El Papa: Santa Teresita del Niño Jesús acompaña a este “viejo” en sus “neurosis”

septiembre 7, 2019

.

Francisco instruyó a las monjas carmelitas, de clausura, para que pidan ayuda, sepan dialogar y busquen el camino de la santidad.

.

El Pontífice asistió a una Hora Media en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas en Madagascar

El Papa: Santa Teresita del Niño Jesús acompaña a este “viejo” en sus “neurosis”  

Por Ary Waldir Ramos Díaz, 7 set. 2019

.

En Antananarivo, Madagascar, este sábado 7 de septiembre, el papa Francisco asistió a una Hora Media en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas. En este evento, ha dejado de lado el discurso preparado y dijo que Santa Teresita del Niño Jesús le acompaña para mitigar su “neurosis”. Francisco instruyó a las religiosas de clausura para que pidan ayuda, sepan dialogar y busquen el camino de la santidad.

Advirtió del peligro de pensar que al entrar en el convento han dejado fuera de la puerta al diablo, pues Jesús enseñaba que luego él vuelve como tentador con siete demonios más y no haciendo ruido, sino que se presenta “educado”, sofisticado. 

Para describir las tentaciones del convento, el Papa contó la historia de dos religiosas: una joven novicia y la otra una religiosa mayor neurótica. 

Al final, reveló que la religiosa joven era Santa Teresita del Niño Jesús (2 de enero de 1873, Alenzón, Francia, 30 de septiembre de 1897, Lisieux, Francia) y que la anciana era sor San Pedro que iba aún al coro y al refectorio, y tenía problemas físicos para moverse. Diez minutos antes de las seis, era necesario que una hermana se tomase la molestia de conducirla al refectorio.

Santa Teresita del Niño Jesús le costaba mucho ofrecerse para prestar aquel pequeño servicio, pues sabía que no era cosa fácil contentar a la pobre sor San Pedro, la cual sufría mucho, contó Francisco.

No obstante, la joven novicia no quería perder “aquella hermosa ocasión de ejercitar la caridad”, acordándose de que Jesús había dicho: “Lo que hicieres al más pequeño de los míos, a mí me lo habéis hecho”.

“Esa Teresa, ahora acompaña a un viejo”, dijo el papa Francisco al referirse a sí mismo. “Quiero dar mi testimonio, porque ella me ha acompañado en cada paso, me ha enseñado a dar los pasos necesarios… a veces soy un poco neurótico y le digo que se vaya, como sor San Pedro; a veces la escucho, los dolores no me dejan escucharla bien, pero es una amiga fiel”. 

Ante algunas decenas de religiosas en la capilla principal, el Papa aseguró que no hablaba de teorías, sino de algo que conoce bien, al referirse a las tentaciones de la vida religiosa y comunitaria.

Francisco ha dejado el discurso preparado y habló con el “corazón”. Destacó la valentía de seguir a Dios y de la lucha espiritual que dura toda la vida. “Es verdad que el trabajo más arduo lo hace Dios, pero se necesita valentía para dejarlo obrar”.

El Pontífice invitó a las religiosas de clausura a expresar lo que sienten cuando perciban alguna amenaza a su “serenidad”, incluso si la amenaza proviene de su director espiritual.

Rezar siempre y hablar con la priora, recomendó, “aunque no sea el premio Nobel de la simpatía”. “Por favor, hermana, si sientes algo extraño, habla enseguida… Si Eva hubiera hablado a tiempo: ‘Señor, mira esa serpiente, me propone esto’; Eva no habló, y sucedió un desastre”.

Por eso, indicó, su relación espiritual con Santa Teresita del Niño Jesús, que muestra a los religiosas y religiosas la dirección, hecha de pequeños gestos de amor, para el camino de la santidad. “¡Vayan adelante, valientes!”, se despidió el Papa. 

El Pontífice proseguiría su programa en Madagascar esta tarde con un encuentro con los obispos del país. Del mismo modo, visitará la tumba de la beata Victoire Rasoamanarivo, y también disfrutará de una vigilia con los jóvenes.

El Papa: Santa Teresita del Niño Jesús acompaña a este “viejo” en sus “neurosis”  


Papa Francisco: Un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrado

septiembre 7, 2019

.

Papa Francisco – Foto: Vatican Media / ACI Prensa

.

Papa Francisco: Un homosexual no puede ser sacerdote ni consagrado

.

El Papa Francisco afirmó que un homosexual no puede ser candidato para el sacerdocio o la vida consagrada, y que los formadores deben ser “exigentes” en este punto.

“La cuestión de la homosexualidad es una cuestión muy seria que hay que discernir adecuadamente desde el comienzo con los candidatos, si es el caso. Hemos de ser exigentes. En nuestras sociedades parece incluso que la homosexualidad está de moda y esa mentalidad, de alguna manera, también influye en la vida de la Iglesia”, señala el Papa en el libro “La fuerza de la vocación”, de Publicaciones Claretianas, que saldrá a la venta el 3 de diciembre.

En un fragmento del libro, adelantado este viernes por Religión Digital, el Santo Padre señala que le preocupa la presencia de personas con tendencia homosexual en el clero y la vida consagrada. “Es algo que me preocupa, porque quizá en un momento no se enfocó bien”, indicó.

Francisco dijo que en los candidatos al sacerdocio o vida religiosa “tenemos que cuidar mucho en la formación la madurez humana y afectiva. Tenemos que discernir con seriedad y escuchar la voz de la experiencia que también tiene la Iglesia. Cuando no se cuida el discernimiento en todo esto, los problemas crecen. Como decía antes, sucede que en el momento quizá no dan la cara, pero después aparecen”.

“La cuestión de la homosexualidad es una cuestión muy seria que hay que discernir adecuadamente desde el comienzo con los candidatos, si es el caso”, reiteró en la entrevista realizada por el P. Fernando Prado, director de la editorial claretiana de Madrid.

Francisco recordó que una vez “tuve aquí a un obispo algo escandalizado que me contó que se había enterado de que en su diócesis, una diócesis muy grande, había varios sacerdotes homosexuales y que había tenido que afrontar todo eso, interviniendo, antes que nada, en la formación, para formar otro clero distinto”.

“Es una realidad que no podemos negar. En la vida consagrada tampoco han faltado casos. Un religioso me contaba que, de visita canónica a una de las provincias de su congregación, se había quedado sorprendido. Él veía que había buenos chicos estudiantes y que incluso algunos religiosos ya profesos eran gays”, relató.

El Papa dijo que el religioso “dudaba de la cuestión y me preguntó si en ello había algo malo. ‘En definitiva -decía él- no es tan grave; es tan solo expresión de un afecto’”.

“Esto es un error –advirtió Francisco–. No es solo expresión de un afecto. En la vida consagrada y en la vida sacerdotal, ese tipo de afectos no tienen cabida. Por eso, la Iglesia recomienda que las personas con esa tendencia arraigada no sean aceptadas al ministerio ni a la vida consagrada. El ministerio o la vida consagrada no es su lugar”.

Luego señaló que “a los curas, religiosos y religiosas homosexuales, hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato y, sobre todo, que sean exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca ni a sus comunidades ni al santo pueblo fiel de Dios viviendo una doble vida. Es mejor que dejen el ministerio o su vida consagrada antes que vivir una doble vida”.

En el libro también se le pregunta al Papa si “hay límites que no se deben tolerar en la formación”.

“Evidente. Cuando hay candidatos con neurosis y desequilibrios fuertes, difíciles de poder encauzar ni con ayuda terapéutica, no hay que aceptarlos ni al sacerdocio ni a la vida consagrada. Hay que ayudarlos a que se encaminen por otro lugar, no hay que abandonarlos. Hay que orientarlos, pero no los debemos admitir. Tengamos en cuenta siempre que son personas que van a vivir al servicio de la Iglesia, de la comunidad cristiana, del pueblo de Dios. No olvidemos ese horizonte. Hemos de cuidar que sean psicológica y afectivamente sanos”, respondió el Papa.

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-un-homosexual-no-puede-ser-sacerdote-ni-consagrado-89755?fbclid=IwAR1f_DLCm4PhG_U1_UHr5vpoBLU_i523V4zAV0efqsEk2FjELOrw5y3YigU


El maná de cada día, 8.9.19

septiembre 7, 2019

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario, Ciclo C

.

shortcuts-00

Calcular primero



Antífona de entrada Sal 118, 137. 124

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.


Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Sabiduría 9, 13-18

¿Qué hombre conoce el designio de Dios?
¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Los pensamientos de los mortales son mezquinos, y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita.

Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo?
¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo?

Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó.


SALMO 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos.


SEGUNDA LECTURA: Filemón 9b-10. 12-17

Querido hermano:

Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas.

Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad.

Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido.

Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.


Aclamación antes del Evangelio: Sal 118, 135

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, enséñame tus leyes.


EVANGELIO: Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

– «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.”

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»


Antífona de la comunión Sal 41, 2-3

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo.

.
.

SI UNO ME SIGUE…

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

El pasaje del Evangelio de este domingo es uno de esos que dan la tentación de ser dulcificados por parecer demasiado duro para los oídos: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre…». Ante todo hay algo que aclarar: ciertamente el Evangelio es en ocasiones provocante, pero nunca contradictorio.

Poco después, en el mismo Evangelio de Lucas, Jesús recuerda con fuerza el deber de honrar al padre y a la madre (Cf. Lucas 18 20) y a propósito del marido y la mujer, dice que tienen que ser una sola carne y que el hombre no tiene derecho de separar lo que Dios ha unido.

Entonces, ¿cómo puede decirnos ahora que hay que odiar al padre y a la madre, a la mujer, a los hijos y a los hermanos?

Hay que tener en cuenta un hecho. En hebreo no hay comparativo de superioridad o de inferioridad (amar a alguien más o menos que a otra persona); simplifica y reduce todo a «amar» u «odiar».

La frase «si alguno viene donde mí y no odia a su padre y a su madre» debe entenderse, por tanto, en este sentido: «si alguno viene donde mí sin preferirme a su padre y a su madre».

Para darse cuenta de esto basta leer el mismo pasaje del Evangelio de Mateo donde dice: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mateo 10, 37).

Sería totalmente equivocado pensar que este amor por Cristo está en competencia con los diferentes amores humanos: por los padres, el cónyuge, los hijos, los hermanos. Cristo no es un «rival en el amor» de nadie y no tiene celos de nadie.

En la obra «El zapato de raso» de Paul Claudel, la protagonista, cristiana fervorosa pero al mismo tiempo locamente enamorada de Rodrigo, exclama interiormente, como si le costara creerse a sí misma: «Por tanto, ¿está permitido este amor por las criaturas? ¿Verdaderamente Dios no tiene celos?».

Y su ángel de la guarda le responde: «¿Cómo podría ser celoso de lo que ha hecho él mismo?» (acto III, escena 8).

El amor por Cristo no excluye los demás amores sino que los ordena. Es más, en él todo amor genuino encuentra su fundamento, su apoyo y la gracia necesaria para ser vivido hasta el final.

Este es el sentido de la «gracia de estado» que confiere el sacramento del matrimonio a los cónyuges cristianos. Asegura que, en su amor, serán apoyados y guiados por el amor que Cristo tuvo por su esposa, la Iglesia.

Jesús no hace ilusiones a nadie, pero tampoco desilusiona a nadie; pide todo porque quiere darlo todo; es más, lo ha dado todo. Uno podría preguntarse: ¿pero cómo puede este hombre, que vivió hace veinte siglos en un rincón perdido del planeta, pedirnos a todos este amor absoluto?

La respuesta, sin necesidad de remontarnos muy lejos, se encuentra en su vida terrena que conocemos por la historia: él fue el primero en darlo todo por el hombre: «Cristo nos amó y se entregó por nosotros» (Cf. Efesios 5, 2).

En este mismo pasaje del Evangelio, Jesús nos recuerda también cuál es el test y la prueba del verdadero amor por él: «cargar con la propia cruz». Cargar con la propia cruz no significa buscar sufrimientos.

Cristo tampoco se puso a buscar su cruz; en obediencia a la voluntad del Padre la cargó sobre sí cuando los hombres se la pusieron a espaldas, transformándola con su amor obediente de instrumento de suplicio en signo de redención y de gloria.

Jesús no vino a aumentar las cruces humanas, sino más bien a darles un sentido. Con razón, se ha dicho que «quien busca a Jesús sin la cruz, encontrará la cruz sin Jesús», es decir, de todos modos encontrará la cruz, pero sin la fuerza para cargar con ella.

Homilética.org
.

MEDITACIÓN SOBRE LA MISA DE ESTE DOMINGO

por

Dios es exigente. “Dios es un Dios exigente”, dijo Juan Pablo II a la juventud venezolana en 1985. De allí que si queremos seguir a Dios debemos estar dispuestos a darlo todo por El y a preferirlo a El primero que a todo y primero que a todos. Así de claro. Lo dijo el Papa Juan Pablo II, pero también lo atestigua la Sagrada Escritura.

“Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14, 25-33).

No podemos creer que estamos siguiendo a Cristo si preferimos otras cosas o personas más que a Él. Y esto significa ponerlo a Él por encima de cualquier otro afecto, por más genuino que sea, por más natural que sea. Así sea el de los padres, el de los hijos o el del cónyuge. No se trata de no amar a los nuestros, sino de saber que primero viene El y después todo lo demás, inclusive uno mismo. Bien lo sabe el Señor y bien lo sabemos nosotros -si nos revisamos bien- que el más consentido de todos nuestros amores es uno mismo.

Esta exigencia significa posponer todo, pues Dios va primero. Y en comparación de Dios, “todo” es “nada”. El “todo” también incluye todos los bienes. Y los “bienes” no son sólo los materiales: son todos. La inteligencia y el entendimiento (modos de pensar y de razonar); la voluntad (deseos, planes, proyectos, etc.) Inclusive la libertad que Él mismo nos dio, si no la usamos para poner a Dios en primer lugar, no la estamos usando bien.

Toda esta exigencia requiere un primer “sí” definitivo a Dios: rendirnos ante Él, darle un “cheque en blanco”. Y ese “sí” inicial tiene que irse repitiendo a lo largo de nuestra vida. Como el “sí” de María en la Anunciación, el cual repitió a lo largo de su vida, hasta en la Cruz.

Es lo que llamamos tener perseverancia. Y Dios nos hace saber que el camino no es fácil. Él no nos engaña. No nos promete la felicidad perfecta en esta vida. No nos dice que será un camino de pétalos de rosas. Por el contrario nos advierte que será un camino de cruz: “Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”  (Lc 14, 27).

De allí las fluctuaciones que podrían llevarnos a la inconstancia: que lo que antes nos entusiasmaba, luego nos resulte indiferente, fastidioso y hasta insoportable.

Por eso nos advierte de antemano, para que al dar el primer “sí”, sepamos que no podemos estar volteando para atrás: “Todo el que pone la mano en el arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios”  (Lc. 9, 62).

Y nos pide que calculemos bien, pues no quiere que nos entusiasmemos en un momento inicial y luego queramos volver a una vida aparentemente más fácil según la medida del mundo, que, por cierto no es la medida de Dios.

Para demostrar esto nos ha puesto el ejemplo de un constructor que comienza una torre sin calcular su costo y ve que no puede terminarla. Y advierte el Señor que si cava los cimientos y luego no puede acabarla, todos se burlarán de ese constructor que no tiene constancia.

Nos habla también de un rey que va a combatir a otro y al no haber calculado bien el número de soldados con que cuenta, tiene que rendirse antes de haber siquiera comenzado el combate.

De allí que la virtud de la perseverancia sea tan necesaria en la vida espiritual, porque habrán obstáculos, vendrán dificultades, surgirán persecuciones, y ninguno de esos inconvenientes puede ser excusa para no continuar, ya que no se puede interrumpir el camino hacia Dios por las molestias que puedan presentarse.

Para que perseveremos hasta el final siempre estarán las gracias (las ayudas gratuitas de Dios). “No les han tocado pruebas superiores a las fuerzas humanas. Dios no les puede fallar y no permitirá que sean tentados por encima de sus fuerzas. Él les dará, al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir”  (1 Cor. 10, 13).

El Espíritu Santo nos infunde la virtud de la constancia y de la perseverancia, para mantener nuestro “sí” inicial. Las pruebas y las tentaciones no van a faltar, pero sirven justamente para crecer en santidad, utilizando las gracias que tenemos para ejercitarnos en esas virtudes. De allí que San Pablo nos entusiasme con esta afirmación: “Nos sentimos seguros hasta en las pruebas, sabiendo que de la prueba resulta la paciencia, de la paciencia el mérito, y el mérito es motivo de esperanza”  (Rom. 5, 3-4).

De eso se trata. De crecer en constancia, perseverancia, paciencia y esperanza. Esperanza de alcanzar la gloria, de llegar a la meta, levantándonos nuevamente si es que llegamos a desfallecer. Se trata de ser perseverantes hasta el final, no importa las circunstancias por las que tengamos que pasar. Es lo que se denomina “perseverancia final”, que nos lleva a mantenernos firmes hasta el momento de nuestra muerte, que es nuestro paso a la Vida Eterna.

Pero para llegar al final, al Cielo, Dios nos dice cuál es el cálculo que tenemos que hacer: saber que tenemos que renunciar a todo.

Esa es su exigencia cuando nos dice al concluir el Evangelio de hoy: “Cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”. Dios es exigente: Él, que es “Todo”, quiere “todo”. Y lo quiere, porque sabe que eso que consideramos nosotros nuestro “todo” realmente no es “nada”.

Entre los bienes a que debemos renunciar están también los bienes materiales. Pero esa “renuncia” es más bien de desapego, de no tener esos bienes como ídolos que sustituyan a Dios. O, en el espíritu del Evangelio de hoy, de no tenerlos colocados por encima de Dios.

Aunque hay vocaciones especiales, como los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, cuyos votos requieren que no tengan bienes materiales propios y que su vida sea un ejemplo de austeridad y pobreza, no significa esa renuncia que nadie pueda tener bienes materiales propios. La renuncia que nos pide el Señor a todos consiste en que coloquemos esos bienes materiales en su sitio: no pueden ser sustitutos de Dios, ni tampoco pueden estar colocados por encima de Dios.

La Primera Lectura (Sb. 9, 13-19) nos ayuda a tener esta actitud de desprendimiento de los bienes materiales, de los seres queridos y de nosotros mismos, pues nos ubica a los seres humanos en nuestra realidad, en nuestro valor si nos comparamos con la grandeza de Dios y su poder: “¿Quién es el hombre que puede conocer los designios de Dios? ¿Quién es el que puede saber lo que Dios tiene dispuesto?”

Se nos recuerda que somos hechos de barro y que ese barro “entorpece nuestro entendimiento”. De allí que sólo podamos conocer los designios de Dios, si al darnos su Sabiduría, recibimos su Santo Espíritu de lo alto, para iluminar nuestro torpe entendimiento humano.

Sólo con esa Sabiduría podremos llegar a la salvación eterna. Y esa Sabiduría nos hace entender que Dios es primero que todo y que todos. Es la manera de llegar a la meta y de tener esa perseverancia final.

El Salmo 89 también canta las grandezas del Señor y nos ayuda a calcular el valor de nuestra vida en la tierra: “Tú haces volver al polvo a los hombres… Mil años son para ti como un día que ya pasó, como una breve noche… Nuestra vida es como un sueño, semejante a la hierba que florece en la mañana y por la tarde se marchita”.

El Salmo nos lleva, entonces, a pedir esa Sabiduría, al darnos cuenta de lo poco que es esta vida y lo poco que somos nosotros, así como lo mucho que es Dios: “Enséñanos a ver lo que es la vida y seremos sensatos… Que tus hijos puedan mirar tus obras y tu gloria”. Amén.

La Segunda Lectura (Flm. 1, 9-10; 12-17) completa una historia interesante, en la que vemos cómo, al comienzo de la Iglesia, la fe y la vida en Cristo iban haciendo que los esclavos fueran dejando de ser “objetos” o personas inferiores. Sucedía, entonces, que muchos cristianos iban concediendo libertad a sus esclavos.

La historia de Onésimo, nombre frecuente entre los esclavos, pues significa “útil”, es que éste se escapa de casa de su amo, Filemón de Colosas, y llega a Roma. Allí encuentra a Pablo, al que había conocido en casa de Filemón. Pablo está preso, pero con libertad condicionada, por lo que podía salir acompañado por un guardia. Onésimo se convierte y es bautizado. Pablo lo hace regresar donde su patrón con esta carta. San Pablo nos hace ver que tal era la libertad interior que daba la vida en Cristo, que ya no era de tanta trascendencia ser esclavo o libre (cf. 1 Cor. 7, 17-24)

http://edithnevenkaduboromero.blogspot.pe/2016/09/domingo-xxiii-del-tiempo-ordinario-4-de.html

.


El maná de cada día, 7.9.19

septiembre 7, 2019

Sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

.

El Hijo del hombre es señor del sábado

El Hijo del hombre es señor del sábado



PRIMERA LECTURA: Colosenses 1, 21-23

Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones.

Ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia.

La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui nombrado su ministro.

SALMO 53,3-4.6.8

Dios es mi auxilio.

Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder. Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras.

Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario, dando gracias a tu nombre, que es bueno.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 6

Yo soy el camino, y la verdad y la vida -dice el Señor-; nadie va al Padre, sino por mí.


EVANGELIO: Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.

Unos fariseos les preguntaron: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»

Jesús les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros.»

Y añadió: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»
.

NO HAY CRISTIANO SIN JESÚS

Papa Francisco en Casa Santa Marta
Sábado 7 de septiembre de 2013

No hay cristiano sin Jesús. Y Jesús no está cuando el cristiano responde a mandamientos que no llevan a Cristo o no vienen de Cristo. El Papa Francisco, en la misa que celebró el 7 de septiembre, insistió en la centralidad de Cristo. Y puso en guardia a los cristianos respecto de seguir revelaciones privadas, pues la revelación —dijo— concluyó con Cristo.

En la homilía el Santo Padre prosiguió con la reflexión que la víspera había propuesto de las lecturas en las que Jesús es presentado como el esposo de la Iglesia. En el pasaje evangélico del día, de Lucas (6, 1-5), se narra el episodio de la discusión de Jesús con los fariseos, que reprochan a los apóstoles haber violado el descanso del sábado arrancando y comiendo espigas de trigo.

En este pasaje del Evangelio, Jesús —observó el Pontífice— se presenta como algo más respecto a la víspera «y dice: Yo soy el Señor, el Señor también del sábado. En otra parte dirá: el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. La centralidad de Él y también la centralidad del cristiano respecto a muchas cosas. Jesús es el centro, es el Señor». Una definición que —notó el Papa— «no entendemos bien», porque «no es fácil de entender». Lo cierto es que Jesús «es el Señor» en cuanto que es Quien «tiene el poder, la gloria, quien tiene la victoria. Es el único Señor».

Citando la carta de san Pablo a los Colosenses (1, 21-23) el Santo Padre apuntó también que es precisamente el apóstol quien recuerda que Jesús nos «ha reconciliado en el cuerpo de su carne mediante la muerte —nos ha reconciliado a todos nosotros— para presentaros santos, inmaculados e irreprochables ante Él; a fin de que permanezcáis cimentados y firmes en la fe». Jesús —sintetizó el Papa— es el centro que nos regenera y nos funda en la fe. En cambio «los fariseos —continuó— ponían en el centro de su religiosidad muchos mandamientos. Y Jesús dice de ellos: Imponen cargas en los hombros de la gente».

Si no está Jesús en el centro, «hay otras cosas», advirtió el Santo Padre. Y en el día de hoy «encontramos a muchos cristianos sin Cristo, sin Jesús. Por ejemplo, quienes tienen la enfermedad de los fariseos y son cristianos que ponen su fe y su religiosidad, su cristiandad, en muchos mandamientos: ¡Ah! Debo hacer esto, debo hacer lo otro. Cristianos de actitudes»: o sea, que hacen cosas —explicó— porque se tienen que hacer, pero en realidad «no saben por qué lo hacen».

Pero «¿Jesús dónde está?», se preguntó el Papa Francisco. Que continuó: «Un mandamiento es válido si viene de Jesús». Cristianos sin Cristo hay muchos, como los que «buscan sólo devociones, muchas devociones, pero Jesús no está. ¡Y entonces te falta algo, hermano! Te falta Jesús. Si tus devociones te llevan a Jesús, entonces bien. Pero si te quedas ahí, entonces algo no marcha».

Después está «otro grupo de cristianos sin Cristo: los que buscan cosas un poco raras, un poco especiales, los que van detrás de las revelaciones privadas», mientras que la Revelación se concluyó con el Nuevo Testamento. El Papa advirtió en estos cristianos el deseo de ir «al espectáculo de la revelación, a oír cosas nuevas». Pero —es la exhortación que el Pontífice les hace— «¡toma el Evangelio!». Entre los cristianos sin Cristo mencionó también «a los que se perfuman el alma, pero no tienen virtudes porque no tienen a Jesús».

¿Cuál es entonces la regla para ser cristiano con Cristo? ¿Y cuál es el «signo» de que una persona es un cristiano con Cristo? Se trata de una «regla —aclaró el Santo Padre— muy sencilla: es válido sólo lo que te lleva a Jesús, y sólo es válido lo que viene de Jesús. Jesús es el centro, el Señor, como Él mismo dice».

A propósito del «signo», dijo: «Es un signo sencillo el del ciego de nacimiento del que habla el Evangelio de Juan en el capítulo noveno. El Evangelio dice que se postró ante Él para adorar a Jesús. Un hombre o una mujer que adora a Jesús es un cristiano con Jesús. Pero si tú no consigues adorar a Jesús, algo te falta».

He aquí «una regla y un signo», concluyó el Pontífice: «La regla es: soy un buen cristiano, estoy en el camino del buen cristiano, si hago lo que viene de Jesús o me lleva a Jesús porque Él es el centro. El signo es la adoración ante Jesús, la oración de adoración ante Jesús».

http://www.vatican.va


A %d blogueros les gusta esto: