El maná de cada día, 18.8.19

agosto 17, 2019

Domingo XX del Tiempo Ordinario, Ciclo C

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Jesus-Serious[1]

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz?

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NOTA: El próximo 27 de agosto la familia agustiniana celebra con gran alegría por todo el mundo la fiesta de Santa Mónica, modelo de esposas y de madres cristianas.

Por eso, en este día, 18 de agosto, comenzamos la novena a la Santa. Es curioso, providencial diría yo: Justo concluimos la novena a San Ezequiel y a la vez comenzamos la de Santa Mónica. Agosto es el mes agustiniano, sin duda.

Con la novena a San Ezequiel hemos pedido la sanación y curación total de nuestros enfermos, familiares y amigos sobre todo, que padecen cáncer, que están desahuciados; si es la voluntad de Dios, claro está.

Oración de petición y también de intercesión: Nos hemos puesto entre ellos y Dios, intercediendo por ellos, solidarizándonos con ellos y rogando en su nombre, tratando de sentir en carne propia sus limitaciones, agobios, angustias y desesperación. Hemos pedido algo material: la salud, el bienestar, la liberación del dolor, la mejoría integral de la persona.

Pues bien, a partir de hoy, ofrecemos a las madres cristianas, y a sus devotos, la novena a Santa Mónica con oraciones y consideraciones sobre su patrona.

Nuestra oración será de intercesión por los demás, pidiendo, sobre todo, su salvación, la plenitud de la alegría de la fe y de la vida cristiana.

Pediremos un bien espiritual. Como cristianos, y sobre todo las madres entregadas a Dios, consideran insuficiente que sus hijos tengan éxito en la vida, salud, trabajo, que estén bien situados en la sociedad. Todo eso, sin la fe, no merecería la pena. La vida cristiana es un tesoro irrenunciable. La meta es llevar a sus hijos y a toda la familia a Dios: Que sólo en Dios pongan su contento y felicidad. Nada sin esto último. Y con esto, todo lo demás.

Que podamos rezar la Novena a Santa Mónica como nunca antes lo hayamos hecho y que saquemos tanto fruto espiritual que nos llene de alegría y que renueve nuestra familia. El 28 de agosto celebraremos la fiesta del hijo de Santa Mónica, “el hijo de tantas lágrimas”, San Agustín, nuestro Padre. Será el colofón de las celebraciones agustinianas de agosto.

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NOVENO Y ÚLTIMO día de la Novena a San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, cuya fiesta se celebra el 19 de este, es decir, mañana. La encuentras al final de esta entrada o artículo. Además de unirnos a todos los devotos de San Ezequiel, le confiamos a Dios, por su intercesión, todas las peticiones de salud y de acción de gracias que recibimos en este Blog, con mucha frecuencia. Dios se glorifique en esta novena. San Ezequiel, ruega por nosotros. Amén. 

Antífona de entrada: Sal 83, 10-11

Fíjate, oh Dios en nuestro Escudo; mira el rostro de tu Ungido. Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.


Oración colecta

Oh Dios, que has preparado bienes inefables para los que te aman, infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Jeremías 38, 4-6.8-10

En aquellos días, los príncipes dijeron al rey: «Muera ese Jeremías, porque está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y a todo el pueblo, con semejantes discursos. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.»

Respondió el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis, en vuestro poder: el rey no puede nada contra vosotros.»

Ellos cogieron a Jeremías y lo arrojaron en el aljibe de Malquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. En el aljibe no había agua, sino lodo, y Jeremías se hundió en el lodo.

Ebedmelek salió del palacio y habló al rey: «Mi rey y señor, esos hombres han tratado inicuamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde morirá de hambre, porque no queda pan en la ciudad.»

Entonces el rey ordenó a Ebedmelek, el cusita: «Toma tres hombres a tu mando, y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.»


SALMO 39, 2.3;4.18

Señor, date prisa en socorrerme.

Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito.

Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa; afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos.

Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos y confiaron en el Señor.

Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí; tú eres mi auxilio y mi liberación: Dios mío, no tardes.


SEGUNDA LECTURA: Hebreos 12, 1-4

Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retiramos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.


Aclamación antes del Evangelio: Jn 10, 27

Mis ovejas oyen mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen.


EVANGELIO: Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz?

No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»


Antífona de comunión: Sal 129, 7

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

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PAUTAS PARA LA LECTURA ORANTE DE LA PALABRA

Evangelio del domingo 18 de agosto

 Empieza por disponerte, procura entrar en la onda del Señor…

Paso 1. Disponerse: ¿Reconoces la presencia del Señor en tu vida?  La Palabra ilumina los pasos. Mira por dónde van tus asuntos. Hay lecturas que funcionan como un espejo en el que nos miramos. Después, haz por leer siguiendo estos pasos, al considerar el siguiente evangelio:

 «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Paso 2. Leer: Lee despacio y con silencios, para poner atención. ¿Por qué crees que da conflictos y divisiones la vida de Jesús? ¿Hay alguna alusión en el texto a su muerte y resurrección?

Paso 3. Escuchar: ¿Qué sentimientos suscita en ti esta lectura? ¿Qué  dice a tu forma de seguir a Jesús? ¿Puedes resumir en una frase breve el mensaje de este texto?

Paso 4. Orar: ¿Qué hace en tu corazón el rostro de Jesús de esta lectura? ¿Te mueve a la oración y a esponjarte en su angustia? ¿Quieres hablar con él de tus pobrezas y sufrimientos? 

Paso 5. Vivir: ¿Qué mensajes para tu vida recibes de esta Palabra? ¿Qué significa el fuego para la vida de fe tibia y sin compromiso en la que vivimos tantos cristianos? ¿Tú cómo andas?

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¿PENSÁIS QUE HE VENIDO A TRAER AL MUNDO LA PAZ?

Benedicto XVI. Ángelus domingo 19 de agosto de 2007

En el evangelio de este domingo hay una expresión de Jesús que siempre atrae nuestra atención y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus discípulos: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división”.

Y añade: “En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lc 12, 51-53).

Quien conozca, aunque sea mínimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, “es nuestra paz” (Ef 2, 14), muerto y resucitado para derribar el muro de la enemistad e inaugurar el reino de Dios, que es amor, alegría y paz.

¿Cómo se explican, entonces, esas palabras suyas? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice —según la redacción de san Lucas— que ha venido a traer la “división”, o —según la redacción de san Mateo— la “espada”? (Mt 10, 34).

Esta expresión de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal. El combate que Jesús está decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satanás.

Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces auténticas persecuciones.

Por eso, todos los que quieran seguir a Jesús y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias.

En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo auténtico no debe anteponerse jamás al amor a Dios y a Cristo. De este modo, siguiendo los pasos del Señor Jesús, los cristianos se convierten en “instrumentos de su paz”, según la célebre expresión de san Francisco de Asís.

No de una paz inconsistente y aparente, sino real, buscada con valentía y tenacidad en el esfuerzo diario por vencer el mal con el bien (cf. Rm 12, 21) y pagando personalmente el precio que esto implica.

La Virgen María, Reina de la paz, compartió hasta el martirio del alma la lucha de su Hijo Jesús contra el Maligno, y sigue compartiéndola hasta el fin de los tiempos. Invoquemos su intercesión materna para que nos ayude a ser siempre testigos de la paz de Cristo, sin llegar jamás a componendas con el mal.
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NOVENA A SAN EZEQUIEL MORENO

San Ezequiel Moreno, agustino recoleto

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena. Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, en particular a los terminales y a los que sufren de cáncer. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.


DÍA 9º.- Jesucristo nos redimió por medio del sufrimiento. San Ezequiel vivió con mucha austeridad y sacrificio para servir a Dios y a los hermanos en su ministerio sacerdotal. Durante más de un año sufrió con heroísmo de mártir y admirable dulzura el cáncer en la boca y fosas nasales. (Pausa de reflexión y oración)

Padre nuestro, el único compasivo: remedia nuestras necesidades y haz que los sufrimientos de esta vida, por intercesión de san Ezequiel, nos sirvan para purificarnos, hacernos semejantes a ti y conseguir así la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en la novena)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre nuestro: la oración confiada y la certeza de la intercesión de san Ezequiel son para mí un remanso de paz y de consuelo en mis penas y trabajos. Haz que sus ejemplos me estimulen siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección bondadosa.

Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

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NOTA: Agradecemos a todos los devotos de san Ezequiel que han seguido al día su novena. Los felicito y confío en que el Señor escuche sus súplicas y atienda a sus necesidades. Él siempre escucha; nunca falla. Siempre nos da lo bueno y aun lo mejor. Es fiel. Sigamos caminando, firmes en la fe, arraigados en la esperanza que no defrauda. Un abrazo, p. Ismael

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NOVENA A SANTA MÓNICA (1)



Modelo de esposa y madre cristiana

Con textos bíblicos para la misa

NOTA: Con esta novena nos unimos a todas las mujeres que desean sinceramente ser fieles a su vocación de esposas y de madres cristianas. Asumimos sus alegrías y sus penas y les animamos a seguir los ejemplos de Santa Mónica, su ejemplo y patrona.

Que sus lágrimas y oraciones, unidas a su intercesión en el Cielo, hagan retornar a todos los esposos e hijos extraviados, como sucedió con Patricio y Agustín.

No lo olvidemos: Dios es capaz de hacer milagros, milagros de conversión. ¿Acaso me complazco en la muerte del pecador? Por tanto, perseveremos en la oración y veremos las obras de Dios. Amén.

Rito de entrada

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

1. Oración preparatoria

Padre y Señor nuestro, misericordia de cuantos en ti esperan, tú concediste a tu sierva santa Mónica el don inapreciable de saber reconciliar las almas entre sí y contigo; danos a nosotros el ser mensajeros de unión y de paz en nuestros ambientes, sobre todo en la familia, y el poder llevar a ti los corazones de nuestros hermanos con el ejemplo de nuestra vida.

Tú que hiciste a Mónica modelo y ejemplo de esposas, de madres y de viudas, concede por su intercesión la paz y mutuo amor a los casados; el celo y la solicitud en la educación de los hijos, a las madres; obediencia y docilidad, a los hijos; la santidad de vida, a las viudas; y a todos, el fiel seguimiento de Cristo, nuestro único y verdadero maestro. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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2. Textos bíblicos y agustinianos para el día primero

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EDUCACIÓN CRISTIANA DE SANTA MÓNICA

1.- Textos bíblicos para la misa

• Proverbios, 2, 1-15. Se esforzaba en enseñar a sus hijos con todas sus fuerzas las buenas costumbres. M. Ag. p. 47.
• Salmo 26, 1.3-5.11.13. M. Ag. p. 48-49.
• Lucas, 2, 39-52. Jesús perdido y hallado en el Templo.

2.- Textos agustinianos

“No callaré, dice Agustín, ninguno de los sentimientos que brotan en mi alma, inspirados por aquella sierva vuestra que me dio a luz en la carne para que naciese a la vida temporal, y me dio a luz en su corazón para que renaciese a la vida eterna.

No diré los dones de ella, sino vuestros dones en ella. Pues no se hizo ella a sí misma, ni se había creado a sí misma. La creaste tú (Dios), y ni su padre ni su madre sabían qué sería ella. El Espíritu de vuestro Hijo único la educó en vuestro temor, en el seno de una familia fiel, miembro bueno de vuestra Iglesia.

No tanto mi madre alababa la diligencia de la suya por lo que hacía a su crianza, como la de una criada de casa. Por su ancianidad y por sus óptimas costumbres en la casa cristiana, era tratada con suma deferencia por sus dueños. Por ellos, con diligencia, tenía el cuidado de las hijas de los señores, y las reprendía cuando era menester con severidad vehemente y santa, y las instruía con una presencia llena de sobriedad y tacto.

Ella, aunque se abrasasen de sed fuera de aquellas horas en que comían con muchísima templanza en la mesa de sus padres, no consentía a las hijas de sus amos beber ni agua clara. Precavía así una costumbre funesta, y añadía al veto esta advertencia sensata: ‘Ahora bebéis agua, porque no tenéis vino a mano; pero cuando seáis casadas, con las llaves en el cinto de despensas y bodegas, el agua os hederá, y prevalecerá el instinto de beber’.

Con este sistema de aconsejar y con la autoridad de mandar refrenaba la avidez de la edad tierna y ajustaba la sed de las muchachas a una morigerada templanza, para que no les agradase aquello que no les estaba bien” (Confesiones 9, 8).

3. Oración de los fieles

Dios, Nuestro Señor, concedió a santa Mónica la conversión de su esposo Patricio y de su hijo Agustín. Pidamos por intercesión de ella un espíritu de verdadera conversión y una verdadera comprensión y amor a los demás.

Después de cada invocación: Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los cónyuges cristianos que tienen dificultades en su vida familiar, para que sepan ofrecerse mutuamente consuelo y ayuda. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todas las madres cristianas del mundo, para que sepan conducir a sus hijos hacia ti. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por cuantos sufren soledad y abandono en la sociedad o sufren por las debilidades morales de sus seres queridos. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los que buscan la verdad y trabajan por ser fieles a tus preceptos y enseñanzas. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por el florecimiento de vocaciones a la vida agustino-recoleta seglar y religiosa, y por la perseverancia y fidelidad de cuantos se han comprometido a seguir a Cristo imitando a san Agustín. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por todos los niños, para que sean dóciles a sus educadores y crezcan en la fe, la esperanza y el amor. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por los padres y educadores cristianos, para que, colaborando con Dios, siembren en el corazón de los niños el don de la vocación religiosa y sacerdotal. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

– Por las esposas cristianas a fin de que, imitando a santa Mónica, se conviertan en el signo más visible del infinito amor de Dios hacia los suyos, y en el sacramento de la ternura de Dios en la propia familia, la pequeña iglesia. Oremos.
R. Señor, que tu gracia nos santifique.

Se pide la gracia que se desea alcanzar (pausa).

4. Oración final

Escucha, Padre de bondad, nuestras oraciones, y tú que concediste a santa Mónica que con su vida, sus oraciones y sus lágrimas ganara para ti a su marido Patricio y a su hijo Agustín, concédenos, por su intercesión, que hagamos de nuestras vidas una ofrenda perenne en tu honor y al servicio de los hermanos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Rito de despedida

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

V. Bienaventurada santa Mónica
R. Ruega por nosotros.
V. Glorioso padre san Agustín
R. Ruega por nosotros.

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El maná de cada día, 17.8.19

agosto 17, 2019

Sábado de la 19ª semana del Tiempo Ordinario

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OCTAVO día de la Novena a San Ezequiel Moreno, agustino recoleto, cuya fiesta se celebra el 19 de éste. La encuentras al final de esta entrada o artículo. Además de unirnos a todos los devotos de San Ezequiel, le confiamos a Dios, por su intercesión, todas las peticiones de salud y de gracias que recibimos en este blog, con mucha frecuencia. Dios se glorifique en esta novena. San Ezequiel, ruega por nosotros.

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Tengo siempre presente al Señor

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PRIMERA LECTURA: Josué 24, 14-29

En aquellos días, Josué continuó hablando al pueblo: «Pues bien, temed al Señor, servidle con toda sinceridad; quitad de en medio los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto; y servid al Señor.

Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros padres al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.»

El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos.

El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»

Josué dijo al pueblo: «No podréis servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. No perdonará vuestros delitos ni vuestros pecados. Si abandonáis al Señor y servís a dioses extranjeros, se volverá contra vosotros y, después de haberos tratado bien, os maltratará y os aniquilará.»

El pueblo respondió: «¡No! Serviremos al Señor.»

Josué insistió: «Sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido servir al Señor.»

Respondieron: «¡Somos testigos!»

Josué contestó: «Pues bien, quitad de en medio los dioses extranjeros que conserváis, y poneos de parte del Señor, Dios de Israel.»

El pueblo respondió: «Serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos.»

Aquel día, Josué selló el pacto con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. Escribió las cláusulas en el libro de la ley de Dios, cogió una gran piedra y la erigió allí, bajo la encina del santuario del Señor, y dijo a todo el pueblo:

«Mirad esta piedra, que será testigo contra vosotros, porque ha oído todo lo que el Señor nos ha dicho. Será testigo contra vosotros, para que no podáis renegar de vuestro Dios.» Luego despidió al pueblo, cada cual a su heredad.

Algún tiempo después murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años.


SALMO 15, 1-2a.5.7-8.11

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.



EVANGELIO: Mateo 19, 13-15

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban.

Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.»

Les impuso las manos y se marchó de allí.
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YO SALVARÉ A MI PUEBLO

Vaticano II. Lumen gentium 2.16

El Padre eterno, por un libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y de su bondad, creó el mundo universo, decretó elevar a los hombres a la participación de la vida divina y, caídos por el pecado de Adán, no los abandonó, sino que les otorgó siempre los auxilios necesarios para la salvación, en atención a Cristo redentor, que es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura.

El Padre, desde toda la eternidad, conoció a los que había escogido y los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.

Determinó reunir a cuantos creen en Cristo en la santa Iglesia, la cual fue ya prefigurada desde el origen del mundo y preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en el antiguo Testamento, fue constitui­da en los últimos tiempos y manifestada por la efusión del Espíritu y se perfeccionará gloriosamente al fin de los tiempos.

Entonces, como se lee en los santos Padres, to­dos los justos descendientes de Adán, desde Abel el justo hasta el último elegido, se congregarán delante del Padre en una Iglesia universal.

Por su parte, todos aquellos que todavía no han recibi­do el Evangelio están ordenados al pueblo de Dios por varios motivos.

Y, en primer lugar, aquel pueblo a quien se confiaron las alianzas y las promesas, y del que nació Cristo según la carne; pueblo, según la elección, amadísimo a causa de los padres: porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables.

Pero el designio de salvación abarca también a todos los que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que, confesando profesar la fe de Abrahán, adoran con nosotros a un solo Dios, mise­ricordioso, que ha de juzgar a los hombres en el último día.

Este mismo Dios tampoco está lejos de aquellos otros que, entre sombras e imágenes, buscan al Dios descono­cido, puesto que es el Señor quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas, y el Salvador quiere que todos los hombres se salven.

Pues los que inculpablemente desconocen el Evangelio y la Iglesia de Cristo, pero buscan con sinceridad a Dios y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con sus obras la voluntad divina, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.

Y la divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a aquellos que, sin culpa por su parte, no han llegado todavía a un expreso conocimiento de Dios y se esfuerzan, con la gracia divina, en conseguir una vida recta.

La Iglesia considera que todo lo bueno y verdadero que se da entre estos hombres es como una preparación al Evangelio y que es dado por aquel que ilumina a todo hombre para que al fin tenga la vida.



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NOVENA A SAN EZEQUIEL MORENO

San Ezequiel Moreno, agustino recoleto



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Aquí me tienes, Dios mío y Padre mío, en tu presencia. Humildemente te pido perdón de todas mis culpas y la gracia de perseverar en tu santo servicio hasta la muerte. Deseo durante estos nueve días recordar las virtudes de san Ezequiel Moreno para renovar mi fe y mi entrega a ti, mi Señor.

Por intercesión de san Ezequiel, te ruego escuches mis ruegos y me concedas la gracia especial que te pido en esta novena. Finalmente, te encomiendo a todos los enfermos, en particular a los terminales y a los que sufren de cáncer. Por Jesucristo nuestro Señor.- Amén.


DÍA 8º.- Síntesis de vida cristiana son el amor a Dios y al prójimo. San Ezequiel consagró toda su vida al amor de Dios y al servicio de los demás. Su celo por la salvación de las almas, su caridad con los pobres, enfermos y necesitados no tuvo límites. (Pausa de reflexión y oración)

Que su ejemplo, Señor, nos estimule a vivir en armonía con nuestros hermanos y a prodigarnos en favor de los más necesitados. Por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.

(Pídase la gracia especial que se desee alcanzar en la novena)


Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Ezequiel Moreno, ruega por nosotros.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Padre nuestro: la oración confiada y la certeza de la intercesión de san Ezequiel son para mí un remanso de paz y de consuelo en mis penas y trabajos. Haz que sus ejemplos me estimulen siempre hacia el bien y que no me falte nunca su protección bondadosa.

Te lo pido por Jesucristo Nuestro Señor.- Amén.


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