San José, esposo de la Virgen María

marzo 19, 2019

Solemnidad de San José

Esposo de la Virgen María, Protector y custodio fiel

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Su linaje será perpetuo

Su linaje será perpetuo

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¡Felicidades a los padres de familia, maestros y carpinteros; a los que llevan el nombre de José o Josefa, Josefina; a las personas consagradas que lo tienen como modelo de vida contemplativa; a las instituciones que lo veneran como titular y patrón!

San José bendito, ruega por nosotros. Amén.

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Antífona de entrada: Lucas 12, 42

Éste es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.


Oración colecta:

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José; haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 2 Samuel 7, 4-5a.12-14a.16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David:

“Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.

Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»


SALMO 88, 2-3.4-5.27.29

Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.

SEGUNDA LECTURA: Romanos 4, 13.16-18

No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»

Por lo cual le valió la justificación.


Aclamación antes del Evangelio: Salmo 83, 5

Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándote siempre.

EVANGELIO: Mateo 1, 16.18-21.24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.

Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Antífona de comunión: Mateo 25, 21

Siervo fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu Señor.



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FIEL CUIDADOR Y GUARDIÁN

De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero

La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede ¬todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles.

José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.

Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿¬no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos?

Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.

No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.

Por eso, también con razón, se dice más adelante: Pasa al banquete de tu Señor.

Aun cuando el gozo santificado por este banquete es el que entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: Pasa al banquete, a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


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DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ

San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén

San José y la Virgen embarazada subiendo a Belén

La piedad tradicional ha tributado a san José una especial devoción. Él ha sido considerado un ejemplo extraordinario de fe y santidad para todas las generaciones.

Podemos fácilmente intuir en la rica y excepcional personalidad redimida de san José la experiencia cuaresmal y la pascual; de dolor y gozo.

El ejercicio piadoso conocido como “Los Dolores y Gozos de san José” nos pueden ayudar a percibir la hondura de su experiencia de fe en dos dimensiones fundamentales: la del dolor y la prueba, Cuaresma, y la del gozo y la gloria, Pascua.

PRIMER DOLOR Y GOZO

¡Glorioso san José! Comprendemos tu angustia al no entender el misterio de la Encarnación. Pero el Señor quitó tu pena cuando te lo reveló claramente a través del ángel que se le apareció en sueños.

Por este dolor y este gozo concédenos la discreción, el silencio y la caridad sincera, en todo momento.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


SEGUNDO DOLOR Y GOZO

El nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre llenó de lágrimas los ojos de san José. Pero el cántico de los ángeles colmó de alegría su corazón.

Por este dolor y este gozo concédenos una vida austera y sencilla en la presencia de Dios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

TERCER DOLOR Y GOZO

En la circuncisión vio san José deslizarse gotas de sangre por el cuerpo del Hijo de Dios. Pero la imposición del nombre de Jesús, que significa Salvador, inundó de gozo su corazón.

Por este dolor y este gozo haz, bendito san José, que en nuestra vida se haga fecunda la sangre del Redentor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

CUARTO DOLOR Y GOZO

El anciano Simeón anuncia la muerte pero también el triunfo de Jesús sobre todo mal trayendo la luz y la paz a todas las naciones.

Concédenos, glorioso san José, que no defraudemos las esperanzas que Dios tiene puestas en cada uno de nosotros, de acuerdo con nuestra vocación.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

QUINTO DOLOR Y GOZO

La Sagrada Familia, camino de Egipto, formaba parte de los desplazados de su patria. En un país desconocido José, junto con María y el Niño, vivió la soledad y la pobreza. Pero también sintió la alegría de la paz y de la seguridad de su propia familia.

Por este dolor y este gozo te pedimos nos concedas caminar por la vida con paso seguro hacia la eternidad.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

SEXTO DOLOR Y GOZO

Arquelao, aquel mal rey judío, entristeció las noches de san José. Pero un ángel le indica la tranquila casa de Nazaret como lugar seguro para habitar en paz.

Glorioso san José, santifica nuestra comunidad y haz que nuestros hogares se parezcan a la familia de Nazaret.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


SÉPTIMO DOLOR Y GOZO

San José y su santa esposa María, con el corazón angustiado, buscan a su hijo, el pequeño Niño Dios. Pero su encuentro les mereció una inmensa satisfacción y consuelo.

En cada instante y sobre todo en el momento de nuestra muerte, danos, santo José, la presencia amorosa de Jesús que nos introduzca en la vida eterna del cielo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


V. Lo nombró administrador de su casa.

R. Y señor de todas sus posesiones.



OREMOS

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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Mana y Vivencias Cuaresmales (14), 19.3.19

marzo 19, 2019

Martes de la 2ª semana de Cuaresma

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NOTA: Este día cuaresmal con sus lecturas y comentarios ha sido sustituido por la liturgia propia de la Solemnidad de san José, 19 de marzo, en algunos lugares. Pero, en atención a las personas que quieran meditar la espiritualidad del martes de la segunda semana, reproducimos lo propio de este día.
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Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

 

Antífona de entrada: Salmo 12, 4-5

Ilumina mis ojos, para que no caiga en el sueño de la muerte, para que mi enemigo no pueda decir: “lo he vencido”.


Oración colecta

Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia y, pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protege a tu Iglesia en el peligro y mantenla en el camino de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 1,10.16-20

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra: «Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda.

Entonces, venid y litigaremos –dice el Señor–. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.

Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.»

SALMO 49, 8-9.16bc-17.21.23

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

«No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños.

¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?

Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú; El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.»


Aclamación antes del Evangelio:

“Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, dice el Señor.»

EVANGELIO: Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Antífona de comunión: Salmo 9, 2-3

Proclamaré todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.


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VIVENCIAS CUARESMALES

Sea el Señor tu delicia



14. MARTES

SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA

 

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TEXTO ILUMINADOR: Practicad el bien y buscad la justicia.

Texto bíblico, Isaías 1, 10-16. Dios sigue exigiéndonos sinceridad y mucha honestidad para poder llegar a él. Pues él es Luz sin tiniebla alguna. Lavaos, purificaos: nada de maldad. Sólo haciendo el bien, el hombre alcanza su centro, su plenitud.

Dios es el más interesado en que sea así. Ayuda, lo más que puede, al hombre mediante la gracia preveniente, acompañante o concomitante, y, claro, siempre suficiente; pero no puede suplantar al hombre. Pues lo ha hecho libre, capaz de lo mejor. Dueño de su vida y constructor de su propia historia.

Dios que lo ha hecho libre, respeta su voluntad, y quiere que se ejercite como verdadero agente de bien y de solidaridad; y que así disfrute sintiéndose útil a los demás y realizado en sus posibilidades, casi infinitas. Pues Dios lo hizo poco inferior a los ángeles.

Dios, que es de vivos y no de muertos, no es celoso del crecimiento del hombre, sino todo lo contrario: goza con verlo feliz y realizado; es lo que más le gusta. En eso consiste su gloria, en que el hombre viva y llegue a plenitud.

“Ten en cuenta que hoy yo pongo ante ti el bien y la vida por una parte, y por otra el mal y la muerte. Si escuchas los mandamientos de tu Dios que yo te prescribo, vivirás y te multiplicarás. Yahvé te bendecirá en la tierra que vas a poseer. Escoge, pues, la vida…

Pongo hoy por testigo ante vosotros al cielo y a la tierra, te pongo delante la vida y la muerte, la bendición o la maldición: escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia. En eso está tu vida y la duración de tus días…” (Deuteronomio 30, 15-20).

De ahí el Salmo 49: “Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios”. ¿Por qué recitas mi ley, y no la cumples? ¿Puedo aceptar un culto falso, que olvida las obras de misericordia con el prójimo? ¿Crees que soy como tú, un arco falso que se dobla?

Dios es luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, en él no hay ni pizca de oscuridad.

“Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. No te reprocho tus sacrificios; pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños. ¿Por qué recitas mis preceptos, y tienes en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza, y te echas a la espalda mis mandatos?

Esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios” (Salmo 49, 8-9-16-17-21-23).

De nuevo el tema de la honestidad para con Dios y con el prójimo. Y vuelta con la responsabilidad del hombre y el poder de su decisión que radica en el interior: El reino de Dios no está aquí o allá; está en tu interior, dentro de tu corazón. No es inalcanzable ni tampoco depende de fuerzas fatalistas o arbitrarias.

Cuidado con aficionarnos a poner en factores exógenos la razón y la causa de nuestras desdichas: los demás, los políticos, el gobierno, la crisis económica, la historia, la mala suerte, el orden internacional…

En realidad, seremos lo que queramos, lo que decidamos libre y responsablemente. El hombre será lo que quiera ser. El Evangelio nos recomienda: no temáis a los que pueden haceros daño en el cuerpo. Temed sobre todo a los que pueden haceros daño en el alma, en el espíritu.

Sigue el texto sagrado en el mismo sentido, desmantelando subterfugios: No permitáis que os llamen “padre”, “maestro”, que os endiosen y os adulen. No lo consintáis. No viváis a cuenta del engaño de los demás, o a expensas de su adulación.

Es preciso vivir en la verdad, en la autenticidad. Cuidado con aficionarse a vivir de rentas y del engaño ajeno. Cuidado con la falsedad existencial y la claudicación de la conciencia personal.

No fomentéis la mentira de ninguna manera, y no os acostumbréis a vivir en falsedad. Con prudencia y delicadeza defended la verdad, y con firmeza rechazad toda mentira, toda apariencia, toda actitud falsa o dolosa.

He aquí la verdadera libertad y rectitud que nos recompensa con la tranquilidad de conciencia y la satisfacción personal.

Y no llaméis a otro padre, maestro, no aduléis, no busquéis favoritismos y ventajas sobre los demás, no busquéis dioses a vuestra medida. Jesús dice: Haced lo que os dicen pero no los imitéis, porque dicen y hasta se atreven a enseñar a los demás, pero no practican lo que predican.

En ese colectivo se incluyen muchos doctores, padres de familia, profesores, sacerdotes, políticos, comunicadores, consejeros y formadores, acompañantes… ¿Quién estará libre?

Pero ahora, en la Cuaresma todos son invitados a “sanear” su vida personal y a purificar las motivaciones de su conducta. Nadie está excluido de la oportunidad que Dios ofrece en este tiempo de salvación. Ellos, dice el texto evangélico, colocan cargas pesadas sobre los hombros de los otros, y Cristo dice: Mi carga es ligera.

¿La carga pesada de los falsos profetas hay que tomarla materialmente y a la letra, o sólo tomamos lo que viene de Dios? ¿Podremos constituirnos en jueces de nuestra propia causa? Seríamos malos jueces, parciales seguramente.

De todas maneras, sabemos muy bien que sólo Dios nos pastorea; de él dependemos y a él nos sometemos y él nos da fuerzas para todo. Podemos ser los mejores ciudadanos, los mejores cumplidores de las leyes humanas, porque nuestra vida no depende del cumplimiento de leyes sino del Señor dador de todo bien. En el Señor toda carga es llevadera.

Por tanto, si somos buenas ovejas siempre encontraremos la enseñanza y la dirección de Dios, a pesar de todos los pesares. Él se valdrá de todo y de todos para llegar a sus hijos, siempre y oportunamente. Dios siempre llega a quien lo busca sinceramente porque su amor es lo absoluto y lo definitivo.

Y eso no depende sino de él. Es lo que más le gusta, y esa parte nadie se la quitará. Nosotros nos cobijamos a la sombra de sus alas y gozamos de su protección. “Gustad y ved qué bueno es el Señor”.

Al final, concluiremos que nuestra felicidad sólo depende de Dios y de nosotros mismos. Nadie puede interferirse. Nada ni nadie nos puede arrebatar la paz que el Señor nos da.

No podemos decir: “si nos dejan”, cuando aspiramos a la felicidad; o “que nos dejen en paz”, cuando nos corrigen. En el interior del hombre habita la Verdad.

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ORACIÓN DEL SALMISTA PARA “TU HOY”

No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal: Se secarán pronto, como la hierba, como el césped verde se agostarán.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará: Hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía.

Descansa en el Señor y espera en él, no te exasperes por el hombre que triunfa empleando la intriga: cohíbe la ira, reprime el coraje, no te exasperes, no sea que obres mal; porque los que obran mal son excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre (Salmo 36).

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De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia.

Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente.

El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno.

Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica.

Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a él. Es un indigno suplicante quien pide para sí lo que niega a otro.

Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.

En consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.

Recobremos con ayunos lo que perdimos por el desprecio; inmolemos nuestras almas con ayunos, porque no hay nada mejor que podamos ofrecer a Dios, de acuerdo con lo que el profeta dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

Hombre, ofrece a Dios tu alma, y ofrece la oblación del ayuno, para que sea una hostia pura, un sacrificio santo, una víctima viviente, provechosa para ti y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios no tendrá excusa, porque no hay nadie que no se posea a sí mismo para darse.

Mas, para que estas ofrendas sean aceptadas, tiene que venir después la misericordia; el ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza: lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno.

Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno.

Tú que ayunas, piensa que tu campo queda en ayunas si ayuna tu misericordia; lo que siembras en misericordia, eso mismo rebosará en tu granero.

Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir, al dar al pobre, te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro no lo tendrás tampoco para ti.

(Sermón 43: PL 52, 320, 322)

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HIMNO

Libra mis ojos de la muerte; dales la luz que es su destino. Yo, como el ciego del camino, pido un milagro para verte. Haz de esta piedra de mis manos una herramienta constructiva; cura su fiebre posesiva y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío, al que se queja y retrocede, que el corazón no se me quede desentendidamente frío. Guarda mi fe del enemigo, ¡tantos me dicen que estás muerto! Tú que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo. Amén

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