Bruce Lee y Lennon, símbolos de la revuelta de Hong Kong

julio 15, 2019

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Un ‘muro de Lennon’, composiciones de fotografías, pegatinas y dibujos donde los protestantes cuelgan mensajes con el ideario de la revuelta popular hongkonés. REUTERS

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Bruce Lee y Lennon, símbolos de la revuelta de Hong Kong

Decenas de miles de personas vuelven a marchar en la ex colonia británica, que asiste a la aparición de un incipiente nacionalismo que se aleja de Pekín.

Por Javier Espinosa, enviado especial. El Mundo.

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La suerte del que fuera el último domicilio de Bruce Lee en el barrio de Kowloon Tong podría parecer un mero asunto inmobiliario pero para algunos residentes de Hong Kong posee una significación especial.

No sólo por el hecho de que la figura del popular maestro de artes marciales se haya convertido en un distintivo de la identidad de la metrópoli sino por el hecho de que sus propietarios piensan derruir el habitáculo para convertirlo en una escuela de chino mandarín, el idioma rival del cantonés que utilizan los locales.

De lo que fue conocido como el “Nido de la grulla” -donde el famoso actor y deportista vivió con su familia los dos últimos años de su vida hasta que falleció en 1973-, ya sólo quedan una estructura parcialmente derruida, rodeada de andamios.

Su suerte acumula también un cierto paralelismo con la pugna casi imposible de los opositores hongkoneses que se resisten a ser absorbidos por Pekín en 2047.

Cuando los dueños del chalet intentaron venderlo en 2008, los seguidores del fallecido artista consiguieron paralizar la iniciativa. Esta vez no lo han logrado.

“Bruce Lee encarnó el espíritu de Hong Kong. Es una pena que nuestra ciudad no conserve su antigua residencia”, afirmó Wong Yiu-Keung, presidente del club de seguidores de Bruce Lee, que llevaba años intentando transformar el habitáculo en un museo dedicado a la memoria de su ídolo.

“Para nosotros esa casa tenía mucho significado. No debían destruirla”, le secundó Edward, un chaval de 16 años, asiduo de las movilizaciones que sacuden a la ciudad china desde principios de junio.

La reivindicación de la figura de Bruce Lee constituye un elemento más de la creciente reafirmación de un nacionalismo hongkonés -“localismo”, lo llaman aquí- que pretende marcar una clara diferencia con los territorios directamente administrados por Pekín.

Esta ideología recibió un notable impulso al socaire de la Revuelta de los Paraguas de 2014 y ahora durante la algarada que sacude a la metrópoli, que hoy asistió a una nueva marcha de protesta que reunió a decenas de miles de personas.

La concentración se realizó a escasa distancia del Museo del Patrimonio de Hong Kong, que dedica una amplia exhibición a la persona de Bruce Lee, al que la ciudad considera su “hijo número uno”.

¿Un colegio de mandarín? No sé si es una coincidencia, pero China (el territorio continental) no cesa de avanzar paso a paso para destruir la identidad de Hong Kong, la autonomía política y nuestra cultura”, aseguró Luo (así se identificó), presente en la protesta.

Las protestas de este fin de semana se trasladaron precisamente a los distritos más cercanos a la línea divisoria con el territorio que controla directamente la administración de Pekín, donde se reproducen desde hace años los altercados entre hongkoneses y transeúntes de las ciudades chinas vecinas.

Según datos oficiales, más de 23,6 millones de ciudadanos de la china continental visitaron Hong Kong en los primeros cinco meses del presente año, un incremento del 17,5% respecto al 2018 y una cifra que supone tres veces la población del pequeño enclave, que no cesa de quejarse de los inconvenientes que genera este aluvión de viajeros.

“Es que nosotros no somos chinos, somos hongkoneses. Hay muchas diferencias culturales, sociales y políticas. No quiero que mis hijos vivan bajo la dictadura del partido comunista”, argumentó Quentin, de 27 años, un joven que hacía ondear la bandera de la era colonial británica, otro de los signos que han elegido los “localistas” que reniegan de sus raíces, durante la manifestación dominical.

La aparición entre el sector más joven de la población hongkonesa de estos chavales que abogan por la autodeterminación de la plaza financiera constituye un ingente desafío y una auténtica línea roja para el gobierno del presidente Xi Jinping.

Los localistas se han distinguido además por participar en numerosos altercados con las fuerzas de seguridad locales, incluidos los violentos enfrentamientos que se registraron en el barrio de Mong Kok en 2016.

Dos de sus dirigentes –Ray Wong y Alan Li, fundadores del partido independentista “Indígenas”-, se exiliaron en Alemania el pasado mes de mayo antes de ser juzgados precisamente por su participación en esos incidentes.

“Si Pekín no cambia su política este problema seguirá creciendo. La mayoría de los hongkoneses siguen siendo pragmáticos, no creen que un Hong Kong independiente sea viable, pero los jóvenes ya no se siente chinos. Están absolutamente desencantados”, aseveró el legislador del grupo democrático, Lam Cheuk-ting.

El desapego hacia los referentes de la china comunista y la falta de un liderazgo claro, ha propiciado que el movimiento nacionalista decida aferrarse a símbolos propios. Bruce Lee es uno de ellos.

De hecho, los chavales más activos han elegido una de sus frases preferidas –“sé como el agua”, solía decir- como lema y táctica de sus sucesivas acciones de acoso a la policía.

Los “mártires” –personas que se suicidaron aludiendo a las reivindicaciones políticas de los opositores- y el cantante John Lennon también forman parte de esta iconografía.

Desde hace días, los denominados “muros de Lennon” que recogen los mensajes y el ideario de esta revuelta popular se han multiplicado en toda la ciudad.

En algunas estaciones de metro como la de Tai Po estas composiciones de fotografías, pegatinas y dibujos se extienden durante decenas de metros.

Algunas de las frases adosadas a los muros no esconden el ideario de los autores: “Hong Kong no es china”, afirma una de ellas. “Libertad para Hong Kong”, añade otra cercana. “Donde hay represión, hay resistencia”, se lee en una tercera pegatina.

https://www.elmundo.es/internacional/2019/07/14/5d2b199321efa0ac218b46c6.html


El maná de cada día, 15.7.19

julio 15, 2019

Lunes de la 15ª semana de Tiempo Ordinario

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Aunque no sea más que un vaso de agua fresca

Aunque no sea más que un vaso de agua fresca



PRIMERA LECTURA: Éxodo 1, 8-14. 22

En aquellos días, subió al trono en Egipto un Faraón nuevo, que no había conocido a José, y dijo a su pueblo:

-«Mirad, el pueblo de Israel está siendo más numeroso y fuerte que nosotros; vamos a vencerlo con astucia, pues si no, cuando se declare la guerra, se aliará con el enemigo, nos atacará, y después se marchará de nuestra tierra.»

Así, pues, nombraron capataces que los oprimieron con cargas, en la construcción de las ciudades granero, Pitom y Ramsés. Pero, cuanto más los oprimían, ellos crecían y se propagaban más.

Hartos de los israelitas, los egipcios les impusieron trabajos crueles, y les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro, de los ladrillos, y toda clase de trabajos del campo; les imponían trabajos crueles.

Entonces el Faraón ordenó a toda su gente: -«Cuando nazca un niño, echadlo al Nilo; si es niña, dejadla con vida.»


SALMO 123, 1-3. 4-6. 7-8

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte – que lo diga Israel -, si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes. Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes.

Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


Aclamación antes del Evangelio: Mt 5, 10

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.


EVANGELIO: Mateo 10, 34-11,1

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
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Deduce del amor que sientes por tus padres
cuánto has de amar a Dios y a la Iglesia

San Agustín (Sermón 344,1-2)

En esta vida toda tentación es una lucha entre dos amores: el amor del mundo y el amor de Dios; el que vence de los dos atrae hacia sí, como por gravedad, a su amante. A Dios llegamos con el afecto, no con alas o con los pies. Y, al contrario, nos atan a la tierra los afectos contrarios, no nudos o cadena alguna corporal.

Cristo vino a transformar el amor y a hacer de un amante de la tierra un amante de la vida celestial; por nosotros se hizo hombre quien nos hizo hombres: Dios asumió al hombre para hacer de los hombres dioses.

He aquí el combate que tenemos delante: la lucha contra la carne, contra el diablo, contra el mundo. Pero tenemos confianza, porque quien concertó el combate es espectador que aporta su ayuda y nos exhorta a que no presumamos de nuestras fuerzas.

En efecto, quien presume de ellas, en cuanto hombre que es, presume de las fuerzas de un hombre y maldito todo el que pone su esperanza en el hombre (Jr 17,5).

Los mártires, inflamados en la llama de este piadoso y santo amor, hicieron arder el heno de su carne con el roble de su mente, pero llegaron íntegros en su espíritu hasta aquel que les había prendido fuego. En la resurrección de los cuerpos se otorgará el debido honor a la carne que ha despreciado esas mismas cosas. Así, por tanto, fue sembrada en la ignominia, para resucitar en la gloria.

Ardiendo en este amor o, mejor, para que ardamos en él, dice: Quien ama a su padre o a su madre más que a no es digno de mí, y quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí (Mt 10,37-38). No ha eliminado el amor a los padres, a la esposa, a los hijos, sino que lo ha colocado en el lugar que le corresponde.

No dijo: «Quien ama», sino: Quien ama más que a mí. Es lo que dice la Iglesia en el Cantar de los Cantares: Ordenó en mí el amor (Cant 2,4). Ama a tu padre, pero no más que al Señor; ama a quien te ha engendrado, pero no más que a quien te ha creado.

Tu padre te ha engendrado, pero no fue él quien te dio forma, pues al hacerlo ignoraba quién o cómo ibas a nacer. Tu padre te alimentó, pero no sacó de sí el pan para saciarte. Por último, sea lo que sea lo que tu padre te reserva en la tierra, él muere para que tú le sucedas, y con su muerte te hace sitio en la vida.

En cambio, Dios es Padre y lo que reserva, lo reserva juntamente consigo, para que poseas la herencia juntamente con el mismo Padre y no tengas que esperar a que él muera para sucederle, sino que, permaneciendo siempre en él, te adhieras a quien permanece siempre.

Ama, pues, a tu padre, pero no por encima de Dios; ama a tu madre, pero no por encima de la Iglesia, que te engendró para la vida eterna.

Finalmente, deduce del amor que sientes por tus padres cuánto debes amar a Dios y a la Iglesia. Pues si tanto ha de amarse a quienes te engendraron para la muerte, ¡con qué amor han de ser amados quienes te engendraron para que llegues a la vida eterna y permanezcas por la eternidad?

Ama a tu esposa, ama a tus hijos según Dios, inculcándoles que adoren contigo a Dios. Una vez que te hayas unido a él, no has de temer separación alguna. Por tanto, no debes amar más que a Dios a quienes con toda certeza amas mal, si descuidas el llevarlos a Dios contigo.

Llegará la hora de la prueba. Quieres confesar a Cristo. Quizá te sobrevenga, por confesarlo, un tormento temporal; quizá la muerte. Tu padre o tu esposa o tu hijo te halagarán para que no vayas a la muerte, y con sus halagos te procurarán la muerte.

Para que no suceda eso ha de venirte a la mente: Quien ama al padre o a la madre o a la esposa más que a mí, no es digno de mí.
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NUESTROS VASOS DE AGUA FRESCA

Nos aseguró el Señor en el Evangelio que no quedaría sin recompensa ni uno solo de los vasos de agua fresca que diéramos, en su Nombre, al sediento (cf. Mt 10,42). En realidad, Cristo mismo se nos da como recompensa cada vez que damos algo en su Nombre y, ante semejante paga, no importa tanto lo que das sino cómo lo das y en nombre de quién lo das.

Dar en nombre de Cristo no es lo mismo que dar por propia satisfacción, por compromiso, por obligación, o por simple altruismo. Piensa que, en las generosidades de muchos cristianos, no siempre está presente Cristo, porque damos cosas, tiempo, dinero, cualidades, habilidades, pero, en todo eso, no damos a Dios.

Tu caridad tiene que tener la forma de Cristo, si no quieres que se reduzca a una mera acción social o humanitaria, en la que el nombre de Dios no llega a resonar en el corazón de esos sedientos que has saciado. Sirve para muy poco un vaso de agua fresca que calma la sed, si no completas tu don con el agua viva de Cristo, capaz de saciar en plenitud el corazón necesitado y sediento de aquellos a los que socorres.

Examina con detalle tu generosidad y detecta cuáles son las carencias de tu caridad. Mira si te contentas con dar alguna que otra vez, si das sólo cuando no te supone esfuerzo, si das sólo obligado por el compromiso o por el qué dirán, si das sólo aquello que te sobra.

Tus vasos de agua fresca no pueden limitarse a actos puntuales y simbólicos, con los que pretendes tranquilizar tu conciencia y justificar tu cristianismo de mínimos. Mira, sobre todo, si das a Cristo a los demás, si te das como se dio Cristo, que llegó al extremo del amor sólo por calmar la sed profunda que causa el pecado en el alma de tantos hombres.

Has de ser generoso, sí, pero tu generosidad será más preciosa cuánto más vaya cargada de Dios. Que nadie beba tus vasos de agua fresca sin paladear en ellos ese gusto de cielo y de amor de Dios que sacia realmente la sed más profunda del alma.

Lañas diarias www.mater-dei.es


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