Conclusión de la Cumbre para la “Protección de los Menores en la Iglesia”. El Pontífice asegura que ningún abuso deberá ser jamás encubierto ni infravalorado en la Iglesia.

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Conclusión de la Cumbre para la “Protección de los Menores en la Iglesia”. El Pontífice asegura que ningún abuso deberá ser jamás encubierto ni infravalorado en la Iglesia.

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Conclusión de la Cumbre para la “Protección de los Menores en la Iglesia”. El Pontífice asegura que ningún abuso deberá ser jamás encubierto ni infravalorado en la Iglesia.

Por Ary Waldir Ramos Díaz, 24, feb 2019

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El papa Francisco ha realizado un discurso memorable y conclusivo dirigido a los 114 presidentes de las conferencias episcopales de la Iglesia, a los expertos y líderes eclesiales, que han participado al encuentro sobre la “Protección de los Menores en la Iglesia”, que ha tenido lugar en el Vaticano del 21 al 24 de febrero 2019. 

El Papa agradeció a “todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos”. 

Agradeció, en nombre de toda la Iglesia, “a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos” Destacó “la importancia de transformar este mal en oportunidad de purificación”. 

“Será justamente este santo Pueblo de Dios el que nos libre de la plaga del clericalismo, que es el terreno fértil para todas estas abominaciones.”. 

Por las víctimas

“El resultado mejor y la resolución más eficaz que podamos dar a las víctimas, al Pueblo de la santa Madre Iglesia y al mundo entero, es el compromiso por una conversión personal y colectiva, y la humildad de aprender, escuchar, asistir y proteger a los más vulnerables”. 

Francisco ha hecho un “sentido llamamiento a la lucha contra el abuso de menores en todos los ámbitos, tanto en el ámbito sexual como en otros por parte de todas las autoridades y de todas las personas”

Porque –indicó– “se trata de crímenes abominables que hay que extirpar de la faz de la tierra: esto lo piden las numerosas víctimas escondidas en las familias y en los diversos ámbitos de nuestra sociedad”. 

Sacerdotes abusadores instrumento de satanás 

En su consistente alocución, destacó que un “consagrado” que por “fragilidad”, o por su “enfermedad”, abusa de un menor se convierte en “instrumento de satanás”. 

“En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños”. 

“Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús”.

Conciencia de los abusos 

Por eso, admitió, ha crecido en la Iglesia “la conciencia de que se debe no solo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia”. 

Proteger a los niños de los lobos 

La Iglesia se siente “llamada a combatir este mal” y “protegerlos de los lobos voraces”.

“Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad”. 

La rabia del pueblo de Dios, reflejo de la rabia del Señor. 

De hecho, “en la justificada rabia de la gente, la Iglesia ve el reflejo de Dios, traicionado y abofeteado por estos consagrados deshonestos”. 

“El eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar en ellos paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder. Nosotros tenemos el deber de escuchar atentamente este sofocado grito silencioso”. 

“Ante tanta crueldad, ante todo este sacrificio idolátrico de niños al dios del poder, del dinero, del orgullo, de la soberbia, no bastan meras explicaciones empíricas”, abundó. 

Abusos en el mundo 

El Papa indicó que detrás de las estadísticas que hablan de la vulnerabilidad a los abusos de 85 millones de niños y niñas en el mundo (en guerras, por las migraciones forzadas, etc), hay rostros e historias. 

Por ello, “hoy -constató-, necesitamos tanto explicaciones como significados. Las explicaciones nos ayudarán mucho en el ámbito operativo, pero nos dejan a mitad de camino”. 

“Hermanos y hermanas, hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva”. 

En estos casos “dolorosos veo la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los pequeños”.

La Iglesia no se cansará de buscar justicia 

El Papa reiteró que  «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido” crímenes de abusos contra los niños y niñas. “La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso”. 

Destacó su convicción de que los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza. 

En efecto, también la Iglesia, junto con sus hijos fieles, es víctima de estas infidelidades y de estos verdaderos y propios delitos de malversación». 

Esto no significa que los abusos sean menos graves en la Iglesia, pero Francisco aspira a una lucha global contra “la plaga de los abusos sexuales a menores” que es por “desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades”.

Cambiar la mentalidad clericalizada 

En este sentido, el Papa exhortó a cambiar la mentalidad eclesial para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la institución, para, en cambio, dar prioridad a las víctimas de abusos. “Ay del hombre por el que viene el escándalo” (Mt, 18, 6-7). 

Un compromiso que subrayó es concreto: llevar a la justicia a todo aquel que haya cometido un crimen de abuso al interno de la Iglesia. “La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso”. 

El empeño de la Iglesia luego de la cumbre anti abusos en el Vaticano es renovar la santidad de los sacerdotes y pastores. “Un camino de purificación” y revisión de cómo “fortalecer la formación en los seminarios”. 

Transformar, indicó, los errores cometidos en oportunidades para erradicar el flagelo no solo del cuerpo de la Iglesia, sino también de la sociedad.

Temor a Dios 

Pidió tener “temor de Dios” y “aprender a acusarse a sí mismo”, probablemente en referencia a los obispos y sacerdotes que han encubierto o a aquellos que han polemizado el daño causado a las víctimas por motivos ajenos a su bien, sino por interés personal y oportunista. 

Insistió que la Iglesia trabajará aún más en la selección de los candidatos al sacerdocio, por una formación equilibrada y que contemple la virtud de la castidad. 

El Pontífice también exigió mejorar y reforzar las directrices de las Conferencias Episcopales en materia de abusos porque, sostuvo, ningún caso deberá ser jamás encubierto. Así,  llamó a la responsabilidad de los obispos en la unidad y en la aplicación de las normas y no solo quedarse en orientaciones. 

Las víctimas primero antes que la institucionalidad 

La Iglesia, añadió, deberá ofrecer a las víctimas todo el apoyo necesario: valiéndose de expertos en esta materia. Escuchar, dejadme decir: “perder tiempo” en escuchar. 

Además alertó de nuevas amenazas para la protección de los menores que provienen del mundo digital hasta el punto que haya adultos corruptos que estén dispuestos a pagar para ver abusos en línea de niños y niñas. 

También, destacó, de modo particular, que seminaristas y miembros del clero, “no sean esclavos de dependencias”, fomentadas por las nuevas tecnologías, basadas en la explotación y el abuso criminal de los inocentes y de sus imágenes, y en el desprecio de la dignidad de la mujer”. 

Además, denunció el fenómeno criminal del turismo sexual. Los destinos más frecuentes son Brasil, República Dominicana, Colombia, así como Tailandia y Camboya.

Los primeros países de proveniencia de quienes perpetran los abusos son Francia, Alemania, Reino Unido, China, Japón e Italia. 

Entonces, el Papa pidió una mayor acción represiva judicial y apoyar la reinserción de las víctimas. Además, de coordinar esfuerzos en todos los niveles: organizaciones internacionales e Iglesia. 

8 propuestas del Papa en la lucha de los abusos 

Un discurso concreto y que define una guía concreta para luchar contra la plaga de los abusos sexuales en la Iglesia, y no solo, pues el Pontífice ha propuesto 8 puntos que marcan una colaboración entre Iglesia y sociedad civil.

1. La protección de los menores:

Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos.

Ante nuestros ojos siempre deben estar presentes los rostros inocentes de los pequeños, recordando las palabras del Maestro: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!» (Mt 18,6-7).

2. Seriedad impecable:

Deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso» (Discurso a la Curia Romana, 21 diciembre 2018).

Tiene la convicción de que «los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la Iglesia socavando su credibilidad.

En efecto, también la Iglesia, junto con sus hijos fieles, es víctima de estas infidelidades y de estos verdaderos y propios delitos de malversación» (ibíd.).

3. Una verdadera purificación:

A pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios. Se reitera entonces «su firme voluntad de continuar, con toda su fuerza, en el camino de la purificación.

La Iglesia se cuestionará […] cómo proteger a los niños; cómo evitar tales desventuras, cómo tratar y reintegrar a las víctimas; cómo fortalecer la formación en los seminarios. Se buscará transformar los errores cometidos en oportunidades para erradicar este flagelo no solo del cuerpo de la Iglesia sino también de la sociedad» (ibíd.).

El santo temor de Dios nos lleva a acusarnos a nosotros mismos —como personas y como institución— y a reparar nuestras faltas. Acusarnos a nosotros mismos: es un inicio sapiencial, unido al santo temor de Dios. Aprender a acusarse a sí mismo, como personas, como instituciones, como sociedad.

En realidad, no debemos caer en la trampa de acusar a los otros, que es un paso hacia la excusa que nos separa de la realidad.

4. La formación:

La exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad.

5. Reforzar las directrices de las Conferencias Episcopales

Reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación. Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado (como ha sido costumbre en el pasado), porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo.

De modo particular, desarrollar un nuevo y eficaz planteamiento para la prevención en todas las instituciones y ambientes de actividad eclesial.

6. Acompañar a personas abusadas:

El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. Por lo tanto, la Iglesia tiene el deber de ofrecerles todo el apoyo necesario, valiéndose de expertos en esta materia.

Escuchar, dejadme decir: “perder tiempo” en escuchar. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.

7. El mundo digital:

Los seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales; todos deben tomar conciencia de que el mundo digital y el uso de sus instrumentos incide a menudo más profundamente de lo que se piensa.

Exhortó a medidas “para limitar los sitios de internet que amenazan la dignidad del hombre, de la mujer y de manera particular a los menores: el delito no goza del derecho a la libertad. Denunció el “acceso incontrolado a la pornografía, que dejará profundos signos negativos en su mente y en su alma”.

Es necesario comprometernos para que los chicos y las chicas, de modo particular los seminaristas y el clero, no sean esclavos de dependencias basadas en la explotación y el abuso criminal de los inocentes y de sus imágenes, y en el desprecio de la dignidad de la mujer y de la persona humana.

8. Turismo sexual: Víctimas niños y niñas

Para combatir el turismo sexual se necesita la acción represiva judicial, pero también el apoyo y proyectos de reinserción de las víctimas de dicho fenómeno criminal. Las comunidades eclesiales están llamadas a reforzar la atención pastoral a las personas explotadas por el turismo sexual: mujeres, los menores y los niños. […]

Para este fin, es importante coordinar los esfuerzos en todos los niveles de la sociedad y trabajar estrechamente con las organizaciones internacionales para lograr un marco legal que proteja a los niños de la explotación sexual en el turismo y permita perseguir legalmente a los delincuentes.

Papa Francisco, 24 de febrero 2019, conclusión de la cumbre anti abusos en el Vaticano

El Papa: Abusos en la Iglesia es una monstruosidad y es obra del diablo

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