II Predicación de Adviento del P. Cantalamessa: Dios vivo es la Trinidad viviente (2018)

diciembre 14, 2018

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El Papa asiste a la segunda predicación de Adviento del Padre Cantalamessa (Vatican Media)

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II Predicación de Adviento del P. Cantalamessa: Dios vivo es la Trinidad viviente

“El Dios vivo es la Trinidad viviente”. Es el tema general de esta segunda predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, a cuyos miembros se dirigió esta mañana en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico y ante la presencia del Papa Francisco

Por María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

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Al igual que el viernes pasado, el Santo Padre asistió esta mañana a las 9.00, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico a la segunda predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, junto a los demás miembros de la Casa Pontificia.

Todas las gracias pertenecen a la Iglesia

“Cuando se trata del conocimiento del Dios vivo –comenzó diciendo el Predicador– una experiencia vale más que muchos razonamientos”.

Por esta razón comenzó su segunda meditación de Adviento relatando la experiencia de una persona a la que seguía espiritualmente, una mujer casada y fallecida hace algunos años, de la que dijo que “la autenticidad de sus experiencias está confirmada por el hecho de que se las ha llevado consigo a la tumba, sin hablar nunca a nadie, excepto a su padre espiritual”. A lo que añadió que “todas las gracias pertenecen a la Iglesia”.

Dios es amor y por eso es Trinidad

El Padre Cantalamessa tras referirse a la “experiencia del Dios vivo”, ahondó en el tema de Dios que “es amor y por eso es Trinidad”.

Y comenzó preguntándose: “¿A quién nos dirigimos, nosotros los cristianos, cuando pronunciamos la palabra ‘Dios’, sin otra especificación? ¿A quién se refiere ese ‘tú’, cuando, con las palabras del Salmo, decimos: ‘Oh Dios, tú eres mi Dios’ (Sal 63,2)? ¿Quién responde a ello, por así decirlo, del otro lado del cable?”.

Dios comunión de amor forma una “Tri-unidad”

Y explicó que “ese ‘tú” no es simplemente Dios Padre, la primera persona divina, como si hubiera existido o fuera pensable, un solo instante, sin las otras dos. Tampoco es la esencia divina indeterminada, como si existiera una esencia divina que sólo en un segundo momento se especifica en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Sino que el “único Dios, aquel que en la Biblia dice: ‘¡Yo Soy!’, es el Padre que engendra al Hijo y que, con él, espira el Espíritu, comunicándoles toda su divinidad. Es el Dios comunión de amor, en el que unidad y trinidad proceden de la misma raíz y del mismo acto y forman una ‘Tri-unidad’, en la que ninguna de las dos cosas –unidad y pluralidad– precede a la otra, o existe sin la otra, ninguno de los dos niveles es superior al otro o más ‘profundo’ que el otro”.

Dios es amor desde siempre

En conclusión, dijo el Predicador, el Dios vivo de los cristianos no es otra cosa “que la Trinidad viviente”. Y tras aludir a los pensadores griegos y, en general, a las filosofías religiosas de todos los tiempos, al concebir a Dios, sobre todo como ‘pensamiento’, se refirió a la respuesta de la revelación, expuesta por la Iglesia.

“Dios –dijo el Padre Cantalamessa– es amor desde siempre, ab aeterno, porque antes de que existiera un objeto fuera de sí para ser amado, tenía en sí mismo al Verbo, el Hijo que amaba con amor infinito, es decir, ‘en el Espíritu Santo’”.

Contemplar a la Trinidad

También abordó el tema de “contemplar a la Trinidad para vencer la odiosa división del mundo”. Y a modo de ejemplo afirmó que “una cosa impacta sobre todo al contemplar el icono de Rublev: la paz profunda y la unidad que emana del conjunto. Del icono se desprende un silencioso grito: ‘Sean una sola cosa, como nosotros somos una sola cosa’”.

Llamamiento a la unidad

De esta visión de la Trinidad añadió el Predicador que recogemos sobre todo el llamamiento a la unidad. Unidad que todos queremos. Sí porque “después de la palabra felicidad, no hay ninguna otra que responda a una necesidad tan apremiante del corazón humano como la palabra unidad”.

Y recordó que “nosotros somos ‘seres finitos, capaces de infinito’”, lo que significa que “somos criaturas limitadas que aspiramos a superar nuestro límite, para ser ‘todo de alguna manera’”. De modo que “no nos resignamos a ser sólo lo que somos”.

Entrar en la Trinidad

“Entrar en la Trinidad” fue el último punto que abordó el Predicador de la Casa Pontificia en esta segunda meditación de Adviento.

Y explicó que “hay algo todavía más dichoso que podemos hacer respecto a la Trinidad que contemplarla e imitarla, y es ¡entrar en ella!”. Y si bien “no podemos abrazar el océano”, podemos “entrar en él”; de modo que “no podemos abrazar el misterio de la Trinidad con nuestra mente, pero ¡podemos entrar en él!”.

Y  Cristo “nos ha dejado un medio concreto para hacerlo, la Eucaristía”.

“La Trinidad –concluyó diciendo el Padre Raniero Cantalamessa– no es sólo un misterio y un artículo de nuestra fe, es una realidad viva y palpitante.

Como decía al principio, el Dios vivo de la Biblia al que estamos buscando no es otro que la Trinidad viviente. Que el Espíritu nos introduzca también a nosotros en ella y nos haga gustar su dulce compañía”.

Escuche el informe: https://media.vaticannews.va/media/audio/s1/2018/12/14/13/134775315_F134775315.mp3

Primera predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa: ¡Dios existe! (2018)

diciembre 14, 2018

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“Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito que es Dios”. O sea, “hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada de trabajo”.

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Primera predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa: ¡Dios existe!

Dios está entre nosotros. El Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, ofreció su primera predicación de Adviento en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico, ante la presencia del Santo Padre y los demás miembros de la Casa Pontificia.
El tema de sus reflexiones en preparación a la Navidad fue el versículo del Salmo que reza: “Mi alma tiene sed del Dios vivo”

Por María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

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¡Dios existe!

Tras saludar al Santo Padre, a los Venerables Padres, hermanos y hermanas, que asistieron a la Primera predicación de Adviento, el Padre Raniero Cantalamessa destacó ante todo que “en la Iglesia estamos tan presionados por tareas, problemas que afrontar, retos a los que hay que responder”, que hace que se corra el riesgo de perder de vista nuestra relación personal con Dios.

Por eso reafirmó que “una relación personal y auténtica con Dios es la primera condición para abordar todas las situaciones y problemas que se presentan, sin perder la paz y la paciencia”.

De manera que, tal como el mismo Predicador de la Casa Pontificia explicó, ha querido dejar de lado en estas predicaciones toda referencia a problemas de actualidad, para tratar de hacer lo que Santa Ángela de Foligno recomendaba a sus hijos espirituales, a saber:

“Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito que es Dios”. O dicho de otro modo, “hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada de trabajo”.

Por esta razón, el tema de las predicaciones de Adviento será el versículo del Salmo: “Mi alma tiene sed del Dios vivo”.

A lo que el Predicador añadió que “los hombres de nuestro tiempo se apasionan buscando señales de la existencia de seres vivos e inteligentes en otros planetas. Es una búsqueda legítima y comprensible –dijo– aunque muy incierta. Pocos, sin embargo, buscan y estudian señales del Ser vivo que ha creado el universo, que entró en él, en su historia, y vive en él”.

Sí, porque, como prosiguió diciendo, “en Él vivimos, nos movemos y existimos” y, sin embargo, “no nos damos cuenta. Tenemos al Viviente real en medio de nosotros y lo descuidamos para buscar seres vivientes hipotéticos que, en el mejor de los casos, podrían hacer muy poco por nosotros, y ciertamente no salvarnos de la muerte”.

¡Volver a las cosas!

El Padre Cantalamessa recordó asimismo que la Biblia está salpicada de textos que hablan de Dios como del “Dios vivo”, como dice Jeremías, por ejemplo. O “Yo soy el viviente”, como dice el mismo Dios en Ezequiel.

Se trata de uno de los salmos más bellos del salterio, escrito durante el exilio, en el que el orante exclama: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”. Y también: “Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo”. A la vez que Pedro, en Cesarea de Filipo, proclama a Jesús “Hijo del Dios vivo”.

Dios, sentimiento de una presencia

El Predicador se preguntó “¿qué significa y cómo se define al Dios vivo?”. A lo que respondió que querer describir al Dios vivo, trazar su perfil, aun basándose en la Biblia, es recaer en el intento de reducir al Dios vivo a una idea del Dios vivo.

Mientras lo que podemos hacer, incluso respecto del Dios vivo, es superar “los tenues signos de reconocimiento que los hombres han trazado sobre su superficie”, romper las pequeñas cáscaras de nuestras ideas de Dios, o las “vasijas de alabastro” en las que lo tenemos encerrado, de modo que su perfume se expanda y “llene la casa”.

Lo divino es una categoría absolutamente distinta

Y añadió que “lo divino es una categoría absolutamente distinta de cualquier otra”, que no puede ser definida, sino sólo aludida; se puede hablar de ella sólo por analogías y contraposiciones. Una imagen que en la Biblia nos habla así de Dios es la roca. Pocos títulos bíblicos son capaces de crear en nosotros un sentimiento tan vivo de Dios –sobre  todo de lo que Dios es para nosotros– como este de Dios-roca.

¡Dios existe y eso basta!

Hacia el final de su predicación, el Padre Raniero Cantalamessa aludió a la fase atormentada de la vida de San Francisco de Asís, que dice que el santo se sintió tan reanimado por las palabras de Cristo que iba repitiendo dentro de sí una exclamación: “¡Francisco, Dios existe y eso basta! ¡Dios existe y eso basta!” .

Por eso concluyó diciendo: “Aprendamos a repetir también nosotros estas sencillas palabras cuando, en la Iglesia o en nuestra vida, nos encontremos con situaciones similares a las de Francisco y muchas nubes se desvanecerán”.

https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2018-12/primera-predicacion-adviento-padre-cantalamessa-papa-adviento.html


El maná de cada día, 14.12.18

diciembre 14, 2018

 

Viernes de la 2ª semana de Adviento

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El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida



PRIMERA LECTURA: Isaías 48, 17-19

Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues.

Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»


SALMO 1, 1-2.3.4.6

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.


Aclamación antes del Evangelio

El Señor llega, salid a su encuentro; él es el Príncipe de la paz.


EVANGELIO: Mateo 11, 16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.”

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.”

Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»


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NO OS CANSÉIS DE HACER EL BIEN

Es difícil no hacer el bien cuando sabemos que, en el fondo, algo conseguiremos a cambio. Aunque sean unas migajas de reconocimiento, de valoración personal, de subir puestos o de caer bien a los demás.

Pero, las personas somos tan volubles en nuestros sentimientos y estados de ánimo que, al final, ese buen actuar puede quedar a merced de la simpatía o antipatía que tengamos hacia los demás.

No, un bien así, apoyado en motivaciones humanas tan frágiles, a la larga no se sostiene.

Sólo la gracia es capaz de sostener, hasta lo inimaginable, esa caridad que debe impregnar tus gestos, palabras, actitudes, criterios, todo el entramado de tu día a día.

Y sólo la gracia es capaz de animar infatigablemente ese afán de hacer el bien en el que el alma encuentra su verdadero descanso.

Hace falta un corazón muy puro y desprendido, muy empapado de amor a Dios, para buscar siempre el bien y hacerlo sin cálculos ni reservas, sin reparar en si me dijo o no me dijo, si me hizo una vez o no me hizo, si me lo sabrá agradecer o no…

¿Crees que el Señor se dedicó en aquella oración de Getsemaní a sopesar y valorar si le convenía o no, si le compensaba o no abrazar la Cruz? ¿Crees que el Señor se dejó crucificar sólo porque tú y yo le caímos bien o íbamos a corresponder a su entrega?

Has de pedirle muchas veces al Señor que te sostenga en el bien. No te canses de repartirlo a manos llenas, aunque caiga, como aquella semilla, a lo largo del camino, en terreno pedregoso o entre abrojos.

http://www.mater-dei.es



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