¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?

enero 4, 2019

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Franciscanos en Tierra Santa: Una misión que se remonta a los tiempos de las Cruzadas y que han seguido con fidelidad hasta hoy.

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¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?

Una misión que se remonta a los tiempos de las Cruzadas y que han seguido con fidelidad hasta hoy

Por Inma Álvarez

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¿Has ido a la Basilica de la Agonía, en el Huerto de los Olivos? Entonces, quizás te haya sorprendido, en un país tan lejano, conocer al padre Artemio Vitores, un franciscano español, y charlar amistosamente con él. Como él hay otros españoles, pero también franceses, americanos, italianos… Una comunidad religiosa muy singular, procedente de todos los rincones del mundo, que custodian los lugares en los que Cristo vivió.

Para cualquier peregrino a Tierra Santa, la Custodia Franciscana constituye un punto de referencia ineludible: los franciscanos están ligados a los Santos Lugares desde la época de las Cruzadas, ininterrumpidamente hasta hoy.

Poseen en propiedad muchos de los lugares donde transcurrió la vida terrena de Jesucristo, otros los comparten con miembros de otras confesiones, garantizando la presencia y el culto católicos. Pero ¿por qué ellos y no otros? 

El Custodio de Tierra Santa Pierbattista Pizzaballa es el autor de un folleto en el que explica la naturaleza de esta misión de la Orden franciscana.

Una misión que se remonta al propio Francisco de Asís, quien, como es sabido, peregrinó a la Tierra Santa entre 1219 y 1220, en tiempos de las Cruzadas. En este viaje se produjo su famoso encuentro con el sultán Melek el-Kamel, el enemigo acérrimo de los cristianos.

En realidad, la provincia franciscana de Tierra Santa había nacido dos años antes, y era una muestra del inmenso amor que Francisco sentía por Jesucristo y su enorme deseo de peregrinar a los lugares donde transcurrió su vida terrena.

Con este mismo espíritu, después de la muerte de Francisco, la Orden siguió alentando su presencia allí, concibiéndola como una auténtica misión después de la derrota y retirada cristianas.
 
Cuando los Santos Lugares volvieron a manos musulmanas, mantener la presencia cristiana en ellos se convirtió en una auténtica aventura.

Y los franciscanos, apoyados por los diferentes Papas (es de reseñar la Bula de Clemente VI, que sancionó el estatus de la Custodia), permanecieron presentes contra viento y marea desde entonces. Y, muchas veces, solos.

Durante siglos, compraron algunos de los lugares, manteniendo a duras penas los edificios, atendieron a los cristianos locales, bajo el dominio turco, bajo el otomano, en guerras y carestías.

Los franciscanos, en casi 700 años, fueron la única cara de la cristiandad visible en Tierra Santa, cuando todas las demás habían desaparecido. En 1847, la Santa Sede restableció el Patriarcado Latino de Jerusalén.

Un estatus especial

La provincia franciscana de Tierra Santa es la única en el mundo con un carácter internacional: los franciscanos que pertenecen a ella proceden de todo el mundo, y lo hacen voluntariamente, bien de forma permanente, eligiendo prestar sus servicios allí durante una temporada. Actualmente son unos 300 frailes.

Su presencia es especialmente importante en Jerusalén, donde mantienen una presencia en el Santo Sepulcro junto con los greco-ortodoxos y los armenios, y sobre todo custodian la Basílica de la Agonía (Getsemaní). Los otros dos lugares son Belén (Basílica de la Natividad) y Nazaret, en la Basílica de la Anunciación.

Además, la Custodia lleva a cabo trabajo pastoral en 29 parroquias de toda Tierra Santa, donde atienden a los cristianos locales de rito latino.

Mantienen además escuelas cristianas y obras sociales (viviendas, etc.) con las que ayudar a la minoría cristiana, extremamente necesitada a raíz del conflicto palestino.

Otra misión actualísima de los franciscanos es la animación cultural y el diálogo interreligioso. Baste decir que la Orden mantiene una importante actividad de difusión de los hallazgos arqueológicos relacionados con los Santos Lugares.

Para los expertos en el mundo bíblico, el Studium Biblicum Franciscanum no necesita cartas de presentación.

Como dice, a modo de conclusión, el padre Pizzaballa, los franciscanos han sido, durante siglos, un “puente” providencial entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, y una avanzadilla del diálogo interreligioso, así como una fuente de esperanza para los cristianos de Oriente Medio.

“En Tierra Santa, los frailes se encuentran en el corazón de la Iglesia y del mundo”. Y es verdad.

¿Por qué Tierra Santa está custodiada por los franciscanos?


El maná de cada día, 4.1.19

enero 4, 2019

Viernes 4 enero 2017. Feria Tiempo de Navidad

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Venid y veréis



Antífona de entrada: Is 9, 1

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.


Oración colecta

Dios todopoderoso, concédenos que tu salvación, que llegó con una luz nueva del cielo para la redención del mundo, amanezca en nuestros corazones y los renueve siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA: 1 Juan 3, 7-10

Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio.

El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios.

En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.


SALMO 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes.

Al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.


Aclamación antes del Evangelio: Hb 1, 1-2

En distintas ocasiones habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.


EVANGELIO: Juan 1, 35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo: «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»


Antífona de comunión: 1 Jn 1, 2

La vida, que estaba junto al Padre, se hizo visible y se nos manifestó.

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¡QUÉ DÍA TAN FELIZ Y QUÉ NOCHE TAN DELICIOSA PASARON!

San Agustín, Comentario al evangelio de Juan 7, 8-10

Estaban Juan y dos de sus discípulos (Jn 1,35). He aquí dos discípulos de Juan. Juan era tan amigo del esposo que no buscaba su gloria, sino que daba testimonio de la verdad. ¿Quiso, por ventura, retener consigo a sus discípulos, para que no se fueran en pos del Señor? Antes bien, fue él quien mostró a sus discípulos a quién debían seguir.

Ellos consideraban a Juan como el Cordero, pero él les dijo: «¿Por qué me miráis a mí? Yo no soy el Cordero: He aquí el Cordero de Dios», palabras que ya había repetido antes. ¿Y qué nos aprovecha a nosotros el Cordero de Dios? He aquí, dijo, quien quita el pecado del mundo. Oídas estas palabras, los dos que estaban con Juan siguieron a Jesús.

Veamos lo siguiente: He aquí el Cordero de Dios, dice Juan. Al oírle hablar, los dos discípulos siguieron a Jesús. Vuelto Jesús y observando que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos respondieron: Rabí -que significa maestro-, ¿dónde vives? (Jn 1,37-38). Ellos no le siguen como para unirse ya a él, pues se sabe cuándo se le unieron: cuando los llamó estando en la barca.

Uno de los dos era Andrés, como acabáis de oír. Andrés era el hermano de Pedro, y sabemos por el evangelio que el Señor llamó a Pedro y a Andrés cuando estaban en la barca, con estas palabras: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres (Mt 4,19).

Desde aquel momento se unieron a él, para no separarse ya. Ahora, pues, le siguen estos dos, no con la intención de no separarse ya; simplemente querían ver dónde vivía y cumplir lo que está escrito: El dintel de tus puertas desgaste tus pies; levántate para venir a él siempre e instrúyete en sus preceptos (Eclo 6,36).

Él les mostró dónde moraba; ellos fueron y se quedaron con él. ¡Qué día tan feliz y qué noche tan deliciosa pasaron! ¿Quién podrá decirnos lo que oyeron de boca del Señor? Edifiquemos y levantemos también nosotros una casa en nuestro corazón a donde venga él a hablar con nosotros y a enseñarnos.

¿Qué buscáis? Responden: Rabí -que significa maestro-, ¿dónde vives? Contesta Jesús: Venid y vedlo. Y se fueron con él y vieron dónde vivía y se quedaron en su compañía aquel día. Era aproximadamente la hora décima (Jn 1,38-39). ¿Carece, acaso de intención, el que el evangelista nos precise la hora? ¿Podemos creer que no quiera advertirnos nada o que nada busquemos?

Era la hora décima. Este número significa la ley, que se dio en diez mandamientos. Mas había llegado el tiempo de cumplirla por el amor, ya que los judíos no pudieron hacerlo por el temor. Por eso dijo el Señor: No he venido a destruir la ley, sino a darle plenitud (Mt 5,17).

Con razón, pues, le siguen estos dos por el testimonio del amigo del esposo, a la hora décima, hora en que oyó: Rabí -que significa maestro-. Si el Señor oyó que le llamaban Rabí a la hora décima y el número diez simboliza la ley, el maestro de la ley no es otro que el mismo dador de la ley. Nadie diga que uno da la ley y otro la enseña. La enseña el mismo que la da. Él es el maestro de su ley y él mismo la enseña.

Como la misericordia está en sus labios, la enseña misericordiosamente. Así lo dice la Escritura hablando de la sabiduría: Lleva en su lengua la ley y la misericordia (Prov 31,26). No temas que no puedas cumplir la ley; huye a la misericordia. Si te parece demasiado para ti el cumplir la ley, utiliza aquel pacto, aquella firma, aquellas palabras que compuso para ti el abogado celestial.


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