El maná de cada día, 13.1.19

enero 12, 2019

El Bautismo del Señor, Ciclo C

Hoy se termina el tiempo de la Navidad.

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Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto



Antífona de entrada: Mateo 3, 16-17

Apenas se bautizó el Señor, se abrió el cielo, y el Espíritu se posó sobre él como una paloma. Y se oyó la voz del Padre que decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole el Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: Isaías 42, 1-4.6-7

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.

Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.»


SALMO 28

El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica.

El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno.


SEGUNDA LECTURA: Hechos de los apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

-«Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»


Aclamación antes del Evangelio

Viene el que es más poderoso que yo: él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego.


EVANGELIO: Lucas 3, 15-16.21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»


Antífona de comunión: Juan 1, 32. 34

Este es aquel de quien decía Juan: Yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

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EL BAUTISMO DE CRISTO

De los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo.
Sermón 39, En las sagradas Luminarias,14-16.

Cristo es iluminado: dejémonos iluminar junto con él; Cristo se hace bautizar: descendamos al mismo tiempo que él, para ascender con él.

Juan está bautizando, y Cristo se acerca; tal vez para santificar al mismo por quien va a ser bautizado; y sin duda para sepultar en las aguas a todo el viejo Adán, santificando el Jordán antes de nosotros y por nuestra causa; y así, el Señor, que era espíritu y carne, nos consa­gra mediante el Espíritu y el agua.

Juan se niega, Jesús insiste. Entonces: Soy yo el que necesito que tú me bautices, le dice la lámpara al Sol, la voz a la Palabra, el amigo al Esposo, el mayor entre los nacidos de mujer al Primogénito de toda la creación, el que había saltado de júbilo en el seno materno al que había sido ya adorado cuando estaba en él, el que era y habría de ser precursor al que se había manifestado y se manifestará. Soy yo el que necesito que tú me bautices; y podría haber añadido: «Por tu causa». Pues sabía muy bien que habría de ser bautizado con el martirio; o que, como a Pedro, no sólo le lavarían los pies.

Pero Jesús, por su parte, asciende también de las aguas; se lleva consigo hacia lo alto al mundo, y mira cómo se abren de par en par los cielos que Adán había hecho que se cerraran para sí y para su posteridad, del mismo modo que se había cerrado el paraíso con la espada de fuego.

También el Espíritu da testimonio de la divinidad, acudiendo en favor de quien es su semejante; y la voz desciende del cielo, pues del cielo procede precisamente Aquel de quien se daba testimonio; del mismo modo que la paloma, aparecida en forma visible, honra el cuerpo de Cristo, que por deificación era también Dios. Así también, muchos siglos antes, la paloma había anunciado el diluvio.

Honremos hoy nosotros, por nuestra parte, el bautismo de Cristo, y celebremos con toda honestidad su fiesta.

Ojalá que estéis ya purificados, y os purifiquéis de nuevo. Na­da hay que agrade tanto a Dios como el arrepenti­miento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios; para que, como astros en el firmamento, os convirtáis en una fuerza vivificadora para el resto de los hombres; y los esplendores de aquella luz que brilla en el cielo os hagan resplandecer, como lumbreras perfectas, junto a su inmensa luz, iluminados con más pureza y claridad por la Trinidad, cuyo único rayo, brotado de la única Deidad, habéis recibido inicialmente en Cristo Jesús, Señor nuestro, a quien le sean dados la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

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El maná de cada día, 12.1.19

enero 12, 2019

Sábado 12 de enero. Feria después de Epifanía

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El Señor siempre nos escucha



PRIMERA LECTURA: 1 Juan 5, 14-21

Queridos hermanos:

En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido.

Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y Dios le dará vida -a los que cometan pecados que no son de muerte, pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida-. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.

Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios lo guarda, y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero yace en poder del Maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna.

Hijos míos, guardaos de los ídolos.


SALMO 149, 1-2.3-4. 5-6a y 9b

El Señor ama a su pueblo.

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas, con vítores a Dios en la boca; es un honor para todos sus fieles.


Aclamación antes del Evangelio: Mateo 4, 16

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.


EVANGELIO: Juan 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba.

También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.

Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él.»

Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él.” El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.»


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¿GENEROSOS O GRATUITOS?

El amor se da sin medidas, sin excusas, sin interés, sin exigencias ni condiciones. Si tu fe cristiana no te lleva a darte cada vez más a Dios y a los demás, si no fructifica en obras concretas de conversión interior y de cambio de vida, algo está fallando en tu cristianismo.

No puedes conformarte con ser parcialmente generoso. Ni siquiera puedes conformarte con una generosidad movida sólo por motivos humanitarios o altruistas que, tarde o temprano, acaba cansándose y reclamando su paga.

Tampoco debes engañarte con esa generosidad que, a menudo, se mezcla con esa pizca de egoísmo y autocomplacencia que se da buscando a cambio un poco de reconocimiento, de agradecimiento, de consideración de parte de aquel a quien damos.

Es fácil ser generosos cuanto tenemos la certeza, aunque sea pequeña, de que nos será devuelto o recompensado ese favor o de que será apuntado a nuestra cuenta de méritos. La gratuidad, en cambio, es más propia de esa caridad cristiana que, además de dar, se entrega. ¿Quieres saber hasta dónde ha de llegar tu entrega?

Mira a la cruz y contempla esa conmovedora gratuidad del amor de Cristo, entregado hasta el extremo por todos y desconocido por tantos. Así ha de ser tu entrega: sin que tu mano derecha sepa lo que hace la izquierda. Y tu Padre que ve en lo escondido te lo pagará.

¿Qué clase de caridad es aquella que se da a aquellos que pueden recompensarnos y rehúsa acercarse a los que nunca conocerán o valorarán nuestro don? Sólo unos pocos supieron ver, más allá del aparente fracaso de la cruz, el mayor amor y el corazón más hermosamente entregado.

Y pocos son los que, a contracorriente, viven su entrega y su fe con ese ánimo desprendido de reconocimientos humanos, de buena opinión ajena, del agradecimiento de los demás. Si tu generosidad no está dispuesta a entregarse así, hasta el olvido de la cruz, poco o nada saborearás de ese verdadero amor que sólo Dios sabe regalar al alma pobre y desprendida.

Dios Padre no dudó en entregar a su Hijo Amado aun sabiendo que, en muchas almas, esa entrega nunca sería aceptada, conocida ni correspondida. Atesora en tu alma esa riqueza única, exquisita, de quien sabe entregarse como ese Hijo Amado, aun sabiendo que tu caridad pueda caer entre las piedras y las zarzas del olvido, de la crítica, de la incomprensión o de la burla.

Lañas diarias en www.mater-dei.es


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