espiritualmente con mucho sentido común.

Una vez, me acuerdo que fui a verlo porque estaba con mucha rabia contra una persona. Quería decirle cuatro frescas, decirle esto no va, vos sos esto y esto… Él me dijo: «Tranquilo… No conviene romper armas de entrada. Busque otros caminos…».

Ese consejo no lo olvidé nunca y le agradezco ahora por esto. Sí. En Chile me sentí bien enseguida. Llegué ayer. Durante el día de hoy he sido muy bien recibido. He visto muchos gestos de gran afecto. Ahora, pregunten lo que quieran.

Se adelanta un jesuita: «Quisiera preguntarle cuáles han sido las grandes alegrías y los grandes dolores que ha tenido Ud. durante su pontificado».

Ha sido un tiempo tranquilo este del pontificado. Desde el momento en que en el Cónclave me di cuenta de lo que se venía -una cosa de golpe, sorpresiva para mí-, sentí mucha paz. Y esa paz no me dejó hasta el día de hoy. Es un don del Señor que le agradezco. Y de verdad espero que no me lo saque. Es una paz que siento como regalo puro, un regalo puro.

Las cosas que no me quitan la paz, pero sí me dan pena, son los chismes. A mí los chismes me duelen, me ponen triste. Sucede a menudo en los mundos cerrados.

Cuando esto se da en un contexto de sacerdotes o religiosos me viene preguntar a las personas: ¿pero cómo es posible? Vos que dejaste todo, decidiste no tener al lado a una mujer, no te casaste, no tuviste hijos, ¿querés terminar como un solterón chismoso? ¡Qué vida triste, Dios mío!

Un jesuita de la Provincia argentino-uruguaya pregunta: «¿Qué resistencias has encontrado durante tu pontificado y cómo las has vivido y discernido?»

Nunca, frente a la dificultad nunca digo que es una «resistencia». Eso sería faltar al deber de discernir. Es fácil decir «es resistencia» y no darse cuenta de que en esa disputa puede haber aunque sea un poquito así de verdad. Y yo me hago ayudar con eso. A menudo pregunto a una persona: «¿qué piensa de esto?».

Esto me ayuda también a relativizar muchas cosas que, a primera vista parecen resistencia, pero que en realidad son una reacción que nace de un malentendido, del hecho de que algunas cosas hay que repetirlas, explicarlas mejor…

Puede ser un defecto mío el hecho de que a veces doy por sentadas algunas cosas o pego un salto lógico sin explicar bien el proceso porque estoy convencido de que el otro entendió al vuelo el razonamiento que hago. Me doy cuenta que si vuelvo atrás y explico mejor entonces ahí el otro dice: «Ah, sí, está bien…»

O sea, me ayuda mucho examinar bien el significado de las disputas. Ahora, cuando me doy cuenta de que hay verdadera resistencia, la sufro. Algunos me dicen que es normal que haya resistencias cuando alguno quiere hacer cambios. El famoso «siempre se hizo así» reina en todas partes: «Si siempre se hizo así, para qué vamos a cambiar? Si las cosas son así, si siempre se hizo así para qué hacerlas de manera diversa?».

Esta es una tentación grande que todos hemos vivido. Por ejemplo, todos las vivimos en el posconcilio. Las resistencias después del Concilio Vaticano II, que todavía están presentes, y llevan a relativizar el Concilio, aguar el Concilio.

Y me duele más todavía cuando alguno se enrola en una campaña de resistencia. Lamentablemente veo esto también. Vos me preguntaste por las resistencias, y no puedo negar que están. Las veo y las conozco.

Después están las resistencias doctrinales, que ustedes las conocen mejor que yo. Por salud mental yo no leo los sitios de internet de esta así llamada «resistencia». Sé quiénes son, conozco los grupos, pero no los leo, simplemente por salud mental. Si hay algo muy serio, me lo avisan para que yo sepa.

Ustedes los conocen… Es una pena, pero creo que hay que seguir adelante. Los historiadores dicen que para que un concilio arraigue hace falta un siglo. Estamos a mitad de camino.

A veces uno se pregunta: pero este hombre, esta mujer, ¿leyó el Concilio? Y hay gente que no leyó el Concilio. Y si lo leyó, no lo entendió. ¡Cincuenta años después! Nosotros estudiamos filosofía antes del Concilio, pero tuvimos la ventaja de estudiar teología después. Vivimos el cambio de perspectiva, y ya estaban los documentos conciliares.

Cuando percibo resistencias, trato de dialogar, cuando el diálogo es posible, pero algunas resistencias vienen de personas que creen poseer la vera doctrina y te acusan de hereje. Cuando en estas personas, por lo que dicen o escriben, no encuentro bondad espiritual, yo simplemente rezo por ellos. Siento pena, pero no me detengo en este sentimiento por salud mental.

Sigue la pregunta de un novicio: «Muchos están de acuerdo en identificar la Iglesia con los obispos y los sacerdotes, y son muy críticos con algunos de ellos por cómo viven la pobreza, por la restricción a la participación de las mujeres y el espacio limitado que se da a las minorías… Frente a esta opinión ¿qué nos propone para acercar a la iglesia jerárquica, de la cual somos parte, a la gente común y corriente?»

Lo que yo pienso respecto de la relación entre obispo y pueblo de Dios, se la acabo de decir a los obispos. Así que lo que pienso yo acerca de los obispos está en ese discurso, muy breve, ya que tuvimos dos encuentros largos el año pasado en la visita ad límina.

El daño más grande que pueda sufrir hoy en día la Iglesia en América Latina es el clericalismo, es decir no caer en la cuenta de que la Iglesia es todo el santo pueblo fiel de Dios, que es infalible in credendo, todos juntos. Hablo de América Latina porque es lo que conozco mejor. Hace un tiempo escribí una carta a la Pontificia Comisión para América Latina, y hoy volví sobre el tema.

Hay que caer en la cuenta de que la gracia de la misionariedad tiene que ver con el bautismo, no con el orden sagrado ni con los votos religiosos.

Consuela ver que hay muchos sacerdotes, religiosos, religiosas, que se juegan enteros con la opción conciliar de ponerse al servicio del pueblo de Dios. Y eso hay que tenerlo en cuenta. Pero en algunos todavía están vigentes comportamientos de tipo principesco. Se debe dar al pueblo de Dios el lugar que le corresponde.

Y podemos pensar lo mismo respecto del tema de la mujer. Tuve una experiencia particular como obispo de una diócesis: había que tratar cierto tema, y se hacía una consulta -por supuesto solo entre curas y obispos- y habíamos hecho una reflexión que nos llevaba a una serie de puntos sobre los que había que tomar una decisión.

La misma cosa, tratada en una reunión conjunta de hombres y mujeres, llevó a conclusiones mucho más ricas, mucho más viables, mucho más fecundas. Es una simple experiencia que me viene ahora a la mente y que me hace reflexionar.

La mujer debe dar a la Iglesia toda aquella riqueza que von Balthasar llamaba «la dimensión mariana». Sin esta dimensión la Iglesia queda renga o tiene que usar muletas y entonces camina mal. Creo que en esto hay mucho que andar. Y repito, como les dije hoy a los obispos: «desprincipiar», estar cercanos a la gente…

El padre Juan Díaz toma la palabra y el Papa lo reconoce…

¡Juanito!

Después de un saludo afectuoso el P. Díaz prosigue: «Francisco, en varias ocasiones y en Evangelii gaudium, nos ha puesto en guardia frente al peligro de la mundanidad. ¿En qué aspectos de nuestra vida como jesuitas debiéramos estar más atentos para no caer en esta tentación de la mundanidad?»

A mí la alarma sobre la mundanidad me la despertó el último capítulo de las Meditaciones sobre la Iglesia, de Henri de Lubac. Él cita ahí al benedictino dom Ascar Vonier, que habla de la mundanidad como del peor mal que le puede suceder a la Iglesia. Eso me despertó el deseo de comprender qué es la mundanidad.

Claro que san Ignacio habla de ella en los Ejercicios, en el tercer ejercicio de la primera semana, allí donde pide descubrir los engaños del mundo. El tema de la mundanidad está en nuestra espiritualidad jesuítica.

Las tres gracias que pedimos en esa meditación son el arrepentimiento de los pecados, es decir el dolor de los pecados, la vergüenza y el conocimiento del mundo, del demonio y de sus cosas. Por tanto, en nuestra espiritualidad la mundanidad entra como algo a tener en cuenta y a considerar como una tentación.

Sería superficial afirmar que la mundanidad es llevar una vida demasiado relajada y frívola. Estas son solamente consecuencias. Mundanidad es usar los criterios del mundo y seguir los criterios del mundo y elegir según los criterios del mundo. Significa hacer discernimiento y preferir los criterios del mundo.

Por tanto, lo que nos tenemos que preguntar es cuáles son estos criterios del mundo… Y eso es lo que san Ignacio hace pedir en ese tercer ejercicio. Y nos hace hacer las tres peticiones: al Padre, al Señor y a la Virgen. ¡Que nos ayuden a descubrir esos criterios!

Cada uno, por tanto, tiene que ir buscando qué cosa es mundana en su propia vida. No basta una respuesta simple y en general. ¿En qué soy mundano yo? Esta es la verdadera pregunta.

Por ejemplo, no sé, un profesor de teología se puede hacer mundano si anda a la pesca de la última cosa que se dice para estar siempre en la moda: esto es mundano. Pero los ejemplos pueden ser miles. Y hay que pedir al Señor no ser engañados tratando de discernir cuál es nuestra propia mundanidad.

Sigue otra pregunta: «Santo Padre, usted ha sido un hombre de reformas. ¿En qué reformas, aparte de la de la curia y de la Iglesia, nosotros como jesuitas, podemos apoyarle mejor?»

Creo que una de las cosas que la Iglesia más necesita hoy, y esto está muy claro en las perspectivas y en los objetivos pastorales de Amoris Laetitia, es el discernimiento. Nosotros estamos acostumbrados al «se puede o no se puede». La moral usada en Amoris laetitia es la más clásica moral tomista, la de santo Tomás, no del tomismo decadente como ese con el que algunos han estudiado.

También yo recibí en mi formación esta manera de pensar «se puede o no se puede, hasta aquí se puede, hasta aquí no se puede». No sé si vos te acordás (y aquí el Papa mira a uno de los presentes) de aquel jesuita colombiano que nos vino a dar moral al Colegio Máximo, cuando tocó hablar del sexto mandamiento: uno se atrevió a hacer la pregunta: «los novios pueden besarse?».

¡Si podían besarse! ¿Comprenden? Y él dijo: «Sí, sí, si… ¡No hay problema! Basta que pongan un pañuelo en el medio». Esta es una forma mentis de hacer teología en general. Una forma mentis basada en el límite. Y seguimos arrastrando las consecuencias.

Si ustedes dan una ojeada al panorama de las reacciones que suscitó Amoris Laetitia, van a ver que las críticas más fuertes contra la Exhortación son sobre el capítulo octavo: un divorciado ¿«puede o no puede tomar la comunión?».

Y Amoris Laetitia, en cambio, va por otro lado totalmente distinto, no entra en estas distinciones y pone el problema del discernimiento. Que ya estaba en base en la moral tomista clásica, grande, verdadera.

Entonces el aporte que querría de la Compañía es el de ayudar a la Iglesia a crecer en el discernimiento. Hoy la iglesia necesita crecer en discernimiento. Y a nosotros el Señor nos ha dado esta gracia de familia de discernir.

No sé si ustedes sabrán, pero hay una cosa que ya dije en otras reuniones como esta con jesuitas: al fin del generalato de Ledóchowski, la obra culmen de la espiritualidad de la Compañía fue el Epítome. Allí estaba regulado todo lo que tenías que hacer, en una mezcolanza enorme entre Fórmula del Instituto, Constituciones y reglas. Estaban incluso las reglas del cocinero. Y estaba todo mezclado, sin jerarquización.

Ledóchowski era muy amigo del abad general de los benedictinos y, una vez que fue a visitarlo, le llevó aquel escrito. Poco tiempo después, el abad se comunicó con él y le dijo: «Padre General, con esto usted mató la Compañía de Jesús». Y tenía razón, porque el Epítome quitaba cualquier capacidad de discernimiento.

Después viene la guerra. El padre Jansens, tuvo que guiar la Compañía en la posguerra, y lo hizo bien, como podía, porque no era fácil. Y después vino la gracia del generalato de Arrupe. Pedro Arrupe con el Centro Ignaciano de Espiritualidad, la revista Christus y el impulso dado a los Ejercicios Espirituales, renovó esta gracia de familia que es el discernimiento.

Superó el Epítome y volvió a las lecciones de los padres, a Fabro, a Ignacio. En esto hay que reconocer el rol de la vida de la revista Christus en aquel tiempo. Y después, también el rol del padre Luis González con su centro de espiritualidad: recorrió toda la Compañía dando ejercicios espirituales. Iban abriendo puertas, refrescando este aspecto que hoy día vemos que ha crecido mucho en la Compañía.

Lo que yo te diría, recordando esta historia de familia, es que hubo un momento en que habíamos perdido -o no sé si lo habíamos perdido, pero digamos que no se usaba mucho- el sentido del discernimiento. Hoy día, dénselo -¡démoslo!- a la Iglesia, que lo necesita tanto.

La última pregunta es de un teólogo de la provincia de Perú: «Una pregunta sobre la colaboración: ¿Qué ayuda le está dando la Compañía durante su pontificado? ¿De qué manera se ha dado la colaboración? ¿Cómo ha sido su relación con la Compañía?».

¡Desde el segundo día después de mi elección! Adolfo Nicolás vino a mi pieza en Santa Marta… Ahí empezó la colaboración. Él vino a saludarme, yo todavía estaba en la piecita que me tocó durante el Conclave, en Santa Marta, no en la que tengo ahora, y allí charlamos ahí un rato… Y los generales, los dos, Adolfo y ahora Arturo, los dos apostaron fuerte a esto. Creo que sobre este punto… está el padre Spadaro aquí…

Spadaro: Aquí estoy

Está en la popular… Creo que él fue testigo desde el primer momento de esta relación con la Compañía. La disponibilidad es total. Y además con inteligencia, como por ejemplo sobre la doctrina de la fe: realmente mucho apoyo.

Pero nadie puede acusar de «jesuitismo» al pontificado actual. Lo digo y creo que soy sincero al decirlo. Se trata de una colaboración eclesial, dentro del espíritu eclesial. Es un sentir con la Iglesia y en la Iglesia en el respeto del carisma de la Compañía.

Los documentos de la última Congregación General no necesitaron aprobación pontificia. Yo no lo consideré necesario porque la Compañía es adulta. Y si mete la pata… ya vendrá la queja y después se verá. Creo que esta es la manera de colaborar.

Bueno les agradezco tanto… y quiero decirles aún una cosa importantísima, una recomendación: ¡la cuenta de conciencia! Para los jesuitas es una joya, una gracia de familia… Por favor: ¡no la dejen!

El encuentro privado se abrió naturalmente en la explanada del santuario donde estaba presente un grupo de personas que se benefician con los programas de solidaridad de la Iglesia, representantes de trabajadores, estudiantes, ancianos, personas en situación de calle y migrantes.

En su saludo, el capellán general del Hogar de Cristo, el jesuita P. Pablo Walker, dijo: «Querido papa Francisco, la mesa está lista y te damos una calurosa bienvenida. Años atrás te habíamos invitado a beber con nosotros y hoy ha llegado el día».

Recordando que «comer es un milagro», el capellán pidió al Papa que bendijera las «sopaipillas» preparadas por la señora Sonia Castro y por su hija Isabel Reinal.

El Papa pronunció la oración de bendición: «El Señor bendiga estos alimentos que estamos compartiendo, que han sido hechos por ustedes mismos, bendice las manos que los han preparado, las manos que los distribuyen y las manos que los reciben. Que el Señor bendiga los corazones de todos nosotros y que esta compartida nos enseñe a compartir el camino, a compartir la vida y, un día, a compartir el paraíso. Amén».

Después de haber recibido como regalo una Biblia del Pueblo de Dios y haber ofrecido al santuario un cuadro de Jesús Misericordioso pintado por Terezia Sedlakova, todos los participantes rezaron el Padre Nuestro. Luego el Pontífice impartió su bendición.

***

Al fin de su primer día en Perú, el 19 de enero de 2018, después de la visita de cortesía al presidente Pablo Kuczynski, el Papa se dirigió a la iglesia de San Pedro, dirigida por los padres jesuitas.

La iglesia fue edificada a partir del siglo XVI por la Compañía de Jesús y es considerada como uno de los más importantes complejos religiosos del centro histórico de Lima. Es también el Santuario Nacional del Sagrado Corazón de Jesús. La planta evoca a la de la Iglesia del Gesù en Roma. La fachada es de estilo neoclásico y tiene tres puertas de acceso. Imponentes los campanarios neoclásicos. El interior está ricamente decorado en estilo barroco y bien iluminado por la luz del sol. Sobre las tres naves se asoman diez capillas. San Pedro es considerada una de las iglesias más bellas del Perú.

Francisco fue recibido por el Provincial, P. Juan Carlos Morante, y por el Superior local, P. José Enrique Rodríguez, en la entrada de la Capilla de la Penitenciaría. Atravesando la nave izquierda de la Iglesia, el Papa llegó a la sacristía, donde estaban reunidos alrededor de cien jesuitas.

El padre Morante agradeció a Francisco por su visita y habló del compromiso de la Compañía en la evangelización de los pueblos originarios y en la educación citando a los padres Alonso de Barzana (1528-1598), Francisco del Castillo (1615-1673), Antonio Ruiz de Montoya (1585-1652), y otros.

Habló de las nuevas perspectivas a partir del Concilio Vaticano II y de los nuevos desafíos: la opción preferencial por los pobres, los ejercicios espirituales, la colaboración con los laicos y los nuevos desafíos apostólicos que exigen un nuevo discernimiento apostólico.

Luego tomó la palabra el Papa. El texto de la conversación aquí transcrita ha sido aprobado en esta forma por el Pontífice para su publicación.

Francisco saludó a los presentes de esta manera:

Buenas tardes… Gracias. Vamos a empezar a conversar para no perder tiempo. Tienen preparadas algunas preguntas… Con toda libertad…

La primera pregunta: «Los jesuitas del Perú, desde siempre, especialmente en este tiempo estamos comprometidos, con los temas de la reconciliación y la justicia. Ahora parece que las fuerzas políticas han alcanzado imprevistamente un acuerdo, y la reconciliación aparece como un llamado a todos. Se nos propone una reconciliación sin que haya habido un proceso. Mi pregunta es: ¿con qué actitud vivir, qué elementos tomar en cuenta cuando queremos una reconciliación? Sentimos que la palabra “reconciliación” está manipulada, y sentimos que se propone una justicia que no ha sido bien elaborado. ¿Usted qué piensa?».

Gracias. La palabra «reconciliación» no solo está manipulada: está quemada. Hoy día -no solo acá sino también en otros países de América Latina- se ha depotenciado la palabra reconciliación. Cuando san Pablo describe la reconciliación de todos nosotros con Dios, en Cristo, pretende usar una palabra fuerte.

Hoy, en cambio, «reconciliación» se ha convertido en una palabra de cartón. La depotenciaron. La depotenciaron no solo en su contenido religioso sino en su contenido humano, ese que se comparte cuando uno se mira a los ojos. Hoy se negocia debajo de la mesa.

Yo diría que no hay que jugar al circo, pero tampoco patear en contra. Hay que decir a los que la usan depotenciada: úsenla ustedes, nosotros no vamos a usar una palabra que hoy está quemada. Pero hay que seguir trabajando, procurando reconciliar gente.

Desde abajo, desde los costados, con una buena palabra, con una visita, con un curso que ayude a comprender, con el arma de la oración, que es la que nos va a dar la fuerza y va a hacer milagros, pero sobre todo con el arma humana de la persuasión, que es humilde. La persuasión actúa así: con humildad.

Yo propongo esto: ir al encuentro del adversario, ponerse frente al otro si se da la oportunidad… ¡La persuasión! Sobre la reconciliación que hoy día se plantea -no quiero tocar a fondo y en detalle el problema peruano porque no lo conozco, pero me fío de tus palabras, y dado que, como te decía, este fenómeno se da también en otros países de América Latina-, puedo decirte que no se trata de una verdadera reconciliación, profunda, sino de un negociado.

Y está bien: el arte de la conducción política supone también la capacidad de negociar. El problema está en qué se negocia cuando se negocia. Si entre el montón de cosas que llevás a negociar están tus intereses personales, entonces ya está… No podemos hablar ni siquiera de un negociado. Es otra cosa…

Entonces, en lugar de hablar de reconciliación es mejor hablar de «esperanza». Busquen una palabra que no sea un caballito de batalla mezquino, usado sin su pleno significado. Quiero repetirlo, no conozco en detalle la situación del Perú, me fío de tus palabras, pero es un fenómeno de varios países de América Latina, por eso puedo hablar así.

Sigue esta pregunta: «Santo Padre, nuestra Provincia ha ido disminuyendo en número, hay gente que está creciendo en edad, hay jóvenes que van asumiendo nuevas responsabilidades… Llevamos todavía muchas instituciones. La situación no es la más fácil… ¿Cómo nos animaría Usted? ¿Cómo nos invitaría a seguir fortaleciendo nuestra vocación de seguir a Jesús, de vivir en la Compañía de Jesús en medio de estas circunstancias que a veces puede parecer que nos desaniman? ¿Cómo hacer para no amargarnos, para no resentirnos, sino para tratar de vivir estas cosas con alegría? ¿Qué decir a aquellos que van creciendo en años y van viendo que los que vienen detrás son menos, que podrán seguir llevando con las mismas fuerzas lo anterior? ¿Qué decir a los más jóvenes que han encontrado situaciones de dificultad a su alrededor?».

Vos dijiste que tenemos bastantes «instituciones». Me atrevo a corregirte la palabra: tenemos bastantes «obras». Y hay que distinguir entre obras e instituciones. El aspecto institucional es esencial en la Compañía. Pero no todas las obras son instituciones. Quizás lo fueron, pero el tiempo hizo que dejaran de ser instituciones.

Hay que discernir entre lo que es hoy día institución «que convoca, que te da fuerza, que promete, que es profética, y lo que es una obra, que sí, fue institución en un momento, pero que ahora parece que dejó de serlo. Y ahí hacer lo de siempre: un discernimiento pastoral y comunitario.

El padre Arrupe insistía en esto. Hay que hacer la selección de obras con este criterio: que sean instituciones, en el sentido ignaciano de la palabra, es decir que convoquen personas, que den respuesta a las exigencias de hoy. Y esto requiere que la comunidad se ponga en estado de discernimiento. Y ese quizás sea el reto que ustedes tienen…

Considerando esta disminución de jóvenes y de fuerzas se podría entrar en desolación institucional. No, eso no se lo pueden permitir. La Compañía pasó un momento de desolación institucional durante el generalato del padre Ricci, que terminó preso en el Castillo Sant’Angelo [2].

Las cartas que escribió el padre Ricci a la Compañía en ese tiempo son una maravilla de criterios de discernimiento, de criterios de acción para no dejarse chupar por la desolación institucional. La desolación te tira abajo, es una frazada mojada que te tiran encima y a ver cómo salís, y te lleva a la amargura, a la desilusión…

Es el discurso postriunfalista de Emaús: «nosotros esperábamos…» que decimos también nosotros, por ejemplo, cuando usamos expresiones como «la gloriosa Compañía era otra cosa», «la caballería ligera de la Iglesia… ahora en cambio…». Y otras cosas como estas.

El Espíritu de desolación marca profundamente. Les aconsejo que lean las cartas del padre Ricci. Más tarde el padre Roothan [3] atravesó otro período de desolación de la Compañía con motivo de la masonería, pero no tan fuerte como la de Ricci, que terminó en la supresión. Hubo algunos otros períodos así en la historia de la Compañía.

Por otro lado, hay que buscar a los padres, a los padres de la institucionalización de la Compañía: por supuesto Ignacio, Fabro. Aquí podemos hablar del padre Barzana [4].

A mí Barzana me sedujo: cuando estuvo en Santiago del Estero, en Argentina, manejaba doce lenguas indígenas. Lo llamaban el Francisco Javier de las Indias Occidentales. Y ese hombre, ahí, en el desierto, sembró la fe, fundó la fe. Dicen que era de origen hebreo y que su apellido era Bar Shana.

Hace bien mirar a esos hombres que fueron capaces de institucionalizar, y que no se dejaron desolar. Yo me pregunto si Javier, ante el fracaso de mirar China y no poder entrar, estaba desolado. No, yo imagino que Javier se dirige al Señor diciendo: «Vos no lo querés, entonces chau, está bien así». Optó por seguir el camino que se le proponía, ¡y en aquel caso era la muerte!… ¡pero está bien!

La desolación: no debemos dejar que entre en juego. Al contrario, debemos buscar a los jesuitas consolados. No sé, no quiero dar un consejo, pero… busquen siempre la consolación. Búsquenla siempre. Como piedra de toque del estado espiritual de ustedes.

Como Javier en las puertas de China, miren siempre adelante… ¡Dios sabe! Pero que la sonrisa del corazón no se embarre. No sé, no se me ocurre darte recetas. Hace falta el discernimiento de los ministerios y de lo institucional en un clima de consolación.

Lean, por tanto, las cartas del padre Lorenzo Ricci. Es una maravilla cómo quiso siempre elegir la consolación en el momento de mayor desolación que haya tenido la Compañía, cuando sabía que las cortes europeas estaban por dar el golpe de gracia a la Compañía.

Quisiera que nos pudiera decir unas palabras sobre un tema que nos genera mucha desolación en la Iglesia y en especial entre los religiosos y en el clero: es el tema de los abusos sexuales. Estamos muy marcados por estos escándalos. ¿Qué nos puede decir al respecto? Una palabra de aliento.

Ayer hablé de esto a los sacerdotes, religiosos y religiosas chilenos en la catedral de Santiago. Es la desolación más grande que está pasando la Iglesia.

Y esto nos lleva a pasar vergüenza, pero hay que recordar que la vergüenza es también una gracia muy ignaciana, algo que San Ignacio nos hace pedir en los tres coloquios de la primera semana. Así que tomémoslo como gracia y avergoncémonos profundamente. Debemos amar una Iglesia con llagas. Muchas llagas…

Te cuento un hecho. El 24 de marzo en Argentina es la memoria del golpe de estado militar, de la dictadura, de los desaparecidos… Y todos los 24 de marzo la Plaza de Mayo se llena recordando eso. En uno de estos 24 de marzo salí del Arzobispado y fui a confesar a las monjas carmelitas. Cuando volvía tomé el subterráneo y bajé no en Plaza de Mayo sino seis cuadras antes. Estaba llena la plaza… y caminé esas cuadras para entrar por el costado.

Cuando iba a cruzar la calle, estaba un matrimonio con un nene de dos años y medio o tres años, más o menos. El chico corre por delante y el papá le dice: «Vení, vení, vení… Cuidado con los pedófilos!». ¡La vergüenza que pasé! No se dieron cuenta de que yo era el arzobispo, era un cura y… ¡qué vergüenza!

A veces se dicen cosas como «recurso consuelo» y alguno llega a decir: «Bueno, mirá las estadísticas… el… no sé… 70 % de los pedófilos son del entorno familiar, vecinal. Después en los clubes, en los natatorios. La porcentual de los pedófilos que son sacerdotes no llega al 2 %, es el 1,6 %. No es para tanto…».

¡Pero es terrible aunque fuese solo uno de estos hermanos nuestros! Porque Dios lo ungió para santificar a los chicos y a los grandes y él, en vez de santificarlos, los destruyó. Es horrible. Hay que escuchar lo que siente un abusado o una abusada.

Los viernes, a veces se sabe y a veces no se sabe, me encuentro habitualmente con algunos de ellos. En Chile tuve un encuentro. Como su proceso es tan duro, quedan destrozados. Quedan destrozados.

Para la Iglesia es una gran humillación. Muestra no solamente nuestra fragilidad, sino también -digámoslo claramente- nuestro nivel de hipocresía.

Sobre los casos de corrupción en el sentido del abuso más de tipo institucional, es singular el hecho de que haya varias congregaciones, relativamente nuevas, cuyos fundadores cayeron en estos abusos. Son públicos los casos. El papa Benedicto tuvo que suprimir una congregación de varones numerosa. El fundador había sembrado estas costumbres.

Era una congregación que tenía también su rama femenina y también la fundadora había sembrado estas costumbres. Él abusaba de religiosos jóvenes e inmaduros. Benedicto comenzó el proceso de la rama femenina. A mí me tocó suprimirla. Ustedes acá tienen muchos casos dolorosos. Pero lo curioso es que el abuso ha afectado a algunas congregaciones nuevas, exitosas.

El abuso en estas congregaciones es siempre el fruto de una mentalidad ligada al poder que debe ser sanada en sus raíces malignas. Y agrego que son tres niveles de abuso que van juntos: abuso de autoridad -con lo que significa mezclar los fueros interno y externo-, abuso sexual y enredos económicos.

Siempre está la plata de por medio: el diablo entra por el bolsillo. Ignacio pone el primer escalón de las tentaciones del demonio en la riqueza… Después vienen la vanidad y la soberbia, pero el primero es la riqueza. En las congregaciones nuevas que han caído en este problema de los abusos, a menudo los tres niveles se dan juntos.

Perdonando la falta de humildad, te sugeriría leer lo que dije a los chilenos, que está más pensado y más rumiado que lo que me puede salir ahora espontáneamente.

«Ayúdenos en este proceso de discernimiento, que es de la Compañía universal. El padre Sosa nos llama a pensar por dónde tiene que ir la Compañía en estos tiempos, considerando nuestras debilidades y fortalezas. Usted tiene una visión universal, nos conoce bien, sabe lo que podríamos aportar a la iglesia universal. Nos podría ayudar diciendo, por ejemplo, cómo usted va viendo que el Espíritu mueve a la iglesia ahora hacia el futuro, hacia el porvenir. Por dónde tendríamos que seguir las sendas del Espíritu, como jesuitas, allí donde estemos -y no solo en la provincia del Perú-, para seguir en su servicio. Algunas líneas que podrían convertirse en parte de nuestro programa…»

Gracias. Te respondo con una sola palabra. Parecerá que no digo nada y en cambio digo todo. Y esta palabra es «Concilio». Tomen el Concilio Vaticano II. Relean la Lumen Gentium. Ayer con los obispos chilenos -o anteayer, ya no sé qué día es hoy- los exhortaba a la desclericalización.

Si hay una cosa muy clara es la conciencia del santo pueblo fiel de Dios, infalible in credendo, como nos enseña el Concilio. El pueblo de Dios es quien lleva adelante la Iglesia. La gracia de la misionariedad y del anuncio de Jesucristo nos lo da el bautismo. De allí podemos ir adelante.

No hay que olvidar que la evangelización la hace la Iglesia como pueblo de Dios. El Señor quiere una Iglesia evangelizadora, lo veo claro. Es lo que me salió decir de corazón y con sencillez, en los pocos minutos que hablé en las congregaciones generales previas al cónclave. Una iglesia que va afuera, una iglesia que sale a anunciar a Jesucristo. Después o en el mismo momento en que lo adora y se llena de Él.

Uso siempre un ejemplo ligado al Apocalipsis donde leemos: «Estoy a la puerta y llamo. Si alguno me abre voy a entrar». El Señor está afuera y quiere entrar. A veces, sin embargo, el Señor está adentro ¡y golpea para que lo dejemos salir! A nosotros, el Señor nos está pidiendo que seamos Iglesia afuera, Iglesia en salida. Iglesia afuera. Iglesia hospital de campo… ¡Ah, las heridas del pueblo de Dios!

A veces el pueblo de Dios está herido por una catequesis rígida, moralista, del «se puede o no se puede», o por una falta de testimonio. ¡Una Iglesia pobre y para los pobres! Los pobres no son una fórmula teórica del partido comunista. Los pobres son el centro del Evangelio. ¡Son el centro del Evangelio! No podemos predicar el Evangelio sin los pobres.

Entonces te digo: es en esta línea que siento que el Espíritu nos está llevando. Y las resistencias para no hacerlo son fuertes. Pero debo decir también que para mí el hecho de que nazcan resistencias es un buen signo. Es el signo de que se va por buen camino, de que ese es el camino. Si no fuera así, el demonio no se molestaría en hacer resistencia.

Te diría que estos son los criterios: la pobreza, la misionariedad, la conciencia de pueblo fiel de Dios…

En América Latina en particular deberían preguntarse: «Pero, ¿dónde es que nuestro pueblo ha sido creativo?». Con algunas desviaciones, sí, pero ha sido creativo en la piedad popular. ¿Y por qué nuestro pueblo fue capaz de ser tan creativo en la piedad popular? Porque no les interesaba a los curas y entonces dejaban que hiciera… Y el pueblo iba adelante…

Y después, sí, lo que la Iglesia hoy pide a la Compañía -esto ya lo dije en todos lados, y Spadaro que publica esas cosas ya está cansado de escribirlo-, es enseñar con humildad a discernir. Sí, esto se lo pido oficialmente como Pontífice. En general, sobre todo, nosotros que pertenecemos a la vida religiosa, sacerdotes, obispos, a veces demostramos poca capacidad de discernimiento, no sabemos hacerlo, porque fuimos educados en otra teología quizás más formalista.

Nos detenemos en el «se puede o no se puede», como les decía también a los jesuitas chilenos a propósito de las resistencias a Amoris Laetitia. Algunos reducen todo el resultado de dos Sínodos, todo el trabajo hecho, al «se puede o no se puede».

Ayúdennos pues a discernir. Claro, no puede enseñar a discernir quien no sabe discernir. Y para discernir uno debe entrar en Ejercicios, hace falta examinarse. Hace falta comenzar siempre por uno mismo.

El encuentro concluye así. El rector de la iglesia le explica al Papa el significado de la silla que le prepararon. Dice que en 1992 hubo un atentado de Sendero Luminoso [5] y que una parte de la iglesia quedó dañada. En la restauración se reforzaron las paredes y se extrajo un arquitrave de madera de 1672, con el cual se hizo la silla tallada en el estilo barroco de Lima para esta visita. El Papa agradece sonriendo y bromea: «Estoy sentado en 1672. Jugaré este número a la lotería!».

Al final el Provincial agradece al Papa antes de pedir una foto de grupo. El Papa responde al agradecimiento con estas palabras:

Les agradezco mucho. ¡Recen por mí! Les comparto una gracia muy grande. Desde el momento en que me di cuenta de que iba a ser elegido Papa sentí mucha paz y no se me fue hasta el día de hoy. ¡Pidan para que el Señor me la mantenga!

Al final del encuentro el Papa regaló a los jesuitas una cruz de plata realizada en 1981 por el orfebre italiano Antonio Vedele, que en su interior representa las estaciones del Vía Crucis. Las estaciones no son catorce sino quince, porque el artista ha querido incluir en el centro de los brazos la representación de la Resurrección de Cristo. Vedele es el orfebre que diseñó la cruz pectoral del Papa Francisco, que luego, en 1998, fue realizada en plata por su discípulo Giuseppe Albrizzi, autor también del Pectoral usado por el entonces Cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio.

Por último el Papa posó para una foto de grupo. Luego atravesó la iglesia de San Pedro y antes de salir por la puerta principal se detuvo ante la tumba del Venerable padre Francisco de Castillo, apóstol de Lima.

Notas

[1] San Alberto Hurtado (1901-1952) fue un hombre profundamente espiritual, infatigable en su trabajo con los jóvenes y obreros, y versátil escritor. Gran parte de su formación como jesuita la recibió en Europa, consiguiendo en Lovaina el doctorado en psicología y pedagogía. A su regreso a Chile en enero de 1936, se dedicó a los jóvenes como profesor de Religión y director espiritual del Colegio de Santiago. Al mismo tiempo enseñaba Pedagogía en la Universidad Católica. Muy ligado a los ejercicios espirituales, fundó una casa de ejercicios, promoviendo cursos que suscitaron muchas vocaciones para toda la iglesia. En 1940 su primer libro titulado ¿Es Chile un país católico? hizo un análisis sociológico de la Iglesia en Chile que provocó una tormenta de reacciones sacudiendo la conciencia de los católicos chilenos. Trabajando en la capital lo conmovió la situación de las personas sin hogar y habló de ello en un retiro. Así nació la obra por la cual es más conocido: el Hogar de Cristo, una casa donde los pobres pueden encontrar comida y acogida y nuevas posibilidades de vida. Además, los más jóvenes reciben allí formación básica y aprenden un oficio. Fundó también la Asociación sindical chilena para formar líderes en este campo. Murió a los 51 años y fue beatificado por Juan Pablo II el 14 de octubre de 1994 y canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005.

[2] Superior General padre Lorenzo Ricci (1703-1775), ejerció este rol en un momento delicado de la historia de la Compañía de Jesús, a causa de las tensiones con los gobiernos europeos. Durante su gobierno, la orden fue expulsada primero de algunos países como Portugal, Francia y España. Con Clemente XIV, la Compañía fue suprimida y, mientras los jesuitas fueron integrados al clero diocesano y religioso, el padre Ricci fue encarcelado en el Castillo Sant’Angelo. Allí vivió hasta su muerte, dos años después, solo y víctima de humillaciones de todo tipo, sosteniendo hasta el último momento que la Compañía no había dado motivo para ser suprimida.

[3] Joannes Philippe Roothaan (Amsterdam, 23 de noviembre 1783 o 1785-Roma, 8 de mayo de 1853) fue un jesuita holandés, Prepósito General de la orden (el segundo después de la restauración) del 9 de julio de 1829 hasta su muerte. Su trabajo como Prepósito general fue muy fructífero para la orden recientemente restaurada. Su primera atención fue preservar y reforzar el espíritu de la Compañía. A este fin dedicó nueve de sus once cartas generales. Incrementó el trabajo en las misiones. La Orden redobló el número de sus miembros, llegando a 5000 profesos. La Compañía tuvo que sufrir, sin embargo, también la expulsión de muchos países, especialmente durante el año de la Revolución, en 1848.

[4] P. Alonso de Barzana (Cuenca, 1530 – Cuzco, 1597), fue enviado a la misión de Juli, sobre la ribera del Lago Titicaca, hoy al sud-este de Perú. Permaneció en la zona central de la actual Bolivia durante once años, hasta que fue enviado a Tucumán. Continuó su trabajo misionero entre los indígenas del valle Calchaquí y luego en el Gran Chaco hasta 1593. Prosiguió su tabajo entre las numerosas tribus de aquella región y también en la del Paraguay hasta 1589. Conocía muchas lenguas indígenas y escribió gramáticas, vocabularios y catecismos en muchas de estas lenguas.

[5] El «Partido Comunista del Perú sobre el sendero luminoso de Mariátegui» es una organización guerrillera peruana de inspiración maoísta fundada entre 1969 y 1970 por Abimael Guzmán, como consecuencia de una división del Partido Comunista del Perú – Bandera Roja (PCP-BR). Sendero Luminoso se propone subvertir el sistema político peruano e instaurar el socialismo a través de la lucha armada.

http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2018/02/15/el-papa-confiesa-que-cada-viernes-se-reune-con-victimas-de-abusos-sexuales-religion-iglesia-pederastia-herejes-jesuitas-peru-chile-civiltta-cattolica-spadaro-francisco.shtml


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