Maná y Vivencias Pascuales (20), 24.4.15

abril 24, 2015

Viernes de la 3ª semana de Pascua

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¡A ti la gloria porque asumiste un cuerpo y con la cruz llevaste a las almas al cielo, a la casa del Padre!

¡A ti la gloria porque asumiste un cuerpo y con la cruz llevaste a las almas al cielo, a la casa del Padre!



NOTA

Hoy celebra la familia agustiniana la fiesta de la CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN, gracias a la oración, testimonio, paciencia y las lágrimas de su madre Mónica.

En el prefacio de la Misa alabamos a Dios “porque san Agustín, libre del error por la gracia divina, renunció a toda esperanza terrena desde lo más íntimo de su ser; y decidió entregarse al servicio de Dios con los suyos.

Así, Dios trocó en indecible gozo las lágrimas de Mónica, su madre; por lo cual la Iglesia se llena de gozo. Por eso nosotros, llenos de alegría, aclamamos a Dios” (Cf. al final de la entrada la conversión de san Agustín narrada por él mismo en su libro Confesiones)

A continación siguen los textos de la espiritualidad pascual, como todos los días.



Entrada: Ap 5, 12.-

Se contaban por millones y millones, que gritaban a toda voz:

Digno es el Cordero, que ha sido degollado, de recibir el poder y la riqueza, la sabiduría y la fuerza, la honra, la gloria y la alabanza.

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ORACIÓN COLECTA

Te pedimos, Señor, que, ya que nos has dado la gracia de conocer la resurrección de tu Hijo, nos concedas también que el Espíritu Santo, con su amor, nos haga resucitar a una vida nueva. Por nuestro Señor.

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PRIMERA LECTURA: Hch 9, 1-20.

En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor.

Se presentó al jefe de los sacerdotes y le pidió documentos dirigidos a las sinagogas de Damasco, que lo autorizaran para llevar presos a Jerusalén a cuantos encontrara, hombres o mujeres, que estuvieran siguiendo el nuevo camino.

En el viaje hacia Damasco, cuando ya estaba cerca, lo rodeó de repente una luz que venía del cielo. Cayó al suelo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”.

Él preguntó: “¿Quién eres, Señor?”. Respondió la voz: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues; levántate y entra en la ciudad, allí se te dirá lo que debes hacer”.

Los hombres que lo acompañaban se habían detenido, atónitos, pues oyeron la voz, pero no vieron a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Estaba ciego y permaneció tres días sin comer ni beber nada.

Vivía en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor llamó en una visión: “¡Ananías!”. Él respondió: “Aquí estoy, Señor”. Y el Señor le dijo: Anda a la calle llamada Recta y pregunta en la casa de Judas por un hombre llamado Saulo de Tarso, que está orando.

Y vio en visión un varón llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para que viera.

Entonces Ananías le respondió: “Señor, he oído a muchos hablar de los males que este hombre ha causado a tus santos en Jerusalén, y que ahora tiene poder de los jefes de los sacerdotes para tomar presos a todos los que invocan tu nombre”.

El Señor le contestó: “Anda, pues este hombre me será un instrumento muy valioso y dará a conocer mi nombre, tanto a los paganos y a sus reyes como al pueblo de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que sufrir por mi nombre”.

Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado a ti para devolverte la vista y para que quedes lleno del Espíritu Santo”.

Al instante cayeron de sus ojos como escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Comió y recobró las fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos de Damasco, y muy pronto se puso a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

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Salmo: 116, 1-2.- Id a todo el mundo a predicar el Evangelio (o Aleluya).

¡Aleluya! Alaben al Señor, todos los pueblos, y festéjenlo todos los países.

Porque grande es su amor hacia nosotros, su lealtad perdura para siempre.

Aclamación: Jn 6, 56.- El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

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EVANGELIO: Jn 6, 52- 59.

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre ellos. Unos decían: ¿Cómo este hombre va a darnos a comer su carne?.

Jesús les contestó: En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no beben su sangre, no tienen vida de verdad. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por él, así, quien me come a mí tendrá de mí la vida.

Este es el pan que bajó del cielo, no como el que comieron sus antepasados, los cuales murieron. El que coma este pan vivirá para siempre. Así habló Jesús en la Casa de oración, en Cafarnaún.

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De los sermones de san Efrén, diácono

La cruz de Cristo, salvación del género humano

Nuestro Señor fue conculcado por la muerte, pero él, a su vez, conculcó la muerte, pasando por ella como si fuera un camino. Se sometió a la muerte y la soportó deliberadamente para acabar con la obstinada muerte.

En efecto, nuestro Señor salió cargado con su cruz, como deseaba la muerte; pero desde la cruz gritó, llamando a los muertos a la resurrección, en contra de lo que la muerte deseaba.

La muerte lo mató gracias al cuerpo que tenía; pero él, con las mismas armas, triunfó sobre la muerte. La divinidad se ocultó bajo los velos de la humanidad; sólo así pudo acercarse a la muerte, y la muerte le mató, pero él, a su vez, acabó con la muerte.

La muerte, en efecto, destruyó la vida natural, pero luego fue destruida, a su vez, por la vida sobrenatural.

La muerte, en efecto, no hubiera podido devorarlo si él no hubiera tenido un cuerpo, ni el infierno hubiera podido tragarlo si él no hubiera estado revestido de carne; por ello quiso el Señor descender al seno de una virgen para poder ser arrebatado en su ser carnal hasta el reino de la muerte.

Así, una vez que hubo asumido el cuerpo, penetró en el reino de la muerte, destruyó sus riquezas y desbarató sus tesoros.

Porque la muerte llegó hasta Eva, la madre de todos los vivientes. Eva era la viña, pero la muerte abrió una brecha en su cerco, valiéndose de las mismas manos de Eva; y Eva gustó el fruto de la muerte, por lo cual la que era madre de todos los vivientes se convirtió en fuente de muerte para todos ellos.

Pero luego apareció María, la nueva vid que reemplaza a la antigua; en ella habitó Cristo, la nueva Vida. La muerte, según su costumbre, fue en busca de su alimento y no advirtió que, en el fruto mortal, estaba escondida la Vida, destructora de la muerte; por ello mordió sin temor el fruto, pero entonces liberó a la vida, y a muchos juntamente con ella.

El admirable hijo del carpintero llevó su cruz a las moradas de la muerte, que todo lo devoraban, y condujo así a todo el género humano a la mansión de la vida. Y la humanidad entera, que a causa de un árbol había sido precipitada en el abismo inferior, por otro árbol, el de la cruz, alcanzó la mansión de la vida.

En el árbol, pues, en que había sido injertado un esqueje de muerte amarga, se injertó luego otro de vida feliz, para que confesemos que Cristo es Señor de toda la creación.

¡A ti la gloria, a ti que con tu cruz elevaste como un puente sobre la misma muerte, para que las almas pudieran pasar por él desde la región de la muerte a la región de la vida! ¡A ti la gloria, a ti que asumiste un cuerpo mortal e hiciste de él fuente de vida para todos los mortales!

Tú vives para siempre; los que te dieron muerte se comportaron como los agricultores: enterraron la vida en el sepulcro, como el grano de trigo se entierra en el surco, para que luego brotara y resucitara llevando consigo a otros muchos.

Venid, hagamos de nuestro amor una ofrenda grande y universal; elevemos cánticos y oraciones en honor de aquel que, en la cruz, se ofreció a Dios como holocausto para enriquecernos a todos (Sermón sobre nuestro Señor, 3-4.9: Opera, ed. Lamy, 1, 152-158. 166-168).

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A LA LUZ DE LA PALABRA QUE DIOS ME REGALA HOY


POR LA MAÑANA.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cuál podría ser el plan de Dios sobre mi vida en este nuevo día, que no es uno más, sino único para Dios porque su amor es siempre nuevo?

2) ¿Qué podría mejorar en mi relación con Dios durante el día de hoy? ¿Qué me está pidiendo su Palabra en este día?

3) ¿A quién podría estar lastimando en este día, a quién le podría estar haciendo sufrir? ¿A quién puedo, de hecho, estar defraudando, apenando, comenzando por la propia familia, y por la comunidad parroquial?

4) ¿A quién podría ayudar en este día? ¿Cómo voy a transmitir el amor de Dios en este día, con qué personas me voy a ver? ¿Quién puede estar esperando algo de mí? Si Jesús estuviera en mi lugar, ¿qué puedo suponer que diría o haría?

5) ¿Cómo me debe cambiar hoy la Resurrección del Señor, y su actualización sacramental realizada en la Eucaristía, sea diaria o dominical? ¿Qué fruto espiritual derivado de la misa dominical podría cultivar hoy: sinceridad, petición de perdón, afabilidad, alegría, alabanza y bendición?


POR LA NOCHE.- Puedes preguntarte:

1) ¿Cómo he respondido al plan de Dios sobre este día ya pasado? ¿En qué he cumplido y en qué he fallado?

2) ¿Cómo le ofrezco a Dios lo bueno, y le pido perdón de lo deficiente?

3) ¿Cómo le agradezco a Dios su paciencia conmigo, y cómo renuevo mi confianza en Dios que siempre me espera y me da nuevas oportunidades? Le doy gracias por lo bueno, y le ofrezco lo malo para que Jesús supla mis deficiencias: él dio gloria perfecta a Dios Padre por mí y en mi lugar. Me alegro en Jesús, mi hermano mayor, mi Redentor.

4) ¿Cómo rezar debidamente la oración del anciano Simeón, antes de acostarse: “Ahora, Señor, según tu palabra puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador…”

Que siempre alcancemos esa paz antes de descansar para poder decir con el salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo porque tú estás conmigo, tú solo me haces vivir tranquilo.

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RELATO DE LA CONVERSIÓN DE SAN AGUSTÍN 

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo (Libro 8, 12, 28-30: BAC II, Madrid 1991, 338-341)

Mas apenas una alta consideración sacó del profundo de su secreto y amontonó toda mi miseria a la vista de mi corazón, estalló en mi alma una tormenta enorme, que encerraba en sí copiosa lluvia de lágrimas.

Y para descargarla toda, con sus truenos correspondientes, me levanté de junto Alipio —pues me pareció que para llorar era más a propósito la soledad— y me retiré lo más remotamente que pude, para que su presencia no me fuese estorbo.

Tal era el estado en que me hallaba, del cual él se dio cuenta, pues no sé qué fue lo que dije al levantarme que ya el tono de mi voz parecía cargado de lágrimas.

Se quedó él en el lugar en que estábamos sentados sumamente estupefacto; mas yo, tirándome debajo de una higuera, no sé cómo, solté la rienda a las lágrimas, brotando dos ríos de mis ojos, sacrificio tuyo aceptable.

Y aunque no con estas palabras, pero sí con el mismo sentido, te dije muchas cosas como éstas: ¡Y tú, Señor, hasta cuándo! ¡Hasta cuándo, Señor, has de estar irritado! No quieras más acordarte de nuestras iniquidades antiguas.

Me sentía aún cautivo de ellas y lanzaba voces lastimeras: «¿Hasta cuándo, hasta cuándo? ¡Mañana!, ¡mañana! ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no poner fin a mis tormentas en esta misma hora?».

Decía estas cosas y lloraba con amarguísima contrición de mi corazón. Mas he aquí que oigo de la casa vecina una voz, como de niño o niña, que decía cantando y repetía muchas veces: «Toma y lee, toma y lee».

De repente, cambiando de semblante, me puse con toda la atención a considerar si por ventura había alguna especie de juego en que los niños soliesen cantar algo parecido, pero no recordaba haber oído jamás cosa semejante; y así, reprimiendo el ímpetu de las lágrimas, me levanté, interpretando esto como una orden divina de que abriese el códice y leyese el primer capítulo que hallase.

Porque había oído decir de Antonio que, advertido por una lectura del Evangelio, a la cual había llegado por casualidad, y tomando como dicho para sí lo que se decía: Vete, vende todas las cosas que tienes, dalas a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos, y después ven y sígueme, se había al punto convertido a ti con tal oráculo.

Así que, apresurado, volví al lugar donde estaba Alipio y yo había dejado el códice del Apóstol al levantarme de allí.

Lo tomé, pues, lo abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, y decía: No en comilonas y embriagueces, no en lechos y en liviandades, no en contiendas y emulaciones, sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no cuidéis de la carne con demasiados deseos.

No quise leer más, ni tampoco era necesario, pues al punto que di fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas.

Entonces puesto el dedo o no sé qué de registro, cerré el códice y con rostro ya tranquilo se lo indiqué a Alipio, quien, a su vez, me indicó lo que pasaba por él, y que yo ignoraba.

Pidió ver lo que había leído; se lo mostré, y puso atención en lo que seguía a aquello que yo había leído y yo no conocía. Seguía así: Recibid al débil en la fe, lo cual se aplicó él a sí mismo y me lo comunicó.

Y fortificado con tal admonición y sin ninguna turbulenta vacilación, se abrazó con aquella determinación y santo propósito, tan conforme con sus costumbres, en las que ya de antiguo distaba ventajosamente tanto de mí.

Después entramos a ver a la madre, indicándoselo y se llenó de gozo. Le contamos el modo como había sucedido y saltaba de alegría y cantaba victoria, por lo cual te bendecía a ti, que eres poderoso para darnos más de lo que pedimos o entendemos, porque veía que le habías concedido respecto de mí, mucho más de lo que constantemente te pedía con gemidos lastimeros y llorosos.

Porque de tal modo me convertiste a ti que ya no apetecía esposa ni abrigaba esperanza alguna de este mundo, estando ya en aquella regla de fe sobre la cual hacía tantos años me habías mostrado a ella.

Y así convertiste su llanto en gozo, mucho más fecundo de lo que ella había apetecido y mucho más caro y casto que el que podía esperar de los nietos que le diera mi carne (San Agustín, Confesiones).

http://www.provinciasannicolas.org/docs/10286.pdf


El maná de cada día, 5.12.14

diciembre 5, 2014

Viernes de la 1ª semana de Adviento

Séptimo día de la novena a la Inmaculada Concepción


5 de diciembre de 1588: Día de la Recolección Agustiniana

Enhorabuena a la Orden Agustinos Recoletos

El Señor nos conceda la fidelidad al carisma original
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Sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos

Sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos

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PRIMERA LECTURA: Isaías 29, 17-24

Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos.

Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»

Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»


SALMO 26, 1.4.13-14

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.


Aclamación antes del Evangelio

Mirad, el Señor llega con poder e iluminará los ojos de sus siervos.


Evangelio: Mateo 9, 27-31

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David.»

Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?»

Contestaron: «Sí, Señor.»

Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe.» Y se les abrieron los ojos.

Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!» Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.
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NOVENA A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

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milagrosa


DÍA SÉPTIMO

María en el Calvario


Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clofás, y maría Magdalena.

Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»

Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. (Juan 19,25-27)


Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!


Reflexión

De pie junto a su hijo crucificado, María sufrió en su corazón todo lo que padeció él. Fue enorme el sacrificio que Dios le pidió a María en el Calvario. Le pidió que creyera, a pesar de que no había ninguna razón humana para creer, lo que le había anunciado a través del Ángel Gabriel treinta años antes: Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin (Lucas 1,32-33).

Dios le pidió a María que consintiera el sacrificio de Cristo ofreciendo a Jesús al Padre en un acto de adoración, y que uniera sus propios sufrimientos a los de Cristo por nuestra salvación. Los Padres del Concilio Vaticano II describieron maravillosamente la obra de María en el Calvario: María cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia (Lumen Gentium, 61).

Para revelar que, al pie de la cruz, María estaba en pleno parto, dando a luz a la Iglesia, Jesús dijo: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Y al discípulo que amaba, que representa a cada uno de nosotros: Ahí tienes a tu madre. El antiguo autor cristiano Orígenes de Alejandría escribió lo siguiente: Pues si María, como declaran quienes con solidez argumental la exaltan, no tuvo otro hijo que Jesús, y sin embargo Jesús dice a su madre “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y no “Ahí tienes a este otro hijo”, lo que dice Jesús es prácticamente “Ahí tienes a Jesús, a quien diste a luz”. Si es cierto que todo el que es perfecto ya no vive en sí mismo sino que es Cristo quien vive en él, entonces si Cristo vive en él, lo que se le dice a María es “Ahí tienes a tu hijo Cristo” (Orígenes, Comentario al Evangelio de Juan, Libro 1, cap. 6).

San Juan agrega enseguida que desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Los estudiosos de las Escrituras señalan que el texto podría traducirse literalmente como desde aquella hora el discípulo la acogió como propia. Cristo quiere que todos sus discípulos amados establezcan una relación hijo-madre con su madre, la primera y más perfecta de sus discípulos. El discípulo la recibe en su intimidad y le pide que le enseñe los caminos de Cristo.

El beato Juan Pablo II comprendía la consagración a Jesús a través de María a partir de este versículo de la Escritura: “El discípulo la acogió como propia”. San Luis de Montfort y San Maximiliano Kolbe le habían enseñado la importancia de la consagración total a Jesús a través de María. Estos tres sacerdotes santos también nos ayudarán a nosotros a entregar todo a Jesús por medio de María.

Es tan importante en estos tiempos de peligro hacer un acto de Consagración total a Jesús a través de la Santísima Virgen. Mediante este acto en el que el cristiano se ofrece a sí mismo, se entrega todo a Cristo por medio de María: el cuerpo, el alma, las posesiones materiales y las ocupaciones, así como todo don espiritual.

Por medio de la consagración, el cristiano se hace libremente siervo y esclavo de María para pertenecer completamente a Jesús. A diferencia de la esclavitud del pecado, esta esclavitud elegida libremente es la única atadura que nos da verdadera libertad y paz.

Entregando todo a Cristo por medio de María, el cristiano confía en que el Espíritu Santo lo utilizará para aplastar la cabeza de Satanás (Gen 3,15) y preparar el Reino de Jesucristo.


Oración

Oración de Consagración escrita por San Maxilimiano Kolbe

Oh Inmaculada, reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima, a quien Dios confió la economía de la misericordia. Yo, (su nombre), pecador indigno, me postro ante ti, suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y posesión tuya.

A ti, Oh Madre, ofrezco todas las dificultades de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad. Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva, para cumplir lo que de ti ha sido dicho: “Ella te aplastará la cabeza” (Gen 3,15), y también: “Tú has derrotado todas las herejías en el mundo”.

Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas me convierta en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo, aumento en cuanto sea posible el bienaventurado Reino del Sagrado Corazón de Jesús. Donde tú entras, Oh Inmaculada, obtienes la gracia de la conversión y la santificación, ya que toda gracia que fluye del Corazón de Jesús para nosotros nos llega a través de tus manos.

V. Ayúdame a alabarte, Oh Virgen Santa
R. y dame fuerza contra tus enemigos. Amén


V. Oh María, sin pecado concebida
R. Ruega por nosotros que recurrimos a ti.


El maná de cada día, 16.10.14

octubre 16, 2014

Jueves de la 28ª semana del Tiempo Ordinario

Sexto día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki

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Por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados

Por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados



PRIMERA LECTURA: Efesios 1, 1-10

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús, que residen en Éfeso.

Os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.


SALMO 97, 1.2-3ab.3cd-4.5-6

El Señor da a conocer su victoria.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclamad al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.

Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 6

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida -dice el Señor-; nadie va al Padre, si no por mí.


EVANGELIO: Lucas 11, 47-54

En aquel tiempo, dijo el Señor:

«¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron!

Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros.

Por algo dijo la sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán”; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario.

Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación.

¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!»

Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.


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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (6)

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Magdalena, como las santas mujeres al pie de la Cruz, acompaña a sus padres espirituales el día de su martirio

 

Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Reflexión para el día sexto:

Magdalena presencia el martirio de sus padres espirituales

Día 18 de noviembre de 1629. Los esbirros de Unemedono buscan a los misioneros escondidos en los montes cercanos a Nagasaki y sorprenden al padre Francisco, postrado en tierra, que en fervorosa oración ofrecía alegre al Señor su vida.

Lo ataron cruelmente y lo condujeron a las cárceles del mismo palacio del gobernador, donde encuentra al agustino padre Bartolomé Gutiérrez y al jesuita japonés Antonio Ishida. Magdalena asiste impotente y llorosa a la captura de todos estos misioneros, que ella conocía y, sobretodo, a la de su padre Francisco.

Pocos días después es capturado en una isla cercana a Nagasaki el padre Vicente, su padre espiritual, su inseparable compañero de tan tos trabajos y fatigas. Todas estas noticias llenan de infinita amargura a Magdalena. Recuerda el día en que apresaron a sur padres y hermanos y, como entonces, derrama lágrimas amargas. Su primera preocupación es visitar a sus padres espirituales, que se han juntado en la cárcel.

Los encuentra encerrados en jaulas estrechas y bajas, atenazados sus pies con cepos de hierro. A pesar de todo, están contentos y cantan himnos al Señor. Esto levanta el ánimo de Magdalena. Después, fueron trasladados a las cárceles de Omura. Escriben a Magdalena, y le dicen que están contentos y le dan consejos para que prosiga su trabajo de apostolado.

Después de dos años, vuelven, siempre aprisionados, a Nagasaki. Magdalena puede visitarlos, recibir sus consejos personalmente y contarles tantas cosas. Poco después, Magdalena ve sacar a los prisioneros de sus jaulas para atormentarlos en las hirvientes aguas de Unzen. “Los llevaban, dice un testigo, en caballos, amarradas las manos, y les iban siguiendo muchas mujeres, hombres y niños…, a los cuales ellos predicaban la fe cristiana”.

Entre las mujeres estaba Magdalena, que también está junto a ellos cuando regresan del martirio de las aguas sulfurosas. Y los visita varias veces en la prisión. Los encuentra demacrados, pero alegres en medio de sus sufrimientos. Ella se siente confortada cuando va a visitarlos. Es su mensajera, su mano derecha, el mejor enlace con los cristianos que todavía resisten y andan escondidos por los montes.

Y cuando el 3 de septiembre de 1632 son quemados vivos en el “Monte de los Mártires”, Magdalena, como las santas mujeres al pie de la Cruz, asiste llorosa al supremo sacrificio. También aquel día era viernes. Seis columnas (eran seis los quemados ese día) de humo negro y denso van a unirse en las alturas, como único holocausto ofrecido al Señor.

Y Magdalena se volverá a los montes a seguir siendo el aliento y la consolación de los cristianos.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

– Por los pobres, los afligidos, los desesperados, para que encuentren en la fe la fuente de la esperanza y de la verdadera vida. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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SERVICIO DE ORACIÓN
O MINISTERIO DE INTERCESIÓN – 106

1. Macarena
2. Julián
3. Carmen
4. Rebeca
5. Chela
6. Ana M.
7. Ali y Cipri
8. Susana
9. Julia R.
10. Anita
11. Jaime
12. Jesús
13. Ángel
14. Marcela
15. Carlos
16. María del Valle y Luis
17. Gerardo

18. Edu, Mónica y Alba

19. + Rubén

20. + Julia A.

21. + Esteban

22. En favor de cuantos se encomienden a nuestras oraciones, por vivos y difuntos.


El maná de cada día, 13.10.14

octubre 13, 2014

Lunes de la 28ª semana de Tiempo Ordinario

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Tercer día de la novena a Santa Magdalena de Nagasaki
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Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado

Cristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado



PRIMERA LECTURA: Gálatas 4, 22-24. 26-27. 31-5, 1

Hermanos:

En la Escritura se cuenta que Abrahán tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre; el hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios.

Esto tiene un significado: Las dos mujeres representan dos alianzas.

Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí.

La Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, como dice la Escritura: «Alégrate, estéril, que no das a luz, rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el marido.»

Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre.

Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.

Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.


SALMO 112, 1-2. 3-4. 5-7

Bendito sea el nombre del Señor por siempre.

Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.

De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 94, 8ab

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.


EVANGELIO: Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:

«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.

Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»


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Recuerda con agradecimiento tu Bautismo

Nos acostumbramos con tanta facilidad a los dones de Dios que podemos llegar a olvidar que vivimos en ellos y de ellos. Nos llegan de forma tan habitual, tan sencilla, tan imperceptible, que nuestra mirada superficial nos hace creer que, en realidad, no son tan reales como decimos.

Continuamente estamos respirando sin que nos paremos a considerar la importancia que tiene para nuestra vida un acto tan mecánico y sencillo como es inspirar el aire exterior en nuestros pulmones. Algo así pasa con nuestro bautismo, sin el que el alma ni siquiera podría respirar la vida divina de Dios.

Piensa que, por tu bautismo, fuiste arrancado del reino y del poder del maligno y consagrado para siempre a Dios, fuiste hecho hijo en el Hijo, fuiste consagrado como templo del Espíritu Santo, fuiste hecho sacerdote y liturgo para ofrecer a Dios el culto de tu propia vida, fuiste unido como miembro a la cabeza en un cuerpo místico que es la Iglesia Madre, fuiste sentado a la mesa de los hijos para participar en el banquete de esta vida divina que corre por las venas de tu alma.

Piensa que el mayor de todos los males o el mayor cúmulo de desgracias, tragedias y condenaciones que pudieran acaecerte en tu vida es muy poco, o incluso nada, en comparación con el mal infinitamente más grave del que te salva el bautismo.

Aviva, con delicada gratitud y veneración, la gracia de ese insondable misterio de Dios que te comunicó tu bautismo y cuya huella indeleble nada ni nadie te pueden quitar.

Aviva esa presencia activa y viva del Espíritu Santo que recibiste en el bautismo y cuyos dinamismos van imprimiendo en ti, de forma cada vez más nítida y transparente, la imagen, el rostro, la forma de ese Cristo en quien fuiste sepultado y crucificado una vez para siempre.

Tu bautismo es un don, pero también una tarea. Vive ese don con la responsabilidad grave de quien guarda en sus manos un talento único y precioso. Vive tu bautismo con coherencia y unidad de vida, para que en ella irradies la belleza y el atractivo de esa gracia bautismal que tanto te asemeja a tu Dios.

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Novena a Santa Magdalena de Nagasaki (3)

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Pasaba muchas horas en devociones, penitencias y en alta contemplación.

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Rito de entrada para todos los días:

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Oración

Oh Padre, que te complaces en escoger a los pequeños y débiles para manifestarnos las maravillas de tu amor, y que escogiste a la joven Magdalena de Nagasaki para que propagara el Evangelio entre sus conciudadanos, velara por su fidelidad a Cristo, hiciera a ti ofrenda de su vida como terciaria seglar agustino-recoleta y muriera mártir de la fe,

concédenos, por su intercesión, que sepamos, ser siempre testimonios fieles de Cristo en nuestro vivir cotidiano y sepamos amar a nuestros hermanos con amor sincero y desinteresado. Danos, Señor, saber colaborar activamente en la difusión del Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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Día tercero

Reflexión: Martirio de los padres y hermanos de santa Magdalena.

Los años de 1615 a 1622 han sido años de numerosos martirios entre los cristianos de Nagasaki. Magdalena acompaña, si bien pequeñita, a sus padres, que siguen a esos cristianos condenados a muerte hasta el lugar del suplicio.

El acceso es libre, y asisten muchísimos cristianos, entonando a una con los mártires cantos al Señor, mientras las víctimas eran decapitadas, crucificadas o quemadas a fuego lento. El espíritu de los cristianos se enardece y se prepara a derramar a su vez la sangre por Cristo.

Un día (¿del año 1622?) los esbirros rodean la casa de los padres de Magdalena. El padre es una persona importante, un cabeza de familia, y como tal, tiene que abjurar ante los jueces de su fe cristiana. Pero los padres y los hermanos de Magdalena tienen una fe recia. Están dispuestos a dar mil veces su vida por Cristo, antes que renegar de la fe. Los esbirros se llevan a toda la familia: los padres y los hermanos. Atados como malhechores, los conducen a las angostas y sucias jaulas de la ciudad, donde esperarán la muerte.

¿Y Magdalena? Es todavía una niña de unos once años, y los esbirros no se atreven a poner las manos sobre ella. La jovencita se queda llorando. No quiere ser separada de su familia. Ignoramos la fecha en que fueron sacrificados.

Quizá formaron parte del grupo de víctimas del Gran Martirio de Nagasaki, de agosto y septiembre de 1622. Aquella escena no la olvidará Magdalena jamás. En el aire han quedado flotando la sonrisa de sus padres y hermanos y la melodía de los cánticos que entonaban mientras los conducían al patíbulo.

Magdalena ha perdido lo único que estimaba en su vida. Huérfana, con el pensamiento en el cielo, solo abriga ahora un deseo: consagrarse al Señor y poder derramar un día su sangre por Cristo, su Amado. Libre ya de los cuidados terrenos, sola en el mundo, se dedica a la penitencia, a la oración y al apostolado.

“Gastaba muchas horas, dice su biógrafo, día y noche, no solamente en devociones y penitencias, sino también en alta contemplación de la pasión de Cristo, redentor nuestro, y de la gloria de los bienaventurado sacando de tales cosas tales afectos que sus ojos eran fuentes de lágrimas”.

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Oración de los fieles para todos los días:

Elevemos, hermanos, nuestras oraciones al Padre común, por intercesión de santa Magdalena de Nagasaki, virgen y mártir, y patrona de nuestra fraternidad seglar agustino-recoleta.

– Por todos los misioneros, especialmente por los agustinos recoletos, para que sepan predicar única y exclusivamente a Cristo, y éste crucificado. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los catequistas, para que sepan ayudar en el robustecimiento de la fe, esperanza y caridad de los creyentes y catecúmenos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por nuestras fraternidades seglares agustino- recoletas, para que imiten los ejemplos de caridad, sencillez, desprendimiento, sacrificio y fidelidad hasta el martirio de santa Magdalena de Nagasaki. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

– Por todos los pueblos del Extremo Oriente, para que se abran a la luz de Cristo y crean en el Evangelio. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todos los que sufren persecución a causa del Evangelio, para que sepan mantenerse íntegros en la fe, constantes en la esperanza y animosos en la caridad. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Para añadir a la oración comunitaria:

Por todos los huérfanos y todos los niños abandonados, para que encuentren en nuestro Padre Dios consuelo, fortaleza y ayuda eficaz. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

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Oración final para todos los días:

Padre y Señor nuestro, tu mártir Magdalena de Nagasaki predicó sin desfallecer el Evangelio y derramó su sangre por ti; concédenos, por su intercesión, ser fíeles testigos de tu Palabra, seguidores de sus ejemplos y participar con ella de tu gloria por la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


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SERVICIO DE ORACIÓN
O MINISTERIO DE INTERCESIÓN – 103

1. Macarena
2. Julián
3. Carmen
4. Rebeca
5. Chela
6. Ana M.
7. Ali y Cipri
8. Susana
9. Julia R.
10. Anita
11. Jaime
12. Jesús
13. Ángel
14. Marcela
15. Carlos
16. María del Valle y Luis
17. Gerardo

18. Edu, Mónica y Alba

19. + Rubén

20. + Julia A.

21. + Esteban

22. En favor de cuantos se encomienden a nuestras oraciones, por vivos y difuntos.


El maná de cada día, 10.10.14

octubre 10, 2014

Viernes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

Santo Tomás de Villanueva, obispo

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Sto. Tomás de Villanueva. Luca Giordano, Museo di Capodimonte, Nápoles

Santo Tomás de Villanueva. Luca Giordano, Museo di Capodimonte, Nápoles



Antífona de entrada Ez 34, 11. 23-24

Buscaré a mis ovejas -dice el Señor- y suscitaré un pastor que las apaciente: yo, el Señor, seré su Dios.


Oración colecta

Oh Dios, que quisiste asociar a santo Tomás de Villanueva, insigne por su doctrina y caridad, al número de los santos pastores de tu Iglesia, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer continuamente entre los miembros de tu familia santa. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Gálatas 3, 7-14

Hermanos:

Comprended de una vez que hijos de Abrahán son los hombres de fe.

Además, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia: «Por ti serán benditas todas las naciones.»

Así que son los hombres de fe los que reciben la bendición con Abrahán, el fiel.

En cambio, los que se apoyan en la observancia de la ley tienen encima una maldición, porque dice la Escritura: «Maldito el que no cumple todo lo escrito en el libro de la ley.»

Que en base a la ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque lo que está dicho es que «el justo vivirá por su fe», y la ley no arranca de la fe, sino que «el que la cumple vivirá por ella.»

Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: «Maldito todo el que cuelga de un árbol.»

Esto sucedió para que, por medio de Jesucristo, la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles, y por la fe recibiéramos el Espíritu prometido.


SALMO 110, 1-2. 3-4. 5-6

El Señor recuerda siempre su alianza.

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra, su generosidad, dura por siempre; ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza; mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 12, 31b-32

Ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera -dice el Señor-. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.


EVANGELIO: Lucas 11, 15-26

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.

Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:

«Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?

Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.

Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí.”

Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»


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10 de octubre
Santo Tomás de Villanueva, obispo

Aun cuando sus padres vivieron en Villanueva de los Infantes, Tomás nació en Fuenllana, el año 1486. Estudió en la universidad de Alcalá, de la que, más tarde, fue maestro preclaro, dada su gran preparación en las ciencias humanas y sagradas.

Nombrado arzobispo de Valencia, fue un verdadero modelo de buen pastor, sobresaliendo por su caridad, pobreza, prudencia y celo apostólico. Murió el 8 de septiembre de 1555, y fue canonizado el año 1658.

Santidad e integridad de vida,
virtudes indispensables del buen prelado

De un sermón de santo Tomás de Villanueva, obispo, sobre el evangelio del buen Pastor

Nuestro Redentor, viendo la excelencia de las almas y el precio de su propia sangre, no quiso dejar el cuidado de los hombres, que tantos sufrimientos le causaron, al solo cuidado de nuestra prudencia, sino que quiere actuar con nosotros.

Por eso, dio a los fieles unos pastores, revistiéndolos de unos méritos que no tenían: entre ellos me encuentro yo, sostenido en mi indignidad por su infinita misericordia.

Cuatro son las condiciones que debe reunir el buen pastor.

En primer lugar, el amor: fue precisamente la caridad la única virtud que el Señor exigió a Pedro para entregarle el cuidado de su rebaño.

Luego, la vigilancia, para estar atento a las necesidades de las ovejas.

En tercer lugar, la doctrina, con el fin de poder alimentar a los hombres, hasta llevarlos a la salvación.

Y, finalmente, la santidad e integridad de vida. Ésta es la principal de las virtudes. En efecto, un prelado, por su inocencia, debe tratar con los justos y con los pecadores, aumentando con sus oraciones la santidad de unos y solicitando con lágrimas el perdón de los otros.

En cualquier caso, por los frutos se descubrirán siempre las condiciones indispensables del buen pastor.

Oración

Oh Dios, que quisiste asociar a santo Tomás de Villanueva, insigne por su doctrina y caridad, al número de los santos pastores de tu Iglesia, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer continuamente entre los miembros de tu familia santa. Por nuestro Señor Jesucristo.


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SERVICIO DE ORACIÓN
O MINISTERIO DE INTERCESIÓN – 100

1. Macarena
2. Julián
3. Carmen
4. Rebeca
5. Chela
6. Ana M.
7. Ali y Cipri
8. Susana
9. Julia R.
10. Anita
11. Jaime
12. Jesús
13. Ángel
14. Marcela
15. Carlos
16. María del Valle y Luis
17. Gerardo

18. Edu, Mónica y Alba

19. + Rubén

20. + Julia A.

21. + Esteban

22. En favor de cuantos se encomienden a nuestras oraciones, por vivos y difuntos.


El maná de cada día, 4.9.14

septiembre 4, 2014

Jueves de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

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Familia Agustiniana:

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN, PATRONA DE LA ORDEN
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Nuestra Señora, Madre de la Consolación

Nuestra Señora, Madre de la Consolación



PRIMERA LECTURA: 1 Corintios 3,18-23

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.»

Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.


SALMO 23, 1-2.3-4ab.5-6

Del Señor es la tierra y cuanto la llena

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 19

Venid y seguidme -dice el Señor-, y os haré pescadores de hombres.


EVANGELIO: Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»

Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»

Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a lo socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»

Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.


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4 de septiembre

Solemnnidad de Nuestra Señora, Madre de la Consolación
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Nuestra Señora de la Consolación, con san Agustín, san Nicolás de Tolentino, santa Mónica y santa Rita. De Juan Simón Gutiérrez (1645-1724). Agustinas Recoletas de Carmona (Sevilla).

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Primera Lectura: Is 49, 8-11. 13. 15 El Señor consuela a su pueblo.
Salmo 29: Para toda la vida la misericordia del Señor.
Segunda Lectura: 2 Co 1, 3-7 Nos alienta en todas nuestras luchas.
Evangelio: Jn 19, 25-27 Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.

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Oración de las Madres Cristianas Santa Mónica a Nuestra Señora de la Consolación por la fe de los hijos:

Virgen María, Madre de la Consolación, que consolaste a santa Mónica dándole la inmensa alegría de ver cómo el Espíritu Santo transformaba la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín haciéndolo cristiano; sé también nuestro consuelo.

Danos el gozo de ver a nuestros hijos firmes y felices en la práctica de la fe que en sus almas sembramos desde que los concebimos en nuestro ser.

Y si alguno se ha desviado, danos, Madre nuestra, la alegría de verlo retornar a la fe; y así poder gozarnos en la realización plena de nuestra vocación como madres cristianas. Amén.
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Reina y Madre de la Recolección Agustiniana

Nuestra Señora de la Consolación es la Virgen recoleta por excelencia. A ella consagró la Orden el beato Vicente Soler en 1926. Su imagen está en todas nuestras iglesias. De ella toma nombre una de las ocho provincias recoletas, así como muchas de sus casas y fraternidades seglares.

Pero no todos conocerán el significado de su nombre, o el de la correa que tanto ella como el Niño tienen en sus manos, o su relación con san Agustín y santa Mónica, que suelen flanquearla.

Todo ello lo explica con sencillez el padre Javier Guerra, ex prior General de la Orden, en una carta circular publicada hace un tiempo:

Con la bula Licet Ecclesiae del papa Alejandro IV, promulgada el 9 de abril de 1256, nacía la Orden de Ermitaños de San Agustín, compuesta por varios grupos eremíticos. Este acontecimiento es conocido en la historia como la Gran Unión Agustiniana.

Los primeros frailes, al proceder de diversos lugares y costumbres, vestían cada uno a su modo, si bien la mayoría se cubría con el típico sayal pardo con capucha y un ceñidor de cuerda. La bula terminó con estas diferencias y mandó que todos vistieran «hábito de color negro, con exclusión de cualquier otro, para que la uniformidad del vestido manifieste también la uniformidad de vuestra profesión».

En los decenios siguientes y con el fin, quizá inconsciente, de justificar su forma de vivir y vestir, los agustinos fueron perfilando una leyenda, según la cual san Agustín habría vestido primeramente, a raíz de su bautismo, de blanco, según estaba ordenado para los neófitos en la Iglesia primitiva.

Después, por consejo de santa Mónica, san Ambrosio le habría impuesto el hábito negro sobre el blanco.

Según la tradición, santa Mónica, angustiada por la pérdida de su esposo Patricio y el descarrío de su hijo Agustín, habría recurrido a la Virgen pidiéndole ayuda y solicitándole que le revelase cómo vestía Ella después de la muerte de su esposo san José.

La Virgen María la consoló con una aparición, en la que le mostró un vestido de color negro, ceñido con un cinturón de cuero, le entregó su correa y le prometió proteger a todo aquel que vistiese como Ella y se ciñese su correa.

La leyenda se fraguó durante los siglos XIV y XV, y alcanzó su apogeo en los dos siguientes.

Paralelamente los agustinos atribuyeron a la correa valores taumatúrgicos y le dieron un significado místico. La correa pasó a ser símbolo de mortificación, disponibilidad y pureza.

Lógicamente, la leyenda carece de base histórica y nos conduce a un mundo abierto a lo irreal y maravilloso, que ya no es el nuestro.

Pero no es menos cierto que refleja un hecho que, de un modo u otro, tuvo que acaecer en el corazón de Mónica, y funde en una única realidad tres devociones de todo agustino a la Madre de Dios, a San Agustín y a Santa Mónica.

La Consolación recuerda la alegría de Mónica por la conversión de su hijo y aviva en nuestros corazones la esperanza de que María no dejará nunca de velar por nosotros y nuestros seres queridos.

Canta y Camina No. 63

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La Consolación

NUESTRA SEÑORA, MADRE DE LA CONSOLACIÓN

Patrona de la Orden

La bienaventurada Virgen María es venerada como Madre de Consolación, porque a través de ella “Dios mandó al mundo al Consolador”, Cristo Jesús.

La participación en los dolores de la pasión de su Hijo y en las alegrías de su resurrección la ponen en condición de consolar a sus hijos en cualquier aflicción en que se encuentren.

Después de la ascensión de Jesucristo, en unión con los apóstoles imploró con ardor y esperó con confianza al Espíritu Consolador.

Ahora, elevada al cielo, “brilla ante el pueblo peregrino de Dios como signo de segura esperanza y consolación” (LG 69).

Al menos desde el siglo XVII, “Madre de Consolación” o “Madre de la Correa” es el título principal con que la Orden Agustiniana honra a la Virgen. En 1439 obtuvo la facultad de erigir para los laicos la “Cofradía de la Correa”.

Una piadosa leyenda, nacida en el seno de la Orden, narraba que la Virgen se había aparecido a santa Mónica, afligida por la suerte de Agustín, consolándola y dándole una correa, la misma con que después se ciñeron Agustín y sus frailes.

De ordinario, la iconografía representa a la Virgen y al Niño en el acto de entregar sendas correas, respectivamente, a santa Mónica y a san Agustín.

En 1495 surgió en la iglesia agustiniana de Bolonia la “Cofradía de Santa María de la Consolación. En 1575 ambas cofradías se fusionaron en una única “Archicofradía de la Correa”, a la que la Sede Apostólica enriqueció con abundancia de indulgencias (Tomado de la Liturgia de las Horas de la Orden).
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SERVICIO DE ORACIÓN

O MINISTERIO DE INTERCESIÓN – 64

1. Macarena
2. Julián
3. Carmen
4. Rebeca
5. Chela
6. Ana M.
7. Ali y Cipri
8. Susana
9. Julia R.
10. Anita
11. Jaime
12. Jesús
13. Ángel
14. Marcela
15. Carlos
16. María del Valle y Luis
17. Gerardo

18. Edu y Mónica

19. + Rubén

20. + Julia A.

21. En favor de cuantos se encomienden a nuestras oraciones, por vivos y difuntos.


El maná de cada día, 28.8.14

agosto 28, 2014

San Agustín, Nuestro Padre, obispo y doctor de la Iglesia

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¡Felicidades a la familia agustino-recoleta y a todas las comunidades agustinianas del mundo. Seamos lo que somos por gracia: Hijos del gran Agustín!

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Claudio Coello. Triunfo de San Agustín. Óleo sobre lienzo. 1664. Museo del Prado. Madrid

Claudio Coello. Triunfo de San Agustín. 1664. Museo del Prado. Madrid

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Antífona de entrada: Re 4, 29.31c

Dios le concedió sabiduría e inteligencia muy grandes y un corazón dilatado; su nombre se extendió por todos los pueblos.


Oración colecta

Renueva, Señor, en tu Iglesia el espíritu que infundiste en san Agustín, obispo, y así también nosotros, sedientos de la verdadera sabiduría nunca cesemos de buscarte, fuente viva de amor eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Hechos de los Apóstoles 2, 42-47

Después del día de Pentecostés, los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones.

Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.


SALMO 83, 2-6.11

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.

Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.


SEGUNDA LECTURA: 2 Timoteo 4, 1-8

Querido hermano: Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.

Tú estate siempre alerta; soporta lo adverso, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.

Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.


Secuencia (Ad libitum)

De un abismo de tinieblas
brota una luz esplendente
que hoy para el mundo fulgura.

Agustín, el que había sido
presa del error, es dado
como un honor a la Iglesia.

A la llamada divina,
abraza la fe, y se acerca
a la fuente del bautismo.

Con elocuencia combate,
y en sus escritos condena
sus pasados extravíos.

Confirma la fe; modela
las costumbres; su palabra
destruye el error y el vicio.

Enmudece Fortunato,
deden Manes y Donato
al fulgor de su palabra.

Aquel mundo en decadencia,
ebrio de opiniones vanas
y turgente de herejías,

Fruto abundante comienza
a producir, cuando esparce
la fe, Agustín, por el orbe.

Según norma de los fieles
de Jerusalén, ajusta
la vida del monacato.

Pues sus hermanos vivían
en común, sin nada propio
que considerasen suyo.

Para salvación del hombre
él cultivó de por vida
las virtudes: murió anciano,
y reposó con sus padres.

Nada dejó en testamento
quien nada propio tenía,
pues los bienes reputaba
comunes con sus hermanos.

Salve, modelo de sabios,
de Cristo luz, voz celeste,
pregonero de la vida,
lumbrera de los doctores.

Los que Padre te proclaman,
teniéndote como guía,
consigan la vida eterna
en la gloria de los santos.
Amén.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 14

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí.


EVANGELIO: Juan 10, 7-18

En aquel tiempo dijo Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí, se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre ».


Antífona de comunión: 1 Cor 10, 17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.


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¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!

Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste.

Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud.

Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hech­o por ella. La conoce el que conoce la verdad.

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo.

Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba:

«Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».

Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía:

Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.

¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían.

Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.


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SERVICIO DE ORACIÓN

O MINISTERIO DE INTERCESIÓN – 57

1. Macarena
2. Julián
3. Carmen
4. Rebeca
5. Chela
6. Ana M.
7. Ali y Cipri
8. Susana
9. Julia R.
10. Anita
11. Jaime
12. Jesús
13. Ángel
14. Marcela
15. Carlos
16. María del Valle y Luis
17. Edu y Mónica

18. + Rubén

19. + Julia A.

20. En favor de cuantos se encomienden a nuestras oraciones, por vivos y difuntos.


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