Los católicos de China se lamentan del declive de la Iglesia

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La cueva donde vivió el obispo Bai se ha convertido en un lugar de peregrinación para los católicos en China. El fraile dominico se escondió allí huyendo de la dinastía Qing antes de que lo encontraran y ejecutaran en el 1700.

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Los católicos de China se lamentan del declive de la Iglesia

Por Ian Johnson, The New York Times

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Durante casi cuatro siglos, una franja de pueblos campesinos y pescadores en la costa sureste de China ha sobrevivido como un baluarte del catolicismo, a veces floreciente y otras marchito, su destino depende a menudo de las decisiones o conflictos lejanos en Pekín o Europa.

Ahora, un nuevo choque resuena en esta región rural, conocida como Mindong. Esta vez, se centra en las conversaciones entre China y el Vaticano para salvar sus diferencias históricas al definir el asunto más espinoso que los ha dividido: el control de los obispos y sacerdotes que dirigen la Iglesia católica romana en China.

El plan básico le daría al Vaticano un papel formal, e incluso tal vez el poder de veto, sobre la manera en que se designa a los clérigos en China. Esa sería una concesión inusual por parte de Pekín, que se muestra siempre profundamente suspicaz hacia la interferencia extranjera.

A cambio, el Vaticano podría forzar a muchas comunidades locales a aceptar a clérigos designados por las autoridades comunistas chinas en lugar de los líderes de la popular Iglesia “clandestina” que se han resistido al control del Estado durante décadas.

La perspectiva de un arreglo así ha desatado emociones intensas por todo el mundo, con críticos que acusan a la Santa Sede de “traicionar” a los católicos de China. Por su parte, los defensores del Vaticano argumentan que este debe ceder para evitar que los católicos chinos se separen aun más, en especial dado que el gobierno del presidente Xi Jinping endurece el control sobre la religión.

Sin embargo, la gente más afectada por estos cambios propuestos –los residentes de lugares como Mindong– dice que tiene una sensación de impotencia, como si estuviera esperando una tormenta que no puede controlar.

A muchos les preocupan menos las disputas sobre los clérigos que el que se produzca un hueco en la vida católica en el campo chino. Otros dicen que la visión binaria del mundo exterior sobre el catolicismo chino –de miembros leales a la Iglesia clandestina y lacayos gubernamentales– pasa por alto realidades más sutiles en la práctica.

“Eso es algo que decidirán los altos mandos”, dijo Huang Xiaofeng, de 40 años, el encargado de una tienda para los peregrinos que visitan una cueva santa en lo alto de una montaña. “Los creyentes solo vamos a la iglesia y rezamos”.

El Vaticano ya le pidió a Guo Xijin, el obispo clandestino de Mindong, que entregue su dirigencia de un estimado de 70,000 católicos a un clérigo nombrado por el gobierno que tiene el mando de cerca de 10,000 seguidores, lo que constituye una enorme concesión a Pekín.

Guo, de 59 años, que ha sido sacerdote en Mindong desde 1984, dijo en una entrevista que está dispuesto a aceptar si eso ayuda a sanar el largo distanciamiento entre las Iglesias clandestina y gubernamental.

Sin embargo, añadió que no solucionará problemas más grandes que disminuyen el catolicismo en este lugar. “El principal problema es el nivel educativo y los fundamentos espirituales de los creyentes”, dijo. “Tienen fe, pero no es profunda”.

Guo se refería al hecho de que el catolicismo es más fuerte en las partes rurales y más pobres de China, pero el campo se está quedando vacío. Hace unas cuantas décadas, el 80 por ciento de los chinos vivía en zonas rurales. Hoy lo hace solo la mitad.

En áreas como Mindong, eso ha significado un derrumbe en el número de feligreses. Guo calcula que más de un tercio de los católicos locales han dejado Mindong para buscar trabajo en otras partes. Casi todos los jóvenes se han ido y han dejado los pueblos con iglesias que solo usa una decreciente población de ancianos de manera alternada.

Los problemas en Mindong reflejan una tendencia más amplia. De acuerdo con encuestas de las iglesias oficial y clandestina, realizadas por Anthony Lam, un investigador del Centro de Estudios del Espíritu Santo en Hong Kong, la cantidad total de católicos en China llegó a su punto máximo de 12 millones alrededor del 2005, y desde entonces se ha reducido a 10 millones.

Esto convierte al catolicismo en el más pequeño de los principales grupos religiosos en China, y en el único que está reduciéndose, en tanto que otros cultos, sobre todo el budismo y el protestantismo, han crecido rápidamente en medio de un renacimiento religioso nacional.

El origen de los problemas de la Iglesia en China se remontan a mucho tiempo atrás. El emperador Qing prohibió el cristianismo durante aproximadamente un siglo antes de que las potencias occidentales forzaran a la dinastía a permitir de nuevo la llegada de misioneros.

Cuando los comunistas ganaron el control de China, en 1949, el catolicismo recibió un golpe muy fuerte debido a la estridente oposición del Vaticano al comunismo.

El nuevo gobierno también expulsó de China a la mayoría de los extranjeros, decapitando así a la Iglesia católica, que dependía de ellos para operar sus escuelas, orfanatos, seminarios y órdenes religiosas. El catolicismo sobrevivió como una religión rural basada en clanes, sin su antiguo impulso misionero.

En 1957, las autoridades añadieron problemas a la Iglesia cuando establecieron la Asociación Patriótica Católica China para sustituir al Vaticano en el nombramiento de los clérigos y dar a los dirigentes ateos de Pekín el control de la Iglesia.

Muchos devotos se resistieron. Boicotearon a la iglesia gubernamental a favor de iglesias clandestinas dirigidas por miembros del clero que ellos mismos elegían. Con el tiempo, el Vaticano aprobó a la mayoría de estos clérigos nombrados localmente. Eso creó dos linajes católicos en China: los designados por Pekín y los nombrados por el Vaticano.

Esta es la desavenencia en el centro de las negociaciones actuales, pero el panorama es más complicado de lo que parece.

Muchos obispos nombrados por el gobierno, por ejemplo, han recibido en secreto la bendición del Vaticano. En el 2007, el papa Benedicto dijo que los católicos fieles podían asistir a las iglesias chinas aprobadas por el gobierno.

Incluso el término “clandestino” es ahora un nombre poco apropiado. Aunque algunos clérigos han sido arrestados y enfrentan acoso, otros operan mayoritariamente de manera abierta. En muchos lugares, los católicos clandestinos han construido sus propias iglesias, en ocasiones grandes catedrales, sin la interferencia del gobierno.

Guo, por ejemplo, vive en una residencia de siete pisos al lado de una iglesia de doble capitel revestida de azulejos blancos. Mindong está salpicado con decenas de iglesias así, muchas de ellas con capiteles altos, capillas, residencias y conventos, todos ellos técnicamente ilegales.

Muchas de las construcciones obtuvieron permisos de construcción con la ayuda de Zhan Silu, el obispo nombrado por el gobierno al que el Vaticano ha pedido a Guo ceder su puesto.

Zhan se negó a ser entrevistado, pero los católicos locales dicen que autorizó los permisos para acercarse a los creyentes clandestinos.

“Eso muestra que no es para nada clandestino”, dijo Eugenio Menegon, profesor de historia de la Universidad de Boston, quien escribió un libro sobre las profundas raíces del catolicismo en Mindong. Durante el tiempo que pasó en la región, dice que descubrió que el clero no oficial a menudo se lleva muy bien con las autoridades locales.

Las tensiones surgen cuando un bando presiona al otro. Hace poco, la presión provino de Pekín, que ha adoptado nuevas regulaciones destinadas en parte a frenar las iglesias clandestinas.

El deseo del Vaticano de que Guo se haga a un lado a favor de Zhan también preocupa a los residentes. Muchos sienten que se les debería consultar sobre el nombramiento de su líder espiritual, un asunto que podría surgir en otras diócesis chinas donde es incierto el futuro de hasta 30 obispos clandestinos.

Una monja lega cuya orden está muy arraigada en Mindong dijo que Zhan tendría dificultades al dirigir la diócesis, pues la mayoría de los devotos pertenecen a la Iglesia clandestina y apoyan a Guo. Aun así, dijo que si el Vaticano reconoce a Zhan, ella obedecerá.

(Adam Wu colaboró con la investigación).

https://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/article201664064.html

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