La huelga general en Hong Kong provoca el caos en el transporte de la ciudad

agosto 7, 2019

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Un manifestante lanza a la policía un bote de gas lacrimógeno. / AP / VINCENT THIAN

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La huelga general en Hong Kong provoca el caos en el transporte de la ciudad

Trabajadores del sector financiero, de los medios de comunicación y de compañías aéreas se han sumado al primer paro en cinco décadas

Por Jaime Santirso, Hong Kong 5 Ago 2019

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Cuatro días consecutivos de movilizaciones y enfrentamientos con la policía que han convertido el centro de Hong Kong en el escenario de una batalla campal culminaron este lunes con una convocatoria de huelga general, la primera en cinco décadas.

El paro ha bloqueado todos los medios de transporte, mientras trabajadores del sector financiero, de los medios de comunicación y de compañías aéreas se sumaban al mismo.

El caos redobló la presión sobre el Gobierno e inquietó aún más a los habitantes de una ciudad cuyo futuro se hace más incierto cada día que pasa. La crisis política y social, originada por la protesta contra una ley de extradición a China, ya dura 10 semanas.

Hong Kong, una ciudad libre gobernada por la dictadura más poderosa del mundo, es una anomalía que la Historia parece apresurarse a corregir. El conflicto más grave reciente alcanzó este lunes un nuevo clímax: la primera convocatoria de paro general desde los años sesenta del pasado siglo.

El paro logró taponar la circulación de la ciudad a primera hora de la mañana en carreteras, metro e incluso el aeropuerto.

Ante el coágulo del tráfico, Carrie Lam, jefa del Ejecutivo local, reaccionó saliendo a la palestra, pero sus primeras palabras tras dos semanas de silencio no sirvieron para aliviar el bloqueo, pues se limitó a reafirmarse en su posición.

La discutida jefa del gobierno autónomo declaró en rueda de prensa que “algunos elementos radicales han cambiado la naturaleza de las protestas”, para lo que usó como ejemplo los daños sufridos por el emblema nacional chino o la bandera continental que este fin de semana acabó en aguas de la bahía.

“Estas acciones amenazan la soberanía y pueden empujar a Hong Kong a un camino de no retorno. ¿Queremos utilizar las vidas de siete millones de personas y el futuro de Hong Kong como fichas en esta apuesta?”, sentenció, sin dar más detalles al respecto, en lo que muchos entendieron como una referencia a una hipotética movilización del Ejército chino, ya insinuada en dos ocasiones por Pekín, y para la que solo sería necesaria su aprobación.

Lam se negó a hacer ninguna concesión. Respecto a las cuatro demandas populares, reiteró que la ley de extradición a China —la demanda que originó el movimiento de protestas— está “suspendida”.

También dijo que el departamento policial correspondiente ya ha comenzado a investigar el comportamiento de los agentes en la represión de las protestas, algo que no satisface a los manifestantes, que piden la intervención de un organismo independiente. “No creo que sea la mejor solución en este momento”, respondió a los que piden su dimisión.

Represión policial

La jefa del Ejecutivo parece incapaz de gestionar una situación que le ha superado por completo, una idea extendida incluso en los sectores sociales más prochinos.

Según una encuesta del Hong Kong Public Opinion Research Institute, menos de un 20% de la población confía en el Gobierno y un 66% cree que las fuerzas de seguridad se han excedido en su actuación.

Otro punto en el que Carrie Lam se detuvo fue la idea de que “las protestas destruirán la propiedad y la estabilidad de Hong Kong”, algo muy significativo en una ciudad que basa su prosperidad en su función de enclave para el comercio internacional.

En esa misma línea se expresaba la semana pasada un informe de la cámara de comercio de Estados Unidos, que alertaba de que muchas de las empresas asociadas comenzaban a percibir la ciudad como un destino de riesgo para sus inversiones, por lo que muchas estaban optando por desplazarse a otros emplazamientos asiáticos como Singapur.

El Hang Seng, índice bursátil hongkonés, perdió el lunes un 2,85%. En las dos últimas semanas, la caída alcanza el 5,86%.

Con el paro de este lunes se cierra un ciclo de cuatro días de protestas que arrancaron el viernes con una concentración de funcionarios para expresar su rechazo al Gobierno del que forman parte y continuaron con enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios en Mong Kok el sábado y en Causeway Bay este lunes.

Ante la actitud cada vez más firme de la policía, que ha apostado por una política de detenciones —420 hasta el lunes— para desincentivar las movilizaciones, la multitud ha puesto en marcha nuevas técnicas de guerrilla urbana.

En los últimos días han comenzado a moverse sin descanso por la ciudad, creando el caos a su paso pero evitando cualquier enfrentamiento directo.

No parece que haya espacio ni confianza para la negociación. “Cuando durante la revolución de los paraguas en 2014 aceptamos la invitación del Gobierno para hablar, nuestros líderes fueron detenidos. No volveremos a cometer el mismo error”, proclamaba este lunes un joven manifestante que insistía en ser identificado como “un hongkonés, nada más”.

Todo hace pensar que la escalada de los acontecimientos superará este clímax como otro paso más. Qué pasará con la ciudad de Hong Kong, bella y frágil como la flor bauhinia que adorna su bandera, nadie lo sabe.

https://elpais.com/internacional/2019/08/05/actualidad/1564985400_228362.html


El maná de cada día, 7.8.19

agosto 7, 2019

Miércoles de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

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Mujer, qué grande es tu fe

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PRIMERA LECTURA: Números 13, 1-2. 25-14, 1. 26-30. 34-35

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés en el desierto de Farán: «Envía gente a explorar el país de Canaán, que yo voy a entregar a los israelitas: envía uno de cada tribu, y que todos sean jefes.»

Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país; y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cadés. Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país. Y les contaron: «Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tenéis sus frutos. Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas (hemos visto allí hijos de Anac). Amalec vive en la región del desierto, los hititas, jebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán.»

Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés y dijo: «Tenemos que subir y apoderamos de esa tierra, porque podemos con ella.»

Pero los que habían subido con él replicaron: «No podemos atacar al pueblo, porque es más fuerte que nosotros.»

Y desacreditaban la tierra que habían explorado delante de los israelitas.
«La tierra que hemos cruzado y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. Hemos visto allí gigantes, hijos de Anac: parecíamos saltamontes a su lado, y así nos veían ellos.»

Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche.

El Señor dijo a Moisés y Aarón: «¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada protestando contra mí? He oído a los israelitas protestar de mí. Pues diles:

“Por mi vida -oráculo del Señor-, que os haré lo que me habéis dicho en la cara; en este desierto caerán vuestros cadáveres, y de todo vuestro censo, contando de veinte años para arriba, los que protestasteis contra mí no entraréis en la tierra donde juré que os establecería. Sólo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné.

Contando los días que explorasteis la tierra, cuarenta días, cargaréis con vuestra culpa un año por cada día, cuarenta años. Para que sepáis lo que es desobedecerme. Yo, el Señor, juro que trataré así a esa comunidad perversa que se ha amotinado contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán.»


SALMO 105,6-7a.13-14.21-22.23

Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas.

Bien pronto olvidaron sus obras, y no se fiaron de sus planes: ardían de avidez en el desierto y tentaron a Dios en la estepa.

Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo.

Dios hablaba ya de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio.


Aclamación antes del Evangelio: Lc 7, 16

Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.


EVANGELIO: Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»

Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»

Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»

Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.



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UNA MUJER CANANEA SE PUSO A GRITAR

P. Raniero Cantalamessa

Si Jesús hubiera escuchado a la mujer cananea a la primera petición, sólo habría conseguido la liberación de la hija. Habría pasado la vida con menos problemas. Pero todo hubiera acabado en eso y al final madre e hija morirían sin dejar huella de sí.

Sin embargo, de este modo su fe creció, se purificó, hasta arrancar de Jesús ese grito final de entusiasmo: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”.

Desde aquel instante, constata el Evangelio, su hija quedó curada. Pero, ¿qué le sucedió durante su encuentro con Jesús? Un milagro mucho más grande que el de la curación de la hija.

Aquella mujer se convirtió en una “creyente”, una de las primeras creyentes procedentes del paganismo. Una pionera de la fe cristiana. Nuestra predecesora.

¡Cuánto nos enseña esta sencilla historia evangélica! Una de las causas más profundas de sufrimiento para un creyente son las oraciones no escuchadas.

Hemos rezado por algo durante semanas, meses y quizá años. Pero nada. Dios parecía sordo. La mujer Cananea se presenta siempre como maestra de perseverancia y oración.

Quien observara el comportamiento y las palabras que Jesús dirigió a aquella pobre mujer que sufría, podía pensar que se trataba de insensibilidad y dureza de corazón. ¿Cómo se puede tratar así a una madre afligida?

Pero ahora sabemos lo que había en el corazón de Jesús y que le hacía actuar así. Sufría al presentar sus rechazos, trepidaba ante el riesgo de que ella se cansara y desistiera. Sabía que la cuerda, si se estira demasiado, puede romperse.

De hecho, para Dios también existe la incógnita de la libertad humana, que hace nacer en él la esperanza. Jesús esperó; por eso, al final, manifiesta tanta alegría. Es como si hubiera vencido junto a la otra persona.

Dios, por tanto, escucha incluso cuando… no escucha. En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de los pequeño a lo grande.

De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento.

Con frecuencia, cuando nos ponemos en oración, nos parecemos a ese campesino del que habla un antiguo autor espiritual. Ha recibido la noticia de que será recibido en persona por el rey. Es la oportunidad de su vida: podrá presentarle con sus mismas palabras su petición, pedirle lo que quiere, seguro de que le será concedido.

Llega el día, y el buen hombre, emocionadísimo, llega ante la presencia del rey y, ¿qué le pide? ¡Un quintal de estiércol para sus campos! Era lo máximo en que había logrado pensar.

A veces nosotros nos comportamos con Dios de la misma manera. Lo que le pedimos comparado a lo que podríamos pedirle no es más que un quintal de estiércol, nimiedades que sirven de muy poco, es más, que a veces incluso pueden volverse contra nosotros.

San Agustín era un gran admirador de la Cananea. Aquella mujer le recordaba a su madre, Mónica.

También ella había seguido al Señor durante años, pidiéndole la conversión de su hijo. No se había desalentado por ningún rechazo. Había seguido al hijo hasta Italia, hasta Milán, hasta que vio que regresaba al Señor.

En uno de sus discursos, recuerda las palabras de Cristo: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá”, y termina diciendo: “Así hizo la Cananea: pidió, buscó, tocó a la puerta y recibió”. Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos abrirá.

Homilética.org


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